Da “esperanza de justicia” a la familia que la CIDH analice el caso de Julio César Mondragón

La madre del normalista de Ayotzinapa desollado del rostro en Iguala, Julio César, Afrodita Mondragón Fontes, en una imagen del 24 de septiembre de 2018 Foto: El Sur / Archivo

Guillermo Rivera

El Sur / Ciudad de México

Los familiares de Julio César Mondragón Fontes, estudiante de la normal rural de Ayotzinapa que fue torturado hasta la muerte entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014, confían en que su caso sea aceptado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), porque eso implicaría una esperanza de justicia en el caso.
“Están buscando justicia para Julio César, pero también para otras personas que sufren la misma situación. Que no haya repetición”, explica el abogado que lleva el caso ante la CIDH, Ernesto Rodríguez Cabrera, encargado del área jurídica de la Red Solidaria Década Contra la Impunidad, organización que litiga en busca de justicia en casos emblemáticos como el de Julio César.
La CIDH, cuya sede se encuentra en la ciudad de Washington, Estados Unidos, admitió para análisis el caso de Julio César, asesinado la misma noche en que fueron desaparecidos 43 de sus compañeros normalistas en Iguala, Guerrero, a manos de policías, militares e integrantes del grupo delincuencial Guerreros Unidos. La Comisión otorgó al Estado mexicano cuatro meses para hacer sus observaciones, plazo prorrogable hasta por cuatro meses más.
–¿Cuál es la relevancia de que la CIDH revise el caso? Estamos hablando del asesinato de tres jóvenes, dos estudiantes más aparte de Julio César, y la familia de este último considera que no se le ha dado el peso que tiene.
–Por lo que nos contaron los familiares, en primer término las autoridades locales hicieron mucha dilación para la investigación y la aplicación de justicia. También ocurrió en el ámbito federal. Esto debería ser relevante, porque son situaciones que se dieron en la misma fecha, tanto las desapariciones como las ejecuciones y torturas que sufrieron algunos estudiantes, especialmente Julio César.
“A nosotros, el caso nos pareció muy relevante por todas las características que presentaba, sobre todo porque, para empezar, había muchas contradicciones en la situación de cómo encontraron el cuerpo. Las autoridades dijeron que la fauna silvestre se había comido su rostro, pero la inhumación del cuerpo reveló que había tenido muchas fracturas”, resume Rodríguez Cabrera en entrevista con El Sur.
“Eso prueba que hubo tortura. Se nos hizo muy importante porque, además, la tortura y el desollamiento fueron prácticamente en vida. Se nos hizo muy grave, por eso aceptamos acompañar el caso”.
–¿Qué significa la admisión en esa instancia internacional y qué se espera que pase en los siguientes meses o años?
–La admisión significa que el caso está todavía en estudio. Le hacen un requerimiento al Estado mexicano con toda la información que se le envió, para que dé cuenta de lo que está haciendo al respecto. Después de que conteste el Estado, la Comisión Interamericana se va a formar un criterio más amplio para decidir si acepta o no el caso.
Si decide que es viable, emitirá un informe de aceptación y luego un informe de fondo.

El expediente, de Iguala a Matamoros

El 16 de diciembre de 2022, la Red Solidaria Década Contra la Impunidad ingresó a la CIDH la información para solicitar que el caso fuera admitido. El 27 de diciembre pasado, poco más de un año después, llegó la noticia positiva para la organización, que de inmediato avisó a la familia de Julio César.
“Nosotros sabíamos por notas, nada más, del asunto de los 43 estudiantes y de Julio César; no teníamos ningún acercamiento con los familiares”, precisa Rodríguez Cabrera.
A mediados de 2022, los familiares del estudiante, sobre todo sus tíos Cuitláhuac y Cuauhtémoc –de apellidos Mondragón Fontes–, pusieron al tanto al abogado del rumbo que había tomado el caso.
“Hicimos una visita al Ministerio Público de Iguala, donde se llevaba el caso, cuando todavía no lo transferían a Matamoros, Tamaulipas. En Iguala nos entrevistamos con la agente del MP y dijo que era bueno que nos hubiéramos apersonado con ellos porque realmente no había quien se interesara en el caso.
“Los familiares se entrevistaron con ella y luego nos dieron autorización y solicitamos en ese momento copias simples del expediente. Cuando fuimos a recoger las copias, nos dieron la noticia de que el expediente se había enviado al juzgado primero de lo penal en Matamoros”, narra Rodríguez Cabrera.
“Nos quedamos sin copias en ese momento. Para la familia fue muy complicado transportarse para allá. Viendo además que había ya mucha dilación de justicia, sobre todo porque no había avances en la investigación. Charlamos con la familia y les expusimos cuáles eran las alternativas, entre ellas la de enviar el caso a la Comisión Interamericana. Se inclinaron por esa opción”.
–¿Estaban decepcionados de las autoridades mexicanas?
–Sí, ellos ya habían recorrido mucho, habían solicitado investigar el caso a las autoridades de Guerrero y a las autoridades federales. No tenían una certeza de que sí se estuviera haciendo. Esa es a grandes rasgos la historia de cómo se inició la petición a la CIDH. Fueron los familiares quienes decidieron que en esa fecha, 16 de diciembre de 2022, se ingresara el caso a la CIDH.
–Tardó un año en llegar la noticia de admisión. ¿Cuáles fuero los criterios de la CIDH?
–Sí, hasta el 27 de diciembre pasado nos notificaron la admisión. Nosotros no sabemos con certeza cuáles fueron los criterios de la Comisión Interamericana para la admisión. No fueron comunicados esos criterios.
–¿Por qué es tan relevante que se admita el caso, tomando en cuenta que la CIDH recibe montonales de peticiones?
–Por la cuestión de la ejecución, la tortura y el desollamiento. Y porque fue un caso muy sonado dentro del asunto de los 43 estudiantes desaparecidos y los tres ejecutados. Incluso estuvo aquí en México el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que depende de la CIDH y que fue enviado a México para que investigara los hechos del 26 y 27 de septiembre. Sin embargo, en los informes del GIEI no aparece mucha información acerca de Julio César. Todo este contexto, la Comisión Interamericana lo tomó mucho en cuanta al momendo de admitir el caso.

Militares metidos en asuntos civiles

Sólo casos como el de Julio César Mondragón Fontes, en el que se registraron graves violaciones a los derechos humanos, son admitidos por la CIDH, enfatiza Rodríguez Cabrera.
“Y sobre todo las circunstancias en que fue privado de la vida Julio César, porque nunca ha estado claro quiénes fueron las personas que ejecutaron al estudiante, pero llama mucho la atención que quienes descubrieron el lugar donde supuestamente ocurrió el crimen y lo resguardaron son los militares.
“Tampoco el Estado quiso decir nada acerca de esta participación de los militares porque era una situación civil. Entonces, ¿qué tenían que ver los militares ahí? Eso también lo plasmamos en la petición”.
–A Julio César apenas se le ha mencionado en los informes federales de la Comisión para la Verdad del caso Ayotzinapa, y ya ni hablar de los otros dos estudiantes asesinados, Daniel Solís Gallardo y Julio César Ramírez Nava.
–De los otros dos estudiantes no tenemos informes de los familiares y creo que tampoco se acercaron al GIEI. A las autoridades les favorece, porque así no hay ningún problema.
–Pero para todas las familias de las víctimas sería muy positivo que proceda la admisión en la CIDH.
–Sí, es una esperanza para ellos. Los familiares de Julio César tienen mucha fe en que su caso sea aceptado y que se haga justicia y se revele realmente la verdad de lo que sucedió. Además, no solo están buscando justicia para él o para la familia. Están buscando justicia para otras personas que sufren las mismas situaciones. Y que no haya repetición.

Sin voluntad política no se mueve nada

–De aceptar el caso, tras el proceso, ¿la Comisión Interamericana dará sus conclusiones y recomendaciones?
–De suceder, se debe realizar un informe de fondo para dictar medidas que prácticamente ya serían un tipo de sentencia, la cual tendría que cumplir el Estado mexicano. Si no las cumple, el caso deberá irse a la Corte Interamericana.
–En este tipo de violaciones graves a los derechos humanos, las familias pasan por procesos largos y dolorosos, como en el caso de Rosendo Radilla o el de Digna Ochoa, cuyos asesinatos apenas han sido juzgados en instancias internacionales –se le comenta al abogado.
–Ahorita estamos en un momento crucial por los cambios de mando políticos. Esperamos que en el siguiente gobierno tengan la voluntad política quienes queden al frente, porque es un asunto de voluntad política –remarca Rodríoguez Cabrera– el que se lleve a cabo o no el cumplimiento de las resoluciones.
Casos como Radilla u Ochoa, añade, “sucedieron en regímenes priistas y panistas, que no tenían ninguna intención de cumplir con las resoluciones.
“Tristemente, a la vuelta del tiempo, tenemos un gobierno que supuestamente es democrático y que también ha soslayado el cumplimiento de las resoluciones con el argumento de que eso no le tocó a ellos, cuando es un cumplimiento que tiene que dar el Estado.
“El que está enfrente tiene que cumplir un mandato nada más, pero porque el pueblo se lo indicó, no porque haya hecho tales acciones. La voluntad política, insisto, tiene que ser muy importante en el siguiente periodo, sobre todo porque hay muchos familiares que todavía están pendientes en su cumplimiento de sentencias.
“Tenemos el caso de las mujeres violadas en la Montaña de Guerrero. El caso del Estado de México, también con las mujeres violadas de Atenco. Son varios casos pendientes. Sí, se trata de voluntad política, sobre todo porque la ciudadanía tiene que estar al pendiente de todos esos asuntos, porque finalmente a todos nos incumbe, nos afecta y beneficia en caso de que haya justicia”, concluye el abogado.

En conversatorio de El Sur, llama Musacchio a una política institucional en publicidad

El periodista Humberto Musacchio; el director general del periódico Juan Angulo; la defensora de los derechosde las mujeres, María Luisa Garfias y el dirigente social Arturo García Jiménez, en el Conversatorio por los 30 años de El Sur celebrado en el Museo Regional de Guerrero en Chilpancingo Foto: Jessica Torres Barrera

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

En el conversatorio con motivo del 30 aniversario del periódico El Sur, el periodista Humberto Musacchio pugnó por una mejor distribución del dinero público destinado a los medios de comunicación. Opinó que debe ser “más legal, pareja, equilibrada y reglamentada”.
De otro modo, dijo, “el gobernante favorece a quien simpatiza con él y no al periodista crítico, que informa verdaderamente de los problemas”.
Musacchio criticó que ahora mismo, el periodismo nacional atraviesa por una fuerte crisis, debido a que “por decisión presidencial los periódicos reciben cantidades cada vez menores de publicidad y mientras no exista una fórmula reglamentada para repartir el dinero público a los medios de comunicación, seguiremos viendo que se favorece a los más poderosos, porque son los periódicos que tienen más dinero los que resisten más”.
El conversatorio con motivo de los 30 años de vida de El Sur se realizó en la sala del Museo Regional de Guerrero del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y asistieron más de 70 personas, entre activistas, dirigentes sociales, defensores de derechos humanos, políticos de distintos partidos y periodistas de diferentes medios de comunicación.
Moderados por el director de El Sur, Juan Angulo Osorio, también fungieron como comentaristas la activista feminista María Luisa Garfias Marín y el activista social, actual dirigente de la Coordinadora de Comisariados Ejidales y Comunales del Estado de Guerrero, Arturo García Jiménez.
A propósito, Angulo Osorio anunció que con motivo de los 30 años del periódico,

Asistentes al Conversatorio por los 30 años de El Sur en el Museo Regional Foto: Jessica Torres Barrera

El Sur tendrá actividades a lo largo de un año, a partir de ayer 3 de mayo y hasta el 2 de mayo del año próximo.
Algunos de los asistentes al conversatorio fueron el ex secretario de Gobierno en el periodo de Héctor Astudillo Flores, Florencio Salazar Adame, y el secretario de Gobierno al inicio de la actual administración de Evelyn Salgado Pineda y senador suplente de Félix Salgado Macedonio, Saúl López Sollano.
El ex presidente del Consejo estatal del PRD, Mauro García Medina; el ex dirigente estatal del PRD y actual director general de Apoyo Técnico y Fortalecimiento Institucional y Municipal de la Secretaría de Planeación y Desarrollo Regional, Apolinar Segueda Dorantes; la activista por los derechos humanos y actual coordinadora operativa del Plan Nacional de Reconstrucción de la Sedatu, Aurora Muñoz Martínez.
Además, la directora general de Estructura Regional de la Sagadegro, Emperatriz Basilio Goytia; el ambientalista y articulista de El Sur, Octavio Klimek Alcaraz, así como el antropólogo Mario Martínez Rescalvo y la antropóloga Maribel Nicasio.
María Luisa Garfias, de quien Juan Angulo recordó que desde que llegó el equipo fundador de El Sur ella fue parte del grupo de académicos de la UAG que reunió el ya fallecido historiador Renato Ravelo, dijo en sus comentarios que el periódico desde sus inicios ha sido el espacio “que nos ha dado el pulso político, social y económico de Guerrero y a nivel nacional”.
Añadió que a 30 años es necesario reconocer el papel de El Sur para que los guerrerenses sepan que hay una crisis de derechos humanos y se necesita participar para erradicar la violencia que todos los días está en los diferentes espacios sociales.
Destacó que El Sur no solamente es un medio que está difundiendo información crítica, fidedigna y profesional, sino que también da elementos todos los días “que nos son de utilidad a los que estamos en la academia, investigadores, estudiantes y colectivos para hacer análisis de coyuntura”.
Garfias Marín se refirió a los embates que ha sufrido el periódico. Dijo: “El Sur, como la espuma del mar ha sido embatido por olas de baja y de mucha intensidad con las cuales se ha buscado desaparecerlo o que calle acciones que molestan a personajes de la política y personajes de otro tipo”.
Pero añadió que el hecho de que dependa de sus lectores y de la sociedad, “ha permitido que lo podamos seguir disfrutando todos los días y que nos llegue a las puertas de nuestras casas”.
Arturo García Jiménez, de quien Juan Angulo dijo fue quien presentó a los fundadores con los dirigentes de la Coalición de Ejidos de la Costa Grande y con la familia de luchadores sociales de Hilario Mesino, explicó que cumplir 30 años llevando a cuestas la responsabilidad de informar y mantener al día a los asiduos lectores a pesar de las adversidades, “no es cualquier cosa”.
Definió a El Sur como un referente de lo que está pasando en el estado, puesto que lo leen, destacó, políticos y funcionarios buenos y malos, debido a que es como un termómetro para medir su funcionamiento, igual los académicos, líderes sociales y el pueblo en general, “lo leen para tener claro lo que está pasando en el estado”.

Expuso que El Sur es un ejemplo de “cómo contra viento y marea sí se puede construir un periodismo honesto”, porque fue concebido y financiado desde la sociedad.
Explicó que a El Sur no sólo lo marcan sus noticias; “en su contenido refleja la historia de las injusticias y las represiones; las masacres de Aguas Blancas y El Charco, la represión a los ecologistas, el caso (del asesinato) de Digna Ochoa, el de las policías comunitarias de la CRAC y de las otras policías no tan comunitarias, los 43 desaparecidos de Ayotzina-pa y el caminar de los padres” de los normalistas.
Dijo que en materia de la violencia, El Sur ha registrado cómo se va forjando todo el proceso, desde la guerra sucia de los años 70 y 80 hasta la violencia de hoy.
El dirigente social habló de los retos para el periódico; convertir el acto de comunicar en un factor de cambio; informar objetiva y críticamente; ir más allá y abordar problemas y proponer soluciones en temas como el medioambiente, la pacificación y el campo.
Pidió que siga visibilizando las injusticias, “ahora más que nunca y darle voz a los sin voz, porque hay muchas cosas que pasan y no se conocen”.
En intervalos, durante la presentación de los comentaristas, Juan Angulo sintetizó una reseña de los 30 años de El Sur, contó historias, anécdotas, la relación y el trato que recibieron los directivos de los distintos gobernadores, políticos y funcionarios.
También habló de las amenazas y los riesgos. Se refirió a las dos fases; el antes y el después de la violencia que genera el crimen organizado.
Contó que antes, los reporteros iban a todas las regiones a cubrir las notas “y sabíamos que nos enfrentábamos sólo al Ejército, a las autoridades o a los caciques”, pero que ahora, después de la aparición del crimen organizado, todo cambió, “ya no llegamos a todos los lugares, no vamos solos, ni llegamos antes que la autoridad”.
En su participación, Humberto Musacchio, dijo que fundar un periódico crítico como El Sur y por el perfil de sus fundadores, no es fácil.
Lo definió como un periódico crítico, no de oposición porque no es un periódico de partido; “es un periódico que cumple con las reglas de nuestro oficio y eso es lo importante”.
Explicó que hacer un periódico que se propone informar, criticar e ilustrar al público sobre lo que pasa en la esfera del poder, evidentemente complica la relación del poder y la prensa.
“Entendemos bien que nuestra función no es quedar bien con los poderosos, es quedar bien con los lectores e informarlos”, subrayó.
Definió que el periodismo crítico es muy necesario para que se les señale a los políticos lo que no están haciendo bien, “cosa que no< les gusta, pero ni hablar, es nuestra función, es nuestro trabajo. No somos aplaudidores de nadie, no es ese nuestro trabajo”.
Explicó que es la causa de que el dinero público llegue en mucho mayor proporción a aquellos medios con los que el poder simpatiza “y a veces llegan al extremo de dedicarse al elogio de los poderosos, y no es esa nuestra función, cumplimos mejor con la sociedad, con los lectores e incluso con los gobernantes cuando criticamos y mostramos lo que está mal”.
Sin embargo agregó que a los gobernantes no les gusta subsidiar medios que critican, que muestran sus debilidades, sus errores, su falta de perspectiva.
“Ahora mismo, el periodismo nacional atraviesa por una fuerte crisis porque por decisión presidencial, los periódicos reciben cantidades cada vez menores de publicidad”.
Siguió: “Sin embargo hay un periódico que recibe mucho dinero, tanto que en el 2019 recibió más que TV Azteca y ese dinero cumple una función; apoyar a ese gobierno con el que coincide”.
En opinión de Musacchio, para afrontar esas diferencias se necesita un sistema de subsidios legales, institucionales, bien conocidos por todo el mundo, que se sepa de dónde viene el dinero, cómo se distribuye y por qué se distribuye de esa manera.
Pero dijo que lamentablemente no ha visto mucho eco entre colegas y periódicos “porque hasta ahora estamos acostumbrados a que cada quien gestiona dinero de publicidad y a los demás que Dios los ampare, porque a todos nos interesa ganar dinero, de eso vivimos”.
No obstante opinó que la mejor manera de ganarlo sería mediante una distribución legal, pareja, equilibrada y reglamentada “porque de otro modo el gobernante favorece a quien simpatiza con él y no al periodista crítico que informa verdaderamente de los problemas”.
Remachó que mientras no exista una fórmula reglamentada para repartir el dinero público a los medios, “seguiremos viendo que se favorece generalmente a los más poderosos, porque son los periódicos que tienen más dinero los que reciben más”.
Concluyó: “Creo que tenemos mucho que hacer en ese punto, hay que convencer al gremio, discutir entre nosotros y avanzar, crear alguna organización y tener reuniones. Ese trabajo no es fácil pero lo podemos hacer, hemos hecho muchas cosas los periodistas”.

Muere el alemán Harald Ihmig, defensor de derechos humanos que estuvo en Guerrero

La abogada Pilar Noriega y Harald Ihmig en conferencia en Hamburgo en octubre de 2011 Foto tomada de un video que difundió el periodista José López

Harald Ihmig, ciudadano alemán defensor de derechos humanos, que en 2001 visitó la sierra de Petatlán con la abogada Digna Ochoa para defender a los campesinos ecologistas, murió a los 83 años en Hamburgo, el 3 de abril, tras una larga enfermedad.
Fue teólogo, dedicado a la educación, trabajó en la universidad Rauher Haus de esa ciudad, apoyada por las iglesias, abierta al diálogo multicultural y enfocada en el trabajo social. Es autor de diversos libros.
Se dedicó a la defensa de los derechos humanos y participó en la fundación de organizaciones para ese fin enfocadas a México, como Inimex, y en 2000 en la red Coordinación Alemana para los Derechos Humanos en México.
En 2001 estuvo en este país, como parte de la organización internacional no gubernamental FIAN, que trabajaba en el derecho a la alimentación. Los primeros días de octubre fue invitado por la abogada Digna Ochoa a Guerrero, a visitar comunidades de la sierra de Petatlán, en respuesta al llamado de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán. El 19 de octubre Digna Ochoa fue asesinada en la Ciudad de México, y a los pocos días los campesinos ecologistas se trasladaron a la capital del país para exigir que se investigara como móvil del crimen el apoyo que la abogada les estaba dando en su lucha contra la explotación de los bosques y contra el control del territorio por poderosos narcotraficantes vinculados al poder político.
Harald Ihmig ayudó solidariamente a los campesinos ecologistas para fortalecer su organización y en su insistente lucha por la justicia en el asesinato de la abogada, que hasta 2022 se desvió con la pretendida conclusión de un suicidio. También respaldó a la familia de la abogada en su lucha por el esclarecimiento del crimen y la justicia. Después fundó en Hamburgo el fondo de asistencia jurídica Digna Ochoa.
Tras el crimen, fue ampliamente difundido un video, tomado por un campesino de la organización, donde aparece Harald Ihmig en comunidades de la sierra de Petatlán: El Zapotillal, La Pasión, Barranca de Monte Grande y Banco Nuevo. Se ve al defensor alemán de derechos humanos y a la abogada escuchando a hombres y mujeres de la sierra, que denuncian la explotación de los bosques, el daño ambiental, la disminución del agua y la desaparición de animales y plantas, y la represión y persecución a campesinos que luchaban contra esta destrucción.
Los habitantes de la sierra pidieron ayuda a los visitantes para la defensa de cuatro de sus compañeros que estaban en prisión en Acapulco acusados de delitos fabricados y otros siete que eran perseguidos por el Ejército y tenían que vivir escondidos en el monte y en cuevas. Harald Ihmig y Digna Ochoa llegaron hasta esas comunidades, tras varias horas de viaje por caminos lodosos a los que sólo se podía entrar en cuatrimoto.
Ahí presenciaron el espionaje del Ejército. Cuando se encontraban en Banco Nuevo, campesinos y visitantes se dieron cuenta de que eran vigilados por efectivos del Ejército que se apostaron en las cercanías al lugar de la reunión.
Para difundir en Alemania las denuncias de violaciones a los derechos humanos en México, Harald Ihmig organizó visitas de defensores y de víctimas; destaca el recorrido por ocho ciudades de aquel país de la abogada Pilar Noriega, compañera de Digna Ochoa, en octubre de 2011.
Después de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Harald Ihmig participó activamente en el movimiento que se dio en Alemania contra la exportación de armas de ese país a México, especialmente para estados donde se violan los derechos humanos, como Guerrero.
Como parte de ese movimiento, Harald Ihmig difundió las investigaciones que prueban que armas alemanas se habían usado en el ataque contra los normalistas de Ayotzinapa en Iguala, la noche del 26 de septiembre de 2014, y estuvo en manifestaciones para exigir el cese de esos negocios de su país y demandar la presentación de los 43 estudiantes desaparecidos y el castigo a los responsables.
Le sobreviven su esposa Penka, su hijo Simon y su nieto Mateo y, de acuerdo con la tradición alemana, el sepelio será el próximo miércoles 19 en Henstedt-Ulzburg, un pueblo cercano a Hamburgo. (Redacción).