Guillermo Rivera
El Sur / Ciudad de México
La familia de Julio César Mondragón Fontes, uno de los tres estudiantes asesinados en los hechos violentos que ocurrieron entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, denuncia que el caso de este homicidio específico no ha sido retipificado por las autoridades, pese a que desde finales de 2016 existe un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) que determinó que el joven fue torturado.
Cuitláhuac y Lenin, tío y hermano de Julio César quienes comparten los mismos apellidos, también lamentan que en el Informe de la Presidencia de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa presentado en agosto por la Secretaría de Gobernación (Segob) apenas se mencione a El Chilango, como apodaban en la normal al estudiante asesinado por ser originario de Tenancingo, Estado de México.
La madrugada del 27 de septiembre de hace ocho años el cuerpo de Julio César, entonces de 23 años, apareció con el rostro desollado. Los otros dos normalistas asesinados durante esas horas son Daniel Solís Gallardo y Julio César Ramírez Nava.
Cuitláhuac cuenta a El Sur que su familia y el Colectivo Somos los Ojos y el Rostro de Julio César MF –fundado para exigir justicia– están preocupados, y molestos, porque no hay novedades en la investigación de este homicidio y ven que la atención de las autoridades se ha enfocado solamente en la desaparición de los otros 43 normalistas.
Relata que él fue una de las personas que acudió a recoger el cuerpo de Julio César. “Cuando íbamos a firmar el acta de defunción para que nos lo entregaran y llevárnoslo, nos percatamos de que el crimen había sido catalogado como homicidio calificado ocasionado con objeto contundente”.
No se registraba la tortura. “Nos opusimos porque no se necesita ser perito forense para percatarte de que fue torturado. Las autoridades dijeron que teníamos la opción de impugnar esa catalogación”.
La familia impugnó. Pero no sabía que se enfrentaría a un engorroso procedimiento burocrático. El cuerpo fue exhumado en 2015. En 2016, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la CNDH les entregaron los informes de los peritajes que concluyeron que Julio César había sido torturado y desollado en vida.
El caso, en Matamoros
Si el cuerpo se exhumó, indica Cuitláhuac, fue porque la familia necesitaba que se retipificara el caso, que se reconociera la tortura. “Si al principio era homicidio calificado, con esas pruebas de que fue torturado, en la carpeta tenían que haberse hechos los cambios para que apareciera que fue homicidio con tortura”.
El crimen, sin embargo, no se ha retipificado en el expediente, aunque existe un dictamen oficial sobre la tortura desde 2016. Han pasado seis años.
“Se acabó el sexenio anterior. Van cuatro años de este y seguimos en lo mismo. Si no se retipifica el caso de nada serviría, a nuestro juicio, que se hiciera esa investigación que no se ha hecho a fondo. Hay muchas omisiones”, insiste Cuitláhuac.
Al principio, el caso completo estaba en un juzgado local en Iguala. Una de las demandas fue que lo retomara la entonces Procuraduría General de la República (PGR). Después de un tiempo, el caso de Julio César lo tomó un juez federal. Pero para la familia fue una sorpresa que el expediente fuera enviado a Matamoros, Tamaulipas.
“Las autoridades dijeron que el caso Ayotzinapa se había dividido en varios juzgados para que fuera más ágil, pero en la práctica ha sido un obstáculo”, considera Cuitláhuac.
La demanda, desde entonces, es que el expediente de Julio César sea atraído por autoridades de Ciudad de México. Para los familiares sería más accesible y, en términos de dinero, un ahorro, porque ir al norte del país implica un gasto elevado.
Lo que dice el informe de la comisión sobre Julio César
Lenin Mondragón Fontes condena que, en el caso de su hermano, “no se estén retomando líneas de investigación y el único avance logrado lo hemos tenido por investigaciones propias”.
Recuerda que el libro La guerra que nos ocultan –investigación escrita por los periodistas Francisco Cruz, Félix Santana y Miguel Ángel Alvarado– se centra en el caso Julio César Mondragón Fontes y recupera la actividad del teléfono móvil que portaba el normalista.
La sábana de llamadas reveló que la actividad del teléfono permaneció meses después de septiembre de 2014.
“Fue un largo periodo –continúa Lenin–. Se ubicó que cuatro llamadas salieron del Campo Militar No. 1, que está en Ciudad de México, y otras del extinto Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional), ahora Centro Nacional de Inteligencia”.
Una amplia investigación que, opina, contrasta “con los pocos renglones” que se le dedican a Julio César en el informe de la Comverdad del caso Ayotzinapa.
En la parte del informe donde se hace referencia al asesinato de Mondragón, se incluyen mensajes entre El Cholo y Ramón N interceptados por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
Se lee que la captura de Marco Antonio N, alias La Pompi, “puede revelar información sobre el asesinato del estudiante Julio César Mondragón pues él prensenció el hecho y vio a todos los (sicarios de Guerreros Unidos) que participaron, entre ellos El Cholo”.
Mondragón, según el informe, fue uno de los estudiantes que corrió hacia la calle Juárez tras “el ataque a la conferencia de prensa”, de Guerreros Unidos. Esa conferencia fue realizada por estudiantes para denunciar el primer atentado que estuvo a cargo de policías municipales cuando los estudiantes pretendían llevarse autobuses.
“Mientras que algunos de sus compañeros logran refugiarse en un domicilio, Julio César decidió seguir corriendo. Posteriormente uno de los estudiantes escuchó gritos que indicarían el sometimiento del estudiante. Su cadáver fue encontrado a la mañana siguiente en la Ciudad Industrial, cerca de las instalaciones del C-4, con evidentes signos de tortura”, resume el informe.
También indica que la testigo protegida Karla señaló que “se le solicitó tomar fotografías a todos los estudiantes ya que se creía que entre ellos venían personas de Los Rojos”.
Se informó, además, que “de todos los estudiantes, sólo tres de ellos fueron de interés para sus superiores (de Karla), entre los cuales recuerda estaban (Bernardo Flores Alcaraz) El Cochiloco y (Julio César Mondragón Fontes) El Chilango”.
Lo más notable que indica el informe sobre Mondragón, es que se identificó al sicario Eduardo N, alias El Chucky, “como el que mata y tortura al estudiante Julio César Mondragón Fontes El Chilango, incluso sin tener instrucciones de sus superiores”.
“No hemos sido convocados”
Para Lenin, es inaudito que ocho años después de la “brutal represión” contra los estudiantes y en la que su hermano perdió la vida bajo tortura, el caso no se haya esclarecido. No han sido encontrado 40 estudiantes ni hay sentencias contra los asesinos de los tres normalistas ejecutados el día de los hechos.
“Estamos a nada de (que se cumpla) la década, y no queremos que esto sea un 68, un caso no esclarecido”, remarca.
La familia Mondragón Fontes tenía claro que en la anterior administración federal no se iba a esclarecer el caso pero, dice Lenin, “había una esperanza con el gobierno actual de que se investigara a fondo, que no hubiera impunidad”.
Respecto al informe de la Comverdad para el caso Ayotzinapa presentado por Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, afirma que las familias víctimas ya habían señalado la participación de diversas autoridades.
“Para nosotros no fue muy revelador, es una cuestión que teníamos clara. Pero al menos se confirman, se logró reconocer que sí hubo la participación coordinada de los tres niveles de gobierno”. La investigación, sostiene, debería de abrir nuevas líneas de investigación.
La familia de Julio César siente que en el proceso llevado por el gobierno federal se “nos ha hecho de lado”. Lenin resalta que, desde que se conformó la comisión por decreto presidencial en diciembre de 2018, “la familia Mondragón, y de todos los caídos, no fuimos convocados. Se empezó a ver esa desigualdad. No hubo equidad para aglutinar a todas las víctimas directas e indirectas”.
Queremos justicia, resultados
y acciones contundentes
Cuitláhuac retoma el diálogo entre los integrantes del crimen organizado en el informe de la comisión. “Para nosotros, el mensaje es que los criminales actuaron de forma aislada. Desde nuestro punto de vista, criminalizan a Julio César, porque dicen que era de interés para los criminales y por eso lo ejecutaron”.
En su opinión, “se trata de deslindar al Estado. Si no se investiga la sábana completa de llamadas, están deslindando tanto al Cisen como al Ejército”. Esto repercute no sólo en el caso de Julio César, sino en todo el caso Ayotzinapa, enfatiza.
“Entendemos que el asunto de los estudiantes desaparecidos sea prioridad, pero también existen otros hechos consumados, como son los ejecutados. No sólo los tres estudiantes. También asesinaron a civiles. No podemos decir que únicamente volteen a ver a Julio César. Otras personas estaban ahí y las mataron de manera vil”.
Si el mismo Encinas mencionó que no había indicios de que los estudiantes estuvieran vivos, afirma Cuitláhuac, entonces se trató “de una masacre, y esto nos lleva a retipificar todo el caso. En un crimen de Estado, de lesa humanidad, porque se ha comprobado que participaron los tres niveles de gobierno, elementos que se supone deberían de cuidarnos, incluyendo al Ejército y fuerzas policiales, pero que fueron represores”.
Lenin recuerda que el informe habla de un infiltrado del Ejército, Julio César López Patolzin, pero en Los infiltrados. El secreto de Ayotzinapa se identifica a más.
Menciona este punto porque “si queremos saber la verdad completa, tenemos que conocer primero cómo estaba siendo dirigida la misma normal, quiénes la encabezaban y bajo qué intereses.
“El Estado mexicano está protegiendo a estos personajes y nosotros, por honor a mi hermano, no nos vamos a quedar callados. Seguiremos marcando esa cuestión: queremos que se garantice que no se va a volver a repetir otro Ayotzinapa. Queremos justicia y queremos hechos. Resultados y acciones contundentes”.