
Ramón Gracida Gómez
Durante varias épocas de su historia de 90 años, el Jardín del Puerto se ha convertido en un lugar de disputa entre los ciudadanos que han querido mantenerlo como un espacio público y el gobierno federal que le ha dado un uso comercial.
Una línea de tiempo construida por el Colectivo Ciudadano de Recuperación del Jardín del Puerto recuerda que desde su inauguración en la década de 1940 hasta la década de 1970, el Jardín del Puerto fue un espacio público para los acapulqueños, pero después el gobierno federal lo convirtió y lo redujo en un área de comercio internacional.
A finales del siglo XX e inicios del siguiente fue transformado en una plaza comercial; en la década pasada intentaron convertirlo en un estacionamiento, pero los ciudadanos no lo permitieron, y en 2025 el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo prometió mantenerlo como un espacio 90 por ciento de áreas verdes, pero en la actualidad prevalecen los futuros locales de negocios.
Lázaro Cárdenas promovió la construcción del malecón
Una foto de mediados del siglo pasado muestra un Acapulco irreconocible para cualquier contemporáneo, los cerros de Las Brisas están limpios de casas de lujos. Atrás del edificio Oviedo resaltan los múltiples techos de teja de viviendas típicas y enfrente se observa un gran espacio libre de construcciones a orilla del mar.
El 27 de enero de 1936 se publica en el Diario Oficial de la Federación la convocatoria para las compañías constructoras con el fin de edificar un malecón en el puerto de Acapulco, “para cuyo pago se ha destinado la cantidad de 4500,000.00, durante el presente año”.
El gobierno de Lázaro Cárdenas determinó que Acapulco necesitaba de instalaciones para convertirlo en un puerto comercial y la construcción del malecón implicó la edificación de una aduana donde depositar la mercancía internacional y una calzada costera para transportarla, la obra duró siete años.
“Para poder autorizar el proyecto que solamente hablaba de aduana, malecón, justificaron con la presencia de un área de recreación, que fuera un gran parque, una obra de equipamiento de recreación para que los habitantes de Acapulco tuvieran un espacio verde”, relató en entrevista el arquitecto Humberto Díaz Díaz, ex director de Desarrollo Urbano en dos trienios (1984-1986 ) y (1999-2002).
El Jardín “era nuestro disfrute”
“Yo tengo un hermano menor y nos rentaban un triciclo, mi hermano menor no me dejaba manejar en el triciclo y me llevaba en la caja de atrás, y yo me enojaba mucho. Éramos muy felices, vivíamos quizá en una pobreza extrema y lo chido es que no nos dábamos cuenta que vivíamos en una pobreza extrema y esto era nuestro disfrute”.
Es un recuerdo de la niñez de Miguel Ángel Sotelo, el artista plástico de la colonia La Mira de 65 años a quien su familia lo trajo de Nuxco, Tecpan, siguiendo la gran oleada de migrantes internos del estado para encontrar un sustento económico en el boyante centro turístico.
El Jardín del Puerto se extendía hasta la aduana, que consistía en dos almacenes de lámina de asbesto grandes, “te invitaba a caminar”; grandes árboles daban sombra, una fuente de sodas en medio del Jardín ofrecía aguas frescas y rentaba bicicletas, los andadores se entrecruzaban y una pérgola de columnas de concreto también cubría a los acapulqueños del sol.
Un muro clausuró el Jardín en 1979
El Recinto Portuario de Acapulco fue delimitado en un decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 22 de febrero de 1974, en las áreas destinadas a “pesca deportiva, cabotaje y tráfico de altura y terminal marítima de pasajeros sujetándose al régimen de administración estatal y establece en el mismo una zona franca”.
El crecimiento comercial ocasionó el aumento del arribo de barcos que requerían más espacio para desembarcar las mercancías de los contenedores con grandes grúas, “entonces se fue sacrificando el espacio público en aras del movimiento comercial y se redujo la superficie del Jardín del Puerto a la mitad de su espacio original”, expuso Díaz Díaz.
En 1979 fue clausurado el Jardín del Puerto, dicen sus defensores en la línea del tiempo, “en el lugar se levantó un muro de tres metros de altura ya que la administración del presidente de la República José López Portillo auguraba un auge en el movimiento marítimo”.
El muro –a quien los acapulqueños bautizaron como El Muro de la Ignominia, a manera de pequeña venganza– lo convirtió en un espacio “oscuro, meado, feo”, recordó Sotelo, “no hubo protestas, dejamos de venir, además ¿qué se podía hacer?” Era una de las épocas más autoritarias del régimen priista por la puesta en marcha de la guerra sucia, en la que Acapulco fue escenario de múltiples desapariciones forzadas de activistas, guerrilleros y campesinos.
En 1987, la administración de Miguel de la Madrid amplió el recinto portuario en la zona de bodegas y el patio de almacenamiento, lo que redujo más el Jardín del Puerto.
“Nos hicieron tontos” tras la caída del muro
El 2 de marzo de 1996 el muro fue derribado durante un acto encabezado por el entonces presidente municipal Rogelio de la O Almazán, evento que se convirtió en una manifestación a favor del gobernador Rubén Figueroa Alcocer, acusado por la matanza de Aguas Blancas del 28 de junio de 1995, anotó la entonces corresponsal de La Jornada y editora de El Sur, Maribel Gutiérrez.
Tan sólo diez días después del acto en el Jardín del Puerto, el hijo del también ex mandatario Rubén Figueroa Figueroa renunció a su cargo.
El 30 de junio de 1994, el Ejecutivo federal le otorgó a la Administración Portuaria Integral (API) Acapulco S.A. de C.V. el título de concesión para la Administración Portuaria Integral del puerto de Acapulco.
“El gobierno federal cambia su política de comercio exterior y considera que Lázaro Cárdenas y Manzanillo pudieran ser los puertos comerciales con instalaciones apropiadas, y dejar Acapulco cerrado al comercio para que se convirtiera en un 100 por ciento centro turístico”, relató Díaz Díaz.
Tras la caída del muro, la API construyó locales para convertir el Jardín del Puerto en un centro comercial y cultural, “ya ves que te lo venden así, que vamos a tener foro, vamos a tener galería y va a ser uso y disfrute de los acapulqueños, pero solamente fue una vez”, recordó Sotelo.
El artista plástico y 16 pintores más, entre ellos Jorge Alfaro, Areli Eunice, Palemón Lugo y Naty Villerías, presentaron en el Ágora del Jardín del Puerto la exposición Los Artífices y montaron sus caballetes. Fue el único evento,” después se convirtió en (el restaurante) 100 por Natural y aquí no se volvió a presentar nada, nos hicieron tontos”, lamentó Sotelo, quien recordó que también presentó ahí la obra teatral La Manzana.
El juicio contra la concesión
de la API
El centro comercial no funcionó y los negocios fueron cerrando poco a poco, pero la concesión la mantuvo la API y en 2011 cercó el Jardín del Puerto para ampliar su estacionamiento para autos de exportación, una vez más.
En el siguiente año, 42 organismos se aglutinaron para firmar por mantener el Jardín del Puerto e impulsaron un juicio, que llevó formalmente el Ayuntamiento contra la API, que se amparó, relató Kay Mendieta, una de las figuras más visibles del Colectivo Ciudadano de Recuperación del Jardín del Puerto y codirectora del Jardín Botánico de Acapulco.
El litigio se alargó varios años por las “trabas burocráticas”, los defensores tuvieron que ir a la Ciudad de México porque en Acapulco no estaban los documentos que evidenciaban el mal uso y la falta de pago de la concesión.
Los ciudadanos se enfrentaron a Transportación Marítima Mexicana, que controlaba a la empresa concesionaria, pero finalmente el 7 de julio de 2021 se obtuvo la reversión, entonces el espacio quedó bajo la custodia de la Secretaría de Marina (Semar).
El Jardín del Puerto no fue abierto al público y el 30 de agosto de 2023, la Semar le otorgó a la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) Acapulco, empresa creada por la propia dependencia federal el 24 de noviembre de 2022, el título de concesión.
“Los espacios se recuperan tomándolos”
Un guía del Marinabús daba indicaciones a los turistas que descendían del catamarán mientras que otros, casi todos en trajes de baño, esperaban subir el viernes en la tarde. Un trabajador no permitió a los reporteros y a Sotelo recorrer más lugares porque la obra seguía inconclusa. El Sur publicó el 21 de marzo que el Jardín del Puerto sería abierto en Semana Santa.
“Los espacios se recuperan tomándolos”, dijo Sotelo, arquitecto e integrante del colectivo Mira Cultura, y propuso acudir con un caballete porque “lo que estoy viendo aquí se ve bonito, pero no es suficiente y no sé si esto sea para el acapulqueño o para el visitante, no creo que sea para el acapulqueño de abajo”.
El 24 de agosto pasado, el fotógrafo Luis Arturo Aguirre se lanzó al mar para hacerle llegar a Sheinbaum Pardo la solicitud de 80 por ciento de áreas verdes, y la mandataria federal contestó en el banderazo de inicio del Marinabús que sería de 90 por ciento.
“La Asipona lo que hace es que incluye el área de lo que es el Malecón, propiamente dicho lo que es todo el pasillo para que cuadre este 90-10”, precisó Kay Mendieta y criticó que después de tantas reuniones, la última el 28 de enero del Consejo Consultivo de la Bahía Histórica del que forma parte, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) y su titular Sebastián Ramírez, no les han presentado ningún proyecto.
Sólo les han dicho que el Jardín debe tener comercio para que sea rentable, pero “un espacio público no necesita rentarse para que pueda conservarse, para eso son los impuestos de la ciudad y es parte de los derechos humanos de un ciudadano tener estos espacios verdes, incluyentes y bien cuidados”, insistió la activista.
Y para rematar, lamentó, le cambiaron el nombre a Jardín Vicente Guerrero sin ninguna consulta ciudadana, “el Jardín no es de ellos, es de la ciudad”.




