Señalan traición de autoridades al mantener los locales comerciales en el Jardín del Puerto

Los avances de las obras de remodelación del Jardín del Puerto, a cargo de Fonatur, en dónde se observa la construcción de locales comerciales Foto: Carlos Carbajal

Óscar Ricardo Muñoz Cano

El vicepresidente de la región V del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), Manuel Ruz Vargas, lamentó que las autoridades federales, principalmente, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) no haga caso al compromiso de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, que ofreció en una visita a la ciudad que el 90 por ciento del área que comprende el Jardín del Puerto se destinaría a zonas verdes y culturales, y únicamente el 10 por ciento a locales comerciales.
En breve charla telefónica luego de que en días pasados se retiraran las lonas y mallas que ocultaban las obras del Jardín del Puerto, dejando ver que aún continúan en pie unos 10 locales comerciales, aceptó que hay una “sensación de traición” puesto que recordó que en muchas ocasiones hubo sesiones para participar en la mejora del lugar, lo que había generado una expectativa implícita de respeto, diálogo y escucha real.
No obstante al ver que actualmente hay una docena de locales, y además se agregaron dos cuartos de máquinas que obstruyen la vista al mar, no puede dejar de pensar en que hubo simulación sencillamente.
“La imposición de una intervención previamente decidida, sin transparencia técnica ni diálogo vinculante, constituye una simulación de participación ciudadana que contradice los principios internacionales en materia de gestión del patrimonio urbano, particularmente aquellos asociados al enfoque de Paisaje Urbano Histórico promovido por Unesco, que enfatiza la corresponsabilidad, la escucha activa y la integración de saberes locales”.
“Sabemos lo importante de ese espacio para la ciudad y ahora deja de ser una ventana al mar, le han quitado a la ciudadanía el derecho natural de disfrutar del medio ambiente terminando por imponer lo que siempre quisieron”.
Luego de especular, en que quizás desde el principio hubo una confusión con el espacio que se estaba peleando que corresponde sólo a poco menos de 5 mil metros cuadrados del Jardín y no todo el proyecto comercial que se busca desarrollar con la Administración del Sistema Portuario Nacional en México (Asipona) y la Secretaría de Marina señaló que como sea se ha generado desconfianza para con la autoridad.
“Ahorita están hablando de cerrar un plan de desarrollo pero, como dice aquella voz: ‘Yo participo, tú participas y otros deciden’ pues qué caso tiene que nos citen, nos reúnan y nos escuchen si todo va a ser impuesto con nuestra firma de que estuvimos, participamos y por ende avalamos”.
Al preguntarle sobre un plan de acción a seguir, quien es además arquitecto con maestría en Ciencias Sociales y doctor en Desarrollo Regional señaló que “somos personas conscientes, responsables que atendimos el diálogo, no somos gente acostumbrada al enfrentamiento, que parece es la opción ante la que sí atienden las autoridades y hacen caso, pero vamos a ver qué acciones se van a tomar”.

 

A los gobiernos municipales no les interesa el medio ambiente, señala académico

Ramón Gracida Gómez

Durante el foro Estrategias de Seguridad ante eventos de la naturaleza organizado por el Ayuntamiento de Acapulco y colegios de profesionistas, el vicepresidente de la región V del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), Manuel Ignacio Ruz Vargas, señaló a los gobiernos municipales de cambiar el uso de suelo por los beneficios de la inversión de las constructoras, sin importarles el medio ambiente.
El académico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Autónoma de Guerrero indicó ayer en al auditorio del Ayuntamiento del Centro que tras el paso del huracán Otis se dijo que Acapulco está mal planeado, pero el municipio ha tenido a lo largo de su historia 49 planes de desarrollo, y “cada vez que hay un ciclón tenemos consecuencias negativas”.
Frente a la secretaria de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, María Mélida Campos García, Ruz Vargas señaló que las inmobiliarias “le venden la famosa zanahoria al gobierno municipal: uy, es una inversión que va a generar fuentes de empleo, te van a dar impuestos y eso te va a generar un beneficio”.
“Entonces no importa el medioambiente, no importa la población, vamos a cambiar el uso de suelo”.
Ante unos 40 asistentes, la mitad de ellos jóvenes, el integrante del Colegio de Arquitectos de Guerrero alertó de una “sobrepoblación” de Directores Responsables de Obra (DRO), “sobre todo muchos muy jóvenes que se dejan seducir muy fácil”, en el sentido que aprueban proyectos con datos cambiados, por lo que les pidió tener “ética”.
El doctor en Desarrollo Regional recordó la regularización de viviendas construidas dentro del parque nacional El Veladero cambiando el uso de suelo, y señaló que hay corrupción en la que están involucradas “muchas personas, desde empresarios, desde la autoridad y desde el DRO y el constructor que está trabajando”, y “nadie quiere pagar la supervisión”.
Expuso que un problema de las licencias de construcción consiste en que “muchas veces, y es lo que más ocurre, es mejor pedir perdón que pedir permiso, gano una licencia para un uso con menor densidad y de repente te encuentras con otro tipo de construcción, y dices, bueno, vamos a pagar la diferencia porque ya está en marcha”.
Indicó que el crecimiento de la mancha urbana hacia Ciudad Renacimiento, con el desplazamiento de los vecinos de las colonias altas del Anfiteatro, y hacia Diamante trajo consigo la deforestación.
Reprochó a Miguel Alemán por permitir la construcción del hotel El Presidente pegado a la playa, pero se hizo lo mismo en la zona Diamante décadas después, “¿no se supone que primero es la playa, la vialidad y después las construcciones?”
Indicó que el huracán Paulina de 1997 rompió el “mito” de que el municipio estaba protegido de este tipo de fenómenos meteorológicos por la cordillera del Anfiteatro, a raíz de la catástrofe de cientos de personas muertas o desaparecidas se llevaron a cabo mesas de trabajo con especialistas, lo que tuvo de resultado, entre otros, un Atlas de riesgo.
Pero ocurrieron los fenómenos meteorológicos Ingrid y Manuel en 2013, Otis en 2023 y John en 2024, entonces el integrante del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel I habló de los efectos del cambio climático y las “vulnerabilidades” de Acapulco, una de ellas la física por las construcciones “en sitios no adecuados, en altas pendientes, en zonas de inundación, en zonas vulnerables”.
La ciudad también padece la vulnerabilidad social, relacionada con la cuestión económica, y es que “gran parte de la población se asienta donde puede”, en tanto que dos de cada tres casas “son autoconstruidas, sin asesoría técnica”, de acuerdo con información de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción.
El integrante del Colectivo Ciudadano de Recuperación del Jardín del Puerto dijo que “Otis demostró que no se puede seguir construyendo de la misma manera” y mencionó la importancia de que se aplique el nuevo reglamento de construcción, aún en proceso de actualización.