Agresión letal e impunidad total

El 18 de abril de 2025 Marco Antonio Suástegui Muñoz, defensor del medio ambiente, fue agredido a balazos cuando se dirigía a su camioneta, estacionada a unos metros de la playa Icacos. Era Viernes Santo, y a pesar de que las playas de Acapulco estaban atestadas de turistas, Marco Antonio decidió retirarse ante las amenazas de muerte que había recibido. Los delincuentes seguían sus pasos, conocían sus movimientos y estaban al acecho para que no se les escapara. A pesar de los 4 mil efectivos de la Guardia Nacional que habían sido desplegados en la zona turística, los autores del artero crimen actuaron sin temor a ser detenidos.
Cuatro semanas antes Marco Antonio había relatado a una investigadora del Mecanismo federal de Protección a Defensores y Periodistas los incidentes que había enfrentado. En la sesión que tuvo el defensor con los miembros de la Junta de Gobierno del Mecanismo planteó la necesidad de que le brindaran protección policiaca por los inminentes riesgos que corría. Los funcionarios no dimensionaron los hechos que Marco Antonio relató, al contrario, consideraron que exageraba en su narrativa. Les incomodaba su lenguaje directo y su estilo bravucón. Interpretaron que solo quería andar con policías en el puerto para lucirse y demostrar que el gobierno lo protegía. Trivializaron su testimonio e ignoraron su planteamiento.
Las comunidades afros que conforman el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) sabían del gran peligro que corría Marco Antonio. En las asambleas dominicales les compartía la situación que estaba viviendo, aún así nunca dejó de asistir a las reuniones de Cacahuatepec. Siempre estuvo en primera fila defendiendo la tierra y el río Papagayo. En lugar de que los gobernantes reconocieran su trabajo y le proporcionaran seguridad, lo denostaron, lo persiguieron y en tres ocasiones lo encarcelaron por oponerse a la construcción de la presa La Parota.
La lucha del Cecop siempre estuvo centrada en la defensa de los bienes comunales de Cacahuatepec, se acuerparon para impedir que la CFE construyera la cortina. El no a La Parota fue rotundo cuando supieron que desplazaría a más de 25 mil habitantes de una docena de comunidades. Resistieron durante varios años y ganaron seis juicios agrarios. Sin embargo, los empresarios y políticos vieron una oportunidad de oro en la entrada de las organizaciones criminales a las comunidades rurales. Ellas se encargaron de fragmentar a las comunidades y someterlas con amenazas, extorsiones y asesinatos. Lograron cooptar a personas de la zona para que poco a poco las comunidades abandonaran la lucha. El terror las inmovilizó. Los crímenes horrendos que acontecían en la ruta de la Costa Chica fue mermando el ánimo dominando un sentimiento fatalista.
Poco a poco Marco Antonio empezó a percatarse de que las amenazas se incrementaban porque también en las asambleas dominicales llegaban personas para advertirle que dejara de denunciar al gobierno. Antes, y después de la desaparición de su hermano Vicente, continuaron las amenazas. Marco Antonio estaba desconcertado porque en el mismo núcleo de Cacahuatepec había personas acechándolo, ya no se sentía seguro ni en su comunidad. Valoraba que los riesgos aumentaban en los recorridos que hacía a las comunidades y en sus traslados al puerto de Acapulco.
El líder del Cecop que tenía un negocio de renta de motos acuáticas enfrentó también el problema de las cuotas. En varias ocasiones llegó a manifestar que no podía continuar con esta losa pesada de la extorsión, porque era trabajar solo para la delincuencia. Con el liderazgo y la autoridad moral que tenía Marco habló con los trabajadores de las playas para que se organizaran porque solo como grupo podían contener la avalancha delincuencial. Era una batalla perdida porque la gente vivía atemorizada, prefería pagar la cuota que armarse de valor para hacer frente a la delincuencia. Marco Antonio percibió que la gente tenía miedo porque sabía que los hilos de la telaraña delincuencial estaban en todos los negocios de las playas.
Al ver que era enfrentarse a un monstruo, Marco solicitó al Mecanismo medidas más duras como la protección policiaca. Planteó en varias ocasiones la presencia de elementos de la Guardia Nacional como una medida extrema para continuar su trabajo como defensor del medio ambiente.
Con los desastres naturales causados por los huracanes Otis y John Marco Antonio visitó las comunidades afectadas para realizar censos de los daños y al mismo tiempo buscó apoyo con fundaciones y organizaciones solidarias para impulsar la reconstrucción de viviendas, el saneamiento del agua y la recuperación de parcelas y huertas. Los peligros se incrementaron ante la ausencia de las autoridades.
Desde diciembre de 2024 Marco Antonio constató que andaban tras de él. Ubicaba a gente en la playa donde trabajaba y también se daba cuenta de que a las asambleas llegaban personas extrañas. Se preocupó más cuando alguien se acercó para amenazarlo. Tenía la intención de compartirnos estos incidentes y planeamos que fuera el Domingo de Ramos, sin embargo, el encuentro no se concretó, porque iniciaba la temporada alta en las playas de Acapulco. Lamentablemente no fue posible vernos porque el Viernes Santo por la tarde Marco Antonio había sufrido una agresión letal.
Los defensores del medio ambiente como Marco Antonio Suástegui están siempre en la línea de fuego porque realizan su trabajo en lugares donde hay disputas férreas por el control territorial. Son enclaves donde se tejen alianzas con empresarios que cuentan con el respaldo de autoridades que legalizan el despojo de tierras y la extracción sin control de los recursos pétreos. Se urden jugosos negocios con giros de la economía criminal sumiendo en la miseria a los verdaderos dueños del río Papagayo.
Las comunidades del Cecop han seguido el ejemplo de Marco Antonio para defender el agua del río Papagayo. Su lucha contra La Parota fue estratégica para garantizar que el río siga corriendo, bañando las tierras de los agricultores y asegurando la alimentación de las familias pobres. El Cecop fue un ejemplo de resistencia pero también de sabiduría, ellos conciben al agua como un bien sagrado y no como una mercancía. Los sabios y sabias de las comunidades rurales saben que existen los dueños en los manantiales, por ello se debe de pedir permiso para roturar la tierra, para extraer el agua y hasta para pedir la lluvia. Cuando no se hace es cuando llegan los huracanes que arrasan con todo. Es la furia de la naturaleza que pone en riesgo nuestra sobrevivencia.
En Guerrero la clase política se ha extraviado por su ambición de poder. Todo lo ve como negocio, busca en todo momento sacar la mejor tajada de cualquier proyecto. No le interesa cuidar la naturaleza, mucho menos respetar los bienes comunes que han sabido cuidar los pueblos. Para ellos el agua representa un signo de pesos, sobre todo en lugares turísticos. Se aprovechan de las comunidades rurales que han sabido cuidar el agua para impulsar proyectos extractivistas que surtan de agua a los hoteles del gran turismo. La prioridad son los emporios hoteleros porque son negocios redituables. No les interesa garantizar el acceso al agua a las colonias pobres porque ahí hay pérdidas, tampoco le dan prioridad a las comunidades rurales para generar infraestructura hídrica que mejore su calidad de vida.
A pesar de que el río está en los Bienes Comunales de Cacahuatepec, las familias carecen de llaves de agua porque representan pérdidas. En los últimos meses el gobierno municipal ha querido construir los pozos radiales en Aguacaliente, sin consultar a las comunidades que habitan en el afluente del río Papagayo. Argumentan que son compromisos asumidos por la presidenta de la República y por eso mismo se tienen que construir los pozos radiales, por encima de lo que opinen los dueños de estas tierras. La gente del Cecop ha tenido que parar los trabajos para hacer visible su protesta y exigir que las autoridades escuchen sus demandas.
La figura de Marco Antonio se robustece con esta lucha que continúan las comuneras y comuneros de Cacahuatepec. Tienen claro que deben defender la tierra con el acero en la mano, y que no pueden tirar por la borda su legado. Marco Antonio es un defensor del medio ambiente a quien las autoridades de los tres niveles de gobierno criminalizaron y encarcelaron, siempre lo catalogaron como un actor incómodo e indómito. Nunca se sometió a los partidos políticos, por el contrario, fue firme en sus convicciones, solidario con los campesinos pobres, siempre dispuesto a dar la batalla contra quienes saquean sus territorios y los engañan con promesas falsas. Marco Antonio nunca se vendió, mucho menos bajó la guardia. Siempre encaró al poderoso, denunció sus tropelías y denunció a los empresarios que han sobrexplotado el río y saqueado sus riquezas.
Marco evidenció al gobierno morenista que arrastra los mismos vicios de la corrupción, que se colude con grupos de la delincuencia, que encubre a los que violan los derechos humanos, que hace negocios privados con el dinero público, que utiliza el poder para amafiarse con los empresarios y jefes del crimen organizado. Nunca se calló y por eso lo desecharon como aliado no incondicional. Nunca buscó la comodidad ni el lucro. Fue coherente con su modo de vivir y de pensar. Vivió como cualquier campesino que sabe trabajar la tierra y que vive modestamente con lo que produce en el campo.
A un año de su asesinato vemos lejos la justicia para Marco Antonio. No hay una persona detenida, tampoco se ha tomado en cuenta como una línea de investigación el trabajo de Marco Antonio como defensor del medio ambiente.
Exigimos al gobierno estatal y a la Fiscalía del estado que acelere las investigaciones porque hay datos fehacientes sobre los autores materiales. La Fiscalía está obligada a rendir información a la familia de qué avances hay en la investigación, de cómo fue el modus operandi del crimen. No puede escudarse en argumentos como la alteración de la escena del crimen; que no funcionaron las cámaras de vigilancia y que no hubo declaraciones por parte de testigos o de familiares. La obligación de las autoridades es ejercer acción penal contra los responsables materiales e intelectuales. Actuar con debida diligencia para garantizar justicia a las familias y agrietar el muro de la impunidad que encubre a delincuentes que tienen pacto con las autoridades.

 

Del basurero de Cocula a las funerarias de Iguala

El pasado 9 de marzo dos equipos interdisciplinarios de la Unidad Especial de Investigación y Litigio del Caso Ayotzinapa (UEILCA) iniciaron los trabajos de búsqueda en la funeraria Rueda cuyos terrenos colindan con las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) de Iguala. Cinco meses antes, en octubre de 2025 detuvieron a Rodolfo Rueda Sebastián y Rodolfo Rueda Mazón propietarios de las funerarias Rueda y El Ángel acusados por delincuencia organizada.
Con estas detenciones junto con la del nutriólogo Irvin Arroyo Aranda en el mes de noviembre y la del director de Tránsito y Vialidad Mauro Antonio Mosso, en marzo pasado, el fiscal Mauricio Pazarán, ignorando las líneas de investigación en las que reiteradamente han insistido las madres y padres, como la entrega de los 856 folios que están en manos de la Sedena y la relacionada con el paradero de 17 estudiantes que fueron retenidos en barandilla municipal, el funcionario federal ha focalizado todos los esfuerzos institucionales en las funerarias de Iguala.
Las madres y padres se sorprendieron de la invitación que hizo extensiva el presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa (Covaj), Arturo Medina, para que conocieran los hallazgos que el equipo de búsqueda en campo había tenido en una funeraria de Iguala. A las 9 de la mañana del 20 marzo acudieron a la cita con el subsecretario que llegó en helicóptero.
Les informaron de las detenciones realizadas y que habían asegurado la funeraria porque encontraron muchas irregularidades. No solo había cámaras frías con cuerpos de 2022, 2023 y 2024, los registros de los cuerpos en lugar de que estuvieran bajo custodia del Semefo, eran los dueños de la funeraria los que tienen el control. Les informaron que habían ubicado un crematorio clandestino y que cuando hicieron el cateo también encontraron una bolsa con restos de 2014. Los funcionarios no supieron explicar cómo llegó ahí. Uno de los padres cuestionó con dureza “hemos estado buscando a nuestros hijos por más de 11 años y ahora resulta que encontraron una bolsa con restos de aquel año. ¿Cómo les vamos a creer? Si antes en este lugar no estaba la funeraria. Antes aquí no había nada, los mismos mapas señalan que era un terreno baldío, ¿cómo nos van a decir que esa bolsa es auténtica? Antes necesitamos que la revisen nuestros expertos, las compañeras del equipo argentino, para saber de qué se trata”.
Algunos padres recordaron que en este lugar no había ninguna funeraria. Un hermano del joven Jhosivan Guerrero de a Cruz, uno de los tres normalistas identificados, relató los recorridos que realizó en varias colonias de Iguala y testificó cómo fue que caminó en varias ocasiones por estos parajes. “Antes no había nada en este lugar, por eso no confiamos en lo que nos dicen, porque ahora ya hablan de una bolsa con restos, sin que nos digan cómo los obtuvieron y quiénes fueron los que identificaron”.
Se sabe que la funeraria Ángel, cuya propietaria es la misma familia Rueda, tenía sus instalaciones cerca de una escuela, sin embargo, desde hace varios años tuvieron que cambiarla porque llegaba el olor a las niñas y niños. Por eso ahora la reubicaron como funeraria Rueda donde actualmente está el Semefo, a unos metros de la gasolinera.
La reunión se realizó en un espacio que sirve de estacionamiento de la funeraria. Las fachadas estaban remodeladas y en partes en obra negra. Las carrozas, rotuladas con “SEMEFO” permanecían en desuso, seguramente porque desde octubre de 2025 el inmueble fue asegurado. Los padres y madres escucharon con extrañeza la información que tanto el fiscal Pasarán como el subsecretario Arturo Medina les relataban. Los rostros de incredulidad eran muy evidentes, porque el relato no tenía lógica y tampoco se sostenía. Fueron pasajes que ya se abordaron en los informes del GIEI y que los familiares recorrieron en varias ocasiones por estos lugares y otros más.
Fue una reunión muy tensa, no solo porque el lugar no era el adecuado, sino porque la información era muy endeble. Aún así las autoridades invitaron a las madres y padres a recorrer el lugar para que vieran el estado en que se encuentran los crematorios, para que vieran las bolsas con cuerpos dentro de las cámaras frías y para que conocieran el crematorio clandestino que no aparece registrado en el mismo Semefo que maneja la familia Rueda.
En el recorrido las autoridades informaron los cambios que tuvieron las instalaciones de la funeraria desde 2014 hasta 2025. Lo más grave es que encontraron muchas irregularidades vinculadas con el Semefo. Con estas calamidades es increíble constatar el trato que les dan a las personas fallecidas. Son instituciones para delinquir, negocios redondos que florecen al amparo del poder. Funcionan como franquicias que establecen alianzas con grupos de la delincuencia para hacer que funcione la maquinaria de la muerte. ¿Qué garantías puede tener un familiar que quiere cremar a un ser querido con este tipo funerarias, que tiene crematorio clandestino y que tiene en sus cámaras a varios cuerpos abandonados?
Hasta después de 11 años se han dado cuenta las autoridades federales (porque las locales lo consentían) cómo funcionaban estas funerarias y en manos de quién estaba el Semefo. Cuántos crímenes se cometieron en este lugar, máxime que la gente del lugar comenta que había un camino de terracería donde entraban camionetas a tirar lo cuerpos en la barranca que colinda con la funeraria.
En este recorrido los familiares encontraron ropa, cuerpos que llevan años sin que se puedan entregar a sus familiares. Lo insólito fueron los crematorios en un estado sumamente desquiciante y un Semefo dado al traste como pasa con la mayoría de ellos en el estado. Funcionando de manera irregular, prestándose a negocios truculentos, trabajando para la delincuencia y haciendo más cruento el dolor de las personas que son víctimas de la violencia.
Los familiares nuevamente manifestaron su enojo porque los llamaron para darles noticias sin sustento. Esto mismo pasó hace varios meses cuando la Covaj los invitó a Iguala para que se les informara de las búsquedas que estaban haciendo en el rancho de el Gil. Al final no hubo algún hallazgo, más bien, se sintieron maltratados y ofendidos porque juegan con su dolor y su pena. Esta visita no solo los obligó a dar la vuelta desde sus comunidades, sino que además les siembran más dudas y desconcierto. Porque están regresando las autoridades a la línea de Peña Nieto, de que los 43 normalistas fue un asunto de la delincuencia local con la participación de policías y autoridades municipales. Una madre con mucha razón decía: “Tenemos experiencia de los engaños del gobierno”, y por eso las autoridades tienen la obligación de explicarnos cómo es que permaneció la bolsa de restos durante más de 11 años y cómo fue que la encontraron. Si no lo aclaran quiere decir que también están diciendo mentiras.
Con la reunión, aparte del coraje la situación se enreda más con las autoridades porque los padres y madres ven que no priorizan las líneas de investigación que las familias y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) consideran claves.
Reclamaron que a pesar de que un juez ordenó que el Ejército entregue los 856 folios, no se ha atendido esa orden. Han dejado las líneas de investigación que las madres han insistido. Es necesario jalar todos los hilos, pero el hilo más grueso que es el Ejército, no lo han tocado.
“¿Cuándo van a hacer lo del GIEI? ¿Cuándo van a empezar con los folios? En 11 años que pasaron ya, ¿no creen que alguien en su momento haya limpiado?”, reclamó don Mario, padre de César Manuel González Hernández. El hermano de Joshivani reiteró “lo buscábamos en vida”, pero en el peor de los escenarios no vamos aceptar pequeños restos, sino “el cuerpo completo”. Ese es mi reclamo.
Las madres y padres con el deseo de tener más indicios sobre el paradero de sus hijos aceptaron hacer el recorrido de la funeraria y del Semefo. “Todo huele a muerto”, decían. Los cuerpos apilados, ropa ensangrentada. Espacios marcados con cinta amarilla. Bajaron unas escaleras donde la tierra tenía rastros de que habían quemado un colchón. En ese lugar las autoridades, los peritos y investigadores encontraron una prótesis y otros objetos.
Vieron un pozo bajo sospecha con varios puntos. En un filo pequeño permanecía el horno clandestino con el piso supuestamente con “grasa” propia de cuerpos humanos. A unos metros los peritos escarbaban la tierra y con cribadora meticulosamente revisaban si había algún indicio. A pesar del ambiente lúgubre no se puede decir o asegurar que haya algo objetivamente que lleve al paradero de los normalistas desaparecidos.
Las madres y padres se fueron desilusionados y enojados, porque notan que a las autoridades no les interesa su dolor y sufrimiento. Lo que quieren es quedar bien con la Presidenta, de presentarle resultados, de hacerle creer que se va avanzando en la investigación. Las autoridades están muy lejos de que se solidaricen y sientan en lo más hondo de su corazón lo que las madres y padres sufren. No hay empatía, más bien prevalece una relación ríspida dominada por un clima de desconfianza.
Lo más duro para las madres y padres es que con estos intentos que hace la Fiscalía, es una mala señal, porque quieren encontrar algún resto en la funeraria. Ya les enseñaron una bolsa con restos del 2014. Aunque nadie sabe quién la llevó, falta saber de quién son. La experiencia del basurero de Cocula les ha enseñado que ya no pueden confiar en el gobierno, que solo depositarán su confianza en personas expertas, para no repetir más el relato falaz de la verdad histórica

Las nuevas desapariciones forzadas

El jueves 2 de abril el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas (CED) solicitó al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que remita urgentemente la situación de las desapariciones forzadas en México a la Asamblea General, en vista de que ha recibido indicios fundados de que en México se ha cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad.
Tomando como referencia el artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, el CED fundó su petición manifestando que ha recibido información que, a su juicio, contiene indicios bien fundados de que la desaparición forzada se practica de forma generalizada o sistemática en el territorio del Estado Mexicano, y tras haber solicitado del Estado Parte interesado toda la información pertinente sobre esa situación, determinó llevar la cuestión, con carta de urgente, a la consideración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por medio del secretario general.
El documento presentado por el CED fue rechazado y calificado de tendencioso y falto de rigor jurídico por parte de las autoridades mexicanas, a través de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Subrayan que no toma en cuenta los avances que se han alcanzado desde 2018 y además el CED excede su mandato al ampliar indebidamente el alcance de la desaparición forzada. “El Gobierno Mexicano no tolera, permite ni ordena desapariciones forzadas”. El marco utilizado por el Comité “no corresponde a la realidad del México actual, que ha emprendido una transformación estructural en la materia”. A este diferendo se sumó la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos Rosario de Piedra que arremetió contra las organizaciones civiles por manejar información tendenciosa y manipulada. Su postura está lejos de representar a las víctimas al erigirse en vocera de la 4T. Para la presidenta las desapariciones “han venido descendiendo desde 2018, hasta prácticamente desaparecer”.
Por su parte, la titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, María Dolores González, destacó que le decisión del CED es una oportunidad porque “plantea condiciones para fortalecer el diálogo y la cooperación a fin de consolidar una política integral de Estado… y romper con los círculos de colusión, impunidad y desprotección”. Este domingo la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, en una postura contraria de la presidenta de la Comisión de la Ciudad de México, descalificó el documento del CED y manifestó su respaldo firme a la postura de la Presidenta Claudia Sheibaum que rechazó y descalificó el informe del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada. Lo consideró como un uso político para atacar al gobierno de México.
En su informe el Comité contra la Desaparición Forzada reconoce y acoge con satisfacción las medidas adoptadas por el Estado Mexicano al grado que ha remitido el marco jurídico e institucional mexicano como ejemplo positivo para otros Estados. No obstante, el Comité también ha tenido que subrayar que estos esfuerzos han resultado insuficientes e ineficaces, y que no han permitido contrarrestar las tendencias continuas, como el aumento constante del número de personas desaparecidas; la falta de avances efectivos en la búsqueda y la investigación de la mayoría de los casos denunciados; el ocultamiento de la información; la impunidad casi absoluta de los perpetradores; la alarmante crisis forense y la falta de apoyo a los familiares que luchan a diario para buscar a sus seres queridos.
La impunidad que rodea a la desaparición forzada es avasalladora. En su informe, el Comité hace notar que, hasta 2021, solo entre el 2 % y el 6 % de los casos de desaparición han sido judicializados, mientras que solo se habían dictado 36 sentencias por desaparición forzada de personas. Esto trae a la mente el caso de Arnulfo Cerón, en donde se obtuvo una sentencia de primera instancia. Aunque la pena ha sido controversial, es indudable que representa un caso que puede ofrecer una guía para el combate contra la impunidad.
El CED ha reafirmado que el Estado es responsable por la desaparición forzada de personas incluso cuando esta sea cometida por grupos delincuenciales o empresas privadas. Esto es importante dada la situación de macrocriminalidad que existe en Guerrero, en donde la lucha entre facciones de los cárteles y el contubernio entre el crimen organizado, las empresas y los gobiernos suelen difuminar las responsabilidades que tienen cada uno de estos actores. Más allá de delimitar el grado preciso de participación de cada uno de ellos, lo cierto es que el Estado debe no solo abstenerse de que sus agentes desaparezcan personas, sino también evitar que agentes privados lo hagan. Es por esto que la defensa gubernamental de que la desaparición forzada es una especie de fenómeno entre particulares —generalmente entre grupos criminales— y que por eso no hay responsabilidad estatal no es satisfactoria bajo el derecho internacional de los derechos humanos.
De igual manera, el CED ha reconocido que en muchas ocasiones el impulso de la investigación recae sobre la familia de la persona desaparecida, lo que quiere decir que el Estado está incumpliendo con su obligación de buscar a las personas desaparecidas. Además, existe una seria falta de capacidad financiera y de personal para realizar las investigaciones y diligencias necesarias para localizar a las víctimas.
El CED concluyó que actores no estatales pueden cometer crímenes de lesa humanidad incluso cuando lo hagan sin la autorización, apoyo o aquiescencia del Estado. Esto abre la puerta a considerar que, en Guerrero —así como en casi todo el país—, se están cometiendo crímenes de lesa humanidad, más allá de si el Estado participa, apoya o tolera las desapariciones forzadas. Más aún, sabemos que en Guerrero participan —de alguna forma u otra— elementos del Estado en la desaparición de personas, por lo que esta conclusión solo se ve reforzada.
El CED reconoce que existieron desapariciones forzadas durante la segunda mitad del siglo XX —es decir, durante la Guerra Sucia— como un medio de represión política, aunque es enfático en señalar que la crisis —por lo menos en términos numéricos— se da a partir del 2006 con el inicio de la Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón. Para ello, hace notar que, a 2021, el 98 % de las desapariciones se dieron durante el periodo de 2006-2021.
Aunque el CED concede que no hay indicios para suponer que existe una política federal que promueva las desapariciones forzadas, sí señala que hay indicios fundados de que estas se han dado en el marco de ataques a lo largo del tiempo y del territorio nacional, de conformidad con una política estatal ejecutada por “organizaciones” —es decir, grupos delincuenciales— actuando de forma autónoma o, por lo menos, con la aquiescencia de servidores públicos de todos los niveles.
El Comité encuentra que el fenómeno es generalizado por la tendencia al alza de las desapariciones y el descubrimiento de fosas clandestinas y sistemático porque se realiza con base en patrones de conducta bien establecidos. Para el Comité las desapariciones forzadas son un fenómeno sistemático y generalizado en México, y que esto solo es posible con cierto grado de participación del Estado.
El informe del CED tendrá un peso muy importante durante los próximos meses y años. Esto, ya que el comité es una institución con legitimidad a nivel internacional dada su independencia y especialización técnica. Además, muchos de los Estados y órganos de la ONU serán deferentes hacia el criterio del CED debido a que este comité ha tenido, durante años, un acceso privilegiado y balanceado al contexto mexicano. Ha escuchado al Estado, a las organizaciones no gubernamentales, víctimas y colectivos, por lo que existe confianza en que su decisión se da en un marco de equilibrio entre los distintos actores que han aportado información y argumentos
Es importante aclarar que el procedimiento previsto por el artículo 34 no es condenatorio. Esto, porque pareciera que la reacción del Estado mexicano surge de la —errónea— creencia de que el CED está buscando señalar culpables, cuando esto no es así. El procedimiento al que se ha dado paso implica reconocer que la situación de las desapariciones forzadas se ha salido de las manos del Estado examinado y que resulta conveniente —para el Estado, las víctimas, la población y la comunidad internacional— buscar una forma de dar a conocer el asunto a nivel internacional.
Pero eso no es todo, ya que el CED recomendó explícitamente que el asunto sea tratado por la Asamblea General para buscar formas de que los Estados cooperen —técnica y financieramente— con México para atender la crisis. Se busca desvirtuar este informe porque las autoridades mexicanas consideran que es una forma de obstruir y opacar todos los esfuerzos que se han logrado, que en su mayoría se debe a los colectivos de familiares de personas desaparecidas, es más bien una gran oportunidad para que la comunidad internacional asista a nuestro país en la atención de problemas que no hemos podido resolver, como las capacidades de investigación penal, de búsqueda de personas y la misma crisis forense.
El Comité pone a consideración de la Asamblea General de la ONU la necesidad de brindar la cooperación técnica, el apoyo financiero y la asistencia especializada que México requiera en las áreas de búsqueda, análisis forense, e investigación exhaustiva de las alegaciones de desapariciones forzadas y de vínculos entre servidores públicos y el crimen organizado. También, de establecer un mecanismo eficaz para esclarecer la verdad y proporcionar la asistencia y protección a las familias que buscan a sus seres queridos, así como a las organizaciones y defensores que las apoyan. Estaremos en espera de lo que determine la Asamblea General de la ONU.

 

La disputa de grupos del crimen en la Montaña ha degenerado en una catástrofe: Tlachinollan

 

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

El director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, alertó que en el corredor Huamuxtlitán, Cualac y Olinalá, en la región de la Montaña, la disputa por el territorio entre los grupos del crimen organizado ha desembocado en una “trágica” y “catastrófica” descomposición social, que ya trasciende a la región y al estado.
En entrevista telefónica, el defensor de derechos humanos declaró que la gente está temerosa por ese patrón de criminalidad y violencia “que ya se salió de control”. Y que lo peor es que las autoridades niegan los hechos, “no reconocen ni actúan ante el problema”.
La entrevista se dio el jueves 2, luego de que en tres días se reportaron once asesinatos; siete de las víctimas fueron encontradas desmembradas el martes en la carretera Tlapa-Olinalá, en tanto que el miércoles en la noche sicarios irrumpieron en la comunidad de Teticic, Olinalá, y asesinaron a otra persona, horas antes se reportaron tres desaparecidos en ese municipio y el jueves tres hombres fueron ejecutados dentro de un vehículo en la carretera.
“En la ruta Huamuxtlitán, Cualac y Olinalá empieza una disputa de grupos del crimen organizado, y lamentablemente ya han habido varios asesinatos en Olinalá”.
Recordó que la violencia en el municipio de Olinalá se agudizó a partir de agosto del 2024, cuando siete integrantes de una familia fueron emboscados y asesinados en la carretera Olinalá Temalacatzingo, en el crucero de Amatlicha, después de asistir a un sepelio en Olinalá y regresar a la Ciudad de Mexico.
Después, en octubre del 2024, dos jóvenes fueron linchados y quemados en la cabecera municipal, acusados de secuestro. Posteriormente hubo una incursión de policías comunitarios de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) de San Juan Escalerilla, Zapotitlán Tablas, que no tiene el reconocimiento de las cinco casas de la CRAC-PC.
El 17 de octubre del 2025 fue asesinado el maestro e integrante de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG), Melchor Gonzaga Campos, en el centro de Olinalá.
Barrera Hernández informó que estos sólo son algunos de los crímenes de alto impacto que han trascendido y publicado en los medios de comunicación, pero hay otros que no se han dado a conocer.
“Entendemos que hay una disputa por el territorio de los grupos criminales, que ahora empiezan a cometer otros asesinatos en las comunidades de Olinalá”.
Agregó que los crímenes más recientes son los siete cuerpos que fueron encontrados desmembrados en un crucero entre Olinalá y Cualac el martes pasado, y el miércoles la desaparición de tres personas de Teticic, además del asesinato de otro por hombres armados que irrumpieron en esa comunidad la noche del miércoles.
“Hay una descomposición social que se ha venido agudizando a lo largo de los últimos meses y la gente está temerosa por este patrón de criminalidad y violencia que existe”.
Criticó que lo peor es que las autoridades niegan los hechos, “no hay un reconocimiento al problema que trasciende al municipio, a la región y al estado. Es un problema grave que ya se salió de control”.
Añadió que las reuniones en las que participan las autoridades de los tres órdenes de gobierno en la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, “y lamentablemente no están tocando con seriedad el problema de la violencia y mucho menos están haciendo las lecturas de contexto y de los patrones de ajusticiamiento”.
Dijo que estas reuniones no tienen repercusiones efectivas en la realidad “y esto deja a una sociedad inerme, totalmente indefensa ante un clima al que la gente se resigna a padecer y a cargar con esta cruz de violencia hasta en plena Semana Santa”.
Para el defensor social, la ausencia de la autoridad es grave, pues no están focalizando los lugares donde se están dando estos crímenes; “vemos desdibujada esta Mesa, es una Mesa de escritorio, es una mesa virtual que no pulsa la realidad en toda su dimensión, y mucho menos articula estrategias para revertir esta ola delincuencial”.
Es un diagnóstico “catastrófico” el que se está constando en la Montaña, que era una región relativamente tranquila, pero que hoy “se ha desbordado la violencia”.
Informó que si en Tlapa siempre se han presentado asesinatos en diferentes momentos, ahora la violencia se ha expandido en la ruta de Huamuxtlitán, Cualac y Olinalá, además de la de Huamuxtitlán–Xochihuehuetlán que “ya empieza a cobrar víctimas, además de la ruta Zapotitlán Tablas-Tlatlauquitepec-Acatepec”.
Alertó: “Estamos siendo cercados por grupos de la delincuencia que están asolando la región y las autoridades siguen pasivas, solamente documentando en papel las tragedias, mientras que la gente no se siente apoyada, escuchada ni atendida”.
Insistió que, particularmente en Olinalá ya es un “foco rojo y un problema mayor” porque las agresiones y los asesinatos se dan en el día, “sin ningún control”, a pesar de la presencia de un grupo de la Guardia Nacional que tiene un retén en la entrada de la cabecera municipal, “pero parece que el ciudadano no es el que interesa a estos cuerpos de seguridad de la federación, pues dejan crecer este clima de violencia”.
Barrera Hernández no precisó qué grupos delictivos se están disputando el territorio, pero de acuerdo con fuentes policiacas son los de la Policía Comunitaria de la CRAC que opera en San Juan Escalerilla, municipio de Zapotitlán Tablas, presuntamente vinculada con el grupo delictivo de Los Ardillos y que no está reconocida por las cinco casas de la CRAC-PC, la que está entrando a los municipios de Olinalá, Cualac y Huamuxtitlán para desplazar al grupo que antes se conocía como Los Rojos y ahora se conoce como Los Jiménez, que tienen su centro de operaciones en Puebla.

 

En el inmenso mar de la iniquidad

A más de 11 meses del asesinato de Marco Antonio Suástegui
exigimos la detención inmediata del autor material.
Demandamos investigación pronta y castigo ejemplar
a los autores materiales e intelectuales
del asesinato de Bartolo Casarrubias de los Santos
regidor de Xalpatláhuac

Con este título presentamos el pasado martes 24 nuestro 31 informe de actividades correspondiente al 2025. En esta entrega retomamos los interesantes comentarios que planteó la directora ejecutiva de Oxfam México, Alexandra Hass, sobre cómo se expresa con toda su crudeza la desigualdad social en la Montaña de Guerrero.
Se vive un momento de cambio sistémico sin precedente. La riqueza se transfiere masivamente a pocas manos, el autoritarismo crece, la violencia se normaliza y la crisis climática avanza, golpeando desproporcionadamente a quienes menos tienen. Las instituciones multilaterales atraviesan una crisis de recursos tan seria que su labor se ve amenazada, mientras observamos múltiples ataques a la paz y la seguridad internacionales.
Hay una crisis de gobernanza global, México es un ejemplo muy concreto. Según el informe de Oxfam México Oligarquía o Democracia, 22 personas concentran una fortuna equivalente al PIB de Jalisco y Guanajuato combinados, mientras que el 50% más pobre de la población aporta proporcionalmente más en impuestos que el 1% más rico.
En un escenario de bajo crecimiento económico, mala recaudación y una economía dependiente de un vecino que amenaza con desmantelar el tratado del que dependemos, hay que prestar atención a qué políticas se están planteando: El camino de perpetuar las desigualdades, mantener el extractivismo laboral y natural como estrategia de atracción de inversión, asumiendo que más inversión equivale automáticamente a más bienestar sin cuestionar su calidad y sus efectos a largo plazo, o el camino de repensar la política económica poniendo en el centro a las poblaciones más pobre.
La desigualdad no es un accidente, la desigualdad es por diseño. Guerrero es el segundo estado con mayor pobreza multidimensional del país, con el 58.1% de su población en esa condición, y el segundo con mayor pobreza extrema. El 21.3% de sus habitantes vive en esa situación, una cifra que cuadruplica el promedio nacional de 5.3%. Junto con Chiapas, Veracruz y Oaxaca, Guerrero concentra el 54% de todas las personas en pobreza extrema en el país. En los municipios de la Montaña, esas cifras superan el 80%. Hablamos de comunidades donde la pobreza extrema no es la excepción, es la norma heredada de generación tras generación.
Pero los números más estremecedores no están en la pobreza de ingresos, sino en el acceso a los derechos. Guerrero tiene la segunda tasa de informalidad laboral más alta del país. Casi 8 de cada 10 personas que trabajan lo hacen sin contrato, sin seguridad social, sin protección alguna. La carencia por acceso a seguridad social afecta a la gran mayoría de la población ocupada del Estado. Y los hogares guerrerenses destinan el 43.3% de su gasto en alimentación, la segunda proporción más alta del país.
Cuando no hay Estado que garantice derechos, el gasto de bolsillo llena el vacío que debería ocupar la política pública. Las y los jornaleros agrícolas de la Montaña lo ilustran con dolorosa claridad. El 79% de los jornaleros agrícolas en Guerrero viven en situación de pobreza. El 94% no tiene contrato laboral. El 88% carece de acceso a la seguridad social. Y el 43% gana por debajo del salario mínimo. De septiembre del 2023 a agosto del 2024, la Casa del Jornalero en Tlapa registró a 3 mil 879 niñas y niños de entre 3 y 15 años que salieron hacia los campos agrícolas del norte, muchos de ellos sin poder estudiar.
Son las personas que ponen los alimentos en la mesa, de todas las y los mexicanos, y el Estado las trata como si no existieran, eso no es informalidad laboral, eso es extractivismo laboral por diseño. Y esta es precisamente la contradicción política que no podemos ignorar. Un gobierno que se precie de atender prioritariamente a la gente que menos tiene no puede eludir la exigencia de una política robusta y sostenida de combate a la pobreza extrema. Esto no debe ser un eslogan, esto requiere de mandato operativo con recursos, presencia territorial y rendición de cuentas. Los datos de Guerrero son la prueba más contundente de que esa política todavía está pendiente. Nombrar la desigualdad por diseño es el primer paso para desmantelarlo.
Lo segundo es la complejidad o la contradicción que encontramos entre el fortalecimiento del Estado como garante de derechos y la percepción y la realidad de que el Estado es el perpetrador de muchas de las violaciones a los derechos.
Esto puede generar resistencia, especialmente entre quienes han vivido el abandono y el maltrato del Estado en carne propia. Oxfam, en su agenda de justicia fiscal, pide más y mejor recaudación, un Estado con mayor capacidad redistributiva, a veces es difícil de comprender porque cómo podemos pedirle a alguien que nunca ha experimentado un Estado que la proteja, que confíe en fortalecer a ese mismo Estado.
En la Montaña hay un Estado que funciona al revés, que fortalece a los fuertes y abandona a quienes viven violaciones a sus derechos. La excusa del crimen organizado, ha profundizado la militarización que las comunidades no viven como mayor seguridad, sino como otra capa de control. La pregunta entonces es si debe haber un Estado fuerte, ¿fuerte para quién y para qué? Y, sobre todo, qué contrapesos y espacios de participación garantizan que la soberanía recaiga en el pueblo y no en instituciones que actualmente no funcionan para la gente. Lo que pedimos, lo que exigen las comunidades de la Montaña, es un Estado garante de derechos, uno que nunca hemos tenido, pero que es la única respuesta posible. Porque sin Estado no hay quien redistribuya, no hay quien ponga las reglas del juego, no hay quien proteja a las personas más vulnerables frente al poder del crimen o del capital. La alternativa al Estado que no funciona no es la ausencia de Estado. Es un Estado diferente, construido desde abajo, con participación real y rendición de cuentas efectiva.

Más de 2.5 millones de personas cosechan frutas y verduras que consumimos en México y que se exportan al mundo. Estas personas son en su abrumadora mayoría mujeres y familias indígenas provenientes de Guerrero y otros estados del sur. La jornada excede las ocho horas, el salario cuando se paga en su totalidad apenas alcanza para sobrevivir, y la modalidad de trabajo a destajo permite al patrón desligarse de toda responsabilidad laboral. Lo que permite este sistema no es la ausencia de regulación, es la impunidad estructural frente a las empresas que se benefician de él.
En los campos agrícolas de exportación del norte del país, contratan a jornaleros a través de enganchadores precisamente para evadir cualquier responsabilidad en caso de accidentes o inconformidades laborales. La inspección laboral en el campo no es un mecanismo de cumplimiento. Entre 2006 y 2017, la Secretaría del Trabajo realizó más de 2 mil visitas de inspección y encontró 55 mil irregularidades, sin embargo, el 97.5% de las multas impuestas fueron revocadas, anuladas por tribunales o simplemente no cobradas. Las empresas agrícolas, muchas de ellas exportadoras certificadas con destino a cadenas de supermercados en Estados Unidos y en Europa, contratan a través de enganchadores y no se hacen cargo de la vivienda, de la alimentación y mucho menos de las prestaciones laborales de quienes viajan desde lejos para hacer producir los campos. Se calcula que uno de cada tres tomates cortados en Sinaloa es producto de esta subcontratación irregular. La cadena de valor que llega a las góndolas de los supermercados descansa sobre esa arquitectura de evasión. Las empresas conocen perfectamente las condiciones en que se cosecha lo que venden, eligen no cambiarlas porque les resulta rentable.
Para las mujeres esta precariedad tiene capas adicionales. El 91% de las trabajadoras agrícolas no cuenta con ninguna prestación laboral. El trabajo de cuidados, alimentar, bañar, acompañar a los hijos al surco porque no hay guardería ni escuela en el campo, se suma a la jornada sin reconocimiento ni pago. Las mujeres guerrerenses han compartido públicamente testimonios que lo dicen todo: hincarse en el lodo con nueve meses de embarazo para no perder el jornal, cargar a un bebé recién nacido mientras se cosecha porque no hay alternativa.
No son casos excepcionales, son la norma documentada por Tlachi, por las redes jornaleras y jornaleros, por la propia Alianza Campo Justo que nos une. Y cuando llegan a los hospitales, como el de la Madre y el Niño en Tlapa, enfrentan violencia obstétrica. Las presionan para ligarse las trompas o aceptar implantes anticonceptivos sin que nadie les explique en su lengua de qué se trata, sin consentimiento. Si denuncian el acceso a la justicia es un laberinto. El sistema no está roto, el sistema está diseñado para excluirlas. Una de estas mujeres, en un evento que tuvimos en la Alianza Campo Justo, dijo sin rodeos: dice la presidenta que es tiempo de mujeres. ¿Tiempo de qué? Dice que hay programas para mujeres, pero hasta los 60 años. Si me morí pronto y no llegué a los 60, ¿qué hay para mí? Esa pregunta no tiene respuesta en las políticas actuales y debería tenerla.
La exigencia entonces no puede dirigirse únicamente al Estado. Tiene que llegar con igual fuerza a las empresas que exportan tomates, pepinos y fresas al mercado norteamericano con sellos de certificación y discursos de responsabilidad social, mientras sus proveedores violan la ley de forma sistemática.
Exigimos que las empresas que se benefician del trabajo de las jornaleras de la Montaña de Guerrero garanticen contratos, seguridad social, vivienda digna y cero tolerancia a la violencia de género en sus cadenas de producción. Que lo que vende el supermercado no lleve trabajo forzado invisible a este precio.
Si miramos la economía como una política que debe crear riqueza para distribuirla correctamente, que no debe agotar los recursos ni contribuir al desplazamiento ni a la fractura del tejido social, podemos imaginar algo diferente. Una economía afincada en la proximidad, en la participación social y en la inversión pública donde más se necesita. Una economía social y solidaria como mecanismo de desarrollo comunitario culturalmente pertinente para pueblos y comunidades rurales, en lugar de seguir apostando únicamente a los capitales extranjeros.

Ubaldo Segura: el defensor encarcelado por la 4T

La pobreza de su familia y la muerte temprana de su papá Justino obligaron a Ubaldo a trabajar en la Ciudad de México al terminar la primaria. Llegó con su primo Rosalío que se dedicaba a la venta de frutas en la colonia Gómez Farías. De día le ayudaba a vender y a cargar las cajas y los bultos, y por la noche dormía en la camioneta para cuidar la mercancía en Anillo de Circunvalación. Fueron años arduos y extenuantes. No tuvo oportunidad de estudiar, mucho menos de convivir con amigos. Con el tiempo consiguió un trabajo en la Marina, pero su raquítico sueldo nunca le permitió solventar sus necesidades más apremiantes. Tenía la responsabilidad de apoyar a doña Guadalupe, para sostener a 4 de los 7 hermanos.
Con la idea de poner un negocio de frutas que cosechaban en la Cañada, Ubaldo ya no regresó a Tlaquiltepec, su tierra natal. Con dos hermanos mayores rentaron un local en el centro de Tlapa. A pesar de que las ventas eran buenas, el mayor interés de Ubaldo era estudiar la secundaria. Se inscribió en la escuela nocturna Antonia Nava de Catalán, donde se reencontró con lo que más le gustaba: leer y escribir cuentos.
En marzo de 1979 el presidente de la República José López Portillo inauguró la primera radiodifusora indigenista en la ciudad de Tlapa conocida como La Voz de la Montaña. Fue una iniciativa importante que tuvo un gran impacto en la región por el secular abandono y la incomunicación que imperaba en la región. Ubaldo fue parte de los jóvenes fundadores de la radio que le dieron un gran impulso con la creación de programas que atrajeron la atención de las comunidades indígenas. “Nuestras bandas”, “Resonancias”, “El correo de los amigos” y la sección de avisos marcaron el sello distintivo de la Voz. Ubaldo con sus compañeros y compañeras escribieron la época dorada de la radio porque acercaron los micrófonos a los pueblos, le dieron voz a la gente, la cabina se abrió para que llegara la gente y se expresara en sus propios idiomas. Sin pretenderlo se fueron identificando con sus luchas, empezaron a hacer suyas las demandas sociales, asumieron el compromiso de difundir los problemas relacionados con la tierra; los abusos de las autoridades, las acciones represivas de las corporaciones policíacas, las detenciones y casos de tortura cometidos por el Ejército.
Durante 15 años la voz de la Montaña se transformó en la principal tribuna de los pueblos. Encontraron cabida las voces disidentes y críticas como la del maestro Othón Salazar. Su oratoria y sus denuncias forman parte del archivo histórico de la Voz. El movimiento democratizador que se vivió en la Montaña, con la lucha del Partido Comunista Mexicano fue registrado por los jóvenes que trabajaban en la radio. No fue casual que en 1996 el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer haya ordenado el robo de los aparatos de la Voz de la Montaña, para que silenciara la efervescencia política que se gestaba en las comunidades indígenas con la Montaña Roja. Había el temor de que a lucha armada resurgiera y que el PRI tuviera una derrota estrepitosa.
Ubaldo no solo fue una persona apasionada para hacer radio, también componía cuentos y los escenificaba para la radio. En su acercamiento con los actores sociales de la Montaña se fue imbuyendo en la lucha social. Junto con su esposa María López establecieron vínculos con las organizaciones de la región. Al interior de sus centros de trabajo, como la radiodifusora y el Hospital General, tanto Ubaldo como doña Mari hacían causa común con los trabajadores para denunciar los abusos de los directivos. Esta compatibilidad de causas y luchas afianzó su matrimonio y les abrió nuevos horizontes en la lucha por la justicia y los derechos humanos.
Su militancia en las organizaciones sociales Ubaldo las ha pagado con cárcel. En mayo de 1992 lo detuvieron y trasladaron al penal de Chilpancingo. Con la presión de las organizaciones sociales de inmediato lo liberaron. A los 5 años de nueva cuenta le giraron otra orden de aprehensión. Su hijo Francisco estuvo presente cuando los policías judiciales subieron en una camioneta a empujones a su papá. Al reclamar por qué se lo llevaban, un policía le puso en su frente la pistola para que enmudeciera. A Francisco hasta la fecha se le revela la escena imaginando un disparo. Ubaldo permaneció 3 meses recluido en el penal de Atlamajac. Al final demostró que le habían fabricado el delito de privación ilegal de la libertad.
Con la participación de varias familias nahuas de Ahuatepec Pueblo formó la organización Zihuame con el fin de demandar apoyos y proyectos para mujeres indígenas. A nivel nacional se vinculó con el Frente Amplio para la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional (FAC-MLN) por medio de la Unión de Organizaciones de la Sierra del Sur en 1996. Fue parte del Frente Popular Revolucionario al lado del dirigente nacional Omar Garibay. Ubaldo siempre se ha identificado con los movimientos populares que reivindican los derechos de los pueblos, siempre con una perspectiva anticapitalista.
El miércoles 18 de marzo, Ubaldo Segura Pantoja fue detenido a la una de la tarde saliendo de su casa en la colonia El Tepeyac. Sus familiares se preocuparon porque tres hombres lo habían abordado de manera abrupta. A unos pasos de su casa no le permitieron avisar a su esposa que está enferma. Sus compañeros del Frente Popular de la Montaña (FPM) de inmediato empezaron la búsqueda. Fueron a la Fiscalía Regional de Tlapa, pero no les dieron información porque requerían la presencia de los familiares.
El abogado Simón Alejandro León de la Ibero Puebla presentó un amparo por incomunicación. Los familiares imaginaron lo peor, porque la Fiscalía de Puebla le negó información a su hijo por el paradero de Ubaldo. En lugar de trasladarlo a Chilpancingo donde está su caso, Gobernación federal buscó un lugar lejano para hacer más cruenta su detención. De la Fiscalía de Puebla lo trasladaron al Cefereso de Villa Aldama, Veracruz.
El jueves 19 lo pusieron a disposición del Juzgado Décimo de Distrito por una orden de aprehensión del 2015, acusado de secuestro de cinco periodistas en 2014, en plena ebullición política por la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. En octubre de 2014 el Movimiento Popular Guerrerense (MPG) tomó el Ayuntamiento de Tlapa, como parte del acuerdo tomado por la Asamblea Nacional Popular (ANP). En esa fecha el Movimiento Popular Guerrerense (MPG) tuvo conocimiento de una premiación de periodistas donde asistirán algunas autoridades. Ante la consigna de no permitir actos del gobierno, llegaron al lugar para informarles que no podían seguir con el evento. Al intentar trasladar a los cinco periodistas se dio una trifulca donde resultaron lesionados maestras, campesinos y estudiantes del movimiento popular. Al final lograron llevárselos al Palacio Municipal donde les piden una disculpa pública y que se hagan cargo de las curaciones de los lesionados.
El 13 de diciembre de 2014 los periodistas presentaron una denuncia en la Fiscalía General del Estado de Guerrero por el delito de secuestro, pero declinó su competencia y la turnó a la Fiscalía General de la República (FGR) que la consigna al Juzgado Décimo por el delito de secuestro. En el 2015 salieron órdenes de aprehensión contra sus dirigentes como Antonio Vivar Díaz, asesinado por la Policía Federal el 7 de junio de 2015; Arnulfo Cerón Soriano, desaparecido y asesinado en octubre de 2019; Alfonso García, Primo Álvarez, Iván Salomón, Evodio Pérez, María Flores y Ubaldo Segura Pantoja.
Contra viento y marea, Ubaldo Segura y otros líderes impulsaron el boicot electoral del 2015 en Tlapa como protesta por la desaparición de los 43 normalistas, y que terminó con una fuerte represión por parte de las autoridades municipales y estatales. El dirigente denunció que un grupo de choque conformado por taxistas y policía estatal desalojaron con lujo de violencia a los manifestantes que se encontraban en el Zócalo de la ciudad. Las represiones continuaron hasta el 7 de julio, cuando la Policía Federal asesinó a sangre fría a Antonio Vivar Díaz, dirigente del MPG y compañero de lucha de Ubaldo.
El 30 de enero del 2016 nació el Frente Popular de la Montaña (FPM). Su nuevo propósito es ayudar a las comunidades de la Montaña para demandar obras sociales en las comunidades más olvidadas.
El FPM ha adquirido presencia y fuerza en la región por abanderar las causas más sentidas de las comunidades. Conformaron una dirección colectiva para diversificar sus voces y asumir diferentes comisiones. Ubaldo asumió la comisión de salud. En esos años empezó a destacar el compañero Arnulfo Cerón, que mostró grandes habilidades para encabezar las protestas y asumir un nuevo liderazgo. Para Ubaldo “Arnulfo tenía un temple audaz”.
A principios de este año Ubaldo acompañó a su última morada al luchador social Saúl Morán, compañero del FPR. Ahí exigió justicia por los asesinatos de Antonio Vivar y de Arnulfo Cerón. También recordó al luchador social Gregorio Alvarado, desaparecido el 26 de diciembre de 1996.
Ubaldo es un defensor nato. A sus 73 años su pasión por la justicia y los derechos humanos es una llama que no se apaga. Ha pagado cara su osadía de ser fiel a sus convicciones políticas y de nunca ser lacayo del poder. Su exigencia por la presentación de los 43 estudiantes desaparecidos es inamovible y forma parte del grito amoroso de las madres y padres que demandan verdad y justicia. Es muy grave que el gobierno morenista persiga y encarcele a un defensor de derechos humanos. Que la FGR y Segob reproduzcan prácticas funestas del PRI y del PRD al confinar a los luchadores sociales a penales de alta seguridad para darles un trato de delincuentes peligrosos. Con gran perversidad le niegan el derecho a una defensa adecuada, lo separan de su familia y denigran su trayectoria y la dignidad como persona. Este miércoles 26 de marzo se cumple el plazo constitucional para que el juez deje en libertad a Ubaldo Segura. El Poder Judicial tiene la gran responsabilidad de juzgar sin sesgos políticos y reivindicar la trayectoria de un gran defensor.

¡Justicia para Bonfilio!

En memoria de
Javier Balderas Castillo,
compañero de lucha.
Un gran defensor del territorio.

Este viernes 13 la maestra Verónica González González, familiar de Bonfilio Rubio Villegas, que fue ejecutado por el Ejército Mexicano en el 2009, dio su testimonio a los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el marco del 195° periodo ordinario de sesiones en la ciudad de Guatemala. En esta audiencia estuvo presente una delegación del Estado mexicano presidida por el embajador ante la OEA Alejandro Encinas.
La modalidad adoptada en la audiencia consistió en llamar a declarar en primer lugar a la maestra Verónica, hablante de tu’un savi, para que rindiera su testimonio acerca de la ejecución de Bonfilio Rubio. Posteriormente se ofrecieron los alegatos por parte de la defensa de la víctima y en tercer lugar tuvo su participación la representación del Estado mexicano en voz del embajador Encinas. Cada parte pudo interrogar a la familiar de Bonfilio para ampliar o clarificar sus respuestas. La sesión cerró con la participación de las comisionadas y comisionados que realizaron algunas preguntas al Estado mexicano, a la representación de la víctima y a la maestra Verónica. Esta audiencia fue solicitada con anticipación para que la Comisión pudiera revisar y seleccionar los casos que se presentarían en este período de sesiones. Afortunadamente la Comisión tomó en cuenta la solicitud que enviamos el 25 de diciembre, en plena N avidad.
En términos generales valoramos que la audiencia fue buena sobre todo porque las comisionadas y comisionados mostraron mucho interés en la declaración de la maestra Verónica. Las preguntas que hicieron fueron claves porque nos dieron la pauta sobre la percepción que tienen del caso. Lo que quedó claro entre los asistentes es que las actuaciones de las autoridades mexicanas fueron deficientes porque en todo momento buscaron encubrir a los militares responsables.
Hubo detalles significativos después de la audiencia cuando varias comisionadas se acercaron para saludar, abrazar y felicitar a la maestra Verónica. Estaban impactadas por la fuerza de su testimonio. Algo que se comentó de manera recurrente fue la postura digna de la maestra: “Qué dignidad de mujer”, decían.
El Estado mexicano reconoció parcialmente su responsabilidad, sin embargo, su postura dejó mucho qué decir, porque al final de cuentas tratan de justificar las deplorables actuaciones de las autoridades civiles y militares que se confabularon para dejar en estado de indefensión a las víctimas. Por eso su planteamiento de llegar a un acuerdo de solución amistosa (ASA) quedó en al aire, porque falta definir muy bien los alcances de este acuerdo que implica entrar al fondo de los temas torales como el rol de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública. Por eso como defensa plateamos que cualquier intento de diálogo debe pasar por reconocer las violaciones cometidas por el Ejército y el procesamiento a los responsables. Vimos también que el Estado no mostró interés en negociar, esperó hasta que les notificaron la audiencia, lo más grave fue que sus observaciones las hicieron en el último momento, violando los plazos de la Comisión.
En su declaración, Verónica González señaló que Bonfilio Rubio Villegas era un hombre indígena náhua de la comunidad de Tlatzala, municipio de Tlapa, Guerrero, trabajador, tranquilo y alegre, que apoyaba económicamente a sus padres y había construido su propia casa. Expuso que el 20 de junio de 2009, cuando viajaba en autobús rumbo a la Ciudad de México para posteriormente irse a trabajar a Estados Unidos, el vehículo fue interceptado en un retén militar en el crucero de Santa Cruz, antes de llegar a Huamutitlán. Tras una revisión a los pasajeros, los militares habrían intentado que el chofer dejara a uno de ellos, pero el conductor se negó. Cuando el autobús reanudó su marcha, a aproximadamente 100 metros comenzaron los disparos contra la unidad, aun cuando se trataba de un autobús de pasajeros. Ya cerca de Huamuxtitlán, la gente se dio cuenta de que Bonfilio había muerto a causa de los disparos.
La maestra originaria de Tlaxco, municipio de Xalpatláhuac, también relató que la familia no fue informada por las autoridades de lo ocurrido y que solo se enteró dos días después por un tercero. Al acudir a reclamar el cuerpo, primero se les negó información y posteriormente se les indicó que había sido trasladado a Chilpancingo. Expuso que el cuerpo fue entregado tarde, en malas condiciones y dentro de una bolsa sellada, por lo que la familia no pudo realizar las prácticas funerarias indígenas conforme a su costumbre, como vestirlo, verle el rostro por última vez y despedirlo conforme a su ritual. Señaló además que militares se acercaron a la familia para ofrecerles un cheque por 160 mil pesos a cambio de que aceptaran el ofrecimiento y dejaran el caso, pero su propuesta fue rechazada.
En cuanto al impacto del caso, Verónica insistió en que la pérdida destruyó a la familia y que nunca pudieron recuperarse. Indicó que José su esposo falleció el 21 de febrero de 2021 y que posteriormente murió el padre de Bonfilio, don Secundino Rubio, y que recientemente el 14 de febrero de 2026 falleció su madre, Margarita del Carmen. Denunció además que la familia no ha tenido acceso real a la investigación, porque permaneció en el fuero militar durante largo tiempo, y únicamente se procesó a un militar, quien posteriormente fue liberado.
Manifestó también que no tuvo contacto con las autoridades para efectos de la reparación del daño, hasta fechas muy recientes. Reiteró que lo único que la familia espera es justicia, sanción a los responsables, reconocimiento público de responsabilidad por parte del Estado y garantías de no repetición, especialmente respecto de los pueblos indígenas.
Por nuestra parte como defensa de las víctimas sostuvimos que el caso no constituye un hecho aislado, sino un ejemplo extremo de los efectos de la militarización de la seguridad pública y de la actuación de retenes militares sobre la población civil, particularmente en contextos indígenas como Guerrero. Señalamos que el caso evidencia la discriminación, el racismo y el aprovechamiento de las necesidades económicas de la familia. Así como negligencias y omisiones en la investigación. Subrayamos que el fuero militar impidió una investigación adecuada, que la declinación de competencia a favor de la jurisdicción militar fue contraria a la jurisprudencia interamericana, además de que no fue comunicado oportunamente a la familia.
Reiteramos que hubo deficiencias graves en la investigación, incluida la falta de esclarecimiento de cuál militar realizó el disparo, la ausencia de recuperación adecuada de evidencia y la exclusión de la familia del proceso. También argumentamos que los hechos constituyeron una ejecución extrajudicial y no un homicidio culposo, y que el uso de la fuerza no superó el test de finalidad legítima, absoluta necesidad y proporcionalidad. También alegamos violación al derecho a la libre circulación por la instalación y operación del retén militar.
Por su parte el Estado mexicano planteó una propuesta de solución amistosa y formuló un reconocimiento parcial de responsabilidad. En términos generales, reconoció responsabilidad por la violación del derecho a la vida de Bonfilio Rubio Villegas, por violaciones a las garantías judiciales y a la protección judicial de su familia derivadas de la tramitación del caso en la jurisdicción militar cuando debió ventilarse en el fuero civil, así como por afectaciones vinculadas al derecho a la libertad personal en relación con la detención de Fausto Saavedra. Sin embargo, mantuvo que dicho reconocimiento era parcial y no pleno, y propuso revisar en 30 días las investigaciones para determinar qué personas podrían actualmente ser sujetas a investigación. También manifestó su disposición para discutir medidas de reparación integral, garantías de no repetición y una disculpa pública.
La Primera Vicepresidenta de la Comisión Andrea Pochak preguntó por el alcance de la solución amistosa, en particular si ésta podía incluir medidas de justicia, avances concretos en la investigación y sanción de los responsables, incluyendo no solo a los autores directos de la ejecución, sino también a quienes la permitieron y a quienes intentaron sobornar a la familia, así como medidas de no repetición relacionadas con el uso de fuerzas armadas, retenes y límites de la jurisdicción militar. También preguntó si el reconocimiento parcial de responsabilidad podía ampliarse.
La comisionada Gloria Monique de Mees pidió a la parte peticionaria que precisara qué medidas deberían adoptarse para reparar los daños. La comisionada Marion Bethel preguntó al Estado qué significaba exactamente la responsabilidad parcial y si ello incluía principios como los expuestos por la representación de las víctimas, además de medidas como de atención psicológica. La comisionada Rosa María Payá Acevedo pidió abundar sobre las medidas específicas que esperan que tome el Estado, la posibilidad de revisar la actuación de agentes y las garantías de no repetición. El comisionado Edgar Stuardo Ralón Orellana preguntó al Estado por su posición jurídica respecto de los recursos internos y a la parte peticionaria sobre su postura frente al ofrecimiento amistoso.
En respuesta, reconocimos el gesto del Estado, pero sostuvimos que, después de 17 años de desgaste emocional y económico, no existen condiciones para una solución amistosa en el corto plazo. Señalamos que cualquier diálogo tendría que partir de un reconocimiento total de responsabilidad, del reconocimiento activo de la actuación de las fuerzas militares, de una propuesta concreta de procesamiento y enjuiciamiento de los responsables y de la discusión de medidas de no repetición. En cuanto a la reparación, pedimos reparaciones individuales y comunitarias, medidas de salud, económicas y psicológicas, así como una medida estructural vinculada al reconocimiento y revisión de la situación de militarización, con criterios claros sobre el uso de la fuerza y la participación de las fuerzas armadas en temas de circulación y seguridad.
El Estado respondió que el reconocimiento formulado era parcial y no pleno, pues considera que la valoración sobre estándares de uso de la fuerza corresponde al análisis del caso. Señaló que los recursos judiciales están agotados, pero propuso revisar nuevamente el desarrollo del proceso y las investigaciones sobre los involucrados para identificar posibles sujetos de investigación. Finalmente, manifestó disposición para adoptar medidas de reparación integral a las víctimas, garantías de no repetición y una disculpa pública en los términos que requieran las víctimas. Esta audiencia mostró la casta de las mujeres indígenas de la Montaña que saben plantarse con argumentos ante las autoridades, el gran problema es que en nuestro país los gobernantes siguen sin atender los justos reclamos de los pueblos indígenas, le apuestan al olvido para que impere la impunidad.

 

En el 8M: cárcel a dos militares por tortura sexual

El 28 de febrero de 2002 el subteniente Raquel Méndez recibió instrucciones de sus superiores para hacerse cargo de la base de operaciones del 41 Batallón de Infantería. Su encomienda era trasladarse con un pelotón militar como relevo a la base de operaciones “Ríos” en la comunidad me’phaa de Loma Macho, municipio de Acatepec.
El 22 de marzo de 2002 Raquel Méndez puso al frente del operativo al sargento Andrés Sosa Zepeta para realizar un recorrido en la zona con su pelotón de sanidad y de transmisiones que tenía la finalidad de reconocer, localizar y destruir vía terrestre enervantes, particularmente amapola. Los uniformados se esparcieron en la ladera de un cerro. Poco a poco se fueron acercando a la casa de madera y techo de lámina de Inés Fernández Ortega.
Llegaron empuñando las armas hasta el patio de la casa de adobe y piso de tierra. Inés se asomó de su cocina cuando escuchó el ladrido de los perros. Se atemorizó al ver que le apuntaban y le gritaban. Preguntaron por Fortunato su esposo y exigían que le explicara por qué tenía carne colgada en un tendedero de mecate. Inés guardó silencio porque el castellano no es su idioma materno. Los militares se robaron la carne y se metieron a su cocina, donde estaba con sus niños. El militar Salvador Aguilar Otañez la jaló de las manos y apuntándole con su arma la tiró al suelo para inmovilizarla. La rodearon y el soldado Hugo Humberto García de León participó directamente.
Le infligieron tortura sexual como lo acreditó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) que consideró que una violación puede constituir tortura por la intencionalidad con que se comete, por la severidad del sufrimiento que le causan a la víctima y la finalidad con la que se produce el acto. Por ello la CoIDH concluyó que la violación sexual implicó una violación a la integridad personal de la señora Inés Fernández Ortega como la define la Convención Americana en su artículo quinto.
El subteniente Raquel Méndez y el sargento de infantería Andrés Sosa observaron la agresión sexual contra Inés y no impidieron que soldados bajo su mando ingresaran al domicilio de la víctima. Estuvieron en condiciones de evitar la agresión sexual contra Inés Fernández, así como brindarle protección reportando los hechos a los superiores jerárquicos.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró y documentó que el “Estado Mexicano mantuvo el caso de Inés Fernández en el fuero militar incompetente, que realizó investigación deficiente, generó obstáculos sistemáticos para el acceso a la justicia, y perpetuó impunidad estructural durante el período que comprendió los años dos mil dos a dos mil diez.”
El camino de la justicia mexicana ha sido largo y difícil para Inés, sin embargó nunca bajó la guardia, se mantuvo firme en una lucha sin cuartel. Encaró y señaló a los militares para que fueran castigados ejemplarmente. Recientemente fueron detenidos Raquel Méndez en el mes de noviembre y Andrés Sosa el pasado mes de febrero. Ellos fueron cómplices de la agresión sexual que sufrió Inés y lo peor de todo es que los encubrieron y le apostaron a que el caso permaneciera en la impunidad. No fue un hecho fortuito, sino parte de una estrategia de contrainsurgencia de denigrar la dignidad de las mujeres, debilitar el tejido comunitario y generar terror entre la población.
Los militares continuaron con sus incursiones a las comunidades de Ayutla de los Libres para amedrentar a las autoridades locales y desalentar la lucha contra los estragos causados por la militarización. Inés emprendió una travesía que le ha costado el asesinato de su hermano Lorenzo, varias amenazas en su domicilio, descalificaciones públicas, descrédito a su palabra y acoso permanente a su familia. Los múltiples riesgos que ha enfrentado en una región insegura y violenta forjaron en Inés y su familia un temple de acero. Demostró a las jueces de la Corte Interamericana que su palabra en el idioma me pháá está cimentada en la verdad, que su testimonio pasó todas las impugnaciones y descalificaciones de la burocracia gubernamental empeñada a encubrir las fechorías de los militares.
El 24 de marzo de 2002 Inés se presentó en el Ministerio Público del fuero común para interponer la denuncia contra los militares. Con mucho esfuerzo habló de lo que le había pasado, pero los agentes del ministerio le dijeron: “no tenemos tiempo de recibir la denuncia”. Por ser mujer y hablar una lengua indígena la discriminaron. No creyeron en su palabra. Lo peor de todo es que las autoridades impusieron su visión clasista para dejarla en estado de indefensión. Tuvo que intervenir la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos de Guerrero para que le tomaran su declaración, pero no realizaron la certificación médica legal ginecológica de las lesiones porque no había personal médico.
Fue canalizada al Hospital General de Ayutla y el 4 de abril las autoridades de salud informaron al Ministerio Público que no pudieron tomarle las muestras a Inés por no contar con reactivos disponibles para los estudios solicitados. El 16 de agosto, el coordinador de química forense de la Procuraduría General de Justicia informó al Ministerio Público militar, (quien llevaba ilegalmente la investigación) que no tenían registro en el archivo biológico de las pruebas porque se habían terminado para los análisis que se realizaron.
Los obstáculos para la justicia de Inés fueron recurrentes. El Ejército mexicano concluyó que no había delito y que la víctima era una mentirosa. Sin posibilidades de acceder a la justicia, Inés acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para demandar al Estado Mexicano. El 30 de agosto del 2010 la CoIDH dictó sentencia contra el Estado Mexicano y determinó que la víctima había sufrido tortura sexual y violencia institucional castrense. Emitió varias resoluciones judiciales entre ellas las reparaciones comunitarias, como la creación del Centro Comunitario conocido como la Casa de los Saberes, para atender a las mujeres indígenas que son víctimas de violencia.
En cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana, el 27 diciembre de 2013 fueron detenidos los militares Hugo Humberto García de León y Salvador Aguilar Otáñez por los delitos de tortura, violación, robo, abuso de autoridad y allanamiento de morada. Fueron recluidos en el Campo Militar Número 1 de la Ciudad de México. El 31 de diciembre, el Juzgado Séptimo de Distrito de Procesos Penales Federales en el Distrito Federal les dictó auto de formal prisión pero en la siguiente etapa judicial, el 18 de enero de 2016, se informó a la representación legal de Inés, que el militar Salvador Aguilar Otáñez había sido asesinado dentro de la prisión, sin explicar las causas.
El 23 de mayo del 2025 el Juzgado Sexto de Distrito de Acapulco libró orden de aprehensión contra Raquel Méndez Hernández y Andrés Sosa Zepeta, mandos militares que encubrieron a los militares que agredieron sexualmente a Inés. A las 9:20 de la noche del 29 de octubre fue detenido el subteniente Raquel Méndez, originario de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en el 77 Batallón de Infantería en Ciudad de Victoria, Tamaulipas. Al siguiente día fue trasladado al Campo Militar Número 1. Interpuso un amparo, pero no tuvo éxito. El 1 de noviembre se reservó el derecho de declarar, asistido por las abogadas Miriam, Esmeralda y Valente. Ofrecieron pruebas, pero sólo aceptaron la testimonial. El 5 de noviembre sus abogados realizaron sus alegatos, sin embargo, el 7 de noviembre le dictaron auto de formal prisión por el delito de tortura.
A diferencia del militar Raquel que estaba activo, Andrés Sosa Zepeta se dio de baja antes de ser detenido, el primero de febrero de 2026. Quedó a disposición del juzgado interno de la prisión militar en el campo militar número 1 a las 6 de la tarde. El 7 de febrero le dictaron formal prisión por el delito de tortura sexual contra Inés. No pudo acceder al beneficio de la libertad bajo caución porque es acusado por el delito de tortura, catalogado como grave en el Código Penal Federal.
Llevar tras las rejas a dos militares que iban al mando del pelotón cuando perpetraron la violación contra Inés es un paso muy importante para las víctimas de violencia sexual cometida por militares. Lo más valioso es la persistencia y reciedumbre de Inés Fernández que a pesar de los peligros, nunca ha claudicado, mucho menos se ha doblegado.
Desde lo alto de la Montaña sigue caminando los quebrados senderos para acompañar a las mujeres que sufren violencia y que llegan al Centro Comunitario de Ayutla. Nuevamente tendrá que trasladarse a Acapulco para carearse con los perpetradores y seguir el juicio hasta que les dicten sentencia. Espera que el juez tome en cuenta la sentencia de la Corte Interamericana y la sentencia que emitió un juez federal contra el militar Hugo Humberto García de León.
Inés nunca imaginó que la justicia llegaría por todos los obstáculos que enfrentó. A pesar de esa incertidumbre, nunca titubeó, más bien le puso un gran empeño. Siempre ha contado con el apoyo de Fortunato su esposo y ahora el acompañamiento de su hija Nohemí que es abogada, de Colosio que es ingeniero, Ana Luz psicóloga y Nélida maestra.
La lucha de Inés abrió nuevos senderos de justicia para que las mujeres me’ pháá y na savi de la Montaña sean respetadas por sus parejas y los señores de las comunidades y que los gobernantes sepan que la lucha de Inés no es en vano, que hay muchas mujeres que libran batallas contra la violencia machista y contra un sistema patriarcal que protege a violadores y denigra la honorabilidad de las mujeres.

La lucha por el cuarto orden de gobierno

 

En noviembre de 2021, la asamblea de La Candelaria, comunidad indígena del municipio de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, decidió establecer el Jlumaltik (el autogobierno comunitario), sin embargo, las autoridades del estado le negaron este derecho. La comunidad se rebeló contra esta decisión unilateral y desde esa fecha buscó el apoyo de la clínica jurídica Minerva Calderón, de la Universidad Iberoamericana, Puebla. Su acompañamiento fue clave para que el caso lo atrajera la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
En febrero de 2026, los ministros y ministras de la SCJN acudieron a la comunidad de Tenejapa, Chiapas, donde sesionaron por primera vez fuera de su sede, en presencia de las autoridades indígenas. Lo más significativo fue la resolución favorable del amparo en revisión 344/2025: se emitieron 9 votos a favor del proyecto de la ministra Loretta Ortiz, que determinó que el Congreso del estado de Chiapas debe elaborar una ley reglamentaria para el ejercicio de los derechos autónomos de los pueblos y comunidades indígenas, tomando como punto de referencia la reforma del artículo 2 constitucional de 2024.
Como Centro de Derechos Humanos de la Montaña presentamos un amicus curiae en favor de la comunidad La Candelaria. En la audiencia de Tenejapa la ministra Loretta comentó “el día de ayer se recibió un amicus curie presentado por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan mediante el cual solicita que este alto tribunal considere que el derecho a la libre determinación y autonomía indígena sustenta el derecho a la identidad, que está reconocido en el proyecto, sin embargo, vamos a reforzarlo como lo solicita este Centro”.
Argumentamos que el cuarto orden de gobierno constituye una forma de organización política y administrativa legitima y válida. En México, las experiencias de comunidades indígenas como San Francisco Pichátaro o Cherán han impulsado diferentes procesos para el desarrollo del autogobierno.
Autores como Aragón Andrade, Trejo Grivellaro o Cervera Leonetti han planteado que el autogobierno indígena ha dejado de ser una aspiración ideológica y se ha convertido en un modelo político concreto, del cual se desprenden arreglos institucionales donde las comunidades indígenas asumen funciones públicas, redefinen la autoridad local y establecen mecanismos propios de decisión colectiva, en su mayoría como respuesta a la crisis de los niveles de gobierno tradicional y al centralismo fiscal que ha excluido históricamente a las comunidades indígenas en sus posibilidades de desarrollo.
La conceptualización del autogobierno, particularmente dentro de su formalización en el ámbito jurídico y administrativo como cuarto orden, implica entender que estas manifestaciones van más allá de reivindicaciones identitarias o culturales. Se trata de un profundo cambio institucional que implica repensar la estructura tradicional del Estado moderno. La idea del autogobierno no puede entenderse sin contemplar el derecho a la libre determinación, el cual permite a las comunidades ejercer formas propias de gobierno para el desarrollo con base en su cosmovisión y necesidades.
La Constitución Mexicana, en su artículo 2, reconoce la composición pluricultural y multiétnica del país, principalmente sustentada en los pueblos indígenas. Este mismo artículo reconoce la libre determinación, un concepto que Victoria Tauli-Corpuz, entonces Relatora Especial sobre pueblos indígenas, ha definido como el derecho de los pueblos indígenas “a controlar su pasado, su presente y su futuro”.
La autonomía debe entenderse como el marco general de derechos que faculta a las comunidades para decidir sus formas internas de convivencia y organización política sin interferencias externas; es decir, es la capacidad política de definir el propio destino. El derecho al autogobierno, por su parte, está ligado de manera más específica a la capacidad de las comunidades para ejercer el control de sus territorios, aplicar sus propias leyes o administrar sus mecanismos de gobierno y justicia.
La materialización del autogobierno –sobre todo en regiones como Michoacán, Guerrero o Chiapas– ha dado lugar al desarrollo de la categoría del cuarto orden de gobierno. Este concepto, desarrollado por autores como Aragón Andrade o Cervera Leonetti, describe una realidad jurídica emergente que contrasta con la tríada clásica del federalismo mexicano compuesta por la federación, el estado y el municipio. El cuarto orden de gobierno se define como la institucionalización del autogobierno en una escala más acotada del municipio, es decir, en las comunidades, tenencias o agencias que históricamente han estado subordinadas —administrativa y políticamente— a las cabeceras municipales.
Este cuarto nivel busca dotar a estas entidades de personalidad jurídica y capacidad de administración hacendaria directa, equiparándolas en funciones y atribuciones a un ayuntamiento, pero operando bajo lógicas comunitarias distintas a las de la democracia liberal representativa. Además, busca reconocer que los pueblos y comunidades indígenas tienen la capacidad de regular sus vidas de manera autónoma, implementando incluso sus propios sistemas de policía y justicia.
Cervera Leonetti argumenta que el municipio ha funcionado como un instrumento donde las cabeceras municipales concentran el poder político y los recursos económicos, marginando sistemáticamente a las comunidades periféricas, lo que ha perpetuado un rezago material y una vulnerabilidad política en las localidades rurales. Además, las delimitaciones territoriales del municipio tienen que ver más con una lógica colonial que con una propuesta coherente con las formas de vida indígenas. En este sentido, la propuesta del cuarto orden de gobierno es una apuesta por la democratización de la gestión pública que busca revertir el centralismo que caracteriza al Estado mexicano.
Esta figura permite que las comunidades gestionen sus recursos bajo principios de transparencia y control asambleario que, en casos documentados como el de San Felipe de los Herreros, han demostrado ser más eficientes y menos corruptos que los ayuntamientos tradicionales, logrando ejecutar más obra pública con los mismos recursos gracias a la eliminación de intermediarios y la vigilancia de consejos comunales como el Consejo Mayor de K’eris.
Según el análisis de Luis Tapia, mientras que el Estado se caracteriza por la centralización, el monopolio de la decisión política y la separación entre gobernantes y gobernados, la forma comunitaria de gobierno opera bajo principios de horizontalidad, rotación de cargos y la centralidad de la asamblea como órgano supremo de deliberación. El autogobierno indígena, al institucionalizarse como cuarto orden de gobierno, busca insertar la comunidad dentro de la arquitectura del Estado sin ser absorbida por ésta. Esto conlleva la sustitución de la autoridad unipersonal y vertical, típica del presidente municipal o jefe de tenencia, por autoridades comunitarias, generalmente controladas por cuerpos colegiados bajo una lógica paritaria y rotativa. En este esquema, la autoridad no se configura como un privilegio de mando, sino como un servicio, donde el cargo es rotativo y revocable, impidiendo la formación de una estructura burocrática separada del cuerpo social.
Este proceso se funda en una “constitución comunitaria” o pacto político fundamental que reactiva instituciones propias. La toma de decisiones en este diseño institucional reside generalmente en una asamblea, la cual funciona como el órgano supremo de deliberación y fiscalización. La política comunal se gestiona a partir de la deliberación sobre el bien común, produciendo decisiones políticas donde el sujeto no es el individuo aislado, sino la trama comunitaria. De esta forma, la asamblea no solo elige, sino que mandata y vigila, teniendo la facultad de destituir a los consejeros en cualquier momento si éstos incumplen los principios de transparencia o los acuerdos colectivos.
El derecho directo al presupuesto es fundamental para reducir la violencia y la desigualdad, ya que empodera a las naciones indígenas para gestionar y asignar recursos de acuerdo con sus necesidades reales, fortaleciendo la participación en la toma de decisiones y rompiendo con las redes clientelares de los partidos políticos. Un precedente importante fue la resolución judicial de la comunidad de Pichátaro, donde la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó, por primera vez, la transferencia directa de recursos a una comunidad submunicipal, estableciendo que el derecho al autogobierno no puede concretarse si las comunidades carecen de los medios materiales para su ejercicio.
En el ámbito de la eficiencia administrativa y la infraestructura, el caso de la comunidad de San Felipe de los Herreros, municipio de Charapan, Michoacán, ofrece datos sobre la maximización de los recursos públicos bajo el esquema de presupuesto directo. Según documenta Cervera Leonetti, mediante la instauración de su consejo administrativo y la eliminación de la intermediación del ayuntamiento, la comunidad logró ejecutar entre seis y catorce veces más obras públicas al año que las realizadas por la administración municipal anterior, disponiendo del mismo monto proporcional de recursos. Este incremento exponencial en la capacidad de respuesta estatal se explica por el desmantelamiento de las redes de corrupción: al suprimir los “diezmos” (sobornos) exigidos por funcionarios municipales a contratistas y al priorizar la contratación de mano de obra local y la compra de materiales en la región. El autogobierno logra que el presupuesto rinda más y dinamice la economía interna, sometiendo cada peso gastado a una triple vigilancia: la de la Asamblea General, la del Consejo Mayor de K’eris y la de la Auditoría Superior del Estado.
En materia de seguridad pública y pacificación, el autogobierno ha llenado el vacío dejado por un Estado rebasado o coludido con el crimen organizado. La experiencia de Cherán, de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias – Policía Comunitaria (CRAC-PC) en Guerrero y, más recientemente, la comunidad mazahua de Donaciano Ojeda, Zitácuaro, demuestran que la seguridad comunitaria es cualitativamente superior a la policial. Trejo Grivellaro detalla cómo, ante la ineficacia estatal para frenar la extorsión y la tala ilegal, la administración directa del presupuesto permitió a Donaciano Ojeda financiar, equipar y certificar su propia Guardia Comunal, logrando una reducción drástica de la violencia y recuperando el control territorial que había sido cedido a grupos delincuenciales. De manera similar, en Cherán, la estructura de las “rondas comunales” y la vigilancia vecinal (“fogatas”), articuladas bajo el principio de que la seguridad es una responsabilidad colectiva y no solo un servicio externo, ha logrado mantener índices de paz social excepcionales en una región azotada por la violencia, demostrando que la legitimidad local es el componente más efectivo de la seguridad pública.
En Guerrero, los pueblos indígenas y afromexicano se rebelan contra la partidocracia que los sojuzga y los trata como súbditos y clientela cautiva, a la usanza colonial.
La resolución de la SCJN es el preludio de un nuevo amanecer para las comunidades olvidadas.

México: zona de guerra

En la madrugada de este domingo 22 de febrero en Tapalpa, Jalisco hirieron de muerte a Nemesio Oseguera, El Mencho, el líder criminal más buscado del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en México y por Estados Unidos. Con información complementaria del gobierno de Washington, El Mencho fue ubicado en plena sierra de Jalisco, a 150 kilómetros de la perla tapatía. Las fuerzas de seguridad llevaban la orden de detenerlo, pero como si se tratara de una zona de guerra se desató la balacera. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) reportó la muerte de cuatro criminales y tres resultaron heridos de gravedad, entre ellos iba El Mencho. De acuerdo con información oficial, los heridos murieron cuando los trasladaban vía aérea a la Ciudad de México.
En la refriega tres efectivos de las fuerzas armadas resultaron heridos y trasladados a la capital del país. Los militares detuvieron a dos miembros del CJNG, les aseguraron armamento, vehículos blindados y lanza cohetes con capacidad de derribar aeronaves y destruir carros blindados.
En el comunicado de la Sedena se lee que “con trabajos de inteligencia militar central, del Centro Nacional de Inteligencia y de la Fiscalía General de República, Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano planearon y ejecutaron una operación en Tapalpa, Jal., en la que intervinieron diversas aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional para lograr la detención de Ruben “N” (a) Mencho”.
En el “marco de coordinación y cooperación bilateral con los EUA, se contó con información complementaria por parte de autoridades de ese país”, dice el comunicado de la Sedena: https://bit.ly/4qPstrK). La DEA ofrecía 15 millones de dólares de recompensa por informes de la ubicación de Oseguera, sin embargo, por varios años se pudo ocultar de la justicia mexicana y estadunidense.
Antes del amanecer de ayer las balaceras se intensificaron en Jalisco. Poco a poco fueron apareciendo tiendas y vehículos incendiados, y bloqueos carrete-ros. Las columnas de humo negro se veían a lo lejos. Las alarmas de los carros no dejaban de sonar. Las calles estaban desiertas por el temor a las balaceras: “Res-guárdense y pónganse a salvo”, anunciaba la Guardia Nacional. A pesar del miedo algunas personas grabaron con sus celulares, otros corrían para cubrirse de las balas.
Las llamaradas de la violencia crecían. A las 11 de la mañana había escalado y se habían expandido a los estados de Aguascalientes, Zacatecas, Colima, Michoacán, Guanajuato, Guerrero, Sinaloa, Baja California, Tamaulipas y Quintana Roo. También en Morelos, Estado de México, Tabasco, Coahuila, Nayarit, Puebla, Campeche, Yucatán e Hidalgo.
En el municipio de Mazatepec, Morelos, las autoridades confirmaron dos vehículos siniestrados y un ataque a balazos contra un banco del Bienestar. En Hidalgo se reportaron 18 quemas de vehículos. En la Ciudad de México, la jefa de Gobierno llamó a la calma y señaló que estaban trabajando para proteger a las ciudadanas y ciudadanos. Chiapas reforzó la vigilancia con Veracrúz y Oaxaca. Guatemala hizo lo mismo.
En el Estado de México se reportó el incendio de una sucursal del Banco de Bienestar. Más de una decena de detenidos en Guanajuato por los incendios a vehículos, tiendas y bloqueos. En Tabasco se replicó la quema de vehículos. En Jalisco fueron detenidos 25; 11 por actos violentos y 14 por rapiña. En Coahuila los operativos de blindaje fueron extraordinarios.
En el centro de Guadalajara se suscitaron varias balaceras. En el aeropuerto se dio una persecución. En Puerto Vallarta se suspendieron los vuelos internacionales y la mayoría de vuelos nacionales. Hubo bloqueos en las calles, enfrentamientos armados y varias columnas de humo negro se elevaban por varios metros. En Reynosa, Tamaulipas hubo bloqueos, quema de vehículo y de llantas que se extendieron a Miguel Alemán. Se registraron despojos de autos, camionetas y hasta vehículos de carga. El pánico invadió a la población. El tráfico estaba al tope. Bloqueos en el libramiento Reynosa-Monterrey, a la altura de la colonia Cumbres, en la carretera Matamoros-Reynosa, en el sector Las Urracas, colonia Anzaldúas. En el bulevar Miguel Hidalgo y Costilla, a la altura de Oriente Dos, Valle Alto y Vista Hermosa. carretera a Río Bravo, a la altura de la colonia Aeropuerto.
Fueron 21 estados que vivieron la ola de violencia y que estuvieron en alerta roja por los disturbios que se multiplicaron. En Guerrero en tres municipios hubo carros incendiados y bloqueos. En Acapulco, el transporte público fue suspendido por las acciones violentas que se dieron. Las principales rutas afectadas fueron Hospital-Retorno, el Acabús y la ruta de la zona poniente ante el caos vial y los vehículos incendiados.

Un camión de la ruta Hospital-Sector 6, fue quemado después de las 9:50 de la mañana, cerca del retorno trébol de la colonia Las Cruces, a unos metros del retén de la Guardia Nacional. Acudieron bomberos a sofocar las llamas, mientras elementos de la Guardia Nacional colocaban una cinta amarilla, ocasionando un congestionamiento vial. Más tarde se reportó el incendio de un tráiler que se encontraba atravesado en la carretera federal hacia México, cerca de la caseta de La Venta, frente a las instalaciones de la Guardia Nacional sector caminos. De acuerdo con los reportes, hombres armados bajaron al chofer, rociaron la unidad con gasolina y le prendieron fuego. Los bomberos municipales llegaron para sofocar el fuego.
Los hechos violentos continuaron en el puerto con la quema de una camioneta de pasajeros en el bulevar Vicente Guerrero y una Urvan en el fraccionamiento Mozimba. En la colonia Emiliano Zapata la comandancia de la Policía Ministerial fue atacada a balazos por personas armadas a bordo de motocicletas. El resultado fue un elemento de la Guardia Nacional y un civil heridos.
En la plataforma Aliado by Aleph se observan a través de un mapa de riesgos en tiempo real, alertas catalogadas como “situaciones de riesgo” en Acapulco, con la etiqueta “ataque armado” y “narco bloqueo con quema de unidades”. En medios de comunicación se pudo corroborar la información de la mayoría de alertas.
Cientos de transeúntes acapulqueños quedaron varados por la paralización del transporte público por las acciones violentas. Algunas empresas de transporte foráneo como Estrella Blanca emitieron comunicados informando la suspensión temporal del servicio por el cierre total de carreteras; se cancelaron y retrasaron vuelos desde el aeropuerto de Acapulco hacia Guadalajara por la confrontación armada con la gente de El Mencho. Las escuelas del municipio costero también suspendieron clases por la incertidumbre y el miedo que se respira en las calles. Hay el temor de que en cualquier momento ocurran hechos violentos.
En la Costa Grande de Guerrero se reportó la quema de vehículos. En la localidad de Pantla, Zihuatanejo un camión de una empresa de paquetería del Estado de México fue interceptado por un grupo de hombres armados que obligaron al chofer a bajar de la unidad para prenderle fuego. Bomberos, elementos de la Marina y la Guardia Nacional acudieron a sofocar el incendio. Más tarde recibieron el reporte de otros vehículos incendiados en la colonia Nuevo Amanecer y La Noria, a un costado del bulevar Paseo de Zihuatanejo.
Al mismo tiempo, dos camionetas del transporte público y un carro particular fueron calcinados en la carretera Zihuatanejo-Lázaro-Cárdenas, cerca de Lagunillas y San Jerónimo. En otro momento varios hombres trataron de incendiar otra Urvan de la ruta del Aeropuerto, frente a la tienda Chedraui. Dos horas más tarde en la calle Palmas ubicada en el centro de la ciudad un automóvil fue incendiado, pero la situación fue atendida por los bomberos, con el apoyo de la Marina, el Ejército, Policía Estatal, Policía Municipal y Guardia Nacional. A las 6 de la tarde se reportó otro vehículo en llamas afuera del mercado de La Noria, donde vecinos ayudaron a apagar el fuego hasta que llegaron las autoridades.
Por la situación de violencia, las clases fueron suspendidas tanto en Zihuatanejo como en Ixtapa. El temor se extendió entre la población y muchos comercios decidieron dejar de laborar ante el riesgo de que continuaran las acciones vandálicas. Cristian, alias El Piter, operador del Cártel Independiente de Acapulco (Cida) y del CJNG, fue detenido por las autoridades estatales y federales presuntamente por participar en los incendios de vehículos y por el ataque armado contra las instalaciones del Ministerio Público de la colonia Zapata de Acapulco.
Este clima de violencia se mantiene al alza en la Montaña, en lo poco que va del 2026. El primero de enero un joven fue asesinado a balazos por policías municipales en Copanatoyac; el martes 13, una mujer de 30 años fue víctima de feminicidio en Olinalá luego de que hombres armados le dispararan en repetidas ocasiones, y el 30 de enero fue encontrado sin vida un vendedor de carne que había sido privado de la libertad dos días antes en San Cristobalito, municipio de Cochoapa el Grande.
El 13 de febrero un joven de 24 años fue asesinado a balazos en la cabecera municipal de Olinalá cuando conducía una motocicleta que ocupaba para dar servicio a domicilio. El martes 17 se reportó una emboscada en la carretera Tlapa-Marquelia, en el crucero de Tototepec, municipio de Tlapa, donde dos personas perdieron la vida y una más resultó herida. El hecho de violencia que indignó a la población ocurrió este sábado 21 en la gasolinera de Atlamajac, municipio de Tlapa, cuando bala-cearon a quema ropa al líder transportista, Juan Manuel Gómez Sánchez, quien un día antes había impedido con el apoyo de camio-netas mixtas, que una grúa del ayuntamiento tratara de remolcar una de las unidades de su gremio.
En la noche de este domingo el gabinete de seguridad del Gobierno de México reportó 252 narcobloqueos en vialidades de 20 estados del país, además de incendios de vehículos y ataques a gasolineras y comercios. La alerta roja está encendida en la mayoría de los estados de la república, saben que puede haber una reacción virulenta de las organizaciones criminales vinculadas con el CJNG. El temor crece entre la población que se siente inerme, y desamparada. La preocupación mayor es que la violencia se incremente y que sean las armas las que impongan el orden a sangre y fuego. El terror no puede normalizarse en nuestra sociedad ni el miedo debe instalarse en nuestras vidas. El gran desafío es avanzar a una seguridad humana centrada en el cuidado de las personas, en la protección de las personas y la garantía de sus derechos. En nuestra entidad tiene que darse una lucha frontal contra la impunidad y la corrupción que se ha instalado en las instituciones del estado, donde se encuentra la fuente de todos los males.