A 30 años de la Policía Comunitaria, la persecución que no cesa

En memoria del defensor aguerrido: Ranferi Hernández (de Lucía, Juanita y Antonio). A ocho años de su asesinato exigimos justicia.
Castigo a los responsables materiales e intelectuales de la desaparición y asesinato del defensor comunitario Arnulfo Cerón Soriano

La persecución y la criminalización de la Policía Comunitaria (CRAC-PC) son parte del golpeteo permanente que ha caracterizado tanto a los gobiernos priistas y perredistas como a morenistas. Todos están cortados con la misma tijera: hacen causa común para no reconocerla en la Constitución local. La Fiscalía se ha encargado de fabricar delitos y los jueces tratan como delincuentes a sus integrantes. Todo el aparato de justicia del Estado se empeña en colocarlos fuera de la legalidad, en catalogarlos como delincuentes peligrosos. En los políticos prevalece la simulación y la traición, el discurso falaz y la obstrucción permanente para no legislar a su favor.
A pesar de abatir los índices delictivos en la Costa Montaña, la clase política sigue tratando a los pueblos indígenas como menores de edad. Con su visión racista cataloga a la justicia indígena como primitiva, remitiéndose a la justicia por propia mano. En 3 décadas han afianzado un sistema de seguridad y justicia que ha enfrentado muchas pruebas, amenazas y violencias. En medio de estas tormentas se han ganado la confianza de la población. La gente de las comunidades ha experimentado que la justicia es un bien tangible y que la seguridad es un derecho que se salvaguarda. Los policías comunitarios se forjan en la lucha, en la defensa diaria de la gente, enfrentando a los grupos de asaltantes, confrontándose con las organizaciones delincuenciales, garantizando seguridad en los caminos agrestes y velando en todo momento por los derechos de la gente pobre. Ser policía comunitario es poner a prueba el valor y el compromiso para defender los derechos de la comunidad.
Hace 30 años, por mandato de la asamblea regional se conforma la Policía Comunitaria. Las autoridades comunitarias agotaron todas las instancias y los esfuerzos para coordinarse con los agentes del Estado y tomaron la decisión de nombrar a sus policías, sus comandantes regionales y sus coordinadores como la nueva estructura de su sistema de justicia y seguridad comunitarias. El principal obstáculo que encontraron fueron las autoridades del Estado, los cuerpos de seguridad y el Ejército. Detuvieron y encarcelaron a comisarios, desarmaron a los policías y llamaron a los coordinadores a Chilpancingo para darles un ultimátum: no permitirían que la Policía Comunitaria existiera.
Las comunidades en asambleas regionales reafirmaron su postura y con una marcha masiva le dieron fuerza y sustento a la Policía Comunitaria. Lo que no ha podido hacer el Estado lo está haciendo la Comunitaria: bajar los índices de violencia. A pesar de esta gran contribución, las autoridades siguen empeñadas en perseguir y detener a los policías comunitarios, a sus comandantes y a sus coordinadores.
El 6 de mayo de 2013 fue detenido por el Ejército, la Marina y la Policía Federal, el coordinador Raúl de Jesús Cabrera, por portación de armas de uso exclusivo del Ejército, cuando llevaba a dos menores a Acapulco para atención médica. El 21 de agosto más de 300 elementos de la Marina, el Ejército y la Policía Federal detuvieron a Nestora Salgado, promotora y miembro de la Policía Comunitaria de Olinalá. En la noche, un aparatoso operativo con tanquetas y Torton de militares, elementos de la Marina, de la Policía Estatal, la Policía Federal y la Ministerial tomaron por asalto la Casa de Justicia de El Paraíso, del municipio de Ayutla, actualmente nuevo municipio Ñuu Savi. En la incursión detuvieron a 40 policias comunitarios. Seis policias comunitarios permanerieron en la cárcel y fueron liberados en 2016: Florentino García Castro, Eleuterio García Carmen, Abad Abrosio Francisco, Benito Morales Justo, Ángel García y el finado indígena na savi Bernardino García Francisco, sobreviviente de la masacre de El Charco.
Una semana después, el 27 de agosto, un grupo de la Policía Comunitaria protestó por la represión a la Casa de Justicia de El Paraíso en Cruz Grande. El Ejército detuvo a tres policías comunitarios acusados de delincuencia organizada y portación ilegal de armas, siendo trasladados a Acapulco.
El 6 de octubre de 2013 fue detenido el indígena na savi Samuel Ramírez de 17 años, originario de la comunidad de Zitlaltepec, municipio de Metlatónoc, acusado de portación de arma de fuego y sentenciado a 4 años y 6 meses en Chilpancingo. Un mes después fue detenido Gonzalo Molina, coordinador de la casa de enlace de Tixtla, por secuestro y otros delitos. En diciembre detuvieron a Arturo Campos, fundador de la Policía Comunitaria, después de una protesta por la liberación de seis policías comunitarios presos de la casa de justicia de El Paraíso.
El 20 de febrero de 2025 cinco policías comunitarios de Xalpatláhuac fueron detenidos por la Guardia Nacional después de que trasladaron de urgencia a un enfermo al Hospital General de Tlapa. El 20 de agosto José Molina, hermano de Gonzalo Molina fue detenido en la Ciudad de México, y el 21 de agosto, Claudia Molina, hermana de Gonzalo Molina González también fue detenida acusada de terrorismo, portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército y delitos contra particulares, derivado de la toma del Ayuntamiento de Tixtla en el 2013. El 27 de agosto fueron liberados por falta de pruebas.
La lista de los policías comunitarios que han sido encarcelados y que tienen órdenes de aprehensión es extensa. Lo peor de todo es que esta pesadilla no termina. Las autoridades estatales y federales siguen hostigando a los coordinadores regionales, comandantes y policías comunitarios por el único delito de velar por la seguridad de las comunidades indígenas.
El pasado jueves 9 de octubre a las 7:40 de la mañana fue detenido Jaime Morales Castro en un retén instalado por elementos del Ejército mexicano, la Guardia Nacional, Policía Estatal y Policía Ministerial en Ayutla de los Libres. Sus familiares consideran que lo estaban esperando porque sólo detuvieron el carro donde él iba. Le pidieron su credencial y no le permitieron seguir su camino.
Jaime Morales es comisario de la comunidad na savi de Coapinola y consejero de la Casa de Justicia de la comunidad de El Paraíso. Es acusado de secuestro agravado contra 43 personas, es el mismo delito que se le endilgó a Nestora Salgado, Arturo Campos y Gonzalo Molina. Su detención es parte de la persecución que mantienen vigente las corporaciones policiacas y el Ejército contra las autoridades indígenas que son parte de la CRAC-PC. Siguen tratando como delincuentes a quienes desempeñan un cargo comunitario, lo paradójico es que en estos operativos aparatosos no dan con la detención de personajes que el mismo gobierno cataloga como generadores de violencia.
El viernes 10, cuando fue su declaración preparatoria, Jaime se reservó el derecho a declarar. Ahí los abogados de Tlachinollan pidieron que el delito se reclasificara como privación ilegal. Lo mismo había pasado con el caso de Ángel García, que en un amparo un juez federal resolvió que no había delito de secuestro, lo reclasificó por el delito de privación ilegal de la libertad. Posteriormente obtuvo una sentencia absolutoria porque no había elementos para condenarlo.
El ahora consejero municipal y comisario de Coapinola tenía el cargo de primer comandante regional de la Casa de Justicia de El Paraíso en el 2013. Su compromiso con el sistema comunitario sigue intacto desde hace más de una década. El día de su detención iba a una asamblea donde se verían los preparativos del 30 aniversario de la CRAC-PC.
Este miércoles 15 de octubre el juez dictará un auto de formal prisión o lo dejará en libertad. Jaime Morales paga muy caro su compromiso de servir a su comunidad como comisario y consejero regional de la CRAC-PC. Para las autoridades federales y estatales se trata de un presunto delincuente. Se repite el mismo patrón de criminalización que implantaron los gobiernos priístas y que reprodujeron los gobernadores del PRD, Zeferino Torreblanca y Ángel Aguirre Rivero. La morenista Evelyn Salgado Pineda mantiene intocada la estructura del poder que protege a quienes han atentado contra la vida del coordinador de la CRAC-PC Julián Cortés Flores y contra defensores comunitarios como Marco Antonio Suástegui, Ranferi Hernández, Rocío Mesino, Antonio Vivar, Arnulfo Cerón y recientemente el abogado Anselmo Bautista.
La violencia que sigue en ascenso en el estado es una señal funesta de que la estrategia de seguridad sigue dando tumbos. El asesinato del sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada es parte del desbordamiento de los márgenes de la civilidad, de un entramado delincuencial que se ha extendido en nuestra entidad y que las fuerzas del orden parecen estar rebasadas.
Detener a una autoridad comunitaria como Jaime Morales es focalizar la persecución contra la Policía Comunitaria dejando de lado a los grupos delincuenciales que han cometido crímenes arteros y que no son investigados ni detenidos. Lo inaudito es que en esta avalancha delincuencial no se toquen las estructuras delincuenciales que se anidan dentro del aparato estatal y que las víctimas sigan inermes sin un atisbo de justicia. La impunidad es el hilo indeleble que todos los gobiernos protegen para no llamar a cuentas a los perpetradores de graves violaciones a los derechos humanos y para mantener las parcelas del poder económico de una clase política depredadora.

 

La algarabía morenista

 

Toda nuestra solidaridad con nuestro amigo Ernesto Ledezma y demás compañeras integrantes de la flotilla Global Sumud, detenidas por el ejército de Israel por llevar ayuda humanitaria a Gaza.
Saludamos con beneplácito a la compañera Felícitas Martínez por el premio Martha Sánchez Néstor, ganado a pulso con muchos sacrificios y sufrimientos.

Con un aire triunfalista celebraban los dirigentes morenistas de Guerrero el acarreo de amplios contingentes que llegaron de todas las regiones para mostrar el músculo y su poder de convocatoria. Se ufanaban de ser el contingente más grande que, con mucha algarabía, entraba a la plancha del Zócalo. Tienen muy claro que hay que preparar las condiciones para las próximas elecciones y por lo mismo, hay que afinar la maquinaria electorera. Los políticos que se dejaron ver en la primera línea del contingente guerrerenses son los que están apuntados para ocupar otros cargos en la próxima contienda electoral. No dan paso sin huarache, si se han subido al tren de la 4T es para estar dentro del presupuesto y ser palomeados por sus dirigencias.
Para los gastos del acarreo no hay límites, los autobuses llegan a todos los municipios para acarrear a la gente. Todos los funcionarios tienen su cuota obligatoria, se trata de normas no escritas que se deben acatar al pie de la letra. El escenario opuesto es la gente que lucha por sobrevivir, a la que dicen servir, pero que en los hechos no la apoyan para comprar sus medicamentos, las madres de familia que deambulan en las calles haciendo milagros para comprar lo mínimo para alimentar a sus hijos, las personas mayores que arrastran las enfermedades ante la falta de médicos y de una atención digna en los hospitales, resignándose a sobrellevar sus males. El drama de la violencia que afecta al pueblo de Guerrero parece no preocupar a los dirigentes morenistas porque están bien protegidos con la Guardia Nacional y por los pactos que han establecido con la delincuencia.
En el primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum no figuraron las demandas de miles de familias que buscan verdad y justicia, ni el derecho a la libre determinación y la autonomía de los pueblos indígenas y afromexicanos. Tampoco los derechos de las familias jornaleras que padecen la discriminación sistemática, ni la violencia contra las mujeres indígenas, los feminicidios, las desapariciones, los matrimonios forzados y el maltrato infantil que están invisibilizados y no forman parte de las estadísticas oficiales.
En su discurso inicial afirmó que el país “transita por un camino de justicia social, de dignidad y de garantía de derechos sociales, libertad, democracia y soberanía, fruto de una lucha de décadas… Entre 1982 y 2018, durante seis sexenios y 36 años, México vivió bajo la oscura noche del neoliberalismo, quienes gobernaban no tenían convicciones más allá del dinero y del mercado. Gobernaban para unos cuantos, mientras millones quedaban en el abandono. Por esa razón, en 2008 la pobreza alcanzó al 45 por ciento de la población mexicana. Ese fue el rostro de la injusticia, de la corrupción y de los privilegios. Esa es la realidad que decidimos cambiar, a diferencia de ese 45 por ciento, la población en pobreza hoy es el 29 por ciento”.
La presidenta sintetizó que entre 2018 y 2024, “13.5 millones de personas salieron de la pobreza. La reducción de la pobreza vino acompañada de la disminución en las desigualdades. En 2008 el ingreso del 10 por ciento más rico era 27 veces más que del 10 por ciento más pobre. En el 2024 esta brecha se redujo de 27 a 14 veces. Con el neoliberalismo llegamos a ser uno de los países más desiguales del mundo, ahora somos el segundo país menos desigual del continente, solamente después de Canadá”.
Las familias indígenas de la Montaña aún no ven en sus bolsillos los cambios reales sobre la reducción de la pobreza. Cuando bien les va sobreviven con 500 pesos a la semana. No cuentan con trabajo seguro y la mayoría de las mujeres no tienen hogar propio. En los meses de secas cuando arrecia el hambre las familias se van a los campos agrícolas para paliar sus necesidades básicas.
Desarrolló temas como el turismo, la moneda nacional, el desempleo, el número de afiliados al seguro social, los trabajadores de plataformas digitales que deben tener seguro social, mencionó que se respetan los derechos humanos y la libertad de expresión. La aprobación de 19 reformas constitucionales y 40 nuevas leyes entre ellas la reforma al Poder Judicial, la incorporación de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional; la reforma al artículo 2º de la Constitución para reconocer los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes; la reforma para la igualdad sustantiva de las mujeres; la reforma de los programas de Bienestar que son ahora derechos sociales. La reforma al artículo 123 para reconocer el derecho a la vivienda de las y los trabajadores; la protección de los maíces nativos y la prohibición de la siembra de maíz transgénico. La no reelección para el 2030, el no injerensismo o intervenciones de gobiernos extranjeros y la reforma a la ley de amparo.
En cuanto al salario mínimo la presidenta señaló que en 36 años no había aumentado, pero que entre 2018 y 2025 subió de 88 pesos díarios a 279 pesos, lo que representa el 135 por ciento en términos reales. En la zona de la frontera norte es de 420 pesos diarios. Además, en este año se están destinando 850 mil millones para el beneficio de 32 millones de familias, es decir, 82.4 por ciento de las familias mexicanas reciben un apoyo de los programas de bienestar de manera directa.
En la Montaña la realidad es otra; el salario mínimo de un trabajador del campo es de 150 pesos en temporadas de siembra. El resto del año tienen que buscar cómo sobrevivir con quelites o saliendo a trabajar a Tlapa, en condiciones sumamente deplorables. Los programas de bienestar no aseguran la subsistencia de las familias indígenas, porque las desigualdades son abismales en la Montaña.
En su informe, la presidenta mencionó que de septiembre de 2024 a septiembre de 2025 se cometieron 27 homicidios diarios, lo que representa una reducción del 32 por ciento. Mientras que para Guerrero la disminución fue de 22 por ciento. Claudia Sheinbaum aseguró que se está protegiendo a los jóvenes para garantizar sus derechos humanos y su felicidad, sin embargo, cada día están en mayor peligro porque de manera forzada son incorporados a las filas de la delincuencia. Las ciudades más importantes de Guerrero están catalogadas como inseguras. Los jóvenes en los bares de Chilpancingo han sido testigos de asesinatos, y las mujeres no están exentas de los peligros que corren por parte de delincuencia.
En esta misma ciudad, el viernes 26 de septiembre el dueño de una pollería del mercado Baltazar R. Leyva Mancilla fue herido a balazos, horas después murió en el hospital. A las 6 de la mañana del día 27 un repartidor de pollos fue ejecutado en las inmediaciones del mercado. La ola de violencia continuó el domingo 28 cuando una unidad del transporte público de Chilpancingo a Colotlipa, otra que va a Amojileca y un taxi local que se ubicaba en la carretera México-Acapulco fueron incendiados. El lunes 29 una Urvan de la ruta Chilpancingo-Chilapa fue quemada por hombres armados.
La población camina por las calles con temor. El terror ha paralizado la capital del estado, los comerciantes cerraron. Los vendedores ambulantes regresaron sin dinero a sus casas. Las escuelas suspendieron clases y las autoridades municipales mantuvieron las oficinas parcialmente cerradas. Este clima de violencia generó que 35 sitios de transporte público de los municipios de Coyuca de Benítez, Juan R. Escudero, Mochitlán, Quechultenango, Mártir de Cuilapan, Tixtla y Chilapa suspendieran sus viajes a la capital del estado. El miércoles 1 de octubre el transporte público y las escuelas reanudaron sus actividades.
La noche del miércoles, Omar García, de 19 años, originario de Lagunillas, municipio de Tecoanapa y miembro de la UPOEG, fue perseguido y asesinado por un grupo delincuencial. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente en un puente cerca de Tlalapa. El 2 de octubre una persona resultó herida por impacto de bala cerca del museo La Avispa, en Chilpancingo.
Este fin de semana la violencia se enseñoreó en el estado con dos muertos y cinco heridos. El sábado en la noche José Guadalupe, de 17 años, fue asesinado a balazos en Ometepec afuera de la marisquería El amigo Chava, en la colonia Campo Aéreo. Este domingo, un hombre fue encontrado con torniquete y envuelto en bolsas de plástico en la colonia Libertad de Acapulco. Mientras que en Chilpancingo e Iguala dos personas fueron heridas con arma blanca. En el fraccionamiento El Roble, de Acapulco a las 4 de la tarde fue herida de bala una persona; un hombre y una mujer quedaron heridos en la colonia Renacimiento.
Este mismo domingo fue el funeral del abogado y activista Anselmo Campusano Martínez, quien fue herido el viernes pasado en el centro de Iguala, lamentablemente falleció a las 5 de la mañana en el hospital del ISSSTE. Su familiares exigieron justicia por la muerte del activista que desde el 2014 acompañó a las víctimas del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala.
Las cuentas alegres del informe de la presidenta siguen invisibilizando a las víctimas de la violencia. Se ignoró a las madres buscadoras que con mucha valentía denunciaron un centro de adiestramiento del CJNG; descubrieron fosas comunes, crematorios, ropa y calzado de jóvenes que fueron reclutados de manera forzada. La exigencia histórica de verdad y justicia sobre los crímenes del pasado y del presente ha sido relegada de la agenda pública. Las mujeres indígenas que cargan con siglos de olvido y maltrato nunca podrán acceder a las instituciones educativas ni tendrán un modo digno de vivir. Las 5 millones de personas jornaleras seguirán cargando la cruz de la explotación sobre sus espaldas en los surcos de la ignominia. Son mexicanos y mexicanas con historias dolorosas, con rostros sangrantes que no son parte de los contingentes morenistas que con algarabía festejaron el informe de la presidenta Claudia Sheibaum.

Pospone Oftalmología la operación de un consejero de la CRAC por falta de pago

Ramón Gracida Gómez

Agustín Victoriano Castro es consejero de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC) y casi pierde la vista porque ayer el Instituto Estatal de Oftalmología no quiso operarlo hasta que pague 52 mil pesos, pese al amparo que un juzgado le otorgó para garantizar la cirugía gratuita.
Vía telefónica, el abogado del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Rogelio Téliz García, relató a El Sur la “negligencia” médica que el campesino, oriundo de la comunidad indígena La Cortina, del municipio ñuu savi, ha enfrentado para ser operado de los dos ojos.
En 2024, Victoriano Castro acudió al Instituto Estatal de Oftalmología, ubicado en la colonia Ciudad Renacimiento, después de acudir al hospital de Ayutla por la pérdida de la vista en sus dos ojos, pero le pidieron 52 mil pesos para operarlo.
Ante la falta de recursos económicos, Victoriano Castro solicitó asesoría jurídica de Tlachinollan y este Centro de Derechos Humanos presentó el año en curso el amparo 639 en el Juzgado Tercero de Distrito en Acapulco, argumentando el derecho a la salud y el origen indígena del agraviado, “un grupo vulnerable, de escasos recursos económicos”, condiciones comprobadas con constancias de estudios socioeconómicos y de pobreza.
El juzgado otorgó hace dos meses la suspensión “en el sentido de que se debe garantizar el acceso a la salud de manera gratuita”, es decir, el estado tiene los recursos suficientes para hacer la cirugía, entonces la institución de salud tiene que llevarla a cabo.
“Se le llama suspensión porque todavía no hay una sentencia”, puntualizó el abogado Téliz García.
La directora del Instituto Estatal de Oftalmología, Alejandra León Hernández, contestó que no podía hacer cirugías gratuitas porque los usuarios tienen que pagar de acuerdo con sus políticas.
Tlachinollan insistió y el juzgado “sigue persistiendo en que sí”, entonces el Instituto Estatal de Oftalmología programó la operación para este martes 30 de septiembre a las 8 de la mañana.
Victoriano Castro llegó a Acapulco dos días antes para hacerse estudios que le solicitaban, pero al acudir al Instituto Estatal de Oftalmología, el médico que lo atendió le dijo que no lo operaría hasta que pagara los 52 mil pesos, además lo acusó de “escandaloso” por promover el amparo y lo citó para al 15 de octubre.
“El gobierno del estado tiene que garantizar el derecho a la salud, más en estos casos de gente de escasos recursos económico, no está garantizando el derecho a la salud y sí corre peligro para este compañero, que no sea atendido y pierda totalmente la vista”, señaló Téliz García e hizo responsable al Instituto Estatal de Oftalmología del deterioro de la salud de Victoriano Castro.
El Juzgado de Distrito ya está enterado de la no realización de la cirugía y “lo que va a hacer, le va a poner una multa”.
Agustín Victoriano Castro es consejero de la comunidad de La Cortina, que pertenece a la Casa de Justicia de El Paraíso de la CRAC-PC.

 

Nos rompieron el corazón

Como guerrerenses que confiábamos en una transición democrática del régimen autocrático nunca imaginamos que a 11 años de la tragedia de Iguala, continuaríamos en las calles exigiendo la presentación de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Las madres y padres confiaron en que con el triunfo apabullante de Andrés Manuel López Obrador se allanaría el camino para dar con el paradero de sus hijos y se acabaría con los pactos de impunidad que se urdieron dentro de las mismas instituciones del gobierno. Junto con este cambio en Guerrero se resquebrajarían las estructuras de un poder caciquil y se implantaría un gobierno centrado en la defensa de los derechos humanos de la población más desprotegida y en la atención a las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos.
La realidad actual nos avasalla, hizo añicos los sueños de justicia, truncó los procesos de transformación social por la que muchos luchadores pelearon con las armas y hasta ofrendaron sus vidas. El cambio esperado no tocó fondo ni permeó las estructuras caciquiles y corruptas. El nuevo gobierno mantuvo los privilegios de los de arriba y encubrió a los perpetradores de crímenes atroces. Se confabuló con los poderes fácticos y se distanció del movimiento social. La transición esperada fue un intento fallido, porque pesaron más los intereses facciosos y los pactos del silencio. Las luchas de los de abajo y las voces de las víctimas son las que siguen remando a contracorriente para desmontar este sistema de castas políticas engolosinadas con el poder. Los testimonios de las madres de los 43 nos develan las artimañas de los gobiernos que se confabulan con los perpetradores para no llegar a la verdad.
Con la desaparición de nuestros hijos abrimos los ojos de lo que pasa en Guerrero y en México. Hay miles de personas desaparecidas. Lo que sufrimos también lo padecen más de 130 mil personas que buscan a sus familiares desparecidos. Desde que desaparecieron a mi hijo ya no soy la misma porque me rompieron el corazón, me arrebataron la vida y me dejaron una herida abierta.
Lo que más me indigna es que los 3 gobiernos no han querido profundizar en las líneas de investigación, que junto con el GIEI hemos trazado. Al principio nos querían entregar 28 cuerpos del basurero de Cocula, pero los peritos argentinos desmontaron su teatro porque no eran de nuestros hijos. Gracias a la CIDH y a los 6 informes del GIEI logramos desenmascarar todas las triquiñuelas del gobierno de Peña Nieto.
El GIEI en sus investigaciones encontró en los archivos de la Sedena unas hojas empolvadas y no imaginaron que encontrarían información sobre el caso de los 43 y que nos ayudaría para llegar a la verdad. Por eso exigimos los 800 folios que tiene el Ejército porque ahí hay información clave que puede ayudar a desenmarañar todo lo que hicieron con nuestros hijos. Por ejemplo, ellos tienen información sobre el paradero de los 17 jóvenes que sacaron de barandilla. Ni eso podemos saber.
También tenemos conocimiento de que un grupo de muchachos del autobús 1531, que detuvieron en el Palacio de Justicia, fueron llevados rumbo a Huitzuco, donde participó la policía de Iguala y Cocula y también la policía federal. En ese autobús iba mi hijo.
Si tuviéramos a nuestros hijos tendríamos armonía. Sería una alegría celebrar su cumpleaños. Ahora esa fecha es la que más nos entristece y nos duele. Cuando llego a la Normal y veo las fotos de nuestros hijos en las sillas, se me revelan sus recuerdos, sobre todo los momentos en que se los llevaron. Lloro al recordar que sus gritos no fueron escuchados: “somos estudiantes, no traemos armas”. El gobierno fue cómplice de todo lo que les hicieron. El Ejército sí sabía que eran estudiantes, porque los monitoreó con el C4 desde que salieron de la Normal. Desde antes los había infiltrado con un militar, que se encargaba de pasar información de todo lo que hacían. Es tan malo el Ejército que también lo desapareció. Por eso decimos que se les investigue por todo lo que hicieron y por coludirse con los delincuentes.
El 26 de septiembre le estuve marcando a mi hijo, pero me mandaba a buzón. El 27 por la mañana entró la llamada y me respondieron “están detenidos, pronto van a ser liberados, son arriba de 17”. Cuando fui a Iguala a recabar información me dijeron que a un grupo de muchachos se los había llevado el Ejército. Una persona comentó: “sé que el Ejército desparece, pero no puedo decir nada porque no quiero que le vaya a pasar algo a mi familia”. La gente de Iguala sabe qué pasó esa noche, pero tiene miedo, sabe que fue el mismo gobierno.
A mí me dijeron varias veces “deja esas actividades, te pueden dar un golpe, recuerda que tienes más familia”. Duele que te digan eso. Yo tenía un celular donde guardé el número de la Procuraduría General de la República, y sólo la PGR tenía ese número. De ahí me llegaron muchas amenazas por mensaje, “estás muerta”. Le dije al gobierno que, si algo me pasaba, ellos serían los responsables, porque están acostumbrados a cometer barbaridades. Murillo Karam tiene mucha información que ha ocultado. Está detenido, pero hace que no sabe nada y la Fiscalía lo ha dejado que esté tranquilamente en su casa.
El gobierno tiene toda la tecnología, pero no investigan con profesionalismo, no les interesa llegar a la verdad. Ignoran los informes del GIEI y más bien están retrocediendo a las líneas de la “verdad histórica”. No avanzan porque temen toparse con el Ejército.
El presidente Andrés Manuel López Obrador en una reunión ordenó al Ejército que entregara toda la información, sin embargo, en el siguiente encuentro asumió otra postura, dijo que ya habían entregado todo. Para lavarse las manos comentó que ahora manda el pueblo, pero al parecer el pueblo es el Ejército. Andrés Manuel nos falló porque no cumplió con su compromiso de llegar a la verdad.
La nueva presidenta Claudia Sheinbaum nos habla de otro modo, parece más accesible, sin embargo, vemos cómo que se desentiende de nuestro planteamiento, de que el Ejército entregue toda la información que tiene. A cambio de emplazar al Ejército nos comentó que conformará un equipo de especialistas que trabajará con nuevas tecnologías para ubicar el paradero de nuestros hijos. Está en sus manos resolver el caso, sin embargo, a un año de su gobierno no hemos visto avances en las investigaciones. Tememos que el tiempo transcurra y que al final nos digan que ya no es posible saber a dónde se llevaron a nuestros hijos. El tiempo nos tritura porque va acabando con nuestras fuerzas, por eso urge que se aceleren las investigaciones.
Ante esta urgencia hemos buscado al GIEI, pero a la presidenta no le agrada que regrese el GIEI, ni que la CIDH sea la instancia que le dé seguimiento a nuestro caso. Lo peor es que las investigaciones seguirán estancadas, porque con el nuevo fiscal se está regresando a las líneas de la “verdad histórica”. Por eso queremos que sea una instancia internacional como el GIEI la que pueda dar un impulso a las líneas de investigación. No podemos bajar la guardia, a pesar de tantos obstáculos tenemos que seguir protestando en las calles.
Con los estudiantes normalistas y las organizaciones sociales sentimos que volvemos a renacer porque nos contagian con su juventud y coraje, porque sentimos que defienden nuestra causa, que tienen la fuerza para mostrar el coraje y el dolor que nos mueve para reclamar nuestro derecho a saber la verdad. Tengo fe en que algún día todo lo que está en la oscuridad, saldrá a la luz y se sabrá quiénes fueron los responsables de la desaparición de nuestros queridos hijos.
Mi mamá y mi papá ya no están, se fueron preocupados por su nieto. Lo quisieron mucho, todo el tiempo lo extrañaron. Recuerdo que mi hermano estaba parado en la puerta de la Normal esperando a su sobrino, veíamos llegar a los muchachos, pero mi hijo no aparecía. Yo volteaba a ver a los lados y vi a muchas mamás que buscaban y no encontraban a sus hijos. Quería abrazar a los muchachos, pero me aguanté. Me daba gusto que hubieran regresado porque los vi desfilar el 16 de septiembre en las calles de Tixtla. Recuerdo que fui a escondidas de mi esposo porque tenía cáncer, pero quería verlos. Mi hijo estaba contento porque ya se había quedado en Ayotzinapa porque iba a ser maestro. Faltaban dos semanas más para que les dieran la oportunidad de ir a sus casas y regresar a estudiar.
Un jueves comió con sus compañeros pozole verde para irse a la escuela porque andaban arreglando el piso de un salón. Mi esposo habló con Julio César Mondragón y otro jóven. Fue la última vez que lo ví. Estaba oscureciendo cuando salió por la puerta y le dije que tuviera mucho cuidado, “no te confies de la policía.” Le dije que le fuera bien, sentía ganas de correr para alcanzarlo, para decirle lo mucho que lo quiero. Por eso, así como se fue quiero verlo que regrese. Tengo la esperanza de que un día van a regresar, que van a ser liberados. Mi amor es tan grande que en mi mente no cabe idea de que nunca volveré a verlo. Lo que me mueve es la esperanza de saber dónde está.
Lloro de coraje porque el gobierno no quiere resolver el caso de nuestros hijos. No le importa nuestro sufrimiento, no les duele el calvario que padecemos. Queremos que no le teman al Ejército, que lo obliguen a entregar toda la información que tienen sobre nuestros hijos. Reiteramos que regrese el GIEI para que se retomen todas las líneas de investigación que quedaron pendientes. Será imposible llegar a la verdad si no se desmontan las estructuras delincuenciales que se han empotrado dentro del aparato gubernamental. La violencia que se enseñorea en nuestro estado se debe al pacto de impunidad que se mantiene intocado con la delincuencia organizada. Este maridaje criminal resquebraja la débil institucionalidad democrática que da tumbos y navega a la deriva.

43: la esperanza no muere

Toda nuestra solidaridad con Sergio Ocampo: periodista de primera línea, aguerrido, consecuente. Siempre en las trincheras de los de abajo.
A pesar del acarreo de estudiantes y la algarabía de la gente que se arremolinaba al paso de la camioneta en que viajaba la presidenta Claudia Sheinbaum, en Guerrero el ambiente que se respira es de confrontación y enojo, por la acumulación de problemas que no se atienden. Los conflictos se sobrellevan y las soluciones de fondo se postergan. Las protestas se multiplican y las acciones de fuerza son más recurrentes ante la ineficacia de las mesas de diálogo y la inoperancia de las minutas firmadas.
La desatención sistemática a la multiplicidad de actores movilizados causa agravios, enconos y desesperación. La población que busca ser escuchada no encuentra canales de interlocución y no hay autoridades que le den seguimiento a las demandas más urgentes de la población.
La gobernabilidad en nuestra entidad tiene un grave deterioro por la carencia de espacios para el diálogo y la concertación. Es grave que nos acostumbremos a la política del apaga fuegos ante la ausencia de una titular en la Secretaría de Gobierno. Es imposible avanzar en la construcción de acuerdos y en la prevención de conflictos si no se cuenta con una institución sólida que mantenga un diálogo permanente con todos los actores de la sociedad. Hay temas que requieren el análisis ponderado y el debate civilizado para darle cauce a la agenda ciudadana.
El modelo de seguridad militarizado que se ha implantado en nuestro estado sin tomar en cuenta a la población, está cobrando muchas víctimas. Se ha dejado que las cúpulas del poder civil y militar hagan sus propios diagnósticos e implementen acciones que no revierten la espiral de violencia, ni mucho menos focalizan sus operativos con lo que llaman generadores de violencia. De los saldos sangrientos que se multiplican ninguna autoridad se hace responsable, todo queda en diligencias y toma de declaraciones de las víctimas. La Fiscalía estatal es una institución cerrada y opaca, lejana a las víctimas que no da resultados contundentes como la judicialización de las carpetas de investigación.
Los colectivos de víctimas que buscan a sus seres queridos son relegados en la toma de decisiones relacionadas con los trabajos de búsqueda. A los organismos civiles que asumimos la defensa de casos graves de violaciones a los derechos humanos se nos estigmatiza como adversarios políticos y como simples comparsas de los grupos opositores. La agenda de los derechos humanos ha quedado supeditada a la agenda del partido hegemónico, todo se mira desde el cristal del partido Morena. Se defienden a ultranza las líneas políticas trazadas desde el centro y se cuida más la buena imagen del partido y de las figuras públicas que están señaladas de ser comparsas de los grupos criminales.
La visita de la presidenta Claudia fue más para afianzar su estrategia partidista y ampliar el electorado morenista con el fin de pavimentar la ruta para las próximas elecciones. En lugar de dar un tratamiento más detallado de las acciones emprendidas en el estado y de evaluar el impacto de los programas sociales en los sectores pauperizados, solo se comentaron los logros ya anunciados y se defendieron las reformas aprobadas. Aparecieron prácticas añejas del PRI, como el acarreo de contingentes, los porristas y matraqueros, los líderes vetustos, los caciquillos con su séquito, politiquillos de guayabera con bordados artesanales. Todos presentes para mantenerse vigentes y dentro del presupuesto. La política de la trivialidad y las lisonjas, de las apariencias y la futilidad.
La realidad es que estamos envueltos por tragedias que han marcado nuestro derrotero como un estado convulso por la lucha armada y la insurgencia civil. Las políticas del terror y los planes de contrainsurgencia causaron daños incuantificables que siguen sin ser reparados. La herida sigue sangrando por las matanzas de campesinos y las masacres de indígenas, por los cientos de personas desaparecidas a manos del Ejército y por las prácticas funestas de los vuelos de la muerte. Esta estela de luto atraviesa nuestra entidad como una espada de Damocles, por los crímenes que se cometen y que se cubren con el manto de la impunidad. Nadie de los violadores de derechos humanos ha sido castigado, por el contrario se les honra con cargos y reconocimiento como el general Hermenegildo Cuenca. Las desapariciones del pasado con las actuales nos dibujan el continuum de impunidad. Por encima de los cambios de gobierno lo que permanece es el pacto del silencio, la protección a los perpetradores, el encubrimiento de los crímenes cometidos por militares.
El caso de los 43 jóvenes desaparecidos en Iguala, es un claro ejemplo de cómo las autoridades del PRI, PRD y Morena se han confabulado con los perpetradores de este crimen artero. En este caso quedó evidenciada la red de la macrocriminalidad donde convergen grupos delincuenciales, policías estatales, federales, militares, marinos, presidentes municipales, procurador de justicia y el gobernador para hacer causa común y protegerse de las instancias de justicia. En lugar de que se hayan desmontado las estructuras delincuenciales al interior del aparato gubernamental se han arraigado los grupos de la delincuencia dentro de las instituciones de seguridad y de los gobiernos municipales. No se ha tocado la estructura delincuencial que se anida en las instituciones del Estado, por eso ha sido imposible dar con el paradero de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En estas condiciones es difícil transitar a una nueva etapa de nuestra vida democrática mientras se encubra a los perpetradores y se tengan actores intocables como el Ejército que se niega a entregar los 800 folios que hacen falta.
En la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa se tejieron pactos de silencio desde las estructuras más altas de poder para ocultar la verdad. Se armó una arquitectura de la criminalidad y de la impunidad de tal forma que quedaron empantanadas las investigaciones, girando en círculos concéntricos hasta topar con los muros del Ejército. En los últimos meses no se avizora un horizonte esperanzador porque las autoridades están administrando el caso con reuniones, sin tocar las raíces profundas: el paradero de los jóvenes.
Los primeros días de la agresión contra los normalistas se dibujaba la esperanza más cercana de que los 43 estudiantes llegarían a la Normal. Las madres y padres, a pesar de estar con la angustia, pensaron que se trataba de una represión de los policías municipales que sólo estarían en las rejas de barandillas y que después serían liberados. Permanecieron en la cancha de la Normal en espera de que llegaran sus hijos. Han pasado 11 años tortuosos y las autoridades de tres administraciones no han dado con su paradero.
Don Emiliano Navarrete padre de José Ángel reflexiona: Me cuesta creer que alguien nos pueda dar la verdad y la justicia porque en estos largos años se han acercado personas, pero sólo se llevan mi dolor sin que hagan nada. Por eso con la llegada de Andrés Manuel López Obrador dudé, pero había un ambiente de que venía del pueblo y que prometió que iba a encontrar a nuestros hijos. Por dentro decía ojalá esté equivocado sobre la visión que tengo de López Obrador. Fue un buen signo que haya aceptado el regreso del GIEI, sin embargo, cuando se toparon con la Sedena, el presidente la defendió más que a nosotros como padres que sufrimos la desaparición de nuestros hijos. Desde entonces las investigaciones se estancaron. Lo único que hizo fue intentar apaciguar la lucha. No cambió nada, volvió a mentir.
Con la presidenta Claudia Sheinbaum, vemos que ha tratado de ponerse del lado de las madres, pero también percibimos que no quiere tocar al Ejército. No vemos grandes avances. Seguimos en la postura de que se necesitan los 800 folios que tiene la Sedena, y en lugar de exigir que los entreguen desvía la atención con su nuevo método científico que sólo se basa en la telefonía celular. Es una sola línea con unos cuantos puntos, pero no han sido trabajados a fondo. No es nada nuevo. Si no son iguales con Enrique Peña Nieto por qué siguen solapando al Ejército.
Doña Hilda Legideño comenta que en cada reunión nos dicen que están investigando, nos informan de las búsquedas en campo, sobre la telefonía. Pero hay personas que no han sido mencionadas y aparecen en la telefonía. Es tortuoso que sólo nos tienen en un círculo vicioso sin poder avanzar. El teléfono de mi hijo fue utilizado después del 26 de septiembre, tienen los nombres de las personas y están siendo llamadas a comparecer, pero todo hasta ahí se detiene.
También hemos solicitado los folios que tiene el Ejército, pero sólo nos dicen que los van a entregar. No ha pasado nada. Así no va a caminar la investigación. Ahora quieren que se forme un nuevo grupo de expertos. Nosotras decimos que los expertos del GIEI hicieron 6 informes y echaron abajo la “verdad histórica” con pruebas científicas, por qué no los llaman si ya tienen conocimiento del caso y le pueden dar continuidad a las investigaciones para llegar a la verdad.
La investigación de los expertos apunta hacia altos mandos de la policía y militares, pero vemos que los gobiernos pasados y el actual no quieren que se sepa la verdad. Ha sido muy difícil caminar estos 11 años sin tener una respuesta. El gobierno no tiene la voluntad. Lo que pasó con nuestros hijos lo sabe el Ejército. ¿Por qué se niegan a entregar toda la información? Pasaron diferentes gobiernos y aunque Enrique Peña Nieto desapareció a nuestros hijos, tienen la obligación de decirnos la verdad porque se trató de un crimen de Estado. Andrés Manuel López Obrador encubrió al Ejército, por eso ahora con la actual presidenta le pedimos que haya verdad y que no defienda a los militares.
Como madres no nos importa que pase el tiempo, porque nunca los olvidaremos. Ellos son parte de nuestro ser, son nuestra carne, nuestro amor. A pesar de la indiferencia de las autoridades en estos pesados años, como madre nunca abandonaré a mi hijo, estaré con él hasta el final de mis días. Lo que más queremos como madres es saber la verdad, porque solo así podremos abrazar a nuestros hijos.

Una clase política distante

Guerrero es un estado convulso de raíces guerreras profundas. A lo largo de su historia el pueblo ha cimbrado y tumbado a los gobiernos represores y corruptos. Tanto en el plano de la insurgencia armada como cívica las y los guerrerenses ondearon las banderas de la rebeldía y la emancipación política. Nuestros gobernantes están lejos de alcanzar la estatura del siervo de la nación, del servidor público que vive en la justa medianía, contrario a estos paradigmas, los políticos guerrerenses sobresalen por su megalomanía y miopía políticas que los desdibuja y extravía en el camino, porque se engolosinan con el poder al instalarse como reyezuelos dentro de sus palacios.
El drama que arrastramos los guerrerenses es la traición de los gobernantes, su distanciamiento de las demandas históricas, su desfachatez, insensibilidad y maltrato con la población más pobre. Lo más grave es que se han apropiado de las conquistas alcanzadas por la movilización social y la lucha armada. Las elites políticas las capitalizaron para reivindicarse y asumirse como las depositarias de este legado invaluable. Desde la lucha independentista hasta las gestas por la democracia en 1988 y 2018 los ciudadanos y ciudadanas fueron el bastión de las transformaciones sociales. La clase trabajadora ofrendó su vida defendiendo sus tierras, enfrentando a los caciques, resistiendo la embestida militar, soportando la tortura de los judiciales y librando las balas de los gobiernos asesinos. A pesar de tantas batallas ganadas y tanta sangre derramada aún nos aprisiona la pobreza, nos sojuzga las leyes de los poderosos, se pisotean nuestros derechos y nos regatean los presupuestos públicos.
La estructura del poder político siempre es piramidal, por definición excluye a los ciudadanos de a pie en la toma de decisiones que se circunscribe a las cúpulas partidistas. Hay un muro que separa a la clase gobernante de sus gobernados. Existen estamentos sociales que colocan en las esferas más bajas de la pirámide a los ciudadanos y ciudadanas que solo son tomados en cuenta cuando emiten su voto. En estas líneas divisorias se profundizan las desigualdades y se remarcan las diferencias sociales. Quedar fuera del ámbito gubernamental es someterse a la dinámica que impone la nueva clase gobernante. El ciudadano queda invisibilizado, despojado del aura del poder y relegado de cualquier decisión que afecte sus derechos.
El pueblo de Guerrero no solo ha protagonizado luchas emblemáticas, también se ha movilizado para dar la pelea en las urnas. En 1988 el PRI sufrió una derrota estrepitosa con el triunfo contundente de Cuauhtémoc Cárdenas. El temple del electorado guerrerense quedó demostrado con la toma de ayuntamientos, las marchas por la democracia, la emergencia de nuevos líderes comunitarios y la efervescencia de un movimiento social imparable. La población no luchaba por un cargo sino por un cambio de gobierno, una apuesta por la democratización de las instituciones y el resquebrajamiento de una clase política vetusta. Sobresalía la mística, la entrega, el sacrificio, la causa y los sueños del cambio.
Hace dos décadas el pueblo de Guerrero se levantó con una gran victoria contra el PRI, al fin se cristalizaban los grandes anhelos del cambio. Un empresario acapulqueño quedó al frente de la nueva encomienda de desmontar la estructura caciquil y de impulsar una nueva forma de gobierno. Pronto se resquebrajaron las expectativas del cambio, la aversión de Zeferino Torreblanca a los luchadores sociales fue implacable, siempre los catalogó como lucradores sociales y despreció a los militantes del PRD, dudó de su autenticidad y compromiso, los estigmatizó y dejó de lado a los sectores sociales empobrecidos y movilizados. Fue un sexenio que quedó marcado por la violencia política y por la polarización social que protagonizó el gobernador empresario.
Lo peor que le ha pasado a nuestro estado es que los caciques políticos han sabido sortear su carrera política como chapulines y camaleones al colocarse como abanderados de los partidos de oposición para ganar la delantera en la carrera por la gubernatura.
Sucedió con Ángel Aguirre Rivero que ganó la elección en el 2011 con las siglas del PRD: El pragmatismo de muchos perredistas no dimensionó las consecuencias políticas y sociales que causaría un personaje ajeno a las luchas sociales y lejano al ideario político de un partido de izquierda. En la primera administración sucedió la masacre de El Charco que hasta la fecha no existe una denuncia penal contra los mandos militares que ordenaron las ejecuciones de 10 indígenas y un estudiante de la UNAM. En su segundo período se consumaron dos hechos deleznables: las ejecuciones de Gabriel Echeverría y Jorge Herrera, dos estudiantes normalistas que fueron ejecutados por policías del estado y federales en la Autopista del Sol, el 12 de diciembre de 2011.
Nada hicieron las autoridades federales para atraer esta denuncia calificada por la CNDH como un caso grave de violaciones a los derechos humanos.
En mayo de 2013 el luchador social Arturo Hernández Cardona fue víctima junto con dos compañeros más de desaparición forzada y ejecución extrajudicial por parte del entonces presidente municipal de Iguala José Luis Abarca. A pesar de estos hechos violentos el gobernador Ángel Aguirre lo protegió y lo mantuvo en el poder. Lo inaudito fue la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y el asesinato de tres de sus compañeros en la noche del 26 de septiembre y madrugada del 27 en Iguala. A pesar de este crimen artero las autoridades federales se desentendieron del caso hasta que la indignación nacional e internacional puso en jaque el presidente Enrique Peña Nieto. Hasta entonces solicitó licencia el gobernador Aguirre. Hasta la fecha no hay avances en la investigación para dar con el paradero de los 43 normalistas.
En lugar de avanzar en la agenda de derechos humanos y en el combate a la impunidad, los gobiernos perredistas relegaron estos temas y se arremolinaron en la disputa por los cargos públicos. Quedó evidenciado que el PRD solo sirvió a sus dirigentes como una plataforma de lanzamiento de sus candidaturas. Se mercantilizaron sus siglas y se erigió en una agencia de colocaciones. Mientras tanto la gente del campo y de las periferias de las ciudades siguieron sumidas en el olvido y la miseria. No hubo un cambio que les favoreciera, más bien se generaron nuevas clientelas y corrientes políticas para disputar candidaturas.
Con el Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador logró aglutinar un gran movimiento en el estado. Tuvo una gran aceptación tanto por el electorado como del movimiento social. El trabajo que forjó por varios años logró tejer muchas alianzas al grado que la mayoría de perredistas se cambiaron a Morena.
Nuevamente 2018 quedó registrado en la memoria política de los guerrerenses al arrasar en las votaciones presidenciales. Fue muy impactante la figura de Andrés Manuel por su presencia constante en las ocho regiones del estado y por su cercanía con la gente sencilla. Los programas sociales que se diseñaron en su sexenio están orientados a revertir la pobreza, sin embargo, el impacto en las comunidades rurales del estado no ha representado un cambio significativo. Son insuficientes estos programas y el diseño de algunos no responden a las condiciones de movilidad de la población jornalera que son familias muy pobres. La baja productividad de los cultivos básicos sigue siendo el talón de Aquiles de estos programas porque el mero subsidio, en lugar de impulsar la producción, la desalienta. Los suelos desgastados requieren tratamientos de mediano y largo plazo y de inversiones constantes y significativas para los pequeños productores. La falta de maíz en la Montaña nos ha colocado como una región muy pobre y sumamente vulnerable. La fortaleza de las comunidades son sus siembras comunitarias, la autosuficiencia alimentaria y la organización autogestiva. El subsidio individual debilita el trabajo colectivo y fragmenta la lucha como comuneros. Las asambleas corren el riesgo de ser el centro de la toma de decisiones y de su gobierno autónomo.
La nueva clase política de Morena cada vez se distancia más del movimiento social, en lugar de abrirse a la sociedad y tomar una postura autocrítica se han enconchado y alejado de las voces discordantes. Se han engolosinado con las mieles del poder y del dinero. Se han colocado en el centro de la acción política como principales beneficiarios de las prebendas del poder y han relegado a la población que no tiene para comer. Han aprendido muy rápido las malas prácticas de las administraciones pasadas, al mantenerse en la opacidad, al hacer negocios privados con dineros públicos. Al ser indiferentes ante el dolor y dejar en estado de indefensión a las familias que padecen la violencia. Se han desentendido del grave problema de la desaparición de personas y no hay cambios sustantivos en la Fiscalía del estado para hacer efectivos los derechos de las víctimas. Se ha ignorado a los colectivos de familiares que ponen en riesgo su seguridad para realizar la búsqueda en territorios controlados por grupos de la delincuencia. No hay oídos para atender las demandas básicas de la población mayoritariamente pobre. Es recurrente que se les haga dar vueltas en vano en busca de respuestas relacionadas con la ejecución de obras inconclusas.
El caos impera en nuestro estado no solo por la violencia, sino por la desatención a una población que ha protagonizado los cambios, por la indolencia de las autoridades, su insensibilidad, su ausencia en los momentos en que la gente requiere acciones eficaces para hacer valer el Estado de derecho.
En Guerrero padecemos una clase política distante de la realidad que nos lacera y embelesada con los privilegios del poder. Este fin de semana fuimos testigos de dos actos paralelos: la clase política de Morena encerrada en su burbuja, trajeada y perfumada, distante del pueblo de Guerrero que es heredero de la lucha histórica del generalísimo José María Morelos y Pavón y del legado universal de los derechos humanos de la población pobre. Y en otro espacio la APPG hizo un reconocimiento social a los luchadores sociales de Guerrero y a quienes han ofrendado su vida por una patria donde reine la igualdad y la justicia. El Guerrero de abajo.

 

Prócoro: el temple de un luchador social

Prócoro Valente Gil nació el 9 de abril de 1971 en el hospital de Iguala por las complicaciones de parto de su mamá. A los pocos días retornaron a su comunidad en La Sidra, municipio de Ayutla de los Libres. Al pie de las montañas tuvo la dicha de crecer al lado de sus padres. Con el estómago vacío forjó su temple en los surcos del tlacolol sembrando maíz, frijol, calabaza y jamaica. Toda su vida caminó cuesta arriba, como cuando cortaba leña.
Los dos primeros grados de primaria los cursó en La Sidra. Ante los problemas económicos su familia se trasladó a San José La Hacienda donde cursó el tercero y cuarto grado. Con pocas oportunidades de trabajo sus padres se reubicaron en la comunidad de Tejoruco, municipio de Tecoanapa. Empeñado en terminar la primaria caminaba una hora a la comunidad de la Parota Seca.
Al ingresar a la secundaria técnica de Tecoanapa caminaba más de dos horas. Su finada mamá Eliodora con mucho sacrificio juntaba dos pesos para que su hijo comprara tortillas y chiles en vinagre. Tomaba agua de la manguera para pasar la comida. Después de clases iba por la leña y a chaponear en el campo. Cazaba iguanas y conejos para llevar alimento a su familia.
Era un gran aficionado de la lectura al grado que participó en un concurso regional de literatura, ganando el segundo lugar, también compitió a nivel estatal. La lectura le abrió las ventanas para conocer otras culturas y empezó a tomar conciencia de la desigualdad y la discriminación que sufrían las comunidades indígenas y afromexicanas. Su mayor preocupación fue ver a los niños desnutridos, le dio en lo más hondo porque Prócoro también la padeció.
Trabajó de peón para apoyar con los gastos a su mamá y a sus hermanos menores. Solo pudo cursar el primer año en la preparatoria 15 de Tecoanapa, pero su precaria alimentación le impidió seguir. A los 16 años se fue a trabajar a Los Cabos, Baja California, asumió la responsabilidad como si fuera el padre de la casa. Al año regresó para reanudar sus estudios en la preparatoria 33 de Chilpancingo. Sin recursos económicos se quedaba a dormir en las aulas de clases. Martín, el intendente de la institución, lo llevó al comedor universitario y le informó que había casas de estudiantes.
La idea de luchar por los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos la tenía siempre a flor de piel, se empapó de lecturas sobre la revolución cubana, rusa y vietnamita. Gabriel Santos, en la sala de espera del hospital, recordaba que Prócoro cada semana compraba la revista Proceso y el diario La Jornada para estar informado sobre los movimientos sociales y las recurrentes represiones de los gobiernos caciquiles.
Le daban una beca de 800 pesos que repartía en tres casas de estudiantes: un humanismo genuino que llevaba en las venas. Poco a poco se fue organizando con los estudiantes. Acompañaba a la gente de las comunidades a realizar trámites en las antiguas oficinas del INI. Al concluir la preparatoria siguió sus estudios en la escuela de derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero.
Transcurría 1994 cuando Prócoro estaba en la Casa del Estudiante Auténtica Número 2, llegó a ser el estudiante más destacado. En la universidad había muchas corrientes políticas y la casa del estudiante donde vivía estaba con los “Cívicos” junto con Armando Chavarría, Florentino Cruz Ramírez y otros.
En ese tiempo se reunieron 25 casas de estudiantes para integrar la nueva Federación Estudiantil Universitaria Guerrerense (FEUG) con el fin de construir un programa político. En las discusiones sobresalía Prócoro, quien pronto fue nombrado como parte de la Comisión Ejecutiva de la Federación Estudiantil. Poco a poco se involucró en la vida política de la universidad, con el tiempo optó por la lucha social.
Militó en el Frente Amplio para la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional (FACMLN) catalogado por el ejército como una organización radical, al igual que la OPCG. Corría 1996 cuando la represión del figueroísmo estaba muy fuerte. Estaba muy viva los hechos atroces de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995 que dio origen a la irrupción del Ejército Popular Revolucionario (EPR). Le tocó vivir esa lucha fragorosa con un movimiento estudiantil y social muy agitado. Prócoro fue de los estudiantes el más valiente.
En el FACMLN había otra alianza de organizaciones que denominaron Unión de Organizaciones de la Sierra del Sur. Estaba una organización con presencia en Olinalá la UOCEZ, en Metlatónoc la UCIM, Movimiento 6 de Marzo en la Costa Chica; en la Costa Grande la OCSS con Benigno Gallardo e Hilario Mesino; en la zona centro la OPCG con Pedro, Lino y Alfredo, y en la zona norte estaba Arturo Hernández Cardona con el Movimiento Azteca y posteriormente la Unidad Popular. Tenían conexión con expresiones a nivel nacional con Omar Torres, Efraín Torres Fierro, Omar Garibay y otros luchadores sociales.
En la movilización social Prócoro siempre iba al frente y era el que encaraba a los porros de Acción Revolucionaria dentro de la universidad dirigida por Gabino Olea Campos, Hugo Vázquez y otros, vinculados al priismo y al figueroísmo. En una ocasión Gabino invitó a una sesión del consejo universitario al gobernador Rubén Figueroa Alcocer, sin embargo la base cuestionó esta decisión arbitraria porque violaba la autonomía y era una afrenta para la misma universidad vinculada a la lucha social.
En una ocasión las organizaciones sociales acordaron boicotear el informe del rector en la sesión del consejo. Las casas de estudiantes y las organizaciones llegaron tarde para impedir que golpearan a Prócoro que había entrado a la fuerza a la sesión realizada en el Cinema Jacarandas. En protesta entró con un pequeño grupo de jóvenes logrando que el gobernador interino Ángel Aguirre Rivero abandonara el recinto.
En la universidad el Figueroísmo tuvo sus adeptos, pero la mayoría de estudiantes confluían con el movimiento social. Cívicos, pemecistas, viejos cívicos y otros más tenían al mismo enemigo: enfrentar a los caciques de Guerrero. Prócoro era identificado por el gobierno como de izquierda. En una ocasión se reunieron las casas de estudiantes con funcionarios de Ángel Aguirre para que bajaran el costo del pasaje, para que dotaran muebles a las casas de estudiantes, presupuesto para el comedor y la gratuidad de las inscripciones. En las discusiones el secretario general de gobierno Humberto Salgado Gómez espetó que no quería ver a Prócoro porque tenía intereses oscuros y porque tenía otra agenda. Decía que estaba vinculado con organizaciones radicales e insurgentes. Sus compañeros salieron en su defensa y Prócoro se mantuvo firme.
Se volcó a la lucha social de lleno al grado que fue detenido siendo estudiante con muchos dirigentes del FACMLN como Pedro Nava, Erlindo Hernández López, Alfredo Barragán Rentería y seis más. Tenía 21 años. Estuvo preso ocho meses acusado de motín, sabotaje e incitación a la violencia, salió en 1997. Mientras que Benigno, Hilario, Bertoldo eran detenidos y llevados al penal de Almoloya la represión en el estado provocó muchas detenciones, desapariciones y ejecuciones. La liberación de Prócoro coincidió con el repliegue que tuvo el EPR después del 98, sin embargo, la represión no cesó.
Prócoro fue un estudiante destacado vinculado en todo momento a lucha social, con una identidad muy clara en favor de la clase explotada. Terminó la licenciatura en Derecho y se fue de catedrático a la preparatoria 15 de Tecoanapa. En su convivencia con los jóvenes y sus familias empezó a ver que las comunidades sufrían por falta de agua.
En 2005 emprendió una lucha emblemática en defensa del agua. Acude con las autoridades comunitarias para impulsar la organización de los pueblos. Al inicio no respondieron, pero cuando se afianzó su relación con las comunidades de Barrio Nuevo, El Guayabo, Tepintepec, El Carrizo y San Francisco desafiaron a los caciques mestizos de Tecoanapa. La pelea llegó a los tribunales. Ganaron los seis pueblos para que pudieran construir su red de agua. Los líderes de Tecoanapa bloquearon en varias ocasiones la toma de agua, se aferraban a que no se construyera. En una ocasión se dio un enfrentamiento a pedradas y con palos entre ambos grupos, quedando varios heridos, a pesar de esta confrontación las comunidades no bajaron la guardia.
Ganaron la batalla por el agua en 2012. La lucha no terminó ahí, más bien la exigencia era el saneamiento del río por las aguas negras que el municipio de Tecoanapa arrojaba. Río abajo la población se estaba enfermando porque utilizaban el agua para bañarse y lavar la ropa. Prócoro gestionó biodigestores para que el agua del drenaje fuera tratada. Luego siguió con las plantas medicinales para la prevención de enfermedades como la diabetes. También fundó la policía comunitaria en los seis pueblos.
Estaba precupado por la falta de acceso a los servicios de salud y educación. Paradójicamente en los últimos días de su vida, un grupo afín al rector le quitó las horas de trabajo en la preparatoria, para dejarlo fuera de la institución. Fue un golpe duro para Prócoro, por la forma artera perversa con la que actuaron los directivos. Estaba decidido a dar la pelea dentro de la institución, pero su estado de salud se complicó. Aún en esas condiciones seguía impulsando proyectos en defensa del medio ambiente con personal de la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México. Lamentablemente el miércoles 3 de septiembre tuvo una caída mortal que truncó sus proyectos. Los pésimos servicios de salud que hay en las comunidades rurales no alertaron de que era urgente una atención médica de tercer nivel. Lo llevaron con una médica de San Francisco que recomendó que estuviera en observación en su casa. Empezó a vomitar y después de dormirse un rato le dio un paro respiratorio. Lo trasladaron con oxígeno a Ayutla para reanimarlo, posteriormente lo llevaron a Acapulco, donde falleció la madrugada de este lunes 8 de septiembre. A las 4:30 de la tarde de este martes fue sepultado en el panteón de La Sidra, para regresar con los suyos. Perdimos a un luchador social que desde la academia y la organización comunitaria les dio voz a los pueblos olvidados de Tecoanapa.

 

Pueblo pobre, gobierno rico, el quiebre de los principios morenistas

Salud y fuerza para nuestro compañero de lucha Prócoro Valente Gil, quien requiere con urgencia una intervención médica de tercer nivel para poner a salvo su vida.

Cuatro años fueron suficientes para que la gobernadora Evelyn Salgado corriera el telón de la veleidad y la suntuosidad para hacer de su informe un recuento de cifras alegres y transformar el escenario en una pasarela con alfombra roja para el senador Félix Salgado. El aire triunfalista no dejó espacio para la reflexión crítica ni el análisis ponderado, fue más bien un ritual para el besamanos y el caravaneo político. La cargada del partido guinda repitió las prácticas nefastas del acarreo, las porras y el aplauso fácil. El embeleso del poder hechizó a los asistentes que aparecieron en escena como dóciles seguidores de la gobernadora. Los detalles más cuidados fueron los escenográficos; el espacio visual, la palestra y la proyección de una estrella fulgurante. La algarabía se desbordó y el glamour de la nueva clase política dejo ver su poder adquisitivo. Los sectores sociales corporativizados y las organizaciones afines a Morena cumplieron con su cometido, de refrendar el apoyo incondicional a la gobernadora. Lo festivo invisibilizó la cauda lúgubre que miles de guerrerenses arrastran por el flagelo de la inseguridad y la violencia que se expande en las ocho regiones del estado.
Los 9 mil 500 millones de pesos que se aplicaron en la construcción de carreteras, en infraestructura educativa, obras de agua, salud y vivienda, contrastan con realidades que laceran la vida de las familias mayoritariamente pobres. La falta de caminos mantiene aisladas a miles de comunidades elevando los costos de los productos básicos por las dificultades de su traslado. En varias regiones no se ve dónde se pavimentaron los 3 mil 400 kilómetros que construyeron. Las principales carreteras que comunican con las cabeceras municipales requieren mantenimiento. Hay carreteras destrozadas como las de Tlapa-Metlatónoc, Tlapa-Olinalá, Chilapa-Tlapa por mencionar algunas de la Montaña. En esta región muchos niños y niñas caminan por los cerros para llegar a las escasas escuelas que hay tanto en la Montaña, como en la Sierra y la Costa Chica. El termómetro de esta grave carencia son las protestas que recurrentemente hay por la falta de maestros y maestras, por la nula o precaria infraestructura educativa, la falta de médicos en los centros hospitalarios y en las casa de salud, así como el desabasto generalizado de medicamentos.
Las viviendas no cuentan con el servicio de agua potable, la población tiene que comprar sus rollos de manguera para trasladar el agua por gravedad, los que no tienen recursos para comprarla utilizan sus animales para acarrearla de sus manantiales. Los jefes de familia lo poco que ganan como peones o jornaleros agrícolas destinan una parte para reconstruir sus viviendas. En temporada de lluvias, el viento y el agua tuerce o vuela sus techos de lámina. Sus adobes se reblandecen y las paredes se agrietan. Son contadas las familias que han sido beneficiadas con una vivienda, lo grave es que las personas más vulnerables que no hablan español ni cuentan con actas de nacimiento son descartadas para ser beneficiarias de una vivienda. Las familias jornaleras que están más de 6 meses fuera de sus comunidades tampoco son beneficiarias de los programas sociales en general.
Los caminos artesanales, que son parte del programa carretero del gobierno federal, aparecen como inversiones realizadas por el gobierno del estado. Desconocemos el monto erogado por el gobierno del estado de los 665 kilómetros de caminos rehabilitados y 297 obras que han beneficiado a 517 mil habitantes en los 19 municipios de la Montaña, la Costa Chica y también a la Sierra. Es admirable la cifra de 497 mil metros de tubería de agua potable, que equivale a la distancia entre Zihuatanejo y Punta Maldonado. Falta saber en qué municipios y que comunidades fueron las beneficiadas de estas obras hidráulicas. Tanto en el puerto de Acapulco, en sus comunidades rurales como en Cochoapa el Grande ésta es la demanda generalizada porque las redes de agua no funcionan. Las pocas obras que hay están hechas con material reciclado y a punta de remiendos de las tuberías. No hay comunidad que no tenga el problema en su red de agua potable y que sufra de desabasto de este líquido vital. Las poblaciones rurales no tienen otra alternativa que acarrear el agua.
Nos preocupó que en el informe no se abordara la situación de los derechos humanos, que es un tema central para las víctimas que sufren estas violaciones y que no encuentran la protección de las instituciones de derechos humanos y de la misma Fiscalía. Esta crisis ha generado desconfianza y un distanciamiento mayor por parte de los colectivos y familiares que han tenido amargas experiencias por el maltrato, la indolencia y la indiferencia de quienes tienen que investigar los delitos y las violaciones de los derechos humanos. Se ha relegado este tema de la agenda pública y se ha optado por invisibilizar y encubrir a quienes cometen atropellos a la ciudadanía. Pocas son las denuncias que prosperan contra servidores públicos y las quejas se han perdido en el laberinto democrático. El organismo público de derechos humanos se ha desdibujado, en lugar de estar del lado de las víctimas está al lado del poder. Se ha transformado en una oficialía de partes de la oficina de la gobernadora, en una instancia de gestión pública.
Sobre la violencia que padecen las mujeres no hay cifras que nos den una pauta de cómo monitorea el gobierno esta problemática y qué acciones ha emprendido para contenerla. Es insuficiente y poco objetiva la información que maneja sobre la alerta violeta que según ha alcanzado un 93 por ciento de efectividad en la búsqueda y localización de mujeres reportadas como desaparecidas. Hay un problema grave que muchas mujeres desaparecidas no son encontradas y algunas son asesinadas. La violencia contra ellas se ha recrudecido y los casos de feminicidios se han incrementado, a pesar de que los ministerios públicos se niegan a tipificar estos crímenes graves como feminicidios. No se le ha dado la importancia que requiere para dotar de personal suficiente, especializado y con ética profesional para atender con perspectiva de género y enfoque intercultural la violencia feminicida que se invisibiliza en las cifras oficiales.
Son insuficientes y muy acotadas las acciones para atender los casos de niñas que son víctimas de matrimonios forzados. Todo se reduce a dar talleres a los funcionarios municipales que son los menos interesados en atender estos asuntos. En los municipios de la Montaña donde más se registran estos casos las autoridades municipales, como presidentes y síndicos son parte del problema, porque revictimizan a las niñas, las encarcelan, las obligan a permanecer con su pareja a pesar de que ejerce violencia contra ellas. Negocian estas transacciones al obligar al padre de la niña a que regrese con intereses el dinero que gastó el suegro. Si no lo hace lo encarcelan o lo obligan a que firme un documento donde se compromete a pagar en determinado tiempo.
Como Centro de Derechos Humanos de la Montaña tenemos un registro de 11 feminicidios y dos por tentativa de feminicidio de enero al mes de agosto de este año. Tres feminicidios sucedieron en el municipio de Cochoapa El Grande, 3 en el municipio de Alcozauca; 3 en el municipio de Tlacoapa, uno en Acatepec y otro en Tlapa. En Malinaltepec y Alcozauca se registraron dos feminicidios en grado de tentativa. Doce casos son de mujeres indígenas y un caso es de una mujer mestiza. Ocho son del pueblo ñu savi y 4 del pueblo me´phaa. Los perpetradores son policías en dos casos, dos por ataque armado y el resto está relacionado con sus parejas. En dos casos los feminicidas usaron cuchillo para ultimarlas, una a golpes y el resto con armas de fuego.
Esta radiografía nos muestra un problema grave que no está siendo atendido con la urgencia e importancia que se requiere.
La Alerta Violeta es sólo un aspecto de los múltiples problemas que enfrentan las mujeres guerrerenses. Es impostergable diseñar una política integral que atienda de fondo esta violencia feminicida que resquebraja nuestro sistema de justicia y pone a prueba a la gobernadora para estar realmente cerca de las mujeres que padecen las violencias en sus hogares y comunidades.
Las expectativas que se fincaron con la llegada de Morena a la gubernatura del estado han quedado truncas, no sólo porque no hay un giro en los temas más sensibles para los guerrerenses como es el acceso efectivo a la justicia, la demanda generalizada de la seguridad pues cada vez se destruye el maltrecho tejido social y el empoderamiento de los grupos delincuenciales que han tomado el control en amplias franjas del estado y se han erigido como un poder fáctico que supedita a las autoridades municipales. La seguridad pública ha dado tumbos, los mismos cambios de sus titulares nos indican que no hay un rumbo claro dejando inerme a una población que tiene miedo y que también desconfía de los cuerpos de seguridad y de quienes investigan los delitos por la colusión que existe al interior del aparato estatal.
Por otra parte la nueva clase política de Morena se ha subido a la locomotora del lopezobradorismo pero más por los intereses facciosos y particulares que los mueven y no por los principios que sustentan y le dieron fuerza al Movimiento de Regeneración Nacional para luchar contra la corrupción, contra la mafia del poder, contra el nepotismo, contra la política como negocio. La máxima de “por el bien de todos primero los pobres” entre la nueva clase política de Guerrero no parece ser el eje rector de la Cuarta Transformación. También la consigna de servir al pueblo con honestidad y vivir en la justa medianía se ha relativizado. Igualmente, la lucha por desmontar las estructuras de la corrupción gubernamental para que no siga habiendo pueblo pobre con gobierno rico, en nuestra entidad, sigue predominando la consigna porfirista “acátese pero no se cumpla”.

 

Desde el dolor más hondo de nuestro corazón

En memoria de todas las personas desaparecidas que son el tesoro más preciado y el amor más sublime de un estado atrofiado por la violencia y la impunidad. Nuestro aprecio y respeto a todos los familiares, colectivos y sobrevivientes por su lucha incansable y su fuerza inquebrantable.

Guerrero es el pozo de los tormentos y el mar de la fatalidad por las centenas de personas desaparecidas que el Estado mexicano fraguó desde las altas esferas del poder para exterminar a los rebeldes e insumisos. Desde la década de los sesenta el Ejército implantó la política del terror. Aplicó sus planes de contrainsurgencia con el objetivo de aniquilar a los insurrectos y avasallar a la población civil. Para hacer más cruento el sufrimiento de la persona detenida y de sus familiares la desaparición forzada se erigió en una práctica sistemática y generalizada: los agentes del estado se encargaron de privarlas de su libertad, de ocultar su paradero, de encerrarlos en cárceles clandestinas y condenarlos a un final funesto.
El Ejército fue el brazo ejecutor de esta estrategia: usó la fuerza letal, tuvo licencia para matar. Entró a las comunidades para detener arbitrariamente a cualquier persona, allanó domicilios para aterrorizar a las familias, aplicó la tortura para arrancar confesiones, confinó en las mazmorras a los detenidos, violó a las mujeres, quemó viviendas, corrió a las familias de sus hogares, ejecutó a los rebeldes y los tiró al mar.
Las atrocidades cometidas por el Ejército han sido toleradas por todos los gobiernos. Las investigaciones de crímenes están estancadas, ninguna prospera porque hay línea política de no tocar a las fuerzas armadas. La Fiscalía General de la República ha relegado estos casos, solo avanzan cuando los familiares ejercen presión y aportan pruebas. Todo está destinado para que los expedientes sean archivados.
Atoyac fue el epicentro de la brutalidad estatal. El Ejército llegó para exterminar a la guerrilla y a las comunidades que abrigaban la lucha del maestro Lucio Cabañas. La década de los setenta fueron los años fatídicos para toda la población que se adhería a la guerrilla de Lucios Cabañas y Genaro Vázquez. Varias comunidades se despoblaron por la persecución encarnizada contra las familias que llevaban los apellidos de los guerrilleros. 1974 fue el año de la represión generalizada y de una violencia irrefrenable implementada por el Ejército para arrancar de raíz la semilla de la rebelión.
Los vuelos de la muerte que reportó en su carta Benjamín Apresa, un militar desertor asignado a la Base Aérea Militar Número 7 de Pie de la Cuesta, da cuenta de 183 personas (174 hombres y 9 mujeres) que fueron registradas con sus nombres y seudónimos y que fueron tiradas al mar, distribuidas en 19 viajes. El 89 por ciento de las personas registradas en los vuelos de la muerte eran de Guerrero y en su mayoría del municipio de Atoyac. Estos avances del modo de operar del Ejército no son producto de las investigaciones de la Fiscalía, sino de los familiares, colectivos, investigadores, periodistas y defensoras de derechos humanos. Es un esfuerzo titánico por conocer el paradero de los desaparecidos de la época sombría del terrorismo de Estado.
El Estado fue el responsable de las desapariciones forzadas del pasado, es una denuncia vigente que tiene un continuum de impunidad porque conecta las desapariciones del pasado con las del presente, con nuevos actores de la delincuencia organizada que se han enquistado en las estructuras del poder político y son los que se encargan de hacer el trabajo sucio de causar terror entre la población sin ser investigados ni encarcelados. El Estado sigue siendo cómplice porque no investiga, no castiga y no apoya a las víctimas en la búsqueda de sus familiares.
Con el tiempo las desapariciones lejos de disminuir se incrementaron, pero ahora instrumentalizadas con la expansión de los grupos de la delincuencia organizada en colusión con las autoridades de los tres niveles de gobierno. Las corporaciones policiacas y las fuerzas armadas fueron infiltradas por la delincuencia como quedó demostrado con la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en 2014. Las madres y padres emprendieron una lucha para buscar a sus hijos. Fue un parteaguas porque las familias de Iguala, Chilpancingo, Acapulco, Atoyac, Ayutla de los Libres, Taxco, Chilapa, Zitlala y Tlapa rompieron el silencio.
En la región de la Montaña, las familias indígenas también se han tenido que organizar para realizar búsquedas. Ha sido muy difícil porque son discriminadas por las autoridades. Con el pesar que cargan luchan a contracorriente para recorrer cerros y barrancas, buscando las huellas de sus seres queridos.
El colectivo Luciérnaga surge en este torbellino de violencia criminal. Con la dolorosa desaparición y el asesinato del defensor comunitario, Arnulfo Cerón Soriano, las familias rompieron el silencio y decidieron denunciar las desapariciones que se han consumado en el municipio de Tlapa. En noviembre del 2019 se logró dar con el paradero del defensor 3 metros bajo tierra. Este hallazgo representó para las familias una luz en la oscuridad. En medio del dolor y el miedo surgió la iniciativa de crear el colectivo Luciérnaga integrado por 50 familias. De las 8 jornadas de búsqueda que han realizado encontraron 11 cuerpos y más de 120 restos humanos. En enero de este año fueron entregados los restos de don Porfirio Barrera, gracias a la tenacidad y persistencia de su familia.
Este 30 de agosto se conmemoró el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición para las familias este 30 de agosto significa dolor, indignación, impotencia e incertidumbre por no saber el paradero de sus hijos, hijas, madres, padres o hermanos. Recordarlos y nombrarlos es un acto de resistencia y memoria, es una coyuntura propicia para denunciar a las autoridades por su complicidad, negligencia y corrupción. Por eso las buscadoras indígenas, como un ejercicio para mantener viva la memoria de sus seres queridos narran las historias crudas de la desaparición de sus familiares.
Mi nombre es Amalia. Soy originaria de la comunidad de San Miguel el Viejo, municipio de Cochoapa el Grande. Llegué a vivir con mi familia a Tlapa hace 25 años. En el 2016 mi hijo Fredy salió de nuestra casa para ir a comprar una ficha de teléfono con su amigo. Luego fueron a cenar unos tacos a una taquería, pero a pocos minutos llegó una camioneta negra de donde bajaron sujetos armados y se los llevaron.
Mi esposo y yo salimos a buscarlo más noche porque no llegaba. Fuimos a preguntarle a su amigo si lo había visto y nos contó lo que pasó. Se nos hizo extraño que él estuviera en su casa y nuestro hijo no haya regresado. Mi esposo lo llevó con la policía preventiva para que dijera quién se llevó a Fredy, pero no quiso hablar. La policía, en lugar de ayudarnos a investigar y buscar a mi hijo, dejó ir al testigo que sabía dónde podría estar mi hijo porque no había una denuncia previa y arrestó a mi esposo. Para soltarlo nos dijeron que teníamos que pagar una multa. Investigamos y lo fuimos a buscar a las barrancas y cerros, encontramos fosas, pero no lo encontramos a él. A pesar de que recibimos amenazas lo seguimos buscando. El 2 de agosto de 2020 mi esposo fue asesinado, pero hasta hoy no se ha hecho justicia y tampoco sé dónde está mi hijo.
Mi hermana Yanderi lleva 8 años desaparecida, desde el 3 de marzo del 2017. Ese día Yanderi iba a ir a una peregrinación en la Ciudad de México. Siempre me mantenía informada cuando salía, pero ese día no llamó. Creí que se le había olvidado o que me avisaría cuando ya estuviera allá. Más tarde su amiga me avisó que mi hermana no llegó al punto de encuentro y no sabía nada de ella. Nos preocupamos y comenzamos a buscarla, la llamamos, pero su teléfono estaba fuera de servicio.
Fuimos al Ministerio Público a poner una denuncia, pero no nos la recibieron hasta tres días después. Lo primero que le dijeron a mi mamá es que querían testigos, que los buscáramos y los lleváramos con ellos. Después nos unimos al colectivo Luciérnaga, vimos apoyo por parte de Tlachinollan. Lo malo es que, a pesar de este apoyo, las autoridades no nos hacen caso, sólo nos dan fechas para informarnos del caso, pero no nos dicen nada y nos vuelven a reagendar. Pienso en el dolor de otras familias que están pasando por lo mismo y que tal vez si nos uniéramos las autoridades voltearían a vernos. Tenemos que perder el miedo. Yo sólo quiero encontrar a mi hermana.
La mayoría de las personas desaparecidas son jóvenes y mujeres indígenas con sueños truncados. En sus comunidades no hay oportunidades de estudiar, sobreviven del campo, del comercio y del trabajo artesanal. Las víctimas de desaparición en la Montaña son maltratadas por hablar otro idioma, se les discrimina por venir de comunidades apartadas y se les ignora por ser analfabetas. El Ministerio Público, además de que las trata con desprecio, no tiene sensibilidad para atenderlas con respeto; la Fiscalía no cuenta con intérpretes ni personal que conozca las culturas indígenas. Ponen en duda lo que declaran, estigmatizan a la persona desaparecida. Son los familiares quienes se encargan de hacer las investigaciones, las búsquedas en contextos sumamente peligrosos. Es el círculo perverso de la impunidad que empodera a los perpetradores y deja en estado de indefensión a las víctimas. En la Montaña las personas desaparecidas son el dolor más hondo que nos sumerge en el fango de la violencia y nos confina a vivir en la miseria y la orfandad.

 

Mujeres que luchan y que pierden la vida

Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan

La lucha imbatible de Tita Radilla: 51 años buscando a su padre Rosendo. La confabulación del poder civil con el poder militar nunca sepultará la digna memoria de los desaparecidos. Persistencia y combatividad de Martha Obezo en su exigencia de justicia, por el asesinato de Armando Chavarría Barrera, en su 16° aniversario luctuoso.

El pasado jueves 21, en la víspera de la discreta visita que hizo al nuevo hospital de Tlapa la presidenta de la República Claudia Sheibaum, dos jóvenes mujeres de Yozondacua El Nuevo, municipio de Cochoapa El Grande, fueron asesinadas cuando regresaban a su comunidad en un Tsuru. El esposo de una de ellas manejaba la unidad y la hija menor viajaba a su lado. Nunca dimensionaron el peligro de salir por la tarde para hacer algunas compras y regresar por la noche.
En Cochoapa El Grande uno de los grupos delincuenciales que tienen asolada la región, ubicó a la familia que entró al pueblo. Habían acudido para comprar un pastel con motivo del cumpleaños de su hija. De inmediato se regresaron. Todo transcurría en calma, hasta que una camioneta los alcanzó y los rebasó. No maliciaron las intenciones que llevaba. Cerca de Barranca de la Palma el papá alcanzó a ver que la camioneta hacía maniobras para cerrarles el paso. Antes de que lograra su objetivo el chofer aceleró y logró escabullirse. De inmediato los maleantes accionaron sus armas contra el vehículo. Las balas se incrustaron en los cuerpos de las dos mujeres que viajaban en el asiento de atrás. Las dos murieron al instante. La menor quedó herida y el papá resultó con pequeñas lesiones. Como pudo llegó a la comunidad con la trágica noticia de las dos mujeres asesinadas y su hija herida. La menor fue trasladada el hospital de Cochoapa El Grande que optó por trasladarla al Hospital General del IMSS-Bienestar de Tlapa, donde estuvo de visita la presidenta Claudia.
Aparte de la niña herida, había otras pacientes en el nuevo hospital. En el área de pediatría se encuentra otra niña con el diagnóstico de hepatitis tipo A y con anemia grado III. A las 7 de la mañana del viernes 22 el médico que la revisó ordenó que le realizaran los estudios de VIH, VDRL y PSA así como la aplicación de albúmina humana al 20%. La familia confió en que en el mismo hospital le realizarían los estudios y que le dotarían del medicamento. No fue así, les indicaron que tenían que comprar la albúmina y que vieran en qué laboratorio les podían hacer los estudios.
Alrededor del medio día llegó la presidenta de la República para constatar que el nuevo hospital está funcionando con todos los servicios. Anunció en sus redes sociales que había recorrido las instalaciones, pero no sabemos si verificó o que haya tenido información de que no está funcionando el laboratorio y que tampoco está surtida la farmacia de medicamentos. Hasta este domingo la menor sigue en espera de que la atiendan. A los familiares les informaron que sería trasladada a otro centro hospitalario porque requiere otro nivel de hospitalización.
Es grave que en un hospital que al final no se construyó de tercer nivel (como prometió el presidente Andrés Manuel López Obrador), aún se carezca de los servicios básicos de laboratorio y de medicamentos. De acuerdo con la información oficial el nuevo hospital de IMSS-Bienestar beneficiará a 400 mil personas de la Montaña, con una inversión histórica de 2 mil 400 millones de pesos en infraestructura y 650 millones en equipamiento. Lo real es que los pacientes, que en su mayoría vienen de las comunidades indígenas, tienen que acudir a laboratorios privados y a las farmacias de los emporios farmacéuticos desembolsando dinero que consiguen prestado.
En esa misma tarde la comunidad nahua de Atlamajalcingo del Río, municipio de Tlapa, que llevaba 3 días y 2 noches bloqueando la carretera federal de Chilpancingo, tuvieron conocimiento de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. De inmediato se organizaron y nombraron una comisión conformada por las autoridades y 4 mujeres de la comunidad. Desconocían el lugar exacto donde llegaría. Acudieron al seminario, donde regularmente realizan reuniones los funcionarios públicos, sin embargo, el lugar estaba vacío. Se guiaron por los helicópteros que bajaron en las instalaciones del batallón y hasta allá llegaron. Esperaron que la presidenta saliera del hospital. Cuando vieron movimiento de vehículos y del personal de seguridad se colocaron a un costado de la calle, en la esquina que lleva al batallón. Al verla las compañeras alzaron las manos y se acercaron al vehículo que se detuvo. De inmediato le comentaron que iban de parte de su comunidad para entregarle un documento. La presidenta lo recibió y lo revisó. Las mujeres le narraron la situación de abandono en que se encuentran, le informaron que en su comunidad no hay obras, se quejaron de la nula atención de parte de las autoridades municipales y plantearon sus demandas que vienen arrastrando desde el 2017.
La presidenta dispuso de tiempo para escucharlas. Ahí se enteró que toda la comunidad estaba bloqueando la carretera como medida desesperada por la desatención y negativa del presidente municipal de reunirse con ellos. Firmó el documento que le entregaron. En ese momento pidió a la subsecretaria de Desarrollo Democrático, Rocío Bárcena Molina, que se comunicara con el subsecretario de Asuntos Políticos del estado, Francisco Rodríguez, para concertar la cita con el presidente municipal. La presidente les comentó que no realizaran esas acciones porque ponían en peligro a los niños y las personas mayores. Las jóvenes le comentaron que no tuvieron otra alternativa y le manifestaron su enojo y cansancio por no ser escuchadas ni tomadas en cuenta. Al final les comentó que la subsecretaria Rocío estará al pendiente de esta reunión y valorará si se requiere de la participación de la federación para atender el rezago de sus demandas. Mostró su disposición para apoyar a la comunidad. Este encuentro inesperado fue una gran lección para la comunidad que encontró una respuesta favorable de la presidenta de la República y la población masculina valoró el arrojo y la decisión de las jóvenes mujeres que plantearon con claridad y contundencia la problemática que viene arrastrando su comunidad.
Los encuentros que tuvo la presidenta de la República en su gira por Acapulco y la Costa Chica fueron muy impactantes por la presencia y participación de las mujeres del pueblo amuzgo. El colorido de sus prendas es la expresión artística de su cosmovisión, de su forma de mirar el mundo, del respeto que guardan a la madre tierra. Sus saberes son transmitidos de generación en generación. Son las sabias que saben preservar su cultura y su idioma. Las que han resistido la discriminación y el desprecio de los gobernantes, las que han tenido que soportar las violencias de los hombres y que aún son sojuzgadas por los caciques locales y los políticos embusteros.
Su arte ha trascendido fronteras, sin embargo, la mayoría de ellas no terminaron la escuela primaria. El analfabetismo es más alto entre las mujeres. Los abusos son constantes porque su obra de arte es mal pagada y regularmente son víctimas del atraco y del engaño de los intermediarios. Muchas mujeres tienen que salir a vender para sostener económicamente a la familia. Además de trabajar en el telar, tienen a su cargo a los hijos, los quehaceres de la casa y la elaboración de la comida. La justicia para las mujeres indígenas aún no llega a las comunidades ni municipios donde habitan. A la mayoría les niegan el derecho a contar con una parcela, a participar con voz y voto en las asambleas, a ser parte del banco de principales. Sobre los bienes materiales están vetadas para poder heredar, lo paradójico es que las mujeres son las que han sabido preservar y heredar a las nuevas generaciones toda su sabiduría, su arte, su idioma y su cultura.
Empoderar a las mujeres indígenas es el gran desafío de la presidenta de la República, es claro su compromiso y su determinación para colocarlas en el centro, como actoras del cambio e impulsar las transformaciones sociales. Los planes de justica buscan revertir el rezago social y tomar en cuenta la voz de las comunidades, sin embargo, los problemas estructurales que enfrentan las comunidades indígenas no son atendidos. La alta conflictividad agraria requiere un tratamiento cuidadoso e inter institucional, pero no se le da prioridad. Hay comunidades confrontadas por muchas décadas con costo muy alto de vidas humanas. Los conflictos ocasionados por la defensa del río también representan disputas con caciques locales, empresas extractivistas que requieren intervenciones de alto nivel para contener la depredación ambiental. El saqueo de los bienes naturales sigue sin poder ser controlado por las comunidades agrarias por los intereses económicos que prevalecen por encima de los derechos comunitarios.
El control territorial no está en manos de las autoridades sino de las organizaciones delincuenciales que se han infiltrado en las presidencias municipales para hacer negocios con el presupuesto público. Los jefes de las plazas tienen más poder que las autoridades municipales, el transporte público es un negocio de grupos caciquiles amafiados con la delincuencia. Las rutas están controladas y disputadas con violencia entre las bandas del crimen organizado. La población es rehén de este clima de terror. Las comunidades que siguen en el abandono tienen que lidiar con quienes imponen su ley con las armas. La resistencia histórica de los pueblos y la digna lucha de las mujeres sucumbirán ante un poder destructor, si las autoridades de los tres niveles de gobierno se niegan a desmontar esta estructura delincuencial que está imbricada con los poderes locales. La violencia y la impunidad seguirán imperando a pesar de los planes de justicia. Lo grave será que las mujeres que luchan seguirán subyugadas y confinadas a padecer la violencia.