La cadete Giovana Olmos Cebrero, originaria de la comunidad de Bajos del Ejido del municipio de Coyuca de Benítez, antes de abordar el buque escuela Cuauhtémoc ayer durante el inicio de su gira de instrucción por puertos de Estados Unidos y Canadá Foto: Carlos Carbajal
Daniel Velazquez
Al menos dos guerrerenses forman parte de la travesía de este año que realiza el Buque Escuela Cuauhtémoc por cinco puertos del Océano Pacífico por Estados Unidos y Canadá: Christian Nava Jiménez, de Sabanillas, municipio de Acapulco, y Giovanna Olmos Cebrero, de Bajos del Ejido, municipio de Coyuca de Benítez. Ambos repiten experiencias en el barco.
Christian Nava tiene diez años como marino y nueve participando como parte de la tripulación en el Buque Escuela Cuauhtémo. Giovanna Olmos tiene dos años en la Marina y este es su segundo viaje en el buque.
Ambos fueron consultados en el muelle de la Base Naval antes de embarcarse en el Crucero de Instrucción Pacífico Norte 2026.
Christian Nava es segundo maestre. Contó que le gustaba el prestigio de la Marina cuando llegaba a su pueblo y eso fue lo que le llamó la atención y fue su sueño ser parte de la Marina.
Definió su ingreso a como un proceso en el que cumplió con los requisitos como estatura, condiciones de salud y nacionalidad mexicana y para ser parte de la tripulación del buque, además tuvo que pasar por exámenes sicológicos.
Cuando ingresó fue parte de una patrulla oceánica y después se integró al Buque Escuela Cuauhtémoc. En su primera experiencia en 2017 estuvo diez meses fuera del país y “me gustó bastante”. Define su experiencia en el mar como “muy buena e interesante”.
“Ahorita se puede decir que estamos acostumbrados a la navegación y a las diferentes condiciones que nos da la mar, pero seguimos aprendiendo”.
De lo ocurrido en Nueva York, Nava Jiménez dijo: “sabemos que las actividades que tiene un marinero siempre implican riesgo, más sin embargo estamos enfocados a que este crucero sea la mejor experiencia”.
Explicó que en el buque cada marinero está enfocado en sus actividades. Él forma parte del equipo de maniobras, maquinistas, comunicación, guardiamarinas y llevan sus estudios de navegación y prácticas.
“Nosotros tenemos una rutina, un horario para cada actividad, entonces por lo regular el día se nos pasa rápido”.
Abundó que la rutina de los marineros está adaptada igual que en tierra, tienen sus horarios de descanso, pueden jugar algún deporte y otros prefieren estudiar.
Sobre la convivencia entre hombres y mujeres en el barco, dijo que todos participan en las labores que tienen asignadas por igual y que se rigen por valores como el respeto.
A su familia les pidió paciencia por su ausencia como parte de su trabajo. Contó que su madre “esta convencida de que debe servir a la institución y me apoya”.
Indicó que en estos nueve años como parte de la tripulación ha visitado puertos de unos 40 países y los recuerdos que tienen es que siempre son recibidos con mucha calidez.
Giovanna Olmos es guardiamarina. Es la segunda vez que forma parte del grupo que va en buque. Esta segunda experiencia le permite ir mas confiada. Recordó que la primera vez que participó le preocupaba su seguridad porque “el mar es un medio lleno de peligros, sorpresas, uno nunca sabe lo que puede pasar allá adentro y ahí me di cuenta que la seguridad siempre es lo primordial”.
Contó que de niña no pensaba en el mar como un espacio donde podría desarrollarse profesionalmente, pero después de su primera experiencia “me di cuenta que de aquí soy y estoy muy orgullosa de pertenecer a la Armada”.
Indicó que ingresó a la Marina por su padre, quien fue parte de la tripulación del buque Cuauhtemoc y le contaba sus experiencias como marinero. Ella es egresada de la Heroica Escuela Naval y fue allí donde descubrió que esto “es para lo que nací”.
Indicó que para ser parte de la Marina buscó los requisitos por internet. Su padre le ayudó a completar los requisitos y no fue difícil su ingreso a la Marina.
Contó que las labores que hace una mujer en el buque son las mismas de un hombre, hay igualdad de condiciones y las mismas responsabilidades.
Los guardiamarinas, dijo, van en el crucero para continuar su formación y a bordo del buque se imparten cursos, conferencias y preparación para presentar su examen profesional que les permite ascender dentro de la Marina.
El Crucero de Instrucción Pacífico Norte 2026 visitará cinco puertos de Estados Unidos y Canadá con una tripulación de 281 marineros –74 mujeres y 207 hombres– y la travesía será de tres meses. Irá a Victoria, Honolulu, San Francisco, San Diego y Seward. Es el primer viaje luego del accidente del 17 de mayo de 2025 en Nueva York, que dejó dos marinos muertos y 22 heridos. En la imagen cadetes al momento de dejar el puerto en la nave en la que van Giovanna Olmos, de Bajos del Ejido, y Christian Nava, de Sabanillas Foto: Carlos Carbajal
Dos guerrerenses van en el buque; se dicen
orgullosos de pertenecer a la Armada
Integran la tripulación Christian Nava Jiménez, de Sabanillas, y Giovanna Olmos Cebrero, de Bajos del Ejido, quien dice que “es un sueño”
Daniel Velazquez
Al menos dos guerrerenses forman parte de la travesía de este año que realiza el Buque Escuela Cuauhtémoc por cinco puertos del Océano Pacífico por Estados Unidos y Canadá: Christian Nava Jiménez, de Sabanillas, municipio de Acapulco, y Giovanna Olmos Cebrero, de Bajos del Ejido, municipio de Coyuca de Benítez. Ambos repiten experiencias en el barco.
Christian Nava tiene diez años como marino y nueve participando como parte de la tripulación en el Buque Escuela Cuauhtémo. Giovanna Olmos tiene dos años en la Marina y este es su segundo viaje en el buque.
Ambos fueron consultados en el muelle de la Base Naval antes de embarcarse en el Crucero de Instrucción Pacífico Norte 2026.
Christian Nava es segundo maestre. Contó que le gustaba el prestigio de la Marina cuando llegaba a su pueblo y eso fue lo que le llamó la atención y fue su sueño ser parte de la Marina.
Definió su ingreso a como un proceso en el que cumplió con los requisitos como estatura, condiciones de salud y nacionalidad mexicana y para ser parte de la tripulación del buque, además tuvo que pasar por exámenes sicológicos.
Cuando ingresó fue parte de una patrulla oceánica y después se integró al Buque Escuela Cuauhtémoc. En su primera experiencia en 2017 estuvo diez meses fuera del país y “me gustó bastante”. Define su experiencia en el mar como “muy buena e interesante”.
“Ahorita se puede decir que estamos acostumbrados a la navegación y a las diferentes condiciones que nos da la mar, pero seguimos aprendiendo”.
De lo ocurrido en Nueva York, Nava Jiménez dijo: “sabemos que las actividades que tiene un marinero siempre implican riesgo, más sin embargo estamos enfocados a que este crucero sea la mejor experiencia”.
Explicó que en el buque cada marinero está enfocado en sus actividades. Él forma parte del equipo de maniobras, maquinistas, comunicación, guardiamarinas y llevan sus estudios de navegación y prácticas.
“Nosotros tenemos una rutina, un horario para cada actividad, entonces por lo regular el día se nos pasa rápido”.
Abundó que la rutina de los marineros está adaptada igual que en tierra, tienen sus horarios de descanso, pueden jugar algún deporte y otros prefieren estudiar.
Sobre la convivencia entre hombres y mujeres en el barco, dijo que todos participan en las labores que tienen asignadas por igual y que se rigen por valores como el respeto.
A su familia les pidió paciencia por su ausencia como parte de su trabajo. Contó que su madre “esta convencida de que debe servir a la institución y me apoya”.
Indicó que en estos nueve años como parte de la tripulación ha visitado puertos de unos 40 países y los recuerdos que tienen es que siempre son recibidos con mucha calidez.
Giovanna Olmos es guardiamarina. Es la segunda vez que forma parte del grupo que va en buque. Esta segunda experiencia le permite ir mas confiada. Recordó que la primera vez que participó le preocupaba su seguridad porque “el mar es un medio lleno de peligros, sorpresas, uno nunca sabe lo que puede pasar allá adentro y ahí me di cuenta que la seguridad siempre es lo primordial”.
Contó que de niña no pensaba en el mar como un espacio donde podría desarrollarse profesionalmente, pero después de su primera experiencia “me di cuenta que de aquí soy y estoy muy orgullosa de pertenecer a la Armada”.
Indicó que ingresó a la Marina por su padre, quien fue parte de la tripulación del buque Cuauhtemoc y le contaba sus experiencias como marinero. Ella es egresada de la Heroica Escuela Naval y fue allí donde descubrió que esto “es para lo que nací”.
Indicó que para ser parte de la Marina buscó los requisitos por internet. Su padre le ayudó a completar los requisitos y no fue difícil su ingreso a la Marina.
Contó que las labores que hace una mujer en el buque son las mismas de un hombre, hay igualdad de condiciones y las mismas responsabilidades.
Los guardiamarinas, dijo, van en el crucero para continuar su formación y a bordo del buque se imparten cursos, conferencias y preparación para presentar su examen profesional que les permite ascender dentro de la Marina.
El ex guerrillero y ex integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad) de Guerrero Nicomedes Fuentes García, en entrevista Foto: Carlos Carbajal
Ramón Gracida Gómez
Primera de dos partes
En 1973, estudiantes de la Univer-sidad Autónoma de Guerrero (UAG) organizaron el Movi-miento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre, con la intención de quitarle presión al Partido de los Pobres liderado por Lucio Cabañas Barrientos, que combatía al Ejército.
Subieron a la sierra de Atoyac para participar en la “Convención” que reunió a todos los grupos guerrilleros activos en el país, pero el propósito de articularse entre ellos no prosperó porque no había “un movimiento social que fuera un respaldo”, señaló Nicomedes Fuentes García, testimonio vivo de aquel sueño no logrado.
Estoico por militancia, el ex guerrillero fue reacio en la entrevista a compartir detalles de las acciones militares que realizó y de nombrar a involucrados aún vivos, pero fue sincero al externar las secuelas de varios pasajes de sus 76 años de vida. “Me asusta, yo creo que hasta la vez, el tema de la inmersión en agua”, confesó recordando la tortura policiaca que sufrió en 1972 y que lo impulsó a radicalizarse.
En el libro La esperanza y el delirio, una historia de la izquierda en América Latina, el economista Hugo Pipitone lamen-ta la pérdida de generaciones ju-veniles involucradas en proyectos revolucionarios que fueron reprimidos brutalmente por regí-menes militares en el siglo XX.
“La mayor parte de las experiencias guerrilleras latinoamericanas terminará con la derrota y el sacrificio de jóvenes entusiastas, movidos por el rechazo de la injusticia y el deseo de repetir la épica de la Sierra Maestra” de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en Cuba.
Nicomedes fue uno de esos miles de jóvenes que creyeron en hacer la revolución mediante las armas y sobrevivieron, algunos en la academia, otros en la política electoral y unos más en la lucha social como él.
El 15 de septiembre de 1949, la campesina María Nieves García Hernández lo parió en la comunidad de Tepetixtla, municipio de Coyuca de Benítez. Fue el primer hijo de cuatro de una familia que sufrió el asesinato del padre Donato Fuentes Arcos por pleitos entre pobladores cuando él tenía 14 años, lo que lo obligó a salir del pueblo.
En el vaivén de la tragedia, estudió en la preparatoria Número Uno de la UAG en Chilpancingo en 1970, cuando eran tiempos del “control absoluto” del régimen priista en todos los ámbitos, incluida la máxima casa de estudios del estado.
El 19 de noviembre de 1971, integrantes de la Asociación Cívi-ca Nacional Revolucionaria (ACNR) secuestraron al rector, Jaime Castrejón Diez, acaudalado gerente de la refresquera Coca Cola, liberado después de nego-ciar, entre otras demandas, la excarcelación de guerrilleros del grupo de Genaro Vázquez Rojas.
El intenso año de 1972
Castrejón Diez renunció a la Rectoría. La UAG era un hervidero. El 7 de enero de 1972, un comando armado del Partido de los Pobres secuestró al director de la Preparatoria 2 de Acapulco, Jaime Faril Novelo, con la demanda de educación para los pobres del estado. Menos de un mes después, el 2 de febrero, Genaro Vázquez fue asesinado y los estudiantes, entre ellos Nicomedes, salieron a la calles.
En la elección del nuevo rec-tor, León Román fue considerado en un primer momento por los estudiantes, pero la conformación de la Unión Estudiantil Guerre-rense (UEG), cuyos líderes fun-dadores eran Juan García Costilla, Ricardo Texta, Saúl López Sollano y Guillermo Sánchez Nava, se amplió la perspectiva y se formó una terna integrada por Palemón Díaz Ortiz, Édgar Pavía Guzmán y Rosalío Wences Reza.
Wences Reza fue el elegido. Tenía el antecedente de haber participado en el movimiento de 1965 contra la reelección del rector Virgilio Gómez Moharro en el que destacaron los futuros guerrilleros García Costilla y Carmelo Cortés, y la aureola de terminar un doctorado en la universidad de Iowa, en Estados Unidos.
“Yo lo vi como candidato, pasó a los grupos (los salones de clase) todavía, tendría menos de 35 años. Era joven, con melena, bien vestido, con pantalones acampanados, como nosotros, y su discurso como lo conocimos, moderado, tranquilo, profundo”, lo describió Nicomedes.
“A todo el que detenían le preguntaban por la guerrilla”
En verano de 1972, Nicomedes viajó a Acapulco para inscribirse a la Facultad de Administración de Empresas. El 25 de junio el Partido de los Pobres emboscó al Ejército en el Arroyo de las Piñas, entre los poblados de San Andrés de la Cruz y Santiago de la Unión de Atoyac, y el 23 de agosto hizo lo mismo en el paraje conocido como Arroyo Oscuro.
Nicomedes se hospedaba con familiares en una casa de la colonia Azteca, cerca de Pie de la Cuesta. Ahí estaba Natividad Gutiérrez Fuentes, uno de sus dos primos de la comunidad Francisco del Tibor, torturados meses antes por la primera emboscada. Uno de sus tíos, Julio Fuentes Martínez, Chabelo, participaba en la guerri-lla y está desaparecido desde 1974.
Nicomedes y el resto de los presentes, entre ellos un hermano que después fue guerrillero del Partido de los Pobres bajo el seudónimo de Santiago, fueron detenidos por un grupo de la Policía Judicial de Acapulco comandada por Isidro El Chiro Galeana Barca, “una mera casualidad, no era una investigación hacia la guerrilla, sino que tal vez los nombres, los apellidos, Fuentes, y además a todo el que detenían le preguntaban por la guerrilla”.
Todos fueron liberados, salvo Nicomedes y el campesino Francisco Castro Castañeda, de quien recuperaría sus restos décadas después como integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad ) de Guerrero en El Posquelite, Coyuca de Benítez.
Durante 15 días, el estudiante y el campesino fueron torturados en los separos de la Policía Judicial a un costado de la cárcel de la colonia Hogar Moderno, hoy un hospital derruido. Al principio muchas preguntas “buscando hacernos caer en contradicciones y después golpes en los oídos, en el estómago, en los testículos, y toques eléctricos, pero “lo que más sentí que fue terrible, que me asusta, yo creo que hasta la vez, es el tema de la inmersión en agua”.
Su defensa, antecedente del bufete jurídico de la UAG
En la cárcel se encontró a los integrantes del comando que se-cuestró a Faril, los universitarios Octaviano Santiago Dionicio, Francisco Fierro Loza, Rubén Ramírez Lozano, José Alvarán Pérez y Guillermo Bello López.
También coincidió con los campesinos de El Quemado, detenidos masivamente a principios de septiembre, acusados por igual de participar en la emboscada de Arroyo Oscuro, “venían en harapos, en los huesitos, muy maltratados” por los militares.
El rector de la UAG tomó la decisión de defender a Nicomedes y al campesino Alfredo. Envió a los abogados Jorge Luis Rodríguez Losa y Manuel López Medina, que llegaron con Wences Reza para impulsar el proyecto de la Universidad-Pueblo, al igual que Alejandra Cárdenas y Antonio Hernández Fernández, entre otros.
El 27 de octubre de 1972 Nicomedes fue liberado y una comitiva acudió por él. Ahí iba Alfonso Portillo Cabrera, refugiado guatemalteco que se convertiría décadas después en presidente del país centroamericano. El ex preso le planteó a Wences Reza que hacía falta luchar por los campesinos encarcelados de El Quemado, “ahí yo creo que fue el principio para la instalación del primer bufete jurídico de la universidad”, uno de los proyectos más destacados de la Universidad-Pueblo.
Un grupo urbano en apoyo a Lucio en la Sierra
La cárcel “me cambió la visión, la vida, el pensamiento. Yo creía que era necesario hacer algo para que estas cosas cambiaran, no podía-mos vivir en esas circunstancias, con represión y con tanto maltrato”, relató Nicomedes, quien se propuso contactar a jóvenes con las mismas ideas. De los primeros, Juan García Costilla, quien había sido promotor de la democratizacion de la Federación Estudiantil Uiversiotaria Guerrerense (FEUG) y líder del movimiento urbano popular por la vivienda en Acapulco formando colonias como la Primero de Mayo.
La formación del núcleo guerrillero fue un trabajo selectivo, “muy cuidadoso” de cuadros jóvenes, que no fueran líderes para que el movimiento estudiantil se mantuviera independiente.
Sería un “grupo armado de apoyo al Partido de los Pobres para quitarle de alguna manera presión allá en la sierra y que emprendiera acciones que pudieran también ayudar a fortalecer el movimiento armado”.
La primera reunión formal fue en una casa particular en Chilpancingo a principios de 1973. Participaron unos diez jóvenes, entre ellos Nicomedes, García Costilla, sus cuñados Domingo Estrada Ramírez y Teresa, Jaime López Sollano, Víctor Hugo Herrera Pegueros, y otros que el entrevistado no quiso mencionar. La fecha de la muerte del Ché Guevara el 8 de octubre de 1967 inspiró el nombre.
Los jóvenes guerrilleros tenían la “cobertura” de ser estudiantes de la UAG que defendían a balazos cuando los porros priistas, dirigidos por personajes como Miguel Ángel Salgado Castillo y Armando Terrazas Sánchez, intentaban a través de armas y de bombas molotov tomar la Rectoría, ubicada en aquel entonces en la avenida Juárez de la capital.
La “Convención”
En junio, Nicomedes subió junto con otros dos integrantes del Movimiento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre a la Sierra de Atoyac, arriba de la comunidad de San Martín de las Flores, para participar en la “Convención” de la guerrilla de México,
Acudieron delegados del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) y Los Lacandones, entre otros grupos guerrilleros. Del Partido Comunista estuvo el futuro sindicalista universitario y posterior diputado federal, Pablo Sandoval Ramírez. Fueron seis días de planteamientos de los desafíos regionales que enfrentaba cada grupo con miras a una articulación entre ellos. Algunos se enfocaron mucho en la teoría y otros proponían acciones fuertes como tomar cuarteles militares.
Pero el PRI siguiendo siendo muy fuerte y el asesinato de Lucio Cabañas el 2 de diciembre de 1974 se sumó a la muerte de Genaro Vázquez. “Entonces no fue posible articular un movimiento social que fuera un respaldo, no se logró formar una vanguardia en el país”, expuso Nicomedes, cuyo grupo bajó con el respaldo del Partido de los Pobres, una arma corta y dinero para comprar otras dos.
En la entrega de las condecoraciones y los premios al mérito civil 2015, con motivo del 166 aniversario de la fundación del estado de Guerrero, en donde estuvo presente el caso Ayotzinapa, el gobernador Rogelio Ortega Martínez afirmó por primera vez que el movimiento por la presentación de los 43 estudiantes pretendía convertirse en una “rebelión armada” y que se enteró que en los 46 ayuntamientos que estaban tomados, los inconformes tenían “armas almacenadas”.
En el que fue uno de sus últimos actos como gobernador interino, Ortega Martínez entregó anoche en el auditorio Sentimientos de la Nación de ésta capital, las condecoraciones y premios al mérito civil 2015 a 33 galardonados. La ceremonia comenzó a las 6 de la tarde y terminó a las 8 de la noche.
Los reconocimientos se entregan el 27 de octubre de cada año, sin embargo Ortega Martínez explicó que en ésta ocasión el gobernador electo, Héctor Astudillo Flores, le pidió que fuera él quien los entregara, “para que no quedara la sensación de que el gobierno de Rogelio Ortega seleccionó a los galardonados y luego no le toca a uno premiarlos”.
El presídium estuvo integrado por el todavía gobernador Rogelio Ortega Martínez; la presidenta del Tribunal Superior de Justicia, Lambertina Galeana Martín; en representación del poder legislativo, asistió la diputada del PVEM, María Luisa Vargas Mejía. Estuvo, también el secretario de Gobierno David Cienfuegos Salgado y la presidenta de la Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia, Magdalena Medina Hernández.
Durante su discurso, el todavía gobernador se refirió al caso Ayotzinapa y al movimiento por la presentación de los 43 estudiantes detenidos-desaparecidos la noche del 26 y la madrugada del 27. Antes de su discurso se había escuchado de entre el público la consigna de: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.
Ortega dijo que hace un año el estado de Guerrero “se nos iba de las manos al borde de la insurrección y la rebelión armada”.
Explicó que el movimiento, producto de la “tragedia de Iguala” y el “drama de Ayotzinapa” que dejó a 43 jóvenes desaparecidos se manifestaba con la crispación, el odio y la rabia en contra de los poderes del Estado y lo que consideraban la “narco política”.
Añadió que en el gobierno había preocupación “porque nos enteramos que en los 46 ayuntamientos tomados había armas almacenadas y el temor era que comenzara una rebelión, una guerra civil, una incursión armada que rebasaría al estado de Guerrero”.
Dijo que en esas condiciones le tocó gobernar pero que hoy no hay ayuntamientos tomados “y ninguno fue desalojado por la fuerza”. Presumió que utilizó como estrategia “el diálogo y tolerancia extrema”.
Explicó que a pesar de que hubo quienes, como el dirigente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Jaime Nava le decían que la situación ya era muy grave, pero que él, en cambio, les respondió que fueran comprensibles, que lo ayudaran porque no quería que la tragedia de Iguala y el drama de Ayotzinapa, terminara con otra tragedia.
Después, luego de una reseña de lo que es Guerrero, Ortega Martínez, hizo alusión también a la violencia que se vive en la entidad: “Guerrero es también el estado en donde se sufre la violencia delincuencial, el flagelo que todos los días deja una estela de agravios sociales y pérdida irremediable de vidas humanas. La delincuencia organizada que recluta de la pobreza y hace del secuestro, la extorsión, la trata de personas y la venta de drogas, su negocio, y su emporio a costa de cientos de jóvenes que todos los días pierden la vida de forma salvaje, atroz”.
Definió: “Este es el Guerrero que sufre la herida abierta por aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del 2014 en Iguala”.
Los premios
Antes de su intervención se habían entregado las condecoraciones y premios.
La condecoración al mérito Vicente Guerrero, la recibió Rafael Domínguez Rueda; la de Juan Álvarez, Ricardo Infante Padilla; la de Ignacio Manuel Altamirano, Secundino González Marrero; la de Defensa de Derechos Humanos Nicolás Bravo, la recibió a nombre de la Red Solidaria Década Contra la Impunidad, la secretaria técnica de este organismo Magdalena López Paulino; y el premio al mérito indigenista Cuauhtémoc, la recibieron la líder indígena Hermelinda Tiburcio Cayetano y el director de danza Xochicalli, Juan Carranza Soriano.
Además, el premio al mérito al desarrollo comunitario Moisés Ochoa Campos, lo recibieron René González Justo, Marco Antonio Guzmán García, y Omar Elías Azar Herrera; el premio al mérito de desarrollo rural Manuel Meza Andraca, lo recibió el presidente de el Colegio de Ingenieros Agrónomos, Antonio Colín Ramírez.
Asimismo, el premio al mérito político José Francisco Ruiz Massieu, lo recibieron Armando Astudillo Bello y Víctor Manuel Jorrin Lozano; el premio cívico Eduardo Neri, lo recibieron el notario público de Iguala Esaú Tapia Abarca y el presidente de la Coparmex, Jaime Nava Romero; el premio de asistencia social y servicios a la comunidad Eva Zánamo, lo recibieron Luz del Carmen Alarcón Romero, Luís Flores Lonazkuo y el Centro Psiquiátrico Cristo de la Misericordia, Asociación Civil; el premio ciencia y tecnología Guillermo Soberón lo recibió Icela Parra Rojas; el premio al mérito literatura y bellas artes Juan Ruíz de Alarcón lo recibieron Edmundo Jaimes Martínez y Fernando Alvares Aguilar.
Además, el premio al mérito de la educación y humanidades Ignacio Chávez, lo recibió Jorge Rendón Alarcón y José Legorreta Soberanis; la condecoración al mérito economía política Plácido García Reinoso, la recibió Idelfonso Napoleón Anaya Martínez; el premio al mérito deportivo Apolonio Castillo, lo recibieron Román Bello Vargas, Claudio Flores Sifú y Jesús David Pérez Martínez.
Finalmente, el premio al mérito juvenil José Azueta, lo recibió Abril Guadalupe Barruecos González; el premio al mérito de la mujer Antonia Nava de Catalán, la recibieron Magdalena Valtierra García y Olivia Hidalgo Domínguez; el premio al mérito ecológico Wilfrido Álvarez Sotelo, lo recibieron Juan Manuel Bernal Aguilar y a nombre del grupo La Iguana Verde, Elino Villanueva González
Los reconocimientos fueron entregados ante unas 500 personas.
Habló a nombre de los galardonados, Olivia Hidalgo Domínguez, quien dijo que Guerrero atraviesa por una de las etapas más complicadas de su historia. Que la sociedad está lastimada por la corrupción, la violencia y la “ambición desmedida de aquellos que recibieron la oportunidad de gobernarnos.
Añadió que por ello, los guerrerenses “estamos obligados a no cansarnos y a seguir empujando para que el estado no siga siendo el botín de unos cuantos y un lugar donde no hay oportunidades y hacen falta salud, educación y empleo para muchos.
Demandó, sin embargo, “olvidar el rencor por aquellos que nos han saqueado y miremos al Guerrero que se esfuerza, que cree, que se compromete y que lucha sin desmayos.
Dijo que vale la pena vivir en un Guerrero honesto, responsable y talentoso.
Durante la ceremonia no se explicó cómo se determinó y cuáles fueron los argumentos que se tomaron en cuenta para la selección de los galardonados. Tampoco de mencionó el perfil de cada uno de ellos.
Al inicio de la ceremonia, el secretario de Gobierno informó que recibieron 150 solicitudes para recibir el reconocimiento y que de ellos se seleccionaron a los 33 galardonados.