Nicomedes Fuentes: tras la clandestinidad y amnistía, las amenazas de Acosta Chaparro y de Acosta Víquez

El ex guerrillero y ex integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad) de Guerrero Nicomedes Fuentes García, en entrevista con el periódico El Sur Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

Segunda y última parte

Después de abandonar las armas de la guerrilla, los militantes en el proceso de ocupación de espacios de poder “nos perdimos porque se dejó de hacer el trabajo que se hacía y se hace más trabajo electoral”, reflexionó Nicomedes Fuentes García en el balance de su vida guerrillera en la década de 1970 y su activismo público a partir de 1982 por la amnistía federal.
Vivió ocho años de cárcel y clandestinidad, y suma décadas de búsqueda de sus compañeros desaparecidos porque los gobiernos, incluidos los de Morena, “no han podido contra la decisión de no tocar a los militares porque los militares saben qué hicieron con nuestros familiares”, señaló el ex integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad) de Guerrero.
A la par de la consolidación del Movimiento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre en el que Nicomedes participaba, el Partido de los Pobres sancionó a Carmelo Cortés en 1973 y el guerrillero contactó a las bases de Acapulco y fundó junto con su pareja combatiente Aurora de la Paz las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Ambos grupos armados urbanos sostuvieron reuniones, pero los estilos eran distintos. Los de las FAR eran “chavos que pues no guardaban la discreción interna” y la guerrilla 8 de Octubre era una organización “muy cuidadosa de los recursos, no se tomaban recursos por cualquier cosa ni mucho menos, destinadas hacia donde iban las cosas”.
Las FAR cooptaron a los dirigentes estudiantiles Saúl López Sollano y Guillermo Sánchez Nava, años después líderes del PRD. “Crecieron exponencialmente, así de fácil, y nosotros no lo veíamos así, sino un proceso de trabajo más de cuadros y las bases trabajadas, y los cuadros a través de un proceso de acercamiento”.
Los libros del finado Arturo Gallegos Nájera sobre su militancia en las FAR ofrecen algunas pistas de esas diferencias.

“Me van a triturar estos cabrones”

La función de Nicomedes, aseguró cautelosamente, consistía en “construir redes, logística, comunicación, de logística, casi no tengo experiencia operativa”.
Ese cuidado que todavía arrastra en su voz pausada y sigilosa, no lo salvó de su segunda detención-desaparición en marzo de 1974, un error “en una situación operativa que trabajó la organización, las cosas no salieron bien y pues a mí me identificaron en una zona campesina donde caminamos”.
Algunos de sus captores eran compañeros suyos de la Facultad de Derecho que buscaban principalmente a García Costilla “porque era el cabecilla”. Se apostaron en el hotel Aurelena de Chilpancingo, donde Nicomedes vivía desde que llegó a la capital del estado finales de la década de 1960 para estudiar, una beca habitacional de la empresa maderera en su pueblo Tepetixtla, Coyuca de Benítez, para que los jóvenes campesinos estudiaran.
Al verlos, Nicomedes consideró lanzarse “de cabeza de tres pisos hacia abajo y no estar en sus manos”, pero no pudo y transcurrieron dos semanas de cárceles clandestinas, una de ellas cerca de la playa La Angosta. “Desde que me detuvieron, yo me digo, ya soy candidato a desaparecer, me van a triturar estos cabrones”.
Actualmente, a los 76 años, compartió su satisfacción de soportar la tortura y no entregar a sus compañeros, “eso para una persona militante o para mí es muy satisfactorio. Yo me contaba que mi nombre estaría tal vez después en alguna lista de desaparecidos”.

Las FAL, “el grupo menos golpeado”

La detención de Nicomedes Fuentes obligó a los integrantes del grupo Movimiento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre a pasar a la clandestinidad y a cambiar de nombre por las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL). El preso aprovechó el tiempo para cooptar a Octaviano Santiago Dionicio, en la cárcel de 1972 a 1976, a la que regresó en 1978.
Afuera fue cooptada Aída Ramales Patiño, alias Nidia. La dedicación de tiempo completo de los jóvenes permitió al grupo armado crecer en el campo y en la ciudad “con medidas de seguridad apropiadas, creo que dentro de las organizaciones, el grupo menos golpeado fueron las FAL porque sobrevivimos un buen de compañeros”.
No obstante, hubo golpes. El primero de septiembre de 1974, Teresa Estrada Ramírez, joven estudiante de Filosofía y Letras de la UAG que entró al Palacio de Lecumberri para visitar, “sin informar, en solidaridad con el compa detenido, Juan Avilés Lino, y de ahí ya no salió. Repercute porque ella personalmente era muy valiosa”, dijo Nicomedes.
Fue la primera víctima de desaparición forzada de las FAL. Obdulio Ceballos fue asesinado en 1978, cuando salió de la cárcel, de quien dice que “estuvo mucho más cercano al gobierno, a colaborar”.

“Causa mucho coraje” el homenaje a Figueroa Figueroa

Nicomedes salió libre en marzo de 1977 por una amnistía del gobierno de Rubén Figueroa Figueroa, quien decía que saldrían “por la fórmula ph: por mis huevos”.
Apenas el 9 de noviembre de este 2025, el gobierno e la mo-renista Evelyn Salgado Pineda conmemoró el 117 aniversario del natalicio del ex gobernador priista. La “memoria histórica puede ser útil y se debe dar a conocer a las nuevas generaciones tal como es en realidad”, y el homenaje “causa mucho coraje, remueve situaciones, las decisiones de conmemoración a los victimarios, a los enemigos del pueblo de Guerrero”.
Antes de salir de la cárcel, el temible Mario Arturo Acosta Chaparro, entonces subdirector de la Policía Judicial del estado, le dijo a Nicomedes: “pórtate bien, ya es la segunda, ya no caigas una tercera vez porque la tercera es la vencida, estás chavo, tienes a tu esposa joven y muy guapa, y a tus hijos fulano, fulano”.
Y el procurador Carlos Ulises Acosta Víquez, “un tipo bajito, delgado, ya un poco grande de edad, sus ojos fijos, grandes, muy abiertos, parecían como si estuviera ido o bien drogado”, le dijo que le iba a partir su madre.

Un lustro de clandestinidad

Nicomedes sólo estuvo tres meses con su familia y se reincorporó al movimiento guerrillero, “en buena medida por el peso de protegerlos a ellos y estar de ahí era un gran riesgo para ellos”.
Fueron cinco años de clandestinidad, es decir, un lustro de “vivir realizando actividades cerradas, en entornos cerrados, no significa que encerrarse a pie de los muros, realizar la actividad que estamos impulsando pues en condiciones de secrecía, de cuidado, con una cobertura diferente, con una forma diferente de estar y yo asumí en mis regiones el trabajo político, ideológico y de formación para esto”.
El grupo de las FAL estaba “debidamente estructurado”, sumó en su esplendor seis células integradas por un máximo de seis integrantes cada una, y que podría dividirse en dos si estaba lo suficientemente “madura”.
No había comunicación entre las células, “estábamos compartimentados y la comunicación era por la dirección que le llamábamos Comisión Ejecutiva”. Sin embargo, reconoció Nicomedes, “nunca fuimos un grupo fuerte que fuera, digamos un sitio que pudiera impactar para el cambio social en este país, siempre pensando en que teníamos que confluir con todos los demás, crear las condiciones, recuperarnos de los golpes recibidos”.

El regreso a la vida pública

El entonces presidente José López Portillo decretó una amnistía política en 1978, que se extendió a 1982, lo que permitió a Nicomedes y sus compañeros regresar a la vida pública ese año. Habían sufrido varios golpes. El 18 de octubre de 1980, elementos de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y de la Brigada Blanca desaparecieron a Domingo Estrada Ramírez.
Su cuñado, Juan García Costilla, fue detenido un día antes en Morelia y estuvo desaparecido alrededor de un mes. Luego fue presentado en la cárcel de Hogar Moderno. Salió en 1982 junto con Santiago Dionisio, Arturo Gallegos, entre otros.
El 29 de julio de 1977 fueron desaparecidos Aída Ramales Patiño y Pablo Santana López. Él era estudiante de la preparatoria 7, de la que provenían 13 de los 20 estudiantes de la UAG desaparecidos en aquella década.
Las sobrevivientes de las FAL todavía no encuentran a Víctor Hugo Herrera Peguero y a Sofonías González Cabrera. De ella existe un registro fotográfico, al igual que de Domingo Estrada, de su paso por el centro clandestino de detención transitorio Circular de Morelia 8, en la Ciudad de México, entonces sede de la DFS y actualmente un declarado sitio de memoria.
Las FAL también reivindica a Eusebio Peñaloza Silva, quien no era un integrante formal, pero era amigo de Octaviano Santiago, quien durmió en su rancho en Cuajinicuilapa un día de 1978 huyendo de la acusación de matar a Obdulio Ceballos y al día siguiente Eusebio fue desaparecido. Juan Avilés Lino fue asesinado cerca del municipio de Hidalgo, Michoacán.
La vinculación con la Unión Estudiantil Guerrerense (UEG), particularmente con Guillermo Sánchez Nava, y el proceso de unificación con otros grupos, que condujo al congreso de unidad de la nueva Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) en enero de 1983, diluyó al grupo armado y Nicomedes formó parte de la comisión campesina de la Dirección Nacional de la incipiente organización.
“Lo que ocurrió después fue que se fueron ocupando espacios de poder, aunque sea pequeños o regulares, y ahí fue donde nos perdimos porque se dejó de hacer el trabajo que se hacía y se hace más trabajo electoral o medio popular o medio campesino desde la parte electoral”.
Fundador del PRD, “no me sentí bien en el trabajo del partido y me fui replegando”. Jubilado de la UAG, busca a los desaparecidos como parte del equipo de segui-miento de la Comverdad de Gue-rrero y reivindica constantemente la recuperación de la memoria histórica en los eventos conmemorativos de las víctimas de la guerra sucia.
Fue cercano al Mecanismo de Esclarecimiento Histórico (MEH) de la Comisión de la Verdad creada en el 2021 por el gobierno morenista de Andrés Manuel López Obrador.

 

Nicomedes Fuentes, de la lucha universitaria a la guerrilla: la tortura lo llevó a radicalizarse

El ex guerrillero y ex integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad) de Guerrero Nicomedes Fuentes García, en entrevista Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

Primera de dos partes

En 1973, estudiantes de la Univer-sidad Autónoma de Guerrero (UAG) organizaron el Movi-miento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre, con la intención de quitarle presión al Partido de los Pobres liderado por Lucio Cabañas Barrientos, que combatía al Ejército.
Subieron a la sierra de Atoyac para participar en la “Convención” que reunió a todos los grupos guerrilleros activos en el país, pero el propósito de articularse entre ellos no prosperó porque no había “un movimiento social que fuera un respaldo”, señaló Nicomedes Fuentes García, testimonio vivo de aquel sueño no logrado.
Estoico por militancia, el ex guerrillero fue reacio en la entrevista a compartir detalles de las acciones militares que realizó y de nombrar a involucrados aún vivos, pero fue sincero al externar las secuelas de varios pasajes de sus 76 años de vida. “Me asusta, yo creo que hasta la vez, el tema de la inmersión en agua”, confesó recordando la tortura policiaca que sufrió en 1972 y que lo impulsó a radicalizarse.
En el libro La esperanza y el delirio, una historia de la izquierda en América Latina, el economista Hugo Pipitone lamen-ta la pérdida de generaciones ju-veniles involucradas en proyectos revolucionarios que fueron reprimidos brutalmente por regí-menes militares en el siglo XX.
“La mayor parte de las experiencias guerrilleras latinoamericanas terminará con la derrota y el sacrificio de jóvenes entusiastas, movidos por el rechazo de la injusticia y el deseo de repetir la épica de la Sierra Maestra” de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en Cuba.
Nicomedes fue uno de esos miles de jóvenes que creyeron en hacer la revolución mediante las armas y sobrevivieron, algunos en la academia, otros en la política electoral y unos más en la lucha social como él.
El 15 de septiembre de 1949, la campesina María Nieves García Hernández lo parió en la comunidad de Tepetixtla, municipio de Coyuca de Benítez. Fue el primer hijo de cuatro de una familia que sufrió el asesinato del padre Donato Fuentes Arcos por pleitos entre pobladores cuando él tenía 14 años, lo que lo obligó a salir del pueblo.
En el vaivén de la tragedia, estudió en la preparatoria Número Uno de la UAG en Chilpancingo en 1970, cuando eran tiempos del “control absoluto” del régimen priista en todos los ámbitos, incluida la máxima casa de estudios del estado.
El 19 de noviembre de 1971, integrantes de la Asociación Cívi-ca Nacional Revolucionaria (ACNR) secuestraron al rector, Jaime Castrejón Diez, acaudalado gerente de la refresquera Coca Cola, liberado después de nego-ciar, entre otras demandas, la excarcelación de guerrilleros del grupo de Genaro Vázquez Rojas.

El intenso año de 1972

Castrejón Diez renunció a la Rectoría. La UAG era un hervidero. El 7 de enero de 1972, un comando armado del Partido de los Pobres secuestró al director de la Preparatoria 2 de Acapulco, Jaime Faril Novelo, con la demanda de educación para los pobres del estado. Menos de un mes después, el 2 de febrero, Genaro Vázquez fue asesinado y los estudiantes, entre ellos Nicomedes, salieron a la calles.
En la elección del nuevo rec-tor, León Román fue considerado en un primer momento por los estudiantes, pero la conformación de la Unión Estudiantil Guerre-rense (UEG), cuyos líderes fun-dadores eran Juan García Costilla, Ricardo Texta, Saúl López Sollano y Guillermo Sánchez Nava, se amplió la perspectiva y se formó una terna integrada por Palemón Díaz Ortiz, Édgar Pavía Guzmán y Rosalío Wences Reza.
Wences Reza fue el elegido. Tenía el antecedente de haber participado en el movimiento de 1965 contra la reelección del rector Virgilio Gómez Moharro en el que destacaron los futuros guerrilleros García Costilla y Carmelo Cortés, y la aureola de terminar un doctorado en la universidad de Iowa, en Estados Unidos.
“Yo lo vi como candidato, pasó a los grupos (los salones de clase) todavía, tendría menos de 35 años. Era joven, con melena, bien vestido, con pantalones acampanados, como nosotros, y su discurso como lo conocimos, moderado, tranquilo, profundo”, lo describió Nicomedes.

“A todo el que detenían le preguntaban por la guerrilla”

En verano de 1972, Nicomedes viajó a Acapulco para inscribirse a la Facultad de Administración de Empresas. El 25 de junio el Partido de los Pobres emboscó al Ejército en el Arroyo de las Piñas, entre los poblados de San Andrés de la Cruz y Santiago de la Unión de Atoyac, y el 23 de agosto hizo lo mismo en el paraje conocido como Arroyo Oscuro.
Nicomedes se hospedaba con familiares en una casa de la colonia Azteca, cerca de Pie de la Cuesta. Ahí estaba Natividad Gutiérrez Fuentes, uno de sus dos primos de la comunidad Francisco del Tibor, torturados meses antes por la primera emboscada. Uno de sus tíos, Julio Fuentes Martínez, Chabelo, participaba en la guerri-lla y está desaparecido desde 1974.
Nicomedes y el resto de los presentes, entre ellos un hermano que después fue guerrillero del Partido de los Pobres bajo el seudónimo de Santiago, fueron detenidos por un grupo de la Policía Judicial de Acapulco comandada por Isidro El Chiro Galeana Barca, “una mera casualidad, no era una investigación hacia la guerrilla, sino que tal vez los nombres, los apellidos, Fuentes, y además a todo el que detenían le preguntaban por la guerrilla”.
Todos fueron liberados, salvo Nicomedes y el campesino Francisco Castro Castañeda, de quien recuperaría sus restos décadas después como integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad ) de Guerrero en El Posquelite, Coyuca de Benítez.
Durante 15 días, el estudiante y el campesino fueron torturados en los separos de la Policía Judicial a un costado de la cárcel de la colonia Hogar Moderno, hoy un hospital derruido. Al principio muchas preguntas “buscando hacernos caer en contradicciones y después golpes en los oídos, en el estómago, en los testículos, y toques eléctricos, pero “lo que más sentí que fue terrible, que me asusta, yo creo que hasta la vez, es el tema de la inmersión en agua”.

Su defensa, antecedente del bufete jurídico de la UAG

En la cárcel se encontró a los integrantes del comando que se-cuestró a Faril, los universitarios Octaviano Santiago Dionicio, Francisco Fierro Loza, Rubén Ramírez Lozano, José Alvarán Pérez y Guillermo Bello López.
También coincidió con los campesinos de El Quemado, detenidos masivamente a principios de septiembre, acusados por igual de participar en la emboscada de Arroyo Oscuro, “venían en harapos, en los huesitos, muy maltratados” por los militares.
El rector de la UAG tomó la decisión de defender a Nicomedes y al campesino Alfredo. Envió a los abogados Jorge Luis Rodríguez Losa y Manuel López Medina, que llegaron con Wences Reza para impulsar el proyecto de la Universidad-Pueblo, al igual que Alejandra Cárdenas y Antonio Hernández Fernández, entre otros.
El 27 de octubre de 1972 Nicomedes fue liberado y una comitiva acudió por él. Ahí iba Alfonso Portillo Cabrera, refugiado guatemalteco que se convertiría décadas después en presidente del país centroamericano. El ex preso le planteó a Wences Reza que hacía falta luchar por los campesinos encarcelados de El Quemado, “ahí yo creo que fue el principio para la instalación del primer bufete jurídico de la universidad”, uno de los proyectos más destacados de la Universidad-Pueblo.

Un grupo urbano en apoyo a Lucio en la Sierra

La cárcel “me cambió la visión, la vida, el pensamiento. Yo creía que era necesario hacer algo para que estas cosas cambiaran, no podía-mos vivir en esas circunstancias, con represión y con tanto maltrato”, relató Nicomedes, quien se propuso contactar a jóvenes con las mismas ideas. De los primeros, Juan García Costilla, quien había sido promotor de la democratizacion de la Federación Estudiantil Uiversiotaria Guerrerense (FEUG) y líder del movimiento urbano popular por la vivienda en Acapulco formando colonias como la Primero de Mayo.
La formación del núcleo guerrillero fue un trabajo selectivo, “muy cuidadoso” de cuadros jóvenes, que no fueran líderes para que el movimiento estudiantil se mantuviera independiente.
Sería un “grupo armado de apoyo al Partido de los Pobres para quitarle de alguna manera presión allá en la sierra y que emprendiera acciones que pudieran también ayudar a fortalecer el movimiento armado”.
La primera reunión formal fue en una casa particular en Chilpancingo a principios de 1973. Participaron unos diez jóvenes, entre ellos Nicomedes, García Costilla, sus cuñados Domingo Estrada Ramírez y Teresa, Jaime López Sollano, Víctor Hugo Herrera Pegueros, y otros que el entrevistado no quiso mencionar. La fecha de la muerte del Ché Guevara el 8 de octubre de 1967 inspiró el nombre.
Los jóvenes guerrilleros tenían la “cobertura” de ser estudiantes de la UAG que defendían a balazos cuando los porros priistas, dirigidos por personajes como Miguel Ángel Salgado Castillo y Armando Terrazas Sánchez, intentaban a través de armas y de bombas molotov tomar la Rectoría, ubicada en aquel entonces en la avenida Juárez de la capital.

La “Convención”

En junio, Nicomedes subió junto con otros dos integrantes del Movimiento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre a la Sierra de Atoyac, arriba de la comunidad de San Martín de las Flores, para participar en la “Convención” de la guerrilla de México,
Acudieron delegados del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) y Los Lacandones, entre otros grupos guerrilleros. Del Partido Comunista estuvo el futuro sindicalista universitario y posterior diputado federal, Pablo Sandoval Ramírez. Fueron seis días de planteamientos de los desafíos regionales que enfrentaba cada grupo con miras a una articulación entre ellos. Algunos se enfocaron mucho en la teoría y otros proponían acciones fuertes como tomar cuarteles militares.
Pero el PRI siguiendo siendo muy fuerte y el asesinato de Lucio Cabañas el 2 de diciembre de 1974 se sumó a la muerte de Genaro Vázquez. “Entonces no fue posible articular un movimiento social que fuera un respaldo, no se logró formar una vanguardia en el país”, expuso Nicomedes, cuyo grupo bajó con el respaldo del Partido de los Pobres, una arma corta y dinero para comprar otras dos.