
Ramón Gracida Gómez
Primera de dos partes
En 1973, estudiantes de la Univer-sidad Autónoma de Guerrero (UAG) organizaron el Movi-miento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre, con la intención de quitarle presión al Partido de los Pobres liderado por Lucio Cabañas Barrientos, que combatía al Ejército.
Subieron a la sierra de Atoyac para participar en la “Convención” que reunió a todos los grupos guerrilleros activos en el país, pero el propósito de articularse entre ellos no prosperó porque no había “un movimiento social que fuera un respaldo”, señaló Nicomedes Fuentes García, testimonio vivo de aquel sueño no logrado.
Estoico por militancia, el ex guerrillero fue reacio en la entrevista a compartir detalles de las acciones militares que realizó y de nombrar a involucrados aún vivos, pero fue sincero al externar las secuelas de varios pasajes de sus 76 años de vida. “Me asusta, yo creo que hasta la vez, el tema de la inmersión en agua”, confesó recordando la tortura policiaca que sufrió en 1972 y que lo impulsó a radicalizarse.
En el libro La esperanza y el delirio, una historia de la izquierda en América Latina, el economista Hugo Pipitone lamen-ta la pérdida de generaciones ju-veniles involucradas en proyectos revolucionarios que fueron reprimidos brutalmente por regí-menes militares en el siglo XX.
“La mayor parte de las experiencias guerrilleras latinoamericanas terminará con la derrota y el sacrificio de jóvenes entusiastas, movidos por el rechazo de la injusticia y el deseo de repetir la épica de la Sierra Maestra” de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en Cuba.
Nicomedes fue uno de esos miles de jóvenes que creyeron en hacer la revolución mediante las armas y sobrevivieron, algunos en la academia, otros en la política electoral y unos más en la lucha social como él.
El 15 de septiembre de 1949, la campesina María Nieves García Hernández lo parió en la comunidad de Tepetixtla, municipio de Coyuca de Benítez. Fue el primer hijo de cuatro de una familia que sufrió el asesinato del padre Donato Fuentes Arcos por pleitos entre pobladores cuando él tenía 14 años, lo que lo obligó a salir del pueblo.
En el vaivén de la tragedia, estudió en la preparatoria Número Uno de la UAG en Chilpancingo en 1970, cuando eran tiempos del “control absoluto” del régimen priista en todos los ámbitos, incluida la máxima casa de estudios del estado.
El 19 de noviembre de 1971, integrantes de la Asociación Cívi-ca Nacional Revolucionaria (ACNR) secuestraron al rector, Jaime Castrejón Diez, acaudalado gerente de la refresquera Coca Cola, liberado después de nego-ciar, entre otras demandas, la excarcelación de guerrilleros del grupo de Genaro Vázquez Rojas.
El intenso año de 1972
Castrejón Diez renunció a la Rectoría. La UAG era un hervidero. El 7 de enero de 1972, un comando armado del Partido de los Pobres secuestró al director de la Preparatoria 2 de Acapulco, Jaime Faril Novelo, con la demanda de educación para los pobres del estado. Menos de un mes después, el 2 de febrero, Genaro Vázquez fue asesinado y los estudiantes, entre ellos Nicomedes, salieron a la calles.
En la elección del nuevo rec-tor, León Román fue considerado en un primer momento por los estudiantes, pero la conformación de la Unión Estudiantil Guerre-rense (UEG), cuyos líderes fun-dadores eran Juan García Costilla, Ricardo Texta, Saúl López Sollano y Guillermo Sánchez Nava, se amplió la perspectiva y se formó una terna integrada por Palemón Díaz Ortiz, Édgar Pavía Guzmán y Rosalío Wences Reza.
Wences Reza fue el elegido. Tenía el antecedente de haber participado en el movimiento de 1965 contra la reelección del rector Virgilio Gómez Moharro en el que destacaron los futuros guerrilleros García Costilla y Carmelo Cortés, y la aureola de terminar un doctorado en la universidad de Iowa, en Estados Unidos.
“Yo lo vi como candidato, pasó a los grupos (los salones de clase) todavía, tendría menos de 35 años. Era joven, con melena, bien vestido, con pantalones acampanados, como nosotros, y su discurso como lo conocimos, moderado, tranquilo, profundo”, lo describió Nicomedes.
“A todo el que detenían le preguntaban por la guerrilla”
En verano de 1972, Nicomedes viajó a Acapulco para inscribirse a la Facultad de Administración de Empresas. El 25 de junio el Partido de los Pobres emboscó al Ejército en el Arroyo de las Piñas, entre los poblados de San Andrés de la Cruz y Santiago de la Unión de Atoyac, y el 23 de agosto hizo lo mismo en el paraje conocido como Arroyo Oscuro.
Nicomedes se hospedaba con familiares en una casa de la colonia Azteca, cerca de Pie de la Cuesta. Ahí estaba Natividad Gutiérrez Fuentes, uno de sus dos primos de la comunidad Francisco del Tibor, torturados meses antes por la primera emboscada. Uno de sus tíos, Julio Fuentes Martínez, Chabelo, participaba en la guerri-lla y está desaparecido desde 1974.
Nicomedes y el resto de los presentes, entre ellos un hermano que después fue guerrillero del Partido de los Pobres bajo el seudónimo de Santiago, fueron detenidos por un grupo de la Policía Judicial de Acapulco comandada por Isidro El Chiro Galeana Barca, “una mera casualidad, no era una investigación hacia la guerrilla, sino que tal vez los nombres, los apellidos, Fuentes, y además a todo el que detenían le preguntaban por la guerrilla”.
Todos fueron liberados, salvo Nicomedes y el campesino Francisco Castro Castañeda, de quien recuperaría sus restos décadas después como integrante de la Comisión de la Verdad (Comverdad ) de Guerrero en El Posquelite, Coyuca de Benítez.
Durante 15 días, el estudiante y el campesino fueron torturados en los separos de la Policía Judicial a un costado de la cárcel de la colonia Hogar Moderno, hoy un hospital derruido. Al principio muchas preguntas “buscando hacernos caer en contradicciones y después golpes en los oídos, en el estómago, en los testículos, y toques eléctricos, pero “lo que más sentí que fue terrible, que me asusta, yo creo que hasta la vez, es el tema de la inmersión en agua”.
Su defensa, antecedente del bufete jurídico de la UAG
En la cárcel se encontró a los integrantes del comando que se-cuestró a Faril, los universitarios Octaviano Santiago Dionicio, Francisco Fierro Loza, Rubén Ramírez Lozano, José Alvarán Pérez y Guillermo Bello López.
También coincidió con los campesinos de El Quemado, detenidos masivamente a principios de septiembre, acusados por igual de participar en la emboscada de Arroyo Oscuro, “venían en harapos, en los huesitos, muy maltratados” por los militares.
El rector de la UAG tomó la decisión de defender a Nicomedes y al campesino Alfredo. Envió a los abogados Jorge Luis Rodríguez Losa y Manuel López Medina, que llegaron con Wences Reza para impulsar el proyecto de la Universidad-Pueblo, al igual que Alejandra Cárdenas y Antonio Hernández Fernández, entre otros.
El 27 de octubre de 1972 Nicomedes fue liberado y una comitiva acudió por él. Ahí iba Alfonso Portillo Cabrera, refugiado guatemalteco que se convertiría décadas después en presidente del país centroamericano. El ex preso le planteó a Wences Reza que hacía falta luchar por los campesinos encarcelados de El Quemado, “ahí yo creo que fue el principio para la instalación del primer bufete jurídico de la universidad”, uno de los proyectos más destacados de la Universidad-Pueblo.
Un grupo urbano en apoyo a Lucio en la Sierra
La cárcel “me cambió la visión, la vida, el pensamiento. Yo creía que era necesario hacer algo para que estas cosas cambiaran, no podía-mos vivir en esas circunstancias, con represión y con tanto maltrato”, relató Nicomedes, quien se propuso contactar a jóvenes con las mismas ideas. De los primeros, Juan García Costilla, quien había sido promotor de la democratizacion de la Federación Estudiantil Uiversiotaria Guerrerense (FEUG) y líder del movimiento urbano popular por la vivienda en Acapulco formando colonias como la Primero de Mayo.
La formación del núcleo guerrillero fue un trabajo selectivo, “muy cuidadoso” de cuadros jóvenes, que no fueran líderes para que el movimiento estudiantil se mantuviera independiente.
Sería un “grupo armado de apoyo al Partido de los Pobres para quitarle de alguna manera presión allá en la sierra y que emprendiera acciones que pudieran también ayudar a fortalecer el movimiento armado”.
La primera reunión formal fue en una casa particular en Chilpancingo a principios de 1973. Participaron unos diez jóvenes, entre ellos Nicomedes, García Costilla, sus cuñados Domingo Estrada Ramírez y Teresa, Jaime López Sollano, Víctor Hugo Herrera Pegueros, y otros que el entrevistado no quiso mencionar. La fecha de la muerte del Ché Guevara el 8 de octubre de 1967 inspiró el nombre.
Los jóvenes guerrilleros tenían la “cobertura” de ser estudiantes de la UAG que defendían a balazos cuando los porros priistas, dirigidos por personajes como Miguel Ángel Salgado Castillo y Armando Terrazas Sánchez, intentaban a través de armas y de bombas molotov tomar la Rectoría, ubicada en aquel entonces en la avenida Juárez de la capital.
La “Convención”
En junio, Nicomedes subió junto con otros dos integrantes del Movimiento Armado de Liberación Proletaria 8 de Octubre a la Sierra de Atoyac, arriba de la comunidad de San Martín de las Flores, para participar en la “Convención” de la guerrilla de México,
Acudieron delegados del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) y Los Lacandones, entre otros grupos guerrilleros. Del Partido Comunista estuvo el futuro sindicalista universitario y posterior diputado federal, Pablo Sandoval Ramírez. Fueron seis días de planteamientos de los desafíos regionales que enfrentaba cada grupo con miras a una articulación entre ellos. Algunos se enfocaron mucho en la teoría y otros proponían acciones fuertes como tomar cuarteles militares.
Pero el PRI siguiendo siendo muy fuerte y el asesinato de Lucio Cabañas el 2 de diciembre de 1974 se sumó a la muerte de Genaro Vázquez. “Entonces no fue posible articular un movimiento social que fuera un respaldo, no se logró formar una vanguardia en el país”, expuso Nicomedes, cuyo grupo bajó con el respaldo del Partido de los Pobres, una arma corta y dinero para comprar otras dos.





El rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), Javier Saldaña Almazán, informó que en el nuevo ciclo escolar no habrá recomendaciones para aspirantes y sólo serán admitidos “quienes lo merecen”, ya que mientras no exista más presupuesto no se abrirá más matrícula.
