En medio de críticas y discusiones se estrena un documental sobre la escisión del EPR

Tras la proyección del documental La Revolución Imposible, en el Museo Regional de Guerrero en Chilpancingo, participaron en el debate Constantino Canseco Ruiz, Jacobo Silva Nogales ex comandante Antonio, el director Enrique Olvera, el autor del libro Julio César López Arévalo y Blanca Lirio, y en uso de la palabra entre el público el luchador social sobreviviente de la masacre de El Charco Efrén Cortés Foto: José Luis de la Cruz

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

La Revolución Imposible, un documental de Enrique Olvera, que se basó en el libro del mismo nombre escrito por Julio César López Arévalo, fue presentado la tarde de este viernes en el auditorio del Museo Regional del Estado, en medio de críticas de los asistentes, quienes cuestionaron que con la obra se pretende legitimar al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y a su movimiento.
El documental fue presentado como parte de las actividades del 28 aniversario de la masacre del vado de Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez.
En él, se documenta la escisión de un grupo de militantes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), que después formaron el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), entre ellos, el principal fundador de la segunda organización, Jacobo Silva Nogales, el comandante Antonio.
Silva Nogales, quien asistió a la presentación, explicó las razones por las que personalmente abandonó el EPR para conformar el ERPI, y luego casi todos los militantes, hasta que el EPR practicante quedó en cascarón, según dijo.
“La Revolución Imposible es un homenaje a quienes formaron parte de este movimiento, y a todos los luchadores sociales que apostaron la vida por un país mejor”, explicó el autor en la presentación.
En el documental expresan los motivos por los que abandonaron al EPR y conformaron el ERPI, Jacobo Silva Nogales, El comandante Antonio; Constantino Alejandro Canseco Ruiz, El Tío Moy, quien niega ser El comandante José Arturo, de la Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR) y se deslinda del secuestro del panista Diego Fernández de Cevallos.
Otros personajes que dan sus testimonios en el documental son Blanca Lirio Muro y Leticia Canseco, quienes narran su participación en el movimiento armado, su encarcelamiento y tortura, durante la llamada guerra sucia.
Otro de los testimonios es el de Felipe Edgardo Canseco Ruiz, quien expone la inviabilidad de la lucha armada y la opción de la búsqueda del poder desde la lucha civil pacífica, por medio de las urnas, lo que derivó en la polémica al final.
El documental fue presentado a las 4 de la tarde, en el auditorio del Museo Regional, donde asistieron unas 50 personas, entre ellas dirigentes sociales, defensores de derechos humanos, universitarios y periodistas.
Jacobo Silva recordó que participó en el Partido de los Pobres, que fundó el profesor Lucio Cabañas, después en el EPR y fue el primero que lo abandonó, para fundar el ERPI, escisión que ocurrió a inicios de 1998.
Explicó que la escisión comenzó a raíz de que los miembros del Comité Central comenzaron a reunirse sin él, porque creyeron que les escondía información, pues en Guerrero ya se habían extendido a todas las regiones y había batallones de hasta 500 elementos.
“Me di cuenta que había cosas raras, como que se reunían antes de que yo me reuniera con ellos y esta política se fue haciendo más de choque, porque yo llegaba con desconfianza y ellos me veían también con desconfianza. Me comenzaron a acusar de que estaba fraccionando, que quería dividir y que estaba manipulando al estado de Guerrero”.
Indica en su testimonio que esto continuó hasta que en una reunión del Comité Central, le reprocharon que no les daba información a raíz de su trabajo de crecimiento de dos años, en los que pasaron de ser decenas a miles los militantes del EPR.
Una de las razones del crecimiento de sus bases, según explica en el documental, es que se presentaba sin capucha a las reuniones, lo que generaba confianza con la gente.
Agrega que cuando abandonó el EPR, lo hizo incluso sin su compañera, Gloria Arenas Agis, La coronela Autora, pero que al final ella lo siguió, igual que otros miembros, como Hermenegildo, Emiliano, Santiago y Cuauhtémoc, con quienes tomaron la decisión de formar al ERPI.
Recuerda que cuando se salieron, el EPR era una agrupación insignificante, en tanto que el ERPI rápido se expandió y contaba con 14 columnas guerrilleras y otras seis que se armaban y desarmaban. En total, 20 columnas.
Reveló que pensaban accionar de manera más decisiva en 2000, porque se notaba ya el hartazgo; sin embargo, reconoció que los contuvo el ahora presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, “y nosotros no estuvimos a la altura”.
El documentalista le pregunta en entrevista al comandante Antonio: “En el México actual, cuando tenemos a un presidente de la República como Andrés Manuel López Obrador, con un 70 por ciento de aprobación, ¿es posible declarar la guerra, es posible hacer la revolución?”.
“No, en este momento no, pero recordemos lo que ha ocurrido en Sudamérica, con todos los gobiernos progresistas. La izquierda también cansa a la población y la polít ca funciona por ciclos. La derecha sube, pero agota su capital político y tiene que bajar, y la izquierda va subiendo, pero finalmente también agota su capital, porque deja muchas cosas sin cumplir, porque genera esperanzas en la población que son imposibles de cumplir”.
Por ello, advirtió que en México debemos estar preparados porque se va a agotar la fuerza de la izquierda y va a venir una derecha beligerante, como la de Argentina, Bolivia o Venezuela, “incluso dispuesta a matar con fuerza armada”.
Alejandro Canseco aclara, en su testimonio grabado, que él no es ni fue El comandante José Arturo, y se quejó de que lo persiguieron durante los últimos 43 años, “se me acusó de ser quien dirigió el ataque a la Marina, a la Procuraduría y a la Policía Judicial de Huatulco (Oaxaca); así como de haber puesto las bombas después de la desaparición de Gabriel Alberto Cruz Sánchez, también de Oaxaca”.
El autor del documental le planteó la misma pregunta que le hizo a Jacobo Silva y éste respondió: “No, definitivamente no, jamás. Sí lo haría un loquito como ese que se quedó con la membresía (del EPR), pero sabemos que esa es una persona muy reaccionaria. Entonces, no, nosotros lo que vamos a hacer es reforzar lo que hemos hecho durante estos cinco años y medio, que es fortalecer la participación del pueblo a través de las urnas”.
“El trabajo inmenso del presidente actual, Andrés Manuel López Obrador, fue tan profundo, es un trabajo de Estado que está garantizado nuevamente el triunfo del pueblo en las urnas”.
Derivado del contenido del documental y la postura de los principales actores de la gerrilla en Guerrero, que expresaran sus testimonios, al final hubo críticas de los asistentes.
Uno de ellos, el periodista, Sergio Ocampo, dijo: “Yo creo que, por respeto, no deberíamos pregonar que las revoluciones son imposibles, por respeto a los que murieron, por respeto a ustedes mismos, que fueron torturados. No deberíamos decir que una revolución es imposible, nunca, jamás decir que es imposible una revolución”.
Cuestionó que en el actual gobierno de López Obrador, la sierra está “peor que cuando ustedes andaban en la guerrilla, ¿A poco ustedes están de acuerdo con que López Obrador no haya resuelto las huelgas de los mineros de Taxco, como lo prometió? ¿A poco están de acuerdo en que la lucha de los estudiantes de Ayotzinapa no esté resuelta? ¿Cómo es posible que ustedes, ahora, apoyen que Omar García Harfuch esté en el gobierno?”.
Denunció que en el actual gobierno no hay proyectos para Guerrero, “¿cómo podemos creer en un tipo como López Obrador? Eso no puede ser en este país. Controló al movimiento de la gente, a los padres de familia, a los familiares de los desaparecidos”.
“¿Cómo es posible que avalen que la Guardia Nacional pase al Ejército, cuando hemos padecido la militarización en Guerrero? Hay que ser conscientes de lo que pasa en Guerrero, Guerrero está en una situación compleja”, dijo y recibió aplausos de los asistentes.
El autor del documental, Enrique Olvera, explicó que en efecto, el título La Revolución Imposible es “provocador”, pero que también cree que las revoluciones no son imposibles y que si le puso así es porque documentó las escisiones del EPR.
El ex dirigente de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) y actual miembro de la dirigencia del PRD, Félix Moreno Peralta, cuestionó a los protagonistas del documental: “Se puede renunciar a todo, menos a nuestros ideales”.
Dijo que respeta a quienes hicieron el trabajo, pero no el título ni su contenido, “porque se presta a manipulación política e ideológica. No sabemos si son de la 4T o tengan alguna otra situación”, dijo a presentadores y protagonistas del documental.
El universitario Apolinar Ramos García opinó que a quienes vivieron esos momentos del movimiento armado, ahora les correspondería construir el poder popular, “yo digo que sí existen las condiciones para construir un gran movimiento social, al margen de los partidos, incluso del mayoritario, Morena, porque ya vemos como está desviándose de los fines originales”.
Criticó que, por ejemplo, el senador Félix Salgado Macedonio nunca fue de izquierda, y circunstancialmente llegó a ser diputado de izquierda, y mucha gente lo adora, “incluso esos que en algún momento se dijeron guerrilleros”.
El ex integrante de la Comisión de la Verdad (Converdad), Nicomedes Fuentes, matizó cuando ya varios de los asistentes habían enfilado una andanada de críticas al autor y a los protagonistas del documental.
Dijo, para dar fin a los cuestionamientos, que el documental “reviste importancia, porque rescata la memoria histórica y qué bueno que el cineasta toque estos temas”.
Indicó que la sociedad no tiene mucha información de la lucha que se dio en muchas organizaciones de izquierda, “este documental aporta datos importantes de lo que fue la lucha y motivó que muchos ciudadanos tomaran las armas, en una situación imposible de vivir y de soportar”. En su opinión, se deben valorar estos trabajos.

Consultaba el ERPI en comunidades cuando ocurrió la masacre de El Charco: Efrén Cortés

Durante la Jornada del Estudiante Detenido-Desaparecido, el sobreviviente de la masacre de El Charco, Efrén Cortés Chávez reveló que hace 20 años, cuando ocurrieron los hechos, el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) se encontraba en la zona porque hacía una consulta en las comunidades de Ayutla ante el rompimiento interno del Ejército Popular Revolucionario (EPR).
También confirmó que, antes del ataque a los indígenas civiles desarmados y a una columna de milicianos del ERPI que se encontraban en la escuela Caritino Maldonado Pérez y que ya se habían rendido, hubo dos enfrentamientos de miembros del ERPI con el Ejército, que duraron de las 2 de la madrugada a las 6 de la mañana en las comunidades de Cozcatlán y Amate Amarillo.
Consultado al final de su intervención, el estudiante de la UNAM que sobrevivió a esa masacre, dijo que no se ha confirmado pero que en estos dos enfrentamientos pudo haber militares muertos o heridos, lo que explicaría “el odio” con el que actuaron los soldados en el Charco, donde ya no fue un enfrentamiento sino una masacre de los militares en contra de los indígenas indefensos y los milicianos del ERPI que ya se habían rendido.
En esa masacre del 7 de junio de 1998 murieron nueve civiles y dos miembros del ERPI, además hubo cinco heridos y 22 detenidos.
A casi 20 años de los hechos, el sobreviviente de la masacre, Cortés Chávez declaró durante su intervención en la Jornada del Estudiante Detenido-Desaparecido, “vi a unas fuerzas armadas camuflajeadas y con mucho odio”.
Dijo que también lo escuchó en la respuesta del militar que encabezaba las tropas federales, el general Juan Alfredo Oropeza Garnica, cuando les pidieron que no dispararan, que se rendían, él contestó: “les vamos a dar chilate con pan”, que es una expresión que se usa en la zona cuando se advierte a alguien que se le va a dar un escarmiento.

Las desapariciones y la violencia se han masificado hacia la población para ejercer el control mediante el terror, coinciden

Durante la jornada organizada por el colectivo Revueltas, de la Unidad Académica de Filosofía y Letras, con motivo del Día del Estudiante, Cortés Chávez, y Janahuy Paredes, hija del desaparecido de Michoacán, Francisco Paredes Ruíz, coincidieron que a diferencia del periodo de la guerra sucia, cuando las desapariciones, la represión y la persecución política se ejercía sólo contra luchadores sociales, ahora las desapariciones y la violencia se ha masificado hacia la población, para ejercer el control mediante el terror y la violencia con fines económicos y el saqueo de los recursos naturales.
En esta jornada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), se exigió la presentación con vida de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y de universitarios desaparecidos en la llamada guerra sucia, como Carlos Díaz Frías, Carlos Benavides y Victoria Hernández Brito.
Janahuy Paredes, hija de Francisco Paredes, desaparecido en 2007 en Michoacán, narró cómo después de la desaparición de su padre su familia ha sido perseguida, criminalizada y permanentemente hostigada por las policías de los tres órdenes de gobiernos.
Agregó que, a diferencia de lo que se vivió en la llamada guerra sucia de los años setentas y ochentas, ahora la estrategia de represión del gobierno no es solamente contra los luchadores sociales, estudiantes, periodistas o defensores de derechos humanos, sino que las desapariciones forzadas, los asesinatos y la violencia en general se ha masificado en contra de toda la población, principalmente en contra de los jóvenes, como una estrategia de terror sicológico con intereses económicos.
“Se trata de una política de estado con la intención de mantener atemorizada a la población con el objetivo del saqueo de los recursos naturales y el control del territorio”, dijo.
Janahuy Paredes recomendó que la población recurra “a los mecanismos de organización en contra del sistema jurídico-político que no nos garantiza justicia”.
Por su parte, Efrén Cortés dijo que la situación de violencia, las desapariciones forzadas y los asesinatos, no son porque haya un Estado fallido, “sino porque tenemos un Estado delincuencial, que tolera a la delincuencia, y él mismo delinque y recurre a la ilegalidad como una estrategia para generar terror, sobre todo en las zonas donde se genera capital y hay recursos naturales, como madera, agua y minerales.
Dijo que por eso recurre a la desaparición forzada, por un lado, y por otro a la militarización, como una estrategia de terror y para lograr el control político de las zonas en disputa.
Agregó que eso pasó con la masacre de El Charco hace 20 años, cuando el gobierno sabía de la presencia de grupos armados como ERPI y el EPR.
Reveló que, el 8 de junio del 1998, los milicianos del ERPI hacían una consulta en las comunidades de Ayutla ante el rompimiento interno del EPR, e incluso antes de la masacre en El Charco se dieron dos enfrentamientos con el Ejército en las comunidades de Cozcatlán y Amate Amarillo, de las 2 de la mañana a las 6 de la tarde, cuando pudo haber algunos militares muertos o heridos.
Añadió que, en El Charco ya no fue enfrentamiento, sino un ataque y una masacre a mansalva contra unos 100 civiles indígenas que pernoctaban en la escuela Caritino Maldonado Pérez, entre los que había niños y comisarios de las comunidades cercanas, y una columna del ERPI que ya se había rendido.
Comentó que los militares, encabezados por el general Oropeza Garnica, que había llegado alrededor de las 7 de la mañana, “dijeron que la íbamos a pagar, que a ellos no les importaba, que si estábamos con la guerrilla, teníamos responsabilidad”.
Fue entonces que el general amenazó, “les vamos a dar su chilate con pan”.
Dijo que esa reacción pudo haber sido porque la gente armada “no se dejó”, y que se enfrentó con los soldados en las comunidades de Cozcatlán y Amate Amarillo, “cuando ya todo mundo estaba rendido empezaron a disparar en contra de la gente que ya estaba en la cancha”.
Denunció que si el Ejército hubiera respetado el derecho a la vida, no hubiera habido tanto muerto civil desarmado, nueve, y sólo dos miembros del ERPI.
Insistió que los militares actuaron así porque la masacre del Charco fue parte de la militarización y la desaparición forzada, pero que ésta última no se dio porque hubo muchos muertos y detenidos, y no pudieron ocultarlos.
Indicó que los hechos se encuentran dentro de la lógica que tiene el gobierno, de la militarización y el terror sicológico para controlar y someter a los pueblos en donde supone que hay peligro y riesgos de insurrección.
Añadió que el gobierno sabía que en Ayutla había grupos guerrilleros, y que por eso envió a 5 mil GAFES que siguieron operando en ese municipio después de la masacre, y no precisamente para decomisar drogas y armas, sino que iban sobre los grupos insurgentes, “el Estado siempre supo que en Ayutla había guerrilleros, pero no estaban por valientes, estaban por la represión sistémica que siempre se ha dado en contra de los pueblos indígenas, era como una necesidad la guerrilla allí”, dijo.