Cada semana que recorro Guerrero confirmo que el mayor privilegio que puede tener una persona es caminar las mismas calles que la vieron crecer y encontrar en ellas no sólo recuerdos, sino también esperanza. Este fin de semana tuve la oportunidad de recorrer, junto con vecinas y vecinos, el camino que une al barrio de San Antonio con el barrio de San Mateo, un trayecto que para muchas personas puede ser una calle más, pero que para mí representa una parte muy importante de mi historia.
Mientras avanzábamos entre sonrisas, saludos y abrazos, no pude evitar regresar, por un momento, a mi infancia. En esas calles están algunos de mis primeros recuerdos junto a mis primas, primos, mis amigas y amigos de la escuela, en una etapa sencilla, tranquila y profundamente feliz. Ahí aprendí el valor de la familia, de la palabra, del esfuerzo y de la comunidad. Son barrios que me enseñaron que nadie sale adelante solo y que los mejores proyectos siempre se construyen con el pueblo, en ese encuentro caminando entre nuestros tlacololeros, las danzas regionales, la música de viento, las coronas de flor de cempasúchil, nuestro tan famoso y querido Pancho Paletas, la carismática Rouss, que dicho sea de paso vende las mejores aguas de mi tan querido Chilpo, el kiosco de San Mateo, la gente que salía de sus casas para darme un saludo, un abrazo, un apoyo diciéndome “aquí cuenta con esta familia, eres de este lugar y nos sentimos orgullosos de ti”.
Volver a caminar por esos lugares también fue una oportunidad para reencontrarme con muchas personas que me hicieron sentir que los lazos construidos durante tantos años que viví en la capital de nuestro estado, se mantienen intactos. Ese afecto se reflejó desde el primer momento, he de decirles que fueron tantas las cadenas de flores que hubo instantes en los que apenas podía ver por dónde caminaba, una escena tan emotiva como divertida que provocó más de una sonrisa entre quienes me acompañaban. Son esos pequeños detalles los que recuerdan que el cariño auténtico siempre encuentra maneras muy sencillas de expresarse.
Hubo algo que me emocionó especialmente. Encontrarme con tantas personas adultas mayores que decidieron salir de sus casas para caminar un tramo, regalarme un abrazo o simplemente esperar unos minutos para saludarme. En sus ojos encontré ilusión, pero también experiencia. Ellas y ellos han visto pasar distintas etapas de Guerrero y conocen mejor que nadie el enorme potencial que tiene nuestra tierra cuando su gente permanece unida. Escuchar sus palabras representa una enorme responsabilidad que asumo con humildad y con el compromiso de seguir trabajando cerca de la gente.
El calor propio de esta temporada nos acompañó durante toda la caminata, pero lejos de disminuir el ánimo, terminó regalándonos uno de los momentos más entrañables del día. Entre risas, conversaciones y fotografías, comprobé una vez más que la política también se construye en esos momentos sencillos, cuando existe tiempo para escuchar, para convivir y para recordar que detrás de las cifras y notas periódicas que a veces parecen poco optimistas, hay familias que sueñan con el Guerrero del futuro.
Las calles se llenaron de esa alegría tan característica de Guerrero. La música acompañó cada paso y la energía de la gente hizo que el recorrido se sintiera cada vez más vivo. Ver cómo más personas salían de sus casas para saludar o para caminar algunos metros con nosotros, me recordó que nunca hay esfuerzo pequeño cuando se trata de construir comunidad. Ese entusiasmo me hizo sentir acompañada y confirmó que los mejores caminos siempre seran “los caminos del sur”, como dice el título de la canción tan representativa que tenemos
Las niñas y los niños corriendo por las calles, jugando mientras pasábamos, me hicieron pensar en cómo ellos todavía miran el mundo con la ilusión de que todo es posible, y precisamente por ellos vale la pena trabajar todos los días. Cada decisión que tomamos en el presente debe pensar en el futuro que queremos dejarles. Que puedan crecer en paz, estudiar, desarrollar sus talentos y sentirse orgullosos de su tierra es una responsabilidad que compartimos como sociedad.
La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, desde la Presidencia, ha representado la continuidad de un proyecto que ha colocado en el centro el bienestar de las personas y ese esfuerzo nacional encuentra su verdadera fuerza cuando se refleja en cada estado, en cada municipio y en cada barrio. La transformación no ocurre únicamente desde las instituciones; se construye todos los días en las calles, escuchando a la gente, caminando con ella y atendiendo sus preocupaciones con responsabilidad y convicción.
Por eso estos recorridos tienen un significado tan profundo. No son solamente encuentros para saludar o estrechar manos. Son oportunidades para escuchar, para aprender y para recordar que quien aspira a servir nunca debe perder el contacto con la realidad cotidiana de su pueblo.
Me siento profundamente agradecida con mi gente de Chilpancingo, por permitirme volver a un lugar que forma parte de mi vida. Cuando una vuelve a casa entiende que el futuro sólo puede construirse sin perder de vista el lugar del que venimos. Con esa convicción seguiré caminando, porque estoy segura de que Guerrero tiene todo para seguir escribiendo una historia de esperanza, de unidad y de bienestar para todas y todos.
Nos leemos el siguiente martes.
@EsthelaDamian