Los niños que dejaron de ser un número

 

Una fiscalía es el último lugar en el que querríamos que estén nuestras infancias. Pero cuando llegan, el Estado tiene la obligación de no fallarles. Y durante el sexenio anterior al de la doctora Sheinbaum, las niñas, niños y adolescentes (NNA) que ingresaban a la Agencia Especializada de la Fiscalía de la Ciudad de México llegaban después de haber vivido violencias de todo tipo: física, sexual, sicológica, abandono o incluso la realidad dolorosa de haber sido expósitos, que son aquellos bebés recién nacidos abandonados. Además, pese a llegar vulnerados, se enfrentaban a un sistema que no estaba preparado para protegerlos.
Eso fue lo que observamos al llegar al DIF. No existía un padrón real de cuántos NNA estaban institucionalizados en las Casas de Asistencia Social llamadas (CAS). Los expedientes aparecían apilados, incompletos, sin seguimiento. Esa falta de orden tenía un efecto directo: la revictimización, pues no se podía garantizar sus derechos.
La Procuraduría de Protección de NNA tampoco contaba con personal suficiente ni capacitado y en la agencia especializada nadie iniciaba un acompañamiento desde el primer momento. Muchos niños, niñas y adolescentes llegaban sin que siquiera se tuviera certeza de su edad, de su situación de salud, de su historia de violencia, ni se indagaba la existencia de familiares que fueran viables y que pudieran recibirlos temporal-mente.
Ante ese panorama, la política pública implementada bajo la instrucción de la entonces Jefa de Gobierno, la doctora Claudia Sheinbaum, fijó un objetivo claro: poner orden, proteger y garantizar los derechos de la niñez desde el primer minuto. Se construyó un padrón completo y actualizado de todos los NNA y de cada CAS, registrando por primera vez fecha de ingreso, situación jurídica, existencia de carpeta de investigación y posibilidad de adopción. Se fortaleció la Procuraduría con un equipo profesional multidisciplinario, y se envió personal de tiempo completo, 24/7, a la fiscalía especializada que permitieran identificar si existía una persona consanguínea viable para recibir al NNA. El derecho a vivir en familia dejó de ser aspiración y se convirtió en el eje rector de cada caso.
Para los casos donde no existía familia ampliada, se adoptaron buenas prácticas internacionales. Con acompañamiento de UNICEF y Red Latinoamericana de Familias de Acogida (RELAF), se creó la figura de “Hogares de Corazón”, que esencialmente fue un sistema de familias capacitadas voluntariamente para cuidar temporalmente a los NNA en tanto se encontraba un hogar definitivo. “Hogares de Corazón” lo confirmó una y otra vez: la institucionalización debe ser la última opción.
Cuando no había alternativa y era necesario canalizar a una Casa de Asistencia Social, se analizaba cuidadosamente el perfil del NNA para ubicarlo en el lugar más adecuado. Además, conocíamos personalmente a la población institucionalizada, lo que nos permitió asegurarnos de que recibieran trato digno y atención real.
Recuerdo con mucha nitidez una visita a una CAS que tenía población entre cero y siete años, estaban en la sala de televisión nuestros niñas y niños, cuando me presentó la directora de esa CAS. Les dijo, “Ella es Esthela y es la Directora del DIF”, a lo que un niño de más o menos seis años respondió levantándose de su silla y gritando desde su asiento “Yo soy tuyo, yo soy tuyo”, me acerque y le pregunté “¿Por qué eres mío?”, me contestó “Porque yo soy un niño DIF”.
No lo decía llorando o con tristeza, sencillamente en su realidad su mamá y su papá era el DIF. Imaginen a un niño que conceptúa esto desde tan temprana edad, que tiene esa capacidad de resiliencia, que sabe que quienes son los responsables de su crianza no son sus padres o sus familiares, sino una Institución a falta de otra red de apoyo. Ese día me sentí muy conmovida, me dolía en el alma saber que las violencias dejan a mis niños y niñas sin un hogar y es el estado el que debe suplir esa función. Nos tocó hacer más humana esta misión.
Así, con el paso del tiempo vimos las semillas de nuestro trabajo florecer. Al inicio había alrededor de mil niñas, niños y adolescentes institucionalizados. Cuatro años después, ese número se redujo aproximadamente a la mitad, quienes recuperaron su derecho a vivir en familia gracias a el involucramiento de sus familias ampliadas, de algún hogar de corazón, o bien, mediante el comité de adopciones, el cual sesionaba cada quince días con evaluaciones exhaustivas para cada caso.
Esta experiencia me marcó profundamente. Conocí historias duras, injusticias que ninguna infancia debería vivir. Pero también vi la fuerza con la que renace una niña o un niño cuando se le coloca en un entorno amoroso y estable. Ver sus rostros cambiar, verlos reír después del miedo, ver cómo la vida vuelve a abrirse paso, es algo que nunca se olvida.
De todas las políticas públicas en las que he trabajado, esta ha sido la que más felicidad me ha dejado. Porque proteger a la niñez no es un trámite: es un acto de justicia profunda, pero sobre todo de amor. Es un acto político en el mejor sentido de la palabra, uno que exige convicción y voluntad desde el nivel más alto.
El respaldo de la ahora Presidenta Claudia Sheinbaum fue determinante. Ella entendió que las niñas, niños y adolescentes no podían seguir relegados a un tema secundario ni convertirse en un capítulo olvidado de la agenda pública. Su decisión de colocar este tema como prioridad permitió que los cambios estructurales dejarán de ser promesas y se convirtieran en rutas claras de acción. Sin esa visión, el avance logrado no habría tenido el mismo alcance.
Esa etapa mostró que un gobierno que asume la protección de la niñez como responsabilidad de Estado puede transformar, de verdad, la vida de cientos de niñas, niños y adolescentes. Y confirmó que, cuando se trabaja con esa dirección, el Estado deja de fallar y empieza a reparar vidas.
Nos leemos el próximo martes.

@EsthelaDamian

 

Las infancias no trabajan, el Estado sí

Durante la pandemia, cuando la vida de millones se fracturó, algo doloroso sucedió en la Ciudad de México: aumentó el trabajo infantil. No fue casualidad, era la consecuencia directa del desempleo, del cierre de escuelas y de la desesperación causada por un virus que nos obligó a frenar la vida social y económica para resguardar nuestra salud. Ahí, cuando la crisis amenazaba con arrebatar la infancia a cientos de niñas, niños y adolescentes, la entonces jefa de Gobierno, hoy Presidenta Claudia Sheinbaum, tomó una decisión crucial: intervenir pero bajo los principios humanistas que siempre han caracterizado a la Cuarta Transformación.
Seamos honestos, ningún padre o madre desea ver a sus hijas o hijos en el trabajo infantil. Lo que en ese momento los empujó no fue falta de cariño, sino el desempleo que sufrieron las y los cuidadores, madres o padres de familia, el cierre de sus pequeños negocios, el encarecimiento del nivel de vida que millones de mexicanos y mexicanas vivieron. Y ante eso, hay dos rutas: criminalizar y castigar, o proteger y acompañar. Bajo la instrucción directa de la Presidenta, se eligió la segunda, poniendo la dignidad de estas familias como prioridad, y entendiendo que la justicia social no se construye desde el desprecio, sino desde la empatía y las políticas públicas inclusivas.
Lo primero fue dimensionar esta problemática. Realizamos un censo profesional, riguroso y respetuoso. Sin chalecos institucionales, sin aparatos intimidatorios, sin irrumpir en la vida de nadie. Nos capacitamos con especialistas en infancias y adolescencias y, desde la observación discreta, recabamos información clave: cuántas niñas y niños estaban en las calles, sus edades, si estaban acompañados, si pertenecían a comunidades indígenas, cuánto tiempo pasaban ahí, qué hacían, y cuáles eran las personas adultas que les acompañaban, si así era. La instrucción de la doctora fue clara, no se trataba de “contarlos”, ni criminalizarlos, sino de entender su contexto y necesidades.
Con el diagnóstico y censo realizado, entramos al campo con los equipos especializados de la Procuraduría de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Detectamos que el 95 por ciento de las niñas, niños y adolescentes que necesitábamos atender vivían en condiciones de alta vulnerabilidad. Muchas familias eran indígenas migrantes de Chiapas, Guerrero, Puebla, Hidalgo y Estado de México. Llegamos como se debe llegar cuando se trabaja con familias en situación de vulnerabilidad: sin juicios, sin amenazas, sin estigmas. Nuestro mensaje fue transparente desde el primer momento: no venimos a quitarte a tus hijas o hijos; venimos a ayudarte para que no tengan que estar aquí, ellas y ellos merecen estar en un lugar seguro. Déjanos apoyarte.
Ese apoyo no era un folleto ni una promesa vacía. La Presidenta ha impulsado, en la Ciudad de México y ahora a nivel nacional, eliminar la idea de una burocracia fría de escritorio; los servidores públicos deben estar presentes, ser eficientes y humanos con la problemática social que aqueja a la población.
Así, se construyó una política pública para el trabajo infantil con una visión integral, diseñada para abrir caminos y acompañar a las familias, no para fracturarlas. Se ofreció ingreso a centros de día donde las niñas y niños podían recibir alimentos, apoyo educativo incluso en línea, talleres culturales y deportivos, atención psicológica y un entorno seguro, mientras las y los tutores trabajaban. Además, se otorgaron becas Leona Vicario por cada niña o niño en la familia, despensas mensuales con canasta básica por cada integrante de ese núcleo, además de atención médica y odontológica, y apoyo para encontrar vivienda en casos de pérdida de hogar. Incluso se gestionaron cirugías cuando la salud estaba en riesgo.
A fin de fomentar una cultura de corresponsabilidad entre familia y estado, esta atención venía acompañada con un compromiso firmado por los padres de no volver a exponer a las niñas, niños y adolescentes al trabajo infantil. Cuando detectábamos que una niña o niño volvía a trabajar en la calle, se intervenía de nueva cuenta a las familias para avisarles que, de persistir la situación, tendríamos que intervenir para proteger a la infancia.
Debo reconocer que, contra el pronóstico de algunas dependencias, en la inmensa mayoría de los casos, las madres y los padres cumplieron. No porque los obligamos, sino porque, al fin, tenían una alternativa para sus hijas e hijos. Porque cuando un gobierno ve una crisis social y responde con mano extendida, con mucha empatía y humanismo –en lugar de usar mano dura–, la gente confía, coopera y avanza.
Pero no todo fue sencillo, también hubieron casos graves, casos de trata de personas. Ahí no hubo tolerancia. Se abrieron carpetas de investigación en la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, se protegieron inmediatamente a las niñas, niños y adolescentes, y se entregaron a familiares que demostraron vínculos consanguíneos y condiciones para cuidarlos. La protección de derechos humanos jamás estuvo en contradicción con la aplicación de la ley. Esta política honró una convicción profunda de Claudia Sheinbaum: sensibilidad no significa debilidad; firmeza no significa violencia.
Hoy, ya como Presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum sigue apostando por esa visión: la que no abandona a las infancias, la que no criminaliza la pobreza, la que reconoce que los derechos no son discursos sino garantías que se sostienen con presupuesto, equipos y decisión. Esa visión coloca a la niñez primero, no por cálculo electoral –porque las niñas y los niños no votan– sino porque durante demasiado tiempo se les dejó fuera. Hoy se les reconoce como prioridad, no como cifra.
Los problemas de las niñas y los niños en situación de calle no se resuelven con una simple moneda o una política punitivista contra las familias, pues en algunos casos, estas acciones pueden perpetuar o incluso empeorar su condición. Sus historias duelen, interpelan y nos obligan a mirar de frente realidades que como sociedad muchas veces preferimos no ver, pero que necesitan nuestra atención institucional y coordinada para generar soluciones.
Para mí, siempre ha sido una convicción profunda: una sociedad se engrandece cuando pone a sus niñas y niños en el centro. Estamos construyendo ese México donde cada niña, niño o adolescente encuentra más y mejores oportunidades a través de la garantía efectiva de sus derechos.
Eso defendimos entonces y eso seguimos defendiendo hoy en el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum: un México donde nadie tenga que elegir entre sobrevivir y proteger a sus hijos, donde la vulnerabilidad se enfrenta con justicia social, no con prejuicios, donde las infancias son prioridad y motor de cambio.
Nos leemos el próximo martes.

@EsthelaDamian

 

Álamo

Dicen que Álamo debe su nombre a los árboles que abrazan al río Pantepec, altos y plateados, que resisten los vientos y se inclinan sin quebrarse. Tal vez por eso, quienes nacen o llegan aquí aprenden también a resistir, a enraizarse y a volver a ponerse de pie cuando las aguas crecen. Álamo no sólo lleva el nombre de un árbol: lleva en su historia la memoria de un pueblo que, como esos álamos, florece aun después de la tormenta.
Hoy, esos mismos álamos parecen inclinarse con pesar ante la fuerza del agua. El Pantepec, que antes corría manso entre huertos de naranja y caminos de tierra, se desbordó con una furia que nadie recordaba. Las calles se volvieron cauces, las casas balsas, y la gente se enfrentó al miedo de perderlo todo. Pero entre el lodo y el silencio que deja el agua al retirarse, volvió a brotar la fuerza más genuina del pueblo: su capacidad de ayudarse unos a otros. Porque en Álamo, incluso cuando el agua arrasa, el alma no se ahoga, como en nuestro querido Acapulco con sus últimos huracanes o nuestro querido México a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional, nuestra bella y buena gente siempre puede más que cualquier contingencia natural.
Por instrucciones de la Presidenta Claudia Sheinbaum, acudimos la semana pasada al estado de Veracruz para colaborar en la atención de las afectaciones provocadas por las lluvias intensas registradas en las últimas semanas, que también impactaron a Hidalgo, Querétaro y San Luis Potosí. A la Subsecretaría de Prevención de las Violencias, que tengo el honor de encabezar, nos correspondió coordinar esfuerzos en el municipio de Álamo, en representación de la doctora Sheinbaum, trabajando de manera conjunta con dependencias de los tres órdenes de gobierno para apoyar las tareas de recuperación y acompañamiento a la población afectada.
El fenómeno meteorológico había ocurrido días antes y ya se encontraban desplegadas en la zona diversas instituciones como la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, Bienestar, Salud, Trabajo, el Gobierno del Estado, Protección Civil, Conagua, IMSS Bienestar e IMSS Ordinario, entre otras. Nuestro trabajo inicial consistió en realizar recorridos de diagnóstico y acompañar la entrega de apoyos en las colonias más apartadas, donde algunas familias aún permanecían en sus viviendas por temor o por falta de alternativas inmediatas.
Durante estos recorridos, identificamos áreas de oportunidad para fortalecer la coordinación interinstitucional: mejorar la comunicación entre dependencias federales y estatales; optimizar el uso de maquinaria y equipo en zonas críticas; e implementar herramientas tecnológicas que permitieran monitorear en tiempo real la situación de los albergues, el estado del drenaje, la limpieza de calles y avenidas principales, y los avances en la recolección de residuos y escombros.
Cada tarde, los equipos de todas las instituciones nos reuníamos para evaluar avances, detectar nuevos desafíos y resolver asuntos operativos que, aunque pudieran parecer menores –como las llantas ponchadas de los equipos pesados o la falta de refacciones–, se convertían en cuellos de botella para el progreso de las labores. Paralelamente, la Secretaría de Bienestar realizaba su censo casa por casa para registrar las pérdidas materiales y garantizar que los apoyos llegaran directamente a quienes más los necesitaban.
Aunado a lo anterior, diaria-mente, sosteníamos reuniones a distancia con la Presidenta de la República, en las que cada insti-tución informaba sus resultados y necesidades. La doctora Shein-baum seguía de cerca los reportes y hacía observaciones precisas para mejorar la estrategia de recupera-ción, recordándonos siempre que lo más importante eran las perso-nas, su bienestar y la pronta norma-lización de la vida comunitaria. Un papel fundamental desempeñó la Secretaría de Infraestructura y Obras, que en coordinación con los gobiernos estatales trabajaba sin descanso para restablecer caminos y accesos afectados por las lluvias. La Presidenta dirige este esfuerzo con rigor, sensibilidad y una visión profundamente humana, impulsan-do a todo el servicio público a actuar con empatía y eficacia.
Días después, la Presidenta Sheinbaum visitó Álamo para constatar personalmente los avan-ces en la recuperación. Con la precisión de una científica y la cer-canía de una líder comprometida, realizó observaciones que fueron atendidas de inmediato por las distintas dependencias. Su presencia reafirmó la importancia de actuar con coordinación, sensibilidad social y eficacia institucional. Lo digo con convicción: es mi jefa y una líder que inspira con el ejemplo.
Fueron jornadas intensas bajo el sol implacable de Álamo, que ponía a prueba la resistencia de todos, pero también recordaba el propósito: lograr apoyar al pueblo y acompañarlo en su recuperación.
El último día de su servidora en Álamo, junto al Almirante secre-tario de Marina, recorrimos la zona más afectada. La instrucción de la Presidenta fue clara: ninguna calle debía quedar con montículos de lodo ni restos de basura. Ese pue-blo está hecho de raíces profundas y de una voluntad que, como sus árboles, se niega a quebrarse.
El cambio climático ya no es una advertencia: es una realidad que nos exige preparación, cooperación y respuesta inmediata. Las contingencias ambientales, como la vivida, nos recuerdan que ningún esfuerzo aislado basta, debemos fortalecer los mecanismos de prevención y reacción desde un enfoque interinstitucional, donde cada dependencia asuma su papel con responsabilidad y compromiso, y donde la ciencia, la planeación territorial y la empatía hacia las comunidades sean pilares de toda acción pública.
Dejo por aquí mis reflexiones finales. Cada contingencia ambien-tal representa un desafío distinto y, al mismo tiempo, una oportunidad para fortalecer la coordinación entre instituciones y comunidad. En esta experiencia confirmé algo funda-mental: nuestras y nuestros solda-dos, marinos y personal de todas las dependencias son pueblo uniformado, personas comprome-tidas que limpian, trabajan, resuel-ven y se vinculan con la gente de la manera más humana y solidaria.
La coordinación exige comunicación constante y capacidad de respuesta inmediata; ningún asunto puede postergarse, porque hacerlo retrasa el esfuerzo de todas y todos. En estas tareas, ninguna institución sobra y nadie está de más. La participación de la sociedad civil, los gobiernos locales y los empresarios de las zonas vecinas es indispensable. En una emergencia, mientras más sumemos voluntades, más pronto lograremos que Álamo recupere su ritmo y vuelva a brillar con la fuerza que la distingue como la capital de la naranja.
Nos leemos el próximo martes.

@EsthelaDamian

No te salves

Si pudiera elegir un poema que definiera mi manera de vivir, sería No te salves de Mario Benedetti, donde se nos invita a no refugiarnos en la indiferencia ni en la comodidad. Por eso, trabajar en el equipo de la Presidenta Claudia Sheinbaum representa para mí la reafirmación más profunda de mis convicciones: mirar y sentir el dolor de la gente es indispensable para seguir transformando a México en un país con todos los jóvenes que sepan y ejerzan su derecho a la educación, a la salud, al deporte, al sano esparcimiento, la cultura… en resumen a una vida plena y feliz.
Tras la victoria de la Presidenta Claudia Sheinbaum en 2024, durante el proceso de organización de su gobierno me expresó que mi trabajo siempre ha estado en el territorio y que ahí es donde más necesitaba mi empeño. Por ello me pidió integrarme a la Subsecretaría de Prevención y Atención a las Violencias, junto al secretario Omar García Harfuch.
La encomienda fue llevar a nivel nacional el modelo de “Barrio Adentro”, una estrategia que en la Ciudad de México demostró que la prevención comunitaria puede transformar vidas y reducir violencias, como lo comenté en el artículo anterior. Acepté con entusiasmo el encargo, porque nada me llena más el espíritu que el trabajo territorial, cercano y con , por y para la gente. La Presidenta determinó que, en una primera etapa, los estados que serían atendidos por esta Subsecretaría de manera prioritaria serían Baja California, Estado de México y Tabasco.
Así, desde octubre del año pasado he recorrido distintos estados del país para conocer de cerca las realidades que enfrentan las familias más vulnerables y abrir caminos de bienestar, especialmente para las y los jóvenes, a fin de que puedan construir un proyecto de vida alejado de las violencias.
Para ilustrar cómo se ha implementado esta estrategia, quiero compartir dos historias en las cuales, por respeto y protección, los nombres de las personas involucradas han sido modificados.
Una tarde, mientras realizaba un recorrido, conocí a “Emilia”, una niña de ocho años que llegó a la jornada de servicios que estábamos realizando, preguntando si podríamos darle algo de comer porque no había desayunado, por supuesto que le proporcionamos alimentos de inmediato. Me llamó la atención que estuviera sola, así que le pregunté por sus padres y por qué no estaba en la escuela, a lo que contestó que su padre se iba temprano a trabajar y hacía varios meses que ella no asistía a la escuela porque su casa se había quemado y su hermano y su madre habían fallecido en el incendio.
Para su padre, el impacto fue devastador: al regresar del trabajo descubrió que había perdido a casi toda su familia. Aun así, Emilia, con esa fuerza resiliente que solo los niños poseen, deseaba volver a la escuela y recuperar el sentido de hogar. Sin embargo, su padre, sumido en el duelo y las dificultades cotidianas, no encontraba la manera de brindarle el cuidado y la atención que ella necesitaba en ese momento.
Esperamos a que el padre de Emilia regresara del trabajo y le ofrecimos acompañamiento sicológico. Ante la falta de una persona que pudiera cuidar de la niña mientras él laboraba, el DIF determinó reubicarla temporalmente con una familia de acogimiento, con el propósito de cuidarla: garantizar el bienestar de Emilia y darle a su padre el tiempo y el apoyo necesarios para superar el profundo proceso emocional que estaba viviendo. No se trató de una separación, sino de una medida transitoria para que ambos pudieran sanar y reencontrarse más adelante, cuando las condiciones fueran más seguras y estables.
En otra ocasión visité una comunidad que, me advirtieron, era especialmente compleja. Pero son precisamente esos territorios a los que, por instrucción de la Presidenta Claudia Sheinbaum, debemos llegar. A pesar del calor sofocante, me sorprendió ver que la mayoría de las viviendas estaban construidas con lámina galvanizada y que, en su interior, apenas contaban con un solo cuarto que servía tanto para dormir como para cocinar.
Ahí me encontré con un grupo de jóvenes a quienes quise acercarme, pero quienes conocían la zona me detuvieron con una advertencia: algunos de ellos estaban identificados por participar en conductas violentas. Mi respuesta fue clara: la atención a las causas es para todas y todos. Me acerqué, los saludé de mano y comenzamos a conversar. Al principio se mostraban reservados, pero conforme avanzó la charla, empezaron a abrirse. Estos jóvenes estaban deseosos de ser escuchados en su entorno habitual, que se conociera cómo viven y que a partir de eso se realizara un intervención integral. más allá del estigma que pesaba sobre ellos.
En este intercambio, conocí a Ramiro, un joven de 16 años, quien no había terminado la primaria y me contó que su mamá había fallecido dos años atrás. Le pregunté si quería estudiar y me dijo que no, encogiéndose de hombros. A simple vista parecía indiferente, pero bastaba detenerse un poco en su mirada y su historia para notar una tristeza profunda.
Le propuse que se uniera a nuestro equipo, que podría estudiar y tener un gran futuro, pero volvió a negarse. Lo más importante para ayudar es que haya voluntad del otro lado, así que al verlo decidido, entendí que no podía obligarlo a tomar la oportunidad. Seguí caminando y cuando ya iba algunos metros adelante, escuché que me gritaron. Era Ramiro, me alcanzó para decirme: “Ya lo pensé, ¡sí quiero ir con usted! ¿qué tengo que hacer?”. Sonreí, consciente de que ese instante de reflexión marcaría de manera positiva su vida.
Para mi sorpresa, Ramiro quiere ser marino. Con determinación, retomó sus estudios y ya concluyó la primaria y la secundaria. Observamos que sería difícil que continuara su nuevo proyecto de vida en el entorno donde vivía, pues carecía de redes de apoyo, así que le propusimos trasladarse a la Ciudad de México para brindarle un espacio seguro donde pudiera concluir su formación y, después, volver a su pueblo siendo marino a lo cuál, él accedió. Estoy convencida de que a nuestro Ramiro le augura una vida llena de éxitos.
De acuerdo con las cifras presentadas en el informe de la Presidenta Claudia Sheinbaum el mes pasado, los homicidios en Tabasco, Estado de México y Baja California, han disminuido en 44, 43 y 25 por ciento, respectivamente, gracias a una colaboración institucional entre los tres órdenes de gobierno y dependencias que participan en la estrategía de seguridad.
Sin embargo, hoy quiero invitarles –como dice el poema– a no quedarse inmóviles al borde del camino. A mirar los resultados, pero también reconocer la realidad humana que se esconde detrás de ellas. Porque, como nos ha enseñado la Presidenta, la única forma de construir una paz verdaderamente sostenible y duradera es sembrándola junto a la gente. No se salven.
Soy Esthela Damián, orgullosamente guerrerense, orgullosamente del equipo de la presidenta Sheinbaum y orgullosamente sembradora de paz.
Nos leemos el próximo martes.

 

Barrio Adentro

Trabajar en el equipo de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha implicado aprender a realizar las tareas que nos asigna de manera metódica, eficiente y, en mi caso, de manera directa con la población. Es indispensable generar resultados que comprueben que se están atendiendo las encomiendas que nos da.
Sin embargo, hay una parte de mi trabajo que no se puede cuantificar en cifras pero que en definitiva me ha tocado el corazón profundamente y es mi motivación todas las mañanas para levantarme temprano a trabajar: las historias humanas que he conocido a lo largo de los años en territorio.
Desde que la doctora Sheinbaum Pardo me solicitó realizar tareas territoriales –primero en la Ciudad de México y ahora a nivel nacional– he comprendido que este tema no puede ser secundario, pues en muchos casos literalmente está en juego la integridad y la vida de las personas.
Desde mi trabajo en el DIF de la Ciudad de México, tuve la responsabilidad de coordinar la estrategia Barrio Adentro. El objetivo era claro: atender a las y los jóvenes de 12 a 29 años, disminuir las violencias y el consumo de sustancias psicoactivas, que no participaran en actos delictivos. Estos adolescentes o jóvenes viven en zonas de alta vulnerabilidad y un alto índice de la comisión de delitos.
Hoy tengo la responsabilidad de implementar la estrategia denominada Jornadas de Paz, des-de la Subsecretaría de Prevención a las Violencias, y se lleva a cabo exclusivamente en lugares deter-minados por la presidenta de la República, puesto que es una política pública focalizada.
En este caminar he comprendido que aquella vieja idea punitivista –según la cual la seguridad se construye con castigo– está más que superada. La verdadera seguridad nace de una política pública integral, humanista, que atienda las causas que generan el delito, es decir, que se enfoque en la prevención de las violencias.
El pasado 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, un tema esencial para comprender y fortalecer la estrategia que impulsamos. Todos los casos son importantes, pero hay algunos que me han hecho dimensionar con mayor claridad la urgencia de brindar atención digna a quienes más la necesitan.
Durante uno de mis recorridos conocí a una madre joven que vivía rodeada de basura, en condiciones que reflejaban un profundo abandono. Era evidente su dificultad para cuidarse a sí misma, y mucho más para cuidar de sus hijas e hijos. Años atrás, estos habían sido víctimas de abuso sexual por parte de su padre biológico. A pesar de ello, cuando observaba la relación entre ella y sus hijos, se percibía un vínculo lleno de ternura. Sin embargo, ese afecto no había bastado para detener la violencia que marcó a esa familia. La mujer parecía completamente desconectada de su entorno, lo que me reveló el enorme daño que puede causar la ausencia de atención psiquiátrica oportuna; una intervención temprana habría podido evitar el ciclo de violencia.
Otro caso fue el de un hombre que, en medio de una profunda desesperación, llegó a considerar el suicidio. En su mente, la idea de morir estaba acompañada de la creencia de que sus seres queridos no podrían sobrevivir sin él. Bajo esa distorsión del dolor, intentó quitarles la vida a sus tres hijos. Afortunadamente, gracias a la intervención fue posible salvar a esa familia.
Nunca olvidaré el caso de una mujer de alrededor de 45 años que padecía una enfermedad mental severa. Había sido víctima de abuso sexual y de esa violencia nació una niña, que entonces tenía unos seis años. La menor vivía completamente aislada, sin contacto con el exterior; su única convivencia era con los animales domésticos de la casa. Por ello, imitaba sus comportamientos: no hablaba ni caminaba, solo reproducía los movimientos y sonidos de los animales con los que compartía el encierro. Gracias al trabajo territorial, tocando puerta por puerta, logramos intervenir, la niña fue rescatada y su madre recibió atención en los hospitales psiquiátricos de la Ciudad de México. Hoy, esa niña camina, habla, ríe y vive feliz con la familia que la adoptó.
De acuerdo con datos del Inegi, entre 2013 y 2023 la tasa de suicidio en México aumentó de 4.9 a 6.8 casos por cada 100 mil habitantes. Además, el 32.5 por ciento de las personas mayores de 12 años han manifestado haberse sentido deprimidas en algún momento. Estas cifras evidencian que la problemática es cada vez más preocupante; sin embargo, los prejuicios y estigmas que aún rodean la salud mental continúan alejando, especialmente a adolescentes y jóvenes, del acompañamiento profesional que necesitan.
No es un tema menor, se trata de un problema sistémico en nuestro país, pues durante décadas, el neoliberalismo castigó el sistema de salud pública y estigmatizó a quienes tenían algún padecimiento relacionado con la salud mental cuando en realidad, la psicología y psiquiatría son ramas médicas tan necesarias como la pediatría o la cardiología.
Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum impulsa diversas acciones para garantizar la atención gratuita de salud mental. Tenemos la Línea de la Vida (800 911 2000), disponible las 24 horas, atendida por especialistas. Además, se cuenta con el IMSSBienestar, los Centros Comunitarios de Salud Mental y la Comisión Nacional de Salud Mental, que ofrecen orientación y acompañamiento profesional.
Soy Esthela Damián, orgullosamente guerrerense, orgullosamente del equipo de la presidenta Sheinbaum y orgullosamente sembradora de paz.
Nos leemos el próximo martes.

* Subsecretaria de Prevención de las Violencias en la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana.

@estheladamian

 

Un éxito el Programa de Alimentos Escolares

ESTHELA DE GUERRERO

 

Durante mi participación como coordinadora de campaña de la entonces candidata a jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, realizamos muchos eventos con sectores como cultura, diversidad sexual y empresarios, deportes, jóvenes, mujeres, entre otros; para la doctora era de suma relevancia escuchar a todas y todos para construir un proyecto incluyente.
Esta fórmula fue lo que permitió obtener la Jefatura de Gobierno de manera contundente al Frente que entonces conformaron el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano: la doctora Sheinbaum obtuvo un total de 2 millones 537 mil 454 votos.
Una vez ganada la Jefatura de Gobierno empezó a formar su gabinete y me invitó a colaborar como titular del DIF en la Ciudad de México, asignándome tareas que eran muy ambiciosas y significaban un giro de 90 grados en la atención que antes daba el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, y el objetivo era claro: primero los más vulnerables.
Algunas de las metas y objetivos que me solicitó fueron la distribución de alimentos escolares calientes, una academia de lengua de señas para personas con discapacidad o aquellos que quisieran aprender el lenguaje de señas, la creación de Centros de Educación Inicial bajo un mismo modelo de atención de todos los que tenía el DIF y las alcaldías de la Ciudad de México, la atención a la problemática de trabajo infantil, la creación de la estrategia Barrio Adentro, y la atención inmediata a niñas, niños y adolescentes que tenía el DIF bajo su protección y cuidado por denuncias de violencia.
En particular, hoy me gustaría enfocarme en el Programa de Alimentos Escolares Calientes que no existía en ninguna de las 3 mil 50 escuelas de educación básica (preescolar, primaria y especial). Antes de que llegáramos al gobierno, sólo se proporcionaban alimentos fríos, que consistían en un cereal, una leche y en algunos casos una pulpa con sabor a fruta.
Lo primero que solicitó la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, fue una medición de peso y talla en 11 mil niños de esos niveles educativos, lo que se acompañó de una serie de preguntas como: ¿Desayunas o no? ¿Qué desayunas? ¿Qué te gusta desayunar? para tener una pers-pectiva más certera de la proble-mática.
El resultado que nos arrojó esta investigación fue que de cada 10 niños, 6 tenían problemas de obesidad y sobrepeso, por lo que tomamos acción de inmediato y acudimos con expertos de nutrición y alimentación para cambiar la política pública de las escuelas y atender a nuestras niñas y niños.
Recurrimos al Instituto Nacional de Nutrición Salvador Subirán, para analizar cuál era la opción ideal para que los niños tuvieran una mejor calidad en su alimentación y nutrición.
Ahí, nos explicaron que justamente la fruta deshidratada concentra mucho más azúcar, de manera que, por indicaciones de los especialistas, se tomó la decisión de llevarles la fruta fresca de temporada, y en esta distribución nos encontramos con que había niños que era el único alimento que podían probar durante el día.
Al obtener esta alarmante información, por instrucción de la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, buscamos la opción de proporcionarles un alimento más completo para estos niveles escolares a los que llegábamos.
No lo voy a negar, al principio fue un reto mayúsculo porque sabíamos las cargas tan grandes que ya tenían los directivos de los centros escolares, por lo que era indispensable involucrar a las familias para lograrlo. La idea era que los papás se convirtieran en una parte importante de este proyecto. ¿Quién sino ellos podían ser el principal eslabón en esta cadena productiva y de alimentación para sus propios hijos?
Así comenzaron las capacitaciones para la preparación de alimentos, se hicierón recetarios, se formaron comités de padres y madres de familia –con tesorero, supervisor de los recursos económicos, y papás y mamás que cocinaban– a fin de que mediante una tarjeta se les entregara el recurso necesario para comprar los víveres en comercios locales, lo que generó también un impacto positivo en la economía de barrio.
Además, se entregaron a todas las escuelas utensilios, estufas, refri-geradores, licuadoras industriales, platos, vasos, instalación de gas, tanques estacionarios, y todo lo necesario para preparar los alimentos.
Es importante destacar que en algunos casos se tuvieron que construir cocinas en las escuelas para implementar el programa, y ajustar algunos espacios como canchas, aulas o áreas comunes, para que se les diera de comer, siempre buscando el mejor lugar, según cada escuela.
El plato de alimentos escolares calientes consistía en un plato fuerte caliente –por ejemplo tortitas de amaranto o huevo a la mexicana–, leche y una fruta natural, todo de la mejor calidad. Llegamos a beneficiar a 90 mil niñas y niños, lo que implico preparar un millón 420 mil raciones mensuales.
Este programa se convirtió en todo un éxito en la ciudad llegando a ser reconocido incluso a nivel internacional como buenas prácticas de gobierno.
Seguro que los lectores preguntarán ¿cuánto pagaba cada día por cada desayuno un padre de familia? Cincuenta centavos por día, es decir, al mes un padre de familia de zona vulnerable pagaba en total diez pesos mensuales por los 20 alimentos escolares que recibía su hija o hijo en su escuela.
Esto, gracias a que el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum subsidiaba el 95 por ciento del costo real, que no es distinto a lo que ocurría con el alimento frío, pero con una diferencia sustancial en la salud en materia de nutrición y con beneficios en la disminución de obesidad o sobrepeso para los niños y las niñas.
Antes de irme, les dejo el recetario de los alimentos calientes que durante mi gestión se prepararon en las escuelas pa’ que se avienten alguna de ellas en su desayuno.
¡Buen provecho! https://bit.ly/RecetarioDIF

* Subsecretaria de Prevención de las Violencias en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).

@estheladamian

 

 

Se presenta Esthela Damián en el encuentro nacional por la Democracia Popular de Morena

José Miguel Sánchez

Chilpancingo

La subsecretaria de Prevención de las Violencias, de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (SSPPC), Esthela Damián Peralta, presentó el sábado, durante el Encuentro Nacional por la Defensa y Profundización de la Democracia Popular, los avances en la estrategia de seguridad del gobierno federal, que aseguró está basada en la atención a las causas y el trabajo comunitario.
El Encuentro Nacional por la Defensa y Profundización de la Democracia Popular, es una serie de ponencias realizadas en Ciudad de México, organizado por el Instituto Nacional de Formación Política de Morena, a donde acuden diferentes figuras políticas y académicos a emitir un mensaje a su militancia y a diversas autoridades.
El sábado acudió Damián Peralta, quien presentó los avances y retos de la estrategia de seguridad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
En su participación, Damián Peralta explicó que el modelo de seguridad nacional se basa en cuatro ejes: atención a las causas de la violencia, consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de la inteligencia e investigación, y coordinación institucional.
Destacó que el enfoque es “preventivo y humanista”, que en el primer año de gobierno se ha brindado atención a más de 5 mil jóvenes a través del programa Sembradores de Paz, cuyos brigadistas trabajan en comunidades para detectar los problemas y ofrecer acompañamiento integral.
“No ofrecemos un empleo temporal, sino un cambio de vida. No dejamos una carpeta abierta, abrazamos a la familia con dignidad”, expresó la funcionaria federal, quien es una de las aspirantes a contender por la gubernatura de Guerrero en 2027.
Agregó que las denominadas Zonas de Paz se definen a partir de condiciones específicas, como la alta densidad de jóvenes, pobreza, presencia de comunidades indígenas y altos índices delictivos, con el fin de realizar intervenciones focalizadas.
Durante su intervención subrayó que las Jornadas de Paz también acercan apoyos sociales, como pensiones para adultos mayores, ayudas a personas con discapacidad y servicios comunitarios, para fortalecer el tejido social.

Esthela de Guerrero

 

(Segunda parte)

Siempre he concebido que ser servidora pública implica una gran responsabilidad y compromiso para quienes nos dedicamos a estas tareas. Por eso, gran parte de mi trabajo lo desarrollo en territorio, lo que me ha permitido conocer de primera mano las necesidades de la población más vulnerable.
En este caminar y afán por ayudar fue que conocí a la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, hoy Presidenta de la República. En la columna de hoy quiero platicarles cómo fue ese primer encuentro y cómo comenzamos a trabajar juntas.
En 2016, al concluir mi responsabilidad como diputada constituyente, le pregunté a un amigo si conocía a la doctora Claudia Sheinbaum, pues era de mi interés platicar con ella, ya que la consideraba una gran compañera de izquierda. Nuestro encuentro se dio y ahí conversamos sobre quien entonces era aspirante a la Presidencia de la República, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, le conté de una de las encomiendas que me asignó en 2012, espefícicamente en el distrito de Atlacomulco, Estado de México –sí, aquel conocido por ser la cuna de Enrique Peña Nieto.
Hablamos de su proyecto de nación, de nuestras coincidencias en muchas de las luchas que junto a él dimos en la construcción de la democracia en nuestro país, de la política que construimos también las mujeres.
Para ese momento yo ya había renunciado al PRD y le compartí las razones de mi decisión, así como mi llegada a Movimiento Ciudadano, con la idea de construir una alianza con Morena rumbo a la elección de 2018, sabiendo que en 2006 y 2012 también habían acompañado al licenciado López Obrador.
La conversación con la doctora Claudia fue muy amena, compartimos proyectos políticos en común y aproveché para decirle que me parecía la mejor aspirante para la sucesión de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Su respuesta fue contundente: “Pero si yo ni siquiera he decidido que voy a participar en la encuesta”. A lo que le contesté: “No importa, creo que esta es la parte más importante de este momento y de tomar una decisión”.
En medio de la plática, me pareció importante decirle que no era mi intención pedirle una candidatura ni negociar una posición, le dije “quiero que sepas que no es mi estilo llegar y pedir. Lo que quiero es poner sobre la mesa lo que sé hacer y lo que he aprendido”.
Con una sonrisa me preguntó “¿Y entonces qué sabes hacer?” Le respondí con franqueza: “He trabajado en política pública, fiscalización y presupuesto. Y lo vivido en Guerrero y en la ciudad me ha dejado grandes aprendizajes en campañas. Si decides lanzarte como candidata, aquí estoy. Y si no, tampoco hay compromiso”.
Porque así ha sido siempre: mi adhesión a un proyecto político no depende de un cargo. Lo que me mueve son mis principios y mi formación política, que se sostienen en la confianza y la congruencia de quienes los encabezan.
Tengo que admitir que me gusta observar a las personas; no sé si sea virtud o defecto. En ese primer encuentro me di cuenta de que la doctora Sheinbaum, como yo, es madre, y que su historia de vida no había sido fácil, como la de tantas mujeres que trabajamos desde distintas trincheras. Disfrutamos mucho hablar de nuestras causas comunes: el fortalecimiento de la izquierda y la importancia de ganar la Presidencia de la República para construir una mejor patria.
En un momento ella me preguntó hasta dónde llegaría si MC no apoyaba a Morena. Le respondí que no tuviera duda: mi decisión ya estaba tomada y no aceptaría ninguna candidatura junto al PRI, PAN o PRD. Mis principios siempre han sido la columna vertebral en mi trabajo y nunca los he negociado. Vi en su mirada cierta incredulidad, pero el tiempo me permitió demostrarle que soy una mujer de palabra. Renuncié a la dirigencia estatal de ese partido cuando se consolidó el frente.
Con la doctora Sheinbaum no hay demagogia, hay hechos y resultados. Comenzamos a trabajar en el equipo que estaba formando en caso de decidir participar por la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Y ahí conocí a la jefa más exigente que he tenido: exhaustiva de principio a fin, con vastos conocimientos en diversos temas.
En 2017 nos reunió para anunciarnos que había tomado la decisión de participar por la candidatura de Morena. Nos advirtió que no sería una contienda fácil, pues los compañeros que también la buscaban tenían gran trayectoria y los respetaba mucho. A partir de ese momento me involucré en todo lo que podía aportar y en lo que ella me permitiera, reconociendo siempre las capacidades de cada integrante del equipo.
Tras jornadas extenuantes, eventos y asambleas por toda la Ciudad de México, el resultado llegó: ganamos la encuesta de Morena y estábamos en el umbral de llevar a la primera mujer de izquierda, emanada por voto popular, a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Siempre agradeceré la distinción de nombrarme parte de su equipo de precampaña y de designarme, junto a mi querido amigo José Alfonso Suárez del Real, como coordinadora de su campaña.
Mi jefa, la doctora Sheinbaum, siempre ha sido meticulosa en la planeación, ejecución y evaluación de cada tarea. Por eso se volvió candidata, coordinadora de campaña, de medios, de giras… nada escapaba a su corrección y supervisión. Esto nos permitió desarrollar una precampaña y campaña muy exitosas, siempre de la mano de nuestro candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador.
De este y otros detalles les platicaré el próximo martes en la siguiente columna.
Muchas gracias a El Sur y a Juan Angulo por distinguirme como columnista en este gran medio.
Soy Esthela Damián, orgullosamente guerrerense, orgullosamente del equipo Sheinbaum y orgullosamente trabajando por la paz.

* Subsecretaria de Prevención de las Violencias en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).

Esthela de Guerrero

 

(Primera parte)

Me complace iniciar mi colaboración semanal en El Sur, periódico de gran prestigio en Acapulco y Guerrero. Agradezco el espacio para compartir mis reflexiones y análisis con mis paisanas y paisanos. Estoy emocionada de constribuir al diálogo informativo y constructivo de Guerrero.
Les quiero contar que el tema de mi trabajo en la política empezó desde hace ya muchos años, cuando empecé a trabajar al lado de mi padre Alfonso Damián. Yo era una adolescente de 14 años.
A esa edad uno tiene inquietudes, proyectos y el tema de la conciencia muy amplia, somos como esponjas que todo lo queremos absorber con mucha avidez, deseos de aprender y de buscar, hasta debajo de las piedras, la respuesta a infinidad de inquietudes que se nos vienen a la mente.
También comenzamos a decidir qué queremos y qué no queremos en nuestra vida. Déjenme contarles que en esa etapa sobre todo conocí la Montaña de Guerrero, caminé por diferentes zonas y lugares; esos paisajes y su gente marcaron mi vida.
En esos años, las condiciones económicas, sociales y políticas de nuestro estado eran muy diferentes a las que tenemos actualmente. Ustedes recordarán que no había alternancia de poder, y eso mismo se replicaba en todo el país. Se vivía bajo un esquema de absoluto autoritarismo, en donde no nos recibían, no nos escuchaban, ni nos resolvían.
Hay una anécdota que tengo muy fresca en mi memoria: estábamos reuniéndonos para escuchar las quejas que tenían nuestros hombres de campo porque les querían cobrar un crédito, en ese entonces el Banrural, de una siembra que se había perdido porque las tierras se anegaron por exceso de lluvias, inundaciones y había pérdida total, pues el banco tiene que exentarles de ese crédito porque ese fue un siniestro.
Los representantes del banco no solamente no querían atenderlos, sino que querían embargarles lo cual era verdaderamente una injusticia. Recuerdo a los campesinos con su camisa de manta, su bule de agua, sus huaraches y sus pies llenos de tierra porque venían de arar su parcela.
Siempre recuerdo que cuando uno saluda a un campesino, uno sabe que vienen de arar la tierra, tienen las manos recias, ásperas y callosas, y entonces, a mí me marcaba mucho ver todas esas realidades en medio del campo y les aseguro que yo escuchaba su reclamo airado y genuinamente me preguntaba: ¿dónde están los que resuelven estos problemas en este país? ¿Cuál es su profesión? ¿A qué se dedican? ¿Quiénes tendrían que estar al frente para resolver estas injusticias y esta inequidad y pobreza?
En esas preguntas encontré que la respuesta era la política en donde tenía que trabajar, porque lo que este país necesitaba era alternancia en el poder.
Fue ahí que me di cuenta de mi vocación de vida, supe que la política iba a ser algo a lo que yo me iba a dedicar, y esta decisión significó trabajar de cero, entregando volantes, siendo brigadista, trabajando con un megáfono, encabezando la marcha, cerrando un banco rural, cerrando una calle porque no nos querían atender, luchando en todos los frentes que nosotros sabíamos que teníamos que dar y que hacer desde la oposición.
A veces la puerta no se abría, la teníamos que tirar con resistencia y energía. Era tener la bota del gobierno en el cuello. Así pasé parte de mi juventud. Estuve trabajando en Guerrero muchos años en la política.
Aprendí mucho de la política en mi querido estado, pero sabía que nuestras batallas no eran sencillas, eran un poco más complicadas de lo que uno pensaba. Aprendí a hacer campañas, aprendí a convencer a la gente y a no tenerle miedo a un micrófono.
Estudié mi educación básica y mi universidad, crecí y viví en Chilpancingo hasta los 26 años, y como lo hice a los 14, a los 26 tomé la decisión de salir de mi ciudad natal e irme a vivir a la Ciudad de México. A quienes me preguntaron ¿por qué tomas esa decisión? ¿Estás loca? Vas a sufrir. ¿Qué te espera? les respondí: en Guerrero no tengo méritos propios, siempre soy la hija de Alfonso Damián, y yo quería construir mi propio destino.
Yo quería saber de qué soy capaz. Y entonces, ahí me tienen, caminando hacia la Ciudad de México.
Era trabajadora eventual y ganaba menos del salario mínimo, no me alcanzaba para pagar una renta, así que yo solo podía comer por lo que decidì vivir en la casa de una amiga. Eso me permitió mantenerme un rato en la Ciudad de México. Comencé a aprender de la política pública, y tenía que hacerlo muy rápido, para mantenerme en la ciudad.
Gracias a lo que viví en Guerrero, crecí muy rápido en la política, me dieron la oportunidad de participar y competir, y así, con el apoyo del pueblo, con los votos en urnas, logré ser dos veces diputada local, una vez diputada federal y diputada constituyente de la Ciudad de México.
En ese camino el destino me llevó a conocer a la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien es mi jefa, mentora, líder y mi mejor maestra, pero esa historia se las cuento en mi siguiente columna.
Soy Esthela Damián, soy orgullosamente del equipo Sheinbaum, orgullosamente guerrerrense y orgullosamente trabajo por la paz.

* Subsecretaria de Prevención de las Violencias en la Secretaría de Protección y Seguridad Pública Ciudadana del Gobierno de México (SSPC)

@estheladamian