Cómo escapar al trance digital

Casi todos nos hemos sentido espiados por las redes; a veces aseguramos que nuestros teléfonos o pantallas nos escuchan. El internet de las cosas no mejoró esta situación: las alexas y siris que reciben órdenes todo el día saben qué pedimos, qué queremos, cómo complacernos y qué no está dentro de nuestros deseos. Los buscadores no sólo nos “ayudan”, sobre todo nos perfilan.
Con una increíble genialidad, el joven Andrea Colamedici rebasó ya las teorías de cómo las plataformas nos dan gusto y secuestran nuestro tiempo y deseos, al publicar a principios de año Hipnocracia. Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad. Colamedici es un muy joven filósofo y ensayista romano, que diseñó –en colaboración con dos plataformas de inteligencia artificial– una dialéctica ultramoderna para preguntar ciertas premisas de tal manera que de la conversación entre plataformas fue resultando un texto inédito, buenísimo, atinado. Además, Colamedici, pasando en un principio como traductor del libro, haciendo un juego con el filósofo coreano ultraleído Byung-Chul Han, acreditó el texto, primero, al chino Jianwei Xun, quien en un principio se sospechó era un filósofo hongkonés con residencia en Alemania pero que en realidad nunca existió. La construcción algorítmica, híbrida, de AI, para hablar de todo eso mismo, fue un acto en sí creativo que denota una inteligencia fuera de serie. Y, claro, Hipnocracia fue un hito por cómo se escribió, por quién lo escribió y por cómo se dieron cuenta de la autoría. En la era digital utilizar toda la artillería digital para hablar del tema resultó, según se ha descrito, “una de las provocaciones intelectuales más audaces de nuestros tiempos”*. De hecho, el libro (bestseller) se ha considerado “crucial para comprender cómo el control se ejerce actualmente no reprimiendo la verdad sino multiplicando las narrativas, haciendo que cualquier punto fijo se vuelva imposible”. Digamos que, de alguna manera, escapar a este ensayo filosófico puede dejarnos omisos y enceguecidos a verdades fundamentales que son rasgo de nuestra era.
Sólo para anotar también en qué consiste ese sistema de Colamedici, utilizado para crear literatura ensayística de primer nivel a partir de IA llamado prompt thinking, vale resumir que esto es, según responde el propio ChatGPT: “un enfoque para diseñar y refinar prompts –es decir, instrucciones para modelos de lenguaje– que enfatiza el pensamiento estratégico previo a la tarea de redacción”.
El resultado es vertiginoso y exultante. Las preguntas, las premisas, la guía de Colamedici y los resultados fascinan, se entienden, hacen una empatía total con cualquier lector, por más que no sea un iniciado o interesado en la filosofía. Quizá cualquier persona con mediana cultura y hábito de lectura pueda engancharse fácilmente con este libro por su actualidad, su forma de plantear el problema, su entendimiento profundo del mismo.
Colamedici asistió al “XXXIX Coloquio internacional: El claroscuro en que nacen los monstruos. Pensar el presente”, del 17, Instituto de Estudios Críticos**, en donde centró la afirmación de que estamos viviendo un hito en la historia de la humanidad porque nunca antes se habría podido decir que había una posibilidad de que se renovaran y crearan nuevos mitos. A esto Colamedici llamó “mitogénesis” y sólo la considera posible por la presencia de la Inteligencia Artificial en diálogo con otras semejantes y guiadas por el intelecto humano. La teoría ocasiona vértigo si se piensa con calma. También asusta y entusiasma, binomio sensorial que bien puede servir a una época en la que nos sentimos más bien con frecuencia avasallados por la cantidad de desinformación y detalle, como traje a la medida, para desviarnos de la posibilidad de atender, concentrarnos, verificar, utilizar siquiera una u otra información con un rumbo fijo.
Subyace en las teorías de Hipnocracia lo que las autorías recomiendan como escapar al trance digital, desinformativo, navegando junto con él, procurando advertirlo, señalarlo, sin eludirlo con fobia. Al fin, como su nombre lo indica, Hipnocracia habla de una era en la que quedamos entumecidos, adormilados, atarantados por el bombardeo incesante de datos, no datos, imágenes, audios, pseudonoticias, nada. La posibilidad de ver sin ver, de navegar con conciencia y estar despiertos en el trance, es mejor a nada, cuando el aplastante poder político-económico moderno opera mediante las más sofisticadas técnicas de persuasión hasta controlar absoluta y sutilmente nuestra tan valiosa subjetividad.

*https://es.wired.com/articulos/entrevista-con-andrea-colamedici-el-autor-detras-de-hipnocracia-de-jianwei-xun
**https://www.youtube.com/watch?v=wVPcr7_e-ao&list=PLJUPYiQ3jAeTnybTFrkI7yeqMmp3XpAFL&index=5

@anterrazas

 

Grita

Intuitivamente, las personas adultas sentimos que gritar es una forma expresiva que trastoca el espacio vital para llamar de manera sonora, de manera contundente, a otra persona. El grito generalmente se asocia a una solicitud de auxilio, emergencia, susto, desesperación o sorpresa. Gritar libera energía, estimula la circulación sanguínea, produce adrenalina y acelera el ritmo cardiaco. De hecho, lo primero que ocurre cuando nace la mayoría de los seres humanos es que, para respirar lloran, gritan.
No obstante, como gritar es transgresor, según dijimos anteriormente, porque se impone en el paisaje sonoro de los presentes, esto es quizá lo primero que se reprime en las infancias: “no grites, ssh, cállate, no se grita, más quedito”. En sentido estricto, quien educa acotando los gritos de sus hijos no busca traumatizarlos ni disminuir su capacidad torácica, sino enseñarles a respetar los espacios públicos sin molestar los oídos de las demás personas.
La educación de la voz de, prácticamente todo el mundo, queda atropellada, cercada y delimitada por la imposibilidad de un grito en el que, si se hace bien y con técnica adecuada, empuja todo el aire tomado, desde el diafragma, con el soporte abdominal, para aventar y sacar la voz sin tensión en cuello o garganta liberando el pecho, las emociones atrapadas, los flujos de aire hechos voz chiquita, amedrentada, que al final de cuentas quedan interrumpidos o atorados en el organismo durante toda la vida.
Lo anterior dio pie a la gritoterapia o terapia primal o primordial, estudiada en los años setenta por un psicólogo y escritor estadunidense, Arthur Janov, quien aseguraba que una forma eficiente de liberar los traumas reprimidos durante la infancia, obviamente, consistía en recuperar ese grito primordial; sin entrar en detalles, sugería gritar.
La gran mayoría de las personas profesionales dedicadas a la enseñanza del canto, a la educación vocal o canora, utiliza diversas estrategias y métodos para encaminar a la voz sin dejarla que se vea obstruida. Hay quien utiliza el método Linklater –sobre todo quienes estudian actuación combinada con canto– para desinhibir esa voz acorralada y poder conectarla bien, abrir los canales y de paso fortalecer voz, cuerpo y mente. Otro método para cantar, gritar, hablar en público o proyectar la voz es la técnica Alexander.
Es tan socorrido el tema del grito, y tan importante por obvio que parezca, que el artista sonoro y radioasta Gregory Whitehead tuvo momentos de gloria con su experimento Pressures of the Unspeakable* cuya traducción al español puede ser Presiones de lo indecible. La obra sonora mencionada, transmitida en 1991 en la radio nacional australiana, se apoyaba en el gritopaisaje o screamscape, investigado por el instituto especializado en ese género en particular y por el doctor iniciado en las evaluaciones del grito. La obra logró convocar a las audiencias a que gritaran, hablaran sobre el grito y se hiciera una entrevista con el doctor Whitehead. El experimento, montaje radiofónico, se ha repetido con gran éxito en diversas radios de distintos países, siempre provocando azoro y generando conversación**.
Gritar es una forma de resistencia, de convocatoria, de salirse de los decibeles de lo regular. En México, a la celebración patria por excelencia, cuando se conmemora haber dejado de ser parte de otra nación para comenzar un camino propio, el 15 de septiembre, se le llama la “ceremonia del Grito”.
El pasado grito patrio, fue el primer grito en más de dos siglos dado por una mujer. Fue impecable y salió magnífico. Lleno de señales y símbolos que deliberadamente lograron destronar el grito patriarcal. Llamó la atención de quien esto escribe la columna de un escritor partidista, ideologizado, que lamentaba no se hubiera mencionado en periódicos nacionales lo bien que le había salido toda la ceremonia del Grito a la presidenta Claudia Sheinbaum. No se sabe con claridad cuántas notas favorables hubo al respecto; apena, sin embargo, que al igual que la población, la prensa está tan polarizada y sujeta a ser valorada solamente como amiga o enemiga y nunca neutral ni apartidista –como considero debe de ser–, que en cuanto se toca algún tema concerniente al poder, al gobierno federal en turno, el tema pasa a segundo plano y se descalifica o califica a quien lo escribe. Por lo pronto, como recomendación personal, aunque sea de vez en cuando, digo a quien esto lea: grita.

*https://gregorywhitehead.net/2012/10/29/pressures-of-the-unspeakable/

**https://gregorywhitehead.net/2012/10/29/pressures-of-the-unspeakable/

@anterrazas

 

Resistencia y amores a la vuelta de las canciones de moda

AMERIZAJE

A Jef.

Desde que la humanidad se pudo conectar y prácticamente todos los rincones del hemisferio quedaron expuestos a todo el mundo, surgieron una serie de instituciones que tutelan los gustos, modas, costumbres y hábitos con el fin de poderlos mercadear, vender, promover. Sin adjetivar este fenómeno, los medios de comunicación están al centro de este sistema, como brazos de las potencias económicas, comandados por la oferta y la demanda.
En la década de los ochenta, concretamente en el ámbito radiofónico, juvenil y musical, surgieron varios fenómenos movidos por los líderes de opinión –programadores, gerentes de marca de disqueras, conductores– de ese tiempo. La fortaleza de la radio entonces –tal vez de siempre–, como medio acompañante y didáctico, se enfocaba sobre todo en dos vertientes: aportar un catálogo musical para que las generaciones de los 18 a los 25 años bailaran, se enamoraran, se entristecieran, se alegraran, huyeran a su propio mundo y vivieran y, junto con esto, ofrecer un repertorio discursivo, a través de la conducción de programas que iban normando criterios, formando opiniones, construyendo resistencias.
La burguesa Frecuencia Modulada en Ciudad de México se engalanó con varias radios de resistencia juvenil, bastante pensantes, con ganas de tener y de hacer conciencia, si bien unas más progres que otras: Rock 101 (1984), WFM (1985) y Radioactivo (1992)*. Todas las anteriores hacían vínculos con las y los jóvenes ochenteros de manera quizá estridente, quizá contracultural, quizá a la moda. Los vehículos empáticos: la música y la palabra irreverente, sarcástica, antisolemne.
Más por razones personales que por el ánimo de historiar, el conductor de radio, especialista en jazz y amante de la música fina, Erik Montenegro, decidió en agosto pasado hacer un homenaje a su amigo José Enrique Fernández, antecesor en la selección de música y programación radiofónica, formador de proyectos que fueron de gran influencia e impacto para las generaciones que ahora tienen entre 43 y 56 años. A Fernández le tocó escoger la música –no folklórica ni étnica o de protesta– pop, folk, jazz, rock, comercial y selecta, que todos escuchamos en alguna época. Él es músico, hijo de músico, autor, productor, conductor y director de programación. Ha trabajado desde distintos ángulos, siempre con y sobre la música, para empresas de la talla de Warner, Melody, Universal y la revista Billboard. Fue codirector de la disquera independiente Suave y director de programación de Radioactivo, Stereorey, creador de Reactor 107.9 FM, asesor de Ibero 90.9 y, en una época, director de programación de las 17 estaciones del Instituto Mexicano de la Radio, incluyendo Horizonte 107.9 de FM, donde actualmente es asesor musical y en donde todos los martes al filo de las ocho de la noche conduce junto con su hija María Emilia uno de los programas más escuchados del grupo radiofónico público: Covertitlán.
La serie de Montenegro que homenajea a Fernández goza de la libertad de toda producción de autor en podcast: duración a modo; se habla de música y sobre música sin la música de fondo –aunque se ofrece un listado para la escucha de las audiencias en Spotify; se tocan todos los temas y se habla de afectos, de fondos, de situaciones entretenidas. Son 13 capítulos, muy ilustrativos y gozosos porque, a pesar de ser una serie amistosa, de reconocimiento a una trayectoria, se ilustra sobre plataformas de grabación, cómo surgieron o no algunos artistas de la época –por ejemplo Madonna–, qué debe de hacer una disquera cuando tiene un éxito en un género “nuevo”, cuáles eran los hábitos de escucha de los años ochenta. Las ideologías de fondo de las resistencias a veces están a la vuelta de una canción de moda, esa melodía con la que se hicieron novios o se despidieron parejas que cambiaron el mundo, por lo menos su mundo, o quienes marcharon al compás de un grito por más respeto, menos autoritarismos.
Las Cintas perdidas** de Montenegro y Fernández hablan de amores e historias encontradas y de cómo un podcast hecho con cariño, con tiempo, con creatividad, puede traducir lo valioso de un relato íntimo, de la historia de alguien que tomó decisiones públicas, en un documento sonoro, epocal. Como dice el propio Fernández: “La verdadera influencia no viene sólo de impulsar éxitos inmediatos sino de sostener artistas con fe, rescatar los deep cuts (lo insólito y no muy escuchado) y crear ecos (cintas, playlists, programas) que permitan que esas canciones encuentren su público y sigan tocando corazones años después”.

* Aquí puede consultarse el libro de una serie que se ocupa de esa historia musical de época. https://editoraslosmiercoles.com/CintasPerdidas/CintasPerdidasLibro27sepOkLec.pdf
** https://acortar.link/AabcMh

@anterrazas

“¿No será el horizonte nuestra patria común?”: Chillida

 

Eduardo Chillida. Convergen-cia es la imperdible exposición temporal que inauguró el pasado 2 de agosto The San Diego Museum of Art, en California, en la mera frontera, en el horizonte de nuestro noroeste geográfico y que estará abierta al público hasta el 8 de febrero de 2026.
Según se anuncia, se trata de la muestra de Chillida con mayor investigación que se ha montado en América del Norte en casi medio siglo y abarca un amplio rango de la práctica del artista vasco: desde su escultura –monumental o pequeña– forjada en hierro, como la hecha con roble o alabastro, trabajo en tinta, formas en arcilla sólida, hasta creaciones en papel. De acuerdo con el catálogo de la exposición, el mote de “convergencia” para titularla se refiere a lo que el propio Chillida veía en la obra escultórica, “una miríada de fuerzas, incluyendo la naturaleza, la cultura, lo material y lo inmaterial, la forma y el vacío, en donde todo se encuentra”.
Una brevísima y simple descripción de Chillida (1924-2002) lo describiría quizá como uno de los escultores monumentales en hierro y en acero más importantes –o el más– de la segunda mitad del siglo XX. De acuerdo con gran parte de los textos biográficos elaborados por su esposa, Pilar Belzunce, Chillida se caracteriza por explorar el diálogo entre formas orgánicas y el espacio, entre la naturaleza y las interrogan-tes filosóficas fundamentales. Su obra tiene la virtud de insinuar en trazos directos y diseños contundentes la complejidad del hombre, su contexto, las relaciones humanas, el mundo.
Quizá por esos motivos Chillida gozaba tanto de la obra del compositor, músico, director de orquesta y cantor Juan Sebastian Bach, y de la obra del filósofo Martin Heidegger, ambos alemanes. De hecho, existe un libro de Heidegger que fue diseñado por Eduardo Chillida, El arte y el espacio. Heidegger y Chillida se conocieron en 1968 y pudieron coincidir en esa dupla, arte y espacio, como tema de interés vital. De ese encuentro y de una conversación surgió en 1969 el libro de artista, de 38 páginas, que tiene “collages litográficos sobre papel” combinados con el ensayo de Heidegger, quien explora “cómo la escultura le da forma al espacio a través del pensamiento y los materiales”.
Como artista de gran talla, Chillida tiene una mirada de poeta; piensa, escribe, traza y esculpe en modo poético y los títulos de sus obras dan fe de eso: Peines de viento, La puerta de la vida, Gravitación, Montaña vacía, Alba, Homenaje a la humanidad, Elogio del hierro, Komuna, La casa de nuestro padre, Elogio de la sombra, Casa de la paz, Yunque de sueños V, Canto rudo, etcétera.
La fuerza requerida para la fundición, abrazo o unión e integración de las obras monumentales de Chillida es notable. Una de sus piezas enormes e impresionantes, Elogio del horizonte, ubicada en el Cerro de Santa Catalina, en Gijón, España, pesa 500 toneladas, mide 10 metros de altura y está hecha de hormigón.
Entre lo más destacado de la exposición de Chillida en San Diego ahora, está también la singular proyección inmersiva, viaje virtual de 360 grados, que lleva al visitante a La Concha, en el País Vasco, a experimentar de una manera que físicamente sería imposible ya que lo coloca estando adentro, parado, bajo una de las tres esculturas Peines de viento, instaladas sobre las rocas. Cada una de estas esculturas de nueve toneladas desafía la fuerza del mar, las olas y el viento que ahí rompe, “se peina”.
Entre los créditos del catálogo y montaje de Eduardo Chillida. Con-vergencia está el de la curadora Ra-chel Jans, el nieto del artista Mikel Chillida, la profesora de filosofía Ana María Rabe, el conductor Gustavo Gimeno y el renombrado arquitecto Norman Foster.
Mérito especial siempre tiene la mexicana Roxana Velázquez, directora ejecutiva del San Diego Museum of Art, quien recibió incluso un reconocimiento como mexicana distinguida por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores hace unos días.
En una de las fichas de la exposición, la referida a Gravitación, una obra de 1989 en papel, tinta y cuerda, se explica lo siguiente, aplicable al mundo actual: “Para Chillida, el horizonte, aquel extremo elusivo donde el mar se fusiona con el cielo, constituye la línea definitiva. A raíz de su profunda devoción por la humanidad, también lo concibió como un lugar donde las personas podían convivir y dejar de lado sus diferencias. En sus palabras: “Todos los hombres somos hermanos. ¿No será el horizonte nuestra patria común?”.

La patria de Jorge González Camarena

A punto de terminarse, habiendo comenzado desde mayo pasado, en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana se puede ver una exhibición homenaje del pintor, escultor y muralista Jorge González Camarena, a 45 años de su fallecimiento.
Esta exposición temporal –que termina el 14 de septiembre– fue titulada La utopía inacabada, en alusión a esa patria que carga con una “Revolución libertadora que debiera haber acabado con la pobreza y la miseria que marcaron al país durante siglos”. Las obras presentadas en La utopía inacabada, con el toque de “realismo mágico de la escuela mexicana” –como el propio jalisciense nombró a ciertos toques místicos agregados a su obra pictórica–, así como con el “cuadratismo” evidente que lo caracterizó –uso de formas, líneas y fondos geométricos para elementos, figuras y personajes–, nos transportan a la nación que a sus ojos seguía en deuda con la población más pobre y vulnerable.
De la palabra “distopía”, dice la explicación más accesible que se trata de “la deshumanización, los gobiernos tiránicos, posguerras de conflictos de grandes dimensiones, los desastres ambientales u otras características asociadas con un declive cataclísmico en la sociedad” *. Autores de ciencia ficción como George Orwell, Aldous Huxley, Ray Bradbury o Santo Tomás Moro hablaron de las antiutopías o movimientos distópicos. Por más semejanzas que pueda parecer hubiese en el mundo actual con los estados antiutópicos, quizá la opción menos inútil, de mejor frecuencia y con mayores posibilidades que tiene la humanidad para encontrar nuevos caminos y definiciones de su porvenir resuene mejor, en todo caso, con ese concepto que da nombre a la muestra de Jorge González Camarena, “la utopía inacabada”.
En cada obra de la exposición se da cuenta clara de una nación mexicana “resultado de la profunda compenetración de dos culturas: la mesoamericana y la española. A través de su trabajo artístico –ya fuera escultura, dibujo o pintura–, el artista representó una visión de la historia de México en la que reconoce la importancia de la fusión de ambas raíces que dan origen al mestizaje, como única y genuina identidad de lo mexicano”.
El mural de increíble factura titulado Liberación (1957-1963) de González Camarena, en el segundo piso del Palacio de Bellas Artes, es parte fundamental de la exhibición y es precisamente una gráfica colorida y magna de la historia patria, a los ojos de este gran artista, quien coloca en la parte central “a un hombre de espaldas que lucha contra la opresión y destroza la cruz a la que se encuentra atado. Esta enérgica figura está flanqueada, a su izquierda, por un campesino de aspecto cadavérico, y a su derecha, por una mujer vivaz y resplandeciente, que simbolizan, respectivamente, el pasado avasallador y el futuro prometedor” **.
González Camarena nació en 1908, inició su carrera profesional en 1929 y sus obras más recientes las elaboró el año de su muerte; el prolífico artista nunca dejó de producir y elogiar sobre el lienzo la fusión de dos culturas –ese mismo nombre puso a obra de caballete que actualmente se exhibe en el Museo Soumaya de Ciudad de México– que hace única a esta patria mexicana.
Al final no hubo, y difícilmente habrá, un promotor más potente de la imagen de nuestra patria, con cara de mujer, que Jorge González Camarena, quien, como es sabido ya, utilizó a la bellísima Victoria Dorantes, mujer tlaxcalteca, como modelo de “la patria” para las portadas de libro de texto gratuito de los años sesenta en adelante, títulos que se distribuyeron por millones y millones a lo largo de muchos años entre todas las infancias de primaria en el país. El rostro hermoso de Victoria es, para cualquiera que haya recibido uno de esos libros en esa generación, la patria misma, de ojos rasgados, tez cobriza y pelo azabache, lacio, vestido blanco, bandera y libro en manos, atenea de una mestiza identidad.
La patria no de opuestos que se odian sino de fusión, no de sólo desamparo sino de esperanza, ésa que aún hoy sigue en deuda con la pobreza, esa es la patria de González Camarena y esa es la muy celebrable este septiembre de 2025; más cercana, acaso, a una utopía inacabada que al escenario distópico que por momentos avasalla.

* https://es.wikipedia.org/wiki/Distop%C3%ADa
** https://museopalaciodebellasartes.inba.gob.mx/murales-coleccion-permanente/

@anterrazas

A ver al cine

Fuera de la academia, del encuadre para iniciados y de la especialización en la historia y ciencia cinematográfica, para las audiencias mexicanas en general –aquellas no expertas–, el cine significa la posibilidad más a la mano de recorrer, en relativamente poco tiempo, otras historias humanas más allá de las suyas. Ver cine es poder hacer una otra lectura del mundo, es un divertimento, es una forma de intentar hacer conexión –proyección, introyección– con otras biografías. El cine amplifica la visión, las posibilidades, los límites de la imaginación, la cultura, la identificación, el amor por distintos temas, historias y personajes. Además, ver cine, en aproximaciones muy llanas, también divierte y suele hacernos pensar, revivir, reír, hacer nuestro propio correlato de lo vivido vía el filme. Si todo lo anterior fuese cierto, el cine “mexicano” entonces nos ayuda incluso a transitar por épocas en las que no estábamos vivos y así comprender mejor parte de lo que hoy somos.
Que una metrópoli como Ciudad de México cuente con más cines públicos, esto es, salas que sean parte del patrimonio de la ciudadanía y cuyo fin último no sea lucrativo sino social, es de lo más celebrable. Hace apenas una semana que la Cineteca Nacional Chapultepec reabrió sus puertas. El elegante complejo es parte del diseño integral que hizo Gabriel Orozco –quizá el artista mexicano con mayor envergadura internacional actualmente y quien ha dejado huella ya en prácticamente todo el mundo del arte contemporáneo– para el proyecto Bosque de Chapultepec: Naturaleza y Cultura. En esta Cineteca –la tercera en la capital del país– se exhibe, difunde, enseña y promueve el cine de calidad. Ubicada en la cuarta sección del Bosque de Chapultepec, se llega a ella por la muy atractiva –por sus vistas panorámicas en días despejados– Línea 3 del Cablebús de la zona metropolitana. Cuenta con ocho salas de cine; un hermosísimo foro al aire libre, con cupo hasta para 357 personas y pantalla con sistema de iluminación atenuable para las proyecciones durante el día; una galería, una videoteca digital, librerías y una biblioteca, cafeterías, además de otros espacios.
Vale mucho la pena conocer la Cineteca Nacional Chapultepec. Por ejemplo, su mejor sala, la número 8, llamada Edición, puede albergar a 357 personas, tiene sonido Dolby Atmos (sistema de sonido surround) y un sistema de proyección digital láser de última generación, con resolución 4K.
La misión de este espacio, dice el comunicado oficial, es “contribuir a descentralizar la cultura a través de la recuperación de espacios públicos (…); ampliar las audiencias que disfrutan del cine autoral y acercar la cultura cinematográfica de calidad a los distintos públicos de la zona poniente de la Ciudad de México” o de quienes vengan a visitarla. Las cinetecas, parte de la Secretaría de Cultura, están a cargo de la especialista en cine con larga e impecable trayectoria como promotora de la cinematografía, autora independiente y servidora pública, Marina Stavenhagen.
Del pasado 16 al 21 de agosto, a propósito del Día Nacional del Cine Mexicano, esta cineteca con equipo de vanguardia para el mejor disfrute del cine por parte de toda la población, dedicó su programación –totalmente gratuita– a la proyección de 33 películas mexicanas; la más antigua, de 1940 (Ahí está el detalle de Juan Bustillo Oro), y la más reciente, de 2024 (Linaje o la desaparición de los reyes de Ibrahim Bañuelos), seleccionadas según distintos géneros, estilos y temáticas.
Una gran cantidad de esas películas son parte de la cultura con la que nacimos o nacieron y vivieron nuestras familias; se han visto seguramente en innumerables proyecciones en la televisión y, sin embargo, algunas jamás se han gozado en la pantalla grande. Es el caso para muchos de Dos tipos de cuidado, obra ya clásica de Ismael Rodríguez (1956), protagonizada por Jorge Negrete y Pedro Infante. El filme rescatado con el que estrenó el sábado 16 de agosto la proyección para todo el público, es una inédita versión en la que más de 160 mil 500 cuadros fueron restaurados.
Al final de cuentas, espacios culturales públicos, accesibles, no orientados hacia “el dinero que solamente hace más dinero” en su curaduría o programación, pueden abonar a ser una fuerza vital, creativa, que estimula la existencia y en la que se pueden cocrear otras buenas y nuevas formas de relatarnos.

@anterrazas

 

 

Hildegarda, ayer y hoy

Existen literalmente decenas de entradas para reconocer, conocer y describir a esta singular mujer, destacada a lo largo de la historia de la humanidad: Hildegard von Bingen (en corto, Hildegarda). Una ventana de coyuntura, cuyas funciones en el teatro Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque en Ciudad de México concluyen este 10 de agosto, es la obra Hildegarda. Un aire atravesado por la luz, montada gracias a la Coordinación Nacional de Teatro, del INBAL, y La Máquina de Teatro. La sinopsis del montaje que comenzó funciones en la capital el 26 de junio dice que la obra “indaga en la experiencia visionaria, escritos y música de la gran mística medieval. Ella se revela como referencia dentro de la reescritura de la historia de las mujeres y nos regala una identidad diferente desde su conexión con la naturaleza física y la naturaleza sutil”.
Nacida en el siglo XII, en la temprana Alta Edad Media, en la ahora Alemania antes Sacro Imperio Romano Germánico, Hildegarda fue donada a sus ocho años como diezmo a la iglesia de su localidad. Posteriormente, jovencita, ingresó al monasterio de Rupertsberg y acabó siendo una santa abadesa benedictina, con grandes conocimientos en música, letras, mística, filosofía, ciencia natural, astronomía, geología y medicina herbolaria; visionaria, además fue una auténtica lideresa monacal que impulsó transformaciones relevantes en la iglesia gregoriana del momento. Siempre en resistencia, la también conocida como “la sibila del Rin o profetisa teutónica”, fue precursora de ramas del saber como la ciencia natural, la música monosódica, la herbolaria, la ecología, la observación astronómica, la geología, el valor del arte siempre vinculado a la ciencia y a la mística.
Las visiones de esta monja, muchas de las cuales posteriormente se vuelven escritos y hallazgos, se estudian aún hoy en escuelas de música, filosofía, medicina herbolaria, ciencia natural, geología. Su liderazgo como monja frente a las autoridades patriarcales de la Iglesia en el momento no tuvo parangón. Una mujer auténticamente cuidadora del medio ambiente, de las otras personas, de las plantas, de lo vivo, Hildegarda es realumbrada con gran acierto por las fundadoras de la compañía La Máquina de Teatro, las talentosas Clarissa Malheiros –actriz, quien en la obra protagoniza a Hildegarda– y Juliana Faesler –escenógrafa y directora escénica con una muy reconocida trayectoria. Esta compañía se ha colocado a la vanguardia procurando relacionar de manera interdisciplinaria temáticas presentes con hechos históricos, sin atender límites para la creatividad narrativa. En Hildegarda. Un aire atravesado por la luz, si bien logran resumir los conocimientos, virtudes, gracias y rasgos irrepetibles de Hildegarda, también traen vivamente a escena a un par de decenas de mujeres del hoy que están dando o han dado la vida, como lo hizo Hildegarda, por la conservación y el honor al entorno, a lo que nos permite existir. Esto, ya sea en el Amazonas o en cualquier otro meridiano del mundo.
Junto con la actuación magistral de Clarissa Malheiros aparecen en la obra Sol Sánchez, Paulina Álvarez Muñoz y Narda Belinda Moreno. Los textos e ideas del montaje se acreditan a la propia escritura de Hildegarda y a los de Verónica Martínez Lira, Alejandra Reta Lira y Victoria Cirlot.
De acuerdo con un resumen escrito por Malheiros y Faesler, la obra pone el acento en las preocupaciones centrales que hoy también tenemos y que Hildegarda como profetisa tuvo en función de la ecología y la conciencia ambiental. Pero también se enfocan en la ética de las acciones humanas para no afectar al “cuerpo”, al mismo tiempo que se respeta la devoción a lo divino en conexión con plantas, animales, microcosmos. Rescatan y relatan en esta obra “a una mujer excepcional que hace 900 años escribe y escucha, canta y proclama, lo que las y los visionarios de todo el mundo, pueblos originarios, religiosos, chamanes, curanderos y parteras nos enseñan desde siempre”.
La obra comienza con una interacción importante y muy atinada con el público, incorporado al grado de ser ofrendado cada espectador con alguna de las hierbas que utilizaba Hildegarda para curar males de cuerpo y alma. En tiempos en los que la visibilidad de las mujeres, sobre todo de las mujeres religiosas, era cercana a la nulidad, los méritos de Hildegarda para ser una auténtica pionera, reformadora, líder en resistencia, son indescriptibles. Así el llamado a conocer su legado, a descubrir a las Hildegardas del hoy y a luchar por esas causas tan valiosas que cobran inmensa vigencia y arrojan luz a través de los siglos.

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Luisa Huertas: maestra dicente, docente, disiente

AMERIZAJE

Luisa Huertas es toda ella gran actriz. Con más de 55 años interpretando distintos papeles para televisión, radio, cine, películas, performance, videos, Huertas es una maestra de maestras nombrada literalmente patrimonio cultural vivo de Ciudad de México. La actuación se puede definir como interpretación, que es la difícil posibilidad de adentrarse en un papel –un pensar o decir– de otra persona que no es una. Aquí algunas fotografías para mostrar la relevancia del trabajo actoral y personal, talentoso y profesional de una actriz como lo es Luisa Huertas.
Lo más reciente. La ópera prima de Pierre Saint Martin Casillas, No nos moverán, comedia negra absolutamente recomendable que estrenó en cartelera apenas este 24 de julio y ya está multinominada y premiada, imprescindible por su fuerza, humor, calidez, calidad y originalidad para abordar el movimiento estudiantil del 68.
Nominada al Ariel como mejor actriz por su papel de Socorro en No nos moverán, Huertas ha sido ganadora del Ariel en coactuación femenina y acaba de ser galardonada con la medalla Xavier Villaurrutia precisamente por esta interpretación. La medalla se le otorgó por “la fuerza, sutileza y presencia escénica”.
Otra postal. El pasado domingo 13 de julio en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris –en la capital mexicana–, el famoso ensamble Voz en Punto ofreció un concierto en celebración y homenaje al décimo noveno aniversario de CeuVoz A.C. Esta asociación civil fundada y dirigida por Luisa Huertas no es solamente, como se autodefine, “un centro de enseñanza especializado en el trabajo de la técnica vocal al servicio de la palabra”: es un semillero de personas jóvenes (o no) que gratuitamente aprenden a ser intérpretes, actores, actuantes y a sentirse cómodos en su piel y en su voz, al grado de poder meterse en los zapatos de otros personajes y recrear alguna otra historia más allá de la suya. Muchas generaciones de actrices y actores se han formado en el emblemático CeuVoz de Luisa Huertas, en donde se imparten métodos como el Linklater, Feldenkrais, Roy Hart o Alexander para la formación de todas aquellas personas que hablan directamente al público desde los escenarios. A la presentación de ese 13 de julio asistió prácticamente todo el teatro, amistades personales de Luisa, alumnas y alumnos quienes, de pie, cantando y bailando, aclamaron el trabajo de Voz en Punto, de Luisa, del CeuVoz*, de la enseñanza estratégica que ahí se imparte. No fue nada más una presentación, fue el reconocimiento íntimo, ante unas 800 personas, de un trabajo performático de vida.
Otra. Hasta el 23 de agosto de este año, en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario de la UNAM, en Cdmx, como parte de las celebraciones por el centenario de la poeta chiapaneca Rosario Castellanos, Luisa Huertas interpreta impecablemente a una Rosario madura en Prendida de las lámparas**, que aborda a tres voces, con tres actrices, tres Rosarios Castellanos, la vida de la poeta, partiendo del instante de su muerte en Tel Aviv, el 7 de agosto de 1974.
Una más. De una congruencia insólita, entre artistas y personas de todos los gremios, Luisa Huertas monta regularmente con la Compañía Nacional de Teatro la exquisita obra Diccionario, que concuerda totalmente con su estilo, creencias y pasiones. Escrita por Manuel Calzada Pérez, esta obra*** habla sobre otra mujer amante de las palabras, la erudita bibliotecaria María Moliner, a quien conocemos porque fue autora del diccionario de uso del español que lleva su nombre.
Mueve y conmueve. En 2015, Luisa Huertas participó con toda convicción, con su talento entero y su compromiso profundo, en un proyecto celebratorio de 200 años de lucha política de la mujer en México****, que en septiembre de ese año se concretaba con el ingreso de la paridad política a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En esta “caravanaparidad” atestiguamos su sistema prolijo de trabajo. Huertas no solamente accedió a participar en el happening en línea; se hizo cargo, por principio, de analizar el guion; revisó, supervisó, corrigió, se metió, ensayó, interpretó, actuó, leyó, habló, se dio toda sin ceder a erratas o fallos previsibles.
No cabe duda de que para actuar y para entregarse al público hay que tenerse a sí misma primero. Esta mujer de convicciones férreas es orgullo nacional nuestro.

*https://www.ceuvoz.com.mx/
**https://teatrounam.com.mx/teatro/entradasteatro/prendida-de-las-lamparas/
***https://colnal.mx/agenda/el-diccionario-obra-de-teatro-4/
****https://www.caravanaparidad.mx/
@anterrazas

 

Soberanía perceptiva

AMERIZAJE

Aunque aparentemente haya bajado un poco el furor de las redadas en contra de las personas sin documentos de identidad que habitan el país que sigue a nuestra frontera norte, la campaña, promesa y reto del gobierno en turno, de disminuir a la población inmigrante, continúa y quizá no termine pronto.
La definición de redada, según la Real Academia Española, tiene dos vertientes: 1) “Lance de la red de pesca y 2) Operación policial consistente en apresar de una vez a un conjunto de personas”*. Las dos acepciones implican la existencia de un acto de poder de un lado poderoso en contra de otro que se percibe menos poderoso. Y estos actos de poder, sin contención mediada por las antes respetables garantías individuales que para segunda mitad del siglo XX fueron los venerables derechos humanos, se están volviendo un hábito a diestra y siniestra en el mundo. Ya se subrayaba en el Amerizaje pasado la aparente imposibilidad de armonizar la comunicación humana en aras de un discurso de reconciliación alejado del pensamiento binario. Ahí está todo lo que ocurre entre Gaza e Israel que, tomando distancia sin dejar de comprometerse como un problema común a la humanidad, casi cualquier cosa que se diga será polarizada y desacreditada entre una postura u otra, sin posibilidad de matices, gamas, tamizados o un pantone más amplio.
Pero también está presente todo lo que ocurre entre Rusia y Ucrania y cómo el orden geopolítico mundial está reorganizándose en función de las guerras y cuánta fuerza pueda imprimirse entre unos seres humanos en contra de otros.
Este, como otros Amerizajes, busca subrayar la importancia de alejarse del apalabramiento binario, del pensamiento polarizado, del querer explicar el mundo exclusivamente desde dos bandos o de manera simple a pesar de las enormes complejidades. Las aproximaciones chatas no permiten puntos de inflexión ni facilitan el flujo. El mundo visto entre “sí” o “no”, “buenos” y “malos”, no da cabida a la humanidad como es y, en cambio, es terreno para que los más poderosos se hagan aún más fuertes y aplasten a los otros.
Un grupo venezolano, hoy liderado por Beto Montenegro, que toca reggae, pop psicodélico, ska y salsa en español, fundado en 2007, de nombre Rawayana, tiene una canción que documenta nítida y pegajosamente el absurdo de esa insistencia por categorizar y encasillar en uno u otro bando. La canción se titula Váyanse todos a mamá, se estrenó en agosto de 2021 y es parte del álbum llamado Cuando los acéfalos predominan**.
El empaquetamiento dicotómico está a flor de redes, en todas las conversaciones, en nuestras emociones y, honestamente, cuesta trabajo verlo desterrado o pensarlo fuera de la agenda política actual.
Giorgio Agamben, autor imprescindible para comprender de mejor manera el poder soberano, las dificultades de ser testigo o testimoniar el horror y la tensión entre la memoria y el olvido, cree en la reconciliación solamente una vez disueltas las dicotomías; una vez aceptada la diferencia y reforzada la creación de espacios de experiencia que permitan la transformación de las situaciones de opresión en posibilidades de liberación***.
Andrea Colamedici****, genial filósofo milanés que no ha cumplido los 40 años, pero que ha logrado diseñar nuevos códigos y apalabrar de forma imaginativa, creativa y nueva la relación del pensamiento, discurso y poder, en diálogo con la inteligencia artificial, arroja algunas luces sobre cómo, quizá, escapar a lo que él llama la “hipnocracia”. El vocablo se hizo famoso a partir del libro Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad, una obra escrita “en colaboración con un agente de inteligencia artificial y firmada bajo el heterónimo de Jianwei Xun” para la cual Colamedici –que aparentemente es el traductor– utiliza una mayéutica que al final resulta en ese ensayo best seller y hit editorial de hace algunos meses. La propuesta de Colamedici tiene que ver con la no añoranza del pasado ni el desencanto al grado de suprimir la creatividad. Propone, entre otras cosas, que tengamos una soberanía perceptiva: esto significa poder desarrollar nuestras propias prácticas y posturas a pesar de que naveguemos en el mar de la “multiplicidad mitológica”. Nos propone***** conservar la capacidad de discriminación informativa y no perder el juicio o razón autónoma ante la avalancha de contenidos que se fortalecen en sus propias contradicciones y extremos incongruentes.

*https://dle.rae.es/redada
**https://www.youtube.com/watch?v=_6iwLXBfAoY
***https://shorturl.at/gEnsp
****rb.gy/62fy90
*****Colamedici propone diseñemos una “mitología crítica”

@anterrazas

 

Ingredientes y condiciones para la vida y la paz

 

Esta semana, la incredulidad de quienes nacieron durante la Guerra Fría (entre 1945 y 1991) llegó a su límite. Como de película o cartón de la revista Mad (loco en inglés), el acompañamiento estadunidense al bombardeo a Irán, en un gesto aniquilador, para muchas personas significa la posibilidad de que se desate lo que se había contenido durante tantos años: una disputa nuclear y el consecuente retorno de contraataques de altísimo impacto mortal.
El mundo convulso. Los ánimos nublados. Sin la disciplina y el ejercicio de autocontención, reflexión y repliegue, casi todas las personas apuntan con rabia y violencia –desde su boca y/o acciones– para señalar culpables, enemigos o a los bandos opuestos. Hoy más que nunca se requiere que ese dedo flamígero dé vuelta en u y nos haga desabordar la guerra de palabras, sentencias, pensamientos, premisas, para abrirnos a procurar entender, desde una gramática de conciliación y paz, lo que sucede y cómo pudiera cambiarse el rumbo.
En este contexto inenarrable, del 16 al 21 de junio, en el hermosísimo Colegio de San Ildefonso, que tiene su propia larga historia de resistencia inscrita en los muros y portones, se llevó a cabo el XXXIX Coloquio internacional: El claroscuro en que nacen los monstruos. Pensar el presente, organizado por el 17, Instituto de Estudios Críticos y curado por Benjamín Mayer Foulkes y José Hamra.
En hondo juego de espejos y resonancias con la realidad distópica, unas 60 personas especialistas, conocedoras, artistas y estudiosas en múltiples ramas estuvieron en unas 25 mesas para abordar, desde los sitios más disímbolos, esas condiciones presentes en las peores pesadillas de la humanidad.
Solamente por enunciar a algunas de las personas participantes: Koulsy Lamco, escritor, académico y gestor cultural del Chad, quien reside en México; Carmen Rodríguez, periodista salvadoreña que vive en Washington, cofundadora del Crossroad Working Group; Marwa Hammad, directora de la organización Women of the Sun y metida de cuerpo entero por la igualdad de género y la consecución de una paz duradera en Palestina; Jean Meyer, uno de los pensadores sobre historia más prolíficos de la actualidad intelectual; Alberto Moreiras, otro intelectual de gran calado; Franco Bifo Berardi, escritor, filósofo y activista italiano; Eduardo Vázquez Martín, escritor, poeta, gestor cultural y funcionario público; Mariana Rondón, cineasta, guionista, productora y artista visual venezolana autora de Zafari: una película sobre el hambre y la ruina; Andrea Colamedici, filósofo y ensayista italiano quien concibió una de las provocaciones más audaces de estos tiempos, la obra Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad, escrita en colaboración con un agente de inteligencia artificial y firmada bajo el heterónimo Jianwei Xun.
En esta lista de personas se omiten, sin querer (por espacio), muchas otras. Aquí está el programa completo para quien tenga interés: https://17instituto.org/xxxix-coloquio-internacional/.
Las mesas de presentaciones, asimismo, pueden ser visitadas y reescuchadas en: https://www.youtube.com/c/17InstitutodeEstudiosCr%C3%ADicto.
Las pautas del coloquio, para que cada quien entrase desde su experiencia y saber, partieron precisamente desde el atestiguamiento “del desfondamiento del orden mundial y el pacto civilizatorio surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Por lo menos. Atestiguamos el fracaso del derecho internacional y de los derechos universales y su sometimiento final a los intereses de las grandes potencias que encabezaron los bloques de la Guerra Fría. A su término, la ilusión neoliberal marginó sus escenarios mientras que izquierdas y derechas terminaron por confundirse y dar paso a una polarización que se interpone a la escucha y el diálogo (…) La atrocidad y el exterminio, selectivamente dosificada en escenarios geopolíticos diversos, hoy ronda de nuevo sin empacho y toca a todas nuestras puertas. Este distópico e inquietante escenario se alimenta de varias fuentes…”.
Y, de acuerdo con el prefacio a esa semana de pensamiento, a las preguntas sobre ¿qué llega a su fin?, ¿qué sucede?, ¿podemos pensarlo?, ¿a qué mediaciones estamos sujetos?, ¿cómo podemos responder?, se fueron tomando “los temas discutidos desde perspectivas distintas. Al introducirnos en el claroscuro donde nacen los monstruos es imperativo abrirnos a la escucha radical, con la disposición de dejar caer nuestros prejuicios y posturas asumidas”.
El resultado fue enmudecedor, interesante, esperanzador, desolador. Hubo de todo. Y, efectivamente, nos lleva a la pausa para interrogarnos todo el tiempo –en lo que caen más noticias inverosímiles– cuáles son las condiciones de paz y cómo podemos, desde nuestro yo, incorporarnos a la acción activa en favor de la no violencia. Sí, de violencia, ya no más.

@anterrazas