Acapulco, su gente IX

Casino de Acapulco

El Casino de Acapulco es inaugurado el 7 de octubre de 1947 por el gobernador del estado, general Baltazar R. Leyva Mancilla, con la representación del presidente de la República, Miguel Alemán Valdés. Su mensaje promisorio cala hondo en los acapulqueños. Lo acompaña José Ventura Neri, su cuñado, quien asume la presidencia municipal luego de cubrir un interinato de la misma
Para entonces, han transcurrido ya 20 años de la apertura de la carretera México-Acapulco, ejecutada por el presidente de la República, Plutarco Elías Calles, y para muchos está aún fresco el recuerdo de aquel día cuando el mandatario, desde el Castillo de Chapultepec, dinamitó telegráficamente una última roca a la altura de Xaltianguis.
La convocatoria del Casino se adjudica a dos personajes del momento, Carlos Adame, cronista de la ciudad y José Martino, empresario español. Ambos proponen que la sede del mismo sea el edificio de don Alfredo Pintos, en plena plaza Álvarez, tal cual. Las acciones de la empresa se cotizaron en mil pesos, cada una, y con ellas se le dota de salón de baile, cocina y ¡biblioteca! Un casino sui géneris, ajeno a juegos azar pecaminosos, salvo las damas chinas, ajedrez, cubilete, billar y secretamente el chiquichiqui. Socialmente, en opinión de don Carlos, el casino fue escenario de los más grandes fastos de la ciudad.
Los primeros socios del establecimiento fueron Simón Álvarez (tesorero), Gilberto Aguirre, Lino Álvarez, Juan Amorrortuo, Joaquín Adame, Rafael Añorve, Dr. Luis Arellano, José Aguirre Dávila, José Aznar, José Alonso, Mariano Alonso, Ramón Bernal, Carlos y Roberto Barnard, Sixto Barrera, Alfonso Casarrubias, Carlos Castrejón, Vicente Cruz García, Vicente Candela, Dr. Arturo Canales, Leobardo Cano y Antonio Casis.

Casino quemado

Durante una de las primeras charles entre los socios, uno de ellos, Ramón Guillén Salas, columnista del diario Trópico, los deja boquiabiertos con la revelación de la existencia, muchos años atrás, de un Casino de Acapulco, localizado por cierto en el callejón del Pacífico (Ignacio de la Llave) y cuya cabaña de palapa terminó convertida en un montón de cenizas producto de un “fuego amigo”. Y hablo de fuego amigo, advierte Guillén, porque las autoras del mismo habían sido las esposas de varios socios del propio club. El argumento fue que sus maridos no las atendían por las noches culiatornillados en las mesas del casino. Los esposos de las piromaniacas debieron cubrir los daños, necesariamente
La revelación del periodista provocará en algunos socios la adopción de conductas que harían irrepetible una acción similar.

1.- “Conmigo no va el desvelo, yo siempre llego temprano para cenar en casa”: Jesús Duque. Coinciden con él Hid Charfen, Roberto Calderón, Roberto Díaz Córdova, Evaristo Cabrera, Roberto Nogueda, Lucio Lobato, Antonio Pintos Carballo, Juan Oms Soler, Adrián Muñoz Solleiro.

2.- “Cumpliéndole, a mi ñora no le importa si llego o no llego a casa”: Pedro Benítez, Julián Carmona, Pedro Solorio.

3.-“¡Intimidades, no!”: Abra-ham Charfen, Alfonso Córdova, Manuel Díaz Martinez, Güero Batani.

4.- “Aquí los únicos quemados serán algunos socios”, opinará, sarcástico, el abogado Luis Martínez Cabañas, presidente municipal de Acapulco en 1956.

IRBA

Al cerrar sus puertas diez años más tarde, el espacio del Casino de Acapulco, fue ocupado por el Instituto Regional de Bellas Artes, dirigido por el matrimonio formado por el muralista Luis Arenal y Macrina Rabadán. Allí destacarán el pintor Hugo Zúñiga, el escultor Alberto Chesal y el compositor Tadeo Arredondo Villanueva.
Fue Macrina Rabadán Santana, de Cuetzala del Progreso, del Partido Popular Socialista, la primera diputada federal de oposición al PRI (1958-1961). Encabezó con sus hermanos Fulgencio y David una trágica pero triunfal lucha agraria en Guerrero, cuyo epílogo fue el asesinato de ambos.

El Cine Río

El Cine será otro tema de discusión recurrente en el Casino de Acapulco y lo harán con entusiasmo a raíz de la apertura del Cine Río de Gabino Fernández y Francisco Peláez y al que, por cierto, se le ubicaba “lejisísimo”, tanto que para acceder a él había que cruzar el río de La Fábrica. Requiriendo más tarde de una ruta de camiones
Voz fuerte y tonante sobre el tema era la de Efrén Villavazo Alarcón, propietario, ni más ni menos, que del cine Salón Rojo, en el Zócalo, fundado diez años atrás por los hermanos San Millán. Otro socio versado en el séptimo arte lo era Óscar Muñoz Caligaris, empleado del hotel El Mirador, y quien hablaba del puerto en que se había convertido Acapulco. Citaba la cinta Un capitán de Castilla, con Tyrone Power, con exteriores en Tres Palos.
Más tarde, el propio Muñoz Caligaris, ahora propietario del hotel Boca Chica, presumirá haber tenido entre su personal a la tamaulipeca Ariadne Welter, mimada actriz del cine nacional. Ella era hermana de la hermosa Linda Cristian, casada con Tyrone Power
Otros socios que hablaban fuerte sobre temas cinematográficos fueron Carlos Sutter, José Varcárcel, Antonio del Valle Garzón, Santiago Soberanis, Santiago Sobrino, Ángel Illades, Rafael y Alberto Sánchez Unzueta; Chema Sotelo, Alberto del Valle y Paulino Sánchez.

Martínez Cabañas, 1956

Será entonces cuando el presidente municipal de Acapulco, Luis Martínez Cabañas, con pistola al cinto y acompañado solo por personal de obras públicas, suspende la construcción de una alta barda –en dirección directa a las puertas de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad– que dividiría en dos la plaza, pasando una de ellas a formar parte del hotel La Marina (donde hoy hay un banco), reclamada por el millonario mexicano Antonio Díaz Lombardo. No hubo reculada y finalmente se hablará de un invaluable donativo del también propietario de Aeronaves de México.

El voto femenino

El voto electoral concedido a las mujeres argentinas será tema de conversación en las mesas del Casino de Acapulco, prevaleciendo los comentarios desfavorables: Pendejos chés, no saben lo que hacen; no saben que al rato una mujer vaya a querer gobernarlos. Y un vaticinio demoledor: ninguna nalga femenina podrá posarse jamás sobre la silla presidencial mexicana… Olé: tan numerosa como poderosa, la colonia hispana del puerto se viste de negro el 28 de agosto de 1948. Luto por la muerte en España de Manuel Rodríguez, Manolete, empitonado el 28 de agosto de 1948 por el astado Islero.

AK-47

Son enormes las expectativas que provoca entre los socios del Casino de Acapulco la noticia procedente de la Unión Soviética sobre la fabricación de un nuevo fusil ametralla-dora. Creado por el oficial Mijail Kalashnikov se le bautiza simplemente como AK-47 (automático, apellido y año en curso). Nadie se tragará el cuento sobre un viaje a Rusia de una delegación de copreros de la Costa Grande.

El Grupo ACA

Sin tener nada que ver con el Grupo Acapulco, el Grupo ACA nace en mayo de 1970 a iniciativa del arquitecto poblano Héctor Mestre Martínez, acusado inmediatamente de móviles tan personales como oscuros. Según sus detractores, Mestre se atrincheraba en una organización de ricos y notables solo para para hacer valer sus presumibles derechos sobre el expropiado panteón de Icacos: amplia superficie costera usada entonces como estacionamiento hotelero.
Acompañarán a Metre en la dirección del Grupo ACA personalidades locales y foráneas. Entre ellos José Brockman Obregón y Vicente Rueda Saucedo, en calidad de vicepresidentes. El arquitecto Nicolás Mariscal Barroso, secretario, y Daniel Janes, prosecretario y Héctor Zozaya y Antón Elorriaga, tesorero y protesorero; los vocales: Guillermo Álvarez, Jaime Carriles Ontañón Warren Broglie, Luis Segura Licea, Ron Lavender, Phillipe Gerandau y Armando Sotres.
El Grupo ACA se signi-ficará en una primera etapa por rendir honores y pleitesía a los poderosos cómplices de sus quehaceres secretos. Más tarde lo reivindicará Jesús Chuy Rodríguez Espinosa, quien sí le dará algún sentido social y sir-viendo como tribuna del gober-nador Rubén Figueroa Figueroa durante sus visitas al puerto.

 

Acapulco, su gente VIII

Acapulqueños

Alejandro Gómez Maganda (Arenal primero, hoy de Gómez, municipio de San Jerónimo de Juárez (1910-1984), fue electo gobernador de Guerrero para el periodo de 1951-1957, pero sólo gobernó tres años por diferencias con el presidente de la Republica. Fue un atildado escritor sobre temas variados y entre ellos un libro titulado Acapulco en mi vida y en mi tiempo. En él ofrece una lista de nombres que “se identifican de inmediato con la región física y humana del paisaje acapulqueño”. Estos:
Juan R. Escudero, la señorita Chita, Eduardo Mendoza, Felipe Valle, Chabe Caballero, Rosa Gómez, Mocho Sutter, Tomás y Julio Diego, el padre Rodolfo; Marianita Altamirano, Chendo Pintos, la Güera Leandra, Nicéforo Rico, don Obdulio San Millán, Caicero, el Cachafo, el Popudo, la Ñeca, Mariscal, María Arrieta, Amado Olivar, Cándido Apac, Gume Limones, doña Balbina, El Amigo Víctor Polanco, Beto Escobar, Pillo Rosales, William Mac Hudson, el doctor Pangburg, Butrón, Homero Castilleja.
Manolo Pérez, Pedro Huerta, Toño Rosas, El Espanto, Quirino, Bono Batani, Clemente Mejía, Fulle Escudero, Pepe Villalvazo, El Güero Joseph, Carlos Barnard, Calín Pintos, el licenciado Pérez, Pepe Polin, Miguel Guajardo, Chamón Funes, Rosita Salas, Julia Polin, Baltazar Hernández, Sócrates Muñiz, Nacho Victoria, Beto Barney, Juan Caballero, Carlos Adame, Daniel Sánchez
Raúl Walton, Toño Pintos, Antonio Gayón, Lipa Valverde, Roberto Palazuelos, Julio Fernández, Lamberto Alarcón, Cobitos, César Bajos, Los Arredondo, Mario de la O, José Osorio, Óscar Muñoz Caligaris, Pancho Juárez, Ramón Guillén, Fernando Castañón, Fernando Calderón, Teófilo Berdeja, los Morlet, Enrique Muñúzuri, Cuquita Massieu, doctor Quintanilla, Amelia Sthepens, Rafael Añorve, Montaño, Lola Estrada, Tino González, Luis Bello, Silvestre y otros.

La UFIA

Con tales siglas se conoció aquí a la Unión Femenina Iberoamérica en apoyo a la fraternidad y la comprensión entre las mujeres de los países americanos. A ella pertenecieron las acapulqueñas dedicadas a los quehaceres más disímbolos, unidas en el propósito de participar activamente en favor de la grandeza de Acapulco. Su fundadora, Consuelo Román de Salgado, fue una mujer con enorme vocación de servicio y por ello muy estimada por los acapulqueños.
En 1990 asume la presidencia de la UFIA doña Gloria de la Peña y Castillo, una reconocida y estimada activista social. Le da posesión la presidenta nacional de la agrupación, Estela Covarrubias de Macías, acompañada por la presidenta saliente, Violeta Farías Montano. Ocuparon la mesa de honor los dirigentes de varios organismos sociales del puerto: María Rodríguez de Camarena, Maricarmen Villamil, Cristina Furlong de Argudín, Vicki Gallo de Garcés, Evelia Villalobos de Chavelas, Lupita Mejía de Vela, Eloína López Cano, Óscar Meza Celis y Alfonso Salcedo.
Asistentes: Petrita Herrera, Lourdes Montano de Meza, Chi-quis Robles, Angelita Guada-rrama, Emilia G. de Moreno, Laura Fanny Alarcón de Here-dia, Elenita Avellaneda, Adelita Trani de Avellaneda, Aurora Tostado de García, Lourdes García, Maru Licea Alcaraz, Maritza Gutiérrez de Alcuri, Chabelita Robles, Emma Otero de Rodríguez, Adriana Sánchez, Marta Catalán, Josefina Cousin de Salgado e Irma Berdeja de Mateoni. También:
Victoria Muñoz de Bergerete, Mirtila Beltrán de López, Ana María Arcos de De la Peña, Consuelo Beltrán de la Peña, Yolanda Rivera, Magali Sutter de Adame, Melánea Calderón, Inés Arroyo de Benítez, Gladys Romero Hernández, Berta de López, Lolita Garay, María Elisa Leyva, Oralia Alcaraz de Licea, Tina Quevedo de Martínez, Alicia Murrieta de Bernal, Yolanda Rosales de Aguirre, Abigail Mosqueda y Margarita Alarcón de Caballero.

El Club de Leones

El Club de Leones de Acapulco se constituye en 1942 por iniciativa del señor Fernando Leal Novelo, capitalino avecindado en el puerto. Se trataba de una organización que asume los lineamientos y compromisos de la matriz internacional, nacida en la Unión Americana 25 años atrás, dedicada a la educación de la niñez y a la salud visual de la misma. Los leones llegarán a sumar más de dos millones en todo el mundo. En el puerto cumplió con su cometido en favor de la educación de los porteños..
Gobierna la entidad el coronel Gerardo Rafael Catalán Calvo y en esta ciudad el líder Elpidio Rosales, dirigente de los trabajadores de la fábrica de hielo La Especial, conocido familiarmente como don Pillo, no obstante su fama de ser un líder obrero honrado.
Recuerda el cronista Carlos Adame que las primeras reuniones se celebraron en el hotel América, de don Rosendo Pintos, y más tarde en el Colonial de la plaza Álvarez. Y que fue en una de ellas donde fue nombrado presidente del club y Antonio Pintos Carvallo secretario.

El Narciso Negro

Los primeros leones de Acapulco serían juramentados durante una cena celebrada en la residencia del empresario libanés Miguel Abed, en Las Playas, quien tenía como invitado al paisano Ezequiel Padilla Peñaloza, secretario de Relaciones Exteriores del presidente Manuel Ávila Camacho y aspirante a sucederlo. El celebrado Narciso Negro.
Apodado por Salvador Novo como Ezequielzing, por su exacerbado proyanquismo, el abogado de Coyuca de Catalán tomará la palabra para hablar no sobre los Leones sino de “un mexicano providencial con el que México podría alcanzar por primera vez el rango de país civilizado”: ¡Él mismo!
“Egresado de la Libre de Derecho y con posgrados en las universidades de Columbia y París”, era su presentación.
–¡Sí, pero becado por un chacal, Victoriano Huerta! –le reprochaban.
–¿Y eso qué? –respondía él.
Aquella noche ya no habrá tiempo para presentar a los primeros leones de Acapulco: Aníbal Andrade, el arquitecto Jorge Madrigal, Joaquín y Antonio Adame, Guillermo Piza y Alejandro Batani

Activo 20 30 Internacional

El Club 20-30 Internacional nace en los Estados Unidos ante el reproche juvenil en el sentido de que las organizaciones sociales sólo agrupan a puros viejos. Dos años más tarde se unifica con su similar Activo Internacional para formar el Activo 20 30, Internacional. Los números aluden a las edades de sus socios, de 20 a 30 años, estudiantes, profesionales , empresarios, empleados y jóvenes dedicados a las actividades más disímbolas.
Rafael Sareñana, uno de los creadores aquí del Activo en 1964 y presidente del mismo en varia ocasiones , dio a conocer los objetivos de la organización :
Formar líderes de la comunidad; servir a la comunidad y especialmente a la niñez; desarrollar e incrementar los lazos de amistad y confraternidad entre los socios; promover los más altos principios humanos, morales y cívicos. .
Sus lemas: “La juventud para ser servida debe servir” y “El hombre nunca se enaltece tanto como cuando se arrodilla para ayudar a un niño”
Rafa, quien estuvo por varios años al frente del hotel El Tropicano, en cuyo bar La Cucaracha cosecharon aplausos mi compadre Tadeo Arredondo y Richard Pintos, reseñó entonces algunos triunfos del 20-30. Dos aulas escolares en Puerto Marqués, atención optometrista para muchos niños y el obsequio de lentes, así como mejoras materiales en el área infantil del Hospital General.
Para allegarse fondos, el 20-30 organizó singulares y novedosos eventos sociales como “el kilómetro de pesos” (una línea de mil metros formada por el público con monedas de un peso) También “el baile del kilo” en el que la entrada se cobraba según el peso de la pareja, y el “baile al revés”, en el que las damas debían sacar a bailar a los caballeros.

Las Damas 20-30

El 20-30 no fue un Club de Toby, ferozmente misógino. Por el contrario, su grupo filial de damas fue determinante para lograr que el Activo se tuviera como una de las organizaciones más generosas de Acapulco. Entre ellas: Raquel Mendoza, Lilia Maldonado, Eva Aguirre, Isalia García, Maricela Soberanis, Alejandrina Martínez, Gloria González, Cristina Calderón, Irene Alarcón, Yolanda Torres, Ramona Montoya, Gloria Díaz, Teresa Aguirre, Carmen Zúñiga, Emma Torres y Rosa María Jiménez.
Para ellas las faldas largas y amplias se acortaron hasta llegar a su mínima expresión con el nombre de minifalda. Ello, acatando los dictados de Monsieur Dior desde Francia y para goce y disfrute del sexo fuerte. Una moda cruel especialmente para las chamacas con “patitas de chachalaca” , como se decía entonces. Ahora que el cabello corto, estilo Pixie, fue rechazado por los caballeros con frases ofensivas como “parecen machitos, las cabronas”. Por lo que hace a los pantalones femeninos, estos se acampanan en su parte inferior, volviendo los estampados coloridos.
De acuerdo con las crónicas musicales de la época, 1964 marca el declive del rock and roll frente a la balada. Se entroniza el género meloso en el gusto de la juventud mexicana, convirtiendo a Enrique Guzmán en El Supremo.
En la misma onda musical , en México suenan fuerte las orquestas de Gustavo Pimentel, Chucho Ferrer y Cuco Valtierra. También Los Kinks, Los Beach Boys y Las Supremas. Afuera, los Beatles reafirman su indiscutido liderazgo seguidos por los Rolling Stones.

Olivia Molina

1964. Año este en el que irrumpe en Acapulco una chiquilla de la secundaria 22, llamada Olivia Molina: voz grata, esbelta, tez apiñonada y grandes ojos verdes. Acompañada por el grupo Los Robin, también acapulqueños, logran colocar dos temas que los convierten en la sensación musical del momento: Banana fana fo y Juego de palabras, un auténtico trabalenguas.
Más tarde, sólo el rumor en el vecindario de que Olivia había volado a Alemania, de donde procedía su familia. Confirmado luego por Luis Fontova Román, su vecino en la calle Progreso.

 

Acapulco, su gente VII

Club Sirenas de Acapulco

Fue una célebre organización femenina nacida en los años cuarenta dedicada al servicio de los demás, particularmente la infancia porteña, y larga sobrevivencia. La integraron sólo damas en edad de merecer y por tanto respondiendo siempre a la definición de nuestro José Agustín Ramírez: “acapulqueña, linda, acapulqueña”. Sus festejos serán los más esperados y entre ellos las posadas decembrinas.
Todo empezaba con la exigente elección de la soirée para la fiesta, provocador de comentarios aduladores y envidias ajenas. Las revistas de modas, nacionales y extranjeras se agotaban rápidamente exigidas por las costureras del puerto, laborando sin parar la mitad del año. Todas las sirenas estaban ya atrapadas en el “nuevo aire de la moda” atizado desde Francia por el célebre Christian Dior. Se trataba básicamente de recuperar las formas femeninas escondidas por la escasez de telas, herencia de la guerra. El gurú galo de la aguja y el dedal verá cumplida fielmente su orden de marcar la cintura, el pecho, y particularmente las caderas.
Entonces las faldas alzarán el vuelo luciendo más largas. Y no sólo por puritanismos trasnochados, sino porque para monsieur Dior la rodilla de la mujer era poco o nada estética. Y peligrosa, decimos nosotros, cuando se dirige violentamente sobre salva sea la parte.

La posada del 46

El hotel Bahía abre sus puertas por primera vez el 16 de diciembre de 1946 para recibir a los asistentes a la Posada de las Sirenas, amenizada por la orquesta del maestro Miguel Lerdo de Tejada, con gran prestigio en el país. Nombre que aquella noche dará pie para varios comentarios, luego de ser presentado como hijo de Miguel, de los mismos apellidos, fundador de la célebre Orquesta Típica de la Ciudad de México, bisnieto a su vez de don Sebastián Lerdo de Tejada, quien ocupó la Presidencia de la República a la muerte de don Benito Juárez, reeligiéndose trampo-samente para el periodo siguiente.
El profesor de Historia que narra desde su mesa tal pasaje, incorpora en el mismo a este puerto. Echado del país, el falso presidente Lerdo de Tejado llega a Puerto Mar-qués, donde logra embarcarse con destino a Nueva York con esta despedida: “Patria querida, nunca volveré a ti mientras estés avasallada por el más pérfido de los oaxacos”.
Así, cuando tiempo después Lerdo muere en Nueva York, “el pérfido oaxaco” repatriará sus despojos mortales para darles sepultura en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Él mismo presidió la ceremonia y al partir colocó discretamente una placa metálica sobre la tumba con este reproche:
“¿No que no volvías, cabroncito?”.

Ellas

Aquella noche de 1946, las Sirenas de Acapulco tuvieron su primera exitosa presentación ante la sociedad acapulqueña, deslumbrando cada una de ellas por su belleza y elegancia, pero principalmente sus atenciones. Eloísa Soberanis, Nila Gómez, Elo Batani, Rufina Sierra, Albertina Fares, las hermanas Aragón: Altagracia, Amelia y Andrea; Julia Polin, Amparo Valverde, Beatriz y Dola Schekaiban, Noelia Romero, Estela Aguirre, Malicha Carmona, María de los Ángeles Trani, Concepción Berdeja, Cristina Cadena, Elena Muñúzuri, Guadalupe Batani, Herminia López, María Luis Medina, Matilde Sabah, Noelia Romero, Nora Sabah y Rafa Alarcón.

Hotel Casablanca

Acapulco experimentaba cada año transformaciones radicales en su fisonomía serrana y no fue la excepción con la inauguración del hotel Casablanca, en el cerro de La Pinzona, construido por los arquitectos suizos Max Webber y Max Lour. Hará pareja con el hotel Del Monte, en operación.

Glenn Miller

El músico estadunidense Glenn Miller, desaparecido años atrás en los escenarios de la guerra europea, seguirá haciendo bailar sus temas a los jóvenes de todo el mundo y los acapulqueños no fueron la excepción en el dominio pleno del swing. Revoloteando ellas las faldas amponas y ellos las valencianas marineras alegraban las reuniones al ritmo de Patrulla americana, Jarrito pardo, Chattanooga choo choo y Tijuana taxi. Y en llegando la “hora de raspar” (el piso, se entiende) Collar de perlas, Serenata a la luz de la luna, Rapsodia en azul y Pennsylvania 6-5000 (el número telefónico de su hotel en Manhattan).

Salvavidas

Si bien el servicio de guardavidas en las playas de Acapulco era voluntario de muy antigua data, este año de 1946 se integrará por primera vez un equipo profesional capacitado y equipado en la ciudad México. El primero fue integrado por Teodoro Agui-rre, Andrés, Tobías, Ramón López Rodríguez, Adolfo Soberanis, Jesús Serrano, Manuel Muñiz, Adolfo y Luis Palma.

La posada del medio siglo

A las señoritas Elo Batani, Elenita Avellaneda y Magos Arrieta, dirigentes del Club Sirenas de Acapulco en 1950, les tocará organizar la Posada del Tostón, como será llamado el evento de ese final de año. Fue escenario del mismo el hotel De las Américas, casi en la punta de la península de Las Playas, estrenando un acceso de arquerías. El carnet musical, como se decía entonces, estuvo a cargo de Los Solistas de Fernando Vilchis y de la Marimba Orquesta Costagrandina de los Hermanos Barrientos. Sus piezas más bailadas: Amorcito corazón, Sin ti, Por qué negar, Corazón, Quinto patio, Sin un amor, Contigo y los ritmos guapachosos recién llegados de Cuba.
Los agradecimientos y las felicitaciones fueron para Gloria de la Peña, María Elena López, Alicia del Río, Adelita Trani, Angélica Salgado, Toñita Romero, Carmen Canto, Celia Garay, Otilia García, Rufina Sierra, Hilda Solís, Nila Gómez, Leticia Salgado, Elba Orbe, María Luisa Carmona, Tere Peña, Carmen Sánchez, Margarita Muñúzuri, Matilde Muñúzuri, Oliva Romero, Matilde Sabah y Otilia García.

Los 17 años del Club

Las chicas del Club Sirenas de Acapulco echan la casa por la ventana para celebrar sus 17 años de existencia. Lo hacen el 15 de agosto de 1958 con un baile en el hotel Papagayo, amenizado por las orquestas de Ismael Díaz, metropolitana, y Teddy Vargas, local. La organización del festejo estuvo a cargo de las sirenas Violeta Avayou, Teté Castillejos y Tere Gutiérrez Zertuche.
Aquella noche, frente a la playa de Hornos, porteñas y porteños tuvieron la oportunidad de bailar con la orquesta de Ismael Díaz, sólo escuchada hasta entonces en dos de sus discos: Honeymoon in Acapulco y En Acapulco. Temas como Bailando en el Tropicana, Obsesión, Que seas feliz, Nocturnal, Secreto eterno, Caravana, Rapsodia húngara, Carioca, Mulatas del cha cha cha.

El repertorio de Hoagland

El repertorio musical de la orquesta californiana de Everett Hoagland resultaba en aquellos años familiar para los acapulqueños, ello a fuerza de escucharlo todas las noches a partir del cabaret Ciro’s del hotel Casablanca, en La Pinzona, bajo el sugerente título de Luces tenues, música suave.
A ello se deberá , sin duda, que durante el baile de aniversario de las Sirenas se escuchen peticiones a la orquesta de Ismael Díaz de temas como Todo o nada, Por razones sentimentales, Luna azul, Bailando en el Ciro’s y Medianoche en Ciro’s.

Nuevas sirenas

Para entonces se han incor-porado al club nuevas Sirenas, entre ellas: Irma Pano, Chabela Robles, Lourdes Montano,Tere Barney, Margarita Juárez, Ramona García, María Elena Barney, Rosario Gómez Vela, Xóchilt Alberti, Enriqueta Sánchez, Delia Lozano, Estela Juárez, Gela García Lobato, Candelaria Muñúzuri, Carmen Ardura, Hilda Pineda, Alma Rebolledo, Reina Aguirre y Margarita Arrieta,

La posada del 61

Guerrero acaba de vivir una de sus más severas convulsiones políticas y sociales que dejan a la entidad sin gobernador y a Acapulco sin alcalde. El primero, el general Raúl Caballero Aburto, es sustituido por el ministro de la Corte Arturo Martínez Adame, y el periodista Jorge Joseph Piedra por el abogado Canuto Nogue-da Radilla. Las Sirenas, no obstante, preparan su posada del 61.
Dirigen la organización del sarao Margarita Arrieta, Delia Adame y Enedina España y ellas han decidido que el festejo tenga como escenario el hotel Majestic (por las noches La máquina de escribir) y que una orquesta local haga bailar a los asistentes.
Allí estuvieron Ana María Morlet, Yolanda Batani Cabrera, Rocío del Río, Violeta Avayou, Laura Caso, Berta Betancourt, Gela García Lobato, Carmen Pintos Celia Robles, Delia Lozano, Elizabeth Lugo, Estela Juárez, Lupita Mejía Graciela Sánchez, Hilda Pineda, Irma Berdeja, Leticia Gurrola, Magdalena López, Ramona García, Rosa María España y Thelma Arrieta.

 

Acapulco, su gente VI

La Cruz Roja

La delegación de la Cruz Roja se establece en Acapulco en 1938 por iniciativa del Club Rotario, encabezado por el empresario hispano Marcelino Miaja y gracias a la solidaridad del doctor Felipe Valencia, quien ofrece su consultorio para atender las primeras emergencias.
Una vez obtenido el reconocimiento por parte de la Cruz Roja Internacional, se elige el comité que tendrá a su cargo la organización de la institución benefactora. Lo preside el propio señor Miaja, acompañado por los señores Israel Soberanis, Pedro Peña y Félix Muñúzuri. Este último asumirá el liderazgo a la muerte meses más tarde de don Marcelino.
Pasado el tiempo, el doctor Valencia se ve obligado a cerrar su consultorio y con ello sus servicios a la Cruz Roja. Se hablará entonces no sólo de la falta de solidaridad de los acapulqueños, sino de la absoluta indiferencia general de la población ante los problemas del puerto. Será entonces cuando el propio Valencia obtenga un espacio para primeros auxilios en el Hospital Municipal, dirigido por el doctor Arturo Catalán. Se sumarán inmediatamente los consultorios de los médicos Arturo Canales, Enrique Zamora, Felipe Barajas Lozano Velasco y Chacón.

Puesto de socorros

La urgencia de un puesto de socorros en Acapulco, dotado con quirófano, teléfono y ambulancia, obliga a los médicos comprometidos a despertar en la población el espíritu cívico. Se atreven a organizar una colecta pública con el lema “Lo que sea tu voluntad, es por tu salud y la de los tuyos”. El resultado sorprenderá a todos: ¡treinta y cinco mil pesos!, suficientes para construir la sede de la institución en el centro citadino, Independencia y Quebrada, atrás de la Catedral.

El Comité Auxiliar de Damas

Para el año de 1945, ya cercano el fin de la Segunda Guerra Mundial, en la que México ha sido país beligerante, la Cruz Roja del puerto cambia directiva y adopta el lema de Caridad y Patriotismo. Lo integran Eladio Fernández, Carlos Barnard, José S. Martino, Antonio Casís, Israel Soberanis, José María Sotelo, Agustín Montano, Carlos Adame y Obdulio Fernández.
Paralelamente, se instituye el Comité Auxiliar de Damas, integrado por las señoras Irene Villalvazo, Leticia de Fernández, Emilia de García, Lucía de Casís, Victoria de Tejado, Ana María de Fernández, Carmen de Martino, Carmen de Álvarez, Stella de Álvarez, Crisantema Montano, María Bretón, Nicolasa de Hudson, Rosa Muñúzuri, Dominga de Añorve, Caridad de Pardillo, Elena de Pardillo, la poeta Chachá Serrano, Ernestina de Barrera y Carmen de Pineda.

Médicos y ambulantes

El cuerpo médico lo formaron destacados profesionales de la medicina, entre ellos, Jorge Hoyos Estrada, Esteban Domínguez, Luis Gómez Sanguino, Arturo Catalán, Luis Salazar Pérez y Esteban Zamora.
Por lo que hace al cuerpo de ambulantes, lo fueron voluntarios: Hid y Abraham Charfén, Valentín Ramos, Enrique Campos, César Álvarez, Manuel Barrientos, Manuel Avilés, Néstor Díaz, Blandino Flores, Carlos Lavín, José Vela Rogelio Noriega, Tito Montañez, Aurelio Rubio, Jorge Reyeros, Juan Marroquín, Guillermo Flores, Casto E. García, Benjamín Cervantes, Tomás Guerrero, Guillermo Castro, Donato Valdez y Mario de la O Salinas.

El cachalote

Vecino de enfrente, tanto del cuartel de Bomberos como de la delegación de la Cruz Roja, en la calle Independencia número 5, quien esto escribe se incorporó a los 13 años como ambulante voluntario de la benemérita institución (en realidad, mandadero), con buenas y malas experiencias.
Aquel día, éramos dos en la banca de los voluntarios y fui yo a quien llamó Nacho, el chofer, de la ambulancia. “Es aquí cerquita, en el hotel Buenos Aires, el de Jacko Avayou, frente al cine Tropical. Un gringo se envenenó.
–Vámonos –dije, apretando el botón del doloroso ulular de la sirena.
Llegamos al hotelito –que no parecía serlo– y ya nos espera una señora (la del aseo) quien nos condujo al segundo piso. Subimos con dificultad por una angosta escalera de caracol. Yo llevo la camilla.
–Aquí es –nos informa la señora, mientras abre la puerta del cuarto. Sobre un angosto camastro yace un cuerpo voluminoso. ocupándolo todo.
–¡Puta, este cabrón debe pesar como quinientos kilos! –exagera Nacho. No lo hace, lo hace al predecir: “va a estar cabrón bajarlo”!
¡Y vaya que lo estuvo! Montarlo en la camilla no estuvo difícil, pues sólo fue cosa de rodarlo. Luego, con la ayuda de la propia señora del aseo, logramos empujar la camilla hasta la escalinata. “¡Gracias, seño, de aquí yo lo bajo!”, presumí.
¿Yo lo bajo?, ¡sí Chucha!, apenas logré levantar la camilla unos cuantos centímetros cuando, ¡chumbum, cataplun!, la camilla y su contenido vuelan hasta aterrizar con gran sonoridad en la planta baja. ¡Cataplum! ¡Chin! ¿y ora? Nacho ordena:
–¡Tú espérame aquí, yo voy al mercado por dos cargadores. Llegan estos, pero se niegan terminantemente a tocar “al muerto” aunque pronto cederán al ver dos “pachucos” (pesos).
¿Dijeron muerto? Fue hasta entonces que pregunté ¿en verdad está muerto? Y si es así ¿murió por el veneno o por el porrazo?
–A estas alturas eso qué importa –responde el chofer.
¡Cómo carajos no, contesté, y corrí en busca del paramédico que había recibido al “cachalote gringo”, como ya lo habíamos bautizado. El alma me volvió al cuerpo cuando me informó: “muerte por envenenamiento ”. ¡Uf!

La Canaco

La Cámara Nacional de Comercio de Acapulco es una más de las instituciones locales de muy antigua data (1924). Esto es, a tres años de la apertura de la carretera México-Acapulco, con la que el puerto abandonará su condición de “ínsula barataria”, dominada por hispanos apenas ayer conquistadores.
Promotor único de la organización comercial fue don Isaías Acosta, desempeñándose como tenedor de libros de La Valenciana, una céntrica tienda propiedad de don Aniceto Goraieb, un atildado escritor libanés, colaborador habitual de periódicos de la Ciudad de México. Tío, por cierto, de Said, creador del hoy emblemático Café Wadi.
Durante la asamblea constituyente, celebrada el 31 de julio de 1924 en un local de la calle San Juan (5 de Mayo) se puso de relieve la urgente necesidad de hacer un frente común para resistir la feroz acometida del comercio exterior, particularmente de la Ciudad de México. Presentes:
Dr. José Gómez Arroyo, Hugh Stephens, Manuel Muñú-zuri, Manuel Revilla, Alejandro Montano, Francisco Vela, Ramón Córdova, Rafael Pintos, Federico Pintos, William Mc Hudson, Emilio Casís, Guillermo Edwards, Lorenzo Sánchez, Manuel L. Radilla, Juan Manzanares, Luis Long y las representaciones de las empresas Hermanos Fernández y Cía.
Haciendo suyo el propósito enunciado, la asamblea votó por la primera directiva de la Canaco de Acapulco. Fue elegido presidente el propio Isaías Acosta, acompañado por los señores José Flores, Adolfo Argudín, Lorenzo Sánchez Morales, Francisco Vela, Félix Muñúzuri y Salvador Sabah. Fueron comisionados Adolfo Corona, Pascual Aranaga, Arturo García Mier, Alejandro Batani y Maximino San Millán.

Don Beyto, el “carretonero”

Acapulco no tuvo en los años 20 problemas con la limpieza de su calles y tampoco con el destino final de la basura. Ello como resultado de la arraigada costumbre de sus habitantes de barrer el frente de sus casas y dar un destino final a la basura acumulada. Lo hacían con la seguridad de que más tarde pasaría por ella don Alberto Jiménez, conocido simplemente como Don Beyto, “el carretonero”, por operar una carreta desvencijada jalada por una mula enteca.
La presunción de Don Beyto de no haber recibido jamás queja o censura por deficiencias en su servicio, provocaban sonrisas maliciosa de las señoras, sabedoras todas ellas de que el anciano era más sordo que una tapia. Guiaba su mula a punta de chasquidos. Así las cosas, el señor Jiménez no podrá escuchar más tarde las campanas de la primera unidad del servicio municipal de limpia, marca Reo, que lo releve en 1927, bajo la presidencia municipal de don Manuel López López.

El carretón

La denominación local de carretón para el vehículo recolector de basura, nace de la enorme “carreta” de madera jalada por mulas, con la que se inició en 1670 el servicio de limpia de la ciudad. Lo será, per sécula seculórum, no obstante que se trate de un vehículo de la Mercedes Benz 2025.

 

Acapulco, su gente V

La preparatoria

La primera escuela preparatoria de Acapulco nace en 1957 por iniciativa del doctor David Malváez de la Barrera, profesor de la secundaria federal 22, creada dieciocho años atrás. Un proyecto solitario y generoso que sólo tendrá viabilidad cuando el profesor Elpidio Cortés, director de la escuela primaria José Azueta, en la calle del mismo nombre, autorice la ocupación del plantel por las tardes e incluso noches.
Vendrá enseguida la integración del personal docente, necesariamente especializado, y en esta ocasión Malváez sólo tenía al profesor de Biología, él mismo. Utilizará entonces discursos diferenciados. Patrióticos, llamando a “salvar a la juventud acapulqueña de la influencia nociva del capitalismo yanqui” y profundamente religiosos. Incluyendo a la prepa en terrenos celestiales de La Magnífica, por aquello de “no poseer cosa alguna” Así, entre los primeros que aceptan dar clases “deoquis” o “de a grapa”, estarán: Javier Campos Ponce, periodista zurdo, editor de la revista Acapulco, quien aceptará incluso la dirección del plantel. Su renuncia posterior será cubierta por el propio Malváez. Otros maestros: el notario público Julio García Estrada; el poeta chilpancingueño Lamberto Alarcón; el abogado Alfredo Díaz Garzón; los maestros de la secundaria 22: su director Eduardo Vega Jiménez y Alfredo Beltrán Cruz.
También darán clases el maestro Gilberto León Berdeja, Manuel Linares Alarcón, Ambrosio Delabra y Julio Macosay. Las maestras de francés Sofía Ramón y Andrea Gaudy; el enorme poeta Rubén Mora, de Cuautepec (“yo no sé porque te llaman Costa Chica, si es tan grande el amor con que te quiero”) y los abogados Roberto Palazuelos Bassols, Ricardo Suástegui, Nereo Mar Ramos, José Flores Romero y el arquitecto Luis Cardoso Medina.
Más tarde, la prepa dependerá de un patronato presidido por el doctor Armando Ruiz Quintanilla, firmando como secretario el profesor Fidel Gallardo Arellano.

Recuerdo del Dr. Malváez

Recuerdo con cariño a doctor Malváez, mi maestro secundariano de Biología. Con él hablamos del proyecto de la preparatoria y el que abandoné más tarde ante la oportunidad de estudiarla en la ENP 1 de la UNAM, en San Idelfonso, en la Ciudad de México. A partir de entonces me llamó “mi amigo, el tránsfuga”, que acompañaba con una risotada enseñando toda la “mazorca”, a decir de Alejandro Arzate, el mismo que estudió Derecho ayudado por su cajón de bolero en el Zócalo.

La primera generación

La primera generación de la Escuela Preparatoria de Acapulco estuvo integrada por 17 caballeros y una sola damita: Martha Rodríguez Rábago. Aquellos: Alejandro Arzate Jiménez, Aristóteles Muñoz Valente, Horacio Medina de la O, Pedro Pérez Cámara, Rodolfo Chávez Molina, Lisandro Vielma Hernández, Héctor Álvarez Ramírez, Armando Meda Torreblanca, Armando Ruiz Massieu, Eduardo González Quezada, Ernesto Torres Reyes, Gil Arturo Castro Bahena, Mario Gallardo Guzmán, Orlando Salinas Antúnez y Ramón Romero Marino.

Homenaje a Arturo Escobar García por 50 años de actividad periodística

“Arturo Escobar García, hijo de don Pin Escobar y doña Dolores García, del barrio de El Capire, se ha distinguido como un periodista acapulqueño honesto, amable y generoso con una trayectoria de 50 años. Por eso estamos aquí, todas y todos para patentizarle nuestro reconocimiento y cariño”.
Así se expresó la señora Leticia González Molina, encargada de hacer la semblanza del homenajeado, luego del ofrecimiento hecho por la señora Violeta Farías Montano, promotora de tal reconocimiento junto con sus hijos Alfredo, Elizabeth, Marcia y Adriana. Se incluyó en la felicitación a las integrantes de la Asociación de Damas Guerrerenses dirigidas por Loreto de Muñoz, Berenice de López, Carmen de Zurita, Noemí Castillo Rosas, Alicia de Salas, Cristina de Schoeder, Otilia Azuara, Rosalinda Alarcón, María Nieves Denas, Edelmira de Javier y Lupita de Santaolaya.

Mesa de honor

En la mesa de honor, flanqueando al homenajeado, las señoras Violeta Farías Montano, Leticia González de Molina, Rossana Ríos y María Elena de la Llata de Alcaraz.

Zigzag

En cada una de las 50 mesas distribuidas en el salón de fiestas del hotel Crown Palace, se contaron anécdotas del mejor cronista de sociales de Acapulco. De cuando Escobar, encargado del anuncio económico del diario Trópico, suplió la ausencia de la redactora de la columna de sociales titulada Zigzag. Gustó tanto que los lectores exigieron que la siguiera escribiendo él. Y así lo hará durante los años siguientes.

Los asistentes

Lupita, Gabriela y Ana Dolores Molina (sobrinas), Isabel y Pili Robles, Chela Herrera, Tina de García, Gloria de la Peña, Georgina Bermúdez, Maricarmen Tenopala, Licha de Trani, Irma Cruz, Matilde Cabrera, Vivián Heredia, Emelia Gabiño, Cota Lobato, Paola Ortega, Lupita H Peláez, Piquis Rochín, Mago Trani, Alicia Bustamante, Vicky Abarca, Lety Fierro, Oralia Alcaraz, Aurelia Salgado, Mildred y Hortensia Zavala, Lupita Gómez Maganda y Corazón Selene Caballero.
También Chuchita y Malena Galeana, Licha Jiménez y su hija Lucía Guadalupe, Carmen Z. de Rebolledo, Margarita Juárez, Aída Vargas, Irma Berdeja con su hija Mónica; Ebert Liquidano, Amparito y Tomasita Manzanares, Amelia R. de Manzanares, Lilia Maldonado, Lupita Pérez, Hilda Pineda, Analila Fox, Ivonne Casis, Elizabeth Álvarez, Picki Ricart, Cecilia Sánchez, Lupita Juárez, Carla Garibo, Esther Sadala, Luz María Ahedo, Araceli Eunice, Eloína López Cano, Rosario Cardoso, Maricela López Trejo, Malena Steiner, Amalia Hernández, Themis Mendoza.

Diplomas

El gobernador Ángel Aguirre Rivero pasó lista de presente en tan inusitado evento. Lo hizo acompañado por su jefe de prensa, Pedro Valdez Vilchis, quien dio lectura al texto del pergamino entregado por el mandatario. Habla de que los 50 años de Escobar en el periodismo nos da los elementos necesarios para reflexionar y conocer un poco más de nosotros mismos.

Fanny Alarcón

Un diploma más le fue entregado a Escobar por la señora Fanny Alarcón de Heredia, este en nombre de “los acapulqueños unidos por el cariño y la gratitud”.

Escobar, cantante

Un contemporáneo del homenajeado le refrescará la memoria recordando un concurso de canto escenificado en el recién inaugurado Cine Río. Lo habría ganado con la interpretación del chotis Madrid, de Agustín Lara. Y que al entregarle el premio de 500 pesos, Luis Aguilar, el famoso Gallo Giro, le había vaticinado: “llegarás muy lejos, chamaco”. Y , en efecto, Arturo llegó hasta donde quiso, pero cantando boleros. Su breve historia artística lo recuerda como exitoso crooner, interpretándolos en varios centros nocturnos de Acapulco. Abría con La puerta, de Luis Demetrio.

Familiares y amigos

No pudieron haber faltado los familiares de Escobar y sus mejores amigos. Ramón y Eugenia García, hijos y nieto. Doña Lucy Guillén y sus hijas Lucy y Adriana; Margarita de Guillén, Israel y Cecilia Soberanis, Leonel y Cossete García (festejando 60 años de matrimonio), Enrique y Raquel Mendoza, Ángel y Vicky Arzeta, Rubén y Carmelita Huerta, Humberto y Josefina Suástegui, Leonardo y Silvia Flores, Rafael y Malena Sareñana, Antonio y Lety Peláez, Rogelio y Martha Camacho, Raúl y María Elena Alcaraz, Víctor y Margarita Reyna, Wences y Larissa Peláez, Rubén Darío y Angelina Piza, Joel Rosas, Melchor Rojas y Romeo Hernández.

La virgen y los sombrillazos

Varios trabajadores del diario Trópico, en la calle Nicolás Bravo, fueron testigos de lo acontecido un día en la redacción del mejor periódico de Acapulco, dirigido por don Manuel Pérez Rodríguez. Una dama de la llamada tercera edad, chaparrita y bien vestida, pregunta con agudo timbre de voz por “el que escribe los chismes de sociales”. Lleva en una mano una sombrilla amarilla que no deja de manipular.
–¡Es él! –lo identifica Enrique Díaz Clavel, apuntándolo con el índice. Él escribe el Zigzag, todos los días, reporta.
–¡Ajajá, conque es usted el infame difamador! –le espeta la dama lanzándole un primer golpe con la sombrilla. Escobar lo evade ágilmente.
–¡Señora!, ¿qué le pasa a usted, acaso está loca?
–¡Loca la más vieja de tu casa, majadero!, lo que vengo es a decirle es que es usted un vulgar difamador y que estoy decidida a llevarlo ante las autoridades competentes. Lo que ha hecho usted con mi nietecita no tiene nombre y yo estoy dispuesta a lavar su honra mancillada por usted en una reciente columna suya.
–¡A ver señora, ya cálmese, por favor , dígame a qué columna se refiere! –le pide Escobar, que él mismo busca en su escritorio.
“¡Aquí está, ya la tengo!”, grita el periodista y convoca a leerla. El texto está acompañado por una fotografía de una niña, durante la celebración de una misa de XV años en la Catedral.
La hermosa quinceañera lucía esplendorosa con su vestido de satín con aplicaciones de guipiur, Su belleza dulce y serena la hacía lucir como una adorable y auténtica virgencita.
–¿Y, señora?
–¡Desvergonzado! Allí dice que mi nieta lucía como una adorable y auténtica virgencita y lo que yo vengo a decirle ¡es que mi nietecita es virgen y no sólo lo parece, exigiéndole uena aclaración de su parte!
Ninguno de los presentes atina a pronunciar una sola palabra, en tanto que la dama abandona silenciosa el recinto de Bravo 17 y lo hace dubitativamente. El sol abrazador la obligará a abrir la sombrilla amarilla.

Más lectores del Zigzag

Rosa Martha Muñúzuri, Vicky Villalvazo, Acela Tellechea de Nava, Gloria Luz Nozari, Anita de la Peña, Víctor García Aguilera, Esteban Román y esposa; Isabel Martínez Quevedo, Alba Luz Estrada, Regina Anaya, Yazmín Valdovinos Caballero, Martha Suástegui, María Estela de Martínez, Eloy Polanco y señora, Gustavo y Etelvina Díaz, Carmen de Anda, Pablo y Crisantema Bello, Lupita Torreblanca, Esther Díaz, Rosario de Ceballos, Ramiro y Delia García, Marilú Lozano, Tere Landa, Óscar Bustos y señora (también le dedicaron una canción al homenajeado), Alfredo y Rogelia Beltrán, Yayita y Paty Reina, Refugio Rojas, Irma Rojas, América del Río, Alejandro y Yolanda Suazo, Alberto Barney, Javier Gómez Vela y familia.

El agradecimiento

El agradecimiento de Arturo Escobar García fue breve y sustancioso. Dijo: Antes que nada deseo gradecer a las hermosas y dinámicas Damas Guerrerenses, encabezadas por la poeta Violeta Farías Montano, este inmerecido homenaje.
Deseo al mismo tiempo brindar un cariñoso abrazo a todas y todos ustedes que han sacrificado su valioso tiempo para acompañarme en este momento, sin duda el más emotivo de mi existencia.
Mi actividad en los medios de Acapulco me ha brindado la oportunidad de conocer a todos y a cada uno de ustedes, lo que sin duda me ha hecho la persona más feliz y agradecida del puerto.
Les reitero, finalmente, mi agradecimiento y cariño para todos ustedes y los suyos.

Mis cien pesos

Y Arturo Escobar no lloró, haciéndome perder los cien pesos apostados por mí a que lo haría.

 

Acapulco, su gente IV

La Altamirano

La escuela Ignacio M. Altamirano es fundada en 1906 por la maestra tixtleca Felícitas Victoria Jiménez Silva, para ofrecer la educación elemental exclusivamente a mujercitas. Los varones ya la recibían en la escuela Miguel Hidalgo y pasarán muchos años para que la moral vigente permita tal convivencia. Entonces, las voces varoniles se impondrán en los agitados recreos de la institución y el uniforme azul marino y blanco incluirá pantalón y camisa
Ellos: Alejandro Hudson, Simón Funes, José Villalvazo, José Jiménez Marqués, Alejandro y Margarito Gómez Maganda. Y ellas: Paula Velarde, Guillermina Altamirano, Alicia García Mier, Aurora Apreza, Ángela Escalera, Luz H. Luz, Elena Uruñuela, Victoria Sabah, Elisa Batani, Ricardo Morlet Sutter, Jesús Rodríguez Espinosa, Toto Tellechea, Nicolás Gómez Vela, Paco Vela y Abel Salas.

La carestía

A no pocos de aquellos niños y niñas habrán acompañado a sus mamás al mercado de Acapulco, primero en plena plaza Álvarez y más tarde en la plazoleta Escudero (hoy Woolworth). Admirarán en ellas sobradas capacidades de regateo ante la carestía siempre galopante. Y miren si no:
Ojotones y agujones: 5 centavos por docena.
Gallinas: 12 centavos.
Huevos de gallina: 3 centavos.
Leche: 15 centavos el litro.
Limonada Trébol: 5 centavos.
Cerveza: 20 centavos.
Petróleo para candiles: 20 centavos.
Tractolina para estufas: 15 centavos.
Manta cruda: 5 centavos la vara.
Coñac: 50 centavos la copa.
Tostadas de Maura Bello: 5 centavos.
Las charamuscas de Moisés: 3 centavos.
Las nieves de Proto: 10 centavos.

Los desfiles cívicos

Los únicos desfiles conmemoraban la Independencia Nacional, el 16, de septiembre, y la Batalla de Puebla, el 5 de mayo de cada año. Los encabezaba el presidente municipal en turno, embrazando el Lábaro Patrio, flanqueado por los ediles de la Comuna y seguido por el personal municipal. Participaban las dos únicas escuelas oficiales del puerto, la Altamirano y la Miguel Hidalgo.
La columna recorría las calles de San Diego (hoy Carranza) Comercio (Escudero) y parte de Barrio Nuevo (Cuauhtémoc, hasta el IMSS). Volvía enseguida al punto de partida para la ceremonia alusiva. Consistía en una pieza de música, un discurso y un poema. Cerraba La tribuna libre, llamada así porque se entregaba el megáfono a quien lo solicitara, ya fuera para censurar o encomiar al gobierno. La única prohibición consistía en no mentarle la madre al alcalde, aunque fuera respetuosamente.

Cañoneo contra escolares

El cañonero mexicano Guerrero vomita fuego destructor sobre la ciudad mientras transcurre el desfile escolar del 5 de mayo de 1920. Participan, como siempre, las escuelas Ignacio M. Altamirano, para niñas, y Miguel Hidalgo, para varones. De pronto, un obús dirigido al Fuerte de San Diego se desvía para estallar. cerca de la parada, provocando una aterrorizada desbandada , sin víctimas menores que lamentar.
Casi inmediatamente se agolpa en el sitio un auténtico ejército de mujeres, llamando angustiosamente a sus hijos, y lanzan fuertes insultos contra el ejército, particularmente contra el presidente Venustiano Carranza, quien había ordenado el ataque al general Silvestre Mariscal. Felonía que los acapulqueños nunca olvidarán, rechazando más tarde bautizar una calle del puerto con el nombre del Barbas de chivo. La existente en el centro alude a su hermano Jesús.

Primera sede

La localización de una sede para la Altamirano fue una preocupación permanente de don Rosendo Pintos Lacunza, su entusiasta promotor. Siendo recaudador de rentas del puerto, don Chendo conocerá dos juicios testamentarios que incluían casas con amplios terrenos, ideales para la escuela. El mismo sugerirá al gobernador, profesor Francisco Figueroa, la compra de una de ellas, aceptando de inmediato aportar la mitad de su precio, 8 mil pesos. Con tan mala suerte de que la casona que albergaba a la IMA sucumbirá ante un severo temblor de 1934.

El curato

Años atrás, en 1927, el propio Rosendo Pintos, entonces síndico del Ayuntamiento de Acapulco, propone convertir en escuela la casa curato de la ciudad, clausurado a raíz del estallido de la guerra cristera en Jalisco y Guanajuato. Aceptada la propuesta y acordada la institución beneficiada, se formula la solicitud telegráfica al presidente de la República, Plutarco Elías Calles, quien responde inmediatamente que la escuela que ocupara la ex residencia de los curas pertenecerá a la SEP, de las conocidas como Federal Tipo.
Aprovechando que don Plutarco estaba “blandito”, el mismo Cabildo le pide que las oficinas de Telégrafos y Correos, localizadas al frente del ya para entonces famoso curato, dejen sus espacios para la creación de la que será la primera Escuela Secundaria de Acapulco 22. ¡Concedido!
Iniciativa esta en la que participaron, además del señor Pintos, el maestro Eduardo Vega Jiménez y lo señores Juan Gómez, José Tellechea y José O. Muñúzuri. Institución que, como varias de su época, sucumbieron ante los frecuentes movimientos telúricos

Segunda Guerra Mundial

Operando en el Fuerte de San Diego, la Altamirano entregará certificados de primaria a los egresados durante los años de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): Gloria Gómez Merckley, Alicia y Leonor Quevedo del Río, Candelaria de la Cruz Gómez, Hortensia, Lety Salgado Román, Raquel Güera Fox Leyva, Irma Flores, Ernestina Rosa Romero, Amalia Hernández Arroyo, Julia Ávila Díaz, Divina Zárate, Margarita Ruiz Acevedo, Julia Torres, Hortensia Guerrero Polanco.
Eduardo Bailón Wilson, Jesús Espinosa, José Torres Vargas, Diego Zavala Coria, Juan Ayala de los Ríos, Ricardo Pineda Tapia, Rafael Méndez, Apolinar Zurita Alcaraz, Javier Toro Gutiérrez, Rogelio Pano de la Barrera, Fernando Cruz Rojas, Antonio Zavala Reyes (fotógrafo), Fernando Pedroza Villicaña, Aristeo García Lobato, Rufino Bello González, Rodolfo Mendoza, Héctor Cortés, Antonio Liquidano, Timoteo Radilla, Roberto Vinalay Garibay, Eladio Gómez Magdaleno, Manuel Ortiz Rodríguez y Gerardo Gómez Alvarado.

La nueva Altamirano

La construcción de la nueva Altamirano se llevará 14 años y será inaugurada por el 4 de enero de 1948, por el presidente de la República, Miguel Alemán Valdés y el gobernador Baltazar Leyva Mancilla. Para entonces ya ocupaba la dirección del plantel la maestra chilpancingueña Carolina Vélez viuda de Leyva, quien llevará a la institución a los primeros lugares de aprovechamiento y disciplina del sistema escolar.
Los primeros certificados firmados por ella corresponderán a Carmen Salgado Román, Lilia Hernández Arroyo, Emma Hernández, Magdalena García Vinalay, Carmen Maganda, Carmen Sosa, Carmen Valeriano, Gisela Jiménez, Sofía Pérez, Alicia Pérez Salinas, Graciela Blanco Miranda, Elvira Hernández Pintos y Ana María Arzeta.
Enrique Díaz Clavel (periodista y profesor de la IMA), Manuel Valverde, Manuel Soto Valle, Alejandro Bello Ozuna, Miguel Chavelas Orbe, Fernando Rojas, Alonso Palma, Emilio Villicaña, Gabriel Villanueva, Ramón García, Lorenzo Jiménez, Alberto Patiño, Luis Castañeda, Ricardo Martínez, Jesús Flores, Enrique Baños Cortés, Luis Caballero Tellechea, Abelardo Salas, Carlos Sauri, Julián Gallardo, Miguel Ángel Oscura, Francisco Javier Martínez, Crescenciano Díaz y Fernando Rojas.

El fin de la guerra

La generación 1945 de la escuela Ignacio M. Altamirano cierra el negro capítulo bélico que ha vivido buenas parte de la humanidad. Con el certificado de primaria en la mano pondrá cada uno de ellos y ellas optar por las mejores oportunidades educativas que se les presente, muy escasas para ella, por cierto.
Noah Elliot, Hilda Pedroza, Guadalupe Sánchez, Gloria Negrete, Amparo Añorve, María Luisa Rosas, María Elena Gómez, Filomena Karam, María de Jesús Estrada, Guadalupe Zamora, Cristina Rodríguez,
Salvador Organes Pérez, Leonel García Guillen, Juan Salinas Torres, José Gómez Merckley, Romeo Caballero Tellechea, Jorge Othón Vélez, Edilberto Vela Arvizu, Eleazar Sánchez, Amadeo Cabada, Gabriel Vargas, Jesús Cadena Ríos, Javier Aivar Jiménez, Ramiro Gómez Galeana, Bernardo de la Cruz y José Thielve Soto.
1946: Aurora Quevedo, Indalecia Lobato, Elia Muñoz Abarca, Crisantema Barrientos, María Inés del Valle Garzón, Ernestina Galeana, Carolina Arteaga, Jaime Espinosa, Gildardo Salas, Javier Cruz Rojas, Pedro Andraca, Florentino Hernández, Abelardo y Antoni Castañón Flores, Jesús Galeana, Honorio Delgado, Praxedes Polanco, Héctor Núñez, Eugenio Messino, Felipe Sotelo, Salomón Sánchez, Sergio Negrete y Roberto Galván Flores.
1947: Estela Roque Caro, Thelma Flores, Zaida Vielma Heras, María Luisa Román, María de la Luz Lobato, Juana Grado, Francisca Cortés Noemí Liquidano, Sara Sánchez, María Enriqueta Castellanos, Carmen Loranca Bello.
Arturo Escobar García, Carlos Díaz Bello, Alejandro Negrete, Tomás Alarcón Salgado, Hugo Aivar Jiménez, Luis Jiménez López, Arturo Suástegui León, Emilio y Eumelio Galván Flores, Rosalía Ramos Molina, Luciano Solís, Samuel Solís Adame, José Rivera Bataz, José Luis Silva, Francisco Bailón, Eliseo Ozuna Manuel Flores, Gabriel Bazán y Abel Ábrego.

Acapulco y su gente III

La República Escolar

Tal fue el título de la clase de Civismo más práctica y objetiva recibida por los alumnos del colegio Felipe Carrillo Puerto, de Acapulco. Un ejercicio concebido en 1928 por el inspector federal Ocampo N. Bolaños , ex secretario general del gobierno michoacano de Pascual Ortiz Rubio. Se trataba básicamente de la instauración de un gobierno estudiantil que replicara al de la República, incluidos los procesos electorales.
Presentaron sus candidaturas para presidente de la República Escolar Isabel Velarde, Jorge Joseph Piedra (ambos de sexto año) y Gilberto Bello (de quinto), triunfando Joseph por abrumadora mayoría. Una vez que ha protestado el cargo, El Güerito acapulqueño nombra a sus colaboradores: Guadalupe León Berdeja (Gobernación), Vicente Acosta (Educación), Fernando Rangel Leyva (Agricultura), Ramiro Sosa Meléndez (Relaciones Exteriores), Arturo Escudero (Obras Públicas), Judith Flores (Salubridad), Policarpo Sosa Meléndez (Marina), José Flores (Procurador General) y Carmen Vidales (Secretaria Particular).
Jesús Basterra Martínez presidió la Suprema Corte de Justicia de la Nación y fueron ministros de la misma Teresita Castañón y Pedro Gómez. Entre los gobernadores figuraron Jesús Bolaños, Juan Díaz, Lupita Cortés, María Antonieta Ramírez, con edades entre los 10 y 15 años.

El mensaje

La protesta de la República Escolar se celebrará con toda formalidad en el cine Hidalgo, del italiano Angel Mazzini, en la calle del mismo nombre. El alcalde de Acapulco, don Rosendo Pintos Lacunza, fue el invitado de honor. Sus palabras serán aleccionadoras e incluso premonitorias: “Con acapulqueños como ustedes, el futuro luminoso de Acapulco está asegurado”.
La orquesta de don Alberto Escobar abrió y cerró la sesión con la Marcha Acapulco, del acapulqueño Walter Escudero, adoptada como himno de la República Escolar.

Secretarios en acción

Lo más interesante de tan singular experimento fue quizás que los muchachos se lo tomaron en serio. Media hora antes de las entradas matutinas y vespertinas el patio, los salones y los pupitres brillaban de limpios. Una tarea reservada para la Secretaría de Salubridad integrada, contra todo precedente, por los alumnos y alumnas más aventajados. La propia titular, Judith Flores, se encargaba todas las mañanas de revisar ropa, pelo y uñas de sus compañeros.
No se quedó atrás Arturo Escudero, sobrino del mártir Juan Ranulfo, de Obras Públicas, quien logrará donativos suficientes para encalar el edificio escolar y pintar sus puertas. Padres de familia dedicados a tales oficios se encargarán de dirigir los trabajos. Por su parte, el secretario de Agricultura, Fernando Rangel Leyva, recibirá donaciones de plantas de ornato y árboles de sombra para enriquecer los jardines del Palacio Municipal y de la Plaza Álvarez.

“Jueguito pendejo”

La República Escolar llegará a su fin con la llegada del nuevo director del plantel y califique la experiencia como “un jueguito pendejo, alejado totalmente de la realidad” . Para él “no debería engañarse a los jóvenes sobre una entidad en manos de ladrones y bandoleros”.

Escuela Secundaria Federal 22

La primera escuela secundaria de Acapulco nace el 19 de marzo de 1939 y es la número 22 de la SEP en todo el país. Su director fundador es el maestro hidalguense Eduardo Ramírez Jiménez e integran su planta docente tres acapulqueños: Julio Vélez Romero (carpintería); Mauricio González don Güicho (música) y José Flores (mecánica).
Después de ser esperada por casi medio siglo, el anuncio de una secundaria oficial para Acapulco no despertará los entusiasmos juveniles esperados, incluso las largas colas de jóvenes para lograr una inscripción. Ocurrirá entonces un hecho insólito, cuando sean dos mujercitas las primeras en obtener sus matrículas: Lilia y Evelia Villalobos, hijas del querido maestro César Villalobos. Seguirán el ejemplo en los días siguientes Tere Vela Alvizu, Eloína Soberanis, Gloria Pano de la Barrera, Evelia y Sara Pedroza, Victoria Muñoz, Celia Benítez, Alicia Liquidano, Evelia García, Gloria Barrientos y Cristina Cadena.
Ellos: Emilio Karam, Alberto Batani, Francisco Ayerdi, Miguel Ángel Lépez, Carlos Buenfil, Francisco Vela, Luis Martínez, Carmelo Alarcón, Pedro Orbe, Daniel Catalán, Graciano Bello, Roberto Galeana, Manuel Meza, Juan Izabal Merckley (usurpador absoluto del Cuadro de Honor) y Juan Gilberto León Berdeja (fundador de varias escuelas y alguna vez director de Educación Municipal).
La Escuela Secundaria Federal No. 22 ocupaba una casona de altos muros de adobe con tejado de dos aguas. Había sido residencia, consultorio y botica del doctor hispano-cubano Antonio Butrón Díaz, alcalde de Acapulco hasta en dos ocasiones. Constructor del hospital del cerro de Las Iguanas, más tarde Civil de Acapulco y habilitador de la isla de La Roqueta como hospital para leprosos.

El terremoto

Y así llegamos al 3 de septiembre de 1953 y la casona del alcalde Butrón Díaz convertida en Secundaria Federal número 22 se desploma estrepitosamente tocada por el terremoto que sacude a la ciudad ese día. “¡Dios bendito que fue en domingo!”, clamarán madres de familia agolpadas en la vecina parroquia de Nuestra Señora de la Soledad.
Don Rosendo Pintos Lacunza, también ex alcalde de Acapulco y cronista del diario Trópico, redacta más tarde una columna dando cuenta del fenómeno que destruye varias máquinas de su imprenta.
Por fin, escribe, “un día se presenta ante aquellas ruinas el secretario de Educación Pública, José Ángel Ceniceros, acompañado por el alcalde Donato Miranda Fonseca. No obstante que tal visita no ha ido anunciada, ya lo esperan trepados en el cascajo varios estudiantes, hombres y mujeres, de la institución. Portan cartulinas demandando la construcción de su nueva secundaria y de vez en vez corean: “¡exigimos un nuevo edificio para la gloriosa Secundaria 22”.
Molesto, el secretario Ceniceros los imita montando en un cúmulo de tierra para parar en seco aquella “escandalosa rebelión”:
“El gobierno del señor presidente Ruiz Cortines no necesita que se le exija, él sabe cumplir con sus deberes elementales”, grita con voz tipluda e inmediatamente suaviza el tono de su voz para dirigirse a los muchachos como si estuvieran en el aula:
“Estoy aquí por instrucciones del señor presidente de la República, profundamente preocupado porque no vayan a perder ustedes el año escolar. Aquí, el señor presidente Miranda Fonseca nos ayudará a localizar la mejor ubicación para la Secundaria 22, pero antes vayamos a lo urgente, y lo urgente es disponer de unas instalaciones federales donde ustedes puedan tomar clases vespertinas. Y ha sido el propio señor alcalde quien ha conseguido que sea la escuela Manuel Ávila Camacho, de la Costera. (Aplausos, gritos de bravo y gracias).

Ellas y ellos

El secretario Ceniceros y el alcalde Miranda Fonseca se despiden de mano de cada uno de los estudiantes presentes: Virginia Hurtado, Mercedes Vanmeeter, Olga Navarrete, Martina Roque, Martha Rodríguez Rábago, Violeta Zúñiga, Cristina Cristerna, Elvira Oscós, Martha Durán, Elia Rita Vega, Eduardo Salinas Torres, Raúl Reducindo, Luis de la Peña, Cuauhtémoc Rivera, Cuauhtémoc Juárez, Cuauhtémoc Lobato, Luis Castañeda, Héctor Mújica, Armando Ruiz Massieu, Jaime y Luis Muñoz Pintos, Guillermo González, Francisco Ruiz, Tadeo y Ervey Arredondo, Ulises Vargas, Manuel Linares, Alejandro Arzate, Ezequiel Ramírez, Magdaleno Monroy y este seguro servidor.

Los docentes

La Secundaria Federal 22 –sobre Acapulco y los acapulqueños– arraigó al mayor número de docentes procedentes de otras latitudes. Todos ellos inolvidables, empezando por su director Eduardo Vega Jiménez, cuya clase de Literatura y la lectura de los clásicos españoles tenía efectos nembutálicos, con ronquidos y toda la cosa. Su esposa, Socorrito P. de Vega enseñaba Cocina y su mejor platillo fue un aporreadillo picosísimo con cecina de San Jerónimo de Juárez. Teófilo Moyado, por su parte, quien terminaba la más nebulosa e intrincada explicación matemática con un “¡tan claro como el agua!” ¿What?
María de los Ángeles Serratos, de inglés , y su pregunta ¿ como diablos quieren aprender inglés si no saben español? Alejandro Ayala, de Deportes: “ ¡un, dos, tres: parecen señoritas estreñidas!”… Miguel Chavela, de Historia: “Me perdonan pero soy yo quien aquí las cuenta! De Civismo, Arturo Horta Mirada; ¡Lacras!… David Malváez, fundador de la primera Preparatoria; Alfredo Beltrán Cruz, física: asesor del periódico mensual El Planeta, dirigido por quien esto escribe.

Acapulco y su gente II

José Felipe Valle

Una vez que ha entregado la gubernatura del estado de Colima, el maestro José Felipe Valle viaja a este puerto para hacerse cargo de la Aduana Marítima de Acapulco. Se trata de un hombre íntegro y valiente con actitudes inconcebibles en la política mexicana. Como la protagonizada siendo diputado federal, ante Victoriano Huerta, cerrando su discurso con una sonora mentada de madre para el chacal golpista. Sus compañeros de bancada lo acompañarán a la cárcel.
Con tales antecedentes, apenas llega al puerto, Valle es invitado a sumarse a la “rebelión delahuertista” contra el presidente de la República, Alvaro Obregón. La encabeza desde Veracruz Adolfo de la Huerta, de ahí su nombre, misma que aquí lideran el profesor Silvestre H. Gómez (padre del doctor Virgilio Gómez Moharro) y el joven Carlos E. Adame, director del periódico El Liberal.
El quid del asunto era bien sencillo. De la Huerta, ex secretario de Hacienda del presidente Obregón, pretendía sucederlo pero este ya había decidido que quien lo sucedería sería el general Plutarco Elías Calles, su paisano. ¡Y hágale como quiera!
Una conjura que será aplastada con un baño de sangre en todo el país Y fue que el Manco de Celaya nunca se tentó el corazón para inmolar a sus mejores amigos y compañeros de armas (la crema y nata de los generales de la Revolución) Entre ellos: Salvador Alvarado, Manuel García Cavazos, Manuel M. Diéguez y Fortunato Maycote. (Este, por cierto, le había perdonado la vida en Chilpancingo, cuando Obregón huía de la furia carrancista disfrazado de maquinista de ferrocarril).

General Rodolfo Sánchez Tapia

El general Rodolfo Sánchez Tapia llega a Acapulco con órdenes presidenciales de no dejar títere con cabeza. Carlos Adame, uno de los dirigentes de la conjura, ha huido hacia la Costa Chica pero en San Marcos se entera de la aprehensión de sus compañeros y que ya marchan rumbo al cadalso.
En efecto, el paredón se levanta en el patio de la Aduana Marítima, en pleno Zócalo, dependencia federal habilitada como cuartel militar. Se facilitará así la congregación de familiares, amigos de los condenados y prácticamente de “todo Acapulco”, con angustiosas demandas de perdón para los jóvenes. La parroquia de La Soledad no cerrará sus puertas para contener a la multitud con plegarias en el mismo sentido.

¡Ya!

Un clarín de guerra se escucha provocando un intenso murmullo de la multitud arremolinada en la plancha del Zócalo.
–¡Ya los van a fusilar!, grita una voz anónima arreciando el clamoreo general e intensificando las manifestaciones femeninas de dolor.

Vengo a entregarme

En aquel momento se escuchará, repetida intensamente, la demanda de “abran paso”, “abran paso”, procedente del contingente estacionado en la desembocadura de la calle Carranza. Una valla se forma hasta la Aduana-cuartel. Camina en medio de ella un joven moreno, larguirucho, vistiendo ropas sucias y raídas. “¡Es Carlitos, Carlitos Adame”, lo identifica una dama provocando enorme alboroto. El aludido sigue su marcha hasta el interior del cuartel.
–¡Soy Carlos Adame y vengo a entregarme!
La guardia se lanza contra él para dominarlo y llevarlo ante el general Sánchez Tapia. Este reprende a los suyos por no presentarlo “mecateado”.
–Es que no lo capturamos nosotros, señor general, él vino solito a entregarse –le informan.
–Estoy aquí, señor general –se adelanta Adame– para rogar a usted, un valiente soldado de la Revolución, que perdone a mis compañeros. Que no los fusile porque todos ellos son inocentes y porque si hay alguien quien merezca ese castigo soy yo, señor general. ¡Fusíleme sólo a mi, señor general!
–¡No me vengas con pendejadas, chamaco caguengue!, porque ahorita mismo te vas a morir junto con tus socios. Levantarse contra el Supremo Gobierno no es un juego, muchachillo pendejo!
–Créame, señor general, mis amigos y yo no somos gente de armas y menos para oponerlas contra el gobierno de la Republica. Créame, señor, que yo los sonsaqué con engaños. Una aventura en cuya seriedad nunca creímos, verdad buena, señor. Le propongo, señor, que para salvar su situación me fusile a mí como el jefe de revuelta y al resto los meta a la cárcel…¡por amor de Dios, señor general!

El Patio

Afuera, en el patio, ya se ha formado el cuadro de fusilamiento. De espaldas a una pared deshecha por las balas, se han formado los conjurados, 18 en total. Identificados: Imeldo Cadena, Luis Mayani, José Trinidad Serrano, Silvestre H. Gómez, Isaías Acosta, Francisco Torres y Felipe Valle.
Adentro , el militar juega con Adame.
–Está bien, chamaco, porque ya admiro tu sinceridad y coraje y porque te has declarado único responsable de los hechos, he decidido dejar en libertad a todos tus amigos y fusilarte sólo a ti, por ser el único responsable del movimiento. ¿ O no es lo que me estás pidiendo?
–¡Eso mismo, señor!
Será entonces cuando Sánchez Tapia ordene al coronel Belarmino Santiago los cambios a la orden del día. Es decir, libertad para los 18 del paredón y prepararlo solo para Carlos Adame.
Ya ante el paredón, Carlos Adame musita una oración y se santigua repetidamente. De pronto, aparece en el escenario Sánchez Tapia a quien le reitera con grandes voces su agradecimiento, llamándolo el más valiente de los generales de la Revolución Mexicana. Este se le acerca y lo abraza para decirle: saludo en ti, chamaco, a un valiente. Anda y ve con tus compañeros y ya no hagan más pendejadas. Será un día acapulqueño para llorar.
Rafael Sánchez Tapia, soldado valiente y justo, sabía muy bien que los jóvenes revolucionarios lo eran de “boca y libelo” y que pocos de ellos habían tenido en sus manos tan siquiera una pistola de “santaperica”. Los asesinatos , robos y saqueos que habían provocado el caos en Acapulco y otras regiones de la entidad, estaban perfectamente acreditados a los militares Crispín Sámano y Juan Flores. Esto deberán pagarlo pronto y muy caro.

Candidato a la Presidencia

Cuando el general Sánchez Tapia aspire a la candidatura a la Presidencia de la República, durante la sucesión de su jefe el general Lázaro Cárdenas del Río, tendrá en Acapulco a sus más entusiastas simpatizantes. La nominación favorece al también general Manuel Ávila Camacho y entonces Rafael Sánchez optará por la candidatura independiente, luego de renunciar al Partido de la Revolución Mexicana. Aun así, el mayor número de votos los obtendrá en Acapulco.

El Colegio Acapulco

No obstante haber vivido una experiencia tan amarga, el profesor Felipe Valle se queda a vivir en Acapulco, decidido a servirle a través de la docencia. Le preocupa mucho, por ejemplo, que una generación de acapulqueños no tenga la oportunidad de cursar estudios más allá de los elementales y por ello funda con su esposa Rafaela Ibarra y su hija Fela el Colegio Acapulco. Sin ser necesariamente secundaria o preparatoria, por carecer de autorización oficial, se aplicarán cursos tales.
“Fue así como cursamos la ‘enseñanza superior’ y el grado de ‘pasantía’”, recuerda Concha Hudson Batani en su libro Del Acapulco de antes. Enumera las materias del curso equivalente a Secundaria: Lengua Nacional, Aritmética, Álgebra, Geome-tría, Ciencias Físicas y Natura-les, Historia, Instrucción Cívi-ca, Geografía, Caligrafía, Dibujo, Trabajos manuales, Gimnasia y Canto. En el año de “pasantía” o preparatoria se añadían: Gramática Castellana, Aritmética, Álgebra, Teneduría de libros, Retórica y Poética.

Las chicas más hermosas

Jorge Joseph y Alejandro Gómez Maganda, alumnos del Colegio Acapulco, recuerdan “a las chicas más hermosas del puerto”:
Las hermanas García Mier: Alicia, Etelvina y Orfelina; las Argudín: Ernestina y Tere; Stella Acosta, Crisantema Estrada, Conchita y Lila Hudson, Tive y María Campos, Esther Sthepens, Colacha y Marre Hudson, Celia, Josefina y Malicha Medina; Hortensia Caballero, Raquel Sánchez. Las Jiménez: Gloria, Aurora y Luz Amelia; Pelancha y Olga Tellechea, María Beltrán, Hilda Gómez Maganda, Conchita Campos, Elvira Galeana y Solfina Martínez,
También Angelita y Chevita López Victoria, Lilia Apac, Eli Montano, Adelina y Alicia Lobato; Luchy H. Luz, Carmen Tapia, las Muñúzuri: María Luisa y Bertha; Elo y Bertita Pangburn, Cornelia Aguirre, Noemí Caballero, Irena López, Amelia Bello, Perla Basterra, las Pintos Mazzini: Eugenia, Elena y Angelita; Manuela y Petra Rojas; las Escudero: Tere, Tita y Amparito; Sara Liquidano, las Olivar: Raquel, Leonor y Rebeca; las Vargas, Concha, Luz y Engracia; Rosa Flores, las Batani y María Luisa Morales. Esta última “la mejor basquetbolista de México”, una de las inmortales de ese deporte.

Cuadro de Honor

Volvamos con Concha Hudson quien nos presenta el Cuadro de Honor del Colegio Acapulco publicado en el periodiquito escolar Acción Social del 22 de noviembre de 1925.

Primer año

Angela Aguilera, Martha Pangburn, Eduardo Leyva, José Lozano, Antonio Córdova y Luis Martínez.

Segundo año

Wilfrido Valverde, Margarita Adame, Bertha Pangburn, Raúl Manzanares, Íñigo Soberanis, Pomposo Lacunza, Pedro Sarabia, Rosario Arjona, Teresa Argudín, María Huerta, Teresa Valencia, Pedro Berdeja, Nicolasa Sutter, Leonila Sthepens, Rebeca Olívar, Jovita Muñúzuri, Ignacio Tellechea y Carmen Soberanis.

Tercer año

Félix Muñúzuri, Orfelina García, Esperanza Tellechea, Rodolfo Galeana, Manuel Yavale, José Urioste, María Lozano, José Retteg, Leticia Córdova, Enrique López, Federico Medina, Plutarco Suástegui, Arturo Escudero y Consuelo Obé.

Cuarto año

María Sotelo, Ernestina Argudín, María Luisa Muñúzuri, Ernestina Aguilar, Petra Rojas, Crisantema Estrada, Aurora Leyva, Felicidad de los Santos, María Valverde, Josefina Medina, Celia Medina, Eloísa Pangburn, Flavia Mariscal, Luz Vargas, Solfina Martínez, Minerva Anderson y Manuela Rojas.
Luis Loranca, Raúl Muñúzuri, José Flores, Ignacio Lacunza, Manuel Sabah, Daniel del Moral, Calos Retteg, Federico Pintos, Juan Curd, Hipólito Muñoz, Luis González, Gilberto Bello, Gabriel Leyva, Enrique Pintos, Jesús Galeana, Félix Galeana, Ernesto Escudero, Jesús Apac, Rosendo Pintos, Herminio Diego, Moisés Adame, Domingo Leyva, Abacúc Cuevas, Benito Fernández, Jesús Guesso, Jesús Arenales, Antonio Pinzón, Juan Urbano, Jesús Manzanares, César Torreblanca, Vicente Sánchez Arenal y Antonio Pérez Alemán.

Pasantes

Concepción J. Hudson, Stela Acosta, Concepción Campos, Irene Leyva, Justa Escudero, Teresa Escudero, Natividad Campos, Matías Arjona, Francisco Torres, Alfredo Pintos, Alfredo Sthepens, José Batani, Jesús Jiménez, Isaac Bello, Adalberto Muñúzuri, Rafael Muñúzuri, Teófilo Moreno, Alejandro Hudson y José López Victoria, el cronista por excelencia de Acapulco.

Felipe Valle

Aquél 2 de julio de 1926, el maestro Felipe Valle pidió a su esposa relleno de cuche para la comida por ser para él un día especial. Y cómo no, si en esa fecha recuperaba sus derechos políticos perdidos por su participación en la revuelta delahuertista. Los reestrenaría votando en las elecciones locales de ese domingo
Escoge para la fiesta cívica un traje azul , acompañado con una corbata roja. “Sí, roja, para escandalizar a los miserables reaccionarios de Acapulco”, se dice mientras intenta anudarla. No termina de hacerlo cuando, frente al espejo, cae como tocado por un rayo. Infarto fulminante.
Acapulco lo llorará, lo honrará y lo recordará dando su nombre a una calle del centro de la ciudad.

Acapulco y su gente I

La escuela “Real”

La escuela Real Miguel Hidalgo y Costilla, acreditada como todas la instituciones de su tiempo al monarca español, atendió en pleno siglo XX a 150 alumnos en los seis grados de la educación elemental. Se localizó en la calle 5 de Mayo hasta 1909, fecha en la que se procede a su reubicación a las calles del Brinco y Mesón (hoy Galeana y Mina). Movilización que irrita a la población, particularmente a los padres de familia, porque la institución contaba con amplios espacios para todas las prácticas deportivas.
Irritación familiar que se convertirá en belicismo general, al enterarse la población que la escuela había sido vendida por el gobernador del estado, coronel Damián Flores, a la empresa estadunidense gringa Mexican Pacific Company, dueña de otras áreas del puerto. Muy pronto, ante el temor de una reacción popular, los empresarios rematarán la superficie a fraccionadores.

El Teatro Flores

Asociado con su hermano Matías, el gobernador Flores había construido una sala de espectáculos de solo madera. Se llamó Teatro Flores y fue el escenario de la más dolorosa tragedia vivida por Acapulco en toda su historia: la muerte de sus 300 espectadores la noche de su estreno, en 1909. Los Flores lograron huir montando una acémila.

Las escuelitas

Surgirán en el puerto las clases particulares ofrecidas por damas que, profesoras o no, enseñaban las primeras letras a grupos de infantes. A ellas se unirá don Antonio Hernández, el cura párroco del templo local, impartiendo a mayores clases de aritmética, geografía e historia sagrada, por supuesto.
La Revolución Mexicana triunfa en todos los rincones del país menos en Acapulco. El puerto sigue ya muy entrado el siglo XX en poder de los encomenderos españoles. Estos, obrarán libremente al eliminar a Juan R. Escudero, líder obrero que se oponía a sus designios. Lo hacen mediante una coperacha para pagar su asesinato y el de sus dos hermanos.
La primaria Miguel Hidalgo y Costilla mantenía aún el apócope de “Real”, referido al rey de España, y era exclusiva para varones. Mixta, la Ignacio M. Altamirano, fundada en 1906 por la inolvidable maestra Chita Jiménez. Son las dos instituciones escolares en las que se formarán obligadamente los primeros acapulqueños del siglo XX y más.
Entre las escuelitas particulares figuraron la de doña Nicolasita Vizcarra, preferida por los hispanos porque en ella se cantaba la Marcha Real Española en lugar del Himno Nacional Mexicano. También las de doña María Rivas, la de doña Marianita Altamirano y la del maistro Cayetano. Famoso por su vara de guayabo con la que imponía una férrea disciplina a quienes él llamaba “ muchachillos de los mil demonios”. Ora que lo alumnos de la “Real” no estaban exentos de castigos: plantón en el patio a los que llegaban tarde y palmetazos a los mal portados. (Palmeta: instrumento de madera usado para golpear las manos abiertas del alumno).
Para el periodista Jorge Joseph Piedra, ex alcalde de Acapulco, la escuela Miguel Hidalgo y Costilla fue paso obligado de los acapulqueños que dieron honra y gloria a esta tierra, es decir los auténticos forjadores de Acapulco. Solo algunos de ellos :
José Muñúzuri, Teófilo Berdeja, Leopoldo Estrada, Angel Lito Tapia, Rafael Muñúzuri, Benjamín H. Luz, Herlindo Liquidano, Alejandro Gómez Maganda, Francisco Meléndez y Honorio y Liberato Torres. Ignacio Alarcón, Esteban Valdeolívar, Ignacio y Joaquín Altamirano; Salvador Villalvazo, Carlos Solís, Alfredo Hudson, Fidel Gutiérrez, Severiano Astudillo, Isaías y Ulises Acosta, Luis y Gerardo Bello, Romeo Jiménez y los hermanos Ramírez Altamirano: Alfonso, José Agustín, Augusto y Ramón.
Wilfrido Valverde, los hermanos Adame: Carlos, Antonio, Joaquín, Rodolfo y Pepe; Dámaso Vicencio, los hermanos Rico: Ernesto, Alfonso y Jesús; los hermanos Álvarez: Benjamín, Tito y Félix; Romeo Jiménez y los hermanos Bello Almazán: Sergio y Enrique.
También Gaudencio Guerrero, Roberto Ramírez, los Sutter: Carlos Alfonso y Arturo; Fernando Heredia, Esteban Gómez, Abel Galeana, Antonio Pintos Carvallo, Abel Espinosa, Aarón Peláez, Juan Soler, los hermanos Sabah: Manuel, Guillermo y José; Fructuoso Agatón y Joseph Piedra, por supuesto.

Juan R. Escudero

Siendo niños, Alejandro Gómez Maganda, ex gobernador de Guerrero y Jorge Joseph Piedra, ex alcalde de Acapulco, sirvieron a Juan R. Escudero, ya como voceadores de su periódico Regeneración, ya como mensajeros o conductores de la silla de ruedas en la que lo postró un atentado criminal. El primero se cultivará como atildado escritor y fogoso orador, siendo más tarde eficaz diplomático con servicios notables durante la Guerra Civil española. Siendo gobernador de Guerrero, el presidente Ruiz Cortinez se cobra viejos agravios echándolo del palacio de gobierno de Chilpancingo. A partir de entonces será colaborador cercano del ex presidente Miguel Alemán Valdés.
Joseph Piedra, por su parte, fue un destacado periodista cubriendo las fuentes laborables para el diario La Prensa. En ese tránsito se hará amigo del secretario del Trabajo, Adolfo López Mateos, quien al llegar a la Presidencia de la República, le hará realidad su sueño dorado de ser alcalde de Acapulco. Atendió por primera vez las necesidades de los barrios del puerto y los acapulqueños le darán agradecidos el rango mesiánico “del mejor acalde de todos los tiempos”. Yosip, como le llamaba la gente, toma partido en el movimiento que echa de Guerrero al gobernador Raúl Caballero Aburto y el Centro lo echa antes. (1960).

Otros alcaldes

Otros ex alumnos de la Miguel Hidalgo que ocuparon en diversas épocas la alcaldía porteña fueron Rosendo Pintos Lacunza (1915), Enrique Lobato Cárdenas (1929 y 1946), Gumersindo Limones, Carlos E. Adame (1933), Efrén Villalvazo (1936 y 1955), Baltazar Hernández Juárez (1939), Alfonso Villalvazo (1960, sustituye a Joseph), Delfino Moreno, Gerardo Bello y muchos más.

Isaías Acosta

La vocación libertaria de Ulises Acosta, también ex alumno de la Miguel Hidalgo, lo lleva a los frentes de batalla de la Guerra Civil española, en defensa de la República. Regresa al puerto con el grado de coronel de artillería. Revolucionario y marinero, Justino Contreras será electo alcalde de Petatlán, en la Costa Grande. Con el mismo origen los excelentes violinistas Germán Nava y Juan Urbano, harán trío con el malogrado maestro Chino Martínez.
Quienes habían pasado por las aulas de adobe y teja de la institución tuvieron para sus maestros recuerdos permanentes de respeto y gratitud. Figuraron entre ellos: Eduardo Mendoza, quien dio su nombre a la primera escuela “tipo” del puerto. Los maestros Pipino Rosales y Torres Alfaro. Las maestras María de la Luz y Lucila Calvo, Esther Vega Reveriano, Lucila Villamil, Manuel Guillén, Juan Berdeja y el maestro chilpancingueño Alberto Saavedra Torija.

Calificaciones

La escala de calificaciones de la Miguel Hidalgo eran del 0 al 4 (0, mala, 2, buena, 3, muy buena y 4, excelente).

Acapulco, insular

La dramática insularidad de Aca-pulco frustró en buena medida las aspiraciones de muchos jóvenes, hombres y mujeres, de ir más allá de los estudios elementales alcanzando incluso los universi-tarios. Las opciones eran escasas y las ofrecía el prestigiado Cole-gio evangélico Wallace, de Chil-pancingo, siendo bien aprove-chadas. Se citan entre estos a la señorita Minerva Anderson, quien inspiró la Acapulqueña de José A. Ramírez, y mucho más tarde Alfonso Argudín Alcaraz, ex alcalde de Acapulco con el grado de almirante.

El Club de Brujas

El Club de Brujas, en nostálgico recuerdo del propio Joseph, organizaba bailes y lunadas sema-nales en La Quebrada y una ries-gosa excursión anual a la lejana playa de Caleta. Todo ello además de festejar santos y cumpleaños de cada uno de sus socios.
Ellos: José y Antonio Casís, Nicolás Gómez, Simón Álvarez, Benjamín y Pepe Cañedo, Carlos, Toño y Joaquín Adame, Emanuel Tejado, Juan Rodríguez, Benjamín Álvarez, Ángel Olazo, Chamón Funes y Rosendo Pintos.
También Alfredo Hudson, José Batani, Juan Soler, José Loranca, Herlindo Liquidano, Ignacio Alarcón, Samuel Sosa, Rogelio Martínez, Chanito Rivera, Silvestre H. Gómez, Imeldo Cárdenas, José Trinidad Serrano, Agustín Montano y Victorio Oliva.
El Club de Brujas presumía la belleza y galanura de sus reinas en cuyas fiestas de coronación se reunía “el todo Acapulco” Algunas de ellas: María Tabares, Lucila Gómez, Toya Casís y Thema Montano. Cuando apenas termine su reinado, cada una de ellas será coronada pero esta vez como “soberanas de sus hogares”, siempre por parejas en el altar mayor de la parroquia de La Sole-dad: María con Pedro Leonel, Lucila con Toño Echeverría, Victoria con Manuel Tejado y Thema con Agustín Montano.
Otras pareja forjadas en las tertulias de Las Brujas y que terminarán arrodilladas ante el altar mayor de la Soledad: Poli Sosa y Minerva Anderson; Carlos Varcálcel y Quecha Villalvazo; Eladio Fernández y Anita Villalvazo y Fausto Morlet y Tina Sutter.

Patas a ráis

Solo unos cuantos niños de Acapulco usaban calzado diariamente, según recordaba el propio Joseph y citaba a los Muñúzuri –Pepe, Roberto, Rafael, Adalberto, Raúl y Enrique–, Panchito Torres Gastélum y Abelito Espinosa.

Siempre ellas

No exageraba el ex alcalde cuando afirmaba que a la belleza de Acapulco correspondía necesariamente la de sus mujeres. Y las citaba:
Leoba y Nora Mazzini, Aurelia Balboa, Chabe y Noemí Caballero, las García Mier: Alicia, Orfelina y Etelvina; Altagracia Tavares, las Villalvazo: Irene, Anita, Lucrecia y María Luisa y sus primas las Alarcón. Genara Camplis, Eva Villalva, Angelita y Chevita Lopezvictoria, Tina y Tere Argudín, Eloísa y Berta Pang-burg, Nacha Guesso, Aura Ema del Río, Consuelo y Conchita Curd, Estela Acosta, Solfina Martínez y Carmen Carvajal.
Las Campos: Conchita, Tive, María y Leonor; las Álvarez: Irene, Concha y Paula, Tere Castañón, Juana Díaz, Carmen y Cristina Vidales, María Beltrán, Tey Sthepens, las Medina: Chelo, Josefina, Celia y Malicha y las Apac: Tere, Sara y Lilia.
También Eloísa y Margarita Águila, María Tabares, Lucila Gómez, Victoria Casís, las Berdeja, las Muñúzuri, las Funes, las Tellechea, las Uruñuela, las H. Luz, las Adame, las Lacunza y las Olívar.

 

El Morro o Farallón del Obispo

Promontorio rocoso que sobresale en el mar cerca de la línea de la costa.

El huracán

Acapulco es azotado por un huracán terrible y los acapulqueños buscan refugio en los cerros del anfiteatro como lo han hecho siempre ante esta clase de fenómenos naturales. Sorprende a los porteños porque se vive el mes de mayo de 1630 y está aún lejana la temporada de grandes vientos. Toman las de villadiego incluso los marinos de un galeón resguardado en la caleta llamada Santa Lucía, fondeadero habitual de la flota española.
El sacerdote J. Olaguibel es guía espiritual de la guarnición de milicianos negros acantonada en la fortaleza de San Diego . Reza con ellos en la cercana parroquia de San José (hoy, edificio Manper), cuya techumbre ha empezado a volar.
–¡Dios ampáranos… Dios protégenos!
De pronto, Olaguibel se pone de pie movido por un impulso irrefrenable y sin más solicita del grupo a dos voluntarios. Todos ellos se ofrecen pero es el sacerdote quien elige a los más corpulentos:
–¡Tu y tú… síganme!
Los tres hombres bajan venciendo el ventarrón hasta la playa de enfrente para abordar una canoa atada a un árbol. Una vez que los milicianos se han apoderado de los remos, el cura señala el rumbo con el brazo derecho. La frágil embarcación navega sobre la cresta de las olas y el guía deberá animar a los remeros cuyos semblantes los mostraban ya derrotados.
Finalmente llegan a El Morro, el objetivo secreto del cura. Un hombre muy delgado vistiendo los ropajes de la orden de los franciscanos. Su evidente fragilidad y el peso del vestido empapado le dificultan el ascenso al peñasco de 30 metros. Lo ha emprendido apenas salta de la embarcación ordenando a los remeros quedarse a cuidarla.

El milagro

Una vez en la cima de El Morro, abrazado de un arbusto, el padre Olaguibel implora al cielo poner fin a tan duro castigo para Acapulco, ofreciendo a cambio respeto, devoción y humildad por parte de los acapulqueños.
–¡Perdónanos, Dios mío, cesa tu santa ira!
Cuenta la leyenda que pocos minutos después de aquella imploración amainaron el viento y la lluvia, suceso que el prelado no dudo en calificar como un “¡milagro… milagro… mila-gro!”. Lo aprovechará para descender del promontorio y emprender el retorno a su parroquia. Con tan mala surte que apenas instalado en la canoa una gigantesca ola remisa la envolverá para hundirla en las profundidades marinas. Acapulco entero participará en la búsqueda de los cuerpos pero todo será inútil. De la canoa, ni una astilla.

El farallón del Obispo

Consternados, los habitantes del puerto no dudarán en calificar como milagrosa la acción del padrecito, dedicándole solemnes oficios religiosos y sentidos honores cívicos a sus acompañantes. Uno de ellos será bautizar el lugar del evento como “Farallón del Obispo”, ello a sabiendas de que Olaguibel había sido el más humilde de los hombres al servicio de Dios.
A los severos daños causados por el meteoro a la ciudad – casas destruidas, caminos anegados y arboles caídos– se sumará el espectacular hundimiento en su propio fondeadero del galeón Nuestra Señora de la Concepción. Su propietario, el capitán Ignacio Figueroa, quien había desdeñado la fuerza del meteoro, solicitará ayuda oficial para rescatarla. La obtendrá autorizada por el Virrey, a cargo de la fragata Santa Isabel.

Fantasmas en el cielo

A partir de aquél desastre, no serán pocos los porteños que avisten en el cielo versiones fantasmagóricas de la canoa, Olaguibel y sus dos remeros. El espectáculo etéreo será visible únicamente por las noches sin luna, perfilando a los personajes iluminados con fuego de plata.

El pez mero

Otra leyenda en torno al Morro de Acapulco se refiere a la existencia en su entorno de un gigantesco pez mero, de más de dos metros y 120 kilogramos de peso, celoso vigilante no de tesoros áureos sino simplemente de un árbol de coral negro. Según la misma leyenda, las escamas del mero eran redondas y en cada una de ellas se dibujaba la efigie de la virgen de los Reyes. Se advierte, finalmente, algo asombroso: que se trataba de un pez mero (cefinnephelos lance-lotus ) como todos los de su raza, que cambian de sexo a los 12 años, de hembra a macho.

Don Tomás Otero

El doctor Tomás Otero fue un personaje célebre en Acapulco por sus variados talentos y ocupaciones. Alternará su profesión de médico militar con la pintura, la farmacopea y la perfumería, con pleno dominio de las cuatro.
Hablamos aquí de su faceta de pintor porque don Tomás tuvo al Farallón del Obispo como tema obsesivo de cuadros. Lo pintó de todos los ángulos y tamaños posibles, siendo pocos los amigos que no colgaran un Morro en sus residencias. Sus acuarelas del peñasco son verdaderamente notables.
Su colega y amigo Ricardo Morlet Sutter (alcalde de Acapulco) gozaba embromán-dolo durante sus encuentros casuales:
–¡Si continúa pintando El Morro te lo vas a acabar, Tomás… ya ni la chingas!

Requerimiento de pago

Un día don Tomás Otero recibe en su botica de la calle de La Quebrada un requerimiento de pago por parte de la Tesorería Municipal. Teniendo la certeza de estar al corriente de sus obligaciones fiscales, se dispone a visitar a su amigo el alcalde Morlet Sutter. Cuando lo tiene enfrente estalla:
–¡Son chingaderas las tuyas, Ricardo. Mira nomás lo que me está cobrando tu gente por mi pequeño changarro! ¡A esto, cabrón, yo lo llamo robo en despoblado!
–¡Escúchame, Tomás, escúchame! ¿Ya te fijaste por lo que estamos cobrando una suma tan enorme? ¡No es por tu farmacia, Tomás! Te estamos cobrando los derechos por pintar El Morro, Tomás, al que ya desmoronaste de tanto pintarlo!
Luego de una doble y estrepitosa carcajada, el alcalde le explica a don Tomás que esa era la única manera de que lo visitara en la presidencia. Y le dice el para qué:
–¡Para encargarte dos acuarelas que me urgen para obsequiarlas a gente muy importante! A guevo, Tomás, acuarelas de El Morro! ¿De dónde más?

El Chorro de El Morro

No se sabe bien a bien de quien fue la idea, si de Guillermo Carrillo Arena, director del Fideicomiso Acapulco, o de Rosa Luz Alegría, secretaria federal de Turismo. La idea de convertir el Morro en una fuente luminosa, única en el mundo.
De quien haya sido, la idea se materializó sin reparar en gastos. Las noches de pruebas entusiasman a propios y extraños. La impresionante columna de agua impulsada por potentes motores se eleva muchos metros para luego caer formando un hongo cristalino que baña el peñasco entero. Los efectos de las luces harán del conjunto un espectáculo original y hermoso. Se le bautiza inmediatamente como el Chorro del Morro y lo inaugurará el presidente de la República, José López Portillo , junto con otras obras turísticas.
Y llega la fecha, finalmente. Acompaña al mandatario la secretaria de Turismo, Rosa Luz Alegría y entre ambos se disponen a la inauguración. Ella viste con gran sencillez un camisero crudo con un collar de perlas. El viste una camisola blanca con cuatro bolsas bautizada como guayabana, creación del sastre Gámez, de la sastrería México, para el alcalde Israel Hernández. Este le enviará a Jolopo una docena luego de que éste se la chulee.
El presidente de la República y la secretaria de Turismo, tomados discretamente de la mano, escuchan una canción romántica que habla de una pareja de amantes. Su autor, Armando Manzanero, la habría compuesto solo para los dos y será por ello que no se volverá a escuchar jamás.
Desde la Costera, teniendo enfrente el impresionante coloso, la pareja presidencial se acerca al switch para conectar el chorro de El Morro. Ella se niega ostensiblemente a soltarle la mano derecha, obligándolo a usar la izquierda para apretar el botón. El chorro de agua coloreada por la iluminación se elevará a los aires. celebrado con un ¡aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh! multitudinario y sostenido surgido de miles de gargantas.
El chorro de El Morro se convierte pronto en una maravilla del tercer mundo y José López Portillo en benefactor de Acapulco. No mentirá cuando pronuncie su frase preferida en el puerto: ¡Acapulco vive, Acapul-co vivirá!

Chisguete

Pero como la felicidad nunca es completa y tampoco eterna, muy pronto aparecen en Acapulco los aguafiestas ecologistas y ambientalistas. Traen la mala nueva de que el agua salobre del chorro de El Morro está acabando con la escasa vegetación del peñasco, además de que su acción erosiva está afectando gravemente al milenario farallón.
Y entonces de aquel enorme chorro no quedó ni un mísero chisguete.

Monumento

La propuesta de este columnista de un monumento sobre El Morro fue rechazada por el alcalde Morlet Sutter. Un Ariel con el nombre de El Chilango Desconocido, único salvador de Acapulco en momentos de crisis.