El Acapulco de Almazán

Caprichos e intereses en la planificación de Acapulco

El general Juan Andrew Almazán, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas del presidente Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) tuvo en sus manos la planificación de Acapulco. La intentó, sí, pero de acuerdo con sus muy particulares caprichos e intereses.
El programa de la SCOP para el desarrollo de Acapulco estuvo a cargo de los arquitectos Carlos Contreras, Juan Legorreta, José López Moctezuma y los pasantes José Garduño y Justino Fernández, autor de Aportación a la Monografía de Acapulco (1932). Conjunción de talentos que, en opinión del prologuista Carlos González León, resulta la primera gran aportación al urbanismo arquitectónico posrevolucionario.
El militar nacido en Olinalá, Guerrero, de donde son las cajitas de linaloe, construyó su propio hotel y pretendió construir un casino anexo. Estaba seguro de que, por el solo hecho de estar en Acapulco, daría mayores rendimientos que, juntos, el Casino de la Selva, el Foreing Club y el Complejo Turístico de Tijuana, los desplumaderos del presidente Abelardo L. Rodríguez (1932-1934).

El casino

El casino de Almazán fue proyectado en 1931 en el cerro de El Herrador (hoy Palacio Municipal de Acapulco). Ocuparía, junto con los bungalows Hornos, apenas veinte de cientos de hectáreas expropiadas durante esa visita presidencial. “Utilidad pública” se argumentó desde entonces a la más cínica y alevosa rapacería oficial.
Durante la permanencia de Andrew Almazán al frente de la SCOP (febrero de 1930 a octubre de 1931) tendrá el puerto sus primeras nociones de urbanismo. Lo dotará básicamente de un levantamiento topográfico ejecutado por la Comisión Nacional de Irrigación, bajo la dirección del arquitecto Agustín Meymet. Entonces, el único plano de Acapulco seguía siendo el del ingeniero Enrique Lallier, levantado por él mismo en 1889.

Zona residencial

El primer levantamiento topográfico presenta el área de la playa de Hornos como una zona residencial extraordinaria, por no estar encajonada por cerros y así recibir la brisa plena de la Bocana. Será por ello que se proyecte y empieza a trabajar en la calzada que la comunica con el centro de la ciudad.
El nombre de Hornos de la zona y la playa le vienen por los muchos vestigios encontrados de los hornos coloniales para la elaboración de tabiques, destinados a la edificación del fuerte de San Diego y muy diversos fortines en torno a la bahía, en defensa de los piratas.
La visita presidencial

El presidente Pascual Ortiz Rubio visita Acapulco en 1931. Lo trae su secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Juan Andrew Almazán, con el pretexto de inspeccionar los detalles finales de la carretera México-Acapulco. Vía inaugurada cuatro años atrás por el presidente Plutarco Elías Calles. Se trataba en realidad de involucrarlo en el negocio de tierras vírgenes con futuro turístico y obtener su visto bueno para los necesarios “agandalles constitucionales”.
Formaron parte de la comitiva el secretario de Gobernación, Emilio Portes Gil, Manuel Pérez Treviño, secretario de Agricultura: y el gobernador de Guerrero, Adrián Castrejón. Todos ellos hospedados en pabellones de madera, levantados en Hornos por trabajadores de la Comisión Nacional de Caminos. El alcalde porteño, Nicolás Reyes, agotará su presupuesto en tequila, ostiones, ceviche y quesadillas.
Ingeniero topógrafo de profesión, Ortiz Rubio no necesitó del teodolito para calcular la extensión , costo y posibilidades empresariales de aquellas hectáreas de espesura. Sembradas con miles de palmeras de cocos , limoneros, icacos, mangos, almendros, guayabos, etc., Habitada, además, por una rica fauna silvestre que incluía felinos pequeños.
–“¡Ingón!,” será el comentario escueto de don Pascual, el presidente, con problemas de dicción a causa de un rozón de bala en la mandíbula, recibido el mismo día de su toma de posesión.
Las expropiaciones

La suspicacia acapulqueña no será esta vez desacreditada cuando tan solo unos días más tarde, el gobernador Castrejón anuncie la expropiación de pequeñas propiedades localizadas en la franja costera. Comprendía una superficie localizada entre el fuerte de San Diego y el Farallón del Obispo, limitando al norte con la salida a la ciudad de México (Cuauhtémoc). Pudoroso por haber sido gente cercana a Emiliano Zapata , Castrejón rechazará cualquier área citadina y sólo aceptará buena parte del valle de La Sabana
El decreto expropiatorio de Castrejón acordaba indemnizaciones “generosas” a razón de diez centavos el metro cuadrado. Entre las familias “beneficiadas” figuraron varios apellidos de raigambre acapulqueña. Entre otros: Escudero, Martínez, Lacunza, Guillén y Olívar. Tan sólo este último, coronel Amador Olívar Frías, perderá 800 hectáreas comprendidas hoy entre el Hotel Avalon Excalibur y la Piedra Picuda.

La costera Almazán

El arquitecto Justino Fernández la prefiguraba ajardinada, la costera Juan Andrew Almazán. Con palmeras reales en su camellón y amplias aceras laterales. Una de estas, la que daba al mar, estaría concebida como un camellón cuyo muro rompeolas serviría como banca corrida para asiento de los paseantes.
Habría, además, una amplia vereda pavimentada separada del tránsito vehicular por una banda arbolada y ajardinada para proveer de sombra a los transeúntes. El paseo contaría con elementos de mobiliario y ornatos urbanos, así como playones de estacionamiento para los autos de los bañistas.
Se trataba –establece González Lobo– de un proyecto similar a la Promenade anglaises de Niza o a las rúas costaneras de San Sebastián, Biarritz, Copacabana y Mar de Plata. Y añade: de esta forma se garantizaba, por un lado, el disfrute público e irrestricto de la calidad de vista de la costa y las playas y por el otro el control sobre el futuro desarrollo urbano del frente marítimo con valor paisajístico, conteniendo los predios hoteleros y residenciales del otro lado de la rúa costanera. El proyecto alemanista lo planteará al revés.
La costera almazanista, de 40 metros de ancho, avanzará únicamente un kilómetro y medio, del Obelisco de Morelos a las rocas de San Lorenzo (asta bandera). Estaba proyectada hasta el Farallón del Obispo, de donde arrancaría una carretera a Puerto Marqués.

El Herrador

El cerro del Herrador o de La Calera quedó totalmente transformado: en su falda se localizó el terreno para el hotel y se inició el trazo de una rampa que daría acceso al Casino, sobre una plataforma en la cúspide.
“Con el proyecto de la playa de Hornos y el cerro de El Herrador, se dijo, Carlos Legorreta pretendía hacer uso de los accidentes topográficos para jalonar el perfil urbano y conseguir en ese punto la ansiada vista plena y la brisa llamada por entonces “ventilación cruzada”. Bajo ese plan construyó Almazán su hotel Papagayo, obra del ingeniero Francisco J. Serrano, llamado sucesivamente Hornos y Anáhuac.
Andrew Almazán nunca pudo ver terminado su casino por su salida intempestiva de la SCOP. Más tarde por la prohibición cardenista de los juegos de azar, en 1935, junto con el cierre de los desplumaderos del ex presidente Abelardo L. Rodríguez. Casino de la Selva, Foreing Club y Complejo turístico de Tijuana.

¿Alcapone?

Implacable, el ingenio popular acusaba al presidente Abelardo L. Rodríguez de tener como jefe al propio Alquepone.
¿Al famoso gánster de Chicago?
¡No!, al que pone los presidentes en México, o sea, Plutarco Elías Calles.

La Gallina de Chipinque

Cinco años más tarde, el general Juan Andrew Almazán abandona el partido oficial para aceptar la candidatura a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN). La disputa al candidato del PRI, Manuel Ávila Camacho, quien resulta triunfante con el 93 por ciento de votos a su favor.
Los dirigentes del PRUN, por su parte, se pusieron en pie de guerra argumentando haber ganado de calle y exigiendo la nulidad de la elección o la revuelta cívica. Andrew Almazán se negará a acompañarla siendo acusado “de haberse fruncido a la hora de los chingadazos”.
A partir de ese momento, el valiente general guerrerense será llamado “La Gallina de Chipinque”, aludiendo al nombre del lujoso fracciona-miento de su propiedad en Monterrey.

Mujeres divinas IV y último

Sloan Simpson

La reina del jet set de Acapulco, fue el título aplicado a Sloan Simpson por sus muchos amigos extranjeros, agradecidos de sus cálidas atenciones y favores. Estadunidenses buena parte de ellos, poseedores de residencias y otros intereses necesitados de vigilancia y trámites oficiales.
La dama se desempeñaba aquí como directora de Relaciones Públicas de la empresa aérea Braniff International y atendía su propia boutique en la avenida Costera. Desde su llegada al puerto se había incorporado a diversos grupos sociales, dedicados a las obras pías y culturales.

Ella

Oriunda de Texas con estudios en colegios privados, incluso conventuales, la señorita Simpson llega a Nueva York para incorporarse a la famosa agencia de modelos de John Powers. La integraban mujeres hermosas y elegantes conocidas popularmente como “las chicas del talle largo”. Tan comentadas en los círculos sociales de la Gran Manzana que el propio alcalde, William O’Dwyer (1946-1950), querrá conocerlas. Se lo pide a su amiga Eleanor Lambert, directora de modelaje de la empresa y ésta lo invita a su célebre desfile de modas.
El alcalde llega al sitio del evento y es recibido por la dama, quien lo conduce por vericuetos reservados. Caminan hasta llegar a una suerte de observatorio secreto, dominando a plenitud el vestuario. Un espectáculo ante el cual el alcalde sesentón exclamará agitado: ¡oh my God!, ¡oh my God!, ¡oh my God!
La celestina Lambert comentará más tarde que O’Dwyer sólo había tenido ojos para una chica morena, esbelta, veinteañera, chispeante y hermosa. No era otra más que Sloan Simpson a quien, más tarde, el político irlandés no le será indiferente. Retratado en las crónicas sociales como un hombre “increíblemente guapo y de legendario encanto, no obstante sus 59 años”, los medios ayudarán a construir el romance entre la bella modelo y el alcalde viudo.
Serán los propios medios los encargados de rechazar los comentarios públicos contra la modelo y entre ellos el que la ubicaba como una “trepadora social”. Recordarán que, por el contrario, su madre, Eleanora Laurens Myer, descendía de un firmante de la Constitución de Estados Unidos. Que su padre, Sloan Simpson, como ella, era un harvardiano que había formado parte de la Cabalgata de Teddy Roosevelt. Y que, por si fuera poco, su abuelo había poseído las manadas vacunas más numerosas del país. Fundador, además, del First Nationl Bank of Dallas.
Cuando empiece a hablarse de matrimonio, las patischapoy de la época sacarán a relucir un matrimonio anterior de la señorita Simpson. “Adolecente y fugaz”, se apresurarán a calificarlo sus amigos, conociendo el profundo catolicismo del novio con antecedentes de seminarista en España. Pero sobre todo porque sus triunfos políticos se sustentaban en el voto católico de la Gran Manzana. Así las cosas, la novia deberá recurrir a la anulación de su matrimonio eclesiástico, trámite facilitado por el poderoso cardenal neoyorkino, Francis Spellman.
Las fiestas ofrecidas por los nuevos ocupantes de la Gracie Mansion, la residencia oficial, devolverán a la sociedad neoyorkina el orgullo de ser la más selecta y opulenta de Estados Unidos. Un gloria efímera para la Prima Donna texana, pues ocho meses más tarde dejará de serlo por la renuncia de su esposo. Obligado éste por un escándalo de corrupción policiaca. No obstante la pareja no huirá y, por el contrario, se despedirá recorriendo las principales calles y avenidas de la Gran Manzana a bordo de un auto descubierto. Mientras lo hacían, en la Casa Blanca, el presidente Harry S. Truman firmaba un nombramiento a favor de William O’Dwyer como embajador de Estados Unidos en México.

Embajadores en México

En la Ciudad de México –dice una crónica de la época– la pareja O’Dwyer-Simpson se convierte en la más celebrada del mundo de la diplomacia y también la más fotografiada en diarios y revistas. Muy pronto, sin embargo, los embajadores serán pasto de las hablillas maliciosas sobre la armonía matrimonial. Se habla de in-fidelidades por parte de él e in-cluso de una quiebra inminente. Y así será. La pareja se separa pero sólo hasta el fin de la representación diplomática. Será ella la que demande el divorcio en 1953 y lo hará en tribunales mexicanos.
Tanto se ha hablado de cuernos que Sloan Simpson viaja a España para consolidar su nueva afición: los toros. Allá, una mujer como ella no podrá pasar inadvertida e inmediatamente se liga sentimentalmente con el torero de moda . Ella jurará entonces “no volver a casarse, a menos que el novio sea un millonario con título nobiliario”.
Secundaba con esa determinación a su amiga íntima Grace Kelly, quien sí logrará tal propósito. Y será ella, precisamente, la que le eche la mano cuando decida conquistar Hollywood, donde filmará apenas dos películas: La ciudad desnuda y La garra del vicio. Vuelve a la Ciudad de México para incorporarse la empresa aérea Braniff International, siendo encargada de las relaciones púbicas en Acapulco.

Acapulqueña linda

Un día de 1978, desempeñándose quien esto escribe como director de Actividades Cívicas, Sociales y Culturales del Ayuntamiento de Acapulco, recibe un telefonema de la señora Sloan Simpson, a quien conocía de encuentros casuales en eventos artísticos y culturales. Me pide que le consiga una entrevista con el alcalde Febronio Díaz Figueroa (1978-1980), para plantearle problemas sanitarios de su colonia: semanas sin recolección de basura.

Sloan y Febronio

El encuentro se da en la neutralidad de una cafetería de la Costera. Ante su querella, el viejo marxólogo, maestro universitario, explica a la dama los problemas de Acapulco en esa materia. Detalla el número de barrenderos y de camiones con los que cuenta el Departamento de Limpia municipal e incluso los que están en el taller. Reseña también el número de carretillas y escobas y aprovecha para recomendar “las de varas, que son una maravilla”. Termina con un “mal que bien, ahí la llevamos”.
–Me perdona, señor presidente, pero no comparto su optimismo –revira Sloan. Acapulco no está limpio. Y no hablo de barrios y colonias sino del Acapulco que ofrecemos al turismo. Es más, señor presidente, lo invito a que demos unos cuantos pasos por la propia Costera. Y me ha de perdonar, señor, pero no soy egoísta aunque lo parezca, quisiera volver a tema de esta entrevista. El nulo servicio de recolección que padecemos en colonia Condesa, rogándole que haga algo por nosotros.
–Como le digo distinguida dama, la gente cree que los políticos nos la pasamos pronunciando discursos y robando al erario público. Usted es una distinguida visitante de Acapulco y por tanto ignora los esfuerzos que hacemos todos los días para atender los problemas de la ciudad , particularmente el de la limpieza.
–¡Me va a perdonar, señor presidente, pero no estoy de visita en Acapulco! ¡Lo hice mi hogar hace diez años, es decir, mucho antes de que usted llegara a Guerrero como servidor público! Aquí, señor, está mi casa, mi trabajo y mis amigos. Por ello me duele mucho escuchar que se hable mal de Acapulco, particularmente por las deficiencias de sus servicios.
–Así es la gente, señora, habla por hablar sin conocer la realidad de las cosas.
–¡Ese no es mi caso, señor presidente! Anituy lo sabe e ignoro si se lo ha comentado. Fui esposa del alcalde de Nueva York, William O’Dwayer de quien estuve muy cerca y conocí la solución que dio a los grandes problemas citadinos, particularmente el de la basura. Es sólo cosa de imaginarse, señor, las toneladas que genera la Gran Manzana, comparadas con las que produce Acapulco.
La dama no esperará el comentario del presidente municipal
–Me despido, señor, no sin agradecerle este encuentro concertado por Anituy, a quien también le doy las gracias. Y sólo me resta rogarle que el “carretón”, como aquí se dice, pase seguido por la Condesa.
–Me dio mucho gusto conocerla, señora Simpson. Espero que hoy estemos inaugurando una serie de encuentros tan aleccionadores como este.

El carretón

Al no comentar nada conmigo sobre la entrevista, supuse que algo había enojado a Febronio en aquel encuentro. Y supuse bien. A los pocos días recibí la copia de una carta de Sloan en la que recuerda al alcalde su promesa. Y a manera de presión, cita a algunos distinguidos colonos de la Condesa, con los que comparte el problema.

La carta

“Estimado Febronio:
Después de tener el placer de conocerlo a través de Anituy Rebolledo y de encontrarnos en diversos eventos tales como siendo jurados en el concurso de Miss Universo 78 y en casa de Jaqueline Petit, me tomo la libertad de abusar de esta familiaridad para recordarle su promesa, la de resolver el problema planteado.
“Yo vivo en Villa del Árbol, calle Condesa 19A, frente a la casa de Juan Gabriel y muy cerca de Jaqueline Petit y Phillipe Haussman, a quienes estoy seguro usted debe conocer. Esto es en la colonia Condesa, arriba de la casa del Sr. Tapia Carrillo (director del Fideicomiso Acapulco).
“El problema es que no han pasado a recoger la basura desde hace tres semanas e incluso ausencias mayores. Entiendo que esto debe pasar en barrios y colonias de Acapulco, lo que es peligrosísimo para la salud. Por ello, deseo expresarle que los residentes de esta colonia estaríamos dispuestos a pagar una suma razonable para tener el servicio por lo menos dos veces por semana. Ello, para evitar los cerros de basura en las calles, haciendo ver a esta comunidad como un arrabal.
“Ninguno de nosotros puede entender el motivo de esto, ya que pagamos nuestros impuestos, mantenemos nuestras propiedades en condiciones de primera, y a decir verdad, pagamos una fortuna para comprar las propiedades y construir nuestras casas.
Agradeciendo de antemano su colaboración en este problema, me despido de usted: Sloan Simpson”.

La fiesta del fuego

Al alcalde Díaz Figueroa le entusiasma el proyecto de una fiesta a beneficio del cuerpo municipal de Bomberos, presentado por una dama estadunidense que se ostenta como su asesora en materia turística. Se le denomina La Fiesta del Fuego, un evento presumiblemente internacional que reuniría aquí a las luminarias del espectáculo y la política más famosas y hermosas del mundo, entre ellas, Grace de Mónaco, acentuaba el primer edil.

Sloan Simpson al teléfono:

“Anituy, por favor evítame el enojo de entrevistarme de nuevo con tu jefe. Desde que lo conocí estoy convencida de que el comunismo jamás triunfará si todos los comunistas son como él. Dile, por favor, que no es verdad, como lo pregona diariamente, que la princesa de Mónaco prepare una visita a Acapulco. Anoche hablé con ella y me encargó desmentir el engaño que la hará aparecer como una mentirosa. Ella no tiene idea de dónde pudo haber surgido una versión tan falaz. ¡Haz algo, Anituy, por favor, haz algo!
No fue necesario. Días más tarde, Febronio despedirá con malas maneras a su asesora gringa, llamándola “pinche vieja ratera y mentirosa”.

Mi renuncia:

Pero las cosas no terminaron ahí. Me llama el alcalde para ordenarme que me haga cargo de la organización de la Fiesta del Fuego y no le contesto ni sí ni no. Vuelvo con mi renuncia agradeciéndole el honor de haber laborado con un personaje como él. Negaba mi certidumbre de que en México sólo los pendejos renuncian a un cargo público.

Sloan al teléfono:

“Te felicito, Anituy , un persona como tú no podía estar más tiempo al servicio de un enloquecido remedo de Stalin”.

Juan Gabriel

A propósito de la vecindad de Juan Gabriel en la Condesa, todos los residentes de la colonia lo arroparon en momentos para él desquiciantes. La muerte de su compañero de vida, (“un chico muy guapo”), fueron Sloan y la Petit quienes no se separaron del abatido Juanga, temerosas de que pudiera optar por la puerta falsa. Él lo cantará más tarde como “su más triste recuerdo de Acapulco”.

 

Mujeres divinas III

Lana Turner

Lana Turner, la hermosa estrella jolibudense, pasaba largas temporadas en Acapulco y durante ellas nunca faltó a su cita con Bullicio, en el bar El pez que fuma, de Manolo Pano, en Ignacio Ramírez y La Paz.
Era Bullicio un trovador del barrio del Teconche, corpulento, moreno, dentadura áurea, que cantaba boleros. La actriz sólo le pedía, una y otra vez, Bésame mucho, de Consuelito Velázquez, porque, decía, despertaba en ella sentimientos aletargados y porque jamás había escuchado una interpretación igual. A partir de su primera visita, la dama ya no necesitó solicitar el servicio de los meseros. Su copa ya la esperaba con su contenido demoledor: tequila y vodka en las rocas.

El cartero

Lana Turner da el campanazo de su carrera con El cartero siempre llama dos veces y entonces los devaneos románticos de la otrora “chica inocente venida de Idaho”, serán pasto de los columnistas “chapoyeros”. La lista de sus romances incluirán a los actores Clark Gable, Frank Sinatra, Errol Flynn, Tyrone Power y el millonario Howard Hughes. Con ninguno contraerá matrimonio las siete veces que lo haga.

Dolorosa tragedia

La estrella de Sendas prohibidas, Cautivos del mal e Imitación a la vida, vivirá en 1958 su propia y brutal tragedia. Cuando Cheryl Crane, su hija de 14 años, asesine a su amante en turno, Johnny Stompanato, pistolero del gánster californiano Mickey Cohen.

El relato de Cheryl

“Mientras yo escribía en mi habitación un trabajo escolar, escuchaba los improperios de Stompanato contra mi madre. No faltaba la amenaza repetida una y mil veces de que le desfiguraría el rostro. El enojo esta vez por no haber sido invitado a la entrega de los Premios Oscar de la Academia Cinematográfica, siendo mi madre candidata a recibir uno de ellos por su actuación en Vidas borrascosas. (Lo gana Joanne Woodward, por Las tres caras de Eva).
“Temerosa de que el hampón cumpliera esta vez su terrible amenaza, bajé corriendo a la cocina donde tomé uno de los cuchillos que mi madre había adquirido esa mañana. Subí en el preciso momento en el que ella salía de su habitación, seguida por el mafioso con el puño en alto. Entonces corrí hacia él con el cuchillo por delante hasta chocar con su cuerpo. La penetración fue total con un sangrado impresionante. Tanto mi madre como yo intentamos reanimarlo, pero todo fue inútil”.

Los juicios

El suceso conmoverá al mundo entero y será pasto de la chismografía, sugiriendo las hipótesis más diversas y atrevidas sobre el crimen. Hubo voces que adjudicaron el homicidio a la madre, la presencia de una cuarta persona e incluso que madre e hija era rivales en amores.
Durante el proceso de Cheryl Crane, acusada del homicidio de Stompanato, el testimonio de Lana Turner conmoverá al auditorio hasta las lágrimas. La chica fue finalmente declarada inocente por haber actuado en legítima defensa.

Acapulco

Lana Turner. una de las mujeres más hermosas del cine universal, será recordada aquí por los clientes del figón El Chino, cerca del Zócalo de Acapulco, donde ella ponía fin a su farra diaria. Consumía la especialidad de la casa: caldo de pollo con menudencias, cebolla picada y venas de chile seco.

Su muerte

Lana Turner (Julie Jean Mildred Frances Turner), falleció víctima de cáncer a los 78 años.

Rita Hayworth

El famoso cineasta Orson Welles se sintió atrapado por el clima tropical y lo pueblerino de Acapulco , así que vino con su esposa Rita Hayworth para filmar una película de pasión y crimen , la única en la que actuaron juntos.
Ella, sex simbol de los años 40, vagabundeó por los barrios de la Playa, La Candelaria y La Pinzona durante la filmación de la película La dama de Shanghai, dirigida por Welles, a quien abandona aquí para viajar a España.
La dama se pasea por todo el puerto. Admira desde La Perla del hotel El Mirador, la primera exhibición de clavados con antorchas, toma martinis secos en el bar del hotel Colonial, en la plaza Álvarez y provoca celos femeninos en el cabaret Ciro’s, del hotel Casablanca.
La Dama de Shanghai era en realidad el nombre de una mítica embarcación oriental en la que se desarrollaba la trama. Así bautizado en realidad el yate Zacca, anclado en la bahía, propiedad del actor Errol Flynn. Nave que luego será decomisada por la Capitanía de Puerto, por falta de papeles.
La cinta de Welles, filmada en nuestra bahía pero sin ninguna referencia al puerto, no tendrá el éxito que esperaban sus pro-ductores. La culpa se adjudica el director por haber despojado a Rita de toda su belleza y glamour recortándole el pelo negro y teñirlo de rubio platino. Y era que el público masculino estaba enamorada de la Hayworth en el papel de Gilda, bailarina perturbadora y sensual, en la película homónima de Charles Vidor.
El personaje de Gilda representaba entonces el arquetipo de la belleza femenina, marcando el fin de una serie de criterios estéticos y culturales en la mujer. Ello provocará escándalos en todas partes, particularmente en España, cuna del padre de la protagonista, cuya exhibición no fue autorizada. Prohibición que se dictará en varias ciudades atendiendo a un comentario eclesiástico: “gravemente peligrosa por el insinuante strip tease en el que la protagonista se despoja lentamente de su guante”. O sea, cachondamente, como hoy se diría.

Gilda, atómica

Gilda, convertida en símbolo sexual e icono de la mujer fatal será declarada novia oficial del ejército estadunidense en los frentes de la Segunda Guerra Mundial. Y no sólo eso, se llegará al extremo de bautizar con su nombre, Gilda, a la bomba atómica arrojada sobre el atolón de las islas Bikini. Ella era, pues, una bomba.
Rita Hayworth (Margarita Carmen Cansino) protestará indignada.

Linda Christian

Ana Rosa Welter, una hermosa tampiqueña que labora en Acapulco como agente de viajes, se conoce con Teddy Stauffer en el cabaret Casanova del hotel La Marina, levantado en los años 40 en pleno Zócalo (hoy Bancomer). Se trata de una réplica del exclusivo Casanova de la Ciudad de México, ambos dirigidos por el músico suizo. Ella tiene 17 años, piel bronceada y enigmáticos ojos verde oscuro.
La hermana de Ana Rosa, Ariadne Welter, trabaja con ella y también ella será descubierta para el cine, éste, mexicano.
Stauffer fracasa en su empresa y vuelve a Hollywood para incorporarse en alguna orquesta famosa. Ella continúa en su agencia y muy pronto será descubierta por el actor Errol Flynn, “el acapulqueño güero”, como se le conocía, quien le ofrece un papel en su próximo filme. Nace Linda Christian.
Linda regresa al puerto en 1948 contratada para el papel de la nativa Mara, de la película Tarzán y las sirenas, con Johnny Weissmuller. Otros mexicanos de la cinta son Andrea Palma, como Luana, madre de Mara; Gustavo Rojo, como Tico y Gabriel Figueroa, director de fotografía.
Una gran conmoción se produce en el puerto cuando se anuncia la contratación de extras para la cinta, con remuneración en dólares (4.85 cada uno). La cola para la contratación será enorme y cargada de bromas y chistes, tanto de solicitantes como de contratantes.
–¡Lo siento, señorita, pero ya tenemos a Chita!
–¡Oiga, si Weismuller se les empeda yo sé gritar como Tarzán!
–¡Sí, muy bonitas y todo, pero yo jamás me casaría con una sirena!

Acapulqueñas

Las acapulqueñas no se limitaron para inscribirse como extras de la cinta. Las hubo poseedores de toda la cromática de la piel, todas bellas:
Nancy Chavelas, Amalia Hernández, Alicia y Leonor del Río, Martha Contreras, Magali Sutter, Ramona García Guillén, Magda Guzmán, Evelina Girón, Anaí Pardillo, Lambertina Abarca, Amelia y Lilia Hernández. También hicieron bulto las más tarde actrices Ana Luisa Peluffo, Lilia Prado, Magda Guzmán y Silvia Derbez.

Linda de Power

Un año más tarde, los porteños amigos de Linda la estarán felicitando por su boda con Tyrone Power. Procrearán, en cinco años de casados, a dos mujercitas divinas: Taryn y Romina Power.

 

¡Mujeres divinas!

Divismo

Fue una noche de ópera en Italia donde se escucha por primera vez el grito enfervorecido de ¡divina, divina, divina! Se premia la actuación de la cantante Angélica Catalini, Susana en la mozartiana Las bodas de Fígaro. Un grito que con el tiempo será entusiasta ovación en todas las capitales operísticas del mundo. Un grito de libertad para las mujeres en la marginalidad laboral, se dirá.
Más tarde y por economía de palabras el “divina” se apocopará para quedar en sólo cuatro letras: “diva”. Una expresión de la que Hollywood se adueñará para aplicarla a sus grandes celebridades. Razones o sinrazones que llevarán al profe de Huetamo, Martín Urieta, para llamarlas en este siglo simplemente Mujeres divinas.

Merle y Bruno

Merle Oberon, diva del cine inglés, radicó en este puerto por largas temporadas junto con su esposo, el industrial italiano Bruno Pagliai (de la minera American Smelting). Ella se significará por sus actividades filantrópicas dirigidas en favor de la niñez local, encabezando a un numeroso grupo de damas acapulqueñas.
Por la residencia de la pareja, en Punta Guitarrón, desfilaron periódicamente los personajes más celebrados del jet set. Veladas que se harán famosas por la variedad y exquisitez de sus viandas y la longevidad de sus vinos.

Ella

Dueña de una belleza noble y serena, la estrella nacida en Bombay, India, debuta en el cine con el nombre de Queenie O’Brien, que no le trae suerte. Su primer esposo, Alexander Korda, le sugiere cambiarlo a Merle Oberon y la suerte mejorará. Él la dirige en Angel en tinieblas y entonces su actuación merecerá una nominación al premio Oscar. Vendrán luego Cumbres borrascosas, con Laurence Olivier y Desirée, la amante de Napoleón, con Marlon Brandon, Ángel de las tinieblas, The Scarlet Pimpernel, y Canción nocturna.
A partir de su arribo al puerto, Merle Oberon decide dirigir sus esfuerzos hacia la fundación de un centro de recreación infantil, al que dedica una amplia superficie en la colonia Costa Azul, espacio al que será la población la que lo bautice como Parque Merle Oberon, cuyas instalaciones estarán dedicadas a los niños, al fomento de la unión familiar y al desarrollo comunitario.
El Parque Merle Oberon ha sido dotado a través de los años con instalaciones apropiadas y modernas. Ello, gracias al interés de las autoridades municipales y de los grupos sociales que lo generaron a iniciativa de su creadora.

Jackie y John

Los recién casados Jacqueline Bouvier y John F. Kennedy se despiden de sus mil 200 invitados y corren al aeropuerto de Nueva York para volar a Acapulco, donde disfrutarán de su luna de miel. No llegarán a ningún hotel, pues han aceptado el ofrecimiento del ex presiden-te Miguel Alemán Valdés de ocupar su casa de Puerto Marqués. Ella recordará más tarde tan singular experiencia:
“Ni John ni yo pudimos nunca pronunciar el clásico ‘al fin solos’. Y es que durante toda una semana estuvimos acompañados por un centenar de personas. Servidumbre, policías uniformados, agentes secretos e incluso soldados, de esos que salen en las películas de Pancho Villa”.
Muchos años más tarde, en 1962, cuando la pareja presidencial estadunidense visite nuestro país, invitados por el presidente Adolfo López Mateos, ocurrirá algo sorprendente. El presidente de Estados Unidos rompe la rigidez del protocolo pidiendo a Jackie ofrecer la cena que ofrecen en el hotel María Isabel.
La señora Bouvier de Kennedy hablará de su simpatía y cariño por México y todo lo mexicano, haciendo una larga y precisa referencia de sus visitas al puerto de Acapulco, “el lugar más hermoso del mundo”. La primera con su hermana Lee, casada más tarde con el príncipe polaco Radziwill y la última para disfrutar su janimun.
A propósito, Jackie recordará el método que siguieron para escoger el lugar de su luna de miel. “John y yo nos colocamos frente a un globo terráqueo en movimiento, usando los dedos índice para detenerlo. Estos, y es absolutamente cierto, señalarán hasta en tres ocasiones un puntito en la República Mexicana: ¡Acapulco!”.

Betty Ford

Nunca nadie notó nada extraño en ella siendo esposa del presidente estadunidense Gerald Ford. Alegre y chispeante según la calificación de su corte y la prensa, será obsesiva en la custodia de sus secretos íntimos. Será mucho más tarde, luego de abandonar la Casa Blanca, cuando Betty Bloomer Ford asuma sus adicciones al alcohol y a las pastillas.
Revivirá entonces en ella el deseo siempre pospuesto de visitar Acapulco, pero sin Gerald, sólo acompañada por sus dos hijas
–¡Ah, lindo Acapulco, su mar, su sol, sus playas! ¡Su tequila, sus margaritas!, –suspira, sin embargo, admite ser esclava del martini seco.
Un experto en seguridad consultado por ella le advierte los riesgos de un viaje a Acapulco, sin Gerald u otra compañía masculina. ¡No se imagina, señora, los peligros que correría, mejor olvídelo!
Luego de una larga meditación, la ex primera dama cambiará sus planes. El viaje lo hará sola, pero no al puerto mexicano, sino a Long Beach, y no de vacaciones, sino a trabajar. Se unirá a grupos sociales de ayuda a alcohólicos y drogadictos que pululan en aquella ciudad.
“Nunca pretendí rescatar a nadie que no quisiera ser rescatado”, escribió Betty en su autobiografía, y ella misma festejará que finalmente visitó Acapulco con sus hijas, pero esta vez ¡sin la tentación de las margaritas!

Margarita

Acapulco es una de las tres ciudades mexicanas que se disputan la creación de este coctel, cuyo Día Internacional se celebra cada 22 de febrero:
Tres partes de tequila blanco, dos de Cointreau, jugo de limón, hielo triturado, vaso cubierto el borde con limón y sal. ¡Salud!

Brigitte Bardot

Brigitte Bardot disfruta de su luna de miel en Acapulco con su esposo Gunter Sachs, luego de una rápida boda en Las Vegas, apadrinados por el senador Ted Kennedy, hermano del presidente John F. Kennedy. La hermosa francesa sufrirá aquí un enorme desengaño, cuando una paisana le confíe que Sachs se había casado con ella sólo para ganar una apuesta millonaria. Ella lo creerá a sabiendas de que el marido era adicto compulsivo a los juegos de azar.
No obstante, el regalo de bodas del heredero de la fábrica de autos Opel tuvo carácter patriótico. Tres brazaletes y tres argollas cuajadas de zafiros, diamantes y rubíes para alinear los colores azul, blanco y rojo de la bandera francesa. La boda se había celebrado el 14 de julio de 1966, día de la independencia de Francia. Apuesta o no, la unión durará dos años.

Aquí

Un severo dolor de muelas ataca en domingo a la protagonista de Y Dios creó a la mujer y el único dentista disponible es el doctor Rodolfo Mathew, en la calle Nicolás Bravo, cerca del periódico Trópico, quien logra eliminar rápidamente la molestia. Agradecida, lo premia con un autógrafo.
Luego, en el café, un colega verriondo le confesará a Mathew: “Pendejo, yo que tú la hubiera sedado para gozar de tamaña boquita parada”.
Cuando cumpla 45 años, la prensa francesa contabilizará 44 hombres en la vida de Bardot.
Mito erótico, icono de la moda, sex simbol de la mitad del siglo XX, la Bardot se significó también como cantante, defensora de los animales y escritora con cinco libros.

Elizabeth Taylor

Mujer divina, Elizabeth Taylor contrae matrimonio con el productor Michael Todd en el hotel Las Brisas, el 2 de febrero de 1957. Testigos de ella, sus mejores amigos, el matrimonio formado por la actriz Debbie Reynolds y el cantante Eddie Fisher. De él, Miguel Alemán y Mario Moreno Cantinflas.
La felicidad de la pareja no será duradera, según deseos del alcalde Mario Romero Lopetegui, al dar lectura en inglés a la epístola de don Melchor Ocampo. Un año más tarde se verá truncada al morir Todd en un accidente aéreo. Ella será la viuda más hermosa, pero inconsolable.
No lo será por mucho tiempo, ciertamente, pues muy pronto encontrará consuelo con su padrino Eddie Fisher, con quien contrae matrimonio aquí mismo, sin esperar siquiera el “cabo de año”. El escándalo será mayúsculo, arrojando sobre la diva los más severos y vulgares epítetos, uno en particular “PP quitamaridos”. Ella solo contestará: “mí no comprende, mí no comprende”, disfrutando de una renovada luna de miel acapulqueña.

Los regalos

Michael Todd, creador del sistema de pantallas gigantes (Todd-AO) y productor de la película La vuelta al mundo en 80 días, con Cantinflas, había obsequiado a Liz un cuadro de Renoir, un abrigo de visón y una pulsera de diamantes. Por su parte, el juaneado Fisher le llevará una serenata, pero sin la Reynolds.
Richard Burton , con quien Liz Taylor se casará cinco años más tarde, le obsequia la perla llamada La Peregrina, que había pertenecido a Felipe II y un diamante de 69 kilates con valor de millón y medio de dólares.

El hotel

Elizabeth Taylor, el rostro cinematográfico más hermoso de todos los tiempos, fue una enamorada de Acapulco. Mucho antes de sus visitas comprometidas o fugaces perteneció al grupo de actrices y actores, conocidos como La pandilla de Hollywood, quienes compraron su propio hotel: Flamingos.

Adorarlas

Pudiéramos morir en las cantinas
Y nunca lograríamos olvidarlas
Mujeres, oh mujeres tan divinas
No queda otro camino que adorarlas.

 

Acuérdate de Acapulco

Luna de miel en Acapulco

Agustín Lara y María Félix contraen matrimonio en la Ciudad de México (1945) y disfrutan de su luna de miel en Acapulco. Poco les importa que ante la disparidad de edades y personalidades se les acuse de protagonizar un enlace publicitario. Falso, porque la unión durará hasta 1947 y Acapulco será fiel testigo de ello
La pareja del momento se aloja en el hotel de Las Américas, en la península de Las Playas, conocido como “la residencia invernal de Hollywood” (Elizabeth Taylor, Richard Burton, Richard Widmark, Roy Rogers, Cary Grant, Red Skelton, Gloria Swanson y Errol Flynn. Este último hará el coraje de su vida cuando la Capitanía de Puerto decomise su yate Sirocco, por violaciones no reveladas).

Las Playas

La península de Las Playas había sido urbanizada por los empresarios extranjeros Wolfgang Schoenborn, alemán, y Albert Pullen, estadunidense. Ellos, por su parte, habían adquirido la superficie de la sucesión testamentaria del general Ignacio Comonfort, administrador durante la dictadura santanista, de la Aduana Marítima de Acapulco. (Pero, bueno, esa es otra historia).

La inauguración

El maestro Lara había encabezado el espectáculo inaugural de la hospedería de 50 habitaciones y un número igual de bungalós. Lo acompañaron Toña La Negra, Ana María González y Pedro Vargas , un espectáculo inolvidable para los porteños. El personal masculino de la hospedería comentará sobre María: “esta es la primera vieja buena que trae el Flaco de Oro”.

Playa coqueta

Listos para disfrutar su janimun, la pareja brinca a la “playa coqueta de manso oleaje”, de nuestro José Agustín Ramírez, recorriéndola tomados de la mano. Llegan acezantes al bar Caletilla (Hotel Boca Chica, de Óscar Muñoz Caligaris) donde él pide una cerveza Corona bien fría y ella un refresco de limón (Trébol, embotellado por la familia Pintos).

Ostiones

En el restaurante Paraíso, ya de regreso, la dama nacida en Alamos, Sonora, se escandaliza por el atracón de ostiones que se da su esposo, no sin advertirle que pueden hacerle daño.
“María, soy veracruzano y son pocas las ocasiones que tengo para comerlos. Y te digo una cosa: No es que los necesite ni los vaya a necesitar más tarde”. Ella sonríe y aceptará la sugerencia de Manolo Herrera, el popular anfitrión playero, un coctel de camarones “fresquitos”. El Paraíso es una enorme cabaña de palapa que ocupará más tarde el centro nocturno Bum Bum, por cuyo escenario pasarán los mejores espectáculos de México.

Caleta, virgen

Caleta se aferraba entonces a su condición de auténtico paraíso virginal, ajeno totalmente al concreto. Las únicas edificaciones rodeándola eran el hotel Costa Verde (hoy hotel Caleta) y la residencia del islote, agandallado por Maximino Avila Camacho, hermano del presidente de la República, Manuel. Será recuperada más tarde por el presidente Alemán. Allí mismo, Eréndira se llama la fonda de Caletilla donde es frecuente la presencia de la familia del presidente Lázaro Cárdenas. La atiende su propietaria, doña Juana Quiroz.

El Ciro’s

La presencia de la pareja artística del momento provoca la formación de grupos de admiradores, mismos que se conforman con sólo aplaudir-los, saludarlos y obtener los clásicos autógrafos. Se darán particularmente en el cabaret La Bocana, del hotel donde se hospedan, y en el Ciro’s, del hotel Casablanca. En este último, bailarán con “la música suave y luz tenue”, lema de la orquesta, de Evereth Hoagland
“Como que el sol de Acapulco le ha dado a María un brillo especial que la hace más hermosa”, comentan cafeteros. En el Ciro’s la dama luce un vestido strapless color champaña y cubre el amplio descote posterior con una mascada turquesa. Estrena en su aderezo los zafiros apenas obsequiados por el novio. La pista es sólo para ellos cuando se deslizan a los acordes de Orquídeas a la luz de la Luna, la pieza con la que se conocieron. El sonido del músico estadunidense tendrá mucho que ver en la decisión de Lara de crear su propia orquesta.

Acapulco tour

Tocados con sombreros de palma a prueba de fanáticos obsesos, los Lara-Félix se atreven por las calles del puerto. Se mueven en un taxi modelo 40 del sitio del Jardín Alvarez, tripulado por Roberto Maya Torreblanca, de gran simpatía y popularidad. La primera búsqueda intensa del músico será la de coñac francés y cigarrillos Pall Mall rojos. Los encuentran en La Suiza , en el edificio Oviedo.
La osadía de los lunamieleros no tendrá límites al acercarse a la plaza Álvarez, en cuyo kiosco piden aguas frescas. Tal será la primera exposición de la pareja a la ingeniosa picardía porteña.

¡Ya suéltalo!

–¡María: ya suéltalo, mira como lo tienes!
–¡Agustín: María está enterita!¡ Te urge una olla de caldo de cuatete!

Resucitador

Una anciana aprovecha la ocasión para entregar a María un recorte del diario Trópico. Se trata de un anuncio del sanatorio del Sagrado Corazón de Jesús, informando que ya cuenta con “resucitador y mascarilla de oxígeno”.
–Por si el señor llegara a necesitarlos –lo ofrece.

Parecidos

¿En que se parecen Agustín Lara y Acapulco?
¡En que ambos tienen La Quebrada cerca de La Bocana!
(La cicatriz en el rostro de Lara va de la comisura de la boca hasta la mandíbula. Fue causada por una botella rota en manos de una dama celosa).

Borracha, tu abuela

Las palmeras de la Costera hacen coro para lanzar al músico el grito de “borracha, tu abuela”
Responden a la sentencia de Lara en su canción Palmera llamándolas “borrachas de sol”. (Aportación de jóvenes estudiantes).

La iguana verde

María confesará más tarde un mal recuerdo de Acapulco, no del tamaño del de Juan Gabriel, pero mal recuerdo al fin.
“Estábamos en la playa junto a un montículo de arena del que de pronto sale una iguanita verde, a la que Agustín arroja una piedra. Le pedí que no la matara porque las iguanas están entre mis animales preferidos. Pero él, en su papel de macho bromista, aplastó al animalito. Nunca se lo perdoné, pues sentí que el día menos pensado haría lo mismo conmigo”. (Todas mis guerras, María Bonita, Clío).

El búngalo María Bonita

Al terminar la miel, no la luna, el búngalo que albergó a la pareja más discutida de aquél momento será bautizado como María Bonita, cubierto siempre por un manto de curiosidad morbosa. Fracasará la empresa cuando pretenda venderlo como dotado de un extraño hechizo, mismo que deparaba una unión feliz y eterna a quienes iniciaban en él la vida matrimonial.
En torno a la habitación nupcial. se conocerá más tarde una serie de tramas groseras, algunas increíbles, urdidas por el novio. Por ejemplo, la que aseguraba que Lara había cooptado con generosas propinas al personal del hotel , particularmente al nocturno. La consigna era responder así a los periodistas indiscretos “Que la señora no había pegado los ojos en toda la noche y que a veces había pegado tamaños gritotes”. Uno de los veladores urdirá su propio libreto: “La Bonita y El Flaquito se comportaron como auténticos caguamos”

El Papagayo

Agustín y María regresan a Acapulco en 1947, extrañamente porque la relación sentimental está liquidada y más extraño aún que la ruptura tendrá como fondo musical el vals María Bonita. Amigos íntimos de la pareja estarán convencidos de que la ofrenda musical fue el factor determinante para convencer a María de una posible reconciliación, recién terminada su película Enamorada. La respuesta será muy grosera.
María de los Angeles Félix Güereña y Agustín Lara Aguirre y Pino arriban al nuevo aeropuerto de Pie de la Cuesta (diez pesos el taxi) y se hospedan en el Hotel Papagayo (hoy parque del mismo nombre), cuyo propietario, el general guerrerense Juan Andrew Almazán, candidato presidencial derrotado por Manuel Ávila Camacho, lo recibe con un lustroso piano de cola .
“Lo he encargado a la Ciudad de México por si el señor quisiera desentumirse los dedos y componer alguna cosilla”, lo ofrece.

Casinos

Acapulco, según el censo, tiene treinta mil habitantes y muchos de ellos hacen causa común para impedir el establecimiento de un casino de juego. Versiones periodísticas adjudican la concesión a favor del ex presidente Abelardo L. Rodríguez (Casino de la Selva, Foreing Club y Tijuana) , cuyo negocio ha sido siempre el juego. Hay un sentimiento unánime entre los porteños y este habla de que un casino sería fatal para Acapulco. Otra gestión popular está encaminada a lograr que los terrenos del ex campo aéreo (entre Hornos y Farallón) se destinen a una alameda y a un parque público.
Están tan seguros de que se saldrán con la suya, como siempre, que los promotores del casino ya trabajan en la localización de la sede del mismo. Andrew Almazán ofrece el sitio ideal: el cerro del Herrador, en el área del hotel Papagayo, precisamente donde hoy se ubica el edificio del Ayuntamiento de Acapulco.

María Bonita

Agustín: Con todo y que estaba acostumbrado al éxito de mis canciones, me sentí muy agradecido y orgulloso de lo mucho que le gustó la canción a Machángeles (“macha y angelical”). María Bonita significó un respiro, muy breve por cierto, para una relación prácticamente liquidada.
María: Convencida de que Agustín no daría a conocer jamás María Bonita, por su significado de ofrenda íntima y muy querida de un enamorado para su amada, a escondidas hice llegar la partitura a Pedro Vargas. Le pedí a El Negro que la cantara en una ceremonia donde estaríamos juntos.
Agustín: Me sentí traicionado cuando escuché María Bonita en la voz de mi compadre Pedro Vargas, durante una entrega de premios de cine. No me atreví a reclamarle nada a ella porque esa noche, particularmente, Maruca lucía como la mujer más bella, elegante y adorable de la Tierra.

Sol y Luna

Como quiera que haya sido, obviadas las pequeñas o grandes mentiras de las divas y divos, sus amnesias , caprichos y extravagancias, la canción María Bonita, conocida también como Acuérdate de Acapulco, permanece a pesar de tantos años como el testimonio lírico musical de un gran amor, estimulado por el embrujo del sol y las noches de luna de un Acapulco eterno

María bonita

Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches
María bonita, María del alma.

Acuérdate que en la playa con tus manitas
las estrellitas las enjuagabas.

Tu cuerpo, del mar juguete, nave al garete,
venían las olas, lo columpiaban.

Y mientras yo te miraba, lo digo con sentimiento, mi pensamiento me traicionaba.

Te dije muchas palabras, de esas bonitas,
con que se arrullan los corazones.

Pidiendo que me quisieras,
que convirtieras en realidades mis ilusiones.

La Luna que nos miraba, ya hacía ratito se hizo un poquito desentendida.

Cuando la vi escondida, me arrodillé pa’ besarte, y así entregarte toda mi vida.

Bing Crosby

El cantante y actor estadunidense Bing Crosby interpreta María bonita en dos millones de discos.

 

Duelos a muerte en Acapulco

Juicio de Dios

El primer duelo de la humanidad se dio seguramente entre dos hombres usando fémures o quijadas de mamuts. El desafío letal entre dos hombres nace, pues, con la propia creación humana y tiene como motivación el castigo para quien ha ultrajado el honor propio o el de su dama.
Los duelos se extienden en el mundo cristiano y en el siglo VI se les tendrá como Juicios de Dios, adjudicando sus resultados a una revelación divina y no a la destreza del vencedor. Será entonces cuando se dicten medidas para restringir el duelo, obligando a los duelistas a dirimir sus diferencias ante los tribunales ordinarios.
La condición básica, según los códigos de la época, consistía en una injuria u otra ofensa al honor o a la dignidad. La ofensa podía ser de palabra o de obra y aunque en teoría debía ser grave, su valoración dependía finalmente del ofendido. Indispensable en todo duelo, la presencia de uno o dos padrinos cuyas tareas consistían en la elección de las armas (espada, sable, pistola, etcétera), acordar la distancia entre los duelistas e incluso lograr la reconciliación entre ellos.

Duelo al sol

El duelo en el far west fue una estampa de honor y valentía que el cine hará clásica. Hay cintas imperecederas sobre el tema: Duelo al sol (Jennifer Jones, Gregory Peck y Joseph Cotten). Duelo al atardecer (Kirk Douglas y Burt Lancaster). A la hora señalada (Gregory Peck ), cinta en la que la mexicana Katy Jurado fue nominada a un premio Oscar por coactuación. O.K. Corral, de John Ford, este, uno de los duelos más celebrados del cine.

Duelos literarios

Algunos directores de periódicos de España se verán obligados, ya entrado el siglo XX, en responder a duelos mortales en defensa de la integridad y prestigio de sus diarios. Retos originados casi siempre por el contenido de sus editoriales, considerados difamatorios e injuriosos. El escritor Ramón del Valle Inclán perderá un brazo en uno de tales encuentros. Acá, en Veracruz, el tormentoso poeta Salvador Díaz Mirón utilizará el duelo para deshacerse de tres enemigos.

Duelo en Acapulco

El primer duelo mortal en Acapulco tuvo lugar durante los años 40 y fueron contendientes dos caballeros de familias respetables y muy estimadas. Tomás Diego Paco, patrón de lancha, y Antonio García, lanchero del Malecón. Curiosamente, serán muy pocos los habitantes que pregunten las razones de un encuentro de tal naturaleza, adjudicándolo a la situación del puerto en aquel momento: ¡un calor sofocante, falta de turismo y la ciudad destruida por las obras del malecón! ¡Estarán seguros de que sólo habría faltado para armarlo una sola y sonora mentada de madre!
La noticia del duelo correrá pareja con la advertencia de su aplazamiento por razón de que uno de los duelistas, Antonio García, debería embarcarse inmediatamente. “No por culero, sino por trabajo”, argumentaban sus amigos
–¡Ora que regrese nos matamos,Tomás!! –le grita García en el muelle.
–¡Aquí te espero, Antonio, si es que regresas! –le responde Tomás

El silbato

El duelo pactado, sin día ni hora de celebración, mantendrá expectante a todo Acapulco, particularmente en su área náutica. Se hacían apuestas sobre los días que García tardaría en llegar, no pocas en el sentido de que ya no volvería. Se descontaba cualquier sorpresa, manteniendo los lancheros una vigilancia estrecha de la bahía, incluso nocturna.
Serán siete días más tarde cuando se escuche por fin el silbato de la embarcación de García y entonces habrá una movilización general frente a la bahía de Acapulco, tenida como la más hermosa del mundo. Las familias del populoso barrio Del Rincón, hoy de La Playa, resguardan bajo llave a niños, niñas y ancianos con la seguridad plena de que habría “tirotera”. Tomás Diego y sus hombres ya esperan a García el muelle en construcción.
–¡Te estoy esperando, Antonio García! –grita Tomás, parapetado en un gran bloque de cemento y recibe como respuesta dos disparos de armas de fuego. Detonaciones que provocando una escandalosa y caricaturesca desbandada de curiosos. La respuesta de Tomás permitirá discernir a los presentes que ambos portan pistolas calibre 45.
Aquella danza macabra en un escenario caótico y sonorizado por disparos aislados parecía no tener fin. Largos silencios que incluso permiten escuchar los rezos de mil mujeres que lo hacen en los alrededores y en el propio templo de La Soledad. Silencios sólo interrumpidos por detonaciones cuyos ecos se alargan en el espacio. Más de pronto, sobrevendrá una descarga sostenida por varios segundos, junto con la sonora condena de “¡eso querías, cabrón!”. Procede de una área cercana (hoy Palacio Federal), misma que logra salir a toda la gente de sus escondites. para encontrase con Tomás Diego, aún con la pistola humeante en la mano. El cuerpo sangrante de Antonio García aparece montado sobre una roca recién dinamitada. Sus amigos lo trasladarán a su casa para inhumarlo al día siguiente en el panteón de San Francisco. Las autoridades se declararán omisas aduciendo que “ellos quisieron matarse”.

La celebración

La celebración durará varios días conforme los patrones establecidos en el barrio El Rincón (hoy La Playa), habitado históricamente por marineros filipinos, tenidos como los más valientes del Océano Pacífico. Forjadores muchos de ellos del moderno Acapulco turístico y creadores de la gastronomía marinera más deliciosa del mundo. Entre ellos Pipo Diego, hermano de Tomás y su cuñada Lucha.

Don Tomás

Tomás Diego envejecerá dedicado a la taxidermia del pez vela dorado, siempre enhiesta su aureola de admiración y respeto. Lo conocí siendo regidor en el Consejo Municipal encabezado por don Canuto Nogueda Radilla, en el que me encargaba de las actividades cívicas, sociales y culturales. Morirá cobardemente asesinado.

El Mezcalito

La Mojarrita, el restaurante de Roberto Bermúdez, en Costera y Azueta, era un sitio preferido por muchos hombres de mar por su comida y atenciones. Una mesa alegre y generosa la presidia Alfonso Sutter Galeana, un acapulqueño patrón de lancha, cuyo apodo de El Mocho le venía por haber perdido dos dedos en actividades marineras.
Un día cualquiera, Manuel Jiménez, lanchero apodado El Mezcalito, se presenta ante ellos para reprocharles haber lanzado en su contra “cuchufletas ofensivas”.
–¡Son ustedes los sanababiches e hijos de la chingada –les revierte la pretendida ofensa en su contray termina lanzando el reto a un duelo con pistolas.
–¡Estás pero si bien pendejo, loco de la chingada! ¡Sólo que sea con tu pistola de agua! –le responde a carcajadas un tercero de la mesa.
–¿Que no tengo pistola? ¡Ora verán, cabrones!
El Mezcalito regresa más pronto de lo esperado. Enloquecido, blande una pistola y con ella se parapeta tras la sinfonola del lugar y empieza a disparar contra la mesa objetivo. Tocado gravemente, El Mocho Sutter logrará un último aliento para descerrajar su 45 contra aquella pequeña humanidad. Los otros dos acompañantes de aquel día habían salido del lugar a la llegada del agresor. Alfonso Sutter muere en el sanatorio Sagrado Corazón de Jesús, junto al hotel Las Hamacas.
Acapulco se estremecerá de horror.
Los amigos de El Mezcalito bordarán en torno a él una leyenda casi heroica.

La Marinita

La Marinita, de don Salvador Sabá, en la plaza Álvarez, era un remedo de La Marina, de don Doroteo Doroche Lobato, que muchos años atrás fue un taberna clásica, con marinos vistiendo playeras de rayas horizontales.
Son las 3 de la tarde de aquel día y hay movilización en La Marinita, Es la hora de don Juan Castañón, jefe de Tránsito de Acapulco, quien dedica su estancia para narrar sus aventuras románticas, siempre en agravio para las damas, además de contar chistes sin chiste.
No será esta la primera vez que el señor Sabá, propietario de la cantina, explique el por qué una manga tan ancha para un tipo arbitrario, mal bebedor, majadero y bravucón. Sencillo: porque paga su generoso consumo y el de sus invitados. Para uno de ellos, precisamente, Castañón exige servicio aquel día. Se trata del señor Humberto Reséndiz, miembro de una reconocida familia de Coyuca de Benítez
–¡Gracias, jefe Castañón, pero no bebo! –es la repuesta, también sonora, del invitado.
–¡Una no es ninguna, amigo Resendiz! ¡Mesero, sírvasela!

Abstemio

–¡De veras no, don Juan, no puedo, ¡soy abstemio!
–¡Que Artemio ni qué Artemio! ¡A Juan Castañón ningún hijo de la chingada le desprecia una copa! –ladra el jefe de Tránsito, totalmente fuera de sí
–¡ Más hijo de su puta madre es usted, pinche mordelón! ¡Y dese de santos que vengo limpio!
–¡Ay sí, ay sí, vengo limpio! ¡Pretexto de pinches cobardes! ¡Ande, vaya por su pistola o que alguien de aquí que le preste una! ¡No sea puto y defiéndase como hombre o voy a matarlo como a un perro, hijo de mala mujer!
Humberto Reséndiz acata furioso la sugerencia de Castañón y en cosa de cinco minutos está de vuelta en La Marinita.

Ya llegué

–¡Ya llegué! –anuncia Reséndiz, provocando una estampida en la cantina.
Juan Castañón se lleva la mano derecha a la cintura pero no logra empuñar su 45, lo intenta nuevamente cuando es tocado por dos disparos en el pecho. Caído Castañón, Reséndiz se acerca a él para vaciarle su arma. La recarga y sale con ella en la mano. Camina con trancos largos sobre Jesús Carranza pero cuando dobla a Escudero un policía uniformado le marca el alto: lo tumba de un balazo en la pierna derecha. Sigue su ruta hasta llegar al mercado El Parazal, para desaparecer entre sus tendajones. Años más tarde, la paisanada ubicará a Reséndiz como motociclista de Tránsito de la Ciudad de México.

Indignación

El encuentro de las pandillas rivales capitaneadas por Pedro Vélez y Donaciano Sequeida se da en Acapulco cuando ambas buscan armas y parque. Parapetados en los pilares de las casas del centro con corredor, enfrentan a balazos aterrorizando a la población. El fuego nutrido se inicia en la esquina de Cuauhtémoc y Eduardo Mendoza, precisamente frente a la ferretería Galeana , pero sólo durará escasos minutos por la llegada de la policía.
Esta baja del Palacio Municipal y logra la captura de varios bandoleros, los jefes entre ellos.
Acapulco entero se estremece de dolor e indignación al conocer la muerte de la niña Lupita Marroquín Reyes, hijita de Juan Marroquín y Lupita Reyes, alcanzada por una bala cuando jugaba en el portal de la Foto Marroquín, en Eduardo Mendoza. Los acapulqueños se unirán consternados y solidarios en la exigencia de castigo para los asesinos, encarcelados bajo proceso..

La fuga

Sucederá, sin embargo, que Pedro Vélez y Donaciano Zequeida aprovecharán una severa tormenta para fugarse de la cárcel junto con otros sesenta reclusos. Utilizarán una horadación en la pared vecina a la de la prisión que correspondía a la casa del doctor Ricardo Morlet Sutter, con frente a la calle Independencia. Felizmente sin consecuencias familiares.
Vélez será asesinado más tarde por sus enemigos, mientras que Zequeida sucumbirá en un encuentro con la policía.

 

Los reporteros

Santa Anna

El dictador Antonio López de Santa Anna acostumbraba llevar ante su augusta personalidad a muchos periodistas aduladores, pero también a sus pocos críticos implacables. Un día, ante don Eufemio Romero, director de El Calavera, periódico ajeno totalmente a los favores oficiales, el sátrapa blande amenazador una hoja del tabloide como si fuera una espada.
–¡Quien haya escrito esta porquería se arrepentirá de haber nacido! ¡Dígame usted, Romero, quién fue, para arrancarle la lengua con mis propias manos! ¡Dígamelo!
El viejo periodista aparenta calma, por más que el miedo le brota por cada poro del cuerpo. Responde con parsimonia:
–La ley, señor presidente, como usted bien lo sabe, aconseja en estos casos la denuncia de los hechos ante un juez competente.
–¡No me venga con pendejas, don Eufemio –interrumpe el sátrapa, colorado por la ira. Lo he hecho venir para escuchar de sus propios labios el nombre del cobarde que me infama. ¡Hable o usted pagará las consecuencias!
–La ley, señor presidente, como usted bien lo sabe, aconseja en estos casos denunciar los hechos…
–¡Calle usted, viejo mentiroso, y desaparezca de mi vista antes que le haga sentir el acero de mi espada sobre su lomo de asno! ¡Ande, so bellaco, no me provoque y salga ahora mismo de mi vista! ¡Fuera, fuera, fuera!

Guillermo Prieto

El señor Romero lleva la fuerza de un huracán cuando abandona aquel recinto, por lo que estuvo a punto de atropellar a don Guillermo Prieto, articulista de El Monitor Republicano, quien espera en la antesala presidencial, también convocado por El Cojo.
–¿Es usted el autor de esta basura?, le pregunta Su Alteza Serenísima, mostrándole un ejemplar de El Monitor Republicano.
–¡Lo soy, señor presidente, lo soy! ¡Ese artículo lo escribí con mi seudónimo de Fidel y niego categóricamente que en él se difame a usted o a la institución presidencial!
–¡Por lo visto usted cree tener más güevos que yo!
–¡Ni pensarlo, señor presidente, usted los tiene todos –masculla Prieto, zurrándose auténticamente de terror.
–¡Gusano insolente! –grita y gesticula el bufón. ¿Acaso se burla usted de mí? ¡O se desdice ahora mismo de sus injurias y necedades o aquí mismo le doy mil patadas!
La pétrea impavidez del periodista irrita aún más al caudillo.
–¿Qué sucede?, ¡estoy esperando!
–En esas estoy yo, señor presidente, ¡esperando a ver qué sucede!

Ley de Imprenta

Cansado de estar enfrentado cotidianamente a periodistas críticos de su gobierno, el once veces presidente de la República durante seis años, decide poner cárcel de por medio promulgando su propia Ley de Imprenta:
Artículo 1.- No se podrá publicar ningún periódico sin que se presente ante el gobierno a un editor responsable.
Artículo 2.- Son artículos subversivos. a) Los impresos contrarios a la religión Católica, Apostólica y Romana o que hagan mofa de su culto y del carácter de sus ministros.
Artículo 3.- Los artículos injuriosos, calumniosos y sediciosos será castigados con multa de hasta trescientos pesos y cárcel hasta por seis meses.

Alburero

Juan Martínez Ruiz, reportero de un diario metropolitano, acompaña al presidente Lázaro Cárdenas en una gira de trabajo por el estado de Quintana Roo. Giras de muchos días y noches.
Una de tantas noches, Martínez se ve obligado a abandonar su tienda de campaña para internarse en la espesura del bosque. Va en busca de una ceiba para aligerar la vejiga. Una vez que lo ha logrado, escucha sonidos similares al fragor de una batalla procedentes de un matorral cercano. Con ambas manos amplifica este grito:
–¡Saaaaacooooo!
La repuesta será inmediata y de una voz inconfundible:
–¡Al que voy a sacar de la comitiva es a usted, por majadero!
–¡Perdón, señor presidente, mil perdones!

García Márquez

El reportero Cotino presenta sus notas policiacas del día y el jefe de Redacción las rechaza con el argumento de que “las siento muy frías”. ¡Repítelas, por favor!
–¡Ay, sí, repítelas por favor –masculla el reportero rumbo a su escritorio. Si el cabrón las quiere calientes que la busque en la zona de tolerancia…
La historia se repite una y otra vez. Será la cuarta cundo Cotino, francamente encanijado, haga trizas su material y rumbo a la salida del periódico lance su grito de guerra:
–¡Si escribiera como García Márquez no estaría en este pinche pasquín, hojaldras!

Renato y El coronel

La relación estrecha entre el periodista de izquierdas Renato Leduc y el coronel José García Valseca, propietario del diario deportivo Esto y de la cadena de los Soles de México, fue objeto del reproche permanente por parte de la zurdería intelectual. Leduc mantuvo una lealtad inquebrantable para el empresario poblano. El mismo que, sin haber leído jamás un libro –según confesión propia y orgullosa– había creado la cadena de periódicos más grande del mundo
–¿Por qué Esto –pregunta un día Leduc al coronel? ¿Por qué un nombre tan feo para el primer periódico deportivo de América?
–Porque el nombre es lo de menos, lo importante es su contenido –responde García Valseca. A ver, tú dime, ¿qué es lo primero que le ves a una mujer hermosa?
–¡Lo primero que le miro a una mujer hermosa son sus nalgas, sus nalgas, sí señor!
–¿Te convences entonces que el nombre es lo de menos?

Enterrador

La Costa Chica de Guerrero fue azotada en la década de los setentas por un huracán de efectos devastadores. Nunca comparable, ciertamente, con los históricos Estelle y Beulah, de ese mismo periodo (igualado más tarde solo por Gilberto y Mitch. El auxilio oficial, encabezado por el Ejército, nunca se hará esperar.
El secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán, arriba a este puerto para dirigir el plan de emergencia, popularizado más tarde como Plan DN-III. La información del caso la recibe del también general Álvaro García Taboada, comandante de la 27 Zona Militar de Acapulco.
–Mira, Chelino –llama aparte García Taboada a su jefe, te presento a tres buenos amigos míos, los tres reporteros: Díaz Clavel, Bustos Fuentes y Rebolledo.
El rostro aquilino del legendario militar sólo masculla un sordo chogusto para continuar con un ejercicio dental consistente en apretar con fuerza sus severas mandíbulas.
–Por cierto, Chelino –prosigue García Taboada, Bustos Fuentes acaba de llegar de la zona de desastre y me dice que el alcalde de Ometepec reporta seis muertos y 12 desaparecidos.
Jefe de la revuelta cívica del henriquismo en 1952 y responsable en 1968 de la matanza de Tlatelolco, García Barragán se dirige con ojos penetrantes y voz de trueno al reportero de Trópico.
–¿Usted, amigo, vio y contó los muertos?
–¡Soy reportero, señor general, no enterrador!
–¡Ah pero que delicados y enojones son estos guerrerenses –ataja oportunamente García Taboada, alejando a Chelino de la mirada del encabronado Bustos Fuentes.

Padre Nuestro

Antes de hacer del columnismo político un coto de poder y una rentable empresa mercantil, Carlos Denegri fue un inteligente y hábil reportero al servicio de la casa Excelsior.
Enviado por su diario a cubrir la capitulación de Japón y con ella el fin de la Segunda Guerra Mundial, Denegri reseñó el estallido de la primera bomba atómica sin recurrir a ningún pasaje del Apocalipsis. Simplemente recordó la oración universal: Padre Nuestro que estás en los cielos.

 

Fernando Rosas Solís. Sus paisanos de San Jerónimo lo llamaron el Ruiseñor de Guerrero

Las Doñas

Irene Solís, madre de Fernando Rosas, solía presumir la valentía personal y la superioridad artística de su retoño, el tenor Fernando Rosas. Lo hacía con su amiga Antonia Ayerdi de Rebolledo, madre de este columnista.
“¡Cuando mi Fernando canta, Toñita, el negrazo Pedro Vargas corre a esconderse en los baños o debajo de las mesas!”.
Las Doñas solían encontrarse en el breve espacio geográfico de San Jerónimo de Juárez, en la Costa Grande, cuyo conversa-torio giraba invariablemente en torno al hijo “tan pródigo como prodigio”. Sus triunfos clamoro-sos en teatros y ferias de todo México y sin faltar sus frecuentes golpizas.
“¡Ah, no sí, Toñita, porque mi Fernando no se deja de ningún hijo de la tiznada”.
“Y entonces, Toñita, que mi Fernando derriba a Jorge Negrete de un puñetazo en la cara, haciendo rebotar su cabeza en el piso, y cuando intenta levantarse, le coloca su guitarra de corbata ¡Como lo oyes Toñita! ¡Ay, mi Dios bendito, protege a mi Fernando!”.

¿Plagio?

Ahora resulta que esta introducción a la semblanza del trovador sanjeronimeño Fernando Rosas Solís, mi paisano, no es mía, sino del Dr. Luis Felipe Escarza, a quien no tengo el gusto de conocer. Por lo menos es lo que afirma el prestigioso internet.

Jorge Negrete

Jorge Negrete, el celebrado charro cantor del cine nacional, se desempeñaba en aquel momento como secretario general de la ANDA (Asociación Nacional de Actores), situación que aprovecharán los medios para convertir un pleito cantinero en salvaje agresión al líder-charro. El agresor hará sensato mutis viajando a Cuba, dedicándose a presentaciones artísticas a lo largo de la frontera norte del país.
El chismorreo chapoyesco dará por terminada la carrera de Rosas en México, remitiéndose a un suceso similar de otro tiempo: el enfrentamiento verbal entre la actriz Leticia Palma (En la palma de tu mano) con el mismo dirigente de la ANDA, epilogado con tremendo sopapo de la dama sobre el rostro de Negrete. La actriz tabasqueña no aparecerá más en las pantallas.

Más broncas

Rubén Ríos Radilla, el biógrafo, refiere un primer exilio del cantante obligado por su carácter violento, estimulado este por su señora madre: “mi Fernando nunca se deja de ningún pendejo”. La bronca en esta ocasión será durante la fiesta de cumpleaños de la señorita Emma Frías, en la que resulta perdedor el joven Eleuterio Cabañas Fierro. La sola enunciación de tales apellidos ponen en alerta a los tíos Antonio y Raymundo Rosas Abarca, quienes lo esconden en Chilpancingo, con empleo estatal. Muy pronto, el trovador estará animando los festejos del gobernador Alberto F. Berber, quien más tarde le conseguirá una plaza en la oficina de Correos de la Ciudad de México.
Epoca tranquila y bonancible que Rosas aprovecha para sentar cabeza. Contrae matrimonio con Teresa Pino Gallardo y a su tiempo le estará cantando canciones de Cri Cri a una hermosa pequeña de nombre María de los Ángeles, quien muy joven, se convertirá en exitosa bolerista, aunque pronto cambiará su domicilio a Estados Unidos.

Inicios

El cronista Enrique Díaz Clavel ubicaba a Rosas en el camino de la fama a partir del programa La hora del aficionado, de la XEW, con el desacuerdo de su biógrafo Ríos Radilla. Para este, la ruta corta había sido en vías del amor. La amante del sanjeronimeño en aquel momento era hermana de la soprano María Luisa Santillán, quién le le abrirá a su “cuñi” un espacio en el programa musical de los Chocolates Luxo, en la propia W.

Los aficionados

La hora del aficionado, a propósito, fue en 1942 semillero de grandes talentos musicales y entre ellos: Amparo Montes, Carmela Rey, Chela Campos, Demetrio González, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Jorge Fernández, Ernestina Garfias y Fernando, por supuesto.

Traigo mi 45

Abel Domínguez, el mayor de la prodigiosa dinastía musical chiapaneca, escucha a Fernando Rosas en la W y no duda en entregarle su corrido Traigo mi 45, con el que incursiona en la moda nacionalista obligada por la Gran Guerra. Califica su voz como “valiente y acerada”.

Traigo mi cuarentaicinco
con sus cuatro cargadores
y traigo cincuenta balas,
las traigo pa’ los traidores.
Quién dijo miedo, muchachos
si para morir nacimos.

Humanidad

El éxito de aquella grabación, que pronto se escucha en todo el país, anima esta vez a Armando Domínguez, hermano de Abel, a entregarle a Rosas su bolero Humanidad

Oye lo que yo te canto
perlas de mi llanto
para tu collar.
Sabes que te quiero mucho
y quien nos separa es la humanidad.
Humanidad,
Hasta dónde nos vas a llevar.

Otros éxitos

Fernando Rosas dará a conocer otros boleros muy pronto clásicos y entre ellos Vagabundo, de Federico Bahena:

Soy un pobre vagabundo
sin hogar y sin fortuna
y no conozco ninguna
de las dichas de este mundo.

También Hoja seca, del Dr. Roque Carbajo (Mi fe es hoja seca que mató el dolor), médico mexicano que sale un día de su casa (“vieja, orita vengo, voy a la esquina por cigarros”). Viajará a Alemania para regresar varios años más tarde. Allá escribirá Recuerdos de ti (Hoy que me encuentro solito / tan lejos de ti / no sabes cuánto te extraño y sufro por ti / (¿no capón?).

Pensando en ti

Fue este otro bolero favorito de nuestro personaje creado, por cierto, en Acapulco . Su autor, Alfonso Torres, era contrabajista de la orquesta de Alfonso El Pelón Riestra, quien amenizaba las noches de “música suave y luces tenues” de cabaret Ciro’s, del hotel Casablanca.

Pensé que este nuevo cariño
podría de mi mente alejarte
calmando mi dolor.
Pero estas caricias extrañas me matan,
no son tus labios , no son tus besos.
Me estrechan dos brazos ajenos
y cierro mis ojos pensando en ti
nomá’s en ti.
Y siento tu alma muy junto a la mía
vivo pensando en ti, nomás en ti.

La dicción

Dado su arraigado costeñismo, la dicción fue una preocupación permanente del trovador, para no tragarse las eses al cantar, como lo hacía al hablar. Lo evitará con ejercicios y lecturas. No obstante, en alguna grabaciones se indigestará con ellas… Ora que tampoco era cosa de hablar “físico”, desparramando las s, como lo hace hoy Luis Miguel, por ejemplo.

Versatilidad

Para el musicólogo Juan S. Garrido, Fernando Rosas no necesitará abandonar el bolero para incursionar en géneros como el vernáculo y el festivo. Destacan sus grabaciones en homenaje al paisano José Agustín Ramírez, promovido por él mismo ante el gobierno del estado. Además de las canciones sociales de Salvador Chava Flores Tres de ellas las hará escuchar en todo el país: Dos horas de balazos, La tertulia y Llegaron los gorrones. También Cartas a Eufemia, Peso sobre peso, El papalote, El agente viajero y una suya: En dónde está mi saxofón.

La última y nos vamos

El temperamento encendido y arrebatado de Fernando Rosas, además de su talante justiciero, lo colocan como actor principal de una tremenda bronca con la policía de Acapulco, con la peor parte para él.
Rosas es testigo una madrugada de una despiadada golpiza que propina la policía uniformada a un joven trasnochador en plena Zona Roja. El trovador interviene para parar el castigo usando voces de grueso calibre: “¡Ya no le peguen a ese pobre chamaco, genízaros abusivos, hijos de la chingada!”, provocando una reacción animal en los verdugos ahora en su contra. Un uniformado usará la culata de su maúser para reprimir al justiciero hasta derribarlo sin sentido.
Avisado de la represión, el alcalde de Acapulco, Mario Romero Lopetegui, se hará presente en la cárcel municipal para ordenar la libertad de Rosas y su atención médica, toda vez que permanece inconsciente y sangra abundantemente de la cabeza.
Al volver en sí, el trovador se dedicará a la búsqueda de sus agresores, “cabrones montoneros, pero para entonces ha llegado su hija María de los Ángeles, quien lo disuade de la venganza. También se hace presente Enrique Rosas Solís, integrante, con Benjamín Galeana, del famoso Dueto Caleta. La tocada terminará al amanecer

El deceso

Fernando Rosas muere a los 45 años el 9 de marzo de 1959. La familia adjudicará su muerte a la golpiza propinada por la policía.

 

Mercados de Acapulco

Plaza Álvarez

El primer mercado de Acapulco fue un tianguis de poner y quitar el mimo día por ocupar los alrededores de la parroquia a La Soledad y extenderse hasta la mitad de la plaza principal, Juan Álvarez. El trajín se iniciaba a las 5 de la mañana con la llegada de los comerciantes, cargando a lomo sus mercancía e incluso en famélicos pollinos. Alumbrados siempre con mecheros se petróleo.
Lo propios comerciantes habían diseñado la distribución de sus mercaderías. Las carnes de res y cerdo y las aves en la calle lateral del templo, presentados sobre hojas de plátano. Las frutas y legumbres eran exhibidas en petates sobre el piso, la leche era servida directamente de los picheles y guardadas las tortillas en gordos tecomates. Siempre presentes, los varilleros con sus mil y una chucherías.
La servidumbre de hospederías y casas ricas eran los primeros en llegar a las mesas de carnes atendidas por don Pablo Morales y don José Osorio. La de este último, cuya zahurda se localizaba en Obregón (Cuauhtémoc) y Aquiles Serdán, fue famosa por sus chicharrones carnositos y tronadores. Corría la primera década del siglo XX

Ojotones

Los productos más frescos del tianguis eran sin duda los peces hurtados minutos antes a la bahía. Montañas de ojotones a centavo la docena, convertidos (fritos con morisqueta y salsa verde) en boccato di cardenali . Lo siguen siendo hoy mismo.
Elfego Dorantes, un joven muy moreno dedicado a la pesca de ojotones, padecía una enfermedad que le hacía temblar los brazos y que por tal respondía al apodo de El Meneíto. El mismo solía burlarse de su mal para exaltar las virtudes de su mercancía: “¡Vale que los traigo muertos!”, presumía de sus cargamentos de ojotones.

La porracera

Recuerda el cronista Carlos Adame que la playa Terraplén (frente al hotel Las Hamacas) era clásica para la pesca de sardinas. Tal era la porracera (como era conocida la arribazón de cardúmenes) que niños y mujeres lograban grandes capturas utilizando canastos de mimbre.

El ciclón de 1912

El ciclón del 30 de octubre de 1912 se lleva consigo el mercado y buena parte de la ciudad. Vientos de más de 200 kilómetros hacer desaparecer las techumbres a una treintena de casas del barrio de La Candelaria, mismos vientos que le arrebatan a un hombre a sus dos hijas caminando tomados. Rescata sólo a una de ellas. Pocas palmeras quedan en pie y dos canoas amanecen en todo lo alto de los árboles del Zócalo.

Mercado Zaragoza

La administración municipal de don Samuel Muñúzuri López decide matar dos pájaros de un tito: dota al puerto de un mercado decente y le devuelve la dignidad a la plaza principal de Acapulco. Logrará tales propósitos corriendo el año cabalístico de 1913, el año de la Decena Trágica y del “hágase la luz en el puerto”. La ciudadanía opina sobre el nuevo centro de abasto, pero sin exigirlo así o asado, simplemente céntrico y limpio.
Hombre sencillo y sensible, don Samuel conoce el sentir de sus gobernados, además de saber escucharlos. El mercado proyectado se levantará en la plazuela Zaragoza, a una cuadra de la plaza Álvarez. Revela orgulloso que el gobernador del estado, José Inocente Lugo, le ha ofrecido todo su apoyo para la obra.
El mercado Zaragoza contaba con una nave única, un galerón abierto con columnas griegas y techo de teja. Se levantaba frente a la poderosa Casa Alzuyeta, de don Domingo Alzuyeta. Tenía a su lado izquierdo la tienda de don Francisco Escudero y Esponcedra, padre de los futuros mártires Francisco, Felipe y Juan, alcalde de Acapulco este último (hoy Milano) Tienda esta sitiada por un numeroso grupo de vendedores ambulantes, fijos y semifijos.
Las instalaciones del mercado contarán con sistema eléctrico , “para cuando llegara la electricidad”. Luego lueguito, en noviembre de ese año, vía una planta de luz propiedad del hispano Enrique Colina, a quien incluso los jotos aspiraban a tenerlo como suegro, vía Laurita, la dama más hermosa del puerto.

La carestía

La docena de ojotones encarecerá en la década de los 30 hasta alcanzar los 35 centavos la docena, lo mismo que los agujones. La leche bronca, sin bautizar, 15 centavos el litro. Una gallinita criolla se cotizaba en 12 centavos y 3 centavos un huevo colorado de rancho. La vara de manta cruda se cotizaba en 25 centavos y 10 centavos la boleada de calzado.
El litro de tractolina para estufas, 15 centavos y 20 centavos el de petróleo diáfano para candiles y quinqués. 20 centavos la cerveza y cinco centavos una gaseosa marca Trébol, elaborada por don Rafael Pintos . Y una copa de coñac francés, 50 centavos
Por lo que hace a los automóviles, un Ford 1934 se cotizaba en 3 mil pesos y un Chevrolet 1936 en 6 mil pesos. Una dejada de taxi, 50 centavos.

Presidente Flores

El presidente del Consejo Municipal de Acapulco, coronel Agustín Flores, impuesto por el gobernador y general Alberto F. Berber, sorprende y escandaliza a los porteños cuando, un día, al frente de un piquete de zapadores, arrasa hasta sus cimientos con el mercado Zaragoza.
–Era un adefesio que apestaba a mierda –fue la única y rotunda explicación ante miles de bocas abiertas y ojos cuadrados.
Aunque ello era absolutamente cierto, nadie en el puerto se lo creerá. Por el contrario, tomará cuerpo la versión de que el alcalde Flores había recibido un cañonazo de miles de pesos del comercio establecido, particularmente de la Casa Alzuyeta, para quitarles de enmedio tremendo cochinero.
Ya sin los malos olores del mercado, la plazoleta será llamada Juan R. Escudero, en honor del mártir que había nacido en ella. Al fondo, la Casa Alzuyeta, diseñada por el arquitecto francés Gustavo Eiffel, el mismo de la torre parisina, que reducía drásticamente la avenida Alvaro Obregón, más tarde Cuauhtémoc. El alcalde Alfonso Argudín Alcaráz la obsequiará a los colegios de ingenieros y arquitectos.

Plazoleta Escudero

La plazoleta Escudero albergará durante las décadas siguientes los famosos establecimientos comerciales La Divina, de don Antonio Schekaibán y doña Nabija Haddad, atendida por la prole integrada por Dolores, Antonio, Carlota, Roberto y Divina. Don José Saad no presumirá de originalidad con Los cedros de Líbano y el escritor libanés Aniceto Goraieb atenderá personalmente su empresa en la esquina con Roberto Posada.
Harán lo propio don Ramón Córdova de su negocio especializado en pieles de lagarto; don Casimiro Alvarez de su Gran Barata; don Chucho Ruiz de La Sucursal; don Pascual Aranaga de Aranaga y Cía y el Centro Mercantil; don Félix Muñúzuri en Las Tres B; don Pepe Martino en La Suiza, ultramarinos finos. Y en la angostura y la calle Cuauhtémoc, el siempre jovial don Pedro Kuri Jazbec, al frente de su popular establecimiento Driles y Casimires.
El asturiano Arturo García Mier Fernández (papá de Alicia, Orfelina, Etelvina, Arturo, Lastenia, Palmira, Lourdes Adamina y Marcia) innovará los tipos de su imprenta y papelería La Asturiana (hoy Woolworth). Ahí también la zapatería El Tigre, de don Moisés Cimes; el Bazar de Acapulco, de don Jesús Duque; El Delfín, de Abraham Charfén; El Faro, de don Alberto Fares; la ferretería Muñúzuri, la gasolinera de Pepe Polin Tapia y el sitio de autos Escudero.

El Parazal Fernández

Cuatro años más tarde de la demolición del Zaragoza –en el interín todo el centro de la ciudad será área comercial– el gobernador Rafael Catalán Calvo entrega un moderno mercado asentado en un predio conocido como Parazal Fernández (hoy Mercado de las Artesanías) propiedad de don Ignacio Fernández, cuyo nombre obedecía a sus numerosas hectáreas sembradas con zacate “pará”, hábitat, además, de miles de ranas. Tiempo atrás había formado parte de un mesón para arrieros , sobre la actual avenida 5 de Mayo.
Sucederá, sin embargo, que al nuevo mercado del Parazal no se le parará ni un alma, ni vendedores ni compradores, considerándose lejano y peligroso. El comentario del alcalde fuereño, como lo era Antioco Urióstegui, no se hará esperar: “¡pero que pinche gente tan remilgosa y güevona!”, rematado con un enérgico “¡Tengan su nuevo mercado!”.
El Mercado Central de Acapulco se incendia el 16 de julio de 2012, provocando la pérdida total en 48 establecimientos de la nave de ropa, sin ninguna víctima. A pedido del alcalde Luis Walton, el gobernador Ángel Aguirre Rivero lo reconstruirá con nuevas naves, mediante una inversión de 60 millones de pesos. .
El Parazal cumplirá con exceso su ciclo utilitario y será relevado 25 años más tarde por el mercado de Constituyentes, edificado en el gobierno del alcalde Heredia. Sobre parte de la superficie desocupada, el alcalde Israel Hernández construirá el mercado de artesanías, en cuyo estacionamiento se fundará el Tepito acapulqueño.

Alcaldes

Un inmueble concebido por el alcalde Ismael Valverde (1951-52) como mercado de zona, en Arteaga y Canal de Aireación, será habilitado como palacio municipal. Ello cuando el del centro resulte afectado por los sismos, despachando en él hasta nueve alcaldes. Luego será convertido en sede de la CAPAMA.

 

“Por las calentura del pendejo de Centurión nos partieron la madre un 10 de mayo”

Iguanas

“¡Puta madre!”, estalla el coronel Silvestre Mariscal cuando le informan en su cuartel de Pie del Cuesta –la noche del 9 de mayo de 1911– que el coronel Manuel Centurión ha iniciado la toma de Acapulco desde La Sabana, acordada para el día 15. Ambos son jefes de la revolución maderista, el primero en la Costa Grande y el segundo en la Costa Chica.
–¡Ya estará de Dios! –acepta resignado el profesor atoyaquense. ¡Vamos, pues, a sacar a esos pinches pelones de Acapulco!
Los hombres de Mariscal se deslizan como iguanas por el acceso poniente. Han llegado a ese punto luego de eludir los dis-paros del cañonero Demócrata, anclado en la bahía de Acapulco. Con tan mala puntería que los descamisados han aprendido a “torear” los ruidosos obuses, entrando a la ciudad cuando el reloj de Palacio Municipal marca las 2:30 de la mañana.
Guiados más por el gruñido delas tripas que por la intuición, los invasores descubren el mercado Zaragoza de la ciudad (hoy explanada Zaragoza) en el que llenan excitados sus panzas históricamente vacías.
–Para cuando los gallos empiecen a cantar seremos muchos, pero no muchotes, discierne un guerrillero del Bajial del Cuitero (Atoyac), quien asume la narración:
“Los cuicos del Ayuntamiento empezaron a echar bala y nosotros a correr. Mi primo Tobías y yo fuimos a parar a un recoveco del mar al que llaman groseramente ‘panocha’ (Tlacopanocha). Nomás de ver aquella agua azulosa llena de espuma se nos antojó bañarnos”.
Tobías es gente de calicatencia, pues ya acabaló el Silabario de San Miguel, además de ser acólito de la iglesia de Atoyac de Álvarez. Él dice que le dijo el señor cura que por más bala que echemos nuestra suerte nunca cambiará. Que Diosito ya le dijo en secreto que los que nacemos jodidos, jodidos moriremos. Yo me quedé pensando en eso y entonces le pregunté al primo: ¿entonces ya pa’qué que seguimos peleando? ¡Mejor ya vámolos pa’l pueblo!

Descamisados

–¡Treinta batallón, adentro! –ordena el capitán Pedro Ordóñez a sus quince hombres incorporados a las hostilidades en la calle Tabares (hoy Galeana). Serán sus últimas palabras, pues un bala le desfigura el rostro, cayendo como regla. Lo releva el subteniente Alberto Mondragón quien, cauteloso, ordena el repliegue de sus fuerza hacia el puente del ferrocarril de la Mexican Pacific (Pie de la Cuesta con Aquiles Serdán).

El clarín

Un toque de clarín se escucha a lo lejos y al poco rato aparecen las tropas de refuerzo, bajando del Fuerte de San Diego con el subteniente Alejandro Casas al frente. Viene dispuesto a desalojar a los descamisados de la calle San Diego (Galeana) parapetados en los gruesos pilares de sus corredores. Los descamisados son identificados por su vestimenta: calzón de manta arremangado hasta la rodilla, camisa atada a la cintura, carrillera y sombrero de petate arriscado. Han conseguido una caracterización teatral y de tal modo impresionante que asustan con sólo verlos.

Fumando espero

El subteniente Casas incita a su hombres con arengas patrióticas pero aquellos se atoran como mulas en precipicio. Sólo cuando el joven oficial se lance pecho tierra a mitad de la calle y en el colmo de la temeridad encienda un puro con toda parsimonia, será entonces cuando los soldados reaccionen arrojadamente hasta hacer correr a los rebeldes.
Los cañones del Fuerte, en tanto, no han dejado de lanzar andanadas contra los rebeldes, mientras el cañonero Demócrata desembarca un contingente en la playa de Hornos. Lo encabeza el teniente de navío Manuel Morel, cuya misión es combatir a los rebeldes de Centurión, escondidos entre las palmas de coco. Demócrata servirá también como refugio de las familias de los mandos militares y civiles.
Los heridos del bando insurgente morían donde caían por carecer de servicios de emergencia, contrario a los efectivos de la milicia en la fortaleza de San Diego.

El Ángel Guardián

Enmedio de tan espantosa la tragedia, surgirá un ángel salvador de aquellos desgraciados y así lo consigna el cronista Rosendo Pintos Lacunza.
El Angel Guardián, según Pintos, adoptará la caracterización de una viuda a quien presenta como una “extravagante gacetillera y no escritora; vieja, activa y con algún talento. Su nombre: Lucrecia L. Viuda de Saldívar, quien se organiza con amigos para levantar a los heridos aún en medio de las balas. Ella misma habilitará como sanatorio una casa abandonada en la calle de La Paz, sin saberse si alguna vez fue reconocido tan generoso altruismo”.

La guerra

Los cinco mil habitantes de Acapulco viven momentos de terror, sometidos primero al asedio de las fuerzas revolucionarias y luego a la guerra total librándose en calles y corredores de sus propios domicilios. El agua y los alimentos escasean pero pronto el ingenio y la solidaridad crearán redes de distribución a través de los muy seguros patios traseros. Los residentes en el centro abandonarán sus casas para cobijarse en zonas menos peligrosas como Manzanillo, Tambuco y Caleta.

Comunicación

La comunicación de boca en boca fluirá con eficacia en medio de aquel caos infernal. Las familias se informarán por ese medio sobre la suerte de parientes y amigos y en general de las atrocidades de las fuerzas beligerantes. Les dolerá saber, por ejemplo, que doña Susana García tuvo que ser enterrada en el patio de su casa, porque nadie se atrevió a llevarla al panteón. Lamentarán, igualmente, conocer el deceso del veracruzano Enrique Peñaflor, contador de la Aduana, acribillado mientras auditaba los fondos bajo su custodia.

Un viva cuestionado

“¡Viva la República, viva Madero, viva el comercio!”.
Tales fueron los vítores lanzados por las fuerzas de Mariscal y Centurión cuando abandonen Acapulco, compelidos por una acción envolvente del ejército federal. Extraño viva al comercio, a no ser que haya sido en honor de las Tres Casas Españolas, que todo lo dominaban en el puerto.

Mariscal

Silvestre Mariscal se repliega hasta El Pasito mientras que Centurión toma rumbo hacia La Sabana. A las 2 de la tarde de ese 10 de mayo, recuerda Pintos, todo habrá terminado.
–¡Chingada madre –reprocha Mariscal– por las calenturas del pendejo de Centurión nos partieron la madre un 10 de mayo!

La paz

Vuelta la paz, el coronel Emilio Gallardo, jefe de la guarnición militar, asumirá una conducta magnánima dejando en libertad a los prisioneros y proporcionando atención médica a los heridos. Sus datos sobre la “zafacoca” revelará ochenta murtos y otros tantos lesionados, así como el consumo de 20 mil cartuchos.
Ese mismo 10 de mayo, Francisco I. Madero establece en Ciudad Juárez su gobierno provisional y allá mismo se firma el convenio por la paz. Se nombra presidente provisional y se convoca a nuevas elecciones. Madero designa gobernador de Guerrero al profesor Francisco Figueroa.

El convite

Acapulco sólo se dejará tomar con música y harto mezcal. El convite de la victoria arranca a las 9 de la mañana, en Puente Alto, el 2 de junio de 1911. Dos mil hombres componen la columna cuya descubierta integran 25 jinetes y la banda de música de Atoyac de Álvarez. Abre Silvestre Mariscal con su estado mayor, seguido de la infantería comandada por Valeriano Vidales y cierran los 400 jinetes de Julián Radilla .
Los aplausos del público arreciarán al paso de acapulqueños de diversos grados y entre ellos Albino Lacunza, el médico Dustano Montano, Constancio Martínez, Amado Olivar, Antonio Fernández, Nicolás y Manuel Uruñuela , Fernando Heredia, Octaviano y Daniel Lobato y más.
Con todo, la pesadilla para Acapulco no terminará. Tendrá que soportar a sus libertadores todo el tiempo que dure el licenciamiento del ejército popular –40 pesos por carabina y 15 pesos por cada machete–. Dinero, por cierto, que aquí se quedará en fondas y cantinas.