Niño, ¡eres una maravilla! Estreno mundial de El pesebre, de Pau Casals, en Acapulco

La jubilosa expresión fue el título del amoroso mensaje lanzado al mundo desde Acapulco por el chelista catalán Pau Casals.
Considerado entonces como el mejor ejecutante del mundo, fue homenajeado aquí con el festival de su nombre y en el que participaron músicos gran celebridad. Ejecutaron su oratorio El pesebre, en el maravilloso escenario del Fuerte de San Diego.
Durante su estancia en el puerto, los días del 10 al 22 de diciembre de 1960, el músico de 95 años dialogó sin ningún reparo con la prensa. Confesaba:
“Mi mayor aspiración es que el mundo y sus dirigentes sean inteligentes y buenos .Que haya talento y bondad en el trabajo de ellos para el bien del pueblo, que decídanlo bueno para todos y no cedan ante intereses ajenos. Creo que llegaremos a ello si se cambia la forma de hablar a los pueblos Si se cambia, sobre todo, la forma de instruir a los niños.
Aunque nunca tuvo los propios, los niños serán tema recurrente en el violonchelista genial:
“Al niño hay que decirle que no ha nacido ni nacerá otro niño como él. El niño preguntará que cómo es eso. Habrá que contestarle que Dios es la naturaleza, lo que quiere decir el todo. A un niño que ha cumplido nueve años podrá decírsele: “Mira, los grandes hombres también fueron niños como tú”, entregándosele el poema Niño, eres una maravilla, de su autoría. Se transcribe al final.

El exilio

Autoexiliado en Francia durante la Guerra Civil española, Casals no volverá a su patria mientras esté gobernada por el dictador Francisco Franco. Igualmente, durante la segunda Guerra Mundial silenciará su chelo a los oídos de Hitler y todos los tiranos del mundo.
Dos años más tarde de su estancia en Acapulco, el chelista ofrece una concierto en el Memorial Opera House de San Francisco. Allí, se compromete a dedicar el resto de sus días a una cruzada personal por dignidad humana y la paz. Al año siguiente ejecuta su chelo en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, donde el presidente John F. Kennedy le impone la medalla Estados Unidos, escasos 28 días antes de que el presidente caiga asesinado en Dallas, Texas.

Guadalajara

El chelista catalán viaja de México a Nueva York para entrenar en la sede de la ONU el Himno de las Naciones Unidas, de su autoría, que se convertirá en Himno de la Paz. En la propia Gran Manzana dirigirá un concierto único e irrepetibles con la participación de 80 violonchelos.
Agradecido por las manifestaciones de cariño y admiración de los jaliscienses, Pau Casals se establece en Guadalajara con su esposa Marta Hernández Martínez Martínez, puertorriqueña de 36 años, destacada chelista que había sido su alumna. Habitan una casa campestre, a pocos kilómetros de la ciudad, obsequiada por la comunidad y cuya calle principal se llama Pau Casals. La última vez que el músico visite Guadalajara será en abril de 1973, para festejar su cumpleaños número 97. La felicitación general fue “no los representa”.

A propósito

En Acapulco, el músico genial confesaba que tocaría fugas y preludios de Bach así se estuviera muriendo. Lo que reiteraba antes una joven periodista, quien le había preguntado:
–Usted, señor Casals, tienen 95 años y es el más grande violonchelista que haya existido, ¿por qué entonces practica más de seis horas diarias, según su propio dicho?
–Porque creo, mi niña, que estoy haciendo progresos, fue la respuesta.

Un retrato

El periodista Enrique Loubet, de Excelsior, entrevista aquí al músico catalán y hace un fiel retrato de él:
Bajito, algo encorvado, lo que lo hace aparecer más pequeño aún, más frágil, más delicado, se diría de él que es un hombre de menor edad. La suavidad sería su mayor característica. Empero sus manos son fuertes, vigorosas. Manos grandes, dedos largos, sólidos entre los que destaca un anillo matrimonial. El escaso cabello es blanco y sólo las cejas permitirían adivinar que alguna vez fue rubio. Los ojos, de azul pálido, desvaídos. La frente despejada con pocas arrugas a cambio de múltiples lunares. La boca de trazo recto, de labios finos que apenas se curvan al sonreír. La voz aterciopelada, las más de las veces, algún trueno en ocasiones.

El festival

El Festival de Acapulco, en honor del músico catalán, convocó a muy importantes músicos del mundo, particularmente chelistas, amigos y discípulos del maestro. Se celebró durante dos semanas en el escenario maravilloso del Fuerte de San Diego, aprovechando las instalaciones de la Reseña Mundial de Festivales Cinematográficos. Música y danza fueron los temas del evento, destacando entre ellos el Ballet Follórico de Yugoslavia y el Ballet Folclórico de México. Ambos deslumbrantes.

El pesebre

El pesebre, la obra cumbre de Pau Casals, fue ejecutada la noche del 17 de diciembre de 1960, a cargo de una orquesta sinfónica compuesta por reconocidos maestros y un coro mixto. Fueron solistas Irma González, la contralto Rosario Gómez, el tenor Julio Julián, el barítono Roberto Bañuelos, el bajo Donald Macdonald y el niño soprano Conrado Larios. Un poema sinfónico que estremeció sensibilidades y conciencias, se dijo.
En Acapulco hicieron gala de virtuosismo Zara Beslova, canadiense de padres rusos, alumna de Casals, fue solista de grandes orquestas estadunidenses. Poseía un violoncelo Stradivarius llamado El Marqués, fechado en 1726.
Leonard Rose, estadunidense de origen ruso, maestro del chino Yo-Yo Ma, uno de los más grandes chelistas de la actualidad. Tocaba un Amiti 1662.
Milos Sádlo, checo, también alumno de Casals y maestro de varias generaciones.
Mauricio Einsenberg estadunidense de origen polaco, chelista de la Sinfónica de Nueva York a los 18 años. Tocó con el maestro Casals siendo su alumno, lo que fue para él un punto de inflexión en su vida.
Otro gigante de la música en el Fuerte de San Diego fue el pianista estadunidense de ascendencia rusa Eugene Istomin , quien, a 15 años de su estancia en Acapulco, se casará con la viuda de Casals, Marta Montañez Castillo, a la sazón presidenta de la Manhattan School of Music.
Otros ejecutantes en el homenaje a Casals en Acapulco fueron la clavecinista Julieta González, y los violinistas Franco Ferrari, peruano, e Higinio Rubalcaba, jalisciense, y los pianistas Alicia y Héctor Montfort y Carlos Vázquez. Entre las voces escuchadas en la fortaleza acapulqueña figuraron la sopranos Amparo Guerra Margáin, la soprano Enriqueta Legorreta, la mezzosoprano Aurora Woodrow y Paulino Scharrea, tenor.

El violonchelo

El violonchelo o simplemente chelo es un instrumento de cuerda frotada que pertenece a la familia del violín. Por su tamaño y registro ocupa un lugar entre las violas, los contrabajos y el octabajo.
Se trata de uno de los instrumentos básicos y fundamentales de la orquesta dentro del grupo de cuerdas, realizando normalmente las partes graves aunque su versatilidad también le permite realizar otras.
El violoncelo está considerado como uno de los instrumentos que más se parecen a la voz humana.
A los ejecutantes se les llama violoncelista, violonchelistas o simplemente chelistas.

Niño, ¡eres una maravilla!

Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del Universo, un momento que nunca se repetirá.
¿Y que les enseñamos a nuestros hijos?. Les enseñamos que dos más dos son cuatro y que París es la capital de Francia.
¿Cuándo les enseñaremos también lo que son?
Debemos decirle a cada uno de ellos:
¿Sabes lo que eres? Eres un maravilla. Eres único. En todos los años que han pasado, nunca ha habido un niño como tú. Tus piernas, tus brazos y tus inteligentes dedos, la manera en que te mueves.
Puede ser que te conviertas en un Shakespeare, Miguel Ángel o Beethoven. Tienes capacidad para todo. Sí, ¡eres una maravilla!
Y cuando crezcas, ¿podrás entonces hacerle daño a otro que como tú es una maravilla?
Debes empeñarte, debemos todos empeñarnos, para que el mundo sea digno de nuestros niños.

Cariñosamente:
Pau Casals
Acapulco, Gro., 25 de diciembre de 1960.

 

Yo que fui del amor ave de paso III: Cincuenta y seis años sin Álvaro Carrillo

Cuando yo haya muerto no me lloren a gritos; no se vistan de negro ni me alumbren con cirios; ni sometan a fúnebres homenajes mi rígido cuerpo. Y tampoco me esculpan en mármol epitafios que no yo merezco.

Álvaro Carillo Alarcón no acostumbraba decir sus versos funerarios ante cualquier auditorio; los consideraba algo muy íntimos reservados sólo para sus amigos.

A muchos acapulqueños les complacerá escucharlos en la deliciosa precocidad de Alba Rosa Reina Aguirre, hija menor de Ramiro Reina y Lupita Aguirre .Ello durante largas jornadas musicales en el restaurante Sevavep (mixiotes y mezcal). Álvaro con su guitarra , por supuesto.

Cuando yo haya muerto
quiero una sola lágrima
que, nacida en el pecho,
humedezca los ojos de
un amigo sincero,
Y que brote un suspiro
más liviano que el céfiro
de los labios de alguien
que se duela en secreto.
Y, después… un pedazo de tierra,
una cruz y, por Dios, un recuerdo.

Al apagarse la voz dulce pero recia de la pequeña Alba Rosa, brotaba la ronquera rasposa de Álvaro para rubricar:

Y cuando yo me muera
ni luz ni llanto ni nada más.
Allí, junto a mi cruz,
tan sólo quiero paz.

El Jefe Cari

El autor de Amor mío había compartido con el profesor Caritino Maldonado Pérez las vigilias amargas de la derrota política. El consuelo les había llegado a través de una guitarra bien pulsada y una voz grata interpretando canciones amorosas y sin faltar lo más selecto del folclor guerrerense-oaxaqueño.
Por eso, a la hora del triunfo grande tan largamente esperado, el antiguo compañero de infortunios llevará la primera voz del Himno de la Victoria. El popular Jefe Cari asumía, finalmente, la gubernatura del estado de Guerrero (1 de abril de 1969), y la celebración no sería diferente: una guitarra bien pulsada , una voz grata entonando hossanas y muchos tragos rasposos. Triunfantes, Caritino y Álvaro cantaron una y otra vez :
Eso merece un trago, merece dos, merece muchos, verdad de Dios (Carrillo, 1958, interpretada por Miguel Aceves Mejía).

La tragedia

Un Álvaro Carrillo desprotegido, vulnerable si hemos de aceptar que “la sombra” lo había abandonado aquella mañana del 3 de abril en que regresaba con la familia a la Ciudad de México. El automóvil familiar es tripulado por un viejo y esmerado amigo. El autor e intérprete viaja en el asiento del copiloto, mientras que su esposa, doña Ana María Incháustegui de Carrillo, lo hace en el asiento posterior acompañada por sus dos pequeños, Pedro Alvarito y Mario Alberto
Tema de la conversación inicial debió referirse a la generosidad del Jefe Cari y en general de todos los gue-rrerenses. “¡Me tienen como a uno de los suyos y vaya que lo soy!”, comenta Álvaro. Y lo agradecidos que estamos por ello , responde doña Ana María.
Para entonces el auto devora la autopista Cuernavaca-Ciudad de México y el chofer anuncia la próxima caseta de cobros. Faltan pocos minutos para las siete de la noche. De pronto un impacto brutal lo oscurece todo. ¿Qué pasó?. Nadie podrá contestarlo, Alvaro y el chofer mueren inmediatamente. La señora Incháustegui de Carrillo y los niños son llevados al hospital donde ella muere poco después, logrando ellos sobrevivir milagrosamente.
Insólito y malhadado accidente: Un automóvil tripulado por una dama había volado desde el carril contrario, para proyectarse como bólido contra la unidad de los Carrillo, destruyéndola. Ella tampoco sobrevivirá.
La Sociedad de Autores y Compositores de México no acatará ninguna de la voluntad postrera del secretario de su Consejo Directivo. Le dedicarán homenajes, epitafios y efigies marmóreas. Una sí: ser sepultado junto con su esposa mientras un coro interpreta:

Hay ausencias que triunfan
y la nuestra triunfó,
Amémonos ahora con la paz
que en otros tiempos nos faltó.

El bolero

A casi medio siglo de que el bolero siente sus reales en México y una vez transitada la ruta La Habana-Yucatán, Álvaro Carrillo lo reanima dándose aires nacionalistas. Se mete a fondo en la estructura ya esclerosada del género y le asegura una larga vida como baluarte del romanticismo de nuestro país. El musicólogo Juan S. Garrido comenta al respecto:

“La obra de Alvaro Carrillo está impregnada del romanticismo que imperó en nuestro país a partir de la aparición de Agustín Lara, apartándose de influencias tan notorias en otros creadores. Hay en sus canciones un sello de patente originalidad y sabor mexicano”.

Efectivamente, acepta el doctor Pablo Dueñas (Historia documental del bolero mexicano), el compositor oaxaqueño renovó la canción sentimental con modalidades modernistas que perduran hasta nuestros días. Sus boleros, con una cadencia distinta a la usada a fines de los años cincuentas, tuvieron tanta aceptación que formaron una muralla contra los géneros llegados de fuera por aquellos años. Al mismo tiempo, abrió con sus interpretaciones la corriente del feeling, una forma jazzeada del bolero. Armando Manzanero, su mejor alumno.
Por su parte, la musicóloga Yolanda Moreno Rivas (Histo-ria de la música popular mexi-cana) recuerda que en los cin-cuentas el bolero estaba ame-nazado por el híbrido bolero-ranchero. Urgía entonces una defensa mediante la reestruc-turación del género. En este pro-ceso participaron Vicente Ga-rrido (Un solo corazón), José Antonio Méndez (Si me com-prendieras) César Portillo de la Luz (Contigo en la distancia) y Alvaro Carrillo (Sabor a mí).

La Chilena

La versatilidad es otra veta interesante en la obra de Álvaro Carrillo. Su quehacer vernáculo es particularmente valioso por sus ritmos y contenidos, compartiendo con otro grande de Guerrero, José Agustín Ramírez, el mérito de dar carácter urbano a la música regional llamada chilena. Él la llama “arpegio cumbre que bailan los dioses” (Canto a la Costa Chica).

Pinotepa es a no dudarlo la forma mejor acabada del género musical representativo de la Costa Chica. En la misma línea de Ometepec, de José Agustín Ramírez; la Sanmarqueña, del presbítero Emilio Vázquez; Verdad de Dios, de Vidal Ramírez; Guerrero es una cajita, de Antonio I. Delgado, y Atolito con el dedo, de mi compadre Tadeo Arredondo.
La chilena más popular de nuestro hombre es La Sureña, mejor conocida como El negro de la costa (soy el negro de la Costa de Guerrero y de Oaxaca y no me enseñen a matar porque sé cómo se mata y en el agua sé lazar sin que se moje la reata). Otra es La Cortijana (de la pila nace el agua, de la caña el aguardiente y de las mujeres costeñas nacen los hombres valientes) y El amuleto (si zapateas bonito, yo te prometo, hacer de tus zapatos un amuleto).

Su obra

Cancionero, Eso, Como se lleva un lunar, Luz de luna, Seguiré mi viaje, Un segundo después, La mentira, El andariego, Te doy dos horas, Sabrá Dios, Besos ocultos, Amor mío, Alingo lingo, Arrullo, Barrio pobre, Cacahuatepec, Cada muchos años, Cáncer, Criatura, De qué sirvió quererte, Diariamente, Dos horas, Eso, Grito, Eso merece un trago, La amuzgueñita, La hierbabuena, La señal, Mi duda, No te vayas, no, Orgullo, Pinotepa Nacional, Puedo fallar, Sabor a mí, Un poco más, Ya no estás, Ya vivimos, Yo después.

Sus intérpretes

María Victoria, Antonio Prieto, Sonia y Miriam, Virginia López, Pedro Vargas, Pepe Jara, Marco Antonio Muñiz, Los Hermanos Reyes, Linda Arce, Irma Carlón, José José, Yuri, Pepe Ramos, Los Ases, Los Duendes, La Rondalla de Saltillo, Teresita, Eugenia León, Dulce, Los Galos, Vicente Fernández, Alejandro Fernán-dez, Ana Gabriel, Los Panchos, Javier Solís, Sonora Santanera, Rodrigo de la Cadena, José Luis Mejía, Jorge Muñiz, Carlos Cuevas y más

Intérpretes internacionales

Eddie Gormé, Doris Day, Rocío Durcal, Dyango, Julio Iglesias, Gloria Lasso, Tania Libertad, Frank Sinatra, Luis Miguel, Pablo Milanés, EXO (grupo coreano), Monsieur Periné, Percy Faith

Armando Manzanero

Armando Manznero graba en el año 2000 un CD con temas de Álvaro Carrillo y aprovecha la portada del disco para escribirle una misiva
“Alvaro: Todos los que amamos la buena música sentimos mucho que te hayas ido tan pronto de este mundo, que tanto te necesitaba como compositor
Ya ves cómo son estas cosas. Cuando estabas entre nosotros fuiste un compositor con mucho éxito. Desde aquí quisiera que supieras que ahora tienes más éxito que nunca, que tus canciones son interpretadas por nuevas generaciones y gustan como no tienes una idea.
Soy compositor y nunca tuve el privilegio de ser el cantante que hubiera querido ser. Sin embargo tengo la audacia de interpretar diez temas tuyos en este disco y lo hago con todo mi amor y admiración hacia tu obra.
Tarde o temprano nos sentaremos tú y yo en el lugar en el que estás y al que todos llegaremos y me darás tus comentarios.
Tu amigo y hermano de ahora y siempre:
Armando Manzanero.

 

Yo que fui del amor ave de paso II: Cincuenta y seis años sin Álvaro Carrillo

Vida familiar

Álvaro Carrillo tuvo dos esposas. Con la primera tuvo dos hijas: Rosa Elena, que murió siendo niña, y Rosa Elena, que se llamó igual. A la primera le dedicó la canción Arrullo y a la segunda Amor mío. Con su segunda esposa, Ana María Inchaústegui Guzmán, procreó cuatro hijos: Pedro Álvaro, Mario Alberto, Lorena Georgina y Ena Marisa, usando las siglas de su venerada Escuela Nacional de Agricultura.

Sus canciones

Luego de Celia, su primer tema nunca comercializado, el hijo de crianza de la Costa Chica arranca de lleno su carrera artística. Lo hace con el bolero Amor mío grabado por el trío Los Duendes, del que forma parte el joven cantante Pepe Jara, más tarde su fiel intérprete y amigo inseparable.

Amor mío

La estructura original y novedosa de Amor mío, con una cadencia totalmente distinta a los boleros antiguos, asombra al mundo de la música y entroniza de nuevo al bolero en el gusto mexicano. La fórmula carrillista será determinante en la guerra de la música nuestra contra la hegemonía de los ritmos extranjeros. Esto ya muy entrada la segunda mitad del siglo XX
El compositor y musicólogo chileno-mexicano Juan S. Garrido (Noche de luna en Jalapa)) analiza Amor mío:
“Carrillo usó la misma fórmula tradicional del bolero correspondiente a la fórmula de la canción europea occidental: 32 compases divididos en cuatro secciones . En Amor mío la construcción es A-A-B-A utiliza ocho compases para cada sección . Los primeros ocho compases están divididos en dos frases o expresiones que podemos llamar leit motiv y se repite en los siguientes ocho compases sin más modificaciones que su terminación en tónica. En este caso si bemol. La forma B es rica en modulaciones armónicas descendentes que, con talento intuitivo hace enlazar con la sexta de mi bemol mayor, que inicia el primer tema y terina en la tónica. Un procedimiento lógico”. ¿Se entendió?

Amor mío, tu rostro querido
no sabe guardar secretos de amor
ya me dijo que estoy en la gloria
de tu intimidad.

No hace falta decir que me quieres
no me vuelvas loco con esa verdad
no lo digas, no hagas que llore
de felicidad.

Cuánta envidia se va a despertar
cuántos ojos nos van a mirar:
la alegría de todas mis horas
prefiero pasarlas en la intimidad.

Olvidaba decir que te amo
con todas las fuerzas que el alma me da
quien no ha amado nunca , que no
diga nunca que vivió jamás.

Al tú por tú

No obstante su introversión, su franca timidez, Álvaro Carrillo se hablará entonces de tú con las vacas sagradas de la música mexicana. No le sacará al parche cuando Roberto Cantoral avasalle, en 1957, con El reloj, La barca y Tu condena. Tampoco cuando el maese Vicente Garrido publique Te me olvidas y Todo y nada . El hijo de crianza de la Costa Chica de Guerrero responderá con balas de plata: Eso, Sabrá Dios, Un minuto de tu amor, Cancionero y Ya vivimos.
Vendrán en 1958 las canciones rancheras Gallo corriente, grabada por El Charro Avitia y Eso merece un trago, interpretada por Miguel Aceves Mejía. El cierre de los cincuentas lo dará con Sabor a mí, una de sus cumbres más elevadas, el vals Luz de luna y los boleros No te vayas, no y Mi camino.
La competencia fue rudísima y sin concesiones. El magister Agustín Lara da señales de vida con Tengo ganas de un beso, Enrique Frabegat planta su Jacaranda aún reverdeciente; Consuelo Velázquez declara su Tenaz obsesión y Güicho Cisneros mata con una tercia Alma de cristal, Como un duende y Tres regalos.

A Álvaro se le lleva en
el corazón: Geo Meneses

“Enfrentar a Álvaro Carrillo ha sido muchos más difícil y fuerte de lo que yo hubiera imaginado, y es que él se descubre como un hombre que supo vivir y atrapar cada experiencia de su existencia; experto en el amor y en el olvido, me ha puesto de cara a la soledad, al abandono, a la esperanza , al reproche, a la duda, al cinismo, a la nostalgia, a la resignación, al amor pleno, a la realidad que otro ser humano puede sufrir. sin imaginarlo.Tocó líneas débiles de mi interior, despertó sensaciones ya dormidas y me invitó a cantar bajo el cobijo de su luz de luna.
Lo que se tenga que conocer de la vida de nuestro compositor se encuentra en las historias que nos relata en cada una de sus canciones, que son como una ventana abierta a su sentir y a su manera de percibir los acontecimientos humanos.
A Álvaro Carrillo no se le explica, se le siente, se le lleva en el corazón y se le recuerda en cada encuentro, en cada adiós y en cada lágrima derramada por los sinsabores del desamor, de la ausencia o del abandono.
Georgina Geo Meneses García (Oaxaca, 1974), cantante de música tradicional, sones, boleros, huapangos, blues y jazz. Filántropa, productora y actriz que ofrece un espectáculo masivo al que se accede únicamente mediante la entrega de juguetes para niñas y niños, mismos que obsequia en un evento dedicado a ellos.
Sólo Álvaro Carrillo es capaz de tamaños saltos

Como un lunar

Como se lleva un lunar
todos podemos una mancha llevar
en este mundo tan profano
quien muere limpio
no ha sido humano
si vieras qué terribles
resultan las gentes demasiado buenas
como no comprenden
parece que perdonan
pero en el fondo siempre, nos condenan.
Vuelve conmigo mi amor
que tus errores no me causan temor
pues muchos más que todos ellos
vale uno solo de tus cabellos,
como eres así, así yo te quiero
por eso ya ves
que al sentir tu mirada
doy espaldas al mundo
para adorar tu cara.

El bravero (chilena)

Me dicen a mí el bravero
Porque me rifo sin condición,
yo me dejo rajar el cuero
con el que ofenda mi corazón.

Te vengo a cantar con gusto
Mi más bonita canción
y vengo a pegarle un susto
al que ha tenido la pretensión
de pensar que no te gusto
y se ha valido de la ocasión
yo soy el bravero de corazón.

Sé de otro que te pretende
ya no se acerca ¿por qué será?
Será que le da mi sombra
Y a veces miedo la sombra da.

Gallo muerto en raya gana
y hoy si me da la gana
aquí tu gallo no cantará
porque si canta se morirá.

De ti no me he retirado
y nunca me voy a retirar
porque soy gallo jugado
y aquí en la rata se han de matar
soy necio en cuestión de amores
no me voy a retirar
ni que de rodillas llores
ni me vengas a suplicar
pues de los cazadores
que a donde apuntan han de pegar
y a tus amores
vine a apuntar

 

Yo que fui del amor ave de paso; cincuenta y seis años sin Álvaro Carrillo

Oaxaqueño-guerrerense

Álvaro Genaro Carrillo Alarcón nació el 2 de diciembre de 1919 en la localidad del Aguacatillo, municipio de Cacahuatepec, Oaxaca. Sus padres, Francisco María Carrillo Jiménez y Candelaria Morales, ésta de Juchitán, quien muere cuando él era muy pequeño. Su padre, ya domiciliado en Cacahuatepec, contrae nupcias con Teodora Alarcón, quien lo adopta y le da su apellido.
En 1935, una vez que ha terminado sus estudios primarios en Cacahuatepec, Álvaro Carrillo ingresa al Internado Agrícola Indígena de San Pedro Amuzgo (Oaxaca), pronto cerrado por causa de una revuelta por el reparto agrario. Será en esta época cuando aflore en el joven oaxaqueño el talento poético musical, con dos composiciones: Celia, dedicado a su novia del mismo nombre, y La amuzgueña, a la novia de un amigo.
Al cierre del internado indígena, un grupo de estudiantes, liderados por Carrillo, consiguen ser aceptados sin mayores requisitos en la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero.

Hijo de crianza

“Soy oaxaqueño por nacimiento e hijo de crianza de la Costa Chica de Guerrero.
“Muy pronto despertó mi juventud y surgí a la adolescencia con los sentimientos de un niño y la madurez de un hombre del trópico.
Mi espíritu se nutrió con la savia de la floresta, respirando el aire montaraz y arisco que abre el alma costeña a los silencios infinitos de la soledad cósmica, haciendo más bravíos los fandangos y sofocantemente cálido el estallido de los jolgorios.
Por eso todas mis composiciones tienen ese sabor tan especial de la región guerrerense. Conservando los matices torrenciales de una escala musical de policromado colorido.
Aquí estoy ahora con mi Canto a la Costa Chica y mis recuerdos allá , a la sombra de los amates , en la brisa salobre y en la esencia de los aires saturados del olor del pápalo y el chián. A.C.A.

Morena cerrera de cuerpo cenceño
y alma cimarrona, Costa Chica, mía.
Deja que mi estrofa tripulando ensueños
pase el rubicón de hablar tu poesía;
tu poesía, que es nube y golpe roqueño,
tristeza, jolgorio, paz y rebeldía;
deja que la diga porque soy costeño,
porque yo la llevo, Costa Chica mía.

Te guardan aislada tus grandes montañas,
montañas azules, hermanas del cielo,
hechas con el barro de tu propia entraña
pero que estrangulan con maligno celo
el esbelto cuello de tu economía,
mientras que tus hijos, como los atridas
se escarnian, se odian y en sus tropelías
vierten el alarde de su sangre estéril
sobre los redaños de tu geología,
porque tus recuerdos a Moloch adoran
y porque es tu selva caja de Pandora
y aún así no mueres, Cota Chica mía.

No, tú nunca mueres,
tu pueblo ha surgido de los peñascales
como águila brava, como salta un rayo,
partiendo las brunas nubes fantasmales
que alzan cataclismos en el mes de mayo

Yo soy ese pueblo ingenuo, bravo,
yo me rifo todo cuando suelto un gallo,
y en los jaripeos
yo soy el primero
que le entra al jaleo,
jineteando un toro, montando a caballo
arrastrando el vértigo de una vaquilla,
en la serpentina de una lechuguilla

Y cuando tus hijos ya no sean atridas.
Cuando tus recuerdos hallen su picota,
cuando se restañen tus heridas rotas
y queden tus grandes montañas vencidas,
que este mismo verso, metamorfoseado,
diga el florilegio de un himno sagrado
de cuyas estrofas prendan bucles de oro
que besen tu frente,
mientras que el brebaje de tus aguardientes
deje gotas chulas para mis canciones,
para la chilena, que es entre tus sones,
el arpegio cumbre que bailan los dioses,
aquí, en el Olimpo de mis pretensiones

Chapingo

El ingeniero Hipólito Cárdenas, director de la Escuela Normal de Ayotzinapa en los años del cardenismo, será una influencia decisiva en la vida de Carrillo Alarcón. Le sugiere y facilita su ingreso a la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, que éste acepta con entusiasmo “decidido a ser alguien en la vida”. Álvaro se titula ingeniero agrónomo y al dejar la escuela escribe un sentido adiós que el propio Cárdenas convertirá en himno de la institución

Adiós a Chapingo

Quisiera en mi canción
mis tristezas decir,
“chapingueros”, adiós.

Yo ya me voy a despedir,
quién sabe si otra vez
nos volvamos a ver.
Por eso el corazón
quisiera llorar en este adiós.
Mi madrecita ya me dio el vivir
y mi escuela me dio el porvenir.
Por eso ya me voy, me voy a luchar
y el nombre de Chapingo haré triunfar.

Camino del deber…
Saber y fe, Chapingo, adiós
Saber y fe , Chapingo, adiós

Los palomazos

Álvaro aprenderá a robarle tiempo a sus estudios para incursionar en la peligrosa vida nocturna de la Ciudad de México. Se echará sus palomazos conseguidos por un grupo de amigos. Entre ellos Pedro de la Cruz, el ometepequense Mateo Aguirre López y el profesor Fidel Gallardo (asesinado mucho más tarde siendo director de la escuela Manuel M. Acosta, de este puerto). Entre los tugurios que acogieron al novel ingeniero, compositor y cantante figuraron El Sarape, entre Carmen y Venezuela y La Metralla, en Nicolás San Juan. Décadas más tarde debutará en el Cardini Internacional de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Comisión Nacional del Maíz

Como ingeniero, Carrillo trabajó en la Comisión Nacional del Maíz, en la Ciudad de México, dándose siempre un tiempo para la composición musical. Logrará entonces, a través de su amigo el trovador Carlos Madrigal, que el Trío Los Duendes le grabara Amor mío. Un triunfo tal que le obligará a abandonar el empleo.

 

Acapulco curious

El Benemérito

A un año del fallecimiento del Lic. Benito Juárez García, el Congreso del Estado de Guerrero recuerda con un decreto su estancia en Acapulco, procedente de su exilio en Nueva Orleans, Estados Unidos. De aquí viajará a la hacienda acapulqueña de La Providencia, de don Juan Álvarez, para unirse a la redacción del Plan de Ayutla, proclamado en este sitio por el general Florencio Villarreal.
Se trata del Decreto número 28 del 27 de junio de 1873el cual dispone que, a la denominación oficial de municipio de Acapulco, se le deberá añadir siempre “de Juárez”.

Los alcaldes de Acapulco. Jabones a centavo

El alcalde Juan R. Escudero es acusado de competencia desleal por las poderosas casas comerciales hispanas, provocando una carcajada general en el puerto. Sucede ello cuando el Ayuntamiento instala una tienda oficial denominada El Sindicato, con los precios más bajos de la ciudad. Como muestra, estaba el jabón de 6 centavos que los españoles vendían en 8 centavos, no obstante elaborarlo en su fábrica La Especial.
El monopolio se propondrá entonces tronar al “satánico socialista”, bajando el precio del jabón a razón de un tlaco, o sea, centavo y medio que para ellos era como regalarlo. La respuesta de Escudero será drástica. Personalmente, colocará en la tienda El Sindicato el nuevo precio del jabón: ¡medio centavo!
Los porteños alentarán en lo sucesivo guerras similares con productos como manteca, huevos, manta y rayadillo.

Periodos

Enrique Lobato Cárdenas, de oficio orfebre, es electo el primer alcalde de Acapulco para cubrir un período constitucional de dos años (1943-1944), hasta entonces de 12 meses. Mario Romero Lopetegui inaugurará en 1957 los trienios actuales.

Orígenes

La oriundez acapulqueña no ha sido nunca requisito indispensable para ocupar la alcaldía de Acapulco. Los ha habido originarios y originarias de Atoyac de Álvarez, Petatlán, Chilapa, Huitzuco, Tecpan de Galeana, Chilpancingo de los Bravo, Tierra Caliente, Ometepec, Oaxaca e incluso del extranjero.

Luz eléctrica

A propósito de alcaldes extranjeros, don Samuel Muñúzuri, al parecer guatemalteco, inaugura el alumbrado público de apenas el Zócalo. La “planta “ que la genera es propiedad del hispano Enrique Colina, el primer gachupín que no es denostado por la población, particularmente de su propio género. ¿Y todo por qué?. Porque Laurita, su hija, era la adolescente más hermosa jamás conocida aquí.

Voto de censura

Insólito voto de censura de tres regidores del Ayuntamiento de Acapulco en contra del alcalde José Ventura Neri (1948), cuñado del gobernador Baltazar R. Leyva Mancilla. Se trató de los ediles Pedro Castrejón, Fernando Heredia y Enrique Lobato, quienes hacían referencia a un reciente escándalo de Ventura Neri en el cabaret Ciro’s, del hotel Casablanca.
Allí, jugando a las carreras de tortugas en la alberca de la hospedería, arma un gran escándalo cuando el quelonio de su apuesta ha quedado rezagado. Enloquece lanzando insultos contra el animal y los organizadores, acusándolos de tener arregladas las carreras, pero las cosas no pararán ahí. Convertido en un energúmeno, el alcalde de Acapulco saca su pistola Parabellum y dispara contra la tortuguita hasta matarla.
Las carreras de tortugas eran entonces la atracción turística novedosa y exótica que, por irracional, cundió en todas las hospederías con albercas. Cumplía dos objetivos, el goce morboso por tan cruel desatino y el cruce impune de apuestas.

Precios

Siempre en busca de seguridad y ventas, los comerciantes creaban sus mercados junto a parroquias y cuarteles militares. Tal fue el caso de uno de tantos instalado en plena plaza Álvarez, junto a la parroquia de La Soledad, ofreciendo básicamente productos del mar. Así, por ejemplo, una docena de ojotones y agujones se cotizaban en cinco centavos, lo mismo que un litro de leche bronca. Los blanquillos costaban tres centavos y por una gallinita criolla se pedían 12 centavos. El zoco sucumbirá durante el ciclón del 30 de octubre de 1912.

Los ejidos

El primer reparto agrario en el municipio de Acapulco (1929) beneficia con casi cuatro mil hectáreas a los campesinos de Amatepec y Tres Palos. El gobierno del presidente Abelardo L. Rodríguez crea los ejidos de Llano Largo, Puerto Marqués, Santa Cruz , La Garita, Kilómetro 30, Ejido Nuevo y Altos del Camarón. La dotación total alcanzará las 25 mil hectáreas. Luego, pa’tras… pa’tras.

Hecatombe

El incendio de una pipa mientras descarga gasolina en un depósito de Pemex, en el centro de la ciudad, entre el mercado Zaragoza y el Palacio Federal (hoy Woolworth), provoca pánico general y justificados temores de una hecatombe si el fuego alcanza los tanques de almacenamiento. Los acapulqueños huyen del peligro por una ruta permanente de evacuación que los lleva a los cerros del anfiteatro y cuya eficacia ha sido probada durante siglos.
Aquel día, 22 de enero de 1942, no queda ni una alma en el centro de la ciudad, sólo dos personas: el chofer del carrotanque, Armando Ladrón de Guevara y su ayudante Mariano M. Mendoza, quienes sin acuerdo previo deciden enfrentar la peligrosa situación. Bastará que Ladrón de Guevara proponga “vamos a sacar la pipa antes de que vuele Acapulco ” para que Mendoza lo siga resuelto.
La pipa arde cuando cruza el mercado Zaragoza, prendiendo su paso todo lo que roza. Corre por la actual calle 5 de Mayo, provocando caos y confusión hasta que sale de la ciudad. El conductor logra su propósito de llegar a la playa de Hornos donde, con la ayuda de pescadores y bañistas, logran apagar el fuego con continuos lanzamientos de arena.
La hazaña de Armando y Mariano será reconocida y premiada por el alcalde Elpidio Rosales, tenido hasta entonces como el único líder obrero honrado del municipio. En ceremonia oficial los declara “hijos predilectos de Acapulco” y les hace entrega de sendas bolsas con el producto de una generosa colecta popular, promovida ésta por los señores Samuel y José O. Muñúzuri.

CTM vs CROM

Crea la CTM en 1939 una sección denominada Alijo, para romper el monopolio de la CROM en los muelles del puerto. Su primera acción será tan violenta como el abordaje del vapor Carrington, que es descargado por los cromianos de la Liga de Alijadores de Acapulco. La sorpresa y los garrotes favorecerán esta vez a los piratas cetemistas.
Pronto habrá una segunda, pero esta vez en tierra. Los cetemistas asaltan las oficinas de la CROM en el barrio de El Rincón (La Playa), siendo repelidos a sangre y fuego con saldo de un cetemista muerto a balazos y medio centenar de cabezas rotas.
La CROM izará entonces su orgullosa bandera roja.

Tiburón

Mucho antes de incursionar en la industria turística (hoteles Del Pacífico y Lindavista), don Ramón Córdova Campos fue titular a los 20 años de una concesión para la pesca de tiburón en el litoral guerrerense. Su queja permanente era la de no darse abasto para surtir tanto pedido de su producto, particularmente del DF y Puebla.
Y era que don Ramón no ofrecía simplemente carne de tiburón, sino que la cortaba y preparaba como si fuera bacalao.

Difamadores

Acapulco será pronto un lugar exclusivo para millonarios, escriben coincidentemente los columnistas del diario Excelsior, Carlos Denegri y Jorge Piñó Sandoval, luego de denunciar una escalada de precios y abusos en el puerto.
Ni tardos ni perezosos, Melchor Perrusquía, presidente de la Junta Federal de Mejoras Materiales y Francisco de P. Carral, presidente del Comité Coordinador de Turismo, responden a los “difamadores”, como llaman a los periodistas, usando una plana de 3 mil pesos del propio Excelsior.
Los alegatos de Perrusquía y Carral terminan con un reto para los “difamadores”: que mencionen un solo sitio turístico en el mundo con una oferta hotelera como la de Acapulco: ¡Veinte pesos diarios por una habitación, incluidos los tres alimentos!
Tanto Denegri como Piñó exigirán comprobar la oferta.

Sin grasa

Fracasa don Aurelio Lozano en su empeño por popularizar en la cocina acapulqueña su sistema Wearever, para cocinar sin manteca
Desde su restaurante Eréndira, de Caletilla, doña Juana Quiroz preguntará:
–¿Ojotones fritos sin manteca?
Y ella misma dará la respuesta:
–¡Ora si que todos ustedes están pero si bien pendejos!

 

El tren que nunca llegó. Solicitan a la presidenta el México-Iguala-Acapulco

Veracruz-Acapulco

El tren interoceánico Veracruz-Acapulco fue un proyecto nacido al calor de las primeras concesiones para construir ferrocarriles en México, otorgadas por el presiente Anastasio Bustamante (1837-1839). Las previsiones optimistas de tales concesionarios se sustentaban más en visiones idealizadas que en la dura realidad del país. Sus grandes cordilleras , sus macizos montañosos, sus desiertos inhóspitos y sus selvas con climas insalubres. Barreras todas ellas, inquebrantables en muchos casos, para el camino de hierro.
Don Francisco Arrillaga, con la concesión del tren Veracruz-México en la bolsa, cantaba anticipadas hazañas. “Transportaría pescado, aprovechando la fresca de la noche, para los mercados de las ciudades de México y Puebla”. Preveía, además, “el magnífico emporio agrícola, industrial y comercial que surgiría gracias a su ferrocarril Veracruz-Acapulco-Guanajuato-Oaxaca. Cuentas alegres que sumarán menos cero cuando al paso de tres años, don Francisco no haya podido armar una empresa capaz de ejecutar la obra, y como consecuencia de ello, no haya podido tender un solo metro de vía. Perderá irremisiblemente la concesión y aborrecerá al ferrocarril.
Ora que a nuevos concesionarios les llevará casi ocho años tender escasamente 13 kilómetros de vía –Veracruz-El Molino– de los 470 kilómetros de la ruta. Esta quedará terminada, finalmente, en 1871, casi medio siglo más tarde que los ferrocarriles de la Gran Bretaña.

Mocho madre, mocho madre

Será Manuel Fernando Soto, diputado guerrerense, quien insista por aquellos años en la necesidad del tren Veracruz-Acapulco. Argumenta que tal vía sería útil para el tráfico con Europa, el de algunos pueblos de América con California, Australia e incluso con naciones del extremo Oriente, además de que podrían establecerse grandes depósitos de mercancías, que harían de México uno de los países más comerciales del universo. No obstante, de 48 líneas concesionadas ese año, únicamente tres se proyectarán del interior hacia el Pacífico, sin consumarse ninguna de ellas, por supuesto.
–Mocho madre , mocho madre para la mar –justificaba un empresario gringo su negativa para invertir en un tren hacia las costas del Pacífico y no se refería a otra cosa sino a la colosal Sierra Madre del Sur.

El Porfiriato

Bajo la presidencia de Manuel El Manco González, compadre de Porfirio Díaz, encargado del changarro cuando aquél vacacionaba, se inicia en 1881 el auténtico auge del ferrocarril en México. Se otorgan entonces las primeras concesiones a compañías estadunidenses, el FF Central Mexicano y el FC Nacional Mexicano.
Se acusará que más que propiciar el desarrollo del país, el sistema ferroviario del Porfiriato –casi veinte mil kilómetros de vías– fue concebido como el medio más rápido y eficaz para saquear las riquezas de México. Paradójicamente, será el medio más efectivo para propagar la Revolución de 1910.

¿Tranvía Amacuzac-Acapulco?

Luego de darle muchas vueltas a la madeja, el gobierno federal cancela el proyecto de un tranvía Amacuzac-Acapulco (¿jalado por mulitas?), optando sensatamente por el ferrocarril. Así, el 8 de julio de 1880, el porfirista secretario de Fomento, Vicente Riva Palacio (1877-1880), firma con el gobernador de Guerrero, Agustín Díaz Bonilla, un contrato para la construcción de un camino de hierro México-Acapulco. No obstante ser nieto y tocayo del Gral. Vicente Guerrero, Riva Palacio firma un documento de tal importancia con un mandatario al que sólo le faltaba una semana en el cargo. Sin tiempo siquiera para armar un trenecito de juguete.
Afortunadamente , quien sustituya a Díaz Bonilla será el general Diego Álvarez Benítez, hijo de don Juan, quien asumirá el contrato en todas sus partes y cinco días más tarde estará inaugurando los trabajos correspondientes al tramo de Chilpancingo. Simbólicamente, según costumbre burocrática ancestral. Tampoco pasará nada

México-Cuernavaca-Acapulco

Acapulco volverá a figurar en 1898 como destino final de la línea México-Cuernavaca. La Ley General de Ferrocarriles regulará ese año el otorgamiento de concesiones, atendiendo a las necesidades del país. El propio secretario de Hacienda, el poderoso José Yves Limantour, anuncia en 1900 cinco rutas prioritarias, una de las cuales uniría la capital del país con las costas de Guerrero. El español Delfín Sánchez Juárez logra la concesión del tren Izúcar de Matamoros-Acapulco, misma que tendrá que vender a los gringos porque cada kilómetro de vía le costaba 39 mil pesos y la ruta era de 380. Se la compran los estadunidenses dueños del tren México-Cuernavaca, cuya línea llegaba más allá de Puente de Ixtla. A estos, el ministro Yves Limantour les autorizará subsidios verdaderamente exorbitantes, 24 mil pesos por kilómetro.¡Y cómo no, si ya lo habían hecho socio de la empresa!
Con todo, las cosas no marchan. A los inversionistas les abruma el reporte diario de las brigadas de localización. La ruta Chilpancingo-Acapulco, por ejemplo, presentaba pendientes de tres y cuatro por ciento con curvas muy agudas y cuando menos tres cruzamientos por las cimas de las montañas. Obras con costos muy superiores a las capacidades de la empresa, obligándola a suspenderlas. Las tres casas españolas, únicas capaces de refaccionarlos, nunca lo hubieran hecho porque el ferrocarril vendría a quitarles la potestad que ejercían secularmente sobre Acapulco.

Por fin, el bueno

Finalmente, alguien presentará un proyecto alternativo del ferrocarril México-Acapulco. Seguiría el curso del río Balsas hasta su desembocadura, para de ahí desviarse a Zihuatanejo, para luego desviarse, bordeando la costa, hasta Acapulco. Aquí, las pendientes sería la gran ventaja. Ante propuesta tal, el gobierno exigirá seriedad junto con la negativa para ampliar el kilometraje concesionado, exigiendo la construcción del ramal Chilpancingo-Acapulco. Carentes de fondos, los inversionistas solo podrán construir el puente sobre el río Balsas.
No obstante, tal concesión será adquirida por el ferrocarril Central Mexicano, autorizado para llegar a Acapulco por la ruta que mejor le conviniera. Buscándola, les sorprenderá el desplome del precio internacional de la plata, desastre usado por los capitalistas como pretexto para demandar una prórroga de plazos. Advertido de la maniobra, el gobierno actuará en forma inflexible, cancelando la concesión en agosto de 1895.
El túnel

Los acapulqueños, ajenos a transas y cochupos de los grandes capitalistas, agandallándose el sistema ferroviario mexicano, junto con muchos otros bienes y recursos de la nación, seguían aferrados a la ilusión de un tren. Más que instrumento de desarrollo, sí como recurso vital para ahogar el espíritu insular anidado en cada uno de ellos. Sentirse otra vez libres y será por ello que en 1909 todo Acapulco participará jubiloso en la “inauguración” de la primera vía del ferrocarril del puerto. La recorrería una vieja locomotora sacada de quién sabe dónde.
El fandango se había iniciado en el “muelle del ferrocarril” localizado frente al hoy edificio Manper (Costera), punto inicial de la vía. Las autoridades civiles y militares, las fuerzas vivas y la gran society porteña caminan de ese sitio al andén del tren, localizado en la calle posterior. Ahí, los invitados son trepados en una plataforma rodante con sillas y bancas sostenidas precariamente. El destino es la boca del túnel abierto sobre la avenida Costa Grande (hoy Pie de la Cuesta), sitio de la ceremonia oficial.

El chucuchucu

Una topilla infantil, vocinglera y desmadrosa, coreará el chucuchucu de la locomotora y hasta presumirá sacarle ventaja en los primeros rodamientos. Sale esta a la calle México (hoy 5 de Mayo) frente al que fue cine Tropical, toma la calle Parián para luego cruzar el parazal Fernández (sembradío de zacate pará que dará asiento al mercado municipal).
El convoy –narra don Carlos Adame– subirá un puente sobre torres de madera, localizado en el Barrio Nuevo (Cuauhtémoc-CFE) para bajar y luego subir a un puente de ocho metros de alto sobre la calle del Panteón (hoy Aquiles Serdán) No otro que el famoso Puente Alto, que dará nombre al barrio y será referencia urbana por muchos años. La vía continuaba por la parte trasera del panteón de San Francisco (hoy callejón del Ferrocarril) hasta llegar a El Pocito, un venero para abastecer de agua a la máquina (hoy barrio El Pasito) y de ahí por toda la avenida Costa Grande (Pie de la Cuesta), hasta llegar al túnel referido.

No más pobreza

El discurso oficial de la ceremonia estuvo a cargo del alcalde de Acapulco agradeciendo la generosidad del presidente Díaz, porque gracias al tren no viviremos jamás en la pobreza. Vendrán, enseguida, tres largos silbatazos de la locomotora. Los más viejos derramarán lágrimas de emoción porque, finalmente, el tren había llegado a Acapulco, con la Revolución en el cabús.
El proyecto de un tren que conecte la Ciudad de México con Iguala y Acapulco representa una oportunidad clave para el desarrollo de Guerrero
Organizaciones sociales y militantes de Morena han solicitado a la presidenta Claudia Sheinbaum que esta obra sea incluida en el Plan Nacional de Desarrollo, con la esperanza de revitalizar la conectividad y el comercio de la región
La historia ferroviaria de Guerrero ha estado marcada por intentos fallidos y privatizaciones que dejaron a muchas comunidades sin acceso a un transporte eficiente. Esta propuesta busca corregir ese rumbo con un tren moderno, impulsado por electricidad, que no sólo fortalecería la economía local, sino que también contribuiría a la movilidad y al turismo.
Sin embargo, la viabilidad del proyecto dependerá de factores clave como financiamiento, impacto ambiental y la integración de otras infraestructuras nacionales. En un contexto donde los megaproyectos ferroviarios han ganado protagonismo con el Tren Maya y el Interoceánico ¿será este el próximo gran proyecto ferroviario del país?

¿Acapulco en 20 minutos?

Nuevas propuesta de carácter ingenieril sugieren que pronto existirá un quinto medio, que nos permitirá recorrer en cuestión de minutos caminos que normalmente demorarían horas.
Se trata de Hyperloop One, una iniciativa aeroespacial que pretende crear sofisticadas capsulas presurizadas cuyo objetivo es avanzar a través de una grande bolsa de aire conducido que levita sobre las vías de forma magnética. Es una especie de tren que alcanzará los mil 200 kilómetros por hora, posicionándose como el medio de transporte más veloz que los aviones, que consiguen una velocidad aproximada de 800 kilómetros por hora.
Pese a que el proyecto todavía no existe, hay que aclarar que ya se han llevado a cabo experimentos exitosos en el desierto de Nevada.
Ya en el pasado se ha anunciado que la ruta Ciudad de México-Guadalajara sería posible recorrer en 40 minutos. Ahora se ha dado a conocer que llegar de la capital del país a Acapulco sería posible en la mitad de tiempo. 20 minutos bastarán para llegar a las playas más concurridas y hermosas del país, partiendo de la Ciudad de México. (Internet).

 

El Galeón de Manila

Manila-Acapulco

La llamada Ruta de las Sedas y las Especias, entre Manila y Acapulco y viceversa, fue la ruta interoceánica más importante entre los siglos XVI y XIX, durante el Virreinato, sólo comparable con las llamadas Ruta del Ámbar, el Camino del Estaño o la bautizada por Marco Polo como Ruta del Té o de las Especias. Fue esta un circuito anual casi perfecto gracias a las corrientes marinas y a los vientos favorables.
El galeón de Manila, Filipinas, salía rumbo a Acapulco en la primera semana del mes de julio, con el monzón de invierno. La impresionante nave de 50 metros de largo con mástil de 30 metros , hacía su entrada espectacular al puerto a mediados del mes de diciembre, y una vez descargada se iniciaba la Feria de Acapulco, evento comercial que se prolongaba hasta el mes marzo, mismo que fue calificado por el barón de Humboldt como “La feria más famosa del mundo”. El retorno del galeón se producía en abril, con el monzón de verano,
La descarga de la también conocida como Nao de la China atraía poderosamente a los porteños, congregados en torno al muelle de desembarco o en los cerros cercanos para celebrar con gritos de admiración cada uno de los objetos expuestos. Entre estos, los tejidos de seda, abanicos, porcelana china, especias como la canela, biombos, joyas de oro, arte religioso y entre estos las tallas de marfil de la virgen del Pilar y un espectacular cristo que se conserva hoy en la catedral Metropolitana. De regreso llevaba plata acuñada y en barras, vino español y de Parras, Coahuila, mantas de Saltillo, grana de Oaxaca, cacao de Chiapas y frailes, muchos frailes.
No obstante que buena parte del cargamento del galeón ya tenía un destino particular o estaba acaparado por los grandes mayoristas, muchos artículos estaban al alcance de los asistentes a la feria. Entre estos:

* Vajilla de porcelana azul, de 32 piezas, 56 pesos.
* Enaguas confeccionadas en Manila, tres reales.
* Abanicos de sándalo, un real.
* Una arroba de cera, un peso con 7 reales.
* Colchas bordadas de raso, 13 pesos; 25 cuando el bordado era de oro o plata.
* Alfombras de Persia, 35 pesos .

No faltarán en callejuelas cercanas pasajeros comerciando artículos bajados de contrabando, más baratos, por supuesto. A propósito, los funcionarios aduanales señalaban a los frailes católicos como los más proclives al contrabando de artículos ligeros, ello porque sus amplios vestidos permitían esconderlos mejor, además de que, por respeto a la investidura, no se les “esculcaba”.

San Felipe de Jesús

El primer palacio municipal de Acapulco se levantó en 1910 sobre las ruinas de un convento franciscano, sus propios constructores. La capilla del mismo será una copia de la parroquia de Nuestra Señora de la Guía de Manila, claustro en el que se preparaba a los religiosos que más tarde propagarían el Evangelio en el Oriente.
El destino jugará una mala pasada a uno de ellos. Forjado para el servicio de Dios en el convento de Santa María de los Ángeles, en Manila, el joven mexicano Felipe de las Casas se embarca en Cavite, Manila, rumbo a México. Viene a complacer a sus padres, oficiando ante ellos su primera misa, pero no llega a las playas de Acapulco. La nave cae en poder de piratas japoneses, quienes sacrifican a sus prisioneros, entre ellos Felipe de las Casas, quien muy pronto será declarado San Felipe de Jesús, el primer santo mexicano. Hoy, en Colima, es el santo protector antre fenómenos naturales como temblores y lluvias torrenciales.

El Santo Niño Cebú

Se considera la reliquia más antigua de las islas Filipinas y fue un regalo de Fernando de Magallanes a la reina indígena Juana, el día que con su bautizo se convirtió a la religión católica. Con una alabanza tumultuaria y fervorosa nace la tradición anual del sinulong (“¡Viva Pit Señor, Santo Niño de Cebú!”), lo han exaltado los isleños durante siglos. En México, la ceremonia se replica en un paraje de la Costa Chica, llamado Boca del Río, ante una figura muy parecida a la de Cebú.
También de Cebú procedió el toro con el que se intentó diversificar la ganadería mexicana. Se hizo mediante el obsequio de sementales en todo el país.

Acapulco, censo de 1777

Se califica de acertada la decisión del alcalde Juan Josef Solórzano de levantar un censo de población de Acapulco, luego de un terremoto que casi acaba con la ciudad, destruyendo el ala sur del Fuerte de San Diego. Los españoles, como se sabe, excepto soldados, curas y burócratas de medio pelo, no soportaban vivir en el puerto a causa del calor, los mosquitos y las miasmas. Lo hacían en poblaciones cercanas como Xaltianguis y tan lejanas como Chilapa. Así, el número de ellos reportados por el censo llegará a escasos 32 individuos.
Los indígenas no constituían la mayoría de la población, como pudiera pensarse, pues sumaban apenas 611, hombres, mujeres y niños residentes en el puerto. Los mulatos sumarán sumando mil 250, la mayoría, y por lo que hace a los filipinos sumaban 121 en total: 63 hombres, 56 mujeres, 35 casados y 26 casadas; 4 viudos, 10 viudas, 11 solteros, 22 solteras, 11 niños, 16 niñas .

Las palmeras del jardín Álvarez

Uno entrañable entre los muchos regalos del archipiélago a este puerto fueron las palmeras de Acapulco. Particularmente, una localizada frente a la parroquia de La Soledad, misma que adquirió la fama de ser de cemento, por su solidez.

Las peleas de gallos

Se dice que las primeras peleas de gallos se dieron en Acapulco entre ejemplares mexicanos y filipinos, siendo adoptadas inmediatamente por Antonio López de Santa Anna, para convertirse en entretenimiento nacional. El dictador se hizo apasionado a ellas, llegando a poseer muchos gallos filipinos, con los que visitaba muchas ferias del país. Una de ellas en La Sabana.

El relleno

El relleno de cuche forma parte de muchos años atrás de la gastronomía de la Costa Grande, particularmente de Acapulco. Se trata de un lechón longano (ni muy gordo ni muy flaco) relleno con papas, plátano y más. Según versión del cronista Rubén H Luz, lo trajo de Tecpan de Galeana su tía abuela doña Francisca Silva H. Luz, del Pozo de la Nación. De ahí que se le tenga como un platillo nacido en ese barrio o como el más rico del puerto.

Guinatán

El guinatán es una delicioso manjar filipino a base de pescado (cuatete o sierra) cocinado en leche de coco con chile guajillo, orégano y sal. Dice la conseja popular que el guiso se “corta” si es elaborado por mujer embarazada o cualquier persona que tenga “el ojo caliente”.

Macán

Agua fresca a base de arroz y piña. El arroz se deja en remojo la noche anterior a su elaboración. Muy apreciada en la Costa Chica.

La tuba

La tuba no es otra delicia que la savia de la palmera y cuya obtención implica un ritual más complicado que una cirugía plástica. Dice la conseja costeña que el tubero no deberá tener relaciones sexuales por lo menos 24 horas antes de la operación. ¿Por qué? Porque si no, la palmera, mujer al fin y celosa, le negará una sola gota de su savia.

Linonga

La linonga o morisqueta sigue siendo el platillo base en Acapulco y las regiones de la Costa Grande y Costa Chica. Pueblos en los que los niños todavía juegan con zarangolas; las señoras prefieren la masa del maíz cueite y rechazan la pallanque, que es grano apenas quebrado. Todavía se le llama travieso al chamaco inquieto y zaragate al perezoso. Los trastos viejos son estrufiancos. Herencias.

Las palmeras

Las palmeras de Acapulco fueron traídas de Filipinas a instancias del gobernador Juan Álvarez, meras de Filipinas y la dedicación de Francisco Cadena, llamado el mensajero de la fertilidad por haber traído desde aquellas islas los frutos de los que hoy nos enorgullecemos: el mango, el tamarindo, el cilantro y el caimito, este con saborcito a coco de cuchara

Las descendencias

Filipinos naufragados frente a la Barra de Coyuca se integran desde luego a la comunidad para fortalecer la estructura social de la región. Entre muchos los Guinto, Balanzar y Zúñiga, sumados a los acapulqueños Bermúdez, Diego, Lobato, Funes, Liquidano, De la O, Paco, Batani (procedentes de Batán) y los Tellechea.
Poco importa , finalmente, de dónde procedan el arroz, el coco y los mangos. Están aquí y son nuestros. Son ellos y nosotros, somos todos. Por eso el Galeón de Manila ya no viene de allá, se quedó atracado para siempre en La Roqueta.

* Palabras de bienvenida del autor para el Excelentísimo Embajador de Manila, don Justo Orroz, su distinguida esposa y comitiva, durante su visita al puerto el 19 de junio de 2004 y durante la cual designó al Dr. Mario de la O Almazán como cónsul honorario de Acapulco.

 

¡Agua para Acapulco!, fue la orden del presidente Manuel Ávila Camacho

Pozos del rey

Pozos del rey se les llamó a los abiertos por la Corona española para abastecer de agua a la población de Acapulco. El primero se localizó en la plaza principal del puerto (hoy Álvarez) cedido mucho más tarde por el Ayuntamiento al hotel La Marina (donde hoy está el Bancomer) y clausurado a su cierre. El otro se localizó en el cerro El Grifo y sucumbirá ante el acoso de miles de buscadores de tesoros, convencidos de la legendaria versión de que había sido escondite de muchos piratas en fuga.
El Pozo de la Nación se llama así porque, al inaugurarlo, el gobernador Diego Álvarez Benítez rechaza con palabras altisonantes que no será uno más del rey, sino ¡el primer Pozo de la Nación! Y le da nombre al barrio. El evento se da en 1859, en medio de una epidemia de cólera morbus, lo que obliga al mandatario a decretar la apertura al público de todos los pozos privados de la ciudad. El hijo de don Juan Álvarez, nacido aquí cerca, en Coyuca, fue tres veces gobernador de la entidad, bajo las presidencias de Juárez, Lerdo y González.

La Poza

Un día cualquiera de 1850, don Domingo Balboa Berreatúa decide conectar los muchos hilos de agua bajando por el cerro de La Mira, derivándolos hacia un estanque de tres metros de profundidad, abierto por él mismo. Relevado más tarde por un alberca amplia y accesible con muchos beneficiarios. El gesto solidario de don Domingo será premiado por el Ayuntamiento con un solar, en el que cumplirá su deseo de una casita, desde que la que pueda vigilar que el suministro de agua sea gratuito.
Doña Francisca Reséndiz será la primera que solicite a don Domingo un pedacito de su amplio solar; desea lavar ropa. También lavandera, doña María Liborio será atendida por Balboa con una donación similar. La seguirán don Rodrígo García, éste en pos de un lugarcito para vender gollerías; doña Leandra Quevedo, don Juan Bracamontes y más y más.
Cuando acate don Domingo, su predio estará casi totalmente ocupado. Pero él, en lugar de buscar beneficios de ello, se proclamará el hombre más feliz del mundo, orgulloso de haber fundado el populoso barrio de La Poza, de Acapulco. Barrio del que, por cierto, doña Taca (Plutarca Maganda, madre del gobernador Alejandro Gómez Maganda) será venerable “abuela” de toda la chiquillería, a la que impartía la “doctrina” y preparaba para las primeras comuniones. De ella habla su nieto José Agustín, el enorme y prolífico escritor acapulqueño, fallecido prematuramente:
…Seguíamos pasando las vacaciones en Acapulco, en casa de mi abuelita Plutarca, que era católica hasta la ignominia; rezaba el rosario tres veces al día y nosotros teníamos que acompañarla en la sesión vespertina. Je je, en la mayoría de las ocasiones, apenas se aproximaba la hora rosarial, huíamos a casa de mi tía Tina, que acumulaba cuentos a montones. Sólo pocas veces mi abuelita advertía nuestra fuga. Mi mamá sí, pero nunca nos regañaba en serio.

Los aguadoras y aguadores

El propio ex gobernador Gómez Maganda, cronista memorioso y escritor de prosa elegante, reseña:
“Acapulco veía todas las mañanas a las mozas de piel morena y satinada yendo por agua al Pozo del Rey. Muy garbosas con sus latas en la cabeza y los pechos enhiestos empitonando el percal, detonante de sus vestidos de indianas”. (Acapulco en mi vida y en mi tiempo,1984).
Por su parte, don Manuel López Victoria, el cronista por excelencia de Acapulco, describe puntualmente al aguador de su tiempo.
“Vestía holgada camisa y apretado calzón de manta, ceñido en las piernas y en la cintura, Usaba zarape de colores chillantes sobre el hombro izquierdo, mientras que en la mano derecha llevaba siempre un cuarta o soga de buey para arrear al asno”. (Leyendas de Acapulco).

Aguas Blancas

La principal fuente de abastecimiento de agua para Acapulco fue el río de Aguas Blancas, conocido también como río Grande, para terminar siendo el Arroyo de La fábrica. Su agua azul clara (zarca) y liviana, se diferenciaba del agua de pozo por ser ésta pesada y algo salobre.
La misma estampa sobre aguadores y aguadoras recreada por Gómez Maganda y López Victoria, se reproducía también en otros pozos como el de la plaza Alvarez (donde estaba el Café Astoria), con brocal de seguridad para los usuarios de Petaquillas, El Venado, El Convento (en el viejo Palacio Municipal), Salsipuedes, en el Barrio Nuevo y Los Parazales (terminal de la Flecha Roja).

Los aguajes

Doña Hermelinda N, don Yuyo Castrejón, don Hermilo Hurtado y don Cleto Frías surtían de agua a las casas ricas y a las hospederías. Lo hacían con una poderosa recua de acémilas, operada por expertos burreros.
“¡Ya llegó el aguador… agua clara y liviana para beber!”, pregonaban los populares Maco y Chuy García.
Otras fuentes de agua para beber eran Los Tepetates, Los Higos, El Pocito, El Respaldo, Los Dragos, Los Tres Pocitos, La Pocita, El Chorrillo, y La Poza, por supuesto.

Agua para lavanderas

Para las lavanderas de ropa ajena. el Ayuntamiento reservó varios aguajes y entre ellos Los Llanitos (en el hoy Mercado Central), Playa Larga, Potrerillo, Los Naranjos y Manzanillo.

Las Cajas redonda
y del hospital

Con el nombre de Caja Redonda se conoció un enorme depósito de agua en el barrio de La Adobería. Pertenecía a la empresa estadunidense Pacific Mail y estaba destinada al aprovisionamiento de los buques cubriendo las rutas a partir de este puerto. Por su parte, la Caja del Hospital fue una obra muy celebrada del alcalde Cecilio Cárdenas, destinada a abastecer de agua por gravedad al hospital Juárez (Morelos), a partir del de Los Tres Pocitos (Las Crucitas).

Presidente Ávila Camacho

En los primeros años del presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) se explora por primera vez la posibilidad de dotar a Acapulco de un sistema hidráulico y para ese efecto se convoca a todos los sectores de la población. Los primeros en responder son los hoteleros, con Antonio Díaz Lombardo a la cabeza (hotel La Marina); los fraccionadores encabezados por Alberto B. Pullen y los banqueros representados por Ernesto Amezcua.
El asunto toma forma cuando el presidente Ávila Camacho pone a cargo de la Junta de Mejoras Materiales de Acapulco al ex presidente de la República Emilio Portes Gil (1928-1930), a quien autoriza medio millón de pesos, vía Nacional Financiera, para empezar los trabajos con esta recomendación:
–¿Y sabe qué, licenciado Portes? Le autorizo mandar a chingar a su madre a quien pretenda imponerle, a mi nombre, compañía constructora o empresa de abasto. ¿Queda claro?
La advertencia tenía un destinario único y Portes Gil lo sabía. No era otro que Maximino Ávila Camacho, hermano del presidente y secretario de Comunicaciones y Transportes, quien ya había sentado sus reales en Acapulco. Se agandalla el islote que divide las playas Caleta y Caletilla, pisoteando la Constitución, y construye sobre él su residencia. El presidente Miguel Alemán pondrá las cosas en su lugar.

JFMMA

La Junta Federal de Mejoras Materiales de Acapulco queda finalmente integrada bajo la presidencia de Portes Gil, figurando como secretario don Francisco González; tesorero, Ernesto Amezcua; representantes del Ayuntamiento, don Efrén Villalvazo Alarcón, y del gobernador del estado, don Rafael Catalán Calvo. Don Rosendo Pintos Lacunza representará a los usuarios.

El proyecto

El proyecto fue presentado por los ingenieros Fernando Tejeda y Fortunato Dozal, este último vocal técnico del organismo. Ofrecía como mejor opción traer el agua por gravedad del río de Tixtlancingo, llamado también Hamacas, y Aguas Blancas al desembocar en el río Coyuca, en el punto conocido como El Chorro, en el municipio de Coyuca de Benítez, a 50 kilómetros de Acapulco y a mil 200 metros de altura.
El contrato, por un millón 950 mil pesos, se adjudica a la compañía Techo Eterno Eureka, propiedad del empresario español Manuel Suárez, en vías de convertir el cerro de La Laja, de su propiedad, en un fraccionamiento residencial tipo Meditarrenee. La penalización se fijó en mil pesos por día de retraso.
Agraviado por el hundimiento de tres barcos petroleros, México le entra a la guerra europea. Todos es difícil y problemático en el país y únicamente los traidores y especuladores cantan victoria. A la empresa Techo Eterno Eureka le cancelan las importaciones de tubería de acero para El Chorro, cuando sólo dispone de 3 mil metros para cubrir los 50 kilómetros que reclama la obra. La JFMM le autoriza utilizar asbesto y acero únicamente en las curvas, para evitar roturas.
Sucederá que cuando la obra lleve un avance de 80 por ciento, Manuel Suárez se presenta ante Portes Gil para botarle la obra. “La puta guerra que todo lo daña y encarece me obliga a ello. Ya se me acabó el dinero propio para seguir metiéndole a El Chorro, así que hasta aquí”, sentencia.
–¡Tratos son tratos, querido Manuel, a rajarte a tu tierra!, será la respuesta escueta de Emilio Portes Gil, quien inmediatamente da cuenta de la situación al presidente Ávila Camacho.
Será cuestión de horas para que produzca la reacción presidencial con este telefonema del propio mandatario:
–Que el ingeniero Dozal analice la situación y si es verdad lo que dice nuestro amigo Manuel, que se le otorguen los recursos suficientes para que la obra se termine y se entregue pronto a los acapulqueños. ¡Faltaría más que mi gobierno se hiciera cómplice de una injusticia tal! –sentencia.

El Chorro

El sistema hidráulico de El Chorro beneficiará a una población de 60 mil habitantes, a razón de 300 litros por persona. Su línea de conducción de 50 kilómetros será considerada entonces como la más larga del país.
¡Agua para Acapulco!, es hoy la orden de la presidente Claudia Sheinbaum.

 

Desdendenantes II: Los años de Acapulco

Poema a Acapulco

El poeta y compositor Fernando de Valenzuela es traído engrillado al puerto para de aquí ser enviado a un presidio filipino. Allá purgará una condena de 10 años de reclusión, todo por haber escrito una letrilla picaresca en la que adjudica bigotes a la señora virreina. Encerrado en la Real Fuerza (Fuerte de San Diego) esperará la llegada de algún barco de Filipinas.
Desde su llegada y por ser reo de conciencia, Valenzuela capta las simpatías de un grupo de artistas porteños, quienes lo aprovisionan de comida y ropa así como de artículos de escritura. Él, por su parte, agradecerá tantas bondades con endechas (poema de cuatro versos de seis sílabas) y canciones dedicadas a sus mecenas. Presintiendo la llegada de la nave que lo llevará al presidio, Valenzuela le dedica al puerto un poema en el que habla de su naturaleza salvaje y su gente buena. ¿El primero de miles?
Sorpresa grande para los amigos de Valenzuela se dará 10 años más tarde, cuando lo vean descender del galeón Santo Niño y Señora de la Guía (18 de diciembre de 1689). Su presencia será breve pero suficiente para reavivar afectos y agradecer las únicas bondades recibidas en toda su vida, según su expresión
Los amigos del poeta preso una década por escribir una rima ridiculizando a la Soberana, recibirán tres años más tarde a noticia de su muerte a causa de una patada de caballo.

Naufragio en la bahía

Una severa tormenta tropical hace zozobrar en plena bahía de Acapulco a la nao Nuestra Señora de la Concepción, al mando del capitán Francisco Lizardo y cuyo rescate estará a cargo del capitán de la fragata Santa Isabel, Ignacio Figueroa.
El propietario de la nave afectada, Jorge Rodrigo de Lisboa, recurrirá a los servicios de Bartolomé Gallardo, reputado como el mejor constructor de embarcaciones de Acapulco. A los pocos días la Santa Isabel saldrá del astillero “como nueva”, según comentario de su propietario.

La Virgen de la Paz

Michoacano con residencia de varios años en Acapulco, don Felipe Espinosa se dedica a comerciar con vino que transporta desde la capital novohispana. Lo hace en barricas a lomo de mula.
Hombre devotísimo, don Felipe adjudica el éxito de su negocio a Nuestra Señora de la Salud, de Pátzcuaro, cuyas bendiciones se propone compartir con católicos de otros mundos. Sin comentarlo con nadie, don Felipe descuelga de la cabecera de su dormitorio una hermosa imagen de la Virgen de la Salud, pintada especialmente para él. La envuelve cuidadosamente en lienzos y con ella se dirige al muelle de la nao de Manila. Sabe que ese día zarpará una y que no faltarán frailes entre sus pasajeros. Su propósito es entregar la imagen a uno de ellos, con la súplica de que sea colocada en algún templo filipino para que llene de bendiciones a sus feligreses.
La encomienda la recibe Fray Pedro de las Llagas, quien viaja con cuatro frailes franciscanos como él, con destino a la evangelización asiática. ¿Cumplió el monje franciscano con el encargo del vinatero michoacano? Hay quienes dicen que sí y lo prueban con la existencia en Filipinas de una parroquia dedicada a la Virgen de Pátzcuaro, ahora en su advocación de Nuestra Señora de la Paz.

Contador honrado

Muere aquí el más antiguo contador del Tribunal de Cuentas de la Nueva España, Francisco Tirol Monte, quien se desempeñaba como Oficial Mayor de la Contaduría Real de Acapulco.
Hombre muy devoto, es sepultado en el camposanto de los franciscanos (Las Crucitas) y durante las exequias se exalta su honradez acrisolada, en medio de una burocracia corrupta y voraz. Se comentará entre los asistentes que su cargo era a perpetuidad, otorgado por el virrey Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque, Grande de España, Marqués de Cuéllar y Conde de Ledesma, quien, por cierto, había muerto al tragarse una espina de cuatete.

Jubilado

Don Miguel Gallo llega al puerto directamente de España para ocupar los cargos de Castellano de la Real Fuerza, Alcalde Mayor y Capitán de Guerra de Acapulco, en relevo de Fabián Dávila Salazar, quien había quedado engarrotado a causa de la artritis reumatoide. Éste, a su vez, había sustituido a don Antonio Polo y Navarro, muerto en circunstancias misteriosas y no tantas porque para muchos la hechicería había tomado la forma de guadaña.
Quienes así lo aseguren, culparán al negro mandinga, agraviado porque el alcalde Polo había perjudicado a una de sus sobrinas. No faltarán, a propósito, las lenguas viperinas que aseguren que el arrecho don Polo había muerto al intentar el salto de tigre en el dormitorio de la chiquilla. Versiones que erizaban los pelos de la familia Polo y Navarro para quien don Antonio había sido un católico fervoroso, un hombre incorruptible y un padre ejemplar.
Pronto todas las plegarias y elogios para don Polo quedarán anulados, cuando la Real Hacienda dé a conocer el resultado de la auditoría a su administración. El faltante de 10 mil pesos, destinados al artillado del Fuerte de San Diego, será recuperado incautando los bienes de su familia. La pregunta que se haga por mucho tiempo en Acapulco, fue esta: “¿¡En que gastó tantísimo dinero un viejo tan miserable y agarrado como Polito!?”.

Los cuiloni

El 6 de noviembre de 1658 se ejecutan en la capital de la Nueva España, las sentencias dictadas por el Santo Oficio contra 15 varones acusados de sodomía, cuya pena es la hoguera. Sólo uno de ellos, por minoría de edad, recibirá 200 azotes para luego cumplir una condena de seis años de prisión.
La mañana de aquél día –narra el cronista– la población entera de la ciudad se agolpa en la ruta que lleva al “brasero” de San Lázaro. Atestigua burlona y soez el paso de 1a cuerda formada por 15 aterrorizados mocetones –indios, mulatos y un español– todos ensogados por el cuello. Un mulato encabeza la procesión por ser el alcahuete mayor y a quien todos llaman “señora grande”, Cotita de la Encarnación para la clientela del lupanar.
Cotita, describe el cronista –es el más guapo y aseado de todos– representa unos 40 años y acostumbra a vestir como indio. Dijo llamarse Juan Galindo y resultó ser el precursor de un sistema de comercio carnal practicado hoy día en todo el planeta. Cotita ofrecía la “mercancía”, la contrataba y concertaba el encuentro de la pareja en sitios convenidos, con la oferta de privacidad y pulcritud.
Camino a la muerte, los 14 sométicos (contracción esdrujulizada de sodomita) marchaban como autómatas siguiendo a la guardia a caballo de la Santa Inquisición. Llevaban en la mano derecha un enorme cirio apagado. Vestían sambenitos (sacos de paño amarillo con cruces encarnadas adelante y atrás), recibiendo aterrorizados la befa y el escarnio de la multitud:
–¡Cuiloni, cuiloni, cuiloni, cuiloni –era el grito unánime.
Si hemos de creerle al maese Bernal Díaz del Castillo, este fue el grito los mexicanos correteando a los soldados españoles, aquella noche en la que Cortés lloró precisamente como un cuiloni. La cuerda de sométicos marcha hacia el crematorio. Camina por la calle de Argentina y pasa frente a la casa de la marquesa de Villamayor, tomando luego la vía recta hacia la albarrada de San Lázaro, a la que llega muy pronto.
Cotita de la Encarnación es el primer somético en pasar al crematorio, y detrás de él, el resto de los sentenciados. El último de ellos pasará a las 8 de la noche, hora en la que los alguaciles dejan de atizar el fuego, siempre en medio del alegre jolgorio popular.
La muerte de Cotita tendrá repercusiones por toda la información obtenida de ella mediante tormentos aplicados por salvajes aguaciles. Dictará nombres de por lo menos medio centenar de clientes pertenecientes a la más alta jerarquía novohispana. Figurarán en tal relación personajes de la corte virreinal, incluso sacerdotes y generales del Ejército del Rey. Todos ellos, en opinión del sapientísimo Fray Bernardino de Sahagún, eran sujetos nefandos, abominables y detestables.

Cecilia, La Saurina

Bondadoso, el fraile dominico Domingo Martínez pone a disposición de las autoridades administrativas del puerto a la mulata Cecilia La Saurina, cuando debió entregarla al Santo Oficio por estar acusada de tener pacto con El Maligno.
Todo porque la mujer había previsto la suerte de un galeón de Manila, cuya tardanza rebasaba todos los precedentes. Mientras que todo Acapulco ubicaba a tal nave en el fondo del mar, víctima de una naufragio o bien en manos de terribles piratas, Cecilia sostenía: “la nave llegará, desarbolada y con la tripulación menguada, pero ¡llegará… llegará… llegará!”.
Y que va llegando la nave como anticipaba Cecilia. Se trataba de la nao San Nicolás Tolentino, que, efectivamente, venía desarbolada y con la tripulación menguada a causa de un ataque pirata.
Cecilia La Saurina se salvará de la hoguera pero no de una azotaina en sus partes nobles, acusada de practicar ritos diabólicos. Son tan generosas, opinará el fraile dominico, que ni sentirá los azotes.

Tabaco

A mediados de 1634 llegan al puerto noticias procedentes de la lejanísima Rusia, relacionadas con la prohibición del tabaco y las duras penas para los infractores. El consumo del tabaco había sido difundido en el mundo por los piratas ingleses.
Fumar en Acapulco no era delito y mucho menos pecado, como en otras latitudes del mundo. El porteño Martín de las Heras le ha dado al clavo al instalar en su ventorrillo un espacio exclusivamente para fumadores. No faltarán, sin embargo, quienes denuncien que aquello es en realidad un opiorium donde chinos y malayos “viajan en galeones voladores o luchen contra dragones azules”.
Las noticias sobre el particular se refieren a un decreto del zar de Rusia prohibiendo en sus amplios dominios el consumo de tabaco. Respalda la prohibición la iglesia ortodoxa, con el añadido de que fumar tabaco e inhalar rapé son pecados mortales.
Se explicitan los castigos para los expendedores y fumadores de tabaco. A la primera infracción corresponderá el desprendimiento de la nariz y a la segunda corresponderá el degüello. No había tercera.
Casi 30 años atrás, el rey Felipe II de España había prohibido el cultivo del tabaco en sus dominios ultramarinos, pero no por razones religiosas. Pretendía acabar con el dañino monocultivo, aunque pronto dará marcha atrás.

Cañón y cacao

Júbilo en la población ante el anuncio del alcalde mayor Fernando de Arzeta sobre la adquisición de un “cañón 18” para la defensa del Fuerte de San Diego y cuya fundación se procesa en Filipinas. Y sobre el cual presume que será capaz de partir en dos a la más poderosa embarcación pirata. “Eso si le atinan”, comentan en el Malecón.
El alcalde Arzeta, quien tiene en su haber las gestiones para restablecer el comercio entre España y Perú, sin fruto aparente, hace cumplir la cédula que autoriza la exportación de cacao a través de este puerto.
En Acapulco, a propósito, se consumía desde la Conquista una bebida a base de cacao llamada atextli, famosa por sus virtudes afrodisíacas y en su receta intervienen 100 gramos de cacao tostado, perfectamente molido y cantidades generosas de mercaxóchitl, zochinacaztli y tichilt. Moctezuma lo ofrecía a sus invitados e invitadas. (Urgidos: consultar un diccionario de aztequismos).

 

Desdendenantes I: Los ayeres de Acapulco

Ley salomónica

Las ventas fraudulentas y apropiaciones ilegales de bienes raíces tienen en Acapulco un antecedente remoto: 1627.
La enramada levantada por doña Sebastiana de Acuña de Rodríguez en un predio frente a su casa, calle de por medio, tenía usos múltiples. Servía lo mismo para fandangos que como sesteadero de recuas.Y lo más importante, en ella colgaba su hamaca don Antonio Rodríguez para sus prolongadas siestas. La dama ha comprado el lote a la sucesión testamentaria de don Antonio González, cuyo título de propiedad está fechado en 1589.
Justa será la indignación de doña Sebastiana cuando reciba la notificación oficial sobre el reclamo de aquella superficie. Lo hace su vecino, el capitán Juan de Iturbe, quien pretende hacer valer sus derechos con un título con fecha posterior al de ella.
El solar en cuestión está, efectivamente, en la parte posterior de la casa del capitán Iturbe, cuyo frente da a la bahía. El área en litigio se ubicaría hoy mismo en la manzana formada por las calles Benito Juárez, José Ma. Iglesias y plaza Alvarez.
Don Pedro Legorreta , Justicia Mayor de Acapulco. propicia la convivencia pacífica de sus gobernados. Le preocupan los diferendos entre vecinos por sus efectos corrosivos para toda la comunidad, máxime si involucran a familias distinguidas del puerto. Por tanto, decide aplicar en este caso la antigua justicia del “agandalle,” llamada por él “salomónica”.
Luego de una exposición presumiblemente jurídica, el Justicia Mayor concluye en que el solar no se entregará ni a doña Sebastiana ni al capitán De Iturbe, sino que pasará a formar parte de las reservas de la ciudad. Habla Legorreta de la necesidad de abrir nuevas calles para dar cabida a tanta mula en circulación. Se refiere a la presencia masiva de recuas promovida por la rehabilitación del Camino de Asia (México-Acapulco), ordenada por el virrey Luis de Velasco.
El mismo día en que se dicta la sentencia “salomónica”, será derribada la enramada de doña Sebastiana, para incorporarse a la calle San Juan (hoy Benito Juárez), para comunicar a la plaza de Armas (plaza Alvarez) con el barrio de El Rincón (La Playa)

De Manzanillo a Manzanillo

Don Diego Escobar, rico comerciante de la Ciudad de México, es acosado por la familia con la demanda de asistir a la famosa Feria de Acapulco. Se celebra anualmente con la llegada de la Nao de Manila y en ella se expenden las mercaderías orientales que transporta. Don Diego se resiste argumentando mil cosas pero, finalmente, da su brazo a torcer. Le encarga a la señora de Escobar organizar la excursión.
Amigos de la familia les advierten que si se van por el Camino de Asia (México-Acapulco) nunca llegarán a su destino por estar en poder de criminales. Voces que el señor Escobar escucha optando por la vía marítima a partir de Manzanillo, Colima, puerto en el que finalmente se embarcan.
Corre el año de 1663. La barcaza que conduce a los Escobar penetra a la bahía de Acapulco, dirigiéndose al punto habitual de atraco. Extasiado por aquel entorno perturbador de verdes y azules, don Diego Escobar aspira bocanadas de aire cuando se pronto algo llama su atención: la bahía de Acapulco le parece semejante a la de Manzanillo, lanzando al aire su descubrimiento con esta charada:
¡Salimos de Manzanillo y llegamos a Manzanillo!, que la familia corea con viva y carcajadas

Turistas colimenses

Otra versión recogida habla de una versión similar pero adjudicada a un grupo de jóvenes colimenses.

Arbol venenoso

Una tercera, poco creíble, se refiere a la existencia de un árbol venenoso llamado Manzanillo, poblando aquel espacio acapulqueño. Venenosos sus frutos y sus hojas con tal poderío que quienes dormían bajo su sombra ya no despertaban.

Asaltos en la Ruta de Asia

Los asaltos en la Ruta de Asia (México- Acapulco) estaban a la orden del día, pero no tanto como siglos más tarde la Autopista del Sol. Lanzando una retahíla de coños y coñetas, el extremeño Domingo Fernández Duendenegua denuncia ante el Justicia Mayor de Acapulco, el robo de un cargamento de telas finísimas.
Dijo como queda escrito, de oficio comerciante y descendiente de uno |delos mejores soldados del conquistador Hernán Cortés. Que el día de los hechos, manejando su cochopin y habiendo apenas dejado La Venta Valseca, cercana a Xaltianguis, fue asaltado por un grupo de negros gilipollas armados con tremendas ruanas y guadañas. Que ante el temor de ser destazado por aquellos negros coñetas e hijos de puta, tomó las de Villadiego abandonando incluso su cochipin, Que es todo lo que tiene que decir y que no firma porque no sabe hacerlo pero deja su huella que vale más que su firma. ¡Ah, y dos peticiones : que agarren a los negros gilipollas e hijos de puta y que los cuelguen de donde ya se sabe, de los güevos!

Empedrado de vialidades

Anuncia el alcalde de Acapulco, Juan de Zalaeta (1674), el empedrado de la calzada de los Amates, que comunica la plaza de armas (Plaza Alvarez) con el fuerte de San Diego (hoy Carranza y Morelos)
Detalla el primer edil que se utilizará piedra bola de río y que la obra será ejecutada por la compañía de Mulatos de Acapulco, misma que está a cargo de la limpieza del puerto.

Las Cruces

El comisario del Santo Oficio, don Andrés Sánchez de Covarrubias, reprende a un turista francés, llamado Bernard Cotaux, a quien se hace responsable de un acto sacrílego que ha conmocionado a la ciudad. Lo envía por lo pronto a un calabozo de la Real Fuerza , como es conocido el Fuerte de San Diego.
¿El delito del visitante francés?. Haber lapidado un símbolo religioso en el camino Real, en la entrada de Acapulco , símbolo que dará nombre al lugar en el que se venera: Las Cruces. Se trataba de un par de cruces de madera pendiendo de una roca enorme, para hacer un auténtico santuario. Muchos viajeros se detenían ante él para rezar pidiendo un camino sin asaltos o simplemente para santiguarse. No faltaban quienes encendieran velas y veladoras.
Sucedió que el francés Cotaux pasó por quél lugar y la pareció grotesco aquél altar, emprendiéndola con piedras contra él hasta desprender una de las dos cruces. Fue detenido por un albañil que recogía varas para un bajareque y entregado por él mismo al Santo Oficio, institución que lo remite a la Real Fuerza. La gente lo conocerá como el Loco de merde, su frase favorita.
Un año más tarde –21 de julio de 1712– el Santo Oficio abre el expediente de Bernard Catoux, sólo para dictar su libertad y expulsión de Acapulco.
“Si te veo otra vez por aquí, loco de merde –le advierte el comisario Covarrubias–, te quemo, cabrón, como quemaron a tu paisana Juana de Arco”.

Incendio en el templo

El alcalde de Acapulco, almirante Juan Santiesteban Bracamontes, encabeza a la población en la desesperada tarea de apagar el fuego que amenaza consumir el templo de San Miguel Tolentino. Fue una veladora y el viento, se disculpa el cura párroco.
Las lenguas ígneas, como dicen los poetas, se elevaban al cielo y cada vez más altas con un fragor sordo y amenazante. Nada le hacía el agua lanzada a cubetazos por hombres , mujeres y niños angustiados. Los cubos con agua de mar viajaban a lo largo de una cadena humana a partir de la playa de Tlacopanocha y hasta el barrio de San Miguel, donde el fuego del templo ya había alcanzado a cuatro casas vecinas.
Cuando ya la hornaza empiece a humear, se escucharán voces pidiendo auxilio para el señor alcalde. Empapado, con altísima temperatura corporal y repletos de humo los pulmones, el almirante soportará finalmente un ventarrón procedente de la cercana Quebrada, mismo que se le clava como dardo en la espalda. Engarrotado hasta formar con el cuerpo una “U”, Santiesteban es llevado al hospital de los franciscanos, donde permanecerá hasta su total recuperación . Saldrá con la idea de reconstruir la parroquia de San Miguel Tolentino y ya nadie le hará segunda.

Gemelli Carreri

El escritor italiano Francisco Gemelli Careri desembarca en Acapulco ( 22 de enero de 1649), de paso para la capital de la Nueva España. Escribe su primera impresión del puerto:
“Me parece que debería dársele el nombre de humilde aldea de pecadores, mejor que el engañoso de ‘primer mercado del mar del Sur y escala de la China’. Sus casas son bajas y viles, hechas de madera, barro y paja”.
Habla un Carreri furioso por no haber encontrado hospedaje –habitaciones muy calientes, fangosas e incómodas, las califica él —por estar todo ocupado con motivo de la Feria de Acapulco. Los mojes franciscanos se compadecen de él dándole posada en el convento de NS de la Guía . (viejo palacio municipal).
¡Calorcito, cazo! , será la queja permanente del escritor durante su estancia de tres semanas en el puerto. Le sorprende que Acapulco no produzca nada, que todo tenga que venir de fuera. Por ello –dice–, son tan caros los alimentos que nadie puede vivir aquí sin gastar en una regular comida menos de un peso, cada día.
Un día antes de su partida, martes de carnaval, Gemelli asiste a una carrera parejera de caballos en la explanada de la Real Fuerza (Fuerte de San Diego). Escribe:
“Los negros, mestizos y mulatos de Acapulco, en número de cien, corrieron con tal destreza que me parecieron mejores que los que yo he visto en Madrid. Sin mentir, puede decirse que aquellos negros corrían una milla italiana cogidos unos por las manos o abrazados y otros sin soltarse un momento y sin descomponerse en todo aquél espacio”.
El periplo de Gemelli por el Nuevo Mundo le llevará todo un año, para luego vaciar sus experiencias en un libro titulado Viaje por la Nueva España (1700)

Incendio en la tesorería

El incendio de la Real Hacienda de Acapulco había requerido la participación de media ciudad tratando se apagar el fuego baldes de agua de mar, acarreada por una cadena humana a partir de la bahía.
El tesorero Bartolomé Rey de Pacheco, se da inmediatamente a la tarea de buscar un espacio adecuado y céntrico para reinstalar la dependencia. Sucederá que la primera oferta es rechazada por considerar muy elevada la renta de cuatro pesos mensuales. Ante rentas tan elevadas , el tesorero Rey de Pacheco se decidirá por la adquisición de un inmueble para la dependencia. Don Francisco Pacheco le ofrece su casa porque se va de Acapulco. Al tesorero le parece “juicioso” el precio y la adquiere. Se localiza en la calle San Juan, por cierto recién ampliada gracias al diferendo entre doña Sebastiana y el Capitán Iturbe (hoy Juárez).