Y va otra vez de anécdotas

Cheque Cisneros

Ezequiel Cisneros Cárdenas , poeta y compositor del costagrandino Petatlán, autor de canciones emblemáticas como Cerca del mar, operó un restaurante en Pie de la Cuesta. Se llamó Rincón Bohemio y en él hacía gala de su pródiga inspiración y de su muy fino ingenio, particularmente en el ámbito anecdótico, él como protagonista principal, por supuesto. Como ésta:
Don Ezequiel o simplemente Cheque, descansa de un día de intenso ajetreo. Lo hace en la cadencia de una hamaca colgada en la enramada que ha construido como vivienda. Dormita.
–¡Don Cheque, don Cheque, le traigo unas letras que le envía mi patrón!
–¡No es necesario que grites, chamaco! Déjalas encima de la mesa para ponerles música ‘ora que tenga un tiempito.
–No pues, don Cheque, así me dice siempre. Dice mi patrón que ya están vencidas.
–¡Ay, mi niño inocente, se vence el acero!
–¡No pues, don Cheque: tan siquiera que me diga más o menos cuándo se las va a pagar!
–¡Ya chamaco, ya déjeme dormir que estoy muy cansado. Dile a tu patrón que soy compositor, ¡no adivino!

Juan García Jiménez

Juan García Jiménez, poeta guerrerense, acepta sin dudar el reto de encontrarle consonante a la letra patio, con premio de cartón de cerveza Sol:

Por decir Maravatío
dije una vez maravatio,
he ganado, señor mío,
hallé consonante a patio.

El autor de Remigio y La Chacha Micaila, comparte con tres reporteros del diario Trópico una mesa del bar El Rincón Chino: Enrique Díaz Clavel, Arturo Escobar y quien esto escribe. Enrique avista la entrada al lugar del agente aduanal Fernando Acosta, gran amigo de todos a quien invita a la tertulia.
Cuando don Fernando apenas ha tomado asiento, Juanito le entrega una servilleta en la que ha escrito:

Buen viento nos trae Acosta,
viene a engrosar el corrillo,
beberemos a su costa,
¡a costa de su bolsillo!

¡Y así fue!

Mama Testa

Teófilo Berdeja Aivar fue un abogado culto y muy prestigioso que gustaba indagar los orígenes de los apellidos de ambas costas, originario él mismo de la Grande, Tecpan de Galeana.
El apellido Magadán, discernía don Teófilo, no es africano, como se cree, sino genuinamente azteca. Es, como Petatlán: “lugar de petates”
–¿Y los Melo, señor licenciado?, pregunta el notario público Chanito Rivera, bien conocido por su simpatía e irreverencia. Comparten una sobremesa de cuatro comensales.
–Bueno, responde Berdeja con tono doctoral: Los Melo tienen su raíz en la Costa Chica, mientras que los Peláez la tienen en Oaxaca.
–¿Los Melo Peláez tienen el mismo tronco?, otra vez Chanito
Berdeja capta inmediatamente la intención y retoma el tema de los Testa, pero ahora de la Costa Grande. Recuerda con cariño a Manuelita Testa, a Joaquín Teste, a Dulcita Testa y a la abuela, cuyo nombre no recuerda en este momento…
–¿No era, acaso señor, la dama a la que todos llamaban Mama Testa?
Con un apenas audible con permiso, Teófilo Berdeja abandona el lugar..

Carita

Se han puesto “hasta atrás” los abogados locales que intentan emborrachar al magistrado Lacunza, de Chilpancingo, obviamente, en pos de favores. Ante la sorpresa de una cuarteta de legos , “su ‘eñoría “ se ha negado a tomar una sola copa.
–¡Una no es ninguna, mi señor!, le ha sugerido uno del grupo.
–No, de veras ahorita no me apetece!, responde.
–El vodka no deja olor, mi señor, le revela uno más.
–Este brandy español se pasa como agua, anima un tercero.
–No es que me haga el remilgoso, señores, ¡es que soy abstemio total!, termina el funcionario con aquella arremetida.
Será entonces cuando el licenciado Carlos Iglesias Soto, jefe de la Junta de Conciliación y Arbitraje de Acapulco, enojado por lo que considere un desaire del funcionario, se lanza a fondo:
¡Qué lástima, señor Magistrado, porque usted está desperdiciando la magnífica cara de borracho que tiene!

Pinches ricos

Nunca imaginó Antonio Díaz Lombardo que un alcalde pueblerino fuera capaz de enfrentar su enorme poder económico y político. Se llamó Luis Martínez Cabañas, síndico del alcalde de Acapulco, Efrén Villalvazo Alarcón (1955-1956), a quien sustituye en el último año de su gestión de dos años.
El alcalde Martínez Cabañas se presenta una mañana en la plaza Álvarez (luce como hoy mismo) acompañado de un piquete de demolición. Aunque la policía uniformada los protege, él lleva clavada sus “38 súper”.
Pico y mazos entran inmediatamente en acción para demoler un pétreo muro que divide la plaza a la mitad, entre Jesús Carranza y la Costera, y cuya línea imaginaria toca la puerta de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad. La demolición se lleva un buen rato porque se trata de una edificación poderosa, no obstante haberse ejecutado de noche.
Una vez retirados los escombros, toda la plaza será ocupada por trabajadores de la CROM, condenando el robo inaudito fraguado por el alemanista Díaz Lombardo y a todos que como él pretenden apoderarse de Acapulco. Anuncian que grupos de la central obrera harán guardia permanente en la plaza Álvarez, por si los ladrones quisieran regresar.
¿Y para qué diablos quería Díaz Lombardo la mitad del Zócalo de Acapulco?
Sencillo: para ofrecer estacionamiento gratuito a los huéspedes de su hotel La Marina, con 34 cuartos (hoy Bancomer) y a la concurrencia del bar ubicado en la azotea del mismo. El acceso vehicular sería necesariamente por la Costera.
Voces alarmadas condenarán el suceso, asegurando que había sido el propio presidente Alemán quien había terminado con los delirios de su cuate consentido y socio de apoderarse de Acapulco. Seguramente lo habría dicho al oído: “¡Acapulco es mío, pendejo!”.

Su mercé

–Le cuido su mercé –ofrece solícito un joven al alcalde Ricardo Morlet Suter, quien abandona el auto para incorporarse a la Banca del Zócalo, (reunión cotidiana y nocturna de viejos acapulqueños para hacer cera y pabilo de políticos, funcionarios y gobernantes).
–Gracias, chamaco, yo no necesito que me cuiden, me cuida mi pueblo –responde burlonamente de aquél.
–¡No, a usted, señor, a ese! –replica el muchacho señalando el flamante Mercedes Benz del que ha descendido.
–¡Se dice Mercedes!, chamaco pen…
El de Acapulco, como todos los alcaldes, gobernadores y funcionarios del país, poseían uno, principalmente negro, cargado al erario, por supuesto.
El presiente Adolfo López Mateos había conseguido en los primeros años de su gobierno la instalación de un armadora de autos de esa marca. Tratándose él de un político apasionado por las carreras de autos y también de las maestras de escuela, chapeadas. Adolfo López Mateos enfrentará acusaciones de ser socio de la Mercedez Benz y, por otro lado, de haber nacido en Guatemala.

Úrsula y Belmondo

La bahía de Acapulco esconderá entre reseñas un romance de alto voltaje, entre la hermosa Ursula Andress y Jean Paul Belmondo, el galán francés tenido por irresistible. Un percance lo hará saltar a los medios
Mientras vuela por primera vez en parachute, Belmondo está a punto de estrellarse contra la mole del Acapulco Hilton. Se salva del seguramente mortal encontronazo gracias a la habilidad de los operadores de la lancha que lo jala, Ángel Herrera y Jaime Escobar García.
Jaime pregunta a su hermano Arturo, jefe de Sociales y Espectáculos del diario Trópico, si le interesa una entrevista con ambos personajes. “¡Pero cómo chingados no!”
–Entonces vente, estamos echándonos unos coñaquitos para el susto.
Y claro que hubo nota, incluso internacional cuando Excelsior despliegue el percance en la primera plana de Últimas Noticias.
Tanto Ángel como Jaime serán premiados por Úrsula con un beso en la boca, “por haber salvado a mi amor”.
Jaime: “Me tuve que poner en pinganillas para alcanzarla”.
Ángel: “No me lave la boca en una semana”.

Nopal

Hay conmoción en el pueblo porque un enorme nopal ha surgido de la noche a la mañana en la torre de la iglesia. Escuece la opinión del señor presidente municipal en el sentido de que la integridad del templo está en riesgo, quedando por ello en sus manos la solución del problema.
Lo primero que hace el señor presidencia municipal es llamar al jefe de Obras Públicas, que es su compadre, y al que apodan El Capichocho, porque como ese pájaro ha construido una residencia con puro objeto robado.
Ambos presentan a los pocos días un raro y complicado andamiaje de madera, que parte del piso y se eleva hasta donde ha surgido el nopal. La obra se carga al ramo 69, “de estructuras complicadas”, y es detallada por los autores:
“Por la rampa subirá un buey que se quedará arriba hasta que consuma totalmente el nopal”.
Desmiente el ingeniero Hugo Arizmendi que el constructor haya sido del Poli.

 

Y va de anécdota…

Cena cara

Cuando el periodista Jorge Joseph Piedra asume la presidencia municipal de Acapulco (1960), hará un primer berrinche al conocer el costo de una cena: la ofrecida por el presidente Adolfo López Mateos a su igual estadunidense, Dwight D. Eisenhower, en febrero de 1959.
“Están pero si bien pendejos los del hotel Pierre Marqués si creen que voy a pagarles 175 mil pesos por una cena para 50 hambreados gorrones y en la que no se sirvió champaña y tampoco coñac”. La determinación del combativo alcalde es firme e histórica. La aprovecha para denunciar las componendas de administraciones anteriores con las empresas millonarias del puerto.
Para empezar, revela las concesiones insólitas otorgadas a las empresas hoteleras en el cobro de impuestos y enumera algunas: el hotel Pierre Marqués, el de la cena carísima, pagaba una cuota única de ochocientos pesos anuales; El Mirador, 998 pesos; el Caleta, 774 pesos; Brisas Hilton, 795 pesos; El Presidente, 518 pesos; Elcano, 825 pesos. Cuotas anuales que incluían todos los servicios de la hospedería: bares, centros nocturnos, tiendas, tabaquerías, etcétera, etcétera.
“¡Cabrones millonarios abusivos, pagan más las eloteras y las tamaleras de la vía pública!”, estalla el periodista alcalde, y nadie dudará que, a partir de esa fecha, las cosas cambiarán en la Tesorería municipal.
¿Pero qué pasa? El tiempo transcurre y las cosas sobre el particular no cambian. “Ni cambiarán” , sentencia un viejo periodista que cubrió por años la fuente municipal y su revelación derrumbará las intenciones justi-cieras de JJP. Y era que los arreglos económicos entre el gran capital y el Ayuntamiento databan de 1954, cuando era alcalde de Acapulco Donato Miranda Fonseca, entonces secretario de la Presidencia de la República (1958-1964) y fuerte aspirante a su suceder a su jefe, Adolfo López Mateos.
¿Y cómo, pues?, preguntará alcalde

El mudo

Al gobernador de Guerrero, Raymundo Abarca Alarcón, le faltaba un candidato para completar “su” Cámara de Diputados. Lo escogerá, como a los anteriores, mediante un discreto sondeo personal entre sus amigos y con una pregunta única: “¿qué harías como diputado local?”.
El primero es responderla es el licenciado JL Pérezvargas, amigo y vecino, quien llega al despacho con un regalo que RAA guarda en su escritorio
–Gracias, señorgobernador, muchas gracias por tan inmerecido honor que le agradeceré mientras viva. Como le digo, será para mí un honor representar a mi partido y a mi pueblo en tan augusta soberanía y acatar todas las sugerencias que provengan de su sabia conducción política.
“Porque le digo una cosa, señorgoberador: no descansaría un minuto promoviendo leyes en favor de los paisanos más necesitados. Defendería como león los derechos humanos y combatiría como caballero águila a los corruptos Y desde luego, me guiarían los postulados de mi partido, el PRI, único emanado de la Revolución y la sabiduría de sus consejos”.

El Huevotes

Cansado de zalamerías, el mandatario estatal ordena la presencia ante él de un viejo amigo, conocido simplemente como El Huevotes, en alusión a que vendía blanquillos en el mercado capitalino. Este responde a la pregunta así:
–¡Ah, pero cómo chingaos no, Mundo!, ¡de a madres que sí, hermano! Te juro, Mundo, que le romperé la madre a cualquier pinche diputado de la oposición que se refiera a ti en malos términos. También, te juro, Mundo, que nunca abriré el hocico ante los periodistas, los pinches mitoteros que tanto te critican, Mundo, y que en la tribuna sólo leeré los discursos que tú me hagas. Antes de venir a verte le ordené a mi vieja que mande a tu casa una caja de huevos para que nunca te falten en el desayuno. Tú nomás me dices, Mundo, cuando haya que terminar un mitin de la oposición a puro huevazo… ¡y una que otra piedra, por supuesto! Otra vez, muchas gracias, hermano, me harás el hombre más feliz de la Tierra, dueño de un fuero que yo sí sabré aprovechar.
¡Y El Huevotes fue diputado!

Judiciales

–¡Pepe, Pepe, intentaron secuestrar a Javier! –informa telefónicamente una angustiada Eloína Lopez Cano de Morales al gobernador José Francisco Ruiz Massieu.
–Cálmate, Lina, cálmate y dime como pasó –responde aquél.
Con voz temblorosa, la inminente directora del diario El Sol de Acapulco narra el suceso: Cuando su esposo, el ingeniero Javier Morales Bougart, llega a su despacho, ya lo esperan tres individuos armados que intentan inútilmente someterlo. Hábilmente, él logra evadirlos para encerrarse en su privado. Dentro, marcará el teléfono mil veces antes de la llegada de Lina.
–A ver, Lina , dime: ¿tiene Javier los perfiles de sus atacantes? –indaga el mandatario.
–¡Sí, Pepe, dice que parecían policías judiciales!
–¡Pero por Dios, Lina,qué me dices, si el noventainueve por ciento de los guerrerenses tienen facha de judiciales!
¡Gulp!

Ahora se lo traga…

El presidente municipal de Acapulco, Efrén Güero Villalvazo, es defenestrado por discrepancias con el gobernador del estado, y para relevarlo, el Congreso local nombra un Concejo Municipal. Lo encabeza el licenciado Luis Martínez Cabañas, quien asume el cargo el 6 de diciembre de 1955.
Integran el Concejo Munici-pal Jesús Rodríguez López, síndico, y ediles Martín Calvo, Jesús Chucho Añorve, Francisco Chico Arizmendi y Rogelio Noriega. Este último militante del gremio periodístico (y etílico), editor de la revista Acapulco.
Temple, carácter y honestidad puso en juego Martínez Cabañas para hacer memorable su paso por la administración pública municipal. Quería demostrar, y lo siguió, que los cargos públicos son para servir a los demás y no para servirse de ellos
Enrique Díaz Clavel, reportero del diario Trópico, fue testigo de un desagradable encuentro entre el presidente municipal y un sujeto insolente, sobrado de dinero e influencias. Llega el hombre (Sujeto X) al Palacio Municipal y sin solicitar audiencia penetra al despacho del primer edil. A éste no le sorprende la actitud de aquél sujeto porque le ha tocado lidiar con los de su clase y lo atiende solícito. Le recomienda que vea al síndico procurador para que le rebaje o cancele la multa que él considera improcedente y muy elevada. Es más, le ofrece llamar a Chucho (el síndico) para pedirle que lo atienda inmediatamente.
–¡A mí no me venga con esas! –interrumpe el Sujeto X. ¡No me confunda con su gentuza a la que trae de la seca a la meca sin chistar. ¡Exijo que me atienda usted en este momento!
–Vea al síndico, por favor, él le resolverá su problema –insiste el alcalde con el rostro enrojecido y seguramente contando hasta diez.
–¡A la mierda con su síndico procurador! ¡Todos ustedes son iguales de rateros y engañabobos, y mire lo que hago con su infracción, la hago trizas, sí señor, porque para mí no tiene ningún valor y me importa madre que la vuelvan a levantar mil veces!
Convertido en un energú-meno el Sujeto X recoge del suelo las tiras de papel y las arroja a los pies del alcalde. Engallado, provoca:
–¡Ande, señor alcalde, llame a sus pistoleros para que me golpeen y me remitan a la cárcel. Pero le digo una cosa, tengo dinero de sobra para comprar prensa, radio y televisión y arruinar la carrera política de usted y los suyos. ¡Y de paso proclamar que Acapulco es una mierda!
Hombre de mecha corta, Martínez Cabañas aparenta calma aunque su rostro está al rojo vivo. Llama a su único ayudante, a quien le susurra algo al oído y en voz alta le ordena que cierre la puerta con llave.
El Sujeto X, en tanto, permanece de pie, recargado en la pared, el rostro encendido, los puños cerrados y la respiración agitada. Balbucea palabras ininteligibles. ¿Qué espera?
En tanto, el presidente municipal recoge los pedazos de papel arrojados a sus pies por el entrometido y hace con ellos una pequeña bolita como mondongo del juego de canicas. Para esto, el ayudante del alcalde ha vuelto trayendo consigo una limonada Yoli, misma que el primer edil entrega al Sujeto X, junto con la bola de papel. Lo hace con palabras que parecían provenir de Zeus Tonante:
–¡Ahora se lo traga, hijo de la chingada o de aquí no sale vivo. Tráguese su insolencia y no olvide que a la autoridad municipal de Acapulco se le respeta! ¡Y otra cosa, cabrón, te tenemos bien ubicado a ti, a tu familia, para agradecerles todas las notas que contra Acapulco publiquen los medios, a los que dices que tienes de los huevos! ¡Órale pues, puto, tráguese su insolencia!
Díaz Clavel, cronista de Acapulco por muchos años, no pudo testimoniar que el Sujeto X haya deglutido la bola de papel o que simplemente se la haya guardado en la boca. De lo que sí dio testimonio fue del Acapulco y los acapulqueños que rompieron a tiempo con los distintas formas de vasallaje, intentado en diversas ocasiones, de dentro y de fuera,

El compadre Odilón

Caminando sobre la delgada línea entre la borrachera y la cruda, un hombre llega a la redacción del diario Trópico, exigiendo la rectificación de una información aparecida ese día. Ante Arturo Escobar, jefe de publicidad estalla:
–Es mentira, señor, como dice aquí, que mi compadre Odilón Carmona haya muerto en el seno de nuestra Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, explica, mostrando el texto al que alude
–Está equivocado, señor, esto no es una información periodística –le explica Escobar. Se trata de una esquela mortuoria ordenada por la propia familia del difunto, como se estila en estos casos para informar un deceso e invitar a familiares y amigos a los rezos y misas en su memoria. El texto de la misma es el tradicionalmente acostumbrado, remata.
–Esquela o no, aquí dice que mi compadre Odilón murió en el seno de la Iglesia Católica y Romana y eso es mentira –estalla el hombre francamente enfadado. La verdad, señor, es que mi compadre Odilón murió apuñalado en la cantina El Jonuquito, muy cerca de las Siete Esquinas… ¡Eso es lo que quiero que aclare su periódico!

Bonachón

Durante la visita a México del presidente estadunidense Lyndon B. Johnson, un columnista local se referirá a él como “el presidente bonachón” que, en los talleres, el linotipista convertirá en “presidente borrachón”. Errata que no fue protestada y tampoco mereció ninguna aclaración por parte del autor, convencido, quizás, de que no haber faltado a la verdad.
Un año más tarde, cuando Adolfo Soto Edwars, autor de la columna, sea invitado por la Secretaría de Turismo a un viaje promocional a Estados Unidos, la embajada de ese país negará la visa al columnista. El rechazo vendrá acompañado de una fotocopia de la columna con la errata de borrachón por bonachón y sin ningún comentario.
El periodista intentará explicar el error, pero no será escuchado. Otra nota de la embajada gringa le aconsejará que “la fe de erratas”, debe ser oportuna”.
¡Ya ni Trump!

Cuestión de matices

La sucesión municipal tuvo en los años 60 tuvo un enfoque cromático más que político e ideológico. Fue analizado a partir de esa expectativa en una mesa del Café Tirol, junto a la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad. Se inició a partir del alcalde en funciones.
Jorge Joseph (rubicundo).
Alfonso Villalvazo Alarcón (blanquito).
Canuto Nogueda Radilla (moreno moreno).
Ricardo Morlet Sutter ( moreno claro).
Martín Heredia Merckley (moreno moreno).
Israel Nogueda Otero ( moreno obscuro).
Aquí será donde se atore el análisis cafetero. La política cromática descendente que postulaban se trunca cuando llega a la alcaldía como sustituto un blanquito, Antonio Trani Zapata
“¡No la chinguen!”, claman indignados los postulantes de la teoría política cromática descendente, “le tocaba a Pascual Capote, Chimmy Monterrey!”.
¡Cosa más grande, caballero!

 

El Abra de San Nicolás, quebrada con barreta y dinamita para airear a Acapulco

El Dr. Balmis

El reino de España ordena durante el siglo XVIII llevar a los pueblos de ultramar la prevención contra la viruela, enfermedad contagiosa que ya para entonces había provocado 60 millones de defunciones. Para la aplicación de la vacuna del inglés Jenner, de reciente creación, llega a Acapulco el doctor José Francisco Balmis, director del hospital de San Juan de Dios, a cargo de la primera misión humanitaria de la historia.
Además de un médico y una enfermera, el equipo de Balmis está integrado por 22 niños huérfanos, entre seis y ocho años, quienes mantendrán la vacuna activa durante el viaje e imprescindibles para su aplicación mediante el método llamado “brazo con brazo”.
Reunido con las autoridades virreinales, el doctor Balmis confía en que la misión logrará erradicar el mal, advirtiendo que su amenaza será permanente mientras subsistan las causas que lo propician. Y cita, como principal, la falta de ventilación provocada por los cerros que rodean al puerto. Recomendará como el método más urgente y eficaz la demolición de la muralla granítica que impide el acceso de los vientos del oeste.
Encajonado entre montañas, Acapulco resultaba un lugar insalubre y asfixiante por lo que su población mayoritaria se reducía a negros, mulatos, chinos, filipinos e indígenas. También de los religiosos y de la burocracia menor, pues la jerarquía hispana residía fuera y sólo se aparecía por los dividendos de la Feria de Acapulco

La muralla

La montaña referida por el Dr. Balmis medía alrededor de 300 metros de longitud por ocho de ancho y los trabajos para quebrarla se iniciaron en 1799. Ello, por instrucciones del virrey José Miguel de Azanza y bajo la dirección del gobernador José Barreiro Quijano. Los trabajos estarán a cargo de la población voluntaria, los soldados acantonados en el Fuerte de San Diego, además de los reos purgando condenas en la misma fortaleza. Tareas estas que pronto quedarán inconclusas por la salida del gobernador Barreiro.
Será entonces cuando la obra adquiera el nombre popular de Abra de San Nicolás, en razón de que “abra” significa, entre otras cosas, “abertura despejada entre montañas”. El nombre aludía a la parroquia de San Nicolás Tolentino, reedificada en 1647 al pie del mismo cerro, luego de ser destruida por un terremoto. Dos años más tarde, un incendio la convertirá en cenizas.
Alejandro Von Humboldt: “Durante mi residencia en Acapulco, como pasaba las noches al sereno para hacer observaciones astronómicas, dos o tres hora antes de salir el sol, cuando la temperatura era muy distante a la del Continente, sentí constantemente un airecillo que venía del Abra de San Nicolás. Esta corriente de aire es tanto más saludable cuanto que el aire de Acapulco está apestado por las miasmas”.

La Cueva del Diablo

A propósito de Humboldt, su nombres es dado hoy a la Cueva del Diablo de La Quebrada, quien sabe por qué. Esta se localiza en el espacio comprendido entre la saliente central y la plancha y su acción es constante porque devuelve el agua que chupa. Dos leyendas misteriosas se le adjudican: albergar tesoros piratas y estar conectada con el Fuerte de San Diego. Una única expedición a ella, hace diez años, reveló la imposibilidad de penetrarla por angosta y profunda .No se descartó la presencia de tesoros… más adentro.
El científico y explorador alemán atracó aquí el 22 de mayo de 1803. Recorrerá el puerto antes de partir a la Ciudad de México, pasando desde luego por Chilpancingo y Taxco. Quizás en alguno de sus escritos mencione la tal Cueva del Diablo

Los trabajos

Pasado casi un siglo, el coronel José María Lopetegui, jefe de la guarnición militar del puerto, integra una Junta Militar de Mejoras para la reanudación de los trabajos del Abra de San Nicolás, tan largamente aplazados. La primera aportación para ello será la del alcalde Antonio Pintos Sierra, amigo del presidente Porfirio Díaz, equivalente a 450 pesos. Los trabajos se iniciarán el 5 de mayo de 1886 y tendrán una duración de dos años. Los acapulqueños presumirán entonces que La Quebrada no era obra de la naturaleza sino de sus propias manos… y un poco de ayuda de las barretas y la dinamita. Dejarán de llamarla Abra de San Nicolás para referirse a ella simplemente como La Quebrada.
El primer beneficiario de los buenos aires acapulqueños será el propio coronel Lopetequi. Su casita estaba cerca del Abra y en ella descansaba meciéndose en su hamaca provocando la envidia general. Lo imitará un ingeniero de la obra de apellido Loyo, quien se hará del espacio que ocupará más tarde el hotel Villa del Mar, de doña Martha Goldin, luego convertido en El Faro de doña Rosita Salas.

Los clavadistas

José Manuel López Victoria, el cronista por antonomasia de Acapulco, escribe que “La Quebrada tienen otros atractivos que subyugan al visitante. Se trata nada menos que los proporcionados por los arrojados muchachos, quienes como pájaros vuelan en primoroso clavados y se sumergen en sus peligrosas aguas. Estos jóvenes están sujetos a durísimas pruebas para poder realizar la hazaña envidiada por todos”. Y cuenta:
“Cierta vez, arribó a Acapulco un campeón clavadista de Texas y tuvo oportunidad de conocer La Quebrada, manifestando su decisión de imitar a los muchachos morenos y sin más regresó a su hotel por el traje de baño. Era la tarde del 16 de septiembre de 1939 y en la ciudad se festejaba el aniversario de nuestra Independencia. De regreso, con las precauciones del caso, subió hasta el lugar apropiado del cerro y, para no resbalar al instante de aventarse, restregó la roca que le servía de trampolín. El campeón tejano tomó aviada hacia arriba, llevando el pecho saliente para luego extenderse buscando el descenso: pero como falló al tenderse se estrelló en el crestón de piedra muriendo instantáneamente.
“Este fue el final de un clavadista de alberca que, olímpicamente, había despreciado el esfuerzo y valentía de los pájaros humanos de Acapulco. Los muchachos que a diario se juegan la vida con el fin de ofrecer nuevos atractivos al turismo”.

Canal de aireación

Canal de aireación, denominación moderna de la abertura montañosa sugerida por el doctor Balmis, continua luego de dos siglos amainando calores y sofocos. En 1964 se convertirá en la avenida Adolfo López Mateos.

La calle de La Quebrada

La calle de La Quebrada, antigua De las Damas y Vicente Guerrero, será aplanada cuando Acapulco sea declarada capital del estado de Guerrero. Ello, durante el mandato del gobernador Silvestre Mariscal, atoyaquense profesor rural, tenedor de libros y general de “la bola”. Varios años más tarde, en 1932, será petroliza por el gobierno municipal a cargo de Carlos E. Adame, periodista y cronista de la ciudad. La plazoleta será utilizada entonces como escenario de los históricos bailes populares de La Quebrada.
Recuerda el propio Adame en su Crónica de Acapulco: “luego de firmado el Tratado de Ciudad Juárez, desfilaron por esa calle las tropas revolucionarias encabezadas por los líderes Mariscal, Tomás Gómez, Manuel Centurión, Pantaleón Añorve, Victorio Salinas, Valeriano Vidales, Pablo Vargas y otros.
En la misma arteria, esquina con Callejón del Piquete (se asaltaba con verduguillo) se localizó la botica Acapulco, propiedad del doctor cubano Antonio Butrón Ríos, constructor, siendo alcalde de Acapulco (1902), del Hospital General y de la leprosería de La Roqueta.

La Altamirano
y la Secundaria 22

Un inmueble ese que más tarde ocuparán las oficinas de Correos y Telégrafos y que al mudarse 1939 dejarán el espacio a la primera escuela secundaria de Acapulco, la número 22. Mucho antes, en 1906, se había fundado en esa misma calle la primaria Ignacio M. Altamirano, para setecientos alumnos. Frente a la emblemática institución funcionó por muchos años el Juzgado de Distrito con desempeños sucesivos de los licenciados Rodolfo Neri, quien gobernará la entidad y don Francisco Martínez Alomía, padre de Luis del mismo apellido, alcalde y notario público.
Vecinos de la Altamirano: doña Cleofas Manzo, curaba “empachos” con hojas de higuerilla, manteca y ceniza y Cleto Trujillo, oficial mayor del Ayuntamiento, vestido siempre de traje riguroso, se hizo famoso por su puntualidad. Más adelante, la empresa estadunidense Pacific Mail poseerá un enorme tanque de agua para surtir sus barcos en la bahía.

Los vecinos

Don Carlos Adame pasa revista a sus vecinos: Angel Mazzini; las hermanas Chabe y Romanita Lacunza; Lupita García, José de Jesús Nieto, Pancho Mejía y don Nicomedes Basterra. Doña Felipa Medrano, María Wilson, Miguel Guadarrama, Felipe Gómez y el fotógrafo Pepe Pintos. Mariquita Piza y Harry S. Pangburn , ex cónsul estadunidense y su esposa Conchita Batani.

Los hoteles

La calle La Quebrada se significará por su profusión de casas de huéspedes y hoteles. Don Rosendo Pintos, el cronista mayor del puerto, atenderá su hospedería La Costeña, más tarde Hotel América. El hotel Jardín, de doña Balbina Villalvazo; el hotel Ángeles, de Ángel Figueroa y Alisa Batani; el hotel Mariscal de Alfredo Hudson y Flavia Mariscal, luego Monterrey, a cargo de Alfonso Sáyago; el hotel Coral de Jesús Jiménez Márquez; La Casa Amparo, de Alejandro Batani y Amparo Borbón; La Casa Amelia de Rosendo Batani y Amelia Linaraes; la Casa Batani, de doña Chenchita Sotelo y el hotel El Recreo, del danés Elbjorn. El Mirador, de Carlos Barnard se abre en 1933, primero como bungalós y dos años más tarde se inaugura el hotel.

Tarifas y comida

Por lo que hace a las tarifas, el hotel Monterrey presumía de tener las más bajas: tres pesos diarios incluyendo los tres alimentos. La comida , por ejemplo, incluía almejas frescas, tan frescas que aún estaban vivas al servirlas. Los establecimientos de la familia Batani hicieron célebre el pescado en leche de coco (tahitiano, guinatán), elaborado por el chef Juan Batani. Helo aquí:

Pescado en leche de coco

Dos cocos.
1 kilo de pescado (blanco, de preferencia).
2 jitomates rojos.
2 cebollas moradas.
6 pimientos gordos.
2 chiles verdes (opcionales).
4 limones jugosos.
3 ramas de apio.
Sal al gusto.
Mayonesa y mostaza.

Manera de hacerse:

Se corta el pescado en pequeños cubos como para ceviche. Se muelen pimienta, ajo, sal y chile. Se exprimen los limones al pescado, junto con lo molido y se deja marinar por una hora.
Se pican la cebolla, los jitomates y el apio y se aderezan con la mayonesa y tres cucharaditas cafeteras de mostaza.
Los cocos se rayan y se exprimen añadiendo la leche a lo ya picado.
Una vez que el pescado ha reposado, se le agregan los demás ingredientes. Antes de servir se deja reposar una hora. Rinde diez porciones. Se acompaña con galletas de soda.
Würsburger Stein Sylvaner 91 (se vale un Blanc de L.A. Cetto).
(Origen y evolución del turismo en Acapulco, de Paco Escudero, QEPD).

 

Acapulco, sus políticos III

La rebelión delahuertista

El profesor Felipe Valle llega al puerto en 1923 para hacerse cargo de la Aduana Marítima de Acapulco y aquí lo sorprende la rebelión delahuertista, a la que se une inmediatamente. Rebelión contra la decisión del presidente de la República, Gral. Álvaro Obregón, de imponer como su sucesor al también general Plutarco Elías Calles.
En Acapulco, la mayor rebelión armada posrevolucionaria, con la participación de la mitad del ejército mexicano, es secundada por un denominado Movimiento Cívico. Lo integran jóvenes de familias porteñas encabezados por el periodista Carlos E. Adame y sus acciones consisten en convocar reuniones públicas para desentrañar los móviles absurdos y egoístas de la rebelión.
La carnicería orquestada por Adolfo de la Huerta, un político miserable, obtuso y ambicioso de poder, es aplastada por el presidente Obregón cuando ha cumplido apenas seis meses. Lo hace con una anticipada “Noche de los cuchillos largos”, pues en ella fueron sacrificados una docena de los más valientes y prestigiados generales de la Revolución. Los paredones se montarán en todo el país.
Acapulco no fue la excepción. Los catorce militantes del Grupo Cívico, encabezado por Carlos Adame y entre ellos Felipe Valle, son sentenciados a muerte. El puerto se estremece de angustia y dolor ante la noticia y serán vanas todas sus acciones ante el poder público para dar marcha atrás a las sentencias. Los jóvenes son arrestados y confinados en la fortaleza de San Diego.
Junto con la aprehensión, se levanta el paredón de fusilamiento en el patio de la Aduana Marítima (Plaza Ál-varez, hoy edificio Nick) y, para evitar escenas desga-rradoras con una marcha macabra, los sentenciados son llevados por la noche al sitio en el que serán sacrificados muy de mañana.
A la hora señalada, los Catorce son llevados al paredón y allí son alineados frente a una barda de adobe de una casa vecina. Darán la cara al pelotón de fusilamiento integrado por el mismo número de soldados. Lo que seguía era necesariamente la orden de fuego, pero esta, extrañamente, no se produce, aumentando tensión emocional de todos los involucrados en el drama. Pasan los minutos y el disparo unánime de los catorce fusiles no se escucha. ¿Qué pasa en el patio de la Aduana Maritíma?, es una pregunta que angustia a toda una población e intensifica su dolor pero siempre presente la posibilidad del milagro.
Y el milagro se produce cuando el general michoacano Rafael Sánchez Tapia, a cargo de la pacificación del estado de Guerrero, ordena la cancelación de la ejecución aplicada por una Corte Militar.
El suspiro profundo y emocionado de todo la población dará paso a una alegre celebración. Las mujeres proclamarán la eficacia de sus demandas a Dios, siempre por la intercesión de la Virgen de la Soledad, cuyo templo será insuficiente para albergar a la población. Este permanecerá abierto día y noche durante el dramático episodio.
En todo Acapulco se agradecerá vivamente el espíritu justiciero del general Sánchez Tapia, quien ha salvado de la muerte a los suyos, colmado por ello de obsequios materiales, que él no aceptará. A sus íntimos, el militar comentará que lo había emocionado profundamente el gesto del líder de los muchachos, Carlos Adame, quien ante él, se declaró único responsable del movimiento y pidió ser por ello el único en ser pasado por las armas. El poderoso argumento ante el alto mando fue en el sentido de que los acapulqueños nunca tomaron una sola arma y que su protesta había sido únicamente cívica.

Derechos civiles

Los Catorce perderán a partir de entonces sus derechos civiles, recuperados años más tarde, en 1928, cuando participen en las elecciones para presidente municipal de Acapulco. Llevarán al triunfo al orfebre Enrique Lobato Cárdenas, del partido fundado por Juan R. Escudero.

El Colegio Acapulco

Nuestro personaje, Felipe Valle, quien había sido gobernador sustituto del estado de Colima y director de su propio colegio, llamado Mazatlán, se queda aquí y pronto inaugura una escuela primaria con el nombre de Acapulco. Institución que provocará una auténtica revolución educativa con la creación de cursos intensivos equivalentes a la instrucción secundaria, llamados “pasantías”, mismos que permitirán que cientos de jóvenes con primaria, particularmente damas, alcancen la segunda enseñanza, sólo posible en Chilpancingo o en la Ciudad de México. La primera escuela secundaria federal se abrirá aquí en 1939.
A su muerte, el maestro Felipe Valle fue declarado “acapulqueño nato” y su nombre impuesto a la calle en la que residía.

El Charro Díaz de Lón

Jesús Díaz de León, dirigente en 1948 del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), bajo el gobierno del presidente Miguel Alemán y cuya afición a la charrería dio el nombre de charrismo a la subordinación humillante del dirigente sindical al gobierno o a los patrones, dirigió la pequeña hotelería de Acapulco.
Propietario del hotel Mallorca, rentado o regalado por el propio mandatario, mismo quien le había sugerido Acapulco para mitigar sus dolencias cardiacas, hacía gala de esa relación para comportarse como un patán. Tanto, que sus trabajadores lo calificaban de “disparatero y muy insultativo”. Y por si ello fuera poco, Charro Díaz de León era dueño de un bagaje de trucos y mañas capaces de doblegar la más firme de las voluntades. Fue así como logró el liderazgo hotelero

Agua para Acapulco

Los porteños festejan en 1960 el anuncio del presidente Gustavo Díaz Ordaz de que pronto se solucionará definitivamente el problema del agua en Acapulco. El líquido se traería del río Papagayo a través de una línea de conducción de 27 kilómetros, una obra que requeriría una inversión de 113 millones de pesos. Un proyecto aplaudido por la mayoría y cuestionado por pequeños hoteleros encabezados por Jesús Charro Díaz de León, el aludido ex dirigente del STERM. Acusa al gobierno federal “de sólo querer chingarse los millones”.
El gobernador del estado, Caritino Maldonado Pérez, va con el chisme al presidente Gustavo Díaz Ordaz y este , encolerizado, lanza mentadas de madre contra los “pinches güevones acapulqueños” y sentencia que si no quieren la obra que esta se ejecute en otra entidad. Será el propio mitotero Jefe Cari quien logre, finalmente, domeñar al gorila.
Se abrirán a partir de entonces foros de consulta sobre el proyecto, con la participación de todos los sectores de la población.

Ocurrió en el primer foro

El ingeniero Fernando Galicia Islas, gerente de la secretaría de Recursos Hidráulicos en Guerrero, abre la sesión del foro con sede en el Salón Verde del hotel Club de Pesca
Un fuerte impacto provoca en el auditorio la primera revelación de Galicia Islas, en el sentido de que el déficit de agua potable de Acapulco era de 20 millones de litros diarios, abasteciendo únicamente al 60 por ciento de la población. Enseguida ofreció detalles de la obra cuya ejecución se llevará 16 meses.
Aplausos y murmullos de aprobación por parte de la asamblea.
–¡Un momento… un momento! ¡Pido la palabra!, ¡pido la palabra!, urge perentoria una voz cascada y aflautada…¡Yo no estoy de acuerdo!, ¡déjenme hablar!
–Ya va a empezar este bribón con sus pendejadas –comenta alguien en voz alta refiriéndose al Charro Díaz de León. Y en efecto, el líder de los pequeños hoteleros del puerto empieza una perorata que sólo terminará cuando se escuchen los primeros abucheos.
El dirigente hotelero asegura, con pronunciación casi silábica, que posee estudios que aseguran que el agua del río de Coyuca de Benítez resultaría más abundante y barata que la del río Papagayo. “¡Y algo muy importante –advierte–, me aseguran que este proyecto está plagado de oscuros intereses y sucias intenciones de enriquecimiento por parte de sus ejecutores!”.
¡Pruebas!, ¡pruebas! , le exige una voz anónima.
–Ahorita no las tengo pero me dicen que los altos funcionarios de la SRH poseen compañías contratistas a las que adjudican las obras sin concurso.
Y, alzando su voz tipluda denuncia: “¡todo ello a ciencia y paciencia del jefe supremo, un tal señor Fernández, o como se llame el corrupto!”.
Díaz de León es interrumpido por una voz sonora, poderosa:
–¡Me llamo Jesús Fernández Terán, señor Díaz de León!, y soy secretario de Recursos Hidráulicos en el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz y le aseguro que nadie en la secretaría posee ninguna compañía constructora! ¡Reto al señor Díaz de León a probar su dicho!
–¡Chingada madre! –exclama el Charro fuera de sí, y pregunta angustiado: ¿Por qué ningún cabrón de mis amigos me dijo que aquí estaba este señor? ¡Que conste, yo no me referí a ninguna persona en particular y pido perdón si mis palabras ofendieron a alguien… ¡pero mejor me voy mucho a la chingada!
¡Y se fue entre abucheos y carcajadas!
El secretario Hernández Terán había llegado de incognito a la reunión, advertido de la clase de gente que se oponía a la obra, misma que concluirá en 1970 para beneficiar a 375 mil acapulqueños.

Don Donato

¡Cómo disfrutó el chilapeño Donato Miranda Fonseca, secretario del presidente Adolfo López Mateos, humillando a sus enemigos políticos, haciéndolos auténticamente zurrar verde de puro coraje! A unos les desbarató de un plumazo importantes proyectos de vida y a otros más los arrinconó para llevarlos con él al ostracismo.
Su más cruel y diabólica venganza será contra la clase política de Guerrero, forjada en batallas azarosas enarbolando la bandera priista, imponiendo a un don nadie en la política fue la imposición del dr. Raymundo Abarca Alarcón, como gobernador de Guerrero, cuya máxima aspiración de vida era ser delegado del IMSS.
A la proclama de Miranda Fonseca de “¡El estado soy yo y no le busquen más, cabrones!”, vendrá el repliegue de los clanes históricos. Marcharán arrastrando adargas y cobijas los Maldonado Pérez, los Román Celis, los Román Lugo, los Píndaros Urióstegui, los Osorio Marbán, los Ochoa Campos, los Fuentes Díaz, los Figueroa Figueroa y otros de menor nombradía. Todos con una rogativa guadalupana: “Que no llegue a la presidencia de la República tamaño hijo de Chilapa!”.
¡Y no llegó y algunos de aquellos volvieron!

 

Acapulco, sus políticos II

Filiberto Vigueras

El senador Filiberto Vigueras Lázaro, líder máximo de la CTM en la entidad, dueño de residencia con alberca en la sedienta Tlalchapa y aspirante a gobernar Guerrero, recibe en la sede de su organización a quien le ha ganado la partida y ya es precandidato priista al cargo. Le ofrece:
“Quiero decirle que nuestra poderosa central obrera es la primera, de las tres poderosas columnas del PRI, en hacer suya la candidatura de un acapulqueño de gran prosapia. Un intelectual con talento e inteligencia que diseña una nueva forma de hacer política en México y cuya trayectoria es impresionante pese a su juventud. Me refiero, compañeros cetemistas, al licenciado… al licenciado… (Vigueras, el rostro perlado de sudor y los labios temblorosos, es víctima de un ataque de tos que solo termina cundo uno de los suyos le acerca un vaso de agua. Un trago y reanuda su perorata)… el licenciado ¡Francisco Ruiz Massieu! José Francisco Ruiz Massieu quien, con el voto de los trabajadores cetemista, será el próximo gobernador de Guerrero!

El pequeño gigante

Cuando Ruiz Massieu vuelva a la CTM ya investido como candidato oficial del PRI al gobierno de Guerrero , Vigueras no olvidará su nombre pero sí endilgará un discurso zalamero que tendrá un colofón estremecedor:
“Quiero decirle, compañero Ruiz Massieu, que es usted el pequeño gigante de la política en Guerrero”.
Ese mismo día , durante la sobremesa en Las Brisas, los amigos íntimos de Pepe, como le llaman todos los futuros secretarios de gobierno, comentan el discurso de Vigueras y se hace hincapié en la frase “el pequeño gigante de la política”. “Una apreciación popular, acertadísima viniendo de un pueblo que ha sido gobernado por analfabetas e incluso criminales”, comenta doctoralmente uno de ellos. “¡Bah, son solo zalamerías de líderes arrastrados”, opina otro y uno más preguntará ¿“qué otra cosa puede esperarse de un líder deshonesto y obtuso como Vigueras?”. Y le llega el turno a quien es tenido como el más tortuoso del círculo.
Este se dirige al candidato para reprocharle: “sólo faltó que el pinche Vigueras te mentara la madre, Pepe, y tú hasta lo abrazaste”.
“¡Explícate!”, le exige el aludido.
¡Puta… pero qué lentos están todos ustedes, carajo! ¿Acaso no entendieron el significado de la calificación de “pequeño gigante de la política”? ¡Por favor, empápense del lenguaje críptico que tendrán que descifrar durante toda la campaña. Vean si no tengo razón:
¿A quién se le llama ahora mismo “el gigante de la canción? ¡A Nelson Ned, no! Un cantante brasileño que apenas levanta un metro diez centímetros del suelo, ¡un enano, pues!..!

¿Y…?

¿Todavía no agarran la onda? El ojete de Vigueras te dijo enano en tu cara, Pepe. ¡Enano, Pepe!

Lamento chilpancingueño

No obstante haber sido un crítico virulento durante la campaña electoral del gobernador de Guerrero, profesor Caritino Maldonado Pérez, un famoso columnista político de la entidad le solicita una entrevista a pocos días de su toma de posesión.
–¡Ya ni la chingas con tus embajadas!, Pollo, reprocha el mandatario a su secretario particular, profesor Leopoldo Castro. ¿Te parece poca toda la mierda que me aventó en campaña ese mercenario hijo de puta?. ¿crees que voy a olvidar que el bastardo se metió incluso con mi familia? ¡Dile que se vaya inmediatamente a chingar a su puta madre, si no quiere que salga ahora mismo a partírsela!
–Pero, señor, gobernador, la libertad de expresión, el cuarto poder… –balbucea tímidamente el secretario.
–¡Libertad de expresión… cuarto poder… mis talegas!. ¡Si no sales a decirle que digo yo que se vaya mucho a chingar a su madre, tú te vas con él! –sentencia el hombre de Tlalixtaquilla.
Incapaz de una acción de tal naturaleza, pero ingenioso, Polo Castro consigue el matiz perfecto para el bilioso recado de su jefe.
–Mi querido periodista y amigo, ¿que cree? El señor gobernador recibe en este mismo momento una llamada telefónica de la presidencia de la Republica. Y por ello que se LA MENTÓ MUCHO no poder atender al columnista más leído de Guerrero, ofreciéndole un pronto encuentro.

Sornis, jefe

El general Miguel Z. Martínez, comandante militar de Acapulco se pasea por su despacho como león enjaulado y a cada vuelta golpea sus botas federicas con el fuete que le es imprescindible. Está lo que se llama encambronado por la tardanza de un pedido de llantas para su auto particular. Tiene enfrente al soldado encargado de esos menesteres, a quien le reprocha:.
–Acabo de recibir un telegrama en la que se me dice que las llantas debieron llegar hace una semana y usted me sale que con que no. Aquí alguien miente y quien lo haga la pagará muy caro..
–Perdone, mi general, es cierto, hace una semana llegaron unos bultos que, efectivamente, me negué a recibir por la sencilla razón de que no venían a su nombre, mi general sino de otro… ¡Déjeme ver, señor, lo anoté en este papel. Aquí está:, venían a nombre del GENERAL POPO, mi general. (¡pum!).

La matanza de Chilpancingo

La revista Siempre , entonces la publicación más influyente de México, editorializó la matanza de Chilpancingo de 1960. El semanario dirigido por José Pagés Llergo, dijo sobre el suceso:
“Que decir ahora, cuando la bárbara irresponsabilidad de las autoridades del estado pone al ejército en el extremo de disparar contra sus hermanos del pueblo. ¿Cómo restar importancia al hecho atroz de que trece mexicanos hayan quedado muertos sobre las calles de Chilpancingo? ¿ Cómo librar de culpa a un gobierno , cuyo único representante en la capital, el procurador Xavier Olea Muñoz, actúa como un fascista enloquecido y no retrocede ante las peores barbaridades.
Cosa de la política mexicana y la desmemoria. El “fascista enloquecido” será designado quince años más tarde (1 de febrero de 1975) gobernador de Guerreo en sustitución de Israel Nogueda Otero,
Eran tiempos aquellos en los que los grandes tabús para los medios era la virgen de Guadalupe y el Ejército Mexicano, en ese riguroso orden.

Cárdenas y los tiburones

El general Lázaro Cárdenas estuvo ligado a Acapulco a través de muchas afectos personales y entre otros los de la familia de doña Juana Quiroz Márquez, propietaria del restaurante Eréndira en la playa de Caletilla, mismo nombre de la casa de campo del militar, en Patzcuaro, Michocán. Será doña Juana la que sirva mojarras y ojotones con morisqueta, acompañados con salsa de chile verde molcajeteada.
Un día de 1934, en plena campaña por la presidencia de la República, el general Cárdenas se da un tiempo para nadar y comer en Caletilla. Satisfecho, el candidato del PNR a la presidencia del país se procura una silla de playa e invita a platicar al joven diputado Alejandro Gómez Maganda, que lo acompaña. Poco durará aquella conversación cuando el candidato se vea rodeado por políticos locales. Uno de ellos, lisonjero como pocos, exalta la temeridad del señor presidente de nadar plácidamente en un mar proceloso plagado de tiburones.
El hombre de Jiquilpan no lo saca de su error para mayor contundencia de su respuesta:
–¡No se crea, señor licenciado, los tiburones a los que hay que temer no están en el mar sino aquí mimo, en la tierra!

La paloma de la paz

Circuló en Acapulco, allá por los años sesentas, una cadena dedicada a la paloma de paz, tan exaltada por los países bélicos:

La paloma es el pájaro de la paz
La mujer es la paz del pájaro
Los viejos tienen el pájaro en paz
El soltero no deja el pájaro en paz
La solterona no conoce la paz ni al pájaro.
La viuda puede vivir en paz sin el pájaro
Si no sigues esta cadena vendrá el pájaro y no te dejará en paz.

 

La reina Juliana

ACAPULCO, SUS POLÍTICOS

 

La reina Juliana de los Países Bajos y su esposo el príncipe Bernardo de Lippe estuvieron en Acapulco –abril 1964– como extensión de su visita a la Ciudad de México. Allá fueron recibidos con gran boato por el presidente de la República, Adolfo López Mateos, y su esposa Eva Sámano. Atendidos aquí por el alcalde, doctor Ricardo Morlet Sutter y su esposa Conchita Macho.
A la soberana se le cumple el deseo de conocer todos los sitios emblemáticos de Acapulco , que ha admirado desde siempre a través del cine, la televisión y los medios impresos. Sucederá entonces que el príncipe consorte no podrá acompañar a su reinita, como los llamó un columnista de sociales, quejándose de que algo del desayuno le había caído mal. Atento, el alcalde le hace llegar una dotación de sal de uvas Picot.
Falso de toda falsedad, Bernardo escapa de la comitiva real para cumplir un propósito personal y por el que había sugerido viajar a este puerto, al que, misteriosamente, visitaba por los menos dos veces al año al mando del yate real. Aquí, en un primer viaje, el príncipe había pedido la recomendación de un hombre conocedor del mar, honrado, valiente y discreto en quien confiar la embarcación de la Ñora.
Las hubo varias y todas coincidentes: Hilario Martínez, Perro Largo, el mejor buzo del puerto, quien acepta desde luego con este comentario: ahora seré el conde de la Roqueta.
Cuando Bernardo llegue al lugar convenido y por el que había cometido un desaire real, ya lo esperaba su pistolero el Perro Largo, quien le rinde un breve informe de los sucesos ocurridos en su larga ausencia. Este lo felicita afectuosamente con abrazo real y toda la cosa. Ambos se dirigen luego a un lugar sólo conocido por ellos y otra persona del sexo femenino. Y es aquí donde detona un escándalo que, en manos de las patys chapoy del mundo, hubiera convulsionado al planeta entero. “El príncipe Bernardo engaña a su reinita con una dama acapulqueña dedicada a la prostitución” (¡oh my God!). Una trama conocida sólo por los implicados y por tanto calificada como imposible. A ella se le describía como una mujer morena de belleza deslumbrante y, lo principal, un cuerpo de formas rotundas. Y discreta, por supuesto. Laborando en la Casa Rebeca había ascendido a directora de algo, lo que le evitaba practicar el oficio más viejo del mundo, en un estableci-miento dedicado obligadamente a su práctica.

La Casa Rebeca

La Casa Rebeca era un establecimiento hermanado con otros conocidos popularmente como lenocinios, prostíbulos, burdeles, lupanares, mancebías y congales, atendidos por putas, prostitutas, rameras coimas, zorras, hetairas, mesalinas, etc, etc. Nunca logrará desligarse de ellos con su denominación de “casa de citas”. Discreto, eso sí.
Durante la recepción en el aeropuerto de la reina Juliana y su esposo el príncipe Bernardo, doña Juana Quiroz, un personaje icónico del puerto, la llama Reina con nombre de sopa (repollo, nabos, apio, puerros y pimienta negra) que luego ofrece en su restaurante de Caleta.
Allá mismo, los grupos porriles del PRI serán reconvenidos cuando lancen sus consignas de
¡Vivan los reyes de la república de Holanda!
–Holanda no es una república, los reprende su líder, y ellos corrigen inmediatamente.
Vivan los presidentes del reino de Holanda.

La clave

La presunta amante del príncipe Bernarado de Holanda nunca fue llamada por su nombre, fue simplemente Mooi, palabra que significan hermosa en Neerlandés.
Una historia poco convincente armada únicamente para denigrar a una soberana.

Catarino y Caritino

El locutor Calleja se entrena como animador de eventos políticos en la campaña del maestro Caritino Maldonado Pérez, para gobernador de Guerrero (1969-75). Para apantallar a la paisanada Calleja había hecho acopio de frases contundentes y pensamientos revolucionarios espigados de libros del maestro Jesús Reyes Heroles.
La Revolución Mexicana y el pensamiento de sus caudillos –dirá en una concentración en Iguala– serán la inspiración de nuestros caudillos para enfrentar los rezagos históricos de Guerrero. Señoras y señores, compañeros de partido, con ustedes el senador Catarino Maldonado Pérez (atrás,voces desesperadas le urgen: ¡Caritino, Caritino!,¡Caritino!
¡Perdón, Ca-ri-tino Maldonado Pérez, Ca-ri-ti-no Maldonado Pérez!
¿Quien le dio a ese pendejo en el micrófono?, indaga molesto el candidato priista, pero no dicta ninguna medida drástica y era porque la multitud festejaba el gazapo del locutor. Incluso sonríe. Ya a bordo del camión, de regreso a la capital, el jefe Cari, como es conocido el candidato, acepta las disculpas del locutor con un nomás no se me desapendeje, chamaco.
Y Calleja cumple con la recomendación caritinesca, pues en siguiente mitin de priistas volverá a llamarlo Catarino, pero esta vez el candidato no contendrá su indignación gritándole: ¡Catarino tu chingada madre, pendejo!
El jefe Cari tenía muy presente el paso por los escenarios metropolitanos de un cómico llamado Don Catarino, cuya especialidad era el albur, el retruécano y sin ningún respeto para funcionarios públicos y políticos. Le preocupó entonces que aquella trasposición de nombres lo estigmatizara para siempre.
El locutor Calleja quedó, ahora sí, a la vera del camino.

Materialismo

Durante reuniones cuyas prioridades era la conversación, escuchar música y escanciar néctares de la vid y de la caña, Toño Pintos Carballo solía caer en disquisiciones profundas. Sus temas preferidos se referían al materialismo histórico y al materialismo dialéctico.
Lo redimía su buen pulso para el piano y su repertorio inagotable Una noche, sin embargo, un debutante de aquél grupo interrumpirá a Toño con voz grave y enérgica:
¡Apantallarás a tus pendejos, pero a mi no, porque te digo una cosa Antonio Pintos, quizás yo no sepa mucho de comunismo ni de todas tus pendejadas, pero tratándose de materialismo te vas a chingar conmigo. Retirada en silencio.
¿Quien era tamaño bellaco? El hombre dejó una tarjeta de presentación: Arturo Benítez Huerta, presidente de la Unión de Camiones Materialistas de Guerrero.

El señor diputado

Al término de una jornada particularmente intensa, el presidente del Comité Municipal del PRI en Acapulco indaga si hay alguna persona en la sala de espera.
Está aquí desdendenantes el señor Julián Reséndiz, quien tiene varios días viniendo, le informa la secretaria.
¿Julián Resendiz?… ¿Julián Resendiz?…. No me suena pero de todos modos hazlo pasar, ordena.
¿Lo hice esperar mucho, compañero?, indaga el diputado haciendo tiempo para recordar aquel rostro. Le pido disculpas si así fue, pero usted sabe el proceso electoral se nos vino encima y entonces hay que trabajar las 28 horas del día.
Maldita la gracia que le hace al hombre el gracejo del dirigente, dedicado como está a sacar hojas y más hoja de su portafolios.
El líder priista no para. Que bueno, compañero que ya trae las firmas para su registro como candidato a diputado, mismas que le ruego conserve hasta que el Consejo Político asigne las diputaciones. La suya, mi amigo, está segura y sólo faltará la asignación del distrito que le tocará defender con la bandera de nuestro partido.
El visitante no soporta más la perorata del diputado y decide ponerlo en su lugar identifi-cándose como simple cobrador de la imprenta La Eme, a la que el PRI de Acapulco debe toda la papelería de la campaña pasada.
¡Gulp!

Lógica

El alcalde de Acapulco acepta inaugurar y clausurar un Congreso Médico Estatal programado para celebrase en esta ciudad, declarándose honrado por la invitación. Llegado el día del evento, nuestro hombre llega al mismo vistiendo inusual traje de casimir y tocado con sombrero Tardán. Llegado el momento se instala tras el micrófono y con voz aguda pero engolada proclama:
Hoy, siendo las tantas horas del día tantos declaro inaugurado y al mismo tiempo clausurado el Congreso Médico Estatal, agradeciendo a sus componente haber escogido Acapulco para celebrarlo.
Ante la mirada de reproche de los congresistas, el señor presidente municipal explica:
Es que no voy a estar aquí el día de la clausura.

 

Acapulco, sus personajes pintorescos

Acapulco, como segu-ramente otros pueblos del mundo, han ge-nerado a lo largo de sus deve-nires a personajes significados por diversas particularidades, mismas que los convierten en sujetos pintorescos. Como estos:

Nicolasa

Instalada en la banqueta poniente de la plazoleta Juan R. Escudero, la sanjeronimeña Nicolasa Ruiz cantaba todos los días a cambio de unas cuantas monedas. Lo hará ante escenografías cambiantes durante medio siglo: la tienda Las Tres B, la zapatería de don Jesús Duque, una casa de pinturas y una tienda de ropa.
Mujer pequeña, de rostro áspero y ojos saltones sin vida, cantaba a capela con voz rasposa como lija. Su repertorio era vastísimo y lo consumía sin descanso Sus preferidas: Camioncito Flecha Roja, El botecito, Tierra Colorada y El Barrilito.
Nicolasa era llevada a su escenario y recogida más tarde por un familiar. Un día faltará para siempre.

Judas

Por su apodo, Judas, cualquier extraño pudo haber pensado que Serapio Mejía había cometido un traición infame. Todo lo contrario, se trataba de un hombre tan bueno como el pan. El apodo le venía por su personificación de Judas en la Pasión de Cristo, presentada cada Semana Santa en la parroquia de la Soledad, mismo que tendrá como penitencia de vida.

El Poquito

Así llamaban todos en el puerto a Espíritu Godínez, un hombre pequeño que se arrastraba con una movilidad asombrosa por toda la ciudad, cubiertos codos y rodillas con protectores de cuero. El Poquito trenzaba sombreros de cerda en la banqueta de la ferretería Muñúzuri, aunque no era extraño verlo en el Mercado Central . Quienes lo conocían le sacaban la vuelta por su carácter irascible, sabedores, además, de que tenía en su haber dos agresiones con arma blanca. Una tercera, mortal, le tocará a él.

Esmeralda

Esmeralda fue un personaje de la Semana Santa acapulqueña. Breve y seca, declamaba imitando a Bertha Singerman, famosa declamadora argentina. No obstante que carecía de incisivos superiores, su voz era clara y la dicción perfecta. Se vestía estrafalariamente con tules y tafetanes y se pintaba ojos y mejillas con exceso.
Con el poema Reír llorando, de Juan de Dios Peza, lloraba y hacía llorar, logrando la atmósfera precisa para el insospechado final: “¡Yo soy Garrik, cambiadme la receta”!, presentándolo novedoso en cada ocasión.

El carretonero

Acapulco en el umbral de los años 20 no tenía problemas con la limpieza de las calles porque las familias barrían y regaban sus frentes domiciliarios desde tem-prana hora. Quienes acostum-braban a quemar su basura lo hacían con la seguridad de que don Alberto Jiménez recogería más tarde los desechos. O Betus, como se le llamaba cariñosa-mente al operador del carretón oficial, tirado por una mula.
Betus presumía no escuchar quejas por fallas u omisiones en el servicio. Y decía la verdad: eran tan sordo como una tapia. Si escuchará, en cambio, la campana del primer camión, marca Reo, adquirido en 1927 por el Ayuntamiento para el servicio de Limpia de la ciudad. Entonces don Alberto se irá a su casa con el orgullo de haber sido el primer carretonero de Acapulco…
La recolección de basura en la ciudad data de 1670, cuando se pone en servicio la primera carreta jalada por mulas, bautizada desde entonces “carretón”, como no faltan hoy quienes llamen así a los sofisticados Mercedes Benz de Saneamiento Básico.

La Ñeca

Por su hermosura, Adelina Torres se ganó desde niña el mote de La Muñeca, mismo que la acompañará hasta la edad adulta contraído simplemente a La Ñeca. Extraviada de sus facultades mentales a causa de un desengaño amoroso, se decía, Adelina se aferrará ya anciana a una juventud y belleza dejadas muy atrás.
Cubierto el rostro con gruesas capas de maquillaje –los labios y las mejillas coloreadas al rojo fuego– vestirá ropajes ampones de tafetanes y encajes. Sus vestidos lucirán obscenamente un jeme arriba de las rodillas y los moños multicolores nunca faltarán en su pelo rizado.
Acapulqueña, hija el terrateniente Patricio Torres, de cuya fortuna era heredera universal, alcanzando la distinción social más importante de su tiempo: el reinado de las fiestas de Carnaval. Sin duda entre las damas más asediadas del puerto, aunque con la fama de sólo atender los requiebros de los galanes españoles. Estos preferían la sangre azul de sus paisanas.

El Pájaro

Visitante semanasantero de Acapulco, como Esmeralda, El Pájaro imitaba animales y su numero favorito era el de un pollito asustado. Piaba dramáticamente señalando los pies de su víctima, obteniendo casi siempre la reacción esperaba. La personas señalada brincoteaba preocupada creyendo estar pisando efectivamente a un pollito. No faltarán damas que lo persigan a sombrillazos.
El cierre de las actuaciones de El Pájaro era una ópera pollina: rebuzno y gruesas trompetillas.

Malaca

Malaca era un invidente vendedor de billetes de la Lotería Nacional, quien nunca se quejó de trampa o robo y tampoco nunca fue acusado de lo mismo. Recorría buen parte de la ciudad sólo acompañado por un grueso bastón. Presumía haber hecho con sus billetes a varios porteños por lo menos riquillos. Él mismo se reía de los chistes a su costa, como ese que preguntaba:
–¿Cómo saluda Malaca cuando pasa frente a la pescadería El Barco?
–¡Adiós , muchachas!

San Pedro

Apena era avistado Pedro X en las cercanías de alguna escuela primaria, surgía de inmediato un coro monumental de voces infantiles con el pregón: “¡Ya San Pedro se quedó pelón!, ¡ya San Pedro se quedó pelón!”, siempre listos para la intensa corretiza acompañada con sentencias bíblicas:
“Muchachillos maldecidos, hijos de Malaquías. No corran, judas cobardes, párense y peleen como Sansón!”, demandaba blandiendo su bastón, un pedazo de varilla corrugada. En ocasiones hacía aparecer una resortera dotada de piedras contenidas en un morral bajo el hombro, la que disparaba sin apuntar a nadie.
La escena era frecuente a la salida de clases de las escuelas Altamirano y Acosta, aunque el hombre recorría otros planteles fuera del centro de la ciudad. Nunca se supo de ningún niño lastimado.
Era San Pedro un hombre de edad avanzada, moreno, alto y erguido, calvo con un rodete de canas. Vestía de blanco y no usaba zapatos y se le acusaba de cosas muy feas y tenebrosas. Por ejemplo de que, antes de perder la razón, era sumo sacerdote de una secta diabólica en cuyo ejercicio había asesinado a una mujer, delito por el que había pagado con varios años de cárcel.
San Pedro desaparecerá de un día para otro y entonces las salidas de clase no tendrán la emoción de antes.

Bache Valencia

No de Acapulco, pero sí de Tecpan de Galeana, Basilio Bache Valencia, será a la mitad del siglo XX una versión corregida y aumentada de Martín Garatuza. Sus muchas pillerías, en México y fuera de México, darían para una enciclopedia, aquí sólo una probadita:
“Un disfraz favorito de nuestro personaje era el de ingeniero, tanto que se dice que, en la República de Venezuela, habría usurpado con tal título un importante cargo burocrático”.
Provisto de un teodolito, Bache se instala en un crucero importante de Acapulco para ejecutar con grandes voces y aspavientos cálculos y mediciones
–¡A la derecha, un poco más a la derecha –ordena a su ayudante, que porta la regla.
–¡Cuando digo a la derecha es a la derecha, muchacho pendejo! –vocifera el ingeniero con botas camineras y salacot.
Al poco rato Bache estará rodeado de vecinos indagando de qué se trata todo aquello, preocupados justamente por la integridad de sus propiedades
–¡Pinche gobierno ratero! –estalla uno de ellos sin saber de qué se trataba todo aquello.
Será entonces cuando el tipógrafo informe secamente al vecindario que lo rodea: se trata de un proyecto de ampliación de vialidades, confirmando las sospechas de aquellos, aunque advierte que no todo está perdido, sentenciando que sólo la muerte no tiene remedio.
Uno de aquellos propietarios hace un aparte con Bache y cuando regresan este lo acerca al teodolito y le pide mirar la toma comentando: “¿No le dije que libraba su propiedad? ¡La libra porque la libra! Y seguramente librará las de todos los demás”.

El Espanto

Mejor conocido como El Espanto, por no haber exageración en el apodo, Moisés González fue un personaje típico de Acapulco, famoso por sus excentricidades. Amigo de artistas, intelectuales y millonarios, participó en calidad de Rey Feo del Carnaval de Acapulco y como tal paseó por el Zócalo llevando del brazo a la propia María Félix.
El Espanto escandalizó en otro ocasión a la high society nopalera como invitado a un festejo de su amigo Carlos Trouyet, acaparando las páginas de sociales de la prensa nacional. Vestía smokin, como lo exigía la celebración, Una etiqueta incompleta, ciertamente, porque estaba descalzo o, como aquí se dice: con las patas a ráis.
El magnate telefónico celebró ruidosamente los que calificó como puntada de El Espanto, aunque no lo era. ¡Y era que Moisés González nunca había usado zapatos!

 

Reloj no marques las horas… El del Palacio Municipal y su escalofriante tin tan

El campanario del reloj del Palacio Municipal de Acapulco sonó por primera vez a las 11 de la mañana del 16 de septiembre de 1910. Ello en el marco de los festejos del centenario de la Independencia nacional. Al inaugurarlo, el alcalde Nicolás Uruñuela agradeció emocionado el donativo de los hermanos Nicola y Rómulo Allegretti Crushani, italianos radicados en el puerto.
Uno de ellos, Nicola, contraerá matrimonio con la acapulqueña Enriqueta Billing Diego, hija de doña Catalina Diego y un caballero inglés. Procrearán una gran familia: Rómulo, Remo, Roma, Enrique e Hipólita.
El alcalde Uruñuela no escatimará recursos para dar al obsequio un albergue digno y lo suficientemente elevado para ser consultado desde los cuatro puntos cardinales. Lo será una torre de 8 metros de alto instalada en medio del Palacio Municipal (un largo caserón de adobe con techumbre de teja), antiguo convento de la orden religiosa de los Franciscanos descalzos). La calificación popular será positiva.
Las cuatro carátulas del reloj eran de porcelana blanca con los número romanos en negro. El sonido de su carrillón se escuchaba claro y brillante hasta la última morada de la ciudad. Un tin-tan brillante equivalía a 15 minutos y cuatro a la hora exacta tocada por una campana de sonido muy grave. Alguien llegó a compararlo con el Big Ben de Londres, sin nunca haberlo escuchado, por supuesto. Cuando la maquinaria del reloj se paralice por algún desperfecto, cosa frecuente, la vida del puerto se trastocará y en particular la puntualidad en las escuelas Altamirano, Manuel M. Acosta y Jardín de niños Morelos.

El ciclón

El tiempo seguirá su marcha y el reloj de palacio la marcará puntualmente. Así, llegamos al 12 de octubre de 1912, una de tantas fechas negras para Acapulco. La ciudad es azotada por la furia de un huracán cuyos vientos lo derriban todo a su paso. La torre del reloj se desploma convirtiendo la maquinaria en añicos. Vuela la techumbre de la parroquia de La Soledad y se precipita la del mercado Zaragoza (hoy plazoleta Escudero). Ante el fuerte oleaje sucumbe el muelle de madera (malecón) y las embarcaciones vuelan tierra adentro. Y, por si fuera poco, el desbordamiento del río Grande (Aguas Blancas) lo inunda todo.
Frente a la terrible devastación del fenómeno natural, brillará una vez más la sabiduría acapulqueña al respecto: “Los ha habido piores y más piores los habrá”.

¿Y el reloj?

¿Y la maquinaria del reloj?, será la pregunta obligada al volver la calma.
Fue enviada a la Ciudad de México para su compostura en la joyería La Esmeralda, se informó y hubo quienes lo dudaron.

Vino el remolino y nos alevantó

La guerra no mata al tiempo, pero lo hace cruel e insoportable. Acapulco se convierte en encrucijada de todas las banderías revolucionarias. Los revolucionario de Acapulco y ambas costas contribuyen en gran medida al triunfo de la Revolución
Cuando vuelva a hablarse del reloj de palacio, las niñas nacidas durante su instalación estarán cumpliendo sus 15 primaveras, como dicen los cronistas de sociales.

Consejo municipal

Antes de ser derrocado por un golpe militar, el gobernador Héctor F. López había nombrado un nuevo Consejo Municipal de Acapulco, a cuyo frente estaba Manuel López López. Comuna en que Jorge Joseph Piedra, alcalde muy querido de Acapulco (1960) había figurado como “meritorio”. (persona que trabaja sin sueldo para ser méritos para obtener una plaza remunerada). El mismo recordaba como mecanógrafa del Cabildo a la señorita Edelmira de la O Téllez, más tarde casada con el mecenas deportivo Crescencio Medina Retana. Padres de Horacio, Alejandro y July. Tíos del ex alcalde Rogelio de la O Almazán.
La designación de síndico y regidores acapulqueños, honestos todos, hablaba de que no todo estaba perdido para la ciudad y puerto (así titulé una columna periodística durante varios años). Los ediles fueron José Tellechea, Pedro Mazzini Piedra, Juan H. Gómez, Francisco Farías y Benjamín H. Luz. Ocupa la sindicatur Rosendo Pintos Lacunza, hijo de don Antonio Pintos Sierra, alcalde bien recordado por los porteños.
Y será Pintos Lacunza, precisamente, quien recupere el reloj de palacio. Pronto caerá en sus manos el recibo expedido por la Esmeralda de México y con ello la recuperación de la joya helvética será fácil aunque no gratuita.

¡Fuera!

Al síndico Pintos, a propósito, le tocará, por órdenes telefónicas del presidente Álvaro Obregón, echar a la calle de su curato a los sacerdotes de la parroquia de La Soledad. Un inmueble que pertenecía a la Escuela Primaria M. Acosta (hoy, biblioteca Alfonso G. Alarcón). Dicha institución ocupa hoy el terreno donde nació en 1939 la gloriosa Secundaria Federal número 22 .

Vuelve el reloj

Incluso la niñez del puerto tuvo una importante participación en la recuperación del reloj de palacio, según refiere Luz de Guadalupe Joseph, En el viejo Acapulco. Un alegre carnaval infantil generó la suma de 500 pesos para la causa. La reina del festejo fue la niña Amparito Otero.
Un reloj renovado ocupó entonces una torre amplia y sólida en el mismo lugar del Palacio Municipal. Tocará las 12 campanadas para despedir el año 1927, en medio de un jolgorio por su recuperación. Unida, la celebración por la apertura de la carretera México-Acapulco, apenas el 11 de noviembre anterior. A partir de entonces, serán extremos los cuidados de la gente al transitar por las calles de la ciudad. Y es que circulaban por ellas ¡12 automóviles!, (hoy, ¿un millón?).

Mantenimiento

Después de tantas vicisitudes, el Cabildo se verá en la necesidad de crear el nuevo empleo de “encargado del reloj público”. Lo ocuparán, sucesivamente, Benjamín H. Luz Cárdenas, Eduardo H. Luz Castillo y don Julio Vélez, este último maestro de carpintería hasta su muerte de la Secundaria Federal 22.

El reloj sin palacio

Los sismos constantes determinarán la desocupación en los años 50 del Palacio Municipal. Se mudará al inmueble ocupado por un mercado en las calles Arteaga y Aireación, construido por el alcalde Ismael Valverde (hoy CAPAMA). Quedarán en el viejo edificio, ya muy afectado por los sismos, los juzgados, el MP, la Policía Judicial y la cárcel municipal. Y el reloj funcionando como nunca.

La lapidación

Será entonces cuando el reloj de palacio sufra los embates más severos, esta vez por parte de la población carcelaria cuyo patio de recreo veía la cara norte del reloj. La lapidación con piedras será casi cotidiana (sacos de piedra comparados a los carceleros), hasta lograr la desaparición de la carátula e incluso horadar la estructura de la torre.
El Hihueputa, por ejemplo, un sentenciado a 15 años de prisión por el asesinato de su suegra, por negarse a compartir el lecho nupcial, anunciaba su inminente suicidio. “Y es que, clamaba, no podré vivir 15 años sin volverme loco eescuchando día y noche el tin tan de ese pinche reloj de palacio. ¡Malhaya quien lo haya arreglado!
Un anticipado, sin duda, a Roberto Cantoral cuando demande: reloj no marques las horas porque voy a enloquecer.

Nuevo Palacio Municial

La interrogante sobre el reloj seguirá vigente cuando el viejo Palacio Municipal sea demolido para dar paso a un edifico moderno, circular y muy funcional, concebido por el joven arquitecto Emilio Pineda Gómezcaña.
Entonces, a la sola mención del reloj de palacio, se hablará de la concepción de una torre modernista dotada de un reloj suizo con carátulas modernista y como remembranza dos de las del reloj de palacio.
La oba palaciega iniciada el 30 de agosto de 1970, siendo presidente municipal Israel Nogueda Otero y director de Obras Públicas el ingeniero Alexis Iglesias Soto, con Chacho Ortiz Castellanos, su segundo, se concluirá 15 meses más tarde. Esta vez bajo la presidencia municipal de Antonio Trani Zapata.

 

El tequila hecho canción III

¡Salucita! Iniciamos esta tercera y última entrega con un sencillo método para ingerir tequila, creado y practicado allende el Bravo:
Se humedece la piel de la mano con limón, entre el dedo índice y el pulgar, y se espolvorea sal sobre la zona húmeda. Se bebe el tequila y se chupa la sal y el limón de la mano.
El porqué:
La sal intensifica el sabor del destilado para degustarlo mejor, el limón, por su parte, limpia inmediatamente el paladar . De esta manera se reduce el sabor excesivo del alcohol.
Salute.

Tequila con limón
y un poco de ron

Así repetían una y otra vez Los Juniors, roqueros de los años 60, una tonada que resultaba repugnante para muchos nacionalistas convencidos de que la bebida nacional debía beberse derecho. Poco más tarde, aquellos mismos exigirán el paredón para los creadores del trago bautizado como coscorrón (tequila con refresco de toronja) y el tiro de gracia para quienes lo acostumbrasen con coca cola (¡guácatelas!). Pronto, los aplausos se escucharán para el grupo de rock Los Sinners, cuando renuncie a ese nombre para llamarse Grupo Tequila. Ello, con la pretensión de triunfar en Estados Unidos.
Poco más tarde llegará a México un tema musical con el nombre de Tequila, de la autoría de Danny Flores, saxofonista del grupo The Champs, uno de los éxitos más grandes la industria discográfica estadunidense. Grabado entre muchos por Herb Alpert y su Tijuana Brass y Paul Macartney, logrando en 1958 uno de los premios Grammy.
La tonada de The Champs menciona la palabra tequila sólo en tres ocasiones de los 208 segundos de la letra , siendo el ritmo de la música el que despierta mil emociones.

Acapulco de noche

Los cantineros del puerto no se anduvieron con remilgos en torno al tequila con limón y un poco de ron. Convencidos de que el brebaje resultaba agradable a las gargantas gabachas, lo mejorarán para ofrecerlo con el nombre de Acapulco de noche:
Un chorro de tequila, otro de ron blanco y tres de jugo de naranja servido con hielo e impregnado el borde de la copa con azúcar morena. Éxito enorme.
Vendrá enseguida el Tequila sunrise: Un chorro de tequila en un vaso alto con hielo frapé, jugo de medio limón, granadina, jugos de naranja y de piña, adornado con medialuna de naranja.
La tonada fue cantada por el grupo estadunidense Eagles:

It’s another tequila sunrise
Starin’ slowly ’cross the sky
Said goodbye.

Base Naval

Se pedía en las cantinas del puerto con ese nombre, creado seguramente por algún alto mando de la Octava de Acapulco:
Una onza y media de tequila , media onza de Pernod y tres onzas de néctar de durazno. Se bate con hielo frappé.

Un tequilita para empezar

Los Cuates Castilla (Miguel y José, veracruzanos residentes temporales de Acapulco), se consagraron con canciones como Flor silvestre, Cuando ya no me quieras y El pastor. Con todo, no podrán renunciar al tequilazo haciéndolo en su tema México, tierra querida:

Ay, quiero probar sus antojitos
que sólo allá puedo encontrar.
Sus enchiladas y elotes,
sus quesadillas y sus carnitas.
Sus enchiladas y aquel atole,
ese pozole y ese sabroso mole
y el tequilita para empezar,
pulque curado para acabar.

Hasta Cristian Nodal, el hombre pizarrón, le canta al tequila:

No hay tequila que haga olvidarme de ti, cada trago me acuerdo de ti.

Chulas fronteras

Eulalio González El Piporro, el escudero de Pedro Infante, inventor de un peculiar acento norteño, escribió entre otras tonadas relajientas, esta:

Antes iba al otro lado
escondido entre la gente
pues pasaba por mojado.
Ahora tengo mis papeles
estoy dentro de la ley
bebo el güisqui y el tequila
hasta en medio del jagüey.

El jalisciense

Una canción con tal título no puede ser de ninguna manera abstemia. La escribió Daniel Calderón:

Es que he nacido en Ameca,
orgulloso de ello estoy,
como el que nace en Tequila
paladeando su mezcal.

Que lindo es Jalisco
por eso canto con el alma mía
porque en tu tequila
dejo mis pesares y alegrías.

La margarita

Acapulco se disputa con muchas ciudades de México y del resto del mundo la creación del coctel margarita, a base de tequila, naturalmente. Esta es la historia:
Margarita Sames, una bella socialité estadunidense vacaciona en Acapulco (1948) y se entera de que aquí se encuentra su amigo Niky Hilton, heredero de la cadena hotelera de su nombre. Decide entonces organizar un festejo en su honor. Llegado el momento, Margarita se instala en la bien surtida cantina de su domicilio y anuncia la creación de una bebida en honor de su invitado, sin imaginar que hará historia. La concurrencia, necesariamente de élite, se manifestará sorprendida y en algunos casos, contrariada, cuando Margarita anuncie que la base de su brebaje será el tequila.
Y en efecto, toma una botella del tequila entonces de moda y vacía dos chorros a una coctelera con hielo, dos chorritos de Cointreau y medio vaso de jugo de limón, Agita espasmódicamente la coctelera y luego sirve el contenido en copas escarchadas. ¡Más, más!, reclamará la concurrencia y Margarita los complacerá. Terminado el festejo, el junior Hilton, caminando a gatas, proclamará: “Carajo, cómo pega fuerte esta Margarita” Y Margarita se le quedó brebaje
(Cointreau: licor francés, cristalino con aroma intenso y amargo, cálido y refrescante conocido por su equilibrio entre los licores de naranja.).

Volvamos al tequila

Paquita la del Barrio expresa en esta pieza el sentimiento de una mujer que encuentra a través del tequila al hombre de sus sueños y que pronto tiene que dejarlo por causa del mismo licor.

Mejor me vuelvo a lo mío
ya voy a vivir mi vida
¡Cantinero, una de a litro,
pero que sea de tequila!

Borracho te recuerdo

Recordando mis momentos más felices
vi al mesero que me trajo mi tequila,
y quebrando la copa entre mis manos
al mariachi pedí las golondrinas.

Dormir vestido, de Miguel Ibarra

Pero qué triste es despertar por la mañana
sin nadie más que una botella de tequila,
que quedó después de la borrachera
que me acaba cada día la vida.

Cuando estás en la cantina
dicen que ya ni hablas,
que eres calandria ladina
de esas que dejan su jaula.
Llévale al gorrión tequila,
ahora que ya no tiene alas.

Juan tequila, de Piero (Argentina)

Llegó un hombre a la cantina
y su tequila pidió,
miró bajar el vaso
y la tarde se asomó
¡Juan tequila, Juan tequila!

Mi ciudad, de Guadalupe Trigo

Rehilete que engaña
la vista al girar,
baila al son del tequila
y de su valentía.
Es jinete que arriesga la vida
en un lienzo de fiesta y color.

Botellita de tequila, de Joan Sebastian

No te vayan a culpar,
botellita de tequila,
tú nada más atarantas,
son ellas las que aniquilan.

Clavado en un bar, de Maná

Aquí me quedo bien clavado
soltando las penas en un bar,
brindando por su amor.
Aquí me tiene abandonado
bebiendo tequila pa’ olvidar.

Borrachera

Llegando a Vallarta,
llegandito a la playa,
me quisieron enfiestar
con 10 tequilas pa’ empezar
10 margaritas para arrancar,
la borrachera fue mortal.

Borrachita, de Alfredo D’orsay

Borrachita de tequila
llevo siempre el alma mía,
para ver si se mejora
de esta cruel melancolía.

Agustín y María en Acapulco

Invitado a un programa de televisión conducido por los músicos Tata Nacho y Mario Talavera y el periodista Renato Leduc, Agustín Lara defiende sus gustos etílicos reducidos a la champaña y al coñac. ¿Y el tequila?, pregunta Leduc. La respuesta será contundente: “sólo el día que quisiera suicidarme tomaría ese horrendo brebaje”. ¡Corte!
Cuando María Félix y Agustín disfruten de su luna de miel en este puerto, hospedados en el Hotel Prado América, en la península de Las Playas, estallará un paro del personal exigiendo aumento salarial. No obstante, los paristas acuerdan seguir dando servicio a la célebre pareja. Y sólo a ella.
Durante una salida a misa a la parroquia de NS de la Soledad, la pareja caminará sin inhibiciones por las calles del centro, disfrutado de los saludos de los porteños e incluso de los comentarios disonantes.
–Agustín, no nos haga quedar mal; ¡llénate la panza de ostiones!
–¡Agustín, Agustín! ¿Sabías que te pareces mucho a Acapulco? ¡Sí, porque tienes La Quebrada cerca de La Bocana!

 

El tequila hecho canción II

La canción ranchera pareció alcanzar a la mitad del siglo XX su consolidación y permanencia. Un equilibrio perfecto sustentado en el bagaje aportado por diversos creadores que permitía vislumbrarlo. Entre otros: Esperón, Cortázar, Monge, Valdez Leal, Fuentes, Méndez y Cordero. Pero no fue así.
Faltaba una presencia que será determinante en la evolución del género popular por excelencia. No otra que la de José Alfredo Jiménez, mesero del restaurante La Sirena, de Santa María La Ribera, quien surgirá como compositor en 1951 con la canción Yo. La graban Andrés Huesca y sus Costeños, advirtiendo que lo hacían sólo por agradecimiento, por la tantas veces que el mesero Jiménez no les cobró la comida. Al tema Yo seguirá Ella, el primer tema musical en el que aparece la palabra tequila.

Ella

Quise hallar el olvido
al estilo Jalisco
pero aquellos mariachis
y aquel tequila
me hicieron llorar.

En Ella volvió, el tequila provocará la felicidad del poeta:

Yo vivo al estilo Jalisco.
pero ahora el tequila
en vez de agüitarme
me vuelve feliz.

Vendrá enseguida la creación de una estampa que será clásica en todos los tiempos mexicanos:

Estoy en el rincón de una cantina
oyendo la canción que yo pedí
me están sirviendo ‘orita mi tequila
ya va mi pensamiento junto a ti.
¿Quién no llega a una cantina
exigiendo su tequila
y exigiendo su canción?

Maldición ranchera

Que no haya una gota de tequila
ni nada que consuele tu dolor,
y así, cuando reniegues de tu vida,
que todos los mariachis de Jalisco
te vayan a cantar una canción.

Llegó borracho el borracho
pidiendo cinco tequilas

Exagerado se le llama a José Alfredo por la exigencia del borracho de cinco tequilas, cuando cinco caballitos equivalen apenas a la mitad de una botella, de aquellas largas, esbeltas, que Pedro Infante vaciaba en tres pegones. Fue Infante quien, no obstante de ser un abstemio absoluto, enseñó a tomar tequila a más de una generación mexicana

El caballito

La copa tequilera lleva el nombre de caballito, en remembranza del vasito con los que se probaba la calidad de los licores. Lo llevaban los caporales atado al cuello cuando recorrían los sembradíos de agave, probando la calidad de los licores. “Un trago era la prueba y el otro para el caballito”.
Tampoco exagera José Alfredo cuando pide:

Que me sirvan de una vez pa’ todo el año
Que me pienso seriamente emborrachar

Martín Urieta

Acá entre nos
al presumir con mis amigos les conté
que en el amor ninguna pena me aniquila,
que pa’ probarles que de sus besos me olvidé
me bastaron unos cuantos tragos de tequila.

Control Machete

Domingo en la mañana
este dolor de cabeza yo no lo traía
Todo me da vueltas
¿pero que tal el tequila?
anoche estuvimos con toda la raza:
¡cerveza y tequila!

Gloria Trevi

Fue ese tequila
el que me hizo hablar,
fue ese tequila
no puedo caminar.

Los argentinos Enanitos Verdes

Me pasé la noche bebiendo tequila
Todo porque vos ya no me querías,
Me puse bien loco porque no venías,
pude controlar mi instinto suicida.

Antonio Banderas

Me gusta tomar mis copas,
aguardiente es lo mejor
También tequila blanco
con su sal le da sabor.

Joaquín Sabina

Pasan de largo los terremotos
y hay un tequila por cada duda
cuando Agustín se sienta al piano
Diego Rivera, lápiz en mano,
dibuja a Frida Kahlo desnuda.

Paulina Rubio

Dame otro tequila
para olvidarme de tu amor
mi camisa te quedó grande
dame otro tequila
este lo pago yo.

Pepe Aguilar

Porque soy como soy
Puritito corazón
cien por ciento mexicano, mariachi, banda, tequila y son
porque soy como soy
puritito corazón, mitotero y querendón
cien por ciento mexicano, mariachi , banda , tequila y son.

Destilando amor

Somos tequila y canción
Somos dos cuerpos en un corazón
almas enlazadas que en las madrugadas
arden de pasión.

El tequila hecho divisas:

Consumo del tequilla mexicano en el mundo, en 2022:

Estados Unidos
338 millones de litros

Alemania
10 millones 313 mil litros

España
8 millones 941 mil litros

Francia
5 millones 366 mil litros

Canadá
4 millones 800 mil litros

Colombia
4 millones 200 mil litros

Italia
4 millones 203 mil litros

Australia
4 millones 15 mil litros

Japón
2 millones 5 mil litros

¡Salud!