La gesta de los de abajo

La historia de nuestro estado está escrita con las luchas emblemáticas de los pueblos indígenas y campesinos, con la fuerza y el coraje de los estudiantes universitarios y normalistas; de maestros y maestras comprometidos con la transformación social; con los colonos y colectivos de familiares de personas desaparecidas y asesinadas, que son el emblema de la dignidad. Han protagonizado gestas heroicas de larga data que se caracterizan por la defensa de los derechos humanos, por la justicia y la democracia. Resisten desde lo más recóndito de la Montaña y lo más escabroso de la sierra. Pelean con mucha gallardía jóvenes universitarias, maestros activistas y luchadores sociales, tanto en el campo como en la ciudad. Ante la violencia caciquil y militarista la población ha resistido y se ha sabido defender. Se alzó en armas y le declaró la guerra al mismo Ejército por sus tropelías y el uso de la fuerza letal.
En este estado sureño se han escrito capítulos que condensan gestas emblemáticas que lograron la independencia de nuestro país. Grandes héroes como el generalísimo José María Morelos y Pavón plasmaron con gran visión la carta de los derechos del pobre en los Sentimientos de la Nación. Vicente Guerrero tuvo que atrincherarse en el cerro de la Purísima para resistir los años cruentos de la embestida del ejército realista. Con el apoyo de los pueblos indígenas de la Montaña, sobre todo, el pueblo na savi de Atlamajalcingo del Monte y Alcozauca, Vicente Guerrero aprendió las estrategias de lucha que desde la época prehispánica utilizan los pueblos para enfrentar a los invasores. La participación decidida de la población que cuida y vela por quienes defienden los derechos del pueblo, fue determinante para robustecer la lucha del general Vicente Guerrero que enfrentó varias batallas en condiciones adversas. El espíritu combativo de la gente de la Montaña y de la Costa Chica logró demostrar a Agustín de Iturbide que el pueblo insumiso es capaz de derrotar cualquier ejército invasor.
Las montañas del sur son los enclaves estratégicos para quienes se han decidido a luchar contra el poder decrépito que persigue y mata a quienes sin tener nada en esta tierra entregan todo para que haya igualdad y justicia.
A pesar de las grandes riquezas naturales, que ha hecho de Guerrero un estado atractivo por sus zonas turísticas y codiciado por los grandes consorcios mineros, los guerrerenses mayoritariamente pobres padecen los flagelos de un sistema económico depredador y una clase política voraz y pendenciera.
Los ciudadanos de a pie son tratados como súbditos de los patrones y políticos, como peones de las empresas madereras y como clientelas cautivas de los partidos políticos. Los usurpadores del poder hacen negocios privados con los presupuestos públicos y se confabulan con los jefes de las bandas del crimen organizado para causar terror entre la población. Recurrentemente las comunidades indígenas y campesinas tienen que defender su territorio y sus riquezas naturales. Se organizan para derrocar a los caciques y desenmascarar el poder de los militares, que cuentan con una casta de generales que goza de inmunidad y privilegios para tejer sus redes delincuenciales con los compradores de armas y los jefes de la droga.
La economía criminal se ha expandido a lo largo y ancho de nuestro estado, y las fuerzas del orden forman parte de este tinglado criminal que desaparece, ejecuta y tortura a quienes cataloga como enemigos del régimen y de los grupos delincuenciales.
El pasado jueves 7 de septiembre dos miembros de la Comisión de la Verdad (Comverdad) con el acompañamiento de Artículo 19, presentaron el anexo tres de su informe, que habla de las personas participantes en desapariciones forzadas durante la guerra sucia. Son 223 personajes, siendo en su mayoría militares con grados de generales de brigada y de división, coroneles, capitanes, tenientes y subtenientes que participaron en la implementación de los planes de contrainsurgencia para arremeter contra la población en general, porque supuestamente apoyaban a la guerrilla.
El general Mario Arturo Acosta Chaparro fue el personaje más sanguinario que participó en las torturas, las ejecuciones y los vuelos de la muerte para aniquilar a los guerrilleros y acabar con cualquier ciudadano o ciudadana que era catalogado como sospechoso o subversivo. Ocupó el cargo de subdirector de la Policía Judicial de Guerrero con sede en Acapulco en tiempos de Rubén Figueroa Figueroa. También fue jefe de Policía y Tránsito en Acapulco. Tuvo bajo su cargo todas las policías como Tránsito, Seguridad Pública, Policía Montada y Policía Judicial, ejerciendo su control en las dos costas de Guerrero.
La represión policial dirigida por Acosta Chaparro se concentró en 50 agentes divididos en cuatro grupos: Chihuahua (el más salvaje), Espindosky (el más vicioso), Chumacero (el ejecutor) y Caballo, quienes se distinguieron por la saña que aplicaron durante las sesiones de tortura.
Tuvo bajo sus órdenes a elementos del 56 batallón de infantería que se encargaron de torturar y desaparecer a campesinos del municipio de Atoyac. Se le señala como responsable de la desaparición forzada del profesor Jacob Nájera Hernández en San Jerónimo, por parte del Ejército mexicano y la policía judicial. El profesor Nájera fue detenido en su casa por los judiciales y entregado a los militares en la Y Griega de Atoyac. También se le señala como responsable, junto con el capitán Sosa, el coronel Alfredo Cassani, el capitán López y el capitán Montes, de la desaparición forzada de varios militantes de la brigada campesina de ajusticiamiento del Partido de los Pobres. Acosta Chaparro mandó construir 16 celdas bajo las instalaciones que están hoy a cargo de la Dirección de Tránsito de Acapulco. Las habilitó como cárcel clandestina, a la que fueron llevados muchos detenidos que en ocasiones aparecían asesinados.
Mario Arturo fue el responsable de determinar quién era torturado, trasladado a otra cárcel, liberado, desaparecido o asesinado. A pesar de tantos crímenes atroces el general nunca fue investigado por graves violaciones a los derechos humanos.
En esta misma semana, del 4 al 8 de septiembre, un grupo interinstitucional encabezado por la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) realizó exhumaciones en el municipio de Ajuchitlán del Progreso. Excavó tres fosas y recuperó siete osamentas. De acuerdo con los testimonios de familiares y vecinos, las víctimas habrían sido asesinadas por elementos del Ejército mexicano en 1967 y 1971. Gracias a la persistencia y pundonor de los familiares se logró ubicar los sitios de enterramiento de víctimas del Ejército.
Desde el mes de marzo se intensificaron los trabajos y los familiares presentaron una denuncia ante la Fiscalía de Guerrero. En el mes de junio se hizo el reconocimiento del terreno y la planeación para el inicio de estas búsquedas. A pesar de la orografía adversa y los riesgos que implicaba el desplazamiento de los equipos en las estribaciones de la sierra, se programaron los trabajos durante 5 días para realizar las excavaciones.
El martes 5 de septiembre, alrededor de la media noche, los peritos concluyeron la excavación de la primera fosa y exhumaron los restos de dos víctimas.
El miércoles 6, el equipo interinstitucional trabajó en la segunda fosa y también cerca de la media noche terminó la recuperación de los restos de tres víctimas. Junto con los restos se recuperaron elementos balísticos.
El jueves 7, los equipos de trabajo acudieron al segundo punto en el que recuperaron los restos de dos víctimas en una sola fosa.
Durante estos días la lluvia fue copiosa, lo que complicó los trabajos de excavación y el desplazamiento del personal por los caminos fangosos y la crecida de los ríos. A pesar de las complicaciones que enfrentaron, los familiares demostraron sus habilidades y fortalezas para vencer todas las adversidades. Estuvieron siempre vigilantes de todos los trabajos que realizaba el equipo pericial. Hubo reclamos porque no les permitieron estar en los sitios de las excavaciones. A pesar de estas divergencias que se expresaron durante la ardua jornada de las excavaciones, los familiares nunca se despegaron de los sitios donde encontraron las osamentas. Demostraron ser los fieles acompañantes que a lo largo de estas cinco décadas nunca han abandonado a sus seres queridos.
Lograron una gran hazaña que marca un hito en esta gesta histórica por la búsqueda de las víctimas de la guerra sucia. Esta búsqueda exitosa es el resultado de la persistencia y valor de los familiares, quienes a pesar de tantos peligros y ante la falta de acompañamiento de las autoridades municipales demostraron su valor y, sobre todo, que su palabra y su testimonio están cimentados en la verdad.
Quedó claro que la participación de las familias y colectivos en la búsqueda de sus seres queridos es insustituible e imprescindible. Además de conocer el territorio, saben organizarse para enfrentar múltiples adversidades y salir avantes en estos trabajos técnicos. No solamente son los guías para dar con los sitios exactos donde se encuentran sus familiares que fueron ejecutados por el ejército, sino que también son expertas en los trabajos de búsqueda en lugares intransitables.
Este gran logro es muy significativo para el mecanismo de esclarecimiento histórico de la Comisión para el Acceso a la Verdad y el impulso a la Justicia de Violaciones Graves de Derechos Humanos de 1965 a 1990. Es un paso firme encabezado por familiares y colectivos de víctimas de Guerrero para dar con el paradero de las personas desaparecidas, así como honrar su memoria e impulsar las investigaciones judiciales por las atrocidades cometidas por el ejército.
La gesta histórica de los hombres y mujeres que luchan por la verdad y la justicia la han escrito con sangre centenares de héroes que fueron desaparecidos en Guerrero, pero que nunca han sido olvidados. Sus recuerdos siempre están presentes porque son parte de la memoria indómita protagonizada por la gesta de los de abajo.
La libertad y la democracia son las grandes conquistas que se labraron con mucho sacrificio y mucha sangre en este territorio agreste, donde se condensan los pasajes más memorables de nuestra historia nacional.
Los familiares y colectivos que están en la línea de fuego exigiendo verdad y justicia por sus seres queridos, nos dan el testimonio vivo de lo que significa ser un ciudadano y ciudadana que están dispuestas a cualquier sacrificio con tal de conocer la verdad y alcanzar la justicia.

 

Pide Tlachinollan en el Día de la Mujer Indígena parar la violencia contra ellas

Carmen González Benicio

Tlapa

Las mujeres de la región de la Montaña siguen siendo víctimas de violencia familiar, física, vicaria, institucional, sometidas a matrimonios forzados, desaparecidas y asesinadas señaló el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, en el marco del Día Internacional de la Mujer Indígena que se conmemora el 5 de septiembre.
En un boletín la organización detalla que las mujeres indígenas no celebran esa fecha porque persisten las asimetrías e intersección de discriminaciones en su contra.
Precisa que eso se refleja en los 635 casos que documentó de enero a la fecha: 200  por violencia familiar; 200 de violencia económica; 150 de violencia psicológica;  30 de violencia institucional; 15 de violencia vicaria; además de  15 por matrimonio forzado, 12 por desapariciones y 13 de feminicidios.
Siendo los principales agresores los esposos, padrastros, concubinos, padres, tíos, hermanos, vecinos del pueblo, autoridades comunitarias, municipales y estatales.
Tlachinollan menciona que la violencia institucional se observa en las muertes maternas por la mala atención y discriminación que sufren en los hospitales de parte del personal que las trata con prepotencia, racismo y las mira como personas de segunda que no tienen derecho a nada.
Y que los casos de matrimonios forzados en la región de la Montaña muestran el abandono, la marginación y vulnerabilidad de las niñas indígenas por la falta de apoyo de las autoridades.
Lamenta que el gobierno del estado sólo volteó a mirar la Montaña cuando los casos de Angélica y Nayeli adquirieron visibilidad mediática al ser víctimas de matrimonios forzados.
Y desde el escritorio diseñó una estrategia burocrática para revertir esta mala práctica sin que tenga resultados positivos porque las niñas siguen siendo objeto de matrimonios forzados, sufriendo en silencio sin el acompañamiento ni apoyo de las autoridades.
Cita el caso de la niña Nayeli, indígena na savi de Joya Real, municipio de Cochoapa el Grande a quien sus padres vendieron por 200 mil pesos y al oponerse la encarcelaron en la comisaría y luego liberada con la intervención de Tlachinollan y otras autoridades.
En seguimiento, las autoridades estatales la llevaron a un albergue del DIF estatal donde permaneció un año y cinco meses en condiciones de semi encarcelamiento y cuando regresó a su comunidad no tenía con quien llegar, hasta que la recibió un tío.
Detalla que recientemente personal de Tlachinollan fue a la comunidad por la niña porque les manifestó que deseaba estudiar, pero su tío se opuso ejerciendo violencia contra los que fueron por Nayeli.
Y menciona que su familiar, tiene la intención de venderla de nueva cuenta por lo que han hablado con la síndica de Cochoapa el Grande a fin de que acudan a la comunidad  para rescatar a  la menor y evitar que sea vendida, sin embargo las autoridades municipales dicen no tener tiempo para hacerlo.
Tlachinollan hace referencia al caso de Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú las indígenas Me’pháá violadas por elementos del Ejército Mexicano quienes obtuvieron una sentencia de la Corte Interamericana que no se ha cumplido cabalmente.
Aunque, si bien se creó un centro comunitario y albergue para niñas indígenas, éstos carecen de un presupuesto fijo y sin que estén adscritos a alguna institución por lo que no tienen certidumbre jurídica y laboral quienes ahí colaboran.
Por lo que como Tlachinollan pidieron un cese la violencia contras las mujeres y niñas indígenas, se tracen políticas públicas que acorten las brechas de pobreza y desigualdad social, se proscriban los matrimonios forzados contra niñas indígenas y  haya justicia para Inés y Valentina.

 

El muro de la ignominia

Presentación con vida del maestro Esteban Arredondo Ávila. Nos sumamos a la exigencia de agilizar su búsqueda para dar con su paradero.

Este lunes 4 de septiembre el Congreso del Estado de Guerrero celebrará a las 10 de la mañana una sesión solemne para develar en el muro de honor la inscripción con letras doradas “2023, año del bicentenario del heroico Colegio Militar”. En el orden del día realizarán honores a la bandera y entonarán el Himno Nacional. En la primera intervención participará la diputada Leticia Mosso Hernández, presidenta de la mesa directiva, que hablará en nombre de la sexagésima tercera Legislatura. Enseguida participará el general Luis Crecencio Sandoval González, secretario de la Defensa Nacional y representante del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Por último, intervendrá la maestra Evelyn Salgado Pineda, gobernadora del estado de Guerrero. Como punto final develarán en el muro de honor las letras doradas que rememoran el bicentenario del Colegio Militar.
Nada más alejado del sentir del pueblo combativo de Guerrero lo que han decidido realizar los diputados y diputadas de la sexagésima tercera Legislatura. Para centenares de víctimas que fueron ejecutadas y asesinadas por miembros del Ejército mexicano, la celebración de esta sesión es un agravio, porque las autoridades en turno han cubierto con el manto de la impunidad a los perpetradores castrenses que utilizaron toda la fuerza del Estado para perseguir, encarcelar, torturar, desaparecer y ejecutar de manera arbitraria a mujeres y hombres que fueron catalogados como enemigos del régimen autoritario. Es importante retomar las luchas heroicas de guerrerenses que se atrevieron a encarar a los caciques y a los generales del Ejército para desbaratar el sistema de privilegios que ha sumido a nuestro estado en la extrema pobreza, siendo subyugado por la bota militar.
En lugar de que el Congreso atienda el clamor de las víctimas, celebra pomposamente el bicentenario del colegio militar, donde realizaron su carrera centenares de elementos castrenses que declararon la guerra a los sectores empobrecidos de nuestro país, por atreverse a cambiar las condiciones de explotación que padecían.
En el 2008 la LIX legislatura creó la Comisión de la Verdad del estado de Guerrero (Comverdad) a través de la ley 932 como un mecanismo de justicia alternativa, para contribuir a que la sociedad guerrerense conociera lo que sucedió en aquellos años. Fue un gran esfuerzo para acceder a la verdad y dar un gran paso hacia la justicia y la no repetición. Este valioso informe fue ignorado y archivado por las últimas legislaturas que han sido cómplices de estas atrocidades cometidas por el Ejército.
El informe de la Comverdad fue presentado el 15 de octubre de 2014, 20 días después de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. Con estas nuevas desapariciones se abrió otro capítulo de la actuación funesta del Ejército, como lo han plasmado los seis informes que elaboraron especialistas en estos temas y que conformaron el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). A pesar de que estas graves violaciones a los derechos humanos sucedieron en Iguala Guerrero, siendo víctimas 43 estudiantes de la histórica Normal de Ayotzinapa, la presente legislatura ha ignorado a las madres y padres de los 43 normalistas y, más bien, se ha obstinado en criminalizar a los jóvenes por ejercer acciones de protesta. Es muy grave que los diputados y diputadas no hayan emitido un pronunciamiento para exigir la presentación de los 43 normalistas. Es inverosímil que para este Congreso el caso Ayotzinapa no forme parte de su agenda legislativa. Lo más grave es que no conocen el informe de la Comverdad ni los seis informes del GIEI. Más bien, es un Congreso que se confabula con quienes han violentado los derechos humanos de estudiantes, normalistas, maestros, campesinos, indígenas, colonos y miembros de la comunidad LGTBI.
La votación unánime de los diputados y diputadas retrató de cuerpo entero a quienes dicen representar al pueblo de Guerrero. Hay una gran distancia entre el Poder Legislativo y los ciudadanos y ciudadanas de a pie que luchan diariamente para sobrevivir y velar por su seguridad ante la inacción de las autoridades. Con motivo del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, los colectivos de familiares emplazaron de nueva cuenta a los diputados y diputadas para que aprueben la iniciativa de ley en materia de desaparición de personas, que en todo momento han demandado su dictaminación.
Es un trabajo arduo que las familias han realizado con el único fin de que la ley plasme sus principales demandas. Plantean la creación de un centro de identificación humana para acabar con el rezago histórico que desde hace varios años sigue arrastrando la Fiscalía del estado. También proponen la independencia de la Comisión de Búsqueda para que se garantice una atención digna y profesional, sobre todo, que cuente con suficiente presupuesto para la compra de equipo y contratación de más personal. Por la experiencia que han padecido las familias consideran necesaria la independencia de la Comisión Ejecutiva de Víctimas del estado que funciona con muchas limitaciones por las trabas burocráticas que se dan en la Secretaría General de Gobierno y por el raquítico presupuesto que ejercen.
Ante lo oneroso que resulta el pago por la renta de las gavetas que asciende a 45 mil pesos por cada resto óseo, las familias consideran que es imprescindible la creación de un centro de resguardo forense que esté en manos de las instituciones del estado, para que deje de ser un negocio. En medio de su dolor y de múltiples sacrificios que realizan para hacer las búsquedas de sus seres queridos, los colectivos de familiares se han dado tiempo para retrabajar una iniciativa de ley que responda a los graves problemas que enfrentan y que las autoridades han desatendido ante la falta de un marco legal que las obligue a brindar una atención digna y eficiente. A pesar de que es una problemática que requiere la convergencia de las instituciones del Estado, la actual legislatura no le ha dado la debida importancia para presentar esta iniciativa al pleno del Congreso para su dictaminación.
Contra el sentir de una sociedad agraviada, los diputados y diputadas rendirán honores al Ejército, recibirán al secretario de la Defensa Nacional, quien dirigirá un mensaje en nombre del presidente de la República. Develarán las letras doradas para enaltecer el reconocimiento del Heroico Colegio Militar. Este acto protocolario muestra el talante de los legisladores y legisladoras que sólo tratan de congraciarse con la jerarquía militar para alinearse a las nuevas políticas del Ejecutivo federal, que ha colocado al Ejército como un actor político que ostenta un gran poder económico por el gran presupuesto público que les asignan. Es inaudito que los representantes populares no tengan memoria de los acontecimientos que marcaron un capítulo sangriento protagonizado por el Ejército mexicano. La sangre de los caídos sigue esparcida en el mar con los vuelos de la muerte, en el Campo Militar Número Uno que fue utilizado como un centro de tortura, donde desaparecieron y ejecutaron a decenas de hombres y mujeres que fueron víctimas del terrorismo de Estado.
En Guerrero hay una deuda histórica inconmensurable, el costo de vidas humanas es invaluable, los daños causados a sus familiares se han multiplicado de generación en generación. Hasta la fecha muchas familias tuvieron que dejar su casa y salir de la comunidad para ponerse a salvo. La mayoría padece el tormento que desgarra su corazón por la desaparición de sus seres queridos. El mar está manchado de sangre, la tierra agreste esconde los restos de quienes antes de ser desaparecidos fueron torturados, por eso el suelo gime de dolor, por tanto sufrimiento sepultado y tantas atrocidades enterradas en fosas comunes.
Muchas historias que han sido pacientemente documentadas por los familiares, dan cuenta de que sus desapariciones se dieron en un contexto donde los agentes del Estado tenían el derecho de matar.
En los años cruentos de la guerra sucia los militares fueron los principales perpetradores, los jefes castrenses como Mario Arturo Acosta Chaparro, Francisco Quiroz Hermosillo, Miguel Nazar Haro, Fernando Gutiérrez Barrios, Hermenegildo Cuenca Díaz, Miguel Bracamontes García entre tantos otros implementaron operaciones de contrainsurgencia para aniquilar a la guerrilla. Guerrero fue el laboratorio y el centro de operaciones donde el Ejército aplicó el libreto de la guerra a lo largo y ancho del estado.
Para centenares de familias las letras doradas que aparecerán en el muro de honor del Congreso del Estado representan un agravio, sobre todo porque no hay verdad ni justicia para las personas desaparecidas. Es el muro de la ignominia que lastima la dignidad de las personas ausentes. Es una ofensa para quienes han identificado a personal castrense en la desaparición de sus seres queridos.
Guerrero es un territorio convulso, marcado por sucesos históricos que han dejado una huella imborrable en las gestas heroicas de la Independencia y la Revolución. Tiene un legado invaluable por su contribución en la defensa de los derechos humanos. Hay un gran número de hombres y mujeres que entregaron su vida para poner los cimientos de un estado democrático. El mismo gobierno se encargó de perseguirlos y desaparecerlos, de denostar su memoria y de tratarlos como delincuentes y forajidos.
El pueblo digno de Guerrero los reivindica como próceres del cambio, como forjadores de nuestro sistema democrático. Ha sabido honrar su memoria y les ha dado un lugar importante en la historia de nuestra entidad.
La sexagésima tercera legislatura es una afrenta para las víctimas de graves violaciones de derechos humanos cometidas por el Ejército.
Las letras doradas que develarán para honrar el bicentenario del Colegio Militar quedarán grabadas en la memoria del pueblo combativo de Guerrero, como una traición y un insulto a la inteligencia y dignidad de centenares de personas desaparecidas.

 

Se reúne Evelyn con el FPM y Tlachinollan; les promete estar pendiente del caso de Cerón

Los integrantes del Frente Popular de la Montaña, Ubaldo Segura,el abogado de Tlachinollan Isidoro Vicario y Juan Sánchez en conferencia de prensa Foto: Jessica Torres Barrera

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

Dirigentes del Frente Popular de la Montaña (FPM), acompañados por abogados del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, se reunieron ayer en Casa Guerrero con la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, a quien le pidieron su intervención para que el juicio por el caso de la desaparición y asesinato del dirigente social Arnulfo Cerón Soriano se resuelva apegado a derecho y de manera imparcial.
El integrante de la Comisión Política del FPM, Juan Sánchez dijo que la gobernadora se comprometió a estar pendiente del caso y ofreció realizar un acto de reconocimiento oficial como defensor de derechos humanos a Cerón Soriano.
Otro de los líderes, Ubaldo Segura Pantoja, informó que en la reunión estuvieron el presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), Raymundo Casarrubias Vázquez, y el secretario General de Gobierno, Ludwig Marcial Reynoso Núñez, y que, cuando menos en declaración, se dijeron preocupados por el caso.
Por su parte, el abogado de Tlachinollan, Isidoro Vicario, informó que ayer fue la última audiencia de juicio oral que se realizó en Tlapa del caso de Cerón Soriano y en las próximas horas se emitirá la resolución.
La reunión se realizó ayer al mediodía en Casa Guerrero y también estuvieron los abogados de Tlachinoillan, Vidulfo Rosales Sierra e Isidoro Vicario Aguilar, al salir los dirigentes de la organización ofrecieron una conferencia de prensa.
Juan Sánchez informó que lo que le pidieron a la gobernadora es que esté pendiente del caso de acuerdo a sus facultades.
“Que reconozca a nuestro compañero como lo que fue, defensor de los derechos humanos que acompañaba a los más necesitados de los pueblos originarios, al pueblo en general que son más vulnerables, y quien exigía justicia para los 43 estudiantes de Ayotzinapa y para los presos políticos”.
Informó que la gobernadora les dijo que “en cualquier oportunidad se va a hacer un acto público para el reconocimiento de nuestro compañero, y estamos viendo si se puede reincorporar en octubre que va a cumplir cuatro años para que se reconozca como lo que fue, un defensor de derechos humanos”.
Por su parte Ubaldo Segura explicó que quieren que Cerón Soriano sea reconocido como defensor de derechos humanos porque le da otra dimensión al crimen que se cometió en su contra, “y más cuando se trata de que este atentado viene de parte de la delincuencia organizada en contubernio con autoridades del Ayuntamiento de Tlapa, lo que resulta muy grave”.
Agregó: “Nosotros le hicimos ver tanto a la gobernadora, como al presidente del Tribunal Superior de Justicia, Raymundo Casarrubias y al secretario de Gobierno Ludwig Marcial Reynoso que este crimen no debe quedar impune porque 11 de los delincuentes fueron los principales generadores de violencia en Tlapa durante varios años”.
Añadió que la agrupación no quiere que esto vuelva a suceder en Tlapa, “máxime cuando por información de la propia Fiscalía sabemos que hay elementos contundentes que muestran que el presunto autor intelectual, Marco Antonio García Morales, Tony, tuvo que ver con este crimen porque algunos elementos de su grupo de delincuentes han actuado de manera conjunta”.
El abogado Isidoro Vicario explicó que la petición concreta fue que por parte del Gobierno del estado se haga un reconocimiento público del defensor de derechos humanos Arnulfo Cerón Soriano.
Añadió que en reuniones anteriores ya se había acordado, pero que no se había podido concretar y por eso le insistieron ayer.
Informó que ayer se realizó la última audiencia en contra de uno de los responsables señalado como presunto autor intelectual (Marco Antonio García Morales) del homicidio del dirigente social, y en un plazo a lo mejor de 24 o 48 horas tendrá que dictarse la sentencia correspondiente.
“Eso también se le planteó a la gobernadora, que pudiera estar atenta de la resolución que dicte el juez. Si bien respetamos la competencia de los poderes, también le pedimos que pueda estar atenta”.

 

Los desaparecidos, ausentes en la visita de AMLO

El día en que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, iniciaba por enésima ocasión su visita a Guerrero, Tita Radilla y su familia conmemoraban el 49 aniversario de la desaparición forzada de Rosendo Radilla, a manos del Ejército. En la Ciudad de México la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), presentó el libro Desaparecer en Guerrero. 50 años de impunidad, entre lo paradigmático y el incumplimiento. En su intervención Tita comentó “Para nosotros es importante que se conozca aquel momento de la detención y desaparición de nuestro padre Rosendo Radilla. Hoy se cumplen 49 años. 49 años de dolor y sufrimiento, pero no sólo la familia Radilla, sino que cientos de personas fueron detenidas, desaparecidas, en aquel momento de la década de los 70”. Tita fue muy enfática “No hay voluntad política del Estado Mexicano, porque se tendría que ver reflejada en hechos. En este caso y muchos más, no hay la menor intención de esclarecimiento”. Por su parte el compilador del libro Luis Amaya comentó: “No nos vamos a cansar de seguir exigiendo dónde están los desaparecidos. Queremos saber qué fue de Rosendo y los luchadores desaparecidos en los años 70, en el marco de la guerra sucia”.
En ese mismo día más de 350 manifestantes de varios municipios de la región Norte del estado, como Cocula, Eduardo Neri, Cuetzala del Progreso, Tepecoacuilco y Apaxtla, se organizaron para bloquear totalmente la carretera federal México-Acapulco, a la altura de Mezcala. Desde hace 3 meses, 14 personas se encuentran desaparecidas. El primer caso que obligó a las comunidades a protestar fue la desaparición de cuatro pescadores. Dos de ellos aparecieron golpeados y los otros dos siguen desaparecidos. Se han sumado los casos de siete caporales de la comunidad de Nuevo Balsas, municipio de Cocula que fueron desaparecidos el 18 de agosto. Recientemente se reportaron cuatro campesinos de la comunidad de Tomixtlahuacán, municipio de Apaxtla. Denunciaron que las autoridades estatales abandonaron la búsqueda de los dos pescadores. El enojo de las familias quedó de manifiesto al ignorar al delegado de gobierno de la zona Norte, que les prometía conseguir reuniones con las autoridades del estado para atender sus demandas. Los manifestantes se mantuvieron firmes en su postura de no desbloquear la vía, exigiendo la presencia del secretario de Gobierno y el de Seguridad Pública para que cumplan con el compromiso de brindarles seguridad.
Exigieron el esclarecimiento de estas desapariciones y la presencia de elementos de seguridad pública en localidades donde hay desplazamientos forzados por parte de grupos de la delincuencia. Pidieron a las autoridades de los tres niveles de gobierno que no los abandonen: “Las familias están desesperadas, todos tenemos temor de ser afectados. Somos gente de trabajo, no pertenecemos a grupos del orden que sea, somos pueblo, queremos paz y tranquilidad en nuestras comunidades”.
Mientras tanto, desde la base militar de la Décima Segunda Región Naval de Acapulco, el secretario de Marina José Rafael Ojeda Durán, en la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, informaba que Guerrero ocupa el noveno lugar a nivel nacional por el delito de homicidios dolosos, al presentar 171.69 homicidios por cada 100 mil habitantes, de diciembre de 2018 a julio de 2023. Expuso que en este periodo el total de los delitos de alto impacto ponen a la entidad en el vigésimo octavo lugar a nivel nacional. El mismo almirante detalló que el estado de la fuerza real en Guerrero es de 7 mil 681 integrantes, entre policía estatal, municipal y la policía naval. Con relación a las fuerzas federales, la Sedena cuenta con 2 mil 382 elementos; el Ejército 7 mil 244 y la guardia nacional con 4 mil 556 elementos. En total, de las fuerzas federales y las fuerzas de seguridad pública del estado hay 19 mil 987 efectivos.
En su turno el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció que en Guerrero hay un repunte de la violencia, pero que no hay focos rojos por la inseguridad. Considera que va disminuyendo poco a poco y que “vamos avanzando muy bien”. Al salir en defensa de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, sin tapujos dijo “ahora ya no se permite que la delincuencia se alimente del gobierno, pues quedó nula la relación entre ambos. Ya está pintada la raya”. Justificó el repunte de la violencia “porque todavía existen grupos delictivos que vienen de tiempo atrás. La diferencia es que ahora los gobernantes no están amafiados con la delincuencia”.
La gobernadora Evelyn Salgado resaltó su estrategia de combatir las causas de la violencia. Habló de los 36 programas federales que se aplican en el estado y los 55 subprogramas con una inversión de 26 mil millones de pesos anuales y un millón 412 mil 157 beneficiarios. Dijo que de acuerdo con las cifras del Coneval en 2022 se registró la disminución de casi 190 mil guerrerenses que han salido de la condición de pobreza. Agradeció el apoyo del gabinete de seguridad federal “con quienes hemos mantenido una coordinación eficaz que ha sido de enorme beneficio para Guerrero”. Dijo que hay avances importantes en el estado, gracias al apoyo del gobierno de México, a la política de diálogo permanente. Siempre decimos diálogo, diálogo y más diálogo”. Cerró diciendo “conciliación y unidad es lo que requiere nuestro estado”.
Fueron tres días intensos de trabajo del presidente de la República, sin embargo, el creciente problema de las personas desaparecidas en el estado estuvo ausente en sus múltiples intervenciones. Su llegada en helicóptero a la Décima Segunda Región Naval de Acapulco lo mantuvo alejado de la población que esperaba con mucho interés saludarlo y aprovechar para plantearle sus múltiples demandas. Fue imposible. El control que ejercen el Ejército, la Guardia Nacional y la Marina en los eventos presidenciales es absoluto. Las autoridades civiles quedan al margen, más bien quedan supeditadas a sus órdenes. La población de a pie ya no tiene oportunidad de abordar al presidente, a no ser que rompa el cerco para acercarse a la gente.
Los datos presentados por el secretario de Marina muestran con optimismo que va disminuyendo la violencia y que nuestro estado ya no está en los últimos lugares, sin embargo, la población tiene otra percepción. La violencia se ha expandido a lo largo y ancho del estado y ha escalado de manera alarmante. Los asesinatos que diariamente se registran en las principales ciudades están generado una percepción de que la violencia es una realidad inminente que nos inmoviliza y asfixia.
Las disputas que son cada vez más recurrentes entre las organizaciones criminales antagónicas, ponen en todo momento en jaque a las autoridades.
Los encuentros que han entablado autoridades municipales, como la presidenta de Chilpancingo con un líder del grupo de Los Ardillos, muestran la colusión que persiste entre las autoridades y los grupos del crimen organizado. La raya no está pintada como dice el presidente, sino que sigue borrada.
Se dio la reciente desaparición transitoria de la titular del Ministerio Público de Coyuca de Catalán, Jaqueline González Salgado, que fue localizada con vida después de una intensa búsqueda por parte de todas las fuerzas federales y estatales. De acuerdo con fuentes de la Fiscalía, los hombres armados irrumpieron en las instalaciones y desarmaron a los elementos de la Policía Ministerial para llevarse a la funcionaria. Demostraron el poder que ejercen para desaparecer a personal de la misma Fiscalía.
Los dos asesinatos (padre e hijo) que recientemente se consumaron en una gasolinera de Chilapa y la posterior desaparición de tres jornaleros agrícolas de Zacapexco del mismo municipio, muestran el patrón de criminalidad que ejerce el grupo de Los Ardillos que tienen el control del municipio y que ha relegado a la autoridad municipal que está ausente.
Es preocupante que no se atienda el reclamo de la gente que se siente inerme y que teme que en cualquier momento enfrente un evento de violencia. No encuentra una forma segura para ponerse a salvo. Prevalece el pesimismo, la resignación y una visión catastrófica de lo que pasa en el estado.
Por otra parte, las familias que buscan a sus seres queridos se encuentran en total abandono, no son atendidas para satisfacer sus necesidades básicas. Tienen que luchar en medio de la violencia y ponen en riesgo su vida al salir en busca de sus desparecidos. No hay una interlocución que rinda frutos, para ellas el diálogo no se ha podido dar con la gobernadora. Más bien se sienten relegadas, vilipendiadas por alzar la voz y por reclamar sus derechos. Son catalogadas por los funcionarios como actores incómodos porque no cejan en sus demandas de que busquen a sus seres queridos y que les proporcionen seguridad.
Los desaparecidos de la guerra sucia siguen sin encontrar verdad ni justicia y los desaparecidos de la guerra contra el narcotráfico se han multiplicado en los últimos 17 años, al grado que en nuestro país hay 111 mil personas desaparecidas. Es una cifra incómoda para el gobierno federal que busca la manera de reducir el número de reportes por desaparición.
Para el presidente de la República los números del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas, “están inflados”. Por esa razón se realizó un censo en 22 estados donde gobierna Morena, contando con el apoyo de la Secretaría del Bienestar, que envió a los servidores de la nación para que visitaran los domicilios de las personas desaparecidas. Lo desconcertante es que esta Secretaría no está dentro del catálogo de autoridades buscadoras, conforme lo establece la Ley General en Materia de Desaparición y Búsqueda de Personas. Esto ocasionó la renuncia de Karla Quintana titular de la Comisión Nacional de Búsqueda.
La mayor preocupación de los familiares de personas desaparecidas es que se les relegue en la toma de decisiones que atentan contra sus grandes esfuerzos para dar con el paradero de sus seres queridos. Es muy lamentable que en Guerrero los desaparecidos no sean un tema prioritario para las autoridades del estado.

 

En las comunidades indígenas de Chilapa ronda la muerte

El 16 de marzo de 1863, Chilapa se convirtió en la primera diócesis del estado de Guerrero. Esta tradición católica marcó por siglos una forma de vivir cimentada en el ciclo litúrgico que hasta la fecha se practica tanto en la catedral como en las diferentes iglesias que se ubican en sus barrios tradicionales. Por muchas décadas el seminario diocesano se transformó en el centro de formación para jóvenes que aspiraban estudiar la filosofía y la teología, tanto para quienes querían ser sacerdotes como para quienes vieron la posibilidad de contar con estudios superiores no oficiales, que les ayudaran a conseguir algún trabajo en las instituciones educativas del Estado.
El colegio Carrillo Cárdenas y el Colegio Morelos fueron internados y escuelas para mujeres y hombres jóvenes que deseaban estudiar la secundaria y la normal. El siglo pasado Chilapa no sólo fue un centro religioso, también fue una ciudad rica en expresiones culturales, en tradiciones religiosas populares y en su tianguis dominical. Era visitada por decenas de madres y padres de familia de las siete regiones que tenían a sus hijos e hijas estudiando en Chilapa. Su gastronomía también fue un atractivo para los visitantes. Sus calles amplias trazadas por los Agustinos, se transitaban con tranquilidad y seguridad.
Hace más de dos décadas Chilapa se fue transformando en una de las ciudades más peligrosas del estado. Se asentó el grupo delincuencial conocido como Los Rojos. Su líder Zenén Nava tomó el control de la ciudad imponiendo su ley a través de las armas. Los asesinatos se consumaban en lugares públicos. La autoridad municipal quedó supeditada al dominio del jefe de la plaza. La población fue sometida a punta de metralla por jóvenes que formaban parte de Los Rojos. Su poder se extendió al municipio de Zitlala, Tixtla y Tlapa. Logró incursionar en varios giros de la economía criminal. También disputó el control del transporte público foráneo donde se incrementó la violencia por el control de las rutas con otros grupos que tenían en la mira de tomar el control territorial. En la ciudad se incrementaron los asaltos, los robos de vehículos, las desapariciones y asesinatos de jóvenes. El cruce de Chilapa era muy peligroso porque fácilmente los vehículos eran interceptados, obligando a los viajeros a bajar de su unidad. Los golpeaban y en varias ocasiones los asesinaban.
Este ambiente de terror aumentó cuando más de 300 personas armadas, provenientes de varias comunidades indígenas, entraron a la ciudad de Chilapa del 9 al 14 de mayo de 2015. Se autodenominaron comunitarios por la Paz y la Justicia. En esas fechas de la irrupción sometieron a la policía municipal y entraron a algunos domicilios para sacar a los jefes de familia y subirlos a sus camionetas. Instalaron retenes en el boulevard Eucaria Apresa y durante 6 días tomaron el control de la ciudad, deteniendo principalmente a jóvenes que en su mayoría siguen desaparecidos. Decían que su presencia era para reestablecer el orden, que ya estaban hartos de los secuestros y homicidios de Los Rojos.
Desde esa fecha la disputa por el control de la ciudad desencadenó la violencia en las calles, en las carreteras y en las comunidades. Con la detención de Zenén Nava el 20 de agosto de 2019 la plaza de Chilapa quedó en manos del grupo conocido como Los Ardillos. El clima de violencia persiste y en los últimos años se ha extendido a las comunidades indígenas de Chilapa, Zitlala y José Joaquín de Herrera, principalmente. Lo más grave de esta irrupción de Los Ardillos es que las comunidades están sometidas por los mandos del crimen organizado. Sus comisarios y comisariados agrarios tienen que obedecer las órdenes de los nuevos jefes de la plaza. Son comunidades que por el abandono secular de las autoridades mestizas han sucumbido ante el poder fáctico de quienes tienen el control del municipio. Las comunidades que no se adhieren a su organización son tratadas como enemigas a las que se les agrede para doblegarlas y someterlas.
El caso de las comunidades na-huas adheridas al Consejo Indígena Popular de Guerrero-Emiliano Za-pata (Cipog-EZ) que forman parte de la Coordinadora Regional de Autoridades comunitarias–Pueblos Fundadores (CRAC-PF) han denunciado sistemáticamente las agresiones sufridas por parte de Los Ardillos. Son 27 comunidades nahuas que en su mayoría pertenecen al municipio de Chilapa de Álvarez y sólo cinco comunidades a José Joaquín de Herrera. Todas ellas sobreviven con la siembra del maíz de temporal. Lamentablemente esta actividad es de alto riesgo, porque cuando van rumbo a sus parcelas son agredidos a balazos. Ahora tienen que hacer guardias permanentes para evitar alguna incursión armada del grupo delincuencial. En este contexto, varios padres de familia decidieron en asamblea incorporar a los niños mayores a la Policía Comunitaria. En el 2019 dieron a conocer esa participación ante el bajo número de jefes de familia que hay en las comunidades. Las mismas esposas se involucraron como parte de la seguridad comunitaria.
Lo inaudito es la inacción de las autoridades. El presidente municipal de Chilapa no atiende a las comunidades indígenas que sufren el asedio y la violencia de Los Ardillos. Como presidente nunca ha visitado estas comunidades por iniciativa propia. Nadie lo puede localizar. No despacha en la presidencia. La gente percibe que no hay gobierno y que por lo mismo el poder real ha quedado en manos de Los Ardillos.
Las comunidades agredidas no han sido atendidas como se merecen por los tres niveles de gobierno. El 22 de octubre del año pasado aprovecharon la visita del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, para abordarlo en el crucero 81 en la comunidad de Papaxtla, Chilapa. En ese encuentro un comisario municipal le manifestó la delicada situación que enfrentan. Relató los agravios que han sufrido y expresó el olvido en que se encuentran sumidos. Se quejó de que no son atendidos y que el grave problema de la violencia y la inseguridad que padecen se debe a que la Guardia Nacional, el Ejército y los cuerpos de seguridad del Estado se niegan a permanecer en sus comunidades. Su presencia es transitoria, y para la gente esta forma de patrullar los caminos no resuelve de fondo la inseguridad que impera en la región.
Han pedido que se investiguen los asesinatos y las desapariciones que han registrado desde el 2015. Han demandado que ejerciten las órdenes de aprehensión contra los responsables y que se desmonte la estructura delincuencial que se ha anclado en varios municipios de la región. Reiteraron su exigencia de justicia por sus compañeros caídos y desaparecidos. Demandaron una mesa de trabajo para que sean atendidas sus demandas añejas. El presidente recibió el documento del Cipog-EZ donde iban los nombres de más de 50 personas asesinadas. Les comentó que en dos semanas los visitaría la gobernadora y el subsecretario Alejandro Encinas, para darle seguimiento a sus planteamientos. Este compromiso no se cumplió y, más bien, fueron víctimas de otra agresión el 5 de noviembre cuando tres de sus compañeros fueron asesinados, cuando se desplazaban en una camioneta Nissan rumbo a Chilpancingo. Dos personas que se desplazaban en una motociclista le dieron alcance para asesinarlos.
Para la gente del Cipog-EZ fue su última esperanza hablar con el presidente, porque lograron que escuchara de viva voz el clamor de la gente indígena de Chilapa. Les entristece que no llegue la justicia. Las autoridades estatales no los han visitado para resolver sus demandas más sentidas. Lo que más les desespera es su inacción, su complicidad con los responsables de los crímenes atroces que se cometen. Para las comunidades no hay obra pública, por el contrario, les violentan el derecho a la salud, la educación, la vivienda, la alimentación y un empleo remunerado. Lo más trágico es que varias personas murieron cuando iban a Chilapa para curarse. En lugar de encontrar la salud se toparon con la muerte. Los jóvenes ya no pueden salir a estudiar la preparatoria ni la universidad porque temen perder la vida en el camino o en la misma ciudad de Chilapa.
En varias comunidades indígenas como Alcozacán, donde asesinaron a 12 de sus compañeros, campea la tristeza, el dolor y el miedo. Las viudas y los huérfanos sobreviven de lo poco que logran cosechar en sus parcelas. Ninguna autoridad se encarga de escucharlos. Entre menos se quejen mejor para los go-bernantes porque se la pueden llevar tranquilamente, sin que les importe la extrema pobreza en que se encuentran sumidas las familias indígenas víctimas de la violencia.
El pasado viernes 18 las comunidades del Cipog-EZ decidieron hacer pública su protesta marchando del crucero de San Jerónimo a Alcozacán para exigir justicia por Esteban Xochitempa Tepexco y de su hijo Juan Xochitempa Macario asesinados en una gasolinera de Chilapa cuando se disponían a comprar productos básicos para llevarlos a la comunidad. El pasado jueves 17 de agosto tres jóvenes que fueron al corte de uva a Baja California, se reportaron con sus familiares a las 7:30 de la mañana de que se habían subido a una de las camionetas Urvan que van a Chilapa. Su familia estuvo pendiente de su llegada, sin embargo, no se reportaron durante todo el día. Hasta la fecha no aparecen Marcelino Hernández Tecorral de 23 años, Nicolás Rodríguez Díaz de 25 años y Ángel Villalba Salvador de 29 años. Los tres indígenas nahuas son de Zacapexco, municipio de Chilapa. Hasta la fecha las autoridades no les han informado de las acciones que han realizado para dar con el paradero de los tres jornaleros desaparecidos. Fue hasta este domingo cuando acudió el ministerio público a Alcozacán a tomar las declaraciones de sus familiares. Las 27 comunidades indígenas han bloqueado la carretera que va de Chilapa a José Joaquín de Herrera como una medida obligada para exigir que las autoridades federales y estatales se aboquen a la búsqueda de sus tres compañeros. El cerco del crimen organizado se mantiene incólume, atentando contra la vida de los indígenas que salen en busca de un doctor, de un empleo o para vender su maíz y su leña para subsistir.
El Cipog-EZ ha registrado cuatro personas asesinadas en 2015, en 2016 una, en el 2018, 12, en el 2019 fueron 17, en el 2020, 16 en el 2021, 2 personas, en el 2022, 10 personas y 2023, 2. Además, tiene un registro de 23 personas desaparecidas.
Los asesinatos y desapariciones de indígenas nahuas de Chilapa y José Joaquín de Herrera son acciones criminales que tienen como fin causar terror en las comunidades del Cipog-EZ. Se obstinan en desmantelar la organización comunitaria y atentar contra la vida, para acallar su reclamo de justicia y demostrar que la ley la aplican ellos, y no las autoridades que han sucumbido en Chilapa y José Joaquín de Herrera.

Violencia, pobreza y manipulación política

Guerrero está en llamas por la violencia de los grupos del crimen organizado que se disputan las plazas con vehemencia para incrementar sus giros comerciales. La economía criminal ha dejado charcos de sangre en las banquetas de las principales ciudades de la entidad, y se expande a las regiones más pobres como la Montaña. Los ciudadanos y ciudadanas han quedado a merced de las balas de civiles armados, no hay ley que los frene. Las impactantes imágenes de vehículos quemados en varias regiones del estado hablan de una crisis de seguridad pública. Los grupos del crimen organizado se han enquistado por completo en las estructuras del poder del Estado, es más, nos atrevemos a decir que han creado un poder paralelo, dejando fuera de la cancha a las autoridades estatales. Las familias gritan desesperadamente no sólo por el abandono secular de las autoridades municipales, estatales y federales, sino para salvar sus vidas.
En la primera semana de agosto se han desarrollado eventos violentos en el puerto de Acapulco, donde la estrategia de seguridad implementada por el gobierno estatal y federal ha quedado desarmada por la delincuencia organizada. La Policía Turística, la Policía Estatal, la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional recorren la Costera Miguel Alemán para proteger a los turistas en las vacaciones de verano. Sin embargo, en las colonias se vive el infierno.
En la madrugada del viernes 5 de agosto dos hombres fueron asesinados a balazos afuera de un depósito de cerveza en la colonia Ciudad Renacimiento. Hombres armados llegaron y atacaron a las víctimas, dejando los cadáveres tirados sobre la calle. Esta misma mañana una Urvan de la ruta Infonavit Alta Progreso-Caleta fue incendiada en la colonia Centro por hombres armados que supuestamente se acercaron para robar el vehículo y luego le prendieron fuego. El servicio de transporte público de esta ruta fue suspendido. De acuerdo con el conteo de El Sur, los primeros cinco días de agosto suman cuatro homicidios de personas.
El pasado miércoles 2 de agosto hombres armados quemaron 12 vehículos en diferentes puntos de Acapulco, luego de la detención de un hombre y el cateo a una casa de la colonia El Pedregoso por parte de policías estatales y federales.
El viernes 4 de agosto, en Tecpan de Galeana una mujer irrumpió en una cancha de futbol durante un partido en la Unidad Deportiva con un arma larga, disparando y asesinando a dos hombres, uno de ellos conocido como El 90, jefe de plaza de Los Granados y a un escolta. Las balas también alcanzaron a un niño de 13 años. La mujer quedó acribillada en la cancha de futbol.
Iguala, Taxco, Tixtla, Chilpancingo son los municipios más violentos de Guerrero. Sin embargo, el jueves 3 de agosto en el tramo entre las comunidades de Tres Caminos y Tlatlauquitepec hombres armados atacaron a balazos tres unidades de taxis de la ruta Tlapa-Chilapa. Dos choferes resultaron muertos, al igual que un pasajero que se desempañaba como policía municipal de Atlamajalcingo del Monte, y se reportó que el tercer chofer fue desaparecido junto a pasajeros.
La ola de violencia no es lo único que azota la región de la Montaña, también es el olvido y la pobreza. La población indígena de Guerrero, específicamente en la región de la Montaña, en relación a los demás sectores sociales, tiene generalmente menos posibilidades de acceso a salud, educación, avance económico, trabajo y, en general, una vida digna.
En Guerrero tradicionalmente la condición “indígena” ha sido sinónimo de pobreza, exclusión y desarrollo limitado. Datos obtenidos mediante el Estado del Desarrollo Económico y Social de los Pueblos Indígenas de Guerrero, revelan que entre 70% y 80% de la población de Guerrero no cubre las necesidades mínimas de alimentación, y que este porcentaje se concentra en municipios de alta densidad indígena. Destaca que un 55% de los ingresos de las familias campesinas proviene del trabajo no agrícola y que un 64.2% de la Población Económicamente Activa trabaja por su cuenta, o en forma familiar, cuyos ingresos son siempre insuficientes para el desarrollo de una vida digna.
Pese a los múltiples esfuerzos o supuestos programas asistencialistas para la población indígena en Guerrero, las cifras de pobreza no han favorecido a las familias de la Montaña, no existen ofertas de empleo, mercado para ofertar los productos que se producen en la región. La mayoría de la población subsiste del maíz de temporada y se emplea a cortos plazos como peones de construcción o en el campo, ganando 100 pesos diarios.
Un sector de más de 20 mil indígenas ha logrado subsistir gracias a la migración jornalera a los campos agrícolas del centro y norte del país donde la mayoría es explotada laboralmente por las empresas agrícolas debido a la falta de conocimiento de sus derechos laborales y la poca supervisión que existen de las propias autoridades estatales y federales para regular el trabajo agrícola dentro de las empresas, la mayoría de inversión extranjera.
La población indígena sigue sufriendo las consecuencias del abandono secular de las autoridades federales, estatales y municipales.
La falta de hospitales equipados, con personal médico y medicamento sigue cobrando vidas, principalmente muertes maternas o infantes, quienes se ven obligados a salir de sus comunidades enfermos y tener una muerte tortuosa durante los traslados en los caminos de terrecería hacia las cabeceras municipales o la ciudad de Tlapa donde se encuentra el único hospital general con 30 camas disponibles para una población de casi medio millón de habitantes en la región de la Montaña.
Este fin de semana, cansados de engaños, los pobladores indígenas me’phaa de la comunidad de Juanacatlán realizaron una acción de protesta en el Ayuntamiento municipal de Metlatonoc para exigir al presidente Idelfonso Montealegre Vázquez del Partido del Trabajo, la terminación de la obra de la rehabilitación del sistema de agua potable que inició en diciembre del 2022 que después de 8 meses no hay avances de la obra. Los ciudadanos exigían que el alcalde los recibiera e informara porqué la obra no había avanzado en su comunidad.
Este mismo domingo el alcalde petista Idelfonso Montealegre Vázquez se encontraba en la ciudad de Tlapa junto a sus homólogos de los municipios de Cochoapa el Grande, Huamuxtitlán, Atlamajalcingo del Monte y Tlalixtaquilla, donde participaron en una marcha para promover la candidatura a la Presidencia de la Republica a la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum. Mientras tanto las comunidades indígenas están olvidadas. En la movilización participaron cientos de personas indígenas que fueron acarreadas desde sus comunidades por los presidentes municipales para mostrar músculo electoral con la intención de lograr ganarse un puesto dentro de la estructura del próximo gobierno federal, sin importales utilizar dinero del erario y sin atender problemáticas sociales más sentidas de los municipios más pobres.
Esta práctica sigue demostrando los verdaderos intereses económicos y políticos que tienen los gobiernos municipales del cuadro de Morena, no reflejan ningún compromiso social y político con la población indígena de sus municipios.
En este mismo municipio de Metlatonóc se dio a conocer la acción de protesta que emprendieron los médicos y enfermeras del hospital básico comunitario para exigir la rehabilitación de la infraestructura hospitalaria debido a filtración de agua que sufre durante la temporada de lluvias. El personal paró los servicios y sólo instaló afuera del hospital un espacio para atención a urgencias.
En las fotografías difundidas se apreció cómo enfermeras atendían a una paciente acostada en un colchón en el patio del hospital para aplicarle un suero intravenoso.
Esta desfachatez de los políticos de la Montaña es parte del atraso que vivimos en la región a causa de los pésimos gobiernos que dilapidan el dinero del pueblo.
La marcha que realizaron en Tlapa los nuevos líderes de Morena muestra el talante de políticos que sólo ambicionan cargos públicos y que repiten las mismas prácticas de antaño, de acarrear a la gente y usar a la población indígena como bandera para escalar a los cargos públicos.
Si realmente el partido Morena quiere una transformación de fondo debe de respetar la organización autónoma de los pueblos indígenas y abstenerse de discursos falaces que sólo reproducen el paternalismo y el asistencialismo que es la receta de los grupos de poder para mantener sometidos a los pueblos. Como siempre sucede en estas marchas, los que aparecen en primer plano son los que están negociando cargos públicos, los que quieren un hueso en el Congreso o están formados para alcanzar una candidatura en el ámbito municipal. A estos personajes les interesa demostrar que saben acarrear gente y que por lo mismo con estas cuotas políticas buscan congraciarse con la candidatura de una corcholata, sin que les importe en realidad la miseria en que siguen sumidas las comunidades indígenas de la Montaña. Esta desigualdad atroz es el caldo de cultivo para los políticos arribistas que manipulan y engañan a las familias más pobres prometiéndoles más programas sociales como mera argucia electorera.
Además de estos engaños supeditan el poder de la comunidad a los intereses políticos de quienes aspiran a una candidatura pisoteando la dignidad de hombres y mujeres que han demostrado tener la fortaleza para resistir los embates de los gobiernos usurpadores. La violencia y la pobreza devastan nuestro estado, sin embargo, para los políticos que se arremolinan con las corcholatas este tiempo es de acarreos y festines electoreros.

 

¿Quiénes tienen el poder en Guerrero?

 

 

En las crónicas de la violencia, periodistas de diferentes medios de comunicación reportan las actuaciones protagonizadas por grupos del crimen organizado.
Un ejemplo dramático es de lo que nos enteramos este domingo, que dos camionetas Urvan del transporte público fueron incendiadas con sus conductores en la cabecera municipal de Tixtla. Lo más trágico es que sus cuerpos quedaron calcinados en los mismos asientos de los conductores. Se trata de rutas que van de Copalillo a Chilpancingo y de Copalillo a Paso Morelos. Lo que se sabe es que sujetos armados interceptaron las dos unidades, amagaron a los conductores y se los llevaron para posteriormente prenderles fuego. La reacción de las autoridades fue tardía y su presencia sólo respondió a la necesidad de tomar registro de los hechos violentos que acontecen en la entidad.
Por otra parte existen otros reportes del sábado 29 de julio donde se informa que dos hombres, padre e hijo fueron asesinados en la Autopista del Sol cerca del kilómetro 232 y del puente Solidaridad sobre el río Mezcala. Se reporta que varias personas armadas despojaron a la familia de una camioneta Toyota de modelo reciente. Los agresores dispararon contra el vehículo privando de la vida al empresario José Guadalupe Fuentes Brito de 49 años de edad y a su hijo José Manuel Fuentes Calvo de 20 años, lesionado a la señora Gabriela, esposa y madre de las víctimas.
De igual manera se informó que al lugar de los hechos acudieron elementos de diversas corporaciones policiacas y la Fiscalía General del Estado para iniciar las investigaciones.
Estos acontecimientos recientes nos dan el termómetro de la violencia que padecemos en el estado y de la inoperancia que prevalece por parte de las autoridades encargadas de prevenir los delitos y garantizar la seguridad de la población.
Diariamente se consuman hechos delictivos que están focalizados en los municipios de Acapulco, Iguala, Chilpancingo, Taxco , Zihuatanejo y Tixtla, de acuerdo con los reportes que leemos diariamente. Para los guerrerenses este escenario se ha tornado como una realidad inevitable, como parte de un destino trágico que nadie puede evitar. Persiste la idea de que los asesinatos en nuestro estado son parte de esa predestinación funesta que cotidianamente lo expresamos como “ya le tocaba”. Es decir, que de nada sirven las autoridades que nos gobiernan porque por encima de ellas existe una determinación mecánica de que cada persona ya trae marcada la tragedia que trunca su proyecto de vida. Por lo tanto, en estos contextos el crimen organizado se erige como un ente poderoso que decide el destino de cada persona.
Con mucho desaliento y frustración constatamos que las autoridades del estado han sucumbido ante las redes criminales.
El caso de Iguala es un ejemplo nacional de cómo las diferentes corporaciones policiales, el mismo Ejército y la Marina se coludieron con el crimen organizado para desaparecer a los 43 estudiantes de Ayotzinapa en la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre del 2014.
El reciente informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) nos narra cómo los reportes de la Sedena y del Cisen tenían un control minucioso de la movilización de los estudiantes en esa noche del 26 de septiembre. En este seguimiento constataron que existe “un apagón informativo” después de las 21:30 horas. Lo que corrobora que tanto la Sedena como el Cisen y las mismas autoridades del estado ocultaron información sobre lo que sucedió con los jóvenes después de las 21:30 horas.
A pesar de que todas las corporaciones policiales tenían detalles precisos sobre el movimiento de los estudiantes, ninguna de ellas informó qué pasó cuando entraron a la ciudad de Iguala. Para el GIEI es una muestra clara de ocultar los hechos y de negar cualquier información relacionada con la desaparición de los estudiantes.
Las autoridades estatales y federales tuvieron conocimiento de la movilización de los estudiantes a través de sus agentes de inteligencia y policías ministeriales. Además la información a través del C-4 en tiempo real, incluso por llamadas de ciudadanos que daban cuenta de los disparos.
Sin embargo la versiones que dieron las diferentes corporaciones eran falsas porque negaron que hayan escuchado disparos y que además no sabían qué estaba pasando con los estudiantes.
En el caso de la Policía Estatal manifestaron que se dedicaron a proteger instalaciones y que no tenían órdenes de actuar, también comentaron que consultaron al jefe de la policía de Iguala y les manifestó que todo estaba bajo control y que por esa razón no habían actuado. Ninguna de estas explicaciones son veraces. De acuerdo con las investigaciones del GIEI todas las corporaciones policiacas conocían en tiempo real lo que estaba sucediendo y ninguna intervino para proteger a los estudiantes o verificar lo que estaba sucediendo con ellos en la avenida Juan N. Álvarez.
En esa noche se dieron siete ataques con arma de fuego durante un periodo de cuatro horas. El primer ataque se dio en la calle Galeana y Juan N. Álvarez, desde la salida de la central de autobuses hasta el Periférico Norte donde una patrulla de la Policía Municipal impidió el paso de los autobuses. En ese altercado la policía disparó contra de los estudiantes dejando gravemente herido al joven Aldo Gutiérrez.
El segundo ataque se dio entre las 21:40 horas hasta cerca de las 23:00 horas de la noche, en el Palacio de Justicia contra otro autobús que se desvió para salir por Periférico Sur. La policía atacó el autobús con golpes destrozando vidrios, usando gases lacrimógenos de uso exclusivo de la Policía Estatal. En este ataque participaron policías de Iguala y Huitzuco que detuvieron y golpearon a varios jóvenes.
A las 22:54 horas en el C4 se reportó que había personas que estaban escondiéndose, se hablaba de que varios jóvenes del quinto autobús acababan de ser bajados del camión y eran perseguidos por policías federales y también ministeriales. Se escondieron en una casa abandonada donde después se organizaron para regresar al autobús del Palacio de Justicia.
A las 23:20 horas se registró otro ataque que se dio contra el autobús del equipo de fútbol de los Avispones en el crucero de Santa Teresa. Este ataque fue hecho por elementos de la policía de Iguala, Huitzuco y Tepecoacuilco.
A las 00:30 horas del día 27 se produjo otro ataque con armas de fuego contra los líderes del comité estudiantil que habían llegado de Tixtla para auxiliar a sus compañeros y que decidieron convocar a una rueda de prensa para denunciar la violencia ejercida por las corporaciones policiacas.
En ese lugar se encontraban algunos periodistas y maestros solidarios. En el ataque hubo varios heridos por armas de fuego, entre ellos un joven de la escuela que recién había llegado en auxilio y dos jóvenes que fueron asesinados: Julio César y Daniel, quienes quedaron tendidos en el asfalto.
Por último hubo un ataque de arma de fuego contra un policía estatal que pasaba por un bloqueo de carreteras en Mezcala realizado por miembros del grupo delictivo Guerreros Unidos alrededor de la 1:00 de la mañana. Hasta ese lugar se instaló un anillo de seguridad para evitar que salieran autobuses de Iguala.
De acuerdo con las investigaciones del GIEI, las policías de Iguala y Cocula participaron en el escenario de la avenida Juan N Álvarez, identifican también a la policía de Iguala, incluyendo al grupo de los Bélicos y la policía de Huitzuco en la zona del palacio de justicia. En estos dos escenarios se dio la desaparición de los estudiantes.
La Policía Estatal y la Policía Federal estuvieron en el escenario del Palacio de Justicia mientras se llevaban a cabo los ataques. La Policía Ministerial recorrió las dos escenas de los ataques y persiguió a los sobrevivientes del quinto autobús. La policía de Iguala, Huitzuco y Tepecoacuilco junto con un jefe de Guerreros Unidos participaron en el ataque a los Avispones en Santa Teresa. También participó una patrulla de Protección Civil controlada por los bomberos de Iguala.
Miembros de Guerreros Unidos con probable apoyo de policías, habrían llevado a cabo la tortura, asesinato y desollamiento del estudiante Julio César Mondragón, quien apareció después de 8 horas del último ataque. En los dos ataques de la avenida Juan N Álvarez y del Palacio de Justicia estuvieron presentes los OBI (informantes del Ejército) y otros militares, mientras sucedían los hechos.
De acuerdo con el último informe del GIEI, el grupo de Guerreros Unidos coludido con las corporaciones policiacas de Iguala, Tepecoacuilco, Cocula y Huitzuco así como el Ejército y la Marina, establecieron un pacto para tener el control de la plaza de Iguala y actuar impunemente contra quienes consideraban que eran una amenaza para sus intereses delincuenciales.
El caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa muestra cómo el Ejército a pesar de su despliegue masivo en la zona, no sólo permitió que se dieran los ataques, sino que encubrió a los perpetradores y se negó a facilitar información veraz sobre lo sucedido.
La debilidad de las estructuras del estado en contextos de corrupción y violencia generalizada, así como la ausencia de controles eficaces respecto de las autoridades civiles y públicas ocasionan una erosión incontrolable que es aprovechada por las actividades económicas ilícitas y por el crimen organizado, para lograr la infiltración y cooptación de las autoridades. Esta situación sigue incólume en nuestro estado. Los grupos del crimen organizado son los que tienen el verdadero poder y los que controlan las instituciones ejerciendo la violencia y causando terror entre la población.
Para desgracia de los guerrerenses las autoridades se han replegado y dejado un gran vacío en los espacios públicos, donde la población reclama constantemente respuestas y acciones contundentes para desmantelar las estructuras delincuenciales dentro del entramado gubernamental.
Las víctimas reclaman la acción decidida de las fiscalías para que se protejan los derechos humanos de acceso a la justicia, verdad, reparación y sobre todo la no repetición.
La actuación de las instituciones y las políticas de seguridad deben de contar con una perspectiva de derechos humanos, en donde las organizaciones sociales sean un elemento clave para el país, así como las organizaciones de víctimas y familiares deben ser una pieza fundamental para la no repetición de estas tragedias. Ellos y ellas son la conciencia crítica del país que lucha contra la impunidad y contra el crimen organizado que tienen el poder en nuestro estado.

¿Por qué el Ejército no entrega la información?, ¿qué esconden?, preguntan a AMLO padres de los 43

El padre Mario González durante su intervención en la conferencia de prensa celebrada en Cencos en la Ciudad de México en la que expresaron su postura sobre el último informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) Foto: Tlachinollan

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

Los padres de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa desaparecidos expresaron ayer su tristeza por la salida de los miembros del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de las investigaciones del caso Ayotzinapa; manifestaron su respaldo al informe que dejan, y exigieron una reunión “urgente” con el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador para pedirle que el Ejército entregue la información sobre la desaparición de sus hijos, y preguntaron ¿por qué lo la entregan? ¿qué esconden?.
La conferencia de prensa en el Centro de Comunicación Social (Cencos) en la Ciudad de México que se transmitió por Facebook, se realizó después de una reunión que los padres y madres tuvieron con el subsecretario de Gobernación y presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa (Covaj), Alejandro Encinas Rodríguez, después de que un día antes el GIEI dio a conocer su último informe sobre Ayotzinapa.
Por medio de su asesor jurídico Vidulfo Rosales Sierra, advirtieron que en adelante ya no van a dialogar con otras autoridades y exigieron una reunión urgente con el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Manifestaron que el presidente les está fallando y reclamaron su derecho a conocer la verdad.
El abogado del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Rosales Sierra advirtió que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), incurren en un delito al ocultar información del caso Ayotzinapa.
El abogado explicó que el gobierno mexicano debió responder a las peticiones de información que le planteo el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) porque fue integrado por la Comisión Interamericana de Derechos (CIDH), ante la cual el gobierno mexicano tiene la obligación de acatar sus recomendaciones.
Explicó asimismo que el gobierno mexicano está obligado a seguir las investigaciones sobre la base del informe que dejó el GIEI; “para nosotros no será válido que al rato surja otro informe que el gobierno quiera sacar, otra posición u otra interpretación, no es necesario otro informe, este es el documento sobre el que tiene que seguir el gobierno sus investigaciones, ahí están los puntos nodales y no hay para dónde hacerse”, exigió.
Dijo que para los padres y madres, lo más importante de este informe son las rutas que deben de seguirse para dar con los jóvenes, es decir hacia dónde pudieron haber sido llevados.
“Y si los archivos que tiene el Ejército nos están diciendo que 17 estudiantes pudieron haber sido llevados a un punto denominado La Brecha de Los Lobos, ¿qué esperamos para poner a disposición ese informe?.
El abogado añadió que todos esos informes los tiene el Ejército en sus archivos y exigió que los ponga a disposición de la autoridad que está investigando el caso, porque, además, tiene la obligación por ley, insistió.
“No entendemos qué se esconde, por qué la reticencia o por qué la negativa”, reprochó el abogado.
Expuso que la posición de los padres y madres es que, en adelante, ya no pueden seguir dialogando con otras autoridades; “urge de inmediato una reunión con el presidente de la República para dialogar estos temas y poner sobre la mesa, en términos objetivos, cuáles son los obstáculos que impiden poner esa información a disposición de la autoridad que está investigando”.

“Nos sentimos hoy muy tristes, enojados y preocupados…”

La madre Cristina Bautista dijo que a ocho años 10 meses de la desaparición de sus hijos siguen de pie, “pero como madres y padres nos sentimos hoy muy tristes, enojados y preocupados por no haber alcanzado la verdad en el informe de los expertos del GIEI y no se está cumpliendo con la palabra del presidente Andrés Manuel López Obrador”.
“No alcanzamos la verdad, pero dejan las herramientas para que sigan las investigaciones. Nos sentimos desesperados, pero agradecemos el acompañamiento del GIEI”.
Emiliano Navarrete, declaró que si el gobierno aceptó la presencia de los expertos del GIEI en el país para investigar el caso Ayotzinapa, debió proporcionarles la información y las herramientas necesarias para que desempeñaran bien su trabajo, “pero hubo obstáculos como ellos lo afirmaron”.
Reprochó que por eso decidieron irse “por no ver seriedad de las autoridades y no compartirles información para ponerla en manos de la Fiscalía”.
El padre de familia lamentó que en este gobierno siga la manipulación de la información que tiene en su poder.
“Y los expertos se van sin saber dónde están nuestros hijos, pero nos quedan nuestros representantes legales, de quienes seguimos teniendo su respaldo firme”.
Pero dijo que a más de ocho años sienten el dolor que le causaron a sus hijos al pisotear sus derechos humanos, como el derecho a la vida de jóvenes, “de los que el gobierno se llena la boca diciendo que son el futuro del país, y, como si tuviera al reporesentante del gobierno enfrente cuestionó: ¿Entonces por qué los desapareces?, ¿por qué los matas? ¿por qué les quitas el derecho e la vida?, ¿por qué eres así tan inhumano gobierno mexicano?, ¿por qué te ensañas con tu propia gente?, ¿con tus jóvenes que tienen derecho a la vida y a salir adelante?.
Don Emiliano advirtió que no descansarán hasta llegar a la verdad.

El GIEI?dejó las bases y deben seguirse sus líneas de investigación basadas en pruebas

Otro de los padres, Mario González, declaró que los miembros del GIEI dejaron bases contundentes para demostrar que todas las corporaciones del Estado tuvieron participación en la desaparición de sus hijos y que es fundamental seguir las líneas de investigación del informe.
“Tenemos la esperanza de llegar a la verdad con este informe que tiene pruebas, y es lo fundamental”.
Explicó que después de su reunión de ayer con el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, salieron convencidos de que la línea será la misma, y esta es impedir que se le quiera dar la vuelta (al informe) y llevarlos por otro lado, “se tiene que seguir estrictamente la ruta que dejó el GIEI y entregar la información que pidió”.
Reclamó al presidente que les está fallando; “que recuerde que hubo un decreto firmado por él, por la Sedena y por las instituciones en el que se comprometieron a dar todas las facilidades para encontrar a nuestros muchachos, y está incumpliendo con su palabra y eso es malo para un presidente de un país”, le advirtió.
Agregó que como padres merecen conocer la verdad “por lo que hemos hecho, por lo que hemos luchado, por lo que hemos sufrido y carecido, ya basta de tanta cerrazón”.
Enseguida preguntó que si está la información ¿por qué no la entregan?, ¿qué esconden?, ¿cuál es el problema de no entregarla?, y añadió que si en verdad no hay nada, ahí se va a ver”.
Cuestionó que el Ejército que antes era respetado, ahora “da un poco de pena porque se ha coludido con el narcotráfico, con la maña y desgraciadamente los que pagamos son la gente de a pie, la que quiere salir adelante, como nuestros hijos, ¿qué chingada culpa tenían nuestros hijos? o ¿por qué ese ataque tan cobarde?, y lo peor de todo, estando vigilándolos desde la salida de la escuela, (iban) hasta montados en el camión y todavía dicen que no saben nada”.
Si tuvieran un poco de vergüenza debieron haber entregado la información al GIEI, añadió.
“Es duro pensar que las instituciones que están obligadas a cuidarnos y a protegernos son las primeras que nos desaparecen”.
En seguida preguntó que si el presidente no les da las garantías para que el Ejército y la Marina les entregue la información ¿en-tonces quién podrá entregárnosla, si el jefe supremo y la máxima autoridad es el presidente?.
Para don Mario González está bien que haya detenidos por el caso, pero dijo que también es necesaria la verdad, “y la verdad la debimos haber tenido en este informe”.
Al presidente López Obrador le dijo que les urge una reunión con él, “para decirle que no se vale jugar con 43 padres, que México tiene el derecho de saber qué pasó con los 43 normalistas”.
En la etapa de preguntas y respuestas, el abogado Rosales Sierra insistió que dialogar con otras autoridades ya no tiene sentido, porque lo que se tiene que debatir y dilucidar es respecto a los informes que tiene la Sedena y que sólo el presidente tiene la facultad para decidir que se entreguen como comandante de las Fuerzas Armadas.
Informó que en la reunión con Encinas les dijo que recibió el informe y que le van a dar seguimiento, “e insiste en que no hay divergencias con el trabajo que ellos han venido realizando”.
Declaró que les dijo que han avances y que hay detenidos, pero Rosales aclaró que también en el anterior gobierno dijeron que había avances y detenidos pero no se esclareció nada, “no sabemos dónde están los 43 jóvenes desaparecidos”.
Informó que el acuerdo con el funcionario fue que gestionará una reunión lo más pronto posible con el presidente López Obrador.

Guardia Nacional, para qué

El pasado 18 de julio los pobladores de Mezcala municipio de Eduardo Neri, bloquearon la carretera federal Chilpancingo-Iguala para exigir a las autoridades una búsqueda exhaustiva de los cuatro pescadores que desaparecieron el domingo 16 cuando se dirigían a su trabajo. En la protesta improvisaron pancartas con mensajes muy precisos: “Los queremos de vuelta” “Apoyo de la Guardia Nacional” “Queremos justicia, gobierno”. A escasos 50 kilómetros de la capital del estado sucedió otro hecho que indignó a la población que se encuentra sometida por los grupos del crimen organizado.
Ahora son los pescadores los que aparecen ante la opinión pública bloqueando la carretera ante la indiferencia de los cuerpos de seguridad. Estas familias fueron desplazadas por la construcción de la presa El Caracol y en la década pasada los habitantes de las comunidades de El Limón y La Fundición fueron reubicados por la entrada de la minera Media Luna, propiedad de la empresa Torex Gold Resoursces Inc. En el 2018 los pescadores del Nuevo Balsas se organizaron para denunciar las atrocidades cometidas por la minera que ha estado contaminado el vaso de la presa por la derrama del cianuro y arsénico. Ha causado una gran mortandad de peces poniendo en riesgo el trabajo de la mayoría de las familias que dependen de la pesca.
La disputa que libran La Familia Michoacana con Los Tlacos en la zona Centro y Norte del estado ha puesto en jaque a los habitantes que se encuentran atrapados dentro de su propio territorio. Las autoridades municipales brillan por su ausencia y son cómplices de esta crisis de inseguridad. Las autoridades estatales y federales dejaron crecer esta pugna sabiendo que se incrementaría el conflicto con la entrada de la minera en el municipio de Cocula.
Los puntos críticos se ubican en el cinturón de oro que es motivo de una violenta disputa entre las organizaciones criminales que tienen como rehenes a las empresas mineras, a sus trabajadores y a la población en general.
En estos lugares la seguridad ha quedado en manos del crimen organizado que controla las entradas a las comunidades, patrulla los caminos y cobra las cuotas a los comerciantes y transportistas.
La gente ha constatado que las corporaciones policiacas del estado y la misma Guardia Nacional se han desentendido de este grave problema. No intervienen para desactivar estas acciones delincuenciales ni para contener las irrupciones armadas que se suscitan en varias comunidades serranas cuyas familias se ven obligadas a desplazarse.
Al interior de estas localidades existen muchas tragedias relacionadas con asesinatos, desaparición de personas, secuestros, extorsiones, cobros de cuotas, amenazas y desplazamientos forzados. Lamentablemente todos estos hechos no son denunciados por la población agraviada, existe miedo, pero sobre todo desconfianza a las autoridades, porque regularmente no investigan, mucho menos castigan a los responsables.
Los cuatro pescadores desaparecidos son la punta del iceberg que ha obligado a los habitantes a romper el silencio y manifestar su enojo. Los mismos pescadores están arriesgando su propia seguridad, pero no les queda otra opción que salir en busca de sus compañeros que se encuentran atrapados en las redes de la delincuencia. Demandan la presencia de los cuerpos de seguridad, sobre todo de la Guardia Nacional que supuestamente llegó a Guerrero para revertir la inseguridad y ser garante de la legalidad y del Estado de derecho.
Los nulos resultados que se han tenido hasta la fecha, demuestran que el poder de la delincuencia está por encima de las fuerzas del Estado. No es que en realidad tengan un gran poderío, sino que han logrado enquistarse dentro de las estructuras gubernamentales y de la misma seguridad pública, para tomar el control de las instituciones del gobierno y tener bajo su dominio a las mismas autoridades municipales. La red de corrupción que persiste dentro de las esferas gubernamentales debilita cualquier acción en favor de la población. Los operativos implementados por las corporaciones policiacas se tornan infructuosos porque la red de informantes que tienen los grupos de la delincuencia se infiltra dentro de los mismos aparatos de seguridad.
El pasado jueves 20 de julio de manera ostentosa la gobernadora Evelyn Salgado en compañía de los mandos militares del estado y de la Guardia Nacional, colocaron la primera piedra de lo que serán las instalaciones de la Coordinación Estatal de la Guardia Nacional en El Ocotito, municipio de Chilpancingo. Para la gobernadora esta obra forma parte de la estrategia para pacificar al estado y para combatir las causas que originan la violencia. Insiste que es el diálogo absoluto y permanente entre todas las instituciones, la clave de la pacificación para Guerrero y para México. Reconoció el apoyo y acompañamiento de la Guardia Nacional en esta estrategia nacional. Manifestó que se ha logrado posicionar como una corporación efectiva, recibiendo la confianza del estado de Guerrero, por su correcta actuación en beneficio de la población.
Por su parte, Andrés Ramírez Xochicali, coordinador en Guerrero de la Guardia Nacional informó que el edificio de la coordinación estatal costara más de 450 millones de pesos. Se construirán 40 edificios para albergar dos comandancias, así como una coordinación estatal y una coordinación de batallón, en un predio de 10 hectáreas que se ubican a un costado del parque industrial que se encuentra totalmente abandonado. Contará con alojamiento para 776 elementos, dos comedores, estacionamiento para 448 vehículos, 2 edificios para atención médica, 4 aulas académicas, depósito de vestuario, equipo, armamento y municiones.
Actualmente hay 4 mil 100 efectivos de la Guardia Nacional en nuestro estado, concentrados principalmente en Acapulco y Chilpancingo. Sus actuaciones más visibles están relacionadas con los desalojos que han hecho contra los grupos que se han organizado para protestar en la Autopista del Sol. Tuvieron una intervención fallida cuando pobladores de los municipios de Quechultenango, Mochitlán y José Joaquín de Herrera, irrumpieron en la capital del estado para exigir la libertad de un líder transportista y el cumplimiento de un pliego petitorio relacionado con la construcción de ejes carreteros.
Ante la amenaza constante de los grupos del crimen organizado, la población ha demandado la presencia de la Guardia Nacional para replegar y someter a quienes delinquen impunemente. También ha sido requerida para brindar seguridad en las jornadas de búsqueda que realizan colectivos de personas desaparecidas.
Sin embargo, la población no se siente atendida ni escuchada por la Guardia Nacional. Es una corporación que no establece una relación cercana con los habitantes que se sienten inermes y urgidos de protección. Responde más a los intereses de la clase política y de las elites económicas. Protege a las instalaciones del estado y resguarda los lugares donde la población acude para protestar.
Es preocupante este proceso de militarización que se está dando en nuestro estado a través de la Guardia Nacional, y que para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es la mejor opción para garantizar la seguridad y la paz en nuestro país. La realidad es que este cuerpo de seguridad está respondiendo más a los megaproyectos que ha impulsado el presidente de la República, destinando un gran presupuesto para el Ejército y al Guardia Nacional. Estas instituciones militares son también empresas constructoras que trabajan en obras estratégicas como el aeropuerto Felipe Ángeles, el tren Maya, el corredor interoceánico, la construcción de hospitales, los bancos del Bienestar y los mismos cuarteles de la Guardia Nacional.
La construcción de estos cuarteles en las 7 regiones del estado refuerza la presencia militar, que desde hace 50 años dejó una herida abierta al implantar una política de terrorismo de Estado. Sin que se hayan reparado estos agravios a la sociedad guerrerense, el gobierno del la 4T ha optado por crear un cuerpo de seguridad militarizado que suplanta en los hechos el modelo de seguridad pública coordinado por autoridades civiles. En lugar de fortalecer a los cuerpos de seguridad del estado y de los mismos municipios se robustece al Ejército a través de la Guardia Nacional, otorgándole multiplicidad de funciones y facultades que debilitan el papel que deben desempeñar las autoridades civiles.
Este cuerpo de elite está formado para proteger al aparato del Estado y no está diseñado para garantizar seguridad a la población. En la práctica la gente no percibe que la Guardia Nacional responda a sus intereses, tampoco experimenta la cercanía y el apoyo efectivo para actuar en defensa de sus derechos. Este distanciamiento genera más bien desconfianza, descoordinación y visiones divergentes entre lo que es la seguridad ciudadana.
Enfrentamos un gran dilema; optar por la vía militar o la vía civil en este proceso de democratización de nuestras instituciones. La vía militar es inviable en Guerrero por todo lo que se vivió en la guerra sucia y lo que posteriormente sucedió con la guerra contra el narcotráfico.
La herida más reciente es la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que de acuerdo a las investigaciones del GIEI (que este martes 25 de julio presentara su sexto informe) el Ejército participó en la desaparición de los normalistas. Por lo mismo, existe un continuum de impunidad en favor del Ejército que ha sido responsable de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y prácticas sistemáticas de la tortura.
Todos estos crímenes son parte de la crisis de derechos humanos que vivimos en nuestro país y que requieren una atención urgente para revertir la espiral de violencia y el número creciente de personas desaparecidas.
La población de Guerrero clama seguridad, como lo han manifestado los habitantes de Mezcala, que no encuentran el apoyo efectivo de los cuerpos de seguridad para dar con el paradero de los pescadores desaparecidos.
De nada sirve instalar cuarteles de la Guardia Nacional si la gente sigue desapareciendo y la inseguridad se extiende en todos los municipios del estado.