La madrugada de ayer, un vecino del poblado El Cayaco asesinó a su esposa de varios machetazos en la cara, el cráneo y una mano. El crimen ocurrió en el interior de la vivienda de la pareja –ubicada en la calle Donato Miranda, sin número– de esa comunidad, a 40 minutos de la ciudad de Acapulco.
De acuerdo con el testimonio de algunos vecinos, Daniel Oliva Aparicio –de 32 años de edad–, había consumido bebidas alcohólicas y piedra (cocaína en roca) la noche del martes pasado, antes de asesinar a su esposa, Virginia Carvajal Rodríguez –vendedora ambulante en la playa, de 23 años. La pareja vivía en una casa de ladrillo de dos pisos con sus tres hijas: Mayra, de 7 años de edad; Marcelina, de 5; y Jazmín, de 2.
El reporte policiaco
De acuerdo con el reporte de la Policía Preventiva (PP), el crimen ocurrió a las 9 de la mañana. Sin más detalles, se explica que el parte informativo fue entregado a agentes de la Policía Investigadora Ministerial (PIM).
El documento de la PP describe que la víctima presentaba heridas en el cráneo del lado izquierdo, en la frente y en la mano derecha. Según el reporte, se recogieron versiones de que el matrimonio bebió durante la noche del martes, y que bajo los efectos del alcohól y la droga, Daniel Oliva mató a Virginia Carvajal.
El reporte de la PIM indica que el presunto asesino fue detenido por su cuñado, Luis Carvajal, a 50 metros de la casa donde vivía su hermana. Esa corporación policiaca agrega que la madrugada de ayer los vecinos escucharon gritos en la casa de la pareja, que pensaron que se debía a que Daniel estaba golpeando a su esposa, pero que no hicieron nada, porque es una persona “muy agresiva”.
Alma Rosa Encarnación Jiménez, novia de un hijo de otro matrimonio de Daniel Oliva, contó que el martes organizaron una fiesta porque ella se había mudado a la casa de la víctima, ya que pronto se iba a casar con el joven. Detalló que, con ese motivo, su próximo suegro mandó a comprar un six de cerveza.
Agregó que, durante el convivio, Daniel Oliva también compró piedra y cocaína; sin embargo, los vecinos confiaron que el homicida vendía esas drogas en las playas, simulando vender playeras.
Alma indicó que fue en la mañana cuando se dieron cuenta del crimen y que su suegro fue detenido por su cuñado Luis Carvajal, cuando bebía una cerveza en una tienda que está a 50 metros de la casa.
Describió que el homicida quiso aparentar que no sabía nada, sin embargo las hijas de Virginia llevaron a su tío a un montículo de grava donde su padrastro enterró el machete.
Siempre la golpeaba pero nunca lo quiso denunciar
Alma Rosa Encarnación reveló que Oliva siempre le dió mala vida a Virginia, a quien a menudo golpeaba.
Reveló que estaba confirmado que su suegro mató a Virginia, porque la hija mayor, Mayra, vió cuando su padre le dio un machetazo.
Alma, que es una mujer joven, indicó que Virginia ni lavaba la ropa porque a su esposo no le gusta la limpieza. Describió que en esa casa hay dos camas, un refrigerador descompuesto, un horno de microondas, un modular y una televisión.
En una ocasión, narró, el acusado le echó a su esposa agua caliente y le prendió fuego con gasolina, lo que le dejó cicatrices en la cara y en el cuerpo. Agregó que en esa ocasión invitó a Virginia a denunciarlo en el Ministerio Público, pero que ella le dijo que si lo hacía él lo negaría.
A veces dejaba sin comer a las niñas
Otra vecina de la víctima –que pidió omitir su nombre– contó que Virginia acostumbraba a andar sucia porque Daniel no la dejaba sola ni un rato. Dijo que “por meterse la piedra”, a veces éste dejaba un día sin comer a las tres niñas.
Por su parte, la madre de la difunta, María Rodríguez –una señora de edad avanzada, de complexión delgada, baja de estatura, y cabello sujeto en una pequeña cola–, casi no cuenta nada de su hija porque cuando escucha el relato de Alma y su vecina, llora.
Lo poco que contó es que en noviembre del año pasado estuvo en el velorio de los tres integrantes de la familia García Pérez, irónicamente, asesinados a machetazos por un conflicto por la invasión de un terreno en la colonia Carlos Salinas de Gortari, donde también ella vive. Alma la interrumpe y dice que también su esposo falleció el mes pasado.
La vecina señaló que tendrían que pedir cooperación para comprar el ataud de Virginia, “porque son humildes”.
Sobre la madrugada del crimen, contó que en la madrugada no escuchó nada. Sus hijos sí, pero que como siempre Daniel le pegaba, no pensaron que la había matado.