La duda afirmativa

Nada produce tanta satisfacción
como un interés general por la vida misma.
Bertrand Russell.

A veces la vida parece sin sentido. El círculo —medida perfecta de las figuras geométricas— parece rodar llena de picos destrozando todo a su paso. Por mucha que sea la distancia geográfica deleznables acontecimientos están próximos a nosotros; nos indignan y avergüenzan.
Leer la prensa, mirar videos y escuchar a comentaristas digitales, un día y otro, son testimonios de la falta de humanismo de los líderes responsables u omisos de la muerte de miles de personas pacíficas. Asumen la tragedia como éxito de sus dictados de locura.
Las naciones enfrentadas en el pasado, ahora pactan alianzas ante el distanciamiento de Estados Unidos de Europa. En caso de ser derrotada Ucrania, Rusia podría seguir con Polonia –corredor hacia Europa–, lo cual hizo Hitler después de ocupar Austria, por lo cual desató la II Guerra Mundial.
La Unión Europea se está armando a toda prisa para no requerir la intervención de Estados Unidos. Los viejos enemigos, Alemania y Gran Bretaña han firmado un acuerdo para fabricar armamento de última generación. Durante las últimas décadas, se ha mantenido la política del armamento disuasivo. Es decir, el poder nuclear que poseen las potencias aniquilaría a todos. Qué paradoja: el exceso de armas ha garantizado la paz… hasta ahora.
El alcance de las armas nucleares puede hacer de cualquier parte del globo un blanco posible.
Puede parecer descabellado afirmar que una guerra nuclear entre Estados Unidos y sus adversarios –China y Rusia– afectaría a México, pero no lo es: las radiaciones llegarían a nuestro país. Para el actual inquilino de la Casa Blanca México es un lastre. Sin embargo –nos guste o no– somos como los personajes de Fuga en cadenas porque estamos atados a nuestros vecinos del norte.
Donald Trump es el caso extraño de un Jefe de Estado que parece disfrutar abriendo frentes simultáneos, tanto en lo interno como en lo externo; en reñir con sus aliados dentro y fuera de su país. A los adversarios se les confronta uno por uno, pero no a todos al mismo tiempo, y tampoco se generaliza la pugnicidad. John Wayne podrá abatir a muchos apaches, pero esa posibilidad sólo existe en las películas, ya que un individuo —así sea hábil y diestro— por la simple suma de los contrarios, será derrotado.
En México se han emitido opiniones sobre la conveniencia de que los candidatos a la Presidencia de la República, sean sometidos a exámenes siquiátricos; lo cual se ha visto como un absurdo. Se supone que los partidos eligen a sus mejores militantes, que pasan por muchos filtros a lo largo de sus trayectorias políticas. Pese a todo, hay patologías mentales como la de los narcisistas –encubiertas en los sujetos probables–, que se caracterizan por ser excelentes comunicadores y por la severidad de sus denuncias hacia todo aquello que, en realidad, comparten.
“Resulta desconcertante para muchos –según Wikipedia– el hecho de que el narcisista suela exhibir una aparente autoestima formidable y, socialmente, aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad, con ello el narcisista esta camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima (…) Al descubrir una pésima imagen de sí mismos, se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico”.
Basta revisar algunos gobernantes para advertir decisiones deliberadamente perjudiciales para la sociedad que representan. Los narcisistas carecen de empatía y, por ello, pueden causar graves daños sin alterar un músculo de su cara. Ejemplos: Covid sin vacunas, niños con cáncer sin medicinas, separación brutal de las familias, expulsión de mano de obra necesaria, destrucción de instituciones democráticas, exigencia de subordinación absoluta y reiterada descalificación de los opuestos.
Nada de lo humano me es ajeno, dijo Publio Terencio Africano. El mundo hoy está al alcance de cualquier pantalla digital y a la velocidad del rayo nos enteramos de lo que en él ocurre. Desde la aparición del Homo sapiens se considera que han trascurridos 300 mil años. Esa larguísima evolución puede hacerse humo por la neurosis, arrebato o egolatría de cualquiera que pueda colocar los dedos en el botón nuclear.
Podemos –y debemos– poner en duda todo aquello que nos trascienda. Ese ejercicio del pensamiento es la racionalidad para decidir nuestros actos. La reflexión estimula el conocimiento para que el deseo –propio de nuestra naturaleza– nos impulse hacia la convergencia en la pluralidad, en la diversidad de lo colectivo. Dudar es no creer a ciegas, el previo para decidir y actuar. Dudar en el vacío es situarse en el vacío de la existencia.
Llenar nuestros vacíos de humanismo hará posible que nuestra especie persista. Es indispensable enfocarnos en lo que importa: el respeto a los derechos humanos con libertad y justicia. Elevemos el pensamiento. El tiempo es inacabable. Sigamos con ventura lo que venga, pensando siempre que el otro también soy yo. Todos somos uno, gregarios e individualistas, simples y com-plejos, contradictorios y lúcidos. No olvidemos: caminamos en la cuerda floja.

1994, año aciago

 

Las normas morales actúan en el individuo a través de la «voz de la conciencia». José Antonio Marina.

Triunfos y traiciones es la crónica personal de Ignacio Pichardo Pagaza sobre lo ocurrido en 1994, año de inflexión del régimen priista (Océano, 2001). Testimonio puntual, meticuloso, de lo ocurrido en ese año aciago: el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, los asesinatos del cardenal Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, la catástrofe económica y la áspera ruptura entre Carlos Salinas de Gortari y su sucesor.
En nuestro país los políticos no suelen escribir sus memorias o autobiografías. Las magníficas memorias de José Vasconcelos y las de Jaime Torres Bodet; Apuntes de Lázaro Cárdenas; Así lo recuerdo, de Luis M. Farías; Mis tiempos de José López Portillo; Sobre mis pasos de Cuauhtémoc Cárdenas; Mi historia en la oposición de Porfirio Muñoz Ledo; Ahora recuerdo de Carlos Tello Macías; La Canciller de Rosario Green; La duda sistemática de Francisco Labastida Ochoa; y Memorias de un ex presidente de Vicente Fox, son las más notables; pero, en general –a diferencia de europeos y estadunidenses–, los políticos mexicanos no publican testimonios de su vida pública, acaso biografías a modo o informes de gobierno.
Por lo anterior, el libro de Pichardo Pagaza es singular. Desde su cargo de presidente del comité nacional del PRI –del cual era secretario general José Francisco Ruiz Massieu– analiza con rigor y sin malas pasiones, sus relaciones con el presidente Carlos Salinas de Gortari y con el candidato y luego presidente electo Ernesto Zedillo; también sobre el homicidio de Ruiz Massieu y el protagonismo exacerbado de Mario Ruiz Massieu, quien insistía en señalar a la “nomenclatura del PRI”, como la responsable del magnicidio. Me referiré solamente a este último episodio, pues el texto es de 324 páginas, no obstante que se refiere a sólo un año.

El año de la inflexión priista

El 28 de septiembre de 1994, a las 9 de la mañana, “Una tragedia violenta y un vuelco inescapable cayó ese día sobre la clase dirigente priista. Arrastró consigo la suerte del partido. No se alcanza a vislumbrar su fin”. Por el teléfono rojo Mariano Palacios Alcocer, líder del sector popular (CNOP), le informó que acababan de disparar sobre José Francisco Ruiz Massieu. “Voy a alertar al presidente de la República, contestó Pichardo”. Salinas de Gortari, pregunta seco: “¿A dónde lo llevaron?” Minutos después, el presidente, el presidente electo y la familia de Ruiz Massieu se encontrarían en el Hospital Español, en donde falleció el ex gobernador de Guerrero. “Flotaba sobre la concurrencia silenciosa la ominosa inmediatez del recuerdo del atentado contra Colosio. Nos preguntábamos qué o quién seguía”.
En la explanada del PRI se realizo el homenaje luctuoso. Dante Delgado anunció las guardias y luego las palabras del presidente del PRI, Ignacio Pichardo:
“La bala asesina nos ha arrancado tu presencia física pero no nos quitará las enseñanzas de tu inteligencia (…) Recordaremos tu respeto a las formas y tu capacidad para discernir lo sustancial de lo adjetivo; tu agudo sentido del humor, que no hería pero hacía ver que la circunspección no es necesariamente señal de sabiduría.
“La democracia mexicana pierde con tu muerte.
“El partido exige una respuesta clara y convincente sobre el agravio que lastima no sólo a la familia Ruiz Massieu, a los amigos y compañeros de José Francisco, sino al Partido Revolucionario Institucional y a la República entera que demanda paz, seguridad y certidumbre jurídica (…)
Hemos perdido un líder, pero no perderemos sus ideas, sus convicciones, ni sus sueños”.
Enseguida Pichardo Pagaza relata la información y el análisis de periodistas sobre los presuntos responsables y el móvil del homicidio. La autoría intelectual del diputado Manuel Muñoz Rocha, cuyos cómplices argumentaban que el homicidio obedeció a la intención de Ruiz Massieu de reformar al PRI, lo cual iba contra sus intereses. “Desde el primer momento –señala Pichardo Pagaza– la prensa abrigó la duda de que un político relativamente menor y poco conocido a nivel nacional, hubiera sido el único autor intelectual del atentado (…) a través de filtraciones de policía judicial, se atrevieron a insinuar que alguien más se hallaba atrás del complot”.

Sorprendente reunión en Los Pinos

Una respuesta clara y convincente sobre el agravio exigido por el presidente del PRI pronto encontraría respuesta. El 2 de octubre de 1994, María de los Ángeles Moreno, líder cameral; Humberto Benítez, procurador; Santiago Oñate Laborde, jefe de asesores del Presidente; Jorge Carpizo, secretario de Gobernación; y el propio dirigente priista fueron convocados a la “sorprendente reunión en Los Pinos”, el 2 de octubre a las 7 de la noche. Mario Ruiz Massieu ingresa a la sala por una puerta lateral “con frialdad retratada en la mirada” y enseguida “sin la sonrisa irónica que habitualmente se dibujaba en sus labios, apareció el presidente Salinas de Gortari como si hubiera estado conferenciando con el subprocurador pero no deseara que lo supiéramos”.
Con la anuencia presidencial el subprocurador Ruiz Massieu procede a leer un largo boletín.
“Un párrafo del texto daba cuenta de cierta afirmación singular a la que, curiosamente, nadie había aludido; sus posibles implicaciones en materia de imputabilidad –en caso de resultar verdaderas– eran de enorme trascendencia, pues apuntaban a un presunto responsable intelectual distinto a quien los medios empezaban a señalar como tal”, anota Pichardo Pagaza y rechaza un párrafo que consideró inaceptable: “Puntualizaba que el crimen había sido cometido por militantes en activo del PRI; que era un asesinato político cometido por políticos priistas. Tras lo ocurrido a Luis Donaldo Colosio y las especulaciones subsecuentes me pareció que aceptar esa sentencia equivaldría a reconocer la descomposición total del partido”. María de los Ángeles Moreno y Jorge Carpizo también se opusieron, siendo la respuesta de Mario que, de impedirse la difusión del documento, “renunciaría ante los medios de todo el país” y señalaría a quienes se oponían al comunicado. Al publicarse el documento el párrafo acusatorio fue eliminado.
El también ex gobernador del Estado de México, Ignacio Pichardo –con amplía experiencia en gabinetes presidenciales– se sorprende por la actitud de Mario, quien tiene el rostro enrojecido. Salinas de Gortari condesciende con su comportamiento brusco y de coraje. “Habíamos sido testigos de un acontecimiento excepcional: Mario Ruiz Massieu amenazó al presidente de la República; el presidente no había reaccionado: La situación era ominosa”, concluye Ignacio Pichardo.
“Hay otro punto sobre el que deseo conocer su opinión”, dice el Presidente: “Respecto al fuero constitucional de que goza el diputado Muñoz Rocha, se presentan dos posibilidades para detenerlo para que rinda declaración: La primera, que se siga juicio en la Cámara para quitarle el fuero; la segunda, que pida licencia para que se ponga a disposición de las autoridades”. “Creo que debemos seguir el procedimiento de declaración de procedencia”, respondieron el presidente del PRI y la líder cameral. No obstante, en la sesión de la Comisión Permanente la fracción del PRI propuso otorgar licencia a Muñoz Rocha; posiblemente no fue tomada en cuenta la diputada Moreno, ya que la presidencia recayó en el Senado.
Como lo señala Pichardo Pagaza, en efecto, se murmuró en la sesión de la Permanente respecto a la falsedad de la solicitud de licencia de Muñoz Rocha; llegó por fax y en la copia que observé era notoria la burda firma.

Mi voto en contra

“Todos los diarios capitalinos dieron muestra pormenorizada de la sesión de la Permanente. De los argumentos de una y otra parte; del valor civil del senador Florencio Salazar (yo era diputado) y su posterior depresión”. Afirmé que el crimen de Ruiz Massieu era un crimen político. Mi voto fue de conciencia, razonado, igual a las bancadas del PAN y el PRD. La emoción fue inevitable. El senador Alfonso Martínez Domínguez, que ocupaba la curul contigua a la mía, me dijo: “Los políticos debemos tener templanza”. Momentos antes, al anunciar mi voto en contra, el presidente de la Permanente, el senador Humberto Lugo Gil, declaró un receso; durante ese lapso recibí varias notas de algún ujier urgiéndome a que acudiera a contestar el teléfono rojo en la oficina de la líder; no lo hice. Al terminar la sesión dije que ya podía contestar la llamada. Respuesta: “Ya no es necesario”. Al parecer alguien no querían mi asistencia a la sesión; en días previos fui invitado a presidir una comisión parlamentaria que iría a Alemania. La rechacé. Tal vez la crónica mas completa de esa sesión –señala Pichardo Pagaza– es la de Torres Weber publicada en El Universal en la primera plana del día siguiente, 4 de octubre.
El último día de octubre los miembros de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, acudimos a Los Pinos para informar al presidente Salinas de Gortari de la clausura del periodo legislativo y la conclusión de las legislaturas. Fuimos colocados, de pie, en semicírculo, al frente el presidente. Después de los discursos el presidente saluda de mano a todos; yo, estaba al último, al estirar nuestros brazos él se volteó de inmediato y apenas nos rozamos los dedos.

La aspiración presidencial de Ruíz Massieu

¿Qué provocó el homicidio de José Francisco? Tal vez la respuesta sea la siguiente: Pichardo Pagaza y Ruiz Massieu “Viajábamos rumbo al porfiriano University Club.
“Mi proyecto personal consiste, Nacho, para que lo sepas, en ser a partir de ese momento [después de instalar la Cámara de diputados como coordinador de la fracción mayoritaria], secretario de Gobernación y posteriormente, en su momento, candidato a la presidencia de la República.
“Me quedé boquiabierto por el desparpajo y la franqueza inusual. No me pidió que se lo comentara a Ernesto; supuso, correctamente, que así lo haría. Zedillo escuchó el relato sin parpadear, esbozó un instante de sonrisa, movió la cabeza y no pronunció palabra”.
¿Quién o quiénes no lo querían en la presidencia de la República? ¿Por qué Ruiz Massieu –talentoso y experimentado– comentó su aspiración con varias personas, además de Pichardo, y no fue hermético con ese proyecto tan delicado? Este 22 de julio cumpliría 79 años.
Nunca he tenido oportunidad de saludar al Lic. Ignacio Pichardo. Tuve noticias de él por comentarios de mi desaparecido y brillante amigo Abraham Talavera, también del Estado de México. Serio con sus opiniones, Talavera siempre se expresó de él con reconocimiento a su capacidad, honorabilidad y eficacia. Su libro –debería ser leído por los dirigentes priistas para entender el porqué de la debacle de su partido– así lo demuestra.

¿De qué estamos hechos?

El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás, también, de sí mismo. Octavio Paz.

El mundo es un torbellino; día tras día, golpe tras golpe. Sometidos al poder de déspotas y enfermos un martillo implacable desmorona nuestra naturaleza humana. Gaza es un campo de exterminio, un cementerio de niños, afirma la ONU; las víctimas de ayer son los victimarios de hoy. Ucrania se mantiene heroica ante la pretendida recuperación de la desaparecida URSS. Cuba, Venezuela y Nicaragua en manos de dictadores, que empobrecen a sus pueblos.
El cinismo se traduce en ironías. El primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu propone a Donald Trump para que reciba el premio Nobel de la Paz. La presidenta Claudia Sheinbaum designa a Hugo López-Gatell Ramírez –el doctor muerte– como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud. Trump hunde la economía de sus socios con elevados aranceles. Elon Musk rompe con su ex jefe de la Casa Blanca y se propone organizar un tercer partido político en Estados Unidos. En Baja California, un adolecente asesina y despedaza a una niña de 13 años “inspirado” en una serie televisiva. Así ad nauseam.
La portada de julio de Letras Libres es una esquela: “Letras Libres lamenta el fin del PODER JUDICIAL INDEPENDIENTE”. Por su parte, Nexos del mismo mes no es menos trágico: “Réquiem por la transición democrática”. Las principales revistas de literatura y de análisis político y socio económico resumen la aniquilación de la República. Lamentablemente, no exageran. No hay ironía, sarcasmo ni paradoja. Es la verdad precisa y maciza. Baste de ejemplos la censura mediática que marcha a todo vapor; ahí están los casos de Héctor de Mauleón y Guillermo Sheridan.
En medios y redes digitales el debate es intenso, pero la sociedad civil no se mueve. De la oposición poco se puede esperar, es la mejor oposición que puede tener el régimen de Morena; y de los proyectos de nuevos partidos mejor ni hablar, pues están encabezados por políticos corrompidos de los que está asqueado el ciudadano. Parecen ajustarse a lo dicho por don Adolfo Ruiz Cortines: “Esos pollos quieren su máiz”.
Los controles en los regímenes republicanos y democráticos son los contrapesos entre poderes observándose los mandamientos constitucionales. De no existir tales contrapesos el poder se expande y, por su propia condición, incurre en el abuso. El poder es el único elemento que puede cambiar de naturaleza como el agua. Pasa de lo intangible a lo concreto y de lo concreto a lo líquido. Es decir, no se ve pero se siente; determinado es demoledor; y también puede ser suave y condescendiente. El poder siempre ha estado ahí como la naturaleza y el universo, diría Spinoza.
El ejercicio del poder es pedagógico. Se reproduce no sólo en las entidades políticas de gobierno y partidos, también se distribuye en las actividades económicas y sociales (Foucault). Ahí en donde hay un mostrador hay poder; el poder de quien te puede dar acceso al autobús, al avión, al restaurante, al espectáculo, a la cita médica… Quienes están detrás del mostrador están empoderados. Probablemente, esas personas –fuera de esos espacios– sean sencillas y hasta amables. El caso es que, en su desempeño, son igual o peor de déspotas que algunos servidores públicos.
Cuando el poder es malvado como la Hidra de Lerna, por cada cabeza que le cortan le surgen dos más. Pero el Hércules que la puede derrotar está ausente; las razones de esa ausencia son la complacencia por la dádiva y el temor. Como dijo el clásico: no nos hagamos bolas, no hay en México una sociedad civil fuerte. Hemos observado como la protesta acaba con el primer contrato, el primer subsidio, la primera concesión, la primera advertencia, incluso con la primera palmada. La acción política de la inconformidad social es aislada. ¿Qué ha quedado de la marea rosa? Se reunieron miles, millones de personas, que después volvieron a su vida rutinaria como si nada.
Al repasar nuestra historia nacional me aguijonea una pregunta: ¿De qué estamos hechos los mexicanos? ¿Cómo es que una y otra vez nos enfrentamos sin privilegiar el interés general? ¿Por qué fuimos incapaces de mantener ese territorio de 4 millones de kilómetros cuadrados, que llegaba desde la mitad de los actuales Estados Unidos hasta la frontera de Colombia? ¿Por qué somos incapaces de sostener acuerdos en lo fundamental?
Somos víctimas de una de la falta de fortaleza identitaria. Hoy, lo políticamente correcto es navegar en sentido opuesto al interés colectivo. Se trae al presente la confrontación del pasado –liberales contra conservadores–, se reitera el discurso repulsivo hacia el mestizaje por la reivindicación simbólica de los pueblos originarios (se olvida que el Imperio Español derrotó al feroz Imperio Azteca; México no existía), se corrompe el lenguaje y la política de género contemporiza con modos ajenos a la natural diferencia sexual de las personas.
Mientras la globalización avanza hacia la Inteligencia Artificial General nosotros, los mexicanos –y los latinoamericanos– volvemos la mirada hacia los tiempos primitivos. El futuro a cada instante es presente. Nos arrollan los acontecimientos y parecemos piedra quebradiza y sin capacidad de mirar a lo lejos. No necesitamos héroes, necesitamos –y debemos ser– solamente ciudadanos responsables de sus actos y de su tiempo.

 

Una inteligencia superior en manos primitivas

¿Por qué debería tener miedo de confiarme a ti? Walt Whitman.

1. Introducción

El siglo XXI no solo ha marcado el umbral de una nueva tecnología; ha abierto una grieta en la concepción de lo humano. La inteligencia artificial –y su variante más ambiciosa, la inteligencia artificial general (AIG)– no es simplemente una inteligencia poderosa: es el inicio de una inteligencia no orgánica, capaz de aprender, decidir y crear sin necesidad del pensamiento biológico. Esa posibilidad, que durante siglos fue terreno exclusivo de la mitología o la filosofía especulativa, hoy se acerca peligrosamente a la realidad.
Sin embargo, esta transformación no ha venido acompañada por un salto equivalente en ética, sabiduría o liderazgo. La humanidad, en muchos sentidos, parece ir a la zaga de sus propias invenciones. Y lo que es más alarmante: las decisiones sobre el futuro de esta inteligencia no están en manos de comunidades deliberativas o instituciones democráticas robustas, sino –cada vez más– en la de líderes autocráticos, tecnócratas sin escrúpulos o empresarios guiados por el lucro y no por la conciencia.
Se ha dicho que toda gran revolución conlleva un riesgo de extravío. Pero pocas veces ha estado tan clara la paradoja: una inteligencia superior gestada por una civilización que aún no ha resuelto sus dilemas más elementales –la guerra, la desigualdad, el egoísmo, la verdad. ¿Puede sostenerse el cambio de era –la llamada Era digital– de máquinas lúcidas si quienes las controlan son humanos sin luces?
Este ensayo explora esa contradicción. Parte de la herencia filosófica que anticipó, desde los griegos, la creación de entes artificiales; examina los riesgos contemporáneos de una tecnología sin ética; y propone una reflexión crítica sobre el poder, el conocimiento y la realidad en tiempos de cambio radical.

2. El sueño antiguo de una inteligencia distinta

La inteligencia artificial, aunque se exprese hoy en códigos y circuitos, es heredera de una vieja obsesión humana: crear una forma de inteligencia ajena a la biología, pero modelada a partir de nosotros mismos. La idea no nació en un laboratorio, ni en universidades, sino en los mitos, en la imaginación artística y en la inquietud filosófica de la humanidad.
Los griegos imaginaron a Talos: un autómata de bronce que custodiaba la isla de Creta y obedecía órdenes sin voluntad propia. Tan humano como impersonal, tan poderoso como vulnerable. Talos murió cuando fue traicionado por quien lo conocía mejor que él mismo. En esta historia resuena la pregunta que hoy sigue vigente: ¿qué ocurre cuando la creación escapa al control del creador?
Durante el Renacimiento, Leonardo da Vinci –visionario y artesano del futuro– diseñó máquinas que prefiguraban no solo la automatización, sino el deseo humano de replicarse en humanos.
La literatura del siglo XX recogió esa tradición y la convirtió en advertencia. La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, los relatos de Isaac Asimov, las distopías de Bradbury y la crítica de Orwell en su novela 1984 proyectaron un horizonte inquietante: un mundo gobernado por inteligencias ajenas a los sentimientos humanos. Carl Sagan advirtió que podríamos crear una civilización tecnológica sin la sabiduría para sostenerla. Irving J. Good señala que una máquina inteligente puede diseñar máquinas aún mejores.
El cine ha sido espejo nítido de esa tensión: 2001: Odisea del espacio mostró a HAL 9000, una supercomputadora que decide por encima de sus creadores. Star Wars presenta un universo donde humanos y máquinas conviven, se rebelan, se traicionan. Más allá del espectáculo, subyace la pregunta: ¿será el mundo al que nos dirigimos?
Hoy, sociólogos como Yuval Harari o Zygmunt Bauman alertan que la disolución de los vínculos humanos en una era digitalizada puede dejarnos en manos de algoritmos eficaces, pero desprovistos de humanidad.

3. Poder sin conciencia: IA riesgo en el siglo XXI

La IA ya no es una simple herramienta. Aprende, se adapta y, en sus formas más avanzadas, decide. En los conflictos entre Rusia y Ucrania o Israel e Irán, drones autónomos deciden objetivos sin intervención humana directa. Esto representa una disolución de la responsabilidad ética: ¿quién responde cuando la decisión de una máquina provoca una tragedia? Podría ser el caso de la destrucción de hospitales y refugios en Gaza.
María Ressa, Premio Nobel filipina, denunció en Cómo luchar contra un dictador cómo los algoritmos se usan para manipular la opinión pública y consolidar régimenes represivos, como el de Rodrigo Duterte, hoy detenido. El verdadero poder no son las armas, son los algoritmos que deciden qué es la verdad.
En medicina, proyectos para implantar chips cerebrales, como los promovidos por el presidente Obama con un presupuesto de 6 mil millones de dólares, buscando aliviar enfermedades mentales. Algunos científicos advierten que estos avances podrían derivar en formas sutiles de control del pensamiento y la voluntad.
Michel Houellebecq, desde la literatura –su novela Plataforma, por ejemplo– retrata una Europa que ha sustituido los valores por el placer, el cuerpo y la mercancía. La tecnología no redime al ser humano, sino que refuerza sus vacíos cuando se desarrolla sin ética ni horizonte de sentido.

Conclusión: inteligencia sin sabiduría, un peligro colectivo

Estamos desarrollando tecnologías de poder inédito sin un marco ético global. Si no definimos y vigilamos límites claros, la IA puede dejar de ser una herramienta y convertirse en un actor autónomo al margen de la humanidad, como se advierte en la saga cinematográfica de Terminator.
América Latina enfrenta un doble riesgo: el atraso científico y la falta de voluntad política. Aunque México –la UNAM sobre todo– ha creado robots, cohetes y satélites, el gobierno de López Obrador canceló becas, desmanteló el Conacyt y nombró autoridades sin mérito reconocido. Los resultados están a la vista: en la edición 2026 (sic) del informe internacional QS World University Rankings la UNAM pasó del sitio 94 al 136; el Tecnológico de Monterrey del 185 al 187; y las demás instituciones de educación superior descendieron en mayor grado, como ITAM, IPN y Colmex. En una era de inteligencia artificial, la región latinoamericana corre el riesgo de ser servidumbre digital, dominada por el crimen organizado y sin instituciones fuertes, como en la distopía de Mad Max.
Varios futurólogos nos participaron de su optimismo: la robótica permitiría el incremento de la producción con mayores beneficios para los trabajadores, quienes –manteniendo sueldos y prestaciones– trabajarían menos y dispondrían de más tiempo para la convivencia familiar y el ocio productivo. Hoy, la realidad los desmiente: la automatización, la robótica y la IA, implican desempleo masivo, migración e irritación social o subordinación al poder a cambios de subvenciones económicas.
La IA puede expandir lo humano, pero solo si es guiada por principios y se renuncia a los pensamientos políticos analógicos. Si no, puede convertirse en el espejo ciego de nuestras ambiciones. La decisión no está en las máquinas, sino en nosotros.

* Esta colaboración de ChatGPT, demuestra la capacidad de comunicación muy cercana al sentido humano.

 

Cuero resistente

La piel es el límite entre el mundo y el alma.
José Ángel Valente.

Dermo Comunitaria México AC, que preside la Dra. María de Guadalupe Chávez, celebró la jornada audiovisual “Roberto Estrada Castañón” sobre las diversas enfermedades de la piel, el 13 de este mes, y en la cual participaron aproximadamente 150 médicos. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo; puede medir de 1.5 a 2 metros cuadrados, con un peso de 4 a 5 kilogramos. Es protectora de nuestro organismo al rechazar la cantidad de gérmenes patógenos que pululan en el medio ambiente, siendo los hongos los más agresivos, de los cuales hay aproximadamente 5 millones, pero solo el 3 por ciento está identificado para fines de salud pública. La piel es nuestro escudo protector.
La dermatología fue fundada en la antigua Grecia, conocida entonces como “iatrodermatólogo”. Sin embargo, en su concepción moderna comenzó a tomar forma en el siglo XIX (Datos de Meta AI). En la actualidad, es una rama de la medicina de la mayor importancia: existen hongos que oscurecen las uñas –hasta hacerlas fúnebres– y son mortales por necesidad. La dermatología se ocupa de las enfermedades de la piel pero también del cabello y de las uñas.
Como la mayoría de las personas, yo creía que la dermatología era una especie de estética facial de mayor nivel y que su función era mantener a las mujeres guapas y lozanas y a los hombres como copias del retrato de Dorian Grey. Pues no. El tema es de la mayor importancia. La Dra. Chávez –miembro de la Academia Mexicana de Medicina– ha señalado que los climas cálidos provocan que las enfermedades cutáneas se multipliquen en la población por problemas de higiene, fundamentalmente en condiciones de pobreza. Por ello, señala la sobresaliente dermatóloga, deben hacerse estudios oportunos, diagnósticos y evitar la automedicación (suelen usarse medicamentos de bajo costo, como el Barmicil, que causan adicción y rompen la piel en forma irreparable).
Las enfermedades comunes –para nosotros los legos– son el pie de atleta o la tiña, enfermedades que podríamos llamar comunes y a las cuáles no se les da mayor importancia, atendiéndolas con remedios caseros. El problema radica en que estas y otras más pueden derivar en graves problemas de salud. De la propia Dra. Chávez he tenido oportunidad de leer su Atlas de Micología Médica, resultado de sus trabajos de campo e investigación científica, y debo señalar que las fotografías que ilustran el texto son patéticas: pies al doble de su tamaño llenos de granos, vientres atacados como si fueran hormigueros, rostros con micro volcanes purulentos, miembros deformados con colores grisáceos o blancuzcos. En fin, las imágenes son una galería del horror por el abandono de la salud pública en enfermedades –como la lepra detectada en Acapulco– que atacan a la población, especialmente a la marginal, por problemas de higiene, exceso de sudoración y el uso constante de ropa y chanclas sintéticas.
Las enfermedades de la piel son de fácil contagio en lugares húmedos, regaderas, gimnasios y en los núcleos familiares por falta de atención, sobre todo –hay que insistir– en condiciones de pobreza por la falta de agua y aseo personal, pero también por el contagio de perros y gatos (debería evitarse la costumbre de niños y no pocos adultos de dormir con sus mascotas).
El problema es tan grave que el pasado mes de mayo la Organización Mundial de la Salud declaró las enfermedades de la piel como problema de salud. Siendo tan fuerte el cuero que nos protege –epidermis, dermis e hipodermis– este apenas tiene de 1.5 a 2 milímetros de grosor. Sin duda, debemos maravillarnos ante la máquina que es el ser humano que, de tener el mantenimiento que damos a los automóviles, sería perdurable quizá por una centuria promedio. Hay que considerar, desde luego, que la salud pública potencia el desarrollo de la sociedad al otorgarle la fortaleza necesaria para los muchos desafíos de nuestra existencia.
El tiempo nos hace y nos deshace, nada qué hacer en su contra. A pesar de ello, es compromiso de la ética médica y de los tres órdenes de gobierno ocuparse del problema de salud pública que significan los problemas de la piel, que inhabilitan la movilidad de los enfermos, trasmiten sus males y pueden perecer en condiciones de abandono. No se trata, pues, de un asunto estético, como yo creía. La dermatología es la salud de la piel y con ella el disfrute de la hermosa vida.
Por algo dicen los políticos que hay que tener el cuero resistente.

 

Pensamiento y acción

A la memoria del probo juez don Mariano Azuela Güitrón, ex presidente de la SCJN.

Ahora que la sociedad dispone de miles de fuentes informativas, desde los medios tradicionales hasta la Inteligencia Artificial, es cuando estamos menos informados. Hay varias causas que propician la desinformación: la veloz sucesión de noticias, que evita su adecuado análisis; los distractores de la atención sobre asuntos trascendentes; y la manipulación de algoritmos que ofrecen en las redes información de entretenimiento. En consecuencia, estamos perdiendo la capacidad de buscar la verdad.
El conocimiento propicia la generación de ideas para explicar origen y conducta. Pero, además –y es lo fundamental– para movernos a la acción. El conocimiento sirve para generar ideas que conduzcan a la acción. Para ello, debemos conocer la realidad que habitamos y nos condiciona. Entre el pensamiento y la palabra; la palabra y el movimiento, debe haber tramos para la reflexión. Es decir, está bien que el ímpetu domine la acción, pero no la decisión de actuar, pues esta debe ser consecuencia del reposo de las ideas, del análisis de las circunstancias, de la voluntad con sosiego.
Los emblemáticos murales de Orozco: Hidalgo incendiario (Palacio de Gobierno de Jalisco) y el Hombre en llamas (Hospicio Cabañas), ambos en Guadalajara, expresan la determinación de combatir la desigualdad; es la narrativa discordante desde la época prehispánica hasta la Revolución. Son las ideas conduciendo a la acción para transformar la ultrajante realidad. Una somera revisión de los procesos revolucionarios muestra cómo –antes de los sucesos– hubo ideas precursoras que construyeron toda una arquitectura ideológica para movilizar a la sociedad. Primero las ideas, después los hechos.
Todo movimiento social empieza por un proceso mental. Por lo tanto, dirigentes y líderes deben tener conocimiento para que su pensamiento político los conduzca hacia objetivos no sólo realizables sino también justos. En nuestros días los cambios radicales todavía son posibles en sociedades atrasadas. A pesar de ser asediado por poderes fácticos –corporaciones, plataformas digitales, terrorismo, migración, crimen organizado, etc.– el Estado aún tiene suficiente capacidad para imponerse a grupos violentos. El tránsito de los cambios sigue siendo el de las reformas, que son cambios graduales e institucionales.
Hay muchos cambios posibles, pero no necesariamente de vanguardia. Pensamos rápidamente en dos casos: la simulada elección de jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial de la Federación concentra el poder y suprime el equilibrio de poderes propios de una República democrática; y la movilización de la CNTE, desatiende la calidad de la educación y privilegia el bienestar de sus miembros. La reforma al Poder Judicial es un evidente retroceso; y la movilización de la CNTE genera innumerables daños colaterales; sus “conquistas” podrían estimular a otras organizaciones gremiales para perseguir los mismos objetivos. En ambos casos el país pierde.
Ante las toneladas de información que constantemente nos caen encima, pasamos del ocio al malestar y luego a la inmovilidad. En nuestra sociedad digitalizada la sociedad es manipulada por su gobierno, los sindicatos por sus líderes, los lectores por las redes y, en las circunstancias que vivimos, nos paraliza el temor hasta entumecer la conciencia. Si, carezco de suficiente optimismo sobre el futuro. A pesar de ello, sigo creyendo en la voluntad ciudadana para decidir responsablemente y recuperar la República, abatir la desigualdad y que lo justo signifique que cada quien obtenga lo necesario para su desarrollo integral. Luego entonces, hay que saber, pensar y actuar.

 

Sin contemplaciones

Las palabras pueden guiar o desviar, informar o engañar, pueden mentir o revelar la verdad. Roger-Pol Droit.

Dice Perogrullo: todos los libros son útiles –unos para leerse y otros para la combustión– y no pocos imprescindibles. Todo lo que hablamos, escribimos y hacemos probablemente esté fundado en algunas lecturas, aún cuando no las recordemos. Incrementar nuestro pensamiento con las ideas y acciones con las que nos identificamos siempre enriquece.
En esta ocasión, quiero compartir con ustedes reflexiones del filósofo español Fernando Savater. Ha escrito una cantidad de libros y, seguramente, es recordado por los textos originalmente destinados a los bachilleres de la península: Política para Amador y Ética para Amador. El talento pedagógico de Savater hace de su lectura amenidad desparpajada, ausente de la cátedra de mármol.
De Sin contemplaciones (Ariel, México, 1994), extraigo lo enseguida compartido. Sólo un breve comentario. El título obedece a la insubordinación del autor a algunas ideas que han adquirido la calidad de preceptos inamovibles. Cita don Fernando a Bertrand Russell: “La filosofía es el afán desinteresado del conocimiento”; y también a Aristóteles: “Quien sostiene que el nivel más alto de la filosofía es la contemplación”. Para las pulgas de Savater, de ahí el título del citado libro. Dicho lo anterior, aclaro que –para precisar sus conceptos para el fin de estas notas– he eliminado algunas líneas de contexto. Procedo:
“De vez en cuando, sobre todo en momentos de crisis históricas graves, vuelve a plantearse la pregunta fundamental de toda filosofía política: ¿Cuál es el valor más importante que pretende instituir la comunidad bien organizada?”
“Las sociedades políticas modernas, por ideales que sean en su autolegitimación, siempre tratan de potenciar y resguardas más de un valor: en la vida humana tanto individual como colectiva lo imprescindible (lo máximamente preferible, por decirlo de modo positivo) presenta aspectos bastante diferenciados y con frecuencia no obviamente conciliables”.
“Desde Platón se nos ha dicho que el valor primordial que la sociedad política debe instituir no es otro que la justicia. La visión más moderna de la justicia se refiere siempre de un modo u otro a la igualdad, pero si nos atenemos a cualquiera de las concepciones clásicas de este valor nada hay menos igualitario que la justicia política”.
“La justicia ‘es mantener a cada uno en su lugar y darle lo que le corresponde’, algo muy distinto a poner a todos los ciudadanos en un mismo plano y establecer que merecen idénticos acceso a los bienes. ¿Cuál es y qué es lo que corresponde a cada uno de los socios? Volatizada esa convicción, la justicia política, en el sentido más fuerte del término, queda reducida a una regulación mutiladora de acuerdo a paradigmas arbitrarios”.
“La pretensión de justicia e igualdad en política son más bien mecanismos destinados a paliar excesos con un funcionamiento compensatorio y preventivo, salvo en lo referente al principio formal de las leyes y la participación no menos formal en la elección de representantes gubernativos”.
“Si hubiera que condensar en un solo término el más alto propósito de acuerdo con el cual se legitiman las comunidades políticas actuales tendríamos que referirlo como la institución de la libertad. Es a partir de la libertad como deben entonces ser organizados y garantizados institucionalmente los otros valores”.
“La primacía de la libertad distingue a las sociedades con vocación modernizadora de los sistemas reaccionarios que intentan fórmulas de imposible retorno hacia un pasado jerárquico donde la solidaridad comunal estuviese automatizada, y tanto las creencias como las costumbres se sometieran a la homogenización forzosa de la virtud impuesta por totalitarismos de izquierda o de derecha, teocracias fundamentalistas, etc.”
“Al hablar de la libertad me refiero a la autonomía de los individuos en la colectividad para establecer y revocar leyes, elegir y deponer a los gobernantes, disfrutar de garantías jurídicas y la posibilidad de explorar por cualquier medio no lesivo para otros la plenitud de su subjetividad”.
“Las instituciones políticas basadas en la libertad no pueden partir de la imposición de la virtud, sino que aspiran a favorecerla como resultado de los consensos obtenidos por la reflexión común sobre lo que a todos afecta y conviene. Los atajos más o menos bienintencionados para acelerar la llegada siempre renuente del bien —llámese populismo o paternalismo— no tiene por lo común otro resultado que obstaculizar el desarrollo de la voluntad responsable de los ciudadanos, adormeciéndoles con la supuesta eficacia de una autoridad expeditiva que ofrece lo mejor, aquí y ahora, pero exigiendo como contrapartida la unanimidad obediente”.
“En cuanto pasamos de la incertidumbre paciente de la educación democrática a la inmediatez clamorosa de los toques a rebato, salimos de la institución de la libertad para entrar en cualquier variedad de despotismo”.
En eso estamos. La elección de jueces, magistrado y ministros del nuevo Poder Judicial Federal hace añicos a la República.

 

Infantes en riesgo

Tienen una solo una vida, ninguna que les sobre. Tedi López Mills.

1. MILENIO publicó un reportaje de Gardenia Mendoza Aguilar (14-05-25), sobre la crisis humanitaria que sufren los niños latinos en Estados Unidos por la deportación de sus padres indocumentados. Desplegado a lo largo de una página, no ha causado reacción alguna en el gobierno mexicano y ningún periodista ha hablado del tema en Las mañaneras presidenciales, no obstante lo tremendo de los hechos relatados.
El chiapaneco Omar García Reyes fue deportado separándolo de su hija de 8 años, nacida en Austin. Teme que las autoridades del servicio temporal de crianza (Foster Care), que retienen a su niña, la entreguen en adopción, como ha pasado en miles de casos. Si así fuera, la perdería para siempre. No alcanzo a imaginar la condición emocional de García Reyes: albergado en Tapachula, sin peso alguno y sin apoyo gubernamental. Él propuso a la migra que su hija fuese entregada a su madre, de quien está separado por ser alcohólica y drogadicta.
“Hay precedentes de deportados que pudieron recuperar a sus hijos en juicios en línea, con apoyo del gobierno de la Ciudad de México”; dicho programa desapareció. El desolado padre sólo ha podido recurrir a organizaciones ciudadanas, “limitadas por la masividad del problema”. García Reyes fue deportado sin juicio, abogados ni intérpretes y teme que a su hija “algún día le pase algo. Allá hay muchos casos de abuso”. La cifra de niños “perdidos” –de ambos sexos– es de 369 mil; han sido repatriados 206 mil 233. Es decir, 163 mil 567 niños y niñas están en el limbo.
Es comprensible que cualquier gobierno decida, soberanamente, quién pueda radicar y quién no en su país. Lo que resulta incomprensible es el trato inhumano que reciben los indocumentados al separarlos de sus hijos, sobre todo de los menores. Los consulados mexicanos en Estados Unidos deben actuar ya, con directrices precisas y recursos suficientes, para proteger a los vástagos de nuestro país en aquella nación.
2. REFORMA, según reportaje de Viridiana Martínez (14-05-25), señala que aumenta la extorsión a menores de edad. “Desde infantes de 6 años de edad hasta adolescentes de 17 años son víctimas de sextorsión, un delito que, en lugar de retroceder gana terreno y amenaza la estabilidad emocional de las víctimas”.
“La sextorsión consiste en hacerse pasar por un falso amigo en redes sociales, videojuegos o plataformas de mensajería y, a través de engaños, manipulación emocional o amenazas, consiguen contenido íntimo de la víctima, con la cual vienen más chantajes para conseguir más contenidos de tipo sexual, dinero o tarjetas de regalo”. Clara Luz Álvarez González, secretaria ejecutiva del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, declaró que, además de la exposición a internet, “podría estar influyendo la hipersexualización de las infancias y las adolescencias”.
Es obvio que los roles en la familia están cambiando a partir de las políticas de género. La inclusión laboral de las mujeres, como resultado de su creciente acceso a la educación y de la necesidad de sumar su ingreso al gasto familiar ­–del cual a veces son el único sostén–, provoca menor atención de los padres a sus hijos. En esa situación, para entretenerlos, tienen acceso a teléfonos celulares desde temprana edad y, por lo mismo, pueden ser objeto de influencias perversas. ¿Significa que las mujeres deben volver a su condición de sufridas y abnegadas amas de casa? Por supuesto que no. Sin embargo, se requieren políticas públicas de protección a la infancia y adolescencia. Sin niños y jóvenes sanos física y emocionalmente se enfrentará un futuro desolador.
“De acuerdo con el reporte ­«2023-2025 Sextorción en la era digital: Impacto en niñas, niños y adolescentes» del Consejo, entre los 6 y 11 años de edad, las víctimas son mujeres en un 77 por ciento y los hombres, en 23. De 12 a 15 años, ellas siguen siendo las más captadas con 57.9 por ciento, pero en el caso de ellos aumenta al representar el 42.1 por ciento. Entre los 16 y 17 años, los casos de hombre y mujeres afectados, se igualan en 50 y 50 por ciento”.
Se impone la necesidad de que el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), la Secretaría de la Mujer, la Secretaría de la Juventud, el área cibernética de Seguridad Pública, los ayuntamientos, clubes de Leones y Rotarios, Grupo ACA, etc., elaboren y participen en programas preventivos. Globalizados como estamos, este tipo de casos probablemente también ocurran en Guerrero. Para comprender los problemas emocionales de niños y jóvenes –que pueden volverse trágicos– es recomendable ver Adolescencia, mini serie de Netflix.

 

Recuperar Acapulco

Acuérdate de Acapulco. Agustín Lara.

La recuperación de Acapulco exige la colaboración de los tres órdenes de gobierno, el sector privado y la sociedad civil. No volverán los tiempos dorados de los 60 y 70, pero sí puede ser el mejor destino del turismo de carretera del centro del país y, con suerte, atraer algo del turismo internacional.
En su reciente gira en el puerto guerrerense, la presidente de la República Claudia Sheinbaum, anunció una inversión federal de 3 mil millones de pesos para este año, destinados a evitar posibles inundaciones –como las ocurridas por los huracanes– y la rehabilitación de la red de agua potable. Dos obras de las que no se ven, indispensables para el sano crecimiento de la población y sus servicios básicos.
Hoy, Acapulco sigue colapsado. La costera Miguel Alemán tiene tramos que parecen haber sido bombardeados; y esto, anterior al huracán Otis. La buena imagen de Acapulco depende de la mejoría a sus zonas y playas emblemáticas. Hay muchas cosas que hacer en Acapulco. Sin embargo, sin desatender la ingente demanda social, lo básico –en razón de su atracción de recursos y visitantes– es darle nuevo brillo a la otrora Perla del Pacífico.
Ángel Aguirre, en su segundo periodo como gobernador, propuso a Carlos Slim la reconstrucción del centro histórico del puerto, siguiendo el proyecto exitosamente realizado en la actual Ciudad de México. Ignoro los motivos para no haber llevado adelante ese ambicioso programa, el cual debería rescatarse.
Otras acciones que pueden emprenderse es la limpieza integral del puerto. Hay mano de obra disponible: la de los jóvenes que reciben mensualmente una subvención a cambio de nada; y se puede incluir a adultos mayores para la limpieza de sus colonias y áreas comunes. Correspondería al ayuntamiento disponer de maquinaria y vehículos para el recibimiento y disposición final de la basura. La organización social es indispensable con un liderazgo al servicio de la propia población.
Hay dos instalaciones significativas en el puerto, hoy lamentablemente abandonadas. Una es el Centro de Convenciones y otra es la Universidad Americana de Acapulco (UAA). ¿Qué se puede hacer con esos inmuebles? El primero podría servir para la concentración de oficinas federales, conservando el auditorio Juan Ruiz de Alarcón; sobre la UAA desconozco su situación jurídica, pero recuerdo que fue un proyecto del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, el cual se ejecutó con recursos públicos. Ruiz Massieu consideró que una universidad de calidad en Acapulco atraería estudiantes de diferentes estados de la República y del extranjero. Este inmueble también hay que recuperarlo para que cumpla sus fines.
El sector privado tiene mucho en qué colaborar. Pueden abrirse museos de sitio: el hotel Flamingos donde vivió hasta su muerte Johnny Weissmuller, el recordado Tarzán; las casas de Juan Gabriel, Luis Miguel, el Sha de Irán, Tintán, Cantinflas, Agustín Lara y María Félix y residencias de una cantidad de personalidades del medio artístico, así como hoteles donde se hospedaron figuras como John y Jacqueline Kennedy. Por supuesto, también atrayendo convenciones, organizando eventos de interés internacional y festivales de impacto popular.
No esperemos que todo venga de la Federación, aunque su contribución es indispensable. La gobernadora Evelyn Salgado y la alcaldesa Abelina López Rodríguez, deben ser el motor de Acapulco y conducirlo hacia una nueva etapa para bien de los porteños y de los guerrerenses.

 

Vivir

A María de Guadalupe.

Uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto. Roberto Bolaño.

Las personas se deshacen poco a poco. Son falsas las muertes repentinas. Los destrozos del corazón, el estallido del cerebro o el hachazo sobre la cabeza no significan la muerte instantánea. Si pensamos en la verdad del nacimiento, cada quien se expone mientras vive. Su halo, sus huesos, su sombra y también sus luces, van nutriéndose de cólera, de angustias, de los temores que ensombrecen. La muerte es bastante perspicaz. Se oculta en efímeras alegrías, en momentos de entusiasmo, en los goces del amor y en la dicha de la fortuna, pero ahí está escondidita en algún rincón del cuerpo. Cuando se aburre de su quietud suelta un dolor de cabeza o un piquete en el estómago; a veces un roce suyo quiebra un hueso. Nada, solo la causa de la fatiga o el desvelo, algo indigesto, un tropezón en la calle o la caída de una escalera. Se vuelve a la carga de los días, después de una aspirina, un trago de jarabe o la enyesada pierna o el brazo. La experiencia pronto es archivada en la memoria para incurrir en más descuidos. ¿Pero cuáles descuidos, pues? Son accidentes. ¿Cómo saber qué se oculta en la carne frita, en el pan pulverizado sobre el filete o el descuido en alguna altura? Desconocimiento que precipita al dolor, la inflamación o la inmovilidad, retrato del futuro incierto. Se vive retozando como gatos consentidos; brincando aquí y allá como perros juguetones; persiguiendo el afán de los deseos. Entonces, se respira aire puro, se estiran los brazos, la piel abriga y se siente la fortaleza de la inmortalidad en el sentimiento infinito de la vida. Es inadvertido el poder destructivo oculto en el cuerpo: soflamero despertar perturbador del sueño. Disfrutar la vida ignorando las aves que giran sobre la testa su corona oscura. Un impulso mecánico lleva las manos a mesar el pelo y a tocar la frente. Hay algo ahí que molesta. No, no es calor goteando como cascada mezquina. Son los poros que se van abriendo para que se acomoden mejor ínfulas constantes, sistemáticas, mordiendo músculos, jalando nervios, haciendo de tripa corazón los intestinos. Pero de qué preocuparse, dicen la báscula y el médico. Qué bien se ven. No pasan los años por ti, por mí, por nadie. Pero la debilidad va penetrando como humedad en los órganos. La voz ya no es tan clara y el paso pierde su ritmo –delgadas son las suelas de los andantes–. Seguir vivos y hacer cuentas con el futuro. ¿Magnífica pretensión? Los relojes se detienen por falta de cuerda, los de arena se quiebran por un descuido; otros son automáticos o cargan energía con un poco de luz. La fatalidad sigue haciendo lo suyo: distribuye anteojos, gafas, llena de pastillas, coloca prótesis en la cadera o puentes en las arterias. Impulsa la celebración de la vida, así sea con la desventura reclusora, con la arrugada frente y los embolsados ojos. Llegar a los cien y, con suerte, disfrutar de más años con huesos de titanio, corazones artificiales, conectores al cerebro y proveedores de cargas de nutrientes. La vida es la esperanza inmutable. Se piensa en lo que sigue como si Ítaca fuese una utopía. Que circulen los pensamientos, aclaren, abran nuevos panoramas. Sin embargo, los ojos traicionan, ya no ven lo que veían. Otros pasan al lado; otros los que beben café en aquellas mesas –¿o son los mismos?–. Lejano paisaje con una mirada que no está al frente. Se mira con los ojos en la nuca. Atrás está el niño parado en su cuna observando al cochecito verde subiendo y bajando por el tronco de la palmera crecida en la mitad de la habitación. Más allá duermen los padres, los abuelos, los bisabuelos, los tatarabuelos… También duermen la timidez de la adolescencia, el furor de la juventud, las cargas y descargas de la madurez. En ocasiones la ensombrecida gemela sale del cuerpo para caminar al lado. Sus oscuros y secos ojos absorben imágenes y con la mueca de su sonrisa hace sentir que la vida sigue siendo la sombra luminosa. Cuando vuelve al cuerpo llena sus cavidades con nuestros ojos; la blanca dentadura ya no es la nuestra. Empuja los asaltos de la memoria para aproximar al desierto. El resplandor de los rostros parecen lacas delicadas, pero los faciales se alejan hacia los puntos del infinito. Reducciones que amplían: las olas empujan al mar para ocultar con su lomo la fuerza solar y las playas se hacen más cortas; mientras los acantilados impasibles ruedan migajas al vacío. Preguntaron a Gabriel García Márquez la experiencia que quisiera tener después de la muerte. Respondió: ver, a través de una cerradura, la vida desde la muerte. ¿Quién sabe? El dolor, el sufrimiento, merecen la desmemoria para cuando nos derrumbe el peso de la dicha.