A la memoria del probo juez don Mariano Azuela Güitrón, ex presidente de la SCJN.
Ahora que la sociedad dispone de miles de fuentes informativas, desde los medios tradicionales hasta la Inteligencia Artificial, es cuando estamos menos informados. Hay varias causas que propician la desinformación: la veloz sucesión de noticias, que evita su adecuado análisis; los distractores de la atención sobre asuntos trascendentes; y la manipulación de algoritmos que ofrecen en las redes información de entretenimiento. En consecuencia, estamos perdiendo la capacidad de buscar la verdad.
El conocimiento propicia la generación de ideas para explicar origen y conducta. Pero, además –y es lo fundamental– para movernos a la acción. El conocimiento sirve para generar ideas que conduzcan a la acción. Para ello, debemos conocer la realidad que habitamos y nos condiciona. Entre el pensamiento y la palabra; la palabra y el movimiento, debe haber tramos para la reflexión. Es decir, está bien que el ímpetu domine la acción, pero no la decisión de actuar, pues esta debe ser consecuencia del reposo de las ideas, del análisis de las circunstancias, de la voluntad con sosiego.
Los emblemáticos murales de Orozco: Hidalgo incendiario (Palacio de Gobierno de Jalisco) y el Hombre en llamas (Hospicio Cabañas), ambos en Guadalajara, expresan la determinación de combatir la desigualdad; es la narrativa discordante desde la época prehispánica hasta la Revolución. Son las ideas conduciendo a la acción para transformar la ultrajante realidad. Una somera revisión de los procesos revolucionarios muestra cómo –antes de los sucesos– hubo ideas precursoras que construyeron toda una arquitectura ideológica para movilizar a la sociedad. Primero las ideas, después los hechos.
Todo movimiento social empieza por un proceso mental. Por lo tanto, dirigentes y líderes deben tener conocimiento para que su pensamiento político los conduzca hacia objetivos no sólo realizables sino también justos. En nuestros días los cambios radicales todavía son posibles en sociedades atrasadas. A pesar de ser asediado por poderes fácticos –corporaciones, plataformas digitales, terrorismo, migración, crimen organizado, etc.– el Estado aún tiene suficiente capacidad para imponerse a grupos violentos. El tránsito de los cambios sigue siendo el de las reformas, que son cambios graduales e institucionales.
Hay muchos cambios posibles, pero no necesariamente de vanguardia. Pensamos rápidamente en dos casos: la simulada elección de jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial de la Federación concentra el poder y suprime el equilibrio de poderes propios de una República democrática; y la movilización de la CNTE, desatiende la calidad de la educación y privilegia el bienestar de sus miembros. La reforma al Poder Judicial es un evidente retroceso; y la movilización de la CNTE genera innumerables daños colaterales; sus “conquistas” podrían estimular a otras organizaciones gremiales para perseguir los mismos objetivos. En ambos casos el país pierde.
Ante las toneladas de información que constantemente nos caen encima, pasamos del ocio al malestar y luego a la inmovilidad. En nuestra sociedad digitalizada la sociedad es manipulada por su gobierno, los sindicatos por sus líderes, los lectores por las redes y, en las circunstancias que vivimos, nos paraliza el temor hasta entumecer la conciencia. Si, carezco de suficiente optimismo sobre el futuro. A pesar de ello, sigo creyendo en la voluntad ciudadana para decidir responsablemente y recuperar la República, abatir la desigualdad y que lo justo signifique que cada quien obtenga lo necesario para su desarrollo integral. Luego entonces, hay que saber, pensar y actuar.
