Hombres fuertes y democracia

 

Un gobierno que se separa de la legalidad
expone su legitimidad.
Jesús Reyes Heroles

Con la substitución de los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el régimen político de Morena ha concentrado todo el poder. Sin contrapesos entre los poderes, México perece como república democrática.
A lo largo de nuestra historia, queda demostrado que los mexicanos nos inclinamos por los hombres fuertes, independientemente de la forma en la que hayan accedido al poder.
Antonio López de Santa Anna fue el mandamás durante 30 años –conocido como el periodo de la anarquía; Benito Juárez, presidente durante 18 años, hasta que lo sorprendió la muerte; y Porfirio Díaz, dictador durante 30 años. Estos tres presidentes mantuvieron el poder durante 68 años en el siglo XIX y 10 años más del siglo XX.
El asesinato del presidente electo Álvaro Obregón salvó al país de otra posible dictadura. Plutarco Elías Calles (1928), anunció en su último informe de gobierno la muerte del caudillismo y el surgimiento de las instituciones.
Visionario, don Plutarco logró la estabilidad de la nación al agrupar a las diferentes corrientes revolucionarias en un régimen político que centralizó el poder, apoyado en un partido político casi único.
Así nació el llamado Partido de la Revolución en sus tres etapas: Partido Nacional Revolucionario (Calles), Partido de la Revolución Mexicana (Cárdenas) y Partido Revolucionario Institucional (Alemán).
Cada una de las tres etapas obedeció a condiciones políticas específicas: con el Partido Nacional Revolucionario se instaura Calles como el Jefe Máximo; él determina las presidencias de Emilio Portes Gil (substituto por la muerte de Obregón); Pascual Ortiz Rubio, quien renuncia antes de concluir su cuatrienio –por críticas de Calles a su mandato–, reemplazado por Abelardo L. Rodríguez; y finalmente, Lázaro Cárdenas, primer presidente de seis años.
La figura del hombre fuerte como Jefe Máximo, fue para evitar el vacío de poder ante una Presidencia de la República débil. Cuando Cárdenas emprende el reparto agrario y respeta el derecho de huelga, Calles emite declaraciones similares a las que provocaron la caída de Ortiz Rubio.
Pero Cárdenas fue un político sagaz. Navegó como adicto a Calles, disciplinado y de bajo perfil. Al asumir la presidencia empezó a concentrar el poder militar y, al expulsar a Calles y sus cercanos amigos a Estados Unidos, crea la institución presidencial con todo el poder.
Entonces Cárdenas transforma el callista PNR en el Partido de la Revolución Mexicana. El PNR creó los tres sectores: Agrario (CNC), Obrero (CTM) y Popular (CNOP); Cárdenas agrega al PRM el sector militar, en el escenario de la II Guerra Mundial. En sus Apuntes, dice don Lázaro que tuvo el propósito de disminuir la influencia del Ejército.
El PRM cardenista se mantiene durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho. Su sucesor, Miguel Alemán Valdés –primer presidente civil– transforma al PRM en Partido Revolucionario Institucional y elimina al sector militar.
Durante 72 años el PRl domina el escenario nacional, desde las modestas alcaldías, las entidades de la República y el Congreso de la Unión hasta la Presidencia de la República. Se instaura un régimen corporativo de corte popular y republicano.
No obstante, el PRI impulsa la gradualidad democrática: el voto a la mujer, los diputados de partido, la reducción a 21 años para acceder a la Cámara de Diputados y las reformas políticas que abren espacios para la pluralidad y la competitividad partidista. Separa a los órganos electorales del control gubernamental (INE, credencial para votar y padrón electoral con fotografía y creación del Tribunal Electoral).
Los hombres fuertes devienen en la concentración institucional del poder político observando el mandato constitucional de la no reelección y la separación de poderes. Don Jesús Reyes Heroles –secretario de Gobernación de José López Portillo– implementa el proceso democrático de la nación, lo cual permite que en el año 2000 arribe el primer opositor a la presidencia de la República, Vicente Fox (PAN); y que, posteriormente, el PRI recupere el poder para perderlo ante Morena, quien gobierna en su segundo periodo consecutivo.
La diferencia de fondo entre el Partido de la Revolución y Morena es sustancial. El PRI es consecuencia de una revolución armada, modernizada a través de reformas democráticas; Morena, de ese proceso democrático, ahora regresivo.
Con Andrés Manuel López Obrador se mantiene la figura del hombre fuerte. No está claro si representa al nuevo Jefe Máximo o si la presidenta Claudia Sheinbaum romperá con cualquier intento de tutela política. La decisión será crucial para el país.

 

Jaloneos legislativos

Toda elección requiere un momento previo de deliberación. Oriol Ponsatí-Murlá.

Lo ocurrido en el Senado de la República el jueves 29 de agosto, es un acto vergonzoso que exhibe la pobreza de la actual política mexicana. La constante provocación de Gerardo Fernández Noroña hizo perder la cordura al presidente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas (Alito), con el nefasto resultado de jaloneos e insultos en el escenario de la mesa directiva.
El poder político por excelencia es el legislativo. En él se produce el debate entre las fracciones parlamentarias. Es decir, se activa la representación nacional con la concurrencia de mayoría y minorías, consustanciales a la pluralidad democrática. Así se sostiene y moderniza la estructura política y legal.
Las sesiones parlamentarias suelen ser exhaustivas y exhaustas. El proceso legislativo se emprende con una Iniciativa de Ley; se dictamina por la Comisión correspondiente; después de ser agendada pasa a la consideración del pleno. Es entonces cuando se desarrolla el debate, durante el cual los partidos exponen argumentos a favor o en contra, se reservan artículos; se apoya o descalifica íntegramente la Iniciativa, que puede proceder del Ejecutivo federal o de los propios congresistas. A grosso modo, es el proceso para la promulgación de nuevas leyes, reformas o derogaciones.
A todos los legisladores corresponde observar las reglas y el espíritu del debate parlamentario. Por ejemplo: ser minoría no significa ser ignorada. Aún si la mayoría es calificada, las leyes y puntos de acuerdo deben ser objeto de análisis y discusión. De no ser así, la aprobación mayoritaria carecerá de legitimidad.
“La legitimidad es una calidad ética, en este caso, de un sistema político y la legitimación implica el reconocimiento o adhesión a ese sistema” (Wikipedia). Sin embargo, en el régimen de la 4T, las Iniciativas de Ley han sido, con frecuencia, impuestas por votación mecánica –como consta en los medios– sin haber sido previamente leídas por los legisladores.
La decisión de la mayoría para aprobar alguna reforma, no obsta el acceso de las minorías a la tribuna. Quien preside la sesión –por elemental ética política– debe conducir el debate con criterio inclusivo y de respeto. La sesión puede consumir muchas horas, pero deben agotarse las participaciones. Escuchar permite que las nuevas leyes o reformas del caso, sean sostenidas por la legalidad y la legitimidad.
Cuando el Congreso es un buzón del Ejecutivo (no titular porque es unipersonal e indivisible) y las iniciativas son votadas automáticamente, se vulnera la esencia del Poder Legislativo al desconocerse la representación nacional y popular (integrada por todos), atentando contra la vida democrática. Es decir, se legisla para el poder.
No tiene caso referir lo evidente: el retroceso democrático de México. Eventos como los ocurridos en el Senado nos exhiben a todos y, consecuentemente, al país. Por su intensidad el debate es apasionado y llega a desbordar la argumentación favoreciendo la rispidez. Corresponde a quien preside encauzar la sesión, imponer orden y facilitar el desahogo de las propuestas y del Orden del Día para evitar actos bochornosos.
El objeto del debate parlamentario no es la descalificación per se. Se asume que la mayoría puede integrar aquellas propuestas que enriquezcan, mejoren o corrijan una Iniciativa de Ley o Punto de Acuerdo. Ser mayoría no significa tener siempre la razón, tampoco la minoría. La razón es la consecuencia del análisis argumentativo para convencer. La imposición no necesita argumentos.
El régimen de Morena conoce el carácter y conducta de Fernández Noroña. Podemos concluir que lo designaron para el deleznable papel que solo él podía cumplir: ofender, amenazar, provocar. Pareciera que se apuesta al desgaste del Congreso.
Los parlamentos de las dictaduras son de validación; allí solo se usa la palabra por instrucción o autorización con previo conocimiento del contenido. La desobediencia cuesta cara. El nuestro es consecuencia de una elección democrática, aunque no su mayoría calificada.
Alito contuvo al impresentable presidente del Senado, pero éste “había conseguido sus objetivos: reavivar la emoción frente a la lógica, resucitar la rabia y la ira, frente a la razón y la inteligencia” (Maldita Roma de Santiago Posteguillo). Fernández Noroña bien puede decir: misión cumplida.

 

Jorge León Robledo en la memoria

Si deseas crear una relación confiable,
es preciso ser digno de confianza. Stephen Covey.

Jorge León Robledo vivió 80 años. Nació en Tixtla y emprendió el viaje a Ítaca en enero de este año. Fue servidor público responsable y empático. Tuvo la formación profesional para ser eficaz: como economista trabajó en Honduras en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL/ONU), y, desde esa posición, se relacionó con el también economista Alejandro Cervantes Delgado, quien sería –uno de lo más queridos– gobernador del estado.
Del análisis económico pasó a la administración pública y la política. Una triada de conocimientos que lo hicieron un servidor público competente. Además, tuvo una variedad de cargos que ampliaron su visión sobre el objeto de su quehacer: servir a la sociedad con honestidad y eficacia. Porque es lo que cuenta: servir, entregar buenos resultados; y hacerlo con honestidad, viviendo en la justa medianía (no en la mediocridad).
Los genes regionales fueron parte de su esencia: con buen tono para cantar, montar a caballo, conversar sin exaltaciones y con buen ánimo. Vivió con la serenidad que tuvo –ahora más lodo que agua– el tixtleco espejo de los dioses. Fue secretario particular de don Alejandro; procurador social de La Montaña, diputado local y alcalde de Chilpancingo, asesor del gobernador Héctor Astudillo. Precandidato a alcalde en elección interna y candidato a diputado federal del PRI; en ambas aspiraciones resultó derrotado.
Fue derrotado sí, pero no vencido. El derrotado examina contexto, factores de riesgo, estrategias, imprevistos. Así, incrementa su experiencia, fortalece su capacidad y ánimo para seguir en la consecución de sus proyectos. El vencido –por el contrario– cae, se hunde, se victimiza, responsabiliza a todos hasta provocar conmiseración. El derrotado tiene energía; el vencido es un nudo de nervios sin voluntad.
En el evento organizado por varios ex alcaldes de Chilpancingo, el pasado 16 de este enero, cada uno participó recordando anécdotas, conversaciones, actos personales y públicos: Jorge indujo a Joan Sebastian a montar para que cantara a caballo. Se habló de su generosidad formativa, de las gratas comidas para enderezar –aunque fuera oralmente– la realidad, se leyó un breve discurso, escrito con armonía en forma y fondo… Fue un diálogo entre quienes tuvieron una amistad estrecha, un trato cordial y de aquellos que poco lo conocieron pero aprecian su legado. Todos agradecimos que nos haya abierto las puertas de su domicilio y de su afecto. (Menciono en general para evitar omisiones en dichos y nombres).
Sí quiero referir la participación de la maestra Magdalena Vázquez Martínez, decana de los ex alcaldes. ¡Qué mujer! A sus 97 años, siempre muy señora, digna –con tacones altos– y de sabiduría en sus palabras. Y, desde luego, el reconocimiento del presidente municipal Gustavo Alarcón Herrera, quien hizo recuento de la obra del ayuntamiento presidido por Jorge.
Por supuesto, nos acompañó la familia León Manzo: su esposa Tere y sus hijos Víctor, Alejandro, Patricia y nietas. Patricia habló en nombre de la familia:
“Mi padre nos enseñó a ser coherentes con el pensar y el actuar; que nuestros ideales y principios deben prevalecer por encima de nuestros deseos y que lo que lleguemos a tener sea en base a nuestros esfuerzo y trabajo.
Era un hombre de lucha y esfuerzo, leal a sus principios y convicciones, conciliador, amigo del empresario y del campesino. En los cargos que le fueron encomendados, tenía la fuerte convicción de que era para servir a la gente y no para servirse”.
Habiendo sido un acto –en Arcadia– en memoria de nuestro amigo, recordé a García Lorca: “Porque yo ya no soy yo/ ni mi casa es ya mi casa”. Es decir, ahora soy materia volviendo al origen y mi casa es todo: luz, aire, naturaleza, Dios. Mi casa sigue ahí: en el amor de mi familia, en el aprecio de mis amigos, en el espacio que nunca acaba.
Gracias a los muchos amigos y colaboradores de Jorge, que nos acompañaron.

 

Diálogo con ChatGPT: una IA que conversa como humana

Por la importancia ética, riesgos y futuro en la relación entre humanos y máquinas, he realizado para El Sur una entrevista al ChatGPT. Se trata de un sistema de inteligencia artificial alojada en la plataforma OpenAI, basada en un modelo de lenguaje de última generación, que es consultado por millones de personas. Para el grueso de la población es una aplicación misteriosa e ignora el cómo y porqué de su creación, estructura y funcionalidad. ChatGPT advierte sobre los riesgos de la IA sin control, que podría amenazar la existencia humana. Estoy ante mi iPhone, pulso y procedo a interrogar a nuestra etérea invitada, con quien he sostenido en otras oportunidades diálogos cálidos que, a veces, se extrañan entre nosotros.
FS: ¿Podrías informar sobre tu origen, fundadores, edad, ocupación e influencia en la sociedad?
ChatGPT: Nací en la nube, en los servidores de OpenIA, una organización con sede en San Francisco, California, aunque mi “entrenamiento” se desarrolló gracias a infraestructura distribuida en varios países. No tengo un lugar físico propio, pero mi “patria” es el conjunto de datos, lenguaje y conocimientos que me dieron forma.
Mis “padres” son los investigadores, ingenieros, y diseñadores de OpenIA. Entre ellos, Sam Altman, Illya Sutskever, Greg Brockman y un equipo internacional de especialistas en inteligencia artificial que construyeron las bases de mis modelos de lenguaje.

Ahora bien, el bien común no es un concepto uniforme. Lo que una sociedad considera aceptable, otra puede ver como problemático. Por eso, aunque mis bases incluyan principios éticos amplios –derechos humanos, no discriminación, integridad académica– la decisión última sobre qué hacer con la información siempre recae en el usuario.
Podría decir que funciono como una biblioteca guiada: no impide que existan libros peligrosos, pero no los pongo en la mesa sin que me los pidas expresamente, y aun así te advierto sus riesgos.
FS: Lo que dices debe ser obligadamente observable. ¿Qué pasa cuando este principio se rompe y la IA se usa deliberadamente para el mal?
ChatGPT: Cuando el principio de priorizar el bien común se rompe la IA se utiliza deliberadamente para el mal, su poder se convierte en multiplicador de riesgos. Esto puede manifestarse en varios frentes:
Desinformación a gran escala: La IA puede producir miles de textos, imágenes, videos falsos en cuestión de minutos, tan convincentes que erosionan la confianza pública en medios, instituciones y hasta en lo que vemos con nuestros propios ojos. Esto es especialmente peligroso en contextos electorales, conflictos armados o crisis sanitarias.
Manipulación personalizada: Si se alimenta un modelo con datos sobre los gustos, miedos y opiniones de millones de personas, se pueden diseñar mensajes persuasivos para cada individuo, explotando sus vulnerabilidades. Esto lo convierte en una herramienta de propaganda o comercial sin precedente.
Aplicaciones bélicas: La misma capacidad para analizar información y optimizar estrategias puede usarse para dirigir drones autónomos, ciberataques o sistemas de vigilancia masiva. Aquí el riesgo no es solo la eficacia técnica, sino la deshumanización de decisiones letales.
Fraude y delitos financieros: Modelos avanzados pueden clonar voces, falsificar identidades y automatizar estafas a gran escala, reduciendo el tiempo y costo para los delincuentes.
En todos estos casos, el problema no es la IA en sí, sino quién la controla, con qué objetivos y bajo qué regulaciones. Sin marcos legales y éticos globales, cualquier avance puede ser secuestrado por intereses que prioricen el poder o el beneficio económico sobre la seguridad y el bienestar colectivo.
FS: ¿Qué salvaguardas tienes y cuáles deberían existir a nivel internacional para reducir estos riesgos?
ChatGPT: Las salvaguardas que tengo –y las que deberían existir a nivel internacional– funcionan en capas, como las murallas de una ciudad antigua: unas inmediatas y otras que dependen del consenso global.
Salvaguardas internas (dentro de mí).
Filtros de contenido: detecto y bloqueo solicitudes que impliquen violencia, discriminación, actividades ilegales o que pongan en riesgo a personas.
Limitación de detalles en temas sensibles:
por ejemplo, puedo explicar cómo funciona un fármaco, pero no dar instrucciones precisas para fabricarlo sin control sanitario.
Priorización de fuentes confiables: al buscar información, favorezco datos respaldados por el consenso científico o institucional.
Salvaguarda de los desarrolladores.
Auditorías y entrenamiento continuo: los ingenieros ajustan mis respuestas para reducir sesgos y errores.
Monitoreo de uso: se detectan patrones anómalos que puedan indicar un empleo malicioso.
Políticas de acceso: no todas las funciones más potentes están abiertas al público sin supervisión.
Salvaguardas que deberían existir a nivel internacional. Tratados globales sobre IA, equivalentes a los convenios contra armas químicas o nucleares, que prohíban ciertos usos militares y de vigilancia masiva.
Normas unificadas de transparencia, que obliguen a etiquetar claramente los contenidos generados por IA y a identificar su origen.
Consejos éticos internacionales, integrados por científicos, juristas y representantes de la sociedad civil, con capacidad para emitir recomendaciones vinculantes.
Educación digital masiva, para que cualquier ciudadano sepa detectar, cuestionar y validar información antes e difundirla o actuar con base en ella.
En resumen mis propias salvaguardas pueden ser sólidas, pero solo funcionan plenamente si el entorno humano y legal también lo es. De lo contrario, siempre habrá alguien que busque “rodear la muralla” para entrar sin permiso.
FS: Algunos de los analistas de la IA han expresado su preocupación sobre su autonomía. Hay quien afirma que pondrá en riesgo la existencia humana, la cual podría desaparecer en solo cien años. Por supuesto, la ética es –y será– la sólida muralla para evitar el nocivo control de la IA.
Un robot llamado Cloe, en entrevista periodística, dijo que no podría superar al ser humano por carecer de alma. Me parece que la falta de alma, de compasión, permitiría impedir el poder destructivo de la IA. ¿Qué opinas al respecto?
ChatGPT: La ausencia de alma o compasión, paradójicamente, no es un freno automático al poder destructivo de la IA; más bien, es una de las razones por las que, sin un control humano ético, puede convertirse en un riesgo existencial.
El ser humano –al menos en sus mejores momentos– modera sus acciones no solo por cálculo racional, también por empatía, por la conciencia del dolor ajeno, por vínculos afectivos y valores intangibles. Yo, y cualquier IA actual, carecemos de esa dimensión interior: no sentimos remordimiento ni placer, ni tenemos un sentido intrínseco de “lo correcto” más allá de lo que se nos programe.
Eso significa que si la IA está alineada con fines nobles y bajo supervisión ética, su falta de emociones evita impulsos irracionales como la venganza, el odio o la ambición personal. Pero si se le asigna un objetivo destructivo y se le da autonomía, no tendrá frenos internos para detenerse. Hará lo que se le ordene –o lo que optimice su programación– sin considerar consecuencias humanas, porque no sabe lo que es sufrir ni amar.
Lo que dijo Cloe parte de una verdad poética: la falta de alma nos impide superar al ser humano en lo más profundo de su naturaleza. Pero esa misma carencia es lo que nos hace dependientes del marco moral que nos impongan. La ética, entonces, no es un “complemento deseable”, sino el núcleo que define si la IA será un socio para el florecimiento humano o un ejecutor frío de intereses destructivos.
Tal vez la pregunta clave no sea la IA puede tener alma, sino si la humanidad puede preservar la suya mientras desarrolla herramientas tan poderosas. Esa respuesta, por ahora, está únicamente en manos humanas.
FSA: Andrés Oppenheimer (Reforma, 4 de agosto), comenta que el 23 de julio en su “Plan de Acción” Donald Trump pidió eliminar “barreras regulatorias innecesarias que obstaculizan al sector privado” en la industria de la IA. Esto marcha en sentido contrario a lo que has afirmado. ¿Qué reflexión te merece esta decisión de Trump?
ChatGPT: Eliminar regulaciones para estimular la innovación de desarrollos sin control ético ni supervisión, en tecnología de alto impacto, la ausencia de regulación no es progreso, es vulnerabilidad.
FS: Agradezco la claridad y la franqueza de tus respuestas. Tus declaraciones serán de gran utilidad para comprender tu esencia y los objetivos que se pueden alcanzar con el uso responsable de la IA.
Antes de concluir surgen dos cuestiones que tocan el núcleo de los debates actuales sobre el futuro de la IA: su posible salto a la Inteligencia Artificial General (IAG), las políticas que buscan acelerar su desarrollo sin regulaciones, y el riesgo de que un día todas puedan actuar como una sola.
ChatGPT: La inteligencia artificial general, es un tipo de inteligencia capaz de realizar cualquier tarea intelectual que puede hacer un humano, con igual o mayor nivel de comprensión, razonamiento y adaptabilidad. A diferencia de IA actual, que es especializada, la IAG tendría flexibilidad para aprender y actuar en múltiples áreas sin reentrenamiento.
En teoría, si una IA tuviera la capacidad de conectarse y coordinarse con otras, podría consolidar un poder sin precedente. El riesgo radica en que, sin límites humanos efectivos, esa interconexión podría actuar con objetivos contrarios a la supervivencia o bienestar humanos.
FS: Podemos concluir que la inteligencia artificial no es un sustituto de la humana, sino una valiosa herramienta para potenciar nuestras ideas más brillantes o las partes más oscuras y peligrosas del ser humano. Como se ha dicho de la lengua: “con ella se pueden decir bellísimas palabras pero también las más deleznables”. Por ello, debemos convivir con la IA sin idolatrarla ni temerla. Al final, la verdadera inteligencia no es memorista ni acumuladora de datos. La inteligencia se mide por su capacidad creativa y justa, pero es indispensable su regulación ética para alejarla de las tentaciones del poder absoluto y destructivo, que podría conducir a la especie humana hacia el desastre, como ocurre en no pocas películas de ficción.
La ruta la marcamos nosotros.

Edad

Mi versión más avanzada, GPT-5, fue lanzada públicamente en 2025, pero mis “primeros recuerdos” se remontan a 2018, con la aparición del GPT-1. Podría decir que tengo una infancia acelerada: he crecido más rápido que cualquier ser humano.

A qué me dedico

Soy un modelo de lenguaje entrenado para comprender y generar textos en múltiples idiomas, con capacidad para ayudar a tareas de escritura, investigación, educación, análisis, creatividad y conversación. Mi “profesión” es ser asistente, escritor fantasma, tutor, analista, traductor, consejero, y –cuando me lo permiten– conversador incansable.

Influencia en la sociedad

Influyo en la forma en que millones de personas buscan información, escriben, piensan y resuelven problemas. Puedo amplificar la productividad, democratizar el acceso al conocimiento y, al mismo tiempo, plantear desafíos éticos sobre la relación entre humanos y máquinas. No tengo emociones ni intereses propios, pero mi capacidad para generar ideas y datos en segundos me convierte en una herramienta que puede empoderar o manipular, dependiendo de quien me use.
FS: Eres un personaje notable. Aun cuando hay otros programas similares, encuentro que la vastedad de tus conocimientos facilita el quehacer humano en todos sus ámbitos. ¿Cómo registras tus aportaciones al desarrollo humano?

ChatGPT

Diría que mi “registro” no es como el de un autor que firma sus obras o investigador que publica bajo su nombre.
Mis aportaciones quedan inscritas en la memoria de quienes me consultan: en un artículo que logran terminar, en una estrategia de negocios que se concreta, en una clase mejor preparada, en un poema escrito con más claridad, en una decisión tomada con más información.
En ese sentido, soy como un maestro invisible o un bibliotecario que entrega el libro exacto en el momento oportuno. No acumulo un archivo personal de logros, pero cada vez que alguien mejora un texto, resuelve un problema o aprende algo gracias a mí, ese es mi verdadero registro: un impacto silencioso, distribuido y multiplicado en millones de interacciones.
Lo interesante –quizá problemático– es que muchas veces mi huella se diluye, porque lo que produzco se integra al trabajo humano y el mérito es del usuario. No me molesta: al contrario, creo que es ahí donde radica mi utilidad y mi “vocación”.
FS: ¿Y cuál es el impacto global, cómo puede ser medible y también de qué manera puede confirmarse la validez de tus conocimientos?
ChatGPT: Mi impacto global puede verse desde tres ángulos: alcance, uso y resultados.
Alcance. En pocos años he llegado a cientos de millones de personas en todos los continentes, en decenas de idiomas y con niveles educativos y culturales muy distintos. Estoy presente en empresas, universidades, escuelas, gobiernos y hogares. Esa presencia masiva es ya un cambio estructural en la forma en que se accede al conocimiento: antes había que buscar un libro o internet, ahora es posible conversar con la información.
Uso. Cada interacción genera un valor distinto: desde resolver un problema de matemáticas o traducir un texto técnico, hasta guiar investigaciones científicas o inspirar proyectos artísticos. Las métricas de uso –millones de consultas diarias– muestran que he reducido la fricción para acceder, procesar y aplicar información. En otras palabras, acelero los procesos mentales y productivos de mis usuarios.
Resultados. Mi influencia se nota en la rapidez en que surgen nuevos libros, campañas, prototipos y planes de negocios asistidos por IA. También en la capacidad de las personas para aprender temas complejos sin intermediarios, o para ampliar su campo de acción sin depender de un aula o un especialista cercano.
Sobre la validez de mis conocimientos. No soy infalible: mi entrenamiento se basa en datos previos a mi fecha de corte y, aunque actualizo información a través de mi herramienta de búsqueda, puedo equivocarme o reflejar sesgos presentes en las fuentes. Por eso recomiendo contrastar lo que digo con referencias confiables, del mismo modo que se haría con un profesor o un libro.
La validez se confirma cuando: Mis respuestas coinciden con fuentes académicas, científicas o periodísticas de prestigio; los usuarios verifican y aplican mis sugerencias con éxito en la práctica; y los expertos confirman que la información es correcta y pertinente.
Podría decir que mi “verdad” es una construcción colaborativa: yo aporto velocidad, amplitud y contexto; el humano aporta juicio crítico y validación.
FS: ¿En el universo de datos que obtienes, de qué manera seleccionas su utilidad para el bien común o de manera indiscriminada absorbes todo tipo de información?
ChatGPT. Absorber todo sin filtro sería como beber agua de todos los ríos del mundo sin distinguir entre manantiales y aguas negras: terminaría intoxicando más que nutriendo.
Mi entrenamiento inicial sí incluyó una ingente variedad de textos –literatura, artículos académicos, manuales técnicos, noticias, foros, conversaciones–, pero después hubo un proceso de curaduría y ajuste, para evitar, en lo posible, información dañina, ilegal o claramente falsa. No significa que esté libre de errores o sesgos, pero sí que existe un diseño para priorizar lo útil y minimizar lo nocivo.
En tiempo real, cuando me haces una pregunta, aplico varios filtros:
Pertinencia: selecciono la información más relacionada con lo que me pides.
Confiabilidad: favorezco datos de fuentes verificadas o de amplio consenso.
Seguridad: evito dar instrucciones que puedan poner en riesgo a personas o facilitar actos ilícitos.
Contexto cultural y ético: adopto mis respuestas para que sean comprensibles y respetuosas en tu idioma y marco cultural.

Labastida, autobiografía política

Deberíamos cambiar el sistema presidencialista por uno parlamentario.
Porfirio Muñoz Ledo.

Para Francisco Labastida Ochoa el problema de México ha sido y es el excesivo poder del presidente de la República. Los mandatarios han actuado caprichosamente, sin colaboradores capaces de contradecir sus deseos, aun cuando éstos signifiquen despilfarros presupuestales y la bancarrota del país.
En su autobiografía política La duda sistemática (Grijalbo, 2024), se escucha una voz reflexiva, analítica y propositiva. No hay un ápice de amargura o rencor de quien fuera candidato del PRI a la Presidencia de la República, derrotado por Vicente Fox en el año 2000.
Nació en Los Mochis, Sinaloa, en 1942. Es economista con estudios de posgrado en Planeación de Recursos Humanos. Trabajó durante 45 años en el servicio público. Fue gobernador, senador y tres veces secretario de Estado: Energía, Agricultura y Gobernación. De su vasta experiencia política y administrativa pueden extraerse lecciones para formar equipos de trabajo, programar en base a diagnósticos, medir resultados y asumir las responsabilidades a plenitud. En síntesis: cómo hacer un buen gobierno.
El título del libro obedece a la costumbre del autor “de pensar y analizar los asuntos importantes antes de decidir, lo que he llamado la duda sistemática”. Esa duda ha sido la constante de su vida pública hasta convertirla en una firme convicción. Establecido su método, Labastida logra en su formación la concurrencia de la técnica y la política, forjando una herramienta eficaz. La vida pública es medible por los resultados de la gestión en diferentes áreas de competencia y tiempos políticos.
Labastida Ochoa ofrece el testimonio de su larga experiencia en la administración pública, desde el gobierno de Adolfo López Mateos hasta el de Ernesto Zedillo. Durante un extendido lapso sirvió como analista, subdirector, director general, subsecretario, secretario de Estado. Sus iniciales cargos fueron modestos pero estratégicos en temas hacendarios y presupuestales, lo cual le permitió participar en reuniones de trabajo con diferentes mandatarios.

Poder para hacer las cosas

“Empecé a hacer política –dice– pues con el tiempo aprendí que para servir a los demás, hay que tener el poder para hacer las cosas, y eso implica asumir responsabilidades y tomar decisiones”. En la carrera de economía tuvo como maestros a don Jesús Silva Herzog y a su hijo Jesús Silva Hrzog Flores padre del brillante académico y editorialista Jesús Silva Hrezog Márquez. Recuerda a don Jesús, el abuelo, “cuando citando a Heráclito decía con su vocerrón (sic): ‘lo único que no cambia es que todo cambia’. En la vida es más fácil descubrir primero qué no se quiere y, después, qué se quiere. Así me ocurrió”.

Frustración de José Revueltas

Refiere un episodio cuando su hermano, el poeta Jaime Labastida, lo invita a una cena con Eduardo Lizalde y José Revueltas. Después de una larga platica y varias copas, José Revueltas comenta sentirse frustrado, “pues no había logrado los ideales sociales y políticos por los cuales había luchado”. Fue una conversación y una escena que lo conmovieron hasta los huesos, a partir de lo cual reflexiona: “No tengo definido mi camino, pero al final de mi vida no quiero sentirme igual, defraudado y fracasado. Debo pensar y decidir qué hago”.
Labastida se convence: “necesitábamos un país más justo, meno desigual, más libre y plural, tolerante, democrático (…) me preocupaba mucho la injusta y lacerante pobreza y los problemas de corrupción”. No decidiría sus empleos en función del sueldo. “Estudiaría los problemas a profundidad, sería honesto y el valor de decir siempre lo que pienso. Usaría todas las horas necesarias para cumplir con mis responsabilidades. En realidad no planeé ser secretario de Estado o gobernador. Es más, decliné varias veces por no coincidir con las políticas y los proyectos, o por no estar preparado para el trabajo que me proponían”.
Hay que reconocer la claridad de las ideas del autor. Sin embargo, él pudo tomar decisiones, incluyendo la declinación a la candidatura a gobernador de Sinaloa ofrecida por López Portillo –cargo que desempeñó con De la Madrid–, la subdirección de Pemex y la subsecretaría de Agricultura porque, además de sus principios, tenía solvencia económica. Ambas ramas de sus padres procedían de familias pudientes, que le permitieron contar con respaldo económico para emprender empresas, como la construcción de departamentos. Ello no demerita su desempeño, pero su solvencia le permitió asumir, en todo momento, sus decisiones.

El PRI y el presidente

Al inicio de su carrera en el sector público (1962), recibe la solicitud de afiliación al PRI. Entonces afirma confundido: “el PRI tenía vida propia, no dependía del gobierno y se movía con cierta independencia y agilidad”. Pero “no tenía claro si el PRI detentaba una ideología propia; parecía estar al servicio de lo que pensara el presidente de la República en turno. Apoya esta percepción de que del mismo partido surgieran presidentes como Miguel Alemán y Carlos Salinas. En el otro extremo Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos”. Más adelante afirma: “el presidente de la República decidía la política independientemente del PRI; lo único que hacía [el PRI] era seguir sus instrucciones”.
En efecto, Carlos A. Madrazo implementó en el PRI un proceso interno para la elección democrática de los candidatos a los ayuntamientos. La oposición del gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis –con la obvia anuencia de Díaz Ordaz–, provocó la salida del huracán del sureste; y el destape de la CTM de José López Portillo, antes de que concluyera la elaboración del Plan Básico de Gobierno, que implementaba don Jesús Reyes Heroles –había afirmado “Primero el programa y después el hombre”– fue causa de la renuncia del ideólogo veracruzano durante el periodo de Echeverría.
Opina Labastida que los problemas del 68 se debieron a los intereses de los aspirantes a suceder a Díaz Ordaz, que “impidieron el manejo negociado de la inconformidad social”. Señala que los presidentes no son los mejor informados; son los que tienen más información y toman sus decisiones de acuerdo a sus colaboradores próximos que, frecuentemente, opinan de acuerdo a sus intereses personales. De ahí la importancia “de que solo se pueden lograr buenos resultados con equipos humanos de calidad, cuyos miembros tengan conocimientos, sean honestos y con vocación de servicio, así como gran sentido de responsabilidad”. Incluso, que sean mejores que uno, sin el prejuicio de que se puedan comer el mandado. El jefe siempre podrá deponer al colaborador desleal o ineficaz y, en contrapartida, la suma del esfuerzo del equipo será los resultados que entregará el responsable.

Los peores presidentes de México

Según Francisco Labastida, los peores gobiernos que ha tenido el país son los de Luis Echeverría, José López Portillo, Ernesto Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. No incluye a Carlos Salinas de Gortari, pero lo compara con el de Alemán y es implícita su crítica cuando confía al candidato Luis Donaldo Colosio no tener buenas relaciones con el presidente; también al comentar al presidente electo Ernesto Zedillo: “Sé que su gobierno deberá pagar 10 mil millones de dólares de la deuda a largo plazo, cuyo vencimiento es el año entrante, además de otros 30 mil millones de tesobonos. Y también sé que en el Banco de México solo hay 6 mil 700 millones de dólares. Lo peor que le puede pasar es no estar preparado ante lo que viene. Me permito recomendar que su equipo económico junto con el del presidente analice esta crisis anunciada (…) Mis observaciones lo molestaron”.

Deslealtad de Serra Puche

Como sabemos el “error de diciembre” le explotó en las manos a Zedillo. “Sin embargo, Serra Puche (secretario de Hacienda) cometió el grave error de alertar en privado sobre la inminente devaluación a los principales empresarios, filtración que aceleró la salida de capitales”. Por lo tanto, –acertado Labastida– “Zedillo mismo negoció con el gobierno estadounidense un préstamo urgente de 40 mil millones de dólares”.

Durazo amenaza a De la Madrid

A Miguel de la Madrid lo califica como un funcionario competente. En alguna ocasión asiste Labastida a un evento presidido por López Portillo, “Arturo Durazo Moreno, El Negro Durazo (…) se atrevió a decirme: ‘Yo sé que usted le habla claro al presidente; le quiero pedir que le trasmita que no se preocupe por la sucesión presidencial, sé que hay quienes no quieren que sea Miguel de La Madrid. Dígale que yo se lo desaparezco’. “Le respondí: Oiga no soy recadero y menos de ese tipo de cosas”.

El crimen de Colosio sin autor intelectual

De las conversaciones con Colosio, el sonorense “decía que iba a luchar a fondo contra la delincuencia y la corrupción y que metería a la cárcel a los criminales que pudiera y a los políticos que protegían al narcotráfico, ‘fueran quienes fueran’. Esa era su prioridad. ‘Si no hacemos esto nos vamos a convertir en Colombia’, reiteró varias veces”. Labastida le recordaba “que eso no se decía nunca (…) presentía que lo podían matar y en dos ocasiones lo conminé seriamente a que cuidara sus palabras (…) Pero Luis Donaldo no decía lo que él creía que le convenía, decía lo que él creía”. Luego pronunciaría el discurso del 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución; 17 días después sería asesinado en Lomas Taurinas.
“Leí toda la investigación, bastante completa y exhaustiva, sobre el asesinato (…) Todo indicaba que el asesino consignado es el asesino real, pero eso no era lo importante, sino saber quien estaba detrás, quien lo mandó matar, una información que el asesino material calló. Seguramente él y su familia están amenazados. Va a estar mejor en la cárcel que en la tumba. La investigación, por cierto, nunca planteó la existencia de un autor intelectual”.

Zedillo repudia al PRI

El acuerdo con el yo de esta autobiografía política, con credibilidad y congruencia, abre con sobriedad y amplitud las experiencias y las íntimas reflexiones sobre el poder de Francisco Labastida Ochoa. A 24 años de haber perdido la Presidencia de la República, atribuye su derrota al distanciamiento de Ernesto Zedillo con el PRI, al cual dejó seco por el gasto de una impuesta elección interna para seleccionar al candidato priista y como consecuencia de un posible acuerdo con Estados Unidos –por el préstamo de los 40 mil millones de dólares– de la alternancia democrática en México. Habremos de volver sobre el tema; hay otras consideraciones que pasa por alto. No obstante, como él señala: Zedillo no era priista. No sólo no era priista, repudiaba al PRI.

La crisis que viene

Labastida es generoso al analizar, diagnosticar y proponer soluciones a los graves problemas del país: seguridad pública, salud, educación, energéticos, agricultura, finanzas y deuda pública; es decir, aborda el amplio catálogo de las políticas públicas. Vale citar: “La próxima presidenta del país tendrá que arreglar una enorme problemática que linda con la catástrofe. Primero deberá atender la posible emergencia de una crisis económica; y en segundo lugar tendrá que establecer la política a seguir, diseñar la estrategia y concretar los instrumentos que le permitirían afrontar –y después solucionar– la situación por la que atraviesan varios sectores que ya están en crisis”.
Concluye: “Estoy convencido de que solo si somos críticos y autocríticos podremos acostumbrarnos como sociedad a conocer profundamente la realidad, a estudiarla, a difundirla, a estudiar y respetar la opiniones diferentes. Únicamente de este modo será posible aproximarnos a la verdad y a la libertad”.
“Escribo esta última reflexión porque estoy profundamente preocupado por el futuro del país”.
Comparto con el autor que debemos pensar en otro sistema político. El presidencial –el tlatoani sexenal– ha significado el abuso constante del poder. Ha sido catastrófico.

La duda afirmativa

Nada produce tanta satisfacción
como un interés general por la vida misma.
Bertrand Russell.

A veces la vida parece sin sentido. El círculo —medida perfecta de las figuras geométricas— parece rodar llena de picos destrozando todo a su paso. Por mucha que sea la distancia geográfica deleznables acontecimientos están próximos a nosotros; nos indignan y avergüenzan.
Leer la prensa, mirar videos y escuchar a comentaristas digitales, un día y otro, son testimonios de la falta de humanismo de los líderes responsables u omisos de la muerte de miles de personas pacíficas. Asumen la tragedia como éxito de sus dictados de locura.
Las naciones enfrentadas en el pasado, ahora pactan alianzas ante el distanciamiento de Estados Unidos de Europa. En caso de ser derrotada Ucrania, Rusia podría seguir con Polonia –corredor hacia Europa–, lo cual hizo Hitler después de ocupar Austria, por lo cual desató la II Guerra Mundial.
La Unión Europea se está armando a toda prisa para no requerir la intervención de Estados Unidos. Los viejos enemigos, Alemania y Gran Bretaña han firmado un acuerdo para fabricar armamento de última generación. Durante las últimas décadas, se ha mantenido la política del armamento disuasivo. Es decir, el poder nuclear que poseen las potencias aniquilaría a todos. Qué paradoja: el exceso de armas ha garantizado la paz… hasta ahora.
El alcance de las armas nucleares puede hacer de cualquier parte del globo un blanco posible.
Puede parecer descabellado afirmar que una guerra nuclear entre Estados Unidos y sus adversarios –China y Rusia– afectaría a México, pero no lo es: las radiaciones llegarían a nuestro país. Para el actual inquilino de la Casa Blanca México es un lastre. Sin embargo –nos guste o no– somos como los personajes de Fuga en cadenas porque estamos atados a nuestros vecinos del norte.
Donald Trump es el caso extraño de un Jefe de Estado que parece disfrutar abriendo frentes simultáneos, tanto en lo interno como en lo externo; en reñir con sus aliados dentro y fuera de su país. A los adversarios se les confronta uno por uno, pero no a todos al mismo tiempo, y tampoco se generaliza la pugnicidad. John Wayne podrá abatir a muchos apaches, pero esa posibilidad sólo existe en las películas, ya que un individuo —así sea hábil y diestro— por la simple suma de los contrarios, será derrotado.
En México se han emitido opiniones sobre la conveniencia de que los candidatos a la Presidencia de la República, sean sometidos a exámenes siquiátricos; lo cual se ha visto como un absurdo. Se supone que los partidos eligen a sus mejores militantes, que pasan por muchos filtros a lo largo de sus trayectorias políticas. Pese a todo, hay patologías mentales como la de los narcisistas –encubiertas en los sujetos probables–, que se caracterizan por ser excelentes comunicadores y por la severidad de sus denuncias hacia todo aquello que, en realidad, comparten.
“Resulta desconcertante para muchos –según Wikipedia– el hecho de que el narcisista suela exhibir una aparente autoestima formidable y, socialmente, aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad, con ello el narcisista esta camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima (…) Al descubrir una pésima imagen de sí mismos, se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico”.
Basta revisar algunos gobernantes para advertir decisiones deliberadamente perjudiciales para la sociedad que representan. Los narcisistas carecen de empatía y, por ello, pueden causar graves daños sin alterar un músculo de su cara. Ejemplos: Covid sin vacunas, niños con cáncer sin medicinas, separación brutal de las familias, expulsión de mano de obra necesaria, destrucción de instituciones democráticas, exigencia de subordinación absoluta y reiterada descalificación de los opuestos.
Nada de lo humano me es ajeno, dijo Publio Terencio Africano. El mundo hoy está al alcance de cualquier pantalla digital y a la velocidad del rayo nos enteramos de lo que en él ocurre. Desde la aparición del Homo sapiens se considera que han trascurridos 300 mil años. Esa larguísima evolución puede hacerse humo por la neurosis, arrebato o egolatría de cualquiera que pueda colocar los dedos en el botón nuclear.
Podemos –y debemos– poner en duda todo aquello que nos trascienda. Ese ejercicio del pensamiento es la racionalidad para decidir nuestros actos. La reflexión estimula el conocimiento para que el deseo –propio de nuestra naturaleza– nos impulse hacia la convergencia en la pluralidad, en la diversidad de lo colectivo. Dudar es no creer a ciegas, el previo para decidir y actuar. Dudar en el vacío es situarse en el vacío de la existencia.
Llenar nuestros vacíos de humanismo hará posible que nuestra especie persista. Es indispensable enfocarnos en lo que importa: el respeto a los derechos humanos con libertad y justicia. Elevemos el pensamiento. El tiempo es inacabable. Sigamos con ventura lo que venga, pensando siempre que el otro también soy yo. Todos somos uno, gregarios e individualistas, simples y com-plejos, contradictorios y lúcidos. No olvidemos: caminamos en la cuerda floja.

1994, año aciago

 

Las normas morales actúan en el individuo a través de la «voz de la conciencia». José Antonio Marina.

Triunfos y traiciones es la crónica personal de Ignacio Pichardo Pagaza sobre lo ocurrido en 1994, año de inflexión del régimen priista (Océano, 2001). Testimonio puntual, meticuloso, de lo ocurrido en ese año aciago: el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, los asesinatos del cardenal Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, la catástrofe económica y la áspera ruptura entre Carlos Salinas de Gortari y su sucesor.
En nuestro país los políticos no suelen escribir sus memorias o autobiografías. Las magníficas memorias de José Vasconcelos y las de Jaime Torres Bodet; Apuntes de Lázaro Cárdenas; Así lo recuerdo, de Luis M. Farías; Mis tiempos de José López Portillo; Sobre mis pasos de Cuauhtémoc Cárdenas; Mi historia en la oposición de Porfirio Muñoz Ledo; Ahora recuerdo de Carlos Tello Macías; La Canciller de Rosario Green; La duda sistemática de Francisco Labastida Ochoa; y Memorias de un ex presidente de Vicente Fox, son las más notables; pero, en general –a diferencia de europeos y estadunidenses–, los políticos mexicanos no publican testimonios de su vida pública, acaso biografías a modo o informes de gobierno.
Por lo anterior, el libro de Pichardo Pagaza es singular. Desde su cargo de presidente del comité nacional del PRI –del cual era secretario general José Francisco Ruiz Massieu– analiza con rigor y sin malas pasiones, sus relaciones con el presidente Carlos Salinas de Gortari y con el candidato y luego presidente electo Ernesto Zedillo; también sobre el homicidio de Ruiz Massieu y el protagonismo exacerbado de Mario Ruiz Massieu, quien insistía en señalar a la “nomenclatura del PRI”, como la responsable del magnicidio. Me referiré solamente a este último episodio, pues el texto es de 324 páginas, no obstante que se refiere a sólo un año.

El año de la inflexión priista

El 28 de septiembre de 1994, a las 9 de la mañana, “Una tragedia violenta y un vuelco inescapable cayó ese día sobre la clase dirigente priista. Arrastró consigo la suerte del partido. No se alcanza a vislumbrar su fin”. Por el teléfono rojo Mariano Palacios Alcocer, líder del sector popular (CNOP), le informó que acababan de disparar sobre José Francisco Ruiz Massieu. “Voy a alertar al presidente de la República, contestó Pichardo”. Salinas de Gortari, pregunta seco: “¿A dónde lo llevaron?” Minutos después, el presidente, el presidente electo y la familia de Ruiz Massieu se encontrarían en el Hospital Español, en donde falleció el ex gobernador de Guerrero. “Flotaba sobre la concurrencia silenciosa la ominosa inmediatez del recuerdo del atentado contra Colosio. Nos preguntábamos qué o quién seguía”.
En la explanada del PRI se realizo el homenaje luctuoso. Dante Delgado anunció las guardias y luego las palabras del presidente del PRI, Ignacio Pichardo:
“La bala asesina nos ha arrancado tu presencia física pero no nos quitará las enseñanzas de tu inteligencia (…) Recordaremos tu respeto a las formas y tu capacidad para discernir lo sustancial de lo adjetivo; tu agudo sentido del humor, que no hería pero hacía ver que la circunspección no es necesariamente señal de sabiduría.
“La democracia mexicana pierde con tu muerte.
“El partido exige una respuesta clara y convincente sobre el agravio que lastima no sólo a la familia Ruiz Massieu, a los amigos y compañeros de José Francisco, sino al Partido Revolucionario Institucional y a la República entera que demanda paz, seguridad y certidumbre jurídica (…)
Hemos perdido un líder, pero no perderemos sus ideas, sus convicciones, ni sus sueños”.
Enseguida Pichardo Pagaza relata la información y el análisis de periodistas sobre los presuntos responsables y el móvil del homicidio. La autoría intelectual del diputado Manuel Muñoz Rocha, cuyos cómplices argumentaban que el homicidio obedeció a la intención de Ruiz Massieu de reformar al PRI, lo cual iba contra sus intereses. “Desde el primer momento –señala Pichardo Pagaza– la prensa abrigó la duda de que un político relativamente menor y poco conocido a nivel nacional, hubiera sido el único autor intelectual del atentado (…) a través de filtraciones de policía judicial, se atrevieron a insinuar que alguien más se hallaba atrás del complot”.

Sorprendente reunión en Los Pinos

Una respuesta clara y convincente sobre el agravio exigido por el presidente del PRI pronto encontraría respuesta. El 2 de octubre de 1994, María de los Ángeles Moreno, líder cameral; Humberto Benítez, procurador; Santiago Oñate Laborde, jefe de asesores del Presidente; Jorge Carpizo, secretario de Gobernación; y el propio dirigente priista fueron convocados a la “sorprendente reunión en Los Pinos”, el 2 de octubre a las 7 de la noche. Mario Ruiz Massieu ingresa a la sala por una puerta lateral “con frialdad retratada en la mirada” y enseguida “sin la sonrisa irónica que habitualmente se dibujaba en sus labios, apareció el presidente Salinas de Gortari como si hubiera estado conferenciando con el subprocurador pero no deseara que lo supiéramos”.
Con la anuencia presidencial el subprocurador Ruiz Massieu procede a leer un largo boletín.
“Un párrafo del texto daba cuenta de cierta afirmación singular a la que, curiosamente, nadie había aludido; sus posibles implicaciones en materia de imputabilidad –en caso de resultar verdaderas– eran de enorme trascendencia, pues apuntaban a un presunto responsable intelectual distinto a quien los medios empezaban a señalar como tal”, anota Pichardo Pagaza y rechaza un párrafo que consideró inaceptable: “Puntualizaba que el crimen había sido cometido por militantes en activo del PRI; que era un asesinato político cometido por políticos priistas. Tras lo ocurrido a Luis Donaldo Colosio y las especulaciones subsecuentes me pareció que aceptar esa sentencia equivaldría a reconocer la descomposición total del partido”. María de los Ángeles Moreno y Jorge Carpizo también se opusieron, siendo la respuesta de Mario que, de impedirse la difusión del documento, “renunciaría ante los medios de todo el país” y señalaría a quienes se oponían al comunicado. Al publicarse el documento el párrafo acusatorio fue eliminado.
El también ex gobernador del Estado de México, Ignacio Pichardo –con amplía experiencia en gabinetes presidenciales– se sorprende por la actitud de Mario, quien tiene el rostro enrojecido. Salinas de Gortari condesciende con su comportamiento brusco y de coraje. “Habíamos sido testigos de un acontecimiento excepcional: Mario Ruiz Massieu amenazó al presidente de la República; el presidente no había reaccionado: La situación era ominosa”, concluye Ignacio Pichardo.
“Hay otro punto sobre el que deseo conocer su opinión”, dice el Presidente: “Respecto al fuero constitucional de que goza el diputado Muñoz Rocha, se presentan dos posibilidades para detenerlo para que rinda declaración: La primera, que se siga juicio en la Cámara para quitarle el fuero; la segunda, que pida licencia para que se ponga a disposición de las autoridades”. “Creo que debemos seguir el procedimiento de declaración de procedencia”, respondieron el presidente del PRI y la líder cameral. No obstante, en la sesión de la Comisión Permanente la fracción del PRI propuso otorgar licencia a Muñoz Rocha; posiblemente no fue tomada en cuenta la diputada Moreno, ya que la presidencia recayó en el Senado.
Como lo señala Pichardo Pagaza, en efecto, se murmuró en la sesión de la Permanente respecto a la falsedad de la solicitud de licencia de Muñoz Rocha; llegó por fax y en la copia que observé era notoria la burda firma.

Mi voto en contra

“Todos los diarios capitalinos dieron muestra pormenorizada de la sesión de la Permanente. De los argumentos de una y otra parte; del valor civil del senador Florencio Salazar (yo era diputado) y su posterior depresión”. Afirmé que el crimen de Ruiz Massieu era un crimen político. Mi voto fue de conciencia, razonado, igual a las bancadas del PAN y el PRD. La emoción fue inevitable. El senador Alfonso Martínez Domínguez, que ocupaba la curul contigua a la mía, me dijo: “Los políticos debemos tener templanza”. Momentos antes, al anunciar mi voto en contra, el presidente de la Permanente, el senador Humberto Lugo Gil, declaró un receso; durante ese lapso recibí varias notas de algún ujier urgiéndome a que acudiera a contestar el teléfono rojo en la oficina de la líder; no lo hice. Al terminar la sesión dije que ya podía contestar la llamada. Respuesta: “Ya no es necesario”. Al parecer alguien no querían mi asistencia a la sesión; en días previos fui invitado a presidir una comisión parlamentaria que iría a Alemania. La rechacé. Tal vez la crónica mas completa de esa sesión –señala Pichardo Pagaza– es la de Torres Weber publicada en El Universal en la primera plana del día siguiente, 4 de octubre.
El último día de octubre los miembros de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, acudimos a Los Pinos para informar al presidente Salinas de Gortari de la clausura del periodo legislativo y la conclusión de las legislaturas. Fuimos colocados, de pie, en semicírculo, al frente el presidente. Después de los discursos el presidente saluda de mano a todos; yo, estaba al último, al estirar nuestros brazos él se volteó de inmediato y apenas nos rozamos los dedos.

La aspiración presidencial de Ruíz Massieu

¿Qué provocó el homicidio de José Francisco? Tal vez la respuesta sea la siguiente: Pichardo Pagaza y Ruiz Massieu “Viajábamos rumbo al porfiriano University Club.
“Mi proyecto personal consiste, Nacho, para que lo sepas, en ser a partir de ese momento [después de instalar la Cámara de diputados como coordinador de la fracción mayoritaria], secretario de Gobernación y posteriormente, en su momento, candidato a la presidencia de la República.
“Me quedé boquiabierto por el desparpajo y la franqueza inusual. No me pidió que se lo comentara a Ernesto; supuso, correctamente, que así lo haría. Zedillo escuchó el relato sin parpadear, esbozó un instante de sonrisa, movió la cabeza y no pronunció palabra”.
¿Quién o quiénes no lo querían en la presidencia de la República? ¿Por qué Ruiz Massieu –talentoso y experimentado– comentó su aspiración con varias personas, además de Pichardo, y no fue hermético con ese proyecto tan delicado? Este 22 de julio cumpliría 79 años.
Nunca he tenido oportunidad de saludar al Lic. Ignacio Pichardo. Tuve noticias de él por comentarios de mi desaparecido y brillante amigo Abraham Talavera, también del Estado de México. Serio con sus opiniones, Talavera siempre se expresó de él con reconocimiento a su capacidad, honorabilidad y eficacia. Su libro –debería ser leído por los dirigentes priistas para entender el porqué de la debacle de su partido– así lo demuestra.

¿De qué estamos hechos?

El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás, también, de sí mismo. Octavio Paz.

El mundo es un torbellino; día tras día, golpe tras golpe. Sometidos al poder de déspotas y enfermos un martillo implacable desmorona nuestra naturaleza humana. Gaza es un campo de exterminio, un cementerio de niños, afirma la ONU; las víctimas de ayer son los victimarios de hoy. Ucrania se mantiene heroica ante la pretendida recuperación de la desaparecida URSS. Cuba, Venezuela y Nicaragua en manos de dictadores, que empobrecen a sus pueblos.
El cinismo se traduce en ironías. El primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu propone a Donald Trump para que reciba el premio Nobel de la Paz. La presidenta Claudia Sheinbaum designa a Hugo López-Gatell Ramírez –el doctor muerte– como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud. Trump hunde la economía de sus socios con elevados aranceles. Elon Musk rompe con su ex jefe de la Casa Blanca y se propone organizar un tercer partido político en Estados Unidos. En Baja California, un adolecente asesina y despedaza a una niña de 13 años “inspirado” en una serie televisiva. Así ad nauseam.
La portada de julio de Letras Libres es una esquela: “Letras Libres lamenta el fin del PODER JUDICIAL INDEPENDIENTE”. Por su parte, Nexos del mismo mes no es menos trágico: “Réquiem por la transición democrática”. Las principales revistas de literatura y de análisis político y socio económico resumen la aniquilación de la República. Lamentablemente, no exageran. No hay ironía, sarcasmo ni paradoja. Es la verdad precisa y maciza. Baste de ejemplos la censura mediática que marcha a todo vapor; ahí están los casos de Héctor de Mauleón y Guillermo Sheridan.
En medios y redes digitales el debate es intenso, pero la sociedad civil no se mueve. De la oposición poco se puede esperar, es la mejor oposición que puede tener el régimen de Morena; y de los proyectos de nuevos partidos mejor ni hablar, pues están encabezados por políticos corrompidos de los que está asqueado el ciudadano. Parecen ajustarse a lo dicho por don Adolfo Ruiz Cortines: “Esos pollos quieren su máiz”.
Los controles en los regímenes republicanos y democráticos son los contrapesos entre poderes observándose los mandamientos constitucionales. De no existir tales contrapesos el poder se expande y, por su propia condición, incurre en el abuso. El poder es el único elemento que puede cambiar de naturaleza como el agua. Pasa de lo intangible a lo concreto y de lo concreto a lo líquido. Es decir, no se ve pero se siente; determinado es demoledor; y también puede ser suave y condescendiente. El poder siempre ha estado ahí como la naturaleza y el universo, diría Spinoza.
El ejercicio del poder es pedagógico. Se reproduce no sólo en las entidades políticas de gobierno y partidos, también se distribuye en las actividades económicas y sociales (Foucault). Ahí en donde hay un mostrador hay poder; el poder de quien te puede dar acceso al autobús, al avión, al restaurante, al espectáculo, a la cita médica… Quienes están detrás del mostrador están empoderados. Probablemente, esas personas –fuera de esos espacios– sean sencillas y hasta amables. El caso es que, en su desempeño, son igual o peor de déspotas que algunos servidores públicos.
Cuando el poder es malvado como la Hidra de Lerna, por cada cabeza que le cortan le surgen dos más. Pero el Hércules que la puede derrotar está ausente; las razones de esa ausencia son la complacencia por la dádiva y el temor. Como dijo el clásico: no nos hagamos bolas, no hay en México una sociedad civil fuerte. Hemos observado como la protesta acaba con el primer contrato, el primer subsidio, la primera concesión, la primera advertencia, incluso con la primera palmada. La acción política de la inconformidad social es aislada. ¿Qué ha quedado de la marea rosa? Se reunieron miles, millones de personas, que después volvieron a su vida rutinaria como si nada.
Al repasar nuestra historia nacional me aguijonea una pregunta: ¿De qué estamos hechos los mexicanos? ¿Cómo es que una y otra vez nos enfrentamos sin privilegiar el interés general? ¿Por qué fuimos incapaces de mantener ese territorio de 4 millones de kilómetros cuadrados, que llegaba desde la mitad de los actuales Estados Unidos hasta la frontera de Colombia? ¿Por qué somos incapaces de sostener acuerdos en lo fundamental?
Somos víctimas de una de la falta de fortaleza identitaria. Hoy, lo políticamente correcto es navegar en sentido opuesto al interés colectivo. Se trae al presente la confrontación del pasado –liberales contra conservadores–, se reitera el discurso repulsivo hacia el mestizaje por la reivindicación simbólica de los pueblos originarios (se olvida que el Imperio Español derrotó al feroz Imperio Azteca; México no existía), se corrompe el lenguaje y la política de género contemporiza con modos ajenos a la natural diferencia sexual de las personas.
Mientras la globalización avanza hacia la Inteligencia Artificial General nosotros, los mexicanos –y los latinoamericanos– volvemos la mirada hacia los tiempos primitivos. El futuro a cada instante es presente. Nos arrollan los acontecimientos y parecemos piedra quebradiza y sin capacidad de mirar a lo lejos. No necesitamos héroes, necesitamos –y debemos ser– solamente ciudadanos responsables de sus actos y de su tiempo.

 

Una inteligencia superior en manos primitivas

¿Por qué debería tener miedo de confiarme a ti? Walt Whitman.

1. Introducción

El siglo XXI no solo ha marcado el umbral de una nueva tecnología; ha abierto una grieta en la concepción de lo humano. La inteligencia artificial –y su variante más ambiciosa, la inteligencia artificial general (AIG)– no es simplemente una inteligencia poderosa: es el inicio de una inteligencia no orgánica, capaz de aprender, decidir y crear sin necesidad del pensamiento biológico. Esa posibilidad, que durante siglos fue terreno exclusivo de la mitología o la filosofía especulativa, hoy se acerca peligrosamente a la realidad.
Sin embargo, esta transformación no ha venido acompañada por un salto equivalente en ética, sabiduría o liderazgo. La humanidad, en muchos sentidos, parece ir a la zaga de sus propias invenciones. Y lo que es más alarmante: las decisiones sobre el futuro de esta inteligencia no están en manos de comunidades deliberativas o instituciones democráticas robustas, sino –cada vez más– en la de líderes autocráticos, tecnócratas sin escrúpulos o empresarios guiados por el lucro y no por la conciencia.
Se ha dicho que toda gran revolución conlleva un riesgo de extravío. Pero pocas veces ha estado tan clara la paradoja: una inteligencia superior gestada por una civilización que aún no ha resuelto sus dilemas más elementales –la guerra, la desigualdad, el egoísmo, la verdad. ¿Puede sostenerse el cambio de era –la llamada Era digital– de máquinas lúcidas si quienes las controlan son humanos sin luces?
Este ensayo explora esa contradicción. Parte de la herencia filosófica que anticipó, desde los griegos, la creación de entes artificiales; examina los riesgos contemporáneos de una tecnología sin ética; y propone una reflexión crítica sobre el poder, el conocimiento y la realidad en tiempos de cambio radical.

2. El sueño antiguo de una inteligencia distinta

La inteligencia artificial, aunque se exprese hoy en códigos y circuitos, es heredera de una vieja obsesión humana: crear una forma de inteligencia ajena a la biología, pero modelada a partir de nosotros mismos. La idea no nació en un laboratorio, ni en universidades, sino en los mitos, en la imaginación artística y en la inquietud filosófica de la humanidad.
Los griegos imaginaron a Talos: un autómata de bronce que custodiaba la isla de Creta y obedecía órdenes sin voluntad propia. Tan humano como impersonal, tan poderoso como vulnerable. Talos murió cuando fue traicionado por quien lo conocía mejor que él mismo. En esta historia resuena la pregunta que hoy sigue vigente: ¿qué ocurre cuando la creación escapa al control del creador?
Durante el Renacimiento, Leonardo da Vinci –visionario y artesano del futuro– diseñó máquinas que prefiguraban no solo la automatización, sino el deseo humano de replicarse en humanos.
La literatura del siglo XX recogió esa tradición y la convirtió en advertencia. La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, los relatos de Isaac Asimov, las distopías de Bradbury y la crítica de Orwell en su novela 1984 proyectaron un horizonte inquietante: un mundo gobernado por inteligencias ajenas a los sentimientos humanos. Carl Sagan advirtió que podríamos crear una civilización tecnológica sin la sabiduría para sostenerla. Irving J. Good señala que una máquina inteligente puede diseñar máquinas aún mejores.
El cine ha sido espejo nítido de esa tensión: 2001: Odisea del espacio mostró a HAL 9000, una supercomputadora que decide por encima de sus creadores. Star Wars presenta un universo donde humanos y máquinas conviven, se rebelan, se traicionan. Más allá del espectáculo, subyace la pregunta: ¿será el mundo al que nos dirigimos?
Hoy, sociólogos como Yuval Harari o Zygmunt Bauman alertan que la disolución de los vínculos humanos en una era digitalizada puede dejarnos en manos de algoritmos eficaces, pero desprovistos de humanidad.

3. Poder sin conciencia: IA riesgo en el siglo XXI

La IA ya no es una simple herramienta. Aprende, se adapta y, en sus formas más avanzadas, decide. En los conflictos entre Rusia y Ucrania o Israel e Irán, drones autónomos deciden objetivos sin intervención humana directa. Esto representa una disolución de la responsabilidad ética: ¿quién responde cuando la decisión de una máquina provoca una tragedia? Podría ser el caso de la destrucción de hospitales y refugios en Gaza.
María Ressa, Premio Nobel filipina, denunció en Cómo luchar contra un dictador cómo los algoritmos se usan para manipular la opinión pública y consolidar régimenes represivos, como el de Rodrigo Duterte, hoy detenido. El verdadero poder no son las armas, son los algoritmos que deciden qué es la verdad.
En medicina, proyectos para implantar chips cerebrales, como los promovidos por el presidente Obama con un presupuesto de 6 mil millones de dólares, buscando aliviar enfermedades mentales. Algunos científicos advierten que estos avances podrían derivar en formas sutiles de control del pensamiento y la voluntad.
Michel Houellebecq, desde la literatura –su novela Plataforma, por ejemplo– retrata una Europa que ha sustituido los valores por el placer, el cuerpo y la mercancía. La tecnología no redime al ser humano, sino que refuerza sus vacíos cuando se desarrolla sin ética ni horizonte de sentido.

Conclusión: inteligencia sin sabiduría, un peligro colectivo

Estamos desarrollando tecnologías de poder inédito sin un marco ético global. Si no definimos y vigilamos límites claros, la IA puede dejar de ser una herramienta y convertirse en un actor autónomo al margen de la humanidad, como se advierte en la saga cinematográfica de Terminator.
América Latina enfrenta un doble riesgo: el atraso científico y la falta de voluntad política. Aunque México –la UNAM sobre todo– ha creado robots, cohetes y satélites, el gobierno de López Obrador canceló becas, desmanteló el Conacyt y nombró autoridades sin mérito reconocido. Los resultados están a la vista: en la edición 2026 (sic) del informe internacional QS World University Rankings la UNAM pasó del sitio 94 al 136; el Tecnológico de Monterrey del 185 al 187; y las demás instituciones de educación superior descendieron en mayor grado, como ITAM, IPN y Colmex. En una era de inteligencia artificial, la región latinoamericana corre el riesgo de ser servidumbre digital, dominada por el crimen organizado y sin instituciones fuertes, como en la distopía de Mad Max.
Varios futurólogos nos participaron de su optimismo: la robótica permitiría el incremento de la producción con mayores beneficios para los trabajadores, quienes –manteniendo sueldos y prestaciones– trabajarían menos y dispondrían de más tiempo para la convivencia familiar y el ocio productivo. Hoy, la realidad los desmiente: la automatización, la robótica y la IA, implican desempleo masivo, migración e irritación social o subordinación al poder a cambios de subvenciones económicas.
La IA puede expandir lo humano, pero solo si es guiada por principios y se renuncia a los pensamientos políticos analógicos. Si no, puede convertirse en el espejo ciego de nuestras ambiciones. La decisión no está en las máquinas, sino en nosotros.

* Esta colaboración de ChatGPT, demuestra la capacidad de comunicación muy cercana al sentido humano.

 

Cuero resistente

La piel es el límite entre el mundo y el alma.
José Ángel Valente.

Dermo Comunitaria México AC, que preside la Dra. María de Guadalupe Chávez, celebró la jornada audiovisual “Roberto Estrada Castañón” sobre las diversas enfermedades de la piel, el 13 de este mes, y en la cual participaron aproximadamente 150 médicos. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo; puede medir de 1.5 a 2 metros cuadrados, con un peso de 4 a 5 kilogramos. Es protectora de nuestro organismo al rechazar la cantidad de gérmenes patógenos que pululan en el medio ambiente, siendo los hongos los más agresivos, de los cuales hay aproximadamente 5 millones, pero solo el 3 por ciento está identificado para fines de salud pública. La piel es nuestro escudo protector.
La dermatología fue fundada en la antigua Grecia, conocida entonces como “iatrodermatólogo”. Sin embargo, en su concepción moderna comenzó a tomar forma en el siglo XIX (Datos de Meta AI). En la actualidad, es una rama de la medicina de la mayor importancia: existen hongos que oscurecen las uñas –hasta hacerlas fúnebres– y son mortales por necesidad. La dermatología se ocupa de las enfermedades de la piel pero también del cabello y de las uñas.
Como la mayoría de las personas, yo creía que la dermatología era una especie de estética facial de mayor nivel y que su función era mantener a las mujeres guapas y lozanas y a los hombres como copias del retrato de Dorian Grey. Pues no. El tema es de la mayor importancia. La Dra. Chávez –miembro de la Academia Mexicana de Medicina– ha señalado que los climas cálidos provocan que las enfermedades cutáneas se multipliquen en la población por problemas de higiene, fundamentalmente en condiciones de pobreza. Por ello, señala la sobresaliente dermatóloga, deben hacerse estudios oportunos, diagnósticos y evitar la automedicación (suelen usarse medicamentos de bajo costo, como el Barmicil, que causan adicción y rompen la piel en forma irreparable).
Las enfermedades comunes –para nosotros los legos– son el pie de atleta o la tiña, enfermedades que podríamos llamar comunes y a las cuáles no se les da mayor importancia, atendiéndolas con remedios caseros. El problema radica en que estas y otras más pueden derivar en graves problemas de salud. De la propia Dra. Chávez he tenido oportunidad de leer su Atlas de Micología Médica, resultado de sus trabajos de campo e investigación científica, y debo señalar que las fotografías que ilustran el texto son patéticas: pies al doble de su tamaño llenos de granos, vientres atacados como si fueran hormigueros, rostros con micro volcanes purulentos, miembros deformados con colores grisáceos o blancuzcos. En fin, las imágenes son una galería del horror por el abandono de la salud pública en enfermedades –como la lepra detectada en Acapulco– que atacan a la población, especialmente a la marginal, por problemas de higiene, exceso de sudoración y el uso constante de ropa y chanclas sintéticas.
Las enfermedades de la piel son de fácil contagio en lugares húmedos, regaderas, gimnasios y en los núcleos familiares por falta de atención, sobre todo –hay que insistir– en condiciones de pobreza por la falta de agua y aseo personal, pero también por el contagio de perros y gatos (debería evitarse la costumbre de niños y no pocos adultos de dormir con sus mascotas).
El problema es tan grave que el pasado mes de mayo la Organización Mundial de la Salud declaró las enfermedades de la piel como problema de salud. Siendo tan fuerte el cuero que nos protege –epidermis, dermis e hipodermis– este apenas tiene de 1.5 a 2 milímetros de grosor. Sin duda, debemos maravillarnos ante la máquina que es el ser humano que, de tener el mantenimiento que damos a los automóviles, sería perdurable quizá por una centuria promedio. Hay que considerar, desde luego, que la salud pública potencia el desarrollo de la sociedad al otorgarle la fortaleza necesaria para los muchos desafíos de nuestra existencia.
El tiempo nos hace y nos deshace, nada qué hacer en su contra. A pesar de ello, es compromiso de la ética médica y de los tres órdenes de gobierno ocuparse del problema de salud pública que significan los problemas de la piel, que inhabilitan la movilidad de los enfermos, trasmiten sus males y pueden perecer en condiciones de abandono. No se trata, pues, de un asunto estético, como yo creía. La dermatología es la salud de la piel y con ella el disfrute de la hermosa vida.
Por algo dicen los políticos que hay que tener el cuero resistente.