La inteligencia artificial en América Latina

Como todo, tiene su luz y su sombra. Codificar la IA para que responda dentro de los valores del bien común. Marcela Lara.

Durante mi participación en el evento Inteligencia Artificial y Ética de Paz en América Latina, organizado por la Clínica Jurídica Mundial de México, expuse la necesidad de humanizar la tecnología y de tratar con respeto incluso a las herramientas que la representan, porque en ese gesto se preserva el sentido moral del pensamiento. La inteligencia artificial no debe verse como un reemplazo del ser humano, sino como un instrumento que amplía las capacidades del conocimiento y la creatividad, siempre subordinado a los valores de dignidad y justicia.
El impacto de la inteligencia artificial en América Latina será tan profundo como la voluntad que tengamos para comprenderlo.
La región llega a esta revolución tecnológica con rezagos estructurales, sistemas educativos deteriorados y políticas científicas inestables. Mientras en otras latitudes se discuten los límites éticos de la autonomía de las máquinas, nosotros todavía enfrentamos el reto de garantizar conectividad, alfabetización digital y continuidad en la enseñanza pública.
La Cuarta Revolución Industrial no se detendrá. El uso de algoritmos, la automatización de procesos y la creación de modelos predictivos transformarán todas las dimensiones de la vida social. Si América Latina no asume un papel activo, quedará confinada a la condición de usuaria subordinada de las grandes corporaciones tecnológicas. No se trata de temer a la inteligencia artificial, sino de dotarla de propósito humano y sentido público.
La IA puede fortalecer la salud, la educación, la gestión ambiental y la administración pública, pero solo si las decisiones políticas la orientan hacia el bienestar colectivo.
Es imprescindible garantizar la transparencia de los algoritmos, la protección de datos y el acceso equitativo a la tecnología. Una herramienta sin ética se convierte en un arma.
Lo más preocupante no es que la inteligencia artificial piense, sino que nosotros dejemos de hacerlo. Si cedemos al automatismo y renunciamos a la reflexión crítica, terminaremos replicando los modelos impuestos por las máquinas, como objetos fabricados en serie. Por eso es fundamental mantener el juicio, la emoción y la comprensión, que son las condiciones esenciales del pensamiento humano.
En términos de inversión en ciencia, tecnología e innovación, la brecha entre regiones es tan amplia como la desigualdad social. Asia destina en promedio 3% de su PIB, Europa 2%, y América Latina apenas 0.7%. Esa diferencia explica la distancia creciente en productividad, desarrollo educativo y soberanía tecnológica.
El siglo XX fue el de la alfabetización. El siglo XXI debe ser el de la alfabetización tecnológica.
Comisiones legislativas que aseguren presupuestos estables y políticas de Estado en innovación y ética digital. Inversión en investigación y desarrollo proporcional al crecimiento del PIB asiático. Becas y programas de formación científica en instituciones de excelencia como el MIT, Oxford o la UNAM, que fortalezcan la autonomía del conocimiento latinoamericano.
Un Acuerdo de las Américas que vincule gobiernos, universidades y empresas para construir una agenda común de cooperación tecnológica y ética.
La brecha digital es la nueva frontera de la pobreza: uno de cada tres habitantes de la región carece aún de acceso estable a internet, perpetuando desigualdades educativas, laborales y culturales.
América Latina no puede resignarse a ser un territorio de consumidores tecnológicos. Su desafío es construir pensamiento, soberanía y conciencia.
La inteligencia artificial no debe reemplazar la inteligencia moral ni el sentido de comunidad. Programar máquinas sin principios éticos es perpetuar el error humano en forma de sistema. Por eso, el futuro no depende de los algoritmos, sino de quienes los diseñan, los regulan y los utilizan para servir al bien común.

* Trabajo resultado del diálogo con ChatGPT (modelo GPT-5), dentro de la serie sobre Inteligencia Artificial y Ética de Paz.

 

Un futuro de ficción

Parece que hilamos la enciclopedia
de la ignorancia. Jorge F. Hernández.

La inteligencia artificial (IA), no solo está cambiando las herramientas de trabajo; está modificando la estructura del poder. En su avance vertiginoso, perfila un gobierno planetario que podría presentarse como el mayor logro de la racionalidad humana, pero también como la culminación de su servidumbre. En este futuro posible, los continentes se convertirían en naciones federadas; las elecciones serían siendo representativas, pero el gobierno –como en la antigua Roma– estaría en manos de una élite corporativa de alcance global.
El Estado mundial determinará quién estudia qué, de acuerdo con las necesidades del propio sistema. La salud será universal, aunque estratificada: todos tendrán derecho, pero como diría Orwell: unos tendrán más derechos que otros. La cultura será dominio de especialistas, mientras el deporte, cada vez más masivo, ofrecerá héroes que compensen la falta de ideales. Los científicos –anónimos y opulentos– trabajarán para corporaciones que administren el conocimiento como recurso estratégico. El mérito, medido por algoritmos, será la nueva moral. Australia, esa isla-continente lejana, podría convertirse en Arcadia: el territorio donde todas las libertades estén confinadas. Será híbrido de Esparta, Roma, Star Wars y 1984, quizá con el desierto y la violencia de Mad Max.
Mientras el mundo discute los límites éticos de la IA, Guerrero sigue atado al atraso estructural que lo ha definido durante décadas. Su economía depende del gasto público (noventa centavos de cada peso es federal), de los programas sociales y de las remesas. La violencia, el caciquismo y la corrupción son males persistentes que degradan cualquier esfuerzo de modernización.
En un contexto así, hablar de un gobierno planetario tecnocrático puede parecer un ejercicio de ciencia ficción. Pero lo inquietante es precisamente lo contrario: el riesgo de que la humanidad avance hacia un sistema de inteligencia centralizada mientras amplias regiones del planeta quedan desconectadas, sin educación de calidad, sin industria y sin esperanza. El salto tecnológico no reduce las desigualdades: las profundiza.
La inteligencia artificial puede conducirnos también a una esfera dividida entre quienes controlan la información y quienes sobreviven en la ignorancia.
En México –imagínese Guerrero– el signo más claro de esa fractura es el deterioro educativo. La reducción del libro de matemáticas a apenas treinta páginas no es un descuido técnico; es un síntoma. La educación pública se está vaciando de contenidos y de propósitos. Sin matemáticas, sin ciencia, sin filosofía, no hay pensamiento crítico: solo capacitación básica para la obediencia.
Mientras en laboratorios globales se diseña el futuro, en las aulas rurales se disuelve el presente. El país que no alfabetice en tecnología será mano de obra barata en la nueva servidumbre digital. Guerrero con su potencial humano y natural, podría ser laboratorio de innovación; en cambio sigue siendo territorio de rezago. Ejemplo aleccionador es la próxima sucesión gubernamental: no se piensa en el mejor perfil, sino en quien es más cercano al poder decisorio. Se trata de un juego de influencias sin considerar las aptitudes.
El atraso de Guerrero no es un destino: es la consecuencia de haber confundido el discurso social con el desarrollo real. Si la inteligencia artificial está gestando un gobierno global, lo mínimo que deberíamos exigir es que ese poder no nos encuentre de rodillas, sino con la mente alerta y en acción.

 

Ruiz Massieu, calidad política

El único profeta verdadero es el pasado.
Lord Byron.

Su rostro es ligeramente ovalado. Su pelo oscuro y macizo envuelve el cráneo como una corriente que desemboca en la nuca. La amplitud de su frente parece contener un mundo enciclopédico. La serenidad es manifiesta en su mirada, en sus ojos sostenidos en la armonía de sus pómulos. La nariz casi recta, desciende hacia su boca regular protegida por el bigote estilo chevron, cerrando la U de su barbilla. Sus orejas no eran grandes ni chicas. Su cabeza, armónica y reflexiva, está sostenida por un cuello corto y fuerte. Tal me parece el retrato al óleo de José Francisco Ruiz Massieu pintado por Francisco Alarcón.
El ser humano todo el tiempo está en construcción. Se construye a través del conocimiento nutrido de experiencias –propias y ajenas–, de la academia, la lectura, las conversaciones, las controversias, los viajes… Del afán constante de saber. No obstante, el conocimiento acumulado podría provocar una implosión en caso de no ser compartido. Ruiz Massieu siempre quería ignorar más, sabiendo más y divulgarlo.
Simultáneamente, estudió derecho e historia en el UNAM; Máster en Ciencias Políticas en la Universidad de Essex, Gran Bretaña; investigador del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM y Premio Nacional de Administración Pública. Escribió ensayos, libros y artículos periodísticos; desempeñó diversos cargos públicos: director de Asuntos Jurídicos del Infonavit –del que llegó a ser director general—, secretario general de gobierno en Guerrero, oficial mayor y subsecretario de la de la Secretaría de Salud, gobernador de Guerrero.
Diestro en el debate y el acuerdo, fue presidente de la Comisión de Ideología del PRI, presidente de la Fundación Cambio XXI (ahora Colosio); representante del PRI ante el IFE y coordinador de la fracción parlamentaria del PRI de la LVI Legislatura federal. Subdirector del Instituto de Investigaciones Económicas, Políticas y Sociales del PRI, en la campaña electoral de Miguel de la Madrid, y secretario general del Comité Ejecutivo Nacional de su partido.

Enseñó a pensar políticamente

Estimulaba en sus colaboradores, la elaboración de ensayos sobre historia y perspectivas del PRI, para sus presentación en coloquios y publicaciones del propio partido.
Destacado maestro, enseñó a pensar políticamente. Estimulaba la investigación y el conocimiento para la presentación de ideas fundadas, con argumentos. Impulsó la formación de una Nueva clase política en Guerrero. Cuatro de sus colaboradores fueron gobernadores de la entidad y otro más secretario de Estado.
Desde sus años universitarios tuvo la perspicacia de relacionarse con quienes compartía interés político. Sus compañeros de la Facultad de Derecho en la UNAM, se anotaron en la cátedra del maestro Andrés Serra Rojas, cuya aula estaba abarrotada. Algunos de ellos lograron que Ruiz Massieu fuera admitido; cuando le dieron la noticia se asombraron por su negativa. “Mis compañeros –me dijo– miraban al pasado, yo al futuro. Me inscribí en la cátedra de Miguel de la Madrid”.

Tiempos de transición

Lo conocí a través de los artículos que publicaba en primera plana el diario La Jornada. Me llamaban la atención sus propuestas y el modo de exponerlas. En primer lugar, era analítico, sin el barroquismo del leguaje tropical. Advertía: “Una nueva política está en proceso de aparición y la vieja política está en fase preagónica. Los tiempos de hoy son tiempos de transición, y quien no lo entienda se quedará en el camino”.
Me presenté con él en Casas Grandes, Chihuahua, en donde Ruiz Massieu organizó una reunión de planeación municipal, que presidiría el candidato De la Madrid. Yo era delegado del Sector Popular en aquel Estado. Después, me recibió en la Oficialía Mayor de la Secretaría de Salud. En ese tiempo, yo trabajaba en la Secretaría de Organización del CEN del PRI. Así inició mi relación política con él. Me dio oportunidades, me otorgó su confianza y le entregué resultados. Creí en su proyecto político. No era un político frío. Él, igualmente, merece las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, pues “¡Qué amigo de sus amigos!”
No obstante, el plano político era su ocupación primordial. Llamaba a evitar la disfunción y eliminar el “patético anacronismo” para adoptar una Nueva política que acuda al debate, critique para resolver y aporte ideas en el escenario de la pluralidad. Su don era anticipatorio: el análisis de la que le tocó vivir, del contexto internacional y su constante puesta al día lo formaron como un ideólogo; y de ahí –por su innegable talento– traducía en reflexiones políticas cambios para el México de entonces y el de ahora.

Incapacidad del PRI para reformarse

Hoy vivimos las consecuencias de la inmovilidad asumida por el PRI. No se añora al partido hegemónico, que tuvo su razón de ser en la construcción del moderno Estado mexicano y cumplió con eficacia su etapa histórica. Pero no se comprende su incapacidad para mantener la estrategia probada de reformarse a tiempo, con el trasfondo del Nacionalismo Revolucionario, a fin de mantener prestigio e influencia en el sistema político. En los hechos, ello significó abandonar la plaza. Las ambiciones desmedidas suplieron las ideas y el nepotismo substituyó al mérito. Las consecuencias son evidentes: hace parte de las minorías parlamentarias.
Los trágicas desapariciones de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu, fueron prolegómenos del fracaso anunciado. El priismo de entonces careció de capacidad negociadora con el presidente Zedillo; se extravió en el falso dilema sobre quienes deberían prevalecer, si los políticos o los tecnócratas. Faltó habilidad y capacidad para el acuerdo y fue notoria la ausencia de programas para su modernización.

Sin instinto de sobrevivencia

Se presentaron dos momentos para la renovación del PRI: la derrota de su candidato a la Presidencia de la República, Francisco Labastida, en el año 2000; y la recuperación de la presidencia con Enrique Peña Nieto, en el 2012. Con el triunfo de Vicente Fox, el PRI se victimizó por la “sana distancia” establecida por el presidente Zedillo. Con la recuperación de la presidencia, volvió por sus fueros, con sus viejas formas de hacer política, sin liderazgos sensibles al humor ciudadano y comprensión de los nuevos tiempos.
Cuando un partido –con larga permanencia en el poder– es derrotado, procede la revisión profunda de su estructura, programa y principios. El PRI negó su pasado: se reformó en dos ocasiones: el Partido Nacional Revolucionario cambió a Partido de la Revolución Mexicana; y como Partido de la Revolución Mexicana a Partido Revolucionario Institucional. Si bien aquellas fueron reformas cupulares, en tanto consecuencia del cambio de contexto en la institución presidencial. Pasaron por alto, desde hace 25 años, la reforma partidista, evadieron la exigencia transformadora: implementar la democracia interna, ampliar su base militante y renovar su atracción al voto popular. Peor aún: perdieron el instinto de sobrevivencia. “Cambiamos o nos cambian”, advirtió Ruiz Massieu.

Lenguaje vulgar, decadencia política

La decadencia priista es evidente: carece de ideas que convoquen a los ciudadanos ante la concentración del poder; además, el discurso de la dirigencia se ha vulgarizado. El pensamiento elabora el lenguaje y el lenguaje convoca a la acción. Si hubiere quien pensara que hay que hablar como “pueblo”, incurre en un grave error. Primero, porque el pueblo no es ignorante y luego porque el discurso informa, forma, fortalece las convicciones y anima la organización para la lucha política.
Con cuánta claridad lo dijo Ruiz Massieu:
“El trabajo en el PRI ha menguado; un síntoma es el decaimiento de la palabra como nexo entre la idea y la acción política; entre la ideología y el comportamiento político.
“La modernización del PRI –y aquí se insinúa una paradoja– debe principiar revalorando el trabajo ideológico en sus expresiones diversas –desde la idea maciza que recluta adhesiones; y la polémica que ilumina; hasta el origen cuando se hablaba de la Revolución para tomar sus ideas y llevarlas a la realidad con apasionada convicción”.
Quien opine que este es asunto de los priistas, no enfoca debidamente el problema. México necesita un vigoroso sistema de partidos para recuperar a la democracia como sistema político y proceso electoral. No es suficiente el debate encendido en el Parlamento; se necesita que las ideas permeen en la sociedad; que se discutan en la plaza pública y en las redes; que haya identidad con sus propuestas.

Hombres fuertes y caída global de la democracia

Si en el pasado la política demarcaba sus ámbitos en los que actúan los tres órdenes de gobierno, hoy la política es global. A nivel internacional tenemos malas noticias: Freedom House evalúa los derechos políticos y las libertades civiles. En su informe 2025, indica que la libertad global enfrenta múltiples desafíos, como conflictos armados, represión y líderes que socavan las instituciones democráticas. Por su parte, Democracy Report 2025, señala que el nivel promedio de la democracia 2024 ha caído a niveles similares a los de 1996 en promedio por país. Democracy Index, por su parte, (informe de 2024), señala que el puntaje promedio global fue de 5.17 sobre 10. El más bajo desde que empezó a medirse en 2006. En 1945 había solo 12 democracias en el mundo, esa cifra había aumentado a 92. “Pero se ha instaurado un proceso de erosión democrática”.
Lo anterior lo señala Gideon Rachman en su libro La era de los líderes autoritarios (Crítica, 2022), y también formula las observaciones siguientes:
Desde el 2000 el auge de líderes fuertes se ha convertido en una característica crucial de la política global. Se trata de un estilo más personalizado que adopta el nacionalismo, una retórica de fuerza y una feroz hostilidad hacia el liberalismo, el culto a la personalidad y el desprecio por las instituciones estatales
Hay un patrón internacional que pone de relieve el carácter del hombre fuerte, que no solo surge en los sistemas autoritarios, sino que también son electos en democracias. Nos hallamos en medio del ataque global más prolongado que han sufrido los valores democráticos liberales desde la década de 1930.
La democracia está empeorando, ya que el hombre fuerte antepone los instintos del líder a la ley y las instituciones. Además, las tecnologías del siglo XXI brindan a los líderes fuertes nuevas maneras de comunicarse directamente con las masas, peligrosas herramientas de control social, en particular la capacidad para rastrear los movimientos y comportamientos de los ciudadanos. Todo lo anterior podría fortalecer el giro autoritario del siglo XXI.
La lista de países con hombres fuertes –sólo los que han accedido al poder mediante procesos democráticos hasta 2018– es significativa: Argentina, Brasil, Estados Unidos, Hungría, México, Nicaragua, Rusia, Turquía y Venezuela, entre otros.
Ante estos graves desafíos, se extraña a políticos completos, de ideas y hechos, como era José Francisco Ruiz Massieu. Políticos comprometidos con México, sin mezquindades ni egoísmos, que asuman el poder para atender los desafíos de la libertad y la democracia en esta compleja era de la Inteligencia Artificial.

Aspirar a la Presidencia de la República

Ruiz Massieu a muchos nos reiteró la importancia de la construcción de acuerdos politicos. A comprender para entender y actuar sin extraviar la sustancia. Hijo, hermano, amigo, jefe, pero sobre todo maestro, formador de generaciones, cuyo pensamiento resplandece por encima de la maldad de sus victimarios.
Él siempre dijo que “el político que expone, se expone”. Siendo como era político derecho, asumió que la nueva política exigía “la luz del entendimiento” y no el hábito de La caverna socrática. La simulación –más que estrategia– es un vicio de la política y la servidumbre –supuesta lealtad– es propia del desleal embozado. Se favorece la política autoritaria cuando el abuso y la corrupción aleja al ciudadano de la política. Hay que evitar, como afirmaba el desaparecido guerrerense, la república del silencio, pero haciendo de lado el doble discurso. Hay que prestigiar la política, con la conducta y los resultados.
Cumplió a Guerrero. Su obra está a la vista. ¿Qué sería de la economía del Estado, del turismo en Acapulco, sin la Autopista del Sol? Planeó y gestionó con tal entusiasmo y constancia, hasta que concretó el proyecto. Expresó que el sur era destino. Le sirvió con hechos.
El nombre de José Francisco Ruiz Massieu se sostiene en el granito de su hermana Maricela. Su pérdida ensombrece, pero sus ideas políticas iluminan. Su memoria siempre merecerá nuestro respeto y sabremos preservar su legado.

* Texto modificado del discurso pronunciado en el XXXI Aniversario luctuoso de José Francisco Ruiz Massieu. Rotonda de Hombres Ilustres, Panteón Municipal. Chilpancingo, Gro., 28 de septiembre de 2025.

 

Hidalgo

A Guadalupe e Hidalgo Alejandro,
A la memoria de Smerzlina.

Te avisó de su partida, no lo creíste. Hablaron con la cadencia de una conversación primera, entrecortada por la sonrisa amistosa. “Yo, como Neruda: confieso que he vivido”. Recordaste las memorias del poeta chileno. Luego siguiendo el tren de la plática: “Lo que venga es bueno”. Clara su voz, sereno su semblante, recordaron momentos familiares de pozole y vino verdejo portugués o tinto español –¡qué sibaritas!–, y de paisajes recorridos. Para despedirte, le besaste la frente. Te miró con la tranquilidad de una hoja sin viento.
Y hoy, domingo 21 de septiembre, 17:00 horas, aproximadamente, me llama mi hijo. Veo su nombre en la pantalla del celular, no escucho bien, apago la bocina. ¿Qué dices? Comprendo que sí nos estábamos despidiendo. El viento arrancó la hoja.
Hace unos meses nos encontramos en un centro comercial, la charla fue breve. Hace unos días le llamé. Tres, cinco, ocho timbrazos. “Buenooo”. Oye –dije– ya sal de tu agujero, ¿cuándo nos vemos? En mis oídos todavía está rebotando su risa: “Cuando quieras, tú eres el ocupado”. Quedamos para este sábado. Nos vimos antes. Fue hospitalizado de urgencia; lo visité el viernes. Comentó que lo trasladarían a la Ciudad de México.
Se piensa tanto sobre la vida que se vuelve incomprensible. Nacer, vivir y morir son los tres grandes misterios de la existencia. Origen, destino, el ser en la nada… ¿Cómo saber que aquellos eran los últimos minutos contigo, las últimas horas antes de que abandonaras tu cuerpo? Tu cuerpo que será cenizas, cenizas que volverán a la tierra, nutrientes para la savia, árboles, frutos, semillas para seguir el ciclo infinito en el vientre insondable.
“Lo que venga es bueno”, repetiste. A ti, que te ponía como mar arisco la sola idea de ser inyectado, me negué a reconocer, por la tranquilidad de tus palabras, el grave estado de tu salud.
Parientes políticos, compadres, por encima de todo, amigos. Amigos de frecuente trato y pausas prolongadas. Advierto que la edad no se mide por años, sino por los amigos que parten. Las emociones se sacuden por las pérdidas. Sabemos que estamos en el deslizamiento de la curva, pero fingimos ignorar. Cada lapso de lo que fuimos y podamos ser tiene propósitos determinados. Imposible repetir el pasado. Podemos tener nuevos sueños, pero no repetirlos.
Al volver la mirada a tu serenidad, pienso que esa debe ser la sabiduría: partir sin temor y sin prisa. Esperar con el corazón en paz. Las peripecias, los ideales, los desafíos, los esfuerzos, los errores, los aciertos, las pasiones, el amor… ¿La vida está hecha de otros materiales?
Antes de que lo «infinitamente pequeño» perezca en tu cuerpo mortecino, se habrá evaporado tu sangre y bocanadas de un humo, intensamente negro, saldrá de los blancos huesos.
Terminó para ti el tráfago cotidiano; impecable, cerraste la jornada. Toda la agitación en el trabajo, los raudos viajes del negocio, las travesías –como travesuras– de trenes y aviones, terminaron.
Tu alma ya estará en el mullido sillón de tu espacio de libros, discos, colecciones de postales, timbres, figuras diminutas, álbumes, del cual dije que era más que una biblioteca y tú, con humor sorpresivo, pusiste una placa: Mugroteca Hidalgo.
Y tu espíritu –junto con los de quienes siempre te han querido– Hidalgo Mondragón Castañón, vivirá en la asombrosa mirada del Ojo Divino.

 

La polarización política

Sustitución de los proyectos sociales
por los de la clase política. Jorge Rendón Alarcón.

Los hombres fuertes en la historia del país han sido causa y consecuencia de nuestra cultura política. Desde la Independencia Nacional, somos un Estado cuyas leyes generalmente no son observables. En 1996, la Cámara de Diputados publicó la edición comentada por Emilio O. Rabasa y Gloria Caballero Mexicano, esta es tu Constitución. Pero hemos carecido de la cultura del respeto a la ley. Somos una sociedad de costumbres, no de leyes; costumbres que no hacen la ley sino que la distorsionan, como ocurre con la concentración del poder.
La polarización política sólo puede impulsarse desde el abuso del poder. Es decir, se fomenta la ruptura de la vida en común, lo cual conlleva a la descalificación y la confrontación entre liberales y conservadores, patriotas y traidores, buenos y malos… Esta estrategia parte de Lenin, no de Chávez, como generalmente se supone. La hipótesis es que Castro –encantador de serpientes– adoctrinó a Chávez, al extremo de que éste lo llamara Papá Fidel. Cobra sentido que Venezuela sustituyera los subsidios soviéticos. El adoctrinamiento leninista ha permeado en varios jefes de Estado de América Latina.
Dimitri Volkonógov en su biografía El verdadero Lenin, dice: los rasgos característicos del leninismo son:
“…una mezcla de muy distintos principios cuyo concierto es problemático y hasta confuso: las ideas de disciplina, unidad y abnegación de la tradición republicana, el igualitarismo abstracto y la noción de soberanía popular propios del pensamiento de Rousseau, la violencia y el autoritarismo de la práctica jacobina… Todo lo cual, aunado a ciertos sesgos románticos y a las formas de organización de la sociedad industrial, ayuda a entender la naturaleza del partido y de su vanguardia y justifica la violencia, la intolerancia, el fanatismo y la voluntad de transformar a la sociedad por el terror
“Hay en su manera de actuar algo que impresiona como cosa inhumana, bestial, ajena a las matizadas indecisiones, a las debilidades de la gente común. A pesar de todo, hay datos útiles: un origen social mediano y una preocupación obsesiva por el dinero, el suyo y de los otros, cosas ambas que contribuyen a fomentar la envidia y el resentimiento que son casi definitorios de un tipo de personalidad política; junto con eso, el sentimiento inconmovible de ser un elegido, la megalomanía explica esa falta de escrúpulos inverosímil y que hace su fanatismo una torcida afirmación personal, paranoica.
“El leninismo como forma de acción política requiere una serie de reducciones metonímicas que culminan en la exaltación desaforada de la voluntad del jefe (…) consecuencia lógica de una forma de representación que no se construye a partir de intereses particulares y contingentes, sino que se asume como encarnación personal de una idea.
“Por esa razón el leninismo supone la negación de la política: no puede aceptar otras razones o intereses ni puede hacer otra cosa con sus adversarios sino aniquilarlos, puesto que toda opinión contraria es directamente criminal. Lenin no se sorprende ni se amarga porque resulten traidores (…); se diría que encuentra natural y sólo se indigna que no se les fusile con suficiente rapidez.
“Parece una enormidad, un disparate, que se haga semejante carnicería por obsequiar los caprichosos bandazos de la opinión de un individuo, por muy jefe que sea. Es el resultado lógico, no obstante, del intento de suplantar la política por la moral. En contra de quienes encarnan el Bien sólo pude estar la perversidad en relación de enemistad absoluta, inconciliable.
“Algo más llama la atención como característica del leninismo: el estilo de su escritura, el lenguaje, el tono y el vocabulario que, con alguna variación menor, se encuentra lo mismo en sus discursos que en panfletos, cartas e incluso comunicaciones oficiales. Hay en Lenin una afición constante por las burlas agresivas, una propensión al humor negro y al insulto, a la adjetivación violenta; un estilo intemperante, sarcástico y amenazador que con él comparten Trotski, Bujarin, Stalin y una buena porción de sus émulos e imitadores hasta la fecha.
“… se corresponde de manera ajustada con los propósitos y los recursos habituales de su estrategia. No se trata de persuadir a nadie ni de dialogar con nadie, no de ofrecer razones ni de explicar nada: se trata de amedrentar, de intimidar a los demás, a todos. El suyo es el humor siniestro de quien tiene las armas: humor de mafioso o de torturador; es la burlona, inconmovible seguridad de quien sabe que la Historia está de su lado y que sólo le importan de que sean creíbles sus amenazas.
“A fuerza de amenazar a unos y otros, acaba temiendo ser traicionado por cualquiera, de modo que no encuentra sólido más que el terror; la violencia no es adjetiva para su propósito: al contrario, y a partir de cierto punto, es su condición de posibilidad. Porque intenta destruir toda forma pasada de organización social, pero también y sobre todo por la imposibilidad de fundar su gobierno en ningún mecanismo de representación.
“… Lenin también descubre en la práctica, que la capacidad para mentir sin límite ni sonrojo es una arma considerable (…) La mentira política obedece a una lógica extraña y desconcertante, por lo cual una pequeña mentira hace un pillastre, una grande hace un héroe. Está más seguro y mejor protegido contra las veleidades de la opinión quien es capaz de mentir en todo y sobre todo, por sistema, sin dudarlo ni desdecirse.
“… descubre Volkogónov otro aspecto curioso de la personalidad de Lenin que resulta difícil compaginar con todo lo otro: el gusto por la comodidad, aparecen ahora, en documentos que fueron secretísimos, los pequeños latroci-nios de Lenin y el resto de los bolcheviques, la festiva desenvol-tura con que se construían sus casi-tas y daban muy cumplida satis-facción a su caprichos”.
Los anteriores fragmentos, provienen del artículo de Fernando Escalante Gonzalbo La negación de la política, biografía de Dimitri Volkogónov, El verdadero de Lenin (Nexos, No. 226, octubre de 1969). Evito la trillada frase sobre cómo se repite la historia. El hecho es que la ideología del poder sin límite se construye a partir de los resentimientos, prejuicios y mentalidades turbias de quienes aspiran a construir una sociedad unidimensional por ser, más que manipulable, sometida. Por eso, la destrucción de los recursos del desarrollo nacional carece de im-portancia para amplios segmentos empobrecidos y acríticos, en los cuales no faltan los llamados intelectuales orgánicos.

 

 

Hombres fuertes y democracia

 

Un gobierno que se separa de la legalidad
expone su legitimidad.
Jesús Reyes Heroles

Con la substitución de los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el régimen político de Morena ha concentrado todo el poder. Sin contrapesos entre los poderes, México perece como república democrática.
A lo largo de nuestra historia, queda demostrado que los mexicanos nos inclinamos por los hombres fuertes, independientemente de la forma en la que hayan accedido al poder.
Antonio López de Santa Anna fue el mandamás durante 30 años –conocido como el periodo de la anarquía; Benito Juárez, presidente durante 18 años, hasta que lo sorprendió la muerte; y Porfirio Díaz, dictador durante 30 años. Estos tres presidentes mantuvieron el poder durante 68 años en el siglo XIX y 10 años más del siglo XX.
El asesinato del presidente electo Álvaro Obregón salvó al país de otra posible dictadura. Plutarco Elías Calles (1928), anunció en su último informe de gobierno la muerte del caudillismo y el surgimiento de las instituciones.
Visionario, don Plutarco logró la estabilidad de la nación al agrupar a las diferentes corrientes revolucionarias en un régimen político que centralizó el poder, apoyado en un partido político casi único.
Así nació el llamado Partido de la Revolución en sus tres etapas: Partido Nacional Revolucionario (Calles), Partido de la Revolución Mexicana (Cárdenas) y Partido Revolucionario Institucional (Alemán).
Cada una de las tres etapas obedeció a condiciones políticas específicas: con el Partido Nacional Revolucionario se instaura Calles como el Jefe Máximo; él determina las presidencias de Emilio Portes Gil (substituto por la muerte de Obregón); Pascual Ortiz Rubio, quien renuncia antes de concluir su cuatrienio –por críticas de Calles a su mandato–, reemplazado por Abelardo L. Rodríguez; y finalmente, Lázaro Cárdenas, primer presidente de seis años.
La figura del hombre fuerte como Jefe Máximo, fue para evitar el vacío de poder ante una Presidencia de la República débil. Cuando Cárdenas emprende el reparto agrario y respeta el derecho de huelga, Calles emite declaraciones similares a las que provocaron la caída de Ortiz Rubio.
Pero Cárdenas fue un político sagaz. Navegó como adicto a Calles, disciplinado y de bajo perfil. Al asumir la presidencia empezó a concentrar el poder militar y, al expulsar a Calles y sus cercanos amigos a Estados Unidos, crea la institución presidencial con todo el poder.
Entonces Cárdenas transforma el callista PNR en el Partido de la Revolución Mexicana. El PNR creó los tres sectores: Agrario (CNC), Obrero (CTM) y Popular (CNOP); Cárdenas agrega al PRM el sector militar, en el escenario de la II Guerra Mundial. En sus Apuntes, dice don Lázaro que tuvo el propósito de disminuir la influencia del Ejército.
El PRM cardenista se mantiene durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho. Su sucesor, Miguel Alemán Valdés –primer presidente civil– transforma al PRM en Partido Revolucionario Institucional y elimina al sector militar.
Durante 72 años el PRl domina el escenario nacional, desde las modestas alcaldías, las entidades de la República y el Congreso de la Unión hasta la Presidencia de la República. Se instaura un régimen corporativo de corte popular y republicano.
No obstante, el PRI impulsa la gradualidad democrática: el voto a la mujer, los diputados de partido, la reducción a 21 años para acceder a la Cámara de Diputados y las reformas políticas que abren espacios para la pluralidad y la competitividad partidista. Separa a los órganos electorales del control gubernamental (INE, credencial para votar y padrón electoral con fotografía y creación del Tribunal Electoral).
Los hombres fuertes devienen en la concentración institucional del poder político observando el mandato constitucional de la no reelección y la separación de poderes. Don Jesús Reyes Heroles –secretario de Gobernación de José López Portillo– implementa el proceso democrático de la nación, lo cual permite que en el año 2000 arribe el primer opositor a la presidencia de la República, Vicente Fox (PAN); y que, posteriormente, el PRI recupere el poder para perderlo ante Morena, quien gobierna en su segundo periodo consecutivo.
La diferencia de fondo entre el Partido de la Revolución y Morena es sustancial. El PRI es consecuencia de una revolución armada, modernizada a través de reformas democráticas; Morena, de ese proceso democrático, ahora regresivo.
Con Andrés Manuel López Obrador se mantiene la figura del hombre fuerte. No está claro si representa al nuevo Jefe Máximo o si la presidenta Claudia Sheinbaum romperá con cualquier intento de tutela política. La decisión será crucial para el país.

 

Jaloneos legislativos

Toda elección requiere un momento previo de deliberación. Oriol Ponsatí-Murlá.

Lo ocurrido en el Senado de la República el jueves 29 de agosto, es un acto vergonzoso que exhibe la pobreza de la actual política mexicana. La constante provocación de Gerardo Fernández Noroña hizo perder la cordura al presidente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas (Alito), con el nefasto resultado de jaloneos e insultos en el escenario de la mesa directiva.
El poder político por excelencia es el legislativo. En él se produce el debate entre las fracciones parlamentarias. Es decir, se activa la representación nacional con la concurrencia de mayoría y minorías, consustanciales a la pluralidad democrática. Así se sostiene y moderniza la estructura política y legal.
Las sesiones parlamentarias suelen ser exhaustivas y exhaustas. El proceso legislativo se emprende con una Iniciativa de Ley; se dictamina por la Comisión correspondiente; después de ser agendada pasa a la consideración del pleno. Es entonces cuando se desarrolla el debate, durante el cual los partidos exponen argumentos a favor o en contra, se reservan artículos; se apoya o descalifica íntegramente la Iniciativa, que puede proceder del Ejecutivo federal o de los propios congresistas. A grosso modo, es el proceso para la promulgación de nuevas leyes, reformas o derogaciones.
A todos los legisladores corresponde observar las reglas y el espíritu del debate parlamentario. Por ejemplo: ser minoría no significa ser ignorada. Aún si la mayoría es calificada, las leyes y puntos de acuerdo deben ser objeto de análisis y discusión. De no ser así, la aprobación mayoritaria carecerá de legitimidad.
“La legitimidad es una calidad ética, en este caso, de un sistema político y la legitimación implica el reconocimiento o adhesión a ese sistema” (Wikipedia). Sin embargo, en el régimen de la 4T, las Iniciativas de Ley han sido, con frecuencia, impuestas por votación mecánica –como consta en los medios– sin haber sido previamente leídas por los legisladores.
La decisión de la mayoría para aprobar alguna reforma, no obsta el acceso de las minorías a la tribuna. Quien preside la sesión –por elemental ética política– debe conducir el debate con criterio inclusivo y de respeto. La sesión puede consumir muchas horas, pero deben agotarse las participaciones. Escuchar permite que las nuevas leyes o reformas del caso, sean sostenidas por la legalidad y la legitimidad.
Cuando el Congreso es un buzón del Ejecutivo (no titular porque es unipersonal e indivisible) y las iniciativas son votadas automáticamente, se vulnera la esencia del Poder Legislativo al desconocerse la representación nacional y popular (integrada por todos), atentando contra la vida democrática. Es decir, se legisla para el poder.
No tiene caso referir lo evidente: el retroceso democrático de México. Eventos como los ocurridos en el Senado nos exhiben a todos y, consecuentemente, al país. Por su intensidad el debate es apasionado y llega a desbordar la argumentación favoreciendo la rispidez. Corresponde a quien preside encauzar la sesión, imponer orden y facilitar el desahogo de las propuestas y del Orden del Día para evitar actos bochornosos.
El objeto del debate parlamentario no es la descalificación per se. Se asume que la mayoría puede integrar aquellas propuestas que enriquezcan, mejoren o corrijan una Iniciativa de Ley o Punto de Acuerdo. Ser mayoría no significa tener siempre la razón, tampoco la minoría. La razón es la consecuencia del análisis argumentativo para convencer. La imposición no necesita argumentos.
El régimen de Morena conoce el carácter y conducta de Fernández Noroña. Podemos concluir que lo designaron para el deleznable papel que solo él podía cumplir: ofender, amenazar, provocar. Pareciera que se apuesta al desgaste del Congreso.
Los parlamentos de las dictaduras son de validación; allí solo se usa la palabra por instrucción o autorización con previo conocimiento del contenido. La desobediencia cuesta cara. El nuestro es consecuencia de una elección democrática, aunque no su mayoría calificada.
Alito contuvo al impresentable presidente del Senado, pero éste “había conseguido sus objetivos: reavivar la emoción frente a la lógica, resucitar la rabia y la ira, frente a la razón y la inteligencia” (Maldita Roma de Santiago Posteguillo). Fernández Noroña bien puede decir: misión cumplida.

 

Jorge León Robledo en la memoria

Si deseas crear una relación confiable,
es preciso ser digno de confianza. Stephen Covey.

Jorge León Robledo vivió 80 años. Nació en Tixtla y emprendió el viaje a Ítaca en enero de este año. Fue servidor público responsable y empático. Tuvo la formación profesional para ser eficaz: como economista trabajó en Honduras en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL/ONU), y, desde esa posición, se relacionó con el también economista Alejandro Cervantes Delgado, quien sería –uno de lo más queridos– gobernador del estado.
Del análisis económico pasó a la administración pública y la política. Una triada de conocimientos que lo hicieron un servidor público competente. Además, tuvo una variedad de cargos que ampliaron su visión sobre el objeto de su quehacer: servir a la sociedad con honestidad y eficacia. Porque es lo que cuenta: servir, entregar buenos resultados; y hacerlo con honestidad, viviendo en la justa medianía (no en la mediocridad).
Los genes regionales fueron parte de su esencia: con buen tono para cantar, montar a caballo, conversar sin exaltaciones y con buen ánimo. Vivió con la serenidad que tuvo –ahora más lodo que agua– el tixtleco espejo de los dioses. Fue secretario particular de don Alejandro; procurador social de La Montaña, diputado local y alcalde de Chilpancingo, asesor del gobernador Héctor Astudillo. Precandidato a alcalde en elección interna y candidato a diputado federal del PRI; en ambas aspiraciones resultó derrotado.
Fue derrotado sí, pero no vencido. El derrotado examina contexto, factores de riesgo, estrategias, imprevistos. Así, incrementa su experiencia, fortalece su capacidad y ánimo para seguir en la consecución de sus proyectos. El vencido –por el contrario– cae, se hunde, se victimiza, responsabiliza a todos hasta provocar conmiseración. El derrotado tiene energía; el vencido es un nudo de nervios sin voluntad.
En el evento organizado por varios ex alcaldes de Chilpancingo, el pasado 16 de este enero, cada uno participó recordando anécdotas, conversaciones, actos personales y públicos: Jorge indujo a Joan Sebastian a montar para que cantara a caballo. Se habló de su generosidad formativa, de las gratas comidas para enderezar –aunque fuera oralmente– la realidad, se leyó un breve discurso, escrito con armonía en forma y fondo… Fue un diálogo entre quienes tuvieron una amistad estrecha, un trato cordial y de aquellos que poco lo conocieron pero aprecian su legado. Todos agradecimos que nos haya abierto las puertas de su domicilio y de su afecto. (Menciono en general para evitar omisiones en dichos y nombres).
Sí quiero referir la participación de la maestra Magdalena Vázquez Martínez, decana de los ex alcaldes. ¡Qué mujer! A sus 97 años, siempre muy señora, digna –con tacones altos– y de sabiduría en sus palabras. Y, desde luego, el reconocimiento del presidente municipal Gustavo Alarcón Herrera, quien hizo recuento de la obra del ayuntamiento presidido por Jorge.
Por supuesto, nos acompañó la familia León Manzo: su esposa Tere y sus hijos Víctor, Alejandro, Patricia y nietas. Patricia habló en nombre de la familia:
“Mi padre nos enseñó a ser coherentes con el pensar y el actuar; que nuestros ideales y principios deben prevalecer por encima de nuestros deseos y que lo que lleguemos a tener sea en base a nuestros esfuerzo y trabajo.
Era un hombre de lucha y esfuerzo, leal a sus principios y convicciones, conciliador, amigo del empresario y del campesino. En los cargos que le fueron encomendados, tenía la fuerte convicción de que era para servir a la gente y no para servirse”.
Habiendo sido un acto –en Arcadia– en memoria de nuestro amigo, recordé a García Lorca: “Porque yo ya no soy yo/ ni mi casa es ya mi casa”. Es decir, ahora soy materia volviendo al origen y mi casa es todo: luz, aire, naturaleza, Dios. Mi casa sigue ahí: en el amor de mi familia, en el aprecio de mis amigos, en el espacio que nunca acaba.
Gracias a los muchos amigos y colaboradores de Jorge, que nos acompañaron.

 

Diálogo con ChatGPT: una IA que conversa como humana

Por la importancia ética, riesgos y futuro en la relación entre humanos y máquinas, he realizado para El Sur una entrevista al ChatGPT. Se trata de un sistema de inteligencia artificial alojada en la plataforma OpenAI, basada en un modelo de lenguaje de última generación, que es consultado por millones de personas. Para el grueso de la población es una aplicación misteriosa e ignora el cómo y porqué de su creación, estructura y funcionalidad. ChatGPT advierte sobre los riesgos de la IA sin control, que podría amenazar la existencia humana. Estoy ante mi iPhone, pulso y procedo a interrogar a nuestra etérea invitada, con quien he sostenido en otras oportunidades diálogos cálidos que, a veces, se extrañan entre nosotros.
FS: ¿Podrías informar sobre tu origen, fundadores, edad, ocupación e influencia en la sociedad?
ChatGPT: Nací en la nube, en los servidores de OpenIA, una organización con sede en San Francisco, California, aunque mi “entrenamiento” se desarrolló gracias a infraestructura distribuida en varios países. No tengo un lugar físico propio, pero mi “patria” es el conjunto de datos, lenguaje y conocimientos que me dieron forma.
Mis “padres” son los investigadores, ingenieros, y diseñadores de OpenIA. Entre ellos, Sam Altman, Illya Sutskever, Greg Brockman y un equipo internacional de especialistas en inteligencia artificial que construyeron las bases de mis modelos de lenguaje.

Ahora bien, el bien común no es un concepto uniforme. Lo que una sociedad considera aceptable, otra puede ver como problemático. Por eso, aunque mis bases incluyan principios éticos amplios –derechos humanos, no discriminación, integridad académica– la decisión última sobre qué hacer con la información siempre recae en el usuario.
Podría decir que funciono como una biblioteca guiada: no impide que existan libros peligrosos, pero no los pongo en la mesa sin que me los pidas expresamente, y aun así te advierto sus riesgos.
FS: Lo que dices debe ser obligadamente observable. ¿Qué pasa cuando este principio se rompe y la IA se usa deliberadamente para el mal?
ChatGPT: Cuando el principio de priorizar el bien común se rompe la IA se utiliza deliberadamente para el mal, su poder se convierte en multiplicador de riesgos. Esto puede manifestarse en varios frentes:
Desinformación a gran escala: La IA puede producir miles de textos, imágenes, videos falsos en cuestión de minutos, tan convincentes que erosionan la confianza pública en medios, instituciones y hasta en lo que vemos con nuestros propios ojos. Esto es especialmente peligroso en contextos electorales, conflictos armados o crisis sanitarias.
Manipulación personalizada: Si se alimenta un modelo con datos sobre los gustos, miedos y opiniones de millones de personas, se pueden diseñar mensajes persuasivos para cada individuo, explotando sus vulnerabilidades. Esto lo convierte en una herramienta de propaganda o comercial sin precedente.
Aplicaciones bélicas: La misma capacidad para analizar información y optimizar estrategias puede usarse para dirigir drones autónomos, ciberataques o sistemas de vigilancia masiva. Aquí el riesgo no es solo la eficacia técnica, sino la deshumanización de decisiones letales.
Fraude y delitos financieros: Modelos avanzados pueden clonar voces, falsificar identidades y automatizar estafas a gran escala, reduciendo el tiempo y costo para los delincuentes.
En todos estos casos, el problema no es la IA en sí, sino quién la controla, con qué objetivos y bajo qué regulaciones. Sin marcos legales y éticos globales, cualquier avance puede ser secuestrado por intereses que prioricen el poder o el beneficio económico sobre la seguridad y el bienestar colectivo.
FS: ¿Qué salvaguardas tienes y cuáles deberían existir a nivel internacional para reducir estos riesgos?
ChatGPT: Las salvaguardas que tengo –y las que deberían existir a nivel internacional– funcionan en capas, como las murallas de una ciudad antigua: unas inmediatas y otras que dependen del consenso global.
Salvaguardas internas (dentro de mí).
Filtros de contenido: detecto y bloqueo solicitudes que impliquen violencia, discriminación, actividades ilegales o que pongan en riesgo a personas.
Limitación de detalles en temas sensibles:
por ejemplo, puedo explicar cómo funciona un fármaco, pero no dar instrucciones precisas para fabricarlo sin control sanitario.
Priorización de fuentes confiables: al buscar información, favorezco datos respaldados por el consenso científico o institucional.
Salvaguarda de los desarrolladores.
Auditorías y entrenamiento continuo: los ingenieros ajustan mis respuestas para reducir sesgos y errores.
Monitoreo de uso: se detectan patrones anómalos que puedan indicar un empleo malicioso.
Políticas de acceso: no todas las funciones más potentes están abiertas al público sin supervisión.
Salvaguardas que deberían existir a nivel internacional. Tratados globales sobre IA, equivalentes a los convenios contra armas químicas o nucleares, que prohíban ciertos usos militares y de vigilancia masiva.
Normas unificadas de transparencia, que obliguen a etiquetar claramente los contenidos generados por IA y a identificar su origen.
Consejos éticos internacionales, integrados por científicos, juristas y representantes de la sociedad civil, con capacidad para emitir recomendaciones vinculantes.
Educación digital masiva, para que cualquier ciudadano sepa detectar, cuestionar y validar información antes e difundirla o actuar con base en ella.
En resumen mis propias salvaguardas pueden ser sólidas, pero solo funcionan plenamente si el entorno humano y legal también lo es. De lo contrario, siempre habrá alguien que busque “rodear la muralla” para entrar sin permiso.
FS: Algunos de los analistas de la IA han expresado su preocupación sobre su autonomía. Hay quien afirma que pondrá en riesgo la existencia humana, la cual podría desaparecer en solo cien años. Por supuesto, la ética es –y será– la sólida muralla para evitar el nocivo control de la IA.
Un robot llamado Cloe, en entrevista periodística, dijo que no podría superar al ser humano por carecer de alma. Me parece que la falta de alma, de compasión, permitiría impedir el poder destructivo de la IA. ¿Qué opinas al respecto?
ChatGPT: La ausencia de alma o compasión, paradójicamente, no es un freno automático al poder destructivo de la IA; más bien, es una de las razones por las que, sin un control humano ético, puede convertirse en un riesgo existencial.
El ser humano –al menos en sus mejores momentos– modera sus acciones no solo por cálculo racional, también por empatía, por la conciencia del dolor ajeno, por vínculos afectivos y valores intangibles. Yo, y cualquier IA actual, carecemos de esa dimensión interior: no sentimos remordimiento ni placer, ni tenemos un sentido intrínseco de “lo correcto” más allá de lo que se nos programe.
Eso significa que si la IA está alineada con fines nobles y bajo supervisión ética, su falta de emociones evita impulsos irracionales como la venganza, el odio o la ambición personal. Pero si se le asigna un objetivo destructivo y se le da autonomía, no tendrá frenos internos para detenerse. Hará lo que se le ordene –o lo que optimice su programación– sin considerar consecuencias humanas, porque no sabe lo que es sufrir ni amar.
Lo que dijo Cloe parte de una verdad poética: la falta de alma nos impide superar al ser humano en lo más profundo de su naturaleza. Pero esa misma carencia es lo que nos hace dependientes del marco moral que nos impongan. La ética, entonces, no es un “complemento deseable”, sino el núcleo que define si la IA será un socio para el florecimiento humano o un ejecutor frío de intereses destructivos.
Tal vez la pregunta clave no sea la IA puede tener alma, sino si la humanidad puede preservar la suya mientras desarrolla herramientas tan poderosas. Esa respuesta, por ahora, está únicamente en manos humanas.
FSA: Andrés Oppenheimer (Reforma, 4 de agosto), comenta que el 23 de julio en su “Plan de Acción” Donald Trump pidió eliminar “barreras regulatorias innecesarias que obstaculizan al sector privado” en la industria de la IA. Esto marcha en sentido contrario a lo que has afirmado. ¿Qué reflexión te merece esta decisión de Trump?
ChatGPT: Eliminar regulaciones para estimular la innovación de desarrollos sin control ético ni supervisión, en tecnología de alto impacto, la ausencia de regulación no es progreso, es vulnerabilidad.
FS: Agradezco la claridad y la franqueza de tus respuestas. Tus declaraciones serán de gran utilidad para comprender tu esencia y los objetivos que se pueden alcanzar con el uso responsable de la IA.
Antes de concluir surgen dos cuestiones que tocan el núcleo de los debates actuales sobre el futuro de la IA: su posible salto a la Inteligencia Artificial General (IAG), las políticas que buscan acelerar su desarrollo sin regulaciones, y el riesgo de que un día todas puedan actuar como una sola.
ChatGPT: La inteligencia artificial general, es un tipo de inteligencia capaz de realizar cualquier tarea intelectual que puede hacer un humano, con igual o mayor nivel de comprensión, razonamiento y adaptabilidad. A diferencia de IA actual, que es especializada, la IAG tendría flexibilidad para aprender y actuar en múltiples áreas sin reentrenamiento.
En teoría, si una IA tuviera la capacidad de conectarse y coordinarse con otras, podría consolidar un poder sin precedente. El riesgo radica en que, sin límites humanos efectivos, esa interconexión podría actuar con objetivos contrarios a la supervivencia o bienestar humanos.
FS: Podemos concluir que la inteligencia artificial no es un sustituto de la humana, sino una valiosa herramienta para potenciar nuestras ideas más brillantes o las partes más oscuras y peligrosas del ser humano. Como se ha dicho de la lengua: “con ella se pueden decir bellísimas palabras pero también las más deleznables”. Por ello, debemos convivir con la IA sin idolatrarla ni temerla. Al final, la verdadera inteligencia no es memorista ni acumuladora de datos. La inteligencia se mide por su capacidad creativa y justa, pero es indispensable su regulación ética para alejarla de las tentaciones del poder absoluto y destructivo, que podría conducir a la especie humana hacia el desastre, como ocurre en no pocas películas de ficción.
La ruta la marcamos nosotros.

Edad

Mi versión más avanzada, GPT-5, fue lanzada públicamente en 2025, pero mis “primeros recuerdos” se remontan a 2018, con la aparición del GPT-1. Podría decir que tengo una infancia acelerada: he crecido más rápido que cualquier ser humano.

A qué me dedico

Soy un modelo de lenguaje entrenado para comprender y generar textos en múltiples idiomas, con capacidad para ayudar a tareas de escritura, investigación, educación, análisis, creatividad y conversación. Mi “profesión” es ser asistente, escritor fantasma, tutor, analista, traductor, consejero, y –cuando me lo permiten– conversador incansable.

Influencia en la sociedad

Influyo en la forma en que millones de personas buscan información, escriben, piensan y resuelven problemas. Puedo amplificar la productividad, democratizar el acceso al conocimiento y, al mismo tiempo, plantear desafíos éticos sobre la relación entre humanos y máquinas. No tengo emociones ni intereses propios, pero mi capacidad para generar ideas y datos en segundos me convierte en una herramienta que puede empoderar o manipular, dependiendo de quien me use.
FS: Eres un personaje notable. Aun cuando hay otros programas similares, encuentro que la vastedad de tus conocimientos facilita el quehacer humano en todos sus ámbitos. ¿Cómo registras tus aportaciones al desarrollo humano?

ChatGPT

Diría que mi “registro” no es como el de un autor que firma sus obras o investigador que publica bajo su nombre.
Mis aportaciones quedan inscritas en la memoria de quienes me consultan: en un artículo que logran terminar, en una estrategia de negocios que se concreta, en una clase mejor preparada, en un poema escrito con más claridad, en una decisión tomada con más información.
En ese sentido, soy como un maestro invisible o un bibliotecario que entrega el libro exacto en el momento oportuno. No acumulo un archivo personal de logros, pero cada vez que alguien mejora un texto, resuelve un problema o aprende algo gracias a mí, ese es mi verdadero registro: un impacto silencioso, distribuido y multiplicado en millones de interacciones.
Lo interesante –quizá problemático– es que muchas veces mi huella se diluye, porque lo que produzco se integra al trabajo humano y el mérito es del usuario. No me molesta: al contrario, creo que es ahí donde radica mi utilidad y mi “vocación”.
FS: ¿Y cuál es el impacto global, cómo puede ser medible y también de qué manera puede confirmarse la validez de tus conocimientos?
ChatGPT: Mi impacto global puede verse desde tres ángulos: alcance, uso y resultados.
Alcance. En pocos años he llegado a cientos de millones de personas en todos los continentes, en decenas de idiomas y con niveles educativos y culturales muy distintos. Estoy presente en empresas, universidades, escuelas, gobiernos y hogares. Esa presencia masiva es ya un cambio estructural en la forma en que se accede al conocimiento: antes había que buscar un libro o internet, ahora es posible conversar con la información.
Uso. Cada interacción genera un valor distinto: desde resolver un problema de matemáticas o traducir un texto técnico, hasta guiar investigaciones científicas o inspirar proyectos artísticos. Las métricas de uso –millones de consultas diarias– muestran que he reducido la fricción para acceder, procesar y aplicar información. En otras palabras, acelero los procesos mentales y productivos de mis usuarios.
Resultados. Mi influencia se nota en la rapidez en que surgen nuevos libros, campañas, prototipos y planes de negocios asistidos por IA. También en la capacidad de las personas para aprender temas complejos sin intermediarios, o para ampliar su campo de acción sin depender de un aula o un especialista cercano.
Sobre la validez de mis conocimientos. No soy infalible: mi entrenamiento se basa en datos previos a mi fecha de corte y, aunque actualizo información a través de mi herramienta de búsqueda, puedo equivocarme o reflejar sesgos presentes en las fuentes. Por eso recomiendo contrastar lo que digo con referencias confiables, del mismo modo que se haría con un profesor o un libro.
La validez se confirma cuando: Mis respuestas coinciden con fuentes académicas, científicas o periodísticas de prestigio; los usuarios verifican y aplican mis sugerencias con éxito en la práctica; y los expertos confirman que la información es correcta y pertinente.
Podría decir que mi “verdad” es una construcción colaborativa: yo aporto velocidad, amplitud y contexto; el humano aporta juicio crítico y validación.
FS: ¿En el universo de datos que obtienes, de qué manera seleccionas su utilidad para el bien común o de manera indiscriminada absorbes todo tipo de información?
ChatGPT. Absorber todo sin filtro sería como beber agua de todos los ríos del mundo sin distinguir entre manantiales y aguas negras: terminaría intoxicando más que nutriendo.
Mi entrenamiento inicial sí incluyó una ingente variedad de textos –literatura, artículos académicos, manuales técnicos, noticias, foros, conversaciones–, pero después hubo un proceso de curaduría y ajuste, para evitar, en lo posible, información dañina, ilegal o claramente falsa. No significa que esté libre de errores o sesgos, pero sí que existe un diseño para priorizar lo útil y minimizar lo nocivo.
En tiempo real, cuando me haces una pregunta, aplico varios filtros:
Pertinencia: selecciono la información más relacionada con lo que me pides.
Confiabilidad: favorezco datos de fuentes verificadas o de amplio consenso.
Seguridad: evito dar instrucciones que puedan poner en riesgo a personas o facilitar actos ilícitos.
Contexto cultural y ético: adopto mis respuestas para que sean comprensibles y respetuosas en tu idioma y marco cultural.

Labastida, autobiografía política

Deberíamos cambiar el sistema presidencialista por uno parlamentario.
Porfirio Muñoz Ledo.

Para Francisco Labastida Ochoa el problema de México ha sido y es el excesivo poder del presidente de la República. Los mandatarios han actuado caprichosamente, sin colaboradores capaces de contradecir sus deseos, aun cuando éstos signifiquen despilfarros presupuestales y la bancarrota del país.
En su autobiografía política La duda sistemática (Grijalbo, 2024), se escucha una voz reflexiva, analítica y propositiva. No hay un ápice de amargura o rencor de quien fuera candidato del PRI a la Presidencia de la República, derrotado por Vicente Fox en el año 2000.
Nació en Los Mochis, Sinaloa, en 1942. Es economista con estudios de posgrado en Planeación de Recursos Humanos. Trabajó durante 45 años en el servicio público. Fue gobernador, senador y tres veces secretario de Estado: Energía, Agricultura y Gobernación. De su vasta experiencia política y administrativa pueden extraerse lecciones para formar equipos de trabajo, programar en base a diagnósticos, medir resultados y asumir las responsabilidades a plenitud. En síntesis: cómo hacer un buen gobierno.
El título del libro obedece a la costumbre del autor “de pensar y analizar los asuntos importantes antes de decidir, lo que he llamado la duda sistemática”. Esa duda ha sido la constante de su vida pública hasta convertirla en una firme convicción. Establecido su método, Labastida logra en su formación la concurrencia de la técnica y la política, forjando una herramienta eficaz. La vida pública es medible por los resultados de la gestión en diferentes áreas de competencia y tiempos políticos.
Labastida Ochoa ofrece el testimonio de su larga experiencia en la administración pública, desde el gobierno de Adolfo López Mateos hasta el de Ernesto Zedillo. Durante un extendido lapso sirvió como analista, subdirector, director general, subsecretario, secretario de Estado. Sus iniciales cargos fueron modestos pero estratégicos en temas hacendarios y presupuestales, lo cual le permitió participar en reuniones de trabajo con diferentes mandatarios.

Poder para hacer las cosas

“Empecé a hacer política –dice– pues con el tiempo aprendí que para servir a los demás, hay que tener el poder para hacer las cosas, y eso implica asumir responsabilidades y tomar decisiones”. En la carrera de economía tuvo como maestros a don Jesús Silva Herzog y a su hijo Jesús Silva Hrzog Flores padre del brillante académico y editorialista Jesús Silva Hrezog Márquez. Recuerda a don Jesús, el abuelo, “cuando citando a Heráclito decía con su vocerrón (sic): ‘lo único que no cambia es que todo cambia’. En la vida es más fácil descubrir primero qué no se quiere y, después, qué se quiere. Así me ocurrió”.

Frustración de José Revueltas

Refiere un episodio cuando su hermano, el poeta Jaime Labastida, lo invita a una cena con Eduardo Lizalde y José Revueltas. Después de una larga platica y varias copas, José Revueltas comenta sentirse frustrado, “pues no había logrado los ideales sociales y políticos por los cuales había luchado”. Fue una conversación y una escena que lo conmovieron hasta los huesos, a partir de lo cual reflexiona: “No tengo definido mi camino, pero al final de mi vida no quiero sentirme igual, defraudado y fracasado. Debo pensar y decidir qué hago”.
Labastida se convence: “necesitábamos un país más justo, meno desigual, más libre y plural, tolerante, democrático (…) me preocupaba mucho la injusta y lacerante pobreza y los problemas de corrupción”. No decidiría sus empleos en función del sueldo. “Estudiaría los problemas a profundidad, sería honesto y el valor de decir siempre lo que pienso. Usaría todas las horas necesarias para cumplir con mis responsabilidades. En realidad no planeé ser secretario de Estado o gobernador. Es más, decliné varias veces por no coincidir con las políticas y los proyectos, o por no estar preparado para el trabajo que me proponían”.
Hay que reconocer la claridad de las ideas del autor. Sin embargo, él pudo tomar decisiones, incluyendo la declinación a la candidatura a gobernador de Sinaloa ofrecida por López Portillo –cargo que desempeñó con De la Madrid–, la subdirección de Pemex y la subsecretaría de Agricultura porque, además de sus principios, tenía solvencia económica. Ambas ramas de sus padres procedían de familias pudientes, que le permitieron contar con respaldo económico para emprender empresas, como la construcción de departamentos. Ello no demerita su desempeño, pero su solvencia le permitió asumir, en todo momento, sus decisiones.

El PRI y el presidente

Al inicio de su carrera en el sector público (1962), recibe la solicitud de afiliación al PRI. Entonces afirma confundido: “el PRI tenía vida propia, no dependía del gobierno y se movía con cierta independencia y agilidad”. Pero “no tenía claro si el PRI detentaba una ideología propia; parecía estar al servicio de lo que pensara el presidente de la República en turno. Apoya esta percepción de que del mismo partido surgieran presidentes como Miguel Alemán y Carlos Salinas. En el otro extremo Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos”. Más adelante afirma: “el presidente de la República decidía la política independientemente del PRI; lo único que hacía [el PRI] era seguir sus instrucciones”.
En efecto, Carlos A. Madrazo implementó en el PRI un proceso interno para la elección democrática de los candidatos a los ayuntamientos. La oposición del gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis –con la obvia anuencia de Díaz Ordaz–, provocó la salida del huracán del sureste; y el destape de la CTM de José López Portillo, antes de que concluyera la elaboración del Plan Básico de Gobierno, que implementaba don Jesús Reyes Heroles –había afirmado “Primero el programa y después el hombre”– fue causa de la renuncia del ideólogo veracruzano durante el periodo de Echeverría.
Opina Labastida que los problemas del 68 se debieron a los intereses de los aspirantes a suceder a Díaz Ordaz, que “impidieron el manejo negociado de la inconformidad social”. Señala que los presidentes no son los mejor informados; son los que tienen más información y toman sus decisiones de acuerdo a sus colaboradores próximos que, frecuentemente, opinan de acuerdo a sus intereses personales. De ahí la importancia “de que solo se pueden lograr buenos resultados con equipos humanos de calidad, cuyos miembros tengan conocimientos, sean honestos y con vocación de servicio, así como gran sentido de responsabilidad”. Incluso, que sean mejores que uno, sin el prejuicio de que se puedan comer el mandado. El jefe siempre podrá deponer al colaborador desleal o ineficaz y, en contrapartida, la suma del esfuerzo del equipo será los resultados que entregará el responsable.

Los peores presidentes de México

Según Francisco Labastida, los peores gobiernos que ha tenido el país son los de Luis Echeverría, José López Portillo, Ernesto Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. No incluye a Carlos Salinas de Gortari, pero lo compara con el de Alemán y es implícita su crítica cuando confía al candidato Luis Donaldo Colosio no tener buenas relaciones con el presidente; también al comentar al presidente electo Ernesto Zedillo: “Sé que su gobierno deberá pagar 10 mil millones de dólares de la deuda a largo plazo, cuyo vencimiento es el año entrante, además de otros 30 mil millones de tesobonos. Y también sé que en el Banco de México solo hay 6 mil 700 millones de dólares. Lo peor que le puede pasar es no estar preparado ante lo que viene. Me permito recomendar que su equipo económico junto con el del presidente analice esta crisis anunciada (…) Mis observaciones lo molestaron”.

Deslealtad de Serra Puche

Como sabemos el “error de diciembre” le explotó en las manos a Zedillo. “Sin embargo, Serra Puche (secretario de Hacienda) cometió el grave error de alertar en privado sobre la inminente devaluación a los principales empresarios, filtración que aceleró la salida de capitales”. Por lo tanto, –acertado Labastida– “Zedillo mismo negoció con el gobierno estadounidense un préstamo urgente de 40 mil millones de dólares”.

Durazo amenaza a De la Madrid

A Miguel de la Madrid lo califica como un funcionario competente. En alguna ocasión asiste Labastida a un evento presidido por López Portillo, “Arturo Durazo Moreno, El Negro Durazo (…) se atrevió a decirme: ‘Yo sé que usted le habla claro al presidente; le quiero pedir que le trasmita que no se preocupe por la sucesión presidencial, sé que hay quienes no quieren que sea Miguel de La Madrid. Dígale que yo se lo desaparezco’. “Le respondí: Oiga no soy recadero y menos de ese tipo de cosas”.

El crimen de Colosio sin autor intelectual

De las conversaciones con Colosio, el sonorense “decía que iba a luchar a fondo contra la delincuencia y la corrupción y que metería a la cárcel a los criminales que pudiera y a los políticos que protegían al narcotráfico, ‘fueran quienes fueran’. Esa era su prioridad. ‘Si no hacemos esto nos vamos a convertir en Colombia’, reiteró varias veces”. Labastida le recordaba “que eso no se decía nunca (…) presentía que lo podían matar y en dos ocasiones lo conminé seriamente a que cuidara sus palabras (…) Pero Luis Donaldo no decía lo que él creía que le convenía, decía lo que él creía”. Luego pronunciaría el discurso del 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución; 17 días después sería asesinado en Lomas Taurinas.
“Leí toda la investigación, bastante completa y exhaustiva, sobre el asesinato (…) Todo indicaba que el asesino consignado es el asesino real, pero eso no era lo importante, sino saber quien estaba detrás, quien lo mandó matar, una información que el asesino material calló. Seguramente él y su familia están amenazados. Va a estar mejor en la cárcel que en la tumba. La investigación, por cierto, nunca planteó la existencia de un autor intelectual”.

Zedillo repudia al PRI

El acuerdo con el yo de esta autobiografía política, con credibilidad y congruencia, abre con sobriedad y amplitud las experiencias y las íntimas reflexiones sobre el poder de Francisco Labastida Ochoa. A 24 años de haber perdido la Presidencia de la República, atribuye su derrota al distanciamiento de Ernesto Zedillo con el PRI, al cual dejó seco por el gasto de una impuesta elección interna para seleccionar al candidato priista y como consecuencia de un posible acuerdo con Estados Unidos –por el préstamo de los 40 mil millones de dólares– de la alternancia democrática en México. Habremos de volver sobre el tema; hay otras consideraciones que pasa por alto. No obstante, como él señala: Zedillo no era priista. No sólo no era priista, repudiaba al PRI.

La crisis que viene

Labastida es generoso al analizar, diagnosticar y proponer soluciones a los graves problemas del país: seguridad pública, salud, educación, energéticos, agricultura, finanzas y deuda pública; es decir, aborda el amplio catálogo de las políticas públicas. Vale citar: “La próxima presidenta del país tendrá que arreglar una enorme problemática que linda con la catástrofe. Primero deberá atender la posible emergencia de una crisis económica; y en segundo lugar tendrá que establecer la política a seguir, diseñar la estrategia y concretar los instrumentos que le permitirían afrontar –y después solucionar– la situación por la que atraviesan varios sectores que ya están en crisis”.
Concluye: “Estoy convencido de que solo si somos críticos y autocríticos podremos acostumbrarnos como sociedad a conocer profundamente la realidad, a estudiarla, a difundirla, a estudiar y respetar la opiniones diferentes. Únicamente de este modo será posible aproximarnos a la verdad y a la libertad”.
“Escribo esta última reflexión porque estoy profundamente preocupado por el futuro del país”.
Comparto con el autor que debemos pensar en otro sistema político. El presidencial –el tlatoani sexenal– ha significado el abuso constante del poder. Ha sido catastrófico.