El único profeta verdadero es el pasado.
Lord Byron.
Su rostro es ligeramente ovalado. Su pelo oscuro y macizo envuelve el cráneo como una corriente que desemboca en la nuca. La amplitud de su frente parece contener un mundo enciclopédico. La serenidad es manifiesta en su mirada, en sus ojos sostenidos en la armonía de sus pómulos. La nariz casi recta, desciende hacia su boca regular protegida por el bigote estilo chevron, cerrando la U de su barbilla. Sus orejas no eran grandes ni chicas. Su cabeza, armónica y reflexiva, está sostenida por un cuello corto y fuerte. Tal me parece el retrato al óleo de José Francisco Ruiz Massieu pintado por Francisco Alarcón.
El ser humano todo el tiempo está en construcción. Se construye a través del conocimiento nutrido de experiencias –propias y ajenas–, de la academia, la lectura, las conversaciones, las controversias, los viajes… Del afán constante de saber. No obstante, el conocimiento acumulado podría provocar una implosión en caso de no ser compartido. Ruiz Massieu siempre quería ignorar más, sabiendo más y divulgarlo.
Simultáneamente, estudió derecho e historia en el UNAM; Máster en Ciencias Políticas en la Universidad de Essex, Gran Bretaña; investigador del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM y Premio Nacional de Administración Pública. Escribió ensayos, libros y artículos periodísticos; desempeñó diversos cargos públicos: director de Asuntos Jurídicos del Infonavit –del que llegó a ser director general—, secretario general de gobierno en Guerrero, oficial mayor y subsecretario de la de la Secretaría de Salud, gobernador de Guerrero.
Diestro en el debate y el acuerdo, fue presidente de la Comisión de Ideología del PRI, presidente de la Fundación Cambio XXI (ahora Colosio); representante del PRI ante el IFE y coordinador de la fracción parlamentaria del PRI de la LVI Legislatura federal. Subdirector del Instituto de Investigaciones Económicas, Políticas y Sociales del PRI, en la campaña electoral de Miguel de la Madrid, y secretario general del Comité Ejecutivo Nacional de su partido.
Enseñó a pensar políticamente
Estimulaba en sus colaboradores, la elaboración de ensayos sobre historia y perspectivas del PRI, para sus presentación en coloquios y publicaciones del propio partido.
Destacado maestro, enseñó a pensar políticamente. Estimulaba la investigación y el conocimiento para la presentación de ideas fundadas, con argumentos. Impulsó la formación de una Nueva clase política en Guerrero. Cuatro de sus colaboradores fueron gobernadores de la entidad y otro más secretario de Estado.
Desde sus años universitarios tuvo la perspicacia de relacionarse con quienes compartía interés político. Sus compañeros de la Facultad de Derecho en la UNAM, se anotaron en la cátedra del maestro Andrés Serra Rojas, cuya aula estaba abarrotada. Algunos de ellos lograron que Ruiz Massieu fuera admitido; cuando le dieron la noticia se asombraron por su negativa. “Mis compañeros –me dijo– miraban al pasado, yo al futuro. Me inscribí en la cátedra de Miguel de la Madrid”.
Tiempos de transición
Lo conocí a través de los artículos que publicaba en primera plana el diario La Jornada. Me llamaban la atención sus propuestas y el modo de exponerlas. En primer lugar, era analítico, sin el barroquismo del leguaje tropical. Advertía: “Una nueva política está en proceso de aparición y la vieja política está en fase preagónica. Los tiempos de hoy son tiempos de transición, y quien no lo entienda se quedará en el camino”.
Me presenté con él en Casas Grandes, Chihuahua, en donde Ruiz Massieu organizó una reunión de planeación municipal, que presidiría el candidato De la Madrid. Yo era delegado del Sector Popular en aquel Estado. Después, me recibió en la Oficialía Mayor de la Secretaría de Salud. En ese tiempo, yo trabajaba en la Secretaría de Organización del CEN del PRI. Así inició mi relación política con él. Me dio oportunidades, me otorgó su confianza y le entregué resultados. Creí en su proyecto político. No era un político frío. Él, igualmente, merece las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, pues “¡Qué amigo de sus amigos!”
No obstante, el plano político era su ocupación primordial. Llamaba a evitar la disfunción y eliminar el “patético anacronismo” para adoptar una Nueva política que acuda al debate, critique para resolver y aporte ideas en el escenario de la pluralidad. Su don era anticipatorio: el análisis de la que le tocó vivir, del contexto internacional y su constante puesta al día lo formaron como un ideólogo; y de ahí –por su innegable talento– traducía en reflexiones políticas cambios para el México de entonces y el de ahora.
Incapacidad del PRI para reformarse
Hoy vivimos las consecuencias de la inmovilidad asumida por el PRI. No se añora al partido hegemónico, que tuvo su razón de ser en la construcción del moderno Estado mexicano y cumplió con eficacia su etapa histórica. Pero no se comprende su incapacidad para mantener la estrategia probada de reformarse a tiempo, con el trasfondo del Nacionalismo Revolucionario, a fin de mantener prestigio e influencia en el sistema político. En los hechos, ello significó abandonar la plaza. Las ambiciones desmedidas suplieron las ideas y el nepotismo substituyó al mérito. Las consecuencias son evidentes: hace parte de las minorías parlamentarias.
Los trágicas desapariciones de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu, fueron prolegómenos del fracaso anunciado. El priismo de entonces careció de capacidad negociadora con el presidente Zedillo; se extravió en el falso dilema sobre quienes deberían prevalecer, si los políticos o los tecnócratas. Faltó habilidad y capacidad para el acuerdo y fue notoria la ausencia de programas para su modernización.
Sin instinto de sobrevivencia
Se presentaron dos momentos para la renovación del PRI: la derrota de su candidato a la Presidencia de la República, Francisco Labastida, en el año 2000; y la recuperación de la presidencia con Enrique Peña Nieto, en el 2012. Con el triunfo de Vicente Fox, el PRI se victimizó por la “sana distancia” establecida por el presidente Zedillo. Con la recuperación de la presidencia, volvió por sus fueros, con sus viejas formas de hacer política, sin liderazgos sensibles al humor ciudadano y comprensión de los nuevos tiempos.
Cuando un partido –con larga permanencia en el poder– es derrotado, procede la revisión profunda de su estructura, programa y principios. El PRI negó su pasado: se reformó en dos ocasiones: el Partido Nacional Revolucionario cambió a Partido de la Revolución Mexicana; y como Partido de la Revolución Mexicana a Partido Revolucionario Institucional. Si bien aquellas fueron reformas cupulares, en tanto consecuencia del cambio de contexto en la institución presidencial. Pasaron por alto, desde hace 25 años, la reforma partidista, evadieron la exigencia transformadora: implementar la democracia interna, ampliar su base militante y renovar su atracción al voto popular. Peor aún: perdieron el instinto de sobrevivencia. “Cambiamos o nos cambian”, advirtió Ruiz Massieu.
Lenguaje vulgar, decadencia política
La decadencia priista es evidente: carece de ideas que convoquen a los ciudadanos ante la concentración del poder; además, el discurso de la dirigencia se ha vulgarizado. El pensamiento elabora el lenguaje y el lenguaje convoca a la acción. Si hubiere quien pensara que hay que hablar como “pueblo”, incurre en un grave error. Primero, porque el pueblo no es ignorante y luego porque el discurso informa, forma, fortalece las convicciones y anima la organización para la lucha política.
Con cuánta claridad lo dijo Ruiz Massieu:
“El trabajo en el PRI ha menguado; un síntoma es el decaimiento de la palabra como nexo entre la idea y la acción política; entre la ideología y el comportamiento político.
“La modernización del PRI –y aquí se insinúa una paradoja– debe principiar revalorando el trabajo ideológico en sus expresiones diversas –desde la idea maciza que recluta adhesiones; y la polémica que ilumina; hasta el origen cuando se hablaba de la Revolución para tomar sus ideas y llevarlas a la realidad con apasionada convicción”.
Quien opine que este es asunto de los priistas, no enfoca debidamente el problema. México necesita un vigoroso sistema de partidos para recuperar a la democracia como sistema político y proceso electoral. No es suficiente el debate encendido en el Parlamento; se necesita que las ideas permeen en la sociedad; que se discutan en la plaza pública y en las redes; que haya identidad con sus propuestas.
Hombres fuertes y caída global de la democracia
Si en el pasado la política demarcaba sus ámbitos en los que actúan los tres órdenes de gobierno, hoy la política es global. A nivel internacional tenemos malas noticias: Freedom House evalúa los derechos políticos y las libertades civiles. En su informe 2025, indica que la libertad global enfrenta múltiples desafíos, como conflictos armados, represión y líderes que socavan las instituciones democráticas. Por su parte, Democracy Report 2025, señala que el nivel promedio de la democracia 2024 ha caído a niveles similares a los de 1996 en promedio por país. Democracy Index, por su parte, (informe de 2024), señala que el puntaje promedio global fue de 5.17 sobre 10. El más bajo desde que empezó a medirse en 2006. En 1945 había solo 12 democracias en el mundo, esa cifra había aumentado a 92. “Pero se ha instaurado un proceso de erosión democrática”.
Lo anterior lo señala Gideon Rachman en su libro La era de los líderes autoritarios (Crítica, 2022), y también formula las observaciones siguientes:
Desde el 2000 el auge de líderes fuertes se ha convertido en una característica crucial de la política global. Se trata de un estilo más personalizado que adopta el nacionalismo, una retórica de fuerza y una feroz hostilidad hacia el liberalismo, el culto a la personalidad y el desprecio por las instituciones estatales
Hay un patrón internacional que pone de relieve el carácter del hombre fuerte, que no solo surge en los sistemas autoritarios, sino que también son electos en democracias. Nos hallamos en medio del ataque global más prolongado que han sufrido los valores democráticos liberales desde la década de 1930.
La democracia está empeorando, ya que el hombre fuerte antepone los instintos del líder a la ley y las instituciones. Además, las tecnologías del siglo XXI brindan a los líderes fuertes nuevas maneras de comunicarse directamente con las masas, peligrosas herramientas de control social, en particular la capacidad para rastrear los movimientos y comportamientos de los ciudadanos. Todo lo anterior podría fortalecer el giro autoritario del siglo XXI.
La lista de países con hombres fuertes –sólo los que han accedido al poder mediante procesos democráticos hasta 2018– es significativa: Argentina, Brasil, Estados Unidos, Hungría, México, Nicaragua, Rusia, Turquía y Venezuela, entre otros.
Ante estos graves desafíos, se extraña a políticos completos, de ideas y hechos, como era José Francisco Ruiz Massieu. Políticos comprometidos con México, sin mezquindades ni egoísmos, que asuman el poder para atender los desafíos de la libertad y la democracia en esta compleja era de la Inteligencia Artificial.
Aspirar a la Presidencia de la República
Ruiz Massieu a muchos nos reiteró la importancia de la construcción de acuerdos politicos. A comprender para entender y actuar sin extraviar la sustancia. Hijo, hermano, amigo, jefe, pero sobre todo maestro, formador de generaciones, cuyo pensamiento resplandece por encima de la maldad de sus victimarios.
Él siempre dijo que “el político que expone, se expone”. Siendo como era político derecho, asumió que la nueva política exigía “la luz del entendimiento” y no el hábito de La caverna socrática. La simulación –más que estrategia– es un vicio de la política y la servidumbre –supuesta lealtad– es propia del desleal embozado. Se favorece la política autoritaria cuando el abuso y la corrupción aleja al ciudadano de la política. Hay que evitar, como afirmaba el desaparecido guerrerense, la república del silencio, pero haciendo de lado el doble discurso. Hay que prestigiar la política, con la conducta y los resultados.
Cumplió a Guerrero. Su obra está a la vista. ¿Qué sería de la economía del Estado, del turismo en Acapulco, sin la Autopista del Sol? Planeó y gestionó con tal entusiasmo y constancia, hasta que concretó el proyecto. Expresó que el sur era destino. Le sirvió con hechos.
El nombre de José Francisco Ruiz Massieu se sostiene en el granito de su hermana Maricela. Su pérdida ensombrece, pero sus ideas políticas iluminan. Su memoria siempre merecerá nuestro respeto y sabremos preservar su legado.
* Texto modificado del discurso pronunciado en el XXXI Aniversario luctuoso de José Francisco Ruiz Massieu. Rotonda de Hombres Ilustres, Panteón Municipal. Chilpancingo, Gro., 28 de septiembre de 2025.