Fallece de Covid-19 el sacerdote Mario Campos, impulsor de la Policía Comunitaria

Esquela difundida por la diócesis de Tlapa con la noticia del fallecimiento del sacerdote Mario Campos Foto. El Sur

Zacarías Cervantes / Luis Daniel Nava

Chilpancingo / Chilapa

Víctima de coronavirus falleció a las 6:15 de la mañana de este jueves, a los 62 años de edad, el sacerdote Mario Campos Hernández, en el Hospital General Raymundo Abarca Alarcón, de Chilpancingo.
Familiares y el director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, informaron por teléfono que el clérigo convaleció las últimas dos semanas en este hospital, a donde fue trasladado desde Tlapa.
Originario de la comunidad na savi Tototepec, municipio de Tlapa, Campos Hernández desde hace aproximadamente 15 años estaba a cargo de la parroquia de Xalpatláhuac, y era coordinador de la pastoral social de la diócesis de Tlapa.
Fue promotor de las asambleas comunitarias que dieron origen, el 15 de octubre de 1995, a la Policía Comunitaria y, después, a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitaria (CRAC).
En 2011, fue promotor de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), que surgió para exigir la disminución de las tarifas eléctricas en la región Montaña, luego de que el dirigente, Bruno Plácido Valerio, abandonó la CRAC.
El ahora finado trascendió en la región, también, por su activismo en la organización de las comunidades para la construcción de la carretera Tlapa-Marquelia.
De acuerdo con una semblanza que proporcionó el director de Tlachinollan, Campos Hernández se formó en el seminario Palafoxiano de Puebla, donde estudió teología y filosofía.
Después fue maestro del seminario en Chilapa, hasta que le asignaron la parroquia de Santa Cruz del Rincón, municipio de Malinaltepec, “donde se dio su trasformación como sacerdote, con una formación eurocéntrica, y convirtió su trabajo sacerdotal en una práctica pastoral comprometida con la población indígena”.
En ese pueblo, el sacerdote recuperó la lengua materna, el mixteco, que había dejado de hablar, “lo que le ayudó para tener simpatía y arraigo y respeto entre los pueblos”, contó Barrera.
Desde su papel como sacerdote impulsó las asambleas comunitarias y fue factor de unidad entre las comunidades indígenas, y creó la asamblea de pueblos en su parroquia.
A raíz del problema de la inseguridad, asaltos y falta de justicia por parte de los juzgados, así como la impunidad que había en los ministerios públicos, organizó a los pueblos en asambleas comunitarias que dieron origen al sistema de justicia y seguridad y a la Policía Comunitaria, en Santa Cruz del Rincón.
“Fue un factor determinante para que se estabilizara la región en cuanto a seguridad y se institucionalizara la Policía Comunitaria”, contó el director de Tlachinollan.
Dijo que por su trabajo se ganó la animadversión de la clase política, al grado que en julio de 2001, en el gobierno de René Juárez Cisneros, lo acusaron de allanamiento de morada y le liberaron una orden de aprehensión.
Esa vez fue acusado por políticos mestizos de San Luis Acatlán y detenido por el delito de allanamiento de morada, “fabricado” por el Ministerio Público en contubernio con los líderes políticos de la población mestiza, recordó Barrera.
Agregó que, entonces, su detención ocasionó que los grupos de la Policía Comunitaria y la misma población se amotinaran en el juzgado, para exigir su liberación.
También fue fichado por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), catalogado como un sacerdote radical que promovió la creación de la Policía Comunitaria, así como los grupos de autodefensa y que tenía vínculos con el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).
Después de que la CRAC se consolidó, Campos Hernández contribuyó para la creación de la UPOEG, con Bruno Plácido, y cuando hubo riesgo de confrontación entre la CRAC y aquélla, el padre Mario buscó la conciliación entre las dos partes. No las pudo unir, pero fue clave para que no se ahondara la confrontación entre los integrantes de las dos agrupaciones.
De Santa Cruz del Rincón, Campos fue trasladado a Xalpaláthuac hace 15 años, donde también organizó a las comunidades e impulsó proyectos de desarrollo y realizó gestoría para mejorar los caminos.
Fue coordinador de la pastoral social de la diócesis de Tlapa, desde donde “fue clave para la línea progresista de la Iglesia en la Montaña”, dijo el director de Tlachinollan.
Añadió que desde su cargo “marcó un derrotero de lo que es el sacerdote comprometido con los pueblos indígenas, para recuperar su lengua, sus saberes, su organización comunitaria, sus rituales agrícolas”.
Recordó que también fue el impulsor de un comité gestor para la apertura de la carretera Tlapa-Marquelia, “ayudó a que los pueblos se unieran y demandaran a las autoridades ese tramo carretero”.
En tanto, en Santa Cruz del Rincón impulsó la instalación de la sede de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), para la capacitación y profesionalización del magisterio de la Montaña.
Familiares del padre decidieron no hablar de cómo y dónde pudo haber contraído el contagio. Contaron que los primeros síntomas los tuvo hace 25 o 30 días.
Durante los primeros ocho días estuvo acudiendo a recibir atención médica a Tlapa, hasta que finalmente se quedó a vivir una semana en su casa de esa ciudad, y hace dos semanas fue trasladado al hospital de Chilpancingo, debido a que su salud se agravó.
Debido a las medidas sanitarias, el cuerpo del clérigo sería trasladado el jueves mismo a su parroquia de Xalpatláhuac, para despedirlo y en seguida sería regresado a su pueblo natal, Tototepec, donde se realizarían las exequias, informó uno de sus familiares.
En un boletín de prensa, Tlachinollan resaltó que el padre Mario Campos logró articular la convergencia de organizaciones sociales, como la Luz de la Montaña, la Unión Regional Campesina, el Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia, Indígena, Negra y Popular; el Consejo Comunitario de Abasto, la SSS de Café y Maíz, “con la firme intención de velar por la seguridad pública de las comunidades indígenas de la Costa-Montaña”.
Agregó que desde la creación de la diócesis de Tlapa, Mario Campos jugó un papel importante “como coordinador de la pastoral social, que alentó procesos parroquiales encaminados a mejorar las condiciones de vida de las familias indígenas”.
El organismo recuerda que Mario Campos apoyó a las madres y padres de los 43 estudiantes desaparecidos, difundiendo en su parroquia y en la diócesis la necesidad de que la Iglesia estuviera más cerca de las familias.
“En esta lucha por la vida de la población pobre de la Montaña, el padre Mario murió luchando contra el Covid-19, a sus 62 años”.
“Su legado sigue vivo en la diócesis y en las parroquias, donde dejó una huella imborrable de lo que significa ejercer el sacerdocio desde el compromiso pastoral, en defensa de los derechos de los pueblos indígenas”, dice el comunicado de Tlachinollan.
En tanto, el Consejo Indígena y Popular de Guerrero, también en un boletín de prensa, reconoció “el legado histórico que nos ha dejado a nuestra montaña y nuestros pueblos” el padre Mario Campos.
“Reconocemos abiertamente que nuestro hermano Mario Campo Hernández fue artífice en la fundación del Concejo de Autoridades Indígenas (Cain) en nuestra región Costa-Montaña, desde 1992, cuando estaba de párroco en Santa Cruz el Rincón”.
Dijo que como pueblos originarios, perdieron a “un gran ser humano, defensor del derecho y cultura indígenas”.
Refirió que el sacerdote Campos Hernández desde su espacio religioso siempre promovió y acompañó a los pueblos me phaá, na savi, nahua y afromexicano, en sus procesos organizativos y los acompañó en la construcción del proyecto de autonomía de los pueblos.
Por su parte, el Centro de Derechos Humanos de las Víctimas de la Violencia Minerva Bello, afirmó que el presbítero Mario Campos fue un referente para la promoción de la justicia y deja un gran vacío a la organización social.
El diácono y director del Centro Minerva, José Filiberto Velázquez, informó que desde el 3 de febrero tenía conocimiento del estado delicado de salud del sacerdote y que fue trasladado para su atención en la capital del estado, donde murió.
“Sabemos que su lucha por la situación de injusticia, especialmente en la Montaña, lo llevó a buscar otras vías. De ahí fue que impulsó, junto otras personas, la creación de las policías comunitarias, originalmente en la Montaña y Costa Chica”.
“Deja un gran vacío a la organización social y a la Diócesis de Tlapa. Fue un referente para la promoción de la justicia”, consideró el director de la organización.
Más tarde, en la página web del Centro Minerva, el diácono posteó: “Nuestra esperanza es que las semillas del reino que sembró en la Montaña guerrerense y en la Costa Chica, puedan seguir dando frutos de paz y de justicia”.
La organización también publicó una esquela, donde envía condolencias a la familia del párroco y a la comunidad diocesana de Tlapa.

 

Marchan maestros, organizaciones y vecinos con la UPOEG en la clausura de su Congreso en San Marcos

Integrantes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) marcharon en las calles de San Marcos en el último día de actividades de su Congreso Estatal, en el tercer aniversario de su creación.
Una marcha y una misa fueron las últimas actividades del Congreso Estatal de la UPOEG, que inició el lunes, en las que los integrantes de la organización demandaron al gobierno respeto al derecho de los pueblos indígenas a organizar su propio sistema de seguridad y justicia.
En la misa, el sacerdote de Xalpatláhuac, Mario Campo Hernández llamó a la UPOEG a recordar que el centro del proyecto es la población y la familia, para no perder sus objetivos de brindar seguridad y lograr la paz en las comunidades donde operan. “Que no se pierdan las asambleas, si se dejan de hacer corren el riesgo de que el movimiento se tergiverse”, advirtió el padre.
Al cierre del Congreso asistieron el asesor del gobernador Héctor Astudillo Flores, César Flores Maldonado; el presidente municipal priista de San Marcos, Juan Carlos Molina; el ex diputado local perredista, Bertín Cabañas López; y el fundador de la CRAC, y hermano de Bruno, Cirino Plácido Valerio, quien no quiso adelantar ninguna declaración de su presencia en el Congreso de la UPOEG.
Minutos antes de las 12 del mediodía, unos 500 integrantes de la UPOEG, policías ciudadanos que portaron sus escopetas, vecinos del municipio y maestros de la Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur salieron en marcha de la colonia Campo de Aterrizaje.
En la vanguardia, cinco integrantes de la organización portaron la bandera nacional, seguidos del promotor de la UPOEG, Bruno Placido Valerio; los fundadores y promotores de la organización, Ernesto Gallardo Grande y Crisóforo García Rodríguez; además de delegados de los municipios de la Costa Chica.
Después, venían los policías ciudadanos portando mantas en las que se leía, “Los pueblos originarios, reconocidos, nos unimos a la UPOEG por el reconocimiento por el derecho del reconocimiento humano, defensa de nuestro territorio y de los recursos naturales. Un territorio con seguridad es un pueblo con justicia”.
Atrás, maestros de la Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur, quienes exigieron el reconocimiento de la institución para que jóvenes indígenas y afro-mexicanos puedan seguir sus estudios. Los maestros portaron una manta donde demandaban la presentación de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, en septiembre de 2014 en Iguala.
La marcha fue casi a paso veloz y al ritmo de dos bandas de viento; caminó en las principales calles de la ciudad y la carretera federal Acapulco-Pinotepa Nacional, llegó al Zócalo y regresó al punto de partida, 40 minutos después.
En el trayecto, los vecinos de San Marcos dieron una cooperación a los integrantes de la UPOEG, quienes les acercaban unos botes sellados, con una ranura para depositar su contribución.
Llama el cura de Xalpatlahuac a no olvidar que el centro del proyecto debe ser la familia y la comunidad

En la misa, el presbítero Campo Hernández pidió por los 15 integrantes de la UPOEG asesinados durante los tres años de trabajo de la organización para restablecer la seguridad y la paz en los pueblos de la Costa Chica, Centro, Acapulco, y ahora en la Sierra y en un municipio de la Tierra Caliente.
También pidió por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y sus familias, y para que la sociedad guerrerense encuentre paz y justicia.
En la homilía, el padre llamó a los presentes a mantener un compromiso y asumir una actitud de responsabilidad con el pueblo, y que los integrantes de la organización no olviden que el centro del proyecto debe de ser la familia y la comunidad en las asambleas, un criterio que otras organizaciones sociales deben de retomar, dijo.
Asimismo, instó a la UPOEG a que no pierda sus objetivos y a que no se corrompa por intereses personales, y pidió que logre salir de las crisis internas. “2016 debe de ser un año de esfuerzo, de apertura, de construcción conjunta, y no de un año de trabajo solitario”, recalcó.

Fortalecer el diálogo con el gobierno para plantear el desarrollo en las comunidades, pide Bruno

En la clausura del Congreso, el dirigente Bruno Plácido Valerio dijo que en 2016 buscará el diálogo con el gobierno del estado para plantear el desarrollo en las comunidades e infraestructura y seguridad, además de mantener el diálogo con los presidentes municipales, que se tiene que fortalecer.
En breves declaraciones, el dirigente expresó que el gobierno está en su derecho de investigarlo por las narcomantas que en diciembre lo señalaron de estar relacionado con integrantes de la delincuencia, pero afirmó que, “la UPOEG, entre más avanza, afectamos a más intereses”.
Por su parte, Flores Maldonado dijo que se tiene que seguir trabajando en unidad para sacar adelante al estado. Mientras el presidente municipal, Juan Carlos Molina agradeció la presencia del Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadano en el municipio.
En declaraciones, el alcalde dijo que serán los integrantes del cabildo quienes decidirán el reconocimiento de la UPOEG como un sistema de seguridad, e indicó que él promueve el respeto de la ley y que bajo sus principios habrá coordinación con la organización.
A nombre de los comisarios de los municipios de la Costa Chica donde opera la UPOEG, el comisario de la comunidad de Colotepec, Ayutla, Honorio Rodríguez reconoció el trabajo del fundador de la organización, Bruno Plácido.
En su mensaje, se dirigió al presidente Enrique Peña Nieto y al gobernador Héctor Astudillo Flores, a quienes dijo que la UPOEG está haciendo el trabajo que el gobierno dejó de hacer de dar seguridad a las comunidades, y solicitó respeto a la organización.