Fuimos presa de nuestro propio algoritmo

DE NORTE A SUR

No podía saberse. En realidad sí, sí podía saberse. La enorme mayoría de las encuestas le daban a Claudia Sheinbaum, la abanderada de Morena-PT-PVEM, una ventaja mayor a los 15, 20 puntos sobre Xóchitl Gálvez, la candidata de PAN-PRI-PRD. Pero la oposición no lo quiso ver. Las y los anti AMLO prefirieron ignorar los datos y clavarse en rumiar el odio en Twitter (X), en sus grupos de Whatsapp, en sus muros de Facebook, en sus pláticas de familia y de café. Fue la forma más fácil de escapar de la realidad, de esa realidad terca, como siempre lo es, que les decía que estaban equivocados.
Puedo parafrasear en uno solo los comentarios que he leído en redes sociales digitales: “Claro que no ganará Morena, si nadie de mis amigos votará por ese partido”. Tenían razón en eso, nadie de sus amigos votaría por Morena, pero los otros millones y millones de ciudadanos que no eran sus amigos sí tenían claro que vota-rían por el color guinda.
En esta columna lo dije en tres ocasiones. Fueron tres textos en los que comenté que no había ninguna razón para creer que Xóchitl iba a ganar la contienda, ninguna que no fuera la ceguera voluntaria de muchos de los convencidos por Xóchitl, o que simplemente no concordaban con Morena y el presidente Andrés Manuel López Obrador. No faltaron los que lanzaron insultos por los textos publicados, pero la realidad, ésa que se aferra a presentarse frente a nosotros, nos dijo que los números de las encuestas tenían razón, que el ánimo social pro Morena era muy claro, y que esconder la cabeza en un hoyo o en un caparazón no serviría de absolutamente nada, más que para la negación momentánea.
Esta columna se titula “Fuimos presa de nuestro propio algoritmo” porque así fue. Recordemos que ahora con las redes sociales el modelo del algoritmo nos presenta de forma recurrente lo que queremos ver y leer. Identifica nuestros gustos y nos envía más información similar y nos oculta aquellos datos que nos desagradan, que no queramos ver ni leer ni compartir. Entonces el internet nos empezó a llenar de mensajes que deseábamos ver, de ésos que nos decían que iba a ganar Xóchitl aunque no tuviera ningún sustento; pero también nuestras redes sociales presenciales, las familiares, las de amistades e incluso las laborales nos soltaban los mismos datos: ganará Xóchitl porque nosotros lo creemos y deseamos que gane Xóchitl.
Incluso, el día de la jornada electoral, el 2 de junio pasado, analizaron la expresión facial de López Obrador mientras votaba. Decían que ese rostro era el de la derrota, que moría de miedo. Cuando Televisa soltó los primeros resultados de la encuesta en la que se afirmaba que Claudia había ganado con un amplio margen frente a Xóchitl, de nuevo las personas anti Morena entraron en negación automáticamente y empezaron a hablar de un fraude; comenzaron a hablar/escribir sobre un fraude cuando ha sido una de las críticas más grandes a López Obrador cuando lo denunció en 2006 y 2012. Ahora fueron ellos los que retomaron el famoso coro obradorista “voto por voto, casilla por casilla”. Incluso, aunque Lorenzo Córdova, ex presidente del Instituto Nacional Electoral, les dijo que no había manera de que hubiese fraude, continuaron con el reclamo. Se aferraron a unas cuantas casillas con indicios de manipulación.
Abrieron paquetes y no pasó nada de lo que deseaba la oposición; al contrario, Claudia refrendó su triunfo.
Cómo es posible que gane Claudia si nadie de mis amigos ni de mi familia votará por ella: no es verdad, no es posible. La negación.
La desconexión de la oposición partidista y empresarial con el México real, el de a pie, el agraviado, el que vive al día, el que come o no si obtiene 50, 100 pesos, es brutal. Inmensa.
Ellos, los más pobres, siempre han estado allí, pero no los han querido ver.
Las clases medias tampoco votaron masivamente por Xóchitl. Un porcentaje alto de clasemedieros eligió a Claudia. Eso tampoco lo vieron venir.
La oposición se encuentra tan mal, que el partido más exitoso de izquierda en las últimas décadas, el PRD, está a punto de desaparecer. Está tan mal que los dirigentes del PAN y del PRI están más preocupados por mantener el cargo, y los puestos y las pluris, que por mantener el partido.
La oposición nunca quiso ver el México agraviado, y Andrés Manuel y Claudia sí lo hicieron. Mientras no cambien de actitud y presenten un plan de gobierno diferente y esperanzador, seguirán perdiendo una y otra vez.

 

Narrativa, carisma y economía: blindaje ganador de AMLO

Encuestas y resultados electorales coinciden en que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador alrededor del 30 por ciento de la población no ha estado de acuerdo con él ni con sus políticas públicas. Y ese porcentaje es duro, férreo y tiene razones que en muchos casos están plenamente justificadas, como el desprecio del presidente a las instituciones no controladas por él, dígase Inai o INE, entre otras; la crítica intensa contra los jueces, magistrados y ministros que votan en contra de sus iniciativas y políticas; su molestia con la libertad de prensa crítica y la existencia de asociaciones civiles que lo revisan y auditan desde sus estructuras ciudadanas, sean éstas de la élite o del pueblo. Ambas son un problema para él.
La militarización negada, pero real y creciente, también ha provocado un choque con sectores que temen que los soldados aumenten aún más su presencia; que después sea casi imposible regresarlos a los cuarteles y retirarles la cartera engordada que les ha fomentado López Obrador.
La disminución de la tendencia de los homicidios que presume el mandatario es real –al menos así tenemos que creerlo mientras no se demuestre lo contrario–, pero esto no significa necesariamente más seguridad: los territorios mexicanos cada vez más están tomados por la criminalidad organizada y hoy en día 75 por ciento del país tiene presencia de alguna célula criminal. Esto se puede comprobar con documentos de la propia Sedena conocidos por los Guacamaya Leaks.
Y qué decir del machacado discurso del presidente contra las clases medias, a las que no ha bajado de hipócritas y aspiracionistas. Es verdad que mucho de ese 30 por ciento que no piensa votar por él ni por su partido, Morena, se halla en las clases medias, quizá por eso el choque.
Pero, a pesar de esto, más de 50 por ciento de la población está de acuerdo con él, dispuesta a votar por la continuidad de su gobierno reflejada en Claudia Sheinbaum Pardo. Claudia tiene sus activos y sus capacidades científicas, políticas y gubernamentales demostradas, sin duda, pero su popularidad está directamente relacionada con la de AMLO. Ella misma lo ha dicho: la gente no solo votará por las candidatas y el candidato, también votará por un proyecto, y el suyo es el mismo del presidente: la llamada Cuarta Transformación. Si la 4T entra en crisis, todos entran en crisis; si la 4T está legitimada, a todos les va bien.
Y como lo he venido diciendo en las columnas anteriores: ha llovido, tronado y relampagueado, y los pronósticos electorales no se han movido: el último resultado de la suma de encuestas Oraculus del 21 de mayo arroja 55 por ciento de preferencia electoral para Claudia Sheinbaum, 33 por ciento para Xóchitl Gálvez y 12 por ciento para Jorge Álvarez Máynez. El único que ha crecido levemente es el abanderado de Movimiento Naranja.
Ante este escenario es obligado buscar las razones que han llevado a que, suceda lo que suceda, la popularidad del presidente AMLO, horcón de en medio del voto de Morena en México, no se desvanezca. Una de ellos, sin duda, es su apoyo a los sectores más pobres a través de entregas de dinero directo, sin intermediarios y con aumentos constantes. Y aquí no sólo es la acción presidencial, sino la defensa de quienes resultan beneficiados. Por primera vez en muchas décadas las clases más bajas se sienten representadas y defendidas por un político, al menos en el discurso.
La mayoría de los apoyos –tal vez todos, y esta es otra razón importante– se dan sin condiciones, lo que hace que la gente los pueda utilizar en libertad.
El aumento al salario mínimo, además, ha sido un reflejo directo en la mejora de los hogares con menos ingresos.
La estabilidad macroeconómica ha resultado beneficiosa porque permite que no se dispare la inflación y que el dinero no se devalúe.
El carisma de López Obrador es innegable. No imagino a otro presidente o presidenta que cometa la aberración de exhibir datos personales de opositores, por ejemplo, y salga ileso. La conferencia mañanera de AMLO le ha servido para consolidar su narrativa de “lo viejo no ha terminado de morir, y lo nuevo no ha terminado de nacer”, lo que le da un bono de tiempo que parece inacabable.
Ese carisma para decir las cosas más incomprensibles en un político profesional combinado con la defensa y dominio de la narrativa y agenda durante las conferencias diarias mañaneras ha logrado que, como él dice, el presidente (y su movimiento político) sean, hasta el momento, indestructibles.

 

Media campaña y (en lo presidencial) todo sereno

Xóchitl Gálvez, la candidata de PAN-PRI-PRD ha declarado que va “a mandar al carajo muchas cosas”, es decir, que realizará cambios fuertes dentro de su campaña. A Claudia Sheinbaum se le ve cuidadosa. Lleva ventaja según las encuestas, pero en política nada está dicho. Pasa lo del beisbol: esto no se acaba hasta que se acaba, y se acaba hasta que cae el último out.
Ya tuvieron un debate de tres, la gran oportunidad de Gálvez para golpear con amplificador a Sheinbaum, pero no pasó. Y no es que Claudia haya ganado el debate, más bien Xóchitl perdió la posibilidad de hacer que su rival lo perdiera y, con ello, iniciar una larga noche de campaña para la exjefa de gobierno de Ciudad de México. No hay consenso sobre quién lo ganó, pero sí está claro que no fue la exfuncionaria de Vicente Fox.
Si uno ve la línea de tiempo de las concentradoras de encuestas como Oráculus, por ejemplo, se observan líneas prácticamente sin variaciones. En los últimos nueve o 10 meses las cosas no se han modificado. Pero veamos este año 2024, cuando ya había más claridad en las candidaturas. En enero, Sheinbaum tenía 63 por ciento de preferencia electoral; Gálvez, 31; Jorge Álvarez Máynez, 6. Cuatro meses después, y a mitad de la campaña oficial, Sheinbaum suma 60 por ciento de preferencias electorales; Gálvez, 34; Máynez, 6. La candidata de Morena habría perdido tres puntos, los tres puntos los habría ganado la de la alianza opositora, y el de Movimiento Ciudadano habría quedado igual. Si así fuera, Gálvez estaría a 26 puntos de la morenista, un puntaje muy difícil de alcanzar, sobre todo con el poco más de un mes que le resta a las campañas.
Xóchitl Gálvez y el grupo que la apoya lo han intentado, pero no ha sido ni de cerca suficiente. Han impulsado –con el apoyo o no de la candidata– la campaña en Twitter (X) de #NarcoPresidenteAMLO y #NarcoCandidataClaudia, entre otras, pero no han logrado su objetivo. Al contrario, en lo más alto de la estrategia digital aparecieron encuestas en las que colocaban al presidente Andrés Manuel López Obrador en uno de sus mejores niveles de popularidad. A Xóchitl tampoco le han ayudado los yerros verbales: como la crítica a quienes llegan a 60 años sin vivienda –frase que iba dirigida a Sheinbaum, pero fue fallida porque no se difundió así–, equivocarse en el nombre de la universidad en la que hace un mitin con estudiantes, entre muchas más que podrían ser tópico de una columna entera.
Y, ojo, no es que Claudia no se haya equivocado. Claro que ha cometido errores: dio datos falsos en el debate e incluso mostró (nuevamente) un talante autoritario, pero los suyos no han sido tantos como los de su principal oponente, ni tan graves como para que le resten preferencias electorales. Además, la mirada está fija en Xóchitl porque se parte de la claridad de que Claudia es la candidata a vencer, y es lógico estar pendiente de la candidata que tiene la mayor posibilidad de lograrlo.
Va media campaña presidencial y todo sereno. No hay verdaderos cambios y cada vez más la elección en Ciudad de México roba reflectores porque es allí donde se ve la competencia más cerrada. Clara Brugada, de la alianza oficial, contra Santiago Taboada, de PAN-PRI-PRD.
La preferencia, según las encuestas, se recargan en el lado de Brugada, pero cada día Taboada se acerca más a la candidata de izquierda. Si Morena pierde la capital del país sería un durísimo golpe al partido, a la izquierda partidista y, por supuesto, al presidente Andrés Manuel López Obrador.
La Cdmx era, sin duda, un lugar donde el presidente tenía un activo político duro, pero con el paso del tiempo y, sobre todo, de su gobierno presidencial, se ha ido resquebrajando por su desprecio a las clases medias, la imposición de megaproyectos, el rechazo a la transparencia; un gobierno federal que no impulsa las libertades asociadas a las izquierdas y que ha aumentado ostentosamente el poder militar, entre otras razones.
La crisis más reciente es la contaminación del agua potable en una zona de la ciudad. Aunque el gobierno local ya habla hasta de un posible “sabotaje”, aún no se conocen las razones que llevaron a los vecinos a descubrir que el agua que salía del grifo estaba mezclada con combustible –extraoficialmente–, “aceite o lubricante” –en la versión del gobierno de Cdmx– o algún otro contaminante de ese tipo.
Y, claro, hay que decir que las elecciones han sido marcadas por una enorme estela de violencia y sangre. De eso también hablaré más adelante, en otra columna.
Así, para la candidata oficialista Claudia Sheinbaum, todo continúa conforme al plan, mientras que Xóchitl intenta todos los días, sin éxito, remontar el marcador.

 

Claudia, Xóchitl y el Papa

Que Xóchitl pidió primero la cita con el Papa; que Claudia tuvo un mensaje de gobernante; que a una candidata la recibió mejor que a la otra; que una fue más amena que su contendiente. Los equipos de campaña de las candidatas del partido gobernante y del frente opositor han echado a andar una fuerte estrategia para canalizar las simpatías que tiene el papa Francisco.
Aún no se sabe qué tanto les va a beneficiar. Lo que sí estamos viendo es un endurecimiento de las posturas: Xóchitl ha decidido levantar los guantes al punto de dar por hecho el presunto vínculo de Andrés Manuel López Obrador con el narcotráfico, y Claudia ha optado por pelearle a su oponente todos los espacios de la arena pública, a pesar de tener una presunta amplia ventaja en las encuestas de opinión. La visita con el papa era uno de ellos.
Jorge Álvarez Máynez, de Movimiento Ciudadano, no alcanzó boleto en el Vaticano.
Un amigo me comentó, en forma de broma, que esperaba que el Papa mandara un poco de ayuda divina para los mexicanos. Y es que a como está el país en materia de inseguridad necesitamos agarrarnos de todos lados, dijo.
Es verdad que el país parece una olla a punto de explotar. Tal vez ya esté en explosión. Y no se trata de que el residente de Palacio Nacional lo acepte o no, o que nos salga con que los números de asesinatos van a la baja. La realidad del país se impone.
Antes, justo cuando iniciaba la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón, recuerdo que contábamos los estados violentos: Sinaloa, Baja California, Chihuahua, Tamaulipas, principalmente. Pero poco a poco fueron despertando estados que tenían una calma chicha o se armaron lugares donde la violencia del narcotráfico era ajena a sus días. Ahora nos preguntamos qué estado de la República no tiene violencia del crimen organizado, qué estado tiene una paz medianamente aceptable. Hay veces que se complica sumar más sitios que los dedos de una mano.
Chiapas, por ejemplo, está viviendo (sufriendo) una verdadera arremetida del crimen organizado. Por un lado el Cártel Jalisco Nueva Generación y sus aliados presionando a las estructuras establecidas, buena parte de ellas identificadas con el Cártel de Sinaloa. Tomando rutas, cobrando piso y derecho de paso. Y los de Sinaloa obligando a muchas personas a manifestarse a favor de ellos. Autoridades estatales acusadas de tener fuertes vínculos con el crimen y sin capacidad para deslindarse de los señalamientos, el Ejército invadiendo zonas de pobladores que los rechazan porque les tienen miedo. Desconocen las intenciones de sus campañas.
En Michoacán y Jalisco van varios pasos adelante en materia criminal. Han decidido emplear fuertemente los drones con explosivos, colocar minas antipersonales y establecer con tecnología talleres de creación de armas. Mientras México avanza en su demanda contra las armerías en Estados Unidos, mientras nuestro país logra lentamente presionar a los políticos estadunidenses de que deben regular de mejor manera el tráfico de fusiles, los criminales en México aprenden a crear su propio armamento para cuando llegue el día en que se acabe la facilidad del tráfico.
En Sinaloa acaban de reconocer las autoridades que el crimen organizado se pone de acuerdo con trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para que los recibos de energía lleguen alterados a grupos empresariales a los que extorsionan. La estrategia es que el recibo llega con una cantidad que representa 20 por ciento del consumo real, eso lo paga la empresa a la CFE, y el crimen cobra una cantidad adicional por el “favorcito” de alterar los medidores.
Y es verdad que todos los días, insisto, nos dicen que el país va bien, que como nunca la gente está recibiendo apoyos sociales, que la inversión extranjera directa está disparada y tiene una proyección de crecimiento, que las grandes obras del sureste están levantando la economía de los sectores olvidados y muchas historias más que podrían ser ciertas, sin embargo hay un elemento fundamental al que no se le toma importancia real en Palacio y ese es el de la seguridad. No basta con que veamos una y otra vez las estadísticas de violencia creadas por el gobierno federal, los gobiernos estatales, es necesario que el presidente salga a la calle a ver, no a que lo vean; es necesario que salga a oír, no a que lo oigan.

 

 

Samuel, el ambicioso

Mientras usted lee esta columna, el estado de Nuevo León atraviesa por una enorme incertidumbre, salvo que se haya llegado a un acuerdo cupular en las últimas horas para designar al nuevo gobernador.
Samuel García es el mandatario constitucional, pero pidió licencia para ausentarse del cargo y competir por la Presidencia de la República como candidato único del partido Movimiento Ciudadano (MC). Duró dos años de gobernador, se separó, entró un encargado de despacho por una semana, hasta que Samuel regresó al cargo; ahora el Congreso de Nuevo León votó a favor de un incómodo interino que permanecerá los seis meses en los que García estará en campaña. El emecista está en desacuerdo porque no llegó a un arreglo con el PRI y el PAN en el Congreso, partidos dominantes en el Legislativo, y ha jurado llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias jurídicas.
“Voy a estar seis años completos, y a mis 39 años de vida que termine, Dios quiera con un gran gobierno, ahí ya veremos qué sigue”, le dijo a Brozo en una entrevista en video. Y es que Samuel tiene apenas 35 años y ha cumplido sólo dos de los seis años de su mandato como gobernador. La promesa de quedarse todo el sexenio la hizo en campaña, y la hizo para ganar, para criticar y compararse con el impopular gobernador Jaime Rodríguez Calderón, alias El Bronco.
Le funcionó: Samuel triunfó en la contienda. A principios de su campaña se veía poco probable que asumiera el relevo, pero poco a poco fue remontando en las encuestas, dejando atrás al PRIAN y a Morena. Samuel se impuso en el estado que representa el mayor poder económico de México, con una campaña creativa y acompañado de su pareja Mariana Rodríguez Cantú, una joven influencer carismática –blanca y de familia acomodada, como él– que se ha convertido en su mayor fortaleza. La cuenta de ella en Instagram alcanza los 3.5 millones de seguidores.
Samuel se presenta a sí mismo como abogado y financiero, con tres doctorados a su corta edad, fundador de tres bufetes jurídicos, diputado local de 2015 a 2018 y senador de la República desde 2018. Dejó el cargo para competir por la gubernatura; ahora lo deja para buscar la Presidencia.
En su hoja de vida asegura ser autor de tres libros, “conferencista y escritor en diversos medios de comunicación, así como profesor en maestría de Derecho Fiscal de la UANL”. Ya solo le falta ser presidente… y astronauta.
Si usted entra a la página web del candidato de MC se lee el siguiente mensaje: “El gobernador de Nuevo León. El de Tesla. El que trajo 42 billones de dólares de inversión extranjera. ¡6 veces el presupuesto de Nuevo León! Soy El Nuevo. El de las nuevas ideas. El de la nueva visión de futuro. El de la nueva política que derrotó a la vieja política. El nuevo que ya demostró que sí se puede. Lo nuevo es hacer posible lo imposible. Y si no me crees, pregúntale a Nuevo León”.
De Samuel se puede decir que es un echado para adelante, que ha destacado en el ámbito político y económico, que logró la megainversión de Tesla, como le gusta repetir de manera incansable, pero poco se puede decir de su capacidad para hacer acuerdos; la crispación política actual es el mejor ejemplo de ello.
Le gusta hablar de la vieja política, lo repite como estrategia de mercadotecnia de cervezas o gansitos, pero no nos muestra la nueva política que pregona: salta de un cargo a otro, no cumple su palabra, lo han acusado de tener grados académicos patito, quiere vencer no convencer, y usa el presupuesto público para promocionarse, entre otras cosas. ¿Qué tiene eso de nuevo?
Por eso es difícil de creer que el simple hecho de viajar en un carro eléctrico durante su campaña representa el futuro, mientras la zona metropolitana se ahoga en nubes de contaminantes.
Eso sí, a Morena, a Claudia Sheinbaum y al presidente Andrés Manuel López Obrador les ha caído de perlas la ambición de Samuel García: garantizaron que MC no se aliara al PRIAN y el candidato regio se convirtió en el oponente más directo de Xóchitl Gálvez porque pelean el mismo segmento de votación: ambos grupos ofrecen vencer a Morena.
Samuel ha sido sumamente útil para la aspiración del partido oficial, no por nada el presidente lo apoya y protege, y la candidata Claudia no lo molesta ni con el zumbido de un Tesla.

 

El estado de guerreros

Guerrero, lo he dicho en varias ocasiones, es un lugar tan complejo como bello. Dividido en regiones, con playas hermosas, con una cultura envidiable, con un pozole verde que enamora al olerlo, con un mezcal que le da vida al espíritu y espíritu a la vida. También con conflictos enormes, con una historia de caciques, pobreza y, en décadas recientes, crimen organizado.
Para colmo, el huracán Otis se ensañó contra medio Guerrero, teniendo como símbolo principal el puerto de Acapulco. Un lugar que ya necesitaba carruchas de apoyo antes del meteoro, y ahora necesita de góndolas completas.
Recuerdo que por 2011, 2012, me tocó hacer un reportaje del puerto. Aprovechamos una campaña que habían lanzado entre hoteleros y gobierno que se llamaba “Habla bien de Aca”. El objetivo de la campaña era contrarrestar la mala imagen que estaba teniendo el puerto por los conflictos de violencia y crimen organizado. El turismo internacional iba poco y el nacional venía a menos. Se creía entonces que si la gente hablaba bien del centro turístico, de forma deliberada, el turismo iba a regresar.
La campaña quedó en eso, en una campaña que si tuvo algunos resultados no logró su objetivo de fondo: rescatar al puerto.
Recuerdo que hablamos de sus tiempos de gloria, de los artistas estadunidenses que lo visitaban, de la gastronomía, de su mar azul.
Guerrero es un lugar tan bello como complejo. Al menos una vez por mes publico un reportaje sobre el estado. En los dos años que llevo como editor seguramente he revisado una veintena. Temas como crimen organizado, crimen y sus divisiones por grupos y regiones, una planta de energía que genera problemas ambientales, casamientos forzados, prostitución infantil, narcopolítica y muchos etcéteras.
Pareciera que todo pasa en Guerrero. Y, ahora, un huracán que llegó a devastar lo erigido, a desplazar a miles de familias, a echar abajo las inversiones, a destruir hoteles que son centros de trabajo, a afectar más –como siempre– a las personas más pobres.
Guerrero es uno de los tres estados más pobres del país. Pero su gente lucha, a pesar de las malas decisiones de los gobernantes, a pesar del crimen organizado, a pesar de los huracanes y de los caciques. Por eso creo que esta vez, de nuevo, la gente de Guerrero volverá a luchar por su familia, por su bienestar individual y por el bienestar colectivo. La necesitan, pero con o sin ayuda oficial van a sacar adelante a sus seres queridos y a su puerto adorado.
Una de las múltiples historias y testimonios que se han publicado en estos días difíciles tenía un titular que me llamó mucho la atención porque era un mensaje repetido entre la gente del mar. Decía algo así: ya ni el mar podemos disfrutar. La gente que vive en el mar, que vive cerca del mar, compara su sitio con todos los demás. Una vez un mazatleco me dijo que no veía interés en vivir en otro lugar, como Culiacán, por ejemplo, porque ahí no había mar. Y, bueno, tenía un punto.
Vivir cerca del mar, vivir en el mar, vivir del mar es maravilloso. Viví cerca de un año ahí, en Mazatlán, y hay cosas que no tienen comparación: todos los días puedes ir al malecón a ver el atardecer. Es un instante, algunos minutos acaso. El enorme globo de fuego se va hundiendo lentamente en las aguas saladas hasta que desaparece. El cielo se torna de colores morados, rojos, amarillos, naranjas. Es un espectáculo. El viento acaricia las mejillas y se respira con calma y alivio; se respira mar, brisa y sal.
El mar siempre será un compañero. Los problemas se achican ante su esplendor, ante su inmensidad. El mar da refugio, no importa quién seas, de dónde seas ni a qué te dediques. “Aquí hasta un pobre se siente millonario”, llegó a decir José Alfredo Jiménez.
Pero esto que cuento de Mazatlán se aplica perfecto a Acapulco. El que vive en un puerto, cerca del mar, sabe que se puede comprar una cerveza y tomarla en la playa por 20, 30 pesos. Puede llevar comida y bañarse en las olas.
Por el mar –la mar– de Acapulco, por la cultura de todos los lugares de Guerrero y por la capacidad de lucha y resiliencia de su gente, es que sé que pronto se pondrán de pie.
Ánimo, guerreros.

 

La poderosa Claudia

DE NORTE A SUR

Parece que Claudia Sheinbaum va “bien y de buenas”, como le gusta decir a su mentor político, Andrés Manuel López Obrador. La encuesta nacional en vivienda de Buendía & Márquez para El Universal, publicada el 4 de octubre pasado, es demoledora. Atribuye a Sheinbaum, de Morena-PT-Verde, 50 por ciento de las preferencias electorales; a Xóchitl Gálvez, del PAN-PRI-PRD, 20 por ciento; a Samuel García, de Movimiento Ciudadano, 7 por ciento, y al independiente y ultraderechista Eduardo Verástegui, 4 por ciento.
Fue un buen día para Claudia, una noche con tormentas y truenos para Xóchitl.
Esta encuesta es uno de los primeros ejercicios demoscópicos serios que se realizan una vez definidas las candidatas del bloque oficial y del principal frente opositor. Por eso su relevancia. Xóchitl ha tenido malos días previos, malas semanas, incluso. Partidos que no la terminan de arropar, una acusación de plagio que no ha podido negar y unos señalamientos de conflictos de intereses y pagos de favores de los que tampoco se ha podido deslindar exitosamente.
La maquinaria de Morena ha resultado más eficaz de lo que varios nos imaginábamos. Y esto incluye a políticos, el aparato del poder gubernamental, el presidente de la República y sus mañaneras, y también algunos periodistas que en vez de periodismo en realidad hacen propaganda a favor de Morena. Poco a poco el “fenómeno Xóchitl” ha ido perdiendo efecto, como un globo a la deriva que suelta su gas semana con semana.
En cambio Claudia, y esto hasta los contrarios a su candidatura comentan, va recorriendo el país, pisando el terreno, concentrando a miles de personas, mejorando el discurso público, mimetizándose aún más con López Obrador, presumiendo sus logros como propios, secundando sus mañaneras, afianzando la estructura, tratando de seducir y rescatar a las clases medias, mostrándose como una conciliadora, como una persona de datos duros, de datos reales, no de otros datos; mostrando su faceta científica, académica, de izquierda progresista. Una Claudia que no se despega de los pobres pero que se acerca a las clases medias que parecían perdidas por los desprecios constantes y sistémicos del presidente.
Es verdad que no todo es miel sobre hojuelas en el bando de Morena. Es notorio el aislamiento de Adán Augusto y su poder real en Tabasco, Chiapas y diversas estructuras en el país; también los amagues de Ricardo Monreal, cercanos pero no tan juntos. Y por supuesto el anuncio de rompimiento de Marcelo Ebrard, que día con día eleva el tono de su mensaje: apenas ayer dijo que los resultados de la encuesta presidencial de Morena ya los tenían antes del conteo. Sin embargo, del final al principio, se puede decir que la tibieza de Ebrard lo desgastó a un nivel inimaginable, y su capital político se ha ido deslavando; Monreal se mantiene en el equipo de Claudia y difícilmente se animará a jugarle contras a Morena después de lo mal que le fue en los últimos tres años, y Adán Augusto no podría darle la espalda a Claudia porque sería tanto como traicionar al presidente López Obrador, acto que sería el fin de su incipiente fama nacional.
Ahora Claudia, aún sin que empiecen las campañas, está más concentrada en administrar su 50 por ciento de preferencias electorales que en defenderse. Xóchitl no, ella está tratando de hacer equipo y encontrar un discurso atractivo fuera de las tendencias de Twitter (X) y de los sectores panistas convencidos con su persona. Aquí pasa lo que en los equipos de futbol, siempre se cansa menos el que trae el balón, y comete menos errores el que lleva tres goles de ventaja.
Por eso son tan importantes los resultados que suelta la encuesta nacional en vivienda de Buendía & Márquez. Por eso han causado tanto impacto. Porque nos dice que Claudia tiene 50 puntos de opinión buena y muy buena, con solo 11 puntos de mala y muy mala, mientras que Xóchitl aparece con 18 puntos con buena y muy buena, contra 20 de mala y muy mala. La candidata del PAN tiene más negativos que positivos, ¿qué tan difícil es remontar el marcador? Mucho.
Por eso ahora Claudia se muestra poderosa, conocedora que tiene un pie adentro de Palacio Nacional y sólo un tremendo error de su parte podría alejarla de ser la primera presidenta de México.

 

La apuesta de Marcelo: del obradorismo al ebrardorismo

Un periodista de larga carrera me lo comentó hace unos meses: “A mí me dijo Marcelo que si no era candidato por Morena se iría por su lado”. No le creí. De hecho, le dije que Marcelo no se iba a animar a romper con Morena, pero sobre todo no se animaría a romper con Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a quien lo une una relación muy cercana. Si bien Manuel Camacho Solís fue su líder de formación y despegue, AMLO fue su consolidación.
Todo indica que me equivoqué. Con base en sus últimas declaraciones parece que Ebrard está configurando una salida de Morena, partido en el que ha dicho que ya no tiene cabida. Durante toda la primaria del partido en el poder, el excanciller le recordó a AMLO que él hizo a un lado sus aspiraciones y que declinó para que en 2012 el tabasqueño fuera candidato presidencial por segunda vez. Nada de eso hizo eco en el líder indiscutible de Morena (líder sin bastón). Al final, la candidata presidencial del partido será Claudia Sheinbaum, quien utilizó la estructura del gobierno de Ciudad de México para posicionarse como la favorita de las encuestas. También le ayudó la estructura del partido y buena parte del andamio presidencial.
¿Qué hizo que López Obrador prefiriera a Claudia sobre su carnal Marcelo? Las razones reales sólo las conoce López Obrador, pero no es difícil perfilar un par de hipótesis que convergen en una sola. La primera, que de los dos, Claudia es la que se apegó más al guión y discurso obradorista: prácticamente no hay diferencias en la visión de país y en la defensa de un proyecto. Eso hizo, en buena medida, que ganara adeptos del obradorismo.
Lectora, lector: desconozco si usted es obradorista o conoce a obradoristas, yo sí que conozco y lo que he visto son personas que desean que AMLO dure más tiempo como presidente; como eso no va a suceder, buscan a la persona que pueda replicar de la manera más fiel el modelo de AMLO. Un copy-paste. Claudia se dio cuenta de ello y lo explotó. Adán Augusto también lo intentó y subió en las encuestas, pero si Claudia no tiene el mayor de los carismas, el paisano y amigo del presidente provoca sentimientos poco positivos en el electorado por su estilo priista de los años setenta (por decirlo con un eufemismo).
Aún el día de ayer, Marcelo dijo en la radio que Claudia ofrecía exactamente lo mismo que AMLO y él buscaba llevar la “transformación” a otro nivel. Sólo que el obradorismo no quiere “otro nivel”, quiere exactamente lo mismo que con López Obrador. Eso, o no lo entendió Ebrard o simplemente no estuvo dispuesto a jugar la carta.
Y esto me lleva a la segunda hipótesis que, como mencioné, no es divergente de la anterior.
Marcelo tiene voz propia y nunca estuvo dispuesto a ser una calca de AMLO. Tal vez ese fue el mayor de los “pecados” de Ebrard frente a López Obrador.
El apodado Peje no estuvo dispuesto a que se imprimiera un sello distinto a su movimiento. No quiso que pasáramos del “obradorismo” al “ebrardorismo”. Una persona como él, como el presidente, obsesionado con pasar a la historia, está convencida de que su movimiento es una auténtica transformación, una revolución que merece ser continuada con guión en mano, y para eso Ebrard no le funcionaba; Claudia sí. Hipótesis aparte, la historia ha demostrado que quien verdaderamente manda es la persona que está sentada en la silla, no el líder moral o el que le habla al oído. Claudia, si gana, será quien mande en México, no López Obrador.
Además, Marcelo no es identificado por AMLO como parte del pueblo, sino de las élites, de las clases medias-altas. El jueves pasado, en su conferencia mañanera el propio presidente dijo que el voto fuerte de Ebrard está en las clases medias, y a quien afectaría su separación de Morena sería al PAN-PRI.
Entonces ¿a dónde irá Marcelo? Ya no será candidato independiente, ese plazo de registro ya se cerró. Ahora le quedan dos opciones que puede que no sean divergentes. La primera es que forme su propio movimiento partidista. Ya se ha filtrado esa opción en diversos medios informativos. De esa manera podría estar en la boleta electoral, medir su fuerza real y, en caso de no ganar, fortalecer su posición para la siguiente campaña. Probablemente la última.
La segunda opción es irse por Movimiento Ciudadano, una estructura que le da más fuerza y empuje. Le provee de más dinero y territorialidad que aumentarían sus posibilidades de triunfo.
Estas últimas dos opciones no son contrarias. En los hechos pueden tener una candidatura común y convertirse en una fuerza sumamente competitiva. En una de ésas, el ebrardorismo comienza.

 

AMLO, su última elección

Esta es su última elección. Andrés Manuel López Obrador, el peje de aguas densas, ha cuidado tanto su sucesión como su gobierno mismo. Las conferencias mañaneras han servido para mantener alta su popularidad, para ser él la nota de todos los días. No deja que haya vacío para que ninguna otra persona se atreva a ocuparlo. Su “diálogo circular” es, en realidad, una tribuna en la que descalifica a diario a quienes se atreven a criticarlo, y le ha servido para achicar cualquier problema que se le presenta. Ríe, cuenta un chiste, recuerda una anécdota, se hace el sordo, cambia el tema, minimiza, exagera. La estrategia de un pez político que no ha podido ser pescado, aunque ha estado a punto de ser capturado.
Un animal político, un animal de agua.
Esta es su última elección. La ha planeado por años, tal vez desde el día en que llegó a la silla grande. Un amigo que laboró en el PRI como asesor me dijo que en ese partido hay una máxima real que hay que saber desde el primer día: es importante que gane tu partido, pero es más importante que gane tu candidato. Priista de origen, AMLO lo tiene claro. Para nadie es un secreto que su candidata favorita es Claudia Sheinbaum –en realidad es Adán Augusto López, pero nunca levantó en las encuestas por más dinero público que metió y por más presión y negociación que hizo con los políticos más poderosos del partido–, así que la perfiló poco a poco con el arte político que le ha dado la vida entera.
Le abrió el camino para ser jefa de gobierno. Ella, por supuesto, hizo su trabajo: bajó los índices de violencia, tropicalizó los programas sociales y afinó una máquina de lealtades internas, entre muchos otros elementos destacados de su gobierno y logros indiscutibles.
Sheinbaum supo leer dos elementos básicos que le dieron una ventaja sobre Marcelo Ebrard, y que éste no ha podido remontar: tras las elecciones intermedias corrigió errores y confrontó a quienes le dieron la espalda; entendió que la gente lopezobradorista quiere de sucesora a la persona que pueda garantizar la continuidad más fiel de su líder: AMLO. Los lopezobradoristas no tienen interés en un candidato que se aleje un milímetro de lo que por años ha machacado el presidente: primero los pobres, la mafia del poder, cero corrupción y cero concesiones a estructuras económicas poderosas (si todo esto es verdad o no, es punto aparte; y claro, el tiro es con las estructuras de poder con las que el presidente está peleado, no con las que ha apapachado y mantenido en impunidad).
Marcelo Ebrard ha jugado a ser distinto. Y en realidad sí es distinto al presidente. Marcelo no tiene un verdadero interés en identificarse con las bases más pobres del país, sino con las clases medias y altas de México. Por eso muchos lo ven más como un candidato natural del PAN o MC que del propio Morena. En términos de derechos y libertades es mucho más abierto que AMLO, y no se le ve un talante de confrontación con actores de poder. Es una persona con una visión y formación global.
Ricardo Monreal no creció y ahora está totalmente decidido a apoyar a Marcelo. Los demás aspirantes en realidad no tienen ninguna posibilidad.
Pero el escenario se le ha ido complicando al presidente. Se le ve seguro, es verdad, no está preocupado, pero a la vez sabe que en política nada está escrito y que en semanas se le puede ir la elección. Los peces, aun pescados, se escapan de las manos, de las pangas y de las redes.
Del otro lado se halla el principal bloque opositor: PAN-PRI-PRD. Ha tenido un proceso interno nada terso, pero ha ido avanzando. Ellos, todavía más que Morena, saben que la división es impensable porque se pone en peligro no sólo el triunfo, sino la supervivencia y la estructura misma de los partidos. El PRD, que es el ejemplo más penoso, podría perder su registro.
La triada política está buscando una candidatura ganadora. Sí, la oposición puede ganar. Una semana es mucho tiempo, un año una eternidad. AMLO lo sabe, por eso su cargada en contra de Xóchitl Gálvez, la carismática candidata opositora. Busca debilitarla, que no llegue a la candidatura o, si lo hace, que sea con altos negativos. Que ni un solo voto de Morena se vaya con la excolaboradora de Vicente Fox, uno de sus grandes enemigos.
AMLO vive una campaña más, la última real antes de que se convierta en lo que ha jurado nunca ser pero que es inevitable: líder moral de su partido. Sabe que ganar esta elección es clave. Muchos de sus proyectos son en realidad transexenales y si llega alguien de la oposición podría acabar con ellos y destruir sus obras anheladas: el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, el Plan Sonora, el litio, el rescate de Pemex, el AIFA, entre otros.
Ahora no es candidato, ahora es presidente, y se ve impelido a ganar de nuevo la presidencia que legalmente perdió dos veces. Si no es así, será una derrota con un costo altísimo para su persona y su obsesión más importante de entre todas sus muchas obsesiones: su papel en la historia.

 

Un país sin corcholatas

Ya se imaginarán que no me refiero a las de los refrescos, sino a las políticas, en particular a las de Morena. Pero denme dos minutos y me explico.
Para hablar de la suspirante y los suspirantes morenistas necesito comentar de su rival, su única rival: Xóchitl Gálvez, la más clara precandidata que existe hoy en día, tanto en la oposición como en el partido oficial. Nadie tiene más segura la candidatura que ella.
Desde que Xóchitl decidió dejar la contienda por Ciudad de México para buscar la nacional ha ido creciendo, tanto en las preferencias electorales como en la cobertura mediática. No hay periódico, revista, medio digital, radiodifusora o televisión que no hable de ella. Y, claro, tiene un gran propagandista: el presidente Andrés Manuel López Obrador.
La senadora y precandidata de PAN-PRI-PRD –como cuarentón que en cada elección los veía de rivales entre sí, no me acostumbro a esta triada electoral– solicitó el derecho de réplica a López Obrador, pero el ex jefe de gobierno de la capital no quiso dárselo a pesar de que la ex delegada de Miguel Hidalgo había conseguido la orden de un juez.
El encontrón presidencial catapultó a Xóchitl. Los seguidores de la oposición, los antiAMLOs, vieron en ella una llama de esperanza, una mujer con carisma indiscutible que podía hacerle frente al presidente. Y no sólo eso, vieron algo que necesitaban: la política más lopezobradorista del antilopezobradorismo. Identificada con los indígenas, sin orígenes opulentos, que está de acuerdo con preservar los programas sociales y que no tiene sombra de corrupción (bueno, hasta hace una semana).
Es difícil decir que es un fenómeno político porque en realidad Xóchitl ha estado en la escena desde hace muchos años, al menos dos décadas, pero sí es verdad que vive su mejor momento. López Obrador ha reaccionado con tozudez y agresividad política. Diario se dirige a ella, la critica, la fustiga, la estigmatiza. Ella responde como sabe hacerlo: con agilidad mental, con ritmo, con confianza. Hasta con humor. Me recuerda mucho al AMLO candidato, aquel que podía convertir en broma sus falsas conexiones comunistas. Aquel que se autonombró Andrés Manuelovich.
¿Ven cómo nos olvidamos de las corcholatas? Por eso les digo que, desde que apareció Xóchitl las corcholatas han sido borradas de la escena mediática, en buena medida porque el presidente de la República no para de hablar de ella. A ver, no hay que ser ingenuos, también es cierto que además del movimiento orgánico que está impulsando a la legisladora por el PAN hay intereses fácticos empresariales detrás de ella que la están apuntalando con toda la energía. Eso se nota.
El potencial de la candidata, perdón, de la precandidata de la alianza opositora es tal, que Marcelo Ebrard le acaba de solicitar un debate, pero ella se negó: “Estimado @m_ebrard, vi tu invitación a un debate, pero no es el tiempo. Yo estoy centrada en ser la responsable de la construcción del #FrenteAmplioPorMéxico. Suerte en tu proceso, veo los dados cargados”, dijo en Twitter hace un par de días y le soltó un buscapiés.
Pero esta heroína, esta salvadora de la oposición que rescatará a México de las malvadas garras del lopezobradorismo, esta “xochitlmanía” que sus simpatizantes y propagandistas han alzado en hombros, parece haber encontrado su kryptonita, o al menos su primer gran golpe: el presunto conflicto de intereses denunciado –hasta ahora– por su archirrival Víctor Hugo Romo.
El villano de la historia frente a la heroína,
Romo, exdelegado de Miguel Hidalgo, en Cdmx, afirma que Gálvez cayó en conflicto de intereses cuando ella era delegada de esa demarcación, ahora alcaldía. Asegura que tiene los documentos que comprueban que ella entregó un par de permisos para la construcción de edificios, y que después estas compañías contrataron a dos empresas de la precandidata. Y acá tampoco se vale ser ingenuos: Romo, político vinculado a Morena, no tiene la mejor fama del mundo, fue acusado de corrupción por la propia Xóchitl y son enemigos políticos desde hace años. Sin embargo, si es el caso, una cosa no quitaría la otra y ella estaría comprometida.
Sí, seguimos sin hablar de las corcholatas. Es que los ojos del país entero se han colocado en el proceso de la oposición y en la confrontación AMLO-Xóchitl, tanto que las corcholatas han desaparecido del ambiente mediático.
Antes de terminar, las enlisto por si ya no las recuerdan: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña y Manuel Velasco.