
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
El alcalde Alejandro Arcos Catalán, fue víctima del crimen organizado que lo respaldó y del que después el joven político quiso deslindarse. Así lo indicaron en su momento los medios de comunicación, sus mensajes y discursos previos a su asesinato el 6 de octubre del 2024.
“La seguridad requiere del compromiso de todas y todos; hago un llamado a los tres niveles de gobierno, empresarios, sociedad civil y familias de Chilpancingo. Les pido, con el corazón en mi mano: ayúdenme a luchar y construir la paz, la paz que todos necesitamos, trabajemos por este objetivo colectivo”, clamó el 30 de septiembre durante la toma de protesta, con la palma de la mano derecha colocada en el pecho a la altura del corazón.
El joven político, de 43 años, había hecho campaña en terreno minado por la constante disputa entre los grupos delictivos Los Ardillos y Los Tlacos; el primero que controla de Chilpancingo hacia el valle de El Ocotito y hacia el llamado Circuito Azul, y el segundo hacia el norte de la capital y parte de las comunidades de la sierra del municipio.
Durante la campaña electoral de 2024, Arcos fue el único candidato que entró a hacer campaña en las áreas controladas por Los Ardillos.
Incluso, los otros candidatos, Jorge Salgado Parra, de Morena, PVEM y PT, y Víctor Martínez Toledo, de Movimiento Ciudadano (MC), denunciaron casi al finalizar la campaña, que les prohibieron ingresar a diez comunidades del Valle de El Ocotito para realizar actividades proselitistas y que el único que pudo entrar fue el candidato del PRI-PAN-PRD.
Arcos Catalán asumió el cargo como alcalde de Chilpancingo para el periodo 2024-2027 el 30 de septiembre, tras resultar electo en las elecciones de junio.
El abanderado de la coalición Fuerza y Corazón por México (PAN-PRI-PRD), obtuvo 48 mil 658 votos, en tanto que su más cercano competidor, el candidato de la alianza Sigamos Haciendo Historia (Morena-PT-PVEM), Jorge Salgado Parra, logró 46 mil 953.
Durante la toma de protesta, se comprometió a reforzar la seguridad con la ayuda del Ejército y pidió el apoyo de todos los sectores sociales colocando la palma de su mano derecha en el corazón, dando un mensaje de sinceridad en sus palabras.
Tres días antes, Arcos Catalán ya había recibido un mensaje.
El 27 de septiembre, fue ase-sinado el capitán del Ejército, Ulises Hernández Martínez, quien asumiría como titular de la Secretaría de Seguridad Pública municipal.
El ex coordinador de la Unidad de Fuerzas Especiales (UFE) y ex coordinador en Acapulco y en la zona Norte de la Policía Estatal, fue acribillado la tarde de ese día en el antiguo Libramiento a Tixtla, en la colonia Caminos, a dos cuadras del mercado central Baltazar R. Leyva Mancilla, en un ataque en el que también fue asesinada Wendy, su asistente.
Fuentes de la Policía Municipal, revelaron que el jefe policiaco salía de una reunión con policías municipales en la que les había anticipado su nombramiento y que se proponía hacer una limpia en la corporación. A Hernández Martínez lo identificaban en la corporación como gente de Los Tlacos.
Tres días después de la toma de protesta, Arcos recibió el segundo mensaje. El 3 de octubre, aproxima-damente a las 4 de la tarde, fue ejecutado el flamante secretario general del Ayuntamiento, Francisco Gonzalo Tapia, en la calle Juan Ruíz de Alarcón, casi esquina con Francisco I. Madero, a una cuadra de la plaza Primer Congreso de Anáhuac y del Palacio Municipal.
Cercanos colaboradores de Arcos Catalán contaron que después de este crimen lo notaban preocupado, en tanto que mediante sus redes sociales escribió: “No podemos permitir que este acto de violencia quede impune. ¡Exigimos justicia para Francisco!”.
Y en declaraciones a los medios de comunicación, Alejandro Arcos negó haber recibido amenazas, mensajes o llamadas, ni “ningún medio de presión”. Declaró que seguiría luchando por la paz, pues “no somos gente de conflicto”.
Pero en medios nacionales, el periódico El Universal, entre ellos, se publicó la versión, después del asesinato del alcalde, que el crimen organizado le había exigido, antes de la ejecución de sus dos colabo-radores, entre tres y cinco secretarías de su administración, así como el 30 por ciento del presupuesto, pero que respondió que no negociaría con el crimen organizado.
Tepechicotlán, la última visita
Durante los tres días siguientes tras el asesinato del secretario general del Ayuntamiento, Arcos Catalán recorrió colonias y comunidades para conocer las afectaciones del huracán John.
Inmerso en estas actividades, y bajo el slogan Juntos saldremos adelante, Arcos Catalán publicó mensajes de sus recorridos en su perfil de Facebook en el transcurso del 6 de octubre.
“Hemos activado una brigada especial en Tepechicotlán para atender a las familias afectadas”.
“Nuestro equipo está trabajando para rehabilitar vialidades, restablecer servicios esenciales, y, lo más importante, garantizar la salud de todos los habitantes”.
“Seguiremos en coordinación con las familias para atender las afectaciones en el panteón y preparando una campaña de limpieza masiva para prevenir riesgos sanita-rios”, fueron algunos mensajes.
Ese día, desde las 9 de la mañana, también subió fotos a sus redes sociales de sus recorridos en las colonias Plan de Ayala, Yerbabuena y Timotlán, en las que se veían cerca de él, a soldados del Ejército y de la Guardia Nacional.
También subió una foto de su última visita de ese 6 de octubre con su equipo y que fue en Tepechicotlán, municipio de Quechultenango, el bastión del grupo Los Ardillos.
“Seguiremos en coordinación para atender las afectaciones en el panteón y preparando una campaña de limpieza masiva para prevenir riesgos sanitarios”, informó el alcalde poco antes de las 5 de la tarde, a manera de pie de foto. Fue el último mensaje que escribió.
Casi cuatro horas después, a las 08:54 de la noche, el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, informaría del asesinato.
“Han asesinado a nuestro alcalde de Chilpancingo, Alejandro Arcos, y hace apenas tres días al secretario de este mismo Ayuntamiento, Francisco Tapia. Llevan menos de una semana en el cargo. Funcionarios jóvenes y honestos que buscaban progreso para su comunidad. Nuestro pésame y solidaridad. Dada la situación de in-gobernabilidad en Guerrero estamos pidiendo a la FGR atraiga las investi-gaciones de ambos asesinatos”, escribió en su cuenta de X.
Antes de que el dirigente nacional del PRI confirmara el asesinato del alcalde, se viralizaron en redes sociales fotografías del repulsivo crimen; en una se mostraba el torso en el asiento del copiloto cubierto con una cobija gris y sólo se alcanzaban a distinguir unos pantalones de mezclilla y una playera de manga corta azul.
En la segunda fotografía se observaba la cabeza cercenada colocada en el toldo de una camioneta blanca tipo pick up abandonada en una calle de la colonia Villas del Roble, al oriente de la ciudad, a unos cien metros del antiguo libramiento a Tixtla.
Más tarde se confirmaría que las extremidades correspondían a las del político perredista.
Dos días después, el 8 de octubre, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) federal, Omar García Harfuch, informó que de acuerdo con los reportes que tenía, Arcos Catalán salió de Chilpancingo “a una reunión en Petaquillas, sin escoltas”.
García Harfuch declaró en la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, que en ese trayecto se perdió comunicación con el alcalde, y se desconocía el motivo del encuentro y quiénes iban a participar.
El secretario de Seguridad federal reconoció que Arcos no contaba con protección de la Guardia Nacional porque no había realizado ninguna petición y que se coordinaba con el gobierno de Guerrero para esclarecer lo sucedido.
Pero Arcos Catalán sí pidió protección a través de los medios de comunicación. En una entrevista en Imagen Televisión con Ciro Gómez Leyva, después del asesinato del secretario general del Ayuntamiento, Francisco Tapia, el alcalde declaró: “Ellos (Francisco y Ulises Hernández) no eran gente de conflicto. Lo pido (seguridad) y la de mi equipo de trabajo”.
Agregó: “Nosotros vamos a seguir trabajando, vamos a seguir luchando por nuestra comunidad. Siempre hemos hablado de un proyecto de paz, ha sido nuestra bandera, nuestra propuesta y eso es a lo que aspiramos”.
Los funerales
El lunes 7 de octubre, unas tres mil personas asistieron al funeral de su malogrado presidente municipal. A la ceremonia asistió la ex alcaldesa de Morena, Norma Otilia Her-nández Martínez, pero fue expulsaba del cortejo en la plaza Primer Congreso de Anáhuac.
“¡Asesina” “¡fuera, fuera!”, “tú entregaste Chilpancingo”, le gritaron algunos de los simpatizantes de Arcos Catalán a la ex presidenta de quien en julio del 2023 circularon fragmentos de videos en los que se le ve en un desayuno con el líder de Los Ardillos Celso Ortega.
El 13 de noviembre del 2024, fue detenido el encargado de despacho de la Secretaría de Seguridad Públi-ca, el teniente del Ejército Germán Reyes Reyes, como presunto respon-sable del asesinato de Arcos Catalán.
Reyes es además abogado liti-gante y fue encargado de despacho de la Fiscalía Especializada en Deli-tos Graves en 2023, cuando era fiscal general la teniente coronel Sandra Luz Valdovinos Salmerón, quien fue destituida por supuesta omisión en el caso del estudiante de la Normal de Ayotzinapa, Yanqui Khotan Gómez Peralta, asesinado el 7 de marzo del 2024 por policías estatales.
El militar había sido designado por el propio Alejandro Arcos como encargado de despacho.
El Ministerio Público concluyó que el asesinato lo cometió Reyes Reyes, por la declaración del comerciante Domitilo Cándido Pila, quien había sido privado de su liber-tad en octubre del 2024 por el grupo Los Ardillos y que en su cautiverio escuchó al encargado de la Secretaría de Seguridad Pública ordenar el asesinato del alcalde Alejandro.
Cándido falleció el 1 de noviem-bre del 2024, sin que se conocieran mayores detalles de su deceso, en una vivienda de la colonia Obrera.
Sin embargo, Reyes Reyes negó cualquier relación con Los Ardillos y dijo que su detención tiene móviles políticos y es un chivo expiatorio.
Este 2 de octubre, a casi un año del asesinato de Arcos, la FGE soli-citó una pena de 50 años de prisión y el pago de un millón 259 mil 500 pesos de multa para el imputado.







