Megafondo para los bosques tropicales

Del 10 al 21 de noviembre de 2025, los Estados del mundo se reúnen en Belém, Brasil, la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La conferencia busca abordar el cambio climático, y se llevará a cabo en el corazón de la Amazonia, con el objetivo de centrarse en la implementación de acciones concretas y la preservación de la Amazonia. La elección de Belém es simbólica, ya que la Amazonia es crucial para el clima global, y esta conferencia busca destacar su importancia y los esfuerzos por su conservación.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aspira a un hito histórico. Diez años después de la aprobación del Acuerdo de París sobre el clima, la cumbre tiene como uno de sus propósitos poner en marcha el denominado Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, en inglés: Tropical Forest Forever Facility) dotado con 125 mil millones de dólares, mediante inversiones de países desarrollados y del sector privado.
Su objetivo es conservar las selvas tropicales y subtropicales, que representan más de mil millones de hectáreas en 76 países, así como cumplir el compromiso de limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados en promedio de la superficie terrestre.
Los bosques tropicales que todavía quedan son indispensables para alcanzar este objetivo. Como sumideros de carbono, hasta ahora han amortiguado en gran medida las consecuencias de las emisiones causadas por los seres humanos. Sin embargo, cada vez más los bosques tropicales se reducen y pierden por tanto esta función de sumidero.
La sequía, los incendios forestales y sobre todo la deforestación masiva para actividades agropecuarias hacen que los bosques tropicales se conviertan en una fuente adicional de gases de efecto invernadero. Los datos no engañan, de acuerdo con datos del World Resources Institute, los trópicos perdieron un récord de 6.7 millones de hectáreas de selva tropical primaria en el 2024, un área casi del tamaño de Panamá. Impulsado en gran medida por incendios masivos y la deforestación, eso es más que cualquier otro año en al menos las últimas dos décadas (https://gfr.wri.org/es/node/105).
El presidente brasileño Lula quiere combatir esta deforestación y quema desenfrenada ahora con una lluvia de dinero. En la conferencia de Belém, el presidente brasileño quiere poner en marcha el citado Fondo Bosques Tropicales para Siempre. Con 125 mil millones de dólares, sería el mayor fondo monetario jamás creado para la protección combinada del clima y la naturaleza Su único propósito es pagar a los países tropicales para que mantengan sus bosques tropicales intactos.
Detrás del TFFF hay una construcción única que combina la protección del medio ambiente y el clima con una inversión atractiva. El capital del fondo debe invertirse de forma rentable a largo plazo en los mercados internacionales de renta fija. Se busca obtener un beneficio de más del 8 por ciento al año, por ejemplo, mediante la compra de bonos públicos y corporativos a interés fijo. Sin contar el costo del fondo y los pagos de intereses a los prestamistas, todavía quedaría alrededor del 3 por ciento o 3 mil 400 millones de dólares. Con este dinero se propone financiar las actividades del Fondo.
Por cada hectárea de bosque no deforestado se estima pagar cuatro dólares anuales a los países tropicales, que serán distribuidos entre los países con bosques tropicales. Incluso para los países más pequeños se acumularía un flujo constante de millones de dólares.
Los pagos se calcularán en función del área de bosque tropical y subtropical húmedo que se mantenga, lo cual será validado mediante imágenes satelitales que demuestren que los niveles de deforestación se encuentran por debajo de un umbral predefinido. Además, se aplicarán deducciones por cada hectárea que haya sido deforestada o degradada.
Se estima, que estos pagos equivalen a entre tres y cuatro veces los presupuestos discrecionales que manejan los ministerios de medio ambiente en los principales países con bosques tropicales. Además, su monto es decenas o hasta cientos de veces superior a lo que actualmente se invierte en el mercado de carbono voluntario. Por lo tanto, el TFFF posee la capacidad de revolucionar las políticas de conservación forestal a nivel nacional (https://cop30.br/es/noticias-de-la-cop30/el-fondo-bosques-tropicales-para-siempre-consolida-apoyo-internacional-y-se-perfila-como-un-nuevo-modelo-global-de-financiacion-climatico).
Además, con el TFFF se espera un doble beneficio: sólo si se detiene la deforestación, por un lado, pueden alcanzarse los objetivos climáticos del Acuerdo de París y, por otro, las disposiciones del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, según el cual al menos el 30 por ciento de la Tierra debe ser protegido y frenar la mayor extinción de especies propiciada por los seres humanos.
En dicho sentido los bosques tropicales son esenciales para detener la ola de extinción; son considerados uno de los ecosistemas más variados a nivel global. A pesar de ocupar únicamente el 6 por ciento de la superficie del planeta, estos bosques son el hogar de más de dos tercios de todas las especies terrestres, que se encuentran en menos de la mitad de su extensión original en tiempos recientes. En 2014, la UICN clasificó como amenazados o vulnerables al 26 por ciento de los mamíferos y al 13 por ciento de las aves que habitan en los bosques húmedos tropicales (https://www.interfaithrainforest.org/wp-content/uploads/2023/08/Bosques-Tropicales-y-Biodiversidad-V3.pdf)
Sin embargo, para que el megafondo de Belém pueda comenzar a operar, es necesario que, en las próximas semanas, logre reunir un número suficiente de países con solidez financiera que estén dispuestos a aportar una suma básica de 25 mil millones de dólares, actuando como socios de alto nivel. Incluso estos países patrocinadores no aportarían sus contribuciones de manera altruista, como podría hacerse a través de ayuda al desarrollo. En realidad, estas naciones también tienen la posibilidad de recuperar su inversión inicial junto con los intereses generados.
Aún no se han establecido acuerdos definitivos entre los países. Entre los posibles patrocinadores se encuentran Noruega, Francia, el Reino Unido, los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Todos ellos colaboran en este momento en un Comité de Dirección junto al Banco Mundial para fomentar la creación del Fondo.
La finalidad de esta “beca de patrocinio” es obtener otros 100 mil millones de dólares, aprovechando la sólida situación financiera de los países que contribuyen, así como de fondos de inversión, fundaciones e inversores privados. Estos últimos recibirán rendimientos anuales por su capital. Se espera que los participantes del mercado obtengan entre un 4 y un 6 por ciento, lo que haría que la propuesta sea atractiva.
Los defensores del Fondo subrayan la necesidad de actuar con rapidez. Si el TFFF no se crea antes de las elecciones presidenciales en Brasil el próximo año y Lula es derrotado, alertan que la propuesta del megafondo destinado a la conservación de los bosques tropicales podría quedar sin vida.
Las organizaciones ambientalistas valoran mayormente de manera positiva el Fondo, aunque exigen mejoras. Greenpeace ha señalado tres aspectos clave del TFFF y su brazo inversor, el Fondo de Inversión en Bosques Tropicales, que deben considerarse en la siguiente etapa del desarrollo de la iniciativa: establecer criterios claros y exhaustivos que orienten la inversión de capital en proyectos relacionados con el clima y la sostenibilidad, con el fin de evitar un empeoramiento de las crisis interligadas de pérdida de biodiversidad y cambio climático, así como la exacerbación de conflictos bélicos; priorizar los derechos y la autodeterminación de los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales (PI y CL), garantizando un proceso de toma de decisiones descentralizado sobre el uso de los recursos, reservando al menos un 20 por ciento para mecanismos que permitan el acceso directo de los PI y CL a financiamiento, y adoptar un enfoque innovador para la supervisión de la deforestación y la degradación de los bosques, asegurando que las áreas forestales aptas para el TFFF no sufran un deterioro adicional por parte de industrias perjudiciales. (https://www.greenpeace.org/international/press-release/74545/tropical-forests-forever-facility-breakthrough-forest-protection-greenpeace-position-paper/).
Se ha reducido la polémica relacionada con las áreas donde el Fondo puede realizar inversiones para obtener rendimientos que beneficien la conservación de los bosques, evitando efectos negativos en el clima y el medio ambiente. Un nuevo enfoque determina que se excluyen las inversiones en carbón, gas, petróleo y productos de turba. Las organizaciones ambientales WWF y Campaign for Nature han sugerido a los países donantes que consideren invertir en el TFFF tras este avance (https://www.spektrum.de/news/megafonds-tfff-eine-massive-geldspritze-gegen-brandrodung/2284834).
Esperemos, que las críticas al Fondo sean resueltas y que se incremente el mismo para beneficio de los bosques tropicales y sus comunidades, saliendo del mero enfoque de emisiones de gaseas de efecto invernadero.

 

Fracaso en el tratado sobre contaminación por plásticos

El mundo parecía estar a las puertas de una buena noticia, sin embargo, el viernes 15 de agosto por la mañana, Ginebra trajo un mensaje desalentador: un acuerdo global destinado a reducir los residuos plásticos no logró concretarse. Delegados de 183 naciones no consiguieron alcanzar un consenso sobre el texto de un tratado y regresan a sus lugares de origen sin haber obtenido resultados. Aún no se sabe si se realizará un nuevo intento ni cómo se manifestará este; la reunión en Ginebra ya había sido una prolongación de cinco rondas de negociaciones previas.
El desenlace de la segunda fase de la quinta reunión del Comité Intergubernamental de Negociación (INC-5.2) fue este. Su objetivo fundamental era establecer un acuerdo internacional que tuviera carácter legal para hacer frente a la contaminación causada por plásticos, sin descuidar el impacto en el medio marino. Este evento se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, desde el 5 hasta el 15 de agosto de 2025, reuniendo a más de 2 mil 600 asistentes. En este encuentro se dieron cita delegados de 183 naciones, así como 400 entidades observadoras, abarcando desde colectivos ecologistas y recicladores hasta pueblos originarios y la juventud. Adicionalmente, hicieron acto de presencia lobistas vinculados a la industria química y a los combustibles fósiles. Asimismo, asistieron setenta ministros y viceministros, junto a otros 30 líderes prominentes que participaron en charlas distendidas al margen de las sesiones centrales. Para ahondar en los pormenores de los trabajos previos, se sugiere revisar tres artículos divulgados en El Sur, con fechas del 24 de junio de 2023, el 27 de abril de 2024 y el 7 de junio de 2025.
Aunque el fracaso siempre estuvo presente como una posibilidad, la materialización de la peor de estas eventualidades siempre sorprende. El mundo enfrenta con urgencia la necesidad de encontrar una solución al desafío del plástico. Esta cuestión no sólo supone una seria amenaza para el entorno natural, sino que además entraña riesgos para el bienestar de la gente.
En el transcurso de las discusiones, emergieron dos perspectivas opuestas: por un lado, la facción de países más influyente, que constituyó una “alianza ambiciosa” integrada por más de setenta naciones, incluyendo la Unión Europea, México, Kenia y varias islas del Pacífico. Su meta era forjar un futuro acuerdo que abarcase la totalidad del ciclo vital de los plásticos. Uno de los puntos más polémicos fue la instauración de topes vinculantes en la fabricación de plástico virgen, unido a la proscripción de aditivos especialmente dañinos y la creación de sistemas para vigilar y garantizar el respeto de los pactos sellados.
Frente a ellos estaban los que se hacían llamar los “países amigos”, aquellos grandes en petróleo y gas, como Arabia Saudita, Rusia, Irán y Kuwait, a la cabeza. Su idea era que el problema no era el plástico en sí, sino cómo manejamos los residuos plásticos. Por eso, pedían que el tratado solo se centrara en cómo se gestionan y reciclan los residuos, nada de tocar la producción de plástico. Estados Unidos, como rey de los combustibles fósiles, pensaba igual y no quería saber nada del pacto. Ya se había visto que no se ponían de acuerdo antes, y en Ginebra la cosa siguió igual, sin forma de que llegaran a un punto en común.
Tras varios días de intensos debates, el presidente de la conferencia, Luis Vayas Valdivieso, embajador de Ecuador en Reino Unido, presentó el miércoles 13 de agosto un borrador de texto del tratado para un pacto en torno a los plásticos. Este eliminó prácticamente todos los ambiciosos objetivos y requisitos para los gobiernos. El texto carecía de topes obligatorios para fabricar plástico y no vetaba ciertos químicos muy dañinos. En vez de eso, se enfocaba tan solo en promesas de cada país, pero sin obligación. Numerosas delegaciones, incluyendo la Alianza de los Pequeños Estados Insulares, Bangladesh, Canadá, Chile, Kenia, Filipinas, Nigeria, Noruega, Panamá y la Unión Europea, manifestaron su descontento con el borrador de texto presentado por el presidente.
El jueves 14 de agosto, los representantes dedicaron la jornada a charlas informales y encuentros en grupos pequeños para revisar el primer borrador de la propuesta textual del presidente. Tras una breve puesta al día sobre cómo iban las negociaciones, el presidente Vayas dio inicio y clausuró la sesión plenaria. En la madrugada del viernes 15 de agosto, se convocó una junta de jefes de delegación para debatir la versión corregida de la propuesta textual del presidente, que se repartió a las 00:48 y recogía los frutos de las conversaciones con los grupos regionales, las consultas en grupos reducidos dirigidas por el presidente, y varias reuniones bilaterales.
A las 6:12 am del viernes 15, se convocó la sesión plenaria, donde el presidente Vayas compartió que el miércoles 13 de agosto había llevado a cabo consultas con diversos grupos regionales acerca del borrador de la propuesta del presidente. Señaló que el jueves 14 de agosto, un pequeño grupo de trabajo copresidido por Chile y Japón se reunió para discutir un conjunto de asuntos que podría funcionar como un texto consensuado. Comentó que el grupo había sido capaz de identificar la necesidad de alcanzar un acuerdo sobre cuatro temas interrelacionados: producción, finanzas, productos plásticos y toma de decisiones. Comunicó que, tras recibir información de este grupo y realizar consultas, había desarrollado un texto revisado que reflejaba la propuesta del presidente. Esta versión fue discutida en una reunión con los jefes de delegación. Subrayó que este documento representaba su mejor esfuerzo por recoger las perspectivas de las delegaciones, avanzando hacia un instrumento internacional que tenga carácter legal vinculante. Además, mencionó que esta propuesta es un recurso que puede ser perfeccionado. Al observar que no se habían tomado decisiones tras las consultas realizadas sobre ambos textos, el presidente Vayas manifestó que en esa fase no se planteaban más negociaciones.
Un factor primordial de las Naciones Unidas, igualmente, jugó un papel en el revés en Ginebra: toda resolución se toma por unanimidad. Si un único país se opone, las conversaciones no pueden progresar. Muchos expertos creen que esto fue precisamente lo que pasó allí. Los representantes del bloque de “países amigos” repitieron sus puntos de vista sin cesar, casi como si buscaran ganar tiempo deliberadamente, lo cual consumió un tiempo valioso de diálogo ya de por sí complejo.
Si se considera la perspectiva de los países con una fuerte presencia en la industria petroquímica, esta desaceleración se vuelve lógica. El problema trasciende las costas llenas de residuos plásticos, la abundancia de plásticos en los mares, ballenas y delfines con residuos en sus sistemas digestivos, o los riesgos para la salud de las personas con los micro plásticos dentro de los propios humanos; lo que está en juego es la sostenibilidad de su esquema empresarial y su habilidad para vender materias primas en este siglo. Y, por consiguiente, su poder. Precisamente por esto, y considerando que los plásticos sirven como un plan B para el sector de los combustibles fósiles, es muy llamativo el parecido entre los grupos de países que están poniendo trabas a los debates sobre el clima y los plásticos.
Por este motivo, un considerable número de naciones decidió no respaldar un pacto débil que no contemplara la gestión integral del plástico. Aunque existe frustración, un acuerdo que carezca de factores fundamentales es indeseable, ya que podría dejar al mundo atado a un compromiso a largo plazo que no logre erradicar la contaminación por plásticos. Es crucial que la propuesta vigente se refuerce notablemente, y aún existe la posibilidad de alcanzar un tratado que sea adecuado para abordar la complejidad de los desafíos que enfrentamos con un esfuerzo global más coordinado. En este contexto, México, al igual que numerosas naciones, instó a los representantes a asegurarse de que los avances conseguidos hasta el momento, como el INC 5.2, “no sean malgastados”.
En este momento, sólo queda aguardar futuras reuniones que faciliten la consecución de un tratado que, como mínimo, establezca estándares aceptables. Mientras tanto, con cada año que pasa sin alcanzar este acuerdo global, se continúa aumentando la producción de plástico nuevo, generándose una creciente cantidad de residuos plásticos que se dispersan en los ecosistemas, tanto acuáticos como terrestres, y se siguen empleando sustancias dañinas que ingresan en los organismos y perjudican la salud humana. Desafortunadamente, se deberá continuar aguardando a que las naciones que fabrican plástico reconozcan lo que indican todos los datos de contaminación por plásticos, y parece que esto no ocurrirá en el corto plazo.

 

Rewilding trófico y cambio climático

La conexión entre la vida, tanto vegetal como animal, y el clima, es fundamental para el equilibrio de los ecosistemas naturales. Al deteriorar la humanidad la biodiversidad del planeta se está eliminando un elemento vital que colabora en la regulación del clima y del carbono en la atmósfera. Por ello, no sólo es importante restaurar áreas degradadas para la conservación de la biodiversidad, sino también para mantener el clima que ha permitido a la humanidad desarrollarse en el planeta.
Se ha hecho evidente que la influencia de las especies animales silvestres en el almacenamiento de carbono, y por ende en la conservación del clima, ha sido subestimada durante un largo periodo. Anteriormente, el enfoque en la protección del clima se centraba únicamente en la vegetación. El papel de las especies animales que habitan un ecosistema era considerado una mera estadística secundaria. Se creía que la aportación de los animales al almacenamiento global de carbono era marginal. Sin embargo, la perspectiva actual ha cambiado drásticamente. Se reconoce a los animales como “motores invisibles” dentro del ciclo del carbono.
Un modelo de restauración ecológica que se está aplicando es el de rewilding (renaturalización). El rewilding es un modelo de restauración ecológica, aunque no toda restauración ecológica se denomina rewilding (en adelante se usa este último término). El rewilding sostiene que los ecosistemas no pueden retroceder y que conforme se restablezcan las interacciones y los procesos ecológicos, adquirirán nuevas configuraciones. Quizás estas rememoren el pasado, aunque serán diferentes.
En el rewilding, una idea fundamental es la teoría de las “cascadas tróficas”. El término “trófico” hace referencia a los recursos nutritivos (los alimentos), y la idea se ha manifestado tradicionalmente en una serie de niveles con los depredadores en la cima, después los herbívoros y finalmente los productores primarios, como las plantas. Mientras que “cascada” implica efectos top-down (descendentes), y alude a aquellos que se producen en cascada a través de las redes en diversas direcciones. La cascada no es una simple cadena de causa y efecto, sino un sistema dinámico. Un buen ejemplo de una cascada trófica es el caso clásico de la reintroducción de lobos, carnívoros, en el Parque Nacional Yellowstone, que han controlado herbívoros, como alces y ciervos, permitiendo la regeneración de plantas y aumentando el almacenamiento de carbono en suelos. Así ha sido posible convertir ecosistemas degradados en ecosistemas sanos y funcionales.
Por ello, la frase “rewilding trófico”, que es la restauración de la complejidad de las redes tróficas facilitada por grandes animales salvajes, denominados “megafauna”. Con ello se hace referencia a la idea de que la reintroducción de especies clave, como bisontes, lobos y otros grandes herbívoros y depredadores, puede ser beneficiosa para la recuperación de los ecosistemas, el aumento de la diversidad biológica y la mejora en la captura de carbono, lo que ayuda en la lucha contra el cambio climático.
En ese contexto, el enfoque del rewilding busca restaurar especies animales que han sido extirpadas o que están en riesgo de extinción dentro de un ecosistema. Esto abarca tanto grandes herbívoros, como los bisontes y ciervos, como depredadores, tales como lobos y jaguares. La reintroducción de estos animales puede ser crucial para reintegrar las interacciones entre depredadores y presas, lo que resulta en un efecto positivo en el control de las poblaciones de herbívoros y promueve la recuperación de la vegetación.
De este modo, el rewilding representa una estrategia de conservación que se centra en la reintroducción y recuperación de especies clave dentro de los ecosistemas, especialmente grandes herbívoros y predadores. Su objetivo es restablecer dinámicas naturales y fomentar la salud general del ecosistema. Este concepto se basa en la idea de que dichas especies son vitales para conservar el equilibrio de los ciclos ecológicos, incluyendo el ciclo del carbono.
La reintroducción de especies puede resultar en un incremento de la variedad de especies de plantas y animales, lo que da lugar a hábitats más elaborados y resistentes. Esto también permite la formación de nuevos nichos para otras especies.
Los grandes herbívoros contribuyen a la diversidad de las plantas mediante el pastoreo, lo que también favorece la salud del suelo. Este proceso puede incrementar la capacidad del ecosistema para almacenar carbono, dado que las plantas en buen estado son más eficaces en la absorción de CO2 (dióxido de carbono).
Asimismo, los animales herbívoros participan en el ciclo de nutrientes mediante sus desechos, que fertilizan el suelo y promueven el desarrollo de nuevas especies de plantas. Esto colabora en la mejora de la calidad del suelo y del bienestar general del ecosistema. Además, al cuidar la vegetación en condiciones ideales, los herbívoros pueden limitar la acumulación de material inflamable, lo que reduce la probabilidad de incendios forestales.
El rewilding representa una estrategia novedosa destinada a devolver la operatividad a los ecosistemas mediante la reintroducción de especies clave fundamentales. Aparte de favorecer la biodiversidad, este proceso también ayuda en la lucha contra el cambio climático al potenciar el almacenamiento de carbono y mejorar la calidad del suelo.
A pesar de su potencial, el rewilding ha sido sujeto a críticas en cuanto a su efectividad para alcanzar metas climáticas a corto plazo. Entre los retos, sin ser limitativos, que enfrenta el rewilding en el marco del cambio climático se incluyen:
1.- Cambio climático acelerado: El cambio climático puede modificar los ecosistemas y las condiciones del entorno, lo que dificulta la adaptación de las especies que han sido reintroducidas.
2.- Tiempo de recuperación prolongado: La recuperación de las poblaciones de fauna puede requerir décadas, e incluso siglos. Este lapso puede resultar demasiado extenso para alcanzar los objetivos climáticos que se proponen a corto plazo.
3.- Evidencia científica insuficiente: A pesar de que existen investigaciones alentadoras, es fundamental llevar a cabo más estudios empíricos para validar los efectos positivos del rewilding en el secuestro de carbono y la diversidad biológica.
4.- Reducción a simples métricas de carbono: Hay un riesgo de que el valor de las especies animales se limite únicamente a su capacidad para capturar carbono, pasando por alto otras funciones ecológicas cruciales que desempeñan, como el fomento de la biodiversidad y la resiliencia de los ecosistemas.
5.- Impactos locales variables: Los efectos que los animales tienen sobre el ciclo del carbono pueden diferir dependiendo del tipo de ecosistema. En ciertos contextos, algunos animales pueden generar impactos negativos, lo que dificulta la puesta en marcha de iniciativas de rewilding.
6.- Conflictos con la agricultura y el uso del suelo: La reintroducción de especies puede provocar tensiones con actividades agrícolas y el uso de la tierra, dado que los grandes herbívoros pueden perjudicar cosechas o influir en la ganadería.
7.- Financiamiento y apoyo político: La escasez de financiación y respaldo político para los proyectos de rewilding puede restringir su desarrollo y efectividad.
8.- Monitoreo y gestión: La implementación de un monitoreo continuo y una gestión efectiva de las poblaciones reintroducidas constituye un reto tanto logístico como financiero.
En resumen, el rewilding se presenta como un enfoque para la restauración que busca promover ecosistemas complejos que se regulan por sí mismos al reintegrar procesos ecológicos que no son controlados por humanos, al mismo tiempo que reduce las influencias y tensiones provocadas por la actividad humana. Este método está orientado hacia el futuro, puesto que intenta mejorar la funcionalidad para la biodiversidad, reconociendo y efectivamente apoyando la naturaleza dinámica de los ecosistemas, en vez de enfocarse en una estructura o composición estable. De este modo, el rewilding brinda una opción prometedora para enfrentar el cambio climático, sin embargo, su implementación debe llevarse a cabo con cautela, considerando las dificultades y limitaciones previamente mencionadas. Es crucial implementar una estrategia integral que incluya la biodiversidad y los procesos integrales de la biosfera, incluida la resiliencia climática, como objetivos igualmente importantes. Así, el rewilding se torna especialmente importante en esta época de necesidades ecológicas cada vez más creativas, motivadas por un notable cambio global a causa de las acciones humanas.

 

Informe del comercio de plantas silvestres

El 22 de abril del 2022, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en inglés), la Red de Monitoreo del Comercio de Vida Silvestre (TRAFFIC, en inglés), junto con el Grupo de Especialistas en Plantas Medicinales de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) emitieron un informe en conjunto.
La investigación titulada WildCheck: La evaluación de los riesgos y las oportunidades del comercio de ingredientes de plantas silvestres” se presentó en la conmemoración del Día de la Tierra del 2022, resaltando las posibilidades para el crecimiento del comercio sostenible en medio de un incremento global de la demanda de ingredientes de plantas silvestres (un incremento de más de 75 por ciento en su valor en las últimas dos décadas). Considero que por su contenido es interesante conocerlo (https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/589c225a-c03f-4cec-8a23-a764fbfb37a8/content).
El reporte examina la relevancia de que los gobiernos, el sector privado y los consumidores se interesen por los ingredientes vegetales de gran valor, pero frecuentemente ignorados, y cómo un suministro responsable puede respaldar la preservación más extensa de la vida silvestre y los modos de vida marginados
Una de cada cinco especies de árboles es usada directamente por los humanos para obtener alimentos, combustible, madera, medicinas, horticultura y más. Las plantas de la vida silvestre son esenciales en todos los ámbitos socioeconómicos y espacios geográficos. Un recorrido por la cocina podría descubrir nueces brasileñas en la alacena, goma arábiga en las bebidas y regaliz en las infusiones. El baño puede incluir lociones o cosméticos elaborados con cera de candelilla, o productos para el cuidado cutáneo fabricados con aceite de baobab o de argán. El jatamansi o incienso puede hallarse en la mesa de la habitación como componente de los aromas.
Un sorprendente 60-90 por ciento de las especies de plantas medicinales y aromáticas vendidas provienen de la recolección en la vida silvestre, aunque la viabilidad de su recolección es bastante incierta. El informe WildCheck tiene como objetivo proteger el porvenir de las personas y las plantas otorgando niveles de riesgo social y biológico bajo, medio o alto a los ingredientes de plantas recolectadas en el extranjero, con el fin de asistir a empresas y consumidores en la identificación de las historias escondidas detrás de sus ingredientes y en la toma de decisiones fundamentadas y responsables respecto a sus adquisiciones.
En el informe se señala que, con el creciente interés de los consumidores en el origen de sus compras, las compañías pueden posicionarse como líderes al conseguir certificaciones de ética y sostenibilidad independientes (de terceros), proteger los derechos de los empleados y, en el caso de la cera de candelilla, asegurar que los empleados de su cadena de suministro dispongan de prácticas y equipos de salud y seguridad apropiados. Asimismo, las compañías también pueden obtener una prima por ingredientes silvestres de procedencia sostenible, siempre y cuando sean capaces de probar estas declaraciones ante los consumidores, que demandan cada vez más productos naturales y sostenibles con un efecto positivo.
Miles de especies vegetales empleadas en productos diarios están en peligro, principalmente por la desaparición de sus hábitats y por otros elementos como el cambio climático y la explotación excesiva. Se ha evaluado el estado de vulnerabilidad del 21 por ciento de las especies de plantas medicinales y aromáticas, siendo el 9 por ciento considerado en riesgo de extinción. No obstante, los individuos que dependen de especies específicas para su supervivencia también suelen enfrentarse a peligros socioeconómicos, políticos y, en algunas situaciones, de salud.
El reporte analiza 12 especies representativas de plantas autóctonas, conocidas como la “Docena silvestre”, y otorga a cada especie calificaciones sociales y biológicas de cosecha para resaltar aquellas áreas donde se pueden implementar mejoras. De las doce especies representativas de la recolección silvestre evaluados, la mayor parte de los resultados de la evaluación de riesgos (tanto biológicos como sociales) son medios o altos, con únicamente un resultado biológico bajo y uno social bajo. Esto evidencia que estos elementos deben tenerse en cuenta en la debida atención, las políticas y las decisiones de adquisición.
No obstante, entre las 12 especies, se destaca una variedad de oportunidades interesantes que comprenden la recolección sustentable, la preservación y recuperación de la fauna, el acceso y reparto de beneficios, la investigación, las alianzas y la adhesión a las normas de buenas prácticas y la certificación. Las posibilidades para estos elementos representativos, y para los elementos silvestres en general, pueden ser alentadoras si los diferentes actores involucrados adoptan ahora las acciones correctas, como las propuestas en el informe.
Las 12 especies evaluadas son:
1.- Incienso (Boswellia sacra): Está presente en las regiones norestes de África, además de Omán, Somalia y Yemen; su resina se emplea en aromaterapia, cosméticos, fragancias y medicinas tradicionales.
2.- Pygeum (Prunus tropicalis): Este árbol, que también se incluye en componentes de fármacos y productos basados en hierbas, se desarrolla en los bosques de todo el África tropical.
3.- Karité (Vitellaria paradoxa): Presente en todo el continente africano, desde Senegal hasta Uganda. Se emplea extensamente en el sector alimentario como si fuera la manteca de cacao, y también es famoso en el sector cosmético. Se emplea localmente como un aceite para la cocina saludable.
4.- Jatamansi (Nardostachys jatamansi): Una planta aromática y perenne que se desarrolla en el Himalaya, se recolectan sus raíces debido a sus características medicinales.
5.- Goma arábiga (Senegalia senegali): Esta especie se desarrolla en la zona del cinturón gomoso de África y su uso principal es en los sectores de alimentos y farmacéuticos como aditivo, emulsionante o estabilizador. Es un componente frecuente en bebidas con gas.
6.- Sello de oro (Hydrastis canadensis): Esta especie, también llamada frambuesa molida, proviene del este de América del Norte y su uso principal es para elaborar productos medicinales.
7.- Candelilla (Euphorbia antisyphilitica): Originaria de México y algunas regiones del sur de Estados Unidos, fue en su momento un ingrediente común en la goma de mascar. Hoy en día, su cera se utiliza como aditivo alimentario (E902) y en la fabricación de cosméticos y productos farmacéuticos, así como en ceras y pulimentos industriales. Su versatilidad como ingrediente la convierte en la planta medicinal y aromática de origen silvestre más comercializada, incluida en el Apéndice II de la CITES, por volumen.
8.- Argán (Sideroxylon spinosum): También conocido como aceite de Marruecos, es muy apreciado por sus propiedades antienvejecimiento, lo que lo convierte en una opción popular entre los consumidores de cosméticos en Europa y América del Norte. Además, su aceite se utiliza para tratar diversas dolencias, desde el acné hasta la artritis, y se extrae exclusivamente en Marruecos.
9.- Baobab (Adansonia digitata) es una especie originaria de África continental. El polvo de baobab se utiliza como ingrediente en alimentos y bebidas, mientras que el aceite de sus semillas se emplea en productos cosméticos.
10.- Nuez de Brasil (Bertholletia excelsa) se cosecha íntegramente en estado silvestre. Este árbol se explota principalmente por sus frutos comestibles y nutritivos, ricos en nutrientes y antioxidantes como magnesio, zinc, proteínas y selenio. Su recolección ha contribuido a la preservación de millones de hectáreas de bosques amazónicos, razón por la cual se considera la piedra angular de la conservación de la selva amazónica.
11.- Regaliz (Glycyrrhiza glabra): Esta hierba perenne, originaria de Eurasia, el norte de África y el oeste de Asia, se utiliza principalmente con fines medicinales, como edulcorante, en infusiones y en la industria del tabaco.
12.- Enebro (Juniperus communis): Esta especie es propia de las zonas templadas y subárticas del hemisferio norte. Sus bayas son un ingrediente clave en la elaboración de ginebra, además de utilizarse como aromatizante alimentario, aceite esencial e ingrediente en cosméticos. También tienen una larga historia de uso en la medicina tradicional y la religión.
Con un abastecimiento responsable, estos ingredientes pueden respaldar una conservación más amplia de la vida silvestre y mejorar los medios de vida de algunas de las personas más vulnerables del mundo, que se estima en mil millones, y que dependen de ellos.
El informe destaca que el uso sostenible de las plantas silvestres tiene consecuencias cruciales para la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas en todo el mundo. Concluye que es momento de prestarles mayor atención en nuestros esfuerzos por proteger y restaurar hábitats, promover sistemas agroalimentarios sostenibles y construir economías inclusivas, resilientes y sostenibles. Este informe pionero sienta las bases para el cambio necesario en el mercado de estos recursos, que a menudo pasan desapercibidos.

 

El redescubrimiento del conejo de Omiltemi

Recientemente fue publicado un artículo sobre el redescubrimiento del denominado conejo de Omiltemi (Sylvilagus insonus). Dada la relevancia del tema para la conservación de la naturaleza en Guerrero, me permito hacer una reseña con base en el texto de dicho artículo publicado en este mes de julio en la Revista Mexicana de Mastozoología (https://www.revmexmastozoologia.unam.mx/ojs/index.php/rmm/article/view/433/509?fbclid=IwY2xjawL57vNleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFORHlnTW9nb0JJUzNPemJTAR4pye0M-fHqPGlTRo9e0RWvcRfOfTj2cqKkbRzeosd0D4bBPVmdu4ekBLtEYg_aem_7vfY7FAi4NwpIiT5UegxSg).
El artículo lo encabeza Fernando Ruiz-Gutiérrez, junto con Cuauhtémoc Chávez, Rubí Torres-Bernal, Gricell Villegas-Quintana y Gerardo Ceballos. El doctor Fernando Ruiz es un reconocido especialista en vida silvestre de Guerrero, que proviene junto con Torres y Villegas de Wild Felids Conservation, A.C. con sede en la entidad, así como de Chávez de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Lerma y Ceballos del Instituto de Ecología de la UNAM.
Los conejos, las liebres y las picas son mamíferos (animales que tienen pelo y se alimentan de leche al nacer), y que se agrupan en el orden Lagomorpha, (lagus = conejo, morpha = forma; forma de conejo). Los conejos y las liebres se encuentran ampliamente representados en el planeta, ya sea como especies nativas o introducidas, mientras que las picas se presentan en especial en Europa, Asia y algunas partes del Norte de América.
Los lagomorfos tienen el hábito de alimentarse de hierbas, pastos y arbustos, son herbívoros. Además, se distinguen por su locomoción, ya que son corredores y saltadores sumamente rápidos.
México se distingue por ser el país del continente americano con la mayor diversidad de especies de lagomorfos. El país registra quince especies de conejos y liebres. Diez especies son conejos, de estas, nueve son del género denominado Sylvilagus y una del género Romerolagus. Las cinco especies de liebres pertenecen al género Lepus.
Siete de las especies de conejos y liebres son exclusivas o endémicas de México (cinco especies de conejos y dos de liebres). Además, otra especie de liebre (Lepus callotis) es casi endémica de México, ya que su distribución es en la frontera de Nuevo México.
Una de las cinco especies de conejos endémicas es el conejo de Omiltemi. Este fue escrito como endémico o restringido en su distribución originalmente al área de Omiltemi, a unos 30 kilómetros al noroeste de Chilpancingo, Guerrero. Su nombre común “de Omiltemi” es debido a que el ejemplar tipo fue capturado el 20 de mayo de 1903 en esa localidad. Quien lo describe por primera vez es Edward Nelson en 1904, el gran naturalista y colector americano de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, que exploró, desde 1892, durante 14 años el país en sus rincones más recónditos, acompañado por su asistente Edward A. Goldman, por encargo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos de América. Ellos colectaron miles de ejemplares de especies de la vida silvestre en México, culminando con la descripción de alrededor 353 especies y subespecies de vertebrados del país, principalmente mamíferos y aves.
En lo particular, la primera descripción del conejo de Omiltemi, la conocí en un bello libro titulado Historia natural del parque ecológico estatal de Omiltemi, Chilpancingo, Guerrero, México”. Lo publicó en 1993, la Facultad de Ciencias de la UNAM. Sus editores son dos investigadores de dicha Facultad, Isolda Luna y Jorge Llorente.
En el libro se cita la descripción del conejo de Omiltemi hecha por Nelson en 1904, la cito: “Conejo más pequeño que Sylvilagus cunicularius. El pelo es oscuro y por arriba y atrás de la cabeza es de color ante ocráceo oscuro, aproximándose a ocre amarillento, las mejillas, los lados del cuerpo y las ancas son ligeramente pálidas y más gris que negro. Los lados de la nariz y el área de los ojos son ante grisáceo. La parte superior de la cola es café rojizo y la inferior ante café. El resto de las partes inferiores es blanca azulada en la base del pelo. El frente y los lados de las patas anteriores y de los hombros es amarillo ocráceo. Sus medidas externas son: longitud total: 435 mm; cola: 42.5 mm; pata trasera: 92.5 mm; oreja: 65 mm.
Sylvilagus insonus es simpátrico o coexiste en el mismo hábitat con el conejo Sylvilagus cunicularis, pero es de menor tamaño. S. cunicularis es un conejo endémico de México, pero con una amplia distribución en el Centro y áreas de la costa del Pacifico de México.
De su distribución Nelson señalaba que el conejo de Omiltemi, se encuentra en bosques densos (probablemente bosque mesófilo) en áreas que van desde 2 mil 133 a 3 mil 48 msnm. Comenta, además, que sus hábitos son probablemente nocturnos.
Para Guerrero, al ser una especie endémica a la entidad nos da una gran responsabilidad su conservación. Sin embargo, desde la determinación por Nelson como una nueva especie de conejo en 1904, pasó casi un siglo para volver a tener referencias científicas de su existencia. De hecho, en diversos momentos, se pensó que el conejo de Omiltemi se había extinguido o estaba a punto de extinguirse. Lo anterior debido al franco deterioro de los bosques de Omiltemi, así como la cacería indiscriminada.
Entiendo, que ya en este siglo XXI se encontraron huellas de la presencia del conejo de Omiltemi en áreas de la Sierra Madre del Sur, como la Sierra de Atoyac y la de Tecpan. Al respecto, tengo en mi mente las referencias de capturas de ejemplares de otro equipo de investigadores guerrerenses encabezados por el maestro José Alberto Almazán Catalán. En el 2004, investigadores de la UNAM publicaron un artículo, The Omiltemi rabbit is not extinct comunicando que se habían encontrado dos ejemplares (F. A. Cervantes et al. en Mammalian Biology, 69: 61-64).
El trabajo del doctor Fernando Ruiz y colaboradores obtiene a través de la tecnología de fototrampeo de entre los años 2009 y 2024 información valiosa sobre la distribución del conejo de Omiltemi. En especial “precisa que la especie no está extinta y amplían de manera importante la distribución de la especie”. En su artículo señalan 311 registros en 44 estaciones del fototrampeo del conejo de Omiltemi distribuidos en cinco municipios: Ajuchitlán del Progreso, Atoyac de Álvarez, Coyuca de Benítez, Chilpancingo de los Bravo y Tecpan de Galeana. Señalan que el área de distribución abarca aproximadamente 542 Km2 restringida a partes medias y altas de la Sierra Madre del Sur, entre los mil 136 hasta los 2 mil 501 msnm.
Respecto al hábitat se registró el conejo de Omiltemi en 39 localidades con bosque de pino-encino y solo en cinco con bosque mesófilo de montaña. El conejo de Omiltemi tiene además un patrón nocturno de actividad.
Estos datos contrastan con los que originalmente se referenciaban para el conejo de Omiltemi, ya que donde se le determina, Omiltemi se encontraba en esas épocas cubierto de manera predominante por bosque mesófilo de montaña, en altitudes de mínimo 2 mil msnm.
En el artículo no deja de manifestarse la preocupación por la conservación a futuro de la especie. Se manifiesta, en especial la propuesta de fortalecer a través de las áreas naturales protegidas la conservación del conejo de Omiltemi. Al respecto, no dejaría de insistir en proteger el área original donde se determinó al conejo de Omiltemi, que a más de 100 años de su determinación sigue sin una forma eficaz de ser protegida, manteniéndose las 4 mil hectáreas de Omiltemi donadas al gobierno estatal por sus dueños originales, como una tierra de nadie. Esto es paradójicamente el propio Omiltemi. Nadie asume su responsabilidad, ni la federación, ni el estado, ni el municipio.
Pese a ello, este tipo de artículos da esperanza de que, en Guerrero, el país y el planeta es posible tener buenas noticias sobre la conservación de la biodiversidad. Seguramente hay mucho trabajo a futuro para conocer más sobre el estado de las poblaciones del conejo de Omiltemi y su ciclo de vida, el papel que desempeña en los ecosistemas que habita, en fin, mucho trabajo por delante. Felicidades a todo este equipo de investigadores por este logro.

 

Día de la Sobrecapacidad de la Tierra

El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra conmemora la fecha en que la demanda humana de recursos y servicios ecológicos en un año determinado supera la capacidad de regeneración de la Tierra. Este déficit en el gasto ecológico es posible porque podemos agotar las reservas de recursos ecológicos y acumular desechos, principalmente dióxido de carbono, en la atmósfera. Como los gastos excesivos no pueden durar, el exceso de capacidad terminará. Se estima que el pasado jueves 24 de julio, los seres humanos ya agotaron los recursos naturales de la Tierra para 2025.
La Global Footprint Network (Red de la Huella Global) calcula anualmente este llamado Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. La Global Footprint Network determina el número de días en un año determinado en que la biocapacidad de la Tierra es adecuada para cubrir la huella ecológica de la humanidad a fin de establecer la fecha del Día de Sobrecapacidad de la Tierra. El exceso de capacidad es la norma para el resto del año (https://overshoot.footprintnetwork.org/about/).
La Global Footprint Network es una organización internacional de investigación que ofrece a los responsables de la toma de decisiones un conjunto de herramientas para ayudar al funcionamiento de la economía humana dentro de las limitaciones ecológicas de la Tierra, se encarga de organizar y calcular el evento. Las cuentas nacionales de huella y biocapacidad, que son mantenidas por la Universidad de York en Toronto y supervisadas por una organización sin fines de lucro llamada Footprint Data Foundation (FoDaFO) para servir como guardianes de estas cuentas nacionales de huella y biocapacidad (NFAs) y replicarlas, sirven como base para el cálculo.
Con el fin de que la fecha sea lo más próxima posible al año real, se utilizan los datos más recientes para predecir el Día de Sobrecapacidad de la Tierra. Cada año, el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, la Global Footprint Network anuncia la fecha del Día de la Sobrecapacidad de la Tierra.
La Global Footprint Network calcula el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra analizando cuántas unidades estandarizadas de área se necesitan para los alimentos, la madera, la absorción de dióxido de carbono (CO2) generado por las actividades humanas, las carreteras y las casas de las personas.
También considera la capacidad de la Tierra para acumular recursos y absorber desechos y emisiones. Al igual que las estimaciones del producto interno bruto, estos datos no son del todo precisos. Los resultados anteriores se actualizan anualmente con los datos más recientes y mejoras, por lo que los Días de Sobrecapacidad de la Tierra de años anteriores podrían variar posteriormente.
La Global Footprint Network indica que la capacidad de una superficie para suplir las necesidades humanas se conoce como su biocapacidad. La vida humana compite con otras formas de vida por el espacio. Así pues, teniendo en cuenta los planes de gestión y los métodos actuales de extracción, la biocapacidad se refiere a la capacidad de los ecosistemas para producir recursos biológicos utilizados por los seres humanos y absorber los residuos generados por ellos. Debido a factores como el clima, la gestión y el porcentaje de insumos considerados beneficiosos para la economía humana, la biocapacidad puede cambiar de un año a otro. La superficie física se multiplica por el factor de rendimiento y el factor de equivalencia asociado en las cuentas nacionales de huella y biocapacidad para determinar la biocapacidad. La unidad de biocapacidad es en hectáreas globales.
Para comprender el significado de biocapacidad por persona, Global Footprint Network señala que, por ejemplo, en 2017, la Tierra contaba con aproximadamente 12 mil millones de hectáreas de tierras y aguas biológicamente productivas. Al dividirlas por el número de personas vivas ese año (7 mil 500 millones), se obtienen 1.6 hectáreas globales por persona. Esta superficie también debe albergar a las especies silvestres que compiten por el mismo material biológico y espacios que los humanos.
En general, el término “huella ecológica” se refieren a la huella ecológica del consumo. Usando las técnicas y tecnologías actuales de gestión de recursos, la cantidad de tierra biológicamente productiva y superficie de agua requerida por una persona, población o actividad para producir todos los recursos que utiliza y absorber la basura que produce. Las hectáreas globales se utilizan normalmente para medir la huella ecológica. La huella de una persona o nación abarca tierras y océanos en todo el mundo debido a la naturaleza global del comercio.
Según la Global Footprint Network, un déficit ecológico surge cuando la huella ecológica de una población supera la biocapacidad de la Tierra que puede ocupar la población. Cuando existe un déficit ecológico nacional, la nación o bien exporta más dióxido de carbono a la atmósfera, que es absorbido por sus propios ecosistemas, o bien importa biocapacidad neta mediante el comercio. Por el contrario, cuando la biocapacidad de una región supera la huella ecológica de sus habitantes, se crea una reserva ecológica.
Así, para calcular el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, se divide la biocapacidad del planeta (la cantidad de recursos ecológicos que la Tierra puede producir en un año dado) por la huella ecológica de la humanidad (la cantidad de recursos ecológicos que la humanidad necesita en un año dado), luego se multiplica el resultado por el número de días en un año. Recuérdese que el 2025 tiene 365 días y no es un año bisiesto.
(Biocapacidad de la Tierra/Huella Ecológica de la Humanidad) x 365 días = Día de la Sobrecapacidad de la Tierra.
A manera de ejemplo, se presenta el cálculo del Día de la Sobrecapacidad de México para 2025, que se basa datos de la edición preliminar de las Cuentas Nacionales de Huella Ecológica y Biocapacidad. Dado que los datos usados para el 2025 corresponden a 2023, el Día de la Sobrecapacidad de México para 2025 refleja la situación en 2023 (ver base de datos en https://data.footprintnetwork.org/#/countryTrends?cn=5001&type=BCpc,EFCpc).
Biocapacidad de la Tierra: 1.5 hectáreas globales por persona.
Huella ecológica de México: 2.6 hectáreas globales por persona.
(1.5/2.6) * 365= 210.6 días.
Resultando con ello, que el Día de la Sobrecapacidad de México corresponde el próximo 30 de julio (211 días del año).
Otro dato interesante, es que en el 2023 la humanidad necesitaría (2.6/1.5) =1.7 Tierras para mantenerse si todos viviéramos como los mexicanos.
La Global Footprint Network también ha analizado varias medidas que podrían posponer el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Van desde hacer más costoso las emisiones por tonelada de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono CO2), esto debería reducir significativamente las emisiones hasta duplicar aproximadamente la proporción de energías renovables en la producción mundial de electricidad (del 39 al 75 por ciento). Lo anterior pospondría de manera significativa el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra. Existen muchas propuestas al respecto.
El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra demuestra, que por lo menos una parte importante de nuestra población en México con su actual comportamiento económico y de consumo está sobrecargando la Tierra y poniendo en peligro nuestro futuro, seguramente no son los más pobres, dado que consumen menos y generan menos residuos. Tampoco somos los grandes responsables como si los países industrializados como los europeos o los Estados Unidos que han dañado al planeta más que la mayoría de los demás países del mundo.
Sin embargo, como país necesitamos reorientar nuestras políticas públicas para atender este tipo de indicadores. Por ejemplo, producimos demasiada carne y sellamos demasiadas áreas. Los países como México en promedio están viviendo muy por encima de sus posibilidades y, por lo tanto, están destruyendo sus recursos naturales. Se requiere una acción rápida de gobiernos para reducir significativamente el irracional e insostenible consumo de recursos.

 

Un nuevo método mapea las funciones y riesgos ocultos en los ecosistemas

A medida que los ecosistemas de todo el mundo se ven sometidos a una presión cada vez mayor por el cambio climático, la pérdida de hábitat y la sobreexplotación, los especialistas en conservación de la naturaleza necesitan urgentemente mejores herramientas para priorizar la conservación de las especies a través de medir el papel ecológico de las especies y sus amenazas.
Se conoce que todos los días se extinguen especies de la diversidad biológica, incluso antes de haber sido descubiertas. Agrava el hecho de que muchas veces la extinción es de especies clave que, al extinguirse, probablemente arrastren a otras especies a la extinción por falta de alimento o por el dominio de otra especie competidora.
La pregunta es: ¿Sabemos qué especies de un ecosistema están especialmente amenazadas? Por ello, es relevante la identificación de especies clave, aquellas cuya pérdida podría desencadenar una extinción adicional comparativamente mayor. Así, la identificación temprana de especies clave amenazadas podría permitir que los recursos limitados y los esfuerzos de conservación se dirijan hacia donde puedan tener el mayor impacto.
Un nuevo método de análisis permite identificar las especies más amenazadas de extinción en una etapa temprana. Fue desarrollado por científicos del Complexity Science Hub (CSH), un consorcio de varias universidades e instituciones austriacas especializadas en el estudio de sistemas complejos Los investigadores presentan su modelo matemático en la revista Chaos, Solitons & Fractals (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0960077925007544?ref=pdf_download&fr=RR-2&rr=96152c0a8f3a46e7).
El estudio presenta un nuevo modelo que se puede utilizar para mapear y medir el papel ecológico de las especies y su peligro en su ecosistema. En comparación con los modelos tradicionales, se comporta de forma similar o incluso mejor, especialmente en la identificación de las especies más amenazadas de extinción.
Si bien las medidas establecidas basadas en redes a menudo se basan en una única métrica para cuantificar la relevancia de una especie, pasan por alto cómo los organismos pueden ser tanto proveedores como consumidores de carbono, desempeñando así un doble papel en las redes tróficas. En este estudio, presentan un enfoque novedoso que asigna a cada especie dos puntuaciones complementarias: un índice de importancia que cuantifica su centralidad como fuente de carbono y un índice de depredación que refleja su vulnerabilidad.
Demuestran que las especies con un índice de importancia alto tienen mayor probabilidad de desencadenar co-extinciones tras su eliminación, mientras que las especies con un índice de robustez alto suelen perdurar hasta etapas posteriores del colapso, en consonancia con sus rangos de presa más amplios. Por otro lado, las especies con un índice de robustez bajo son las más vulnerables y susceptibles a la extinción.
“Pudimos reconstruir los roles ecológicos completamente sobre la base de los datos de la red, en otras palabras, de tal manera que básicamente no sería necesario ningún conocimiento biológico por nuestra parte”, explica el primer autor Emanuele Calò. “Esto hace que el método sea especialmente prometedor para las evaluaciones de la biodiversidad y la gestión de ecosistemas a gran escala, especialmente en regiones donde los conocimientos ecológicos o los estudios de campo detallados son limitados”, añade Calò, de la Escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca, Italia. Como estudiante visitante en CSH, Calò desarrolló el nuevo método junto con el investigador de CSH Vito D. P. Servedio y el CSH Junior Fellow Giordano De Marzo (ver entrevista en: <https://csh.ac.at/wp-content/uploads/2025/08/CSH-PR_Verborgene-Rollen-in-Okosysteme.pdf>).
“Con nuestro método, queríamos averiguar el doble papel que desempeña cada especie, como depredador y como presa”, explica De Marzo, que también es postdoctorante en la Universidad de Constanza, Alemania. “Los métodos de medición existentes tienden a condensar estas interacciones en un solo número, pero los ecosistemas son mucho más complejos que eso. Nuestro enfoque capta ambas direcciones de la red alimentaria y nos permite comprender qué especies desempeñan un papel clave y cuáles están en mayor peligro”.
Utilizando datos del mundo real de seis ecosistemas en Estados Unidos, incluidos los pantanos de cipreses de la Bahía de Florida y el desierto de Coachella, asignaron dos puntajes a cada especie: importancia (cuántas 2/3 otras especies dependen de ella como fuente de alimento) y robustez (qué tan probable es que una especie sobreviva dependiendo de cuán flexible y exitosa sea en la búsqueda de alimento).
Este mapeo bidimensional reveló vulnerabilidades ocultas y especies clave: utilizando el ejemplo de la red trófica de los pantanos de cipreses en la Bahía de Florida, se identificaron especies importantes como el fitoplancton, que a menudo desencadena una co-extinción de gran alcance cuando se elimina, y especies muy resistentes como los caimanes, que tienden a sobrevivir más tiempo debido a sus dietas diversas y baja susceptibilidad a los depredadores cuando todo el ecosistema se ve sometido a presión. Además, el nuevo método apunta a especies con baja robustez, como lagartijas y conejos. A pesar de que estas especies desempeñan un papel menor en la red alimentaria, siguen estando muy amenazadas de extinción, lo que apunta a vulnerabilidades ocultas que a menudo se pasan por alto en la planificación de la conservación.
“Lo que nos llamó especialmente la atención de nuestra investigación fue cómo los métodos de la investigación de la complejidad económica se pueden aplicar directamente a los sistemas ecológicos. Cuando dices que utilizas herramientas económicas para estudiar ecología, muchos se sorprenden: parece completamente diferente. Pero eso es exactamente lo que hace que la ciencia de los sistemas complejos sea tan poderosa”, dice Servedio.
“Los modelos matemáticos que utilizamos para entender cómo los países obtienen ventajas competitivas en las redes comerciales globales pueden mostrar cómo las especies interactúan y coexisten dentro de los ecosistemas”, explica el investigador del CSH. Esto ilustra que los sistemas complejos a menudo comparten estructuras básicas similares, ya sean economías o ecosistemas. Aunque los contextos difieren (en el estudio se trata de especies en lugar de industrias, hábitats en lugar de mercados), la dinámica de la red es asombrosamente comparable.
“Tales transferencias metodológicas son cada vez más importantes en nuestro campo de investigación. Muchas de nuestras ideas clave provienen de tomar prestadas herramientas de disciplinas aparentemente ajenas y descubrir conexiones inesperadas”, concluye Servedio.
En conclusión, hay investigaciones que deben ser consideradas en la praxis, tratando de impulsar una toma de decisiones de política pública de la conservación de la biodiversidad basada en la evidencia científica. La pregunta es: ¿Podemos hacerlo en un plazo breve ante la urgencia de la extinción galopante de la biodiversidad?

 

Programa Nacional de Restauración Ambiental 2025-2030

El pasado 25 de junio del presente año, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) presentó el Programa Nacional de Restauración Ambiental (PNRA) 2025–2030 (https://www.gob.mx/semarnat/restauracionambiental).
Conforme a su boletín de prensa El Programa Nacional de Restauración Ambiental 2025–2030 es el resultado de un proceso participativo coordinado por la Semarnat con la colaboración de más de 100 actores involucrados, entre organizaciones de la sociedad civil, academia, autoridades ambientales estatales y comunidades, que busca organizar, articular y coordinar las acciones de restauración ambiental a nivel nacional, así como responder a la urgencia crítica que enfrenta más del 30 por ciento del territorio nacional al presentar algún grado de degradación” (https://www.gob.mx/semarnat/prensa/semarnat-presenta-el-programa-nacional-de-restauracion-ambiental-pnra-2025-2030).
El objetivo general del PNRA es “establecer las bases para revertir la degradación ambiental en el territorio mexicano en un proceso abierto, continuo, a corto, mediano y largo plazos; a través de un enfoque integral que permita la transversalización de las responsabilidades en cada nivel de gobierno y la corresponsabilidad de la sociedad civil, la academia y el sector empresarial; así como garantizar el cumplimiento de los compromisos establecidos a nivel nacional e internacional a fin de fortalecer el bienestar ambiental, social y económico del país”.
En sus metas al 2025 y 2030 se contempla:
1.- Del total de superficie degradada de ecosistemas costeros y marinos al 2024, restaurar el 5 por ciento en el 2025 y el 30 por ciento al 2030 (principalmente manglares).
2.- Contribuir al objetivo de lograr la deforestación cero neta para el año 2030.
3.- Restaurar 800 hectáreas de parques y bosques urbanos en 2025 y mil 500 hectáreas para 2030.
4.- Contribuir a la restauración de cuatro cuencas prioritarias al 2030: Tula, Lerma-Santiago, Atoyac y Río Sonora. Así como dos presas con decreto de restauración: Endhó y El Zapotillo).
5.- Restaurar 26 mil hectáreas de ecosistemas forestales en 2025 y 100 mil hectáreas al 2030.
6.- Implementar en el 100 % de las acciones de restauración, sistemas comunitarios de vigilancia y monitoreo ambiental fortaleciendo la gobernanza de los territorios.
7.- Restaurar y decretar como Áreas de Prosperidad Marina, 10 sitios deteriorados del Golfo de California al 2030.
8.- Contribuir a la reducción del 35 por ciento de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) al 2030.
El PNRA identifica 50 sitios prioritarios donde se iniciarán procesos de restauración en un total de 1 millón 193 mil 829 hectáreas durante 2025.
Así, se inicia, en este año 2025, la restauración de seis cuencas prioritarias y cuerpos de agua continentales en una superficie estimada de un millón 48 mil 957 hectáreas, aunque no se compromete una fecha de finalizar dicho proceso. Estos proyectos se encuentran bajo la responsabilidad de la propia Semarnat y la Comisión Nacional del Agua.
También se han identificado 14 sistemas costeros y marinos para su restauración a partir del 2025, abarcando un total de 125 mil 82 hectáreas. Tres de estos sitios se encuentran en Guerrero: la Laguna de Coyuca de Benítez, cuya superficie a restaurar aún no ha sido determinada y está a cargo de la Comisión Nacional Forestal; la Laguna Negra de Puerto Marqués, también sin superficie identificada y bajo la responsabilidad de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Estado de Guerrero (Semaren); y Playa Manzanillo, a cargo del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur). En este último caso, se ha identificado una superficie de 17 mil hectáreas para restaurar, lo que sugiere que la restauración por parte de Fonatur abarcará más allá de la pequeña Playa Manzanillo.
Asimismo, se tiene la restauración a iniciar en 2025 de 17 zonas forestales en un total de 18 mil 330 hectáreas; 6 parques y bosques urbanos en una superficie de 1 mil 35 hectáreas; 400 hectáreas en seis áreas naturales protegidas; y un sitio de remediación con estrés sanitario y ambiental extremo en 25 hectáreas.
Para 2026 se tienen programados 28 sitios adicionales a restaurar: 11 sitios de sistemas costeros y marinos; cinco islas; cuatro cuencas prioritarias y cuerpos de agua continentales; y ocho zonas forestales sin dato de superficie de restauración.
Asimismo, se han identificado 246 sitios con potencial de restauración hacia el 2050 en todas las entidades federativas. En el caso de Guerrero, se han señalado ocho sitios de restauración, que son: Bienes Comunales de San Pedro y San Felipe Chichila; Arrecifes de Ixtapa-Zihuatanejo; Río Atoyac (Guerrero-Oaxaca); Municipio Isidoro Montes de Oca; Ejido Taxco y Anexo Pedro Martín; Localidad de Acamixtla; Montaña Guerrero-Mixteca; y Manglares Coyuca-Mitla. En mi opinión, la diversidad de escalas, que van desde regiones y localidades hasta los tipos de propiedad, sugiere la necesidad de realizar un trabajo más detallado, ordenado y sistemático para establecer las prioridades de restauración en la Entidad, que son numerosas y urgentes. En general, considero que se están quedando cortos en los sitios a restaurar en todas las entidades federativas.
En conclusión, es positivo contar con un programa nacional de restauración promovido desde la federación, sin duda alguna. Sin embargo, se requiere un mayor compromiso por parte de los gobiernos estatales y municipales, así como de la sociedad en general, para restaurar el territorio de México.

 

La CoIDH y la crisis climática

En un dictamen publicado el pasado 3 de julio de 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) aclaró las obligaciones de los Estados para proteger de manera efectiva a las personas y comunidades afectadas por la crisis climática. Este fallo establece un precedente clave para que estas personas accedan a la justicia y sirve como guía para las decisiones de tribunales nacio-nales e internacionales.
Con base en el Resumen Oficial y el documento integro de la decisión de 234 páginas emitido por la CoIDH (https://jurisprudencia.corteidh.or.cr/es/vid/1084981967), y el Boletín de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) de fecha 3 de julio (https://aida-americas.org/es/prensa/corte-interamericana-emite-decision-historica-que-obliga-los-estados-proteger-los-derechos) se presenta una síntesis de esta decisión tan trascendente a través de la transcripción de algunos párrafos de ambas fuentes, más la redacción propia.
El dictamen es la respuesta a la solicitud hecha en enero de 2023 por los Estados de Colombia y Chile, quienes señalaron que sus poblaciones, al igual que las de otros países del continente, sufren las consecuencias de la crisis climática global. Por ello, solicitaron a la CoIDH establecer la forma adecuada de interpretar la Convención Americana sobre Derechos Humanos y los derechos reconocidos en ella para afrontar las circunstancias generadas por la emergencia climática, sus causas y consecuencias.
Así, en su Opinión Consultiva 32, la CoIDH instaura un precedente histórico al definir estándares jurídicos que los Estados del continente deben cumplir para proteger los derechos humanos frente a la crisis climática. Este pronunciamiento abre la puerta a una nueva ola de litigios climáticos estratégicos, permitiendo a las personas y comunidades afectadas acceder a la justicia.
El alcance de la Opinión Consultiva toma en cuenta que las disposiciones de la Convención Americana y el Protocolo de San Salvador, objeto de la consulta, están estrechamente relacionadas con otros instrumentos vinculantes para todos los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos. Entre estos instrumentos se encuentran la Carta Constitutiva de dicha organización, la Carta Democrática Interamericana y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Por lo tanto, la interpretación realizada en la Opinión Consultiva debe ser considerada de manera integral por todos los Estados miembros de la OEA, incluyendo México.
Primeramente, la CoIDH expuso los antecedentes fácticos y el desarrollo normativo sobre el cambio climático, examinando sus causas, consecuencias y los riesgos que implica para el ejercicio efectivo de los derechos humanos. Así, la Corte concluyó que, conforme a la mejor ciencia disponible, esta emergencia se debe al aumento acelerado de la temperatura global, producto de diversas actividades de origen antropogénico, las cuales afectan de manera incremental y amenazan gravemente a la humanidad y, especialmente, a las personas más vulnerables. Relevante es el comentar que el aumento de la temperatura es producido de manera desigual por los Estados de la comunidad internacional.
Esta emergencia climática sólo puede ser atendida adecuadamente a través de acciones urgentes y eficaces, articuladas, con perspectiva de derechos humanos, y bajo el prisma de la resiliencia. En los términos de la definición establecida, la emergencia climática se identifica por la unión e interrelación de tres factores: la urgencia de acciones eficaces, la gravedad de los impactos y la complejidad de las respuestas requeridas. La Corte advirtió la particular gravedad de la crisis climática para América Latina y el Caribe debido a la alta exposición de los Estados a diversos fenómenos derivados del cambio climático y a la vulnerabilidad generada en amplios sectores de la población por la elevada desigualdad que impera en la región.
La parte clave de la Opinión Consultiva 32 es la identificación por parte de la Corte de las obligaciones legales que los Estados del continente tienen para abordar la crisis climática como un asunto de derechos humanos, de acuerdo con sus leyes internas y los tratados o convenios vigentes, incluyendo las siguientes:
La CoIDH afirmó que, de conformidad con la obligación de respeto, los Estados deben abstenerse de cualquier comportamiento que genere un retroceso, ralentice o trunque el resultado de medidas necesarias para proteger los derechos humanos frente a los impactos del cambio climático. Asimismo, señaló que cualquier retroceso en las políticas climáticas o ambientales que afecten derechos humanos debe ser excepcional, estar debidamente justificado con base en criterios objetivos, y cumplir con estándares de necesidad y proporcionalidad.
La CoIDH también señalo que, en virtud de la obligación de garantía, los Estados deben realizar todas las acciones para disminuir los riesgos derivados, por una parte, de la degradación del sistema climático global y, por otra, de la exposición y la vulnerabilidad frente a los impactos de dicha degradación. La Corte exteriorizó que, conforme a su jurisprudencia, la obligación de garantía y, en consecuencia, la obligación de prevención, requieren actuar con debida diligencia reforzada en el contexto de la emergencia climática.
La CoIDH consideró que los Estados tienen la obligación de cooperar de buena fe para avanzar en el respeto, garantía y desarrollo progresivo de los derechos humanos amenazados o afectados por la emergencia climática, teniendo en cuenta sus responsabilidades diferenciadas frente a las causas del cambio climático; sus capacidades respectivas especialmente en materia económica y técnica; y sus necesidades particulares para alcanzar un desarrollo sostenible.
La CoIDH determina que el reconocimiento de un derecho humano a un clima sano como un derecho independiente, procedente del derecho a un ambiente sano, responde a la necesidad de dotar al orden jurídico interamericano de una base con entidad propia.
La CoIDH subrayó que las obligaciones derivadas del derecho a un clima sano tienen por propósito proteger el sistema climático global en beneficio de la humanidad como un conjunto, del cual hacen parte tanto las generaciones presentes como las futuras. Atendiendo el principio de equidad intergeneracional, los Estados deben coadyuvar activamente por medio de políticas ambientales para que las generaciones actuales dejen condiciones de estabilidad ambiental que permitan a las generaciones futuras similares oportunidades de desarrollo. En concordancia, los Estados deben considerar una distribución equitativa de las cargas derivadas de la acción climática y de los impactos climáticos, teniendo en cuenta su contribución a las causas del cambio climático y sus capacidades respectivas. La distribución no debe permitir la obligación de cargas desproporcionadas tanto para quienes conformarán las generaciones futuras, como para quienes integran las generaciones presentes
La CoIDH señala que, para cumplir con su deber de mitigar emisiones de Gases de Efecto Invernadero, los Estados están obligados a regular, supervisar y fiscalizar; requerir y aprobar estudios de impacto ambiental. A su vez, la obligación de regular en materia de mitigación supone distintos deberes para los Estados, en particular: definir una meta de mitigación; definir y mantener actualizada una estrategia de mitigación basada en derechos humanos, y regular el comportamiento de las empresas.
Además, reconoció en su Opinión que los conocimientos locales, tradicionales e indígenas están protegidos por los tratados interamericanos y forman parte integral del concepto de mejor ciencia disponible. Esto crea un nuevo camino para exigir la inclusión de estos saberes en las soluciones a la emergencia climática.
El proceso incluyó la presentación de más de 200 observaciones escritas, un número sin precedentes para una Opinión Consultiva de la CoIDH, síntoma de la importancia e interés en la región sobre el cambio climático en marcha.
La Opinión Consultiva 32 fortalece y da continuidad a dictámenes previos, como el emitido en 2024 por el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, que aclara las obligaciones estatales para proteger el medio marino de la crisis climática. Además, se espera que la Corte Internacional de Justicia, el máximo tribunal de la ONU publique próximamente un dictamen que delimite las responsabilidades de los Estados frente a la emergencia global.
Se concluye que, ante la crisis climática en marcha, la decisión de la CoIDH reafirma que los gobiernos deben actuar en base a obligaciones legales vinculantes, no a compromisos voluntarios. Con ello, se otorga un instrumento jurídico que ofrece a las personas y comunidades del continente una base sólida para exigir respuesta ante la emergencia climática.

 

Los árboles se refrescan incluso en temperaturas extremas

Un equipo de investigación formado por científicos suizos, franceses y de Singapur recientemente publicó un estudio en la revista Urban Forestry & Urban Greening, en donde han llegado a una conclusión sorprendente: algunos árboles siguen evaporando mucha más agua de lo esperado, incluso a temperaturas superiores a los 39 grados, lo que enfría eficazmente su entorno (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1618866725001530?via%3Dihub).
Como se señala en el estudio, las olas de calor extremas de verano se han vuelto más frecuentes en las últimas décadas, causando un gran número de muertes relacionadas con el calor. En las próximas décadas, el número y la gravedad de las olas de calor seguirán aumentando drásticamente debido al calentamiento global. Al mismo tiempo, la creciente urbanización aumenta las temperaturas del aire y de la superficie dentro de las ciudades, lo que exacerba el malestar térmico para las personas, y exige que se establezcan medidas de mitigación efectivas.
Dependiendo del tipo de vegetación y las condiciones climáticas, el enfriamiento de la vegetación urbana juega un papel esencial en la reducción del malestar térmico al bajar las temperaturas del aire en un rango de 0.5 a 5 grados. Los árboles enfrían el microclima urbano principalmente a través del sombreado y la transpiración. El sombreado, particularmente de los árboles grandes, enfría al interceptar la radiación solar y evitar el calentamiento de las superficies. Esto crea áreas localmente frescas debajo de las copas de los árboles, lo que puede ser importante para la comodidad humana en un ambiente que de otro modo estaría sobrecalentado. La transpiración, por otro lado, enfría las hojas y el aire circundante en el entorno local a medida que la energía (es decir, calor latente) utilizada para evaporar agua durante la transpiración consume energía térmica (es decir, calor sensible) Por lo tanto, la energía que calienta la ciudad, principalmente la radiación solar, se convierte en parte en calor latente por la evapotranspiración de las plantas. Como resultado, las copas de los árboles pueden ser hasta 11-30 grados más frías en comparación con las superficies circundantes. Este efecto es mayor durante el clima soleado y cálido y puede desempeñar un papel importante en la mitigación del estrés térmico de los árboles que crecen en ambientes cálido.
En suma, los árboles evaporan agua a través de sus hojas, refrescando su entorno. Por lo tanto, desempeñan un papel importante para mantener las ciudades habitables ante el cambio climático y el aumento de las olas de calor. Sin embargo, el efecto refrescante de los árboles tiene sus límites: se detiene entre los 30 y 35 grados. Entonces, las hojas cierran sus poros para protegerse de la desecación, o al menos eso se creyó durante mucho tiempo.
Para su estudio, los investigadores equiparon ocho plátanos (Platanus x acerifolia) en una plaza altamente urbanizada en Lancy, un suburbio de Ginebra (Suiza) con sensores en la primavera de 2023 que registraron el flujo de savia en los troncos. Lo que el grupo desconocía en ese momento era que a continuación se produjo un verano con dos olas de calor, con temperaturas que en ocasiones alcanzaron casi los 40 grados partir de los datos medidos, los expertos dedujeron cuánta agua transpiraban los árboles y cuánto refrigeraban su entorno. Contrariamente a lo esperado, los árboles no detuvieron el flujo de agua. En cambio, evaporaron aún más agua a medida que aumentaba la temperatura, a pesar de que el aire era extremadamente seco al mismo tiempo.
El grupo de investigación no pudo explicar completamente los resultados. Es posible que los plátanos pudieran acceder a las reservas de agua profundas del suelo. Este nuevo hallazgo podría plantear desafíos para los urbanistas: si los árboles reaccionan al calor de forma diferente a lo que se creía, las predicciones sobre su efecto refrigerante y la futura distribución del calor en las ciudades también podrían ser inexactas. Por lo tanto, los investigadores creen que ahora es importante descubrir cómo transpiran otras especies de árboles bajo calor extremo.
En síntesis, como principales hallazgos del estudio se pueden señalar:
1-. Incluso en condiciones de calor extremo, los plátanos evaporan una cantidad sorprendente de agua, enfriando eficazmente las ciudades. Este nuevo hallazgo plantea un enigma a los investigadores.
2.- El enfriamiento de los árboles urbanos por transpiración puede verse gravemente obstaculizado por el calor y la sequía.
3.- Registraron la conductancia estomática y el calor latente durante olas de calor récord.
4-. A pesar del calor sin precedentes, los árboles continuaron transpirando y mantuvieron la refrigeración.
5.- Los modelos ecohidrológicos de última generación han subestimado el enfriamiento de los árboles durante el calor.
6.- Las ciudades con olas de calor intermitentes podrían seguir dependiendo del enfriamiento mediante árboles urbanos.
7.- Para optimizar las estrategias de plantación de árboles en las ciudades, se necesita más investigación sobre una gama más amplia de especies arbóreas para comprender el enfriamiento que proporciona la transpiración durante las olas de calor.