La electricidad

Esa forma de energía que ha cambiado tanto la vida, es de invento reciente, apenas poco más de 200 años. Pero nos hemos acostumbrado tanto a ella que a muchos les cuesta imaginar cómo era la vida sin la energía eléctrica.
La historia dice que después de que el químico y físico inglés Michael Faraday la descubrió a mediados de 1800, fue el norteamericano Thomás Alva Edison quien inventó la bombilla eléctrica que permitió alargar las noches hasta desaparecer la oscuridad porque las casas pudieron tener luz todo el tiempo y la industria funcionar ignorando la noche y el día.
Pero a pesar de los beneficios de este invento que se popularizó utilizando combustibles fósiles y la energía de las corrientes de agua y del sol y del viento, recursos que en México abundan, sus beneficios son recientes y hay pueblos que todavía siguen careciendo de este servicio a pesar de que han pasado más de 66 años desde que la industria eléctrica se nacionalizó para iluminar todo México.
En mi lugar de nacimiento, la cabecera municipal que ahora tiene 15 mil habitantes, a pesar de que la hidroeléctrica en la que mi padre trabajó está a menos de 5 kilómetros de distancia, el servicio eléctrico llegó a nuestra casa cuando yo tenía la edad de 15 años, de manera que viví y crecí con la costumbre de alumbrarnos con el mechero de petróleo y con la luz de la veladora, o de plano utilizando una raja de leño de ocote cuando no había modo de conseguir el petróleo.
El trabajo en el campo y la vida de todos se regía por la luz del sol y todos estábamos más cerca de la idea mítica y ancestral de que era el canto de los gallos en la madrugada lo que hacía salir el sol para alumbrar el día. Solo los campesinos acomodados (los que habían pasado al Norte) recuerdo que usaban reflectores de pilas para alumbrarse.
Como el servicio de la red eléctrica era un negocio privado concesionado a empresas extranjeras, estas definían su mercado a partir de las poblaciones de mayores ingresos porque su elevado precio era prohibitivo para la mayoría, pero fue durante el gobierno cardenista cuando se determinó que dicho servicio se llevara a todo el territorio nacional aún subsidiándolo.
La responsabilidad de la CFE para electrificar el país se estableció en el año 2009 y actualmente cuenta con casi 94 mil trabajadores reconocidos por el inconfundible color café con su casco amarillo como uniforme, que atienden a 46 millones de clientes cuyo número se incrementa a razón de un millón por año.
El tamaño del mercado y las materias primas abundantes para la generación de electricidad fueron siempre apetecibles para las empresas dedicadas a la generación de la energía eléctrica que fueron las primeras en establecerse en el país hasta que el presidente Adolfo López Mateos consideró la importancia de que fuera el Estado mexicano el que pudiera tener el control energético con la Comisión Federal de Electricidad y su lema “Electricidad para el Progreso de México” siempre a la cabeza.
Pero con la llegada de los panistas al poder se crearon las condiciones para la entrega de esta empresa emblemática de los mexicanos a las empresas extranjeras, pensando quizá que eso sería benéfico para el país, o más precisamente para sus bolsillos con el argumento de que nuestro método de producción era obsoleto y dañino al planeta por lo contaminante que resulta el uso del combustóleo y el gas en la generación de electricidad.
Por eso bajo la simulación de que al gobierno mexicano le interesaba ingresar a la era de la producción de las llamadas energías limpias, mucho más baratas y sostenibles, le abrió las puertas a la española Iberdrola con las más amplias facilidades para instalarse en el país con sus grandes aldeas de ventiladores gigantes para aprovechar la fuerza del viento y un mercado creciente, con clientes privilegiados que recibían el servicio a bajo costo, pero no como parte de las ventajas en su producción, sino porque se le permitía utilizar “gratuitamente” las instalaciones de la red eléctrica de la CFE.
La historia de este fraude se conoció y popularizó porque fue uno de los temas al que se dedicó mucho tiempo en las conferencias mañaneras ilustrándolo con el caso de las tarifas que pagaban las tiendas Oxxo, con impuestos menores a los que paga cualquier consumidor de una casa popular.
A esa situación hizo referencia Manuel Bartlet, el director de la CFE en su informe del 11 de enero pasado cuando en la conferencia mañanera expuso que al principio del actual gobierno se tenía una proyección “fatalista” sobre el futuro de la CFE porque del 62 por ciento de la energía que se producía, siguiendo la tendencia observada, se calculaba que al término de este sexenio la participación de la CFE en la generación eléctrica llegaría a un “intrascendente” 16 por ciento. Eso fue lo que llevó a López Obrador a tomar la decisión de rescatar la empresa encomendando semejante tarea a un viejo y rudo lobo de mar criticado por la derecha y la izquierda, ya por acusársele de su inmensa riqueza inmobiliaria acumulada desde el poder y como operador del fraude electoral que se cometió contra el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 con la llamada “caída del sistema”.
Pero a pesar de esos antecedentes el hombre cumplió con la encomienda entregando resultados positivos y palpables de su gestión que se pueden observar a simple vista en las tarifas eléctricas que no crecieron más allá de la inflación, y en tareas descomunales como su participación en Acapulco para reparar lo que el huracán Otis destruyó, desplegando a miles de trabajadores que lograron el restablecimiento del servicio eléctrico en su totalidad en diez días, una hazaña que no tiene parangón a nivel mundial, lo que nos lleva a pensar que estará también a la altura para llevar el servicio telefónico y del internet a todo el territorio nacional en este año como ha sido la orden presidencial.
Cumplido el objetivo de rescatar a la CFE mediante la inyección de recursos “sin precedentes” en mantenimiento y construcción de centrales y redes eléctricas, se revirtió la tendencia para desaparecerla y a finales del presente sexenio alcanzará la meta de producción del 54 por ciento de la energía, dejando para la participación privada el 46 por ciento, de modo que se mantenga la rectoría del Estado en esa materia.
Dentro del marco normativo que pretendía la desaparición de CFE pero “con el apoyo de los trabajadores y el respaldo social del presidente” dice el director que hoy esta empresa está en posibilidad de llevar la energía a todo el país con el menor costo posible gracias al mantenimiento y construcción de centrales y redes eléctricas con 22 proyectos que producirán mil 500 mega wats en Puerto Peñasco más 8 mil mega watts que producen las 13 plantas de Iberdrola adquiridas por el gobierno de México.
Con las llamadas alianzas estratégicas la CFE contará con siete termoeléctricas, que generarán 3 mil mega watts, dos centrales en la península de Yucatán que producirán 331 mega watts en una zona tradicionalmente abandonada.
En síntesis, se revirtió la tendencia privatizadora, se fortaleció la empresa con ingresos que crecieron en 40 por ciento disminuyendo en 19 por ciento el monto de la deuda. Creció la producción de energía limpia y mejoró la calidad del servicio, se mantuvieron estables las tarifas y se garantiza el abasto de la demanda de todos sus clientes además de estar presente sirviendo a los proyectos emblemáticos como el Tren Maya, las sucursales del Banco de Bienestar y los parques industriales del tren interoceánico.

 

Un regalo de reyes

MMuy a propósito con la temporada del fin de año y el principio del nuevo, fue muy importante conocer la evaluación de la dirección de Petróleos Mexicanos sobre la situación de la empresa paraestatal más importante del país, nacionalizada hace 85 años para apoyar el desarrollo nacional por el camino de la independencia y autosuficiencia energética como lo previó el general revolucionario Lázaro Cárdenas.
En su exposición del jueves pasado, en la conferencia de prensa mañanera, el director de Pemex, ingeniero Octavio Romero Oropeza, presentó el “corte de caja” que confirmó que la política petrolera del actual régimen es la correcta para alcanzar los propósitos de desarrollo del país con independencia y autosuficiencia energética, a punto de caer en manos de la iniciativa privada, que hizo todo para que el régimen neoliberal la declarara en quiebra para justificar su venta.
Apenas a tiempo para rescatar Pemex poniendo como director a uno de sus hombres de mayor confianza, el presidente Andrés Manuel López Obrador enfrentó con éxito no solo la corrupción que se extendía en todo el organismo de la empresa, sino la campaña mediática que la denostaba por todos los medios argumentando que era tan grave su situación financiera que no había otro camino más que venderla, sin importar traicionar el pensamiento del general expropiador ni el sentido común de que no hay negocio más rentable que vender petróleo tratándose de un país petrolero.
Nadie olvida que toda la reforma energética de Enrique Peña Nieto aprobada en el congreso por la mayoría de los partidos, previa compra de sus diputados, dijo en su propaganda que para seguir con el negocio de vender petróleo había que realizar grandes inversiones que solo era posible hacerlas asociando a Pemex con inversionistas extranjeros pues el tesoro, como lo decía la propaganda oficial, se encontraba en aguas muy profundas. Con esa historia fue que se puso a remate todo el territorio del Golfo de México que se fraccionó sin que las famosas inversiones del extranjero llegaran.
Pero López Obrador descubrió que solo se trató de comprar lotes para especular sin realizar la mayor inversión, por eso su gobierno se dedicó a buscar y encontrar nuevos yacimientos en aguas someras del sureste que ya habían sido abandonados.
Los resultados que presentó el director sobre el manejo de la empresa confirman la eficacia que tiene la política de cero corrupción.
El ingeniero Octavio Romero Oropeza dijo en resumen respecto a la tarea gigantesca de recuperar Pemex que además del combate a la corrupción, con una inversión menor de la que esa empresa recibió durante los dos sexenios anteriores, duplicó la producción de combustible y redujo la deuda histórica acumulada, dos objetivos prioritarios en esa que es la industria estratégica más importante de las que tiene el país.
De acuerdo con la exposición, a finales del presente mes la refinación del petróleo en el país se triplicará con la producción de la planta Dos Bocas en Tabasco, programada para ese evento el 31 de enero del 2024 con 243 mil barriles diarios que impactarán positivamente el precio de los combustibles con los que mueve la vida nacional, destacando que en el período de Felipe Calderón invirtió en la empresa casi 700 mil millones de pesos sin que esa inversión se tradujera en mayor volumen de petróleo extraído y su producción diaria de petróleo cayó a 528 mil barriles, y las reservas a 1 mil 646 millones diarios que se vendieron a un precio promedio de 112 pesos. En ese sexenio ascendieron a mil 300 millones de dólares.
En el gobierno de Enrique Peña Nieto la inversión en la empresa fue de 670 mil millones de pesos para alcanzar una producción de 689 mil barriles diarios que se vendieron a un precio promedio de 79 dólares por barril, mientras las reservas se redujeron a 6 mil 858 millones barriles de petróleo, pero Pemex se endeudó en ese período con 48 mil 400 millones de dólares.
Comparados estos datos con los actuales, un año antes de que termine el sexenio de López Obrador, la inversión en Pemex ha sido de 574 mil millones de pesos y la producción se ha elevado a casi 2 millones (1.87 millones) de barriles diarios vendidos a un precio promedio de 69 dólares mientras las reservas aumentaron a 7.4 mil millones de barriles.Lo anterior significa que con López Obrador a pesar de que disminuyó la inversión aumentaron la producción y las reservas petroleras y gracias a esa política del actual gobierno los mexicanos dejamos de sufrir los gazolinazos y de haber seguido las mismas políticas diseñadas por la reforma energética de EPN, el gobierno actual calcula que estaríamos pagando a 35 pesos el litro de gasolina, mismo que repercutiría en un descontrol de precios siempre perjudicial para los consumidores.
Por eso no deja de ser un regalo para quienes votamos contra el neoliberalismo conocer esos resultados que parecen mágicos aunque no creamos en los Santos Reyes, pues se logró revertir el déficit en producción de gasolina obligados a importar al precio que fuere porque el combustible es básico para mover al país.
Para el segundo semestre del presente año las cifras encaminadas a la autosuficiencia energéticas serán como siguen: de los 900 mil barriles de combustible que se importaban para el consumo diario se estima que se reducirán a 62 mil porque la producción total aumentará a 1 millón 294 mil.
A todo eso hay que sumar el incremento que ha tenido en sus activos que comprenden, la refinería Olmeca de Tabasco, la Deer Park en Texas, dos coquisadoras que son plantas que enfrían el gas para poderlo exportar, una en Tula Hidalgo y otra en Salina Cruz, Oaxaca.
A esta infraestructura hay que agregas la adquisición de 2 mil 400 nuevas pipas para distribuir combustibles, y 10 nuevos equipos de perforación.
Actualmente en el mercado petrolero nacional Pemex controla el 84 por ciento del petróleo que se distribuye en el país donde ya hay otras marcas extranjeras con las que compite en el precio y al parecer algunas de ellas le compran a Pemex el combustible que venden.
El reporte que se conocer sobre las ventas de gasolina en las 77 terminales de Pemex en todo el país en el mes de diciembre pasado indica que se vendieron 1 millón 58 mil barriles diarios de gasolina, diesel y turbosina. Ese es el nivel de ventas que alcanza la producción de Pemex que da una idea también de su producción encaminada a satisfacer la demanda interna.
Como se ve, la venta de combustible refinado y del petróleo crudo seguirá siendo un negocio rentable que nos satisface y llena de orgullo porque el reporte hace poco énfasis en su eficiencia que se traduce en la reducción de sus costos, bajando de 12 dólares a 10 el costo por la extracción de cada barril de petróleo, es decir,34 pesos menos, lo que representa un incremento en las ganancias que medido en pesos, por cada millón de barriles vendidos la ganacia ha aumentado 34 millones diarios, que multiplicados por 365 días del año nada más con ese ahorro se gana 1.2 billones de pesos o las de 30 millones de dólares, un regalo de reyes para el pueblo de México.

 

Las tortillas

 

 

Las tortillas de masa de maíz que son el alimento básico de los mexicanos y parte principalísima de nuestra cultura culinaria han demeritado en su calidad a medida que su producción ingresó al nivel industrial.
Los molineros y dueños de esa cadena alimenticia que se desarrolló industrialmente en la década de los años sesenta del siglo pasado con el invento de las máquinas tortilladoras, en su afán de lucro la mayoría de esos negocios las fabrican y venden arteramente crudas para ganar en su peso y ahorrar en el consumo de gas y en el tiempo de cocimiento.
Como no hay una inspección de la autoridad sobre su calidad y contenido, y ninguna exigencia de los consumidores que cada vez se han malacostumbrado a esa pobre calidad del producto, todo parece indicar que esa industria evolucionará para mal en perjuicio de la propia alimentación y salud que ahora es un derecho constitucional, por eso mi intención y deseo de Año Nuevo es llamar la atención para que en lo posible volvamos al principio cuando en cada casa las familias elaboraban sus propias tortillas cuyo origen mesoamericano y prehispánico se ha extendido por el mundo como un aporte indiscutible de la cultura que traemos en nuestro ADN.
Desde luego que son muchas las dificultades para mejorar la calidad de ese alimento que nos identifica y alimenta por su contenido altamente nutritivo de vitaminas y minerales que nos dan salud y fortaleza, porque los molineros organizados nacionalmente actúan como un grupo de presión que opera esa industria estratégica con un poder que llega a rebasar al gobierno buscando siempre el beneficio de sus agremiados y no del mejoramiento de la calidad de su producto.
Atenidos a que controlan el producto de un bien de consumo básico cuya falta por un día pondría en la calle a miles de consumidores protestando, a menudo demandan y obtienen no solo subsidios para la importación del grano para vender las tortillas al precio controlado, sino que llegan a alterar y variar la materia prima con tal de bajar los costos aunque eso repercuta en demérito de la calidad de las tortillas, como es la práctica de mezclar la masa nixtamalizada con la harina de maíz cuya marca domina el mercado mundial y ha hecho multimillonario a Roberto González Barrera, El Maseco.
Con esa fuerza de presión los industriales de la masa y la tortilla imponen el precio del producto y se desentienden de la política que pudiera impulsar la producción de los más de 50 maíces criollos y del desarrollo del campo porque les conviene más la importación del maíz extranjero para aumentar su ganancia y no les importa que en los países de su procedencia se use como forrajero para engordar a los animales, como es el caso del grano amarillo cuyo olor y color son tan peculiares y se han vuelto el sello característico de las tortillas que consumen los habitantes de la Ciudad de México.
Mi constante protesta contra la mala calidad de las tortillas que se expenden en casi todas las tortillerías siempre le ha llamado la atención a mi mujer porque ella no ve las diferencias que yo señalo y las degusta calientitas, despachadas recién salidas de la máquina como a la mayorías de los chilangos, de manera que mi queja por su mal cocimiento ella la ve como una excentricidad de mi parte.
Pero mi exigencia por la calidad de las tortillas seguramente que tendrá el respaldo de miles de personas de mi generación que nacieron en el medio rural en los años cuando no se conocían las máquinas tortilladoras y en cada familia las mujeres se especializaban como la mano de obra exclusiva para su elaboración.
En aquellos años las tortillas para nuestro consumo se elaboraban con la masa de nuestro propio maíz cosechado con nuestras propias manos y cocidas con leña en los ya en desuso comales de barro.
Mi madre que enseñó a todas sus hijas la técnica depurada para la fabricación de una buena tortilla, las elaboraba con esmero como parte de la educación de mis hermanas que cuando alcanzaban la mayoría de edad era porque dominaban completamente el arte de la elaboración de una buena tortilla. La fabricación de las tortillas que nunca faltaban en la mesa de los campesinos recién salidas del comal era trabajo exclusivo de las mujeres del cual afortunadamente la mayoría se ha liberado no hace mucho tiempo, lo cual no obsta para que haya sido en demérito en la calidad de nuestro sagrado alimento.
Mi madre que acaba de cumplir la friolera de 98 años me platicaba para escribir este artículo los secretos para hacer una buena tortilla que comenzaba con la selección de las mazorcas, sobre todo en esta época cuando recién cosechadas los montones aún estaban en el patio esperando a ser seleccionada para guardarla en la troje.
El maíz blanco, criollo, era el que se destinaba para la masa de las tortillas por su sabor especial, aunque también consumíamos el maíz de color, amarillo, azul y colorado, pero como esos colores de maíz no abundaban en las siembras porque fácilmente pintaba los cultivos vecinos, la mayoría prefería el maíz blanco que era más dulce y carnoso. El maíz híbrido que ya desde entonces se sembraba, se destinaba a pagar las deudas porque su grano pesado.
Después de seleccionar la mazorca para poner el nixconcli, el maíz desgranado se cocía en una olla de barro cuyas dimensiones dependían de la cantidad de miembros de la familia a alimentar. Cuando hervía el agua le ponían la cal y luego el maíz.
Con el calor del agua de la olla mezclada con cal, el maíz alcanzaba un grado tal de cocimiento que facilitaba el desprendimiento de la cutícula o pellejo que cubre el grano.
La olla con el maíz calentándose en el agua de cal se alejaba de la lumbre y se dejaba en reposo toda la noche para que al otro día, muy temprano, casi amaneciendo se procediera a lavar el grano para quitarle la cal y el pellejo en un recipiente de barro con agujeros que lo facilita llamado tlalchiquihuite.
Lo siguiente, con el nixtamal limpio en la cantidad necesaria para la elaboración de las tortillas de ese día las mujeres lo llevaban en sus bandejas o cubetas hasta el molino donde formadas esperaban su turno.
Cuando mi madre venía del molino la mayor de mis hermanas ya había limpiado el brasero retirando la ceniza del día anterior y puesto la lumbre para calentar el comal que se limpiaba con agua de cal.
Amasaba la masa en el metate, previamente lavado, y cuando el molino no hacía bien el trabajo de remolerla, la repasaba mi mamá con el metlapil hasta dejarla manejable para proceder a aplaudirla en la mano o en la tortillera, hasta hacerla como círculo perfecto, más grande que su mano, para luego extenderla sobre el comal caliente y después, con unas dos volteadas, se esponjaban desde el centro hacia las orillas como señal de que estaban perfectamente cocidas.
Ese era el ritual de las comidas de todos los días, con la cachiquihuite en la mesa rebosante de tortillas calientes y bien cocidas, tan sabrosas que se antojaba comerlas solas o con unos granos de sal. Que el año nuevo sea amable con todxs.

La inauguración del Tren Maya

“Detengan su reloj y anoten esta fecha”, dijo emocionada en la inauguración del Tren Maya Maité Ramos Gómez directora general de Alstom, la empresa francesa responsable de la fabricación de los 34 carros para destacar como el portento de la llegada del hombre a la luna lo ocurrido en el sur-sureste con la obra emblemática de la 4T realizada en tan solo cinco años, para beneficio de los habitantes de la región y del resto del país.
La representante de la empresa que fabrica en Ciudad Sahagún los carros del metro de la Cdmx desde 1968, resaltó la importancia del proyecto porque fue un reto para todas las empresas cumplir con lo programado para que el 15 de diciembre se inauguraran las operaciones del llamado “jaguar rodante”, que en obras construidas es “lo mejor de México” y que será ejemplo para el resto del país y del mundo, dijo la funcionaria quien aseguró que las nuevas generaciones leerán en los libros de texto la importancia del proyecto y los retos que significó, porque en él se muestra lo avanzado del trabajo de los más de 4 mil mexicanos que laboran para esa empresa, que invirtieron más de 500 millones de horas en el portento de tren.
La primera etapa de la obra que completa tiene una longitud comparable con la distancia que hay de Lisboa a París, comprende 14 estaciones y 473 kilómetros que van de Campeche a Cancún en un tiempo de seis horas, 45 minutos menos que el autobús, ahora que por motivo del estreno su recorrido es lento, lo que poco a poco se reducirá a la mitad cuando alcance a desarrollar la velocidad de 160 kilómetros por hora.
La gobernadora de Campeche, Layda Sansores, una de las mujeres más sobresalientes en la defensa de la 4T dijo un discurso emotivo de agradecimiento al presidente de la República por haber concebido esa obra que cambiará para bien el futuro de la región. “Hagamos que suceda” dijo, y sucedió para que como en un acto de magia en cinco años llegara el tren, la obra más importante que se ha hecho en la historia del sur-sureste dijo Layda, por eso aseguró que “la fiesta es de nosotros, de todos los mexicanos que subimos contigo la montaña”, dirigiéndose a López Obrador, “y descubrimos que otro mundo es posible”, que más allá de la infamia había otro mundo, repitió frente al presidente.
“Campeche no esperó el tren con tantas ansias para verlo pasar, ¡nos vamos a subir! Explicando que si no lo hacen el proyecto se convertirá en un elefante blanco, por eso anunció que con el beneficio que tendrán con el nuevo y moderno medio de transporte, su estado volverá a ser el granero que en otro tiempo lo distinguió con la siembra de arroz, soya y maíz.
La gobernadora le agradeció al presidente su interés personal por la ejecución de esa obra y hasta recreó el momento en el que según ella le nació a López Obrador la idea del proyecto. “Lo tengo presente”, le dijo, “El 3 de diciembre del 2013 vino el infarto y a los 2 meses, el 28 de febrero estaba nuestro presidente en lo más alto de la pirámide de Calakmul (en la reserva de la biósfera) en una osadía que todavía me estremece” contó. “Allí te enamoraste de Calakmul y estoy segura que allí nació el sueño del tren”, comentó para el auditorio en la conferencia mañanera.
El “caballo de fuego” o “jaguar rodante” considerado desde su concepción como una obra estratégica para sacar del subdesarrollo a la región ampliando la derrama económica de los millones de turistas que hoy visitan Cancún a toda la península gracias al tren.
Los habitantes de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo beneficiados con el proyecto comenzarán a recibir los beneficios que les corresponden por su aporte al resto del país de sus recursos naturales, principalmente petroleros. Los millones de barriles de petróleo extraído de sus yacimientos más la parte del valor que tienen sus recursos naturales mega diversos junto a la riqueza arqueológica de la nación maya, una de las principales culturas mesoamericanas, famosa por sus sistemas de escritura, el uso numérico y del calendario, su arte y arquitectura sobresalientes.
La alegría del presidente Andrés Manuel López Obrador no era para menos al festejar el compromiso cumplido de las empresas constructoras responsables de esta primera etapa del tren que ha puesto como ejemplo ante el mundo el profesionalismo y la calidad constructiva al terminar en tiempo récord el proyecto planeado.
Los directivos de las empresas que cumplieron con su compromiso para la inauguración de la primera etapa exaltaron la entrega y profesionalismo de los casi cien mil trabajadores llegados de diferentes partes del país, pero también de la mano de obra local con la contratación de casi cien jóvenes egresados de escuelas técnicas profesionales del IPN, Conalep y distintas universidades, lo cual ha dado pie a nuevas carreras técnicas en ingeniería ferroviaria y técnicos en transporte ferroviario, jóvenes de entre 21 y 30 años que se harán cargo de las operaciones del tren cuya administración dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional estará a cargo del general Oscar Lozano Águila un hombre compenetrado del proyecto que también reconoció la valía de la mano de obra no calificada y calificada que participa del proyecto.
El Tren Maya es una obra que explica por sí misma la definición del humanismo mexicano que en lo económico establece la intervención del Estado para orientar a la economía en beneficio de la mayoría. Esa postura es la que contrasta con lo que sucede actualmente en Argentina donde el nuevo gobierno deja que las fuerzas del mercado, la oferta y la demanda, resuelvan el problema de la inflación frente a un proletariado inerme porque le han quitado de golpe todos los subsidios en el transporte, el agua la luz, etc.
En México el uso del poder y conocimiento de los militares para participar de la obra pública abatiendo sus costos y sirviendo al engrandecimiento del país a pocos se les habría ocurrido y forma parte ya de la doctrina mexicana para competir con los mejores constructores del mundo.
Pero si bien es cierto que el “jaguar rodante”, la construcción de la refinería Olmeca, el aeropuerto Felipe Ángeles, el tren transístmico de Salina Cruz Oaxaca y Coatazacoalco, son proyectos destinados a generar inversión y empleo, cabe la pregunta si no habrá otro modelo en la economía más avanzado que cree las condiciones para que cada persona tenga opción de ocuparse en el trabajo que le agrade y le cauce satisfacción para alcanzar la felicidad, garantizándole a cada quien un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades básicas y disponiendo del mayor tiempo para la convivencia familiar, lo que implica ir en contra del pensamiento estrecho que se satisface en la idea de que dotando de un puesto de trabajo a quien carece de empleo fuera el destino manifiesto. Como si la felicidad se redujera a tener un patrón, un horario que atender y un salario que gastar.

Leonsilvestre@ Hotmail.com

 

La demonización del mal

Se llama Esequiba como el nombre del río que le sirve de límite, y se trata de un territorio de 160 mil kilómetros cuadrados, al norte de América del Sur, casi dos veces y media la superficie del estado de Guerrero, rico en bosque tropical pero sobre todo en petróleo que actualmente explota la estadunidense y trasnacional Exxon Mobil.
El territorio de Esequibo pertenece a Venezuela, con el antecedente de que en los tribunales internacionales se habla de una serie de maniobras fraudulentas que comenzaron con la compra de dicho territorio por los ingleses a los Países Bajos a pesar de que estos nunca fueron dueños, pero mediante maniobras legales pudieron hacer válida la compra.
La impostura de Londres y Amsterdam quedó resuelta en 1966 con la aceptación de que dicho territorio estaba en litigio sujeto a negociación con Guyana, país que en ese mismo año se independizó de Inglaterra siguiendo la doctrina Monroe que se acuñó en 1895 bajo el postulado de que América era para los americanos y por tanto los europeos no tenían nada qué hacer en el continente.
Guyana, cuya capital es Georgetown, tiene casi un millón de habitantes con el problema de que la mayor parte de su territorio comprende Esequiba reputado como propio por Venezuela que la tiene ocupada militarmente, por eso apunta a un grave conflicto porque la Exxon Mobil que se siente protegida militarmente por el gobierno norteamericano ha pagado para que Guyana defienda Esequiba como suyo, aunque la renta petrolera que recibe de la trasnacional no se ha traducido en una mejoría en la calidad de vida de la población que de acuerdo con la información del Banco Mundial en el año 2017 el 31 por ciento de los guyanense vivía bajo el umbral de la pobreza.
El petróleo que tiene en el subsuelo el territorio de Esequiba es para los norteamericanos lo mismo que significó la enfermedad del oro para los españoles, por eso está provocando una escalada militar que comenzó el jueves pasado con operaciones de vuelo ordenadas por el Comando Sur de su ejército dentro de Guyana, lo que provocó la reacción del presidente de Venezuela Nicolás Maduro que la calificó como “infeliz provocación” porque no renunciará a la soberanía de ese territorio.
La petrolera trasnacional aunque paga una mísera renta a Guyana por la extracción del petróleo busca la protección militar de su país de origen porque teme perder dicha riqueza, prefiriendo un conflicto militar, antes que dejarse despojar de los veneros que son estratégicos para los norteamericanos cuyo gobierno no ha dejado de aspirar a quedarse con el mar de petróleo que explota Venezuela desde que su protegido, opositor del chavismo Juan Guaidó, perdió poder frente a Nicolás Maduro. Con el posible conflicto de Esequiba Joe Baiden está viendo la oportunidad de acceder a esa riqueza sin ningún escrúpulo.
Esequibo es el territorio que se localiza en el norte de América del Sur, entre Guyana, Venezuela y Brasil que pronto dará de qué hablar porque en ese lugar el diablo escrituró a los venezolanos los veneros de petróleo como lo dice Ramón López Velarde en su poema Suave Patria sobre la riqueza petrolera de nuestro país.
Así, antes de que termine el año 2023, si la política vuelve a perder, habrá en el mundo tres puntos de conflicto militar, Ucrania en el este de Europa, la franja de Gaza en el Cercano Oriente y la Guyana en el norte de América del Sur. Por eso resulta compatible la preocupación del presidente brasileño Inacio Lula da Silva quien se ha pronunciado a favor de una negociación para resolver el diferendo porque lo menos que se quiere es una guerra en esta región del mundo que se esmera en mejorar su entorno.
Sin embargo, está en contra del deseo brasileño el problema de la enorme deuda externa que tiene Estados Unidos que ya alcanza la cifra de 235 billones que para su sostenibilidad o manejo como le llaman los teóricos, la guerra es la vía más deseable para los duros de Washington que han visto en la venta de armas el medio para estabilizar su economía.
En este tema de hacer la guerra como mecanismo para la estabilidad, en Estados Unidos hay plena coincidencia entre republicanos y demócratas, por eso en los hechos el presidente Joe Biden comete la impudicia de seguir al trumpismo en su política exterior favoreciendo la guerra, aunque sin el ruidoso y rudo lenguaje del republicano.
Nadie se ha dedicado a medir el grado de dolor que las guerras han provocado en el mundo, ni tampoco si tantas muertes provocadas justifican los resultados que se buscan, pero lo cierto es que aún sin contestar esas preguntas, la mayoría sabe que hay un mecanismo de defensa para que quienes meten las manos en cada conflicto bélico puedan seguir su vida sin sentir remordimiento ni culpa por ello.
Y es que en las guerras no se da siempre el caso del actual conflicto de los judíos que sacrifican la vida de tantos palestinos después de hacerlos sufrir lo indecible quitándoles la comida, el agua, destruyéndoles sus casas, vejándolos, sometiéndolos al dolor y el miedo antes de masacrarlos a manos de sus soldados como castigo, en una acción de venganza inusitada y ajena a cualquier justificación moral, sino en cualquier guerra donde los autores intelectuales de las mismas nunca dan la cara para justificar sus acciones porque tienen la malicia de utilizar en el producto de la muerte el mismo sistema de producción de una fábrica donde el fin se logra mediante un proceso de cooperación entre los obreros de manera que nadie se reconoce como el autor final del producto como sucedía en las economías precapitalistas como el agricultor que levanta su cosecha o el herrero que fabrica un machete o una espada, un escudo o una lanza sintiéndose dueño y autor de lo producido.
En el capitalismo, en la industria militar ninguno de los obreros se siente el creador de la ametralladora o el tanque, ni se reconoce en un misil o un dron (para hablar con más propiedad tomando en cuenta las nuevas armas que el crimen organizado utiliza en la sierra), porque cada uno realiza una ínfima parte del arma que es el instrumento de la guerra.
Ese hecho que parece trivial pudo haber influido en el pensamiento de la filósofa y politóloga alemana Hanna Arendt sobre la “banalidad del mal”, definición con la que sostiene que cualquier persona normal puede realizar el “mal mayor”, desmontando así el criterio de la demonización del mal que sostiene que quienes cometen los grandes delitos y crímenes de la humanidad son gente extraordinaria, malvada y enferma a la que por ello se trata con cierta condescendencia, y no la común y corriente como lo señaló en el juicio contra el criminal nazi en Jerusalén Adolfo Eichmann, del que nacería poco después su libro Los orígenes del totalitarismo.
Esa es la inconsciencia de la guerra que no hay quien conozca y juzgue a sus autores intelectuales y solo se cuente a los muertos y se evaluen los daños materiales, pues quien mata en la guerra está justificado porque lo hace a cambio de su propia vida. Todo un contrasentido que nos debe llamar la atención para que ante cualquier conflicto capaz de generar una confrontación armada sea detenido como un mal perjudicial para toda la humanidad.

 

La vanguardia

 

Pues bien, al parecer los acapulqueños han pasado ya del tiempo del azoro y el miedo, del coraje y el enojo, a la reacción ante la realidad del desastre dejado por Otis, el huracán más poderoso de los que se conocen.
Resulta satisfactorio saber que cada vez son más sectores de la sociedad y las instituciones de cultura, colegios y universidades que ya discuten el contenido del nuevo concepto bajo el cual se levantará el puerto de Acapulco.
Destaco en este esfuerzo la iniciativa de la UAGro con la organización del foro Diálogos para la reconstrucción y/o construcción de un nuevo Acapulco donde se escuchó la opinión y propuestas de especialistas que ayudan a que se divulgue la situación real que vive el puerto y explique las razones del desastre junto con sus propuestas para la reconstrucción tomando en cuenta que cada vez serán más frecuentes y desastrosos los fenómenos naturales.
En ese foro fue muy importante la intervención de Octavio Klimek como especialista en medio ambiente por su larga experiencia como delegado federal de la Semarnat y académico connotado quien afirmó contundente que el desorden en la planeación urbana es lo que conviene a los inversionistas, pues todos sabemos que durante el régimen neoliberal, para favorecer la inversión se justificaba pasar por encima de la ley porque la doctrina del libre mercado sacraliza al capital facilitándole su establecimiento y reproducción sin pensar u ocuparse de las consecuencias del desorden en el crecimiento de las ciudades donde se despoja a los dueños de la tierra, no se respetan las áreas vulnerables ni los humedales con tal de favorecer a los llamados desarrolladores de viviendas y fraccionamientos que resultan un fraude alentado y permitido por las autoridades.
A Octavio Klímek le tocó vivir con nosotros en su papel como delegado de la Semarnat, la experiencia de la grave contaminación del agua en la bahía de Zihuatanejo, al despuntar el presente siglo, como resultado de una obra ilegal construida en la zona federal, que desvió las corrientes marinas y provocó la acumulación de sedimento de las aguas residuales de la ciudad frente a la dársena, generando una fetidez irrespirable en la ciudad. La dependencia en la que trabajó, responsable de la zona federal, se fingió ciega dejando que la inmobiliaria Punta del Mar, dueña del hotel Puerto Mío, sin ninguna autorización construyera un espigón de piedra para desviar las corrientes marinas y facilitar la construcción de una terminal de cruceros para acaparar ese negocio conocido como la Escalera naútica durante el gobierno de Vicente Fox, favoreciendo a los panistas que en el Fonatur tenían como titular a John MacCarthy.
En Zihuatanejo fue la sociedad civil organizada la que salvó a la bahía y al turismo de la voracidad del capital, poniendo en su lugar a los inversionistas corruptos y a las autoridades cómplices después de una larga lucha que duró ocho años.
Hasta donde pudo Octavio Klimek ayudó en la demanda social aún en contra de los lineamientos federales pero hoy, frente al caso de Acapulco, sin mayores ataduras podrá decir las verdades que se necesita conocer para evitar futuros desastres en el puerto porque, como lo dijo el especialista Roberto Carlos Almazán en el mismo foro, los huracanes son fenómenos naturales que se pueden predecir, y entonces prevenir.
Traigo a colación lo siguiente porque si bien en Zihuatanejo fueron las organizaciones no gubernamentales la vanguardia en el rescate de la bahía, involucrando a todos los sectores sociales y a la clase política en la causa común de preservar los recursos naturales, en Acapulco donde las organizaciones sociales son casi testimoniales, se extraña la presencia y actuación de la militancia de Morena cuya energía y vitalidad que mostró en la campaña electoral del 2018 para ganar las elecciones debería estar a la cabeza de los contingentes ocupados en levantar el puerto, como es el propósito confeso del líder máximo de su partido.
Pero algo extraño sucede que dicha organización política está como pasmada, acaso hecha exclusivamente para las lides electorales, porque no es solo Acapulco, sino también la capital Chilpancingo, ciudades gobernadas por dos mujeres que parecen abrumadas por la realidad que cada una enfrenta en soledad por la ausencia de su base partidista.
Se supone que la militancia de Morena está hecha de otra levadura, muy distinta de la que conformó al PRI o a los partidos tradicionales, manipulada y mediatizada par moverse al ritmo marcado por la casta como ahora la están poniendo de moda los seguidores de Miley para designar a la gente que se ha profesionalizado para vivir de la política.
Digo lo anterior porque ni siquiera en las redes sociales los morenistas tienen la presencia alcanzada en las elecciones, ya sea para resaltar y defender la gestión de sus gobernantes o de plano par criticarles cuando, cosa de humanos, cometen errores.
Han llegado al puerto de Acapulco 20 mil servidores de la Nación más otro tanto de las corporaciones militares así como cientos de brigadistas en las que destacan los trabajadores electricistas, pero la fuerza local de Morena nomás no aparece.
Por eso la crítica a esa conducta de la militancia del partido del gobierno que parece pasmada, por no decir desilusionada con sus gobiernos locales. Esa actitud no parece estar acorde con los tiempos democráticos que vivimos en donde la iniciativa de la crítica está en manos de la derecha, cuando pensábamos que en adelante nos acostumbraríamos a una convivencia distinta en el interior de los partidos, donde la crítica y la autocrítica fueran la fortaleza de su organicidad.
Se supone que en estos tiempos, en los que se requiere el ejemplo de los más entregados al cambio de régimen, en cada pueblo, cuadra y colonia, los morenistas deberían estar alentando y dirigiendo las acciones anunciadas por el gobierno federal y las dependencias que lo acompañan. Desde la orientación y organización de los vecinos para gestionar y recibir los apoyos disponibles, hasta para supervisar que los servicios públicos en rehabilitación beneficien a todos.
La autoconstrucción de las viviendas como lo ha propuesto el presidente López Obrador para levantar Acapulco provocó un alud de criticas de los conservadores que poco conocen sobre ese que ha sido el método tradicional de la construcción de las ciudades y los pueblos en el país.
Los fifís quienes han de pensar que las ciudades y sus edificaciones son producto de las máquinas y no del sudor y el esfuerzo de los peones y albañiles se burlaron de la propuesta ignorando que no hay otro puerto con más mano de obra abundante y calificada que la de Acapulco a la que se debe las grandes edificaciones desde la zona tradicional donde todavía se pueden ver las grandes y lujosas mansiones, hasta la Diamante con sus altas torres de carísimos departamentos.
La autoconstrucción forma parte de la cultura de los pueblos a tal grado que los dueños de las viviendas allí aprenden lo que es un desplante, la cimentación y construcción de paredes a plomo, para que no se caigan, y el reforzamiento con las zapatas en las esquinas par el soporte de todo el peso de la construcción y luego el colado de las traves y la loza, trabajos que se festejan con una comida por la obra terminada.
En Acapulco está todo a propósito para que los morenistas, el sector más avanzado y organizado de la sociedad sea la vanguardia en la reconstrucción.

La puntilla de Acapulco

Para el periodista Guillermo Osorno, en su artículo Réquiem por Acapulco publicado el 29 de octubre en El País, el huracán Otis parece ser la puntilla de lo que fue el puerto de Acapulco. Lo dice desde la experiencia que vivió a principios del año en su estancia temporal en el puerto, hospedado en el hotel Elcano que por las fotos que se conocieron después del paso del meteoro quedó “en sus huesos”, según su dicho.
El periodista dedicado al cine hace una descripción de la vida en el puerto hasta antes de la llegada del huracán, confrontada con su experiencia de niño en innumerables viajes que realizó acompañando a su padre. Sus recuerdos de aquel Acapulco de lujo y diversión sin par, cuando el icónico hotel Las Brisas figuraba como escenario de las películas de Hollywood y recibía solo a los ricos como huéspedes, y el hotel Elcano en la Costera destacaba por su calidad, con un servicio de primera, devino en un Acapulco “atravesado por la violencia y el miedo” casi sin vida nocturna y con sus instalaciones y servicios turísticos envejecidos y decadentes.
Para otros la decadencia llegó al puerto con la ostensible presencia del narcotráfico peleando a balazos la plaza y causando terror con sus matanzas durante el gobierno perredista de Félix Salgado Macedonio y luego diversificando sus actividades más allá del tradicional tráfico de drogas con el cobro de piso, el secuestro, la extorsión y su acceso a los giros negros, llegando a controlar la vida interna de los partidos a través del financiamiento de sus campañas electorales.
Todo lo anterior aderezado con la suma de los fenómenos naturales como los huracanes Paulina en octubre de 1997, Manuel en septiembre de 2013 más los temblores de 1985 y 2017, ambos de más de 7 grados de intensidad, hasta llegar al 25 de octubre del año 2023 cuando el huracán más tempestuoso en la historia mundial tocó tierra en el corazón de Acapulco.
En 1981 como se recuerda, los acapulqueños fueron víctimas de la acción más atroz concebida desde el gobierno figueroísta que se propuso el desalojo de miles de precaristas asentados en el anfiteatro del puerto, castigados como culpables de la contaminación de la bahía. Ese es el antecedente de Ciudad Renacimiento fundada al otro lado del cerro de Las Cruces sin que jamás halla hecho honor a su nombre.
La ciudad que concentra casi a la mitad de los guerrerenses, con el paso del Otis dejó al descubierto la más terrible desigualdad generada por el capitalismo salvaje y cuya permanencia por tantos años sin desembocar en una explosión social solo se explica por la enorme capacidad de resistencia de sus pobladores y una gran dosis de resignación que los anima a cuenta de la clase política que supo combinar la represión, la amenaza y ciertas concesiones como se llamó a la política de masas muy propia del priísmo.
Una de las fotos que circula en las redes sociales muestra la fila de niños pobres esperando su plato de comida de la que reparten los restauranteros solidarios. Para muchos de ellos será un recuerdo perdurable como parte de su experiencia que les dejó el huracán haber probado por una vez en su vida los alimentos preparados por un chef.
El desempleo propio del modelo de turismo excluyente, por ejemplo, atemperado por el empleo informal de la mayoría de la población ocupada que se ejerce en las áreas públicas para el comercio de todo lo imaginable, donde se han desarrollado, como en ningún otro lugar, las más sofisticadas redes de servicios para satisfacer los requerimientos más caros y extravagantes de los turistas, que tampoco es suficiente para mantener el caudal de visitantes que reclaman las nuevas generaciones para su acceso al empleo formal.
Yo recuerdo que antes de conocer el mar sabía de Acapulco por los regalos que una de mis tías nos llevaba en sus visitas a mi pueblo: pescado seco envuelto en papel de estraza, mangos manila y panameños, marañonas y dulces de coco cuyo sabor siempre nos despertaba el deseo de conocerlo, animó pronto a mi padre y mis tíos para irse a trabajar temporalmente porque en el puerto había mucha demanda de mano de obra.
A la edad de siete años por fin conocí el mar y sus encantos. En unas vacaciones de la escuela pude visitar a mi padre que trabajaba temporalmente de jardinero en la residencia que mi tía cuidaba en Mozimba. Su patrón era el maestro Carlos Chávez, el afamado músico mexicano que disfrutaba del clima y los placeres del puerto algunas semanas del año.
Me impresionó que su jardín fuera más grande que la parcela familiar que trabajábamos en el pueblo, y que para marcar los andadores y veredas, en vez de milpa se sembraran cientos de plantas de crotos que mi padre reproducía con injertos. Yo que le ayudaba en esas labores me extasiaba mirando los rehiletes que esparcían el agua para regar el jardín porque a veces se formaba un arcoíris, me imaginaba en otro mundo, totalmente ajeno a nosotros, solo para la gente blanca porque incluso alguna vez una niña que llegó de visita paseaba por el jardín junto a nosotros sin voltear a vernos, como si no existiéramos.
Sin embargo, cuando los patrones se ausentaban yo disfrutaba del espacio en entera libertad, y como ellos, me recostaba en las tardes en la explanada para disfrutar del espectáculo de la iluminación nocturna del puerto, con sus anuncios multicolores que daban la impresión de que caminaban. Todavía recuerdo los llamativos colores de los anuncios del Club de Yates, del hotel Majestic, el Hilton y el Boca Chica, el refresco Yoli y la Coca Cola en el llamado Acapulco tradicional.
La carretera que unió a la capital del país con el puerto y luego la construcción del aeropuerto internacional causaron tanto impacto para la llegada de turistas como lo hizo la Nao de China cubriendo la ruta de las Filipinas hasta Acapulco a lo largo de 250 años, desde la época de la Colonia hasta la guerra de Independencia.
Esa fue la relación comercial transfronteriza más antigua de nuestro país con el extranjero y por eso la justificada construcción de la carretera que unió al puerto de Acapulco con la capital del país que se hizo por etapas, desde la época porfirista hasta el gobierno del general Lázaro Cárdenas.
Pero Acapulco decayó desde que el jet set internacional dejó de vacacionar aquí y las grandes estrellas de Hollywood cambiaron sus gustos o la moda.
Acapulco dejó de ser atractivo para el turismo internacional porque no se renovó para atender las nuevas corrientes mundiales. Su decadencia se hizo inevitable a pesar de que se transformó en opción para los capitalinos cuando se acortó el tiempo de traslado por la moderna Autopista del Sol.
Pero ese cambio que vivió el puerto trajo como novedad al crimen organizado que impuso sus reglas a la vida social y a los negocios establecidos.
El tráfico de estupefacientes, de personas y de placeres caros y clandestinos junto con la violencia que trae aparejada, crearon un ambiente de violencia casi irrespirable porque la clase política se hizo cómplice de ese poder ilegal y se dejó coptar para mantenerse en el poder disfrutando de los privilegios aunque convertida en sirvienta del crimen.
Acapulco convertido en rehén del crimen organizado dejó de ser una ciudad como opción de desarrollo, el huracán Otis fue la puntilla, pero sus vientos huracanados crearon las condiciones para resurgir y ese es el mayor reto para el gobierno de la 4T, que a raíz de la crisis y el desastre vaya más allá de la entrega de dinero y enseres para que pueda convertir al nuevo Acapulco en la sociedad del futuro, democrática, incluyente, igualitaria y progresista.

 

 

La costa, desolada como Acapulco

 

Si se mira de cerca es posible describir los estragos dejados por el huracán Otis en la costa guerrerense a lo largo de unos cien kilómetros, desde Acapulco Diamante hasta San Nicolás en el municipio de Coyuca.
En un viaje relámpago desde Chilpancingo al puerto de Zihuatanejo pudimos observar la ferocidad del viento huracanado desde la cercanía con la caseta de la Venta donde la autopista se estrecha con señalamientos para dar lugar a las maniobras que brigadas de trabajadores con maquinaria pesada y camiones de volteo realizan para retirar el lodo, los árboles y las piedras que invadieron en deslave la carretera.
Todo el camino está transitable gracias al trabajo de las brigadas en las que destaca el de los electricistas y peones que reparan los socavones que a cada tramo dejó el violento desahogo de la lluvia torrencial que trajo el huracán, bajando por las hondonadas con un violento caudal que arrastró de los cerros pesado material sólido chocando con la estructura de la carretera.
El espectáculo que se puede mirar por el camino hasta Coyuca es desolador y ayuda a dimensionar el miedo que sufrieron los habitantes de Acapulco y sus vecinos aquella madrugada del 25 de octubre.
Puede parecer increíble pero son muchos los frondosos y gigantes árboles de parota que yacen inertes arrancados desde su raíz por esa fuerza descomunal del viento categoría cinco que, sin embargo, en Acapulco respetó casi todas las estructuras de concreto. Todavía se ven los hilos de agua limpia bajando por los desnudos lechos de las barrancas que bajan de los cerros.
Los techos de lámina de zinc que se hicieron moda por lo baratos para aminorar el calor del sol en casi todas las casas, volaron ligeros como los tendidos de papel de china ante un ventarrón. Las piezas de lámina quedaron hechas añicos y retorcidas como las hojas de papel que uno empuña, inservibles para reusar pero peligrosas para su manejo por el filo cortante del metal enterrado en el fango.
El huracán tempestuoso nos obligará a modificar aquel dicho sobre lo dúctil de las palmeras que se doblan pero no se quiebran por fuertes que sean los vientos, pues en contra de ese dicho se ven muchas que Otis arrancó de raíz a pesar del abigarrado, profundo y extenso entramado de sus raíces.
Hay huertas de cocotero con casi todas sus palmeras desmelenadas y tallos torcidos y doblados anunciando una escasez de cocos y su aumento de precio del agua fresca y sus dulces.
Abundan los charcos y las lagunas temporales en las partes más bajas del terreno, muchas de ellas como basureros con el agua verdosa que amenaza en convertirse en criadero de zancudos.
El paisaje costero está de luto y silencioso con sus árboles estragados y el sol calcinante. La gente escasea en las pequeñas poblaciones como si la hubieran expulsado de repente y en el campo se extraña la ausencia de animales que hacen pensar en que se remontaron por el susto.
Es raro pero como dice la gente, el huracán afectó igual a pobres y ricos, los primeros por sus paredes hechas de cartón y materiales de desecho, a la medida de su economía, a los segundos por la tabla roca y los plafones de cascarón que les vendieron los constructores sin escrúpulos.
En Coyuca de Benitez sólo la estatua de doña Faustina saludando a los viajeros se mantiene incólume a pesar de que frente a ella un techo de la gasolinera nueva se encuentra en el suelo y que en los pueblos las casas se quedaron abandonadas, sin gente que las habite porque ya no tienen paredes ni techos, ni animales domésticos.
Un aire raro respiramos a nuestro regreso en esta parte de la costa. En todo el tramo que va del retén militar de Bajos del Ejido a Pie de la Cuesta, el Pedregoso, Cerrito Rico parece un campo bombardeado. De por sí saturado todo el tiempo, ahora es un lodazal con los techos de casi todas las bodegas levantados y destruidos. El humo de la basura incinerada inunda todo el ambiente, pero los grupos de gente reunida en cualquier sombra que encuentran parecen ajenos a la fetidez.
Ya un comedor del Ejército ha terminado de servir el almuerzo y el personal descansa en su campamento cerca de la gasolinera. Más adelante son muchachas como de secundaria las que descalzas y entre el polvo parecen estar a la caza de algo, quizá de la ayuda que llega de manera esporádica. En otro lado son hombres jóvenes los que también están reunidos.
De ida vimos en El Conchero una larga fila de sombrillas coloridas de gente mayoritariamente mujeres recibiendo sus cajas de despensa en el rayo del Sol y a bordo de la carretera donde los tráilers fletados bajan su carga con el apoyo de los militares.
Más adelante una niña de unos 12 años nos hace señas desde la puerta de su casa pidiéndonos agua. La gente demanda pañales y agua embotellada, pero también dinero. Hay un mar de familias pidiendo “lo que sea su voluntad” a los viajeros.
Una de mis sobrinas por la que pensábamos pasar al puerto de Acapulco vive en el fraccionamiento Hornos, por cierto la calle se llama Mogote para denotar que su casa está en un terreno elevado, muy agradable en tiempos normales porque recibe el viento fresco que viene del mar, pero el peor para defenderse de un huracán.
Mi sobrina hasta después de 15 días pudo contar su experiencia con ecuanimidad de lo que vivió aquella noche con su hija y su marido refugiados en la parte que consideraron más segura de la casa, después de que miraron cómo voló una de las ventanas desprendida por el viento.
Vanesa nos contó que parecía que todo el viento del huracán se había metido a su casa para causar miedo y estragos porque después de desprender la ventana, con gran estruendo el viento tiró la puerta de fierro y después una y luego otra pared que los dejó inermes. Por fortuna dice que ambas paredes cayeron hacia la calle y no sobre ellos, aunque al otro día, ya con la luz del amanecer se dieron cuenta de que sus vehículos estaban aplastados.
Cuando pasó todo apenas sí pudieron creer que habían sobrevivido porque se quedaron prácticamente sin casa y con sus vehículos aplastados y la calle cerrada.
Nada supimos de Vanesa hasta dos días después del huracán. A través de su hermano que vive fuera del país nos enteramos que estaban bien, que tenían agua y comida, pero le urgía una lámpara porque en las noches vivían en tinieblas y con el temor de estar inermes con tanta inseguridad.
Cuando le ofrecimos ir por ella lo agradeció y creo que le sirvió mucho para su salud mental saber que había familiares pendientes y preocupados por ella, por eso buscamos tener una relación fluida con ella.
Mi familia había elaborado toda una estrategia para rescatarla pero decidió quedarse al cuidado de sus cosas.
Después de 20 días mi sobrina no sabe lo que hará, y aunque cuenta con ayuda de dinero dice que espera que la vida se normalice en el puerto para reiniciar su negocio de comida para banquetes, y seguro hay muchos paisanos que piensan como ella, que es cuestión de tiempo para que todo vuelva a su cauce, lástima que ni el optimismo pueda ayudar a que eso sea pronto.

Se perdió más que en Nuxco

No solo es una ocurrencia de los conservadores preguntarse si valía la pena rescatar Acapulco, sino un verdadero despropósito que trata de ocultar la responsabilidad de la burguesía en la creación de un modelo turístico que concentró en un mismo espacio lo más moderno y sofisticado de los servicios para el placer de los ricos y privilegiados del mundo frente a cientos de miles de guerrerenses atraídos por el espejismo de las oportunidades de empleo que viven en las peores condiciones de pobreza.
Era mejor preguntarse las razones de que a mayor número de ricos vacacionando más pobreza se acumulaba convirtiendo a 7 de cada 10 habitantes en pobreza y extrema como lo afirma el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
El Acapulco que los vientos huracanados de Otis se llevó fue el modelo más claro de la desigualdad que solo el capitalismo es capaz de crear. Una tercera parte de la población carece de agua entubada mientras los grandes hoteles la acaparan para sus albercas. El 7 por ciento de las familias viven en piso de tierra y en el 16 por ciento no saben lo que significa cocinar con gas porque siguen usando leña y el complemento de la miseria es que más de la mitad de la población no tiene acceso a los servicios públicos de salud.
Esas son las condiciones que los guerrerenses ya no queremos que reaparezcan en Acapulco con la reconstrucción, que las ventajas de haber centralizado el Fonden para evitar el desvío de sus recursos como antes hacían los gobernadores, se muestren en el apoyo sin límites del gobierno federal para Acapulco; que así como se han ahorrado 50 mil millones de pesos anuales con la compra consolidada de los medicamentos de los gobiernos estatales y el federal, se vean fluir los recursos sin límite para la reconstrucción pero sin repetir la desigualdad social.
Para los guerrerenses pensar y trabajar por un nuevo Acapulco significa estar en posibilidad de que en su reconstrucción se haga por fin justicia a más de la mitad de los habitantes del estado que llegaron a este lugar para mejorar su nivel de vida y terminaron convertidos en sirvientes como consecuencia del capitalismo más salvaje y deshumanizado que ahora requiere de la inversión de miles de millones de pesos para su recuperación porque los daños son solo equiparables a los que sufren los pobladores de la Franja de Gaza en el cercano oriente ante el bombardeo a manos de un gobierno racista y genocida como es el de Israel.
Para los partidarios del Estado judío que dicen jubilosos que si no existiera Israel habría que inventarlo porque es el guardián de los estadunidenses encargado de cuidar los recursos energéticos de aquella región de la que también se creen dueños entrenados en el despojo. Con esos pensamientos puede ser común y corriente para ellos discutir la conveniencia de desalojar o abandonar a cientos de miles de habitantes si eso significa defender sus intereses estratégicos, pero dicha pregunta para el caso de Acapulco no puede caber en la cabeza de las personas cuerdas y progresistas que saben el sufrimiento que implica para los habitantes de una ciudad el desplazamiento cuando se hace obligado, debiendo dejar en el territorio habitado los bienes materiales y las querencias que han acumulado.
Por fortuna para los acapulqueños y de todos los que por una u otra cosa tenemos un recuerdo de Acapulco, hay un gobierno atento a las necesidades de los mexicanos que ante la tragedia llegó en auxilio de los damnificados el mismo día de lo ocurrido, sin perder tiempo como los conservadores en discutir esa obviedad que es la reconstrucción del puerto.
Eso no pasó, por ejemplo, con el huracán Tara que provocó la creciente del río que se llevó la población de Nuxco, un pueblo costero perteneciente al municipio de Técpan de Galeana, en la Costa Grande de Guerrero.
El arroyo insignificante que en tiempo de secas es un hilo de agua consumido en la arena caliente antes de llegar al mar, creció como jamás nadie se imaginó por la cantidad de agua que trajo el huracán y que se precipitó en esa zona.
La gente del pueblo que no creyó en que el río se desbordaría, buscó refugio, cuando ya era tarde, en las pocas casas construidas con material industrializado que la creciente tampoco respetó.
Muchos nuxqueños murieron ahogados por la crecida del río aquella noche oscura y lluviosa de noviembre de 1961, y los pocos que se salvaron, atorados en algún árbol o palmera, sobrevivieron sin ayuda oficial.
De los daños de aquel huracán contra los habitantes de Nuxco se acuñó en la Costa la frase aquella de que “más se perdió en Nuxco” con la cual se recuerda a quienes sufrieron una gran pérdida para su consuelo, pero después de lo sucedido el 25 de octubre ante el paso del huracán Otis, justo es decir que en Acapulco se perdió más que en Nuxco.
Pero por fortuna para este último caso su desenvolvimiento es diferente al de Nuxco porque gracias a la mayoría de diputados que tiene el gobierno federal en el Congreso, la semana pasada se aprobó el presupuesto que el presidente propuso para que se cumpla con el plan de recuperación para que en plazo breve el puerto vuelva a estar de pie como lo requieren las 250 mil familias que ya han sido censadas para reponerles el valor de sus pérdidas porque en este gobierno primero se atiende a los pobres.
En mi artículo anterior anoté que después de que el viento huracanado dejó todo el puerto para volver a empezar, los guerrerenses debemos aspirar a que de los escombros renazca un solo Acapulco, y no dos como los que conocimos. Para menguar la desigualdad que ha sido una de las características del puerto deben crearse las condiciones para que todos sus habitantes tengan acceso a los servicios públicos y al disfrute de las bellezas naturales, del sol, el mar y la arena como lo hacen los visitantes nacionales y extranjeros, para lo cual se deben abrir y respetar los accesos públicos a las playas y dotarlas de la infraestructura básica con baños y vestidores, regaderas y mobiliario, así como la vigilancia y la seguridad de las personas y sus bienes.
Para suprimir el Acapulco de los pobres se debe dotar a todas las colonias de la infraestructura de una ciudad, con la apertura y pavimentación de calles, drenaje y alcantarillado, servicio de agua potable, alumbrado y transporte público, escuelas, centros de salud y vigilancia para la seguridad de los habitantes.
La nueva premisa debe ser que en el nuevo Acapulco desaparezca la exclusividad de las playas y el predominio de la clase pudiente en el uso y disfrute de los espacios de uso común y de los servicios.
Sus habitantes deberán hacer del nuevo Acapulco una ciudad que cuide y preserve sus recursos naturales por el valor intrínseco que tienen y porque forman parte de los activos para la competitividad y una mejor calidad de vida.
En ese propósito se deben reponer en las playas las barreras de mangles desaparecidos por la voracidad de los inversionistas privados en complicidad con las autoridades corrompidas. Esos árboles dúctiles y poderosos que filtran el agua salada son un milagro.
La siembra de árboles y plantas que adornen y refresquen mejorando el ambiente de la ciudad debe ser una prioridad a la que se aboquen los acapulqueños como una manera de sentir y hacer suya la ciudad.
 

Por un nuevo Acapulco

Si los acapulqueños superan el miedo y el luto por la pérdida de vidas humanas ocasionados por el huracán Otis y reúnen el suficiente coraje para levantarse y comenzar de nuevo, bien vale la pena pensar que la reconstrucción comprometida por el gobierno federal sea para levantar un nuevo Acapulco con una obra tan grande y emblemática para el país como el AIFA, la refinería Olmeca y el Tren Maya.
Es eso y no menos lo que merecen los porteños como guerrerenses que han dado su aporte humano y material para hacer posibles los cambios revolucionarios que levantaron a este gran país.
Rebasado ya el primer momento de miedo y angustia agravados por la campaña mediática de los poderes fácticos que todavía dominan en el país alarmando a través de sus medios de comunicación con una supuesta ausencia y desatención oficial para prevenir a la población sobre los riesgos del huracán como si los acapulqueños no tuvieran experiencia bastante para enfrentar esa contingencia, como lo prueba el hecho de que todos, exceptuando a los que debían trabajar, como fue el caso de los capitanes de las embarcaciones que perecieron, estaban recogidos en sus casas.
En el caso del saqueo que se dio de las tiendas y negocios que los medios de comunicación magnificaron y quisieron hacer ver como la falta de orden y vigilancia, siempre justificado como parte de los desastres, por el afán natural de quienes lo han perdido todo y buscan algo qué llevar a sus familias, los acapulqueños acostumbrados a sobreponerse al mal tiempo, siempre confiaron y se atuvieron al apoyo que vendría del gobierno federal que llegó en medio de la devastación, con cientos de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad que se hicieron cargo de levantar las redes eléctricas para que en un tiempo récord volviera la luz, lo mismo que los cientos de soldados responsables de retirar los escombros de las vialidades para que pudieran llegar el agua envasada y la comida, la atención médica y la seguridad a cargo del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.
Ahora Acapulco está como anillo al dedo para que se levante sobre sus escombros como la ciudad modelo que naturalmente podrá erguirse si se atiende primero a los pobres. Para ello serán los más de 60 mil millones de pesos que Andrés Manuel López Obrador anunció como techo financiero que se podría ampliar en todo lo que se requiera porque eso y más merecen los acapulqueños.
La obra de levantar Acapulco debe llenar el vacío que dejó la fuerza devastadora del viento que penetró en todos los rincones de casas, negocios y hoteles arrastrando todo a su paso, como lo han narrado muchos sobrevivientes de la tragedia, para dar paso a una nueva realidad en la que no se repitan los defectos del puerto.
Para ello debemos tomar en cuenta que se trata de habitantes especiales porque han pasado por una experiencia que los obliga a ser mejores, conscientes de que han vuelto a vivir. El huracán es la oportunidad que nos dio la naturaleza para terminar con esa enorme contradicción de Acapulco donde vacacionan las personas más ricas del mundo disfrutando de los más modernos y caros servicios turísticos, rodeados de más de la mitad de la población pobre que vive no muy lejos de la Costera, en un ambiente insalubre, con casuchas construidas con desperdicios industriales, en colonias sin nombre, sin calles ni alumbrado, mucho menos servicio de transporte, escuelas y vigilancia. porque así viven las familias de los trabajadores que ganan salarios de hambre dependiendo de sindicatos charros coludidos con patrones inescrupulosos.
Necesitamos un nuevo Acapulco con oportunidades para las 250 mil familias que lo habitan, construido bajo los principios filosóficos de la 4T. Primero los pobres, como ha sido el lema que guía a la sociedad que aspiramos, hasta que la igualdad de la mayoría sea una realidad, entendida como la concreción del derecho al trabajo y a un ingreso remunerador, casa, comida, salud, deportes, recreación y educación para todos los acapulqueños.
Que todos los habitantes del puerto, por el solo hecho de vivir en él, tengan el mismo derecho de los turistas para disfrutar de las bellezas naturales como la playa y el mar, comenzando por desaparecer la exclusividad de las playas privadas abriendo y respetando los accesos públicos con la infraestructura gratuita para todos.
Está bien que se levanten y rehabiliten como prioridad todos los servicios públicos del puerto, la luz eléctrica para que funcione el ventilador y el refrigerador en las casas alumbradas, que haya agua en todas las colonias y los servicios de recolección de basura, drenaje, alcantarillado, la pavimentación junto con el alumbrado público que ayuden a dar seguridad.
El plan para levantar y reconstruir Acapulco, aparte de garantizar los recursos para pagar a todos los beneficiarios de los programas de bienestar, debe ampliarse a todos los pobres del puerto, pero también para que opere eficazmente el servicio de seguridad para todos, con la coordinación de los organismos que tienen ese objetivo desde el orden federal, el estatal y el municipal, para desterrar al crimen organizado a fin de que la paz pública y la seguridad sean un sello del puerto que lo haga más atractivo que el que conocimos.
Que Acapulco sea un hermoso jardín con árboles y plantas que producen los sembradores de vida para que en todas sus calles se tenga sombra y se mejore el ambiente para combatir el calor, contener los vientos y ayudar contra el cambio climático.
Que lo característico del puerto ya no sea el tráfico ilegal de drogas y de personas, que se opte por ensayar su legalización para restarle poder a las mafias que hacen negocio con los adictos y la prostitución.
Claro que nada de eso es fácil pero con la fuerza y el coraje de los acapulqueños todo eso se puede lograr. Uno de los aportes para ese modelo nuevo de sociedad se quiso ensayar en la ciudad de Morelia durante el gobierno de Lázaro Cárdenas Batel con una propuesta del finado Arturo Guevara Niebla, director del Centro Nacional de Desarrollo Social, que básicamente consiste en incorporar a toda la fuerza social que ya ahora lo hace, en defensa de los derechos humanos, el feminismo, contra el feminicidio, en defensa de los animales, contra el cambio climático, por el abasto y la comercializaciónjusta, la seguridad pública, la producción orgánica, etc.
Desde las comisarías y directivas de colonias se trata de impulsar consejos temáticos formados con los dirigentes territoriales de acuerdo con la experiencia e interés de cada quien, creando una extensa red de participantes donde no faltan los beneficiarios de cada uno de los programas sociales. Así se levantará una fuerza de cientos de miles de personas que en un esfuerzo coordinado atenderá con eficacia las prioridades que el gobierno municipal establezca para la prevención de desastres, la salud y la educación, el deporte, la seguridad pública, etc.
Si ideas y deseos de levantar Acapulco no faltan, ¿por qué habrían de escasear propuestas para que sea un nuevo Acapulco?