Pandora fue la primera mujer creada por los dioses griegos, como castigo a la humanidad por el robo del fuego que hizo Prometeo. El dios Zeus le entregó a ella un recipiente que contenía todos los males del mundo, con la instrucción de no abrirlo jamás; pero la curiosidad la llevó a abrir la caja, liberando así enfermedades, guerras, pobreza, dolor y otros males que se dispersaron entre los mortales.
Lo que ocurre en Chilapa y la Montaña baja ha mostrado lo que los gobiernos no querían recocer, así como también la sociedad ya lo tenía normalizado. Pero no es el caso solo para Guerrero, ocurre en muchas regiones del país; qué bueno que ahora las noticias, las historias, las realidades también se han abierto para que sean de conocimiento mundial y para que los gobiernos reconozcan y construyan acciones viables para traer a la normalidad un plano de coordenadas donde los ejes sean organización y desarrollo.
En Guerrero, desde finales de los 70s, se vinieron estableciendo grupos de personas cuyo accionar tenía que ver con la siembra, procesamiento y comercialización de mariguana y goma de opio; en la parte alta de la sierra fueron logrando el control de la siembra; ellos eran quienes imponían los precios, controlaban los territorios y la vigilancia permanente para su trasiego. La labor de estos grupos comenzó a destruir el tejido social en las comunidades rurales y por tanto los procesos organizativos regionales que se habían venido impulsando.
Durante los últimos años, ampliaron sus “negocios” hacia el contrabando de armas y a la importación de cocaína, misma que distribuyen en las ciudades que para ellos son “sus plazas”, las cuales defienden a sangre y fuego. Con ello, han logrado el control absoluto de “su territorio”. Desde siempre, se preocuparon por tener como aliados tanto a personeros del gobierno, mediante mecanismos de corrupción. A todo esto, es lo que los académicos denominan “gobernanza criminal”.
En el caso de los gobiernos municipales, estos grupos se habían dedicado solo a financiar las campañas políticas y con ello garantizar una “buena relación”. Posteriormente pasaron a controlar las tesorerías y las comandancias de policía. Recientemente comenzaron a tomar decisiones para que “su propia gente” quede en los cargos de elección; a partir de ello, ahora controlan los presupuestos y disponen de empresas fantasmas para que ejecuten obra pública que en realidad realizan a medias o no las realizan; con ello, mataron la demanda de transparencia por parte de la ciudadanía. Lo más reciente ahora, es el control de la venta impositiva de los productos de primera necesidad; todo esto está documentado en los medios y los gobernantes lo saben.
Y por si fuera poco, al fin que “en Guerrero todo se puede”, cualquiera puede incendiar el bosque para diversos fines, talar a mata rasa todos los árboles, intoxicar los ríos, bloquear carreteras, decomisar camionetas de gobierno y hasta operar los blindados “rinos” para abrir puertas del Palacio y el Congreso local. Ya ni en el país de Talibania ocurre esto.
Soy miembro de colectivos que impulsan la verdadera transformación de nuestro país, desde finales de los 70s hemos participado en diversos procesos organizativos a nivel regional, estatal, nacional e internacional; conocemos también los procesos que se han dado en diversos países latinoamericanos.
Con base en ello, podemos afirmar que los gobiernos se han convertido en entes “para sí”. Se van alejando cada vez más de la sociedad, cogobernar con la sociedad es para ellos un sinónimo de autodestrucción; se nota también que cada vez más dejan de incidir en el desarrollo, los presupuestos se recortan y se dejan algunos apoyos que en realidad solo sirven para mantener tranquila a la gente, a la vez que se mata su iniciativa para organizarse. Y su principal móvil reside en cómo preparase para no perder la siguiente elección así como subsistir en el concierto de las naciones: intervencionismo de Estados Unidos, cobro de aranceles, chantajes legales, amenazas de invasión, etc.
A ello se suma el histórico abandono que padecen las comunidades indígenas de la Montaña de Guerrero, donde la pobreza, la falta de oportunidades y la ausencia institucional han permitido el fortalecimiento de estructuras armadas y economías ilegales que vinieron a llenar ese vacío.
Como ocurre en las 14 “regiones socioeconómicas” del estado, la región de Montala Baja enfrenta desde hace años una disputa territorial marcada por la presencia de grupos armados, policías comunitarias de origen y objetivos diversos, y organizaciones sociales, en una zona estratégica donde convergen intereses relacionados con la siembra de amapola, rutas de trasiego y recursos minerales. Y se han instituido en realidad en el primer orden de gobierno.
Apelando a la definición de Estado fallido, la región es muy ilustrativa e involucra a todo el estado de Guerrero: Un Estado que no tiene la capacidad de velar por sus ciudadanos, una de las principales razones como gobierno. Su fracaso social, político, y económico; su gobernabilidad nula o ineficaz, que no tiene control sobre vastas regiones de su territorio, que no provee de servicios básicos, que no puede hacer cumplir la ley, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica. Por ello, los guerrerenses tenemos que reflexionar bien sobre el futuro gobierno que necesitamos.
Para empezar a revertir esta caótica situación, es fundamental impulsar, de entrada, las siguientes acciones:
1. Hacer que los ayuntamientos cumplan con la Ley (de Transparencia, de Planeación, de Coordinación Fiscal, del municipio Libre, entre otras), y establezcan las estructuras de participación ciudadana, tales como el Coplademun, los Consejos Consultivos de Comisariados, Comisarios municipales y delegados de colonia; así como los Consejos Municipales de Desarrollo Rural, de Seguridad Pública y Consejos de Cuenca.
2. Que el presupuesto anual a los municipios se haga público a toda la población; y que la fórmula que se usa para otorgar los montos a cada municipio, se haga extensiva a cada comunidad, de tal suerte que cada una sepa lo que le corresponde y vigile su aplicación.
3. Que las decisiones de gastos sean todas validadas por el cabildo y fiscalizadas por la Secretaría Anticorrupción, Auditoría Federal y Estatal.
4. Instalar en cada comunidad el Consejo de Desarrollo Comunitario (CDC) como una instancia de coordinación y gestión conjunta de autoridades locales, representantes de grupos sociales y comités sectoriales, reconocidos en la comunidad. Dando paso al ejercicio del cuarto Orden de Gobierno (gobierno comunitario) para empoderar a las comunidades en las acciones de su propio desarrollo.
5. Que se impulse la organización cooperativa en las comunidades como base central del tejido social.
Con estas acciones, que pueden implementarse de inmediato y no implican presupuesto adicional, será posible comenzar a rescatar la gobernabilidad y construir una nueva gobernanza desde las comunidades.
El final del mito griego dice que en la caja de Pandora solo quedó la esperanza, simbolizando la posibilidad de consuelo y resiliencia frente a las adversidades.
* Asesor de la Coordinadora de Comisariados de Guerrero.
