Hoy es moda hablar de pobreza, y más aún, hablar de disminución de la pobreza. En el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 se señala que “según el Banco Mundial, más de 9.5 millones de mexicanos superaron la condición de pobreza, entre 2018 y 2024”. Sin embargo, ese dato era en realidad una estimación, una inferencia estadística, un producto rutinario que da cuenta del panorama general del país; se anunció como preludio del reporte oficial que estaba por salir, basado en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2024, en donde se precisa que 13.4 millones de personas han salido de la pobreza multidimensional en México entre 2018 y 2024.
La ENIGH 2024 es un levantamiento estadístico que el Inegi realizó para conocer cómo obtienen y en qué gastan sus recursos los hogares mexicanos, así como sus condiciones de vida. La encuesta se aplicó a una muestra de 105 mil 718 viviendas (2.7 por ciento) de un total de 38 millones 830 mil 230 hogares en México.
El Inegi sustituyó la función del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), que se encargaba de medir la pobreza con base en parámetros económicos y sociales; tenía también la función de evaluar las políticas y programas del gobierno para saber si el dinero público servía para garantizar derechos sociales como la salud, la educación, el trabajo, la alimentación, la vivienda, entre otros. Realizaba evaluaciones e informes de los programas públicos que respondían a preguntas como ¿qué hacen? ¿qué lograron? ¿cuánto cuestan? También daba seguimiento trimestral a la “tendencia laboral de la pobreza”, al sistema de indicadores sobre el cumplimiento de los derechos sociales, a los mapas para el análisis territorial de la pobreza, entre otros. Esperemos que estas funciones, ahora retomadas por Inegi, se realicen profesionalmente cumpliendo el precepto “medir para mejorar”.
La evaluación de los programas públicos es una norma mundial, así como el diagnóstico económico y social de cada país. Organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional son los más preocupados, porque a partir de ello elaboran sus políticas de financiamiento. En contraparte, también los gobiernos neoliberales de cada país se aplican a manipular los parámetros y enlazarlos con acciones mínimas que reflejaran mejorías en los parámetros en salud, vivienda, servicios, escolaridad, alimentación e ingresos.
Asegunes de la disminución de la pobreza
La reducción de la pobreza, aún con sus asegunes, es una buena noticia que merece reconocerse, celebrarse y evaluarse para avanzar aún más. Los datos del Inegi muestran lo que funciona, lo que falta por hacer y lo que se debe corregir de manera urgente. La medición de la pobreza (multidimensional) combina dos elementos: la dimensión económica que mide el ingreso y la dimensión social que mide seis carencias.
De acuerdo con Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, una ONG que ha venido analizando por décadas el tema, y que dirige el economista Rogelio Gómez Hermosillo, “la reducción de la pobreza de 51.9 millones a 38.5 millones de personas entre 2018 y 2024 y de 42 por ciento a 30 por ciento de la población, proviene casi en su totalidad de la dimensión económica”. La baja en la pobreza es resultado del incremento del ingreso. A su vez, la mejora del ingreso proviene sobre todo del aumento de los ingresos por trabajo; el trabajo aportó 75 de cada 100 pesos del ingreso monetario de los hogares en 2024; sumando las pensiones, que son producto del trabajo del pasado, los ingresos aumentan otros 9 pesos, con lo cual los ingresos ascienden a 84 de cada 100 pesos. (https://www.urbanopuebla.com.mx/economia/mayor-ingreso-por-trabajo-clave-de-la-reduccion-de-la-pobreza/).
Por su parte, las transferencias de los programas gubernamentales que han multiplicado por 4.5 veces su presupuesto, aportan menos de 4 de cada 100 pesos del ingreso monetario de los hogares ($3.89). Pero, además, la política social queda a deber; en la dimensión social no hay mejoras sustantivas. La población vulnerable por carencias sociales aumenta de 32.7 a 41.9 millones de personas, mientras en porcentaje sube de 26 a 32 por ciento. Finalmente, las remesas que siguen llegando por parte de nuestros familiares, son parte importante del ingreso familiar.
Guerrero se mantiene entre los más pobres
De este análisis se desprende que los estados más pobres no alcanzaron reintegro con la multicitada reducción de la pobreza. Los datos del Inegi colocan a Guerrero en el segundo lugar de los estados más pobres; para algunos funcionarios públicos es como un consuelo el que no seamos campeones, quizás no saben que antes de 2014 ocupábamos el tercer lugar.
Pero el punto no es qué lugar ocupemos en la estadística de la pobreza. Nuestra realidad no se puede expresar exclusivamente con números ni porcentajes. Cuando recorremos una comunidad urbana o rural, miramos a las familias igual o más pobres. Para los más pobres, sus ingresos elementales están fincados en los apoyos del gobierno que no los saca de la pobreza; solo son un paliativo a su pobreza estructural. ¿Qué decir de las calles, las carreteras, la vivienda, la salud, la educación y la alimentación?
En Guerrero casi el 60 por ciento de la población vive en pobreza multidimensional, es decir poco más de 2 millones de habitantes se han mantenido en esta condición durante los últimos 6 años. Los datos oficiales muestran las variaciones mínimas en los distintos parámetros de evaluación (ver tabla anexa).
Cabe mencionar que después del huracán Otis, el propio Coneval proyectó que la tasa de pobreza en Guerrero podía incrementarse en 20 puntos, cuando Chiapas nos llevaba por 7 puntos porcentuales. Posteriormente tuvimos otros dos huracanes, aunque con afectaciones principalmente regionales. Con ello, más allá de ser catastrofistas y “buscar obtener el primer lugar”, es necesario aproximarnos a la realidad, para priorizar adecuadamente en las políticas y acciones a impulsar. (https://www.jornada.com.mx/2023/12/12/economia/016n2eco).
De las cuentas alegres al cambio verdadero
Aun con todo esto, el gobernador de facto y sus corifeos celebran que en Guerrero bajó también la pobreza. Hacen referencia a los 80 mil habitantes que dejaron de ser pobres; resaltan que gracias a la coordinación estrecha con los programas del gobierno federal se ha dado “un cambio radical” en la vida de la población. Si dividimos ese dato entre 5 para determinar cuántas familias disminuyeron su estatus de pobreza, llegamos a la conclusión que solamente fueron 16 mil familias; ojalá que no se trate de las familias del grupo en el poder.
Los guerrerenses viven al día. Padecen la carencia de servicios públicos básicos, la violencia cotidiana, la corrupción gubernamental, los cobros de piso y las extorsiones. Mientras tanto, el gobernante de facto canta, baila, hace películas, entra y sale del Senado, cuida perritos y de manera banal busca posicionarse en las encuestas para poder negociar espacios políticos en la próxima contienda electoral; esto, a sabiendas de que ya no puede ser candidato gracias al candado contra el nepotismo que promovió la presidenta de México y el partido Morena.
El gobierno fallido que padecemos los guerrerenses no mira el deterioro ambiental, la tala a mata raza, la contaminación de todos los ríos, el nulo manejo de la basura en todos los municipios, la corrupción y el desastre de los caminos artesanales que el presidente AMLO impulsó; tampoco mira el sufrimiento del pueblo en razón de la narco-economía impuesta en casi todas las regiones, asesinatos no aclarados, un Poder Judicial impuesto a modo y un Congreso estatal que no produce más que fotos y aplausos, territorios controlados por la delincuencia, un presupuesto miserable y opaco para el campo que es un insulto frente al que opera el DIF.
En este escenario caótico, la pobreza aparece entonces como la punta del iceberg de un gobierno fallido, que exhibe todo el lastre de un gobierno fallido. Un anti gobierno que es ajeno al bienestar y el progreso de su pueblo.
Reza un dicho popular: “No hay mal que dure muchos años ni pueblo que lo aguante”. La justa electoral que se avecina en 2027 será una oportunidad histórica para cambiar las reglas del juego e iniciar en Guerrero la verdadera Cuarta Transformación. Porque “solo el pueblo puede salvar al pueblo”.

