Los testimonios de Elena Garro

En los círculos intelectuales, académicos, periodísticos y en muchos más, se ha vuelto popular en los últimos años, y cada vez con más fuerza, por fortuna, el uso del lenguaje incluyente y de términos como mansplaning o gaslighting que pueden resultar cansados, ociosos y acaso incomprensibles para muchas personas. ¿Por qué hablar sobre todo esto? Para muchas personas podría, puede, parecer exagerado, prescindible. Para todas esas gentes que piensan que está de más incluir a las mujeres en el lenguaje y denunciar agresiones pocos vistas e invisibilizadas de tanto que se hacen, es indispensable leer a Elena Garro (Puebla 1916-Cuernavaca 1998) y en especial la novela Testimonios sobre Mariana reeditado en años recientes junto con otras maravillosas novelas por el Fondo de Cultura Económica.
Elena Garro fue una mujer de una gran belleza, blanca y perteneciente a una clase privilegiada. Una mujer de muchísimo talento y con la cualidad de ser muy brillante y, por si esto fuera poco, de un carácter brutal. Garro fue una mujer que primero fue bailarina y en sus primeros años de juventud conoció a un joven poeta que con el paso de los años se convertiría en la figura más influyente de la literatura mexicana y latinoamericana. Esto, que normalmente sería un hecho más de su vida privada y que sólo le concerniera a ella y su pareja, fue un hecho que cambió y, hay que decirlo, destruyó la vida de Elena Garro. ¿Cómo es posible que estar casada con un escritor muy influyente, talentoso y poderoso, sea una tragedia en la vida de una persona? Sucedió que Garro encarnaba muchos rasgos que una sociedad odia. Era escritora, hermosa, culta y no estaba dispuesta a quedarse callada y soportar ser tan sólo el apéndice de su pareja, como lo exige normalmente una sociedad patriarcal.
El medio cultural mexicano es singularmente excluyente por lo que se caracteriza por estar constituido por grupos de amigos, quienes más allá de su talento, se publican e incluyen en becas, puestos y antologías. Sobre esto Roberto Bolaño escribió una muy brillante novela Los detectives salvajes en la cual en la búsqueda de dos poetas marginales por pobres y morenos escuchamos durante toda esa larga novela lo que el medio cultural, amigos o enemigos; pensaban sobre ellos. Bolaño escribió su novela en 1998, pero muchos años antes, publicada en 1982, pero escrita al menos diez años antes, Elena Garro hizo algo parecido en cuanto a talento y contundencia con su brutal novela Testimonios sobre Mariana. La brillante autora sufrió mucho y vivió en carne propia y sangrante todos los machismos, y fue víctima de gente sin escrúpulos que se dedica a contar chismes, que por más que lo digan en diminutivo, son muy desagradables. Pero Garro se adelanta a todo y escribe esta novela en donde ella misma cuenta todos aquellos horribles chismes que se han contado sobre ella. Por lo que esta novela está escrita en clave, contada por tres personajes que hablan sobre Mariana que es un claro alter ego de Garro.
La primera parte de la novela la cuenta un gigoló argentino quien es una versión de Adolfo Bioy Casares que fue pareja de Garro y quien cuenta su enamoramiento de Mariana y la tormentosa vida que ella tenía en París. Pues está casada con un hombre que quiere dominarla, que no la ama y que está cansado que ella sea tan “rebelde”. Él tiene abiertamente una amante y le “permite” a ella que esté con otros hombres mientras esté bajo su dominio. En esta dolorosa historia de amor el amante que la cuenta está desesperado pues no puede atraparla; ella siempre es huidiza y les es imposible amarse porque el mundo entra todo el tiempo en su vida privada.
La segunda parte la cuenta una mujer mayor que fue cercana a Mariana y quien la quiso, pero también le cuesta trabajo entenderla y es testigo de lo mucho que la tratan como loca y cómo los hombres quieren dominarla.
La tercera la cuenta un joven que estuvo profundamente enamorado de ella y quien tampoco la entiende y todo el tiempo quiere dominarla con el sexo.
Garro sufre ser invisibilizada en el lenguaje pues su esposo es el único que existe en el lenguaje, mansplaning porque la gente le explica su vida y gaslighting cuando todo el mundo le dice que está loca hasta que la confunden. Sobrevive en un terrible mundo y deja un testimonio que es de las grandes novelas que se han escrito en México.

Elena Garro, Novelas escogidas (1981-1998), Ciudad de México, FCE, 2016. 945 páginas.

 

Paula Hawkins y las grietas de Inglaterra

Pocas cosas son tan contrastantes como la forma en que se ve un país ante el mundo y como se observa a sí mismo. Japón, por ejemplo, nos parece un país del futuro y en las novelas podemos ver que en muchos sentidos viven con leyes del pasado. Estados Unidos es el país más rico del mundo y sorprende que en documentales es posible ver gente que vive en extrema pobreza; e Inglaterra, de manera contundente, nos parece desde fuera un lugar de reyes, lords y elegantes caballeros y pura sofisticación y su literatura nos demuestra que, en efecto, hay gente que pertenece a la nobleza, pero que la gran parte no es noble; es lógico, y que tiene una vida mucho más dura, mucho más de lo que se pensaría de un país de Europa con tanta riqueza.
Esto se ha visto desde un buen número de novelas del siglo XIX, pienso en Charles Dickens, en su monumental Oliver Twist; en Thomas Hardy y la hermosa y terrible Jude el Oscuro e incluso en novelas más recientes como Expiación de Ian McEwan; digo incluso porque las gigantescas novelas inglesas del siglo XIX, un siglo de muchos y muy buenos escritores en Inglaterra, tuvieron un peso profundo en la sociedad y lograron que durante el siglo XX se acortaran las diferencias de clase en Inglaterra. Y claro, los cambios son brutales. Pero en un viaje por la Gan Bretaña en el presente aún es posible sorprenderse, pues todavía flota en el ambiente el peso de la sangre azul en la forma de vestir, hablar y la dentadura. Las diferencias para los turistas son superficiales, como las que acabo de describir, pero para los nativos de Inglaterra son contundentes, pero, al mismo tiempo, no tan fáciles de expresar porque están hechas, se practican de manera sutil y siempre sin romper la ley, de manera suave y sofisticada, muy a la manera inglesa.
Es el caso de la autora Paula Hawkins (Rodesia, 1972) quien nació en Zimbabue, de padres británicos y criada buena parte en Inglaterra y quien dio el salto a la fama con la novela La chica del tren, que rápidamente se convirtió en un best seller y años después fue llevada al cine.
Hawkins ha escrito ya varias novelas y ahora vuelve con La hora azul en donde retoma en suspenso sicológico en el cual se ha vuelto cada vez más experta, en hacer aquello que se dice amaba Hemingway que era apenas mostrar una superficie pequeña en comparación con la parte inferior invisible y que es gigante y en donde en estas novelas de suspenso sicológico se va desarrollando de manera inmensa una trama llena de conflictos.
La hora azul comienza con la exposición en la Tate Gallery de una célebre artista fallecida recientemente y quien es cada más famosa. Sus obras incluyen lienzos, cerámicas e instalaciones y entre estas últimas se encuentra una que contiene un hueso que se pretendía ser de un ciervo, hasta que un espectador se da cuenta que no, que es, en definitiva, una costilla humana. Entonces la galería busca a los dueños de la obra para iniciar las pesquisas, pues, sin duda, hay un presunto homicidio por investigar.
Entre los muchos talentos de Hawkins está que comienza por rascar un lienzo que parecía perfecto, sin apenas alteraciones, pero con cada página va jalando un hilo y en cuanto más lo hace, ese hueso, esa costilla va siendo una rasgadura que en cuanto más crece va dejando ver más todo el clasismo, toda la misoginia que permea en Inglaterra, pero lo hace de manera soterrada, silenciada o acaso educada. Y el vestigio de los problemas sociales sólo se manifiesta de manera subrepticia en una sofisticada obra de arte.

Paula Hawkins, La hora azul, Ciudad de México, Planeta, 2024. 452 páginas.

 

Bernardo Esquinca: los feminicidios que nos devoran

El nacimiento de la novela policiaca ha traído muchos beneficios a la humanidad. El primero, porque es brutal-mente entretenida y gracias a eso la vida es más feliz. Su estructura matemática y sus tiempos para desarrollar la trama ha des-lumbrado a grandes autores como Alfonso Reyes o Jorge Luis Borges, por tan sólo citar un par. También, con su desarrollo en la novela negra, el género policiaco dejó ver que los asesinos no son locos o seres extraños a una sociedad sino precisamente un producto de ella. Highsmith, Chandler o Hammet son la prueba de ello. El género policial se ha adaptado a lo que necesite el mundo combinando entreteni-miento –pues cuando este género está logrado no se lee, se devora– y también puede expresar aquello que sobrepasa a los noticieros y muchas veces se expresa tan sólo con números en la academia: los malestares de una sociedad expresados en una obra de arte.
Es el caso de la más reciente novela de Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) La región crepuscular quien ya es desde hace varios años una referencia en el género del terror y policiaco en México y quien, con cada serie de relatos, saga de novelas o perfiles de asesinos va consolidando una obra cada vez más apasionante, capaz de generar lectores y lectoras a lo largo de todo México. Esquinca ya había hecho un perfil anterior sobre Juana Barraza, uno de los personajes más pintorescos de la nota roja en México, mejor conocida como la Mataviejitas; ahora vuelve para hablar del primer feminicida serial en México del que se tiene registro: Gregorio Cárdenas que es mejor conocido como el Goyo Cárdenas y que conmocionó a la sociedad mexicana y dejó una huella terrible del futuro que le esperaba a México y que hoy encarnamos.
La novela está contada a manera de bitácoras de los personajes –un velado homenaje a ese prodigio de novela que es Drácula de Bram Stoker–; narran en primera persona lo que vivieron. Está el detective quien va siguiendo dos casos a la vez, primero el de fetos encontrados en medio de parques, cañerías y baldíos de la ciudad y el arresto del feminicida Cárdenas y sus trampas y tribulaciones para fingir demencia una vez que está detenido. La novela es un cuadro de época: es el alemanismo de medio siglo en la Ciudad de México que está en pleno desarrollo, el momento de Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco en que los barrios crecen, la ciudad deja de ser eso para convertirse en un monstruo que lo devora todo. El mundo es más apacible, acaso se puede sentir nostalgia de esos días sin tanta contaminación y una economía funcional y sin narcotráfico. Pero la historia de Cárdenas y el género policiaco le da a Esquinca la posibilidad de expresar de manera certera, y por eso extremadamente dolorosa, que de ahí venimos, que esa violencia que nos devora, el machismo y la brutal misoginia ya estaban presentes y consolidadas en ese momento: las mujeres tienen que ir a lugares clandestinos a abortar, las empleadas domésticas sufren todos los abusos de manera explícita e impune, la violencia de género está al tope: se les exige a las mujeres ser madres, no deben trabajar y si lo hacen son objeto de burla y si descubren a un asesino, son olvidadas y su trabajo robado.
La región crepuscular es una novela en tonos ocres que recuerda Las muertas de Jorge Ibargüengoitia; en donde en medio de la sociedad mexicana, divertida, tragona y efusiva suceden los más terribles crímenes. Esta novela deja claro que el país es hermoso, la ciudad contundente y que hay allí una brutal misoginia que nos abraza y echa fuego en nuestra sociedad. Esquinca descubre, por terrible que parezca, que los feminicidas en muchos casos se alimentan del epicentro de esta sociedad. Y nosotros leemos, aprendemos y gozamos con el elixir de la pluma de Esquinca que nos da las felices pesadillas entre asesinos y fantasmas.

Bernardo Esquinca, La región crepuscular, Ciudad de México, Almadía, 2024. 186 páginas.

Álvaro Enrigue: ceder a la tentación

 

 

Cada país, cada tradición literaria, encarna el reto de una historia particular que contar, reescribir, confrontar o desmantelar. El inicio o la fundación de un lugar que nos constituye y nos hereda un sinfín de tradiciones que somos todos los días. Muchas veces la historia que contar ya está en un libro: los griegos tenían la Ilíada y la Odisea, los romanos la Eneida; los judíos la Biblia, los mayas el Popol Vhu, España el Mio Cid y así muchas culturas ya están contenidas en libros. En México tenemos una historia fundacional que está contenida en los libros de texto que imprime el Estado y que contiene tanto historia pura y dura como mitos que se han ido consolidando desde la Colonia, la Independencia y la Revolución mexicana. Hay unos malos que son los españoles que hacen la guerra a los indígenas y luego nos liberamos de los españoles y ya quedamos mexicanos libres. Lo que es siempre confuso es quién exactamente es ese nos, si acaso las culturas originarias que sobrevivieron, los criollos hijos de esos malos españoles o ese extraño, mezclado y huidizo mare magnum que llamamos mestizos. El mito fundacional mexicano específico involucra el encuentro de dos personajes que venían de dos mundos: Hernán Cortés y Moctezuma. Ha corrido muchísima tinta sobre ellos y en México, quizá para aliviarnos del hecho que menos de mil españoles fueron capaces de ganar una guerra a miles de personas, se ha construido el mito que el mexica se enamoró del español, que cayó fascinado ante otro poderoso dirigente como él. Los libros de historia matizan ese sentimiento y demuestran que había muchos conflictos por los cuales todos estaban hartos de los mexicas y prefirieron aliarse a los nuevos. Dentro del mundo de la literatura se han escrito muchas novelas sobre ese momento, normalmente con los lugares comunes con sacrificios, plumas en los penachos, belleza inmaculada de volcanes y canales frente a los salvajes y medievales españoles sedientos de oro…
Sucede que la historia es fascinante, un encuentro entre dos mundos en donde aparecen castillos, reinas, espadas, caballeros y princesas y pienso que toda persona que escriba novelas en México en algún momento se ha hecho la pregunta si escribir o no sobre ese momento; si acaso ceder a la tentación de hablar de uno de los más grandes momentos de la humanidad, pues quién mejor que alguien que nazca en México, hable español y se conozca al dedillo la historia. Es el caso de Álvaro Enrigue (México, 1969) quien tiene ya experiencia con novelas históricas que huyen del péplum y más bien buscan mediante técnicas narrativas sofisticadas contar la historia de México; así ha escrito la laureada Muerte súbita que reúne a Caravaggio y Cortés en juego de tenis (nada menos) y la novela de culto Ahora me rindo y eso es todo que es una obra sobre las gestas de los apaches en el norte de México. Enrigue continúa con este mismo impulso con la novela Tu sueño imperios han sido en donde cuenta la historia de los días en donde la comitiva española comandada por Cortés es recibida por la corte mexica en la ostentosa Tenochtitlán. A Enrigue le gusta entrar a mi manera de ver de manera deliberadamente anacrónica en la novela. Como si mexicas y españoles fueran gente del México del presente. Personas actuales que andan en el metro y cenan en restaurantes finos, lo cual le da un tono particular al momento; desmitifica, hace humanos a esos personajes que han habitado nuestras cosmovisiones como monstruos o ángeles y en la novela aparecen como personas que les ha tocado vivir ese momento majestuoso de la historia, pero que no son otra cosa que gente normal. Es obvio que las diferencias entre europeos y los habitantes de la ahora América eran abismales, no sólo hablaban otros idiomas; la traducción de su mundo era, fue, es, me parece, imposible. Pero el ejercicio de Enrigue de ponerlos a todos mexicanos me gusta, porque es divertido y da la oportunidad de leer una buena novela sobre el hecho más fascinante del mundo para quienes conocemos México. Y entrar claro, en todos los templos, oler toda la comida, ver la majestuosidad del mundo indígena y tocar la historia que nos constituye.

Álvaro Enrigue, Tu sueño imperios han sido, Ciudad de México, Anagrama, 2022. 224 páginas.

Paulina Chavira y el lenguaje sensible

Para Mabel, Mariel y Adrián, por su paciencia acústica.

Tengo una amiga con quien discuto todo el tiempo sobre el idioma castellano. Diptongos, guturalizaciones y síncopas acompañan nuestras charlas que consideramos apasionadas, pero amigables; muchas veces nos enfrascamos al grado de tomarnos un buen par de horas de ejemplos y contra ejemplos, que, para las otras personas que nos rodean, son estresantes por el nivel de tensión que se respira en el aire cuando discutimos la fonética en las variaciones dialectales del español. Yo soy el más insoportable, por supuesto, porque comienzo a hablar con terminajos propios de la gramática que me dan, debo aceptarlo, una sensación de autoridad. La familia de mi amiga ha tomado la decisión de persuadirnos de ya no tocar ese tema porque somos capaces de arruinar cualquier paseo o velada por agradable que sea.
¿Por qué será que nos apasiona tanto si es una o o una u o si la hache deja de ser muda y digo con gusto y chovinismo mexicano güevo? Esto es extraño, porque en México, y presumo en buena parte de Latinoamérica, según mi experiencia, no nos jactamos de hablar un buen español. Es más usual ufanarse de hablar otra lengua europea que de hablar bien el español. Pero que nadie nos toque nuestros por demás cuestionables dialectos del español, porque ahí sí que sacamos las garras. Hay un chovinismo en la lengua materna, un conservadurismo hasta hace poco invisible que es preciso deconstruir. Quizá no seamos muchos los casos como mi amiga y yo que nos internamos en la morfosintaxis, pero estoy seguro que, en los últimos diez años, muchísimas personas han vivido acaloradas charlas sobre el lenguaje incluyente. Las mesas se vacían, las amistadas son puestas en riesgo si se debe utilizar el femenino genérico, si acaso los participios se modifican o si se debe tomar a la lengua por los cuernos más allá de lo que digan las academias y voces eruditas. Normalmente, todo mundo va al buscador de internet o en el mejor de los casos desempolva un diccionario para esgrimirlo a favor de sus argumentos. Eso es útil, claro, pero elimina a las personas a quienes la gramática da sueño. Por lo tanto, Antimanual de lenguaje igualitario, de Paulina Chavira, cuyo subtítulo es Todos, todas, todxs, todes. No te enredes es música para los oídos y punto de apoyo definitivo. Un libro, como dice el subtítulo, en el cual cabe toda persona que quiera saber más sobre el cambio en la nomenclatura en pronombres, artículos y demás que vuelven locas a muchísimas personas, pero que también han servido para que gentes (a la mexicana, con ese) antes olvidadas se sientan representadas en este mundo. Paulina Chavira tiene el talento de enseñar deleitando, por lo que todo es relajado desde las primeras páginas, no alecciona, explica este movimiento lingüístico de Occidente de los últimos años que busca la equidad. Como bien lo dice el título, no es un manual que te diga ‘haz esto así’ y ya, sino que es antimanual porque brinda las herramientas para poder moverse en este momento de la lengua sin que sea fijo. Explica, por ejemplo, que la lengua siempre está en movimiento: los humanos la usan, se apropian y luego la academia hace una junta para saber qué hacer. Chavira utiliza ejemplos claros de apropiaciones, sin palabras enrevesadas; habla de los diferentes momentos del idioma que varían según a quién nos dirijamos y cuenta también, por supuesto, algo de la historia de nuestro idioma y sociedad.
Uno de los momentos más importantes del libro es cuando se explica la diferencia entre lenguaje igualitario y lenguaje incluyente, este último, dice Chavira, es el que causa más polémica, pues es en donde se usa la equis o la e para referirse a personas no binarias o para utilizar un plural no masculino. Explica también que el lenguaje igualitario es aquel en donde se puede hablar de manera neutra sin hacer ninguna alteración. Por ejemplo, se puede decir, todos los lectores amamos este libro y lo leímos apasionados o utilizar el lenguaje igualitario y decir, quienes hemos leído este libro lo hicimos de manera apasionada. Así se aprende un fin último de toda literatura: hacer más sensibles a los seres humanos. A poner los puntos sobre las íes o las equis o la e en lugar de la o u a, o no.
Paulina Chavira, Antimanual de lenguaje igualitario, Ciudad de México, Planeta, 2024. 126 páginas.

 

Montero Glez y las voces de la influencia

El peso de la influencia literaria ha sido, desde hace mucho tiempo, dos mil años o cuatrocientos, cuando menos, uno de los más contundentes al escribir un texto. En la antigüedad la originalidad consistía, en muchos casos, en hacer una buena versión, una mejora o una interpretación de un texto literario anterior. La Ilíada, La Odisea o La Eneida son obras que generaron todo un cúmulo de obras literarias que dialogaban de manera directa con su estilo o trama. Este ejercicio usualmente ha sido llamado tradición: la continuidad de estilos e historias. La influencia ha sido tan pesada que ha sido observada por Harold Bloom como una angustia de la influencia, pues hay textos escritos de tal manera perfecta y que gozan de tal prestigio que para las generaciones emergentes resultan una terrible angustia que les imposibilita o les potencia la creatividad.
En un ensayo reciente, el acapulqueño Julián Herbert ha reflexionado de manera brillante que en el presente no es tan potente el peso de la influencia, sino el de la legitimidad. Herbert ve con lucidez que para los escritores de hoy es más importante ser “reales” –haber vivido en verdad las his-torias que cuentan– que dialogar con la literatura escrita en el pasado.
Es por eso que La vida secreta de Roberto Bolaño, de Montero Glez (Madrid, 1965) es un libro bastante extraño en el sentido de originalidad, de la valentía o el talento, pues escribe una serie de relatos, acaso una novela muy a lo Roberto Bolaño, en donde el centro del relato no es otro que el narrador, lo cual le da un punto apasionante desde el punto de vista narrativo, porque normalmente, cuando se escribe, se toma la decisión de hacerlo en tercera o primera persona, acaso en segunda en momentos excepcionales; pero casi siempre el autor se pone una máscara que puede ser una versión de sí mismo, de uno de sus personajes o acaso de un personaje real. Pero en este libro, Montero Glez toma una decisión inusual, la de ponerse el sombrero, la máscara y la pluma de otro escritor. La vida secreta de Roberto Bolaño es una serie de relatos sobre diferentes artistas, unos reales y otros ficticios, todo es una crónica ficcional donde la realidad toma la forma del relato, y que el centro de la historia es la persona que narra, una tradición que inventó Miguel de Cervantes. Y, precisamente, otro punto fundamental de El Quijote, que la técnica sea definitiva en la obra, a la vez que la historia sea apasionante.
Montero Glez comienza por ambientar su primera novela en Tanger, con William Burroughs y sus experiencias tan sonadas en el mundo literario. Ese momento, cuando la vida del autor, su proceso creativo, sus adicciones, tristezas y vida íntima comienzan a no distinguirse de la obra, lo cual es, precisamente, uno de los motivos principales de Roberto Bolaño: su obra es la conjunción, la mezcla, la necesidad del autor indistinguible de manera definitiva de su obra. Para Bolaño es tan definitiva la obra del autor que la propia vida.
Montero Glez cuenta historias apasionantes de escritores como Burroughs que intercala con crónicas vívidas de gitanos en Madrid, genios del flamenco, con los que toma guïsqui y descubre las esencias del relato, de la vida, de las ficciones.
Montero evidencia que ponerse una máscara es la esencia para tocar la tradición, para traducir, hacer versiones, redescubrir la angustia de la influencia al mismo tiempo que devela su voz, única e irrepetible como narrador.

Montero Glez, La vida secreta de Roberto Bolaño, Barcelona, Navona, 2024. 134 páginas.

 

Cinco libros destacados del 2024: la otra cara de la realidad

Los poemas, ensayos y obras de ficción, aquello que usualmente llamamos literatura, tienen una relación particular con la realidad, pues son el resultado de la imaginación, el deseo y la reflexión; habitan por principio el lugar opuesto al mundo tangible, pero son, en gran medida, un reflejo de la realidad. Ya decía Octavio Paz que “la poesía es el arte de ver a través de las palabras la otra cara de la realidad”. Así, algunos libros de este 2025 dicen tanto como las noticias.
El visionario, de Abel Quentin (Lyon, 1984) se trata de una obra que pone los pies en un terreno que en México y Estados Unidos es extremadamente peligroso, y más si se es un hombre blanco, educado y habla una lengua europea. El tema es la cancelación: el caso de una persona que es descartada de la opinión pública por sus actos y opiniones sin darle la oportunidad de debatir. La novela no es un panfleto ni un manifiesto y esta es precisamente su riqueza. Quentin se mete en los recovecos de la moralidad del presente a través de su personaje, Jean Roscoff, quien fue un joven académico en los años ochenta, inmerso en las revoluciones ideológicas de su época, fue un revolucionario como todo joven que se jactara de serlo durante buena parte del siglo XX. El visionario es un paseo con ojo crítico por las calles de París, por los turistas, las plazas y los parisinos que, a veces, descubren este mundo, y que su tragedia, tiene humor y explica matices complejos a través de la ironía. Los que sufren deben ser escuchados y seguir sufriendo para ser genuinos y los privilegiados deben comer bien, tomar buen vino… y callar.
Han Kang (Gwangju, 1980) es la Premio Nobel de literatura 2024. La clase de griego trata de una mujer que comienza por relatar su aprendizaje de la escritura del coreano, es una belleza el talento para explicar la escritura de este idioma, sus formas y sonidos y el misterio de cómo va siendo revelado el sentido a la vez que la propia imaginación de la niña le va dando originalidad al lenguaje. El mismo personaje cuenta que en algún momento de su vida se le olvidó el lenguaje por completo, desaparecieron todas las palabras de su mente dejando un vacío, una nada que tiene algo de angustiante, sí, pero en mi lectura también algo de libertad. La niña vive en este vacío hasta que un buen día ve escrita la palabra “biblioteca” en francés y se le destraba todo el lenguaje y la invade de nuevo. La niña crece, y ya que es adulta y tiene un hijo, esto se repite: el lenguaje se retira de su mente. Entonces, decide que debe comenzar a estudiar griego antiguo, por la lejanía con el coreano. La novela comienza a internarse en los tiempos y estructuras de esa lengua, el análisis de la personaje, de su vida a través del lenguaje.
La invención de todas las cosas: una historia de la ficción de Jorge Volpi (México, 1968), quien explora la dimensión, la expresión más contundente del lenguaje: las ficciones. Sea que responda a su propia lógica gramatical o sea que es la oscuridad hecha carne del ser humano, el lenguaje se expresa siempre con historias, al grado que muchos lingüistas piensan que el verbo ser, primigenio en las lenguas indoeuropeas, tiene una esencia narrativa. Cuando el hablante dice, “yo soy” –Kafka decía en una carta “yo soy la novela”–, está contando una historia. Por lo tanto, es por medio de las historias, de los mitos, como el ser humano se ha explicado su existencia en este mundo. Volpi hace un recuento del big bang al feminismo pasando por Cervantes y Shakespeare y muchas de las ficciones más representativas de nuestro mundo.
En este 2024 ha aparecido Triste tigre de Neige Sinno (Altos Alpes, 1977) un libro en donde la autora cuenta en primera persona su historia en la cual fue violada durante su infancia y adolescencia por su padrastro. Desde su publicación en el 2023 la novela ha sido una bomba. Recomendada en todos lados y este año en versión de la propia autora al español no ha sido la excepción la expectativa y polémica que ha despertado. Por mi parte yo tenía cierto resquemor a acercarme al libro. Lo recibí hace unos meses y no terminaba por reunir las fuerzas para leerlo, pero una vez que lo hice, la obra no ha hecho más que deslumbrarme e internarme en todos aquellos pensamientos que provoca y de los que muchas personas huimos.
Juan Villoro escribe No soy un robot, un libro lúcido, pues da luz en temas que en general son subjetivos por el exceso de información; da el paso que siempre se le agradece a un intelectual: que se pronuncie en un tema del cual no es experto, pero del que puede investigar. Así, desde su curiosidad indaga el tema de nuestro presente en donde vivimos muchísimo más a través de fotografías de nuestras redes que de la experiencia y en el cual la inteligencia artificial hace un cerebro más perezoso. Pero Juan Villoro no sólo es un brillante intelectual, sino un escritor que ama la literatura y sabe que allí se ha encontrado, se encuentra y estará la presencia de lo humano: nuestra utopía más bella.

 

Julián Herbert y las bellezas de la crítica

La crítica tiene una posición usualmente negativa en el mundo, decir que alguien es un crítico es casi sinónimo de decir que es mala persona, que nada le gusta y que tan sólo se dedica a arruinar la vida. Lo cual, por supuesto, es un error absoluto, pues más bien, la crítica es lo opuesto al fanatismo, es la apertura que por medio del análisis y del examen, disfruta. Es, en pocas palabras, aquello que funda la modernidad. Porque nuestros tiempos están constituidos, antes que nada, por la crítica, por el examen que se hace a nuestra sociedad, a nosotros mismos y al arte y, por consiguiente, a la literatura.
La crítica, en cambio, es el rasgo más profundo de la admiración, porque nada se observa con más profundidad que aquello que se ama; lo opuesto a la crítica es seguir a pies juntillas sin ninguna reflexión; es ignorar, obviar o insultar. La irrupción en la literatura moderna la funda Miguel de Cervantes al criticar con humor la literatura, es decir, burlándose, al mismo tiempo que hace el más grande homenaje a la lectura.
El presente se fundamenta en muchos sentidos en paradojas, por lo que al mismo tiempo que estamos basados, constituidos y definidos por la crítica, la detestamos socialmente y pre-ferimos insultarnos, cancelarnos o burlarnos antes que discutir. Es por esto que en este mundo, en México y, por supuesto, en el mundo de la literatura, es esencial el más reciente libro de ensayos Overol: apuntes sobre narrativa mexicana de Julián Herbert (Acapulco, 1971) literatura crítica que confronta con argumentos y una bella prosa; es imprescindible.
Javier Cercas dice que no necesariamente un escritor es un buen crítico, pero que, por el contrario, todo crítico es un gran escritor. Y es el caso de Herbert, por supuesto, pues el nacido en Acapulco ha explorado diferentes géneros con valor y, desde mi punto de vista, con éxito.
Herbert ha escrito poesía, lo mismo que narrativa o crónica gonzo con gran fortuna. Además, tiene otro lado que resulta bastante deslumbrante, el de la reflexión, el del pensamiento que es utilizado para analizar la literatura, en este caso. La crítica literaria siempre encarna peligros, por un lado el de ser demasiado académica y el otro el de ser muy superficial. Así que Herbert toma el mejor camino que es el de problematizar la escritura, es un ensayo que busca ser leído por personas sin formación necesariamente académica que se interesa por la literatura, al mismo tiempo que toma ideas y vocabulario de la academia. Hasta aquí es un libro normal de crítica, pero Herbert da el giro que encarna el compromiso de escribir un ensayo que, al final, termine por ser, sobre todo, literatura.
Overol tiene el valor de escribir sobre la literatura mexicana reciente haciéndose con valor preguntas que nos queman los labios, pero que es difícil hacer pues es difícil plantearlas, además que escribir sobre autores vivos siempre corre el riesgo de ser leído por la persona analizada, lo cual puede costar caro.
Herbert escribe sobre temas tan acuciantes como las peleas de escritoras en redes, sobre los argumentos y los despliegues literarios que puede o no, haber ahí. Sobre la pulverización del canon, sobre el cambio generacional en el cual autores y autoras en lugar de sentir angustia a lo Harold Bloom por los y las autoras anteriores, sobre si su obra será mejor que la del canon; más bien buscan ahora legitimidad. Herbert da cuerpo a las preguntas que se hacen muchas personas al leer a De la Cerda, Luiselli, Melchor o Navarro, poniendo los puntos sobre las íes, dando argumentos, ideas; desplegando literatura.
En lo personal, me gusta mucho el descubrimiento que hace de una voz que es constante en la narrativa actual mexicana, la presencia de José Revueltas como una de las influencias me parece una gran noticia sobre la literatura escrita en esta primera parte del siglo XXI.
Julián Herbert, Overol: apuntes sobre literatura mexicana reciente, Ciudad de México, Random House, 2024. 162 páginas.

 

Un paseo gonzo con J. M. Servín

La Ciudad de México parece ser, hasta ahora, un terreno inconquistable. Pese a una profunda violencia, desigualdad y gentrificación, sigue manteniendo en buena parte de sus lugares un tufo a terra ignota. Aunque esté habitada por muchísima gente o quizá precisamente por eso, es difícil de reconocer, de asir en su plenitud y, sobre todo, de definir cómo esta ciudad son estos edificios, esta gente y estas calles. Es, más bien, un mare magnum que en sus turbulencias se define.
Así, uno de sus más grandes narradores escribe con un escepticismo que oscila entre un pesimismo amoroso y una alegría destructora; su propia actitud es una descripción y acaso unas instrucciones para habitar esta ciudad. Me refiero, por supuesto, al artífice pugilista de la prosa que reinventa y redimensiona la crónica en el ex Distrito Federal, J. M. Servín (Ciudad de México, 1962).
Este 2024 J. M. Servín publicó el libro Yo soy el Mandrake, un libro en donde esgrime el género de la crónica de manera brillante contando su vida, la de la Ciudad de México y el país los últimos 50 años. Se trata de una compilación de textos publicados en revistas y en periódicos que dan vida a un divertido, profundo y original libro.
El ejemplar abre con textos que dejan claro el objetivo de las crónicas, dice: “El hilo conductor de estas crónicas es la autobiografía como exploración de la cotidianidad mexicana. Vivo acotado por el crimen como referente de la cultura pop. Desde muy joven me atrajo la sordidez de la nota roja”. Servín se concentra en el mundo de la delincuencia y la vida urbana de la ciudad, se aleja de todo aquello que pueda aparecer en un lenguaje superficial de la ciudad y se mete de lleno en las entrañas. La crónica/relato que da título al libro va sobre un asaltante que se entiende como un mago, como el Mandrake de los cómics, pero aquí hace magia con la pistola que esgrime como varita mágica que le hace posible obtener lo que quiere… hasta que es descubierto y atrapado por la policía.
Mi crónica favorita es Se solicita abducción que es, quizá, uno de los ejemplos más felices del periodismo gonzo en México. Género inventado y desplegado con maestría por el escritor Hunter S. Thompson en donde el centro de la crónica, de la escritura, no es el objeto de la investigación sino quien escribe y la propia escritura del texto. Así, Servín, cuenta sobre la idea de escribir un artículo sobre los extraterrestres en México, en específico sobre las personas que han sido secuestradas por habitantes de otros mundos. El relato sucede en la colonia Roma de la primera década del año 2000, antes de una brutal gentrificación y los personajes son Juan Manuel Servín y Carlos Martínez Rentería, que dirigía la revista Generación y tenía sus oficinas en la Casa del Poeta Ramón López Velarde, en donde Servín, el narrador, lo iba a visitar para contarle la crónica de entrevistas a personas que confesaran haber sido abducidas por extraterrestres. La técnica de investigación consistía en poner una nota en el periódico en donde se pidiera a personas abducidas por OVNIS contar su historia, para eso debían llamar a la oficina de Rentería, por lo que este último y el narrador, no tenían otra cosa que hacer más que encerrarse a esperar la llamada con una botella de ginebra y líneas de cocaína. Mientras esperaban la llamada sucedía eso extraño que es la vida: platicar, ver el reloj y tomar un trago; cuando llegaba el relato de una persona abducida casi siempre era un farsante o del todo incomprensible, una especie de novela de Lem en donde el gran problema es el lenguaje. Pero la crónica tiene la belleza de dejar del lado una buena investigación y mostrar la felicidad extraña de ser el centro del relato y de pensar en amigos que ya no están en colonias que han cambiado por completo, pero que existen en páginas llenas de vida en donde el narrador se pasea por la ciudad mientras descubre lo patético del mundo, de México y de la ciudad que solamente se aguanta con un buen trago de ginebra: la vida misma.
J. M. Servín, Yo soy el Mandrake, Monterrey, Oficio, 2024. 173 páginas.

 

Laura Ramos y las aguas turbulentas de Elena Garro

 

 

Este jueves fue el quinto día de la FIL Guadalajara, se trata de un día especial, pues es cuando asisten los estudiantes a la feria; miles y miles de adolescentes que inundan el lugar. Esta feria es la segunda más grande del mundo y tiene un pasado brutal por la cantidad de escritoras y escritores que han pasado por aquí: prácticamente los más importantes del mundo, y, también, por los premios que otorga: el Premio en Lenguas Romances y el Sor Juana, que entregan a mujeres cada año, y, que, en 1996, se otorgó a Elena Garro. La Feria del Libro de Guadalajara está llena de vida, gente y libros, dinero… algo que le hizo falta a Elena Garro, quien luego de una vida prolífica en la élite intelectual, murió en una terrible pobreza y soledad.
Mientras deambulo por los laberintos de la feria atestados de gente y libros llevo bajo el brazo Elena Garro: los recuerdos sin provenir, de Laura Ramos (¿?) quien escribe un texto de un enorme valor, pues ella estuvo con Elena durante la entrega del pre-mio Sor Juana 1996 siendo editora de la autora de Los recuerdos del porvenir y vivió en carne propia los últimos años de Garro.
El libro de Ramos arranca contándonos que estuvo con ella esos últimos años y citando dos cartas de Garro a Octavio Paz, en donde en una le dice de manera fría y distante que se haga cargo de su hija, y, en la segunda, le ruega que por favor la perdone a ella, todos sus errores, todo lo que ha dicho de él, todo lo que ellos han vivido, pero que, por favor, se apiade de su hija.
La relación entre Elena Garro y Octavio Paz ha sido de las más, si no es que por mucho la más brutal y controversial en México. Paz, poeta deslumbrante y figura hegemónica del poder literario en México, no solamente fue esposo de Garro sino padre de Helena Paz Garro, con quien tuvo una turbulenta y terrible relación que se puede atisbar en las páginas de este libro de Laura Ramos.
Son los últimos años de la década del noventa. Elena Garro es traída por el Estado a México después de vivir más de treinta años en Europa, en específico en París; su vida allá era bastante precaria, no tenían dinero y era difícil ayudarlas en Francia por lo que un grupo de amigos, escritores y funcionarios decidieron traerlas a México, en específico a Cuernavaca, en donde tendrían una beca y un lugar en el que vivir. Pero nada salió bien. Cuando Ramos las conoce viven en una casa que se cae a pedazos, con miles de gatos y sin nada de dinero. Elena Garro vive tan sólo de cigarros, coca cola y café y Helena Paz está todo el tiempo tomando pastillas y alcohol, lo cual la mantiene en un estado de delirio al borde del colapso.
Para la autora es brutal estar cerca de una de las escritoras más talentosas de México que vive en ese estado: el libro es sumamente valioso pues ella estuvo allí en esos días de sufrimiento, por lo cual no es para nada cursi con la idea de Garro que muchas veces es tomada como una mera víctima, que no lo fue y que ella misma odiaba esa revictimización que sufría. La relación entre Elena y Helena era terrible, de eterna lucha con un enemigo que las unía cuando estaban juntas, que era Octavio Paz, pero que, cuando estaban solas, Elena reflexionaba sobre lo cruel e inconsciente que había sido su hija con su padre y Helena diciendo que su madre era quien le había enseñado y obligado a odiarlo.
Un motor importante del libro es la FIL de Guadalajara, pues Laura Ramos tiene la encomienda de llevar a Elena Garro a que reciba el premio, pero la brillante autora de novelas y poemas está cada vez más enferma y le dice que ya está más en el otro mundo que en este, que tan sólo está viva porque debe cerciorarse de que su hija estará bien sin ella. Mientras Helena se colapsa, bebe y gasta el dinero que hay… y Octavio Paz, mientras, apenas y contesta el teléfono, se olvida de su hija y su casa arde en llamas, llevándose buena parte de su biblioteca.

Laura Ramos, Elena Garro: los recuerdos sin porvenir, Ciudad de México, Aguilar, 2023. 261 páginas.