No se puede edificar con los mismos criterios de antes de Otis: arquitecto

Aurora Harrison

El huracán Otis categoría 5 evidenció que los materiales de construcción de los desarrollos no “resistieron” la intensidad del viento y que no se puede edificar con los mismos criterios de antes de este fenómeno, que se tiene que reforzar el material y las estructuras de los inmuebles, consideró el arquitecto urbanista, Néstor Mayo Casanova.
Ayer martes en la conferencia Impacto a las construcciones y acciones en la normatividad y reglamentos, que se efectuó en el Zócalo como parte de las actividades por los dos años del huracán Otis, al que asistieron regidores, funcionarios, estudiantes de bachillerato y universidades, el arquitecto y coordinador del Comité Técnico Ciudadano Auxiliar del Consejo Municipal de Desarrollo Urbano de Acapulco, dijo que el impacto del viento fue de entre 270 a 300 kilómetros por hora y “rebasó” los parámetros de las edificaciones para lo que estaban diseñadas.
Sostuvo que las estructuras no fallaron, sino fue el material con el que se construyó y ahora se debe reforzar para que puedan aguantar vientos de más de 300 kilómetros por hora, “muy por enciema del 50 por ciento de lo que marcaban las normas, era material ligero que no resistía ese impacto, las estructuras no fallaron, lo que falló fue el tipo de material”.
“Acapulco está en un suelo de alta fragilidad”, dijo el arquitecto, y mencionó que después de la evluación técnica que se hizo se determinó que se tenía que dejar de construir con techos ligeros porque fueron los primeros en desprenderse con los vientos.
Recordó que en Llano Largo un desarrollo aceptable era de 120 viviendas por hectárea, pero se permitieron 300 casas, “cuando lo ideal no supera ni las 80, “eso no sólo es un error técnico, es un riesgo a la vida”.
Además dijo que el gobierno del estado después de que Acapulco se volvió un caso de estudio por el impacto del huracán Otis, trabajó y emitió los lineamientos de construcción para todos los municipios costeros y el municipio también hizo lo suyo, y actualmente está en la actualizacion del Programa de Ordenamiento Ecológico Local (POEL) y “con eso se puede regular el territorio”.
En tanto la alcaldesa, Abelina López Rodríguez, durante su intervención subrayó que la catástrofe dejó también un reto social y humano, reiteró que el cambio climático va a dejar que haya fenómenos “en mayor grado”.
“Lo vivido con el huracán Otis no es nada agradable, cuando regresas la mayoría de las construcciones en zona Diamante no fue más que el espejismo, y que ahora ahí están las consecuencias, no soy arquitecta, soy abogada”, dijo.
Recordó que su padre que fue campesino y albañil, hacía muros que todavía están sólidos, porque le metían varilla, al igual que indicó que las losas con una “resistencia de 250 no será una coladera, pero en aras de robar le echan 150 y ahí está la filtración de agua”.
Sostuvo que Acapulco debe seguir transitando en la honestida y “no se puede permitir estar dando permisos donde no indica regla, ese billete que entra por debajo ha hecho mucho daño”.
En su mensaje antes de la conferencia del arquitecto, al que fueron invitados estudiantes de bachillerato del CETIS 41, Colegio de Bachilleres y Tecnológico de Acapulco, la alcaldesa dijo que “hoy tenemos que educar, prevenir y adaptarnos, porque serán las nuevas generaciones quienes van a enfrentar de lleno los efectos del cambio climático y no hay vuelta atrás, lo cual indica que antes decíamos que tenemos que mitigar, ahora tenemos que adaptarnos”.
“Nosotros estamos a dos frentes, tenemos la Placa de Cocos, somos una zona sísmica, pero ahora nos cae el otro elemento que tiene que ver con los huracanes, eso nos obliga a actuar y actualizar los reglamentos de construcción, porque no podemos estar como estamos”, dijo.
Después en entrevista, López Rodríguez aseguró que en su gobierno se ha avanzado, ya se tiene el POEL y ya se trabaja en actualizar el atlas de riesgo, que permitirá que se pueda tener una buena planeación urbana.
Aseguró que no ha dado permisos en zonas de riesgo, “donde no me indica la regla no he dado, ya tenemos los planes del Centro Histórico y el de Pie de la Cuesta-Barra Vieja y no podemos salirnos de ahí, luego de pronto la gente se enoja y quiere construir donde quiera y no se puede, porque entramos en responsabilidad ambos y eso de aquí en adelante se tiene que cuidar”.
Por su parte la secretaria de Desarrollo Urbano y Obras Públicas municipal, María Mélida Campos, dijo que la reconstrucción no debe limitarse al cemento y al acero, sino a la participación ciudadana, porque el reto es convertir la tragedia en transformación.
“Otis nos dejó una gran lección, necesitamos edificaciones seguras, pero también comunidades organizadas. La resiliencia no es sólo reconstruir lo perdido, sino fortalecernos como sociedad con educación y corresponsabilidad”, dijo la funcionaria.
Abundó que los lineamientos y normas son para ejecutar “los procesos de instalación y construcción de esos materiales, que significa que deben estar más reforzados, las separaciones, las puntas, todo tiene que estar mejor diseñado estructuralmente y el proceso es que tiene que cambiar”.

 

Primero se debió actualizar el Plan Municipal de Desarrollo Urbano, advierte arquitecto

Aurora Harrison

El arquitecto Manuel Ruz Vargas consideró que primero se debió actualizar el Plan Municipal de Desarrollo Urbano, que se encuentra en revisión, y después los planes parciales del Centro-Histórico de Acapulco y el de Desarrollo Urbano de Pie de la Cuesta- Barra Vieja, para que sean homogéneos.
Ayer en declaraciones, a pregunta expresa de que los planes parciales ya fueron turnados a Comisiones en Cabildo para su revisión, respondió que, aunque los proyectos cumplen con las normas técnicas porque se hicieron las consultas públicas, dijo que primero se debió actualizar el Plan Municipal de Desarrollo Urbano.
Consideró que primero debieron aprobar el Plan Municipal, “pero muchas veces hay recursos etiquetados y hay periodo de entrega, origina que se trabaje con premura”, en cambio actualizado el plan, se hacen la propuesta de los planes parciales, y se incorpora a lo que hace Fonatur, “sería lo ideal”.
Dijo que debe haber continuidad “porque ese es el gran fracaso, no hay continuidad, la planeación es una cuestión de poca visión y ese seguimiento debió haber estado a cargo del Instituto Municipal de Planeación o del observatorio ciudadano, pero no sabemos si funciona o no el Implan”.
Recordó que el Plan Municipal se sigue actualizando, porque se están haciendo adecuaciones tras los fenómenos naturales de Otis y John, porque el que se encuentra vigente “se aprobó en el 2020 en fastrack porque habría cambio de gobierno, si no se aprobaba no habría recursos para el estado y esa fue la amenaza”.
De los planes del Centro Histórico y el de Desarrollo Urbano de Pie de la Cuesta-Barra Vieja, “cumple con los requisitos porque cubrieron las normas técnicas que tiene que ser consulta pública y cubrir con lo que establece la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) y todos los planes parciales deben cumplir con un formato oficial”.
Explicó que los planes toman en cuenta las zonas de riesgo, los estudios de impacto ambiental, no como antes que se manejaba de manera dispersa, ahora tiene que ser una visión integral del espacio, para saber cuál es habitable y cuál no.
“Estos planes están respondiendo para lo que fueron contratados, la preocupación es cómo se vinculan esos planes con los que existen actualmente y los que desarrolla Fonatur, porque se supone que todos deben seguir la misma línea normativa”, dijo, y advirtió que se puede encontrar que en uno tenga un tipo de suelo y en el otro pueda ser contrario cuando lo correcto debería ser que haya una “homogeniedad”.
Lamentó que “se comete el error de siempre de nada más ver el litoral, la zona turística, y se deja relegada la zona rural, la zona urbana, y seguimos degenerando todas las fuentes de empleo, en lo que es el litoral, en el anfiteatro, y zona Diamante”, cuando los planes parciales deben poner enfasis en una ciudad policéntrica, como lo establece el Plan Metropolitano o el Plan Municipal.
Por otra parte consideró que se debe rehacer una ley de costas, para considerar los efectos del cambio climático, y la recurrencia del mar de fondo, los ciclones. “Tenemos que ampliar la zona federal, en España lo hicieron a 100 metros, aquí tenemos 20 metros que es ridículo la verdad, se tiene que ampliar por norma y por instinto común”, finalizó.

Cuestiona también el Colegio de Arquitectos el anteproyecto del Jardín del Puerto

Ayer sustituyeron en el Jardín del Puerto una malla ciclónica que impedía la visibilidad por otra que sí lo permitía Foto: Jacob Morales Antonio

Óscar Ricardo Muñoz Cano

El arquitecto Sául Ramos Alarcón, que preside la delegación Acapulco del Colegio Guerrerense de Arquitectos, se sumó a las críticas del proyecto actual del Jardín del Puerto que desarrolla la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) Acapulco que, de corte únicamente comercial, no consideró, dijo, ninguna de las propuestas vertidas en los foros ciudadanos que el gobierno organizó en abril pasado.
“En lugar de tiendas de salud y belleza, proponemos transformar este espacio en un jardín permeable, con zonas recreativas, un centro cultural, y hasta una cineteca que celebre nuestro Cine de Oro mexicano y muestre al mundo lo que Acapulco representa”, comentó en charla telefónica quien es además parte del colectivo Recuperemos el Jardín del Puerto y que llamó a los diferentes colegios de arquitectos, a la sociedad civil, no sólo sumarse a la defensa del jardín sino a presentar otros proyectos que sí beneficien a los acapulqueños.
Así, y tras socializar dichas propuestas en las redes sociales en días pasados, señaló que el proyecto actual no está considerando las opiniones de la ciudad, muchas de ellas vertidas en los foros y reuniones llevadas a cabo durante el primer trimestre de este año y organizadas por el propio gobierno federal “y está viendo sólo la parte comercial que ya vimos no funciona, por lo que es totalmente incongruente”.
Ese espacio, recordó, fue creado a mediados de los años 30 como un tipo de alameda arbolada junto al muelle; “era efectivamente un jardín que iba desde lo que ahora va a ser la estación del Maribús junto al Malecón, hasta el Parque de la Reina; hay películas, una de (Germán Valdés) Tin-Tán, donde se ve precisamente el muelle y todo un jardín”.
Al paso del tiempo, lamentó, se construyó la estructura actual del muelle, comiéndose toda la vegetación, todo el jardín, y se levantaron algunas construcciones, muchas de ellas comerciales que no funcionaron.
“Ya está visto que ese lugar para el uso que le quieren volver a dar, no funciona”, por lo que indicó, hay que voltear a ver a la ciudadanía y a sus necesidades reales.
“Realmente, una ciudad necesita al menos un 9 por ciento de área verde y Acapulco tiene menos del 2 por ciento, incluyendo al parque del Veladero, para tener una ciudad sustentable”.
Así, opinó que “es necesario construir una zona ajardinada, sí mantener el edificio central que antes fue un (restaurante) 100% Natural, que viene en el proyecto de la Asipona como un espacio cultural, mantener el ágora para otro tipo de actividades también de cultura y por qué no, algunas otras construcciones para comercios, pero sí mucho más área permeable, mucho más área verde que no está considerada en un jardín que no lo es porque sólo incluye unos cuantos espacios delimitados”.
De hecho, en días pasados hizo pública esta propuesta a través de sus redes sociales, propuesta que tiene su origen –y es compartida– en el colectivo Recuperemos el Jardín del Puerto al que pertenecen personalidades como la ambientalista Kay Mendieta Marsalis o el vicepresidente de región 5 del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Manuel Ignacio Ruz Vargas.
No es que uno esté peleado con el proyecto de la Asipona, acotó el arquitecto Ramos Alarcón, pero aseguró, sí hay antecedentes de que se puede trabajar en ese sentido, pues recordó el caso de La plaza del Heroísmo, en el puerto de Veracruz, donde el año anterior se logró que unas bodegas de la Asipona Veracruz fueran convertidas por la propia Asipona en un espacio público y de disfrute para la ciudadanía.
Llamó a los diferentes colegios de arquitectos, a la sociedad civil, no sólo a sumarse a la defensa del jardín, sino a presentar otros proyectos que sí beneficien a los acapulqueños; “no sólo hay que criticar, también hay que empezar a proponer”.
Durante la mañana de este miércoles, se retiró la malla ciclónica que estaba cubierta con una tela que impedía la visibilidad al interior del Jardín del Puerto, y fue sustituida por otra que permite ver el interior del jardín.
En la parte frontal, que da al muelle, fueron colocados paneles de madera, excluyendo los locales que están terminados y que servirán de muestras a los interesados en rentar un espacio comercial en el lugar.

 

Cuestiona arquitecto las políticas públicas del desarrollo urbano en la historia de Acapulco

Vista de los hoteles en la Zona Dorada de Acapulco, en dónde se observa cómo fueron construidos en la playa Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

Desde un mirador informal en el camino Par Vial, 200 metros más arriba del extinto hotel Villa Vera de la avenida Costera Vieja, se puede ver el esplendor de la bahía de Acapulco de la glorieta de La Diana hacia Icacos, una belleza visual que, no obstante, es obstruida por los altos hoteles y condominios construidos sobre la playa.
La política permisiva que dio lugar a la construcción de grandes edificios delante de la avenida Costera, y no detrás como en la mayoría de las grandes ciudades turísticos del mundo, es uno de los primeros grandes problemas que ubica el autor del libro Políticas urbanas de Acapulco (1927-1997), Carlos Salgado Galarza, en un repaso del crecimiento de la ciudad hasta la actualidad, en el contexto de la reconstrucción tras el paso de los huracanes Otis y John que “vinieron a desnudar todas las malas cosas que hicieron los gobiernos”.
Pese a una planeación de Acapulco hecha por los grandes arquitectos del país desde la década de 1930, el interés de los gobernantes se impuso, señaló en entrevista el doctor en Urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y sumó a la lista de errores al desplazamiento de la población hacia la inundable área de la colonia Ciudad Renacimiento y a la “urbanización masiva” de la zona Diamante.

La carretera México-Acapulco, punto de partida

Al igual que otros investigadores que estudian el desarrollo urbano del municipio, el académico de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) parte su análisis del año de 1927, cuando fue inaugurada la carretera federal México-Acapulco, el presidente del país era Plutarco Elías Calles.
“La carretera puso al descubierto las bellezas naturales de la bahía de Santa Lucía, dando lugar a un incipiente turismo. Esta vía de comunicación incluía largos tramos de terracería y se pavimentó por completo hasta 1936”.
La primera de varias etapas del desarrollo urbano de Acapulco comenzó con el fraccionamiento y lotificación de la península de Las Playas durante la década de 1930, “mucha de la gente de recursos de la Ciudad de México compra en toda esta parte, entonces de la península hacia Hornos empieza a crecer”.
Actualmente, muchas de las grandes casas y los icónicos hoteles ubicados en el fraccionamiento Las Playas se encuentran en abandono, el Acapulco Tradicional que no se ha recuperado de la pobreza y la violencia en la que viven sus vecinos.

La Junta Federal y las expropiaciones

Paralelamente, subraya el arquitecto en su repaso de la historia urbana del municipio costero, empiezan las expropiaciones de los terrenos ejidales dentro de la bahía de Acapulco y hacia las afueras.
El 13 de octubre de 1945 se publicó en el Diario Oficial de la Federación que la Junta Federal de Mejoras Regulatorias estaba facultada para llevar a cabo las obras el Plano Regulador elaborado por el arquitecto Contreras.
El 28 de enero de 1947 se estableció el acuerdo por el cual se considera de “utilidad pública” la realización del plan de financiamiento presentado por la Junta Federal consistente en adquirir los terrenos ejidales siguientes: Pie de la Cuesta, El Jardín, Santa Cruz, El Progreso, El Placer, La Garita, Icacos, El Veladero, Las Cruces, El Marqués y Revolcadero.
“Inicialmente la Junta Federal era una asociación que se dedicaba en los puertos, empezando por Veracruz, a cobrar un impuesto por los productos que llegaban”, ahondó Salgado Galarza en la entrevista.
“Aquí le dieron otro uso, empezaron a intervenir mucho en la planeación, o sea, empezaron a comprar terrenos y a fraccionar”.

El ejido de Icacos para Pemex y Semar

El punto alto del Par Vial, inaugurado en 2015 por el entonces alcalde perredista Evodio Velázquez con el fin de descongestionar el tráfico vehicular con un camino hacia la colonia Chinameca, se observa con claridad cómo la avenida Costera se aleja cada vez más de la playa conforme el camino avanza hacia la Base Naval.
Los extensos plantíos de cocos del ejido de Icacos fueron barridos en aras del crecimiento urbano, el pueblo fue poco a poco replegado de los terrenos originales y se va configurando la mancha urbana que tapiza la planicie y los cerros alrededor, resaltan condominios como La Palapa que tapan la vista de los vecinos de la colonia asentada detrás del edificio.
El 9 de noviembre de 1940, semanas antes del fin del sexenio presidencial de Lázaro Cárdenas, se llevó a cabo la expropiación de 76 hectáreas destinadas a la Secretaría de Educación Pública (SEP) para crear un club deportivo, terrenos que formaba parte de las 726 hectáreas que el mandatario otorgó como dotación ejidal a favor de los campesinos en el marco de su política de repartición de tierras.
El 17 de enero de 1945, en la administración de Manuel Ávila Camacho, fue expropiado al ejido de Icacos una hectárea y 7 áreas a favor de Pemex, y en dicha superficie, la Secretaría de Marina (Semar) instaló la Base Naval.

El primer Plano Regulador planteó un camino entre la playa y los hoteles

En 1931 se decidió hacer el primer Plano Regulador del país en Acapulco, a cargo de Carlos Contreras, cuya importancia radicó en contemplar una vía que diera “unidad turística a la bahía” separando una banda uso público irrestricto entre la playa y la carretera, y del otro la primera línea de predios hoteleros.
Detrás de los hoteles se concibieron predios para la construcción de viviendas y quintas vacacionales aprovechando la pendiente hacia el escenario de la bahía.
En el libro de Políticas Urbanas se precisa que la calzada Costera sólo se abrió del Puente Morelos (obelisco a Morelos) al Farallón de San Lorenzo (Asta Bandera), aunque el proyecto llegaba a la avenida Farallón del Obispo y se prolongaría como carretera a Puerto Marqués.
A diferencia de otros sitios turísticos del mundo como Río de Janeiro en Brasil, apunta el arquitecto Salgado Galarza, en Acapulco se construyeron hoteles a orilla de playa, afectando el clima de la propia ciudad.
El presidente Miguel Alemán impulsó esta política, en 1962 fue inaugurado su hotel Acapulco Hilton, ahora Emporio.

La “vieja guardia de arquitectos” del país planificó Acapulco

En 1950, el reconocido arquitecto Mario Pani, quien en la década de 1960 planearía el Conjunto Habitacional Nonoalco-Tlatelolco en la Ciudad de México, fue nombrado primer director técnico de la Comisión de Planificación Regional de Acapulco para urbanizar al municipio y atajar el peligro que se avizoraba desde entonces, “cumplir a la vez con las funciones de la ciudad, puerto y centro turístico”.
Para ello, la bahía de Santa Lucía estaría destinada para conservar e incrementar la ciudad turística, la laguna de Tres Palos sería un vaso regulador de un puerto interior que se instalaría entre esa laguna y la Laguna Negra, con acceso a la bahía de Puerto Marqués; y la laguna de Coyuca estaría reservada a la pesca. Hasta un ferrocarril correría paralelamente al cauce del río Papagayo.
Dentro de la “vieja guardia de arquitectos” que moldeó Acapulco se encuentran Enrique del Moral, quien realizó junto con Pani el aeropuerto y el Club de Yates; y Federico Mariscal, diseñador de la catedral de Acapulco.

El Plan Acapulco, uno de los proyectos más ambiciosos

La siguiente propuesta de planeación urbana fue el Plano Regulador de 1960 de Enrique Cervantes, quien también encabezó el Plan de Desarrollo Metropolitano de la región y ciudad de Acapulco.
El Plan de Desarrollo Metropolitano se llevó a cabo simultáneamente al programa de obras denominado Plan Acapulco (1971-1976), la política urbana más ambiciosa desde la perspectiva de Salgado Galarza “porque tocó lo de los barrios que estaban muy abandonados”.
En marzo de 1970, el entonces candidato presidencial priista Luis Echeverría expresó en Acapulco la necesidad de resolver la legalización y la regularización de las colonias establecidos en los cerros del municipio sin servicios públicos, lo que se materializó en una comisión en la Secretaría de Patrimonio Nacional, cuyo director era Pedro Moctezuma Díaz Infante.

Renacimiento y Diamante, los otros errores

–Y si hubo en la parte técnica tan buena planeación, ¿qué fue lo que pasó?
–Fue la intervención de los gobiernos, ahí más que todo tenían que ver sus intereses, más que todo, o sea, estaban los documentos, pero muchos no los tomaban en cuenta o tomaban en cuenta una parte y otras partes no.
El Fideicomiso Acapulco, proyecto sucesor del Plan Acapulco, delimitó el crecimiento urbano como parte del proyecto del gobernador Rubén Figueroa Figueroa (1975-1981) de desplazar masivamente a los vecinos de las colonias altas del Anfiteatro a la incipiente zona suburbana del municipio.
La resistencia del Consejo General de Colonias Populares de Acapulco (CGCPA) aminoró el número de desplazados, pero no impidió la consolidación de la colonia Ciudad Renacimiento, “que aunque es un proyecto muy interesante desde el punto de vista urbano, lo hubieran metido en otra zona porque cada año se inunda”, dijo Salgado Galarza.
Además de la construcción sobre la playa y Ciudad Renacimiento, el especialista señaló como tercer gran problema del desarrollo urbano de Acapulco “la urbanización masiva” de la zona Diamante, promovida por el finado mandatario José Francisco Ruiz Massieu (1987-1993) y donde “las inmobiliarias metieron a ras de tierra y se inunda también, la devastación de manglares, barreras para los huracanes”.

¿Qué hacer?

“Lo que es muy importante ahora dentro de la planeación es la participación ciudadana, que ahora le llaman planeación participativa, los que sabemos cómo está el lugar donde vivimos somos los ciudadanos, entonces involucrar más a la gente”.
El libro de Políticas Urbanas de Acapulco concluye en 1997, cuando ocurrió el primer gran desastre social a raíz de un huracán, el Paulina, que golpeó fuertemente a Acapulco y ocasionó la muerte de cientos de vecinos, sobre todo de las partes altas del anfiteatro.
A unos meses de cumplir el primer aniversario del huracán John y el segundo del meteoro Otis, el investigador de la UAG dijo que “estos fenómenos vinieron a desnudar todas las malas cosas que hicieron los gobiernos”.