Hasta la semana pasada, Lula era el presidente de un gobierno considerado malo o pésimo por más de la mitad de los brasileños, minoritario en el Congreso. Sin embargo, el anuncio por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de un aumento sustancial de los aranceles sobre los productos brasileños el pasado miércoles, lo cambió todo.
En efecto, al prometer que aumentará de manera unilateral los aranceles a un 50 por ciento a todas las exportaciones brasileñas, Trump acaba de darle una nueva bandera electoral al presidente brasileño, restableciendo sus posibilidades de reelección, al tiempo que ha perturbado la estrategia política del gobernador de São Paulo (y posible rival de Lula en la elección presidencial del año próximo) Tarcísio de Freitas, y fragilizado aún más la endeble situación jurídica de la familia Bolsonaro. Si Trump no cambia de opinión en las próximas semanas y las sanciones entran en vigor el 1 de agosto, como estaba previsto, las elecciones de 2026 podrían verse polarizadas por el sentimiento antinorteamericano. Las recientes elecciones en Canadá y Australia indican que el antiamericanismo es un argumento electoral considerable.
De un plumazo, Lula se ha ganado dos villanos a los que culpar de cualquier problema económico en los próximos 18 meses. ¿Más inflación? ¿Más desempleo? Trump y Bolsonaro serán designados como los culpables. Tras el anuncio de Trump, la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia de la Republica de Brasil ha ideado dos campañas de publicidad: una nacionalista que dice que “Brasil se escribe con S de soberanía” y otra que compara “Lula grava a los superricos y Bolsonaro grava a Brasil”.
Según la reacción oficial del gobierno brasileño, Brasil no tomará ninguna medida antes de que los aranceles entren en vigor el 1 de agosto. Incluso después, las represalias deberían ser puntuales. Hasta el día de hoy, la idea de romper las patentes de los medicamentos, planteada por algunos medios brasileños, estaba descartada. También se descartaba un arancel sobre la maquinaria y el equipamiento, el petróleo, el gas natural, los fertilizantes, es decir, todo lo que pudiera provocar aumentos de precios en Brasil. Además de la posible caída de la economía por la reducción de las exportaciones, la principal preocupación del Ministerio de Hacienda es el efecto de los aranceles sobre la inflación. Lo más probable es que las eventuales represalias de Brasil se centren en artículos simbólicos como el etanol de maíz, las películas estadunidenses y las grandes empresas de tecnología norteamericanas. Entre tanto, el vicepresidente Geraldo Alckmin inició consultas con los principales exportadores brasileños a Estados Unidos para una reacción del Estado, no del gobierno. El equipo del Ministerio de Industria y Comercio que estaba negociando con Estados Unidos hasta la semana pasada (y que había recibido señales de que Brasil tendría un arancel mínimo debido a su superávit comercial) coordinará el trabajo.
En el plano político, Lula culpó a Jair y su hijo, Eduardo Bolsonaro, habló mal de Trump y señaló que Estados Unidos tiene superávit con Brasil. Frente a ello, la reacción de los Bolsonaros ayuda a Lula. “¡GRACIAS PRESIDENTE TRUMP –HAGA A BRASIL LIBRE DE NUEVO– QUEREMOS MAGNITSKY!”, escribió en mayúsculas Eduardo Bolsonaro, pidiendo que se amplíen las sanciones estadunidenses para que el ministro Alexandre de Moraes sea bloqueado de todas las transacciones financieras que involucren a empresas estadunidenses.
En una carta firmada con el lobista Paulo Figueiredo, Eduardo Bolsonaro relató con orgullo cómo desde marzo, cuando se autoexilió en Estados Unidos, ha presionado para que se impongan sanciones. “El presidente Trump entendió correctamente que Alexandre de Moraes solo puede actuar con el respaldo de un establishment político, empresarial e institucional que esté de acuerdo con su escalada autoritaria. El presidente estadunidense entendió que este establishment también debe asumir el costo de esta aventura (el juicio de Jair Bolsonaro)”, escribieron ambos. Al hacerlo, deja en evidencia la implicación de la extrema derecha brasileña en esta tentativa de extorsión internacional llevada a cabo por Donald Trump en contra de la democracia brasileña. En este sentido, si bien no estamos aún en diciembre, es posible decir que Lula ya ha recibido su regalo de Navidad.
* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)
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