
Ramón Gracida Gómez
Ayer concluyó la jornada de búsqueda en campo de Jhonatan Guadalupe Romero Gil, la segunda del mes hecha a raíz de la Acción Urgente emitida por el Comité Contra la Desaparición Forzada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al Estado mexicano.
Fueron cinco días de búsqueda intensa, de varias horas bajo el intenso calor subiendo los cerros de la periférica colonia Ampliación Simón Bolívar, y las barrancas de los altos asentamientos urbanos del Anfiteatro Palma y María de la O, donde participaron familiares, activistas y autoridades de los gobiernos federal y estatal.
Este viernes fue el segundo día en el área cercana a la zona arqueológica de Palma Sola, donde el convoy conformado por la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas (CEBP), el Ministerio Público de la Fiscalía General de la República (FGR), la Secretaría de Marina (Semar), la Guardia Nacional y la Policía Estatal, estacionó sus grandes camionetas que impresionaron a algunos vecinos.
El contingente de más de 20 personas avanzó al punto en el mapa que la mamá del joven desaparecido el 5 de diciembre de 2018 por policías municipales, Socorro Gil Guzmán, recibió anónimamente y entregó a la representante de la CNB para utilizarlo como referencia de búsqueda.
Caminaron por un callejón, descendieron a un arroyo con construcciones de viviendas muy cercanas a éste y comenzaron a subir por los caminos artesanales que son utilizados por los vecinos de esta zona alta de Acapulco para conectar sus mangueras de agua, pero que se sospecha que también son utilizados por perpetradores de desapariciones para enterrar cuerpos clandestinamente.
Fue un recorrido complicado para cualquiera de los participantes por laderas en las que fácilmente pudieran resbalarse, como le sucedió a uno de los activistas y a un integrante de la CEBP; y también hubo piquetes de avispas.
Al frente del contingente iban integrantes de la Semar abriendo camino y revisando el perímetro, detrás iban representantes de distintas instituciones e integrantes de la colectiva Memoria, Verdad y Justicia, y de la organización Ponte Nuestras Botas, y de la Brigada Humanitaria de Paz Marabunta como se publicó el jueves, en la nota del tercer día de búsqueda en la Ampliación Simón Bolívar.
Hugo Ozuna y Darío Velasco, estudiantes de maestría de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), descendieron por una barranca empinada en busca del punto exacto en el mapa que tenían como indicio; y Bolívar Darío Rojas Rivas, quien busca justicia por el asesinato de su madre Adela Rivas Obé, subió metros más arriba para descartar otros lugares con el activista Julio Mata, pasando por un altar de ritual de santería con plumas de gallina y cigarros.
Nadia, hermana de Jhonatan Guadalupe, estuvo cerca de su madre, quien no paraba de caminar a pesar de lo agreste del territorio y encontró una playera roja rota y rápidamente introdujo su varilla intuyendo la presencia de restos humanos.
La gran bahía de Acapulco fue escenografía de una búsqueda que no tuvo resultados positivos, sin que ello significara detenerla pues apenas iban dos horas de las seis que duró la jornada de ayer.
A las 2 de la tarde, integrantes de la CNB y la CEBP comenzaron un rastreo con el georradar, criticado por familiares porque no ha dado resultados, en un terreno plano ubicado a un costado de una torre de luz, aunque a diferencia de otros días de búsqueda esta vez una delimitación de los metros de introspección con rastros rojos de aerosol.
A las casi 3 de la tarde la búsqueda continuó detrás de una casa colindante con El Veladero, a un kilómetro de distancia de donde la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) celebró el 17 de julio pasado el 45 aniversario de la declaración como parque nacional; parecía un lugar abandonado, ningún vecino se asomó para preguntar qué buscaban tantas personas con machete, pico y pala en la tierra.


