Ocultó su pertenencia al ERPI para impedir la represión a más estudiantes: Ericka Zamora

La sobreviviente de la matanza de indígenas na savi en la comunidad de El Charco, Erika Zamora Pardo, en entrevista con El Sur Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

El Charco, Ñuu Savi

“Reivindicarme en ese momento como militante de una organización guerrillera implicaba también que llegara la represión a muchos compañeros estudiantes que no tenían nada que ver con la guerrilla”, dijo Éricka Zamora Pardo de su reciente aceptación de formar parte del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) a 28 años de la masacre de El Charco.
En entrevista tras el acto conmemorativo del domingo pasado, se asumió como parte de la columna de los 12 integrantes del ERPI que pernoctaba junto con 26 civiles el 7 de junio de 1998 dentro de la primaria Caritino Maldonado Pérez en El Charco, entonces comunidad del municipio de Ayutla, actualmente de Ñuu Savi.
A las 2 de la mañana, relató la sobreviviente a El Sur, cientos de soldados del Ejército mexicano los rodearon y durante una hora hubo un “proceso de estira y afloja” a balazos entre las dos partes hasta que Honorio García Lorenzo, originario de Ahuacachahue, salió del aula hacia la cancha.
El indígena na savi, primero de las 11 víctimas mortales, era un civil que “traía su traje de manta, para ese momento ya había luna, se distinguía perfectamente que no iba armado”; les pidió a los militares no disparar, pero lo hicieron y comenzaron a rafaguear de nuevo a la escuela.
El ERPI contestó “hasta que se acabaron los pertrechos”; entre las 7:30 y 8 de la mañana Zamora Pardo, entonces de 21 años, que estudiaba el bachillerato del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y que tenía la intención de ingresar a la carrera de Sociología, avisó a los militares que iban a salir de la escuela.
La decisión de rendirse la tomó el mando de la columna guerrillera, aún anónimo por decisión de la sobreviviente, al igual que la identidad de otros compañeros porque no tiene la “autorización de las compañeras”, es decir, las viudas.
Los soldados les pidieron salir con las manos en alto y tirarse a la cancha, “no te puedo decir si alcanzaron a salir todos los compañeros porque soy la primera, y en el momento que yo me estoy tirando en la cancha empiezan a disparar nuevamente”. Atrás de Ericka Zamora iba Mario Chávez García, otro de los civiles heridos en un costado, que falleció.
Algunos guerrilleros lograron romper el cerco y con otros compañeros intentaron detener al Ejército, “pero no pudieron hacer mucho”.
Los milicianos y los civiles se rindieron, entonces “la cuestión del enfrentamiento ya no tiene cabida, simplemente el Ejército nos dispara…en el momento que hay una rendición y que se supone que a las leyes internacionales pues tenía que ser respetada la vida de todos”, puntualizó.
Desde el principio, el Ejército justificó la muerte de 11 personas porque hubo un enfrentamiento. Sin embargo, la posición de la Red Solidaria Década contra la Impunidad, que representa a Zamora Pardo en el caso ingresado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es que en la masacre se violentaron derechos humanos y de guerra, como lo expuso la secretaria técnica de la organización de derechos humanos, María Magdalena López Paulino, en una entrevista publicada ayer en estas páginas.
La Red Solidaria Década contra la Impunidad, presidida por el obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López, que también representa al sobreviviente Efrén Cortés Chávez y a la familia del estudiante caído Ricardo Zavala Tapia, presentó en 2012 la petición de ingreso del caso de El Charco.
En 2018, el organismo internacional publicó el Informe de Admisibilidad del caso y tiene pendiente dar a conocer el Informe de Fondo; Zamora Pardo, quien sostenía que su presencia en El Charco se debía al proyecto de alfabetización que pretendía impulsar junto con Ricardo Zavala Tapia, consideró que su reivindicación guerrillera “técnicamente no modifica ni perjudica” este proceso jurídico que también incluye la demanda de reconocimiento de los cinco heridos-detenidos y 22 detenidos-torturados.
Los militares que masacraron a los civiles y guerrilleros en El Charco estaban bajo el mando del entonces comandante de la 27 Zona Militar, Juan Alfredo Oropeza Garnica; el ex comandante de la Novena Región Militar, Luis Humberto Portillo Leal, también está señalado como responsable.
Los dos están retirados, Oropeza es el actual rector del Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia Honoris Causa; y López Portillo también está acusado de ordenar los primeros asesinatos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tras su aparición el primero de enero de 1994.
El Charco forma parte de las 37 comunidades ñuu savi que se separaron de Ayutla para conformar el municipio Ñuu Savi en 2022. Su alcalde elegido por usos y costumbres en 2024, Donaciano Morales Porfirio, criticó en el aniversario reciente que a 28 años de la masacre se avanzó en la autonomía, pero poco en el desarrollo de la región.
Un día antes de la masacre, la primaria de El Charco fue sede de una reunión regional entre pobladores de distintas comunidades de la región Ñuu Savi y la guerrilla en la que se habló de proyectos sociales y alfabetización, y de la consulta a las comunidades de las Tesis para el Cambio, los documentos básicos del ERPI.
El ERPI surgió el 8 de enero de 1998 a partir de una escisión del Ejército Popular Revolucionario (EPR), que apareció públicamente en el primer aniversario de la matanza de Aguas Blancas el 28 de junio de 1996.
El planteamiento general del nuevo grupo guerrillero era que “el pueblo debería de tomar ciertas decisiones a pesar de no estar en el proceso armado porque finalmente el pueblo es quien sufre las consecuencias de una acción de la guerrilla”, resumió Zamora Pardo.
“La columna interactuaba con las comunidades, o sea, no éramos algo extraño, no éramos ajenos a ellos, entonces era como una convivencia común”.
–¿El Charco puede ser considerado como una base de apoyo del ERPI?
–Pues la región, no solamente El Charco, de hecho los compañeros masacrados son de distintas comunidades, de El Charco solamente es un compañero.
–En un comunicado fechado el 7 de julio de 1998, el ERPI reconoció el error de dormir en la escuela y reivindicó a cuatro muertos como “combatientes revolucionarios, entre ellos el jefe de la unidad, el Capitán José.
–Efectivamente cometimos el error como columna de quedarnos en un espacio conviviendo con compañeros civiles, algo que no se debe de hacer, como de seguridad básica, dijo Ericka Zamora, quien contabilizó tres guerrilleros caídos.
El ingreso de Zamora Pardo a la guerrilla fue a título personal, “yo era una simple militante, una más, no era mando, no era nada”; su intento de deslindar al Comité Estudiantil Metropolitano –la organización social de la que Ericka Zamora formaba parte cuando ocurrió la masacre de El Charco– resultó infructuoso porque finalmente el grupo fue “hostigado, fue amenazado, un compañero fue secuestrado, Higinio Muñoz, en ese momento”; actualmente el riesgo no es vigente, consideró.
Tras cuatro años de un recorrido por las prisiones de Acapulco, Chilpancingo y Puente Grande, Jalisco, esta última de máxima seguridad, Zamora Pardo y Cortés Chávez salieron libres en 2002.
Su reciente reivindicación militante también está motivada por el objetivo de “hacer justicia para Ricardo Zavala y para los compañeros que dieron su vida, que no lucharon en vano, que estaban tratando de hacer un cambio en esos momentos que la represión, la injusticia, la antidemocracia estaban”.
–¿Qué hubiera seguido con el movimiento guerrillero si no se hubiera perpetrado la masacre de El Charco? –se le preguntó a Zamora Pardo con la intención de imaginar otro mundo posible.
El ERPI, respondió la miliciana, tenía la máxima de “crecer en silencio, que era trabajar con las comunidades, explicarles cuál era, uno, el momento de la ruptura (con el EPR) y la nueva propuesta que tenía el ERPI, la construcción del poder popular y por supuesto la participación fundamental del pueblo, de las comunidades”.

Se reivindica como miliciana del ERPI Ericka Zamora a 28 años de la masacre de El Charco

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

A 28 años de la masacre de El Charco, municipio de Ayutla, la sobreviviente Ericka Zamora Pardo se reivindicó, finalmente, como miliciana del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y reconoció que como tal se encontraba la noche de ese día en la escuela primaria Caritino Maldonado Pérez, donde fueron atacados por los militares.
En un comunicado emitido ayer por la Red Solidaria Década contra la Impunidad, se informó que en un conversatorio con motivo del 28 aniversario de la masacre de El Charco, realizado el viernes pasado, Zamora Pardo reconoció abiertamente su militancia en el ERPI, cuyos integrantes pernoctaban la noche del 7 de junio de 1998 en la primaria Caritino Maldonado Pérez, cuando fueron atacados por el Ejército mexicano.
Hasta antes de este aniversario, Zamora Pardo se reconocía como estudiante de la Universidad Autónoma de México (UANM) que realizaba investigaciones en la zona cuando ocurrió la masacre en esa escuela.
De acuerdo con el comunicado de la Red Solidaria Década contra la Impunidad enviado ayer a los medios de comunicación, Zamora Pardo se reivindicó como ex integrante del ERPI, en un conversatorio realizado el 29 de mayo en la Ciudad de México, en el que exigió al Estado mexicano “deje de proteger a los militares responsables de la masacre”.
La madrugada del 7 de junio de 1998, el Ejército mexicano irrumpió en la escuela primaria Caritino Maldonado Pérez de la comunidad de El Charco y ejecutó a 11 personas; 10 indígenas ñuu savi de la región, y un estudiante de la UNAM, Ricardo Zavala Tapia.
Además, otras cinco personas quedaron heridas y veinticinco fueron detenidos y trasladados a la Novena Región Militar de Acapulco, entre ellas Zamora Pardo.
Para la Red Década contra la Impunidad, el reconocimiento de Zamora Pardo como integrante del ERPI “desactiva” el único argumento que el Estado mexicano ha sostenido durante casi tres décadas para eludir la responsabilidad: “que la presencia del ERPI convierte la masacre en un operativo legítimo”.
Refiere que el derecho internacional humanitario, los estándares de la Convención Americana y la jurisprudencia interamericana son inequívocos: “la participación de un grupo armado no suprime el derecho a la vida de quien está fuera de combate”.
La Red Solidaria Década Contra la Impunidad presentó la petición de admisión del caso de la masacre ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el 16 de julio de 2012, y fue registrada en el número P-1315-12.
El 14 de diciembre de 2018, mediante el informe 166/18, la CIDH declaró admisible la petición, reconociendo que la falta de investigación y sanción de los responsables podría constituir violaciones a los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad, las garantías judiciales, la igualdad ante la ley y la protección judicial, consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
La Red Década contra la Impunidad informó que actualmente el caso se encuentra en la etapa de fondo.

Exigen que el caso sea remitido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos

Mientras tanto, Zamora Pardo, el sobreviviente Efrén Cortes Chávez y la familia de Ricardo Zavala Tapia, el tercer asesinado en el ataque de los militares, exigieron que una vez concluido el informe de fondo de la CIDH, el caso sea remitido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) para obtener una sentencia vinculante que obligue al Estado mexicano a investigar, sancionar a los responsables y garantizar la no repetición.
En su comunicado, la Red Solidaria Década contra la Impunidad exige al Estado mexicano en este 28 aniversario, que la CIDH emita a la brevedad posible el informe de fondo en el caso P-1315-12 y, de acreditarse las violaciones, lo remita a la Coidh.
Pide, también, la identificación, juzgamiento y sanción penal de los generales Juan Alfredo Oropeza Garnica y Luis Humberto López Portillo Leal, que encabezaban el operativo militar la noche del 7 de junio, y de todos los mandos y elementos del Ejército mexicano responsables de las ejecuciones y la tortura.
Asimismo, demandan el reconocimiento de responsabilidad del Estado mexicano ante las familias de las 11 personas ejecutadas, los cinco heridos y los 25 detenidos arbitrariamente.
Además, las reparaciones integrales para las víctimas y sus familias, incluyendo garantías de no repetición, así como la desmilitarización de las comunidades indígenas de Guerrero como condición estructural para la no repetición.
El organismo de derechos humanos anunció que el próximo 7 de junio el obispo emérito José Raúl Vera López, en su calidad de presidente de Red Solidaria Década Contra la Impunidad e integrantes de la organización, acompañarán a la comunidad de El Charco a Ericka Zamora Pardo y Efrén Cortés Chávez, en el 28 aniversario de la masacre de El Charco.

A 25 años de El Charco, pide el obispo Vera que López Obrador no mantenga la impunidad

Pobladores de El Charco, integrantes de la Red Solidaria De?cada Contra la Impunidad, organizaciones sociales marchan a 25 an?os de la masacre Foto: Lenin Ocampo Torres

Maribel Gutiérrez

El Charco, Ayutla de los Libres

Hace 25 años, 10 indígenas na savi y un estudiante universitario fueron asesinados por efectivos del Ejército, en la escuela primaria bilingüe de esta comunidad, y ayer, por la masacre, exigieron justicia el obispo emérito Raúl Vera López, el sobreviviente de la masacre Efrén Cortés Chávez, representantes del municipio indígena Ñu Savi que está en proceso de constitución y del gobierno municipal por usos y costumbres de Ayutla, así como dirigentes políticos de izquierda.
El obispo ofició una misa en medio de la cancha de la escuela, frente a las aulas, donde fueron acribillados los indígenas y el joven estudiante Ricardo Zavala Tapia, y con énfasis de manera reiterada llamó a los militares “asesinos”, “asesinos con grado militar”, que merecen castigo.

Nin?as se esconden de la foto en un aula de la primaria Caritino Maldonado de la comunidad de El Charco, donde fueron masacrados 10 indi?genas y un estudiante por el Eje?rcito. A la derecha mujeres escuchan la misa del obispo eme?rito, Rau?l Vera Lo?pez, que ofició en la cancha de la comunidad Foto: Lenin Ocampo Torres

Ahí dirigió un mensaje al presidente Andrés Manuel López Obrador: “No tiene por qué el actual jefe del Ejecutivo seguir manteniendo en la impunidad ese asesinato vil”. Y de seguir así, “cada día que pase va contra usted”, “automáticamente usted se está haciendo cómplice del entonces jefe máximo del Ejército, que era Ernesto Zedillo”.
El obispo emérito viajó a esta tierra del sur, y desde Acapulco en una caravana que subió a la montaña de Ayutla, por una polvorienta carretera en parte de terracería, para pensar en los 10 indígenas y el joven estudiante ejecutados, y en los 27 sobrevivientes que hace 25 años fueron detenidos y torturados y cinco de ellos heridos, y en particular mencionó a Ericka Zamora Pardo y Efrén Cortés Chávez, que sufrieron tortura y estuvieron cuatro años en prisión. El segundo mensaje fue de aliento a las comunidades de esta región que después de 25 años siguen luchando por la justicia.
El tercer mensaje a las comunidades y a las víctimas es que sigan unidas, que nadie las divida por dinero que les dé el gobierno, que estén juntas en su lucha. Se refirió a las viudas de los campesinos ejecutados y a la mayoría de los sobrevivientes que por separado, en la cabecera municipal de Ayutla, participaron en una manifestación también para exigir justicia en esta fecha.
En su cuarto mensaje elogió el esfuerzo del pueblo na savi, que está constituyendo su nuevo municipio indígena, llamado Ñu Savi, formado por las comunidades antes llamadas mixtecas del municipio de Ayutla, y lo llamó a tener fortaleza.
Cuando llegó a El Charco, el obispo Vera, de 77 años, vestido de sotana blanca que usan los sacerdotes dominicos, caminó al frente de un contingente de poco más de 100 personas, al lado de mujeres na savi de la región con sus faldas de colores brillantes, que sostenían una manta con las frases: “Masacre de El Charco. 25 años de lucha por la justicia y contra la impunidad”.
Marcharon también hombres indígenas de la región, y visitantes, líderes políticos de izquierda, que después de la misa oficiada por el obispo participaron en colectivo en la colocación de una ofrenda de flores y veladoras dentro de uno de los salones de clases de la escuela primaria Caritino Maldonado donde hace 25 años se encontraban representantes indígenas de la región y miembros de una columna guerrillera del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), que fueron atacados por tropas del Ejército. Adentro, los salones están pintados por murales alusivos a la masacre cometida en este lugar, del pintor indígena Nicolás de Jesús.
Ahí se encuentra una cruz de piedra con los nombres de los masacrados: Fernando Félix, Zeferino Damián, Manuel Francisco, Fiden-cio Morales, Apolonio Jiménez, Honorio García, Mauro González, Mario García, Daniel Crisóforo, José Rivera y Ricardo Zavala.
Entre los asistentes, a quienes Efrén Cortés llamó “liderazgos estatales” estuvieron el ex rector y nuevamente rector electo de la UAG Javier Saldaña, y los luchadores sociales y políticos Higinio Torres, Antonio Pérez, René Lobato, Javier Vázquez, Javier Manzano, Florentina Rosario y el subsecretario de Gobierno Óscar Chávez.
La secretaria ejecutiva de la Red Solidaria Década contra la Impunidad, Magdalena López Paulino, pidió en el mitin que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) –que en diciembre de 2018 admitió la petición de investigar el caso– rinda el informe de fondo, con el que se espera que la investigación se turne a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que sean juzgadas las violaciones a los derechos humanos y se emita sentencia.
Desde el día de la masacre la escuela bilingüe no volvió a ocuparse para la enseñanza, se reservó, para guardar la memoria de los caídos, sin ocultar los cientos de balazos, y se construyó otra primaria cerca de ese lugar. En frente sigue el aula donde estudian los niños de kínder, y en los alrededores existe ahora un albergue para alumnos que vienen de otros pueblos, un centro de salud con nuevo edificio este año, la comisaría y una telesecundaria. Sin embargo, la población se ha reducido, hace 25 años se contaban unos 300 y ahora son 146, algunos emigraron tras la masacre y otros se fueron en los siguientes años a las ciudades, principalmente por falta de empleo en El Charco.

Una luz desde Guerrero para seguir luchando

El obispo Raúl Vera rezó para que esta comunidad siga luchando por su dignidad, y le agradeció porque “es una luz desde acá del estado de Guerrero para todo nuestro país y más allá, donde se conozca este vil asesinato colectivo cometido por miembros del Ejército mexicano”.
Llamó a los asistentes a seguir trabajando para que en México exista verdaderamente la justicia, y existan verdaderos gobernantes que tienen la obligación desde su quehacer político de garantizar a los ciudadanos el derecho y la justicia.
Dijo que “lo que vinieron a hacer aquí miembros del Ejército mexicano es una injusticia gravísima”, cometida por quienes reciben la encomienda de defender y proteger a la población, pero lo que hicieron fue venir a matar.
Vera López, que conoce a fondo el caso, y como presidente honorario de la organización no gubernamental Red Solida-ria Década contra la Impunidad presentó la petición a la CIDH con sede en Washington de investigar el caso, explicó que los indígenas y sus atacados por soldados del Ejército en la escuela, habían participado en una asamblea para analizar proyectos para mejorar sus condiciones de vida.
Dijo que López Obrador, es sucesor de Ernesto Zedillo, que garantizó a los militares impunidad.
Manifestó que esa masacre, las injusticias cometidas, no pueden seguir impunes, y “que lo sepa el actual jefe máximo del Ejército, eso no puede seguir impune señor presidente, cada día que pase ya va contra usted, automáticamente usted se está haciendo cómplice, del entonces jefe máximo del Ejército, que entonces era Ernesto Zedillo. Entiéndalo”.

Los indígenas reunidos en la escuela ya buscaban formar un nuevo municipio

El obispo Vera, el sobreviviente Efrén Cortés, representantes municipales de Ayutla y Ñu Savi, y los visitantes hablaron de uno de los objetivos de la asamblea que se llevó a cabo hace 25 años en esta escuela.

Fue formar un nuevo municipio indígena Ñu Savi, para tener su propio gobierno que se encargara de mejorar la vida de los indígenas de esta región. Ahora, después de seguir el procedimiento legal en el Congreso del Estado, está muy cerca la constitución del nuevo municipio Ñu Savi, que tendrá cabecera en Coapinola.
“Que este municipio sea el comienzo de una nueva vida, en donde todos piensen en todos, y tengan una vida digna a la que tienen derecho al mismo trato digno”, dijo el obispo.
Efrén Cortés recordó que en la reunión hace 25 años se buscaba formar un municipio indígena, para tener una sociedad más justa, y atender la educación, la salud, las carreteras, la producción que los pueblos de la región necesitan.
En el mitin después de la ceremonia religiosa, el secretario del Comité de Gestión del nuevo municipio, Melquiades Gregorio Porfirio, recordó que hace 25 años, se reunieron representantes de las comunidades, comisarios y líderes, y uno de los tantos anhelos que tenían era el nuevo municipio”.
Manifestó que ahora “las condiciones siguen siendo las mismas, los niños siguen sin recibir una educación de calidad, los caminos siguen igual, los pocos que logramos salir (a estudiar) es por esfuerzo propio, el sistema nos enseña que tenemos que ser individualistas, la educación nos enseña eso, cuando en los pueblos originarios no se trabaja de manera individual, se trabaja en colectivo, y por eso hace 25 años muchos líderes se reunieron para plantear, soñar con un nuevo municipio que permitiera mejorar la calidad de vida, mataron a muchos líderes naturales, mataron a muchos hermanos nuestros, pero afortunadamente hay personas que tenemos memoria y vamos a lograr que más niños en la región recuerden y exijan justicia por los compañeros que han caído, estaremos aquí para que se logren los sueños que ellos tenían y por los que han caído”.
Reflexionó: “Se ha logrado avanzar para tener un nuevo municipio, pero ese municipio no vale la pena si nada más es de nombre”, y planteó “lo que necesitamos es tener una educación de calidad, no importa ser un profesional y no estar al servicio del pueblo”.
También integrante del Comité de Gestión, Donaciano Morales Porfirio, expuso: “Hace 25 años cuando se encontraban campesinos reuniéndose para impulsar el desarrollo, entre esos proyectos estaba tener un gobierno propio y además había la idea de crear nuestro propio municipio, que ahora tiene avance 98 o 99 por ciento en el Congreso”.
Entre los personajes asistentes, el rector electo de la UAG, Javier Saldaña Almazán –que trajo una ofrenda de flores blancas en honor a los 11 asesinados– recibió peticiones de ayuda.
Efrén Cortés planteó hacer en la escuela de El Charco un memorial o un museo para exponer esta historia, y Saldaña respondió que está abierto a la propuesta, cuando asuma nuevamente su función de rector y lo podrá plantear en el Consejo Universitario.
También se planteó que la UAG contribuya a elaborar un Plan de Desarrollo para el nuevo municipio Ñu Savi.

Denuncia la Red Década Contra la Impunidad amenazas contra su secretaria ejecutiva

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

La Red Solidaria Década Contra la Impunidad que da acompañamiento a varios casos de violaciones a derechos humanos en Guerrero, denunció amenazas en contra de su secretaria ejecutiva, Magdalena López Paulino.
“Ni siquiera sabes lo involucrado que estoy en la desaparición forzada de guerrero, guerra sucia, mi caso es el segundo después de lucio cabañas, investiga antes de creer que me puedes hacer caer”, le mandaron decir a través de un mensaje vía Messenger de Faccebook.
En un boletín de prensa, los integrantes de la red Ericka Zamora Pardo y Efrén Cortes Chávez, expresaron ayer su “preocupación” por el mensaje “intimidatorio y amenazador” que le mandaron el 2 de febrero a López Paulino.
Informaron que ese día, aproximadamente a las 19:30 horas, la defensora de derechos humanos y secretaria ejecutiva de la Red Solidaria Década Contra la Impunidad, recibió vía Messenger el texto: “Ni siquiera sabes lo involucrado que estoy en la desaparición forzada de guerrero, guerra sucia, mi caso es el segundo después de lucio cabañas, investiga antes de creer que me puedes hacer caer”.
Detallaron que el texto fue enviado a través del Facebook de John Titor, pero que están seguros que se trata de un perfil falso.
La Red Solidaria Década Contra la Impunidad, actualmente da acompañamiento y litiga los casos de la masacre de El Charco, en este caso representa a Ericka Zamora Pardo, Efrén Cortes Chávez y a la familia Zavala.
Asimismo lleva el caso del luchador social de Iguala asesinado en el 2013, Arturo Hernández Cardona, y el asunto de los policías comunitarios masacrados en Ometepec en mayo del 2015.
Aunado a ello, el organismo de derechos humanos, informó que el 27 de enero, recibió la notificación por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) de la Sentencia del caso Jorge Tzompaxtle Tecpile en el que ese tribunal internacional ordena al Estado mexicano la eliminación de la figura del arraigo “en la Constitución y leyes, y la armonización de la prisión preventiva con la convencionalidad”.
La Red, exigió al gobierno federal un alto al hostigamiento e intimidación a la defensora de derechos humanos María Magdalena López Paulino.
Asimismo responsabilizó al Estado de la integridad física y psicológica de la defensora y demás integrantes de esa Red.
El organismo recuerda que López Paulino cuenta con medidas cautelares del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas desde el 2014.

 

Los gobiernos federal y estatal son omisos con las víctimas de la masacre de El Charco, dice el relator de la CIDH

 

El relator para México de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Enrique Gil Botero, señaló que los gobiernos de México y de Guerrero son omisos e invisibilizan la injusticia, las ejecuciones extrajudiciales y torturas contra las víctimas de la masacre de El Charco, municipio de Ayutla.
Ayer en un diálogo con representantes de la Red Solidaria Década Contra la Impunidad, durante las audiencias del organismo en Panamá, la organización civil que solicitó la apertura del caso ante el organismo internacional, informó del acercamiento con el comisionado en el 159 periodo de sesiones públicas de la CIDH, mediante un breve comunicado.
En este diálogo la sobreviviente de la masacre, Ericka Zamora Pardo habló de la tortura a la que fue sometida por el Ejército, luego del ataque de militares a una escuela en donde ejecutaron a 10 indígenas na savi y al estudiante Ricardo Zavala, el 7 de junio de 1988.
Recordó que hay una petición de justicia ante la CIDH que interpusieron los sobrevivientes, y el señor Gil Botero reconoció la importancia de que el caso “tenga un informe de fondo, ya que han pasado más de 16 años de los hechos y los sobrevivientes de la masacre se encuentran en total desprotección y con las secuelas de la tortura que sufrieron”.
Agregó que “tanto el gobierno del estado de Guerrero como el gobierno federal son omisos a esta masacre, e invisibilizan la injusticia, las ejecuciones extrajudiciales y torturas de las que fueron víctimas la y los sobrevivientes de esta masacre”.
Los abogados de los sobrevivientes, Ernesto Rodríguez y Magdalena López, denunciaron que la impunidad ante las violaciones de los derechos humanos, el acoso a las y los activistas y las ejecuciones son continuas.
Aseguraron que la admisibilidad de este caso en la CIDH será un precedente que frenará la violencia que se vive día a día, porque es necesario frenar ya las ejecuciones.
Antes, la Red informó que había vencido el plazo para que el gobierno mexicano respondiera ante la CIDH sobre lo ocurrido el 7 de junio de 1988 en El Charco, Ayutla.
En otras comunicaciones reveló algunos aspectos de la respuesta de los militares, que no reconocen los 11 asesinatos, a pesar de que las víctimas tenían tres y hasta 10 tiros de bala, y justifica la matanza porque al final de la agresión encontraron cuatro armas largas, cartuchos de diferentes calibres, cobertores, vestimentas verdes y libros insurgentes.