
Ramón Gracida Gómez
Acapulco “es el único puerto histórico en el mundo que olvidó su historia porque su historia la concentraron en la historia hollywoodense”, dijo la ex presidenta del capítulo mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Graciela Aurora Mota Botello.
La académica de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) coordina el proyecto Acapulco: Paz, Seguridad y Desarrollo, No Sin Nosotros, ganador del Concurso de Ideas Nacional e Internacional Acapulco Volverá a Seducirte, convocado en 2024 a raíz del huracán Otis por la Asociación Mexicana de Urbanistas, la Academia Nacional de Arquitectura, la Asociación Mexicana de Urbanistas y Arquitectas y de El Colegio de Urbanistas de México.
Tras su exposición la semana pasada a integrantes del Colectivo Ciudadano en Defensa del Jardín del Puerto, entre ellos el vicepresidente de la región V de Icomos, Manuel Ignacio Ruz Vargas, la integrante de ese mismo organismo asociado a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), afirmó en entrevista que “Acapulco fue el punto de partida de la transformación comercial, urbana y territorial, no nada más de México, sino del mundo”.
“Estamos en uno de los lugares más privilegiados del mundo y lo olvidamos por la desesperanza aprendida, se olvidan las cosas, entonces hay que recuperar esa historia”, indicó la doctora en Filosofía ahondando en las asimetrías y la segregación dentro de la sociedad acapulqueña que ocasionan “odio, resentimiento y lo peor de todo es que genera depredación”.
“Hay mucho daño histórico en el estado, hay mucho resentimiento, ha habido mucha agresión en contra de la población de Guerrero a lo largo de la historia y esto tiene consecuencias sicosociales”.
Acapulco, puntualizó la experta en patrimonio cultural, “no nada más es el territorio urbano, sino es el territorio biocultural, histórico, que está lleno de recursos históricos, culturales, sobre todo, patrimoniales, pero también la relación con el mar, es una relación entre el territorio y el maritorio y está muy descuidado y se ha dejado descuidar en muchos sentidos, una de las zonas más contaminadas que hay en el Pacífico es el puerto de Acapulco”.
En el actual contexto de reconstrucción del municipio, la especialista cuestionó el tipo de turismo que se promueve y la “lamentable confusión de pensar que el espacio público pues es un centro comercial, eso no es un espacio público, ésos son espacios de consumo”.
La coordinadora del proyecto de Patrimonio Cultural y Combate a la Pobreza de la UNAM sostuvo que la educación del espacio “es fundamental para combatir la pobreza porque si yo desperdicio mis pocos recursos que tengo espacialmente, soy todavía más pobre”.
Es necesario recuperar “la memoria colectiva y de los valores y recursos patrimoniales del puerto, hacia esto estamos planteando incluso una polidimensionalidad de opciones y de nichos de mercado no explotados de turismo para poder generar mejores cadenas productivas para la gente, no nada más para el turista, que vive y construye diariamente su ciudad”.
Asimismo, fomentar una cultura de la corresponsabilidad, en la que toda la sociedad se involucre a tener una mejor ciudad, “hemos detectado un inmenso nivel de deterioro social y cívico ciudadano porque la violencia, la desesperación, la falta de elementos colaborativos que sean exitosos para la gente, pues han ido erosionando”, advirtió.
Desde una perspectiva urbanística, el proyecto Acapulco: Paz, Seguridad y Desarrollo, plantea un “reordenamiento para poderle dar un sentido de mayor funcionalidad a toda la composición de la accesibilidad, pero sobre todo, de lo que sería una ciudad para los ciudadanos”, dijo su coordinadora.
Criticó a las autoridades que simulan involucrar a la sociedad en las decisiones urbanas preconcebidas desde antes que participe, la alternativa es el “urbanismo participativo” que impulsa el convivio conforme al asentamiento urbano.
“De nada sirve recomponer las tramas de las ciudades si no hay una ciudad vivida por quienes la viven y es importante que esto vaya avanzando en la integración de la toma de decisiones, como un acuerdo, sobre todo para generar marcos de conservación y preservación de los espacios urbanos”.
La sicóloga social advirtió que el “barrio es uno de los escenarios que más ha sido lacerado por los desastres naturales, es desde ahí donde se tiene que volver a reconstruir el tejido urbano social para generar elementos núcleo de convocatoria para nuevos espacios públicos en los cuales se vaya preservando la vocación del suelo, de los recursos humanos, del lugar, para generar escenarios del futuro” de sostenibilidad y prevención de riesgos.
Afirmó que la paz se alcanza con espacios públicos que “se gestan a partir de involucrar a las personas que usan los espacios públicos, que funcionan en los espacios públicos” en los que haya servicios comerciales, administrativos, jurídicos, socioculturales y educativos.
Dijo que “el fundamento del espacio público no es el espacio público urbano, las calles, las plazas son la consecuencia, el fundamento del espacio público es justo el interés de todos por generar un futuro, ése es el origen de la política, el origen de la sociedad”.
Profundizó: “el espacio público de la sociedad es el bien común y a partir de ahí se hace calles, se hace plazas para lograr el sentido colectivo del bien común, no es un bien privado, es el bien común quien concesiona, quien favorece, quien multiplica, quien relaciona, quien cuida”.
Mota Botello busca aplicar el proyecto de Acapulco que coordina con base en “datos locales que nos vayan favoreciendo, poder ir gestionando estos procesos de lo que hemos llamado Corazones de la ciudad, donde se puedan generar culturas de paz”.
“La construcción de estilos de vida no violentos es una tarea que está pendiente de generar, es ahí donde se permea, la solidaridad entre las personas es la mejor protección porque se toman las medidas en los lugares en específico ante los problemas específicos”.





