La riqueza del género policiaco está en los matices. En las herramientas literarias del escriba, quien dota de humanidad a los personajes que arroja al fragor de ciertas pasiones mundanas. Y para entender el mal resulta determinante sondear los abismos criminales que dan noticias de nuestros alcances atroces. Justo por esta razón, traigo a cuento al poeta y narrador Ahmet Ümit.
Formó parte de una organización de izquierda que luchaba contra el régimen militar en Turquía. Participó activamente en la campaña No a la Nueva Constitución, contra el referéndum constitucional de 1982 tras el golpe de Estado de 1980. Escribió un informe sobre la operación policial en la que sus compañeros fueron arrestados tras pegar carteles de protesta en los muros de la ciudad. El reportaje, en realidad un relato corto, se publicó en la revista Problemas de Paz y Socialismo, del Partido Comunista de la Unión Soviética en Praga. Cosa curiosa para un escritor es que su primer relato, en este caso un texto de denuncia, se publicó en 40 idiomas. Fue una gran estrategia que le permitió llamar la atención de algunas editoriales. En 1983 se graduó de la universidad. En 1985, el partido lo envió con una beca a Moscú. Estudió Ciencias Sociales en la Academia Rusa. En 1986 regresó a Turquía.
Ümit comenzó a escribir poemas durante su estancia en Moscú. La novela Kar Kokusu (Olor a nieve, de 1998), muestra rastros de ese periodo tan vital. El primer libro de cuentos, publicado en 1992, Ç?plak Ayakl?yd? Gece (Noche descalza), recibió el Premio de Pensamiento y Arte Ferit O?uz Bay?r. También ha escrito ensayos sobre Franz Kafka, Dostoyevsky, Patricia Highsmith, Edgar Allan Poe y algunos otros autores de ficción detectivesca en varios diarios y, por supuesto, en publicaciones especializadas.
Los lectores en México pueden encontrar un libro de cuentos que tuvo muchos lectores en Turquía e incluso esas historias se adaptaron para la producción de una serie televisiva. Me refiero a El diablo está en los detalles (Traducción del turco al español, coordinada por Rafael Carpintero. México, Universo de Libros, 2018, 251 páginas).
En este proyecto de narrativa breve aparecen con recurrencia y elegancia dos personajes: el inspector Nevzat, quien trabaja para la policía de Estambul, y su asistente Ali. Ellos hacen las pesquisas con un protocolo bien definido. Resuelven los casos y de alguna manera –hecho mucho más interesante– la justicia no siempre es el fruto de tanto trabajo bien hecho. Al contrario, en muy pocos de los dieciocho casos que incluye este libro la justicia es el resultado institucional. Por ejemplo, un hombre mata a un narcotraficante. Es el único sospechoso, pero nadie lo culpa. Si ese hombre hubiera seguido la ley estaría intranquilo, amenazado de muerte y viviendo con temor, así que comete algunos delitos graves; el inspector ahí detiene el caso. Sabe que su presencia es innecesaria y, cosa curiosa, la justicia ya fue conseguida.
Las características de los relatos de Ümit son atractivas porque el narrador reproduce los hechos, pero no de una manera clásica en primera persona, sino que hay una distancia psicológica, pero el punto de vista sigue siendo en primera persona y las cortinas de humo de cada caso tiendan a densificar la trama. De alguna manera, apela a los prejuicios del lector. El caso más atractivo es el del cuento homónimo: El diablo está en los detalles. Se da cuenta del homicidio violento y salvaje de una mujer, cuya familia está desintegrada y ella tiene una vida sexual muy activa. Así que hay varios personajes que pueden ser culpables del homicidio, tanto el inspector como su asistente deben navegar entre los chicos que tocan en bandas de metal o asisten a bares de mala muerte; pero todos practican ritos satánicos. Las pesquisas no tienen desperdicio, tampoco éxito; pero el inspector asume que todos los habitantes de ese mundo esotérico, a pesar de todo el mal que pregonan, no acabaron con la chica, sino que fue alguien más inofensivo. Nevzat encuentra al culpable gracias a una prueba de ADN y finaliza el caso. Como apunte técnico, debe señalarse que la cronología de los hechos es lineal. La prosa es concisa, de estilo directo, no busca florituras ni figuras retóricas. Se trata de una prosa telegráfica. Y, en estos casos, la resolución de los cuentos no es sorpresiva, eso confirma una tesis mucho más elaborada, pero me gustaría definirla de la siguiente manera: Ahmet Ümit asume que el mal proviene sólo de los humanos, de la forma en la que nos organizamos en la sociedad y los homicidios pueden resolverse de manera expedita si se quita cualquier prejuicio de la mirada policiaca, si se borra cualquier noción de miedo por el otro. Dicho de otra manera, nuestra naturaleza está signada en gran medida por la atrocidad.
Cada cuento inicia con el reporte del incidente delictivo, pero el lector no puede esperar una versión hollywoodense de estos casos policiales, no hay un asesino en serie, ni una conspiración mundial en contra de los buenos; no hay un maléfico instinto criminal, sólo la terrible pulsión humana. Claro, el matiz turco nutre el proyecto escritural, le da ese plus que brinda la geografía, el clima y la historia de una región específica. Hablo de aquel país que para algunos es la entrada a Europa y para otros el inicio de Asia. A final de cuentas, Turquía es un país transcontinental y eso logra reproducir Ümit en El diablo está en los detalles.
Otro aspecto a destacar es que la traducción de los cuentos fue hecha por varias personas en un taller, coordinado por Carpintero. Ésta es una historia plausible que deberíamos replicar. El coordinador de traductores señala: “El diablo está en los detalles es fruto de un experimento llevado a cabo en el año 2013 en los talleres de Büyükada (Estambul), organizado por la Dirección General de Bibliotecas y Publicaciones del Ministerio de Cultura y Turismo de la República de Turquía. Mi idea era que tradujéramos en grupo textos orientados a la industria editorial para promover así un entorno más real que los meros problemas abstractos de traducción. Para conseguirlo era conveniente utilizar textos breves y populares. Ahmet Ümit tuvo la generosidad de permitirnos usar los relatos que componen este libro”.
@FederìVite
