
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
A 54 años del secuestro del rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), Jaime Castrejón Diez, por la guerrilla de Genaro Vázquez Rojas, el integrante de ese movimiento, Gregorio Fernández Brito, declaró que su líder concibió la acción como “el cobro de un impuesto por explotar al pueblo”, y para “sacarle algo de lo que le había robado al pueblo”.
Además, contó que Vázquez Rojas tenía la aspiración de rescatar a la Universidad “para ponerla en manos del pueblo trabajador”, porque, recordó, entonces sólo tenían derecho a estudiar en la UAG los ricos.
Este 19 de noviembre se cumplieron 54 años del secuestro del rector de la UAG por la guerrilla, hecho que cimbró al país y trascendió al ámbito internacional.
El martes pasado, Gregorio Fernández, Goyo, como lo conocieron sus compañeros del movimiento, contó detalles de lo ocurrido días antes y después del secuestro.
Goyo, actualmente de 88 años de edad, fue el “correo” de Genaro Vázquez y el enlace para entregar los comunicados con las demandas de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), y también recibió el dinero del rescate de quienes lo cobraron y lo llevó al dirigente.
Sin precisar fecha, contó que él se enteró de que se planeaba el secuestro tres semanas antes del 19 de noviembre de 1971.
“Los primeros días de noviembre llegó de Maxela (municipio de Tepecoacuilco), a mi casa de Iguala Policarpo López, y me dijo: “Compa, te manda traer el maestro, quiere platicar contigo hoy, te esperamos en mi pueblo”.
Goyo ya había andado en el movimiento armado de Genaro Vázquez en la región de la Montaña, pero lo habían mandado a “hacer trabajo” en el medio urbano.
“Cuando llegué nos abrazamos, después, me dijo: ‘voy a ser breve, quiero que me digas, ¿conoces a Jaime Castrejón Diez?’”.
Antes que le respondiera, Genaro le explicó que era “un burgués, oligarca”, dueño de la Coca Cola en Guerrero: “necesitamos sacarle un impuesto de lo que tiene, ha explotado al pueblo y necesitamos sacarle algo de lo que le ha robado al pueblo”.
Genaro siguió: “es un político al que el gobierno no lo va a dejar solo, lo va a apoyar y su familia tampoco lo va a dejar solo, tienen que entregar lo que se le pida por la riqueza que tiene, es un político poderoso y un poderoso rico”.
El seguimiento
Genaro le instruyó que fuera a conocerlo, pero que antes se pusiera de acuerdo con Arturo Miranda Ramírez y con Gregorio Fitz, integrantes del movimiento a quienes fue a buscar a Cacahuamilpa (municipio de Pilcaya).
Fue el segundo el que, al día siguiente, lo acompañó a la Rectoría, entonces ubicada en la avenida Benito Juárez, en el centro de Chilpancingo.
Recordó que subieron al tercer piso y desde fuera de la oficina de Castrejón Diez, Fitz le dijo: “Mira, ese es el rector, obsérvalo bien”.
Fernández Brito regresó a informarle a Genaro Vázquez las características físicas del rector, cómo iba vestido y el tipo de calzado que llevaba.
Goyo declaró que al tercer día lo volvió a llamar Genaro y le pidió que lo vigilara, que viera a qué horas pasaba por Iguala cuando venía de Taxco
rumbo a Chilpancingo, y le dio el número de placas del carro del rector.
Gregorio Fernández dijo que al día siguiente se apostó frente a la base de la Estrella de Oro de Iguala, desde donde vio pasar a las 10 con 5 minutos de la mañana a Castrejón Diez.
A los tres o cuatro días, Genaro volvió a llamar a Goyo a Maxela y le instruyó: “Hay que seguirlo vigilando porque va a rendir su informe el 21 de noviembre, pero ya le perdimos la pista, no sabemos si está en México, en Taxco o en Chilpancingo”.
Y le pidió: “Vas a ir a Chilpancingo a ver a la compañera Amadita, mamá de doña Trini, ella tiene mucha relación con los estudiantes, a lo mejor sabe dónde está”.
El secuestro
Goyo contó que el 19 de noviembre de 1971, cuando venía en un autobús de Iguala a Chilpancingo a cumplir su misión, pasando Venta Vieja (municipio de Eduardo Neri), de pronto, escuchó un fuerte zumbido y cuando se paró del asiento, vio que iba rebasándolos el vehículo del rector.
Segundos después escuchó otro zumbido, y entonces vio que era el carro “de los compañeros”, un verde olivo.
“Ya le van llegando, pensé”, declaró Gregorio Fernández en la entrevista del martes.
Dijo que más adelante, el autobús se detuvo y vio a un hombre parado a media carretera haciendo señas al chofer para que se detuviera.
Cuando el autobús se paró, el hombre le informó al chofer: “acaban de llevarse al señor unos militares, atravesaron su carro y está obstruyendo el paso, queremos que los pasajeros nos ayuden para hacerlo a un lado”.
Goyo dijo que fue uno de los primeros en bajar, “ya quería saber lo que pasó”, y añadió: “entre muchos cargamos el carro del rector y lo orillamos”.
Explicó que junto al carro estaba la esposa del rector, quien le dijo al hombre que le había hecho la parada al autobús, al parecer un taxista que pasaba en el momento del secuestro, “por favor, saca las cosas de valor y pásalas a tu carro”. Pero cuando el hombre se asomó por la portezuela le contestó: “No hay nada, sólo esto, mire”, le dijo enseñándole una pistola. “Pues eso, guárdala”, y en seguida la esposa de Castrejón Diez se subió al taxi y se fueron del lugar, en tanto que el auto del rector se quedó a orilla de la carretera.
La versión oficial es que Castrejón iba acompañado por su esposa Ruby Nikel y su chofer Ángel Traviesa Peláez, que fue rodeado por cuatro hombres armados con M-1, quienes sacaron al rector y al chofer del Ford Galaxie en el que se trasladaban y subidos al Dodge Coronet donde se trasladaba el comando. Kilómetros adelante, Ángel Traviesa fue abandonado por el comando.
En cuanto Gregorio llegó a Chilpancingo, se regresó de inmediato en otro autobús a Iguala, puesto que, dijo, ya no tenía caso que fuera a ver a la “compañera Amadita”.
Los comunicados
Al día siguiente, el 20 de noviembre, una señora de Apipilulco (municipio de Cocula) llegó a su casa de Iguala a decirle: “Le manda decir el maestro que venga conmigo, nos están esperando”.
Recordó que cuando llegaron a ese pueblo, Gregorio Agüero, un hombre de 80 años, ya tenía listo un morral con comida, montó en una mula y él lo siguió rumbo a la sierra.
Dijo que cuando se encontró con Genaro no vio a Jaime Castrejón, porque lo tenían en otro sitio.
Genaro le dio dos comunicados y le pidió que se los llevara el doctor José Gutiérrez, a Ixtapaluca (Estado de México).
Según Goyo, no sabía qué decían los comunicados, pero cuando regresó a su casa, por la noche, escuchó en la radio que Jacobo Zabludovsky ya estaba informando del secuestro. Zabludovsky en 1971 conducía el noticiero estelar de Televisa 24 Horas, por lo que pudo haberlo escuchado en un aparato de televisión.
El 21 de noviembre Genaro lo volvió a mandar con otro comunicado para que se lo entregara a un cura de apellido Chavarrieta, de una parroquia de Ixtapaluca.
Goyo informó que ahora sabe que el segundo comunicado contenía las dos demandas para la liberación de Castrejón Diez: dos millones de pesos y la liberación de nueve presos políticos que estaban en diferentes penales del país, entre ellos el director de la revista Por que?, Mario Menéndez.
El 25 de noviembre lo citaron a las 10 de la noche, pero ya no los encontró y regresó a Iguala.
Al día siguiente lo buscó una mujer quien le dijo que lo esperaban en Mayanalán y Gregorio se fue a ese pueblo del municipio de Tepecoacuilco, acompañado de la mujer.
Recordó que cuando estuvo frente “al maestro”, lo vio contento, se paró y le dijo: “Te felicito, te has chingado bonito con nosotros, pero viene lo más duro, te vas con el doctor José Gutiérrez a Ixtapaluca, cerca del mercado te vas a encontrar con él y te va a entregar el producto del rescate”.
El 28 de noviembre, cuando apenas llevaba unos ocho minutos en el sitio indicado, llegó en su auto el doctor José, se estacionó, se bajó con un veliz y se lo entregó a Goyo, del bolso del pantalón el doctor sacó 200 pesos y se los entregó, “para tus gastos”, le dijo.
Gregorio Fernández no regresó el mismo día con Genaro, se fue a México a comprar telas, porque su esposa hacía pantalones, explicó.
“Me iban a ajusticiar”
De México todavía se fue a Iguala a dejar las telas y su esposa le contó que ya lo andaban buscando: “dicen que no saben nada de ti”, y Goyo le contestó: “Mañana me voy”.
Dijo que Genaro y sus compañeros calculaban que de Ixtapaluca a Atencingo, Puebla, hacia donde ya se había movido Genaro para que le entregara el dinero se haría unas cuatro horas, pero él llegó a los dos días, es decir, el 30 de noviembre, “entonces yo no pensé que era un acto de indisciplina, puesto que estaba cumpliendo bien mi tarea”, argumentó ahora, a 54 años de los hechos.
Cuando Goyo se presentó con el líder guerrillero, le dijo: “maestro aquí está”, pero Genaro estaba muy molesto y le contestó: “Compa, no somos muñecas para que juegues con nosotros, y mandó traer a José Bracho Campos con quien comenzaron a contar el dinero.
“Reconozco que sí, la regué, dejé pasar dos días, pero en ese momento sólo pensé en el ingreso de mi familia; los pantalones que fabricaba mi mujer eran el único ingreso”.
Contó que días después se enteró en una reunión con Antonio Sotelo, Arturo Miranda y Bracho Campos en Acapulco, que pensaron que ya se había “pelado” con el dinero y que Sotelo lo andaba buscando para “ajusticiarlo”.
En tanto que Miranda le reclamó: “Pudieron haber ajusticiado al doctor por tu culpa”, en referencia a José Gutiérrez, quien le había entregado el dinero del rescate.
Después se vino la represión
Gregorio Fernández dijo que 54 años después sigue convencido de la lucha de Genaro, y que otra de las causas por las que “el movimiento” secuestró a Castrejón Diez, fue porque Genaro quería “rescatar” a la UAG.
Recordó que en una ocasión le dijo: “Tenemos que ponerla en manos del pueblo trabajador, porque ahorita los que estudian en la universidad son los ricos, el pueblo trabajador no puede, pero nosotros vamos a tratar de que el pueblo trabajador estudie en la Universidad”.
Recordó que un año después, en 1972, llegó a la UAG Rosalío Wences Reza, quien puso en marcha la “Universidad Pueblo”.
“Antes de 1971, los universitarios no elegían a su rector, era una Junta de Gobierno la que designaba al rector y después de 1972, los universitarios comenzaron a elegirlo”, declaró Fernández Brito, quien es trabajador administrativo jubilado de la institución.
Goyo recordó que después del secuestro de Castrejón, la Navidad de 1971, la pasó en Atencingo Puebla, con Elpidio Ocampo Mancilla, otro integrante del movimiento. Contó que estuvieron como dos semanas, después se fueron a la ciudad de México y se hospedaron en casas de algunos de sus compañeros.
Recordó que un día, armados, atravesaron en auto toda la ciudad de México rumbo a Tlalnepantla, donde llegaron a la casa de Mario Padilla, en donde estuvieron otras dos semanas.
Durante ese tiempo Genaro comisionó a Salvador Flores Bello, otro miembro de la guerrilla, que pintara el carro, que entonces era rojo.
Añadió que después de esa semana, Genaro le pidió que fuera a buscar a Gregorio Fitz y Arturo Miranda a Cacahuamilpa (donde trabajaban como maestros de primaria) y les dijera que se incorporaran de tiempo completo a la lucha armada, “porque ya no iban a estar seguros en sus casas ni en sus trabajos, puesto que ya habían detenido a varios compañeros”, entre ellas, a la maestra Consuelo Solís, esposa de Genaro.
Informó que regresó a México y se hospedó en un hotel el 31 de enero (de 1972), y el 2 de febrero salió a comprar mercancía para camuflarse como vendedor ambulante e ir a Cacahuamilpa a buscar a sus compañeros Arturo y Gregorio.
Sin embargo, cuando salió del hotel, en un puesto de periódicos, leyó en uno “que había caído Genaro Vázquez en un accidente automovilístico”.
En un siguiente puesto compró el periódico y comprobó algunos detalles: “Hablaban de dos compañeras que iban con ellos y otras cosas que yo conocía. De Genaro decían que estaba herido”.
Decidió entonces, antes de ir a Cacahuamilpa, buscar en Atenancingo a Elpidio Ocampo para que le confirmara si era verdad, pero encontró su casa cerrada y una señora se le acercó y le advirtió: “Mejor váyase, se lo acaban de llevar, su familia cerró la casa y se fueron no sé a dónde”.
Contó que, para entonces, en cualquier radio que escuchaba estaban dando la información de la “caída de Genaro”.
Dijo que cuando llegó a la casa de Arturo Miranda en Cacahuamilpa, tocó la puerta y nadie abrió. Después fue a buscarlo al mercado, donde acostumbraba comer, pero la señora de la fonda le advirtió: “el maestro Arturo y el maestro Gregorio (Fitz) se fueron porque los persigue el gobierno, aquí se llenó la plaza de gobierno, pero al único que se llevaron fue al maestro Vicente. Goyo aseguró que Vicente no era miembro del movimiento y que nada tuvo que ver con el secuestro.



