Guerrero por la Paz

En sus últimas declaraciones el estratega nacional de la seguridad pública, Omar García Harfuch, dijo en Culiacán que en el combate contra el crimen organizado para acabar con la violencia y acceder a la paz la sociedad debe ver al gobierno como su aliado, lo cual pareciera una obviedad si no fuera porque el gobierno sabe que la percepción que priva entre la población es que la impunidad con la que actúan los criminales habla de que aún es tenue la línea de separación entre las autoridades con el crimen.
Los largos años de abandono que vivió la sociedad de parte del gobierno hicieron posible que el crimen organizado se acercara a ella y la involucrara en la búsqueda de soluciones a corto plazo de muchos de sus problemas que antes nadie atendía, así fueran las más precarias, de corta duración pero necesarias para su sobrevivencia, como la entrega de despensas o el uso de los espacios públicos comunes en las ciudades para comerciar los productos robados, al tiempo de ayudar a la gente desocupada. Y ni qué decir de la construcción de una capilla o el apoyo para las fiestas comunitarias, la mejora de un camino o de plano resolver algún conflicto entre vecinos.
Hay muchos casos en Guerrero donde a iniciativa de La Maña se ha puesto alto a la rapacidad de las autoridades municipales obligándolas a cumplir con sus compromisos de campaña devolviendo a los pueblos el dinero de las obras programadas cuyo presupuesto pretendían desviar.
La base social que les sirve como escudo contra las órdenes de aprehensión y la persecución, como movilizaciones y protesta para detener al Ejército cuando hace falta, son el resultado de ese trabajo que el Estado dejó de realizar.
Muchas organizaciones sociales son financiadas con recursos mal habidos para que los criminales tengan cobertura e impunidad actuando a sus anchas ahí donde está ausente el Estado, y en otras partes de plano han penetrado gobiernos para hacerse del presupuesto y controlar el territorio.
La historia del líder colombiano del Cártel de Medellín, Colombia, Pablo Escobar, cuya base social lo impulsó hasta el Congreso es la misma historia que hemos vivido en nuestro país con el apoyo que dieron los panistas en el gobierno de Felipe Calderón al narco García Luna que se hizo nada menos que titular de la Secretaría de Seguridad Pública.
Conozco de un caso que ante la inminencia de una inundación, brigadas de La Maña ayudaron a que los vecinos encontraran los medios y el modo de ponerse a salvo, y cuando la lluvia cesó fueron los que llevaron despensas, abrieron caminos y ayudaron a desaguar las casas, a retirar el lodo y a limpiar las calles, tarea que ni los propios habitantes estaban dispuestos a realizar. De ese lado el liderazgo que se impone mediante el uso de la fuerza atrae a mucha de la gente desencantada de la política. En las organizaciones de La Maña suele haber personas con mayor vocación de servicio que en muchos de los ayuntamientos que conocemos.
En cambio, hay gobiernos municipales que se han convertido en mafias o en nuevos caciques donde los más desalmados y granujas son quienes ocupan los puestos de decisión. En ese caso se trata de extensos territorios manejados por el mal donde la gente vive secuestrada y sin derecho a manifestar su descontento.
La propia burocracia y no pocas veces los titulares de dependencias públicas y ni se diga de los representantes populares de los partidos, vieron en La Maña la oportunidad para acceder al poder y a la riqueza, generando una mescolanza de amplios sectores sociales con ella de muy difícil separación.
La Maña en nuestro país ha levantado una base social a partir de su cercanía con la gente que le expone sus problemas y está presta para atenderla. Después de la ocurrencia de algún huracán, un temblor o inundación, han dado apoyo a poblaciones con más presteza que las autoridades. Su experiencia de siempre mendigando algún apoyo del gobierno que nunca puede, que le falta presupuesto y que los sobrelleva con promesas incumplidas fue lo que hartó a la gente y provocó ese alejamiento de la sociedad con el gobierno, lo que ahora se llama la ruptura del tejido social.
Aunque supongamos que la rendición ante el crimen organizado no ha ocurrido con la mayoría de la población, lo cierto es que cuenta a su favor con el activismo más entrenado en hechos de violencia, por eso su impacto es grande en la sociedad que de lo confusa sobre la alternativa a seguir se ha tornado desconfiada, al grado de que solo le hace falta que algún audaz y carismático líder de la oposición toque sus fibras finas para optar por un cambio que le ofrezca acabar con la corrupción mediante un plan de cierta coherencia, aunque sea de derecha.
Retomo el caso de Guerrero porque nuestro estado parece ser de los que han perdido la batalla a favor de esa desconfianza a la que hace referencia el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana. Los abundantes conflictos cotidianos, manifestaciones, bloqueos y agresiones que persisten porque no se les da una solución definitiva, hablan de una incapacidad evidente del aparato de gobierno. La mediocridad e insolvencia de los funcionarios públicos que no atan ni desatan, forma parte de ese caos al que hemos llegado.
De ese tamaño es el reto. El gobierno sabe que no basta entenderlo ni tenerlo claro, que para remendar el roto tejido social y recuperar la confianza va a ser necesario conocer y atender las necesidades primarias de la gente con más prontitud y esmero que como lo hace La Maña.
La única esperanza para que la paz social venga al estado parece ser el esfuerzo que viene de la federación, y aunque el programa Guerrero por la Paz, anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum solo se aplique en los municipios de Acapulco, Chilpancingo e Iguala, ese ensayo puede mostrar a todos o no su eficacia. Por lo pronto, la presencia del gobierno en cada una de las casas de esos municipios será el primer encuentro de carne y hueso entre sociedad y gobierno cuyos resultados dependerán de cómo los exponentes expliquen las propuestas y soluciones para atender las necesidades de los vecinos.
El primer paso en la recuperación de la confianza es reconocerse como iguales, que los empleados públicos desciendan de su pedestal y que saluden a sus vecinos como quien ve a su patrón, con respeto y educación. Que les expliquen a las familias los programas que el gobierno oferta y que recojan la lista de necesidades y demandas vecinales para que se elaboren las respuestas sin dilación, pues desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador dio con la clave para que no falte presupuesto se acabaron los pretextos y las promesas incumplidas, (aunque haya salido en verso).
Por lo divulgado se sabe que las visitas domiciliarias encabezadas por los servidores de la nación, los trabajadores del sector Salud y de los propios ayuntamientos, están acompañadas de miembros de la Guardia Nacional cuya cercanía ayuda también a que los vecinos conozcan a los miembros de ese cuerpo de seguridad federal de reciente creación para diferenciarlo de tantas corporaciones y uniformados con armas que en general lo que provocan es temor y desconfianza.
Yo soy de las personas que están expectantes con lo que ocurrirá con las mal llamadas casas de seguridad donde se ocultan los malhechores, pues seguramente también serán visitadas, y una de dos, o las abandonan y emigran a otros municipios o las desmantela la autoridad.
Por el momento creo que el desempeño de Omar García Harfuch ha sido espléndido con la detención de cientos de criminales y de renombrados personajes llamados generadores de violencia, el decomiso de cientos de kilos de estupefacientes, armamento sofisticado, dinero y huachicol. Todo sea por la paz social.

 

Paseo a los morros

(Segunda parte)

El voto unánime para continuar nuestro paseo anual visitando playa Manzanillo no es casual porque es una de nuestras playas favoritas por tranquila, ideal para el snorkel, sombreada, con olas amables y no mucha profundidad, amplia para nadar y poco frecuentada por el turismo, a pesar de su proximidad con la bahía.
Le ayuda a este aislamiento el macizo rocoso del cerro de la Ropa que para formar un círculo casi perfecto avanza hasta donde el mar penetró a la bahía formando la bocana entre las puntas San Esteban y Garrobos, estrechándose a medida que se acerca a la playa Godornia y playa las Gatas.
Recuerdo que nuestra primera visita a Manzanillo fue a invitación de doña Helene Krebs, la fundadora de la Sociedad Protectora de los Animales de Zihuatanejo, en algún año de finales de la década de los años ochenta del siglo pasado, quien tenía la costumbre de escudriñar cada parte del entorno de la bahía donde sus hijos crecieron con la idea de que el mar se debería considerar como el espacio abierto a otra realidad, más que una frontera para los seres humanos.
En aquel paseo unos llegamos caminando y otros en lancha con las provisiones para un día. Nuestro amigo el finado Héctor Maciel era de los pocos lancheros que conocía el modo de acercarse a la orilla sin el riesgo de encallar su lancha en las filosas rocas puntiagudas bajo la superficie, y desde entonces quedamos encantados con aquella calma que reina en el lugar de manso oleaje y agua transparente, con diversidad de peces y mantarrayas abundantes, con sol y arena para los diferentes gustos y un bosque de árboles de manzanillo que dan sombra todo el tiempo, casi a propósito para colgar una hamaca.
Con aquel recuerdo volvemos ahora, todos expectantes porque será la prueba de nado para Atenea quien ha estado preparándose por meses para dominar el arte del nado. Viene la pequeña de ocho años un poco nerviosa porque dice que le impone el movimiento del mar comparado con el seguro nado en la piscina, pero le ayuda saber que tiene el apoyo de todos para vivir esta experiencia.
Con el ánimo dispuesto para disfrutar al máximo cada parte del paseo hacemos recuento de lo que cada quien olvidó, constatando que la desmemoria es un mal que todos padecemos, porque así como Alejandro no trae su snorkel y por eso se privará del buceo que tanto lo apasiona, yo mis binoculares que casi nunca me faltan para escudriñar más allá de lo que vemos a simple vista.
Apenas llegamos a Manzanillo y están anclando la lancha cuando en un intrépido lance ya Atenea se echó al mar y va nadando como en competencia directo a la playa, lo que nos obliga a lanzarnos tras ella para alcanzarla casi cuando está pisando la arena, muy cerca de los verdes y frondosos manzanillos de los que ha tomado su nombre el lugar. Carlos nos recuerda que la primera recomendación que recibió de su abuelo cuando conoció esta playa fue evitar jugar y menos probar los frutos de estos árboles que se caen de maduros, pequeños y redondos del tamaño y consistencia de un higo, porque le dijo que son venenosos, de manera que ni siquiera se atrevía a levantarlos del suelo, aunque siempre le parecieron atractivos.
Admirado por las bellezas del lugar me desconcierta la cantidad de piedras desnudas en las que antes no había reparado, y en un esfuerzo de memoria recuerdo que el trecho entre la última ola del mar y el bosque de manzanillos era más largo y de una blanca y fina arena que hacía resaltar los colores del entorno. Y la pregunta que repitió en mi cerebro fue de dónde llegaron las piedras y qué fue de la arena.
La respuesta la tiene Carlos y me la dice sin haberle revelado mi inquietud. Él que vive y conoce el ambiente de los lancheros nos platica que no hace muchos años hubo un tiempo que se puso de moda esa arena blanca para las peceras y el decorado de las residencias y comenzó a comercializarse a pesar de estar prohibido. Cuenta que se vendían viajes especiales para el saqueo, hasta que casi se la terminaron porque la reacción de las autoridades fue tardía.
Esa fue la explicación a mi inquietud porque, en efecto, no es que alguien acarreó las rocas a la playa, sino que el saqueo de la arena las descubrió y ahora se exhiben oscuras y desnudas cambiando el paisaje que antes conocí.
Tengo que dejar esas elucubraciones cuando alguien del grupo da la voz de alarma porque descubrió que el agua estaba plagada de medusas o aguas malas, unos pequeños animales marinos como manchas traslúcidas y la consistencia de una gelatina que pica la piel produciendo un intenso dolor. Por eso sin disponer de tiempo para lamentar el perjuicio ocasionado por el saqueo de la arena, mejor pensamos que las aguas malas, también llamadas lágrimas de mar, son un medio que tiene la naturaleza para defenderse por sí misma de la presencia de los humanos. Así que entendido el mensaje dejamos la playa Manzanillo acosados por las aguas malas pero con el ánimo de seguir incursionando en el mar hasta encontrar un lugar para nadar, lo que nos llevó a la playa Contramar, en el interior de la bahía, una de las más socorridas por los visitantes locales por la facilidad de acceder a ella en carro o caminando por las faldas del cerro de la Noria en el poniente, en la cual se disfruta una amplia alberca natural con un cerro rocoso que cubre del sol parte de la playa formada, la única en el interior con una atractiva alfombra de piedras de colores lisas como de río.
Apenas llegamos a tiempo para acomodarnos en el mejor lugar porque después de nuestro desembarque una avalancha de visitantes que van y vienen porque sus pasajeros más tardan en bajar que en volverse a subir, acicateados por las aguas malas que al parecer hoy decidieron tomar todas las playas.
Lo repudiable de este lugar lleno de encantos es el muro de piedra como contención construido en la zona federal para dejar a resguardo de las olas un restaurante de lujo que seguramente dispone de una concesión irregular debido a la obra de mampostería que ha modificado la playa y perjudicado el sombroso bosque donde antes los visitantes podían disfrutar a sus anchas.
En esta playa pasamos el resto del día mientras los de nuestro grupo aficionados a la pesca tuvieron la oportunidad de caminar sobre el intrincado contorno pedregoso para lanzar sus anzuelos con poca fortuna, lo que nos indujo a un final en el que terminamos devorando en tiritas el barrilete pescado en los morros.
En el resumen que hacemos de los atractivos del paseo los morros se llevan el mejor puntaje por las impresionantes moles de piedra rodeadas del inmenso mar azul y la variedad de animales marinos que los rodean, luego el paisaje del litoral visto desde el mar, con playas de todos tamaños, en la planicie o entre rocas, peñascos y acantilados, con una selva inusitadamente verde por las lluvias atípicas que cayeron durante el presente mes de noviembre.
Pero todos volvimos a reivindicar los atractivos de la playa de Manzanillo que para Anarsis lanzarse a sus aguas y nadar dice que es la mayor sensación de libertad que ella ha disfrutado y que puede definir.
Palmira en cambio está enamorada de las bellezas de Contramar a pesar de las dificultades que entraña caminar su pendiente que se convierte en movediza por la fuerza de las olas a veces suaves, a veces violentas que arrullan el sueño.
Despues todos hacemos votos para repetir en familia el mismo paseo para el año venidero.

Paseo anual a los morros de Potosí

(Primera de dos partes)

El paseo por mar hasta los morros de Potosí se ha vuelto una costumbre familiar durante el otoño como parte del festejo por el cumpleaños de la menor de nuestras hijas. Para el viaje nuestro amigo Audelino Maldonado, en su carácter de capitán de la embarcación, nos cita en la playa Principal de Zihuatanejo con la recomendación de estar puntuales para aprovechar lo fresco de la mañana evitando en lo posible los rayos del sol que en esta temporada pegan de frente.
Es domingo y amanecimos a 21 grados de temperatura. Estamos con luna gibosa menguante, con un cielo nublado.
Los diez pasajeros vamos puntuales y felices disfrutando el fresco de la temperatura que se acentuó con una llovizna de la madrugada y el relativo mar calmo que nos reservó la naturaleza.
Todos vamos con la idea de alimentar nuestro asombro admirando las seis grandes moles rocosas que emergen del océano como continuidad del cerro del Huamilule territorio del municipio de Petatlán en cuyos pies se encuentra la desembocadura de la laguna de Potosí que en este tiempo tiene abierta la barra que comunica la laguna con el mar, en un alarde asombroso de la naturaleza que hasta las ballenas jorobadas viajan desde los fríos mares del norte hasta aquí para retozar y reproducirse desde finales de noviembre y principios de enero.
Cuando recibimos los primeros rayos del sol ya estamos virando a la izquierda de la piedra solitaria, un promontorio de rocas que está enfrente de la bocana de la bahía y funciona como señal para los pescadores que buscan el rumbo de la playa.
Entre los diez pasajeros que llenamos la lancha van incluidos abuelos, hijos e hijas, yernos, nietas y un joven pretendiente.
A la hora de escoger su lugar en el que cada quien se acomoda, nadie le disputa a mi hija Anarsis la proa de la embarcación donde dice sentirse como el marinero Rodrigo de Triana quien en octubre de 1492 fue el primero en divisar tierra firme desde La Pinta, una de las tres carabelas en la expedición de Cristóbal Colón.
Carlos y Alejandro que son los aficionados a la pesca disponen desde el principio sus cañas con los señuelos que casi vuelan con la velocidad de la embarcación.
La más agraciada en el viaje descubriendo los ejemplares marinos es Atenea quien grita al divisar el cadáver inflado de una tortuga adulta flotando en la superficie y esparciendo en derredor el pestilente olor de la carne descompuesta.
Para distraernos de la pestilencia alguien llama la atención para que todos miremos el verde y llamativo color de la selva que en algunos lugares baja hasta la orilla del mar exhibiendo en esta temporada las manchas blancas de los bocotes floreados que algunos han dado en llamar la “nieve costeña” y otros como si se tratara de nubes asentadas en la fronda de los árboles, cansadas de levitar, o como orla de espuma que dejan imaginarias olas del mar.
Después de una hora de navegación llegamos a los morros que desde la playa se ven como cansados animales prehistóricos hundiéndose en el agua. Se trata de seis moles de piedra sólida. Las dos más grandes a la derecha y las otras cuatro al lado izquierdo, todas ellas separadas por unas rocas de escasa altura en el medio que desde lejos parecen un barco que zozobra.
Son las ocho y media de la mañana y estamos frente a los morros de Potosí cuyo nombre comparten con el de esta bahía inmensa acotada al poniente por el estero del ejido del Coacoyul, municipio de Zihuatanejo de Azueta, y al oriente por la laguna del mismo nombre que corresponde al territorio del municipio de Petatlán y en cuya extensión se encuentran playa Larga y playa Blanca las cuales, careciendo de nombres exóticos, tienen el atractivo de sus enormes olas de mar abierto y peligrosas corrientes ocultas, por eso caminando es una manera de disfrutarlas admirando las frecuentes manadas de delfines jugando con las olas, tan cerca de la playa que a veces da la sensación de que quieren salir para explorar más allá de su ambiente natural.
Cuando estamos llegando al máximo atractivo dentro del mar una de las tres líneas de pesca que llevamos tendidas se tensa y rechina, la lancha se detiene y todos gritan ufanos porque ha picado un pez que por su cercanía con la caña le toca a Oliver pelear por él. Es la primera vez que tiene en sus manos una caña que casi lo hace caer por la borda antes que soltarla, por eso pone atención a los expertos que le indican levantarla para emitir un jalón a la cuerda y luego bajarla al tiempo de maniobrar para empezarla a enrollar acercando al pescado a la embarcación.
Se trata de un barrilete de unos tres kilos que emerge del fondo como una centella plateada. Ha peleado por su vida y cansado se deja subir, ignorando que será comido hecho tiritas.
Luego pasamos al espectáculo de los morros que, de acuerdo con los datos de los lugareños, en ellos habita el 60 por ciento del total de las aves marinas que hay en el litoral guerrerense, lo cual explica el tono blanquizco de las rocas debido a la enorme cantidad de excremento que reciben, aunque la ausencia de pájaros en esta hora pudiera poner en duda aquella afirmación.
A todos nos llaman la atención las cuevas cuya entrada se figuran a las puertas de una catedral, como si las manchas en sus paredes fueran signos e inscripciones de lenguajes desconocidos, no propias de humanos.
En el conjunto los morros pueden representar una tercera parte del volumen del cerro del Huamilule y podría alcanzar los cien metros de altura sobre el nivel del mar.
Estas moles de roca sólida que la geografía define como accidentes costeros dan pie a una gran discusión sobre su origen, y lo que llama la atención de los adultos es la opinión que escuchamos de los jóvenes preparatorianos que nos acompañan, quienes creen que la formación rocosa que admiramos se formó con el guano de los pájaros y aves a los largo de miles y quizá millones de años, y no se convencen de nada contrario cuando tratamos de explicarles la diferencia entre el excremento de las aves y pájaros con la solidez de una roca. Lo interesante del caso es que en el momento álgido de la discusión y como apoyo a lo que decimos cae literalmente del cielo un escupitajo en la pierna descubierta de Valentina y de su novio Oliver, la caca tibia de una gaviota que rápidamente lavaron y vieron diluirse con el agua del mar, pero ni siquiera mirando el fenómeno cambiaron de opinión, y eso me recordó que hace muchos años en una conferencia con alumnos de la misma escuela de mi nieta algunas estudiantes creían que el movimiento del mar y las olas lo ocasionaban los peces.
Hemos dado una vuelta a los morros y sentimos que es la hora del almuerzo, que por ser domingo lo haremos al estilo costeño, nuestro café con un bolillo de relleno de cuche como lo dicta la cultura de los zancas.
Ya con el estómago satisfecho la lancha se enrumba hacia la siguiente parada que por unanimidad se decidió que fuera la playa Manzanillo ubicada al oriente de la bahía a la que se puede llegar caminando por un largo trecho saliendo de la playa de la Ropa y pasando la Pedregosa y la Pedregosita. Gracias a su ubicación y a que las lanchas no pueden acercarse por el riesgo de encallar entre las filosas piedras sumergidas, Manzanillo tiene escasos visitantes.

 

Cocodrilos

En la Costa Grande nunca se habló de los cocodrilos como una amenaza para los seres humanos. Se supo de su existencia y abundancia en 1970, a raíz de la construcción de la marina turística en Ixtapa, sobre una zona de manglares y palmeras destruyendo su hábitat natural.
De esa época de desastre para los reptiles nació el chiste de que los cocodrilos, aparte de nadar, vuelan, eso a raíz de la discusión que se generó entre los defensores de los animales y los neoliberales. Mientras los primeros proponían inventariarlos y reubicarlos, los neoliberales, tan pragmáticos decían que había que dejarlos a la buena de dios, que cada uno buscara salvarse por sus propios medios.
Quien zanjó la discusión que se realizaba en la sala de cabildos fue el presidente municipal con el razonamiento pedestre de que se salvarían “los que puedan y los que no, no”.
–Lo que urge es que no se detenga la obra ni se gaste más de lo presupuestado. Metan los trascabos y las retroexcavadoras y van a ver que los cocodrilos con tal salvarse hasta van a volar.
–Cómo ves, (le dijo en son de burla el biólogo al secretario del ayuntamiento), que los cocodrilos vuelan.
–Jajaja, quien es el estúpido que dice eso.
–Tu jefe, el presidente municipal.
–Ah, bueno, sí vuelan pero bajiiito.
En efecto, los cocodrilos que no murieron aplastados o peleando con la maquinaria pesada que deforestó y desazolvó su hábitat emigraron para salvar sus vidas conquistando sus espacios en otros territorios.
Desde entonces en las noticias fue un hecho corriente la aparición de los saurios en cualquier parte de la ciudad, a veces atorados en alguna coladera del drenaje, a veces obstruyendo el paso en el patio de las casas, pero de lo que nunca se supo fue el registro de algún ataque a los humanos.
Recuerdo que en unas vacaciones de verano en el hotel del Fonatur en playa Linda el gerente recién llegado de Cancún me platicó todavía asustado que el lunes anterior una pareja de vacacionistas lo buscaron para despedirse y agradecer las atenciones del personal y que en la plática el señor le preguntó cómo le hacían para domesticar a los cocodrilos que deambulaban por el hotel.
–¿En qué parte? –inquirió el gerente.
–En la alberca, respondió la señora, le tomamos fotos con los niños.
El gerente que no daba crédito a lo que escuchaba, en cuanto despidió a los huéspedes corrió hasta la alberca donde un gigantesco cocodrilo tomaba el sol con desenfado y entonces su alarma aumentó pensando en el riesgo que corrían los huéspedes ante el ataque del imponente animal, luego llamó de urgencia al personal para que lo ahuyentaran, pero nadie sabía cómo, hasta que llamaron al jardinero quien con un palo en la mano fue guiando al animal a la salida del hotel y luego por su cuenta regresó a su madriguera en la desembocadura del arroyo.
Lo más cercano que se sabe del ataque a un humano fue la pelea que protagonizó una señora contra un cocodrilo. La abuela contó que en un descuido perdió de vista al niño y que lo descubrió cuando ya el cocodrilo lo iba metiendo al agua, entonces la señora corrió hasta alcanzarlo y lo arremetió a golpes hasta arrebatarle al niño.
En esta historia local es cierto que la crisis de los cocodrilos nunca alcanzó la atención social que recibieron las tortugas amenazadas con su extinción a principios del presente siglo como resultado de la sobreexplotación que vivieron desde 1957, año en el que se estableció la planta de Productos Pesqueros dedicada al aprovechamiento de la carne y la piel del quelonio.
En esa crisis severa que sufrieron las tortugas se articuló una campaña eficaz para educar a la población en el sentido de que carecía de fundamento la creencia de que el consumo de sus huevos mejoraba la potencia sexual en los hombres y gracias a una iniciativa de organizaciones protectoras de animales del norte del país, el Vaticano ayudó declarando que la carne de la tortuga era roja, no blanca como la de los peces, lo cual modificó la conducta de los católicos quienes en la idea de guardar los principios cristianos optaban por la carne de tortuga.
Desde entonces el consumo de carne de tortuga descendió y gracias a que se multiplicó en toda la costa su protección mediante el establecimiento de corrales para el cuidado de sus huevos la población de tortugas pronto se repuso.
En cambio la conducta de los seres humanos, prejuiciada por el color oscuro y rugoso de su piel y aspecto agresivo de su figura, es de temor y respeto. a respecto a los cocodrilos ha sido diferente, por eso la primera reacción frente a los saurios es de miedo y temor.
Sin embargo puede ser que los cocodrilos sean los animales más vistos que las tortugas por los visitantes y en ese sentido puede que tengan mayor valor turístico, pues en el caso del cocodrilario de Playa Linda, todos los días del año hay ejemplares expuestos y dispuestos para ser admirados y estudiados con detalle.
Pero en lo mucho o poco que la gente de Zihuatanejo conoce sobre los saurios debe reconocerse el papel de Tamakú, el Chanoc de la costa, un trabajador intendente de la SEP que se volvió legendario por conocer el lenguaje de los animales y sus habilidades para domesticarlos.
Durante largos años se dedicó Tamaku a alimentar a los saurios y dar exhibiciones de sus animales en las playas de Zihuatanejo e Ixtapa para que los turistas se fotografiaran con ellos, y sus anécdotas con los reptiles son memorables. Se cuenta que en una de sus exhibiciones en el lago del club de golf Tamakú se equivocó de cocodrilo y en vez de actuar una pelea con el domesticado lo hizo con otro ejemplar que habitaba el lugar que reaccionó violentamente contra el domador y le lanzó una tarascada en la espalda que rápidamente tiñó el agua de rojo, y el actor en un lance de sobreactuación tranquilizó a su público diciendo que todo estaba bien.
En el catálogo de experiencias que los zihuatanejenses viven resalta la de Margarita Arizmendi quien se familiarizó con los cocodrilos que viven en el estero de playa la Ropa en el tiempo que administró el hotel playa Real. Cuenta que en altas horas de la noche mientras hacía el balance del día veía pasar rumbo al mar a una cocodrila que abandonaba el estero y pasaba tranquila frente a su oficina hasta que una noche la miró haciendo un ritual llamativo en la arena para excavar hasta que descubrió sus huevos que estaban eclosionando, subió sus crías con el hocico en el lomo y se las llevó.
Cuenta Margarita que quizá por su cercanía con esos reptiles llegó a soñarlos y que eso la indujo al impulso de acercarse a la cocodrila para acariciarla sin que esta se molestara.
Frente a esa experiencia no deja de haber gente que se muestra preocupada por el riesgo que representan esos animales para los vacacionistas y apelan por medidas estrictas para controlarlos y limitar su movilidad impidiendo su acceso al mar.

Guerrero se debate entre males

La inseguridad y la violencia son un mal que se va agravando en Guerrero a pesar de que ha crecido en presencia el número de efectivos de los órganos de Seguridad y sus acciones en contra del crimen organizado.
Pero por los resultados que tenemos a la vista, quizá es temprano para interpretarlos, su impacto se parece al de un golpe al avispero si nos atenemos a la respuesta de la maña, pues aún cuando no parezcan acciones concertadas las ocurridas en la Costa Grande, en la zona Centro del estado, en la Costa Chica, en la Montaña y en Tierra Caliente, el nivel de violencia ha crecido en grados superlativos como respuesta contraria a los propósito del gobierno.
Pero no se trata de menospreciar la eficacia que han mostrado las fuerzas de Seguridad que enfrentan a los cárteles en el estado, sino de prever el futuro que nos espera en los daños colaterales que se produzcan en este combate.
A medida que las acciones de las fuerzas criminales crecen parece que el tamaño del gobierno del estado se achica, y eso no está para celebrarse, sobre todo cuando se mira que está derivando en la federación casi todo el quehacer que le corresponde para dar seguridad a la población, incluso tratándose de los delitos del fuero común.
Mientras la gobernadora se esmera atendiendo la zona turística y a los damnificados de Otis y John, el resto del estado se debate entre los altos niveles de violencia, y en vez de reconocer con humildad y autocrítica que es justo el malestar que provoca su actuación, responde con el gastado argumento de que tal malestar de la población no existe y que más bien se trata de una campaña mediática en su contra, tratando con ello de minusvalorar cualquier manifestación de malestar que exprese la población, a sabiendas de que sus declaraciones se inscriben en el plano de inhibir toda crítica.
Ciertamente la mayoría de la población no votó por la actual gobernadora pensando que sus dotes artísticos eran un bien que podría ayudar a traer la alegría a la tan entristecida sociedad, sino por su compromiso de retomar los postulados de la izquierda para combatir la violencia y la inseguridad, remarcando la raya que separa al crimen organizado del gobierno.
Ante la despreocupación de la gobernadora por la violencia cotidiana en el estado, parece que la opción inteligente que nos queda a los ciudadanos es consolarnos pensando que pudo haber sido peor si estuviéramos bajo el antiguo régimen donde la complicidad del poder con los cárteles era algo corriente.
Por eso es mejor “enfocarnos” en las mejores cualidades que tiene nuestra gobernadora, y no en las que la hacen deslucir, y esperarnos a que sean los responsables de la seguridad en el país quienes nos informen de los resultados de la investigación en torno al asesinato de las tres decenas de personajes que se han perpetrado durante el actual gobierno.
No debemos caer en la política del silencio para ocultar la ineficiencia en las investigaciones para dar con los miembros de las familias desaparecidas de Chautipan, Chilapa, algunas de ellas identificadas entre los cadáveres dejados en el bulevar de la capital como burla macabra contra el gobierno ante su amenaza de iniciar una búsqueda masiva de esos guerrerenses.
Las calamidades en Guerrero, aparte de que crecen y se diversifican entre disparos, vientos, truenos e inundaciones como males sociales y fenómenos naturales, perecen ilimitadas, por eso no se conoce que alguien pierda el tiempo imaginándose las soluciones que pudiera haber para alcanzar la paz de los años idos, cuando a pesar de la pobreza, desigualdad y marginación del modelo caciquil que dominaba en el estado, la gente vivía tranquila y podía andar los caminos sin riesgos ni temor.
Aunque ahora casi el 80 por ciento de la población proveniente del campo vive en el medio urbano, seguimos siendo pobres, ocupando el cabús en el concierto nacional del desarrollo. Eso confirman los datos que reporta el INEGI.
Guerrero ocupa el deshonroso octavo lugar en el nivel de inseguridad y violencia, lo que en el razonamiento del gobierno quizá deberíamos celebrar por quedarnos fuera del grupo que ocupa los cinco primeros lugares.
En todas las regiones del estado la gente vive en un ambiente de constante riesgo y temor, debido a que los asesinatos y las desapariciones son la constante y parece que no hay límite en la actuación de quienes se dedican a violar la ley a pesar de los miles de agentes diseminados por el estado.
La actuación de los malhechores en las condiciones actuales parece que les da la ventaja a sabiendas de que, en todo caso, una confrontación depende de quien inicie la escaramuza, eso a pesar de que ya han sufrido las consecuencias como en el caso de Tecpan.
Por eso los golpes certeros que ha recibido el crimen organizado deteniendo a líderes regionales de los cárteles parece que será la ruta que nos espera en el futuro si se trata de desterrar el mal que nos ha traído la aparición de la maña.
En todo caso y mirando el lado económico que tiene la penetración del crimen en la vida social todo se reduce a que éste dispone de parte del dinero público que la federación envía a los ayuntamientos, mientras que la otra parte, que bien podría aplicarse a los programas sociales, se destina al gasto militar para combatir al mismo crimen. Es decir que en el reparto del presupuesto los afectados somos mayormente los habitantes que estamos inermes en esa guerra que compromete a los cárteles del crimen y a los cuerpos de Seguridad.
No se olvide que durante muchos años se hizo natural que los ayuntamientos entregaran el manejo completo de las direcciones de Obras Públicas y de Seguridad a los malos, y aunque no sabemos si esas prácticas ya han sido desterradas, convendría saber si el ahora partido mayoritario ha podido marcar la diferencia, porque mientras ese problema subsista estaremos lejos de ver debilitado el poder de quienes utilizan la violencia para imponer su voluntad sobre los demás, porque nadie puede llamarse a engaño pensando que la línea tenue que separaba al gobierno del crimen organizado se ha repintado de manera natural con el cambio de gobierno, porque puede ser que ese cambio siga siendo solo un deseo, una aspiración para quienes quieren ver en el futuro una sociedad ajena a la violencia y también a la militarización.
Lo que debemos lamentar es que en Guerrero no se vislumbra la generalización de la protesta social que vimos manifestarse en Chilpancingo con el asesinato del presidente municipal Alejandro Arcos . Por desgracia siguen siendo pocos y testimoniales los grupos organizados que se atreven a protestar públicamente a pesar de los riesgos, pues la mayoría de quienes viven directamente algún hecho de violencia sufre calladamente sus consecuencias porque saben en carne propia la vulnerabilidad de la que son víctimas y temen mayores represalias porque han perdido la confianza en las autoridades responsables de prevenir el crimen y hacer justicia.
Esta es la tragedia que vivimos los guerrerenses donde el crimen y los fenómenos naturales se suman a la ineficiencia de su gobierno, haciendo de la oscuridad el futuro que quisiéramos brillante.

 

En el primer mes del nuevo gobierno

Recuerdo que muy temprano en este siglo, cuando la violencia del crimen organizado irrumpió en la tranquila vida de los costeños, los padres de familia antes despreocupados por el ir y venir de sus hijos de la escuela a sus casas y viceversa, se vieron forzados a cambiar para evitar los daños colaterales de las constantes balaceras.
Con los hijos en la universidad ocurrió otro tanto, los padres ya no estaban tranquilos como antes, pensando que a esa edad ya se cuidaban solos y entre las medidas que adoptaron estuvo la recomendación de no andar solos en la calle y tampoco viajar de noche. Era obligado informarse de la hora de salida del autobús para calcular la hora de llegada cuando visitaban a los padres.
Ese trastocamiento que sufrió nuestra vida fue general y de eso guardo en la memoria aquella anécdota de mi amigo Salvador quien en 2006 vivía en San Luis la Loma, en el pueblo costero de Tecpan, escenario de los enfrentamientos de hace dos viernes entre criminales y fuerzas del orden, con un saldo de decenas de muertos y detenidos.
Estaba a punto de oscurecer aquella tarde cuando mi amigo de San Luis la Loma cuenta que estaba a la orilla de la carretera en espera del autobús en que venía su hijo desde Chilpancingo, pues aunque su casa está a escasas cuadras de la parada, en ese tiempo prefería verlo llegar con bien y acompañarlo, pues la vida en el pueblo era de mucha tensión, sobre todo cuando el grupo local que controla el territorio en esa parte de la Costa Grande se confrontaba con la facción que tenía su sede en Petatlán.
En la espera del arribo del autobús Salvador me contaba que a esa hora del día ya nadie había en la calle y solo la tienda de la esquina permanecía abierta, por eso se sobresaltó cuando miró venir a un hombre armado con un rifle de los llamados cuerno de chivo caminando en su dirección.
Nervioso y pensando en no tener problemas caminó hasta la tienda, pero la treta no le resultó porque al voltear tras de su espalda miró que el hombre armado casi lo alcanzaba, por eso fingiéndose interesado en algún producto que no veía buscó refugio en el rincón hasta donde llegó el individuo que iba descubierto de la cara fumando un cigarro de mariguana y de la solapa de su camisola colgaba una granada.
Cuando mi amigo se creyó que era hombre muerto la voz del tendero fue un alivio.
–Qué le damos joven.
–Deme una cajetilla de cigarros, señaló con el dedo porque no acertaba a decir el nombre de la marca de los cigarros y porque entonces el sujeto ya estaba junto a él llamando también la atención del dependiente.
–Que sean dos, aquí el profe las va a pagar –dijo volteando a ver a mi amigo quien solícito sacó el dinero, pagó y casi corriendo salió de la tienda en el momento mismo en que llegaba el autobús con su hijo a bordo.
Sin voltear la mirada hacia la tienda caminó presuroso al lado de su hijo y fue hasta dentro de la casa donde pudo articular palabra agradecido de sentirse a salvo.
Así pasaron los años y con el tiempo los sanluiseños normalizaron las balaceras, las confrontaciones y los muertos, teniendo que aprender determinadas artes para la sobrevivencia y un sexto sentido en el contexto violento que se vive.
Por eso doy crédito en lo que dicen que se oyó comentar en el mercado de San Luis un día antes de la incursión armada de la GNG.
Cuentan que en la mañana del jueves, un día antes del suceso, un vecino llegó al negocio de su conocida en el centro del poblado, y que luego de saludar a la dueña le preguntó.
–¿No sientes raro este día?
–No, la verdad. Tú qué sientes.
–No lo sé, pero tanta calma me pone nervioso, como si algo malo fuera a suceder.
–Bueno, ahora que me lo dices creo que tienes razón, hay mucha calma.
Esa plática premonitoria fue parecida a lo que mucha gente en Acapulco comentaba cuando después de la experiencia del huracán Otis se supo que venía John, como una lluvia torrencial. Dicen que en cuanto la gente sentía la presencia de un viento suave todos se alarmaban recordando que así fue el principio del ciclón que todo lo arrasó.
Por eso lo ocurrido hace dos viernes en esa parte de la Costa donde un cártel de reciente aparición (GNG) procedente de Coyuca de Benítez quiso sorprender al otro adueñado del lugar con decenas de años para desplazarlo, parece no tener explicación por el error garrafal de confundir y atacar un dispositivo de la Guardia Nacional, el Ejército y la Armada de México creyendo que se trataba de policías municipales.
Por eso los sorprendidos fueron los agresores que se movilizaban en más de una decena de camionetas sobre la carretera federal donde se produjo la primera confrontación guerrerense entre dos cárteles ante la presencia de las fuerzas del orden en el primer mes del gobierno de Claudia Sheinbaum, sentando un precedente para imaginar lo que vendrá, porque es el primer hecho en el que se muestra el poderío del Estado y su monopolio de la fuerza actuando coordinadamente como pocas veces se había visto.
Los elementos nuevos en este enfrentamiento que mantiene en crisis a la población es la enorme capacidad de fuego de los criminales y el equipo para movilizarse y atacar, los talleres donde habilitaban sus vehículos blindados tan a la vista, así como los campamentos, campos de entrenamiento y casas de seguridad en las inmediaciones de la zona urbana de San Jerónimo y Coyuca, ahora con el ingrediente de la presencia de sicarios centroamericanos.
La reacción del gobierno en este caso representa la determinación de la presidenta Sheinbaum para controlar lo más negativo en el accionar del crimen organizado, que son los daños colaterales que afectan a la sociedad y vulneran el prestigio del gobierno, mientras que para otros sigue incierta una solución definitiva al drama de la violencia debido al largo tiempo de incubación y diseminación del crimen por el tejido social hasta tener el control y complicidad en todos los ámbitos, incluido el Poder Judicial.
Hay quienes ven estos hechos violentos como algo natural en la dinámica de disputa del territorio entre cárteles, y los menos buscan una explicación más local de lo que pasa y ubican el caso como parte de la venganza que fraguan las propias familias dedicadas al crimen, enemistadas por motivos nimios.
Y aunque mucho está por hacerse en nuestro sufrido estado de Guerrero donde aún esperamos resultados de la investigación en torno al asesinato de Alejandro Arcos y de tantos casos de muertos y desaparecidos como hechos cotidianos, creo que podemos esperar un mayor recato en el accionar del crimen que nos aleje de la zozobra.
No dudo que a pesar de las críticas de la oposición por haber creado una Secretaría sin substancia para después reformar la Constitución, la mayoría mirará con optimismo la nueva iniciativa presidencial para modificar el artículo 21 de la Constitución dotando de facultades a la Secretaría de Seguridad Pública para realizar labores de inteligencia, coadyuvando con el Ministerio Público en la investigación, y ampliando sus dotes para la coordinación, lo cual redundará en la eficacia de las labores encaminadas a dar seguridad a la sociedad y evitando el dispendio de recursos.

 

El plan municipal de desarrollo urbano

A la luz de las recientes experiencias que nos han dejado los huracanes en Guerrero conviene retomar lo establecido en la ley respecto al derecho que asiste a los habitantes a disfrutar de un medio ambiente sano para su desarrollo, correspondiendo a las autoridades la responsabilidad de garantizarlo.
En el puerto de Acapulco se ha exhibido con abundancia de datos que parte de la vulnerabilidad de los asentamientos humanos tiene su origen en la falta de observancia de las leyes y reglamentos de construcción por parte de las autoridades locales porque han permitido el uso del suelo de manera discrecional, a gusto de las empresas inmobiliarias para aumentar su plusvalía pensando siempre en el corto plazo para aumentar sus ganancias sin reparar en los daños que al largo plazo se pueden producir con pérdidas humanas.
En ese proceso la construcción de infraestructura que requieren dichos desarrollos inmobiliarios no toma en cuenta la afectación al libre flujo de las aguas pluviales cuyo cauce se modificó, y como suele suceder que dichas obras quedan enterradas, nadie las ve ni las critica hasta por el sentido común.
Los daños del huracán Otis han llamado la atención por la enorme concentración urbana y su importancia turística internacional, pero en sus dos costas vecinas la situación también se ha tornado crítica sin tener la atención debida, quizá por culpa de sus habitantes que sufren con estoicidad la inundación de sus pueblos y cortes en sus carreteras acostumbrados a que la vida es así.
Todas las familias de la parte costera, desde Coyuca de Benitez en la Costa Grande con sus diez grandes ríos hasta el Balsas en la colindancia con Michoacán, las inundaciones y las pérdidas materiales ocurren como en la Costa Chica, en la margen izquierda del río Papagayo. La constante es la misma en cada temporada de lluvias sin que pase nada debido a que las protestas de sus habitantes no alcanzan la resonancia que tiene el bloque de avenidas tan importantes como la Costera de Acapulco.
No hay una visión de conjunto regional por parte de las autoridades para atender la magnitud de los daños y los riesgos para la población, de tal manera que el derecho a un ambiente sano para el desarrollo con bienestar, como está estipulado en el párrafo quinto del artículo cuarto constitucional es apenas una aspiración.
Por eso ahora es el tiempo propicio para que en cumpli-miento con lo establecido en el artículo 115 de la Constitución los gobierno municipales contemplen la situación en sus respectivos planes municipales de desarrollo y los particulares de urbanización.
De parte del gobierno del estado debe haber una orientación a todos los ayuntamientos para que integren dichos planes tomando en cuenta el impacto que ya estamos viviendo por efecto del calentamiento global que provoca fenómenos meteoroló-gicos frecuentes y destructivos de gran envergadura.
El ordenamiento adecuado de los asentamientos para evitar la obstrucción de los cauces natu-rales de arroyos, ríos y barrancas y en terrenos vulnerables de alta pendiente y suelos frágiles que requieren de reubicación debe hacerse tomando en cuenta el consenso de sus habitantes sin dejar de lado la identificación y castigo de quienes como autoridades dejaron de observar las normas y reglamentos de construcción.
La elaboración de los atlas de riesgo deben ser una obligación de Protección Civil así como su divulgación para que la población los conozca y sean tomados en cuenta.
La observancia y cuidado de la capa vegetal, sobre todo de las barreras vivas en las marismas, pantanos y zonas lagunares deben ser de cuidado estricto, evitando los rellenos de zonas bajas para construcción sin la supervisión ni autorización de las autoridades, sobre todo en la franja costera.
De hecho debería formar parte de los reglamentos de cons-trucción municipales prohibir la construcción de altas edifica-ciones a un lado de las playas y reforestar con manglares a lo largo de la costa como ofrenda a la naturaleza por haber obrado en su contra sin ningún miramiento a sabiendas de que con ellos la po-blación costanera quedaba des-protegida y a expensas del barlo-vento.
El sistema de alerta para temblores y ciclones debe contar con amplia difusión, igual que los refugios temporales, considerándolos parte de las medidas preventivas, sin dejar de lado la educación de la población frente a esos fenómenos que forman parte de nuestra vida porque llegaron para quedarse.
Esas son las medidas que podríamos llamar de “comunidad” donde la vida de todos importa, como debería aplicarse también al problema de la violencia que siendo un fenómeno apartado de lo natural requiere de la competencia de todos para detenerla.
A un año de lo ocurrido en Acapulco las enseñanzas del Otis deben divulgarse para que la sociedad comprenda los hechos ocurridos y extraiga las lecciones del caso.
Cómo actuar frente a un ciclón, cuales son los recursos básicos para la sobrevivencia, cómo identificar los impactos y estruendo de los hechos que ocurren para afrontarlos con decisión y sin pánico.
Mi amiga Carolina, una mujer que por trabajo llegó al puerto de Acapulco cuando se anunciaba el arribo del huracán cuenta que pasó seis días para poder salir de la ciudad, que al terror que le produjo la velocidad del viento, sumado al corte de luz que le impidió comunicarse con su familia debido a que su celular se quedó sin carga, le produjo una ansiedad capaz de derribar a cualquiera.
Cuenta que cuando por fin pudo salir a la calle con la luz del día miró una población descon-certada y ella misma sin saber qué hacer.
Le llamó la atención que en las calles había mucha gente borracha porque en las tiendas de conveniencia eran los propios dependientes quienes regalaban la cerveza sabiendo que no tenía sentido tirarla ante la falta de refrigeración. La oportunidad de beber gratis se sobreponía al escrúpulo de tomar cerveza tibia, lo que explicaba la enorme cantidad de personas borrachas por la cerveza y el desvelo y dormidas en cualquier parte de la calle.
El saqueo de las tiendas fue algo que también la impresionó y se grabó la escena de una señora cargando en su cabeza dos charolas de cerveza y que al reconvenirla por el enorme peso que podría afectarle el cuello le respondió que podía con eso y más tratándose de una mercancía regalada, y que no pasó gran distancia cuando la alcanzó porque yacía tirada en el suelo a causa de tanto peso.
Carolina dice que caminó ese día sin saber lo que buscaba porque ya había participado en la rapiña para obtener algo de comida, y así llegó hasta la terminal de la Estrella de Oro donde un autobús daba el servicio de pasaje gratuito para llevar hasta un punto de la ciudad donde había luz para cargar los teléfonos celulares y gracias a ese apoyo pudo comunicarse con sus familiares avisando que se encontraba bien.
Cuenta que al día siguiente caminando fuera del hotel para mirar todo lo que había ocurrido en la noche aciaga estaba más tranquila porque se hizo compañía con otras personas de la hospedería.
En uno de esos días merodeando por la avenida Costera aprovechó el raid que ofrecían algunos automovilistas para pasear, hasta que la señora que manejaba le pidió que se bajara disgustada porque le contradijo.
Cuenta que la dueña del auto vociferaba iracunda contra el presidente López Obrador acusándolo de ser el responsable del saqueo de las tiendas en el puerto porque aseguraba que él en su conferencia mañanera había dicho que la gente podía meterse a las tiendas a saquearlas, y que por esa razón ella había perdido toda su mercancía de celulares que tenía en una plaza comercial.
Cuando Carolina quiso aclararle a la señora del aventón que no era cierto lo que afirmaba del presidente, le espetó:
Si eres de las personas que apoya a López Obrador bájate de mi carro. Y Carolina hasta allí llegó ante las demás personas compadecidas pero calladas.

En letras doradas

Ha sido la antigua dirigente sindical del sector Salud en el estado, ahora diputada local, Beatriz Velez Núñez la que ha presentado una solicitud para que el Congreso inscriba en letras doradas el nombre del gobernador José Francisco Ruiz Massieu en el muro de honor del Salón de Sesiones por “su compromiso con el servicio público y su influencia en la construcción de la democracia en México”.
Y aunque los demás diputados priístas y representantes de los partidos políticos han permanecido callados, vale la pena levantar la voz antes de que la iniciativa prospere, dada la juventud y posiblemente corta memoria de los diputados integrantes de la Junta de Coordinación Política que no vivieron ni sufrieron las consecuencias del desempeño de este personaje en su cargo de gobernador.
El propio hecho de que quien promueve la iniciativa sea una persona representativa del más viejo y antidemocrático modelo sindical, conocido en el lenguaje de los trabajadores como charrismo sindical, indica lo contradictorio de la propuesta, en el caso de que fuera cierta su afirmación de que quien gobernó del primero de abril de 1987 al 31 de marzo de 1993, “mostró su compromiso con el servicio público” no tuvo nada positivo para Guerrero, fuera de su partido y del gobierno.
Su “influencia en la construcción de la democracia en México”, como dice la diputada, fue que no le tembló la mano para ahogar a sangre y fuego las protestas de la oposición opuesta al fraude electoral que hasta entonces era el sello del régimen antidemocrático del imbatible PRI.
Para quienes no lo vivieron, el gobierno de José Francisco Ruiz Massieu fue uno de los más represivos y antidemocráticos, incluso comparado con el sombrío desempeño del figueroísmo. El resultado de la gestión del acapulqueño no significó ningún avance para la sociedad guerrerense del que los priístas puedan presumir, y menos la oposición política de entonces que pagó su cuota de sangre y muertos para llegar al sistema democrático del que hoy disfrutamos.
Ruiz Massieu en su papel de gobernador y Rubén Figueroa Alcocer como dirigente estatal del PRI ahogaron en sangre las protestas de los pueblos que cívicamente se opusieron al fraude electoral del partido de Estado en 1989. El gobierno de Ruiz Massieu nunca reconoció que la izquierda partidista hubiera concretado la hazaña de atraer a la vía pacífica a los núcleos guerrilleros que habían tomado el monte en respuesta a la persecución. Al contrario, en un gesto del más puro cinismo fue capaz de calificar al PRD como el partido de “la sangre y la violencia” a sabiendas de que el partido ponía la sangre y su gobierno la violencia.
Aunque se definía como un gobierno de “ideas y hechos”, Ruiz Massieu nunca discutió con la izquierda, su odio era visceral y su ego tan desproporcionado que ni siquiera se ocupó de negociar una salida democrática para los 24 ayuntamientos en disputa. Ruiz Massieu no entendía de iguales, se sentía superior a todos. No era un demócrata, por eso dejó en manos de Figueroa y de Rubén Robles Catalán la solución del conflicto, al más viejo estilo cavernícola.
Su encumbramiento como gobernador sin haber pasado nunca antes por otro cargo de elección popular lo perjudicó porque en vez de reconocer que llegó al poder gracias a que emparentó con Carlos Salinas, creyó que todo le estaba permitido, hasta que la realidad se encargó de ponerlo en su lugar.
Quienes han estudiado su paso por el servicio público afirman que Ruiz Massieu no quería interlocutores sino subordinados. Su fama de intelectual brillante le servía para menospreciar a los demás, no importa que fueran de su propio partido. A los diputados que su asesinato le impidió coordinar les decía “fordcitos de los sesentas” porque comentaba que intelectualmente se habían quedado en el pasado.
Haber sido lector de muchos libros no le ayudó ni para entender la realidad del estado ni para evitar coludirse con el asesino clan de los Salinas. El político de altos vuelos bañó en sangre al estado y creo que en mal momento se le ocurrió a la diputada priísta proponer su reconocimiento por el “compromiso con el servicio público” porque en todo caso sería el compromiso consigo mismo y a lo sumo con su partido.
Pero como la propuesta de ser reconocido con su nombre en letras de oro en el Congreso del estado, conviene volver a lo más relevante que tuvo en su gestión como gobernador desdeñando las negociaciones con el doctor Rosalío Wences Reza para alcanzar una salida política al conflicto post electoral.
El método ideado por el “demócrata” para enfrentar el conflicto en Guerrero fue la aplicación de la llamada Operación Relámpago que se ejecutó el 6 de marzo de 1990 entre las 3 y 6 de la mañana por 800 policías antimotines y judiciales al mando de los directores de Seguridad Pública y del jefe de la Policía Judicial. La orden era recuperar los palacios municipales a como diera lugar, y en todos los casos la violencia campeó con su secuela de muertos, heridos y desaparecidos.
Uno de los casos notables de esa acción represiva fue la detención y tortura del líder costachiquense Eloy Cisneros Guillén quien ganó la Presidencia Municipal de Ometepec y formó el ayuntamiento popular. Detenido, encarcelado y torturado en el penal de Acapulco, acusado de usurpación de funciones se le fijó una fianza de 50 millones de pesos para continuar su juicio en libertad.
Ángel Aguirre Rivero que en aquel año se desempeñó como coordinador de la campaña priísta en la Costa Chica se ha de acordar muy bien de esos hechos sucedidos en su natal Ometepec, porque Eloy es su paisano.
El historiador Abel López Rosas cuenta en una entrevista para este periódico que fueron 21 los ciudadanos asesinados, cuatrodesaparecidos y cientos de golpeados durante el conflicto.
Pero en Zihuatanejo la violencia post electoral nos alcanzó antes de aquella operación relámpago. Fue el 27 de febrero de 1990 día en que en el PRD se impuso la idea de tomar los aeropuertos internacionales de Acapulco y Zihuatanejo. Los policías antimotines que impidieron la llegada de los contingentes perredistas hasta el aeropuerto, mantuvieron bloqueada la carretera en un lugar de imposible maniobra para que los autobuses pudieran moverse. Todo el día estuvieron los perredistas en espera de una solución y sin acceso a los alimentos que solo de manera clandestina se les hicieron llegar, hasta que ya en la tarde con la llegada del procurador Rubén Robles Catalán se corrió la versión de que se dejaría vía libre a los autobuses para que pudieran regresar, pero cuando ya todos habían subido empezó la acometida de los policías lanzando bombas lacrimógenas dentro de los camiones, obligando a todos a bajarse, indefensos y enceguecidos para volver a ser víctimas de la agresión salvaje de los policías antimotines que los golpeaban.
Esos son los “méritos” que Ruiz Massieu tuvo en el “servicio público” porque su “compromiso en la construcción de la democracia en México” no alcanzó a desarrollarlo porque fue víctima temprana del clan familiar al que sirvió y de los intereses criminales del partido en el que militó. Por eso en vez de letras doradas su nombre debe llevar el color de la sangre.

 

Resiliencia

El único puente de Quechultenango que había quedado en pie después de la creciente del río Huacapa que lo inundó en el año 2013 debido a la lluvia y el viento de los huracanes Ingrid y Manuel, ahora sucumbió frente a los efectos de John. Con ello volvimos a los años setenta, obligados a mojarnos los pies para cruzar el río por alguna necesidad de llegar al pueblo, o de plano quedarnos aislados hasta que su nivel permita pasarlo caminando.
La diferencia hoy con aquellos tiempos pasados es que entonces eran tres familias las que vivíamos más allá del río, pero hoy la colonia Españita y la Insurgentes del Sur suman cientos de habitantes y aunque la gran mayoría está a salvo de cualquier inundación, sufren por la carencia de agua y alimentos, aunque claro que su situación es menos grave de la que viven los habitantes de muchas colonias en el puerto de Acapulco y, en general, de la Costa Chica, Costa Grande, de la Sierra y la Montaña.
Claro que si se tratara de echar culpas de las catástrofes no acabaríamos, empezando los inversionistas privados que se han enriquecido con los negocios inmobiliarios abusando de tantos que tienen necesidad de una vivienda y de funcionarios que pasan por alto la reglamentación establecida para los asentamientos humanos.
En su artículo del jueves en este periódico Efrén García Villalvazo vuelve a exponer en un lenguaje casi poético el futuro que nos espera como habitantes desentendidos de las medidas preventivas de desastres en general.
En su artículo El caballo de los mil Li el oceanólogo toca de fondo el origen de los desastres en Acapulco, recordándonos el sabio papel de la naturaleza que en un determinado territorio interactúa como un mosaico en el que cada pieza o polígono tiene una función particular dentro de todo el conjunto, el cual cuando se modifica arbitrariamente con el crecimiento de las ciudades afecta al conjunto dando lugar a los desastres provocados por fenómenos naturales como los huracanes, porque no se toma en cuenta la visión de territorio. Los funcionarios algunas veces por complicidad en la ambición y codicia de quienes comercian con los terrenos en complicidad con funcionarios negligentes que piensan para el corto plazo, y otras por la falta de previsión de quienes tienen oportunidad de hacerse de un terreno sin investigar si no son vulnerables.
Recuerdo que cuando Manuel Barros Nock fue nombrado director de Indesur reclamaba a los invasores de predios por qué ya decididos a violar la ley no ocupaban las mejores zonas para edificar sus viviendas y levantaban sus carpas en las barrancas y lechos de los ríos, porque a la hora de regularizar esos asentamientos resultaba más complicado.
El caso del puerto de Acapulco es dramático porque sus habitantes parece que viven en una de las trampas mejor planificadas por los desarrolladores inmobiliarios y las autoridades negadas para aplicar la legislación vigente. Gastar en la reconstrucción sin atender de fondo la problemática tan claramente expuesta por los técnicos y conocedores de ese territorio es trabajar para el corto plazo con el riesgo de que el fenómeno de las inundaciones y desplazamiento del suelo se repitan.
Sin embargo, en el caso de la cañada del río Huacapa que cruza Chilpancingo, existe la presa Cerrito Rico como protección de la ciudad que impacta a todos los pueblos en el trayecto hasta el nacimiento del río Azul porque recoge toda el agua de ese territorio que viaja por las profundas barrancas a lo largo de 40 kilómetros con una pendiente que alcanza los 400 metros donde son diez pueblos que se comunican mediante puentes, empezando por Tepechicotlán, delante de Petaquillas.
Como nos enseña la historia, los ciclos y desastres cada vez se acortan más o son más frecuentes. En el año 2013 la cabecera municipal de Quechultenango se inundó por segunda ocasión desde que existen registros y después, en el lapso, se reconstruyeron tres puentes con obras accesorias para prevenir cualquier desborda-miento.
Trece años después se repite el desastre, la creciente del Huacapa derriba todos los puentes y acaba con el balneario del Borbollón que era el principal atractivo turístico para los habitantes de la capital.
En nuestra casa el río penetró hasta el patio con la ayuda del puente que se convirtió en obstáculo. No se llevó la obra del encauzamiento en esa parte pero lo desbordó y la corriente se llevó la cerca y todos los árboles que repusimos hace once años. Solo la cincuentenaria parota soportó la corriente del río, pero nada pudo hacer para ayudar a los robles, cedros y papelillos alineados con ella.
Nuestro puente de concreto afamado por su resiliencia frente a los demás se convirtió en serio obstáculo para la fuerza y el enorme caudal que juntó John en cuatro días de lluvia. La corriente abrió brecha a los lados del puente y nos dejó incomunicados.
Hace cuatro años cuando mi madre miró la obra que los ingenieros hicieron para prevenir nuevas inundaciones se sonrió y dijo que de nada serviría el encauzamiento construido. “Estos ingenieros no han visto las crecientes del río”, nos dijo.
Frente a este nuevo desastre yo vuelvo a mis argumentos del 2013 sobre la responsabilidad de las autoridades en la gestión de la presa que tiene la capital.
Es la segunda vez que se desahoga la presa Cerrito Rico sin calcular el impacto del volumen de agua liberado. Alguien tiene responsabilidad por los socavones en Chilpancingo, la destrucción de las obras de infraestructura y la caída de los puentes en todo el trayecto de la cañada.
Nadie ha dado ninguna explicación al respecto pero está muy clara la negligencia, no sé si de la Conagua, de Protección Civil, de la Capach o de los tres organismos que hace once años aceptaron su falta de coordinación cuando ocurrió aquel desastre.
¿Por qué volvieron a esperar hasta el último minuto para desahogar la presa? ¿No se puede calcular la cantidad de agua a liberar para no desbordar el cauce?
¿No hay responsabilidad de estos organismos?
Vuelvo al tema porque hace once años ante la insistencia de los colonos vecinos de la presa para que se conociera el modo en que opera solo hubo acusaciones mutuas entre dependencias. Cuando Protección Civil pidió la intervención de la Conagua en aquel año esta dependencia federal adujo que en represas pequeñas como la de la capital la gestión corresponde a la Capach, falta saber ahora la explicación de Protección Civil.
Estamos ante un hecho delicado porque los daños del Huacapa pueden estar ocultando una negligencia que de no atenderse ahora se repetirá en el próximo evento. El problema ha quedado expuesto ante los ojos de los capitalinos dentro de su propia ciudad como una absoluta falta de resiliencia.

Despedida

Después de atestiguar los beneficios que ha traído al país el gobierno de Andrés Manuel López Obrador uno se explica la multitud de manifestaciones de agradecimiento recogidas en la noche del 15 de septiembre, difundidas por las redes sociales, donde hombres y mujeres de diferentes estratos y edades forman un catálogo de agradecidas despedidas.
Entre largos silencios que a veces dicen más que las palabras, y emocionadas muestras de agradecimiento que terminan en el llanto ahogado, muchos paisanos venidos de diferentes estados del país, incluso del extranjero, atendieron la invitación del presidente para estar juntos por última vez en fecha tan significativa para gritar de alegría por lo que se ha hecho y recibido en reciprocidad bajo el dicho de que amor con amor se paga.
Pocos inconformes con que el dirigente se aleje de la política y muchos conscientes del derecho que tiene a jubilarse de su largo trajinar para disponer del tiempo que le queda haciendo lo que más le agrada en la vida, escribir y disfrutar del pedazo de selva que heredó de sus padres en Chiapas.
Después de reconocer el trabajo arduo y las jornadas dobles del presidente dedicadas todas a levantar en un sexenio el desastre dejado por el régimen neoliberal que gobernó por más de 30 años, muchos agradecieron la oportunidad de acompañarlo en el tránsito para hacer historia, 30 millones de mexicanos que los llevaron al triunfo y cinco millones más que sumó durante sus seis años de gestión.
Hacer en seis años obras de dos sexenios fue una proeza que nadie más podrá igualar, y menos el milagro de rescatar a casi diez millones de mexicanos de la pobreza, destinando casi 8 billones de pesos que llegaron de manera directa al 80 por ciento de las familias que viven en los 35 millones de viviendas que existen en el país.
A lo largo de seis años el presidente puso a nivel popular el ejercicio de gobernar para todos con preferencia para los pobres y terminó con el mito de que la política es solo para los especialistas. O quizá uno de sus logros fue hacer millones de especialistas y politólogos con sus conferencias magistrales que llamó diálogos circulares, mejor conocidos como la conferencia Mañanera.
Cómo no estar agradecidos de quien predicó con el ejemplo de hacer un gobierno austero reduciendo a menos de mil millones los seis mil que la presidencia tenía asignados como gasto anual, haciendo honor al eslogan de nunca más un gobierno rico frente a un pueblo pobre. Dejó en manos del pueblo su seguridad personal y familiar y así se ahorró el gasto de los 8 mil elementos del Estado Mayor que lo cuidaban, y también le quitó el subsidio millonario a los ex presidentes.
Supo cobrarle impuestos a los hombres más ricos de México que antes evadían esas obligaciones mediante el tráfico de influencias y atacó frontalmente la corrupción repintando la raya que separa al gobierno de la delincuencia.
Con el presupuesto millonario invertido en la obra pública por todo el país recuperó la memoria de los pueblos originarios que se revelaron nuevamente como grandes constructores que trocaron sus magníficas pirámides por presas, canales, casas, edificios, terminales aéreas, autopistas, hospitales, clínicas y hoteles, trenes de pasajeros y de carga hasta figurar como los mejores del mundo.
El presidente nos devolvió la confianza y la dignidad a todos los mexicanos que vivíamos acomplejados y deprimidos dotándonos de piso parejo para que todos vivamos en condiciones de igualdad. Nos puso el ejemplo con la paridad en los empleos públicos y alentó a las mujeres a revalorarse reconociendo su habilidad para cuidar y administrar el gasto en los comités de las escuelas y centros de salud en todo el país. Será ese nuevo papel destacado de la mujer el sello que tendrá el nuevo gobierno como un logro más del presidente que se va.
Todas esas manifestaciones de aprecio y agradecimiento que hemos visto como expresiones de despedida valen más que el apoyo simbólico que cada quien recibe, porque todos valoran más el significado que tiene esparcir el presupuesto público entre tantos, aunque el monto de lo que toca a cada quien sea menos de lo que uno desea. Lo que más importa a esos millones de mexicanos agradecidos es el gesto y el interés de ayudar. A los pobres se les puede enseñar a pescar, como sugieren los conservadores opuestos al apoyo oficial, si disponen de agua, pero si carecen hasta de lo mínimo, esa enseñanza bíblica es una patraña de los panistas, aunque parezca muy cristiana.
El nuevo enfoque de gobierno es la razón de la alegría contagiosa que ahora vivimos en comunidad y que nos distingue en el mundo, porque el gobierno de AMLO fue como la bíblica multiplicación de los panes y los peces entre la multitud de sus seguidores. Recuérdese que la manera más socorrida de los analistas que dominaban la escena nacional abonando el desprestigio de AMLO era el descabellado presupuesto que ofrecía como candidato para financiar tantas obras y programas que proponía, sin saber lo que ahora platica con sorna de que había descubierto el tamaño de los huecos por donde el dinero público se diluía hasta llegar a las bolsas de los traficantes de influencias y delincuentes de cuello blanco.
Por eso, agradecidos todos, le deseamos una larga vida al presidente en su retiro de la cosa pública y una fructífera y productiva jubilación junto a sus ceibas, caobas, cedros, flamboyanes, maculises y guayacanes.