La laguna de Las Salinas

Si hemos de referirnos a las bellezas naturales de Zihuatanejo remontémonos a la época en la que se descubrió para el mundo su existencia y entonces comencemos con aquella aventura de los ocho soldados españoles que encabezados por Gonzalo de Umbría, fueron enviados por Hernán Cortés para dar fe del descubrimiento de nuestro llamado Mar del Sur.
El capitán conquistador, que no era fácilmente impresionable, quedó vivamente interesado en conocer Zihuatanejo al escuchar la narración de su soldado, tanto que no se resistió la tentación de incluir su descubrimiento en la cuarta carta de relación, como le llamaba al informe enviado a Carlos V, el monarca español, diciendo que Zihuatanejo era un portento de pueblo, con una leyenda local sobre una isla donde habitan solo mujeres, que tiene una bahía espectacular y que, aunque no lo dice en esa carta, se imagina ideal para explorar el Océano Pacífico, cuando como caída del cielo le llega la orden del monarca para buscar una de las naves perdidas en la expedición de Magallanes, lo que le da la oportunidad de mandar tres navíos y 110 marineros hasta el archipiélago de las Filipinas donde localiza a los náufragos.
Ese es el origen de la Nao de China o Galeón de Manila porque gracias a ese viaje los marineros pudieron descubrir la corriente oceánica del tornaviaje cuya ruta durante 250 años recorrieron las embarcaciones que avistaban Zihuatanejo antes que a su destino final que era Acapulco.
Pero más allá de aquella aventurada navegación que encabezó su primo Álvaro Saavedra y Cerón por el recién descubierto océano Pacífico, Hernán Cortés no quiso perder la oportunidad de conocer nuestro puerto, y lo hizo veinte años después cuando como despedida trajo aquí a su compañera de vida y aventura conquistadora, doña Marina, mejor conocida como La Malinche, un año antes de realizar su último viaje a España.
Enamorado como estaba de la mujer que fue clave en la conquista del imperio Azteca, Hernán Cortés quiso compartir con ella sus últimos días en tierra mexicana disfrutando de la apacible quietud del mar en la bahía de Zihuatanejo.
Esa parte de la historia desconocida pueden los interesados buscarla en el último libro del francés Christoper Duverguer, el antropólogo e historiador, especialista en la vida mesoamericana y de su conquistador Hernán Cortés, a quien llama el padre del mestizaje.
En efecto, en Memorias de Hernán, cuyo parecido título se asemeja al que su paisana Margarite Yourcenar escribió sobre Adriano, el emperador romano, el escritor hace gala de imaginación y logra trasmitir al lector el interés necesario para no dejar la lectura del libro hasta agotar sus poco más de trescientas páginas.
Famoso por su desarrollado arte de escribir del conquistador, Hernán Cortés nos cuenta su vida escrita con la pluma prestada del francés y la información acumulada del escritor.
Con ese viaje ficticio que acompañado de doña Marina realizó hasta la costa, podemos utilizar nuestra imaginación para recrear el ambiente en que se dio a finales de 1539.
Costeando el océano a partir de la desembocadura del río Balsas, la comitiva llegó hasta Zihuatanejo finalizando el año de 1539, seguramente siguiendo los caminos propios de las tribus originarias, quizá por el filo de la playa de La Majahua hasta el cerro de La Noria desde donde los visitantes columbraron la magnificencia de la bahía y se detuvieron admirando su belleza incomparable.
Y fue doña Marina quien se arrobó con el espejo de agua de la laguna que ahora conocemos como Las Salinas, llena en ese tiempo en su máxima extensión, más allá del contorno que hoy conocemos, entonces rodeada de una espesa cortina de mangles.
La pareja visitante vivió un año en nuestra tierra recreando la aventura de la conquista, sabiendo que el futuro les depararía una separación definitiva.
Esta es la historia desconocida que da relevancia especial a las bellezas naturales que debemos nombrar de Zihuatanejo recordando aquella aseveración de que lo que no se nombra no existe.
Así pasó el tiempo hasta 500 años después cuando esta laguna cubierta de espinos y una plaga de zancudos y jejenes recibió a principios de los años setenta la visita del presidente Luis Echeverría, quien enamorado como todos de la belleza de este lugar construyó su residencia de descanso más allá del muelle frente a la playa Del Almacén.
Conociendo el potencial turístico de este lugar decidió promoverlo mediante la creación de un organismo de planeación que desarrolló el polo turístico de Ixtapa y Zihuatanejo, el primero con su zona hotelera y el segundo como dormitorio.
La gran limitante en todo el proyecto fue la falta de previsión para los asentamientos humanos. La urbanización y la infraestructura creció a un ritmo menor que la demanda, lo cual desbordó los límites y la orientación del crecimiento de la ciudad.
Zihuatanejo creció a fuerza de invasiones de los terrenos que el Fibazi no urbanizó. Los asentamientos humanos en todas las faldas de los cerros del anfiteatro con la consecuente depredación del medio por la deforestación y erosión del suelo hasta que el crecimiento de la ciudad se hizo incontrolable.
Las plantas de tratamiento de aguas negras pronto se colapsaron y por la falta de inversiones para su mantenimiento sus administradores recurrieron a la medida más fácil y deplorable que fue liberar las aguas negras a la laguna, y de esta a la bahía, que con el tiempo acumuló tantas toneladas de tierra y basura generando una contaminación inocultable que impactó de manera drástica en la caída del flujo de visitantes extranjeros.
Hubo un proyecto para desarrollar esta parte de la ciudad a principios de este siglo. En el año 2003 escribí para mi columna denominada Crónica Municipalista la historia fallida de un proyecto para la construcción de la marina Maris, con capital de reconocidas familias como los Rincón Gallardo. El jefe del proyecto fue el hijo del gobernador Alejandro Cervantes Delgado, del mismo nombre y apellido Cervantes Rocha. El testimonio que aquí cuento es el edificio abandonado que ahora está convertido es muladar y cueva de malvivientes.
Después de aquel fallido proyecto, la Secretaría de Marina estableció su apostadero naval en la orilla izquierda donde la laguna se conecta con el mar y sirvió de parapeto para proteger a los inversionistas del desarrollo turístico Punta del Mar para desalojar a los pescadores de la playa Del Almacén bajo amenaza.
Los nuevos inversionistas encabezados por el panista John MacCarthy, nombrado director del Fonatur, continuaron con el proyecto de la construcción de la marina pero ahora dentro de la bahía con la intención de monopolizar el turismo de cruceros.
Los inversionistas de Punta del Mar fueron los que construyeron de la manera ilegal el espigón de piedra de 70 metros de largo como continuidad del cerro Del Almacén para detener el oleaje donde funcionaría su marina, hasta que el pueblo de Zihuatanejo despertó y se opuso al despojo de sus recursos naturales.
Esa fue la denuncia que por casi diez años las organizaciones ambientalistas SOS Bahía y Rogaz mantuvieron contra las autoridades hasta que en el año 2008 el gobierno de Felipe Calderón aceptó que no podría desarrollarse un proyecto de ese calado con la oposición de la población local.
Por eso nuestra insistencia de nombrar a la laguna de Las Salinas como evidencia de que existe y es de propiedad común.

 

Una historia de migrantes 2

Por fortuna desde el 2018 los trabajadores decidieron empezar a cambiar esa realidad contraria a sus intereses y de manera pacífica votaron por un gobierno que se comprometió a repartir una tajada más grande de la riqueza que produce el trabajo. Eso significa el aumento que el gobierno autorizó para el salario mínimo que así va recuperando su valor de compra.
Pero bueno, eso es un tema para otras colaboraciones porque lo que quiero compartir hoy en el presente artículo es la experiencia de mi propia familia que como ha ocurrido con la mayoría de quienes nacieron en el campo, emigró a la ciudad y se disgregó en la vorágine de la sociedad urbana. Pero entre lo valioso de la experiencia familiar quiero contar que en nuestro caso siempre campeó la solidaridad y el apoyo entre unos y otros.
Procedo de un pueblo tan antiguo cuya historia se remonta a las primeras migraciones de Aztlán en Mesoamérica. Eso es Quechultenango, fundado entre la confluencia de tres ríos en la cañada del río Azul en la zona Centro del estado. Podríamos decir con los antecedentes históricos de mi pueblo que el caminar es una de nuestras principales virtudes, por eso en la actualidad contamos con varias generaciones de paisanos que en Estados Unidos han hecho una réplica de nuestro pueblo, llevando con ellos la cultura local, la comida, las danzas, la fiesta en comunidad.
Cuando en 1960 llegó el primer médico para realizar su servicio social reportó que solo había un profesionista que ni siquiera vivía allí. La escuela primaria solo tenía hasta el quinto grado y los estudiantes nunca podían tener su certificado para continuar sus estudios. La principal enfermedad era el alcoholismo y el mayor número de muertes por la pelea con arma blanca.
Los primeros migrantes que se aventuraron a salir más allá de los cerros, donde la mayoría pensaba que se acababa el mundo, fue porque los contrataron para ir a trabajar de braceros al campo de Estados Unidos, y a su regreso contaron que fuera del pueblo había otra realidad con oportunidades para progresar y entonces los más audaces “echaron punta” para encabezar la salida.
Mi tía Galdina Castro León fue la primera que probó suerte en mi familia emigrando a principios de los años sesenta del siglo pasado a la ciudad de México con todos sus hijos.
Sus hermanos, Diego y Alberto Castro, se asentaron en la ahora alcaldía de Coyoacán en el barrio del Niño Jesús y se hicieron empleados, uno en la ya desaparecida empresa papelera de Coyoacán y el otro en Squared de México.
Mi tía Galdina se llevó a mi hermana Salomé y la acomodó a trabajar con una familia alemana que vivía en la esquina de Miguel Ángel de Quevedo y Fernández Leal.
Mi hermana por su parte trajo al mayor de los hermanos que terminó la secundaria en la ciudad y cuando cumplió 16 años pensó que ya estaba en la edad de trabajar para financiar sus estudios y fue cuando tuvo un feliz encuentro con mi primo Olegario Pacheco Escobar, un hombre de amplio intelecto que estudió en el seminario de Chilapa la carrera de sacerdocio y ya recibido la abandonó.
Desde su época de seminarista mi primo convivió ampliamente con la juventud local haciéndola partícipe de las actividades culturales que aprendió en el colegio.
Fue de los primeros miembros de mi familia que mostró sus dotes artísticas y las desarrolló. Tocaba el acordeón, la guitarra y el órgano. Organizaba y presentaba obras de teatro con las que la comunidad disfrutaba.
Sin título profesional reconocido emigró a la ciudad de México y se inscribió en la carrera de leyes en la UNAM donde su desempeño académico lo llevó a relacionarse con uno de los personajes del consejo empresarial del Grupo Modelo que lo incorporó a la industria cervecera desde donde quiso reivindicar los derechos de los trabajadores haciéndose parte de la dirigencia sindical con el cargo de secretario del Trabajo.
Desde el sindicato de la Cervecería Modelo mi primo fue el principal aliado de nuestros paisanos. He hecho la cuenta de que en menos de diez años fueron 30 los quechultenanguenses que laboraron en esa fábrica de dueños españoles que era la que mejor pagaba.
Después de jubilados algunos de esos paisanos regresaron a mi pueblo y nunca se olvidaron de sus raíces. Otros como fue el caso de mi familia se disgregaron en esa selva de asfalto. Tres de mis hermanos se quedaron a vivir en la capital del país, la otra mitad en Chilpancingo y el resto en diferentes partes del estado.

 

Ante la agresiva política de Trump

A propósito de la agresiva política de Donald Trump contra sus vecinos, deportando  migrantes a pesar del servicio que prestan a la economía de su país, convendría hacer un esfuerzo de reflexión para analizar las condiciones  que provocan la emigración, como es la dolorosa decisión de separarse de la familia en la búsqueda de mejores condiciones para mejorar los ingresos económicos y de la oportunidad de estudio para hacer una carrera, recordando que  ambos casos tienen su origen en la falta de oportunidades del lugar donde uno nace, por eso el mal trato a los migrantes es doblemente doloroso porque trabajan en las peores condiciones y sobreviven como presos, ocultándose de la vista de todos.
Pero a pesar de esas duras condiciones puede más su deseo de superar la pobreza y siempre están dispuestos a morir en el intento, por eso se merecen un trato humanitario y no deportarlos como peligrosos criminales atados de manos, por eso el presidente de Colombia Gustavo Petro merece nuestro reconocimiento por haberse opuesto a permitir el aterrizaje del avión que transportaba deportados atados de mano, un oprobio contra cualquier ser humano.
Tomo como sintomático el dato que para Guerrero reporta el gobierno a la prensa local como resumen de los primeros diez días del gobierno de Trump. Se habla de 522 paisanos deportados que no han llegado a Guerrero porque decidieron permanecer en la frontera buscando a los organismos internacionales defensores de los derechos humanos que les ayude a volver. Sólo 2 de nuestros paisanos retornaron a sus comunidades con el apoyo ofrecido por el gobierno, pero el caso es que ya hay en una lista 222 ciudadanos de la Montaña contratados legalmente según las autoridades quienes anunciaron que saldrán a la Florida para el corte de tomate en el presente mes. Así es de contradictorio el estridente presidente norteamericano que sabe que los migrantes son quienes sostienen gran parte de la economía de aquel país, aprestándose a la aplicación de otras medidas tan agresivas como las deportaciones porque afectarán a la economía de sus otros socios comerciales, México y Canadá.
Los argumentos son endebles pero indican que ante la sociedad norteamericana Donald Trump está cumpliendo con sus ofrecimientos de campaña bajo la idea de que el gobierno mexicano tiene alianza con los cárteles del narcotráfico que introducen las drogas que envician a los jóvenes norteamericanos en vez de combatirlos.
Lejos de revisar la crisis familiar que provoca en los jóvenes de aquel país su adicción a las drogas y de evaluar la actuación de los cárteles que actúan en su territorio para combatirlos empleando allá a sus super policías que vemos en las películas de Hollywood, les gana su espíritu intervencionista amenazando con mandar al ejército a nuestro territorio para hacer aquí lo que no demuestran allá.
Sin negar que es loable la preocupación del gobierno por sus jóvenes sus acusaciones resulta desmesuradas y absurdas, tratar por medio de la fuerza lo que podría ser una acción de cooperación conjunta para beneficio de ambos países, en vez de las deportaciones humillantes por el trato inhumano contra los trabajadores.
Las medidas arancelarias que entrarán en vigor en el presente mes rompen con cualquier idea de buena vecindad y entendimiento entre gobiernos que comparten más de tres mil kilómetros de frontera.
Por eso como mínima congruencia resulta admirable la respuesta del gobierno de Claudia quien ha anunciado que responderá con las mismas medidas contra los productos que aquel país exporta a México.
A Donald Trump le parece poco el esfuerzo que hace nuestro país combatiendo un problema tan viejo como el narcotráfico que se originó en nuestro país precisamente como necesidad de los norteamericanos cuando sus soldados combatieron en las dos guerras mundiales.
Si los cárteles de la droga en México tienen una alianza bajo la que crecieron y se empoderaron esta es precisamente con el gobierno norteamericano y su industria bélica. Desde Caro Quintero en la década de los setenta, pasando por el Chapo Guzmán y Mario Zambada, hasta llegar a Genaro García Luna, el gobierno norteamericano sabía que, en todo caso, fueron los gobierno del Prian quienes protegieron a dichos capos y entonces poco hiceron para alcanzar acuerdos de cooperación con aquellos gobiernos más afines a su política y fieles con sus decisiones.
A Donald Trump le ha parecido poco el esfuerzo de la 4T para combatir las bandas criminales que trafican las drogas y violentan la paz social. Aunque sabe que contrario a lo que hacía Genero García Luna ahora tenemos al super policía Omar Harfuch combatiéndolos con un récord de detenciones que suma cientos de elementos que ahora llaman “generadores de violencia” detenidos y encarcelados.
Esa realidad es a la que se ha referido Claudia Sheimbaun quien con la misma energía que el presidente norteamericano ha acusado que quien tiene una alianza evidente con los cárteles del narcotráfico son las armerías de aquel país que tienen todas las facilidades para vender ilegalmente armas a México sabiendo que así empoderan a las organizaciones criminales.
Claro que estamos pendientes de los pronunciamientos de los aliados importantes de Trump como el miltimillonario Elon Musk quien ha dicho que no ve que el gobierno mexicano pueda contra los cártes de la droga y que se le hace necesario y justifica que su gobierno intervenga con su ejército en nuestro territorio para garantizar la seguridad en aquel país.
Y respecto a las medidas económicas como el aumento a los impuestos contra los productos mexicanos que se venden allá Donald Trump sabe que son tan dañinos para la economía de ambos países como las medida anunciadas por Claudia Sheimban en ese mismo sentido.
México tiene todos los elementos para imponer el mismo porcentaje de aumento a las importaciones de los principales productos que se venden en nuestro país.
Ya se anuncia por ejemplo el caso de la carne de cerdo de Estados Unidos así como el maíz que tanto se comercializa como hojuelas para el desayuno.
La guerra comercial en la que también está involucrado Canada y hasta la propia República Popular China no será como un día de campo, sino que marcará el inicio de una reestructuración de las regiones económicas donde los norteamericanos están perdiendo la hegemonía de la llamada economía del norte por el maltrato a sus aliados que así se ven forzados a voltear a otras economías emergentes como India, China y la propia Rusia.
Ya está dicho que en esta guerra económica que comienza Donald Trump no encontrará a los países, otrora sus aliados, inofensivos y sometidos. Ya en ese sentido se pronunció el primer ministro de Canadá y el presidente Gustavo Petro de Colombia junto con Inacio Lula da Silva en Brasil, todos ellos aliados por una causa común que es la de sus pueblos.

 

Los humedales

El 2 de febrero del presente año se cumplirán 50 años de que bajo el auspicio de la ONU se iniciaron acciones en el mundo para el cuidado y conservación de los humedales en el mundo, territorios conocidos como Ramsar por el nombre de la ciudad iraní donde en 1971 se realizó la convención que aspira a que en cada país donde existan esos ecosistemas de valor incalculable por su biodiversidad, sus gobiernos realicen las acciones pertinentes para cuidarlos.
La celebración en esta coyuntura aciaga para México por los embates amenazadores del gobierno de Trump, adquiere mayor importancia porque al acercarnos al conocimiento de nuestros propios humedales nos ayuda a quererlos y aprovecharlos racionalmente para avanzar en la nueva potencia que queremos ser, dejando en el pasado la emigración de los mejores mexicanos que sufren maltrato en Estados Unidos en la búsqueda de oportunidades para acceder a un mejor estado de bienestar.
En ese sentido la existencia de los más de seis mil humedales mexicanos son una posibilidad real para la ocupación de nuestros connacionales en su cuidado.
Para mayor conocimiento de lo que son los humedales en Zihuatanejo todos sus habitantes debemos saber que el asentamiento de la ciudad se encuentra sobre uno de ellos y la laguna de Las Salinas sería el principal ejemplo de sus características agobiada por la contaminación de que es víctima por el descuido de las aguas residuales, el mal funcionamiento y saturación de las plantas de tratamiento y el crecimiento ilegal de la ciudad que erosiona las faldas de los cerros que forman el anfiteatro..
Todos hemos visto el papel de este espejo de agua que hace mucho tiempo se aprovechó para sacar sal y hoy realiza las funciones de un vaso regulador que evita la inundación de la ciudad por efectos de las lluvias teniendo a la avenida 5 de Mayo y su encharcamiento como la línea de contención.
El manglar con su color verde permanente en las orillas de la laguna y al frente del muelle municipal provee de sombra a los pescadores y embarcaciones, proveyendo la carnada viva, anchovetas y sardinas que se reproducen y crecen protegidas en las raíces de los mangles.
Zanates, patos, garzas, cocodrilos, iguanas y tortugas, camarones, moyos y cangrejos son parte de esa diversidad en la que México ocupa un lugar destacado que pocos valoran y la mayoría descuida.
Si usted alguna vez ha caminado a lo largo de la ciclopista que rodea la laguna del Negro en el parque Aztlán de Ixtapa, seguro ha sido testigo sorprendido por la cantidad de animales que cruzan el camino, de ese particular hábitat de árboles, aves y plantas que nosotros invadimos.
En cualquier época del año en la que uno pasee se puede disfrutar del espectáculo del cocodrilario en la desembocadura de la laguna en Playa Linda, donde los grandes saurios nadan, cazan y se asolean, teniendo como testigos a los cientos de turistas que los admiran conviviendo junto a las mansas iguanas negras y verdes que han superado el resquemor de juntarse con los humanos desplazándose con desenfado por los tallos de los mangles y su intrincada trama de ramas y raíces donde se posan garzas, patos, cigüeñas, y de vez en cuando los hermosos flamingos rosados.
A lo largo del paseo se suele encontrar manadas de tejones y armadillos, culebras y tlacuaches. Los zanates abundan pero también hay pericos, palomas y hasta venados.
De los árboles y plantas ni se diga. Allí puede uno conocer especies tan exóticas como los árboles matapalo que a medida que crecen van cubriendo con su corteza el tallo del árbol vecino en caprichoso abrazo fatal.
Esa riqueza de flora y fauna a la que todos nos podemos acercar gracias al camino sombreado de cientos de robles sembrados a la vera, constituye un atractivo turístico de valor incalculable.
Si en sentido contrario de Ixtapa, uno pasea rumbo a playa Larga o la barra de Potosí, en territorio de Petratlán, el espectáculo no cambia, sino que crece, porque al borde de esa inmensa laguna hay una isla llamada de los “pájaros” donde se asientan miles de aves como si fuera una convención con cantos y trinos que nadie nunca escuchará en otra parte. Por eso es importante aprender a mirar nuestro entorno con ojos de curiosidad, con la idea de que todo eso que vemos nos pertenece, aunque no saquemos más provecho que disfrutar el placer del canto de las aves y la sombra fresca de sus palmeras, parotas, bocotes, amates, camuchinas y mangles.
Pero todo ese recurso de plantas medicinales y comestibles, de árboles ornamentales y maderables vive permanentemente estresado por el avance de la mancha urbana y la presencia de las grandes y pesadas máquinas excavadoras y retroexcavadoras, bulldozer y motoniveladoras, encargadas de limpiar los terrenos para edificar hoteles y grandes mansiones en perjuicio también de los cultivos que nos dan de comer como las huertas de mangos, platanares, palmares, y los cultivos anuales de maíz, calabaza, ajonjolí, las plantaciones de cocoteros, los papayales y sandiales. Como si las mansiones y hoteles que se construyen nos fueran a proveer de comida.
Como las plantas y árboles no se pueden mover por sí solas para cambiar de lugar y salvarse de la depredación, se mueren resignadas como ofrenda al “desarrollo”.
Los humedales cuyo valor es incalculable por las materias primas que producen y los servicios ambientales que nos dan, están desapareciendo bajo el impacto de la urbanización que, a falta de una planeación respetada, se están convirtiendo en una auténtica trampa por las inundaciones que provocan los rellenos para nivelar terrenos sin importar ni tomar en cuenta los cauces naturales que con ello se obstruyen.
Como no hay presencia de la autoridad que vigile ni un plan de urbanización conocido, en todos los humedales de nuestra costa se malbarata la tierra y cada día crecen las ofertas de lotes y venta de casas en los lugares más insospechados, con un desorden cuyo impacto negativo a la larga sufriremos.
Con la pérdida de la riqueza que contienen los humedades o bajiales, marismas, esteros y pantanos, sin saberlo quizá también estamos atentando contra el espíritu que vive entre ellos y que muchos han tenido el privilegio de ver. Me refiero a la presencia de los chaneques, esos míticos seres mágicos que adquieren la presencia de humanos y solo difieren en el tamaño, porque son pequeños duendes que viven en los caminos umbrosos y atraen con sus juegos.
Los chaneques son tan asiduos a los juegos que a menudo retienen a los niños que encantan para que se olviden de sus casas, por eso el término de que “te jugaron los chaneques” tiene que ver con rasguños y moretones sin explicación con los que a veces se levantan los niños de la cama y solo se curan asistiendo con los que saben del antídoto de esos encantos.
Sobre la existencia de esos seres míticos que forman parte de la cultura mexicana porque no hay ningún auténtico costeño que desconozca alguna historia de esos seres que enfrente de playa Larga impidieron por un tiempo la construcción del proyecto ecoturístico conocido como “La Chanequera”.
Por lo tanto espero que cuando menos en algún momento de la fiesta de los tamales y el atole del 2 de febrero, recordemos la importancia que tienen los humedales en nuestra vida.

Algunas ineficiencias del IMSS

Uno de los temas en los que no por la falta de insistencia en las conferencias mañaneras desaparece, es el de la salud. La mayoría de los más de 20 millones de trabajadores que cotizan en el Imss siguen insatisfechos con los servicios que presta la más importante institución pública de seguridad social en México.
Recuerdo que como obrero, hace ya la friolera de 50 años, entre los trabajadores ya había una opinión negativa de la calidad de sus servicios, y aunque carecíamos de información suficiente para opinar con autoridad sobre esa situación en nuestras condiciones de oposición al sindicato charro que no hacía nada para remediarlo, la experiencia de todos no alimentaba ninguna opinión favorable para su defensa.
Todos veíamos como una pérdida de tiempo tramitar una cita médica y era verdaderamente tortuoso el tiempo para gestionar una incapacidad. Nadie quedaba satisfecho con el trato, aunque con el tiempo, llegado a una edad madura, cualquier trámite, por tardado que sea, vale la pena si este es gratuito y se trata del cuidado de la salud.
De joven solo una vez acudí a mi clínica de Coyoacán, de urgencia por una fractura, solo el pago descontado de mi salario era permanente.
Recuerdo que una de mis tías era víctima de bromas entre la familia porque dedicaba demasiado tiempo en la clínica, como si a eso solamente dedicara su vida.
Sin embargo no había duda de que en esa institución de salud, dirigida la mayoría del tiempo por personajes de la política, estaba lo mejor del personal médico, pues no faltaba nunca un mexicano que no supiera que el mismo especialista que atendía en el Seguro Social era el que lo recibía en la medicina privada, a veces como empleado de algún consultorio particular o como dueño de alguna clínica.
Pero como la elección del servicio de salud no depende tanto de nuestras preferencias sino de la solvencia económica de cada quien, la mayoría de quienes necesitan asistencia médica y carecen de recursos se deben atener a lo que el Imss pueda dar.
Eso lo supo el presidente López Obrador cuando bajo los principios de atender primera a los pobres reconocío los defectos de ese servicio público calificándolo de que era “un desastre”, comparando que “si la educación es mala, la salud es peor y la gente se está muriendo por falta de atención médica”, aseguraba.
El propósito de su gobierno fue mejorar la atención médica y dotar de medicamentos gratuitos para todos y aunque repitió la costumbre de poner al frente del Imss a alguien ajeno a la profesión médica, nombrando a un politólogo, creímos que Zohé Robledo tenía el empuje y estaba comprometido con el encargo que ahora repite con Claudia Sheimbaun, sin que veamos cumplirse en todos los niveles la reforma por la que trabajó.
Para fundamentar este punto de vista creo que no necesito más referencia que hablar sobre mi propia situación y experiencia como pensionado del Imss a una edad en la que dedico más atención al cuidado de mi salud, coincidiendo con la iniciativa del gobierno de la 4T.
Meticuloso en mi caso, me ocupé de llevar un diario pormenorizado de lo que ocurría en torno al tema de la salud desde que inició la pandemia del Covid-19.
Todos los cambios y lastres de esa epidemia que nos mantuvo enclaustrados por más del tiempo que calculamos aguantar, y que no obstante nos contaminó en más de una ocasión, ya la he contado reconociendo la dedicación y el heroísmo de la mayoría de los trabajadores de la salud, sobre todo de las abnegadas enfermeras atendiendo a los pacientes a riesgo de su propia vida.
Después de esa experiencia epidemiológica viví el problema de la vista conocido como cataratas y quise probar si era posible que la cirugía me la practicaran en el Imss al tiempo que buscaba alguna campaña gratuita en la que me pudiera incluir tratando de evitar el pago de privado de esa cirugía que no es nada barata.
Casi al año de haber iniciado los trámites y cumplido el protocolo para ser intervenido en el hospital especializado del Imss en su clínica de Llano Largo, en el puerto de Acapulco, se suspendió la actividad en dicho centro hospitalario por la lluvia de un huracán que lo inundó. Entonces, aprovechando mi cambio temporal de residencia emigré de Zihuatanejo al estado de Morelos, en cuyo cambio me sorprendió la rapidez con la que el Imss atiende el cambio de adscripción para recibir el servicio médico.
Contento pensando que en la capital morelense disfrutaría de un mejor servicio por su cercanía con la Cdmx en ese edificio tan alto que sobre sale en todo el valle de Cuernavaca, noté que la diferecia más notable era en el número de derechoabientes, decenas de veces mayor que en Zihuatanejo donde para unos exámenes de laboratorio no se tardaba más de una hora, pero allá eran once filas en vez de dos, con un ejército de ayudantes en un laberinto de consultorios que requería de orientación para no perderse.
Ya en aquella ciudad destiné parte de mi tiempo en atenderme del padecimiento de mi próstata, un mal que a pesar de afectar a miles de hombres, sus datos sobre la ineficacia del tratamiento no aparecen en los reportes epidemiológicos y se mantienen en la opacidad los protocolos en el Imss dedicados a su tratamiento con gastos que pueden ser mayúsculos sin llegar a la cirugía que parece ser la acción más eficaz de solución definitiva.
Los pacientes desorganizados a pesar de su número y lo letal que puede ser su mal, son mal atendidos y mejor ignorados por la medicina y los profesionales que se encargan de su atención.
En mis apuntes del padecimiento veo que el más viejo antecedente tramitando mi operación fue en el año 2009 en Chilpancingo de donde un día me mandaron al puerto de Acapulco para operarme, pero por desacuerdo entre los dos cirujanos disponibles para esa cirugía la operación se pospuso, derivando la suspensión por otro largo periódo con el mismo tratamiento de finasteride al que después se agregó tamsulocina.
Pasaron otros cinco años desde entonces hasta que encontrándome en Cuernavaca reanudé los trámites para mi operación convertido en víctima de un burocratismo atroz que me venció a pesar de mi paciencia y determinación en disfrutar los cambios que en esa materia se proponía el gobierno de López Obrador.
Un día que me encontraba en la clínica aproveché una supervisión médica para hablar con el jefe quien quiso ayudarme subvirtiendo el orden del protocolo que dicta primero cumplir con los análisis clínicos para determinar ausencia de riesgos certificados por un internista.
Cuando me autorizaron el pase con el especialista lo hicieron por la vía de los servicios subrogados para ahorrarme el trámite para acceder al profesional del Imss, dando la casualidad de que fuera el mismo médico de esa institución el que me atendió en la clínica privada.
Ya se acercaba el fin de año del 2023 cuando esperando llegar al nuevo año sin próstata supe que la operación no se podría realizar en el Imss porque carecía del equipo requerido y el servicio era también subrogado, con el agravante de que para entonces el presupuesto de la clínica ya se había ejercido, lo cual significaba que debería esperarme para el año 2024, despues de la aprobación del nuevo presupuesto y con la salvedad de que para entonces debería hacerme nuevos exámenes clínicos debido a que la vigencia de esos resultados es de tres meses.
Así llegamos al 2024, año en el que para mí era bastante tiempo de aguantar las consecuencias del crecimiento desmedido de un órgano que parece no tener otra función que la de averiar el funcionamiento de la uretra por donde se libera la orina.
Por esas razones tuve que voltear a la medicina privada en aquella misma ciudad, y confiando en uno de tantos médicos dedicados a esa especialidad me operé y he vuelto a un estado de salud que para muchos de mi edad es envidiable.
(hace uno días, en los primeros del presente año,entregue mi credencial del Insen a un guardia de seguridad quien me la devolvió con un comentario que quiso ser halago, me dijo, “lo felicito porque para su edad usted se ve muy maduro”, y se lo agradecí con una sonrisa desde el caballo de carreras que montaba, sin saber exáctamente lo que me quiso decir).Con esta experiencia quiero confirmar que el problema más notable del Imss es la lentitud de la atención médica que así se vuelve ineficiente y cara en la atención de las enfermedades crónicas.
Si bien la atención del personal en el primer contacto ha mejorado, la atención de los especialistas es pésima y la supervisión no se nota porque los directores siguen enclaustrados dentro de sus oficinas mientras la corrupción campea fuera de ellas afectando la calidad del servicio.
Hace falta una limpieza a fondo en las clínicas para quitar a tantos simuladores que alejan el derecho a la salud de los mexicanos. Con el servicio actual la gente se sigue muriendo prematuramente con un costa muy alto para la economía del país.

Sin maíz no hay país y peor sin campesinos

Lo mismo que sucede cuando llega la fecha de la fiesta patronal en Quechultenango, que coincide con una pausa en los cultivos del temporal, ocurre igual con las fiestas de fin de año, porque en los dos casos todos buscan desocuparse para participar en ellas. En el primer caso dando la última escarda a la milpa, cuando el crecimiento de cada mata se ve en que ya echó cañuela y se ocupa solo de crecer, aprovechando el terreno limpio y la fuerza del fertilizante inyectado en su pie. En el segundo caso, la cosecha del maíz, que inició el 20 de noviembre, concluyó en diciembre cuando comienzan las mañanitas en homenaje a la virgen de Guadalupe.
La fiesta de Navidad y Año Nuevo llega con la mazorca de la cosecha amontonada en los patios de las casas y los almuerzos que se acompañan con el atole de maíz blanco recién cosechado y las torrejas de pan sobado cocido en los hornos de las panaderías de las tías Oliva, Heleodora y Altagracia, endulzadas con panocha que se elabora de las moliendas de caña que se cosecha en Juxtlahuaca.
Después del receso de las fiestas se reanuda el trabajo de seleccionar la mazorca que se destina a pagar las deudas y la parte que se guarda para ir comiendo durante el tiempo que tarda la siguiente cosecha.
La mazorca destinada al pago de las deudas y a la venta para sufragar los gastos se cosecha sin hoja, “deshojada” o “pelona”, como también se le dice, para facilitar su desgranado
Cuando se cosecha la mazorca deshojada se pierde el “totomoxtli” que se ocupa y suele guardarse como alimento del ganado, prensado y formando grandes bultos que se llaman “toritos” y facilitan su acarreo y almacenamiento, protegido de la lluvia y la humedad.
De toda la cosecha siempre se separan las mazorcas más descriadas y chiquitas junto con las que tienen muchos granos “popoyotes” o podridos. Esas mazorcas se llaman “molquites” y se aprovechan para el alimento y engorda de los animales domésticos.
Para desgranar las mazorcas se usa una “olotera” que es un accesorio hecho de “olotes” como se le llama a la parte sólida del centro de la mazorca donde nacen y se enraizan los granos. Sobre esa rueda se tallan las mazorcas y así se despegan los granos.
El ruido peculiar de las oloteras es característico a principios del año nuevo e indica el lugar donde se está desgranando mucha mazorca, generalmente en las casas de los prestamistas o de quienes tienen mucho terreno de siembra. Los prestamistas o usureros son quienes financian al campesino que siembra y que carece de fondos para los gastos del cultivo. Ellos y quienes siembran para comercializar su cosecha son los únicos que ganan en el negocio del maíz. Los usureros porque llueva o truene o relampaguee, prestan al “tiempo” al dos por uno. Por un “almud” que son doce litros de maíz, el deudor tiene que pagar dos almudes cuando cosecha en un período de tiempo que no llega a medio año. Así de alto es el precio del dinero y el grado de dependencia que caracteriza al campesino que trabaja en una parcela que pocas veces pasa de tres hectáreas.
El desgranado de la mazorca corre todo a cuenta del campesino deudor y en el pueblo son contadas las personas diestras en el desgranado, hombres y mujeres que trabajan a destajo, negociando a determinado precio el almud de maíz, la anega o la carga que son 12 litros, 12 almudes y 24 almudes, respectivamente.
Después del desgranado queda el trabajo de guardar la mazorca que se cosechó con todo y hoja y se conoce como “hojada”.
La mayoría de los campesinos guardan su mazorca “hojada” acomodándola por capas apretadas y juntas para que no guarden aire. Ese método se llama “encajillado”, que es muy distinto a encasillar.
El encajillado de la mazorca “hojada”se levanta en una superficie plana, generalmente aislada del suelo para evitar la humedad, poniendo como base un empedrado.
Antes eran las trojes las de uso generalizado para guardar el maíz desgranado que consistía en una construcción de bajareque embarrada y revocada con barro, levantada en estacas y totalmente cerrada con una boca en la orilla inferior que era la de un cántaro de barro y de ella el maíz iba sustrayéndose conforme se iba necesitando.
Así transcurría la vida campesina en todos los pueblos hasta la década de los años sesenta, siempre supeditada al usurero intermediario, hasta que el desarrollo de la industria en la ciudad requirió de mano de obra no calificada y barata.
Los campesinos de mi pueblo fueron de los primeros braceros que viajaron a los campos del norte a la cosecha del algodón descubriendo que había otra realidad más allá de los cerros que lo rodean.
En la medida en que los jóvenes han tenido acceso a la educación y encuentran una opción para dejar de depender del trabajo manual, lo primero que hacen desde hace cincuenta años es alejarse del campo, de lo extenuante del trabajo y de lo mal pagado que está, máxime si se fijan cómo la ganancia de su esfuerzo la acaparan los prestamistas e intermediarios y no hay padres de familia que se opongan a esa aspiración.
Recuerdo que durante las tareas más pesadas del cultivo de maíz, cuando los jóvenes y adolescentes ayudaban en esas labores, en dos meses se veían sus cuerpos estregados por el trabajo, requemados por el sol, mal comidos y extenuados por tener que levantarse de madrugada para pastorear las yuntas a pesar de la lluvia y el frío.
Con esos antecedentes que se vivían en la sociedad rural nadie en su sano juicio quería esa vida para el futuro propio ni el de sus hijos. Por eso recuerdo mucho el detalle del médico pasante que en una asamblea pidió a los campesinos que levantaran la mano los que querían que sus hijos tuvieran el futuro de ellos y salvo uno, todos se quedaron con la mano bajada, y cuando preguntó al osado las razones dijo, yo sí quiero que mi hijo sea campesino porque si no, ¿a quien le voy a dejar mis parcelas? Y agregó, claro que si él no quiere tampoco lo voy a obligar y mejor que estudie aunque sea para doctor, concluyó entre risas de todos los presentes.
Lo anterior es para hablar de la situación de los campesinos, de sus aspiraciones y de las dificultades que hay para alcanzar la autosuficiencia y soberanía alimentaria.
Pero seamos claros respecto a la inconformidad de los productores norteamericanos de maíz ante nuestra pretensión de no comprarles más su grano porque perjudica nuestra salud.
La disputa contra los norteamericanos es por el maíz amarillo, forrajero, que ahora importamos en grandes cantidades porque en México no se produce, y convengamos que nuestra riqueza la componen todas las otras clases de maíz que se cultivan y consumen y se prefieren por su sabor, pues las propiedades nutricionales que tiene el grano son independientes de su color.
Sin embargo no creo que haya alguien en México que esté en desacuerdo con la idea de la autosuficiencia y la soberanía, porque todo parece ser solo una aspiración mientras no se vea un plan convincente para lograrlo, porqué ¿quien va a ser el sujeto histórico capaz de alcanzarlo? En cabeza de quién podría caber la idea de cultivar la tierra sembrando un grano que se vende por debajo de su costo de producción por muy patriota que sea.
Aquí es donde el Estado choca con el mercado, y si quiere dominarlo deberá atender la política de los costos de producción. Las nuevas generaciones tienen que volver a aprender el arte de seleccionar las semillas y hacer germinar los granos, ayudando a que la planta crezca sana y se reproduzca a toda su capacidad.
La otra batalla será de tipo cultural, que las familias dejen de sustituir nuestros maíces, que no piensen ni crean que el nuestro es el maíz amarillo como el tostado que consumen en el desayuno o los elotes que brillan con el color del sol en los anuncios hasta oficiales.
No hace mucho presencié el caso de un adolescente que buscaba afanoso con su mamá un elote en la plaza de Tepoztlán y caminaron una cuadra hasta donde estaba el puesto, preguntaron el precio y cuando la vendedora les mostró el producto para que escogieran, el muchacho casi se asustó porque miró que eran elotes blancos y gorditos con maíces más grandes que los normales, y casi los rechazó hasta que quienes los degustaban lo animaron a que probara. Entonces se convenció de que esos elotes eran reales, pues como decía el patricio cubano José Martí, si nuestro vino es agrio, que importa, es nuestro vino.

 

La tragedia del cultivo del maíz criollo

 

Es previsible el triunfo del maíz transgénico sobre el criollo, el capital sobre el trabajo. Solo quedará para la historia que fue en México donde se domesticó esa planta que ahora se cultiva en todo el mundo.
La política de subsidios que el gobierno norteamericano otorga a los productores de maíz permitió su tecnificación y el desarrollo de nuevas variedades más productivas y resistentes conocidas como híbridos hasta dominar el mundo a partir de rebajar los costos de producción y mejorar las semillas controlando el mercado de los agroquímicos.
En este sentido es que debe abordarse la derrota de México en el panel del T-MEC donde Estados Unidos se inconformó por el decreto que el gobierno de López Obrador emitió prohibiendo el uso de maíz transgénico para consumo humano y animal que cada vez se incrementaba en el país.
El principal argumento utilizado por los norteamericanos para invalidar los efectos del decreto obradorista fue la falta de evidencia científica presentada por el gobierno mexicano de que el consumo del maíz genéticamente modificado es perjudicial para la salud humana.
Los técnicos negociadores del país vecino argumentaron la validez de incorporar en el comercio con México su producción de maíz transgénico porque dicen que lo ven como un logro de la ciencia para coadyuvar en la lucha contra el hambre y por lo tanto demandan la invalidez del decreto exigiendo el cumplimiento de México con sus compromisos internacionales.
Como el T-MEC y sus mecanismos de negociación también benefician a México en los temas de controversia como el automotriz, será difícil remontar esas dificultades porque los largos años de neoliberalismo significaron un abandono del campo al grado de que se produjo una ruptura en la herencia del conocimiento de los productores del campo dejando sin campesinos maiceros para continuar con dicho cultivo.
Con el gobierno de la 4T tampoco ha sido suficiente el apoyo para remontar esa situación, pues lo mismo que pasa en el campo sucede en el Congreso donde nadie se percata del perjuicio que tiene para el desarrollo del país la cancelación de los subsidios al campo que se inició desde el período neoliberal.
En el caso de Guerrero la situación es patética porque con casi la mitad de su población formando parte de la sociedad rural el campo carece del respaldo de una política previsora del riesgo que se vive por la invasión de los maíces transgénicos. Lo más grave es que la producción local se desaprovecha y el trabajo de los productores se inhibe porque caído el precio por debajo de sus costos de producción el proceso de abandono de ese cultivo parece incontenible.
Apenas se conoció el caso de los productores de la región norte quienes en una negociación particular y discreta consiguieron que Segalmex les reciba el grano en 6 mil pesos por tonelada, cantidad con la que ni siquiera recuperan los costos.
No se ve ningún apoyo franco para una política de recuperación de nuestros maíces criollos ni para el avance tecnológico en el cultivo del maíz, dejando todo en manos de la Federación, que tampoco se ha esforzado en tener una representación confiable en el estado pendiente de lo que sucede en el medio rural.
Para Estados Unidos el mercado mexicano es uno de los más grandes del mundo como consumidor del maíz. Apenas el año pasado vendió 4 mil 800 millones de dólares, por eso no piensa perderlo y resulta significativo que reivindicando el respeto a los tratados internacionales demande cancelar aquel decreto que emitió el presidente López Obrador.
Si ni siquiera se habla de un aumento arancelario del maíz para limitar su ingreso a nuestro mercado enfrentando las amenazas de Trump, las alternativas para el campo guerrerense son cada vez más pocas y difíciles porque sigue siendo expulsor de mano de obra y de migrantes. Ni la entrega gratuita de fertilizante, el cultivo de estupefacientes ni las remesas de los migrantes parece ser suficiente para cambiar esa realidad de pobreza y desigualdad.
Por eso resulta importante conocer otras experiencias y buscar nuevos caminos en el propósito de defender la producción local del maíz criollo a partir del convencimiento de que eso es más nutritivo y será benéfico a largo plazo para alcanzar el desarrollo del campo.
Aparte del constante abandono del campo y de la natural reducción de la superficie cultivada, opera el escaso rendimiento en toneladas por hectárea, un poco más de 4 toneladas frente a casi 12 de los productores norteamericanos. El gran mercado mexicano del maíz acaparado por los norteamericanos es de poco más de 98 mil 900 millones de pesos anuales según lo anota el periódico El Economista, y está a nuestro alcance para abastecerlo.
Anotemos en contra del cultivo la baja calidad del suelo, la proliferación de plagas y la irregularidad en el régimen de lluvias, cuando no el exceso de lluvias como las que se precipitaron con el huracán John, se complica con la falta de conciencia en los consumidores acerca del grano con el que se fabrican las tortillas que consumimos a diario, por eso uno puede concluir que nadie se interesa en la salud de los consumidores, comenzando por los industriales de la masa y la tortilla que de manera inescrupulosa prefieren consumir el maíz más barato, ignorando su calidad y procedencia.
Ante ese futuro previsiblemente perjudicial para la soberanía y la autosuficiencia alimentaria, en vez de andar rogando por un aumento y mejores políticas de apoyo por parte del gobierno, se necesita fortalecer la organización de los productores aprovechando el programa Sembrando Vida para encontrase directamente con los consumidores. Por eso mi propuesta de averiguar lo que sucede en Morelos con los productores de maíz donde el precio de la tortilla es de 20 pesos el kilo, 10 pesos menos que en Guerrero, cuando menos como la pagamos quienes vivimos en la costa.
En Tepoztlán donde casi en cada esquina hay puestos de tlacoyos que son las tortillas gorditas cocidas con unos granos de sal y manteca, cuestan 15 pesos cada una, y los elotes simplemente hervidos con sus aderezos respectivos de mayonesa con queso llegan a costar 50 pesos.
Me refiero a que los productores de maíz no se queden en cosechar el grano y embodegarlo o entregarlo al acaparador, sino que lo puedan guardar y procesar para venderlo como tortillas para quedarse con las ganancias que ahora solo enriquecen a los industriales de la masa y la tortilla.
Debería haber una política de apoyo a los productores para establecer sus tortillerías y puestos atractivos diseminados en todas las ciudades turísticas donde se venda el grano en todas sus modalidades que son vastas en cuanto su presentación.
Siempre he tenido la idea de que se reproduzca en todas las ciudades la cultura chilpancingueña de la venta de tortillas de mano en cada esquina. Que se organicen festivales y kermeses para honrar el maíz y fomentar la cultura de lo mexicano. Que todo el mundo, locales y extranjeros conozcan y saboreen las gorditas, las tortillas aplaudidas, los itacates, tlacoyos, las toqueres, el maíz hecho pinole, el pozole de elote, de camagua, blanco y colorado, los elotes, las picaditas y esquites. Toda la gama de las cocinas guerrerenses para apantallar y atraer a nuestros visitantes.
Cada vez que me refiero a este tema recuerdo al campesino de Campeche paseando en el tren Maya, quien en el programa de Sembrando Vida estaba asociado con un hermano y juntos compraron un molino y pusieron una tortillería. Mientras uno trabajaba otro paseaba visitando a la familia. Eso es la justicia que el campesino asociaba a la política de Andrés Manuel López obrador. En eso veo el modelo a seguir.

Ballenas

(Segunda y última parte)

En la primera parte de esta historia sobre la ballena de Petatlán nuestro personaje el Tololoche va subido ya en el chilolo donde no falta quien lo conozca y salude.
–Qué andas haciendo primo hermano con este calor.
Entonces el músico inicia la gran mentira que movilizó a todo Petatlán un día de 1960 con el cuento de una ballena encallada en la playa de La Barrita.
–Voy a un mandado, a ver si consigo un trascabo. Los de las ramadas quieren quitar una ballena que trajo el mar, dicen que va a apestar toda la playa si no la mueven orita.
–Joder, ¿y está grande el animal? –preguntó el paisano.
–Zanca, es tan grande como una casa, hasta espanta, verdá de Dios.
Para poner en contexto la plática debo agregar aquí que la playa La Barrita cuya jurisdicción corresponde al pueblo Loma Bonita, se localiza a unos 20 minutos de la cabecera municipal, a orillas de la carretera costera Acapulco-Zihuatanejo. Si el viajero que viene de Petatlán se hace curioso, luego de pasar Juluchuca, el pueblo de los dulces de coco y también de la sal de mar, la carretera comienza a serpentear para subir a Loma Bonita, donde originalmente inició el asentamiento humano que luego dio vida al de La Barrita que se formó frente a la playa.
En la época de la historia que cuento el poblado se había convertido en un lugar poco recomendable para visitarlo porque no pasaba un fin de semana sin que apareciera debajo del puente un acuchillado muerto.
Y como ninguna autoridad se ocupaba del caso, la vida de los habitantes transcurría entre el miedo y las conjeturas acerca del asesino. Unos apuntaban a trasmano al borracho con fama de peleonero, y hasta platicaban como hecho verídico que el sujeto se aprovechaba de los que se pasaban de copas los fines de semana y los encaminaba hasta el puente donde los acuchillaba nomás por puro gusto.
Otros sospechaban de un fuereño llegado de la sierra que vivía en las orillas del pueblo.
Las pláticas sobre los acuchillados no sólo quedaban entre los adultos, sino que se reproducían entre los niños y eran materia de discusión.
Pero eso se supo después, y es larga la historia porque tuvo que ver con la escuela primaria fundada por el profesor Félix Echeverría quien llegó en aquel tiempo recién egresado de la escuela normal de Ayotzinapa quien la registró con el nombre del ilustre diplomático y escritor don Justo Sierra.
Precisamente el nombre, o más bien el apellido Sierra aparecía en las grandes discusiones de los niños porque quienes creían que el asesino que tenía asolado al pueblo era el hombre llegado de la sierra señalaban como sus partidarios a todos los que tenían que ver con la escuela.
Los papás pidieron apoyo al maestro para que hablara con el alumno para que cambiara de opinión y regresara a la escuela pero no transigió en su postura, hasta que le preguntó al niño sus razones y fue cuando los adultos descubrieron el impacto de los muertos en el pensamiento de los niños.
El menor respondió al interrogatorio del maestro diciéndole que no podía ir a una escuela que era del fuereño asesino. “Mis compañeros dicen que el asesino se llama Justo Sierra”.
Pero más allá de esas anécdotas que se contaban en Loma Bonita, con la fama de los muertos nadie de Petatlán veía como atractivo ir a pasarse un día a la playa de La Barrita, así que la apuesta del Tololoche de que llenaría las enramadas de visitantes tenía todas las de perder.
Pero también se dice que de lo ocurrido entonces creció la fama de que Petatlán le ganaba a su vecino San Jeronimito en la invectiva de los chismes y en lo comunicativos que son. Así quedó establecido después de la mentira que inventó El Tololoche y que se escuchó en todo el camión, pues entre los pasajeros se contaba un grupo de muchachos que estudiaban en la UAG, también venía una maestra de la escuela de las monjitas y algunos comerciantes del centro, quienes al oír de la aparición de la ballena en la playa, sin ponerse de acuerdo, en cuanto llegaron al pueblo comenzaron a diseminar el cuento como si todos hubieran sido testigos de la aparición de la ballena.
Lo pasmoso del caso fue que casi de inmediato los estudiantes regresaron para llegar a la playa queriendo confirmar lo que habían escuchado en el chilolo, pero con el agravante de que en vez de contar la verdad sobre la ausencia de tal ballena, para no pasar como demasiado ingenuos y curiosos, a su regreso confirmaron como cierto lo que había contado el músico.
Tanto el cuento del Tololoche como lo agregado por los jóvenes despertó mayor curiosidad entre los estudiantes de secundaria que en masa abandonaron la escuela consiguiendo entre los papás el aventón para no quedarse sin conocer el animal semejante al que la biblia cuenta que se tragó al profeta Jonás y se mantuvo vivo en su panza como castigo que Dios le impuso por negarse a viajar hasta Sodoma y Gomorra para poner al tanto a sus vecinos de que ambas ciudades serían destruidas.
Pronto el chisme de la aparición de la ballena llegó hasta la escuela de las monjas que más apegadas a las escrituras del viejo y nuevo Testamento quisieron ser parte del acontecimiento y luego de cancelar las clases se movilizaron hacia la playa en una excursión masiva.
El rumor de tanto movimiento para ir a la playa cundió con tal fuerza que pronto se extendió en todo el pueblo. El padre Goyito, responsable del santuario del padre Jesús de Petatlán tampoco puso en duda la llegada de semejante pez y con el argumento de que podía ser una “señal” de algo invitó a sus feligreses a que acudieran para dar fe de tan grande suceso y en una carreta jalada por bueyes donde se subió quien pudo, marchó el padre hasta la playa.
El presidente municipal declaró día de asueto y dispuso que todos los vehículos del ayuntamiento se pusieran a disposición de quienes quisieran ir a La Barrita de manera gratuita.
Cuentan que ese día se movilizó todo medio de transporte, camiones chilolos, camionetas de trabajo, carretas de las huertas, tractores y hasta caballos. Todas las actividades se paralizaron en la ciudad, el comercio, las escuelas, el palacio, la iglesia. El pueblo se movilizó como en una gran fiesta para atestiguar la aparición de la ballena en su territorio.
Fue tan grande el acontecimiento de la ballena inventada que cuentan que hasta El Tololoche puso en duda su chisme.
¿Que tal si de veras es cierto? Y sin esperar más regresó por la tarde a La Barrita solo para constatar que, efectivamente, la playa se había llenado más que en Semana Santa y que las enramadas habían agotado toda la comida y bebida que tenían almacenada. Los cocos, las cervezas tibias y los refrescos se terminaron y hasta el agua simple que los vecinos siempre ofrecían a los visitantes de manera gratuita ese día se vendió más cara que el agua bendita.
Satisfecho con el efecto que había tenido su chisme el Tololoche regresó a su casa pensando en lo bien que la pasaría cobrando la apuesta.
Al día siguiente se paseó muy sin pena por la playa.
–¿Qué pasó primo, qué andas haciendo por aquí? –le dijo el de la enramada.
–Vengo a ver qué fue lo de la ballena primo –le respondió mientras recibía el cartón de cerveza que le tenían guardada.

 

Ballenas

(Primera de dos partes)

En Zihuatanejo estamos en temporada de ballenas. Dejan su lugar preferido en estos tiempos de frío invernal para buscar los mares tibios de la costa mexicana.
No sé qué tan cierto será pero he escuchado comentarios que por el calentamiento global nuestras aguas se vuelven cada vez más calientes, lo que influye para que las ballenas muden de lugar yendo cada vez más al sur de continente, pues no hace muchos años su presencia era en el mar de Cortés en Baja California.
Por esa razón se dice que las ballenas son de aparición reciente en Zihuatanejo aunque esporádicamente se han visto algunos ejemplares dentro de la propia bahía.
Esa experiencia con la tortugas ha abonado en la idea de los ambientalistas de que se puede prevenir cualquier daño contra los cetáceos divulgando lo que se conoce de ellas bajo el criterio de que solo se puede querer lo que se conoce y que para emprender cualquier defensa o cuidado de algo se debe comenzar por quererlo.
Por eso en el propósito de los activistas de Diversum que encabeza el biólogo Carlos Candelaria en su empeño por divulgar todo lo que ha investigado en largos años de estudio como representante de la UNAM en el módulo que funciona en Zihuatanejo como parte de la escuela de Ecología que tiene su sede en Morelia.
En mi idea de participar en la parte de conocimiento popular que se tiene de todos los ejemplares de la flora y de la fauna que componen la diversidad de nuestro medio hoy me corresponde el tema de las ballenas del que los especialistas hablarán en un próximo sábado en la parte que el Ecotiánguis Zanca dedica a la cultura.
No debo dejar de comentar que una lectura reciente me llevó a un recorrido por mares ignotos conociendo la historia de Moby Dick a través de la brillante escritura del norteamericano Herman Melville quien para conocer la vida de las ballenas se embarcó en un ballenero y estudió por años a estos cetáceos, divulgando las características de su hábitat, y aportando a su clasificación científica sin olvidar a los que se dedican en los mares del mundo a su caza y quienes han hecho de sus derivados una industria con un enorme valor económico.
Hace apenas unas semanas tuve la oportunidad de asistir a una sesión de un famoso actor de teatro que se presentó en Bellas Artes y mediante la técnica de los Cuenta Cuentos deleitó a su audiencia con la historia de Moby Dick.
A diferencia de las tortugas cuya matazón a punto de exterminarlas llenaba de pestilencia buena parte del pueblo, su cuidado por parte de la sociedad logró recuperar la población de ese quelonio y equilibrarla en menos de 20 años.
El antecedente más antiguo que se conoce en estas tierras sobre las ballenas es de cuando una de ellas encalló en una playa cerca de Ixtapa en la década de los 20s, cuyo cadáver dio el nombre al cerro que hoy se conoce como la Hedionda en el parque Aztlán por la fetidez que desplegó por toda la zona. Fuera de ella lo poco que el pueblo sabía de las ballenas era lo que dice la biblia, de aquella que se tragó a Jonás, el predicador echado al mar en un intento por salvar el barco que se hundía.
Dice la biblia que el profeta Jonás estuvo tres días y tres noches en la panza del gran cetáceo como castigo por desobedecer a Dios al negarse a ser portador de la noticia que prevenía a Sodoma y Gomorra de su destrucción. Quienes creían en esta historia estaban agradecidos que dichos animales marinos habitaran en los mares fríos, muy lejos de las aguas tibias de nuestra costa, aunque la curiosidad por conocerlos nunca fue menor que sus creencias.
Por eso tiene sentido que la gente de Petatlán se inquietara cuando se propaló la noticia de que uno de esos ejemplares había encallado en la playa de la Barrita, frente a las enramadas.
En esa historia que revela la cultura local de los petatlecos, crecidos en un ambiente ausente de novedades, acaso ingenuos, conformes y satisfechos con las explicaciones sobre el mundo que daba el padre Goyito, guía espiritual y único responsable del santuario del Padre Jesús, le resultó fácil al ideólogo popular conocido popularmente como el Tololoche, cuya fama de músico en el grupo donde tocaba era la facilidad con la que con su cuerpo escuálido cargaba el enorme instrumento de cuerdas con el que tocaba, y también del ingenio muy natural que tenía para inventar cuentos que mucho hacían reír a quienes lo escuchaban.
El Tololoche, en todo caso, tuvo el ingenio para llevar a la mayoría de los petatlecos a la playa de la Barrita un día cualquiera, inventando la aparición de una ballena en territorio petatleco.
Eso a pesar de que ya en el pueblo se conocían las mentiras y bromas del músico quien una vez, paseando con sus amigos en la playa los asustó fingiendo una convulsión y desmayo para que lo llevaran cargando en una hamaca hasta el Centro de Salud, de donde se levantó y se alejó muriéndose de risa porque lo habían traído sin caminar.
Pues la historia de la aparición de la ballena fue uno más de sus chistes, quizá el más memorable del músico aficionado a la bebida, como todo buen costeño.
Estaba en la playa de la Barrita mendigando una cerveza entre los enramaderos, aunque fueran tibias porque en ese tiempo no había refrigeradores y el hielo llevado desde la cabecera se deshacía en un dos por tres.
Los enramaderos pasaban el día aburridos acostados en la hamaca esperando la llegada de algún cliente que nunca aparecía.
Fue entonces cuando al Tololoche se le ocurrió hacer una apuesta que el dueño de la enramada aceptó sabiendo de antemano que nada perdía.
–Si me das un cartón de cerveza te lleno la enramada, lo retó.
–Órale, házmela buena Zanca, y te doy hasta dos.
Luego el Tololoche se despidió y caminó hasta la carretera para esperar el paso del chilolo rumbo a Petatlán.
En el camión no faltó un paisano que lo reconociera y le preguntara qué andaba haciendo.
–¿Qué pasó primo, qué andas haciendo en la Barrita?
–Ando ayudando a mover una ballena que trajo el mar a la playa y casi se metió a una enramada. Me mandaron buscar un trascabo para remolcarla. Quieren tirarla lejos porque si no, imagínate, la pestilencia no se va a aguantar en toda la playa.

Los milagros

Diciembre es el mes de los milagros, todo mundo piensa en uno y sabe que a principios del mes es la virgen de Guadalupe la que intercede por ellos. Nada más hay que ver el fervor de las celebraciones desde el más pequeño de los pueblos hasta las más pobladas ciudades para darse cuenta del fervor conque se piden para darse cuenta de la necesidad que la gente tiene de los milagros.
Mi madre que lleva el mismo nombre de la virgen, como casi todos los años, hizo hoy el milagro de reunir a todos sus hijos para celebrar juntos sus 99 años de vida.
No pudimos festejarla en su casa de Quechultenango por los daños causados por John, el huracán de categoría 3 que como lluvia tropical hizo crecer al río Huacapa destruyendo el puente por el que se llega a su domicilio en la colonia Españita.
Sin poder llegar en carro que es lo que facilita la movilidad de cuatro miembros de nuestra familia que usan silla de ruedas y andaderas el festejo se hizo en Chilpancingo con mi familia, nos tocó hacer el viaje más largo porque los más distantes viven en la ciudad de México.
Hicimos seis horas desde Zihuatanejo por lo afectada que está la carretera, con hoyancos y cortes a lo largo de Tecpan y Coyuca. En el primero quedó inhabilitado el libramiento y en el segundo es largo el tramo desde Pénjamo, el lugar de las hamacas, hasta el inicio del puente que mandó hacer Enrique Peña Nieto.
El trabajo del Bachetón es casi simbólico porque solo una brigada encontramos ocupada en los hoyancos más grandes, pudiendo invertir el proceso y empezar por los que se están formando que son los que más afectan la integridad de los autos.
Por fortuna hay mucha vigilancia en todo el camino de parte de la Guardia Nacional, lo que da seguridad y confianza al tránsito. Sigue siendo gratuito el paso de las casetas hasta la Venta y lo que tampoco cuesta es el paisaje que se disfruta en todo el trayecto con el agua limpia de los ríos, los cerros verdes, recién bañados y cubiertos aún de la blanca fronda de los árboles de bocote, icónicos de la fiesta de Todos Santos y fuente de la industria mueblera para los artesanos del Súchil. Ese es el otro milagro, el de la naturaleza que con el paso de John dejó agua abundante para los sedientos pueblos como Petatlán y se avizora un futuro próspero para las huertas de cocotero y la abundancia de su fruto que en todo el camino no vale menos de 35 pesos por unidad.
Aunque para nosotros esos detalles del viaje nos resultaron menos importantes que el propio festejo creo que puede servir para información de quienes tienen planeado venir a la playa en Navidad y fin de año.
De lo único que no nos pudimos sustraer durante el festejo fue de los hechos violentos que siguen asolando el estado porque apenas iniciada la fiesta nos enteramos por las noticias del asesinato del magistrado Edmundo Román Pinzón en Acapulco, hecho que nos consternó a todos.
Fuera de ello disfrutamos la hospitalidad y atención de la familia Pacheco Morales que pusieron su casa y organizaron todo lo relativo a la comida. Fueron dos días de convivio porque mi madre Guadalupe León Salazar celebra su cumpleaños y su santo el once y doce de diciembre. Recordamos en familia que su padre vino del norte, de la zona minera y sabía y trabajaba la fundición de metales y la hechura de campanas. Su madre, mi abuela Aurora Salazar vino de Chilapa traída por sus padres para ponerla a salvo de los revolucionarios.
Mi madre desde joven practicó los milagros porque logró ponerse a salvo de la severidad de su padre y de la indolencia de su madre. Se salvó huyendo con el novio. Creó a diez hijos dedicándoles más de veinte años de su vida y siendo analfabeta quiso que todos conociéramos “letra”. Cuando alguien de su familia la criticaba porque se desprendía de sus hijos que querían irse a la ciudad para continuar sus estudios, respondía “lo que no les puedo dar no se los voy a quitar” pero la verdad es que aparte de la vida mi madre nos ha dado todo, por eso con una gratitud que no alcanzo a medir, parte de mis hermanos y hermanas cuidan de ella con esmerada dedicación, por eso su vida ha sido tan larga y creo que la disfruta haciendo lo que le gusta que es descansar. “Ya trabajé y caminé mucho, responde cuando alguien quiere alentarla a que camine y se ejercite”.
Los recuerdos más recurrentes de mi madre son de su avidez por ir a la escuela y la oposición de su padre que le negó ese derecho. Por eso miró en el matrimonio el único modo de liberarse y con una valentía inaudita para su juventud se enfrentó a su padre y al final venció todas las calamidades. Eso es lo que dice orgullosa cuando hace el recuento de cada uno de sus hijos. También se recuerda montada en su caballo llevando el almuerzo al campo y de su audacia para escapar del pretendiente que la asustaba en el camino.
Mi madre adora al cantante francés Hervé Vilar y sus canciones Capri Cest fini y al alemán André Rue. Le gusta vernos bailar porque se acuerda de mi padre quien en su juventud era popular por su afición a baile. En sus últimos tiempos se entusiasmaba con la cumbia Josefina de Aniceto Molina.
Mi madre ha sido campeona en todo. Cuando corríamos para que no nos pegara por desobedientes nos lanzaba un leño a los pies o nos detenía con la advertencia de que se abriría el suelo si no nos deteníamos. Nos pegaba con todo lo que tuviera a la mano, pero nos quería mucho, aunque fue poco cariñosa con nosotros y en cambio envidiábamos la ternura con la que cuidaba a sus nietos. Mi madre siempre nos procuró con la comida. Hacía todo abundante y sabroso porque la cocina fue siempre una de sus inclinaciones. Compraba mucho pan dulce para la cena o el desayuno como si se tratara de una fiesta. Eso nos encantaba. Un tiempo puso su pozolería y terminó siendo la mejor cocinera para guisar el mole de guajolote.
A todos alimentó con el atole blanco y las tortillas embarradas con salsa de guajillo y semillas de calabaza o garbanzo tostados en el almuerzo. Nos hizo crecer a todos derechos, y ya adultos cada quien construyó su propio camino. Todos recordamos su fuerte carácter y la destreza para nadar, del modo en que jugaba el agua como si fuera la masa para las tortillas hasta casi hacerla cantar, como dicen que la celebraban las mujeres encantadas que en mi pueblo se conocen como Tlantatayotas.
Juntos recordamos nuestra niñez y el pasatiempo en el patio que compartíamos con mis primos, las únicas dos familias de aquel lado del río donde la mayor parte del tiempo vivíamos en la oscuridad, teniendo que adivinar cada ruido y distinguir cada bulto que se movía con el ladrido de los perros, y volvimos a recordar quiénes de los hermanos estuvimos presentes cuando don Severo Bello macheteó y mató a nuestro perro Turco en represalia porque había mordido a su hija.
Aclaramos quiénes habían hecho suya la historia y la contaban como si hubieran participado en ella. Quedó claro que mi hermano Lorenzo fue el primero que advirtió la presencia e intenciones del hombre cuando miró que traía el descomunal machete abrasado y un gran puñal en la cintura, por eso urgió a Manuel que se llevara al perro dentro de la milpa y Manuel dice que lo hizo así pero el perro se le soltó y regresó al camino para ladrarle al hombre cuyas intenciones asesinas el turco había olido. Por eso le resultó fácil machetear a nuestro perro hasta matarlo, sin importarle la presencia de los niños.
Yo que había escuchado lo ocurrido de parte de mi hermana Estela quedé tan impactado que hice mío el recuerdo al grado de contarlo después como si lo hubiera atestiguado.
También nos reímos de mi hermano Manuel, el deportista nato y galán peinado al estilo rockero con artificioso copete engominado que hizo historia enseñando a los jóvenes del pueblo la técnica para jugar basquetbol con su equipo universitario llamado los Coyotes, que visitaron Quechultenango para hacer juegos de exhibición hasta hacer de ese deporte una auténtica revolución que por largos años se recreó en los torneos del 20 de noviembre.
Nos reímos de él porque de muchacho le daba pena, (a quien no) pasar por las calles del pueblo con sombrero y ropa sucia del trabajo en el campo. Mi hermano pasaba corriendo con el sombrero bajo el brazo, él dice que para evitar que volara de la cabeza y nosotros lo rebatimos diciéndole que era su estilo para que no se le deshiciera el copete.
Todos esos recuerdos familiares repasados en el convivio espero que hayan sido como una inyección de vitalidad para mi madre que le ayude a realizar nuevos milagros y a disfrutar el resto de las fiestas que faltan para que se acabe el año.