Carmen González Benicio
Alcozauca
El feminicidio de la indígena na savi y agente de Tránsito municipal, Leuteria Reyes Benito, ocurrido en la cabecera municipal de Alcozauca, conmocionó a la población por la saña utilizada por su compañero de trabajo, el policía municipal Herminio, quien le asestó cerca de 30 puñaladas.
Sobre todo, porque éste no mostró algún gesto de arrepentimiento cuando lo aprehendieron policías municipales organizados por la dirección de Seguridad Pública para su búsqueda, luego de responder al llamado de auxilio de la vecina que le rentaba la casa a Leuteria y a quien encontraron herida, señalando al responsable.
A Herminio la gente lo vio en el Zócalo. Estaba bailando con la música de viento que aún permanecía en el lugar, porque ese día tomaron protesta los delegados y comisarios del municipio.
Nadie le prestó atención a su aspecto, un borracho más por la fiesta. Su pantalón negro no mostró nada, pero su camiseta azul, tenía las huellas de la sangre. Las botas color café se veían rojas.
Dicen que en los separos, lo que dijo fue que Leuteria se lo buscó y lo hecho ya estaba hecho. Y así se mantuvo hasta que fueron por él elementos de la Fiscalía. Eso fue en la tarde del 5 de enero.
Aunque días más tarde la Fiscalía informó en un boletín que lo detuvieron en Tlapa, en la Mona, es decir, cerca de barandilla. El 8 de enero.
Herminio de Dios atacó a Leuteria en el interior de su vivienda, con rastros del forcejeo que ocasionaron que saliera de ella y terminara en la entrada, en el suelo, con las heridas hechas con navaja por su compañero de trabajo porque era policía y ella elemento de Tránsito. Ambos estaban de descanso. Fue el domingo 5 de enero. Como a las 6 de la tarde.
Víctima de las deficiencias en salud
De acuerdo con las fuentes consultadas a Leuteria la llevaron al hospital de Alcozauca donde la recibieron, pero perdió tiempo porque no llegaba ningún familiar para hacerse responsable y tampoco les brindaron las facilidades para trasladarla en la ambulancia, porque el municipio no cuenta con ninguna.
Fue hasta las 10 de la noche cuando la sacaron de Alcozauca al hospital de Tlapa, donde les dijeron que estaba muy grave, que la recibían pero no le darían la atención oportuna porque no había anestesiólogo y cirujano en ese horario, tampoco sangre, contó un familiar.
Les dijeron que la aceptarían en Chilpancingo por lo que fue trasladada a esas horas. Leuteria ya no resistió por la pérdida de sangre y tiempo, murió en el camino, a unos kilómetros del Hospital de Chilpancingo, hasta donde llegaron pero ya no la recibieron y los hicieron volver a Tlapa, contó el papá. Ya eran las 6 de la mañana.
Leuteria fue ingresada nuevamente al hospital de Tlapa directo a la morgue, ya eran como a las 12 del día y fue cuando se presentaron agentes del Ministerio Público para decirles que enviaría el cuerpo al Semefo, nuevamente en Chilpancingo.
Su padre recordó que se negó porque venían de allá, pero aceptó que se la llevarán para la necropsia que confirmó más de 30 puñaladas y una herida en el cuello. Fue por eso que recogió su cuerpo la madrugada del 8 de enero.
Sin ninguna relación con su agresor
Leuteria entró a trabajar en el Ayuntamiento de Alcozauca en la administración de Crispín Agustín a quien le ayudó en su campaña. En sus primeros meses se desempeñó como policía municipal, al igual que Herminio.
Luego fue cambiada al área del comedor del Ayuntamiento, según las fuentes porque su marido con quien peleaba la custodia de sus cuatro hijos le dijo que como policía corría muchos riesgos y menos se los daría ni la dejaría verlos y que por eso optaron por dejarla en ese trabajo.
Sin embargo, Leuteria compartió su inquietud de que estaba triste porque en el comedor no podía ver a sus hijos, al menos de lejos y pidió que la regresaran como policía, pero mejor le ofrecieron que se quedara como agente de Tránsito, lo cual aceptó porque eso le permitía ver a sus hijos.
Los compañeros de trabajo contaron que no observaron ningún tipo de acoso o relación entre Herminio y Leuteria, se saludaban como todos. En el trabajo ella mostraba disponibi-lidad y lo hacía bien, era un buen elemento.
Leuteria insistió en quedarse en ese trabajo porque al separarse de su marido, por violencia familiar, no tenía casa o dinero para poder mantener a sus hijos y enfrentaba el asunto legal con su marido que no le dejaba verlos.
Contaron que al tener trabajo y llegar a acuerdos con su marido tenía dos fines de semana de convivir con sus hijos, por eso rentaba en Cruz Verde, cerca de donde vivían. Dijeron también que hizo diversas peticiones de apoyo a la Dirección de la Mujer, donde le brindaron ayuda.
De Herminio de Dios, se dijo que es de la comunidad de Ahuejutla del mismo municipio, es padre de ocho hijos, porque su primera esposa murió, la segunda está desaparecida y con la tercera hay violencia familiar y que esa información surgió luego de que cometiera el feminicidio y fueran a realizar las investigaciones.


