
Alejandro Guerrero / Iguala
La noche del 26 de septiembre de 2014 la violencia cometida por policías municipales contra alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa, a la que se sumó el grupo delictivo Guerreros Unidos, escaló durante cuatro horas. En ese tiempo, autoridades civiles de los tres órdenes de gobierno y militares no intervinieron para resguardar a las víctimas; al contrario, permitieron la actuación contra los normalistas, hasta que se desbordó en ataques directos no sólo para dispersar a una multitud desarmada, en la que además había reporteros y maestros, sino para reprimir con brutalidad, desaparecer y asesinar.
Han pasado 11 años de los trágicos hechos en Iguala, tres gobiernos en la Presidencia de la República, cuatro gobernadores y nueve alcaldes, y continúa sin esclarecerse las principales demandas: ¿qué motivó a policías y civiles para actuar con tal crueldad contra estudiantes normalistas desarmados?, y ¿dónde están los 43 jóvenes que fueron víctimas de desaparición forzada?
Aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, cientos de balas en ráfagas de fusiles de asalto, de pistolas y retrocargas, se dispararon no sólo contra estudiantes, sino también contra reporteros, profesores y dirigentes sociales que estaban con ellos. Estos crímenes no se cometieron en una localidad alejada o en una zona despoblada sin comunicación, se hicieron en Iguala, la ciudad más importante de la zona Norte, en la colonia Juan Álvarez, contigua al centro, a una hora de la capital de Guerrero, Chilpancingo.
El ataque se cometió en una zona comercial y de viviendas en el Periférico Norte, al final de la calle Juan Álvarez, colonia en la que miembros de la pandilla Los Peques o Tilos, brazo armado del grupo de la delincuencia organizada Guerreros Unidos, tenía negocios y de acuerdo con las autoridades, varios de los hermanos Benítez Palacios, sus líderes, vivían ahí en ese tiempo.
La Juan Álvarez está a dos cuadras del Centro de Control, Comando y Cómputo (C4), donde se reciben llamadas de emergencia del 911 (antes 066) y se monitorean y controlan las cámaras de video vigilancia en coordinación de la Policía Municipal, Estatal y del Ejército.
La zona de los dos principales ataques contra los jóvenes, de donde la mayoría de los 43 fueron desaparecidos, ocurrió a unos 5 minutos en vehículo del 27 Batallón de Infantería en el Periférico Oriente que está a 2.9 kilómetros de la calle Juan Álvarez, misma distancia del 41 Batallón que después fue transferido a Teloloapan y de la comisaría de la desintegrada Policía Federal.
El saldo de los ataques simultáneos de aquella noche fue de seis personas asesinadas, al menos 25 heridos y 43 desaparecidos.
La toma de autobuses
El 26 de septiembre de 2014 y días anteriores, en el gobierno de Ángel Aguirre Rivero, quien fue obligado a dimitir por este caso, policías estatales desplegaron operativos en Chilpancingo y Acapulco para evitar la toma de autobuses por estudiantes normalistas, en la víspera del aniversario de la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre, para lo que la escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa tenía la comisión de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), de conseguir autobuses para el traslado de normalistas de diversos estados a la Ciudad de México, como cada año.
De acuerdo con la información, basada en testimonios de sobrevivientes y grabaciones de cámaras de seguridad, así como la evidencia fotográfica de El Sur de esa noche, se sabe que una comisión de casi cien alumnos de nuevo ingreso con la coordinación de otros dirigentes de segundo grado, salieron de la Normal de Tixtla a bordo de los autobuses Estrella de Oro 1531 y 1568 rumbo a Iguala, con la intención de recaudar dinero mediante boteo entre la población y tomar más camiones.
Salieron ya tarde de la Normal, a eso de las 5:30 y llegaron a la comunidad de Rancho del Cura, municipio de Iguala, alrededor de las 7:30. El grupo que iba en el camión 1531 se quedó en ese crucero con la carretera estatal a Huitzuco, mientras que el 1568 se fue a la caseta de peaje para hacer una colecta de dinero con automovilistas.
Los jóvenes que se quedaron en la carretera federal en la salida a Chilpancingo detuvieron el autobús Costa Line 2513, pero como llevaba pasajeros, se acordó con el chofer que los llevarían a la terminal ubicada en la calle Hermenegildo Galeana frente al mercado municipal de Iguala, y de ahí se llevarían el camión. Para eso fueron comisionados entre ocho y diez jóvenes.
A la terminal de autobuses Estrella Blanca llegaron a las 9:05 de la noche como lo muestran las grabaciones de las cámaras de seguridad de la empresa de transportes, pero el chofer no cumplió el acuerdo con los estudiantes, y testimonios de sobrevivientes indican que éste les pidió esperar 10 minutos que se convierten en media hora, con la aparente intención de hacer tiempo para que llegaran policías municipales; finalmente los dejó encerrados dentro del autobús.
Tras reportar el incidente por teléfono a sus compañeros, éstos llegaron a la terminal en los dos autobuses 5 minutos después, y se genera una trifulca en la que los jóvenes con el rostro cubierto lanzan piedras a los autobuses, y finalmente se llevan dos camiones. Ahí fue la última vez que se vio al estudiante Bernardo Flores Alcaraz, El Cochiloco, que iba dirigiendo el grupo.
Por la salida de la terminal que da a la calle Ignacio Manuel Altamirano, que es la ruta habitual de los autobuses para tomar el Periférico Sur, salió un grupo de estudiantes con el camión de la Flecha Roja Ecoter 3278, que luego en las investigaciones sería considerado el “quinto autobús”.
En tanto que, por la calle paralela Hermenegildo Galeana, que es por donde está la entrada de los autobuses a la terminal y que tiene el sentido de la circulación vehicular al centro de la ciudad, a las 9:26 de la noche salieron los jóvenes con los dos autobuses que ya llevaban desde Chilpancingo, al frente el Estrella de Oro 1531 y al final quedó el 1568, y en medio se enfilaron en caravana los dos que tomaron en la terminal, los Costa Line 2012 y 2510.
Un minuto después llegaron patrullas con efectivos de la Policía Municipal, algunos con sus armas desenfundadas, así como civiles que siguieron el trayecto de los autobuses corriendo a pie.
Debido a lo estrecho de las calles y las esquinas en esta zona del centro de la ciudad, así como por la persecución que tenían de policías, los camiones no pudieron dar vuelta, sólo pudo hacerlo el que iba al frente, el Estrella de Oro 1531, que dobló en la calle Juan Aldama que se conecta al final con la carretera federal México-Acapulco en dirección a Chilpancingo.
Primeros detenidos desaparecidos
Los jóvenes que viajaban en este autobús, entre 15 y 20, fueron interceptados y detenidos cerca del Palacio de Justicia por policías de Iguala y Huitzuco, así como policías federales. Con gases lacrimógenos que fueron lanzados por las ventanas hacia adentro del autobús, los muchachos fueron obligados a bajar, y tras ser golpeados y detenidos se los llevaron en las patrullas con dirección a Huitzuco, todos ellos son parte de los 43 desaparecidos.
Este ataque y detención, así como las autoridades que intervinieron y las rutas que tomaron después, habrían sido grabadas por al menos seis cámaras de seguridad de circuito cerrado que en esa fecha había en la parte externa del edificio del Poder Judicial del estado cuando era presidenta la magistrada Lambertina Galeana Marín (actualmente procesada por el caso Ayotzinapa), sin embargo, fueron desaparecidas y no han sido entregadas.
Los otros tres autobuses, los Costa Line 2012 y 2510 y el Estrella de Oro 1568, continuaron de frente perseguidos por varias patrullas de la Policía Municipal, que de acuerdo con testigos, iban disparando al aire y a la parte posterior del tercer autobús.
Era noche de viernes, mucha gente estaba en el centro de la ciudad, además de que había concluido el segundo informe de labores de la presidenta del DIF, María de los Ángeles Pineda Villa, esposa del alcalde José Luis Abarca Velázquez, quienes celebraban con funcionarios y simpatizantes a esa hora una verbena popular en la explanada de las Tres Garantías.
Segundo grupo de detenidos
Entre el Zócalo y la iglesia de San Francisco de Asís, colindantes con la explanada, se dio un primer choque entre los policías y normalistas, a quienes les intentaron cerrar el paso con patrullas que fueron atravesadas en la calle, pero que los estudiantes lograron quitar.
Once cuadras al norte, en la misma calle que pasando el Zócalo cambia de nombre a Juan Álvarez, al llegar al cruce con el Periférico Norte y la única salida para los autobuses, los policías cerraron el paso de frente y por atrás en la calle 10 de Abril; los dejaron cercados.
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“No disparen somos estudiantes, estamos desarmados”
Entre las 9:40 y las 10 de la noche se dio la primera agresión a balazos contra los jóvenes y los autobuses en los que iban. Les dispararon de frente, por detrás y de costado para obligarlos a salir de los camiones. Al tercer autobús, el Estrella de Oro 1568 le reventaron las llantas para que no lo pudieran mover.
Mediante videos que los muchachos lograron grabar con sus teléfonos celulares y que se compartieron en las redes sociales, se ve a policías uniformados y armados resguardados en la esquina del Periférico, y se escucha que los normalistas con insistencia les gritan “somos estudiantes”, “no disparen”, “no tenemos armas, estamos desarmados”.
En esa agresión, los policías hirieron de gravedad al normalista Aldo Gutiérrez Solano, que desde ese momento se encuentra en estado de coma por un disparo en la cabeza, además hubo otro muchacho herido de bala en una mano, quien, de acuerdo con sus compañeros, fue al único del tercer autobús que los policías no se llevaron detenido, en tanto que todos los demás, entre 20 y 25 jóvenes fueron detenidos y en un principio habrían sido llevados a Barandillas de la comandancia de la Policía y después desaparecidos.
El otro ataque se dio mientras se desarrollaba una conferencia de prensa alrededor de las 10 de la noche de ese viernes 26 de septiembre, siete reporteros habían llegado al lugar para dar cobertura, la mayoría era prensa local y sólo uno había llegado de Chilpancingo.
De acuerdo con testimonios y las investigaciones realizadas, las agresiones fueron conocidas en tiempo real desde la llegada de los estudiantes a Iguala no sólo por la autoridad municipal mediante su policía y agentes de Gobernación, lo mismo habría ocurrido con los gobiernos estatal y federal con sus agentes de Gobernación y del Ejército con su personal de búsqueda de información (inteligencia militar), y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), que tenía entonces oficinas en la entrada a la colonia Floresta, muy cerca del Palacio de Justicia donde ocurrieron dos de los ataques.
La escena de aquella noche evidenciaba un ataque directo con extrema violencia, manchas de sangre en el piso, así como en la defesa y dentro del tercer autobús, en el acceso, el pasillo y los asientos de enfrente. Mientras que los tres autobuses tenían impactos de bala en distintas partes de la carrocería, en el parabrisas, en las puertas y ventanas; el Estrella de Oro es el que más impactos recibió.
Debido a la ausencia de agentes del Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado (FGE, antes Procuraduría) y de Policía Estatal o Ejército para resguardar y asegurar la escena del crimen, los estudiantes marcaron decenas de casquillos percutidos y algunas balas enteras regadas en la calle.
Había armas cortas calibre .9 milímetros, y de calibres .223 que se usan para fusil AR-15 y el mismo calibre para las armas de cargo de la policía, y de 7.62 milímetros, que se usan para fusil AK-47, conocidos como cuerno de chivo.
Pasada la media noche, en lo que parecía ser el cierre de la actividad de esa jornada, dos de los representantes de la Normal Rural llamaron a los reporteros que ya estaban presentes a una rueda de prensa para dar detalles actualizados de lo ocurrido.
La conferencia se hizo justo al frente de los autobuses al final de la calle Álvarez y duró poco más de 10 minutos. Como si los perpetradores estuvieran esperando el cierre de la conferencia, accionaron sus armas contra la multitud, con intención directa de matar.
Alrededor había unas cien personas, entre alumnos sobrevivientes al primer ataque, otros que habían llegado en dos camionetas Urvan desde Ayotzinapa para apoyar a sus compañeros, así como estudiantes de la Normal de Iguala, profesores de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), que también habían llegado en apoyo, reporteros y los choferes de los tres autobuses.
Desde el lado poniente donde está la calle Benito Juárez, paralela a Álvarez, llegó disparando ráfagas de armas de alto poder un grupo armado de personas con vestimenta oscura y encapuchados.
“Nos están disparando”, “tírense al piso” y “corran, cúbranse”, se escuchaba entre los gritos desesperados de todos para tratar de resguardarse y salvarse. La mayoría se refugió entre los autobuses y otros vehículos que estaban estacionados en ese tramo de la calle Álvarez, mientras que otros corrieron con dirección al centro de la ciudad.
El ataque duró aproximadamente minuto y medio. Primero se escucharon las descargas de las ráfagas de las armas de alto poder y otros disparos que soltaron al mismo tiempo, se escuchaba el zumbido de las balas que pasaban muy cerca, otras impactaban en cristales y vehículos que estaban estacionados, así como en las paredes de los negocios de esa zona. Hubo un caos total.
Los disparos cesaron un instante, como si los pistoleros hubieran recargado sus armas y volvieron a disparar. De acuerdo con la trayectoria y el movimiento de las detonaciones, se interpreta que iban a bordo de vehículos porque avanzaron por el Periférico y no ingresaron a pie por la calle Álvarez, donde muchos estaban ocultos.
Al parecer algunos pistoleros retornaron por las siguientes calles paralelas, Niño Artillero y Miguel Hidalgo, porque después algunos testigos informaron que vieron pasar camionetas con gente armada con dirección al centro.
En este segundo ataque fueron asesinados Julio César Ramírez Nava y Daniel Solís Gallardo, alumnos de Ayotzinapa de segundo grado que habían llegado en apoyo a sus compañeros. Sus cuerpos quedaron boca abajo a sólo unos pasos de donde se daba la conferencia de prensa.
También fueron heridos el normalista Edgar Andrés Vargas, de Oaxaca, que recibió un disparo en la cara que le destrozó el maxilar superior y la base de la nariz, así como la maestra de la CETEG Fátima, que recibió dos balazos, uno en el pecho y otro en el pie derecho, pues estaba en su carro cuando llegó el ataque al igual que una mujer embarazada que esperaba a su pareja en su carro y que salió ilesa.
Esa noche algunos jóvenes llegaron al hospital privado Cristina, ubicado en la misma calle del ataque, para pedir atención para su compañero Edgar, pero les fue negada. Allí llegaron efectivos del Ejército sólo para tomar evidencias de los hechos, pedirles sus nombres reales y después dejarlos ahí.
Fue hasta cerca de la una de la madrugada que peritos forenses de la Fiscalía estatal finalmente llegaron a acordonar la zona. A esa hora ya estaban allí más reporteros de Chilpancingo y se había soltado una ligera lluvia en la ciudad.
Al amanecer, cerca de las 8 de la mañana, en la zona de Ciudad Industrial, a unos 800 metros de la calle Álvarez, fue hallado el cuerpo de Julio César Mondragón Fontes, El Chilango, normalista que habría sido capturado vivo tras el segundo ataque.
El joven tenía marcas de tortura, diversos moretones en la zona abdominal al parecer por golpes que recibió y le arrancaron la piel del rostro con cortes finos de un arma de filo o con bisturí.
Los ataques simultáneos
Las persecuciones con disparos desde la terminal y los dos ataques en la calle Juan Álvarez, no fueron los únicos escenarios de violencia esa noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre, sino que hubo agresiones simultáneas y un cerco que se instaló en entradas y salidas de la ciudad con la intervención de policías de Tepecoacuilco, Huitzuco y Cocula, además de Policías Federales y Ministeriales del estado, en los que el Ejército y la Policía Estatal habrían facilitado o permitieron las agresiones.
El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), estableció en sus investigaciones que estas autoridades “intervinieron de manera directa o indirecta en los ataques, facilitaron su realización y encubrieron a los perpetradores”.
En la salida a Chilpancingo, en el crucero de la comunidad de Santa Teresa, policías instalaron un retén para impedir la salida de los estudiantes y de cualquier persona. Allí dispararon de forma directa a un autobús de la empresa Castro Tours en el que viajaban los jugadores del equipo juvenil de futbol Los Avispones de Chilpancingo, que habían ido a jugar a Iguala.
En ese lugar fueron asesinados el adolescente de 15 años David Josué García Evangelista, El Zurdito, el chofer del camión Víctor Manuel Lugo y una mujer de nombre Blanca que iba como pasajera en un taxi que también fue atacado, en el que el chofer Aureliano García fue herido, y que la mañana del 16 de marzo de 2024 fue hallado asesinado a balazos en una calle de terracería de la colonia El Capire de esta ciudad.
Un retén más se instaló cerca de la medianoche en la comunidad de Mezcala, municipio de Eduardo Neri, a 50 kilómetros de Iguala, donde automovilistas fueron atacados a balazos y una pareja fue herida.
La actuación de esa noche y madrugada entre pistoleros y policías de corporaciones de los tres órdenes de gobierno evidenció el control hegemónico que mantenía entonces el grupo delictivo Guerreros Unidos, con el que se relaciona al alcalde Abarca Veláz-quez y a su secretario de Seguridad Pública, Felipe Flores Velázquez, ambos presos en penales federales.
El quinto autobús no fue atacado, fue protegido
La primera agresión se dio cerca del Palacio de Justicia, donde fue interceptado el autobús Estrella de Oro 1531 que antes se había separado de la caravana en el centro de la ciudad. Las investigaciones indican que los estudiantes fueron bajados con violencia de este autobús con gases lacrimógenos, después golpeados y trasladados en patrullas de la Policía de Huitzuco con rumbo a ese municipio. En este hecho habrían intervenido policías federales, según las investigaciones del GIEI.
En tanto que, en ese mismo tramo, pero unos 700 metros antes, en el puente El Chipote, que es la desviación a la comunidad de Tuxpan, los jóvenes que iban en el autobús de la Flecha Roja Ecoter 3278 lograron escapar antes de ser interceptados por los policías y huyeron a colonias cercanas.
El chofer informó a las autoridades que recibió órdenes de la empresa de llevar el camión al estado de Morelos, lo cual hizo por la autopista a Cuernavaca, pasando por la caseta de peaje, con resguardo de la Policía Federal. Es el “quinto autobús”, que no fue atacado, y que presuntamente podría haber llevado una carga de droga.



