Los desaparecidos, ausentes en la visita de AMLO

El día en que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, iniciaba por enésima ocasión su visita a Guerrero, Tita Radilla y su familia conmemoraban el 49 aniversario de la desaparición forzada de Rosendo Radilla, a manos del Ejército. En la Ciudad de México la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), presentó el libro Desaparecer en Guerrero. 50 años de impunidad, entre lo paradigmático y el incumplimiento. En su intervención Tita comentó “Para nosotros es importante que se conozca aquel momento de la detención y desaparición de nuestro padre Rosendo Radilla. Hoy se cumplen 49 años. 49 años de dolor y sufrimiento, pero no sólo la familia Radilla, sino que cientos de personas fueron detenidas, desaparecidas, en aquel momento de la década de los 70”. Tita fue muy enfática “No hay voluntad política del Estado Mexicano, porque se tendría que ver reflejada en hechos. En este caso y muchos más, no hay la menor intención de esclarecimiento”. Por su parte el compilador del libro Luis Amaya comentó: “No nos vamos a cansar de seguir exigiendo dónde están los desaparecidos. Queremos saber qué fue de Rosendo y los luchadores desaparecidos en los años 70, en el marco de la guerra sucia”.
En ese mismo día más de 350 manifestantes de varios municipios de la región Norte del estado, como Cocula, Eduardo Neri, Cuetzala del Progreso, Tepecoacuilco y Apaxtla, se organizaron para bloquear totalmente la carretera federal México-Acapulco, a la altura de Mezcala. Desde hace 3 meses, 14 personas se encuentran desaparecidas. El primer caso que obligó a las comunidades a protestar fue la desaparición de cuatro pescadores. Dos de ellos aparecieron golpeados y los otros dos siguen desaparecidos. Se han sumado los casos de siete caporales de la comunidad de Nuevo Balsas, municipio de Cocula que fueron desaparecidos el 18 de agosto. Recientemente se reportaron cuatro campesinos de la comunidad de Tomixtlahuacán, municipio de Apaxtla. Denunciaron que las autoridades estatales abandonaron la búsqueda de los dos pescadores. El enojo de las familias quedó de manifiesto al ignorar al delegado de gobierno de la zona Norte, que les prometía conseguir reuniones con las autoridades del estado para atender sus demandas. Los manifestantes se mantuvieron firmes en su postura de no desbloquear la vía, exigiendo la presencia del secretario de Gobierno y el de Seguridad Pública para que cumplan con el compromiso de brindarles seguridad.
Exigieron el esclarecimiento de estas desapariciones y la presencia de elementos de seguridad pública en localidades donde hay desplazamientos forzados por parte de grupos de la delincuencia. Pidieron a las autoridades de los tres niveles de gobierno que no los abandonen: “Las familias están desesperadas, todos tenemos temor de ser afectados. Somos gente de trabajo, no pertenecemos a grupos del orden que sea, somos pueblo, queremos paz y tranquilidad en nuestras comunidades”.
Mientras tanto, desde la base militar de la Décima Segunda Región Naval de Acapulco, el secretario de Marina José Rafael Ojeda Durán, en la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, informaba que Guerrero ocupa el noveno lugar a nivel nacional por el delito de homicidios dolosos, al presentar 171.69 homicidios por cada 100 mil habitantes, de diciembre de 2018 a julio de 2023. Expuso que en este periodo el total de los delitos de alto impacto ponen a la entidad en el vigésimo octavo lugar a nivel nacional. El mismo almirante detalló que el estado de la fuerza real en Guerrero es de 7 mil 681 integrantes, entre policía estatal, municipal y la policía naval. Con relación a las fuerzas federales, la Sedena cuenta con 2 mil 382 elementos; el Ejército 7 mil 244 y la guardia nacional con 4 mil 556 elementos. En total, de las fuerzas federales y las fuerzas de seguridad pública del estado hay 19 mil 987 efectivos.
En su turno el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció que en Guerrero hay un repunte de la violencia, pero que no hay focos rojos por la inseguridad. Considera que va disminuyendo poco a poco y que “vamos avanzando muy bien”. Al salir en defensa de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, sin tapujos dijo “ahora ya no se permite que la delincuencia se alimente del gobierno, pues quedó nula la relación entre ambos. Ya está pintada la raya”. Justificó el repunte de la violencia “porque todavía existen grupos delictivos que vienen de tiempo atrás. La diferencia es que ahora los gobernantes no están amafiados con la delincuencia”.
La gobernadora Evelyn Salgado resaltó su estrategia de combatir las causas de la violencia. Habló de los 36 programas federales que se aplican en el estado y los 55 subprogramas con una inversión de 26 mil millones de pesos anuales y un millón 412 mil 157 beneficiarios. Dijo que de acuerdo con las cifras del Coneval en 2022 se registró la disminución de casi 190 mil guerrerenses que han salido de la condición de pobreza. Agradeció el apoyo del gabinete de seguridad federal “con quienes hemos mantenido una coordinación eficaz que ha sido de enorme beneficio para Guerrero”. Dijo que hay avances importantes en el estado, gracias al apoyo del gobierno de México, a la política de diálogo permanente. Siempre decimos diálogo, diálogo y más diálogo”. Cerró diciendo “conciliación y unidad es lo que requiere nuestro estado”.
Fueron tres días intensos de trabajo del presidente de la República, sin embargo, el creciente problema de las personas desaparecidas en el estado estuvo ausente en sus múltiples intervenciones. Su llegada en helicóptero a la Décima Segunda Región Naval de Acapulco lo mantuvo alejado de la población que esperaba con mucho interés saludarlo y aprovechar para plantearle sus múltiples demandas. Fue imposible. El control que ejercen el Ejército, la Guardia Nacional y la Marina en los eventos presidenciales es absoluto. Las autoridades civiles quedan al margen, más bien quedan supeditadas a sus órdenes. La población de a pie ya no tiene oportunidad de abordar al presidente, a no ser que rompa el cerco para acercarse a la gente.
Los datos presentados por el secretario de Marina muestran con optimismo que va disminuyendo la violencia y que nuestro estado ya no está en los últimos lugares, sin embargo, la población tiene otra percepción. La violencia se ha expandido a lo largo y ancho del estado y ha escalado de manera alarmante. Los asesinatos que diariamente se registran en las principales ciudades están generado una percepción de que la violencia es una realidad inminente que nos inmoviliza y asfixia.
Las disputas que son cada vez más recurrentes entre las organizaciones criminales antagónicas, ponen en todo momento en jaque a las autoridades.
Los encuentros que han entablado autoridades municipales, como la presidenta de Chilpancingo con un líder del grupo de Los Ardillos, muestran la colusión que persiste entre las autoridades y los grupos del crimen organizado. La raya no está pintada como dice el presidente, sino que sigue borrada.
Se dio la reciente desaparición transitoria de la titular del Ministerio Público de Coyuca de Catalán, Jaqueline González Salgado, que fue localizada con vida después de una intensa búsqueda por parte de todas las fuerzas federales y estatales. De acuerdo con fuentes de la Fiscalía, los hombres armados irrumpieron en las instalaciones y desarmaron a los elementos de la Policía Ministerial para llevarse a la funcionaria. Demostraron el poder que ejercen para desaparecer a personal de la misma Fiscalía.
Los dos asesinatos (padre e hijo) que recientemente se consumaron en una gasolinera de Chilapa y la posterior desaparición de tres jornaleros agrícolas de Zacapexco del mismo municipio, muestran el patrón de criminalidad que ejerce el grupo de Los Ardillos que tienen el control del municipio y que ha relegado a la autoridad municipal que está ausente.
Es preocupante que no se atienda el reclamo de la gente que se siente inerme y que teme que en cualquier momento enfrente un evento de violencia. No encuentra una forma segura para ponerse a salvo. Prevalece el pesimismo, la resignación y una visión catastrófica de lo que pasa en el estado.
Por otra parte, las familias que buscan a sus seres queridos se encuentran en total abandono, no son atendidas para satisfacer sus necesidades básicas. Tienen que luchar en medio de la violencia y ponen en riesgo su vida al salir en busca de sus desparecidos. No hay una interlocución que rinda frutos, para ellas el diálogo no se ha podido dar con la gobernadora. Más bien se sienten relegadas, vilipendiadas por alzar la voz y por reclamar sus derechos. Son catalogadas por los funcionarios como actores incómodos porque no cejan en sus demandas de que busquen a sus seres queridos y que les proporcionen seguridad.
Los desaparecidos de la guerra sucia siguen sin encontrar verdad ni justicia y los desaparecidos de la guerra contra el narcotráfico se han multiplicado en los últimos 17 años, al grado que en nuestro país hay 111 mil personas desaparecidas. Es una cifra incómoda para el gobierno federal que busca la manera de reducir el número de reportes por desaparición.
Para el presidente de la República los números del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas, “están inflados”. Por esa razón se realizó un censo en 22 estados donde gobierna Morena, contando con el apoyo de la Secretaría del Bienestar, que envió a los servidores de la nación para que visitaran los domicilios de las personas desaparecidas. Lo desconcertante es que esta Secretaría no está dentro del catálogo de autoridades buscadoras, conforme lo establece la Ley General en Materia de Desaparición y Búsqueda de Personas. Esto ocasionó la renuncia de Karla Quintana titular de la Comisión Nacional de Búsqueda.
La mayor preocupación de los familiares de personas desaparecidas es que se les relegue en la toma de decisiones que atentan contra sus grandes esfuerzos para dar con el paradero de sus seres queridos. Es muy lamentable que en Guerrero los desaparecidos no sean un tema prioritario para las autoridades del estado.

 

Censará la Semai a jornaleros en tres regiones para programa especial en 2024

Lourdes Chávez

Chilpancingo

La secretaria de Migrantes y Asuntos Internacionales, Silvia Rivera Carbajal informó que el censo de jornaleros agrícolas que prepara el gobierno del estado, se aplicará sólo en las regiones Centro, Montaña y Costa Chica, para el diseño de un programa especial que esperan arrancar en 2024.
En febrero anunció la elaboración de este censo con el apoyo de los ayuntamientos para tener una política pública en beneficio de más de 60 mil migrantes guerrerenses, en el interior del país y en el extranjero, de acuerdo con estimaciones generales.
En la reunión de subcomités de la región Centro del martes, se documentó que Rivera Carbajal firmó para este fin, convenios con cuatro municipios, Tixtla, Eduardo Neri (Zumpango), Juan R Escudero (Tierra Colorada) y Mochitlán.
En consulta telefónica, la funcionaria reconoció que aún falta que otros municipios firmen este convenio, y que efectivamente participen en la construcción del registro.
Pero como Secretaría, dijo que ya están adelantando el trabajo. “Yo vengo de la Montaña, de municipios con los que ya se habían firmado convenios. Ahí traigo dos brigadas recopilando información”.
Explicó que, la Secretaría de Planeación y Desarrollo Regional de Guerrero diseñó un sistema para reunir los datos de los jornaleros mediante un cuestionario digitalizado. Pero como en la Montaña hay dificultades de conexión, o no todas las personas tienen acceso a medios electrónicos, indicó que se está aplicando con las brigadas, que luego se van a vaciar los datos al sistema.
“Queremos que los ayuntamientos nos ayuden con este asunto. Si no tenemos un censo, no se va a poder aprobar una política pública para poder ayudar a los jornaleros agrícolas”, insistió.
Del financiamiento de este nuevo programa, indicó que la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, ya lo está revisando directamente con la Secretaría de Gobernación, en el Consejo Nacional de Migración. Además, tendrá una aportación estatal.
Enfatizó que esta administración tiene interés en impulsar un programa especial para jornaleros, pero necesitan “sustentarlo con la realidad”.
Sobre la Casa del Jornalero Agrícola en Tlapa, que por años ha recopilado información de los jornaleros agrícolas de la Montaña, señaló que es un sitio de tránsito, y no toda la población migrante pasa por ahí.

Incluso, dijo que no puede intervenir en el lugar, porque lo tiene en comodato el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
Distinto a la Unidad de Servicios Integrales de Chilapa, a cargo del Ayuntamiento, donde dijo que ya lo equiparon con cocina para comedores y dormitorios.
Insistió en que es más efectivo acudir a las comunidades que no se han ido a los campos, porque ya empezó la migración, pero la temporada alta arranca en octubre, y para entonces, confió en que ya deben tener “algo del censo”.
De las dificultades, señaló que a las personas no les gusta mucho que les pregunte. Aún tienen desconfianza.
Añadió que mañana las brigadas estarán en Metlatónoc y en Cochoapa. Volverán la próxima semana a la Montaña, para trabajar en la localidad de Ayotzinapa, donde la mayor parte de la población, migra a los campos agrícolas. Después Olinalá, y Tlalixtaquilla. Precisó que acudiría directamente para entrevistarse con los alcaldes.

 

En las comunidades indígenas de Chilapa ronda la muerte

El 16 de marzo de 1863, Chilapa se convirtió en la primera diócesis del estado de Guerrero. Esta tradición católica marcó por siglos una forma de vivir cimentada en el ciclo litúrgico que hasta la fecha se practica tanto en la catedral como en las diferentes iglesias que se ubican en sus barrios tradicionales. Por muchas décadas el seminario diocesano se transformó en el centro de formación para jóvenes que aspiraban estudiar la filosofía y la teología, tanto para quienes querían ser sacerdotes como para quienes vieron la posibilidad de contar con estudios superiores no oficiales, que les ayudaran a conseguir algún trabajo en las instituciones educativas del Estado.
El colegio Carrillo Cárdenas y el Colegio Morelos fueron internados y escuelas para mujeres y hombres jóvenes que deseaban estudiar la secundaria y la normal. El siglo pasado Chilapa no sólo fue un centro religioso, también fue una ciudad rica en expresiones culturales, en tradiciones religiosas populares y en su tianguis dominical. Era visitada por decenas de madres y padres de familia de las siete regiones que tenían a sus hijos e hijas estudiando en Chilapa. Su gastronomía también fue un atractivo para los visitantes. Sus calles amplias trazadas por los Agustinos, se transitaban con tranquilidad y seguridad.
Hace más de dos décadas Chilapa se fue transformando en una de las ciudades más peligrosas del estado. Se asentó el grupo delincuencial conocido como Los Rojos. Su líder Zenén Nava tomó el control de la ciudad imponiendo su ley a través de las armas. Los asesinatos se consumaban en lugares públicos. La autoridad municipal quedó supeditada al dominio del jefe de la plaza. La población fue sometida a punta de metralla por jóvenes que formaban parte de Los Rojos. Su poder se extendió al municipio de Zitlala, Tixtla y Tlapa. Logró incursionar en varios giros de la economía criminal. También disputó el control del transporte público foráneo donde se incrementó la violencia por el control de las rutas con otros grupos que tenían en la mira de tomar el control territorial. En la ciudad se incrementaron los asaltos, los robos de vehículos, las desapariciones y asesinatos de jóvenes. El cruce de Chilapa era muy peligroso porque fácilmente los vehículos eran interceptados, obligando a los viajeros a bajar de su unidad. Los golpeaban y en varias ocasiones los asesinaban.
Este ambiente de terror aumentó cuando más de 300 personas armadas, provenientes de varias comunidades indígenas, entraron a la ciudad de Chilapa del 9 al 14 de mayo de 2015. Se autodenominaron comunitarios por la Paz y la Justicia. En esas fechas de la irrupción sometieron a la policía municipal y entraron a algunos domicilios para sacar a los jefes de familia y subirlos a sus camionetas. Instalaron retenes en el boulevard Eucaria Apresa y durante 6 días tomaron el control de la ciudad, deteniendo principalmente a jóvenes que en su mayoría siguen desaparecidos. Decían que su presencia era para reestablecer el orden, que ya estaban hartos de los secuestros y homicidios de Los Rojos.
Desde esa fecha la disputa por el control de la ciudad desencadenó la violencia en las calles, en las carreteras y en las comunidades. Con la detención de Zenén Nava el 20 de agosto de 2019 la plaza de Chilapa quedó en manos del grupo conocido como Los Ardillos. El clima de violencia persiste y en los últimos años se ha extendido a las comunidades indígenas de Chilapa, Zitlala y José Joaquín de Herrera, principalmente. Lo más grave de esta irrupción de Los Ardillos es que las comunidades están sometidas por los mandos del crimen organizado. Sus comisarios y comisariados agrarios tienen que obedecer las órdenes de los nuevos jefes de la plaza. Son comunidades que por el abandono secular de las autoridades mestizas han sucumbido ante el poder fáctico de quienes tienen el control del municipio. Las comunidades que no se adhieren a su organización son tratadas como enemigas a las que se les agrede para doblegarlas y someterlas.
El caso de las comunidades na-huas adheridas al Consejo Indígena Popular de Guerrero-Emiliano Za-pata (Cipog-EZ) que forman parte de la Coordinadora Regional de Autoridades comunitarias–Pueblos Fundadores (CRAC-PF) han denunciado sistemáticamente las agresiones sufridas por parte de Los Ardillos. Son 27 comunidades nahuas que en su mayoría pertenecen al municipio de Chilapa de Álvarez y sólo cinco comunidades a José Joaquín de Herrera. Todas ellas sobreviven con la siembra del maíz de temporal. Lamentablemente esta actividad es de alto riesgo, porque cuando van rumbo a sus parcelas son agredidos a balazos. Ahora tienen que hacer guardias permanentes para evitar alguna incursión armada del grupo delincuencial. En este contexto, varios padres de familia decidieron en asamblea incorporar a los niños mayores a la Policía Comunitaria. En el 2019 dieron a conocer esa participación ante el bajo número de jefes de familia que hay en las comunidades. Las mismas esposas se involucraron como parte de la seguridad comunitaria.
Lo inaudito es la inacción de las autoridades. El presidente municipal de Chilapa no atiende a las comunidades indígenas que sufren el asedio y la violencia de Los Ardillos. Como presidente nunca ha visitado estas comunidades por iniciativa propia. Nadie lo puede localizar. No despacha en la presidencia. La gente percibe que no hay gobierno y que por lo mismo el poder real ha quedado en manos de Los Ardillos.
Las comunidades agredidas no han sido atendidas como se merecen por los tres niveles de gobierno. El 22 de octubre del año pasado aprovecharon la visita del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, para abordarlo en el crucero 81 en la comunidad de Papaxtla, Chilapa. En ese encuentro un comisario municipal le manifestó la delicada situación que enfrentan. Relató los agravios que han sufrido y expresó el olvido en que se encuentran sumidos. Se quejó de que no son atendidos y que el grave problema de la violencia y la inseguridad que padecen se debe a que la Guardia Nacional, el Ejército y los cuerpos de seguridad del Estado se niegan a permanecer en sus comunidades. Su presencia es transitoria, y para la gente esta forma de patrullar los caminos no resuelve de fondo la inseguridad que impera en la región.
Han pedido que se investiguen los asesinatos y las desapariciones que han registrado desde el 2015. Han demandado que ejerciten las órdenes de aprehensión contra los responsables y que se desmonte la estructura delincuencial que se ha anclado en varios municipios de la región. Reiteraron su exigencia de justicia por sus compañeros caídos y desaparecidos. Demandaron una mesa de trabajo para que sean atendidas sus demandas añejas. El presidente recibió el documento del Cipog-EZ donde iban los nombres de más de 50 personas asesinadas. Les comentó que en dos semanas los visitaría la gobernadora y el subsecretario Alejandro Encinas, para darle seguimiento a sus planteamientos. Este compromiso no se cumplió y, más bien, fueron víctimas de otra agresión el 5 de noviembre cuando tres de sus compañeros fueron asesinados, cuando se desplazaban en una camioneta Nissan rumbo a Chilpancingo. Dos personas que se desplazaban en una motociclista le dieron alcance para asesinarlos.
Para la gente del Cipog-EZ fue su última esperanza hablar con el presidente, porque lograron que escuchara de viva voz el clamor de la gente indígena de Chilapa. Les entristece que no llegue la justicia. Las autoridades estatales no los han visitado para resolver sus demandas más sentidas. Lo que más les desespera es su inacción, su complicidad con los responsables de los crímenes atroces que se cometen. Para las comunidades no hay obra pública, por el contrario, les violentan el derecho a la salud, la educación, la vivienda, la alimentación y un empleo remunerado. Lo más trágico es que varias personas murieron cuando iban a Chilapa para curarse. En lugar de encontrar la salud se toparon con la muerte. Los jóvenes ya no pueden salir a estudiar la preparatoria ni la universidad porque temen perder la vida en el camino o en la misma ciudad de Chilapa.
En varias comunidades indígenas como Alcozacán, donde asesinaron a 12 de sus compañeros, campea la tristeza, el dolor y el miedo. Las viudas y los huérfanos sobreviven de lo poco que logran cosechar en sus parcelas. Ninguna autoridad se encarga de escucharlos. Entre menos se quejen mejor para los go-bernantes porque se la pueden llevar tranquilamente, sin que les importe la extrema pobreza en que se encuentran sumidas las familias indígenas víctimas de la violencia.
El pasado viernes 18 las comunidades del Cipog-EZ decidieron hacer pública su protesta marchando del crucero de San Jerónimo a Alcozacán para exigir justicia por Esteban Xochitempa Tepexco y de su hijo Juan Xochitempa Macario asesinados en una gasolinera de Chilapa cuando se disponían a comprar productos básicos para llevarlos a la comunidad. El pasado jueves 17 de agosto tres jóvenes que fueron al corte de uva a Baja California, se reportaron con sus familiares a las 7:30 de la mañana de que se habían subido a una de las camionetas Urvan que van a Chilapa. Su familia estuvo pendiente de su llegada, sin embargo, no se reportaron durante todo el día. Hasta la fecha no aparecen Marcelino Hernández Tecorral de 23 años, Nicolás Rodríguez Díaz de 25 años y Ángel Villalba Salvador de 29 años. Los tres indígenas nahuas son de Zacapexco, municipio de Chilapa. Hasta la fecha las autoridades no les han informado de las acciones que han realizado para dar con el paradero de los tres jornaleros desaparecidos. Fue hasta este domingo cuando acudió el ministerio público a Alcozacán a tomar las declaraciones de sus familiares. Las 27 comunidades indígenas han bloqueado la carretera que va de Chilapa a José Joaquín de Herrera como una medida obligada para exigir que las autoridades federales y estatales se aboquen a la búsqueda de sus tres compañeros. El cerco del crimen organizado se mantiene incólume, atentando contra la vida de los indígenas que salen en busca de un doctor, de un empleo o para vender su maíz y su leña para subsistir.
El Cipog-EZ ha registrado cuatro personas asesinadas en 2015, en 2016 una, en el 2018, 12, en el 2019 fueron 17, en el 2020, 16 en el 2021, 2 personas, en el 2022, 10 personas y 2023, 2. Además, tiene un registro de 23 personas desaparecidas.
Los asesinatos y desapariciones de indígenas nahuas de Chilapa y José Joaquín de Herrera son acciones criminales que tienen como fin causar terror en las comunidades del Cipog-EZ. Se obstinan en desmantelar la organización comunitaria y atentar contra la vida, para acallar su reclamo de justicia y demostrar que la ley la aplican ellos, y no las autoridades que han sucumbido en Chilapa y José Joaquín de Herrera.

Un estado sin salud, educación ni seguridad

De acuerdo con las cifras recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), nuestro estado se ubica en el segundo lugar después de Chiapas, con 2 millones 173 mil personas que viven en situación de pobreza. En el 2020 se registraron 2 millones 363 mil, lo que significa que en estos dos años 189 mil personas salieron de la pobreza. En cuanto a pobreza extrema también hubo una disminución del número de personas, que pasó de 907 mil a 800.5 mil personas, lo que representa una disminución de 107.2 mil habitantes en ese mismo lapso. Estas cifras nos muestran una tendencia a la baja en cuanto al combate a la pobreza, sin embargo, la situación concreta es que la mayoría de familias guerrerenses enfrentan problemas sumamente graves porque sobreviven apenas diariamente y su precariedad económica se incrementa. Las familias resienten con mayor rigor el alza de los precios de la canasta básica. Ya no les alcanza el dinero para comprar tortillas, huevos, jitomate y chile. La carne de pollo se ha encarecido y la de res se ha vuelto un producto de lujo. El estómago vacío es lo que más preocupa y angustia a la gente que no tiene un ingreso seguro. El ambulantaje se ha transformado en la principal salida para contar con un ingreso mínimo y lograr que los hijos medio coman.
En cuanto al acceso a los servicios de salud la situación se complejiza porque el porcentaje de personas sin este servicio se incrementó de 33.5 a 52.7 por ciento, es decir, que un millón 899 mil personas no tienen garantizado este derecho. Lo mismo sucede con el rezago educativo que subió de 26.6 a 28.8 por ciento, que en números concretos arroja la cantidad de un millón 37.6 personas que no tienen acceso a la educación hasta el nivel medio superior. Los servicios de salud son pésimos y el acceso a la educación sigue restringido para la población pobre, que no cuenta con escuelas ni con maestros.
La pobreza en nuestro estado se manifiesta con mayor crudeza en las comunidades indígenas de la Montaña alta y baja y la Costa Chica. Prevalece una política etnocentrista que relega a las personas que se adscriben a un pueblo indígena. A pesar del incremento de programas sociales que buscan revertir los rezagos históricos, resulta insuficiente la inversión pública. El abandono ancestral de los gobiernos no se revierte con programas sociales, porque no atacan de fondo la desigualdad que está enraizada y que requiere un tratamiento más integral y de largo aliento para reducir la brecha del rezago histórico que persiste en la Montaña. En lugar de avanzar en la infraestructura básica, hay un enorme retroceso. Las comunidades indígenas siguen relegadas del presupuesto público y están condenadas a ser beneficiarias de una obra pública que regularmente es una calle pavimentada o una cancha techada. El gobierno estatal no hace aportes importantes para construir obras de mayor impacto regional, más bien espera que el gobierno federal se encargue de etiquetar recursos para el estado.
Un ejemplo de un problema que se generaliza en las comunidades indígenas son los caminos. En la temporada de lluvias quedan incomunicadas, la gente tiene que caminar para sus actividades básicas. Cualquier servicio de emergencia, como el traslado de un enfermo es imposible por el alto costo del transporte. Para desdicha de los habitantes todo se encarece y no hay dinero que alcance para comprar lo mínimo. No se le apuesta para que en la Montaña haya una gran inversión en carreteras que saquen del aislamiento a los 19 municipios y las centenas de comunidades indígenas. El programa de los caminos artesanales es una opción, pero tampoco es la panacea. Debe ser un complemento a una inversión mayor para que haya ejes carreteros que comuniquen a todas las cabeceras municipales. En la Montaña solo contamos con una ruta para ir a la capital del estado, que además es angosta y peligrosa. Nunca está en buenas condiciones. La carretera que va a Metlatónoc y Cochoapa el Grande está para llorar. Es un camino que está destrozado porque tiene verdaderas barrancas que provocan accidentes y dañan los vehículos. Más de 150 comunidades del pueblo na savi quedan incomunicadas y abandonadas.
Otro ejemplo de los rezagos sociales son las redes de agua potable y los sistemas de drenaje. Todos están rotos e inservibles y fue muy costosa su construcción. Son obras que fueron mal planeadas y que están mal hechas. Para las empresas contratistas que ni son de la región fueron un gran negocio, porque ya encontraron el modo para cobrar muy caro para el traslado de los materiales por lo intrincado de la orografía. Lo que construyen sólo funciona por unas semanas. Ya saben que una vez que firma la autoridad, difícilmente se les obligará a que vuelvan a realizar los trabajos. No hay obras que duren un trienio. Los contratistas ya saben que es un gran negocio trabajar en los municipios de la Montaña, porque a los presidentes sólo les interesa el pago del diezmo y no la calidad de la obra.
En salud los guerrerenses estamos en grave riesgo porque carecemos de especialistas que atiendan las enfermedades más comunes como las del corazón, la diabetes mellitus, los tumores malignos principalmente. A nivel estatal no existe una institución de salud pública que atienda pacientes que tienen enfermedades del corazón. Solamente quienes tienen dinero y les da tiempo atenderse fuera del estado logran salvarse, pero la gran mayoría está condenado a morir, porque no hay cardiólogo que los atienda. En la Montaña sólo existe un hospital de segundo nivel que está en ruinas y que no cuenta con médicos especialistas. Tampoco proporciona medicamentos a los pacientes y no hay servicios de laboratorio. Las ambulancias están en pésimo estado y regularmente las familias de los enfermos tienen que sufragar los pagos de la gasolina, los viáticos del chofer y el pago del médico que acompaña al paciente. Es un gasto mínimo de 6 mil pesos para cubrir sólo el traslado a otro hospital.
En las comunidades indígenas, que son más de 700 distribuidas en los 19 municipios de la Montaña son contados los médicos que trabajan en algunas clínicas que hay en las comunidades más grandes y en las cabeceras municipales. Las familias que no tienen un ingreso seguro difícilmente salen de sus comunidades para acudir a la clínica de salud más cercana. Las madres que están embarazadas regularmente son atendidas por parteras, porque es muy caro trasladarse a Tlapa, y además el servicio es caro y deficiente en el hospital del niño y la madre indígena.
El Centro de Salud de Metlatónoc es un ejemplo del abandono y la indolencia de las autoridades. Es inadmisible que se siga dando consulta sobre charcos de agua y que una sala de operaciones tenga el techo dañado, por donde se filtra el agua. Llevan más de cinco años con estas instalaciones en mal estado lo que en cualquier momento puede causar alguna desgracia. En octubre del 2021, cuando visitó Metlatónoc el presidente Andrés Manuel López Obrador, se comprometió a construir el hospital. Sin embargo, nada ha cambiado, más bien está a punto de colapsar la única institución médica que atiende a más de 60 comunidades na savi de la cabecera municipal. Esta situación obligó al personal médico a abandonar el centro, porque aparte de que es un lugar indigno, también es un peligro para los pacientes. Prefieren atender a la intemperie que correr el riesgo de que el techo se caiga.
Esto que pasa en Metlatónoc se reproduce en todas las cabeceras municipales, donde también las instalaciones médicas están descuidadas y sufren un grave deterioro. La obsoleta infraestructura de los servicios de salud requiere reparaciones de fondo y no remiendos a medias. Además se requiere equipamiento, mobiliario, medicamentos y suficiente personal médico. Las comunidades que se sienten afortunadas porque cuentan con algún médico sólo son atendidas en el turno de la mañana, porque el contrato de la doctora o doctor no da para más. Los mismos médicos y enfermeras no tienen seguridad laboral porque sus contratos no rebasan un semestre. Regularmente las autoridades ya no los renuevan con el argumento de que no tienen presupuesto para cubrir los salarios.
En la Montaña no hay personal médico que atienda a la población en general y tampoco hay maestros ni maestras de educación básica. Un gran número de protestas de los maestros y padres de familia se debe a que la Secretaría de Educación se niega a contratar más maestros con el argumento de que su techo financiero es insuficiente. Con estas posturas se sigue condenando a los pueblos de la Montaña a sobrevivir en el analfabetismo y resignarse a morir por falta de medicinas y médicos. El mayor gasto que realizan las familias es en la compra de medicamentos y de los útiles escolares. A pesar de estos sacrificios, las autoridades no son corresponsables ni están comprometidas para garantizar la salud y la educación a los más pobres de Guerrero
No sólo ocupamos el segundo lugar nacional en pobreza, estamos en el epicentro de la violencia. Enfrentamos una grave crisis de seguridad a causa del contubernio de los gobiernos municipales con el crimen organizado. A pesar de las pruebas que hay de esta complicidad, las autoridades encargadas de investigar estos delitos no actúan con presteza para desmontar estas estructuras delincuenciales que fortalecen a los grupos políticos que actúan con total impunidad. En Guerrero la población pobre muere por falta de atención médica; la niñez y la juventud se hunden en el analfabetismo y todos quedamos inermes ante el poder de facto que están ejerciendo los grupos de la delincuencia que están incrustados en las esferas del poder público.

 

Violencia, pobreza y manipulación política

Guerrero está en llamas por la violencia de los grupos del crimen organizado que se disputan las plazas con vehemencia para incrementar sus giros comerciales. La economía criminal ha dejado charcos de sangre en las banquetas de las principales ciudades de la entidad, y se expande a las regiones más pobres como la Montaña. Los ciudadanos y ciudadanas han quedado a merced de las balas de civiles armados, no hay ley que los frene. Las impactantes imágenes de vehículos quemados en varias regiones del estado hablan de una crisis de seguridad pública. Los grupos del crimen organizado se han enquistado por completo en las estructuras del poder del Estado, es más, nos atrevemos a decir que han creado un poder paralelo, dejando fuera de la cancha a las autoridades estatales. Las familias gritan desesperadamente no sólo por el abandono secular de las autoridades municipales, estatales y federales, sino para salvar sus vidas.
En la primera semana de agosto se han desarrollado eventos violentos en el puerto de Acapulco, donde la estrategia de seguridad implementada por el gobierno estatal y federal ha quedado desarmada por la delincuencia organizada. La Policía Turística, la Policía Estatal, la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional recorren la Costera Miguel Alemán para proteger a los turistas en las vacaciones de verano. Sin embargo, en las colonias se vive el infierno.
En la madrugada del viernes 5 de agosto dos hombres fueron asesinados a balazos afuera de un depósito de cerveza en la colonia Ciudad Renacimiento. Hombres armados llegaron y atacaron a las víctimas, dejando los cadáveres tirados sobre la calle. Esta misma mañana una Urvan de la ruta Infonavit Alta Progreso-Caleta fue incendiada en la colonia Centro por hombres armados que supuestamente se acercaron para robar el vehículo y luego le prendieron fuego. El servicio de transporte público de esta ruta fue suspendido. De acuerdo con el conteo de El Sur, los primeros cinco días de agosto suman cuatro homicidios de personas.
El pasado miércoles 2 de agosto hombres armados quemaron 12 vehículos en diferentes puntos de Acapulco, luego de la detención de un hombre y el cateo a una casa de la colonia El Pedregoso por parte de policías estatales y federales.
El viernes 4 de agosto, en Tecpan de Galeana una mujer irrumpió en una cancha de futbol durante un partido en la Unidad Deportiva con un arma larga, disparando y asesinando a dos hombres, uno de ellos conocido como El 90, jefe de plaza de Los Granados y a un escolta. Las balas también alcanzaron a un niño de 13 años. La mujer quedó acribillada en la cancha de futbol.
Iguala, Taxco, Tixtla, Chilpancingo son los municipios más violentos de Guerrero. Sin embargo, el jueves 3 de agosto en el tramo entre las comunidades de Tres Caminos y Tlatlauquitepec hombres armados atacaron a balazos tres unidades de taxis de la ruta Tlapa-Chilapa. Dos choferes resultaron muertos, al igual que un pasajero que se desempañaba como policía municipal de Atlamajalcingo del Monte, y se reportó que el tercer chofer fue desaparecido junto a pasajeros.
La ola de violencia no es lo único que azota la región de la Montaña, también es el olvido y la pobreza. La población indígena de Guerrero, específicamente en la región de la Montaña, en relación a los demás sectores sociales, tiene generalmente menos posibilidades de acceso a salud, educación, avance económico, trabajo y, en general, una vida digna.
En Guerrero tradicionalmente la condición “indígena” ha sido sinónimo de pobreza, exclusión y desarrollo limitado. Datos obtenidos mediante el Estado del Desarrollo Económico y Social de los Pueblos Indígenas de Guerrero, revelan que entre 70% y 80% de la población de Guerrero no cubre las necesidades mínimas de alimentación, y que este porcentaje se concentra en municipios de alta densidad indígena. Destaca que un 55% de los ingresos de las familias campesinas proviene del trabajo no agrícola y que un 64.2% de la Población Económicamente Activa trabaja por su cuenta, o en forma familiar, cuyos ingresos son siempre insuficientes para el desarrollo de una vida digna.
Pese a los múltiples esfuerzos o supuestos programas asistencialistas para la población indígena en Guerrero, las cifras de pobreza no han favorecido a las familias de la Montaña, no existen ofertas de empleo, mercado para ofertar los productos que se producen en la región. La mayoría de la población subsiste del maíz de temporada y se emplea a cortos plazos como peones de construcción o en el campo, ganando 100 pesos diarios.
Un sector de más de 20 mil indígenas ha logrado subsistir gracias a la migración jornalera a los campos agrícolas del centro y norte del país donde la mayoría es explotada laboralmente por las empresas agrícolas debido a la falta de conocimiento de sus derechos laborales y la poca supervisión que existen de las propias autoridades estatales y federales para regular el trabajo agrícola dentro de las empresas, la mayoría de inversión extranjera.
La población indígena sigue sufriendo las consecuencias del abandono secular de las autoridades federales, estatales y municipales.
La falta de hospitales equipados, con personal médico y medicamento sigue cobrando vidas, principalmente muertes maternas o infantes, quienes se ven obligados a salir de sus comunidades enfermos y tener una muerte tortuosa durante los traslados en los caminos de terrecería hacia las cabeceras municipales o la ciudad de Tlapa donde se encuentra el único hospital general con 30 camas disponibles para una población de casi medio millón de habitantes en la región de la Montaña.
Este fin de semana, cansados de engaños, los pobladores indígenas me’phaa de la comunidad de Juanacatlán realizaron una acción de protesta en el Ayuntamiento municipal de Metlatonoc para exigir al presidente Idelfonso Montealegre Vázquez del Partido del Trabajo, la terminación de la obra de la rehabilitación del sistema de agua potable que inició en diciembre del 2022 que después de 8 meses no hay avances de la obra. Los ciudadanos exigían que el alcalde los recibiera e informara porqué la obra no había avanzado en su comunidad.
Este mismo domingo el alcalde petista Idelfonso Montealegre Vázquez se encontraba en la ciudad de Tlapa junto a sus homólogos de los municipios de Cochoapa el Grande, Huamuxtitlán, Atlamajalcingo del Monte y Tlalixtaquilla, donde participaron en una marcha para promover la candidatura a la Presidencia de la Republica a la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum. Mientras tanto las comunidades indígenas están olvidadas. En la movilización participaron cientos de personas indígenas que fueron acarreadas desde sus comunidades por los presidentes municipales para mostrar músculo electoral con la intención de lograr ganarse un puesto dentro de la estructura del próximo gobierno federal, sin importales utilizar dinero del erario y sin atender problemáticas sociales más sentidas de los municipios más pobres.
Esta práctica sigue demostrando los verdaderos intereses económicos y políticos que tienen los gobiernos municipales del cuadro de Morena, no reflejan ningún compromiso social y político con la población indígena de sus municipios.
En este mismo municipio de Metlatonóc se dio a conocer la acción de protesta que emprendieron los médicos y enfermeras del hospital básico comunitario para exigir la rehabilitación de la infraestructura hospitalaria debido a filtración de agua que sufre durante la temporada de lluvias. El personal paró los servicios y sólo instaló afuera del hospital un espacio para atención a urgencias.
En las fotografías difundidas se apreció cómo enfermeras atendían a una paciente acostada en un colchón en el patio del hospital para aplicarle un suero intravenoso.
Esta desfachatez de los políticos de la Montaña es parte del atraso que vivimos en la región a causa de los pésimos gobiernos que dilapidan el dinero del pueblo.
La marcha que realizaron en Tlapa los nuevos líderes de Morena muestra el talante de políticos que sólo ambicionan cargos públicos y que repiten las mismas prácticas de antaño, de acarrear a la gente y usar a la población indígena como bandera para escalar a los cargos públicos.
Si realmente el partido Morena quiere una transformación de fondo debe de respetar la organización autónoma de los pueblos indígenas y abstenerse de discursos falaces que sólo reproducen el paternalismo y el asistencialismo que es la receta de los grupos de poder para mantener sometidos a los pueblos. Como siempre sucede en estas marchas, los que aparecen en primer plano son los que están negociando cargos públicos, los que quieren un hueso en el Congreso o están formados para alcanzar una candidatura en el ámbito municipal. A estos personajes les interesa demostrar que saben acarrear gente y que por lo mismo con estas cuotas políticas buscan congraciarse con la candidatura de una corcholata, sin que les importe en realidad la miseria en que siguen sumidas las comunidades indígenas de la Montaña. Esta desigualdad atroz es el caldo de cultivo para los políticos arribistas que manipulan y engañan a las familias más pobres prometiéndoles más programas sociales como mera argucia electorera.
Además de estos engaños supeditan el poder de la comunidad a los intereses políticos de quienes aspiran a una candidatura pisoteando la dignidad de hombres y mujeres que han demostrado tener la fortaleza para resistir los embates de los gobiernos usurpadores. La violencia y la pobreza devastan nuestro estado, sin embargo, para los políticos que se arremolinan con las corcholatas este tiempo es de acarreos y festines electoreros.

 

¿Quiénes tienen el poder en Guerrero?

 

 

En las crónicas de la violencia, periodistas de diferentes medios de comunicación reportan las actuaciones protagonizadas por grupos del crimen organizado.
Un ejemplo dramático es de lo que nos enteramos este domingo, que dos camionetas Urvan del transporte público fueron incendiadas con sus conductores en la cabecera municipal de Tixtla. Lo más trágico es que sus cuerpos quedaron calcinados en los mismos asientos de los conductores. Se trata de rutas que van de Copalillo a Chilpancingo y de Copalillo a Paso Morelos. Lo que se sabe es que sujetos armados interceptaron las dos unidades, amagaron a los conductores y se los llevaron para posteriormente prenderles fuego. La reacción de las autoridades fue tardía y su presencia sólo respondió a la necesidad de tomar registro de los hechos violentos que acontecen en la entidad.
Por otra parte existen otros reportes del sábado 29 de julio donde se informa que dos hombres, padre e hijo fueron asesinados en la Autopista del Sol cerca del kilómetro 232 y del puente Solidaridad sobre el río Mezcala. Se reporta que varias personas armadas despojaron a la familia de una camioneta Toyota de modelo reciente. Los agresores dispararon contra el vehículo privando de la vida al empresario José Guadalupe Fuentes Brito de 49 años de edad y a su hijo José Manuel Fuentes Calvo de 20 años, lesionado a la señora Gabriela, esposa y madre de las víctimas.
De igual manera se informó que al lugar de los hechos acudieron elementos de diversas corporaciones policiacas y la Fiscalía General del Estado para iniciar las investigaciones.
Estos acontecimientos recientes nos dan el termómetro de la violencia que padecemos en el estado y de la inoperancia que prevalece por parte de las autoridades encargadas de prevenir los delitos y garantizar la seguridad de la población.
Diariamente se consuman hechos delictivos que están focalizados en los municipios de Acapulco, Iguala, Chilpancingo, Taxco , Zihuatanejo y Tixtla, de acuerdo con los reportes que leemos diariamente. Para los guerrerenses este escenario se ha tornado como una realidad inevitable, como parte de un destino trágico que nadie puede evitar. Persiste la idea de que los asesinatos en nuestro estado son parte de esa predestinación funesta que cotidianamente lo expresamos como “ya le tocaba”. Es decir, que de nada sirven las autoridades que nos gobiernan porque por encima de ellas existe una determinación mecánica de que cada persona ya trae marcada la tragedia que trunca su proyecto de vida. Por lo tanto, en estos contextos el crimen organizado se erige como un ente poderoso que decide el destino de cada persona.
Con mucho desaliento y frustración constatamos que las autoridades del estado han sucumbido ante las redes criminales.
El caso de Iguala es un ejemplo nacional de cómo las diferentes corporaciones policiales, el mismo Ejército y la Marina se coludieron con el crimen organizado para desaparecer a los 43 estudiantes de Ayotzinapa en la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre del 2014.
El reciente informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) nos narra cómo los reportes de la Sedena y del Cisen tenían un control minucioso de la movilización de los estudiantes en esa noche del 26 de septiembre. En este seguimiento constataron que existe “un apagón informativo” después de las 21:30 horas. Lo que corrobora que tanto la Sedena como el Cisen y las mismas autoridades del estado ocultaron información sobre lo que sucedió con los jóvenes después de las 21:30 horas.
A pesar de que todas las corporaciones policiales tenían detalles precisos sobre el movimiento de los estudiantes, ninguna de ellas informó qué pasó cuando entraron a la ciudad de Iguala. Para el GIEI es una muestra clara de ocultar los hechos y de negar cualquier información relacionada con la desaparición de los estudiantes.
Las autoridades estatales y federales tuvieron conocimiento de la movilización de los estudiantes a través de sus agentes de inteligencia y policías ministeriales. Además la información a través del C-4 en tiempo real, incluso por llamadas de ciudadanos que daban cuenta de los disparos.
Sin embargo la versiones que dieron las diferentes corporaciones eran falsas porque negaron que hayan escuchado disparos y que además no sabían qué estaba pasando con los estudiantes.
En el caso de la Policía Estatal manifestaron que se dedicaron a proteger instalaciones y que no tenían órdenes de actuar, también comentaron que consultaron al jefe de la policía de Iguala y les manifestó que todo estaba bajo control y que por esa razón no habían actuado. Ninguna de estas explicaciones son veraces. De acuerdo con las investigaciones del GIEI todas las corporaciones policiacas conocían en tiempo real lo que estaba sucediendo y ninguna intervino para proteger a los estudiantes o verificar lo que estaba sucediendo con ellos en la avenida Juan N. Álvarez.
En esa noche se dieron siete ataques con arma de fuego durante un periodo de cuatro horas. El primer ataque se dio en la calle Galeana y Juan N. Álvarez, desde la salida de la central de autobuses hasta el Periférico Norte donde una patrulla de la Policía Municipal impidió el paso de los autobuses. En ese altercado la policía disparó contra de los estudiantes dejando gravemente herido al joven Aldo Gutiérrez.
El segundo ataque se dio entre las 21:40 horas hasta cerca de las 23:00 horas de la noche, en el Palacio de Justicia contra otro autobús que se desvió para salir por Periférico Sur. La policía atacó el autobús con golpes destrozando vidrios, usando gases lacrimógenos de uso exclusivo de la Policía Estatal. En este ataque participaron policías de Iguala y Huitzuco que detuvieron y golpearon a varios jóvenes.
A las 22:54 horas en el C4 se reportó que había personas que estaban escondiéndose, se hablaba de que varios jóvenes del quinto autobús acababan de ser bajados del camión y eran perseguidos por policías federales y también ministeriales. Se escondieron en una casa abandonada donde después se organizaron para regresar al autobús del Palacio de Justicia.
A las 23:20 horas se registró otro ataque que se dio contra el autobús del equipo de fútbol de los Avispones en el crucero de Santa Teresa. Este ataque fue hecho por elementos de la policía de Iguala, Huitzuco y Tepecoacuilco.
A las 00:30 horas del día 27 se produjo otro ataque con armas de fuego contra los líderes del comité estudiantil que habían llegado de Tixtla para auxiliar a sus compañeros y que decidieron convocar a una rueda de prensa para denunciar la violencia ejercida por las corporaciones policiacas.
En ese lugar se encontraban algunos periodistas y maestros solidarios. En el ataque hubo varios heridos por armas de fuego, entre ellos un joven de la escuela que recién había llegado en auxilio y dos jóvenes que fueron asesinados: Julio César y Daniel, quienes quedaron tendidos en el asfalto.
Por último hubo un ataque de arma de fuego contra un policía estatal que pasaba por un bloqueo de carreteras en Mezcala realizado por miembros del grupo delictivo Guerreros Unidos alrededor de la 1:00 de la mañana. Hasta ese lugar se instaló un anillo de seguridad para evitar que salieran autobuses de Iguala.
De acuerdo con las investigaciones del GIEI, las policías de Iguala y Cocula participaron en el escenario de la avenida Juan N Álvarez, identifican también a la policía de Iguala, incluyendo al grupo de los Bélicos y la policía de Huitzuco en la zona del palacio de justicia. En estos dos escenarios se dio la desaparición de los estudiantes.
La Policía Estatal y la Policía Federal estuvieron en el escenario del Palacio de Justicia mientras se llevaban a cabo los ataques. La Policía Ministerial recorrió las dos escenas de los ataques y persiguió a los sobrevivientes del quinto autobús. La policía de Iguala, Huitzuco y Tepecoacuilco junto con un jefe de Guerreros Unidos participaron en el ataque a los Avispones en Santa Teresa. También participó una patrulla de Protección Civil controlada por los bomberos de Iguala.
Miembros de Guerreros Unidos con probable apoyo de policías, habrían llevado a cabo la tortura, asesinato y desollamiento del estudiante Julio César Mondragón, quien apareció después de 8 horas del último ataque. En los dos ataques de la avenida Juan N Álvarez y del Palacio de Justicia estuvieron presentes los OBI (informantes del Ejército) y otros militares, mientras sucedían los hechos.
De acuerdo con el último informe del GIEI, el grupo de Guerreros Unidos coludido con las corporaciones policiacas de Iguala, Tepecoacuilco, Cocula y Huitzuco así como el Ejército y la Marina, establecieron un pacto para tener el control de la plaza de Iguala y actuar impunemente contra quienes consideraban que eran una amenaza para sus intereses delincuenciales.
El caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa muestra cómo el Ejército a pesar de su despliegue masivo en la zona, no sólo permitió que se dieran los ataques, sino que encubrió a los perpetradores y se negó a facilitar información veraz sobre lo sucedido.
La debilidad de las estructuras del estado en contextos de corrupción y violencia generalizada, así como la ausencia de controles eficaces respecto de las autoridades civiles y públicas ocasionan una erosión incontrolable que es aprovechada por las actividades económicas ilícitas y por el crimen organizado, para lograr la infiltración y cooptación de las autoridades. Esta situación sigue incólume en nuestro estado. Los grupos del crimen organizado son los que tienen el verdadero poder y los que controlan las instituciones ejerciendo la violencia y causando terror entre la población.
Para desgracia de los guerrerenses las autoridades se han replegado y dejado un gran vacío en los espacios públicos, donde la población reclama constantemente respuestas y acciones contundentes para desmantelar las estructuras delincuenciales dentro del entramado gubernamental.
Las víctimas reclaman la acción decidida de las fiscalías para que se protejan los derechos humanos de acceso a la justicia, verdad, reparación y sobre todo la no repetición.
La actuación de las instituciones y las políticas de seguridad deben de contar con una perspectiva de derechos humanos, en donde las organizaciones sociales sean un elemento clave para el país, así como las organizaciones de víctimas y familiares deben ser una pieza fundamental para la no repetición de estas tragedias. Ellos y ellas son la conciencia crítica del país que lucha contra la impunidad y contra el crimen organizado que tienen el poder en nuestro estado.

Guardia Nacional, para qué

El pasado 18 de julio los pobladores de Mezcala municipio de Eduardo Neri, bloquearon la carretera federal Chilpancingo-Iguala para exigir a las autoridades una búsqueda exhaustiva de los cuatro pescadores que desaparecieron el domingo 16 cuando se dirigían a su trabajo. En la protesta improvisaron pancartas con mensajes muy precisos: “Los queremos de vuelta” “Apoyo de la Guardia Nacional” “Queremos justicia, gobierno”. A escasos 50 kilómetros de la capital del estado sucedió otro hecho que indignó a la población que se encuentra sometida por los grupos del crimen organizado.
Ahora son los pescadores los que aparecen ante la opinión pública bloqueando la carretera ante la indiferencia de los cuerpos de seguridad. Estas familias fueron desplazadas por la construcción de la presa El Caracol y en la década pasada los habitantes de las comunidades de El Limón y La Fundición fueron reubicados por la entrada de la minera Media Luna, propiedad de la empresa Torex Gold Resoursces Inc. En el 2018 los pescadores del Nuevo Balsas se organizaron para denunciar las atrocidades cometidas por la minera que ha estado contaminado el vaso de la presa por la derrama del cianuro y arsénico. Ha causado una gran mortandad de peces poniendo en riesgo el trabajo de la mayoría de las familias que dependen de la pesca.
La disputa que libran La Familia Michoacana con Los Tlacos en la zona Centro y Norte del estado ha puesto en jaque a los habitantes que se encuentran atrapados dentro de su propio territorio. Las autoridades municipales brillan por su ausencia y son cómplices de esta crisis de inseguridad. Las autoridades estatales y federales dejaron crecer esta pugna sabiendo que se incrementaría el conflicto con la entrada de la minera en el municipio de Cocula.
Los puntos críticos se ubican en el cinturón de oro que es motivo de una violenta disputa entre las organizaciones criminales que tienen como rehenes a las empresas mineras, a sus trabajadores y a la población en general.
En estos lugares la seguridad ha quedado en manos del crimen organizado que controla las entradas a las comunidades, patrulla los caminos y cobra las cuotas a los comerciantes y transportistas.
La gente ha constatado que las corporaciones policiacas del estado y la misma Guardia Nacional se han desentendido de este grave problema. No intervienen para desactivar estas acciones delincuenciales ni para contener las irrupciones armadas que se suscitan en varias comunidades serranas cuyas familias se ven obligadas a desplazarse.
Al interior de estas localidades existen muchas tragedias relacionadas con asesinatos, desaparición de personas, secuestros, extorsiones, cobros de cuotas, amenazas y desplazamientos forzados. Lamentablemente todos estos hechos no son denunciados por la población agraviada, existe miedo, pero sobre todo desconfianza a las autoridades, porque regularmente no investigan, mucho menos castigan a los responsables.
Los cuatro pescadores desaparecidos son la punta del iceberg que ha obligado a los habitantes a romper el silencio y manifestar su enojo. Los mismos pescadores están arriesgando su propia seguridad, pero no les queda otra opción que salir en busca de sus compañeros que se encuentran atrapados en las redes de la delincuencia. Demandan la presencia de los cuerpos de seguridad, sobre todo de la Guardia Nacional que supuestamente llegó a Guerrero para revertir la inseguridad y ser garante de la legalidad y del Estado de derecho.
Los nulos resultados que se han tenido hasta la fecha, demuestran que el poder de la delincuencia está por encima de las fuerzas del Estado. No es que en realidad tengan un gran poderío, sino que han logrado enquistarse dentro de las estructuras gubernamentales y de la misma seguridad pública, para tomar el control de las instituciones del gobierno y tener bajo su dominio a las mismas autoridades municipales. La red de corrupción que persiste dentro de las esferas gubernamentales debilita cualquier acción en favor de la población. Los operativos implementados por las corporaciones policiacas se tornan infructuosos porque la red de informantes que tienen los grupos de la delincuencia se infiltra dentro de los mismos aparatos de seguridad.
El pasado jueves 20 de julio de manera ostentosa la gobernadora Evelyn Salgado en compañía de los mandos militares del estado y de la Guardia Nacional, colocaron la primera piedra de lo que serán las instalaciones de la Coordinación Estatal de la Guardia Nacional en El Ocotito, municipio de Chilpancingo. Para la gobernadora esta obra forma parte de la estrategia para pacificar al estado y para combatir las causas que originan la violencia. Insiste que es el diálogo absoluto y permanente entre todas las instituciones, la clave de la pacificación para Guerrero y para México. Reconoció el apoyo y acompañamiento de la Guardia Nacional en esta estrategia nacional. Manifestó que se ha logrado posicionar como una corporación efectiva, recibiendo la confianza del estado de Guerrero, por su correcta actuación en beneficio de la población.
Por su parte, Andrés Ramírez Xochicali, coordinador en Guerrero de la Guardia Nacional informó que el edificio de la coordinación estatal costara más de 450 millones de pesos. Se construirán 40 edificios para albergar dos comandancias, así como una coordinación estatal y una coordinación de batallón, en un predio de 10 hectáreas que se ubican a un costado del parque industrial que se encuentra totalmente abandonado. Contará con alojamiento para 776 elementos, dos comedores, estacionamiento para 448 vehículos, 2 edificios para atención médica, 4 aulas académicas, depósito de vestuario, equipo, armamento y municiones.
Actualmente hay 4 mil 100 efectivos de la Guardia Nacional en nuestro estado, concentrados principalmente en Acapulco y Chilpancingo. Sus actuaciones más visibles están relacionadas con los desalojos que han hecho contra los grupos que se han organizado para protestar en la Autopista del Sol. Tuvieron una intervención fallida cuando pobladores de los municipios de Quechultenango, Mochitlán y José Joaquín de Herrera, irrumpieron en la capital del estado para exigir la libertad de un líder transportista y el cumplimiento de un pliego petitorio relacionado con la construcción de ejes carreteros.
Ante la amenaza constante de los grupos del crimen organizado, la población ha demandado la presencia de la Guardia Nacional para replegar y someter a quienes delinquen impunemente. También ha sido requerida para brindar seguridad en las jornadas de búsqueda que realizan colectivos de personas desaparecidas.
Sin embargo, la población no se siente atendida ni escuchada por la Guardia Nacional. Es una corporación que no establece una relación cercana con los habitantes que se sienten inermes y urgidos de protección. Responde más a los intereses de la clase política y de las elites económicas. Protege a las instalaciones del estado y resguarda los lugares donde la población acude para protestar.
Es preocupante este proceso de militarización que se está dando en nuestro estado a través de la Guardia Nacional, y que para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es la mejor opción para garantizar la seguridad y la paz en nuestro país. La realidad es que este cuerpo de seguridad está respondiendo más a los megaproyectos que ha impulsado el presidente de la República, destinando un gran presupuesto para el Ejército y al Guardia Nacional. Estas instituciones militares son también empresas constructoras que trabajan en obras estratégicas como el aeropuerto Felipe Ángeles, el tren Maya, el corredor interoceánico, la construcción de hospitales, los bancos del Bienestar y los mismos cuarteles de la Guardia Nacional.
La construcción de estos cuarteles en las 7 regiones del estado refuerza la presencia militar, que desde hace 50 años dejó una herida abierta al implantar una política de terrorismo de Estado. Sin que se hayan reparado estos agravios a la sociedad guerrerense, el gobierno del la 4T ha optado por crear un cuerpo de seguridad militarizado que suplanta en los hechos el modelo de seguridad pública coordinado por autoridades civiles. En lugar de fortalecer a los cuerpos de seguridad del estado y de los mismos municipios se robustece al Ejército a través de la Guardia Nacional, otorgándole multiplicidad de funciones y facultades que debilitan el papel que deben desempeñar las autoridades civiles.
Este cuerpo de elite está formado para proteger al aparato del Estado y no está diseñado para garantizar seguridad a la población. En la práctica la gente no percibe que la Guardia Nacional responda a sus intereses, tampoco experimenta la cercanía y el apoyo efectivo para actuar en defensa de sus derechos. Este distanciamiento genera más bien desconfianza, descoordinación y visiones divergentes entre lo que es la seguridad ciudadana.
Enfrentamos un gran dilema; optar por la vía militar o la vía civil en este proceso de democratización de nuestras instituciones. La vía militar es inviable en Guerrero por todo lo que se vivió en la guerra sucia y lo que posteriormente sucedió con la guerra contra el narcotráfico.
La herida más reciente es la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que de acuerdo a las investigaciones del GIEI (que este martes 25 de julio presentara su sexto informe) el Ejército participó en la desaparición de los normalistas. Por lo mismo, existe un continuum de impunidad en favor del Ejército que ha sido responsable de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y prácticas sistemáticas de la tortura.
Todos estos crímenes son parte de la crisis de derechos humanos que vivimos en nuestro país y que requieren una atención urgente para revertir la espiral de violencia y el número creciente de personas desaparecidas.
La población de Guerrero clama seguridad, como lo han manifestado los habitantes de Mezcala, que no encuentran el apoyo efectivo de los cuerpos de seguridad para dar con el paradero de los pescadores desaparecidos.
De nada sirve instalar cuarteles de la Guardia Nacional si la gente sigue desapareciendo y la inseguridad se extiende en todos los municipios del estado.

Retoman grupos de la delincuencia los vacíos de poder que deja la autoridad: Abel Barrera

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

El director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, opinó que es grave lo que pasó el lunes en Chilpancingo, cuando irrumpieron violentamente campesinos de varios municipios, porque indica que hay vacíos de poder que están retomado los grupos delincuenciales.
Entrevistado por teléfono, dijo que la frase de que “hay gobierno y gobernadora”, que viene diciendo la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, es sólo para las redes sociales, porque en los hechos no están nutridas de resultados tangibles.
Abel Barrera declaró que los campesinos de Quechultenango, Chilapa, José Joaquín de Herrera y Acatepec han experimentado el racismo, el despotismo, la discriminación y la falta de obras públicas de parte de las autoridades, y ante la ausencia de éstas son presa fácil de los intereses de la delincuencia.
“Quiere decir que la gente está encontrando en otros actores la respuesta, la atención, el apoyo y el acompañamiento que las autoridades de los tres órdenes de gobierno no les están dando”.
En contraparte, dijo, el gobierno está dilapidando dinero en gastos suntuosos en lugar de canalizarlos a los lugares más abandonados donde hay ausencia de obra pública, y todo eso ha colapsado el sistema político.
Alertó que después de que las comunidades irrumpieron el lunes en Chilpancingo, lo van a seguir haciendo con el apoyo de estos grupos porque hay un colapso del sistema político en el estado, “independientemente de qué partido sea, la gente, al final de cuentas, lo que quiere es que le resuelvan sus problemas, pero ya vio que no le está respondiendo ningún partido”.
Añadió que es evidente que el aparato burocrático sigue siendo el mismo elefante que no caminaba antes y que no funciona ahora “y esto está descomponiendo el escenario político en Guerrero, aparte de que hay impunidad, corrupción y no está funcionando el sistema de justicia como debería de ser”.
Explicó que en este panorama sombrío ahora “los grupos violentos” tienen atrapados a los pueblos aunque pongan en riesgo su vida y, sobre todo, el ejercicio público de las libertades y los derechos fundamentales.
Insistió que lo que se vio el lunes en Chilpancingo es que la gente busca canales de interlocución con las autoridades, porque en Guerrero hasta la fecha no los hay, o no son eficaces “ahora es más difícil tener acceso a una reunión con la gobernadora, también las reuniones con el secretario de Gobierno son muy complicadas y la gente tiene que recurrir a acciones como la del lunes.
“Aquí se atiende a las personas cuando se manifiestan públicamente, cuando visibilizan su caso, cuando bloquean la carretera día y noche, como pasa en la Montaña”.
En tanto que los funcionarios que se ofrecen al dialogo no tienen incidencia para resolver los problemas, “es decir, se aplica una política racista y discriminatoria, ese es el problema, hay un descuido total y la gente no encuentra interlocución”.
El director de Tlachinollan explicó que el respaldo que los pueblos dieron al grupo delictivo que los convocó el lunes, indica que estos grupos no sólo dan su dinero para subsidiar campañas, sino que al mismo tiempo trabaja con las comunidades para fortalecer su presencia y legitimidad en los gobiernos municipales.
“Ante la descomposición de la clase política, ahora hay una recomposición de actores de la delincuencia que está reposicionándose en estos territorios”.
Dijo que el control territorial que tienen esos grupos no sólo es tener gente que cuida entradas y salidas de los pueblos y los patrulla, sino que ahora es control poblacional, “tienen ascendencia en las comunidades y a través de su llamado a la comunidad se junta porque ya tienen alianzas, migas y empieza a haber una estructura, hay un consejo de autoridades, hay representantes, consejo de comisarios”.
Explicó que ya se empieza a ver una estructura en estas comunidades en relación a una agenda pública, que tiene que ver con los servicios básicos, con carreteras, “y tiene una implicación, hilos que son finos y cortantes que tienen que ver con los intereses de la delincuencia”.
Ante esta pérdida de poder del gobierno, Abel Barrera dijo que afirmaciones como la que hace la gobernadora de que “hay gobierno y gobernadora”, sólo son frases hechas para las redes sociales, “pero no son frases nutridas de resultados tangibles y programas concretos”.
“No vemos hasta la fecha un programa en el estado que demuestre que hay gobierno, no hay un modelo de seguridad que tome en cuenta a la población para que sea parte del proceso de seguridad ciudadana, los servicios públicos están colapsados, la atención a los colonos, a las madres de familia, a los colectivos de víctimas, a los estudiantes, a los normalistas, a los padres de familia que requieren maestros, ahí es donde vemos que no cuadra la frase con los hechos”.
Dijo que la gente quiere resultados, hechos, acciones, presupuesto, obras, “eso sí tendría sustancia y consistencia, pero una frase para las redes sociales queda, en los hechos, como una voz en el desierto”.

La deshumanización de la política

Nuestra sociedad está sometida por el miedo que imponen los gobiernos a través de los cuerpos represivos del Estado. En el primer nivel de gobierno, los policías municipales utilizan la fuerza y el maltrato como único método para relacionarse con los ciudadanos y ciudadanas. Creen que sus botas son para patear a los jóvenes que se resisten a ser detenidos, que los toletes deben de usarse para reventar la piel de quienes protestan. Las armas son accionadas para asesinar a la población que encara al poder obtuso. No hay alguna autoridad que se encargue de vigilar a estos policías que encienden su ira cuando se les interpela para exigir que respeten los derechos de las personas detenidas. Se atribuyen la facultad de privar de la libertad a los ciudadanos que cometen alguna falta administrativa. Los encarcelan, los amedrentan y en varios casos los someten a torturas para demostrar su poder. Se asumen como la ley basada en la fuerza y la extorsión. Un gran número de elementos policiacos están vinculados con el crimen organizado. El cargo lo ostentan, no por méritos propios, sino por lealtades políticas o por formar parte del engranaje delincuencial.
Los policías estatales son un cuerpo especializado en la represión. Sus operativos están focalizados para disuadir la protesta social y para reprimir a la población. Han sido entrenados para tratar al ciudadano como enemigo, para usar su equipo y su armamento contra la población que levanta la voz e increpa al poder. Son expertos para reprimir y usar la fuerza letal como garantes de la legalidad. Están equipados para defender los intereses de la clase política por encima de los derechos básicos de los ciudadanos y ciudadanas. Arremeten con toda su furia contra la población más indefensa.
A nivel federal es ahora la Guardia Nacional conformada por militares, la que se encarga de la seguridad interior. Hay un gran número de elementos fuertemente equipados que cuenta con toda la infraestructura que se requiere para hacer frente a la población que protesta. Actúan contra los grupos del crimen organizado sólo cuando afecta a intereses de la clase política o cuando desafían con sus acciones violentas a las mismas fuerzas del Estado. Lamentablemente la estrategia de seguridad implantada por el presidente Andrés Manuel López Obrador no ha dado resultados favorables para revertir la espiral de violencia que se ha incrementado en la mayoría de los estados de la República Mexicana. A pesar del gran presupuesto asignado a la Guardia Nacional y el incremento de efectivos militares, el crimen organizado se ha encaramado en las superestructuras económicas, asumiendo el control de varios giros comerciales y enquistándose en las estructuras del poder político, como un supra poder. En algunas regiones ha demostrado tener el control de los mismos ayuntamientos y ha demostrado su fuerza atentando contra la vida de los pobladores para erigirse como los jefes de determinadas regiones.
En nuestro estado las autoridades se han desentendido y desligado de los problemas que cotidianamente enfrenta la población que vive al día, ante la falta de ingresos seguros y el incremento de los precios de la canasta básica. La gente no sólo está angustiada porque no le alcanza el dinero para comer, sino que vive con miedo ante el terror impuesto por los grupos del crimen organizado, que han tomado bajo su control los productos que más consumen las familias.
La lucha por la sobrevivencia lleva a la atomización de la vida pública, a la desintegración de las redes solidarias y a la destrucción del tejido social. Esta crisis de seguridad, los ciudadanos y ciudadanas la enfrentan en condiciones sumamente desiguales, porque las instituciones públicas no funcionan. No hay una política de seguridad que vele por los derechos de la población, que proteja a los más indefensos y que impulse iniciativas para crear mecanismos de seguridad que emerjan desde los diferentes espacios ciudadanos.
La situación es adversa porque hay una política utilitarista por parte de los diferentes grupos políticos. Se usa y manipula a la población sólo para lograr beneficios personales. Estos políticos nefastos acuden a las colonias y comunidades sólo para promover su candidatura. Usan los programas sociales con el fin perverso de hacer campaña con el dinero del pueblo. La política ha sido denigrada por los mismos funcionarios públicos porque ejercen el cargo como lucro personal.
Hoy en nuestro estado los ciudadanos y ciudadanas padecemos la denigración del poder público a causa de la avaricia de quienes han aprendido a vegetar con el presupuesto público. El poder político se ha deshumanizado porque ha provocado graves sufrimientos a la población mayoritariamente pobre. En primer lugar, por la corrupción a gran escala que sigue enraizada en las instituciones públicas y en quienes nos gobiernan.
Hay una grave escisión entre la sociedad y la clase política, por la brecha económica que existe y la desigualdad abismal que se profundiza en la entidad. El dinero público sigue estando del lado de quienes ostentan una responsabilidad gubernamental. Todos ellos actúan con hermetismo para no rendir cuentas a la población. Mientras tanto la gente se desvive por comprar una medicina, por tener un ingreso para asegurar la comida de sus hijos durante un día. Se auto-emplea en las calles para tener unos pesos en el bolsillo. A muchas familias no les alcanza el dinero para comprar un garrafón de agua que cada día sube de precio. Comer las tres veces al día es un privilegio para algunas personas. Ya no hay oficinas del gobierno que den respuestas inmediatas a la gente que requiere el apoyo para satisfacer sus necesidades básicas. Se ha cancelado la atención permanente y efectiva para atender a las mujeres trabajadoras, a los niños y niñas huérfanas, a la población indígena que es discriminada y explotada en los campos agrícolas.
Las instituciones de gobierno están ausentes de los lugares donde se recrudece la pobreza y la violencia. Los funcionarios no prestan auxilio porque argumentan que no tienen recursos. Ya no hay dinero ni para comprar cajas de muerto. Todos los gastos son endosados a las familias pobres que no encuentran el respaldo de las instituciones.
Ahora se habla de programas nacionales, de nuevos proyectos, de lenguajes incluyentes, de cambios en la forma de hacer política, sin embargo, la situación no ha mejorado en cuanto a ingresos, seguridad y calidad de vida. Los programas del bienestar han ampliado su cobertura para atender a la población más depauperada, a pesar de esta inversión millonaria y de los grandes esfuerzos que ha realizado el presidente de la República, en el ámbito local la pobreza se enseñorea a pesar de las tarjetas y los bancos del bienestar. Esta mitigación de las necesidades básicas no cuenta con el impulso de otras inversiones, orientadas a revertir el rezago social, a detonar el desarrollo comunitario, tomando en cuenta las condiciones geográficas en que se ubican estas comunidades.
Es una mala inversión hacer caravanas por parte de las diferentes instituciones gubernamentales en los lugares más recónditos, al tratar a la gente como objeto de asistencia social. Los servicios que les brindan son efímeros, sin embargo, para los funcionarios que conocen por primera vez la Montaña resulta ser un viaje inolvidable. La lacerante realidad no cambia, simplemente la gente experimenta que la acción del gobierno sólo le llega de manera esporádica, que los apoyos del gobierno son por un día. Estas visitas no generan arraigo en las comunidades, por el contrario, sólo propician el asistencialismo y la dependencia que debilita la organización autogestiva de las comunidades y su lucha por la libre determinación. Los programas federales han impulsado el individualismo y debilitado las asambleas comunitarias, supeditándolas a la lógica de los programas que otorgan recursos económicos a los beneficiarios.
La tragedia que sufren las familias a causa de la violencia es un mal endémico en nuestro estado que se profundiza por la indolencia de las autoridades, por su insensibilidad y su falta de compromiso con las víctimas.
El hallazgo de siete cuerpos desmembrados en la plaza de San Mateo en la madrugada del sábado 24 de junio, son actos execrables que provocan terror y al mismo tiempo demuestran la incapacidad de las autoridades para contener esta ola delincuencial. El desprecio por el ciudadano, por parte de las autoridades, ha deshumanizado al poder público. Hay una carga de cinismo en los funcionarios públicos que no toman en cuenta la crisis de seguridad que pone en entredicho su desempeño en el cargo. Es muy grave que las autoridades no hagan causa común para proteger a la población. Todo queda en reportes y en instrucciones vagas para investigar los hechos violentos. Se da vuelta a la página del horror con el fin de continuar con las carreras políticas. Ninguna autoridad hace un alto para replantear la estrategia de seguridad y repensar, con la participación de la sociedad, cómo revertir esta espiral de violencia.
Se tienen que evaluar las graves deficiencias que persisten en el ámbito de la seguridad pública. No se puede continuar con las mismas inercias, de controlar los daños colaterales, y de recomponer la imagen pública de los políticos para no quedar fuera de la contienda electoral.
La deshumanización viene del poder público porque desde el interior de las instituciones se ha devaluado la dignidad de las personas, se ha perdido la dimensión sagrada de la vida, se ha trivializado el poder público y los políticos han tomado un rumbo diferente a lo que debe ser un servidor público. La clase política del estado se ha extraviado por sus ambiciones mezquinas, por su mirada torpe y corta de los grandes problemas que enfrentamos, y lo peor es que los guerrerenses tenemos que pagar las graves consecuencias de las pésimas actuaciones de nuestros gobernantes, que han sucumbido ante la tormenta delincuencial.

“No les vamos a pedir permiso” para ejercer la justicia comunitaria, responde la CRAC

El abogado y ex diputado federal de Morena, Rubén Cayetano; los coordinadores de la Casa da Justicia de Las Juntas Caxitepec, en el municipio de Malinaltepec, Jesús Cesáreo; de San Luis Acatlán, Raúl de Jesús; y de Espino Blanco, Martín Rosales; el abogado Vidulfo Rosales y los asesores Uriel Leal y Fernando Xochihua en la conferencia de prensa para fijar posición de la CRAC ante el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que avaló la consulta sobre derechos indígenas que hizo el Congreso Foto: Jessica Torres Barrera

Zacarías Cervantes

Chilpancingo

La Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), defenderá su sistema de justicia comunitario de gobiernos e instituciones con modelos occidentales, advirtieron coordinadores de cuatro Casas de Justicia y sus asesores jurídicos, y condenaron que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ahaya avalado una consulta del Congreso sobre los derechos indígenas que fue “un simulacro” y “una simulación”.
En conferencia de prensa en la que fijaron su postura con respecto a la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la acción de inconstitucionalidad 133/2022 que interpuso la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), dijeron que ésta avaló .
En esta resolución que aprobó por unanimidad el martes la SCJN, se avaló la consulta organizada por el Congreso local y las reformas a la Ley 701 de Reconocimiento, Derechos y Cultura de los Pueblos Indígenas que esté aprobó en mayo del 2022, y en las que se desconoce el Sistema de Seguridad y Justicia de la CRAC que se había reconocido en la citada ley aprobada en el 2011.
“No serán esos gobiernos e instituciones quienes reconozcan nuestros derechos, no les vamos a pedir permiso para ejercer nuestros derechos”, expusieron los coordinadores de la CRAC en una postura por escrito.
En su fallo, la Suprema Corte avaló que el Congreso del Estado de Guerrero cumplió con las fases preconsultiva, informativa, de diálogo, deliberación y decisiva que se deben cumplir en las consultas a los pueblos indígenas.
Además, avaló que la consulta fue libre, previa, informada, de buena fe y culturalmente adecuada, lo que fue rechazado ayer por las autoridades comunitarias y sus asesores jurídicos.
“Los pueblos indígenas y afromexicanos condenamos la resolución de la SCJN ya que es un fallo emitido desde la comodidad de los escritorios de los ministros”, reprocharon en su escrito.
La respuesta de la CRAC fue respaldada por los coordinadores de las casas de justicia de San Luis Acatlán, Espino Blanco, Zitlaltepec y Las Juntas Caxitepec, así como por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña, (Tlachinollan), y los asesores jurídicos de la institución comunitaria Uriel Leal Ramírez, Rubén Cayetano García y Fernando Xochihua San Martín.
En su opinión planteada en el escrito “los ministros no tomaron en cuenta las cientos de actas levantadas en los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas que daban cuenta que el Congreso nunca informó de la reforma indígena ni realizó diálogo alguno con los pueblos, y reprocharon que “tampoco participamos en la elaboración del protocolo de consulta”.
Criticaron que no fue analizada de oficio por la SCJN, la falta de armonización legislativa de las leyes locales con los tratados internacionales, la Constitución Política y el principio de progresividad que obliga a las autoridades a no abrogar derechos ya reconocidos como es el caso de la Ley 701.
Señalaron que la SCJN “pisoteó” a los pueblos indígenas y afromexicanos desconociendo sus derechos, “cual fiel capataz de las élites económicas y políticas, da continuidad a la opresión y discriminación de nuestros pueblos y nos condena a seguir siendo vasallos de los ladinos y mestizos, ciudadanos de tercera, sobreviviendo en la pobreza extrema y exclusión social”.
Expusieron: “A los diputados de Guerrero, a los ministros y a los gobiernos neocoloniales les decimos: los pueblos indígenas hemos resistido por más de 500 años, somos herederos de grandes civilizaciones y formamos parte de este país, contribuimos a la conformación y consolidación del estado democrático, por lo tanto, no son los gobiernos e instituciones con modelos occidentales quienes reconozcan nuestros derechos, no les vamos a pedir permiso para ejercer nuestros derechos”.
Advirtieron: “Seguiremos cuidando nuestras tierras y territorios, no permitiremos la entrada de las empresas extractivistas, seguiremos brindando seguridad y justicia en nuestros pueblos sin permitir que la delincuencia coludida con el gobierno penetre nuestros territorios, nuestras asambleas seguirán nombrando nuestros gobiernos comunitarios y seguiremos impulsando la creación de nuestros municipios indígena y Afromexicano”.

La Corte no veló por los derechos indígenas: Vidulfo

El abogado de Tlachinollan Vidulfo Rosales Sierra condenó la resolución de la SCJN. Dijo que pensaron que podría ser un ente judicial que podría acotar los abusos que cometió el Congreso del estado, al desmantelar los derechos de los indígenas que ya habían ganado a nivel nacional con la ley 701.
Explicó que después de que el PRI “dilapidó” los derechos con su reforma en el 2018 pensaron que
Morena con mayoría en el Congreso recogería la demanda histórica de los pueblos indígenas, “pero, al contrario, la vino a desmantelar totalmente”.
Añadió que es lamentable que la SCJN no haya verificado si en verdad cumplieron los diputados con los requisitos que ella misma fijó en su invalidación de las reformas aprobadas por la anterior legislatura, pues “solamente recibió los documentos y en base a ellos emitió su fallo”.
El abogado opinó que la SCJN comete un gran error al darle la espalda a los pueblos indígenas, pues dijo que no analizó el principio de progresividad que indica que si hay un reconocimiento de derechos ya no se puede retrotraer en éstos, es decir, no se pueden desconocer derechos ya reconocidos.
“En este caso ya teníamos la ley 701 que el propio Congreso local aprobó en el 2011 y en la que se reconoce a la CRAC como un ente facultado para administrar, procurar justicia y realizar tareas de reeducación de las personas detenidas y bajo el principio de progresividad el Congreso ya no podía ir hacia atrás”.
El abogado señaló que “hoy se acuerpan el poder Ejecutivo, el Legislativo y el Poder Judicial federal en contra de los indígenas porque éstos no forman parte de las elites políticas del país. Como somos indígenas y campesinos no somos contrapeso a sus intereses”.
El coordinador de la Casa de Justicia de Las Juntas de Caxitepec, Jesús Cesáreo Sánchez, dijo que la Suprema Corte avaló una consulta que fue falsa y “un simulacro”, porque no fue una consulta real. La SCJN sólo aprobó lo que el Congreso le envió, pero lo hicieron desde sus escritorios”, cuestionó.
El abogado Uriel Leal Ramírez, insistió que la consulta avalada por la SCJN no reunió los parámetros mínimos que establece la Constitución Política en su artículo segundo, ni los tratados internacionales, entre ellos el convenio 169.
Otro de los asesores de las CRAC, Rubén Cayetano García, argumentó que la SCJN hace mucho que dejó de ser un Tribunal de Control Constitucional en México, “ahora es una instancia de resolución por consigna política y tendenciosa hacia intereses de poderes locales y poderes fácticos, alejándose de los más altos principios de la justicia”.
Añadió que el alto tribunal “sigue haciendo de las suyas y que ahora avala en esta resolución flagrantes violaciones cometidas por el Congreso de Guerrero, instancia legislativa que simuló una consulta a los pueblos indígenas y afromexicanos que incumplieron las fases preconsultiva, informativa, de deliberación interna, de diálogo y de decisión”.
Reclamó que la presidenta de la Junta de Coordinación Política, la diputada morenista Yoloczin Do-mínguez Serna celebre la resolución, “pero antes de celebrar debiera preguntarse a quién le favorece esta resolución: ¿al Poder Legislativo local o al pueblo? Porque un representante popular no debe congraciarse con actos que traicionan a sus representados, a menos que por ser plurinominal diga que no la eligió el pueblo y no le debe nada al pueblo”.
El abogado criticó: “Esta resolución es una traición a nuestros hermanos indígenas y afromexicanos guerrerenses, especialmente de la Costa-Montaña, de parte de la SCJN y la actual LXIII Legislatura al Congreso de Guerrero, cuyos procedimientos afectan sus usos y costumbres y les impone un retroceso a sus derechos consuetudinarios que ya habían conquistado”.