José Miguel Sánchez
Chilpancingo
El tablero eléctrico del Congreso local, que causó la controversia en la sesión del miércoles pasado, tuvo un costo de 7 millones 100 mil pesos, se usó en una ocasión en la que los diputados no la supieron utilizar ; luego por las amenazas de irrupciones de protestas al recinto legislativo fueron retiradas del pleno las tablets y los detectores de huellas que complementaban el sistema.
Siete años después de que la instalación del tablero fuera anunciada como un logro de la Cuarta Transformación y su política de austeridad, todo el sistema está en desuso y los diputados continúan emitiendo su votó de manera personal.
Las dos pantallas solo sirven para colocar el logo de la legislatura y en ocasiones la lista de los diputados presentes en las sesiones, mientras que las tablets están resguardadas y sin uso.
En noviembre del 2018, tiempos de la primera legislatura con mayoría morenista, el entonces presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Congreso local, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, anunció la compra e instalación en el pleno de un tablero electrónico, además de 46 tabletas y lectores de huellas que en teoría facilitarían las labores legislativas.
“El 24 de noviembre de 2018 el Congreso local lanzó la primera Licitación Pública Nacional para la instalación y adquisición del Tablero Electrónico, en que participaron cinco empresas y el fallo de adjudicación fue el 11 de diciembre por un monto de 7.1 millones de pesos”, se lee en un boletín que fue difundido por la dirección de Comunicación Social del Congreso.
Con la designación de Sandoval Ballesteros como delegado del Bienestar en Guerrero, su cargo fue ocupado por el morenista Antonio Helguera Jiménez, quien finalmente compró e instaló los nuevos aparatos en el salón de sesiones.
Los 7 millones 100 mil pesos gastados en el tablero, las tabletas y los lectores de huellas fueron para registrar las asistencias y las votaciones de los diputados, pero después de dos sesiones no los volvieron a utilizar.
Helguera Jiménez justificó la compra y dijo que con la instalación de un sistema moderno se transparentaría el voto de los diputados y se reduciría el uso de papel, porque ahí registrarían asistencia, votarían y tendrían acceso a todos los documentos necesarios para las sesiones, como el orden del día, puntos de acuerdo e iniciativas.
Después de la presentación hubo dos intentos de utilizar el tablero, pero la Mesa Directiva terminó por contar los votos de manera directa. Los diputados volvieron a realizar el pase lista de manera normal, sin tecnología; desde su curul gritan presente y los integrantes de la Mesa Directiva los anota; para las votaciones es igual.
Las tabletas y los lectores de huellas fueron retirados después de varias amenazas de protestas por parte de maestros y estudiantes y, desde entonces, siguen sin colocarlas. Lo único que quedó fue el enorme tablero electrónico que ahora sirve como pantalla donde sólo proyectan el logo del Congreso.
Pero el sistema adquirido por el Congreso constó de 2 macropantallas, 46 tabletas, micrófonos y lectores de huella para cada uno de los diputados, un servidor, 4 videocámaras para la grabación y transmisión de las sesiones y un software exclusivo.
De acuerdo con fuentes legislativas, el problema del software fue porque el Congreso no tiene la infraestructura tecnológica y de internet necesaria para utilizarlo.
Además del tablero electrónico, otro de los sistemas instalados en el Congreso que está en deshuso es una plataforma automática para silla de ruedas que baja de la entrada del pleno a la tribuna.
En agosto del 2022 dicho artefacto fue instalado y anunciado por el propio Congreso como parte de “una serie de adecuaciones para garantizar que las y los diputados que tengan alguna discapacidad motriz puedan tener acceso a la tribuna y plena movilidad dentro del Salón de Plenos”.
Se trata de una plataforma de elevación con barandales desmontables, mismas que funcionan a través de presión hidráulica que sería maniobrada con un control remoto.
El aparato fue utilizado en una ocasión para la diputada Elzy Camacho Pineda, pero fue tan complicado de utilizar que tardaron alrededor de 40 minutos en lograr que funcionará.
En la actual legislatura, el diputado Juan Valenzo, quien usa silla de ruedas, utiliza las rampas físicas para bajar de su curul a la tribuna. De dicho aparato no hay información sobre su costo.

