En homenaje a guerrilleras, piden a Sheinbaum resolver los casos de desaparecidas y asesinadas

Micaela Cabañas, al centro con un vestido verde, dio la bienvenida a la semana conmemorativa de 50 años de la muerte de su padre, el guerrillero Lucio Cabañas, cuyo monumento está a sus espaldas en el zócalo de Atoyac, junto a activistas de diferentes organizaciones Foto: Ramón Gracida Gómez

Ramón Gracida Gómez

Atoyac

Durante un homenaje a guerrilleras en Atoyac en conmemoración de los 50 años de la muerte de Lucio Cabañas, luchadoras sociales le dijeron a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo que no basta llegar a los puestos de gobierno, hace falta la presentación con vida de las desaparecidas, la justicia por las asesinadas y la reparación para las familias.

La hija del maestro y dirigente guerrillero Lucio Cabañas Barrientos, Micaela Cabañas, ayer en Atoyac Foto: Ramón Gracida Gómez

Con este homenaje ayer comenzaron seis días de actividades que incluyen exposiciones de libros, murales y documentales, así como conversatorios, marchas y ofrendas, por el aniversario luctuoso del líder del Partido de los Pobres, caído en combate con militares el 2 de diciembre de 1974.
En el Zócalo, la hija de Lucio Cabañas, Micaela Cabañas, reiteró la petición que se dio a conocer la semana pasada a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para que Lucio y Genaro Vázquez Rojas “sean reconocidos como héroes nacionales y sean escritos con letras de oro en el recinto del Senado de la República”.
“Es fundamental reivindicar la grandeza de su legado y ejemplo, por haber sido hombres congruentes, consecuentes y comprometidos con las mejores causas del pueblo”, dijo con el monumento de su padre de fondo.
La dirigenta de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), Norma Mesino, reivindicó la lucha de las mujeres en distintas etapas de la historia del país, en las organizaciones armadas y en la presentación por los desaparecidos de la guerra sucia y de la violencia de los últimos años.
Destacó que por primera vez una mujer ocupa la Presidencia de México y mencionó que en su primer discurso la mandataria federal dijo que no llegaba sola, sino todas las mujeres.
“Es por ello que en este homenaje a las mujeres guerrilleras pedimos a la presidenta de México que no sólo basta con la llegada de las mujeres a puestos de poder, también hace falta que se haga justicia a las demandas históricas de nuestras compañeras y hermanas que dieron su vida por conseguir un cambio”.
Continuó: “hace falta la presentación de nuestras hermanas desaparecidas, hace falta la justicia de nuestras hermanas asesinadas, hace falta la libertad de nuestras hermanas presas políticas, hace falta una política de reparación para las familias víctimas de violencia”.
Norma Mesino aseguró que “el día que se cumplan estas demandas podemos decir que realmente hemos llegado todas”.
La integrante del Partido de los Pobres, Guillermina Cabañas, dijo que no fue fácil ser guerrillera, “pero como estábamos jóvenes no medíamos las consecuencias, yo era muy pachanguera, me gusta hasta la vez el baile, la música y todo, pero lo dejé todo por irme a las fuerzas armadas de Lucio Cabañas”.
Con las fotos de parientes víctimas de fondo, recordó la persecución de los militares contra la familia Cabañas, “llorábamos porque era una situación que sabíamos que ya no los iban a regresar, que se los llevaban para siempre; entonces al ver tanta injusticia, pues yo tomé la decisión: si me van a agarrar, que les cueste agarrarme”.
Contó que su familia la criticó por tomar las armas, pero destacó entre risas que “la mujer debe ser libre, no somos propiedad de nadie”, lo que generó fuertes  aplausos.
Con una bandera de Palestina para externar su solidaridad, Érika Zamora Pardo, reivindicó su militancia en el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y recordó su detención tras la masacre de El Charco en 1998.
Afirmó que “para los aparatos represivos del Estado sólo fuimos o somos las mujeres de los revolucionarios, las esposas, las locas que sueñan con, las delincuentes que quieren cambiar los valores de nuestra sociedad, de esta manera los represores también minimizaron el papel de las mujeres en la lucha por la transformación”.
Citó a la guerrillera boliviana y académica, Raquel Gutiérrez, con una voz entrecortada y entre aplausos: “adelante pues, todas nosotras, en el juego, el baile, la fiesta y la revolución, que al fin de cuentas es todo lo anterior horneado con esfuerzo”.
La activista de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), Emperatriz Basilio, dijo que la Cuarta Transformación es hija de las luchas sociales y guerrilleras, y leyó un listado de militantes asesinadas o desaparecidas, entre ellas Aurora de la Paz, María Guadalupe Báez, Josefina Loyola, Ana María Parra de Tecla, Lourdes Quiñonez Treviño, Martha Elba Cisneros Zavala y Minerva Armendáriz Ponce.
La también moderadora del acto leyó la participación de la feminista Rosa María Gómez Saavedra, quien rememoró a las mujeres desaparecidas de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) durante la guerra sucia y propuso un próximo encuentro de mujeres en marzo para escribir la historia y exigir justicia.
La integrante del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), Laura Gaytán Saldívar, contó algunas anécdotas de la organización guerrillera del norte del país con el Partido de los Pobres y recordó que cuando se enteró del fallecimiento de Lucio, su pareja, el también guerrillero José Luis Martínez, le dijo que la muerte “es parte lógica de las posibilidades” de la lucha.
Narró su detención y su liberación gracias a la lucha de la madre buscadora Rosario Ibarra de Piedra, de quien anunció que recibirá un Honoris Causa Post-Mortem de parte de la UAG este viernes.
La también militante del MAR, Alma Gómez Caballero, reivindicó a su padre Pablo Gómez, quien lideró y murió en el ataque al Cuartel de Madera el 23 de septiembre de 1965, y criticó conmovida que en México no se ha condenado a los perpetradores como en algunos países sudamericanos, por ello “ni perdón ni olvido”.
La militante del grupo guerrillero Los Guajiros, María de la Luz Aguilar Terrez, presentó su libro de compilación de testimonios de guerrilleras y dijo que ahora se cuenta con herramientas de análisis de género para estudiar las relaciones entre hombres y mujeres dentro de las organizaciones armadas, en su caso el embarazo la condujo a actividades de organización, estudio y análisis.
También participaron la exiliada argentina Raquel Velázquez, la militante del MAR, María Estrada Gámez, también del MAR y diputada local de Morena, Araceli Ocampo Manzanarez, quien reivindicó que su padre, Isaac Ocampo Reyes, fue compañero de Genaro Vázquez; en el presídium estuvo asimismo el único sobreviviente al ataque al Cuartel de Madera que sigue vivo, Florencio Lugo.
Después de los testimonios que comenzaron antes de las 5 de las tarde y terminaron a las 8 de la noche, varias mujeres, entre ellas la vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM), Tita Radilla, y la dirigenta del Frente de Defensa Popular Francisco Villa Siglo XXI, Clemencia Guevara Tejedor, enseñaron la foto de la mamá de Lucio, Rafaela Gervasio Cabañas.
Guevara Tejedor dijo que fue una mujer “que nunca se rajó, defendió y estuvo en el campo militar y a pesar de los partidos políticos, murió y nunca se vendió y nunca se rindió, ése es un ejemplo de lucha”.
Entre los 70 asistentes estuvieron el hermano de Lucio Cabañas, Pablo Cabañas; el ex gobernador y académico de la UAG, Rogelio Ortega Martínez; el fundador de la OCSS, Hilario Mesino; y el profesor de la Preparatoria 22 de la UAG, Wilibaldo Rojas Arellano, con varios de sus alumnos.
Asimismo, el cronista de Atoyac, Víctor Cardona; la activista e hija del finado dirigente Ranferi Hernández, Diana Hernández, y el también activista Cuauhtémoc Contreras.

Discuten la pertinencia de la lucha armada en la presentación de un libro en Chilpancingo

En la presentación del libro La revolución imposible del periodista Julio César López el autor observa al ex comandante Antonio del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), Jacobo Silva, en el Palacio de la Cultura de Chilpancingo este martes Foto: Jessica Torres Barrera

Luis Daniel Nava

Chilpancingo

La presentación en Chilpancingo del libro La Revolución Imposible de Julio César López Arévalo, fue la ocasión para debatir acerca de la pertinencia de la lucha armada, en el contexto de un presidente de México “socialdemócrata”, del pragmatismo de Morena y del control de organizaciones criminales sobre la vida de la mayoría de las regiones de Guerrero.
“El hartazgo de la gente tiene límites, es muy posible”, replicó el ex guerrillero Jacobo Silva Nogales, quien en la clandestinidad era conocido como comandante Antonio, fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).
Mencionó la lucha de José Luis Orbe Mesino, también conocido como Omar Guerrero Solís, o comandante Ramiro del ERPI, quien fue el precursor de la lucha de los pueblos contra las organizaciones criminales en la entidad, quien “logró que en su región no entrara el crimen organizado”.
El comandante Ramiro fue asesinado por paramilitares en 2009.
A las 12:15 horas de este martes en la sala principal del Palacio de la Cultura de Chilpancingo, se presentó el libro del periodista chiapaneco Julio César López Arévalo La Revolución Imposible (Grupo Azul, 2023).
“Es una novela de amor y guerra, así como el reconocimiento a los luchadores sociales que han arriesgado su vida para cambiar las condiciones de vida de una sociedad pobre y abandonada”, calificó el autor.
Al caluroso espacio llegaron alrededor de 100 estudiantes, periodistas, académicos, profesores, ex militantes de izquierda y de la guerrilla.
Por curiosidad hasta llegaron políticos de Morena, ahora funcionarios del gobierno del estado.
También estuvo el estudiante sobreviviente de Ayotzinapa, Luis Uriel Gómez, colaborador de otro normalista, el diputado plurinominal de Morena, Manuel Vázquez Arellano.
López Arévalo cubrió la primera conferencia de prensa que se dio en 1996, un año después de la masacre de 17 campesinos en el vado de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995.
La obra fue comentada por Jacobo Silva Nogales, el moderador fue el fotoperiodista de El Sur, Lenin Ocampo. Al final el fotógrafo José Luis de la Cruz, también trabajador de esta casa editorial, regaló fotografías al escritor y al ex guerrillero.
Jacobo Silva de 66 años es oriundo de Miahuatlán, Oaxaca, e hijo del carpintero Florentino Silva.
Estudió en una preparatoria vocacional del Instituto Politécnico Nacional en la Ciudad de México y se incorporó a la guerrilla a los 18 años. Luego de tres meses de intentar sin éxito armar columnas armadas en otra entidad, junto a sobrevivientes de la lucha de Lucio Cabañas, se trasladó a Guerrero en 1979.
Permaneció y luchó en la clandestinidad 20 años como militante del Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP), integrante del Ejército Popular Revolucionario (EPR) y fundador del ERPI.
El comandante Antonio fue detenido y torturado el 29 de octubre de 1999. Fue recluido durante 10 años en el penal de alta seguridad de Almoloya de Juárez.
Del autor de La Revolución Imposible, Jacobo Silva dijo que es hermano de dos militantes de izquierda, uno de ellos también periodista, Fredy, asesinado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas en 2021, y otro hermano, José López Arévalo, personaje del libro y quien murió a causa de un cáncer.
Dijo que Julio César López se destaca porque en el periodismo se dedicó a escribir sobre el movimiento armado radical.
“Se enfoca a cubrir lo que el Estado llamó la guerrilla mala, por contraposición a la guerrilla negociadora del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)”.
Dijo que cuando surgió el EPR, el EZLN ya tenía dos años de haber aparecido.
“Con el EZLN se podía negociar, platicar, dialogar, y con el EPR no, así que se hizo tajante la división entre la guerrilla”.
La obra, dijo, revela datos interesantes e intrigas de la izquierda del movimiento armado, “es rico en información y sirve para futuras investigaciones académicas”.
“Es un libro con un abordaje periodístico, no académico. Interesante porque no se limita a dar voz a un solo protagonista, sino que presenta versiones encontradas de líderes acerca de lo que se vivía en la clandestinidad”.
Dijo que la narración también ofrece una lectura entre líneas que un lector con un poco de reflexión entenderá su significado.
El libro, añadió Jacobo Silva, se centra en el comandante Toño (Antonio) y en una musa llamada Helena, “es un entrecruzamiento de historias de lucha, conflicto interno y amor”, apuntó.
El autor del libro expresó que conoció al Comandante Toño con el rostro cubierto, “estoy nervioso por tanta felicidad”.
Dijo que siendo estudiante de sociología intentó sin éxito ingresar al PROCUP.
Lo rechazaron, dijo, porque su hermano José López Arévalo a quien en el libro describe como “gordito de espejuelos” recién había declinado a su militancia.
“Serví más como periodista, de militante no hubiera aguantado”, consideró.
El título del libro, reveló, es pretencioso y provocador a las diferencias internas de las organizaciones de izquierda en el país, o dicho en palabras chiapanecas, “así no se pinches puede”.
También dijo que se sorprendió al conocer que el país precursor de los vuelos de la muerte para exterminar a simpatizantes e integrantes de la guerrilla de los 60 y 70, fue México.

López Obrador no es de izquierda, sino un nacionalista revolucionario

La discusión se abrió cuando se dio participación al público. Sergio Morales Carmona, del Partido Popular Socialista preguntó acerca de una táctica ante la llegada de Claudia Sheinbaum al poder.
En ese momento el escritor del libro mostró su simpatía con la política del presidente Andrés Manuel López Obrador, que dijo no es de izquierda sino un nacionalista revolucionario.
Dijo que ahora el Ejército ya no reprime y que ve esperanzas en la elección del 2 de junio cuando por primera vez México tendrá a una mujer presidenta, que viene de una militancia de izquierda.
El maestro de la CETEG, Filemón Sánchez y el estudiante de sociología, Carlos Fonseca se refirieron al ex gobernador Rogelio Ortega Martínez, quien se asume como guerrillero de la década de los 70.
Lo calificaron como un oportunista que llegó a ser nombrado gobernador interino gracias a la tragedia de los estudiantes de Ayotzinapa de 2014.
El periodista Sergio Ocampo Arista preguntó al autor y al ex guerrillero, si es pertinente una lucha armada en la actualidad con un país militarizado, miles de desaparecidos, un presidente que no cumplió a los padres de Ayotzinapa y el acecho de las mineras y los grupos criminales en la mayor parte del territorio del estado.
“La revolución siempre es posible porque siempre es necesaria. Ahora mucho más que antes porque hoy es difícil identificar al enemigo”, contestó el comandante Antonio.
Añadió que hace 50 años había mil 500 desaparecidos y ahora existen más de 100 mil personas de las que se desconoce su paradero, además de cientos de miles de asesinados.
“La violencia se justifica y es necesaria. Es parte de la necesidad de defenderse, antes te reprimían, ahora te matan, te desaparecen, prostituyen y venden tus órganos. La necesidad de armarse ahí está, pero es más difícil, es más peligroso”.
“Si estuviera en mis buenos tiempos, estuviéramos ahí”, dijo Jacobo Silva.
También se abrió un espacio para que el ex guerrillero hablara de la vida y lucha del comandante Ramiro a quien conoció cuando tenía 14 años, junto al adolescente Miguel Ángel Mesino, en una reunión en la sierra en 1987.
Narró su trabajó en la Tierra Caliente haciendo conciencia y reclutando gente a su causa, además de la participación de las mujeres en la guerrilla.
“Sólo una región se defendió del narco, la del comandante Ramiro, que aunque sólo tenía estudios de primaria vio y entendió que era necesario defenderse de un nuevo enemigo”.

El crimen aprendió de la guerrilla

Jacobo también puntualizó la diferencia entre la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) que ­–dijo– obedece a un pueblo y a una asamblea, y a las autodefensas que surgen de manera improvisada y son las que más infiltración tienen de criminales.
“El crimen aprendió de la guerrilla. Cumple las necesidades del pueblo, pero luego los somete y crea sus propios grupos de autodefensa”, dijo.
También habló de las 17 características del ideario del maestro normalista y comandante guerrillero Lucio Cabañas Barrientos, fundador del Parrtido de los Pobres (Pdlp) conocidas como El Cabañismo o El Pobrismo que llegó a reclutar hasta 150 comunidades.
Entre ellas destacan la formación de columnas armadas, la creación de asambleas y comisiones y el espíritu conciliador entre los pueblos, no así con el Estado.
En otra parte de las intervenciones Hugo Herrera, de la organización Hacia el Poder Popular, consideró al presidente Andrés Manuel López Obrador como un “socialdemócrata”, “que es la cara bonita del capitalismo y que ha retrasado la revolución porque mucha gente le cree”.
El escritor y ex militante del PRD, José Francisco García González, describió aspectos de la situación actual que se vive en los pueblos, y consideró que si esta situación no se detiene podría haber una guerra civil.
“El hartazgo de la gente tiene límites, es muy posible”, replicó el comandante Antonio.

Muere el fundador de la OCSS y ex preso político Benigno Guzmán; trasladan su cuerpo hoy a Tepetixtla

Uno de los fundadores de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), Benigno Guzmán Martínez murió este martes en Acapulco a los 66 años de cáncer de pulmón.
El luchador social falleció en su casa, según informaron sus familiares; su cuerpo fue velado en la funeraria Siglo XXI, ubicada en la avenida Ruiz Cortines y hoy será trasladado a Tepetixtla, donde lo sepultarán.
Benigno Guzmán fue uno de los campesinos que se reunieron el 14 de enero de 1994 para conformar la OCSS, para que las autoridades atendieran sus demandas de fertilizante para producir maíz, despensas, materiales para vivienda, respeto a los derechos humanos de los campesinos que constantemente violaban las policías y el Ejército y la presentación de los desaparecidos durante la guerra sucia contra la guerrilla de Lucio Cabañas.
Benigno Guzmán falleció de cáncer de pulmón en su casa, luego de que su familia lo sacó del hospital general, donde fue internado días antes, y donde les dieron el pase para que lo trasladaran al Hospital de Cancerología, al que ya no ingresó.
Sus familiares informaron que hace tres años le detectaron cáncer de estómago, el cual controló, sin embargo hizo metástasis en el pulmón, el último año se fue debilitando, y desde noviembre del año pasado su condición empeoró.
El luchador social originario de Otatlán, municipio de San Miguel Totolapan, fue perseguido en el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer porque denunció desde el primer momento la masacre de Aguas Blancas, que ocurrió el 28 de junio de 1995, cuando fueron asesinados 17 campesinos y 23 más resultaron heridos, hecho por el que Figueroa Alcocer fue obligado a separarse del cargo al año siguiente.
Guzmán Martínez fue preso político acusado de diversos delitos que el gobierno le fabricó, con motivo de las movilizaciones de la OCSS, principalmente en Coyuca de Benítez. Fue detenido en enero de 1997 en la ciudad de México, donde se había refugiado para evitar la persecución de Figueroa, y encarcelado por los delitos de sedición, motín y daños al Ayuntamiento de Coyuca de Benítez, por los que fue sentenciado a 13 años de prisión y enviado en 1999 al penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco, de donde salió libre el 8 de marzo del 2001.
El luchador social fue acusado bloquear el Ayuntamiento de Coyuca de Benítez en 1995 para exigir fertilizante y obras para las comunidades de la sierra de Coyuca de Benítez. También fue señalado por la Secretaría de Gobernación como uno de los principales integrantes del Ejercito Popular Revolucionario (EPR).
A un mes de salir del penal, Benigno Guzmán denunció la existencia de un grupo paramilitar en la sierra de Coyuca de Benítez, que se hacía pasar por una facción del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y que lo amenazó; hecho del cual responsabilizó al entonces alcalde perredista, Rafael Ariza Bibiano.
En diciembre del 2010, nuevamente, Benigno Guzmán fue detenido por policías ministeriales, acusado de ataque a las vías de comunicación, según la denuncia presentada por el entonces alcalde, Merced Valdovinos Diego. Fue puesto en libertad el mismo día porque la orden ya había sido cumplida.
Entre sus últimas actividades, participó en reuniones de la Asamblea Nacional Popular en Ayotzinapa tras la desaparición de los 43 normalistas el 26 y 27 de septiembre del 2014; integrantes del Movimiento Popular Guerrerense (MPG) recordaron que llegó a visitarlos en algunas ocasiones al plantón que mantuvieron cuatro meses en el Ayuntamiento de Acapulco.
El dirigente del Frente de Organizaciones Democráticas del Estado de Guerrero (FODEG), Bertoldo Martínez Cruz, compañero de lucha y preso a la par que Benigno Guzmán, lo calificó como alguien muy serio, respetuoso, duro con el Estado, y consideró su muerte como una gran pérdida para la lucha social.
Martínez Cruz recordó que entre los objetivos de la fundación de la OCSS estuvo la búsqueda de insumos para los campesinos y detener la tala de árboles. Con la masacre de Aguas Blancas, Benigno Guzmán Martínez fue uno de los que principalmente denunciaron el hecho, lo que generó una persecución en su contra.
Martínez Cruz recordó a otros compañeros de lucha que también fueron presos en esa época, entre ellos, Pedro Nava Rodríguez, que recientemente falleció.
En su fundación la OCSS estuvo encabezada por Benigno Guzmán y Marino Sánchez Flores, de Tepetixtla, en la sierra de Coyuca de Benítez, y por Hilario Mesino en Atoyac. La organización estaba integrada por campesinos pobres de los municipios de Coyuca de Benítez, Atoyac, La Unión, Coahuayutla, Zihuatanejo, Petatlán y Benito Juárez (San Jerónimo).
Desde su creación, los miembros de la OCSS, así como sus familiares, han sido víctimas de graves violaciones del gobierno a sus derechos humanos, porque se caracterizó por dar una lucha frontal contra la impunidad y la represión, lo que llevó a Benigno Guzmán a desconfiar de toda institución, incluso las de salud, y a vivir con el constante temor de ser asesinado por el Estado.
El cuerpo de Benigno Guzmán fue velado anoche en una de las capillas de la funeraria Siglo XXI en Acapulco, sus familiares determinaron que a las 7 de la mañana de hoy sería trasladado a Tepetixtla, en Coyuca de Benítez.
A las 9 de la noche sus familiares estaban a la espera de saber si los integrantes de la organización, familiares y conocidos querían velarlo un día más allá o lo sepultarían hoy. De ser así, el sepelio está programado para las 11 del día, luego de despedir el cuerpo en su casa.
Por la noche, al funeral asistieron Bertoldo Martínez; Raymundo Sánchez Taboada del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad (Ccti) e integrantes del MPG.